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	<title>Ezagutu Barakaldo | Ezagutu Barakaldo</title>
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		<title>Chancillería de Valladolid (Sala Vizcaya)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 06:15:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="154" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=300%2C154" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?w=640 640w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?resize=300%2C154 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10385" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-39/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" data-orig-size="640,328" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" /></div>La Sala de Vizcaya de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid era el tribunal que juzgaba todos los asuntos de los naturales del Señorío de Vizcaya Dicha sala era privativa de la Chancillería de Valladolid. El Señorío de Vizcaya junto con la Tierra Llana, Villas, Ciudades, Encartaciones y Duranguesado, era considerado como un solar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="154" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=300%2C154" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?w=640 640w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?resize=300%2C154 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10385" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-39/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" data-orig-size="640,328" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" /></div><p>La Sala de Vizcaya de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid era el tribunal que juzgaba todos los asuntos de los naturales del Señorío de Vizcaya Dicha sala era privativa de la Chancillería de Valladolid.</p>
<p>El Señorío de Vizcaya junto con la Tierra Llana, Villas, Ciudades, Encartaciones y Duranguesado, era considerado como un solar único de nobleza, del que sus naturales primitivos y todos sus originarios eran nobles hijosdalgo de sangre, con todos los derechos que les concedía el derecho castellano y con los especiales que les daban sus propios fueros. Así, según el fuero de Vizcaya (Título I, Ley XVI), todos los naturales del Señorío eran notorios fijosdalgo dentro y fuera del Señorío.</p>
<p>Probablemente desde tiempos de Juan I existió la Sala de Vizcaya dentro de la Real Chancillería, pero es con las ordenanzas de la Real Chancillería de Valladolid de Córdoba (1485), Piedrahita (1486) y de Medina del Campo (1489) cuando queda prefigurada la sala. En los artículos 22 y 23 de las ordenanzas de Córdoba se trata y fijan las líneas generales de la organización y funcionamiento de la sala. Dichas disposiciones se vuelven a repetir en los artículos 27 y 28 de las ordenanzas de Piedrahita y en los artículos 29 y 30 de las ordenanzas de Medina del Campo.</p>
<p>A diferencia de las otras salas de la Chancillería, formadas por varios oidores y alcaldes, la Sala de Vizcaya era unipersonal al estar formada solamente por el Juez Mayor de Vizcaya como órgano judicial y de nombramiento real, siendo frecuente el nombramiento de jueces mayores interinos en espera del nombramiento o llegada del juez titular. Dichos jueces interinos se nombraban normalmente entre los abogados de la Chancillería. Su salario procedía de una cantidad anual asignada por el rey más una parte de los ingresos de la Chancillería provenientes de las penas de cámara.</p>
<p>Dentro del cursus honorum de la Chancillería, se aprecia que el cargo de Juez Mayor de Vizcaya solía servir de trampolín para sus titulares para alcanzar cargos superiores como el de oidor de las salas de lo Civil o alcaldes de las salas del Crimen.</p>
<p>La sala estaba formada además por dos escribanías y un relator, aunque el resto de oficiales de la Chancillería participaban también en el funcionamiento y asuntos de aquella, como el repartidor y tasador de pleitos, fiscal, procuradores y agentes, archivero y registrador. Hacía audiencia todos los jueves en presencia del presidente de la Chancillería, y en caso de que estuviera ausente, del oidor más antiguo.</p>
<p>Los asuntos tratados por la Sala de Vizcaya eran los derivados de la jurisdicción civil, criminal y de hidalguía de los naturales de Vizcaya en segunda o tercera instancia si eran juzgados por justicias del territorio vizcaíno, o bien en primera instancia si residían fuera del señorío. Además de los pleitos se trataban otros asuntos, como los expedientes para el reconocimiento de vizcainía solicitada por una parte para que le fueran reconocidos los derechos y privilegios que llevaba aparejados; y las declinatorias de jurisdicción, por las que las partes aducían ser vizcaínas de origen y reclamaban que los procesos abiertos contra ellas por las justicias ordinarias derivasen a la Sala de Vizcaya de la Chancillería de Valladolid.</p>
<p>Los pleitos llegados a la Sala de Vizcaya eran repartidos a sus escribanos por el repartidor de pleitos, que los canalizaba a través de una serie de partidos. Por medio de un auto del Acuerdo de 1622 se fijaron siete partidos para los pleitos de Vizcaya.</p>
<p>1º. Pleitos sobre términos y jurisdicciones, y sobre bienes de mayorazgos de valor de a partir de tres mil ducados. De igual manera los pleitos ejecutivos de tres mil ducados o más.</p>
<p>2º. Pleitos de dos mil a tres mil ducados.</p>
<p>3º. Pleitos de quinientos a dos mil ducados, y pleitos sobre caserías.</p>
<p>4º. Pleitos hasta quinientos ducados.</p>
<p>5º. Pleitos en apelación sobre muertes, moneda falsa o de jueces pesquisidores nombrados por el Consejo.</p>
<p>6º. El resto de pleitos criminales de cualquier calidad y condición.</p>
<p>7º. Pleitos de pobres.</p>
<p>La Sala de Vizcaya se estructuraba en dos escribanías. El nombre por el que se conoce cada una de las escribanías es por el apellido del último escribano que la desempeñó hasta que desapareció el tribunal, ya entrado el siglo XIX. Así, a las dos escribanías de Vizcaya se las denomina Docio y Pino. Para poder optar a ser escribano de Vizcaya, la edad mínima que se debía tener era de 25 años y ser de condición hidalga.</p>
<p>De forma rotatoria se constituían en escribanos semaneros de la sala, desempeñando funciones administrativas y de canalización de documentos a la escribanía correspondiente</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 12 (Más dura es la mina -de hierro-)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2026 06:35:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Para entender cómo se explotaba el mineral de hierro[1] en Bizkaia es indispensable tener en cuenta que éste se encontraba, por lo común, en superficie. Por ello, eran las bizkainas minas a cielo abierto (más bien canteras), sin que fuese preciso efectuar excavaciones profundas para encontrar el hierro. Hubo algunas, claro está, que tuvieron que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Para entender cómo se explotaba el mineral de hierro<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> en Bizkaia es indispensable tener en cuenta que éste se encontraba, por lo común, en superficie. Por ello, eran las bizkainas minas a cielo abierto (más bien canteras), sin que fuese preciso efectuar excavaciones profundas para encontrar el hierro. Hubo algunas, claro está, que tuvieron que buscar el mineral en el subsuelo. Sin embargo, en todo momento fueron éstas minoritarias: a la altura de 1910 empleaban sólo al 5&#8217;98% de los mineros<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a>.</p>
<p>Así pues, las labores de las minas fueron, sobre todo, un trabajo de cantera<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Sin grandes dificultades técnicas, los procedimientos para la extracción del mineral consistan en el barrenamiento de la masa de mineral y en el desmenuzamiento de los grandes trozos procedentes de las voladuras. Para esto se empleaban, simplemente, picos y azadones. Después vendría la separación de escombros, por medio de rastrillos y cestos. De esta forma, la «infraestructura técnica» que se construyó no se destinó apenas a mejorar lo que propiamente podríamos llamar labores extractivas, que no requirieron por tanto grandes inversiones. Cuando se construyeron instalaciones se destinaron, primero, a crear medios de transporte desde las minas a los ferrocarriles, y, posteriormente, a mejorar la calidad del hierro ya extraído.</p>
<p>No está de más recordar aquí cómo se extraía el mineral a finales del siglo XVIII, antes de iniciarse, por tanto, la sistemática explotación minera. El sistema de explotación en Triano se caracterizaba por las siguientes notas (Elhuyar):</p>
<ul>
<li>existencia de innumerables y pequeñas excavaciones</li>
<li>construcción desordenada de las minas</li>
<li>simplicidad de los trabajos mineros, que se reduce a emprender un callejón. De este modo llegan a cierta profundidad, hasta localizar mineral de buena calidad, en cuyo arranque no se sigue más regla que la de extraer cuanto se</li>
<li>escaso desarrollo técnico de los procedimientos de arranque del mineral, que se efectuaba con picos, con cuñas o con pólvora, según las</li>
</ul>
<p>En realidad, los cambios no habían sido espectaculares. Dos eran las principales innovaciones: se había llegado a un trabajo ordenado, merced a una precisa distribución de la propiedad minera y, junto a ello, se había incorporado el sistemático empleo de barrenos. La espléndida configuración de las minas vizcaínas no requirió mayores refinamientos técnicos.</p>
<p>En cambio, lo accidentado del terreno donde estaban las minas obligó a importantes construcciones para organizar el transporte del hierro desde bocamina a los ferrocarriles. Tardará sin embargo, en concluir el tradicional recurso a la tracción animal. A la altura de 1880 aún se hablaba de «la multitud de carros tirados por bueyes<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> que circulan por las carreteras y caminos de la zona minera de Somorrostro que cargan el mineral en las minas para llevarlo a los ferrocarriles» (Alzola). Pero para entonces existían ya diversos medios auxiliares, mecánicos, cuya construcción se iría generalizando. En la década siguiente, desapareció el arrastre de carretas tiradas por bueyes: así lo exigió la explotación masiva de las minas. De esta forma se instalaron los siguientes elementos:</p>
<p><u>Planos inclinados automotores.</u> Debido a los grandes desniveles que existían entre las minas y los ferrocarriles fue frecuente su utilización. Destacaban, en especial, los de las minas «Concha», explotadas por la Franco-Belga; y el de la Orconera, que con sus 1.300 metros era el mayor de los existentes en Bizkaia.</p>
<p><u>Cadenas sin fin.</u> La más importante era la de la Franco-Belga que salvaba un desnivel de cerca de 245 metros, y que podía transportar hasta 2.000 Tms. diarias.</p>
<p><u>Tranvías aéreos,</u> movidos por vapor o bien por la fuerza de la gravedad. Unían las minas con los ferrocarriles, con la excepción del que servía a la mina «Primitiva», de Castrejana, construido en 1881, que desembocaba directamente en el embarcadero. Los primeros tranvías aéreos se construyeron antes de la última guerra carlista, si bien no se generalizaron hasta la década de los noventa.</p>
<p>Orconera: Estación y plano inclinado del arroyo Granada</p>
<p>Entre la infraestructura que se creó en las minas para explotar el hierro, han de contarse algunos elementos que intentaban mejorar la calidad del producto, con vistas a su comercialización. No se instalaron sistemáticamente hasta fechas algo tardías, bastante después del comienzo de la explotación moderna de las minas. Se levantaran durante los años noventa. Fueron una primera respuesta técnica a la disminución de la calidad del mineral<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><strong>[5]</strong></a>. En los últimos años del s. XIX tales instalaciones eran aun marginales dentro del conjunto de la explotación de la zona minera. Pero, aunque trabajaban sólo un reducido porcentaje del hierro extraído en Bizkaia, permitieron mantener un alto nivel en el volumen de la explotación. Paulatinamente, se incrementaría al porcentaje de mineral tratado en tales instalaciones sitas en la propia zona minera.</p>
<p>De dos tipos fueron estos elementos técnicos: los hornos de calcinación y los lavaderos. Con los primeros, se pudieron aprovechar los carbonatos. Gracias a los lavaderos, se consiguió sacar al mercado los hierros menudos, provenientes de las voladuras y del desmenuzamiento de la masa de mineral.</p>
<p><strong>Los hornos de calcinación</strong><a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> permitían aprovechar los llamados carbonatos (siderita), hasta entonces sin utilización alguna debido a su baja ley metálica ya que se encontraban en las capas más profundas de los yacimientos. El carbonato se introducía en los hornos y se quemaba durante 24 horas a una temperatura inferior a los 900º C.</p>
<p>Como combustible se utilizaba carbón (antracita). Las primeras calcinaciones las efectuó en 1881 la Franco-Belga, aunque se realizaron en montones al aire libre y en un pequeño horno, como los de cal, construido en Concha 3ª. En 1882 también hizo ensayos MacLenan en la mina Amalia-Vizcaína (Muskiz). Los hornos más antiguos eran muy sencillos. Tenían una estructura cúbica y una sola boca de descarga. El exterior era de mampostería, con sillares de caliza en las esquinas, y el interior de ladrillo refractario. Hornos de este tipo son el de la mina Lejana, en el barranco de El Cuadro (Ortuella), y los de Sopuerta y Kobaron.</p>
<p>Pero el primer horno de calcinación propiamente dicho lo construyó en 1889 la Luchana Mining en El Regato, según el modelo inglés Cleveland. La cuba estaba construida con ladrillos refractarios y revestida exteriormente por planchas de hierro. Tenía mayores dimensiones que los construidos posteriormente (14 metros de altura y 6,40 de diámetro interior) y, aunque su producción también era más elevada, se comprobó que reduciendo el tamaño se ganaba en rentabilidad. Para la descarga contaba con tres puertas y dos boquillas en cada puerta.</p>
<p>El uso de hornos de calcinación se generalizó en los años noventa del siglo XIX, aunque en 1899 el mineral obtenido por este proceso sólo representaba el 10% del total de la producción de las minas de Bizkaia. Sin embargo, a lo largo del siglo XX los hornos fueron fundamentales porque en la mayoría de las explotaciones ya sólo se extraía carbonato.</p>
<p>El tipo de horno más utilizado era el de cuba cilíndrica (algunos eran troncocónicos), con una altura de entre 10 y 15 metros y un diámetro aproximado de 3. El interior del cilindro era de ladrillo refractario y el exterior de ladrillo normal reforzado por unos anillos de metal para proteger la estructura de las dilataciones producidas por el calor. También se utilizaron modelos con las boquillas de descarga en la base misma del horno, en lugar de los laterales, lo que facilitaba la carga de las vagonetas que se situaban debajo.</p>
<p>A veces había un sólo horno, pero lo ideal era construir varios colocados en batería para facilitar las labores de carga y descarga. En algunos casos se instalaban en la misma mina y en otros cerca de los ferrocarriles, como los de la Orconera y la Franco-Belga.</p>
<p>Los hornos que la Franco-Belga construyó en Ortuella, junto a su ferrocarril, eran bastante curiosos. Se instalaron entre 1915 y 1916, siguiendo el modelo del horno número 7, construido en 1896. Eran más pequeños de lo normal, cuadrangulares y con los vértices redondeados, de forma casi ovalada, y estaban situados en batería de dos en dos. Había dos filas de 12 hornos.</p>
<p>Los sistemas de carga de los hornos también se fueron perfeccionando. Lo normal era empujar la vagoneta por una pasarela elevada hasta situarla encima de la boca superior, por eso los hornos se construían junto a una ladera, para estar más bajos que la vía de carga. Sin embargo, la batería de hornos de la Orconera se alimentaba mediante un plano inclinado que subía las vagonetas y los de la Franco-Belga con un tranvía aéreo que llegaba hasta la misma boca de carga; esta última compañía incluso utilizó un montacargas eléctrico para subir las vagonetas. Para facilitar estas labores también se utilizaron cintas transportadoras, vagones skip, etc.</p>
<p>La mejora de los sistemas de calcinación permitió aprovechar los “polvos” de menudos crudos que se acumulaban en escombreras al no poder utilizarse por su reducido tamaño. También se facilitó la calcinación al homogenizar el tipo de carbonato introducido en la cuba, lo cual se conseguía a través de la trituración y la clasificación por tamaños, realizadas con machacadoras y cribas automáticas.</p>
<p>Por las mismas fechas en que se construían los hornos de calcinación se levantaron los <strong><u>primeros lavaderos.</u></strong> En concreto, fue en 1891 cuando se decidió recurrir a esta opción técnica. En este caso fue decisivo el éxito de procedimientos similares utilizados en la cuenca minera de Santander, si bien en Bizkaia el lavado de los minerales tendrá una función diferente a la que cumplía en la provincia vecina. En Santander, se utilizaba para aprovechar los depósitos aluviales de hierro que se encontraron entre 1870 y 1890. En la zona minera de Bizkaia, en cambio, sirvió para poder comercializar los menudos que se acumulaban en las escombreras, hasta entonces considerados demasiado pobres y sucios como para su venta. Con los lavaderos, se conseguía separar la arcilla de tales menudos. Se pusieron en explotación, así, los escombros acumulados desde los comienzos del trabajo de las minas; y se encontró un medio de dar salida a todo el mineral explotado, evitando la acumulación de desechos.</p>
<p>El primer lavadero fue construido en 1891 en la mina «Marta» por los Srs. Larrucea y López. Se reducía a un cilindro forrado por tela metálica que, sumergido y batido en un depósito de agua, permita que se separase la arcilla. Posteriormente, el sistema se perfeccionó, recurriéndose a trómeles<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> terminados por un cono: el mineral y el agua marchaban dentro de él en dirección contraria, arrastrando el agua a la arcilla; se conseguía así un mineral limpio, apto para su comercialización. El trómel giraba sobre unos rodillos, movido por una máquina de vapor, y a partir de los años veinte por motores eléctricos.</p>
<p>A la altura de 1899 se habían instalado 17 lavaderos, que servían a 27 minas. La implantación de este procedimiento era aún parcial, pese a lo cual la producción que pasaba por los lavaderos suponía ya 318.000 Tms. de mineral, algo más del 5% del total obtenido en Bizkaia.</p>
<p>El agua sucia que vertían los lavaderos contaminaba los ríos y los arroyos, a pesar de las quejas de los vecinos. De hecho, una de las causas de enfermedad más frecuente de la población minera eran los problemas gastrointestinales provocados por el mal estado de las aguas Para paliar estos problemas se construyeron balsas de decantación donde se depositaban las aguas sucias. De esta manera la arcilla iba al fondo y el agua quedaba más limpia. Cada dos o tres meses, cuando las balsas estaban llenas, se avisaba a los vecinos de los pueblos situados en el cauce de los ríos y se abrían las compuertas para liberar el agua. Con el fin de que se cumplieran estas condiciones se nombraba una comisión vecinal que inspeccionaba los lavaderos y las balsas. Después se fueron instalando unas torres en las propias balsas, que controlaban el nivel del agua y servían para eliminarla directamente mediante un sistema de alcantarillado subterráneo.</p>
<p>En una visión global de la instalación en las minas de sistemas de explotación, podríamos establecer las siguientes características<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>:</p>
<ul>
<li>El comienzo de la explotación masiva de las minas a mediados del siglo XIX supuso, en primer lugar, la ordenación del territorio minero y el empleo sistemático del barreno: estas dos fueron las primeras innovaciones.</li>
<li>Los procedimientos extractivos apenas tuvieron desarrollo técnico. En todo momento consistieron en el barreno y posterior desmenuzamiento de la masa por medio de la fuerza humana. Las condiciones en que se encontraba el mineral vizcaíno lo permitan.</li>
<li>En las explotaciones a cielo abierto, el primer trabajo consistía en eliminar la capa exterior (tierra, rocas, vegetación, etc.), y una vez encontrado el mineral se comenzaba a profundizar. El trabajo se realizaba a roza abierta, dejando escalones o bancos de unos 20 o 30 metros de altura, con el fin de trabajar en diferentes niveles. La extracción del mineral se llevaba a cabo mediante explosivos: dinamita (normalmente dinamita n.º 3) y pólvora. Posteriormente comenzaron a utilizarse la sabulita y la goma 2.</li>
<li>Para colocar los explosivos había que realizar unos agujeros con la barrena, que era una barra metálica acabada en punta o en bisel, de varios metros de longitud, según la profundidad del agujero. Normalmente, el minero iba golpeando con la barrena directamente en la roca, aprovechando su fuerza, pero también podía ayudarse con una maza y si el agujero era muy profundo, varios mineros a la vez utilizaban una barrena larga. Los agujeros tenían una profundidad media de 4 a 5 metros y, dependiendo de la dureza de la roca o del mineral, se empleaba entre 1 y 4 horas por metro. La operación de carga del barreno se llamaba maniobra.</li>
<li>En 1903 comenzaron a utilizarse los martillos perforadores a vapor y en los años veinte los eléctricos, lo cual permitía un rendimiento superior al barrenado manual. En los últimos años de la explotación minera la mecanización era completa y se empleaban máquinas perforadoras.</li>
<li>La voladura, también llamada disparo o tiro, se efectuaba a unas horas determinadas: de 8 a 8,30, de 12 a 13 y de 16 a 16,30. Momentos antes de encenderse las mechas (operación que se realizaba a mano) se avisaba con tres toques de corneta y se colocaba una bandera roja cerca del lugar de la explosión. Una vez desprendida la masa de la pared se procedía a desmenuzarla con picos, azadones, mazas, mayos, cuñas, etc.</li>
<li>Los bloques más grandes se troceaban con pequeñas cargas explosivas; a veces, en lugar de practicar agujeros, la carga se adhería a la roca con arcilla. Después se reducían con mazas a muy pocos centímetros de diámetro. A principios del siglo XX comenzaron a generalizarse los martillos mecánicos para realizar también las labores de troceo o taqueo. En los años treinta se introdujeron machacadoras mecánicas.</li>
<li>Después, ayudados de azadas y rastrillos, llenaban los cestos de mineral para cargar las vagonetas. El mineral más pobre o las rocas se amontonaban en escombreras.</li>
<li>La posibilidad de disponer de un hierro abundante y rico, así como la rapidez del proceso por el que masivamente comenzaron a explotarse las minas, permitieron que hasta fechas tardías no se incorporaran elementos técnicos en ningún aspecto del trabajo.</li>
<li>Las primeras mejoras técnicas consistieron en la instalación de medios de transporte desde la bocamina al ferrocarril. Comenzaron a construirse entre 1880 y 1890, cuando se levantaron los primeros planos inclinados. Los procedimientos de transporte más complejos (los tranvías aéreos) no se generalizaron hasta la década siguiente.</li>
<li>El agotamiento o escasez de los minerales más ricos llevó a crear instalaciones que mejoraran la calidad de los hasta entonces desechados y que permitieran el aprovechamiento de los escombros. Fue entre 1889 y 1892 cuando comenzaron a construirse, consistiendo en hornos de calcinación para los carbonates y lavaderos para los escombros. Sin embargo, a la altura de 1899 sólo un 15% del mineral producido en Bizkaia era tratado en la propia zona minera. El 85% restante se vendía sin ningún tratamiento especial, tal y como se obtenía en un trabajo que podríamos definir como de cantera<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Es a partir del siglo XIII cuando se empiezan a encontrar testimonios claros sobre la industria del hierro en la Zona Minera de Las Encartaciones, con una clara orientación exportadora. El mineral que se extraía, tenía cuatro aspectos diferentes, y por ellos se le conocía. Uno de ellos era el denominado «vena», por su color rojizo como la sangre. Otro era el «campanil», ya que al ser golpeado con una herramienta, producía un sonido que se asemejaba al de una campana. Un tercero era conocido como «rubio», por su color amari­llento, y el cuarto, tenía el nombre de «carbonato». Normalmente, era el que a más profundidad se encontraba.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Debemos recordar que las minas de hierro más importantes de Bizkaia se hallaban situadas en tres cuencas: Somorrostro, Bilbao y Galdames-Sopuerta. La más importante de ellas tanto por cantidad como por calidad, era la de Triano-Somorrostro (con dos grandes criaderos de mineral: Triano y Matamoros, de 3 y 2 Kms. de longitud respectivamente y una anchura de 1,5 Kms como máximo).</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Las canteras son explotaciones de la <strong>minería</strong> que se llevan a cabo a cielo abierto. De una cantera puede obtenerse <strong>granito</strong>, <strong>caliza</strong> o <strong>mármol</strong>, por citar algunas posibilidades. Cabe destacar que una cantera constituye un recurso limitado: se agota en determinado momento sin que exista la posibilidad de generar nuevas <a href="https://definicion.de/piedra/"><strong>piedras</strong></a>.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">4]</a> En Trapagarán, a comienzos del siglo XX, existirá una cabaña mular y asnal cercana a las trescientas cabezas, toda ella dedicada al transporte del mineral.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> «Como es fácil suponer, los mejores minerales se fueron agotando rápidamente, de tal manera, que cuando en 1886 se inician las actividades del Circulo Minero, ya no había para nada de la vena. El campanil será siempre el mineral de mayor cotización, y cada día más extraño. De ahí que, en la década de los ochenta, en diciembre de 1881 concretamente, se comienzan a realizar las primeras calcinaciones del carbonato que, hasta entonces no se había comenzado a explotar”. Ignacio VILLOTA “Vizcaya en la política minera”, p.25</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Eneko PÉREZ GOIKOETXEA “Minería del hierro en los Montes de Triano y Galdames” pp. 100-114</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Trommel en alemán significa tambor, como el tambor de una lavadora.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> En Barakaldo apare­cen veintinueve centros de explotación, con los siguientes nombres: Modesta, Salvadora, Teresa, La. Negra, Augusta, Fi-gueras, Elena, Impensada Juliana 1, Juliana 2, Pepe, Emma, Disgusto, Mer­cedes, Carmen, Lucas, Hormidas, Bienvenida, Vicenta, Berna, Boni, La Concepción, San Gre­gorio, San Pedro, Mengolice, Rosario, Cercana, Estrella y Acebal.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Entre 1876 y 1900 se extrajeron un total de 94.016.807 Tm de mineral de los que el 90% se exportaron y de éste un 60% a Gran Bretaña. En el periodo de 1901 y 1920 se extrajeron 75.643.494 Tm y a partir de 1920 por agotamiento de los yacimientos la industria minera decayó considerablemente. Como consecuencia de la exportación masiva de mineral (además de las infraestructuras imprescindibles para ello) el puerto de Bilbao adquirió una actividad inusitada, multiplicándose por tres el movimiento general portuario de 1878-79 a 1898-99. En 1884 el tráfico de barcos ingleses en el puerto de Bilbao superó incluso a los de Hamburgo y Amberes, hasta entonces los puertos que registraban mayor entrada de buques británicos.</p>
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		<title>Camino de Santiago: Bilbao a Portugalete</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 06:12:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades]]></category>
		<category><![CDATA[Recorridos]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="200" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?fit=300%2C200" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?w=640 640w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?resize=300%2C200 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10887" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/2025-barakaldo-se-prepara-para-su-tradicional-romeria-de-santa-agueda-en-el-monte-arroletza/a1-4/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?fit=640%2C427" data-orig-size="640,427" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="a1" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?fit=640%2C427" /></div>Km 0. Bilbao (Todos los servicios) La Tendería, que forma parte de las siete calles primitivas de Bilbao, desemboca en la calle de la Ribera, que seguimos a mano izquierda. Aquí se encuentra el gran mercado cubierto de La Ribera.A 120 metros dejamos la calle por la derecha para cruzar la ría del Nervión o [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="200" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?fit=300%2C200" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?w=640 640w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?resize=300%2C200 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10887" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/2025-barakaldo-se-prepara-para-su-tradicional-romeria-de-santa-agueda-en-el-monte-arroletza/a1-4/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?fit=640%2C427" data-orig-size="640,427" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="a1" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/a1.jpg?fit=640%2C427" /></div><p>Km 0. Bilbao (Todos los servicios)</p>
