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	<title>Cultura | Ezagutu Barakaldo</title>
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		<title>Margen izquierda y zona minera (Bizkaia): un escenario del cambio social (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Aug 2026 06:40:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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<p>El objetivo de este trabajo es, tras inventariar sumariamente el proceso de construcción de la sociedad local de la Margen Izquierda y Zona Minera, sugerir hipótesis o diseñar escenarios alternativos acerca del inmediato futuro de ese microcosmos híbrido y mestizo desde el punto de vista sociocultural que es el territorio de referencia. Con la especificidad propia de todo territorio local, incluso con las características que singularizan a éste dentro del más amplio Bilbao Metropolitano, pero también, y en definitiva, como toda ciudad contemporánea. Y más aún como réplica local de la arquetípica coketown originada por la industrialización, caracterizada por una heterogeneidad congénita -social, cultural y étnica- que la modernidad tardía no ha hecho sino incrementar en el escenario de la globalización. Exploraremos también esa concatenación de diversos niveles de la identidad colectiva, desde los agregados más básicos hasta los más inclusivos, porque en la Margen Izquierda y Zona Minera ser baracaldés, vizcaíno o vasco -por ejemplo- asume unos perfiles distintivos y singulares. Y las referencias patrimoniales que, a modo de puntos de anclaje de la memoria colectiva, pueden contribuir a legitimar esas identidades resignificadas por el proceso de un rápido cambio no exento de traumatismos.</p>
<p>La licencia metodológica que posibilita el ensayo permite estructurar nuestro discurso como mirada -o miradas- sobre la realidad no exenta de una cierta subjetividad del observador. La misma con la que un espectador crítico contempla, capta e interpreta las</p>
<p>imágenes de la exhibición cinematográfica. Y son varios filmes emblemáticos en la historia del cine, los que nos van a servir para articular los diferentes epígrafes de nuestro discurso, porque constituyen sendos epítomes y metáforas de diferentes -y sucesivas- tipologías de lo urbano: el poblado minerofabril, la ciudad moderna y la postmoderna. Cualquier producto de esa industria que es la «fábrica de sueños», cualquier película, es un relato que habla de relaciones sociales urbanas, expresando elocuentemente dimensiones vitales a menudo inaccesibles para el análisis sociocultural. Y más aún las aquí evocadas, todas ellas escenificadas en ese vasto plató que es el ecúmene urbano, el cual comprende tanto los «exteriores» virtuales de la ficción fílmica -zona minera de</p>
<p>Gales, metrópolis de Nueva York o de Los Ángeles -que nos sirven de referentes, como también el «estudio» o interiores de la Margen Izquierda y Zona Minera, nuestro territorio experiencial y concreto.</p>
<ol>
<li>¡Qué verde era mi valle!</li>
</ol>
<p>La Margen Izquierda y Zona Minera es un territorio de medianas dimensiones a escala local, sólo algo menor -con sus 127,3 km2 .- que el extenso valle y municipio de Carranza, en Las Encartaciones (Bizkaia). Comprendido entre los Montes de Triano, Sasiburu y Ganekogorta por el S.; la Ría de Bilbao con su Abra y el Mar Cantábrico, al N.; Castro Urdiales y su municipio por el O., el de Bilbao y el río Kadagua al E., alberga zonas diversas ecológica y paisajísticamente. Escenario y expresión de complejidad social y de particularismos locales ya en la sociedad tradicional, y posiblemente desde sus orígenes, pero articulados armónicamente como los fragmentos de un caleidoscopio. Aquí se asentaron una anteiglesia vizcaína (Barakaldo) -dos con Alonsotegi-, una villa (Portugalete) y los Siete Concejos encartados del Valle de Somorrostro, todas las expresiones posibles de la ordenación territorial y la institucionalización a escala local en la Bizkaia tradicional.</p>
<p>En la sociedad tradicional que precede a la industrialización sus gentes fueron básicamente aldeanos, al propio tiempo que mineros o pescadores; pero también ferrones, carboneros, pastores, arrieros y marinos. Si el euskera subsiste, en un Barakaldo bilingüe, hasta el último tercio del siglo XIX, al otro extremo del valle -Muskiz, Abanto-Zierbena- el castellano emite ya sus primeros balbuceos altomedievales como pidgin romance; y en las poblaciones de centro de la zona, se da un gradiente de situaciones intermedias, temporal y espacialmente.</p>
<p>Sin embargo, un tupido entramado de afinidades predomina sobre las diferencias. Se trata, más allá de la interacción socioeconómica y de los espacios mancomunados -Montes de Triano-, de los estilos de vida compartidos, y de un sustrato común de rasgos supralocales de la cultura popular, que precede a la industrialización o emerge con ella. Por ejemplo: las peculiares jotas; las cuestaciones infantiles o moceriles: aguilandos (aguinaldos) o cantas de Reyes, carnestoliendas, Santa Águeda; modalidades deportivas como los bolos a cachete, privativos de la zona; o un peculiar léxico emparentado con sus homólogos castreño, encartado o bilbaíno. Rasgos cuyos restos o permanencias forman parte del patrimonio cultural de la zona y, muchos de ellos, algo más desdibujados en los municipios periféricos: Muskiz y Alonsotegi.</p>
<p>Otros, aun compartidos con el conjunto de Las Encartaciones y comarcas colindantes (Castro &#8211; Guriezo, valles del Asón y de Mena), como el juego del pasaba/o, y las competiciones de barrenadores con el resto de la zona minera -Galdames, Sopuerta y Setares (Mioño)-, contribuyen a perfilar una cierta peculiaridad de esta subcultura de ámbito local-comarcal.</p>
<ol start="2">
<li>De Luces de la ciudad a Metrópolis</li>
</ol>
<p>El imaginario popular concibe este territorio como parte de un cosmos feérico poblado por enemiguillos, trasgos y otros duendes, por brujas y númenes diversos, y como escenario de apariciones de almas en pena y de seres sacrales o diabólicos, desde La Magdalena en su cueva de Urállaga hasta el Diablo en el puente de Kastrexana; unos y otros se enseñorean de estradas, encrucijadas, fuentes, campas, peñas, cuevas e incluso minas. Esta mitología menor se prolonga hacia un universo creencial articulado en tomo a los rituales y prácticas propios de la religiosidad popular y/o eclesial, y hasta las advocaciones de su panteón objeto de culto local: Santa Águeda, San Roque, Santa Lucía o el Socorro.</p>
<p>Las luces de la razón primero y el resplandor de los altos hornos después, iluminan la penumbra del ideario y del territorio de la sociedad local tradicional, progresivamente desencantado éste y literalmente quebrantado por el impacto de las actividades extractivas, industriales y urbanas. Los trabajadores de esa nueva fragua de Vulcano que son los hornos altos y los astilleros, esclavos de los cien oficios descritos por Gregorio San Juan, viven encadenados al trabajo cotidiano y proyectan sus anhelos en una futura emancipación. Con la industrialización se inaugura un periodo de certidumbres, proporcionadas por una nueva religión civil, que postula la firme y positiva creencia en el progreso, en una evolución irreversible, y en un destino de la historia, sea éste el de la sociedad del bienestar o el del socialismo. Sin embargo, la ruptura no es absoluta, porque el nuevo universo de valores y creencias coexiste con la sacralidad precedente, en sus versiones de religiosidad popular y/o eclesial. Status quo no exento de conflictos, como el latente anticlericalismo, el creciente antirritualismo materializado como incumplimiento de los· ritos de paso católicos -bautizo, matrimonio, funeral- que se</p>
<p>traducirán en brotes de iconoclastia, anticlericalismo y quema de templos ya durante el periodo republicano.</p>
<p>Las profecías se autocumplen en un breve lapso de tiempo, y las nuevas Casandras no auguran la destrucción de ciudades, sino la creación de otras nuevas sobre las aldeas ribereñas de la Ría o en los baldíos mancomunados de los Montes de Triano. Es así como</p>
<p>Antonio de Trueba afirma, en 1872, ante el escepticismo de sus coetáneos:</p>
<p>«Antes que los muchachos</p>
<p>lleguen a viejos</p>
<p>seréis siete ciudades</p>
<p>Siete Concejos»</p>
<p>Y, quince años después, puede constatar que su hipérbole se ha convertido en realidad para todo el valle de Somorrostro, la villa de Portugalete y la anteiglesia de Barakaldo, donde ya agoniza el mundo tradicional y emerge una nueva sociedad urbana e industrial. Este coetáneo de los primeros pasos del proceso pudo, incluso, prever la integración de la subcomarca en el «valle de Bilbao», germen de la futura zona metropolitana en la que aquélla se integrará. Gentes recién inmigradas, de procedencias muy diversas, y autóctonos forman asentamientos de nueva creación, a pie de fábrica o de mina, con la</p>
