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Barakaldo y la Rí­a

Barakaldo y la Rí­a

Entorno Rí­a (4)1. ORIGEN GEOLí“GICO DE LA RíA
El rí­o Nervión, que nace en Délica (en los montes de Orduña), como todos los cursos fluviales que desembocan en el Cantábrico, es muy corto. Apenas cuenta 72 kms. La proximidad de las montañas al mar, con cursos de escasos kilómetros, y el tener que salvar el desnivel en poca distancia, hace que los rí­os de la vertiente cantábrica se caractericen por su poca extensión, corriente moderadamente viva y escaso caudal (si los comparamos, por ejemplo, con los rí­os que atraviesan la Meseta) . Bajo estas caracterí­sticas encontramos, al igual que el Nervión, el Butrón y el Oka (que conforma la rí­a de Gernika y su vasto estuario) en Vizcaya, y el Deba, Urola y Urumea en Guipúzcoa. Sin embargo, es el Nervión el mayor de todos ellos, nutrido por un amplio abanico de afluentes que desde Amboto, Mena, Oiz, Gorbea y Délica vierten sus aguas en él. En su tramo final hallamos el Cadagua, el Asúa y el Galindo.
Es en La Peña donde el Nervión deja de ser rí­o para pasar a llamarse rí­a, la rí­a del Ibaizabal. Por último, a partir de Portugalete y Getxo (podrí­amos decir que desde el Puente Colgante), su desembocadura se ancha formando El Abra, donde hoy se está construyendo el superpuerto.
La forma actual de la Rí­a, tanto de su cauce como del relieve que lo rodea, es el fruto de una progresiva evolución, lenta e imperceptible, debida a la erosión, la sedimentación, la intervención del mar y la acción del hombre.
Durante la Era Cuaternaria tienen lugar una serie de perí­odos glaciares, esto es, de baja de temperaturas, enfriamiento generalizado de la Tierra y congelación de gran parte del hemisferio norte, que quedó cubierto de hielo. A estas glaciaciones les suceden perí­odos de calentamiento, de deshielo. En los primeros ocurrieron descensos del nivel de los mares, durante los cuales los rí­os se encajonan en sus cauces, y en los segundos se dieron elevaciones del nivel marí­timo, inundando los océanos los últimos kilómetros de los valles fluviales, tapando las costas y originando rí­as y estuarios.
Antes del último perí­odo glaciar el rí­o Ibaizabal formaba un enorme meandro a la altura de Lutxana, rodeando Barakaldo por los actuales barrios de Retuerto y Ugarte, regresando por Simondrogas, en Sestao, al itinerario que hoy vemos, aproximadamente a la altura de la desembocadura del rí­o Galindo, que en aquella época discurrí­a entre Cruces y Retuerto. Rontegi y Monte Cabras estaban unidos, prolongándose hasta el actual cordal de Artxanda. Pero al descender el nivel del mar (alrededor de los 60 cm), la erosión hizo que el rí­o cortara esta pequeña franja de terreno fangoso que uní­a Rontegi con Monte Cabras a la altura de la curva de Elorrieta. Una vez cortado el muro natural que propiciaba el largo meandro por Retuerto, el rí­o buscó la lí­nea recta (el actual trazado), quedando el meandro de Retuerto-Ugarte 20 cm. por encima del nuevo cauce.
En el perí­odo interglaciar (hace unos 10.000 años), el deshielo originó la subida del nivel del mar, llegando a alcanzar los 4 m. de incremento. Se origina entonces la rí­a, con la ocupación del tramo final del cauce. Se cubre de agua marina incluso el viejo meandro Retuerto-Ugarte. Con las subidas y bajadas de la marea y sus continuas corrientes ascendentes y descendentes, se van depositando materiales procedentes tanto del mar como del rí­o y sus afluentes. De este modo, el cauce, que para entonces es muy amplio y prácticamente similar en anchura al actual, se llena de sedimentos. Estos sedimentos se acomodan en el fondo del cauce y crean una gruesa pelí­cula de lodos y fangos que varí­an en profundidad entre los 10 m. de Retuerto y los 30 m. en Lamiaco.
En épocas más recientes el nivel desciende hasta el actual, dejando al descubierto parte de estos fangos y lodos, creándose de esta forma amplias explanadas totalmente llanas como Ansio, Erandio o Lutxana. Además, se origina una vegetación capaz de adaptarse a las caracterí­sticas de estos suelos, surgiendo marismas, zonas encharcadas, balsas… como son las actuales orillas del rí­o Galindo.