<p>La Tendería, que forma parte de las siete calles primitivas de Bilbao, desemboca en la calle de la Ribera, que seguimos a mano izquierda. Aquí se encuentra el gran mercado cubierto de La Ribera.A 120 metros dejamos la calle por la derecha para cruzar la ría del Nervión o Ibaizabal por el puente de San Antón. Ilustra el escudo municipal y sustituyó al puente medieval que durante muchos siglos fue el único vado sobre la ría. En la Wikipedia podemos leer que «en el siglo XV bajo este puente empozaban a los delincuentes», que no era otra que atarles una piedra al cogote y arrojarla al agua. Tras el puente giramos a la derecha por la calle Bilbao la Vieja, que conecta de frente con la calle San Francisco. Salimos a la plaza Zabalburu y tomamos de frente la interminable calle Autonomía durante 1,3 kilómetros. Sin variar la dirección enlazaremos con la avenida Montevideo (Km 2,7) .</p>
<p>Pasamos junto al Centro de Salud de Basurto y pronto giramos a la izquierda para subir un buen trecho por la calle Lezeaga. El itinerario aprovecha más adelante una senda peatonal que zigzaguea hasta llegar al Camino Kobetas, donde tenemos otra vista privilegiada de la ciudad. En este mirador natural del monte Kobetas, donde pende el barrio de Altamira, se encuentra el albergue de peregrinos.</p>
<p>Km 4,4. Albergue de peregrinos de Bilbao</p>
<p>Junto a la marquesina del Bilbobus giramos a mano izquierda para descender la otra vertiente por un camino pedregoso. Quizás nos alerte el humo de la&nbsp;fábrica Profusa, de producción de coque para fundición, que trae en jaque a los vecinos del barrio de las Delicias. Durante la bajada hay que prestar atención a un giro hacia la izquierda para tomar una curva. Más adelante pasamos un portillo y continuamos hasta la carretera, por la que descendemos. Tras un túnel llegamos a la Estrada Bizkorta, junto a la carretera Basurto-Castrexana. Retomamos la marcha hacia la izquierda y cogemos el cruce a Las Delicias, donde pasamos el&nbsp;río Kadagua&nbsp;por el&nbsp;puente del Diablo&nbsp;(Km 6,8).</p>
<p>Entramos en el&nbsp;barrio de las Delicias-Urgozo, del municipio de Barakaldo, unos 50 metros después de cruzar el puente nos encontramos con una señalización de madera que nos indica camino a Balmaseda (camino olvidado) o hacia el camino del norte, el nuestro. Una vez cruzadas las vías subimos por la pista asfaltada que se dirige a Santa Águeda. Tras varias curvas de gran inclinación dejamos la pista por la izquierda y nos internamos en la calzada medieval bajo el&nbsp;bosque mixto de Larrazabal. Por esta calzada, que fue Camino Real, los comerciantes bajaban a Castilla, vía Balmaseda por el valle de Mena hasta Burgos, los productos llegados desde Europa y subían el cereal y la lana para embarcarlos al continente. La calzada da paso otra vez a la pista, que exhibe ahora unas rampas que parecen trasladadas desde el Angliru y el Cuitu Nigru y que llegan hasta la&nbsp;ermita de Santa Águeda, donde hay una fuente y un espacio idóneo para hacer la primera parada&nbsp;(Km 7,9)&nbsp;. Retomamos la jornada por la pista asfaltada que termina descendiendo al&nbsp;barrio baracaldés de Cruces, donde sobresale su&nbsp;emblemático hospital.</p>
<p>Km 11. Cruces (Barakaldo) (Todos los servicios)</p>
<p>Atención, porque en la rotonda de entrada hay que desviarse a mano izquierda por la calle de La Paz, en dirección al campo de fútbol. Bordeamos éste y bajamos hasta el bidegorri (carril bici con senda pavimentada para peatones) que va a la vera del río Castaños). Tras un túnel giramos a la derecha para seguir por la calle Ametzaga de Retuerto , también barrio baracaldés. Salvamos la N-634 por un paso inferior.</p>
<p>Km 12,2. Retuerto (Barakaldo) (Todos los servicios)</p>
<p>Tras la parroquia del Sagrado Corazón seguimos por una calle estrecha. Al final de la calleja continuamos a la derecha por la calle Euskadi, bajo la autopista. En la rotonda seguimos a mano izquierda junto al restaurante Kokoxily y enfilamos la avenida de la Ribera en dirección al Megapark. A la entrada de este extenso parque comercial vamos por la derecha siguiendo un carril peatonal y para bicis. Lo seguimos durante un buen trecho hasta el final del complejo comercial y bajamos a mano izquierda por unas escaleras hasta el paseo del río Galindo, donde hay un poste del Camino indicando las distancias a Sestao y Portugalete. Sobre 1,3 kilómetros después cruzamos el río y entre un corredor metálico llegamos a una zona decadente con los edificios de la Sociedad Cooperativa Aurrerá. Un paisaje motivado por la despoblación sufrida en las últimas décadas. Pasamos a la cuesta de la Gran Vía de José Antonio de Agirre, en el barrio sestaoarra de Kueto. Por cierto, bastante molesta en este punto de la etapa. En el alto pasamos junto al Centro de Salud de Kueto y llegamos hasta el Ayuntamiento de Sestao. El topónimo del municipio puede provenir de <em>Sexto</em>, nombre latino con el que bautizó la legión romana al monte donde se asentaba.</p>
<p>Km 17,8. Sestao (Todos los servicios)</p>
<p>Junto a la Casa Consistorial tiramos a la derecha (ojo porque la placa metálica que señaliza pasa desapercibida), bajando por la calle de Aizpuru. La frontera entre Sestao y Portugalete es casi una línea imaginaria y pronto vamos paseando hacia la desembocadura del Nervión, donde una estructura funambulista cruza la ría sobre varias torres. Este puente colgante, con la función de transbordador entre Portugalete y Getxo, fue inaugurado en 1893 y es desde 2006 Patrimonio de la Humanidad. Cubre 160 metros de longitud y está apoyado por cuatro torres que se elevan a más de 60 metros de altura. Disponiendo de tiempo es recomendable sacar un billete para realizar la visita por la pasarela. Las vistas hacia el interior de ría y de la desembocadura con el puerto de Bilbao son grandiosas.</p>
<p>A la altura de la iglesia de Santa María nos desviamos a la derecha para visitarla y tras rodearla continuamos por el Cantón de la Iglesia. Luego podemos girar a la derecha por la calle de Coscojales y después coger la calle Santa Clara, la primera de la izquierda. Desemboca en la calle Casilda Iturrizar. En el número 8 se encuentra el albergue, que se habilita en los meses de julio y agosto en la planta baja del edificio Ramón Real de Asúa.</p>
<p>Km 19,7. Portugalete (Todos los servicios)</p>
<p>https://caminodesantiago.consumer.es</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Conjunto de El Pobal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Aug 2026 06:42:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Industria]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="213" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=300%2C213" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?w=545 545w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=400%2C284 400w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=300%2C213 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="8652" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/conjunto-de-el-pobal/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=545%2C387" data-orig-size="545,387" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=545%2C387" /></div>El conjunto de El Pobal se halla situado en el lí­mite&#160;de los municipios de Muskiz y Galdames, en un recodo del rí­o Barbadún, en su margen izquierda, junto a la cuenca minera de Enkarterriak. Cuando El Pobal se hallaba en plena producción esta localización le permitió gozar de grandes ventajas, por ejemplo, de la facilidad [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="213" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=300%2C213" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?w=545 545w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=400%2C284 400w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=300%2C213 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="8652" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/conjunto-de-el-pobal/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=545%2C387" data-orig-size="545,387" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=545%2C387" /></div><p><a href="https://ezagutubarakaldo.net/?attachment_id=8652" rel="attachment wp-att-8652"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="8652" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/conjunto-de-el-pobal/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=545%2C387" data-orig-size="545,387" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?fit=545%2C387" class="alignleft wp-image-8652" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=301%2C214" alt="672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l" width="301" height="214" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?w=545 545w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=400%2C284 400w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2016/10/672953_es-muskiz-enkarterri-bizkaia-pobal-l.jpg?resize=300%2C213 300w" sizes="(max-width: 301px) 100vw, 301px" /></a>El conjunto de <strong>El Pobal </strong>se halla situado en el lí­mite&nbsp;de los municipios de <strong>Muskiz </strong>y <strong>Galdames</strong>, en un recodo del rí­o <strong>Barbadún</strong>, en su margen izquierda, junto a la cuenca minera de <strong>Enkarterriak</strong>. Cuando El Pobal se hallaba en plena producción esta localización le permitió gozar de grandes ventajas, por ejemplo, de la facilidad para hacer acopio de mineral, de la cercaní­a a las ví­as de comunicación marí­timas y terrestres, y de la proximidad a grandes masas de árboles con las que elaborar el carbón vegetal. A ello se añadí­a, en el aspecto humano, la posesión de una mano de obra especializada tras siglos de dedicación a la minerí­a y a la industria ferrona. En el mismo entorno, aguas abajo, se situaban las ferrerí­as de <strong>Bilotxi </strong>y <strong>Santelices</strong>, y aguas arriba las de <strong>La Olla</strong>, <strong>Valdibián</strong>, <strong>Llantada </strong>y <strong>El Pendiz</strong>. También existí­an restos de ferrerí­as en<strong> El Arenao</strong>, <strong>Rionegro</strong> y <strong>Lazilla</strong>. Un ámbito más amplio, aunque todaví­a próximo, nos permite situar a El Pobal en la órbita de los<strong> Montes de Triano</strong>, uno de los máximos exponentes de la cultura del hierro en todo el mundo.</p>
<p>La ferrerí­a fue edificada a mediados del siglo XVI por <strong>Juan de Salazar</strong>, descendiente del famoso banderizo y cronista <strong>Lope Garcí­a de Salazar</strong>. La hizo construir en un lugar resguardado para sustituir a una ferrerí­a anterior a la que desmantelaban una y otra vez las sucesivas crecidas e inundaciones del rí­o Barbadún. También a Juan de Salazar se debe la construcción del <strong>puente</strong> que une ambas orillas del rí­o y la <strong>presa</strong>.</p>
<p>De los Salazar pasó, por breve tiempo a los<strong> Avellaneda </strong>y de estos&nbsp; la adquirió, en el año 1699, <strong>Simón de La Quadra</strong>, quien ordenó una serie de modificaciones que constituyen la mayor parte del edificio actual. De su fábrica original apenas conserva algunos restos: un paño del muro, que mira al rí­o, en el que se abre un pequeño acceso de arco apuntado, parte de la cimentación del taller y el horno primitivo que se halla junto al martinete. La ferrerí­a se vinculó por el nuevo propietario a su mayorazgo familiar cuyos descendientes ostentarí­an el <em>marquesado de Villarí­as</em>.</p>
<p>En el primer cuarto del siglo XIX la ferrerí­a de El Pobal pasó a ser explotada por la familia <strong>Ybarra</strong> a través de una sociedad creada al efecto en el año 1827, con el nombre de <em>Ybarra, Mier y Compañí­a</em>. El año1942 fue adquirida por sus inquilinos y, finalmente, éstos, los<strong> Pérez Ibarrondo</strong>, después de mantenerla en servicio para la fabricación de aperos de labranza hasta el año 1952, la vendieron, en el año 1966, a la <em>Diputación de Bizkaia</em>. Se trata, por tanto, de la última ferrerí­a bizkaina en activo. En junio del año 2004, después de nueve años de minuciosa restauración, se abrió al público como museo y con el propósito de difundir la actividad ferrona y minera de Bizkaia en general y, particularmente, de la zona de Enkarterriak en que se sitúa.</p>
<p>El conjunto de El Pobal se reconoció en marzo de 2004 como <strong>Bien Cultural Calificado</strong> con categorí­a de <strong>Conjunto Monumental </strong>-aunque con anterioridad ya contaba con la protección otorgada por el decreto de 17 de julio de 1984-, poco después recibió una <em>Mención de Honor</em> otorgada por el <strong>Consejo de Europa</strong>.</p>
<p>El Conjunto de <strong>El Pobal</strong> se compone de un caserí­o, que fue vivienda de los ferrones, al que por su porte se denomina <em>«casa-torre»</em> o <em>«casa-palacio».</em> En su primera planta se halla la sala de exposiciones y de recepción de visitantes. En su parte trasera, con acceso a través de un pequeño patio cerrado, se encuentra un molino de dos muelas, cuyos elementos se han recreado imitando a los de un molino tradicional encartado. Entre el molino y la <em>«torre»</em> se hallan las cuadras, y al frente, separados por el camino, los hornos de pan.uy cercana, apenas a unos metros de distancia, se localiza la ferrerí­a que es, sin duda, el elemento más significativo del conjunto. En su exterior, al lado izquierdo, está el depósito de agua o antepara, con capacidad para unos 70 metros cúbicos de agua. Un sencillo mecanismo de compuertas permite que el agua caiga a voluntad, con mayor o menor intensidad, sobre las aspas de las ruedas, imprimiendo a éstas la cadencia de rotación adecuada que, mediante un eje (o árbol) se trasmitirá al martinete. El agua llega a esta antepara -y a la que surte al molino- a través de un canal artificial de 300 metros de longitud que nace en una presa asentada en territorio de Galdames.<br />
La fuerza hidraúlica es la encargada de mover los distintos ingenios de que consta la ferrerí­a. El agua destinada a mover las palas de las ruedas, que hacen rotar el árbol y con él los dientes encargados de accionar el martinete y los fuelles de los barquines, llega desdela presa.uando no es necesario&nbsp;el uso del agua retenida en la antepara&nbsp;se le permite proseguir&nbsp;su camino a través del mismo&nbsp;cauce artificial hasta&nbsp;que vuelve&nbsp;a reintegrase al rí­o.</p>
<p>La función que hoy dí­a cumple la ferrerí­a es eminentemente didáctica, por ello el acceso natural, que usaban los ferrones, se ha cambiado por otro, ubicado al costado derecho de la ferrerí­a. Esta sala, antiguo almacén, es la que abre la exposición mediante gráficos, maquetas y paneles explicativos, intentado ofrecer una idea del conjunto. De este lugar se pasa a un local inmediato, la carbonera, donde se amontonaba el carbón de madera. De aquí­ se pasa a la nave principal, en la que se halla el corazón de la ferrerí­a, destinada a la reducción del mineral de hierro y su transformación en barras. En ella se hallan los elementos más llamativos de todo el conjunto de El Pobal: los émbolos -encargados de insuflar aire al horno, semienterrado-, y el martinete, con su yunque. También en esta sala encontramos un pequeño local, que serví­a como <em>«oficina»</em> para llevar la contabilidad. En otra estancia, contigua a la ferrerí­a aunque claramente diferenciada de ella y con su suelo algo más elevado, funciona una fragua de herrero que se levantó en el siglo XIX.</p>
<p>El horno es el instrumento de la ferrerí­a destinado a reducir el mineral de hierro y separarlo de las impurezas. La masa resultante se denomina agoa o zamarra.<br />
El sistema utilizado en El Pobal para reducir el mineral de hierro no podí­a diferenciarse mucho del que describió A. Barba en el año1649: Primeramente los pedazos grandes de metal de hierro se quebraban y reducí­an a menores -del tamaño de nueces o manzanas- para que el fuego los traspase y quemase más fácilmente. Se quemaban en hoyos construidos al efecto, que tení­an en su parte inferior receptáculos para que el metal fundido no se compactase en una sola plancha. Posteriormente se asentaban filas de leña sobre una base de paja, de más gruesa a más fina, dejando siempre en el medio una cavidad o hueco para mantener la lumbre. Sobre la leña se echaba el metal y se daba fuego. Se obtiene de esta manera un metal a medio fundir, que era el destinado a fundir en los hornos. En ellos, sobre una base de carbón, se añadí­an sucesivas paladas de aquel metal precocido y de carbón. Se daba fuego recio, con ayuda de los barquines, accionados por las ruedas que moví­a el agua. El metal, convertido en un <em>«gran pan»,</em> se vaciaba de escorias por la boca que para ello tiene el horno. Acabada la fundición, y frí­o el hierro, se sacaba del horno con unas levas, se sacudí­a la escoria restante, con grandes tajaderas se cortaba en pedazos que eran vueltos a caldear con el martinete, y, finalmente, se guardaban en forma de begajones o planchas.</p>
<ol>
<li>Barba añadí­a que podí­a evitarse el precocido del mineral juntando a este en el horno con cal viva, pero, afirmaba, que no era el procedimiento que comúnmente se usaba.<br />
Los fuelles o barquines, estaban destinados a avivar el fuego y elevar la temperatura obtenida en los hornos. Al principio estaban fabricados en cuero y madera, razón por la que su vida útil era reducida además de que estos materiales suponí­an un considerable gasto anual en mantenimiento. Su diseño fue mejorando con el tiempo llegandose a inyectar hasta 22 pies cúbicos de aire en cada impulso. A mediados del siglo XVII se introdujeron las <em>aizearkak</em>, que podí­an producir corrientes continuas de aire cuya intensidad se regulaba a voluntad. El mecanismo consistí­a en desplazar agua por un sistema de tubos hasta un depósito receptor, desde el cual se expulsaba el aire a través de toberas dirigidas al horno. Las aizearkak, que suponí­an una considerablemente mejora, no llegaron a adoptarse en las ferrerí­as bizkainas a pesar de que fue precisamente en este territorio donde, en 1633, pretendieron instalarse los primeros modelos, pero se desistió por acuerdo de la Junta de ferrones de 1640, que consideró que su instalación iba contra el Fuero. Los émbolos de piedra, como los existentes en el Pobal, comenzaron a instalarse en el siglo XIX -los de El Pobal lo hicieron en 1852 (los de la relativamente cercana ferrerí­a de La Iseca, situada en Guriezo, en 1839), y compensaban su coste con un mantenimiento mí­nimo.</li>
</ol>
<p>En los primeros años del siglo XIX el <em>marqués de Villarí­as</em> mantuvo un pleito con el concejo de <strong>Galdames</strong> sobre los lí­mites de su propiedad. Los documentos y escrituras que ambos litigantes presentaron se acompañaron con gráficos que ilustraban la situación de la ferrerí­a del<strong> Pobal</strong> y su entorno.</p>
<p>Estos planos se hallan en la <strong>Real Chancillerí­a de Valladolid</strong>. De ese archivo están tomadas las dos imágenes que figuran a continuación. La resolución no era muy buena así­ que la trascripción que hago de la leyenda que les acompaña puede tener algún error que acompaño con el sí­mbolo (&#8230;).</p>
<p>Las ferrerí­as hidraúlicas, del tipo de las de <strong>El Pobal</strong>, que aprovechaban la fuerza de los rí­os con el fin de desarrollar la fuerza necesaria para mover las palas de las ruedas sustituyeron, a partir del siglo XV, a las ferrerí­as de viento, <em>haizeolak </em>(o agorrolak = ferrerí­as de seco).</p>
<p>Sabemos muy poco acerca de las primitivas haizeolak. Podí­an ser simples cavidades u hornos muy sencillos en los que se obtení­a el hierro utilizando minerales muy puros que se asentaban sobre camas de madera, en varios estratos. El hierro no llegaba a fundirse y el resultado era una masa esponjosa que se compactaba a base de golpes propinados con mazos, operación con la que, además, se desprendí­an las impurezas.</p>
<p>Esta técnica tan sencilla podí­a mejorarse desmenuzando y tostando previamente, a unos 800 o 900 grados, la masa de mineral, para reducirlo, finalmente, a una temperatura que alcanzaba los 1300 grados. Hornos con cierta sofisticación podí­an disponer de una tobera por la que se expulsarí­a el hierro fundido que como antes decí­amos, se compactarí­a mediante golpes.</p>
<p>Las ferrerí­as se dividí­an en mayores y menores. En las primeras, llamadas <em>zearrolak</em>, se obtení­an las masas de hierro. En las segundas, llamadas <em>tiraderas</em>, el hierro se laminaba y se fabricaban los clavos, herrajes, etc. Según Villarreal de Bérriz hubo una fase de expansión de las ferrerí­as mayores a las que siguió otra en que se multiplicaron las menores porque la experiencia indicó que el hierro que producí­an estas era de mayor calidad. Las mayores fundí­an masas de 12 a 16 arrobas, haciendo con cada una cuatro barras de hierro o tochos, que se adelgazaban en las menores. En éstas, por otra parte, podí­an obtenerse fundiciones de cinco arrobas.</p>
<p>La importancia que tuvo el abastecimiento de material, tanto de mineral como de carbón de madera, hizo que durante algún tiempo la clasificación de las ferrerí­as se hiciese atendiendo a si se surtí­an de estos materiales por mar o por tierra. En la junta de ferrones del año 1628 se denominaba a las primeras <em>ferrerí­as marí­timas</em> -o de «barra de fuera»-, y a las segundas <em>ferrerí­as de tierra adentro</em>.</p>
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		<title>Barakaldo y el alzamiento carlista de 1860</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 06:10:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="196" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?fit=300%2C196" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?w=735 735w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?resize=300%2C196 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10471" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/calle-san-juan/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?fit=735%2C479" data-orig-size="735,479" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?fit=735%2C479" /></div>La trayectoria del carlismo, especialmente en el siglo XIX, estuvo cuajada de una clara tendencia insurreccional, siendo los levantamientos una constante desde que finalizara la I Guerra Carlista. Este apego al conflicto armado, fomentado por los propios pretendientes al trono, no fue más que un reflejo de la especial situación histórica de Las Españas decimonónicas; [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="196" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?fit=300%2C196" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?w=735 735w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?resize=300%2C196 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10471" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/calle-san-juan/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?fit=735%2C479" data-orig-size="735,479" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/c6edcbc2d59a1071df1fa94862cea037.jpg?fit=735%2C479" /></div><p>La trayectoria del carlismo, especialmente en el siglo XIX, estuvo cuajada de una clara tendencia insurreccional, siendo los levantamientos una constante desde que finalizara la I Guerra Carlista. Este apego al conflicto armado, fomentado por los propios pretendientes al trono, no fue más que un reflejo de la especial situación histórica de Las Españas decimonónicas; allí donde el “pronunciamiento militar” se había convertido en un recurso comúnmente utilizado para dar soporte a los cambios de gobierno.</p>
<p>A pesar de las múltiples intentonas, su éxito fue muy limitado. Ni tan siquiera en aquellos ámbitos geográficos donde “Dios, Patria, Rey (y Fueros)” se habían convertido en herencia familiar, el apego a las vías violentas fue proporcional a la situación socio-económica del momento. De hecho, no todos los pretendientes despertaron el mismo entusiasmo, no siempre el carlismo capitalizó correctamente el descontento social y, en no pocas ocasiones, el momento elegido distó de ser el adecuado para que una insurrección armada pudiera calar y propagarse.</p>
<p>Enmarcado en uno de los episodios de sedición tradicionalista, en abril de 1860, el topónimo “Baracaldo” irrumpirá en los diarios provinciales y nacionales relacionado con unos luctuosos sucesos, que habían dado comienzo en una noche de Jueves Santo. Aquella madrugada, una partida carlista que había secundado la llamada a las armas de su rey, por aquel entonces Carlos VI, quedará bautizada con el nombre de la localidad donde, aparentemente, comenzaron sus desmanes.</p>
<p>A lo largo de varios meses, Barakaldo acaparará -sin proponérselo y, posiblemente, sin merecérselo- la atención política y periodística del país, en un momento donde las pretensiones dinásticas del tradicionalismo se enfrentaron, no solo a un estado liberal, sino a la propia existencia de un “oasis foral”; un espejismo de paz social en el que se encontraban cómodamente asentados los territorios vasco-navarros.</p>
<p>El “Oasis foral”</p>
<p>Tras la finalización de la I Guerra Carlista en el Norte con la firma del Convenio de Vergara en 1839, las provincias forales habían alcanzado una ansiada paz sustentada bajo los términos de “paz y fueros”.</p>
<p>Unos pocos años después, y con la real sanción del Decreto del 4 de julio de 1844, se consiguió un complicado encaje constitucional de “las Viejas Leyes” dentro del moderantismo liberal monárquico. La reina Isabel II se convirtió en garante de los mismos y Madrid acabó considerando el “problema foral” como una enfermedad de asumible cronificación. Gracias a ello, la sociedad de los territorios vasco-navarros pudo vertebrarse en torno a dos pilares: los Fueros y la Religión, en un ambiente de estabilidad social y política que potenciaba el desarrollo económico y que contrastaba con el estado de perpetua zozobra del resto de la nación, donde el liberalismo imperante se ahogaba en sus propias miserias.</p>
<p>De fracaso en fracaso</p>
<p>Mientras, el derrotado carlismo trataba de retornar a la liza contando con la presencia de Carlos Luis María Fernando de Borbón y Braganza, Conde de Montemolín, que desde 1845 optaba al trono de las Españas bajo el título de Carlos VI.</p>
<p>Sin embargo, la anodina figura del nuevo pretendiente y el propio devenir histórico de acontecimientos parecía dar una y otra vez la espalda a las pretensiones carlistas. Así, el “alzamiento Montemolinista” o “Guerra de los Matiners” (Madrugadores) de 1846, o el levantamiento de 1855 se tornarán en fiascos que dejarán en nuestra geografía pequeños grupúsculos de hombres que lanzan arengas que nadie secunda, mientras son perseguidos por unas fuerzas del orden forales empeñadas en hacer prevalecer el espíritu de “paz y fueros”.</p>
<p>En 1858, mientras comenzaba el que iba a ser conocido como “gobierno largo” de O’Donnell, el carlismo inició un arduo proceso de reorganización. Así se fue entretejiendo una intrincada red de simpatizantes a lo largo y ancho del sistema político y militar de Las Españas. Todo parecía indicar un pronto regreso de Carlos VI a la península para reclamar su trono.</p>
<p>Sin embargo, los desvelos de la Junta iban a ser condenados al fracaso ante la imposición de un plan excesivamente azaroso, gestado en un mal momento y sumado a una inconmensurable precipitación.</p>
<p>La Guerra de Marruecos</p>
<p>Los continuos problemas que tenía España con Marruecos habían sido inteligentemente magnificados y, el 22 de octubre de 1859, O’Donnell propuso en el Congreso la Declaración de Guerra. Esta “guerra de prestigio” sumirá al país en un estado de frenética actividad y ardor patriótico, donde la posibilidad de volver a tener en frente al enemigo secular por antonomasia, permitirá aparcar durante un tiempo las desavenencias de las dispares corrientes ideológicas de Las Españas.</p>
<p>Las provincias forales no permanecieron ajenas a este conflicto, pactando una contribución a la guerra con un donativo de 4 millones de reales y una tropa de 3.000 hombres equipadas por ellas mismas. Con no pocas dificultades, el 27 de febrero los Tercios Vascongados llegarán a África.</p>