<p>consiguiente desorganización del hábitat: barrios obreros como El Desierto, Lutxana y Urbinaga, o poblados mineros como La Arboleda, Larreineta, Matamoros, Barrionuevo y Gallarta. En este último caso sobre terrenos propiedad de las respectivas compañías mineras o bien comunales. Además de estas poblaciones, mineras o fabriles, también crecen por análogos motivos pequeños núcleos rurales preexistentes, como Burtzeña, Retuerto, El Regato (Eskauriza y Urkullu), La Escontrilla, Ortuella, Urioste, Las Carreras, Putxeta, Somorrostro y Pobeña.</p>
<p>Las Luces de la Ciudad, de ese ámbito pletórico de ideas, técnicas y energías disipan las tinieblas del mundo tradicional creando metafóricamente la sensación de vida urbana; y, en sentido literal, el alumbrado eléctrico despeja los temores nocturnos propios del mundo rural y de la ciudad preindustrial. La acción combinada de estos factores desencadena cambios políticos, económicos y socioculturales.</p>
<p>Como en las restantes zonas mineras e industriales europeas, el desarraigo y la desestructuración de los diversos modelos tradicionales de origen, se traducen en anomía y conflictividad intragrupales. Sin embargo, la homogeneidad social de estas comunidades locales y de su estructura ocupacional, la densidad -física y social- del hábitat dominado, como todo el paisaje, por la presencia de una empresa a menudo única, y la gran visibilidad social, contribuyen a articular una nueva identidad colectiva de ámbito local a partir de aspectos de la vida cotidiana que sus miembros comparten; desde la solidaridad en el trabajo hasta los vínculos sociales de vecindad, de conocimiento recíproco y de amistad. En un contexto dialéctico en el que el paternalismo patronal se entrevera con las más crudas expresiones de la lucha de clases.</p>
<p>Los precitados vínculos se activan en espacios públicos de sociabilidad como la taberna, el chacolí y el carrejo de bolos para los hombres; la fuente, el lavadero y la costura para las mujeres; el baile y el ciclo festivo, o las sedes asociativas, para todos.</p>
<p>Como también en los ámbitos rituales del convivial propios del ciclo festivo local y supralocal. Estilos de vida, trabajo, valores y creencias compartidas de mineros y obreros fabriles, definen una subcultura específica de cada comunidad local, perfilando niveles de identidad colectiva más inclusivos.</p>
<p>Como los del monte se identificó colectivamente a los pueblos y a las gentes de la zona minera. En torno a las instancias de socialización políticas y sindicales, de la prensa obrera, de rituales y símbolos como el 1º de Mayo y la bandera roja, de la solidaridad en los conflictos, surge una identidad de clase obrera, cuyo ámbito es nacional-estatal y virtualmente internacional. Articulada a nivel formal en los centros obreros -después casas del pueblo- socialistas y los ateneos libertarios; mientras que en torno a los batzakis y euskal etxeak se estructuran la identidad étnica vasca y el imaginario nacionalista. Y es que en esta zona, urbana y castellanófona, en sus aglomeraciones industriales y enclaves mineros, junto con la inmediata villa de Bilbao y sus barrios populares, nacen los modernos movimientos sociales de la industrialización: el socialismo, el minoritario anarquismo, más la escisión comunista de aquél; el nacionalismo por su parte, aunque no hegemónico, tiene aquí fuertes puntos de anclaje, y de esta conurbación obrera emergerán sus expresiones más innovadoras durante el primer tercio de siglo veinte.</p>
<p>Las expresiones públicas de sociabilidad y los rituales festivos de la industrialización también contribuyen a estrechar los vínculos e identidades intra e interlocales, mediante contraposición de cada nosotros con los otros. E incluso contribuirán a mantener la ficción de identidad, activando ritualmente símbolos vinculados a la memoria colectiva y soslayando la evidencia de los cambios. Función que cumplen las competiciones de bolos a cachete, entre jugadores de distintos barrios y carrejos, y el fútbol una vez convertido éste en deporte de masas. Como también el estructurado sistema de bailes públicos en nuestras plazas, las fiestas patronales de cada núcleo o las comparsas itinerantes de los carnavales urbanos que recorren estos pueblos desde 1901. Sin olvidar las grandes romerías de ámbito supralocal: Cruces, Santa Águeda (Kastrexa-</p>
<p>na), San Roque (El Regato), La Magdalena (Urallaga/La Arboleda), Santa Lucía (Sanfuentes) y El Socorro (Pobeña); distribuidas espacialmente por la periferia rururbana de la zona y temporalmente a lo largo del ciclo anual, desde febrero hasta septiembre. Todas ellas articulan un sistema unificado de esparcimiento y cortejo juveniles, siendo además escenario de las rivalidades y peleas entre cuadrillas de diferentes pueblos primero, y también de distintas ideologías después. Con la postguerra perdurará el primer tipo de rivalidades y, a partir de la transición las que sobreviven con un ámbito supralocal -Santa Agueda y La Magdalena- se convertirán en sendos lugares y fechas rituales de encuentro y sociabilidad para las gentes atrae su poder de convocatoria.</p>
<p>La cultura popular gestada en esta zona metropolitana somete a una intensa aculturación urbana a las comarcas del ámbito rural circundante, tanto Las Encartaciones como Txorierri y Uribe, actuando tomo foco difusor de la modernización. La difusión de los cambios a partir de esta Errekartia vizcaína -trasunto de la Mesopotamia bíblica- y de otros núcleos urbanos vascos, será percibida por Barandiarán y sus primeros discípulos, ya en 1924, en términos de desestructuración de una sociedad idealizada como patriarcal réplica de la Jerusalén celestial.</p>
<p>José Ignacio Homobono</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Las ferrerías de monte (una revisión bibliográfica) (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jul 2026 06:25:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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<li>Las ferrerías de monte: localización espacial y temporal</li>
</ol>
<p>Entroncando con todo lo anteriormente dicho, un segundo punto a tratar es la tendencia de los diversos autores a proponer modelos de una amplia aplicación geográfica ya se trate de referirlos a Vizcaya, Guipúzcoa o todo el territorio vasco. En este aspecto, como en los arriba mencionados y aún a riesgo de parecer excesivamente reiterativos, desconocemos las razones que impulsan a considerar que amplios espacios geográficos se comportan como un todo, moviéndose en una misma dirección.</p>
<p>Comportamiento único que no sólo afecta al espacio, sino también, y quizá de manera especial, al tiempo. Incluso en aquellos autores que proponen una evolución de tipos, no deja de llamar la atención que desde el momento, al parecer desconocido, en que se inicia la producción de hierro en hornos primitivos hasta su sustitución por las ferrerías hidráulicas, al margen de posibles perduraciones de los modelos primitivos en época bajomedieval y moderna, no se produce ninguna variación en los tipos. Tendencia que se mostrará más o menos acusada según se propongan varios modelos que engloban tipos sencillos y complejos o se decanten por un único modelo.</p>
<p>Lo que nos llama la atención de este aspecto no es la imposibilidad de que un tipo o varios tipos de hornos de características semejantes se den en un amplio espacio geográfico y durante un largo periodo de tiempo, sino la ausencia de propuestas, de referencias a la posible convivencia de tipos distintos, más o menos perfeccionados, más o menos sencillos dentro del mismo espacio territorial y en el mismo periodo cronológico.</p>
<p>La existencia de un modelo único presupone que cualquiera que se enfrentase a la tarea de obtener hierro a partir del mineral, fueran cuales fueran sus necesidades, sus fines y sus medios debía construir ese horno tipo aún cuando uno mucho más sencillo le hubiera podido servir igualmente. Es por tanto necesario establecer las adecuadas matizaciones a fin de entender las circunstancias en las cuales es posible comprender el modelo de horno que se propone. Porque pudiera muy bien suceder que no todas las propuestas realizadas respondan a los mismos planteamientos iniciales, esto es, las respuestas serán evidentemente diferentes según se parta de un intento por conocer las estructuras para reducir el hierro cualesquiera que fueran los fines que las motivaron, o se busque unas formas primitivas de producción de hierro con fines fundamentalmente «industriales». Así se verá surgir una pluralidad de modelos que acoten diversos fines y necesidades o un único modelo que, por sus características especiales, es el más adecuado y perfeccionado entre losconocidos.</p>
<p>De aquí se deriva el interés de introducir en el planteamiento de cualquier propuesta, para una perfecta comprensión y utilización posterior de la misma, consideraciones que valoren el grado de técnica disponible, las necesidades que se persiguen satisfacer, los materiales con los que se cuenta, el ámbito geográfico, etc. en el que un individuo o grupo de individuos se proponen transformar el mineral en metal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="4">