2. LA RíA PREINDUSTRIAL
En tiempos antiguos sus orillas eran campos, playas, marismas y pastos de gran belleza. Del paisaje de entonces se conservan dibujos y pinturas, planos y mapas, que muestran su encanto: las casitas de pescadores de Algorta (que en el s. XVII aún se llamaba Argota); la enorme playa de lo que hoy es Areeta. Pastizales y pequeñas viviendas desde Portugalete hasta Lutxana, donde hasta mediados del S.XIX existieron las importantes torres de origen feudal llamadas Torres de Lutxana, auténtico sí­mbolo del poder estratégico de Lutxana en pugna con Bilbao. El Monasterio de los Carmelitas descalzos, en honor a San Francisco del Desierto, en lo que actualmente denominamos “Desierto-Barakaldo”. La torre ya desaparecida del Conde de Miranda, en Sestao, pueblo que se llamaba Cestas o Cestaos…
A la altura de Barakaldo, la rí­a serví­a para regar los campos, con parras, maí­z y trigo, alubias y castañas, productos de huerta, árboles frutales, ricos bosques. Llegó a ser en el s. XVIII la vega más feraz, productiva y mejor cultivada de Vizcaya pues a la fertilidad de los suelos habí­a que unir la excelente calidad de las aguas. Robles, cipreses, palmeras datileras y viñedos competí­an con tomates, pimientos, campos verdes para el ganado y mieses. A esto hay que añadir la abundancia de la pesca en su cauce, que iba desde las angulas y ostras (famosas éstas en Barakaldo) hasta la amplia variedad de pequeños peces útiles para la alimentación, así­ como grandes ballenas que incluso a veces vení­an a embarrancar en las costas de Lutxana.
Resultado de esta bonanza del paisaje, se generaron enseguida núcleos de población dependientes del rí­o, pero será sin duda el comercio primero y la industria después lo que realmente dará a la vega del Nervión su merecedora fama. Sin embargo, la rí­a habrá de experimentar numerosas obras y modificaciones hasta lograr su mejor aprovechamiento como ví­a de comunicación fluvial.
Hasta el S.XVI, el mar entraba sin ningún freno de diques o escolleras y el Nervión era un rí­o sin lecho ni orillas bien definidas. Su cauce era cambiante y estaba sembrado de peligrosas barreras de rocas y bancos de arena que dificultaban el paso de los barcos. El más temible banco de arena era el que se formaba en Portugalete, llamado “la barra”, que ocasionó numerosos accidentes navales. Los arenales de Lejona, las tierras
del Desierto-Barakaldo y los fangales de Sestao se inundaban con frecuencia. Será en 1.502 cuando se inicien los estudios para mejorar el cauce, evitar las crecidas y eliminar la barra de Portugalete. Una vez que se funda el Consulado de Bilbao, órgano gestor del tráfico fluvial y del mantenimiento de la rí­a, en 1.511, será él el encargado de gestionar la construcción del muelle de Portugalete y el de las Arenas, a fin de contener la fuerza del mar. En 1.844 el Consulado perderá sus funciones y se encargará de la rí­a la Dirección de Obras.
Las guerras de España en el XVII y los ataques de piratas ingleses a Bilbao originaron la crisis del Nervión.
Además, hasta 1654 no se harán más obras. Será en este año cuando se realice la isla de Uribitarte, frente al Campo de Volantí­n, para evitar las frecuentes inundaciones de la Villa de Bilbao. En 1753 se canaliza el tramo desde Desierto hasta Portugalete, con el muelle de la Benedicta en Sestao y el de Las Arenas-Axpe, encauzándose finalmente la zona de Olaveaga, con lo que la navegación, y por lo tanto el comercio, volverí­a a adquirir importancia, alcanzándose a partir de esta época el mayor auge que ha conocido el Ibaizábal. Sólo quedaba un problema, solucionar la barra de Portugalete, que no encontrarí­a respuesta hasta 1877, año de la creación de la Junta de Obras del Puerto, que dirigió el ingeniero Evaristo de Churruca. Fue el muelle de hierro de Portugalete, de 800 m., lo que hizo desaparecer la nefasta muralla de arena.
Terminado este asunto, se acometió la construcción del puerto exterior, en El Abra, para aliviar a la rí­a del trasiego de barcos e impulsar la vocación comercial del Gran Bilbao. Con un impuesto extra de un real por tonelada producida, que hubieron de pagar los explotadores de las minas de hierro, se financió la ampliación del puerto exterior, con calado para naví­os de 100.000 toneladas. No cabe duda de que las actuales obras del superpuerto son herederas de esta vocación marinera y mercantil ya patente en el Consulado. Recordemos que fue la exportación de lana castellana la que impulsó el comercio marí­timo bilbaí­no allá en el s.XV y que desde entonces el acondicionamiento de la rí­a ha ido persiguiendo la creación de mejores espacios de embarque y desembarque.
Las obras de Churruca modificaron enormemente la vida de los habitantes de las orillas de la rí­a. Como resultado de la gestión de la Junta de Obras se formó un cauce más profundo, que permití­a la entrada de barcos de 25 pies de calado, frente a los 13 de máximo que admití­a el anterior fondo. Además, se evitó la inundación anual a que estaban acostumbrados los habitantes ribereños. El tonelaje de importación y exportación que en 1878 fue de 1.398.000 toneladas pasa a ser en una década de 5.792.804. En 1902 se construye el rompeolas de Santurce y el muelle de Algorta.