<p>Mientras la atención pública mantenía sus ojos en los hijos y esposos destinados a la guerra de Marruecos, Carlos VI regresó a la Península para ponerse al frente de sus seguidores.</p>
<p>El desembarco de San Carlos de la Rápita</p>
<p>Muchas incógnitas rodean este fallido intento de levantamiento carlista, definido como una “<em>gran conjura envuelta en misterio</em>”1. El peso de la acción recaía sobre los hombros del general Jaime Ortega Olleta, Capitán General de Baleares, definido posteriormente como “<em>aventurero de espíritu fogoso</em>”2 y liberal moderado reconvertido en ferviente carlista. El proyecto de sublevación, excesivamente simple de concepción, consistía en tomar las fuerzas bajo su mando acantonadas en Mallorca, trasladarlas a la Península y, en un golpe de efecto, hacer aparecer a Carlos VI entre ellas. Este acto debería bastar para enardecer sus espíritus y hacerles avanzar triunfantes hacia un desprotegido Madrid.</p>
<p>Pero la intentona nacía viciada. Prominentes figuras del carlismo eran tremendamente críticas o, directamente, se negaban a formar parte de semejante dislate, Sin embargo, el proyecto siguió adelante con el único beneplácito de Carlos VI y algunos de sus acólitos.</p>
<p>En Marsella, el 24 de marzo de 1860, embarcó de incógnito el pretendiente, arribando a Palma de Mallorca cinco días después. Recibidos por el general Ortega, transbordaron a los buques atestados con el pequeño ejército.</p>
<p>Descartado el desembarco en Valencia por el tiempo borrascoso, fue San Carlos de la Rápita en la costa de Tarragona el destino de los buques. Mientras desembarcaban las tropas, se remitieron órdenes para que todas las Juntas carlistas en las distintas provincias secundasen el alzamiento.</p>
<p>Sin embargo, los oficiales de Ortega comenzaron a recelar de la actitud de su general y el 3 de abril le interpelaron, mostrando éste sus verdaderas intenciones. La reacción de sus hombres fue inmediata con vivas a la Reina. Todo había fracasado. El carruaje que mantenía oculto en su interior al rey carlista fue advertido por el propio Ortega para que huyese, y la desbandada entre los conjurados se hizo tangible.</p>
<p>“Disturbios en Baracaldo”</p>
<p>Ajenos al brusco final de la aventura de su pretendiente, los rescoldos habían sido suficientemente avivados y, en distintas partes de la Península, impacientes carlistas recibieron con entusiasmo la real orden de tomar las armas. Curiosamente, entre los contados lugares donde la llamada al alzamiento tuvo eco, se encontraba la vizcaína población de Barakaldo.</p>
<p>La anteiglesia de San Vicente de Barakaldo, que había salido notablemente maltrecha de la I Guerra Carlista3, no respondía de forma estricta a la Bizkaia nuclear de carácter agropecuario. Al igual que otras poblaciones de la margen izquierda, Barakaldo había comenzado su trasformación de sociedad eminentemente rural a una típicamente industrial, con una población en crecimiento que superaba ya las 2.000 almas. La gran fábrica “Nuestra Señora del Carmen” a orillas de la ría, construida por ilustres de apellido Ybarra y preludio de los Altos Hornos de Bilbao, era el principal artífice del cambio socio-económico que se estaba produciendo.</p>
<p>En este ámbito poblacional, a medio camino entre pueblo y barrio obrero, pero donde la base ideológica seguía siendo mayoritariamente tradicionalista5, fue donde los diarios registraron el comienzo de unos “disturbios” que derivarán en una espiral de violencia de importantes repercusiones políticas y mediáticas.</p>
<p>Habían transcurrido dos días del desembarco de Ortega y, en el atardecer del Jueves Santo y siguiendo las crónicas recogidas en los periódicos bilbaínos, fue el propio alcalde de Barakaldo quién comunicó a un cabo de carabineros del Desierto que, en una taberna de su municipio, “<em>algunos mozos ebrios</em>”6, habían comenzado a pedir armas.</p>
<p>Lo cierto era que los estamentos políticos y militares del Señorío, tanto gubernamentales como forales ya se encontraban prevenidos. En el momento que se había difundido la noticia de lo ocurrido en San Pedro de la Rápita se procedió a proteger la capital, concentrando en Bilbao a “t<em>odos los destacamentos de carabineros y de guardia civil diseminados por el Señorío y cuya ocupación no era de imprescindible necesidad</em>”. De igual forma, se dirigieron “<em>las ordenes convenientes a las autoridades locales para que den parte de cualquier suceso que pudiera ocurrir</em>”. Tampoco faltaron las vigilancias estrechas y visitas a conocidos carlistas, en la búsqueda de actividades ilícitas.</p>
<p>El carabinero trasladó a su vez los hechos a su superior en Portugalete, así como al comandante del cuerpo, “<em>Sr. Acebedo</em>”, que residía en Bilbao. Se formó seguidamente una fuerza compuesta por 20 carabineros a la que se unieron 15 guardias civiles que se “<em>encaminaron al punto de reunión de los amotinados</em>”. No se encontró rastro alguno de los revoltosos mozos en Barakaldo y, tras registrar algunas casas y la iglesia “<em>sin ningún resultado, se dispuso la detención de algunas personas que parecían sospechosas</em>”.</p>
<p>Finalizadas las pesquisas y tomadas las declaraciones que se consideraron oportunas, se procedió a dejar el grueso de la fuerza en el lugar, mientras el comandante de carabineros, acompañado de 4 de sus hombres, regresaba a Bilbao conduciendo a los reos a la cárcel de la villa. Según relatan las crónicas, fue en este retorno a “<em>altas horas de la noche</em>”, cuando se toparon con “<em>algunos hombres armados que estaban apostados en Bidebitarte</em>”.</p>
<p>Probablemente, este pequeño piquete, formado por unos cuatro o cinco hombres, trataba de evitar que los tomados presos llegasen a Bilbao. Tras “<em>una ligera lucha”,</em> donde los carabineros salieron mejor parados, “<em>consiguieron dispersar a los agresores y traerse a Bilbao tres de estos, uno de ellos herido</em>”, huyendo el quinto “<em>merced a la oscuridad de la noche y a su ligereza</em>”.</p>
<p>Los rumores de un cruce de fuego con una partida carlista tan cerca de la villa, generó una notable alarma en Bilbao y, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos, se remitieron disposiciones para proceder a la inmediata detención de sospechosos colaboracionistas con el alzamiento. Paralelamente, el Gobernador Militar Interino, el castreño Ramon Salazar Mazarredo, se apresuró a ordenar que una patrulla de guardia civil de unos 30 hombres, auxiliados por otros tantos carabineros y una compañía de tropa del ejército, batiera la zona donde se había producido este nuevo altercado.</p>
<p>La fuerza se desplazó “<em>tomando el camino viejo que va desde Basurto y al llegar al inmediato punto llamado Entrambasaguas</em>”, en la “<em>jurisdicción de Abando</em>” los hombres de avanzada recibieron “<em>una descarga a quemarropa</em>”. Algunas crónicas describirán que las tropas habían sorprendido a la partida carlista en pleno proceso de organización y distribución de “<em>armas, dinero y prendas de vestuario”</em>, mientras que otras, hablarán de una emboscada planificada.&nbsp;</p>
<p>Allí quedo muerto, “<em>atravesado por varios balazos</em>” el guardia civil Juan Muguira de 29 años, un vizcaíno de Navarniz. Dejaba viuda a María Catalina Urgoitia y un huérfano de 3 años. Y prosiguiendo con el relato de los acontecimientos, tras verse superados, la partida carlista se dispersó “<em>huyendo a lo más escabroso del terreno</em>”, dejando atrás muchos de sus pertrechos que fueron recogidos y catalogados: “<em>31 fusiles, 9 pistolas, 2 pantalones encarnados, 2 zamarras nuevas, 2 boinas, 2 cinturones para oficiales, 1 pañuelo de seda usado, 1 casquete, 1 bolsa de vinagre, 1 saco de noche, 1 cajón de municiones, 1 saco de balas sueltas, 4 panes, ½ pellejo de vino, 1 botella de aguardiente</em>”.</p>
<p>Al día siguiente, un 6 de abril de Viernes Santo, la noticia del pequeño combate comenzaba a propagarse en los diarios vizcaínos, indicando las editoriales que no tenían “<em>palabras bastantes para reprobar tal atentado</em>” y afirmando que “<em>el país entero lo rechaza y no dudamos que, dispuesto a ayudar eficazmente a las dignas autoridades secundando sus acertadas disipaciones, muy pronto los traidores habrán sufrido el castigo que su crimen merece</em>”. Por su parte, los despachos oficiales informaban que “<em>una corta partida de tropas</em>” de la guarnición de Bilbao había “<em>salido y dispersado completamente en la noche última la gavilla de 18 a 20 Iatro-facciosos que, capitaneada por dos oficiales carlistas, se acababa de organizar a una legua de distancia de esta capital</em>”.</p>
<p>Atendiendo a los telegramas que el Gobernador de Bizkaia remitió al Ministro de Gobernación en Madrid, no fueron éstos los únicos altercados en el Señorío. Acatando la orden de detener a presuntos simpatizantes del alzamiento, otro guardia civil fue herido de gravedad en Güeñes en el momento de detener a un hombre que, según indicaba el gobernador, “<em>debía ponerse por la noche al frente de la partida</em>”. Posteriormente será identificado “<em>como N. Gutiérrez, antiguo comandante carlista y hoy administrador de una mina de calamina que se explota cerca de Sodupe</em>”.</p>
<p>Diputación Foral y Gobernación Civil se apresuraron a emitir una circular conjunta de repulsa: “<em>Cuando tantos hijos de este ilustre Señorío están cumpliendo en África el generoso compromiso contraído en las últimas juntas generales extraordinarias, defendiendo con valor el buen nombre del país y sellando con su sangre el juramento de lealtad de esta tierra a S. M. la Reina Nuestra Señora, una veintena de hombres excitados por cuatro viciosos y mal avenidos con la paz y tranquilidad que disfruta este solar, ha cometido anoche al favor de la oscuridad en las inmediaciones de esta villa, un atentado criminal siempre, y vergonzoso en las actuales circunstancias, disparando las armas contra las tropas nacionales. […] han sido dispersados los criminales, huyendo a ocultarse en lo escabroso del terreno. Estos deben desaparecer completamente y la suscrita Diputación está resuelta a contribuir a ello por cuantos medios estén a su alcance […]. Así se conservará la paz pública tan necesaria para la felicidad de este ilustre solar</em>”.</p>
<p>Tras su fuga, la partida parecía haberse fragmentado y las noticias de su localización se tornaron confusas, concediéndoles una notable ubicuidad. Algunos paisanos decían haberles visto en las cercanías de Bilbao “<em>por los montes de Pagazarri y San Roque en Abando</em>”26. Otras noticas parecían dar fe de su presencia en el “<em>valle del Cadagua</em>”, donde un correo gubernamental había sido interceptado y conminado a pasarse a los sublevados.</p>
<p>Intercalados con las noticias que llegaban de la Guerra en África y las crónicas del desembarco de San Carlos de la Rápita, los diarios nacionales se fueron poblando de reseñas referidas al alzamiento en el Señorío. Trascurridos tres días del levantamiento, todavía se especulaba con el número real de efectivos de la partida de Barakaldo, que parecía no superar los 40 individuos, el nombre de sus mandos, si bien sonaba ya el de Aniceto Llaguno, o la procedencia de sus armas, afirmando que contaban con flamantes carabinas salidas de las fábricas en Eibar.</p>
<p>Paralelamente, Bilbao se blindaba con la llegada de nuevos efectivos militares procedentes de “<em>Vitoria y algunos soldados más de Santoña</em>”, además de levantar una propia leva de voluntarios: “<em>En Bilbao gran entusiasmo en favor de S. M. y del gobierno. En dicha plaza se está armando 70 hombres de garantías para mantener el orden interior</em>”.</p>
<p>Además de circulares, la Diputación Foral del Señorío se apresuró a trasmitir de forma directa al Gobierno en Madrid en boca de su diputado general en la capital del reino, D. Manuel de Gogeascochea, “<em>la lealtad inquebrantable del señorío de Vizcaya, su constante adhesión al trono y al gobierno</em>”. Todo ello “<em>como prueba inequívoca de su nunca desmentida lealtad, adhesión y amor a su señora y reina (Q. D. G.), en quien y en su beneficio e ilustrado gobierno tienen depositada toda su confianza de que les serán garantizados los antiguos y venerados fueros que siempre han formado la proverbial felicidad de este ilustre solar</em>”. Y para refrendar esta voluntad, se expidió una carta explicativa a la propia Isabel II, una prerrogativa exclusiva de las provincias forales: <em>“[…] una veintena de hombres seducidos por cuatro díscolos son concepto no prestigio en el país ni fuera de él, dieron a las altas horas de la noche del 5 al 6 del corriente el grito de rebelión en las cercanías de esta villa de Bilbao, haciendo armas contra la fuerza que el momento fue destacada para sofocarla. No podía esta Diputación, Señora, permanecer pasiva al tener noticia de execrable hecho […]</em>”.</p>
<p>Los “Infelices de Baracaldo”</p>
<p>Desde Vitoria, el general José María Marchessi y Oleaga, General en jefe del 5° Ejército y Distrito que comprendía las “provincias Vascongadas, Navarra y Burgos” ponía el acento en la pronta destrucción de la facción carlista: “<em>Me sobran medios para exterminar la partida facciosa que ha dado el grito de rebelión carlista en la provincia de Vizcaya; muy pronto caerá la espada de la ley sobre los culpables […]</em>”. Y la misma mañana del viernes 6, comunicaba con sucinta marcialidad al Ministro de la Guerra el breve futuro de alguno de los carlistas tomados presos: “<em>Doy orden que los prisioneros sean fusilados</em>”.</p>
<p>Y efectivamente, en un acto sumario, a las 9 y media de la mañana del día 10 de abril, dos prisioneros fueron fusilados en el paseo de Miraflores. De nada sirvieron las suplicas de estamentos oficiales de la Diputación o del ayuntamiento de Bilbao, “<em>que solicitaron al general en jefe del distrito se suspendiera la ejecución</em>”. Incluso se intentó hacer llegar el suplicatorio de clemencia a la propia Isabel II, “<em>pero al recibirse en Madrid su exposición, los presos habían sido ya ejecutados</em>”.</p>
<p>Los “<em>fusilados de Baracaldo</em>”, los “<em>facciosos de Baracaldo</em>”, los “<em>infelices de Baracaldo</em>” o los “<em>desgraciados de Baracaldo</em>”, serán algunos de los apodos con los que pasarán a la historia. Curiosamente, ninguno de ellos era baracaldés: José María Mendizabal Esnaola que había nacido en algún caserío del barrio de Astigarreta en Beasain, no tenía cumplidos los 23 años de edad y acababa de casarse en Bilbao el 12 de febrero con Ana Bautista Arzallus Mugica. El otro joven, José Antonio Barrenechea Garmendia, tenía unos pocos años más, acabando de cumplir los 26 en febrero, siendo natural de Orendain. Mendizabal fue conducido a su patíbulo herido, habiendo permanecido en el hospital civil hasta que el día anterior se le dio traslado a la cárcel. Allí, junto a su compañero de infortunio, se les comunicó su sentencia, pasando sus últimas horas en “capilla”, “<em>mostrándose ambos muy resignados con su desgracia</em>”.</p>
<p>Poco más trascendió de la vida de estos jóvenes. Algunos recogerán que eran “<em>infelices trabajadores de las minas de Baracaldo</em>”; otros les señalarán como contrabandistas que “<em>trabajaban en una fábrica de algodón de Guipúzcoa, y a veces se dedicaban a lo que en aquel país llaman paqueteros, conductores de contrabando</em>”.</p>
<p>En un nuevo y frio telegrama, Marchesi comunicó a Madrid haber pasado “<em>por las armas a dos de los facciosos de la gavilla levantada en Baracaldo, según mis instrucciones. No ocurre novedad</em>”. Estas muertes fueron consideradas por la prensa como un brutal acto ejemplarizante, deseando que “<em>esta terrible justicia sea el último periodo de la sublevación de Baracaldo y que la sangre ayer derramada sea la única que corra en nuestro país</em>”. Sin embargo, la depuración continuará: al ajusticiamiento de los dos jóvenes se sumará tres días después el fusilamiento en Palencia de otro alzado, el coronel Epifanio Carrión, alias Villoldo. Y el 18 de abril, se pondrá fin a la vida del general Ortega, principal conjurado del fallido intento de poner en el trono a Carlos VI.</p>
<p>La aparente premura de ajusticiamiento y el pertinaz silencio que mantuvo Ortega hasta el final sobre posibles compañeros de conspiración, hacían sospechar que el gobierno deseaba pasar página rápidamente: <em>“¿A qué tanta prisa? El país no tenía sed de víctimas; el país las hubiese aceptado, siempre con dolor, cuando al fallo de la justicia hubiese precedido el esclarecimiento, […] de las conexiones que con el delito puedan tener otras personas que tal vez gozan de la más completa impunidad mientras muere Ortega en Tortosa, Carrión en Palencia, y en las Provincias los carlistas de Baracaldo</em>”.</p>
<p>No fueron pocos los opinadores que afilaron sus plumas con estas muertes, las más de las veces, criticando su premura y las irregularidades con las que se desarrollaron los Consejos de Guerra: “<em>¿Qué necesidad había de tal prisa en la ejecución de los culpables, cuando era notorio haberse frustrado completamente la tentativa de Amposta, cuya primera noticia pudo provocar y cuya prolongación pudiera haber continuado produciendo actos insurreccionales como el de Baracaldo? ¿Se hallan las provincias de España declaradas en estado de sitio?</em>”.</p>
<p>Otros articulistas de lustre, como Román Lacunza, incidían en la necesidad de llegar al fondo de la conspiración: “<em>No queremos el derramamiento de sangre; pero será bueno que el gobierno tenga en cuenta que la nación observa su conducta, y que será juzgado muy severamente si, contentándose con ejecuciones como las de los desgraciados de Baracaldo no pone de manifiesto la extensión de ese plan diabólico de los conspiradores, […]. porque más que castigar, más que derramar sangre, lo que importa al país es inhabilitar a los conspiradores; lo que le interesa es quitar máscaras</em>”.</p>
<p>La persecución</p>
<p>La actividad del reducido grupo de rebeldes vizcaínos parecía haberse trasladado al valle de Arratia. De allí llegó la noticia del intento de secuestro del alcalde de Aranzazu por parte de 9 hombres, a los que los periodistas no dudaban en identificar como de “<em>la partida de amotinados de Baracaldo, que corriéndose hacia el valle de Arratia intentan huir de la activa persecución de las tropas, o tentar fortuna por él</em>”.</p>
<p>La Diputación Foral, colaborador activo en la búsqueda, puso al frente de sus fuerzas a un miquelete de reconocido prestigio, como era Juan de Andechaga, a la sazón, sobrino del famoso Castor Andechaga, que había sido (y será) un referente del carlismo en el Señorío. Juan procedió a distribuir sus fuerzas tanto al valle de Arratia como al del Cadagua, límites territoriales por los que la partida se desplazaba. El territorio por cubrir era extenso, pero en el agreste paraje del Yermo de Santa Lucia, cerca del Llodio, se llegaron a localizar “<em>tres hermosos cigarros puros esparramados por el suelo y las huellas de calzado que no pisa comúnmente esos vericuetos</em>”. Pero ni rastro de los hombres que las portaban.</p>
<p>La colaboración ciudadana, ya fuera espontanea u obligada, será fundamental en esta etapa, donde no faltarán las detenciones e interrogatorios: “<em>Anteayer se pusieron buen recaudo a dos hombres, uno desde Valmaseda y otro de Güeñes, así como a la mujer de Aniceto Llaguno</em>”48, del que ya se decía que era uno de los jefes de la partida.</p>
<p>Mientras la búsqueda continuaba, el general Marchesi haciendo valer el refrán “dar una de cal y otra de arena”, difundió un decreto de indulto: “<em>[…] concedo tres días de término a contar desde el día catorce, hasta las doce de la noche del diez y seis a todos los individuos del partido carlista que han levantado el pendón de rebelión, para que se presenten y sean indultados de la pena de muerte. […] pero pasados los tres días fijados serán fusilados los que fuesen aprehendidos</em>”.</p>
<p>Otaola “el barbero de Bilbao”</p>
<p>Antes que finalizase ese ultimátum, el 13 de abril, los desvelos de las fuerzas del orden forales darán su fruto. Ese día, el comandante Juan Andechaga, notificaba que, tras seguir las indicaciones del alcalde Llodio que daba fe de una docena de hombres armados que se dirigían hacia Luyando, había dado con la partida en la frontera entre las Encartaciones y el valle de Ayala.</p>
<p>En la pequeña barrida de Undio, ya en tierra alavesa, Juan sorprendió a varios de los supuestos alzados. En un intento de coparles, un fortuito disparo les puso en fuga, no sin antes hacerles “<em>un prisionero, y dejando en nuestro poder tres fusiles […]</em>”. El cautivo se llamaba “<em>José de Otaola, de oficio barbero, que tenía su residencia fijada en Bilbao</em>”. Según constará en la causa criminal por rebelión contra su persona, Otaola se entregó sin oponer resistencia “<em>presentándose a dos miqueletes, solo, desarmado y pidiendo cuartel</em>”.</p>
<p>Se trataba de José Otaola Urquijo, que había nacido en Oquendo en 1829 y residía en Bilbao junto a su mujer María Bautista Pagarizabal Mendiola con quien se había casado diez años antes, siendo padre de una hija de 8 años de nombre Manuela Eloísa53. Otaola dará muestras de colaboración con sus aprehensores, declarando que “<em>no se hallan más partidas en Vizcaya que la de ellos</em>” y procediendo a poner nombre, apellidos y origen a todos lo que le acompañaban en ese momento, confirmando que “<em>José Ocerin y Aniceto Llaguno</em>” actuaban como jefes de la misma.</p>
<p>Trasladado a Bilbao, su entrada en la villa se convirtió en todo un acontecimiento: “<em>escoltado por dos miqueletes y dos guardias civiles. Vestía pantalón y gaban oscuros y boina. Al atravesar el puente de Isabel y sobre todo el Boulevart, se agolpaba a su paso un crecido gentío. Ocultando su emoción y cubriéndose el rostro con un pañuelo, fue trasladado a la cárcel donde se halla incomunicado</em>”.</p>
<p>Habiendo sido claramente identificados por su compañero, pocas alternativas quedaban a los fugitivos. El Desembarco de San Pedro de la Rapita había fracasado, Ortega fusilado, Carlos VI en busca y captura y, de los “alzados de Baracaldo”, únicamente subsistía un grupúsculo de montaraces, a los que los diarios les hacía en desbandada, buscando alcanzar la frontera francesa: “<em>Los fugitivos de Baracaldo, incesantemente perseguidos, se dirigían anteanoche hacia la frontera francesa; pero su duda que puedan conseguirlo, porque las tropas iban muy cerca</em>”.</p>
<p>Carta del alcalde de Barakaldo</p>
<p>Habiendo trascurrido 9 días desde el inicio de aquella noche de “borrachera”, el 14 de ese mes, el entonces alcalde de Barakaldo, Cosme Gorostiza, escribirá una larga carta a los diarios vizcaínos de mayor tirada. En ella expresaba su profundo malestar “<em>contra la insistencia con que se ha supuesto que en aquella anteiglesia apareció la exterminada faccioncilla de Vizcaya</em>”56. Gorostiza argumentaba que los encuentros armados no habían sucedido en su jurisdicción administrativa, sino en Basurto o Abando y, que estando su persona “<em>en la iglesia casi todos el Jueves Santo con la mayor parte de ayuntamiento y secretario, no tuvo no pudo tener noticia</em>” de ninguna reunión de mozos, poniendo en duda que “<em>se celebrase en ninguna taberna</em>” de Barakaldo. Continuaba corrigiendo que, según le constaba, fue el alcalde Sestao, y no él, el que emitió el aviso que dio como resultado la llegada de fuerzas del orden a su anteiglesia.</p>
<p>La carta provocará una agria polémica entre los editores del Irurac bat y el propio alcalde, profundizando en las desavenencias que anteiglesias y villa presentaban, pero a partir de ese momento, los grandes noticieros vizcaínos cambiaron en sus crónicas el topónimo “Baracaldo” por el de “Basurto”. Sin embargo, a nivel nacional no hubo rectificación alguna y Barakaldo siguió definiendo a alzados y fusilados carlistas.</p>
<p>Fin de la partida</p>
<p>Pocos días después del apresamiento de Otaola, se entregaban “a indulto” otros integrantes de la partida y según se vaticinaba “<em>antes de terminar el plazo señalado por la autoridad militar, se someterán indudablemente todos los individuos que la componían. Según se van presentando a la autoridad son conducidos a la cárcel de Bilbao y puestos a disposición del juzgado de primera instancia que entiende de la causa</em>”.</p>
<p>Para el 21 abril, los diarios comunicaban que ya se hallaba en “Bilbao casi toda la partida carlista levantada en Barakaldo en la noche del Jueves Santo” exceptuando los que “se <em>decían jefes de ella: José Ocerin y Aniceto Llaguno</em>”. Configuraba el listado un exiguo y heterogéneo grupo, donde únicamente dos eran baracaldeses: José Sasia de Güeñes, Ignacio Sauto de Sopuerta, Francisco Ganchegui de Abando, Juan Bautista Otamendi de Barakaldo. Fernando Abasólo de Abando, Pablo Uanamuno de Durango, Francisco de Zabala de Durango, Vicente de Lejarreta de Durango, Pedro Orue de Begoña, José Zalvidegoitia teniente alcalde de Miravalles, Manuel García de Galdames, Vicente Otaola de Arrancudiaga, Manuel Jauffret de Bilbao, Cosme Damian de Santa Cecilia de Mena, Francisco de Urculu de Barakaldo, José María Gondra de Abando. De los jefes de la partida se decía que “<em>Ocerin y Llaguno después de arrojar las armas andan errantes por esas breñas, y es muy posible que se dirijan al extranjero a ocultarse de la persecución de la justicia</em>”.</p>
<p>Otaola, completaba la camarilla, pero al contario que el resto, lo hacía en calidad de “prisionero” y no de “acogido a indulto”. Esta sutil diferencia tenía una importante repercusión para su persona, ya que pendía sobre él la posibilidad de acabar como sus compañeros guipuzcoanos. Tras pasar por la cárcel de Bilbao, fue trasladado a Durango, para continuar su periplo hasta Vitoria donde iba a ser sometido a un consejo de guerra.</p>
<p>El ayuntamiento de Bilbao, junto a la Diputación del Señorío, trató de conseguir su perdón; e incluso su mujer, Maria Pagarizabal, apeló a los diarios para desmentir que su marido fuera “jefe de la partida”. Según parece, este cargo le habían sido impuesto por ostentar en el momento de su detención “un bastón”, “<em>malamente entendido de mando, que usó su anciano padre para caminar con menos trabajo</em>”. Por suerte para “el barbero”, los diarios aseguraban que el propio “<em>señor Ministro de la Guerra ha dado orden para que no se fusile á Otaola</em>”.</p>
<p>Pocos días después, con la sublevación carlista erradica, el general Marchessi agradecía al “<em>Ayuntamiento de Bilbao, gobernador civil y vecindario de la misma</em>” su colaboración en la extinción de la misma y justificando que “<em>[…] sin castigos ejemplares crea V.E no se hubiese cortado tan pronto el germen de rebelión. […] Afortunadamente para todos, los que seguían la caduca bandera, se acogieron al indulto ofrecido</em>”.</p>
<p>Prisión y amnistía para el pretendiente</p>
<p>Pero no solo los escasos levantiscos carlistas que se echaron al monte eran cercados. En Cataluña el ejército y fuerzas del orden buscaban sin descanso a Carlos VI, el cual, tras su fuga facilitada por Ortega, había quedado bajo el amparo de unos pocos fieles. El 21 de abril será detenido junto a su hermano Fernando por la Guardia Civil en la localidad tarraconense de Ulldecona. Su apresamiento generó un gran revuelo en la corte y en un gobierno, que tuvo que dirimir, en un breve espacio de tiempo, el futuro inmediato de tan regia figura.</p>
<p>Si bien no faltaron voces que solicitaban la misma pena capital que algunos de sus seguidores habían recibido, el gobierno optó por la vía de la amnistía, previa renuncia de sus derechos al trono de las Españas. Así, un Carlos VI preso en Tortosa tomará la decisión, “libre y espontánea” de desistir de sus pretensiones el 23 de abril de 1860: “<em>[…], y deseando que por mi parte, ni invocando mi nombre, vuelva a turbarse la paz, la tranquilidad y el sosiego de mi patria, cuya felicidad anhelo, motu propio y con libre y espontánea voluntad, para que en nada obste la reclusión en que me hallo, renuncio solemnemente y para siempre a los enunciados derechos […]</em>”.</p>
<p>Los que esperaban que sangre real carlista, tan real y borbónica como la de Isabel II, fuera a teñir el suelo, quedaron tremendamente desencantados. El republicano Emilio Castelar alzará su voz en contundentes escritos: “<em>En esta sublevación ha habido ya víctimas, que han espiado con la vida una falta mucho más leve que la cometida por los príncipes rebeldes. Todo el mundo ha visto con asombro que los infelices de Baracaldo fueron presos y fusilados en un momento. Pues bien: esos hombres no han sido más que instrumentos. Los principales rebeldes, los que no tienen escusa, los que han dirigido la sublevación, son D. Carlos y D. Fernando de Borbón. […] vosotros, por pobres, por miserables, por desgraciados, merecéis un cadalso, mientras que la cabeza que ha ideado y el brazo que ha ejecutado el crimen de que sois instrumento, serán respetados, serán halagados, […]</em>”.</p>