<li>Conclusiones</li>
</ol>
<p>Un poco a modo de resumen y también de aclaración de aquellos puntos que hubieran podido no quedar suficientemente aclarados, convendría insistir en aquellas notas de importancia y que, en el fondo, son el motivo que nos ha impulsado a redactar estas líneas.</p>
<p>Un aspecto a tener siempre en mente a la hora de utilizar las fuentes bibliográficas que abordan el tema de las ferrerías u hornos primitivos en el País Vasco, es que únicamente contamos, hasta el momento presente, con SUGERENCIAS, OPINIONES, «HIPOTESIS» elaboradas por diversos autores con intenciones, extensión en el tratamiento, criterios y rigor diferentes y como tales deben ser manejadas con la debida precaución, máxime si tenemos en cuenta que se trata de propuestas un tanto especiales porque carecemos de cualquiera de los posibles datos o razones que han conducido a su formulación: en esta especial circunstancia se impone:</p>
<p>1) No hacer un uso indiscriminado de las opiniones de los autores analizados, independientemente del carácter que pudiera revestir su utilización, ya que con esta actitud se corre el riesgo, sin duda muy peligroso, de otorgar validez de hecho demostrado material o documentalmente a lo que sólo es una sugerencia, una idea más entre las muchas posibles que pueden arrojar luz ante nuestro desconocimiento de las primitivas estructuras para producir hierro.</p>
<p>En este sentido, se hace necesario huir tanto de las tendencias a primar unas opiniones sobre otras con actitudes selectivas que más tienen que ver con el «capricho» que con los juicios razonados, como de la búsqueda de difíciles síntesis conciliadoras en un intento, imprudente y problemático, de armonizar unas fuentes que se muestran contradictorias. Porque tratándose de opiniones personales todas son, en principio, igualmente aceptables, en tanto en cuanto no aparezcan los datos cuantitativa y cualitativamente necesarios que permitan validar una, varias, todas o ninguna de tales propuestas.</p>
<p>2) Hacer un alto en el camino y reflexionar respecto a la imagen que actualmente poseemos de las ferrerías de monte porque, personalmente, y a pesar de lo mucho publicado y debatido, no logramos disipar la sensación de que un desconocimiento casi absoluto se extiende sobre este aspecto de la vida de poblaciones pasadas.</p>
<p>Una actitud reflexiva que debe incidir fundamentalmente en el hecho de haber tratado de llenar vacíos con el único recurso a intuiciones personales sin acudir, al menos hasta donde nos es conocido, a nuevas metodologías que intenten aportar unas bases de conocimiento seguras y fiables. En este sentido, no deja de ser particularmente extraño la nula aplicación del MÉTODO ARQUEOLÓGICO si tenemos en cuenta la mencionada</p>
<p>carencia de datos materiales o documentales que fundamenten los procesos de reconstrucción, las constantes alusiones de investigadores sobre la importancia de dicho método como medio más eficaz de conocimiento histórico y el auge que en la pasada década adquirió la denominada Arqueología «Industrial».</p>
<p>Hasta el momento presente, de la mano de la Arqueología, mejor o peor entendida, nos han llegado dos datos. El primero, fruto de la casualidad, procede de Santander, del Ayuntamiento de Rasines, en el monte nombrado Pico de la Venera (divisoria de las provincias de Santander y Bizkaia) donde, en el afio 1931, se localizó un horno que: «consiste ese medio primitivo de fundir el hierro en un hoyo o cavidad cilíndrica, en forma de pozo, abierta en un afloramiento de mineral de hierro, de unos dos metros de profundidad por metro y medio de diámetro, en el cual estaban el mineral que extraían en trozos pequeños, mezclados con leña que quemaban dentro del horno. En él han aparecido dos o tres toneladas de hierro fundido en pequeños lingotes, una parte y otra a medio fundir. Los fragmentos de carbón aparecen sumamente diminutos en el fondo y parte superior del horno».</p>
<p>El segundo nos los proporciona la excavación del asentamiento romano de Forua (Gernika. Bizkaia). En campañ.as sucesivas se sacaron a la luz dos tipos diferentes de hornos: «El primer tipo es el de los hornos de planta en forma de óvalo alargado. Excavados, sin cubrición, se mezclarían juntos combustible y mineral. La mayor parte de ellos no llevan puerta ni dama, lo que hace necesario desventrar el horno tras cada fusión. Una pequeña parte de los hallados en Forua han recorrido al empleo de la pendiente del terreno de modo que puedan extraer la escoria por la parte más baja (&#8230;) El segundo tipo es el de planta circular. Lleva cubierta, tal vez de forma o en cúpula. Presenta dama para la oxigenación y laboreo del horno. La base del mismo se encuentra excavada en la tierra y aislada por un revestimiento interno de arcillas que se extienden por el fondo y las paredes, creando un receptáculo donde se introduce el mineral y el combustible».</p>
<p>Aun cuando tales noticias pudieran parecer muy sugerentes de cara a establecer consideraciones respecto a la validez o no de ciertas intuiciones y sugerencias aquí reseñadas, considerando siempre que son datos aún escasos y que cualquier utilización más allá de la de simple referencia es ciertamente prematura, el hecho de exponerlas aquí únicamente persigue llamar la atención, lo que en 1990 no debiera ser necesario, respecto a la utilidad del método arqueológico en el conocimiento de las estructuras y características de los hornos o ferrerías primitivas. Tal utilidad debe encontrar su aplicación en el planteamiento de proyectos de investigación concretos en tal campo de interés, porque el esperar a que el azar y la casualidad, como en los dos casos arriba mencionados, nos brinden los materiales necesarios para comenzar a conocer la realidad de las ferrerías de monte, aparte de ser un proceso lento, nunca ha sido el mejor recurso para la obtención y recogida de los datos.</p>
<p>Un aspecto más a considerar es el hecho de que la aplicación del método arqueológico parte con una considerable ventaja inicial como es la no necesidad de recurrir a una etapa previa de recogida de noticias y prospecciones a fin de localizar un posible yacimiento, puesto que desde antiguo se conocen los lugares donde es posible aplicarlo: los montones de escoria no hacen sino evidenciar que allí, en un entorno más o menos cercano, se transformó el hierro.</p>
<p>Únicamente una vez se hayan utilizado todas las posibilidades de obtener información y se encuentren reunidos los datos disponibles, se podrá comenzar a plantear, en sus justos términos, el tema de las primitivas ferrerías en el País Vasco.</p>
<p>José Luis Ibarra Álvarez</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El puente de Castrejana o «del Diablo»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2026 06:41:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="266" height="300" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/11/sobre-el-cadagua-5-266x300.jpg?fit=266%2C300" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" data-attachment-id="3477" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/el-puente-de-castrejana-o-del-diablo/sobre-el-cadagua-5-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/11/sobre-el-cadagua-5-266x300.jpg?fit=266%2C300" data-orig-size="266,300" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="sobre-el-cadagua-5" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/11/sobre-el-cadagua-5-266x300.jpg?fit=266%2C300" /></div>Aparece ya citado en documentos del siglo XIV. Era un elemento fundamental del Camino Real para poder atravesar el rí­o Cadagua y un enlace importante para permitir a los peregrinos del Camino de Santiago continuar andando hacia la tumba del apóstol. Porque el valle del Cadagua es desde siempre ruta de tránsito jacobeo, y&#160; los [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="266" height="300" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/11/sobre-el-cadagua-5-266x300.jpg?fit=266%2C300" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" data-attachment-id="3477" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/el-puente-de-castrejana-o-del-diablo/sobre-el-cadagua-5-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/11/sobre-el-cadagua-5-266x300.jpg?fit=266%2C300" data-orig-size="266,300" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="sobre-el-cadagua-5" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/11/sobre-el-cadagua-5-266x300.jpg?fit=266%2C300" /></div><p style="text-align: justify;"><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/sobre-el-cadagua-5.