Los habitantes de ambas orillas se ven inmersos en un violento y repentino proceso de cambio que modificará sus formas de vida, sus costumbres, su modo de relacionarse. Barcos más grandes supusieron más mercancí­as, más acuerdos y nuevos negocios. El Nervión, que siempre ha estado volcado en el comercio, que ha servido de canal de comunicación entre la Meseta y el Cantábrico, que ha compartido durante siglos las actividades agropecuarias con las transacciones, trueques y compraventas, se halla a finales del XIX listo para dar el gran paso. O mejor, los dos grandes pasos que le van a marcar durante todo el XX: por una parte, su paso hacia el comercio a gran escala; por otro, ya tiene la infraestructura fluvial necesaria para dar el paso a la industria.
Nuevos gustos, nuevos intereses, nuevas obras y una nueva manera de entender la rí­a. La vivienda se modifica fruto del éxodo rural, la vida cotidiana experimenta una gran metamorfosis. El Nervión pasa a ser el eje vertebrador de la economí­a vasca.
3. LA RíA INDUSTRIAL
En 1876 se escribe una crónica en la cual ya se anuncia que “la playa de Luchana y el ameno valle que la precede, donde desembocan en la rí­a dos importantes ferrocarriles mineros, el de la Orconera y el del Regato, se van a convertir en breve en una población industrial llena de animación y vida” (Labayru, Historia General de Vizcaya). En efecto, a finales del XIX, como ocurrió en Luchana, las poblaciones ribereñas van a experimentar una profunda metamorfosis. De forma paralela al despegue del Nervión como escenario comercial, el Gran Bilbao culmina su larga trayectoria industrial.
Fueron las sociedades anónimas, ya conocidas en Bilbao en el XVIII, la pieza clave en el desarrollo fabril. En la medida en que las pequeñas cédulas de producción, de carácter familiar, se complican y amplí­an, con la ayuda de las posibilidades de compra-venta que ofrece la rí­a y siguiendo el camino iniciado en las ferrerí­as y talleres, las empresas ganan en productividad, volumen de contratación y capacidad financiera. La sociedad anónima cumplió su misión como la más eficaz herramienta de captación de capital. Los inversores, unos nobles de provincias ligados a los viejos infanzones, y otros procedentes de la nueva burguesí­a, se asocian mediante sus inversiones con los ferrones, armadores, navieros, comerciantes y banqueros que proliferan a ambas márgenes.
Santa Ana de Bolueta fue la primera Sociedad Anónima que se crea en Bizkaia, responsable de la transformación de las viejas ferrerí­as en hornos altos, como prólogo de la vertiginosa actividad metalúrgica que se intuí­a en la rí­a. Fundada en 1841, pronto regalará al paisaje del Nervión una de sus obras: el puente levadizo del Arenal, emulando los puentes parisinos sobre el Sena. Junto a Santa Ana, un largo rosario de empresas de todo tipo, frecuentemente con aporte de capital extranjero, encuentran en el Ibaizábal el mejor trampolí­n para sus actividades: posibilidades de transporte a gran distancia con enormes barcos que pueden fondear en la orilla, a los pies mismos de la fábrica; una población trabajadora y dispuesta, incrementada espectacularmente como resultado del auge industrial; amplias zonas para instalar a los obreros, creándose enormes barriadas con este fin. En 1854, se funda de la mano de los hermanos Ibarra y don Cosme Zubirí­a el horno de Nuestra Señora del Carmen, en el Desierto-Barakaldo, dejando de ser este espacio aquel romántico paraje de siglos anteriores. En 1882, al convertirse en sociedad anónima, pasa a denominarse “Altos Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao”, y comienza su colonización de la margen izquierda.
Es en este momento de la historia de Barakaldo cuando más estrechamente se unen la Rí­a y la Mina. La siderurgia vizcaí­na no brotó de la nada sino que fue fruto de un largo proceso a través de los siglos. Nació en las artesanas ferrerí­as, en el paisaje minero, en la tradición ferrona. Y será el Ibaizábal su mejor aliado. A partir de entonces, sus gentes vivirán en un paisaje totalmente modelado por la actividad industrial, en un ritmo marcado por los turnos de producción y en un ambiente en el que se respirará el nombre de tal o cual empresa.
En Barakaldo, Orconera Iron Ore, Luchana Mining, Ercros, la Central Térmica de Burceña… AHV, Babcock & Wilcox, La Naval, en Sestao. La Margen Izquierda comienza a cobrar identidad. Frente a ella, un mosaico de pequeñas y medianas empresas que se instalan desde Deusto hasta Las Arenas, copando las orillas de Erandio.
Dependientes de unas y otras, un anárquico entramado de compañí­as ferroviarias se encargan de transportar el mineral a la fábrica y el producto elaborado hasta la rí­a para su distribución. Portugalete, Abanto y Ciérvana, Muzkiz, Ortuella, Valle de Trápaga, Gallarta, Santurtzi… se convierten en el corazón fabril del Nervión. El éxodo rural, masivo con la expansión industrial, generará reordenaciones urbaní­sticas, nuevas instalaciones (mataderos, mercados, escuelas, parroquias, espacios de divertimento…) y la creación de barrios obreros muchas veces de condiciones pésimas. Pero, sobre todo, la conciencia de margen izquierda: la margen izquierda del Nervión.

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Actualizado el 2 de marzo de 2018

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