<p>En igual sentido se manifestarán otros editores como Roman Lacunza o Patricio de Escosura, críticos con el gobierno y su doble rasero a la hora de aplicar las leyes: “<em>No queremos entrar en las consideraciones filosóficas a que se presta la diferente conducta del gobierno respecto al general Ortega, Villoldo, los infelices alucinados de Baracaldo y los ex-infantes; no queremos deducir las consecuencias que naturalmente se deducen de haber fusilado a unos y no considerar a los otros dignos de juicio […]</em>”.</p>
<p>Del final de una guerra y de “Presos políticos”</p>
<p>El tratado de Wad Ras del 26 de abril puso fin a la guerra de prestigio con Marruecos. La contundente victoria de las tropas españolas, a cuya cabeza estaba el presidente/capitán general O’Donnell, maquilló ante la opinión pública las penurias que habían padecido las tropas expedicionarias y la patente debilidad militar de Las Españas frente a otras potencias.</p>
<p>O’Donnell retornará a la Península encumbrado con el título de Duque de Tetuán, para hacerse cargo de sus labores gubernamentales. Pocas cosas podían enturbiar el aparente éxito en el que se había instalado su mandato, habiendo conseguido en un breve espacio de tiempo finalizar una guerra y cercenar una intentona carlista.</p>
<p>Coincidiendo prácticamente con el regreso de los Tercios Vascongados, el 2 de mayo de 1860 se promulgó la amnistía general para todos aquellos que hubieran tomado parte en la conspiración carlista. Mientras los supervivientes de los Tercios eran aclamados como héroes en las provincias forales, lo alzados sufrían su propio escarnio: “<em>[…] Mientras España alcanzaba tantos laureles y obtenía como consecuencia de ellos una paz honrosa, españoles indignos de serlo, quisieron sumirla otra vez en una guerra civil. Tan loca tentativa solo ha servido para poner de manifiesto su ridícula impotencia, y para hacer público el desprecio con que la Nación los mira […]</em>”.</p>
<p>Pero el decreto de amnistía69 no iba a llegar todos los conspiradores con la misma celeridad. La práctica totalidad de la partida de Barakaldo/Basurto seguía presa en Vitoria-Gasteiz, incluidos sus famosos jefes: José Ocerín y Aniceto Llaguno.</p>
<p>El propio Ocerín dejará constancia de su propio periplo en una carta escrita el 3 de junio desde la cárcel y destinada a los periódicos: “<em>yo gané la frontera de Francia y fui amnistiado en Bayona por el cónsul español en aquella plaza</em>”. Con ese indulto, regresó a Bilbao “<em>con el pasaporte debida regla</em>” presentándose ante “<em>el juez de primera instancia de Bilbao</em>” que confirmó su amnistía el 8 de mayo. Pero lejos de quedar en libertad “<em>se nos amarró con cadenas y argollas, y de esta suerte fuimos conducidos a esta cárcel</em>”. Junto con él, viajarán desde el presidio de Bilbao al de Vitoria “<em>esposados y custodiados por tres parejas de la Guardia Civil con su sargento: Aniceto Llaguno, Pedro Echevester, Andres Hormaeche (a) Butron, José Ocerin y Leandro Menendez, a quien se tenía por jefes de la partida últimamente sofocada</em>”.</p>
<p>La prisión incondicional para estos hombres, reconocidos carlistas, parecía no estar fundamentada en su intento de rebelión, hecho del que se suponían amnistiados, sino por estar imputados de una larga serie de “delitos comunes” que incluía: “<em>asesinatos, robos y alzamiento de caudales públicos</em>”. Sin embargo, Ocerín argüía que, en los 26 días que llevaban en prisión, nadie les había tomado “declaración, ni nadie ha venido a decirnos el motivo de nuestra prisión”. Es por ello que comenzase su misiva describiéndose como “preso político”, condición que hacía extensible a otros 17 encarcelados por idénticos motivos.</p>
<p>Algunas editoriales, especialmente aquellas de tendencias tradicionalistas, protestaron contra de la “<em>caprichosa e injusta manera con que por las autoridades superiores de aquella provincia se interpreta la soberana voluntad de S. M. consignada en el decreto de amnistía</em>”.</p>
<p>“Asesinatos jurídicos”</p>
<p>Pero no solo el componente tradicionalista criticaba el proceder del gobierno centrista. El lunes 11 de junio, tomaba la palabra en el Congreso el diputado progresista Salustiano de Olózaga Almandoz en defensa de una enmienda de grupo. En su discurso destacaba que “<em>el país se ha salvado de un gran peligro, gracias a la decisión y lealtad del ejército y de sus naturales</em>”, para seguidamente criticar la actuación del gobierno y preguntar si “<em>los dos jóvenes de Baracaldo fueron ejecutados por orden del gobierno, calificando su muerte del más escandaloso asesinato jurídico</em>”.</p>
<p>La contestación por parte de presidente de la cámara, el propio O’Donnell, fue tajante: “<em>Señores, cuando estalla un movimiento, es necesario que el gobierno sea enérgico, duro, si es necesario cruel, hasta dominar la situación. Después debe ser clemente. Los desdichados de Baracaldo y Palencia se hallaron en el primer período; si como fueron tres hubieran sido quinientos, lo repito, el gobierno hubiera sido duro en ese período para salvar la sociedad y el trono</em>”. La sesión continuó, volviéndose tensa por momentos, en el animado debate entre Olazaga y O’Donnell.</p>
<p>Libertad tardía</p>
<p>Finalmente, el 16 de junio, dos semanas después que Ocerín escribiese su carta a los diarios, quedaron en libertad los integrantes de la partida de Barakaldo/Basurto y el resto de detenidos que todavía permanecían en prisión. Su retorno a Bilbao se tornó noticia destacada: “<em>Los individuos de la partida de Basurto, que estaban presos en Vitoria, han sido puestos en libertad. El 18 llegaron a Bilbao, OcerÍn, Llaguno, Otaola y otros</em>”. Para algunos, su puesta en libertad fue “<em>una justa satisfacción dada por el Gobierno de S. M. á las unánimes y enérgicas reclamaciones de la prensa, y sobre todo un desagravio de la justicia, la que se estaba violando con la detención de unos individuos, comprendidos a todas luces en el decreto de amnistía. […] Pero ahora, para el verdadero esclarecimiento de la verdad y para la debida reparación de las leyes, un momento olvidadas, ralla saber una cosa. ¿Por qué han estado presos Ocerín, Llaguno, Menendez y consortes? Esto es preciso saber. No basta haberlos devuelto a la libertad, en cumplimiento de un decreto de amplía amnistía; conviene saber qué razones ha habido para su detención, o cuál es el pretexto que se da”</em>.</p>
<p>La tardía libertad de los conjurados se sumó a la lista de reprobaciones que algunos diarios siguieron vertiendo contra la actuación del gobierno en lo relacionado con el ya extinto levantamiento carlista. Entre otras cosas, destacaban la falta de criterio para la aplicación de la amnistía, la nula voluntad de investigar las ramificaciones de la conspiración, la premura en los fusilamientos de Ortega y Carrión o la ejemplarizante muerte de los “alzados de Baracaldo”. Por supuesto, cada uno incidiendo en un punto o en otro, en función de su afinidad política.</p>
<p>Además, para un no desdeñable sector, se tenía la sensación de haber perdido la posibilidad de cercenar, de una vez por todas, las aspiraciones carlistas. A falta de un castigo mayor, se había optado por expulsar del país al pretendiente con una simple reprimenda y una firma en una carta que pronto sería papel mojado: “<em>El gobierno, que no ha querido saber lo que se ocultaba bajo el velo de la conspiración carlista; el gobierno, que ha dejado impunes los delitos más graves contra la Constitución y la patria; el gobierno, que ha procedido con tanta debilidad en asunto de tamaña importancia, es el que más remordimientos debe tener al considerar cuánto espíritu han cobrado los príncipes proscriptos. ¡Oh torpeza!</em>”.</p>
<p>Varios meses después del infructuoso alzamiento, el intento de erosión al gobierno persistirá: “<em>La mejor manera de cumplir la igualdad ante la ley, ha sido fusilar a los de Baracaldo, á Carrión, a Ortega, y perdonar a los príncipes, porque eran criminales de sangre real. El mejor sistema es ese liberalismo hipócrita de la unión liberal, destinado a corromper el partido liberal con la peor de las corrupciones, con el escepticismo</em>”.</p>
<p>Un continuará</p>
<p>Ninguno fueron los réditos de aquel lamentable y oscuro levantamiento de 1860 para los intereses carlistas. Paradójicamente, el único éxito de la rebelión en el Señorío de Bizkaia fue el que su famélica partida fuera desmantelada mediante métodos tan expeditivos; siendo utilizado como elemento de crítica hacia el gobierno. El Señorío, mayoritariamente, se había mantenido fiel a los postulados de “paz y fueros” y defendió su <em>statu quo</em> con el resultado de un guardia civil muerto, otro herido de gravedad, dos jóvenes fusilados, dos viudas, un huérfano y al menos 32 personas que pasaron “<em>por la cárcel pública de Bilbao</em>”.</p>
<p>Respecto a la famosa partida de Barakaldo, poco importó que únicamente dos de sus componentes fueran baracaldeses, o que el nombre de bautismo se debiera a un error perpetuado por la prensa. La fabril Barakaldo mantuvo durante largo tiempo el dudoso privilegio de ser origen de un foco rebelde.</p>
<p>El gobierno de O’Donnell apenas sufrió desgaste por las críticas que le llegaron por su actuación en el aplastamiento del alzamiento carlista. Completará 3 años adicionales de su “gobierno largo”, uno de los pocos momentos de desarrollo y crecimiento económico en el siglo XIX, antes de dimitir, en un nuevo bandazo de la política nacional.</p>
<p>Por su parte el Señorío de Bizkaia seguirá defendiendo su “oasis foral” 8 años más, hasta que el moderantismo isabelino se agote. Con la llegada de la revolución de septiembre de 1868, el enfrentamiento entre el tradicionalismo-carlista y liberalismo moderado fuerista, mayoritarios en su sociedad, acabará por resquebrajar la unidad de acción en torno a los fueros. Comenzaba una divergencia donde el carlismo capitalizará el descontento de los grupos reaccionarios, con un carismático líder Carlos VII que volvía hacer valer el lema de “Dios, Patria, Rey y Fueros”. A su llamada acudirán suficientes voluntarios como para levantar un ejército y, entre ellos, encontraremos a hombres de aparentemente inquebrantable determinación, que una vez formaron parte de famosa la “partida de Baracaldo”.</p>
<p>Jesus Arrate Jorrín</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 11 (La organización del territorio: las Ordenanzas de 1614</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 06:19:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Si ya en los inicios del s. XV la ordenación territo­rial del concejo barakaldés aparece muy bien definida, lo mismo podemos afirmar del desarrollo demográfi­co, económico y urbano: una población escasa, con dedicación fundamental a la agricultura y urbanísticamente dispersa. Paralela a la «ocupa­ción» del territorio debemos situar su «organización». Organizar, entre otras acepciones, significa [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Si ya en los inicios del s. XV la ordenación territo­rial del concejo barakaldés aparece muy bien definida, lo mismo podemos afirmar del desarrollo demográfi­co, económico y urbano: una población escasa, con dedicación fundamental a la agricultura y urbanísticamente dispersa.</p>
<p>Paralela a la «ocupa­ción» del territorio debemos situar su «organización». Organizar, entre otras acepciones, significa «regula­rizar» y tiene por objetivo establecer las normas bási­cas de funcionamiento de una comunidad tanto en sus relaciones internas (ordenanzas) como en lo con­cerniente a las comunidades vecinas (fueros). En nuestro caso nos referiremos al primero de los objetivos, basán­donos en las Ordenanzas que los vecinos de la Antei­glesia aprobaron y publicaron el 3 de Septiembre de 1614<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Estas Ordenanzas fueron confirmadas el once de febrero de 1715<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> y, posiblemente, estuvieron vigentes hasta 1887 en que, siendo Alcalde D. Tomás Begoña Garay, se redactaron otras que en nada se parecen a las que comentamos ya que corresponden a una problemática muy diferente a la recogida en siglos anteriores.</p>
<p>El texto que nos ha servido de referencia<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, íntegra­mente en castellano, es una copia mecanografiada en 1927 ante Notario. Contiene las Ordenanzas procla­madas en Regimiento Público (Justicia, Fieles, Regi­dores y vecinos) el 3 de Septiembre de 1614. Ellos mismos indican el motivo: «<em>por cuanto las Ordenanzas con que hasta al presente se había gobernado la Anteiglesia estaban tan rotas que no se podían ni leer, tenían necesidad de hacer ordenanzas nuevas</em>«. Se compone de dos párrafos (a modo de Introducción) y 64 normas<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> que no vienen organizadas temáticamente.</p>
<p>Difícil resulta determinar si estas ordenanzas son “nuevas” o son “trascripción” de las ya existentes. Nuestra opinión es que son originarias del primer tercio del siglo XVI, tras la publicación del Fuero Nuevo de Bizkaia (1526). Por tanto, las de 1614 serían una “puesta a limpio” de las ya existentes desde entonces. Las Ordenanzas, junto a la documentación principal de la anteiglesia, se guardaban en la Parroquia de San Vicente depositadas en un arca de doble llave en manos de los fieles y del secretario<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</p>
<p>Señaladas estas cuestiones, vayamos al texto que, como he indicado con anterioridad, no tiene un orden estrictamente temático. Por ello, el conjunto de las ordenanzas las hemos agrupado en seis gran­des apartados que hacen referencia a los problemas que tratan de paliar y las sanciones que conlleva su incumplimiento: 1) Reglas para la elección de las autoridades y sus obligaciones, 2) Reglas para evitar abusos en el ejercicio de algunos oficios o desempe­ñarlos mejor, 3) Reglas para prevenir robos o malos usos, 4) Reglas para preservar la salud pública, 5) Reglas para mantener la religiosidad y 6) Sanciones.</p>
<p><strong>Preámbulo</strong></p>
<p>Ya hemos indicado que consta de dos párrafos. En el primero se “hace público y notorio” el objetivo del texto (“Ordenanzas”), el lugar donde se hacen públicas (“Casa del Ayuntamiento de la anteiglesia de San Vicente de Barakaldo”), la fecha (“tres días del mes de septiembre de mil seiscientos y catorce”), quiénes lo hacen (“después de haber llamado a Regimiento Público”) y el procedimiento de la convocatoria (“tocado la campana”).</p>
<p>En el segundo párrafo se perfilan los componentes del Regimiento Público y el motivo por el que se redactan estas nuevas Ordenanzas. Los apellidos de los fieles, regidores y vecinos asistentes son una muestra del poder “fáctico” de la anteiglesia: Landaburu, Zaballa, Estrada, Palacios, Escauriza, Beurco, Retuerto, Uriarte… El motivo de la nueva redacción es claro: “<em>Las Ordenanzas con que hasta el presente se había gobernado la anteiglesia estaban tan rotas que no se podían ni leer, tenían necesidad de hacer ordenanzas nuevas</em>”.</p>
<ol>
<li><strong> Reglas para la elección de las Autoridades y sus obligaciones </strong></li>
</ol>
<p>La Anteiglesia, en principio, se rige bien a través del REGIMIENTO PÚBLICO<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>&nbsp; o del REGIMIEN­TO RESTRINGIDO<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Para la elaboración de estas Ordenanzas, por ejem­plo, se convoca «a toque de campana» a Regimiento Público. Para la elección de las autoridades, sin embargo, se convoca el Regimiento Restringido. Esta situación nos muestra que la realidad de la gestión munici­pal está en manos de unos pocos apellidos que vie­nen a coincidir plenamente con los viejos linajes medievales. Vayamos por partes:</p>
<p>1.1. Forma de elección: tras ser convocados a “toque de campana”, se reúnen el día 1 de Ene­ro las autoridades del año anterior con algunos veci­nos importantes. Los regidores salientes escriben los nombres de los candidatos en sendos papelitos que se introducen en un cántaro. Sin indicar quién hace la extracción (en 1840 será un niño de tierna edad) se dice que los tres que primero salen son nombrados regidores primeros y los tres siguientes, regidores se­gundos. La elección queda confirmada cuando juran el cargo en el pórtico de la Iglesia de San Vicente.</p>
<p>1.2. Duración del cargo: un año. Para poder ser propuesto o salir elegido de nuevo deberán pasar, al menos, tres años.</p>
<p>1.3. Obligaciones: debemos suponer que estos cargos no eran, en principio, remunerados o, al menos, nada se dice de ello en las Ordenanzas. Por tanto, los elegidos debían ser personas que dispusie­sen de tiempo y bienes. Nada tiene, pues, de extraño que los apellidos que aparecen para desempeñar los cargos públicos fuesen de personas “pudientes” que, de forma directa o indirecta, presentarían candidatos “afectos”.</p>
<p>Porque las obligaciones que tenían no eran pocas: asistir al regimiento o asamblea, si están presentes en el pueblo; llevar bien cumpli­mentados dos libros de registros vecinales a fin de poder cobrar los impuestos correspondientes: uno con las personas nacidas en el Señorío y otro con quienes no lo eran; afinar bien las medidas y balanzas de la anteiglesia de acuerdo con el afinador del Señorío para que se pudiesen cotejar con las que utilizaban los taberneros, molineros,&nbsp; panaderos y carniceros; marcar debidamente las medidas de medio azumbre, cuartillo y medio cuartillo&nbsp; que utilizan los taberneros y taberneras; tener medidas oficiales de media fanega, emina, celemín y medio celemín para cotejarlos con los utilizados por los asoqueros y asoqueras<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> para medir el trigo; igualmente un cuévano (cesto grande) para la medida de manzanas; fijar los pre­cios del vino, de la sidra y del trigo de acuerdo con lo usado en las anteiglesias del entorno; ver, revisar y arreglar los caminos reales; comprobar que el peso del pan es el correcto y que los panaderos ponen en él su marca; ver, revisar, levantar acta y arreglar los caminos reales de la anteiglesia; visitar las presas de los molinos, ver corrección de sus pesas y balanzas; atender las denuncias por robos, hacer la correspondiente investigación y comunicarlo al señor Corregidor; controlar que todos los vecinos tengan una huerta de berzas, puerros y hortalizas y, por último, guardar una de las dos llaves del arca donde están depositados diversos documentos.</p>
<p>1.4. Custodia de documentación: las Ordenanzas se debían guardar en un arca junto con las hidalguías y naturalezas de los vecinos, así como los decretos, recados y papeles correspondientes a la anteiglesia.</p>
<ol start="2">
<li><strong> Reglas para evitar abusos en el ejercicio de algunos oficios o desempeñarlos mejor</strong></li>
</ol>
<p>Si tenemos en cuenta el número de ordenan­zas relativas a este asunto debemos pensar que ésta es la preocupación central de los vecinos barakaldeses. Y de entre estos oficios, dos sobresalen extraordinariamente: los taberneros y los vendedores de trigo o asoqueros o, lo que es lo mismo, los relacionados con la base alimentaria de la población: el trigo y el vino. Como primera referencia indicaremos los oficios y el número de ordenanzas que hacen referencia a cada uno de ellos: taberneros/as (18), asoqueros/as (7), carniceros (2), panaderos (3), carboneros (1), carreteros (1) y mujeres «mundanas» (sic) (1).</p>
<p>Veamos lo que se nos dice de cada uno de ellos, los abusos más frecuentes y las medidas que se toman para paliarlos.</p>
<p>2.1. Respecto a los taberneros y taberneras (18 ordenanzas).</p>
<p>Las preocupaciones que reflejan las ordenanzas se refieren, sobre todo, a tres cuestiones: proteger la producción local de la competencia de los vinos foráneos, vigilar las medidas que utilizan los taberneros y controlar los precios. A estas preocupaciones se añaden otras relacionadas con la evitación de abusos (mezclas, horarios…). El tema de las tabernas es de suma importancia y así se refleja en el número de ordenanzas. Para lograr lo propuesto, se establecen las siguientes normas:</p>
<p>►Cualquier vecino o vecina puede com­prar y vender vino, sidra, grasa, aceite, pescado o cualquier otro mantenimiento siempre que lo haga al precio marcado por los regidores;</p>
<p>► Las únicas medidas que tendrán, debi­damente marcadas, serán las de media azumbre, cuartillo y medio cuartillo y no podrán ser otras;</p>
<p>► Están obligados a tener vino, pan y demás mantenimientos para el consumo de los compradores (no para que éstos lo reven­dan); si comprasen pan a los panaderos para sus tabernas debe­rán venderlo al mismo precio de coste;</p>
<p>► Para comprar vinos (se cita los de Rivadavia) que vengan de fuera por la ría hasta la Torre de Lutxana deberán esperar tres días para dar opción de compra a cualquier vecino de la Anteiglesia o de las de Erandio, Deusto, Begoña y Abando; desde el día de San Martín (11 de noviembre) en adelante no se pueden vender vinos foráneos (se citan los de Riva­davia, blanco de Castilla y tinto de Toro y Rioja) hasta que no se haya vendido el cosechado en la anteiglesia «<em>porque </em><em>en ella se produce mucha cantidad de vinos”</em>;</p>
<p>► El día de San Martín en el pórtico de la iglesia de San Vicente se pondrán los precios al vino de la cosecha de la antei­glesia a tenor de los precios puestos en Sestao, el Valle, Abando y Deusto;</p>
<p>► Para un mayor control y una mejor distribución se determina que existan cuatro tabernas en la anteiglesia correspondiendo cada una a varios “barrios”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. La distribución realizada es la siguiente: una sola taberna para los barrios de Landaburu, Zaballa, Rájeta, Ugarte, Arteagabieta y Vitoricha, otra para Retuerto, Amézaga, Herrería de Abajo y Labrostegui; otra en el barrio de Parcheta por ser camino real; y otra para los lugares de Yrauregui, Sasia y Goicoechea;</p>
<p>► El vino que no se venda en la anteiglesia podrá venderse fuera, previa licencia; los taberneros, una vez que hayan comprado el vino a los dueños locales, si necesitasen más y estos no tuvieren, podrán traerlo de fuera y venderlo;</p>
<p>►Prohibido tener dos recipientes abiertos al mismo tiempo ni echar agua, ni sidra ni otro vino encima;</p>
<p>►No se puede servir vino ni otros mantenimientos por la noche ni antes de oír misa los días de Pascua, Domingos o festivos;</p>
<p>►Además se indica que los dueños de vinos o arrendatarios deben enviar, después de Nuestra Señora de Agosto (día 15), su “hombre apreciador” o «diezmero» para ver y apreciar la cosecha de manzana. El objetivo de esta medida no es otro que reservar el diezmo, “<em>aunque luego se pudra</em>”; los diezmeros deben hacer esta tarea delante de dos testigos.</p>
<p>2.2. Respecto a los vendedores y vendedoras de trigo (7 ordenanzas).</p>
<p>Es el segundo «oficio» al que más ordenanzas se le dedican. El término que se emplea en las Ordenanzas es el de «asoqueros-as». Estos «asoqueros» compran el trigo a los mulateros y luego lo venden a los vecinos y a los panaderos. Las varias ordenanzas hacen referencia a los precios (dependiendo de su origen pues no hay producción en la anteiglesia) y a las medidas que se deben utilizar<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</p>
<p>►Las más importantes hacen referencia a que cuando un asoquero negocia el precio del trigo con un mulatero no puede entrometerse un tercero; si el trigo se compra en Orduña puede revenderse cargando tres maravedíes por fanega y si se compra en Valmaseda únicamente dos y medio; deben com­prar el trigo a los mulateros delante de dos testigos para que vean el precio de compra momento en el que no puede otro entrometerse.</p>
<p>►Estaba terminantemente prohibido mezclar dos tipos de trigo para revenderlo posteriormente; se prohíbe revender­lo cargando más de ocho maravedíes al precio paga­do por cada fanega de trigo, salvo si en el momento de la negociación lo desee comprar directamente algún vecino (en este caso sólo se puede cargar cuatro maravedíes) aplicándose lo mismo si la compra se hace en algún mercado circundante;</p>
<p>►Todos ellos debían tener varias medidas (a «cuenta del erario público») compulsadas con las oficiales y debidamente sella­das. Respecto al trigo se señalan la media fanega, la emina, el celemín y el medio celemín. Para las manza­nas únicamente se indica la obligación de tener un cuévano (cesto grande).</p>
<p>2.3. Respecto a los carniceros (2) y panaderos (3).</p>
<p>►De los carniceros, se indica que debía haber una carnicería en el lugar más adecuado, con balanza y pesas afinadas y cotejadas por el afinador del Seño­río y que se debe dar carne «<em>antes a los vecinos que a los de fuera</em>«.</p>
<p>►De los panaderos únicamente se indi­ca que deben hacer pan con sus señales y peso correspondiente y que no se amase en días de fiesta o domingos. En los hornos de la anteiglesia está prohibido “asar manzanas” intentando con ello que “<em>los vecinos no se dediquen a robarlas</em>”.</p>
<p>2.4. Respecto a los carboneros, carreteros, viticultores y mujeres «mundanas».&nbsp;</p>
<p>►Respecto al trabajo de los carboneros úni­camente se indica que dejen las cenizas en agujeros y cuevas para que no se los lleven los ganados ni el agua. El trabajo de estos carboneros está directamente relacionado con las ferrerías asentadas en las riberas del Cadagua y Galindo. Sorprende la inexistencia de ninguna Ordenanza relacionada directamente con la actividad de las ferrerías y molinos cuando esta actividad estaba suficientemente consolidada.</p>
<p>►A los carreteros (vecinos o extranjeros) se les obligaba a transitar con sus carros o tablas por fuera de las calzadas para que no se estropeen y dejen tranquilos a los vecinos. Para ellos tenían sus propios caminos que, por lo que se ve en Actas posteriores municipales, estaban en bastan­te mal estado.</p>
<p>►Los viticultores (o “quienes se dediquen a robar uva”) deben vender la uva en la propia anteiglesia siéndoles prohibido hacerlo en Bilbao y otras partes.&nbsp;</p>
<p>►Por último aparece una ordenanza rela­tiva a las llamadas mujeres mundanas (sic) en la que se indica textualmente que aquellas «<em>que no sean vecinas y naturales de la anteiglesia sean echadas </em><em>de ella para evitar escándalo y otros inconvenientes</em>«.</p>
<ol start="3">
<li><strong> Reglas para prevenir robos o malos usos</strong></li>
</ol>
<p>El conjunto de ordenanzas que hacen referencia al tema de los robos es bastante importan­te. Partiendo del hecho de que, normalmente, nadie “roba por robar” debemos suponer que si se hace es, más bien, por necesidad. A través, pues, de algunas de estas ordenanzas podemos calibrar las principales necesidades que incidían en la vida diaria de los veci­nos de la anteiglesia o de concejos próximos. Agru­pamos estos hechos en unos cuantos ámbitos:</p>
<p>3.1. Apropiación de tierras. Por lo indicado en una de las ordenanzas existían muchas tierras del común que estaban sin labrar y muchos dicen que son suyas no permitiendo trabajarlas. Para solucionar el problema se da un año para que cualquier vecino las pueda cercar y labrar sin impedi­mento alguno. Todavía a mediados del siglo XIX la solicitud de tierras para labrar es un tema que con bastante frecuencia se encuentra en las Actas Munici­pales, lo cual nos muestra que el asunto no había quedado suficientemente solucionado aun cuando las razones sean diferentes (en este caso “concesiones mineras o relacionadas con ello”. En otra orde­nanza se hace referencia a los vecinos de Saracho a quienes se prohíbe cerrar tierras de labrantío ni baldías. En este caso, además de la multa correspon­diente, se permite a cualquier vecino de Barakaldo quitar las cercas.</p>
<p>3.2. Apropiación de forrajes para el ganado: pas­tos, hierba. Costumbre que en lo referente a la hier­ba, según la ordenanza 38°, afecta a los mozos y mozas de Somorrostro a quienes se prohíbe tajante­mente seguir con la práctica de llevársela tanto de las huertas como de los terrenos cercados sin autorización de sus dueños. El tema de los pastos es más complejo y está mucho más protegido, lo cual nos muestra la cierta importancia que tenía la gana­dería: de momento se prohíbe a los vecinos de Saracho (Güe­ñes) y Somorrostro echar ganado a los montes de la anteiglesia bajo la amenaza de una buena multa y la apropiación de los ganados. Con ello se intenta pro­teger la zona más alta de los montes circundantes para el ganado propio. Más aún, se permite dar fuego a los montes y sierras, cuando fuese necesario, para obtener más pastos.</p>