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="alignright" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/sobre-el-cadagua-5.jpg?resize=266%2C300" alt="sobre-el-cadagua-5" width="266" height="300"></a>Aparece ya citado en documentos del siglo XIV. Era un elemento fundamental del Camino Real para poder atravesar el rí­o Cadagua y un enlace importante para permitir a los peregrinos del Camino de Santiago continuar andando hacia la tumba del apóstol. Porque el valle del Cadagua es desde siempre ruta de tránsito jacobeo, y&nbsp; los peregrinos irlandeses y británicos que llegaban a Bilbao y Portugalete en barco lo atravesaban para alcanzar el denominado «Camino Francés» en Burgos. El puente de Castrejana es un puente gótico, con un solo arco de medio punto. Las leyendas de la zona sostienen que lo construyó el diablo, de ahí­ su denominación popular.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque no se conoce la fecha exacta de su construcción, parece ser que se trata de una fabricación de finales del siglo XIV o principios del XV, realizada por el maestro Pedro Ortiz de Lekeitio. Jugó un papel muy importante hasta el siglo XIX al formar parte del camino real que uní­a Bilbao y Castilla, a través de Balmaseda y el Valle de Mena. El puente esta realizado con sillares de piedra arenisca, formando un solo arco de medio punto.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdad sobre este puente de piedra que une Castrejana (Bil­bao) con el barrio barakaldés de Santa ígueda, data de hace muchos siglos. Leamos: Pedro Ortiz de Lequeitio que sí­ fue arquitecto o aventajado picapedrero, fue el iniciador y constructor del deseado y nece­sario puente al que algunos llaman «Puente de Castrejana» mientras que otros le denominan «Puente de Santa ígueda» y los más «PUENTE DEL DIABLO». Comenzó su obra el dí­a 9 de junio del año 1435, sobre el rí­o Cadagua y la finalizó el dí­a 2 de mayo de 1436. Es decir: En tan sólo 326 dí­as quedó útil para el pasaje el bonito y sencillo puente de piedra sillerí­a de fábrica medieval con un sólo ojo de luz.</p>
<p style="text-align: justify;">SU LEYENDA (Antonio de Trueba)</p>
<p style="text-align: justify;">Cuentan que en un adusto caserón junto a la orilla del rí­o ­viví­a una hermosa y sencilla joven, amante y creyente, siendo querida y admirada por todo el vecindario del lugar barakaldés de Santa ígueda.</p>
<p style="text-align: justify;">En el lado opuesto del rí­o, residí­a un apuesto y sencillo muchacho del que se prendó la bella barakaldesa. Eran frecuentes las visitas que se hací­an, siendo preciso para ello vadear el rí­o de piedra en piedra, poniendo en peligro la integridad de los amantes, y más aún en las épocas de grandes avenidas.</p>
<p style="text-align: justify;">La bella barakaldesa tení­a la buena y piadosa costumbre de subir todas las mañanas junto a la ermita y desde allí­, dirigí­a su mirada al Santuario de Begoña, a la vez que de sus labios salí­a un susurro de plegaria destinada a la Virgen de Artagan.</p>
<p style="text-align: justify;">EL PUENTE DEL DIABLO</p>
<p style="text-align: justify;">El noviazgo se formalizó, pero la edad no era la apropiada para la celebración del matrimonio y debí­an esperar tal y como era el deseo de sus progenitores. Por ellos no hubiera habido problemas persona les, pero sí­ económicos, tema éste que debí­an solucionar los padres de los jóvenes enamorados.</p>
<p style="text-align: justify;">Más tarde las malas lenguas sembraron la cizaña, y la envidia hizo acto de presencia poniendo en entre dicho a la joven de Santa ígue­da. Celos que calaron en el corazón del mozo de Castrejana que herido en su orgullo, dudó de ser correspondido por su amada y sí­ en­gañado.</p>
<p style="text-align: justify;">El guapo aldeano de Castrejana, triste y desesperado no lograba poner en orden su cerebro y daba vueltas y revueltas a todas aquellas dudas que manchaban la pureza de su novia. Ante todo este desorden moral decidió ausentarse y cuanto más lejos mejor, por ello decidió ir sin tardanza a combatir a la guerra, alistándose en las filas cristianas para así­ olvidar a su infiel amor.</p>
<p style="text-align: justify;">Enterada la guapa barakaldesa de todo cuanto estaba ocurriendo, así­ como de la marcha de su novio a la guerra, salió corriendo de la casa de sus padres al atardecer. Pese a que la gran tormenta de agua y granizo que caí­a no fue obstáculo para ir en busca de su amado, el rí­o bajaba muy crecido y no le fue posible vadearlo. Entre sollozos se arrodilló en el suelo sin darse cuenta de que su vida peligraba por la gran riada. Fue en ese momento cuando en la noche se hizo un claro que alumbró la silueta de un hombre misterioso de afilada barba y fino bigote, a la vez que susurraba: «Antes de que el gallo cante esta madrugada, puedo construir un puente a cambio de tu alma».</p>
<p style="text-align: justify;">Era tanto el amor de la muchacha que no dudó en comprometer su palabra. Pero al ver que el puente se hacia realidad dudó de que la persona no era otra que el mismo Diablo. De sus temblorosos labios salió una plegaria para su amatxu de Begoña y, he aquí­ que, apenas terminada la oración, apareció un nuevo personaje con abun­dante y blanca barba, del que se dijo era San José. Con gran destreza -el Santo Varón- movió la vara para evitar que se colocara la últi­ma piedra que formaba el ojo del puente.</p>
<p style="text-align: justify;">A falta de esa postrera piedra, el gallo empezó a cantar ¡Era el alba! En vista de la impotencia, el Diablo salió corriendo entre maldi­ciones, mientras que el Santo retiraba su vara y, la última piedra quedó encajada, con lo que el puente quedó terminado.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde ambas orillas, Maruja en Santa ígueda y Martí­n en Castre­jana, vieron como el pequeño desfiladero se uní­a por medio del dese­ado puente y tras una breve vacilación corrieron para abrazarse preci­samente allí­ donde San José trabó la vara de avellano.</p>
<p style="text-align: justify;">La alegrí­a fue inmensa y dicen que se juraron amor eterno junto a la ermita de Santa ígueda, mientras que sus miradas se perdí­an mirando a lo alto de Artagan, dando gracias a la Virgen de Begoña. Dicen que se casaron y fueron muy felices.</p>
<p style="text-align: justify;">OTRAS LEYENDAS SIMILARES</p>
<p style="text-align: justify;">1) En la población donde yo vivo, hay un puente románico del cual hay una curiosa leyenda y de esa leyenda he querido hacer mi versión para que la conozcáis, espero que os guste, este puente esta en la población de Martorell, Barcelona.</p>
<p style="text-align: justify;">La escarcha de un nuevo amanecer húmedo y frí­o , calaba en los cansados y oxidados huesos de la anciana que como cada dí­a , madrugadora y decidida encaminaba sus pasos hacia aquel viejo puente romano que tantas y tantas veces habí­a sido testigo de su presencia , de sus vivencias y que orgulloso y desafiante al paso del tiempo le serví­a de enlace para cruzar el rí­o que uní­a los dos pueblos y que la anciana cada mañana cruzaba para visitar la fuente que le proporcionaba el agua necesaria para sus quehaceres diarios.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo misterioso e inesperado brotaba en el ambiente aquella mañana, en la que la niebla mas densa y grisácea que nunca, envolví­a el paisaje con su presencia oscura, Los pasos de la anciana de detuvieron de repente y casi apunto de caer a las heladas aguas del frí­o y desconsiderado rió se dio cuenta de que el puente habí­a desaparecido.</p>
<p style="text-align: justify;">La anciana sorprendida miro a su alrededor, lo ocurrido allí­ solo podí­a ser obra del ángel caí­do y no era la primera vez que se enfrentaban, busco su presencia entre la niebla hasta que se dejo ver, su figura era inconfundible, sus ropas negras y su melena blanca contrastaban con el rojo ardiente de sus ojos que atravesaban la espesa niebla dando a la anciana la oportunidad de poder verle y hablarle.</p>
<p style="text-align: justify;">Una escalofriante carcajada de triunfo se dejo oí­r retumbante por los alrededores, la anciana sin miedo se dirigió a el.</p>
<p style="text-align: justify;">-Que quieres ahora maldito diablo, no piensas dejarme en paz? Quizás quieres mi alma a cambio de reconstruir el puente?</p>
<p style="text-align: justify;">&lt;Eres muy lista vieja pero te equivocas, reconstruiré el puente antes del próximo amanecer a cambio del alma del primer ser que cruce por el.-</p>
<p style="text-align: justify;">La anciana asintió con la cabeza y sonrió para sus adentros mientras recordaba aquella frase que siempre decí­a su abuela, mas sabe el diablo por viejo que por diablo, e ignorando la desagradable presencia del diablo, giro sobre sus pasos y retomo el camino ya hecho de vuelta a su casa.</p>
<p style="text-align: justify;">La luz tenue de un nuevo amanecer , se filtraba por las viejas ventanas de madera de aquella casa donde la anciana junto al fuego se calentaba y se preparaba para un nuevo viaje hasta la fuente , con el cántaro en una mano y un saco abultado en la otra salió de la casa, Cuando llego al puente pudo comprobar que el diablo habí­a cumplido su promesa , el puente se volví­a a alzar sobre el rí­o como si nunca hubiese sido arrancado de aquel lugar, sentí­a los ojos del diablo atentos a su paso por aquel puente que se llevarí­a su alma para siempre.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la astuta anciana abrió el saco dejando salir al gato que habí­a en su interior y el animal ajeno a todo cruzo el puente perdiendo su alma para siempre y dejando el paso libre a la anciana que una vez mas gano la batalla al ansioso y sorprendido diablo.</p>
<p style="text-align: justify;">2) Esta historia se paso de padres a hijos. Cuenta mi padre que en su pueblo potosi-bolivia hay un antiguo puente este dicen ser mas que un solo puente, ya que relata:»un joven campesino estaba enamorado de una joven indí­gena muy Bella hija del alcalde del pueblo, ellos se veí­an a escondidas ya que su padre no aceptarí­a al chico por ser de familia humilde.</p>
<p style="text-align: justify;">Un dí­a su padre sale por la noche a caminar y los encuentra, el chico y el señor empiezan a pelear y su hija los detiene, entonces su padre concibe una idea: «si quieres a mi hija pagaras con dinero el amor que tienes, pero este tendrás que tenerlo en una semana», el chico sin pensarselo viaja a la capital y trabaja de cosas que hasta un animal no trabajarí­a pero lo consigue.</p>
<p style="text-align: justify;">Al quinto dí­a decide volver ya teniendo dinero suficiente para cumplir con el acuerdo del padre de su novia , decide viajar en camión ya que autobuses no llegan al pueblo , este tarda por raros problemas que salen al camino , bueno total que el ultimo dí­a esta a punto de llegar, solo falta que pase un barranco que al otro lado esta el pueblo , pero empieza a llover y llover , el chico desesperado pide ayuda al diablo, quien contesta a su petición y le dice que al cantar por la mañana el gallo su alma le será suya , el chico desesperado acepta, entonces el diablo se pone a trabajar, picando piedras, haciendo dicho puente, el joven se da cuenta que hizo mal y pide ayuda a Dios. De repente en la última piedra del puente, se posan varios ángeles no permitiendo que termine el puente.<br />
Así­ en la mañana canta el gallo y el muchacho salva su alma pero desde entonces el puente queda siempre incompleto en una lado sin una piedra, dirán que se coloca una y ya, pero yo lo intenté, pero a eso de la noche aparece una neblina y por la mañana se ve en el lugar del puente que la piedra se ¿deshace??? y que a la media noche aparece en medio del puente un hombre que mira el lugar que falta y se posa en ese lugar, desapareciendo por la mañana y volviendo en las noches mas frí­as que nadie aunque por broma se pondrí­a ya que el «frí­o» no te dejarí­a descansar, testigo de lo que paso aquella noche entre un hombre y el diablo&#8230;&#8230;</p>
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		<title>RECORRIDO 6 Jauntxos, Guerras de bandos y casas-torre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jul 2026 11:57:18 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Como es muy frecuente en los manuales de Historia, los recuerdos están relacionados con el poder. Cuestión muy razonable por cuanto sus poseedores son los que figuran (en muchos casos con nombres y apellidos) en la documentación. En otros recorridos lo hemos comprobado: Ayalas, Velascos, Haros, Mercedarios… Todos ellos extraños al territorio y aposentados en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Como es muy frecuente en los manuales de Historia, los recuerdos están relacionados con el poder. Cuestión muy razonable por cuanto sus poseedores son los que figuran (en muchos casos con nombres y apellidos) en la documentación. En otros recorridos lo hemos comprobado: Ayalas, Velascos, Haros, Mercedarios… Todos ellos extraños al territorio y aposentados en él por la “política” de los poderosos “navarros” o “castellanos”, especialmente los Ayalas, por sus intereses en el territorio<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>.</p>
<p>Sin embargo, en el entorno existía otra “pequeña” nobleza que, en la medida de sus posibilidades, controlaba las actividades sociales y económicas del resto de sus habitantes: son los llamados “parientes mayores” que, piramidalmente<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>, se expandían por todo el territorio tanto en el “abierto” o “llano” (anteiglesias<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a>) como en el “privilegiado” (villas y ciudad). Por varias razones (Lope García nos dirá que por “mantener el honor” aunque, en el fondo, son problemas de “poder”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>) estas “parentelas” serán las protagonistas de múltiples enfrentamientos que asolarán no sólo Bizkaia sino todo el País Vasco durante los siglos XIV y XV<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>.</p>
<p>Por Lope García de Salazar en sus “Bienandanzas y Fortunas” conocemos los nombres familiares y las peripecias (trágicas en muchos momentos) en que se vieron envueltos tanto en el territorio barakaldés como en el bizkaino. Los banderizos barakaldeses se apellidan Retuerto, Irauregui y Susunaga<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> a quienes vemos pactando con los Marroquines, Muñatones y Butrones. Uno de los resultados de estos enfrentamientos será la desanexión de la Encartaciones (1366) y su incorporación a la Merindad de Uribe (Bizkaia). En la Merindad de Busturia (30 anteiglesias y 6 villas) eran oñacinos 3/5 y 2/3 respectivamente. En Uribe (33 anteiglesias y 4 villas) 2/3 y ½ eran, igualmente, oñacinos. En Arratia-Bedia (8 anteiglesias y 1 villa) eran todos gamboinos. En Zornoza (4 anteiglesias) se repartían a partes iguales y lo mismo ocurría en Marquina (1/1) y Durango (4/4). En la Encartaciones (9 anteiglesias y 3 villas) eran oñacinos 5/1 (zona minera)<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>.</p>
<p>Estos conflictos llevan a la pequeña nobleza rural a reforzar sus viviendas<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a> con elementos defensivos que irán perdiendo a medida que los enfrentamientos vayan desapareciendo. Lope García de Salazar describe, con detenimiento, en sus “Bienandanzas y Fortunas”, todos estos enfrentamientos que ya hemos recogido en un anterior recorrido.</p>
<p>La casa-torre<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a>, desde el punto de vista arquitectónico, se define como una pequeña fortaleza de volumen cúbico y proyección vertical, con gruesos muros de mampostería y sillares en los ángulos y recerco de los escasos y protegidos vanos. Se accede a su interior por un patín elevado<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a>. Normalmente pertenece, junto a la ermita, el molino, la ferrería y los terrenos circundantes al conjunto denominado “torre”. Es decir, una demarcación “señorial”, característicamente medieval. La decadencia de las casas-torre ocurre en el último tercio del siglo XV al iniciarse el reinado de los Reyes Católicos y acabar el de Enrique IV en Castilla que ya mandó desmochar en 1457 muchas de estas fortalezas señoriales en Vizcaya, así como desterrar a bastantes de sus “jaureguis”. En 1498 los Reyes Católicos prohibieron la construcción de nuevas casas-torre en Vizcaya, al igual que iban eliminando castillos y castellanos en otras partes, sobre todo cuando hacían o hicieron frente a la autoridad monárquica. El sometimiento de la nobleza trajo consigo el abatimiento de su símbolo: el castillo, la torre o la casa fuerte. En Vizcaya los señores naturales y generales eran ya los propios reyes castellanos y su labor fue la de pacificar a los rebeldes y enconados banderizaos de las casas-torres que luchaban entre sí por la hegemonía o se enfrentaban a la Hermandad<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a>. El edificio se remata con almenas, saeteras, paseos de adarve y cubos de esquina. La techumbre es de madera. Igualmente de madera sería su estructura interior. La distribución interior comprendía una planta baja (destinada a albergar el ganado, caballerizas y cocina) y un piso superior (para las necesidades familiares). Esta planta es la que solía tener los vanos que se aprecian desde el exterior.</p>
<p>En la primera de ellas (<strong>1704</strong>) se reseñan las siguientes: casa-torre de Mª Agustina Barco (Aranguren), casa-torre de Luchana (Bitoricha) (sin nombre), casa-torre de José Castaños (Iraúregui), casa-torre del Marqués de Paredes (Iraúregui), casa-torre de Domingo Llano (Munoa), casa-torre de Ibarreta (Tapia) (sin nombre) y casa-torre de Antonio Retuerto (Zuazo). TOTAL: siete.</p>
<p>En la segunda (<strong>1745</strong>) quedan reflejadas las siguientes: casa-torre de Llano (Amézaga), casa-torre de Luis Valle y su mujer Ana Mª Larrena (Beurco), casa-torre de José Manuel Zabala (Bitoricha), casa-torre del Marqués de Paredes (Iraúregui), casa-torre en Urcullu (Tillitu) de Juan José Echabarri Beurco, casa-torre en Susunaga de Francisca Sobiñas (Ugarte), casa-torre de Luis Valle-Salazar y Ana Mª Llarena (Zuazo) y casa-torre de Martin Tomás Meñaca (Zubileta). TOTAL: ocho.</p>