<p>3.3. Apropiación de materiales varios: juncos y leña. Relativo a la junquera de Ansio (muy amplia en el momento) se indica que ningún vecino puede cortar juncos hasta que no pase el día de San Juan de junio. El infractor, además de la multa correspondiente, perderá la carga. El tema de la tala de leña tiene otras connota­ciones de suma importancia y que nos muestran otras actividades no citadas en ningún otro lugar. Las Orde­nanzas 46 y 47 nos hablan de ello. En principio se permite cortar leña de los montes bortales (madroños) a los vecinos para sus casas, cierres, caleros<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a> y artícu­los necesarios. Sin embargo, se prohíbe su tala para venderla en Bilbao o Portugalete bien recién cortada o bien trasformada en <em>«palanquiellas, palancas y </em><em>ramo­</em><em>nas». </em>La multa no sólo afecta al cortador de la made­ra sino incluso al batelero que la transporta. Lo más curioso es la razón de tal prohibición: «<em>porque pierden mucho los montes y su madera está </em><em>arrendada </em><em>a los dueños de las herrerías de la anteiglesia</em>«. Más aún, la Ordenanza 37 indica que los meses de Diciembre, Enero y Febrero se deben dedicar a plantar árboles cumpliendo las órdenes del Rey y de su capitán responsable de conservarlos D. Agustín de Ojeda. Se trata de proteger, por tanto, dos actividades: los caleros y las ferrerías que, como bien es sabido, precisaban de esta fuente de energía para su funcionamiento.</p>
<p>3.4. Apropiación de alimentos: se señalan: man­zanas (para que no se roben se prohíbe que se asen en los hornos de la Anteiglesia), uvas (se prohíbe ven­der uva en Bilbao tanto de quienes la obtengan de su viña como de quienes la roben) y castañas (para que no se roben se prohíbe ir por debajo de los castaños ajenos con picachos ni pértigas hasta que los dueños no lo hayan hecho).</p>
<p>También aparecen, de forma conjunta, higos, hortalizas, manzanas, car­neros, cabritos, gallinas, lechones y otras cosas: todo esto, se señala de golpe, es materia de robo de los mozos y mozas de noche y de día.&nbsp; Para solucionar­lo se sugieren dos remedios: uno es que los fieles regidores atiendan las denuncias, hagan las corres­pondientes investigaciones y lo pongan en conoci­miento del Corregidor. En segundo lugar, citado textualmente «<em>que todos los vecinos </em><em>deben </em><em>tener para su consumo una huerta de berzas, puerros y otras hortalizas</em>«.</p>
<ol start="4">
<li><strong> Reglas para preservar la Salud Pública</strong></li>
</ol>
<p>Existen referencias a dos únicos aspectos que hemos querido englobar bajo este epígrafe. La inexistencia de un núcleo urbano, la dispersión del caserío y las actividades humanas quedan, no obstante, bien refle­jadas.</p>
<p>►Preocupa la existencia de lobos en los alrede­dores y por ello se obliga a los vecinos a asistir a las batidas cuando hubiese sospecha de su presencia y se prohíbe tener lobos o lobillos, vivos o muertos, en las casas.</p>
<p>►Igualmente se refleja determinada enfermedad de los ganados que, por lo visto, debía ser peligrosa para el resto de los ani­males: «los <em>ganados </em>que mueran de la enfermedad <em>de Punson<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><strong>[12]</strong></a> sean quemados y enterrados inmediata­mente». </em>Seguramente se trata de una enfermedad que afecta a los intestinos de los ganados y, por tanto, les imposibilita para el consumo humano.</p>
<ol start="5">
<li><strong> Reglas para mantener la Religiosidad</strong></li>
</ol>
<p>No ocupa demasiado espacio en las ordenanzas pero no por ello deja de ser significativo de la mentalidad y de los problemas. Sería absurdo negar la importancia que la práctica religiosa desem­peñaba en aquellos tiempos no sólo como expresión de la relación personal y grupal con Dios sino como marco social en el que se desarrollaba la vida diaria. El término anteiglesia no indica únicamente un espa­cio de reunión sino toda una simbología mítico-religio­sa: las gentes no sólo ocupaban un espacio útil para sus reuniones sino que lo hacían después de haber celebrado algún acto religioso; es decir que, cuando necesitaban tomar decisiones, además de encontrar cobijo físico buscaban el amparo de Dios. Las mismas ordenanzas nos indican que la toma de posesión de las autoridades se hace en el (cimiterio) pórtico de la Iglesia de San Vicente tocando la cruz mayor de la dicha Iglesia.</p>
<p>Además de esta referencia tres son las Ordenanzas que hablan del tema y lo hacen en aspectos suma­mente significativos: la misa, las procesiones y el tra­bajo festivo. La obligación de oír misa todos los Domingos y festivos afecta a todos los vecinos, que deben no sólo asistir personalmente sino también enviar a sus hijos y criados mayores de catorce años. La misma obligación tiene cada casa de enviar para las procesiones a un mayor de doce años. Cabe suponer que se refiere a las procesiones de las fiestas patronales, Semana Santa, Cofradías de las diversas ermitas&#8230; Resaltar que la obligación de asistir a las procesiones atañe no a las personas (como el ir a misa) sino a las casas u fogueras. La última de las obligaciones se refiere a determinado trabajo porque no se citan otros sino el de «cargar o echar <em>albarda </em>a <em>ninguna </em>bestia en <em>Domingo o </em>festivo».</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 6.-&nbsp; Sanciones</strong></p>
<p>Señalábamos en algún momento anterior que nuestro punto de partida era considerar esta regla­mentación como una forma práctica de salir al paso de los abusos frecuentes en la anteiglesia. Lo que hemos visto no es otra cosa que intentar dar solución a dichos abusos. Sin embargo, los legisladores no se quedaron con formular buenos deseos. Prácticamente todas las Ordenanzas vienen acompañadas de las correspondientes sanciones. Por eso vamos a detenernos brevemente en este punto. Las sanciones podemos agruparlas en “pecuniarias”, “en especie” y “otras”.</p>
<p>6.1. Sanciones pecuniarias: las multas pecuniarias son normalmente de 204, 408 o 612 maravedíes, aunque existen algunas otras cantidades. En el siglo XVII el maravedí equivalía a unas 2 pesetas de 1972 y el sueldo medio de un trabajador era de unos 162 maravedíes. Si tenemos esto en cuenta la más corriente de las multas (408) equivalía a algo más del jornal de dos días. Más en concreto se seña­lan las siguientes sanciones pecuniarias:</p>
<p>► 2 ducados: para quien tenga en casa lobo o lobillo, vivo o muerto.</p>
<p>► 1 real: para quien no plante los árboles que debe.</p>
<p>► 6 reales: para quien no asistiese a la batida de lobos o mandase un criado en su nombre.</p>
<p>► 110 maravedíes: para los mozos y mozas de Somorrostro que se lleven hierba de la anteiglesia para sus ganados.</p>
<p>► 204 marave­díes: para los fieles y regidores que no asistan al Regimiento público; para los asoqueros o asoqueras que se entrometan en la compra de trigo a los mulateros cuando lo está haciendo otro; para los asoqueros o asoqueras que mezclen dos trigos para revenderlos; para los asoqueros y asoqueras que no permitan a un vecino comprar directamente el trigo a los mulateros a un precio inferior; para los carniceros que no vendan carne antes a los de casa que a los foráneos; para quienes asen manzanas en los hornos de la anteiglesia; para quienes vendan uva en Bilbao; para quienes no tengan un huerta de berzas, puerros y otras hortalizas; para quienes anden con pértigas por debajo de los castaños antes de que el dueño los haya vareado; para los vecinos que no vayan a misa los días de precepto o no envíen a sus hijos o criados; para las casas que no envíen a una persona mayor de doce años a las procesiones; para los vecinos que carguen caballerías en días de fiesta; para los taberneros o taberneras que vendan pan a más precio que el de coste.</p>
<p>► 208 maravedíes: para quienes amasen en domingos o días de fiesta.</p>
<p>► 300 maravedíes: para los carreteros que pasen por las calzadas.</p>
<p>► 400 maravedíes: para los vecinos de Saracho o Somorrostro que echen ganado en los montes y ejidos de la anteiglesia.</p>
<p>► 408 maravedíes: para los taberneros o taberneras que vendan vino sin solicitar el precio o lo vendan más caro del prescrito; para los taberneros o taberneras que no tengan las medidas ordenadas; para los taberneros o taberneras que no usen exclusivamente dichas medidas; para los taberneros o taberneras que tengan otras medidas; para los taberneros o taberneras que no tengan a la venta vino, pan y otros mantenimientos; para los taberneros o taberneras que no vendan el vino al precio fijado por los fieles regidores; para los taberneros o taberneras que no respeten tres días antes de comprar vino procedente de Rivadavia; para los taberneros o taberneras que vendan vino foráneo antes de San Martín; para los taberneros o taberneras que tengan dos recipientes de vino abiertos o lo mezcle con agua, sidra u otro vino; para quien venda sidra a otro precio que el marcado por los regidores; para los vecinos de la tierra o Somorrostro que&nbsp; corten leña para llevar fuera de la Anteiglesia; para los vecinos que corten juncos en la junquera de Ansio con anterioridad al día de san Juan ; para los carboneros que no dejen las cenizas en agujeros y cuevas; para quien sea propuesto o acepte ser regidor si no han transcurrido tres años desde que lo fue.</p>
<p>► 412 maravedíes: para quien no cargue al precio del trigo comprado en Orduña o Balmaseda lo prescrito; para los asoqueros y asoqueras que no tengan las medidas ordenadas; para los asoqueros o asoqueras que no compren el trigo delante de dos testigos; para los taberneros y taberneras que trabajen los días de Pascua, domingos, festivos o por la noche; para los carniceros que no tengan las medidas adecuadas y bien afinadas.</p>
<p>► 600 maravedíes: para las mujeres mundanas que no siendo de la Anteiglesia permanezcan en ella.</p>
<p>► 612 maravedíes: para quienes apliquen al trigo un precio superior al permitido traído de los mercados circundan­tes; para los Regidores que no revisen la situación de los caminos reales y no tomen las medidas oportunas para su reparación; para los panaderos que no hagan el pan con el peso adecuado y sin su marca; para el Regidor si no atiende las denuncias por robos; para quienes no entierren los animales muertos de Punson; para quienes vendan productos por encima de lo mar­cado por los regidores.</p>
<p>► 1.000 maravedíes: para quien venda vino fuera de la anteiglesia habiendo compradores o sin licencia; para quienes corten leña para venderla en Bilbao o Portugalete; para los bateleros que transporten leña a Bilbao o Portugalete; para los vecinos de Saracho que cerquen tierras.</p>
<p>►10.000 maravedíes: para el Regidor que no comprobase que todos los vecinos tengan una huerta de berzas, puerros y otras hortali­zas.</p>
<p>6.2. Sanciones en especie: las sanciones se refieren a</p>
<p>► perder los vinos y subastarlos.</p>
<p>► perder la leña cortada.</p>
<p>► perder la carga de juncos cortados en Ansio antes de San Juan de Junio.</p>
<p>► quitar las cercas que se han colocado ilegalmente.</p>
<p>► quedarse sin ganado los vecinos de Güeñes y Somorrostro si lo echan a los montes de la anteiglesia.</p>
<p>► perder el pan que se haga sin el peso oportuno o sin las señales correspondientes y dado a los pobres.</p>
<ol start="6">
<li>3. Otras sanciones:</li>
</ol>
<p>► privar al tabernero del ejercicio del oficio por mezclar vinos, echar agua o sidra al vino.</p>
<p>►sancionar al infractor a tenor del Fuero por dar fuego al monte o sierras excepto si es para lograr pastos.</p>
<p>►pagar los daños hechos a terceros por el contagio de ganado enfermo de Punson</p>
<p><strong>7.- &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aplicación de las sanciones</strong></p>
<p>¿Qué se hacía con el importe de las multas? Las Ordenanzas marcan en cada caso su aplicación. Lo más frecuente es dividirlo en tres partes para lo cual las cifras más frecuentes (204, 408 y 612 maravedíes) eran muy adecuadas. El reparte ordinario era dedicar un tercio para reparar caminos, otro tercio para el acusador y otro tercio para el regidor que ejecutase la sentencia. En RESUMEN: los dineros provenientes de las multas iban a parar al arreglo de caminos, al denunciante, al justicia y, en algunos casos, a la iglesia de San Vicente.</p>
<p>► Un tercio para reparar caminos, otro tercio para el acusador y otro tercio para el regidor que ejecutase la sentencia</p>
<p>► Dos tercios para reparar caminos y un tercio para los regidores que asistiesen al Regimiento público</p>
<p>► El pan requisado (sin peso establecido o sin la señal correspondiente) irá a las personas pobres necesitadas de la anteiglesia</p>
<p>► La suma total irá para la obra de San Vicente (casos relativos al cumplimiento de asistir a misa, procesiones o trabajar en festivo)</p>
<p>► La suma total (10.000 maravedíes) va a parar a reparar caminos. Está relacionado con el no cumplimiento por parte de un regidor de la obligación de procurar que cada vecino tenga huerta</p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>Conclusiones</strong></p>
<ol>
<li>Partiendo del hecho de la proximidad de las villas de Bilbao y Portugalete (con privilegios recogi­dos en sus cartas de población), el desarrollo de la anteigle­sia viene muy mediatizado por la territorialidad, el poderío e intereses de ambas. Todo intento de crear espacios intermedios similares se verá rápidamente frustrado, incluso mediante la violencia.</li>
<li>Como consecuencia se irá configurando una sociedad de índole rural, y en cierta medida, supeditada a paliar los problemas de abastecimiento de las citadas villas.</li>
<li>Por ello, la organización del territorio seguirá unas pautas derivadas de dicha situación que pode­mos resumir en las siguientes: influjo profundo de los poderosos intereses de la nobleza castellana, primero los Ayala y luego los Fernández de Velasco. Control de los mecanismos de poder locales por parte de los linajes «fundadores» o de sus descendientes (Landa­buru, Zaballa, Tellitu, Escauriza, Beurco, Retuerto, Larrea, Salcedo, Aranguren&#8230;). Una organización municipal controlada férreamente por los «fieles regi­dores» elegidos permanentemente por los linajes anteriores y entre fieles suyos. Una reglamentación interna que nos muestra una sociedad eminentemente rural, con problemas graves de autoabastecimiento, religiosa y muy jerarquizada.</li>
<li>Por último, indicar que todos estos mecanismos y realidades se vendrán abajo de forma bastante repentina cuando en el último tercio del siglo XIX se inicie la explotación masiva del mineral de hierro y, con ello, la exportación masiva del mismo, los ferrocarriles, la implanta­ción de fábricas, la inmigración&#8230;; estamos ante una nueva realidad que llegará intacta hasta tiempos bien recientes. Sólo entonces la anteiglesia sufrirá una trasformación tan profunda que todo lo indicado en estas páginas pasará a ser patrimonio exclusivo de la historia.</li>
</ol>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Parte del presente recorrido fue publicado en ARBELA, 2001, pp. 24-33</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> “En la casa Ayuntamiento que está en el lugar de San Vicente &#8230; a once días del mes de Febrero de mil setecientos quince estando juntos Pedro de Llanos de Uriarte (regidor), Juan de Llanos de Ibarra (ídem), Martín de Escauriza de Tellitu (ídem), Pedro de Aranaga (ídem), Antonio de Egusquiaguirre Aranguren, Lopez Saenz de Amezola San Juan de Munoa, Juan de Llano, Juan de Landaburu, Juan de Aguzquiaguirre, Juan de Escauriza Cruzes Asensio de Salcedo, Pedro de Aranaga, Juan de Estrada Aparicio, Vicente de Tellitu, Juan de Landaburu Zaballa, Juan de Castañeda y Antonio de Zuzunagabeitia &#8230; después de haber leído lo contenido en ellas dijeron que las confirmaron por sí y por los vecinos ausentes y mandaron que se guarden y ejecuten”.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> La copia está depositada en la Fundación Sancho X el Sabio de Vitoria. Fondo Olaso.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> En realidad son 62 porque los números 54 y 55 no figuran en el texto.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Situación frecuente en muchas anteiglesias teniendo en cuenta que era allí (pórtico o la misma Iglesia) donde se reunían. De la Junta de Ruzábal (Valle de Orduña) se conserva dicha arca de documentos que si no recuerdo mal es un tronco ahuecado con una tapa suficientemente protegida.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Asisten la Justicia, el Ayuntamiento o Regi­miento y los vecinos que lo deseen</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Asisten únicamente el Ayuntamiento y algunos vecinos</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Mercaderes de trigo</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> En la Orden sobre Tabernas de 1569 de las Juntas Generales se dice: «<em>Iten, asimismo se trató y ordenaron que no haya en este Señorío, en las anteiglesias de ella, en cada anteiglesia mas de hasta dos tabernas, excepto en las anteiglesias que estuvieren a media legua de la villa de Bilbao, en cada una de las cuales puedan tener hasta seis tabernas y no mas, y asimismo, en la anteiglesia de Arrigorriaga, puedan tener seis tabernas y no mas; y en <strong><u>Baracaldo</u> </strong>y en la anteiglesia de Amorebieta, cada cuatro tabernas y no mas; a las cuales se les dio licencia para tener las dichas tabernas atenta la necesidad que hay de las dichas tabernas en las dichas anteiglesias por causa que va mucha gente a ellas por los caminos reales que tienen, y en cada una de las otras anteiglesias haya hasta dos tabernas y no mas; y que en todas ellas las tengan en la mejor parte de las anteiglesias, so pena que si lo contrario hicieren, caigan en pena de miIl maravedises cada uno, repartidos la tercia parte para el juez y la otra tercia parte para el acusador y la otra tercia parte para los reparos de los caminos de la tal anteiglesia, y que los síndicos los puedan denunciar y bien así otras qualesquier personas</em>«. Tomado de Juntas y Regimiento de Bizkaia, II</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> El Señorío de Vizcaya era deficitario en productos alimenticios, especialmente en cereal. A pesar de los esfuerzos por la autoproducción no va ser capaz de producir tantos alimentos como los que son necesarios para alimentar a su población, por lo que tendrá que recurrir necesariamente a la importación de cereales y de todo tipo de vituallas al mismo tiempo que se prohíbe su saca. Además de estas prohibiciones se dispone que todos los navíos que lleguen a Vizcaya con vituallas, deben descargar, al menos, la mitad de la carga. El origen del grano que llega a Vizcaya es variado. Lope García de Salazar así como el Fuero Nuevo hablan de trigo importado de Bretaña, Inglaterra y Portugal. Hasta el siglo XV, en general, la mayor parte procede del interior de la Península como Burgos, la Rioja, Tierra de Campos y Álava. A partir del siglo XV, sobre todo en su segunda mitad, la mayor parte del grano consumido en el Señorío, proviene del Sur de la Península, concretamente de Andalucía. José Ángel GARCÍA de CORTÁZAR y Cía: “Bizkaya en la Edad Media” II, pp.303-304.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Horno donde se calcina la piedra caliza. Para ello se precisaba una fuente de energía, normalmente madera.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Desconocemos el significado de tal enfermedad</p>
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		<title>Aspectos más notables de la economía de Vizcaya en el siglo XVI</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 06:08:33 +0000</pubDate>
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<p>La economía de Vizcaya fue evolucionando a lo largo de toda la Edad Media sobre una base agrícola y ganadera a la que se incorporaron actividades mercantiles e industriales. Pero en general era un régimen pobre, que casi llegaba al autoabastecimiento, pero debido a la libertad de comercio establecida por el Fuero de Vizcaya, como de uso tradicional de la tierra, se permitía la libre introducción de subsistencias del extranjero. Así cobraron auge los comerciantes y bastantes de ellos se enriquecieron en transacciones comerciales importantes. También los pequeños comerciantes mejoraron mucho su situación, así como los artesanos, los empleados de las ciudades, etc. Pero la agricultura era la tarea a la que se dedicaba la mayoría de las gentes, que tenían en una gran proporción la plena propiedad de los campos que cultivaban y de las casas que habitaban. La ganadería ya no era preponderante en el siglo XVI, pero todavía tenía importancia porque en Vizcaya los recursos de los campesinos se tenían que completar con una dedicación alternativa. Ésta solía ser la ganadería, la pesca o las actividades de apoyo a la industria ferrona: recogida de madera y elaboración del carbón, acarreo del hierro de la mina a las ferrerías, etc. También eran las ferrerías las que exportaban artículos de hierro fuera de Vizcaya para poder importar los productos agrícolas que se necesitaban para el consumo de la población vizcaína. En Vizcaya la tierra y el clima no eran propicios para el cultivo del trigo y de la vid. El Fuero Viejo de Vizcaya de 1452 reconoce que “La tierra de Vizcaya e de las Encartaciones e de Durango es muy montañosa e non siembran ni cogen pan”. También dice el Fuero que abundaba el arbolado, y que, además del manzano que tenía una protección especial, había nogales, cerezos, guindales, nísperos, robles, fresnos, castaños y cepas de viñas. Pero éstas últimas no fueron abundantes en Vizcaya, aunque no faltan otros documentos medievales, como nos dice Andrés Mañaricúa, que nos hablan de las viñas, en concreto las Ordenanzas de Bilbao de 1399. En cuanto al trigo, no es que no se cultivase en absoluto, sino que era claramente insuficiente, como lo prueba el hecho de que tanto el Señorío como la villa de Bilbao tenían una constante preocupación por el abastecimiento del trigo a la población. Prueba de ello es que en el siglo XVI se seguía hablando de la falta de pan y vino en Vizcaya, y se hablaba también de la abundancia del manzano. Así Pedro de Medina, en su obra de 1548 titulada “Libro de las Grandezas y cosas memorables de España”, dice que tanto Vizcaya como Guipúzcoa eran tierras montañosas de poco pan y vino: “en algunas partes comen pan de mijo, que llaman borona; beben vino de manzanas que llaman sidra y por la mayor parte se proveen de pan y vino de otras partes, que traen por mar y tierra”. De todas maneras, se produjo un importante avance en la agricultura porque se redujeron progresivamente los bosques y los pastos de ganado para dedicarlos a la agricultura que, aunque pobre, avanzó en el cultivo del cereal, sobre todo del mijo.</p>
<p>El cultivo del manzano retrocedió a favor del cereal y por ello disminuyó la producción de sidra. La vid en Vizcaya tenía escaso desarrollo, y con ella se hacía un vino de baja calidad, el chacolí. Estas dos bebidas, sidra y chacolí, se fueron sustituyendo poco a poco por importaciones de vino riojano, con lo que se creó un vínculo comercial entre Vizcaya y La Rioja que aún perdura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La Pesca </strong></p>
<p>En el litoral, la preocupación fundamental fue la pesca que tuvo como complemento el cultivo de pequeñas huertas familiares o la elaboración para la exportación al interior de la Península de escabeches y salazones. Las actividades en la costa proporcionaban merluza, besugo, etc. que eran especies muy apreciadas. En cuanto a la pesca de altura, se centraba en la caza de la ballena que se venía practicando desde mucho tiempo atrás. Primero en el Golfo de Vizcaya y después, en el siglo XVI, en caladeros cada vez más lejanos hasta llegar a Terranova, pues la ballena era muy apreciada por su excelente aprovechamiento de la grasa, la carne, la lengua, los huesos, la sangre, etc. y por ello tenía una alta rentabilidad.</p>
<p>Fue en esas expediciones a Terranova donde se iniciaron las capturas masivas de bacalao que, desde entonces, será una especie enormemente difundida y apreciada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Comercio </strong></p>
<p>Ya desde el siglo XV se produjo un despegue económico, que en el siglo XVI fue patente y que tuvo como bases el comercio, el hierro (minería, industria, exportación), la construcción de navíos y la navegación. Con respecto al comercio en el siglo XVI, Vizcaya se convirtió en unos de los lugares más importantes del mercado nacional pues comerciaba por mar y por tierra con el resto de la península. Esto se debía a que los vizcaínos siempre necesitaron importar gran parte de los productos agrícolas necesarios para el sustento de su población, y los traían llevando fuera hierro y pescado fundamentalmente. Los caminos más importantes que comunicaban Vizcaya con Castilla en el siglo XVI fueron: el que iba de Valmaseda hasta el río Nervión, a través del Cadagua; y el camino que venía de Miranda de Ebro y Vitoria hasta Orduña para entrar en Vizcaya. Pero tuvieron que hacer más caminos en el interior de Vizcaya para llevar el cereal que provenía de Álava, Castilla e incluso de Andalucía, y estos caminos también se usaron para transportar el hierro desde los yacimientos de Somorrostro hasta las ferrerías. Vizcaya también tuvo un comercio internacional importante pues se relacionaba con Flandes, Francia e Inglaterra, que eran los grandes centros comerciales europeos. Se exportaban al extranjero productos vizcaínos como el pescado y objetos de hierro, pero la principal exportación era la de productos castellanos y, de ellos, la lana era la principal. En este comercio que se desarrollaba a través de Vizcaya, los vizcaínos eran transportistas y armadores de buques, eran los que llevaban los productos de otros, los castellanos fundamentalmente, y navegaban los mares ofreciendo sus servicios como transportistas. Por tanto, eran transportistas más que auténticos comerciantes. Sólo a comienzos del siglo XVI las principales familias de comerciantes y los dueños de los astilleros bilbaínos empezaron a probar suerte también en el comercio. Así, se empezaron a convertir en comerciantes y banqueros infiltrados en Amberes, Brujas, Londres, Rouen, Nantes, Lisboa, Medina del Campo, Burgos, Madrid, Sevilla y Florencia, en donde establecieron sus oficinas y sus representantes para poder participar en el comercio europeo y oceánico. También estuvieron presentes en las ferias internacionales como Medina del Campo, Lyon, Besançon, Plasencia, Londres, Florencia, Venecia, Lisboa o Frankfurt. Como dice Alberto Angulo, en el primer tercio del siglo XVI estos comerciantes bilbaínos superaron su condición de transportistas y armadores para convertirse en comerciantes y banqueros capaces de financiar sus importaciones y exportaciones. De todas maneras, la ocupación fundamental de los bilbaínos siguió siendo la de transportistas, y el único producto cuya exportación tuvo la suficiente continuidad e importancia fue la lana. Lo cual implicaba que subsistiese la dependencia comercial vizcaína respecto a los comerciantes de Burgos, ya que ellos eran los que controlaban su contratación y comercialización. Burgos tenía la carga y Bilbao las naves y los puertos para transportarla. Efectivamente, en el siglo XVI la lana era el principal producto de exportación, protegido por la Mesta, que era una institución de origen medieval que protegía los intereses de los grandes ganaderos trashumantes de la corona de Castilla, que pertenecían a la alta nobleza. Era Burgos la que fiscalizaba por completo el comercio de la lana castellana, llegando a crear un Consulado propio en 1494 –a semejanza de los de Valencia y Barcelona- con su reglamentación específica y sus respectivas autoridades y jueces. Se constituyó así el primer Consulado Atlántico que trató de extender su jurisdicción al puerto de Bilbao, sin conseguirlo. Realmente, la situación geográfica de Burgos era clave en cuanto a las rutas comerciales, que la unían con las principales ciudades de Feria castellanas, a saber, Medina del Campo y Villalón; y, de ahí, al puerto bilbaíno principalmente. Bilbao acaparaba prácticamente la totalidad del comercio de Vizcaya con los puertos del norte de Europa. Así, en su ascenso como villa mercantil influyeron muy diversos factores, destacando los privilegios obtenidos en su fundación, en la medida en que la situaron en una posición idónea para captar el comercio que se hacía a través de Vizcaya. Prueba de la importante presencia de comerciantes vizcaínos en los puertos y plazas europeas fue que existió a partir de 1465 un Consulado de la Nación Vizcaína en Brujas, junto al Consulado de Castilla. Además, su posición geográfica convertía a Bilbao en un puerto relativamente seguro porque estaba en una ría, al abrigo de los piratas, y con el suficiente cauce para recibir barcos de gran tonelaje, y además, desde allí salían los caminos para Castilla. Esto se convirtió en un factor clave, puesto que el comercio requería ya grandes barcos y en Vizcaya solamente el puerto de Bilbao reunía las condiciones precisas para su recepción. Además, Bilbao tenía fácil acceso por vía terrestre con los demás reinos de la península, y tenía la protección de la Corona de Castilla, de la que los vizcaínos fueron fieles colaboradores sirviendo al rey en el mar, en la lucha contra los moros y después, en los reinados de Carlos I y Felipe II, sus astilleros y