<p>En la última de las fogueraciones realizadas en el siglo XVIII (<strong>1796</strong>) se señalan en Barakaldo: casa-torre de Catalina Llarena (Beurco-Bagaza), casa-torre del Duque de Frías (Luchana-Bitoricha), la casa-torre de Mariano Castaños (Basarreta-Bitoricha), la torre del Marqués de Valmediano (Burzeña), la torre de Saturnino Salazar (Cruzes), la casa-torre de (sin nombre) (Cruzes), torregoico de Mariano Castaños (Irauregui), la torre de Coscojales (Irauregui), la torre de Francisco Echabarri (Landaburu), la casa-torre de Llano (Llano), la casa-torre de Francisco Echabarri (Larrea-Rageta), la casa-torre del Convento de Burceña (Morica-Rageta), la casa-torre de José Mª Arana (Bengolea), la casa-torre de Josefa Aranguren Sibrado (Zubileta), la casa-torre de Francisco Meñaca (Aldeco-Zubileta) y la casa-torre de Domingo Azabel (Susunaga). TOTAL: dieciséis.</p>
<p>En la primera década del siglo XX (1908) y según los datos confeccionados por la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Bizkaia, se consigna la existencia de un total de <strong><u>nueve</u></strong> casas-torre: la de Zuazo (propiedad de Dionisio de Olaso); la de Susunaga (de los herederos de José de Yermo); la de Llano (de Ustara); la de San Martín (en Cruces); la de Burceña (del Marqués de Torrecilla)<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a>; la de Bengolea (de los señores Ortiz y Arteche); la de Lurquizaga (de Ampuero) y la de Zubileta (también propiedad del mencionado marqués). (Datos tomados de Maite IBAÑEZ).</p>
<p>A finales del mismo siglo XX se localizan –en situación muy desigual- un total de <strong><u>cinco </u></strong>casas-torre: la de Zubileta (transformada posteriormente en caserío y en la actualidad a punto del derrumbe o derribo); la de Susunaga (muy bien conservada tras la reciente reforma); la de Lurquizaga (con dificultades para adscribirla a las casas-torre y de la que únicamente se conservan unos lienzos del perímetro bajo); la de Aldecoa (próxima a Zubileta y en mal estado de conservación) y la de la Patilla (en ruinas y que controlaba la ruta Portugalete a Valmaseda).</p>
<p>¿Qué podemos decir de las más importantes de estas casas-torre<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a> de nuestro territorio? No demasiado por cuanto la industrialización del siglo XIX arrasó este tan importante patrimonio. Señalamos lo que se puede decir de algunas de ellas<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a>.</p>
<p><strong><u>Torre de Zubileta</u></strong>: ubicada en la orilla izquierda del Cadagua. Junto a la torre se conserva (habitado) el llamado “Palacio de Zubileta” que es un buen ejemplar de “casa-indiana”. Parece que en sus inmediaciones existió un “molino” del que no se conservan restos. Todo ello con una función de control del importante camino que unía Bilbao con Castilla y propiedad de Juan Fernández de Zubileta. En sus proximidades (río arriba) se encuentra el medieval puente “del diablo” donde se bifurcaría el camino real a Castilla y a Cantabria hasta la construcción del “colgante” de Burtzeña (sustituto de la travesía en barca). La “torre” conserva muy pocos elementos de su estructura original sobre todo desde que fue convertida en casa de labranza. Su estado de conservación es, cada día, más precario amenazando ruina. De planta cuadrangular tiene dos alturas y desván. Las paredes son de mampostería dejando el sillar para el recerco de los vanos y esquinas.</p>
<p>Dispone de cuatro accesos, uno de ellos renacentista en arco escarzano de dovelas irregulares flanqueado por troneras. Conserva un total de quince vanos correspondientes a diversas épocas y ubicados de forma asimétrica. La mayoría de ellos son ventanas adinteladas. Especialmente reseñables son los dos cuerpos de vanos geminados, apuntados y con mainel. La estructura de sustentación se basa en un sistema de postes de madera de roble.</p>
<p><strong><u>Torre de Susunaga:</u></strong> es uno de los edificios residenciales gótico-renacentistas que mejor ha conservado su imagen original. Se alza en la ladera del Argalario y, por su ubicación, resultó de una importancia estratégica fundamental para los intereses de la época (control del camino real procedente de Bilbao hacia Cantabria). Fue levantada en madera, posiblemente en el siglo XIV, por los Susunaga y sustituida, posteriormente, por la piedra. La parte alta del edificio (almenas) se perderían en 1458 (requerimiento de Enrique IV). Tras las guerras de bandos se habilitó (siglo XVI) como vivienda y, para ello, se abrieron una serie de vanos con algunas decoraciones ornamentales de cierta importancia. Es un edificio cúbico con dos plantas y un camarote. Se emplea la sillería en las esquinas y recerco de los vanos. La entrada contempla un amplio arco de medio punto con cinco dovelas. La clave luce un escudo sin labrar. Cuenta con tres aspilleras en el piso primero. En el segundo, además de un vano moderno, hay una ventana ajimezada compuesta de dos arcos gemelos de medio punto, además de otros varios. Tiene además, en la fachada principal, una serie de relieves con escenas de caza sumamente interesantes. El sistema de sustentación se basa en vigas de madera. A finales del siglo XX fue totalmente rehabilitada manteniendo los elementos clave y pintando de color rosa todas las fachadas<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a>.</p>
<p><strong><u>Torre de Lurquizaga:</u></strong> es un edificio de complicada adscripción y del que sólo se conservan unos dos metros de altura de los muros perimetrales (de más de un metro de grosor). Si en su origen fue una casa-torre, las profundas transformaciones que sufrió para convertirla en caserío-vaquería (función que ha tenido hasta los años sesenta del siglo XX) la dejaron sin demasiados rasgos primitivos. Está ubicada en la entrada desde Bilbao (barrio San Luis). Tiene una planta ligeramente cuadrada.&nbsp; La parte conservada emplea sillería muy bien trabajada en el encuadre de algunos vanos, en el acceso, en los esquinares y en la primera hilera de los muros. El acceso, ubicado en el muro sur, contempla un arco de medio punto adovelado con moldura de baquetón. El edificio se inscribe en el Renacimiento (inicios del siglo XVI). A ambos lados de la portada se encuentran dos “troneras” más simbólicas que efectivas. Únicamente se conserva (en muy buen estado tras la rehabilitación del entorno) el muro perimetral de unos tres metros de altura.</p>
<p><strong><u>Torre de Aldecoa</u></strong>: próxima a la de Zubileta aunque sólo queda en pie restos de un muro de aparejado gótico y un acceso con arco de medio punto adovelado con una altura aproximada de dos metros y medio. Fue reformada en el siglo XVIII y perdida en la última de las guerras carlistas. Su origen denota una extremada antigüedad, constando en Bizkaia muy pocos ejemplos de esta tipología.</p>
<p><strong><u>Palacio Larrea:</u></strong> posiblemente fue, en su origen, una casa-torre convertida posteriormente en vivienda residencial palaciega. Se encuentra ubicada en la entrada al municipio desde la carretera vieja o paralela a la ría (junto al Colegio San Paulino de Nola). El palacio, cuya estructura conocemos, fue construido en el siglo XVIII. Es de planta cuadrada con cubierta a cuatro vertientes. Tiene tres alturas, con tres ejes de vanos (calles), separadas con líneas de impostas. Está aparejada en mampuesto aunque utiliza el sillar en la fachada principal, esquinazos, impostas y recerco de vanos. El acceso al jardín (muy habitual en este tipo de edificios) aparece flanqueado por sendas gárgolas representando animales. La fachada ostenta el escudo de las familias Echevarría y Larrea, con casco, plumaje y lambretines. Se encuadran cuatro cabezas de ángeles y a sus lados dos figuras de mujer con leones tenantes y frutas a sus pies. No hace muchos años sufrió una reforma integral que ha convertido el palacio en un Restaurante con colores llamativos tanto en el paramento como en los esquinazos e impostas<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a>.</p>
<p><strong><u>Torres de Luchana:</u></strong> no quedan de ella sino referencias (DELMAS “<em>Las Torres de Luchana desde su fundación hasta su ruina</em>”) y algún que otro grabado. Fueron levantadas por los Ayala (frente a la desembocadura del río Asúa) como elemento defensivo costero de sus amplias posesiones que tenían su centro neurálgico en Quejana (Álava). Posteriormente pasaron a manos de los Velasco. A pesar de diferentes opiniones lo más factible es que fuese levantada en el segundo tercio del siglo XIV. Sería una sólida construcción de madera, de volumen cúbico y, quizá, una primera planta aparejada en piedra. Es en el siglo XV cuando se configuraría como una casa-torre.</p>