los dueños de los navíos colaboraron activamente en sus conflictos con Francia e Inglaterra. Ya desde antiguo existía en Bilbao una asociación, la Universidad de los Maestres, Capitanes de Naos y Mercaderes de la Villa de Bilbao, en la que se agrupaban comerciantes, armadores, navieros y pilotos, éstos últimos en mucho mayor número que los anteriores, puesto que la actividad primordial de Bilbao fue, como ya hemos dicho, el transporte marítimo más que la contratación mercantil. En el siglo XIV, antes de la creación del Consulado de Burgos, el concejo de la villa de Bilbao elaboró unas importantes ordenanzas mercantiles y así, desde la posterior creación del anteriormente aludido Consulado de Burgos, irá en paulatino aumento la rivalidad que siempre había existido entre Burgos y Bilbao, ya que los burgaleses tenían la carga que demandaban los telares flamencos y los bilbaínos disponían de una flota mercante y un grupo de expertos conductores de naves. No en vano, los bilbaínos estaban especializados en la navegación, la construcción naval y el pilotaje de naves. Con todo, el impulso definitivo del comercio bilbaíno vendría por el establecimiento de un eje comercial Bilbao-Burgos, con lo que la capital vizcaína se convirtió así en el puerto de los comerciantes burgaleses. En este sentido, Burgos era la primera ciudad de Castilla en esta época y llegó a ser la segunda residencia de algunos grandes y señores de Vizcaya, que tuvieron en San Juan su barrio residencial y también en el barrio de San Esteban se conservan referencias de ellos ya desde tiempos medievales. Uno de los motivos de esta presencia debió ser la importancia adquirida por la industria del metal en Burgos, así como la de la moneda, la calderería y la herrería. Precisamente en el barrio de San Esteban se situaron gran número de ferrerías. Y el auge de la industria de artillería nos hace sospechar que su materia prima fundamental, el hierro, venía de Somorrostro y de otros lugares de Vizcaya, siendo los vizcaínos los encargados de transportarlo y, en ocasiones, de transformarlo. Como ya se ha dicho, Burgos ostentaba una magnífica situación para financiar, activar y encauzar la actividad comercial hacia el resto del territorio castellano. De hecho, una de las principales causas que fomentaba este comercio era el que, al ser Burgos centro neurálgico de la Universidad de Mercaderes, impulsaba la salida al exterior de Castilla de productos como la lana, una de las bases de su riqueza, creando la natural competencia entre los puertos cantábricos, que rivalizaban entre sí por exportar las mercancías, pero poco a poco a lo largo del siglo XVI se ve como los puertos vizcaínos van adquiriendo más protagonismo que Santander y Laredo. Como una de las condiciones a tener en cuenta para elegir puerto era la distancia entre Burgos y cada puerto cantábrico, ya que los transportistas imponían sus precios en razón de las distancias, las villas marineras de Cantabria salieron perjudicadas, pues el itinerario que Meneses realizó entonces, señaló 31 leguas de distancia hasta Bilbao y 37 hasta tierras santanderinas. Otro factor que favorecía a los puertos vascos era el hecho de que estos no estaban gravados con los diezmos y rediezmos de los otros puertos cantábricos debido a la exención de impuestos. Por ello, se hace notar en un documento de la época que se habían abierto en este siglo los puertos de Orduña y Valmaseda, que conducían a Bilbao, porque los que pasaban no pagaban el dicho rediezmo, diezmo sobre el diezmo, que suponía aproximadamente un 1 % suplementario. Al Consulado de Burgos era a quien competía la conservación de los caminos indispensables para el desarrollo del comercio y reparaban las vías que iban al puerto que les ofrecía mejores precios, y se inclinaban especialmente por Bilbao y Laredo, y por eso eran esas las vías que reparaban. Los vizcaínos, que tenían intereses complementarios a los de Burgos, ponían todo su empeño en facilitar estas relaciones, siendo para ello fundamental una buena comunicación que hiciese posible el transporte por el itinerario más corto. Como la vía de Orduña debía tener cierta tradición entre los mulateros, el primer paso fue el establecimiento de aduanas en Vitoria, Orduña y Valmaseda, solicitando al mismo tiempo al emperador Carlos V un permiso real para la apertura del camino de Orduña siguiendo el antiguo itinerario. Al parecer, las obras comenzaron pero Álava, Guipúzcoa y Navarra se opusieron. Tan es así, que Guipúzcoa deshacía de noche con las armas lo que de día se iba construyendo y por ello, el Señorío tuvo que disponer gente armada para impedirlo. Por su parte, alaveses y navarros promovieron continuos pleitos al respecto, razón por la que, finalmente, el emperador ordenó la suspensión de la citada obra con una Real Orden del 17 de mayo de 1553. En este siglo XVI, el patriciado urbano bilbaíno inició una política encaminada a conseguir un control de toda la actividad comercial. Esta línea de actuación fue impulsada por las familias de los armadores que se habían enriquecido en su misión de transportistas, y que querían potenciar su influencia sobre las relaciones comerciales. Es en este contexto cuando el 22 de junio de 1511, por carta real despachada en Sevilla, fundó la Reina Doña Juana el Consulado de Bilbao, que a partir de entonces centró la actividad marítima y comercial de la Villa. Por ello surgieron tensiones entre Bilbao y Burgos. Burgos y Bilbao fueron los primeros Consulados atlánticos y los primeros de la Corona de Castilla. Más tarde se creó el Consulado de Sevilla en 1539 y ya en el siglo XVII los Consulados de Madrid y San Sebastián. Con Consulado propio, el entorno bilbaíno pasó a controlar el comercio que se desarrollaba en su propio puerto -el de la lana, fundamentalmente- ocupándose sus ordenanzas también de los trabajos portuarios y de los distintos pleitos mercantiles. Sin embargo, tales disposiciones no se elaboraron hasta el año 1531 y en ellas se recogieron las ordenanzas mercantiles que existían en la villa de Bilbao desde el siglo XIV. Fue Felipe II quien promulgó las Ordenanzas del Consulado de Bilbao en 1569.</p>
<p>Bilbao fue un puerto de primera clase, constituyendo la puerta de entrada y salida de mercancías por excelencia, lo cual influyó decisivamente en que la villa estuviera abierta a todas las influencias que venían por el norte de Europa creándose con ello una mentalidad muy diferente a la del resto de la tierra.</p>
<p>Tomado de www. https://conciertoeconomico.org/</p>
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		<title>VECINOS/AS DE BARAKALDO (A1)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2026 06:38:01 +0000</pubDate>
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<p><strong>ABASOLO</strong>: Abasolo Aranguren-Sobrado, Jose Marí­a (t. 1791), hijo de Lorenzo y Serafina Heredero de los bienes libres de mayorazgo de su tí­o Francisco de Aranguren y Sobrado; Abasolo, Lorenzo (t. 1791) c. con Serafina de Aranguren-Sobrado.</p>
<p><strong>ACEBAL</strong> (Véase Azebal).</p>
<p><strong>ACOSTA</strong>: Acosta, Juan (t. 1597), alias «el cojo» vº. Irauregui.</p>
<p><strong>ACHA</strong>: Acha, Marí­a Elena (t. 1790) c. con Juan Antonio de Unzaga Dueña del mayorazgo de Llano.</p>
<p><strong>ACHURIAGA</strong>: Achuriaga, Sancho (t. 1439).</p>
<p><strong>ADARO:</strong> Adaro, Pedro (f. 1605) natural de Orozco c. con Marí­a Ochoa de Arteagabeitia.<br />
<strong>AGUILAR:</strong> Aguilar Arana, Ana (t. 1675) 1c. 1657 con Pedro de Escauriza y la Torre 2c. con Domingo de Jauregui. Dueña de la caserí­a de Zuazo; Aguilar Zumelzu, Martí­n (n. 1595 t. 1651) c. con Ursula de Arana Escribano. Dueño de la caserí­a de Zuazo; Aguilar, Marí­a Concepción (t. 1642 f. 1687) c. con Jerónimo de Tellitu. Vª. el Valle y Barakaldo.<br />
<strong>AGUINACU</strong>: Aguinacu, Domingo (t. 1664).</p>
<p><strong>AGUIRRE:</strong> Aguirre Aguirre, Domingo (t. 1538), hijo de Juan y Marí­a Saez; Aguirre Arauco, Marí­a Bañes (t. 1622), hija de Juan y Madalena; Aguirre Arauco, Martí­n (1618 Erandio), hijo de Juan y Madalena; Aguirre Arauco, San Juan (t. 1622), hijo de Juan y Madalena; Aguirre Azuela, Marí­a (t. 1700), hija de Juan y Marí­a Sáez c. con Carlos de Arteagabeitia; Aguirre Bañales, Marcos (1625 el Valle), hijo de Domingo y Marí­a Hernández; Aguirre Barco, Catalina (t. 1597), hija de Juan y Agueda; Aguirre Burzaco, Isidoro (b. 1701), hijo de Colás y Marí­a; Aguirre Burzaco, Marí­a Lorenza (b. 1702), hija de Colás y Marí­a; Aguirre de Gorostiza, Juan Martí­nez (t. 1666) c. con Clara de Ugarte Salazar (S.S.); Aguirre Escauriza, Juan (t. 1627), hijo de Aparicio y Marí­a López; Aguirre Escauriza, Pedro (t. 1627), hijo de Aparicio y Marí­a López; Aguirre Escauriza, Sebastiana (t. 1647), hija de Aparicio y Marí­a Lopez c. con Domingo de Zabala; Aguirre Gardoqui, Colás (t. 1700 f. ya 1723), hijo de Domingo y Lucí­a c. con Matí­a de Burzaco. Dueño de la casa de Aguirre;&nbsp; Aguirre Gorostiza, Martí­n (t. 1597): Aguirre Gorostiza, Tomás (t. 1597) vº. Bilbao; Aguirre Isasi, Ana (1621), hija de Domingo y Ana López c. con Francisco de Echavarri vª. Bilbao; Aguirre Isasi, Ana (t. 1647), hija de Domingo y Ana López c. con Francisco de Echavarri; Aguirre Isasi, Domingo (t. 1645), hijo de Domingo y Ana López. Beedor General de la Armada de S.M;&nbsp; Aguirre Isasi, Juan (t. 1645), hijo de Domingo y Ana López; Aguirre Isasi, Juan Martinez (t. 1659), hijo de Domingo y Ana López c. con Clara de Ugarte-Goicoechea vº. barrio Gorostiza. Dueño de la caserí­a de Beteluri. Dueño de 7/8 de los molinos de Urieta. Dueño de la casa y solar de Gorostiza.Cuñado de Pedro de la Torre; Aguirre Isasi, Marí­a Sáez (t. 1640 aprox.), hija de Domingo y Ana López c. con Martí­n de Beurco-Martiartu; Aguirre Isasi, Teresa (t. 1643), hija de Domingo y Ana López c. 1643 con Domingo de Olaso (Escauriza Olaso) Heredera de la caserí­a de Retuerto; Aguirre Ragoa, Marta (160 el Valle ), hija de Martí­n y Marí­a López; Aguirre Retuerto, Domingo (t. 1643), hijo de Martí­n y Teresa c. con Ana López de Isasi; Aguirre Retuerto, Juan (1620), hijo de Aparicio y Marí­a López; Aguirre Rivas, Martí­n Perez (t. 1597) c. con Mencia Urtiz de Aresmendi Zurbaran Propietario de ½ de la herrerí­a de Aldanondo. Propietario de la caserí­a de Allendera de Pucheta. Dueño del solar de Aldanondo; Aguirre Rivas, Ordoño (t.1622). Señor de las casas solares de Aguirre y Ribas, en el Señorí­o de Vizcaya. Lugarteniente del Capitán General de Mar y Tierra en los Reinos y provincia del Perú y capitán General de la Armada del Mar del Sur. (Garmendia Arruebarrena, José. Diccionario Biográfico Vasco, Méritos, servicios y bienes de los vascos en el Archivo General de Indias. San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, D.L. 1989); Aguirre Tellitu, Marí­a (t. 1597), hija de Martí­n y Marí­a López c. con Domingo de Tellitu-Escauriza; Aguirre Uraga, Marí­a Saez, hija de Martí­n y Marí­a Bañes c. 1622 con Pedro de Rotaeche; Aguirre Yrazo, Juan (t. 1612); Aguirre Yrazo, Marí­a Saez (t. 1597) c. con Domingo de Retuerto-Cantarrana; Aguirre Yrazo, Martí­n (t. 1597 f. 1645) 1c. con Marí­a Bañes de Uraga 2c con Agueda de Loizaga (en otro lugar figura 2c.Marí­a López de Guesala) La grafí­a del apellido cambia a Aguirrerazu = padre en 1c. de 6 hijos, en 1645 quedan tres, padre en 2c de Mari Cruz; Aguirre Zuazo, Juan (t. 1653), hijo de ? y Marina; Aguirre Zubiete, Juan (t. 1597), hijo de Juan y Mari Andrés; Aguirre, Agustina (t. 1676) c. con Martí­n de Zaballa; Aguirre, Aparicio (1587), hijo de Juan de Aguirre Yrazo c. con Marí­a Lopez de Escauriza Aguirre cuñado de Juan de Echavarri (c. con Marí­a López de Zuazo); Aguirre, Domingo (1584 t. 1621); Aguirre, Domingo (n.1624 t. 1704); Aguirre, Domingo (t. 1538); Aguirre, Domingo (t. 1620,1643) c. 1606 (Abando) con Ana López de Isasi. Dueño de la caserí­a de Retuerto =4 hijos y 2 hijas; Aguirre, Domingo (t. 1665) c. con Lucí­a de Gardoqui; Aguirre, Iñigo (t. 1520); Aguirre, Iñigo (t.1507); Aguirre, Juan (1597); Aguirre, Juan (t. 1439); Aguirre, Juan (t. 1597) 1c. con Agueda del Barco 2c. con Marí­a Andresa de Zubiete Calero Dueño de la caserí­a de Llano; Aguirre, Juan Martí­nez (t. 1538), hijo de Domingo; Aguirre, Juan Ventura (t. 1738), menor. Dueño caserí­a de Aguirre;&nbsp; Aguirre, Lucí­a (t. 1653) c. con Francisco de Ollaqui; Aguirre, Mari Cruz, hija de Juan. Dueña de la caserí­a de Llano (también llamada Mari Cruz de Llano); Aguirre, Marí­a (t. 1706) c. con Juan de Gorostiza; Aguirre, Marí­a Hernandez (t. 1597) c. con Hernando de Zuazo Dueña de la caserí­a de Aguirre. hª. de Juan; Aguirre, Marí­a Saez (t. 1598) c. con Bartolo de Abaro; Aguirre, Marí­a Saez (t. 1606), hija de Martí­n c. con Martí­n de Beurco-Martiartu; Aguirre, Martí­n (1494); Aguirre, Martí­n (1607-1677); Aguirre, Martí­n (citado 1597) c. con Marí­a López de Tellitu; Aguirre, Martí­n (t. 1595, 1616) c. con Teresa de Retuerto Dueño de la mayor parte de los molinos de Urieta. Dueño de las caserí­as de Landaburu y Reteurto;&nbsp; Aguirre, Mateo (t. 1712) c. con Josefa de Allende; Aguirre, Pedro (t hacia 1740) c. con Marí­a Antonia de Escauriza; Aguirre, Pedro (t. 1750) alias Calabete; Aguirrerazu Urcullu, Agustina, hija de Martí­n y Teresa c. 1656 con Martí­n de Zaballa Retuerto; Aguirrerazu, Marí­a López (t. 1582) c. Con Martí­n de Arbeiza. Dueña de la casa de Aguirrazu;&nbsp; Aguirre-Rivas Aresmendi, Antonia, hija de Martí­n y Mencia Ortiz c. con Juan de Zubiaur Dueña del solar de Aldanondo; Aguirre-Yrazu Loizaga, Mari Cruz (t. 1645), hija de Martí­n y Agueda; Aguirre-Yrazu Uraga, Catalina (t. 1645), hija de Martí­n y Marí­a Ybañes; Aguirre-Yrazu Uraga, Domingo (t. 1645), hijo de Martí­n y Marí­a Ybañes; Aguirre-Yrazu Uraga, Martí­n (t. 1645), hijo de Martí­n y Marí­a Ybañes.</p>
<p><strong>ALCEDO:</strong> Alcedo Chavarri, Marí­a (1617 el Valle), hija de Lucas y Mencia<br />
<strong>ALDANONDO</strong>: Aldanondo Amezaga, Catalina (t. 1580), hija de Diego y Catalina c. con Martí­n de Irauregui</p>
<p><strong>ALDAY:</strong> Alday Acebal, Mari Cruz (t. 1702), hija de Domingo y Sebastiana c. con Francisco del Balle; Alday Aguirre, Mari Cruz (t. 1702), hija de Juan y Mari Cruz c. con Bartolomé de Gorostiza; Alday Arana, Lucas (t. 1703), hijo de San Juan y Magdalena c. 1703 con Sebastiana de Sasia; Alday Aranguren, Mari Cruz (t. 1695), hija de Juan y Mari Cruz c. con Bartolomé de Gorostiza; Alday Azebal, Domingo (t. 1702), hijo de Domingo y Sebastiana c. con Josefa de Escurra; Alday Azebal, Mari Cruz, hija de Domingo y Sebastiana c. 1702 con Francisco del Balle Arsua; Alday Escauriza, Marí­a (t. 1645), hija de Domingo y Marí­a Saez; Alday Escauriza, San Juan (t. 1653), hijo de Domingo y Marí­a Saez; Alday Escurra, José (b. 1702), hijo de Domingo y Josefa; Alday Escurra, Marí­a (b. 1698), hija de Domingo y Josefa; Alday Gorostiza, Agustí­n (t. 1645), hijo de Domingo y Mari Cruz; Alday Gorostiza, Lucas (t. 1645), hijo de Domingo y Mari Cruz; Alday Gorostiza, Mari Cruz (t. 1645), hija de Domingo y Mari Cruz; Alday Gorostiza, Pedro (t. 1645), hijo de Domingo y Mari Cruz<br />
Alday Larracoechea, Domingo (t. 1653), 1c. con Marí­a Saez de Escauriza Larracoechea 2c. Mari Cruz de Gostiza; Alday, Catalina (f. ya 1627) c. con Pedro de Zabalgoiti; Alday, Domingo (1665); Alday, Domingo (t. 1597) dueño caserí­a de Arracieta; Alday, Domingo (t. 1664); Alday, Marí­a Saez (t. 1624) c. con Martí­n de Sasia; Alday, Martí­n (t. 1620) c. con Marí­a de Goicoechea; Alday, Pedro (t. 1740 aprox.) c. con Antonia de Recalde vº. barrio Bagasa.</p>
<p><strong>ALDECOA</strong>: Aldecoa Barco, Marina (t. 1657) c. con Antonio de Aranguren;<br />
Aldecoa, Juan (t. 1700) vº. Deustua, Dueño de la «casa vieja de Susunaga» vendida por él a Antonio de Allende</p>
<p><strong>ALGORRI</strong>: Algorri Alisal, Juana (1712), hija de Juan y íngela; Algorri Alisal, Manuela (1710), hija de Juan y íngela; Algorri Alisal, Manuela (t. 1730), hija de Pedro y Severina c. con José Alisal; Algorri Alisal, Marí­a Antonia (1718), hija de Juan y íngela; Algorri Azpileta, Juan (t. 1684), hijo de Juan y Catalina vº. Miravalles; Algorri Belastegui, Quiteria (b. 1699), hija de Simón y Lorenza; Algorri Burzaco, Francisca (1669), hija de Marcos y Marí­a; Algorri Burzaco, Francisco (1665), hijo de Marcos y Marí­a; Algorri Burzaco, Juan (1663), hijo de Marcos y Marí­a c. con Agustina de Guillor Causo vº. Barrio Granada; Algorri Burzaco, Marí­a (1678), hija de Marcos y Marí­a<br />
Algorri Burzaco, Simón (1666), hijo de Marcos y Marí­a c. con Lorenza de Berastegui Sasí­a; Algorri Capetillo, Francisco (t. 1741), hijo de José y íšrsula; Algorri Capetillo, Josefa (t. 1741), hija de José y íšrsula; Algorri Capetillo, José (s.f.), hijo de José y Ursula 1c. con Marí­a de la Puente 2c. con Marí­a Simona de Uriarte; Algorri Cavieces, Francisca, hija de Juan y Francisca c. con Pedro de Nocedal Hormaza; Algorri Cavieces, José (t. 1735), hijo de Juan y Francisca c. con Marí­a de Aresti Coscojales / alcalde 1725; Algorri Cavieces, Juan, hijo de Juan y Francisca monje, Algorri Cavieces, Manuel Francisco (t.1735), hijo de Juan y Francisca cura; Algorri Cavieces, Marí­a Santos, hija de Juan y Francisca c. con Juan Bautista de Escarza Hormaza; Algorri Cavieces, Ramona (1707 Portugalete), hija de Juan y Francisca; Algorri Chavarri, Antonia (1700), hija de Andrés y Magdalena; Algorri Chavarri, Leonarda Paula (1697), hija de Andrés y Magdalena c. con Pedro de la Hera Casal; Algorri Chavarri, Marí­a (1694), hija de Andrés y Magdalena. C. con Joaquí­n de Mesperuza Retén; Algorri Chavarrí­a, Juan José (1754), hijo de José y Teresa: Algorri Chavarrí­a, Juan José (1754), hijo de José y Teresa; Algorri Gorostiza Martí­n (b.23-3-1595 en Barakaldo, f.1664), hijo de Juan y Marina (o Marí­a Yñiguez) c. con Marí­a de Rivas Dotado con una casa pegante a Domingo de Gorostiza por una parte y por otra con Juan de Garay y Catalina de Loizaga, su mujer, mas una heredad pequeña, que es manzanal que pega con la casa de San Juan de Gorostiza y otra heredad de Pedro de Ugarte, mas un pedacito que linda con la aldapa de Juan de Uraga y un pequeño castañal;&nbsp; Algorri Gorostiza, Catalina (t. 1642), hija de Juan y Marina c. con Juan de Garay sobrina de Catalina de Unsana Arrajeta. Dueña en parte de la caserí­a de Gorostiza;&nbsp; Algorri Gorostiza, Juan (t. 1628), hijo de Juan y Marí­a Yñiguez; Algorri Gorostiza, Martí­n (1595-1664), hijo de Juan y Marina c. con Marí­a de Riva; Algorri Guillor, Domingo (1684), hijo de Juan y Agustina; Algorri Guillor, Francisca, hija de Juan y Agustina; Algorri Guillor, José (1689), hijo de Juan y Agustina; Algorri Guillor, Juan Ricardo (t. 1710), hijo de Juan y Agustina c. con Gregoria de Larrea Ugarte. Alias Cardo; Algorri Guillor, Juan, (1686), hijo de Juan y Agustina c. con íngela del Alisal Loredo; Algorri Guillor, Matias (1691), hijo de Juan y Agustina; Algorri Guillor, Pedro (1688), hijo de Juan y Agustina<br />
Algorri Hera, Josefa (t. 1746), hija de Domingo y Marí­a c. con Antonio de Garay Quadra; Algorri Larrea, Bernarda (1720), hija de Juan Ricardo y Gregoria; Algorri Larrea, Francisca (f. 1771), hija de Juan Ricardo y Gregoria; Algorri Larrea, Manuel, hijo de Juan Ricardo y Gregoria 1c. con Isabel de Landeta Arteagabeitia 2c. Manuela Zaballa vº. Repélega; Algorri Larrea, Marí­a (1722), hija de Juan Ricardo y Gregoria c. con Francisco de Candiaga (Soba); Algorri Larrea, Martina Antonia (1724), hija de Juan y Gregoria; Algorri Nocedal-Sarantes, Francisco (t. 1744), hijo de Domingo y Marí­a c. con Catalina de Odiaga Bárcena. Corsario; Algorri Nocedal-Sarantes, Josefa (t. 1739), hija de Domingo y Marí­a c. con Pedro de Trabudua (Lejona); Algorri Nocedal-Sarantes, Miguel (t. 1734), hijo de Domingo y Marí­a c. con Marí­a Micaela Regunaga Igareda; Algorri Odiaga, Josefa (1744), hija de Francisco y Catalina; Algorri Regunaga, Juan (1738), hijo de Miguel y Marí­a; Algorri Regunaga, Marí­a Antonia (1736), hija de Miguel y Marí­a Micaela; Algorri Regunaga, Marí­a Santos (1741), hija de Miguel y Marí­a Micaela; Algorri Regunaga, Pedro (1739), hijo de Miguel y Micaela<br />
Algorri Riva, Agustina, hija de Martí­n y Marí­a; Algorri Riva, Andrés (f. 1699), hijo de Martí­n y Marí­a c, con Magdalena de Chavarri; Algorri Riva, Antonia, hija de Martí­n y Marí­a c. con Domingo de Perea; Algorri Riva, Domingo (1634), hijo de Martí­n y Marí­a c. con Catalina del Valle Burzaco; Algorri Riva, Domingo(b. 6-VIII-1634 el Valle), hijo de Martí­n y Marí­a, c. con Catalina de Valle Burzaco, vº. San Salvador del Valle;&nbsp; Algorri Riva, José (t. 1669), hijo de Martí­n y Marí­a c. con Marta de Uraga Zaballa; Algorri Riva, Josefa (1640 el Valle), hija de Martí­n y Marí­a; Algorri Riva, Josefa (1640), hija de Martí­n y Marí­a; Algorri Riva, Marcos (1643), hijo de Martí­n y Marí­a c. con Marí­a de Burzaco; Algorri Riva, Marí­a (1640 el Valle), hija de Martí­n y Marí­a; Algorri Riva, Marí­a (1640), hija de Martí­n y Marí­a; Algorri Riva, Marí­a (t.1678) hija de Pedro y ?; Algorri Riva, Marí­a Lucas, hija de Martí­n y Marí­a c. con Martí­n de Sarachu; Algorri Sasí­a, Angela (1680), hija de Domingo y Francisca; Algorri Sasí­a, Antonia (1677), hija de Domingo y Francisca; Algorri Sasia, Martina (1672), hija de Domingo y Francisca; Algorri Sasia, Nicolás (1670), hijo de Domingo y Francisca; Algorri Tellitu, Josefa (1682), hija de Andrés y Teresa c. con Martí­n de Zaballa Estrada; Algorri Tellitu, Manuela (1685), hija de Andrés y Teresa c. 1703 con Domingo de Bizcarra-Basozabal; Algorri Tellitu, Mari Cruz (1678), hija de Andrés y Teresa c. con Domingo de Sasí­a; Algorri Uraga, Andrés (1656 el Valle), hijo de José y Marta; Algorri Uraga, Andrés (1656 f. ya 1724), hijo de José y Marta 1c. con Teresa de Tellitu 2c. con Magdalena de Chavarri; Algorri Uraga, Josefa (1669), hija de José y Marta; Algorri Uraga, Juan (t. 1695), hijo de José y Marta c. con Jerónima Valle; Algorri Uraga, Marí­a (1665), hija de José y Marta; Algorri Uraga, Marí­a (t. 1704), hija de José y Marta c. con Domingo de Arteaga ; Algorri Uraga, Pedro (1660), hijo de José y Marta c. con Severina del Alisal; Algorri Urioste, Marí­a (t. 1739), hija de Nicolás y Marí­a c. con Pedro del Casal Urioste; Algorri Valle, Damiana (1663), hija de Domingo y Catalina; Algorri Valle, Domingo (1659), hijo de Domingo y Catalina; Algorri Valle, Francisca (1702), hija de Juan y Jerónima c. con Manuel de Durañona; Algorri Valle, Isabel (1709 f. ya 1742 ), hija de Juan y Jerónima c. con Juan Angel de la Sierra Ugarte; Algorri Valle, José (1695), hijo de Juan y Jerónima; Algorri Valle, Juan (1668 Sestao), hijo de Domingo y Catalina; Algorri Valle, Juan (1677), hijo de Domingo y Catalina (el Valle); Algorri Valle, Marí­a (1658), hija de Domingo y Catalina; Algorri Valle, Marí­a (1699), hija de Juan y Jerónima; Algorri Valle, Marí­a Concepción (1696), hija de Juan y Jerónima c. con Pedro de Zaballa Alisal; Algorri Valle, Marí­a Francisca (1708), hija de Juan y Jerónima; Algorri Valle, Marí­a Santos, hija de Domingo y Catalina c. con Gabriel (o Gregorio) de Zaballa Larrasolo; Algorri Valle, Mateo (1665), hijo de Domingo y Catalina; Algorri Valle, Mateo (1701), hijo de Juan y Jerónima; Algorri Valle, Pascuala (1705), hija de Juan y Jerónima; Algorri Valle, Santos (t. 1699), hija de Domingo y Catalina c. con Gabriel de Zaballa; Algorri Vitorica, José (t. 1754), hijo de José y Josefa c. con Francisca de Chavarrí­a Sarrí­a; Algorri, Domingo (t, 1711) c. con Marí­a de Nocedal-Sarantes; Algorri, José (f. ya 1741) c. con íšrsula de Capetillo; Algorri, Juan (1651 f. 1722) c. con Francisca de Cavieces; Algorri, Juan (n.Elduayen- Guipuzcoa) c. 1588 con Marina de Gorostiza ; Algorri, Juanes (t. 1595 t. 1628) (n. En Elduayen) c. 14-6-1588 con Marina o Marí­a Iñiguez de Gorostiza Arroza de herrerí­as; Algorri, Marcos (n.1644) vº. San Salvador del Valle;&nbsp; Algorri, Marí­a (t. 1727) c. con Juan del Valle; Algorri, Marina (1644); Algorri, Marina (1650) c. con San Juan de Perea.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>“El Látigo”, un periódico libertario</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 06:06:49 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?w=1200 1200w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1024%2C576 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=768%2C432 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1080%2C608 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10392" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-40/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1200%2C675" data-orig-size="1200,675" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1024%2C576" /></div><p>Resumen: El Latigo fue el resultado del fracaso de una movilización obrera radical que se vio desprovista de órganos propagandísticos afines que apoyase sus reivindicaciones. Ante esta carencia y los ataques de lo que denominaban “la prensa de comercio político”, donde incluían también la del Partido Socialista, surgió esta iniciativa libertaria. Periódico de la “Federación de grupos libertarios de la región vascongada” tuvo una vida efímera pero muy intensa. Se dirigió a la clase obrera más desamparada. Fue pionero en la defensa de la mujer trabajadora. Acosado por las instancias de poder, por sus enemigos políticos y acuciado por problemas económicos se publicó durante tres escasos años, entre 1911 y 1914. A través de sus páginas se pueden encontrar evidencias muy significativas que transportan a las raíces del periodismo político en España.</p>
<ol>
<li><strong> Introducción</strong></li>
</ol>
<p>Iniciado el siglo XX los grupos anarquistas tuvieron un importante proceso de expansión en España.<br />
Elemento primordial en este desarrollo fue su utilización de la prensa. Las organizaciones libertarias<br />
otorgaron a sus periódicos un papel relevante. Siempre fueron considerados como un instrumento político de máximo interés, desde donde se podía expandir su filosofía y su concepto cultural dirigido a los trabajadores. La propaganda y la difusión de sus ideas encontraba en ellos una plataforma eficaz, una herramienta utilizada también por comunistas y socialistas2. Entre sus funciones, como veremos, estaba también mantener sólidos nexos de unión entre distintas agrupaciones. El País Vasco no fue una excepción y conoció la publicación de varios periódicos de tendencia libertaria. En Bilbao encontramos los casos de Nuevo Espartaco (1905) o La Voz De La Anarquía (1914). En la zona fabril y minera de la margen izquierda de la ría del Nervión, la más importante concentración industrial del norte de España, aparecen El Ideal Del Esclavo, publicado en Sestao en 1903, y El Látigo que, editado en Baracaldo, inició su andadura en 1911 para convertirse a en 1913 en el “Órgano de la Federación de Grupos Libertarios de la región Vascongada”. Por su mayor trascendencia, por haber encontrado ejemplares y referencias suficientes de su trayectoria y función, lo hemos elegido para su estudio y análisis.</p>
<ol start="2">
<li><strong> Génesis de una cabecera</strong></li>
</ol>
<p>El Látigo fue una experiencia periodística que nació en la localidad fabril de Baracaldo (Vizcaya) en<br />
1911. Con anterioridad, en este pueblo colindante a Bilbao, donde se encontraba instalada la industria siderúrgica más importante de España y una gran masa de trabajadores inmigrantes con una clara necesidad vital de conocer el acontecer de un entorno cada vez más amplio, se había conocido la publicación de otros periódicos locales. Se trataba de una herencia comunicativa que llegaba del siglo anterior. Promovidos por pequeños colectivos profesionales o fracciones políticas y con escasa viabilidad económica, estas cabeceras convivieron durante todo el primer tercio de siglo XX con grupos y empresas periodísticas de gran envergadura, protegidas estas últimas por grandes cimas de las finanzas y con gran trascendencia política y social5. Entre los títulos más modestos el primero de los que se tiene constancia fue La Ortiga Baracaldesa (1896), interesado por temas del municipio y los de pueblos del entorno. Le siguieron El Comercio (1905), vinculado a los comerciantes del municipio; La Voz De Baracaldo (1906), republicano; El Magisterio Vascongado (1906), revista de primera enseñanza; El Cascabel (1909), semanario satírico; y finalmente El Eco De Baracaldo (1909), independiente, que está en la génesis de El Látigo. Bonifacio Guzmán, propietario de un taller de tipografía en Baracaldo, fue el promotor de El Eco De Baracaldo. Al cabo de dos años y cinco meses de estar publicándolo, vislumbrando negocios más rentables, como era la explotación de unos nuevos almacenes de quincalleria, mercería, bisutería u otros artículos variados, comunicó el 20 de octubre de 1911 en el registro local que su periódico cambiaba su nombre por el de El Látigo De Baracaldo (1911) y traspasaba la dirección del mismo a Don Aquilino Gomez.</p>