<p>En 1604 sufrieron unas importantes obras de reparación. Una descripción de 1621 dice que eran dos torres cuadradas, de piedra, separadas un cuarto pero con un pasadizo que las comunicaba. Con dos barbacanas del lado del mediodía y un foso y puente levadizo en el lado principal. En 1821, su dueño (el Duque de Frías) las vendió al barakaldés Felipe de Murga que las acomodó como casa de labranza. En 1846 pasaron a manos de Francisco de Escauriza. Su hija y heredera, Carmen, las vendió a los ingenieros británicos See y Davies que precisaban el solar para la construcción del ferrocarril minero de la Luchana Mining. Con ello se eliminó todo vestigio de estas afamadas torres.</p>
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<p><strong><u>Torre de Beurko</u></strong>: aunque es así conocida, su morfología corresponde más bien a un caserío semejante a otros muchos del Barakaldo de los siglos XV al XVII. La verdadera torre se ubicaba en la desembocadura del arroyo Ballonti. De ella se dice en el siglo XVIII: “<em>La casa y torre antigua de Beurko situada en el barro de su nombre, posee otra casa dependiente existiendo en la parte superior de la torre dos viviendas y un horno en la esquina</em>”. Los primeros dueños de la torre parecen ser Juan de Retuerto y su esposa María Sáez de Retuerto, quienes vivieron a finales del s. XVI. La heredó su hijo Domingo de Retuerto que casó con María Santa de Rotaetxe y de éstos pasó a su primogénito Martin de Retuerto casado con María Asencia de Cantarrana. El heredero de éstos, Antonio de Retuerto, casó con María Antonia de Larrínaga Gurtubay. De ellos nació Juan de Retuerto, casado con Margarita de Salazar-Galindo a quienes sucedió Francisco Javier de Retuerto Salazar<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a>.</p>
<p>Había huerta en su parte trasera lindando por un costado con el Camino Real y por otro con las viñas del Juncal y Cañas. Al lado de las viñas se encontraba la heredad de Restrojo en el sitio que llaman “El Astillero”. Anexas a la torre existían dos heredades: la de Bayabe, que se repartía entre rastrojo y maíz, y un huero que llamaban del Fresno. Junto a la torre existía el citado “barco o pasaje de Beurco”. Dichas posesiones y algunas otras configuraron el Mayorazgo del mismo nombre que a finales del XVI pertenecía a los Landaverde, siendo después de la familia Anuncibay y en el XVIII de los Larrínaga-Sobrado. La “casa” actual se sitúa al final de la calle Arauti, pasado el bidegorri de la que hay en el siglo XIX una referencia catastral: “heredad de sembradura de diez y seis celemines llamada la Rotura, con una arboledita en el barrio de Beurco junto a la fuente cuyas dos Tercias partes pertenecen a la referida casa”.</p>
<p><strong><u>Casa de Gorostiza:</u></strong> solar del linaje Castaños con un hermoso escudo heráldico. Entre los personajes de este linaje debemos destacar a don Juan Castaños Beisagasti (Almirante de la Escuadra Naval Española en 1655) y a don Francisco Javier Castaños Iragorri (Capitán General del Ejército Español y triunfador en la Batalla de Bailén en 1808). El caserío es un edificio exento del siglo XVIII. Planta cuadrangular ligeramente profundo, cubierto con tejado a cuatro aguas. La fábrica es de mampostería, empleándose sillares de recerco en vanos y esquinazos, y el escudo corresponde a las familias Rekalde, Olalde, Gambia y Balda.</p>
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<p>Se encuentra en el barrio de su nombre, en la orilla derecha del río Castaños. Actualmente se encuentra en un lamentable estado. Por su armazón de madera se muestra como uno de los más importantes de Barakaldo por su armazón de madera, su estructura interior, el escudo de la fachada y el trabajo de carpintería observado en el camarote.</p>
<p>La <strong><u>Casa-Torre de Burceña</u></strong> estuvo situada en el lugar denominado “el Regatillo”, entre cocheras y la casa del herrero, y fue derribada el año 1940 y en su lugar se construyeron las oficinas de Gruber<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a>.</p>
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<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Una interesante “novela” sobre algunos de los enfrentamientos entre los Haro-Ayala y los Salazares es la titulada “Banderizos” cuyo autor es José Manuel APARICIO.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <strong>Gamboínos</strong>: Familias de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gamboa_%28apellido%29">Gamboa</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Guevara">Guevara</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Balda">Balda</a>, Olaso, <a href="https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Abenda%C3%B1o&amp;action=edit&amp;redlink=1">Abendaño</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Salazar_%28apellido%29">Salazar</a>, Ayala (en Vitoria) y Leguizamones (en Bilbao). Tenían como aliados a los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Agramonteses">agramonteses</a> y al <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_Navarra">Reino de Navarra</a>. <strong>Oñacinos</strong>: Familias de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Loyola">Oñaz</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Mendoza">Mendoza</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Lazcano">Lazcano</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAgica">Mújica</a> y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Butr%C3%B3n">Butrón</a>, Calleja (en Vitoria) y Zurbaran (en Bilbao). Tenían como aliados a los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Beamonteses">beamonteses</a> y a la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Corona_de_Castilla">Corona de Castilla</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Una cuestión debatida es el interrogante del qué fue antes si la iglesia o el asentamiento o, mejor, en qué contexto surge la iglesia. Parece que, en términos generales, el establecimiento humano precedió a la iglesia o fueron contemporáneos. Iñaki GARCÍA “Arqueología y poblamiento en Bizkaia, siglos VI-XII” p.336.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> José R. DÍAZ DE DURANA en “Las luchas de bandos…” 90, afirma que además de motivos políticos está “el control y dominación de los hombres y del excedente que generan las actividades agrícolas, forestales, artesanales y comerciales en sus ámbitos de influencia”. José Ángel GARCÍA DE CORTÁZAR en “Bizkaia en la Edad Media” (III, pp. 351 ss) añade “es necesario advertir que el conflicto banderizo no es un simple enfrentamiento de grupos nobiliarios rivales, sino algo más complejo; encierra dentro de sí tanto las luchas internas que a veces se producen dentro de los propios bandos generalmente por problemas de poder”. De la misma opinión es Emiliano FERNÁNDEZ de PINEDO: “¿Lucha de bandos o conflicto social?”. En “La Sociedad Vasca Rural y Urbana en el marco de la crisis de los siglos XIV y XV” p. 39</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> José Luis BANÚS distingue entre “parentelas”, “linajes directos”, linajes largos”, “bandos” y “grupos de bandos”. “Los banderizos: interpretación étnica y geopolítica”. En “La Sociedad Vasca…” pp. 68-70.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Lope García de Salazar “Bienandanzas y Fortunas”: En esta tierra de Barakaldo, desde antiguo, hubo tres linajes: Retuerto, Susunaga e Yraure. El más antiguo es el de Retuerto, sucediendo a un caballero godo que pobló en Egilus, junto a Soloeta…, El linaje de Susunaga viene de Galdames, de un hombre que vivía en Artecona, sobre San Pedro de Galdames (&#8230;) y un hijo de él pobló en Susunaga de Barakaldo. El linaje de Yrauregi se funda del linaje de los Munsayos de Guipúzcoa, que vino a poblar Yrauregui e hizo allí su vivienda y procrearon allí…</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> José Luis BANÚS: “Los banderizos: interpretación étnica y geopolítica”. En “La Sociedad Vasca…” pp. 78-79.