<p>De esta manera nacía una nueva iniciativa periodística en la localidad que, en dos etapas distintas, se iba a mantener activa hasta 1914. La publicación, que tenía prevista su aparición ante sus lectores para el 23 de octubre de 1911, tuvo que retrasar su salida hasta el 2 de noviembre del mismo año por pequeños ajustes en el nuevo equipo de redacción. La imprenta donde se hacía siguió siendo la de Bonifacio Guzmán, situada en la calle Pormecheta, Nº 44, donde también se encontraba la administración. Por su parte, la redacción y las oficinas comerciales pasaron al segundo piso de la calle Escuelas, Nº2, también en Baracaldo.</p>
<p>El nuevo periódico se vendía por 5 céntimos y su divisa indicaba ser un “Semanario independiente”. A pesar de esta ostentosa declaración inicial de intenciones en la cabecera su contenido quedaba claro desde su puesta en circulación. El editorial del primer día ya transgredía el ideario que comporta este principio que aludía a la desvinculación de cualquiera de las numerosas tendencias políticas que ocupaban el espectro social de su entorno más próximo. “Nuestros propósitos”, así se titulaba, manifestaba un claro compromiso social con tintes belicistas para atravesar un estadio pacífico y alcanzar la libertad. Aparecía en la primera columna de la primera de sus cuatro páginas. Su postura era tajante, llegaba para cumplir una misión “De guerra, porque venimos a combatir todas las injusticias, todos los privilegios y todas las tiranías. De Paz, porque venimos a defender, no para una clase, sino para todos los hombres una vida de satisfacción y libertades”. Un concepto tan aséptico como independencia se resquebrajaba aún más cuando, después de afirmar que sus amigos eran “todos los seres humanos”, se declaraban contrarios a los sistemas que amparasen la desigualdad de clases y matizaba que, “más enemigos cuanto más teocráticos”. Sin duda una manera lo suficientemente explicita para dejar claros sus postulados anticlericales. Si los criterios ideológicos quedaban claros en el editorial de salida, las razones de su nacimiento eran explicadas el artículo “Después del desastre”. Allí se analizaban diferentes aspectos de la huelga que había tenido lugar en la zona fabril y minera dos meses antes de su aparición, septiembre de 1911, y se daban ciertas razones por las que había fracasado. La primera era el comportamiento de lo que denominaban “prensa burguesa”. Le acusaban de escribir en perjuicio del débil y corear favorablemente a<br />
la “Unión Patronal”. Dentro de esta categoría incluía entre otros periódicos a El Liberal, de tendencia<br />
socialista; La Gaceta Del Norte, católico conservador; o El Noticiero Bilbaíno, independiente, todos ellos diarios de Bilbao con adscripciones políticas bien diferenciadas. No solo las empresas, también los periodistas estuvieron en su punto de mira. Les acusaban de ser “almas ruines”, “serviles” a una “prensa mercenaria” que los trabajadores debían acostumbrarse a boicotear porque “los envilece envenenando sus conciencias”. En segundo lugar, se achacaba el fracaso de la convocatoria a la falta de solidaridad por parte de la conjunción republicano socialista y de la Unión General de Trabajadores. Esta falta de apoyo se explicaba por la política de moderación y realismo electoral que promovía el diputado provincial Indalecio Prieto contra las posturas más radicales de Perezagua8. Teniendo en consideración ambos factores, concluían que “lo que debiéramos tomar como un engaño, lo hemos tomado como una lección que nos enseña a descartar los medios poco prácticos y los puramente pasivos”. Ante esto, se llamaba a reorganizar las sociedades obreras por todos los medios a su alcance añadiendo la precaución de que “en ellas no debemos consentir que aniden las entidades políticas por muy socialistas que se nos presenten».</p>
<p>Dentro de este pregón renovador se justificaba la aparición del periódico en tanto que vocero<br />
propagandístico y transmisor de ideología. Esta necesidad estaba especialmente clara para Aquilino<br />
Gómez, autor de las reflexiones. Detenido 23 días en la cárcel de Larrinaga (Bilbao) por participar en las movilizaciones obreras que tuvieron lugar en septiembre, no pudo valerse del derecho a replica cuando en la primera página de El Liberal, escrito por el columnista “Crak”, bajo el titulo “De soslayo”, se afirmaba que entre los detenidos de la pasada huelga figuraba “una buena porción de gentes maleantes, galloferos, espadistas, tomadores del dos, truchimanes, en suma, de la más esclarecida prosapia”. Estos insultos no se olvidaron. La respuesta de los 26 trabajadores menospreciados, aunque dos meses más tarde, se publicó en El Látigo De Baracaldo, que prometía estar abierto a “&#8230;todos los hombres que manden estos sus pensamientos o sus quejas por escrito, procurando no usar malas artes contra nadie y cuiden apartar la frase mortificante, la sátira mordaz, el insulto soez”. Unas normas de estilo de mayor nobleza que las de sus contrincantes que, aunque planteadas de una manera tajante, no siempre se respetaron de manera estricta.</p>
<p>El Látigo De Baracaldo siempre manifestó cierta virulencia hacia la actividad política de partido, en<br />
definitiva no era más que otra forma de hacer política, pero dejó su ventana propagandística abierta a los republicanos radicales, porque se presentaba a las elecciones del 12 de noviembre de 1911 separados de la coalición socialista-republicana, a los que consideraban detractores de sus postulados. Su apoyo se manifestaba claramente en el artículo “Ante la batalla”, firmado bajo el seudónimo “un joven radical”. El autor pedía directamente el voto para dicha organización por tener “&#8230;la visión de la nueva España, prospera y floreciente, en la que todos los españoles debemos depositar nuestra confianza”. Esta actitud electoralista la podemos considerar de excepción en la línea editorial del periódico ya que no volvió a repetirse.</p>
<p>La información primordial que ofrecía el semanario se refería a la clase obrera. Se estructuraba en<br />
artículos de opinión y la sección “Latigazos” (6,6%) donde incluían de manera sucinta noticias referentes al mundo laboral, sin desperdiciar la ocasión para lanzar ataques a todos aquellos que consideraban sus enemigos: “los ociosos capitalistas” y “un caciquismo inquisidor”, en referencia a los electos socialistas.</p>
<p>Generalmente los temas eran locales y rara vez aparecían noticias de otras provincias. Entre los artículos de fondo, también podían encontrarse arengas ideológicas en forma poética de las que citamos las firmadas por Longfellow “A los dormidos” y la del inglés Shelley “A los trabajadores”. Salvo la sección de “Latigazos” todos los artículos venían firmados, bien por “La redacción”, por un seudónimo o con nombre propio. El autor más prolífico fue el director Aquilino Gomez, seguido de Gonzalo Quimie, Francisco Domech y Jose Mª Yañez.</p>
<p>La última página estuvo “disponible” para atender las necesidades que “requiere la vida de toda prensa local”, “la inserción de anuncios sumamente económicos”. A pesar de ello la publicidad no fue muy abundante y siempre hubo espacios libres. A excepción de la promoción de los “Nuevos almacenes” de Bonifacio Guzmán, posiblemente gratuitos por ser dueño de la imprenta donde se tiraba el periódico, o la “Ferretería de Alvaro Bilbao”, pocos fueron los comerciantes que acudieron a la oferta publicitaria que se realizaba desde el semanario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="3">
<li><strong> El Látigo</strong></li>
</ol>
<p>No había pasado un año de la puesta en circulación de El Látigo De Baracaldo cuando, el 7 de septiembre de 1912, la publicación emprendía una nueva andadura y la responsabilidad tanto administrativa como redaccional quedaba en manos de Aquilino Gómez. A partir de este momento, si bien se seguía imprimiendo en el taller de Bonifacio Guzmán, se produjeron ciertos cambios significativos. La periodicidad pasó a ser quincenal y desapareció toda la publicidad comercial. El precio se redujo de 5 a 3 céntimos. Su divisa inicial quedaba atrás y pasaba a convertirse en “Defensor de todos los oprimidos”, más acorde con el contenido real de sus páginas. El marco geográfico de cobertura y colaboraciones se amplió a otras provincias lo que acarreó la exclusión del particularismo “de Baracaldo” en su cabecera, por lo que se llamó sencillamente: El Látigo.</p>
<p>El Látigo abandonó los pocos aspectos comerciales que tuvieron cabida en su predecesor. Pesaban más los contundentes interese ideológicos y la información sobre el movimiento obrero. Noticias y<br />
comentarios que ahora provenían, no solo de Baracaldo, sino de otros muchos lugares de España. Se publicaban informaciones detalladas (en la actualidad datos de indudable valor histórico) sobre la condición de vida de los trabajadores y trabajadoras, sobre sus salarios y situación económica, sobre huelgas y conflictos diversos. La ampliación geográfica en la cobertura informativa y la trayectoria de su ideario propició que se convirtiera, desde el número 11 de esta nueva andadura, en el “órgano de la federación de grupos libertarios de la región vascongada” Este día, 21 de febrero de 1913, El Látigo salió con 8 días de retraso que se justificaba por un imprevisto y coyuntural cambio de imprenta.</p>
<p>El aspecto exterior de El Látigo cambió sustancialmente con una nueva cabecera. Mantuvo sus cuatro páginas a cuatro columnas, el tipo de caracteres y el mismo estilo en titulares que su predecesor.</p>
<p>En los cuatro primeros números, la disminución de palabras en el título permitió utilizar en su impresión un tamaño de letras mucho más grande lo que producía un impacto visual de mayor intensidad. A partir del Nº 5, la búsqueda de un mayor simbolismo en la cabecera les llevó a cambiarla por un dibujo a plumilla.</p>
<p>Supuso un gasto de 13,5 pts, lo equivalente a la venta de 450 ejemplares, y ocupaba algo más espacio que la anterior. Ahora, las letras del título estaban silueteadas en hueca, se superponían en un paisaje de montañas entre dos de las cuales, con grandes destellos, surgía el sol en cuya esfera se leía “Emancipación libertaria”. El lado izquierdo, engarzado en la “E” del artículo, aparecía un hombre que con su mano derecha manejaba un látigo que fustigaba a unos murciélagos con<br />
cabeza humana a los que señalaba acusador con el índice de la mano izquierda, manteniendo el brazo estirado. Un texto escrito a mano se preguntaba “¿Quiénes son esos murciélagos que se asustan de la luz?”. Para que no cupiese duda algunos llevaban sobre su cabeza una corona, como símbolo de la monarquía, un tricornio de la guardia civil o un bonete sacerdotal. Los que no se significaban por sus formas incluían en sus alas términos como: “esquiroles”, “alcahuetes”, “tiranos”, “leyes”, para definirlos en la magnitud adecuada del concepto.</p>
<p>Los textos, inspirados desde el primer número en la filosofía y reivindicaciones libertarias, se repartían en diferentes segmentos redaccionales que, en algunos casos, sin alcanzar la especificidad de secciones se asemejaban a ellas. Para realizar una observación más precisa hemos considerado oportuno establecer una serie de categorías diferenciadas por su extensión, por el género o por la formula periodística empleada, ya que su contenido estuvo siempre relacionado con el mundo obrero. La distribución porcentual de los mismos fue la siguiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="4">
<li><strong> Sobre el contenido</strong></li>
</ol>
<p>4.1. Artículos de fondo</p>
<p>Los artículos de fondo, un 73,5% de los textos impresos, sin dejar de mantener una relación próxima con la actualidad, eran editoriales y reflexiones sobre experiencias obreras que acuñaban la trayectoria ideológica de la revista El Látigo. Desde el primer número, donde se respondía a la pregunta “¿Quién soy?”, dejaba claro su rumbo. En primer lugar saludaba y se solidarizaba con los “Obreros del campo, trabajadores del mar, esclavos del taller, de la fábrica y de la mina, obreros del saber, que despreciando la riqueza o el bienestar relativo que os ofrece esta sociedad de irritantes desigualdades, a cambio de que defendáis su miserable avaricia y execrables concupiscencias, ponéis vuestra ciencia al servicio de los necesitados y de los flagelados por la explotación capitalista”. A continuación, en una disección contundente, manifestaba su desprecio a “millonarios y multimillonarios, explotadores de todas las clases, periodistas mercenarios, embaucadores políticos de todos los colores, obreros amastinados, sin conciencia de vuestra dignidad de hombres&#8230;.”. Con esta forma de expresarse no cabía duda que su aparición en el estadio de la prensa respondía a una voluntad emancipadora de las gentes humildes, el proletariado, clase obrera. Una aspiración que les colocaba frente a lo que denominaban “Reacción universal” con el propósito de “justificar tangiblemente nuestras aspiraciones libertarias sin necesidad de trazarnos un «Programa» que coarte, limite o señale el punto de salida o de llegada&#8230;”, un ideario contundente del que harían gala a lo largo de toda su existencia.</p>
<p>En este bloque de artículos, manteniendo un estilo de crítica constante y mordaz hacia los que<br />
consideraban sus enemigos, podían encontrase temas relacionados con el mundo sindical16; contra la guerra de África; reflexiones sobre huelgas en el País Vasco u otros puntos de España; la conformación y vida interna de la Federación de los Grupos Libertarios, o sobre las penosas condiciones de la mujer trabajadora que, según detallaban, percibía sueldos inferiores al hombre aunque desarrollase el mismo trabajo.</p>
<p>El alcoholismo, verdadero generador de dramas sociales, fue otro de los temas que se trataron desde El Látigo. Ante el hecho de que las tabernas se veían llenas de clientes “abusando del vino y los licores”, desde sus páginas se hacía un llamamiento para que los obreros abandonaran un camino que decían trasladarles hacia la degradación humana. Como solución, se aplaudía el estudio y sugerían la lectura. Para ello ofrecían orientaciones bibliográficas hacia los temas relacionados con el pensamiento libertario.</p>
<p>También se hacían resúmenes y comentarios de las novedades literarias que mereciesen su interés.<br />
Salvo el editorial, cuya autoría no estaba personalizada, fueron más de 80 las firmas que aparecieron al pie de las columnas de opinión de El Látigo. La mayor parte de estas colaboraciones tuvieron un carácter puntual. Se podían rubricar con su verdadera identidad, con iniciales o con seudónimo. Dos pertenecieron a mujeres: Amalia Fragela y Soledad Gustavo. La primera era de Baracaldo y escribió una proclama que llamaba a la unión y solidaridad femenina en la lucha contra la explotación20. La otra enviaba su artículo desde Barcelona. Lo firmaba junto a un compañero de agrupación. Presentaban un nuevo periódico ácrata: “El hombre libre”. Los autores más prolíficos fueron Julio Roiz, Aquilino Gomez, director de la revista, Matías Esturo, obrero de una mina de Gallarta, Galo Diez de Vitoria y Zoais, un seudónimo.</p>
<p>El Látigo contaba con suscriptores en el extranjero que esporádicamente podían convertirse en<br />
corresponsales y enviar crónicas del lugar donde estaban. Desde Paris se recogían los comentarios de Charles Richet sobre el precio de una posible guerra europea; desde Inglaterra se trataba de la situación de las organizaciones de mineros; desde Bostón se escribía sobre “las mal llamadas libertades” en Estados Unidos o desde Portugal “Un grupo de anarquistas” explicaban la persecución sistemática a todas las iniciativas obreras. También se publicaron crónicas provenientes de México, Dublin, Ecuador o Panamá.</p>
<p>4.2. Aplausos y latigazos.</p>
<p>La sección de “Aplausos y latigazos” ocupó el 9,3% del espacio impreso. El propio titulo descubría su<br />
contenido: ensalzar las acciones próximas a su ideología y fustigar a contrincantes y enemigos. Si bien empezó con este nombre, a partir del Nº 8 se denominó “Vida obrera”. Se recogían en ella noticias poco extensas provenientes del País Vasco, de cualquier otro punto de España e incluso del extranjero. Su temática, siempre circunscrita al mundo obrero, fue muy diversa. Podían tratar de huelgas, mítines pro presos, veladas de teatro organizadas por secciones sindicales, nacimientos de hijos de simpatizantes, reivindicaciones en favor de la salud o el anuncio de la aparición de nuevas agrupaciones libertarias.</p>
<p>También hacían mención al ruin comportamiento de los esquiroles o a las argucias malignas de algunos patrones y capataces. Con brevedad y concisión dejaban claro todo aquello que consideraban oportuno aplaudir y lo que se debía condenar u repudiar, siempre con matices que no daban pie a interpretaciones ambiguas y alejadas de su ideario.</p>
<p>4.3. Proclamas y citas breves</p>
<p>En este apartado, un 6,8%, hemos incluido toda una amplia gama de notas breves. Podía tratarse de<br />
circulares, esquelas mortuorias, convocatorias de asambleas, aviso de excursiones o advertencias sobre cambios efectuados en la revista. Alcanzaron relevancia las poesías. Estuvieron presentes en 20 números de los 25 analizados. Versos sobre “El remedio”, “El hambre”, “La constancia” o “La unión”.<br />
Dirigidos “A los dormidos”, a “La suerte y el mendigo”, a “La prisión del lider” o “A la mina”, son<br />
ejemplo de una poesía comprometida, militante y de temática muy variada.</p>
<p>Las citas de autores de cierto renombre, siempre que sus escritos coincidiesen con los postulados propuestos, también estuvieron presentes en este apartado. Separadas por trazos horizontales del resto de los contenidos, eran llamamientos dirigidos a conformar una determinada ética del militante libertario. “Hallar la verdad, es decir, acercarse a ella, no sería tan difícil si fuésemos menos cobardes. En muchos casos no osamos a saber lo que es verdadero” y “El socialismo en si, el socialismo anti-político, demuestra que todos debemos evitar el mal donde quiera que esté”, son ejemplos de consignas que ponen de manifiesto lo calibrado de la labor ideológica y propagandística que se llevaba a cabo desde El Látigo.</p>
<p>4.4. Correspondencia administrativa</p>
<p>La sección “Correspondencia administrativa” (2,8%) apareció desde el Nº 2 y se repitió en los siguientes números de manera regular. En ella se acusaba recepción y se respondía, de forma escueta, a las cartas de suscriptores o simpatizantes que llegaban a la redacción. Generalmente se referían a pagos por ejemplares enviados, a donativos o a alguna que otra sugerencia sugerencia de funcionamiento práctico. Lo hacían de la siguiente manera: “Marquina-, Barinaga S.- S.M., recibimos 0,60 céntimos, mandamos el periódico, tendremos en cuanta lo que dices”, “Vitoria- L.G. recibidas 5 pesetas de donativo y cartas de los compañeros”, “Ayamonte- B.P. recibidas 0,45 de suscripción, manda trabajo cuando gustes y se publicará si interesa al ideal y a la propaganda, no recordamos el que nos dices”. Era una forma de transparencia en la gestión y de responder de una sola vez al correo interno que se recibía. Por estos datos podemos saber que El Látigo tenía suscriptores en todas las provincias vascas, Santander, Asturias, Sevilla, Ferrol, Barcelona o Logroño. También llegaba a Portugal, Inglaterra, Bostón y Panamá que, como señalábamos anteriormente, cumplían la función , por simpatía y de manera gratuita de informadores y cronistas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<ol start="5">
<li><strong> Aspectos Económicos</strong></li>
</ol>
<p>El Látigo inició su andadura con 205,25 ptas de fondo preventivo que aportó la agrupación editora a cuya cabeza estaba Aquilino Gomez. Su tirada era de 2.000 ejemplares y su coste de imprenta de 64 ptas&nbsp; por lo que cada número generaba sin contabilizar más detalles un déficit de 4 ptas. Buscando reducir gastos el Nº 11 se hizo en la “Imprenta Democrática de Bilbao” por 53 ptas, a pesar de este ahorro el coste y el trastorno de los desplazamientos hizo que volviesen al taller inicial de B. Guzmán, en Baracaldo, con quien acordaron a partir de entonces un precio de 60 ptas.. Este precio se equiparaba a los ingresos brutos de la venta de todos los ejemplares. Si a este gasto añadimos lo que suponía el franqueo de los envíos, el correo u otro tipo de gastos generales nos encontramos que El Látigo fue siempre deficitario y su subsistencia dependía del fondo de partida y de las escasas donaciones que provenían de gente afín, en pocos casos con una situación financiera boyante.<br />
Conscientes de sus dificultades publicaban regularmente breves notas de su trayectoria económica para explicar la situación que atravesaba el periódico. Desde ellas se pedía a compañeros y simpatizantes que se inscribiesen en la sección de donativos con la cantidad que estuviese a su alcance para fortalecer su órgano informativo; a los corresponsales se les apremiaba para que remitiesen el importe de los paquetes de periódicos recibidos lo antes posible y a los lectores que contestasen “a los abdicados que alimentan sus ideas con la mentira y la difamación y trabajan porque El Látigo desaparezca”. Esta última consigna nacía de las acusaciones que se habían vertido contra ellos desde La Lucha De Clases, órgano del Partido Socialista, en un artículo firmado bajo el seudónimo de Juan de los Toyos, donde se les acusaba de estar subvencionados por la “Sociedad Altos Hornos y por el capellán de la misma”. Comentario que se contestó, después de otras argumentaciones, al grito de “¡Miserables! ¡Miserables!”.</p>
<p>La evolución contable de los 24 ejemplares que publicó El Látigo hasta el 6 de diciembre de 1913 fue la siguiente. Como podemos comprobar el balance resultó negativo y dejaba un déficit para el siguiente ejemplar de 30 ptas., el 50% de una tirada completa. Las dificultades de publicación se habían venido notando con anterioridad. De hecho, la periodicidad quincenal se había perdido desde el mes de mayo de 1913 y el último número tenía su precedente anterior en el mes de septiembre, es decir dos meses antes.</p>
<p>El número 25, con fecha del 16 de enero de 1914, tardó en salir mes y medio, y puso fin a la publicación.<br />
En su artículo de portada se aplaudía a los compañeros que “contribuyeron al sostenimiento de la vida de El Látigo y se sacrificaron para cubrir su déficit, logrando así verle publicar el primer número de su segundo año”. Un segundo año que, en propias palabras, venía hipotecado por “la escasez de medios para seguir viviendo relativamente bien, (como sucede a todo trabajador víctima de la explotación)”.<br />
Ahogada por las deudas y las presiones de sus contrincantes políticos acababa esta efímera iniciativa<br />
periodística, fuente de numerosas enseñanzas prácticas para el ejercicio profesional35.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<ol start="6">
<li><strong> Algunas Conclusiones</strong></li>
</ol>
<p>El Látigo fue el resultado del fracaso de una movilización obrera radical que se vio desprovista de<br />
órganos propagandísticos afines que apoyase sus reivindicaciones. Ante esta carencia y los ataques de lo que denominaban “la prensa de comercio político”, donde incluían la del Partido Socialista, surgió esta iniciativa libertaria.</p>
<p>Su ideario le hizo pionero en la defensa de los derechos de la mujer trabajadora. Supo combinar prosa y lírica para plasmar una ideología en defensa de las clases más desfavorecidas. El precio de su independencia económica fue la desaparición. Periódico de la “Federación de grupos libertarios de la región vascongada” tuvo una vida efímera pero muy intensa. Se dirigió a la clase obrera más desamparada. Acosado por las instancias de poder, por sus enemigos políticos y acuciado por problemas económicos se publicó durante tres escasos años, entre 1911 y 1914. A través de sus páginas se pueden encontrar evidencias muy significativas que transportan&nbsp; las raíces del periodismo político en España.</p>
<p>La sencillez de su estructura y compartimentación de sus contenidos ayudó en su eficacia propagandística, fue clave para establecer claros vínculos de complicidad entre lectores y editores. Las colaboraciones llegaron de los puntos más dispares de la geografía española. Desde la solidaridad internacionalista se remitieron crónicas desde París, Bostón (EEUU), Irlanda, México o Panamá.<br />
Anexo<br />
Ofrecemos aquí un listado de periódicos con los que mantenía correspondencia y afinidad ideológica El Látigo, Órgano de la Federación de Grupos Libertarios de la región vascongada.</p>
<p>Defensores del ideal anarquista</p>
<p>Tierra y Libertad, de Barcelona</p>
<p>Acción Libertaria, de Madrid</p>
<p>El Porvenir Obrero (Mahón)</p>
<p>Luz (Azuaga)</p>
<p>¡Tierra! (La Habana)</p>
<p>El Audaz, (La Habana)</p>
<p>El Dependiente (La Habana)</p>
<p>La Anarchie (París)</p>
<p>El Anarquista (Montevideo)</p>
<p>Anarkos (Montevideo)</p>
<p>Aurora (Montevideo)</p>
<p>Lucha (Méjico)</p>
<p>Regeneración (Méjico)</p>
<p>Fiat Lux (Méjico)</p>
<p>Rebelión (Rosario)</p>
<p>El Obrero Industrial (Tampa)</p>
<p>Freedom (Londres)</p>
<p>Cultura Obrera (New York)</p>
<p>Fuerza Consciente (New York)</p>
<p>Pluma Roja (Méjico)</p>
<p>Defensores del sindicalismo revolucionario.</p>
<p>La Voz del obrero (La Coruña)</p>
<p>La Voz del Pueblo (Tarrasa)</p>
<p>Solidaridad Obrera (Barcelona)</p>
<p>Unión Ferroviaria (sección Barcelona Norte)</p>
<p>Unión Ferroviaria (Sección Catalana) Barcelona</p>
<p>La Minerva (Gijón)</p>
<p>El Trabajo (Sabadell)</p>
<p>El Sindicalista (Villanueva y Geltru)</p>
<p>La Cuña (Zaragoza)</p>
<p>El Martillo (Jerez de la Frontera)</p>
<p>La Batalla Sindicalista (El Ferrol)</p>
<p>El Obrero (Calañas)</p>
<p>La Sindicalista (Valladolid)</p>
<p>El despertar del obrero (Cartagena)</p>
<p>El Grifón (Barcelona)</p>
<p>El Rayo (Palma de Mallorca)</p>
<p>Cultura y Acción (Zaragoza)</p>
<p>La Voz del Campesino (Barcelona)</p>
<p>Defensores de la política radical.</p>
<p>El Radical (Valdepeñas)</p>
<p>El consecuente (Reus)</p>
<p>Este listado constata la atomización de la prensa anarquista por todo el territorio español.</p>
<p>Tomado de <a href="http://www.file:/C:/Users/paules/Downloads/icamacho,+17443-64059-1-CE.pdf">www.file:///C:/Users/paules/Downloads/icamacho,+17443-64059-1-CE.pdf</a></p>
<p>Josu Bilbao Fullaondo</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 10: El grano precisa molerse</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Aug 2026 06:10:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Recorridos]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Desde que la agricultura inició su andadura allá por el Neolítico el ser humano inventó artilugios para convertir el grano de cualquier especie en harina y, de ese modo, poder panificarlo. Serían, en primer lugar, estrictamente manuales (los hay de muchos modelos), luego batirían el grano utilizando como fuente de energía la fuerza animal. De [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Desde que la agricultura inició su andadura allá por el Neolítico el ser humano inventó artilugios para convertir el grano de cualquier especie en harina y, de ese modo, poder panificarlo. Serían, en primer lugar, estrictamente manuales (los hay de muchos modelos), luego batirían el grano utilizando como fuente de energía la fuerza animal. De ahí al agua y electricidad … La abundancia de arroyos en nuestro entorno con agua permanente<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> favoreció desde antiguo la instalación en sus riberas de diversos molinos (en muchos casos ligados a las ferrerías). La llegada del maíz provocó el auge de estas instalaciones que, con anterioridad, no tendrían demasiado desarrollo. Nos sirve de fuente de información para este recorrido el texto de Mayte Ibáñez<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Lo cierto es que a las labores de artesanos del hierro, carboneros, arrieros, tejeros, curtidores, taberneros, canteros y, sobre todo, labradores, habrá que sumarle el oficio de molineros para completar así el panorama laboral de la sociedad baracaldesa en los siglos XVI-XVIII.</p>
<p>En una anteiglesia como Barakaldo, preferentemente rural, el trabajo derivado de las tareas agrícolas adquiere una vital importancia, más aun si tenemos en cuenta el elevado número de habitantes asentados en ella que demandan una producción cerealística elaborada para su consumo.</p>
<p>El molino, por tanto, al igual que había sucedido con las ferrerías, no escapaba de una red de complejos intereses en la que los “jauntxos” locales sobresalían como dueños de estas pequeñas unidades de explotación.</p>
<p>Los grandes propietarios de tierras aumentaban sus recursos económicos con las rentas derivadas de la molienda, bien directamente o por arrendamientos pagados en metálico o especie.</p>
<p>El porqué de la filiación de los molinos a los notables rurales se explica por el simple hecho de que éstos eran los únicos que podían costear el elevado precio de sus edificaciones y, además, porque los molinos junto con las ferrerías, ermitas, patronatos eclesiásticos&#8230; constituían en muchos casos un patrimonio heredado de sus mayores.</p>
<p>Pero no serán estos grupos nobiliarios los que exclusivamente puedan acceder a la propiedad de estas instalaciones. También la burguesía mercantil residente en las villas vecinas intentará lo propio, como veremos en el caso de Guillermo de Uhagón.</p>
<p>Una vez superada la etapa Bajo Medieval, en la que la dieta alimenticia se reduce a los productos derivados de la ganadería (leche, carne) y los agrícolas y en donde los principales panificables eran el mijo (producido en las zonas altas y, por tanto, alimento popular) y el trigo (cultivado en las zonas bajas y consumido, sobre todo, por los habitantes de las villas, ciudades o anteiglesias ubicados en tales zonas), la introducción del maíz, en los primeros años del siglo XVII y el aumento de la población, condujeron a una política de roturaciones, transformando tierras dedicadas al monte y prado en cerealísticas&#8230; Sin embargo, la importación de grano de los centros trigueros castellanos fue inevitable.</p>
<p>Sin embargo, en el siglo XVII no se construirá ningún molino, ya que todos los que aparecen son pervivencias de los antiguos solares medievales. Para mediados de esta centuria contamos ya con un número máximo de estos establecimientos, que no será superado -salvo los construidos por Guillermo de Uhagón y José Antonio de Aranguren y Sobrado en la segunda mitad del siglo XVIII- durante todo el Antiguo Régimen, y que entrará en un declive progresivo en la centuria siguiente, cuando la instalación masiva de plantas industriales contribuirá poderosamente al actual panorama, en el que no se encuentra ni un solo ejemplar que verifique su antigua presencia.</p>
<p>AUTO DE VISITA REALIZADO POR LOS FIELES DE LA ANTEIGLESIA POR ORDEN DEL TENIENTE GENERAL DEL SEÑORÍO DE VIZCAYA (1635)</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="87"><strong>NOMBRE</strong></td>
<td width="123"><strong>PROPIETARIO</strong></td>
<td width="113"><strong>EXPLOTACIÓN</strong></td>
<td width="170"><strong>IMPUESTO</strong></td>
<td width="66"><strong>MULTA</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="87">UGARTE</td>
<td width="123">Catalina Ugarte</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 8L; Trigo 12L Maíz 12L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">RETUERTO</td>
<td width="123">Martín Aguilar</td>
<td width="113">Águeda Zabala</td>
<td width="170">Trigo 8L; Trigo 6L Maíz 12L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">URCULLU</td>
<td width="123">Cruz Gorostiza</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L</td>
<td width="66">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">ESCAURIZA</td>
<td width="123">Marina Escauriza</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 7L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">ARANGUREN</td>
<td width="123">Antonio Aranguren</td>
<td width="113">Una criada</td>
<td width="170">Trigo 8L; Maíz 10L</td>
<td width="66">1.700</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">PUERTO</td>
<td width="123">María Gorostiza</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 8L</td>
<td width="66">1.800</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">GOROSTIZA</td>
<td width="123">Domingo Aguirre</td>
<td width="113">María Hdez.</td>
<td width="170">Trigo 6L: Maíz 8L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">BENGOLEA</td>
<td width="123">Casa Gorostiza</td>
<td width="113">Cata Uriaga</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 7L</td>
<td width="66">1.800</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">IRAUREGUI</td>
<td width="123">Marina Aguirre</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 6L</td>
<td width="66">1.600</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Del cuadro adjunto podemos reseñar varias reflexiones. Al hecho de constatar para este momento un número de molinos que permanecerá invariable en los siglos posteriores, se añade la perfecta identidad de estas unidades de explotación con los linajes medievales. Todos ellos están adscritos a la propiedad nobiliaria, con lo que se perfila, aun más, el control que en todos los ámbitos de poder mantiene la pequeña nobleza sobre la anteiglesia. No deja de extrañarnos, sin embargo, el porcentaje de propietarios que explotan directamente sus establecimientos: cinco de los nueve existentes. <strong>Los molinos y aceñas ubicados en la Anteiglesia fueron: </strong>Molino de Aldanondo<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, &nbsp;Molino de Bengolea<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> (o de Basarrate o Herrería de Abajo), Molino de Careaga<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, Molino de Errobarria<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, Molino de Escauriza (Escabriza)<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, Molino de Gorostiza<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, Molino de Gorostiza<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>, Molino de Irauregui<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>, Molino de Irauregui de Arriba<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, Molino de la Herrería de Abajo<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, Molino de Lascao<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>, Molino de Llano<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, Molino de Retuerto<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>, Molino del barrio de Retuerto<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>, Molino de Sarria<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>, Molino de Ugarte<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>, Molino del barrio de Urcullu<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>, Molino Nuevo de Zubileta<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, Molinos de Puerto<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a> y Molinos de Urieta = molino de Gorostiza<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</p>
<p>El siglo XVII se ha venido considerando tradicionalmente como crítico: ni tan siquiera la implantación del maíz ni las nuevas roturaciones aminorarán los momentos difíciles por los que se atravesó durante el seiscientos. Y entre todos los periodos de mayor presión, los primeros años y el declinar del siglo serán los más traumáticos. No es de extrañar, por tanto, que se utilizasen cualquiera de las bases de desarrollo económico para superar la crisis. En este sentido, el molino fue sin duda uno de los complementos fundamentales para el mantenimiento de las rentas ahora en peligro.</p>
<p>El documento nos permite igualmente establecer con mayor exactitud la implantación del maíz en nuestra anteiglesia. En el caso de Barakaldo debemos entender que su cultivo estaba ya extendido para estas fechas, porque, como ya vimos, salvo el molino de Urcullu, todos cobraban derechos de molienda por molturar el maíz. El desarrollo de la población que para la anteiglesia de Erandio se produce entre los años 1635-1666 y del que no debió apartarse nuestro municipio, seguramente estaba en relación con un consumo generalizado del nuevo cereal panificable importado de Indias. Por otra parte su cultivo en las vegas bien regadas de Barakaldo no tuvo que resultar dificultoso, sino todo lo contrario. Se adaptaría perfectamente a los terrenos húmedos que la planta requería.</p>
<p>Al mismo tiempo, de la fuente se deduce otra vez el activo papel de la mujer en la sociedad de Antiguo Régimen. Mientras el hombre se encargaba de cultivar la tierra, pastorear, acarrear vena, talar el monte, navegar&#8230; ella ayudaba en el campo, mantenía&nbsp; la casa y se encargaba de tareas tales como alimentar el ganado, cuidar de las huertas colindantes al caserío, tejer, cargar mineral y otras mercancías en el Puerto de Galindo y llevar el molino. Todos los visitados están explotados directamente por el sexo femenino.</p>
<p>El documento se elaboró con motivo de una visita regular efectuada por fieles de la anteiglesia para verificar el estado de los pesos, la fiabilidad de las medidas y el cobro por el derecho de molienda.</p>
<p>Los intentos por evitar el fraude fueron inútiles, y prueba de ello es que todos los molineros fueron multados con cuotas que oscilaban entre los 1.600 y los 2.200 mrs. y no sería ni la primera ni la última vez que incurrirían en semejantes faltas.</p>
<p>En cuanto a los derechos de «menda» o «maquila» (cantidad que el molinero cobra por moler el grano), el Fuero, en el título XXXV, ley novena, titulado “Tassa de lo que han de llevar los Molineros» especificaba que no habiendo existido nunca una «tassa» «<em>han havido gran confusion de robo de los tales Molineros: Et porque en algunos Pueblos hay más abundancia de agua, e moliendas que en otros: Et en un Pueblo o Valle acostumbran llevar en más cantidad el derecho de tal moler, y en otros menos:&nbsp; y en fin los Molineros hacen a su voluntad por no haber tassa en Pueblo alguno</em>&#8230;».</p>
<p>Para evitar los abusos se estableció un canon de cinco libras y una multa de 600 mrs. en caso de infracción.</p>
<p>Nada de lo sancionado debió tener algún valor para la anteiglesia de Barakaldo. En 1635 cobraban la mayoría 6 libras por la fanega de trigo y, limpio y seco, 8. La falta de definición en el Fuero para el maíz, sólo se mencionaba, claro está, “la borona-mijo”, creó un descontrol a la hora de evaluar su cobro y así variaba entre 10 y 12 libras, también limpio y seco, y de 6 a 8 en bruto. Una renta altísima que superaba el 10% sobre el producto.</p>
<p>En 1776, y en razón de un memorial presentado por Barakaldo, las Juntas cele­bradas el 19 de julio de dicho año acordaron que se siguiesen guardando los decretos de 1740 y 1760 -el primero se dictó para la Merindad de Zornotza y el segundo para todo el Señorío- de cobrar 6 libras por fanega de trigo y 8 por la de maíz. Era fácil averiguar el estado de la balanza, pero no lo era tanto obligar al molinero a cobrar la “menda” legítima, pues ello requería una presencia constante en el molino.</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="4" width="608"><strong>AÑO 1745</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="123"><strong>BARRIO</strong></td>
<td width="132"><strong>MOLINO</strong></td>
<td width="236"><strong>PROPIETARIO</strong></td>
<td width="117"><strong>EXPLOTACIÓN</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="123">RETUERTO</td>
<td width="132">RETUERTO</td>
<td width="236">Convento de Burceña</td>
<td width="117">José de Escauriza</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">VITORICHA</td>
<td width="132">ERROTABARRIA</td>
<td width="236">Mayorazgo Llano</td>
<td width="117">Juan Llano</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">ZUBILETA</td>
<td width="132">ZUBILETA</td>
<td width="236">J.J. Sobrado</td>
<td width="117">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">URCULLU</td>
<td width="236">J.J. Echevarri</td>
<td width="117">Ramos Urcullu</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">&nbsp;</td>
<td width="236">Idem</td>
<td width="117">Pedro Allende</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">ARANGUREN</td>
<td width="236">Bartolomé Novia; J.J. Sobrado ¼</td>
<td width="117">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">GOROSTIZA</td>
<td width="236">F.A. Echevarri</td>
<td width="117">I. Barturen</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">BENGOLEA</td>
<td width="236">Convento de Burceña</td>
<td width="117">José Escauriza</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">IRAUREGUI</td>
<td width="132">ARRIBA</td>
<td width="236">Marqués Paredes</td>
<td width="117">Tomás La Cabex</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">YRAUREGUI</td>
<td width="132">ABAJO</td>
<td width="236">Idem</td>
<td width="117">I. Larrasquitu</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="4" width="600"><strong>AÑO 1799</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="88"><strong>MOLINO</strong></td>
<td width="243"><strong>PROPIETARIO</strong></td>
<td width="184"><strong>EXPLOTACIÓN</strong></td>
<td width="85"><strong>RENTA</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="88">RETUERTO</td>
<td width="243">Convento de Burceña</td>
<td width="184">Esteban Zavalla</td>
<td width="85">1.227</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">ESCAURIZA</td>
<td width="243">J.A. Arechaga</td>
<td width="184">Cruz Santurtun</td>
<td width="85">715</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">&nbsp;</td>
<td width="243">J.Uhagón</td>
<td width="184">Vicente Zavalla</td>
<td width="85">750</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">BENGOLEA</td>
<td width="243">Convento de Burceña</td>
<td width="184">Manuel Escauriza</td>
<td width="85">1.529</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">GOROSTIZA</td>
<td width="243">Manuel Echavarri; Marqués del Puerto</td>
<td width="184">Ignacio Zavalla</td>
<td width="85">1.110</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">IGULIZ</td>
<td width="243">J.J. Sobrado</td>
<td width="184">Manuel de Moya; J.A. Escobal</td>
<td width="85">726</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">ARANGUREN</td>
<td width="243">Ramón Novia ¾; J. J. Sobrado 1/4</td>
<td width="184">Máximo Unzuga</td>
<td width="85">1.166</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">IRAUREGUI</td>
<td width="243">V. Ortiz Rivas</td>
<td width="184">J.A. Manzaneda</td>
<td width="85">4.660 f-m</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">URCULLU</td>
<td width="243">J.A. Arechaga</td>
<td width="184">Ascensio Ibarra</td>
<td width="85">2.200 f.m</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>A diferencia de lo que ocurría en el siglo anterior, asistimos a un proceso generalizado de arrendamiento como fórmula de explotación del molino. Los propietarios, a cambio de una renta en metálico o especie, dejan en manos ajenas su rendimiento, mientras que ellos, la mayoría ausentes de la anteiglesia, se ocupan de tareas relacionadas con el tráfico mercantil o simplemente a vivir holgadamente de las rentas derivadas de sus extensas propiedades.</p>
<p>Estos siguen siendo los herederos de los linajes locales, que venían gozando del derecho de moler desde la Edad Media, con las excepciones del Convento de Burceña, que adquirió por compra el molino y ferrería de Bengolea en 1633, y en 1725 el de Retuerto y el de Guillermo de Uhagón.</p>
<p>Contamos con pocos contratos de arrendamiento, pero los suficientes para poder describir las fórmulas del mismo. Juan José de Aranguren y Sobrado en el año de 1723 pedía a Juan Menchaca y Catalina Inchaurguiela, sus inquilinos, por espacio de tres años que empezaban a correr el día de San Antonio Abad (17 de enero), una renta de fanega y media de harina de trigo cada ocho días y 44 <a href="http://rls.al/">rls. al</a> mes.</p>
<p>En 1792 Fray Celedonio de Elguera, procurador del Convento de Burceña, daba en arriendo a Francisco de Zavalla el Molino de Retuerto más setecientos estados de tierra, por nueve años (este período de tiempo suele ser más común que el del caso anterior) por 1.227 rls. En ambos casos las maechuras civiles corrían a cargo del inquilino mientras que las troncales las pagaba el propietario.</p>
<p>No poseemos datos suficientes para establecer la evolución de las rentas a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Aunque sí podemos constatar en algunos casos que éstas aumentaron considerablemente a lo largo de las dos centurias, ajustándose a las subidas del precio del trigo y del maíz, al aumento de salario de los jornaleros, etc…&#8230;). En un período tan corto de tiempo 1795-1806, el Convento de Burceña elevó su renta a Manuel Escauriza de 1.200 a 1.529 rls. y Manuel de Echávarri y el Marques del Puerto dejan de cobrar la media fanega de maíz cada ocho días por un estipendio de 1.100 rls. en metálico, y Juan Antonio de Arechaga aumentó de 715 a 750 rls.</p>
<p>El alza se debió fundamentalmente al hecho de que, aunque la producción de grano fue mayor, ésta no se dio pareja al crecimiento de la población, de mayores magnitudes. Se produjo por tanto un estancamiento económico y social, incapaz de soportar unos efectivos demográficos que excedían a su capacidad productiva. La consecuencia fue la fuerte subida de los precios del grano, durante las últimas décadas del XVIII y primeras del XIX. Parece lógico pensar que los dueños de los molinos quisieran participar de este movimiento inflacionista y que aumentasen las rentas amenazadas por la crisis estructural que se cierne sobre el mundo rural en el gozne entre los dos siglos.</p>
<p>Sin embargo, quizá lo más llamativo de los hechos relacionados con la explotación de los molinos y sus propiedades sea la construcción en la década de los años 60 de un establecimiento de estas características junto a la fandería por Guillermo de Uhagón, comerciante bilbaíno. Su edificación se inscribe en la política de acumulación de recursos de distintas procedencias, entre los que la inversión y el domino en el medio rural adquiría gran relevancia. Otra vez Barakaldo aparece como centro de influencia del hinterland bilbaíno y de la burguesía mercantil.</p>
<p>Por último, sólo nos queda señalar la controversia que a finales de siglo, en<br />
un momento en que los rendimientos de la agricultura llegaron a una situación límite, mantuvieron los propietarios de molinos con los representantes del Señorío lo con el objeto de asegurar sus beneficios en una coyuntura económica adversa.</p>
<p>El 17 de febrero de 1775 los Fieles de la anteiglesia interpusieron un recurso al regidor de Vizcaya, quejándose de que los molineros de Barakaldo «se apropian de los libres de grano<sup>&#8211;</sup>que les parecía para la molienda en notable perjuicio del común» y que éstos en desquite de la delación, habían parado sus máquinas hidráuli­cas sin querer moler en ellas. El tribunal comisionó a los representantes del Concejo para que «todos los molineros pusiesen corrientes los molinos respectivos y no llevasen más derechos que los establecidos por fuero y en defecto procedieran a su prisión poniendo a costa de ellos personas que los manejasen”.</p>
<p>Como ya señalábamos anteriormente, el canon ajustado al que llegaron las dos partes fue el de 6 libras para la fanega de trigo y 8 para la de maíz. Sin embargo, Juan Antonio de Unzaga, amparándose en el elevado coste del grano, los gastos derivados de su recolección y la alternancia de buenas y malas cosechas, exigía una mayor renta.</p>
<p>Argumentaba que «de inmemorial tiempo a esta parte se han llevado en los molinos de Barakaldo 8 libras por moler la fanega de trigo y 12 por la de maiz» -como veíamos en la visita de 1635 razón no le faltaba—.</p>
<p>«A los Molinos llega el grano segu se cosecha o se compra en las plazas a los diezmeros y otras personas, sin secar en el horno ni limpiar con el triguero. Además, el maiz es una semilla mucho más grande y dura que la borona y por ello más dificultosa de moler. Aunque se seque en arcones recibe mucha humedad y se hincha especialmente en los meses de Abril y Mayo que es cuando se siembra y brota. El problema consiste entonces en que tarda más y destruye muy frecuente­mente las piedras, lo que conlleva a una considerable merma en el ren­dimiento».</p>
<p>Por todo ello opinaba que la renta de 5 libras, ajustada por el fuero, era del todo injusta. Llegaron a considerar el demandante y sus compañeros de pleito la entrega de los molinos a la República, para que ésta averiguase, a través de un administrador, la pretendida falta de beneficios entre ingresos y gastos.</p>
<p>La denuncia siguió en curso, pero la resolución final, dictada el 2 de enero de 1777, obligaba a pagar las multas en porción de harina distribuida entre los pobres de la anteiglesia y a observar los cánones establecidos para todo el Señorío.</p>
<p>La instalación de edificios industriales desde la primera mitad del XIX se produjo en muchos casos a expensas del derribo de molinos, que se vieron igualmente afectados por los nuevos abastecimientos de aguas, por la creación de embalses que anegaron los valles y cortaron definitivamente los curos fluviales.</p>
<p>El molino de “San Juan” fue el último que se mantuvo en funcionamiento. La autovía de Ugaldebieta (1984) destruyó el único (en este caso de marea) que todavía permanecía en pie de todos los que jalonaron los ríos barakaldeses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> En otro recorrido recogemos la Historia del molino “de marea” de San Juan en el barrio del Juncal que aprovechaba las mareas de las que era portador el Galindo como fuente de energía.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Mayte IBÁÑEZ: “Barakaldo” 100-106</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Mayorazgo de Aldanondo. Junto a la torre <em>y </em>las ferrerías.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> (1625), pertenecientes al Mayorazgo de la Herrería de Abajo. Situados junto a la torre.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> (1597), aceña comenzada a construir por Toribio Ruiz de Bustamante en el regato de</p>
<p>Careaga en 1597</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> (1697), propiedad de Juan Martín de Llano</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> (1693) del mayorazgo de Beurco-Larrea. (1767) Propiedad de Juan José de Echavarri</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> (1595) = Molino de Urieta</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> (1767), en Gorostiza. perteneciente en 7/8 a Francisco Antonio de Echavarri Beurco-Larrea</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> De los Coscojales y de los Yrauregui.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> (1767) Una cuarta parte del molino de Yrauregui de Arriba propiedad de la casa de Beurco‑Martiartu.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> (1597), también llamado de Basarrate y de Bengolea.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> (1598), en Alonsotegui, jurisdicción de Arrigorriaga.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> (1790) Molino de cuatro ruedas en el barrio del Regato)</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> (1657) ¾ del molino eran propiedad del escribano Martín de Aguilar Zumelzu.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> (1767), perteneciente al convento.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> (1697), pasaje del molino de Sarria. En la parte de Luchana, donde se halla el barco para pasar la gente que va a Deusto.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> (1559), propiedad de la casa de Ugarte de Allende</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> (1767), Beurco-Larrea. De Juan José de Echavarri (los molinos cercanos a la ferrería mayor)</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> (1767), propiedad de don Juan José de Sobrado</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> (1620), pertenecientes al mayorazgo y torre de Beurco.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> (1538), propiedad en 1/8 de Juan de Urrutia y su mujer Mesa de Gorostiza, dueños de la casería de Gorostiza. (1595). 1/16 propiedad de Domingo de Taramona de Gorostiza es vendida por éste a su parcionero mayor, Martín de Aguirre. Otro de los parcioneros mayores es Pedro Saez de Anuncibay. (1597) Lucía de Salazar y su hijo Lope Saez de Anuncibay, venden a Martín de Aguirre 3/4 del molino, que pertenecía a la torre y solar de Zuazo (Retuerto). (1615), 1/12 de los molinos propiedad de Domingo de Gorostiza, casado con María Saez de Escauriza. (1666), se cambiaron de lugar hacia 1650 para evitar las continuas inundaciones que sufrían con las crecidas del río. <sup>7</sup>/<sub>8</sub> pertenecientes a Juan Martinez de Aguirre, hijo de Domingo de Aguirre, dueños de la casería de Beteluri. 1/8 pertenece a la casería de Gorostiza.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>De Pueblo Industrial a Urbe Industrial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Aug 2026 06:48:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="990" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/de-pueblo-industrial-a-urbe-industrial/baraka03/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;5.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;X200,D560Z,C350Z&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;-62169984000&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;17.4&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;64&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.002&quot;,&quot;title&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="baraka03" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="990" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/de-pueblo-industrial-a-urbe-industrial/baraka03/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;5.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;X200,D560Z,C350Z&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;-62169984000&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;17.4&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;64&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.002&quot;,&quot;title&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="baraka03" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" class="alignright size-medium wp-image-990" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?resize=300%2C225" alt="baraka03" width="300" height="225" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?w=600 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Singular importancia adquiere la primera reglamentación del ordenamiento urbano (1889). Un año después, <strong>Casto de Zavala</strong> elabora el primer plano de la anteiglesia aunque no contempla todo el espacio y deja fuera de la ordenación diversos edificios&nbsp; existentes. Este plano fue rectificado por <strong>Santos Zunzunegui</strong> (1907) e <strong>Ismael de Gorostiza</strong> (1917). Este último abarca todo el término jurisdiccional de la anteiglesia.</p>
<p><strong>A partir de 1920</strong> prolifera la construcción de <strong>casas baratas</strong> para obreros aunque aún se conserva un número elevado de <strong>caserí­os</strong> (250 en 1920 y 135 en 1937) que nos muestra la progresiva transformación no sólo de la actividad económica sino, también urbaní­stica. En estas fechas se dispara el número de edificaciones con viviendas masivas y en altura. Se configurá, así­, el esqueleto básico del entramado de Barakaldo con un único recinto urbano (a excepción de algunos núcleos dispersos)&nbsp; que engloba los diversos barrios.</p>
<p>En los <strong>años inmediatos a la Guerra Civil</strong> cobran un auge espectacular las obras públicas: plazas de San Vicente, Retuerto, Bide Onera y Herriko Plaza; edificios como el Banco de Vizcaya, Caja de Ahorros Municipal de Bilbao; nuevas avenidas como la calle Nafarroa (que une el Paseo de los Fueros y la calle Elcano), la Libertad (unión de las plazas Bide Onera y Santa Teresa), Zuberoa (Arrandi con Fueros), Aldapa (Herriko Plaza con Murrieta)&#8230;; parque de Antonio Trueba&#8230;</p>
<p>En la <strong>década de los cuarenta</strong> será el propio Ayuntamiento quien promueva la construcción de viviendas (Bagaza, Beurko, Zuazo, San Vicente, Larrea y Cruces). Serán los <strong>años cincuenta</strong> los del boom constructivo en el que se involucran, además del Ayuntamiento, las empresas y los particulares. Por ello se amplí­a el área urbanizable y se consolidan nuevos barrios (Llano, Cruces, Arteagabeitia, Retuerto y Beteluri). Todo ello produjo abundantes irregularidades urbaní­sticas.</p>
<h5 style="text-align: right;">Mitxel Olabuenaga</h5>
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		<title>BARAKALDO (Documento de ca. 1825)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 11:15:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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<p>// (Fol. 1 rº) Don Francisco Losada y Somoza, como encargado y apoderado del ilustrísimo señor duque de Frias, para la enajenación de bienes vinculados, puso en venta la casa titulada Torre de Luchana y sus pertenecidos, propia de aquel señor, el año de 1821, en virtud del decreto de las Cortes de 1820, que le facultaba para ello, observando todas las formalidades que en él se expresaban, como todo consta por menor en la escritura de venta otorgada a favor de Phelipe de Murga, vecino de la anteiglesia de Baracaldo, en donde radica la expresada finca de Luchana, todo por testimonio de don Tomas Sancho y Prado, escribano del número de la villa de Madrid, por la cantidad de cincuenta y seis mil novecientos treinta y un reales con veintidós maravedís, en dinero metálico que fue entregado en el acto de la venta [&#8230;].</p>
<p>.</p>
<p>Liburuklik</p>
<p>Manuscritos (Parlamento Vasco)</p>
<p>http://www.liburuklik.euskadi.eus/</p>
<p>handle/10771/9098</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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