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Aunque, a tenor de los Fueros, cualquier hidalgo bizkaino puede construir una casa de este estilo, quienes en realidad las poseen y construyen son los parientes mayores, refugiándose en ellas en los momentos de peligro los restantes miembros del linaje o bando. Las torres bizkainas son, por lo general, de dimensiones más modestas que las del resto de España. El único ejemplar que puede equipararse a los castillos de otras zonas es el de Muñatones. José Ángel GARCIA de CORTÁZAR y Cía “Bizkaia en la Edad Media (III), p. 37</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> El nombre más auténtico de estas construcciones era el de casas “fuertes” para diferenciarlas de las “llanas”, las cuales podrían equivaler a los caseríos y aquellas a las torres. Los hijosdalgos (a tenor del Fuero Viejo ya que el Nuevo lo amplía a todos los vizcaínos) podían construir ambos tipos de casas, fuertes o llanas, en sus heredades sin contradicción alguna y, si la había, debían acudir ante el alcalde de fuero para hacer valer su derecho. Manuel BASAS “Las casas-torre de Vizcaya”, pp. 3-5. La Casa-Torre vizcaína, por tanto, fue vivienda del Pariente Mayor, a quien no existía la obligación de tributar y a quién se allegaban varios vecinos unidos por lazos de parentesco (lazos de sangre). Normalmente, la casa torre es el solar del que derivan todos ellos, origen del clan y al que todos se reconocen ligados. El dueño de la casa-torre es el “mayor”, aquel en quien el solar ha recaído en herencia generación tras generación, en forma de mayorazgo. También recae en él la obligación de proteger a los partidarios –allegados- que le reconocen como tal Pariente Mayor. Esto se simbolizaba en las casas torre antiguas, manteniendo en lo más alto de ellas una caldera, un cuerno que servía para llamar al clan y el pendón familiar. Esta “demarcación señorial” estaba formada por un conjunto de edificaciones entre las que encontramos la ermita, el molino, la ferrería y la casa torre en sí, todo ello aderezado además por la campiña circundante con sus prados, montes, bosque, tierras de labranza o huerta&#8230;</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Acceso directo a una vivienda desde la parte exterior por medio de una escalera de piedra adosada al muro. El patín se encuentra adherido a la casa, pero sus estructuras son independientes. Generalmente el patín es macizo, es decir, relleno de piedra. El patín es utilizado en Galicia, Asturias, Cantabria, Vizcaya, Alava, Navarra, etc, con más o menos asiduidad. Su origen es remoto, pero posiblemente se creó para defender los accesos de las torres y casas-fuertes. En estos edificios medievales su uso fue muy generalizado, ya que cumplía dos misiones: una, acceder directamente a la planta noble evitando así la suciedad y los olores; y dos y fundamental, proporcionar seguridad. Estos primitivos patines solían estar protegidos por saeteras y cadalsos, y en ocasiones, incluso cerrados con cubierta y gruesos muros almenados. Pasadas las luchas banderizas las torres góticas se fueron transformando en casas de labranza, conservando muchas de ellas elementos guerreros, entre los que destaca el patín. Los edificios renacentistas y barrocos también utilizaron el patín como acceso e incluso como lugar de descanso y tertulia. Juan de AMESTI “El patín en los edificios civiles del Valle de Carranza”. Eusko Ikaskuntza.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Manuel BASAS “Las casas-torre de Vizcaya”, pp. 10-11</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Señala Carlos IBÁÑEZ que la “Casa Torre de Burceña estuvo situada en el lugar denominado “el Regatillo”, -entre cocheras y casa del herrero-, y fue derribada el año 1940”. “Historia general de Barakaldo”, p. 156</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> En ocasiones, la casa-torre, tiene a su vera una ermita, por ejemplo, en Aranguren. No es infrecuente, no es el caso de nuestro entorno, que la casa-torre forme un conjunto con el molino, la ferrería y la ermita.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Los datos básicos están tomados de Mayte IBAÑEZ y de nuestro propio trabajo de observación e investigación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Desde 1987 está declarada Monumento de Bizkaia por la Diputación Foral.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Indica Pedro SIMÓN en “La anteiglesia de Barakaldo” p. 213 Nota 75 que esta casa-torre había en 1787 repartidos por diferentes salas y aposentos los siguientes cuadros con motivos religiosos: “Yten tres efigies de nuestra Señora del Rosario, La Concepción y Santa Rosa con sus marcos acristalados, y otras cinco láminas también con efigies de San Josef, Nuestra Señora del Rosario, San Juan, San Antonio y San Vicente”.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> HILARIO-MARTÍNEZ “Barakaldo a través de los tiempos”, pp.265-266</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Carlos IBÁÑEZ “Historia General de Barakaldo” p. 156.</p>
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		<title>Ferrerí­a y Alto Horno (textos)</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2026 06:20:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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<p><i>La construcción de una ferrerí­a fluvial planteaba problemas técnicos </i><i>bastante más complejos que sus antecesoras. La inversión de capital que </i><i>requerí­an hací­an de ellas bienes patrimoniales de la nobleza local. </i><i>Difí­cilmente podí­a permitirse la mayor parte de la población rural su </i><i>ejecución. La posesión de hornos y martinetes para elaborar hierro </i><i>identificaba, mejor que cualquier otra propiedad, al sector más </i><i>acomodado de la sociedad vizcaí­na del Antiguo Régimen, desde los </i><i>linajes banderizos medievales a los mayorazgos solariegos de los siglos </i><i>XVI-XVIII. Al margen de las ganancias monetarias que les reportaba la </i><i>comercialización del metal, la ferrerí­a constituí­a el vehí­culo ideal para </i><i>rentabilizar la abundante madera que producí­an sus bosques de roble, </i><i>encina y madroño</i>» (Mayte Ibáñez).</p>
<p><i>«Del Fuero Vizcaí­no : Que ningún natural ni extraño, así­ del Señorí­o de </i><i>Vizcaya como de todo el reino de España, ni de fuera de ellos, pueda </i><i>sacar a fuera de este Señorí­o, para reinos extraños, vena, ni otro metal </i><i>alguno para labrar hierro o acero, so pena que la persona que lo sacara, </i><i>sea desterrada perpetuamente de estos Reinos, y pierda la mitad de sus </i><i>bienes, y la nave en que sacase la mercancí­a, y la misma mercancia se </i><i>pierda, y de todo ellos la tercera parte será para reparación de carreteras </i><i>de este Señorí­o, otra tercera parte para el acusador, y la otra tercera parte para Ia Justicia que lo ejecutare<b>«. </b></i>(Adarra «Aproximación a Ia Historia del P. Vasco»)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><i>«Previamente ha de prepararse el mineral por calcinación en hornos </i><i>apropiados, dejándolo luego extendido a Ia acción de los agentes </i><i>atmosféricos, y sometiéndolos después a un fuerte desmenuzamiento; </i><i>después se criba, separando los diferentes tamaños y recogiendo los </i><i>trozos similares a una nuez.</i></p>
<p><i>El polvo y los menudos eran poco útiles para la operación, por obstruir </i><i>con facilidad la circulación del viento.</i></p>
<p><i>Los ferrones colocan en el fondo del crisol un cesto de carbón, de </i><i>tamaño grueso para facilitar la corriente de aire; encienden el fuego por </i><i>el procedimiento de la yesca y el acero, o partiendo de otro fuego anterior </i><i>cuidadosamente conservado, y lo dejan arder durante unas cuatro o </i><i>cinco horas, si es primera vez, para que el horno se seque bien y vaya adquiriendo Ia temperatura adecuada.</i></p>
<p><i>Amontona el operario el carbón encendido con un espetón en el lado del </i><i>horno por donde se inyecta el viento, junto a la tobera, hasta una altura de 56 cm. En el horno navarro y lo aprieta fuertemente, golpeándolo con </i><i>el dorso de una pala de hierro, procediéndose ya a la operación definitiva. Colocados los cestos del mineral en el muro de contraviento, se va echando el mineral poco a poco, con suavidad, alternando con carbón encendido, cuidando de no que se llegue a obturar el orificio de la tobera. Terminada la carga, se llena el horno totalmente de carbón y se le da viento con el fuelle o la trompa de agua.</i></p>
<p><i>El fundido riega frecuentemente el carbón de la superficie, para </i><i>concentrar el calor y evitar un consumo inútil; lo resuelve sin cesar y lo </i><i>amontona en medio del horno; limpia sin descanso la parte de la salida del viento, sondea el fondo del crisol para comprobar la presencia de grumos de hierro libre y comprueba la fluidez de la escoria que se adhiere a la barra metálica del instrumento de trabajo. Se añade carbón a medida que el anterior se va consumiendo y se aumenta poco a poco el viento, de forma que (legue a su plena fuerza al cabo de dos horas, dando más agua a la rueda de los fuelles o a la trompa.</i></p>
<p><i>La escoria, lí­quida, flota y se va reuniendo junto al orificio de la tobera, </i><i>donde la combustión del carbón es muy rápida. Se sangra de vez en </i><i>cuando por la parte delantera, dejándola fluir libremente.</i></p>
<p><i>En el fondo del crisol se van formando masas esponjosas de hierro </i><i>mezcladas con escoria y restos de carbón y mineral de hierro; el </i><i>fundidor con su espetón, va juntando todos estos grumos de metal libre, </i><i>formando un bloque más compacto, de mayor tamaño, de color blanco, </i><i>blando, pero resistente todaví­a a la penetración de la punta del </i><i>instrumento de trabajo ; al cabo de cuatro horas se puede dar por </i><i>terminada la operación, se cierra la mampara de los fuelles y se retira </i><i>todo el carbón ardiente hacia la parte trasera del horno.</i></p>
<p><i>Descubierto el tocho o lupia, se le clava el espetón, se le sacude </i><i>vigorosamente y se le da vueltas para expulsar la escoria lí­quida que le </i><i>acompaña, fuera ya del horno y colocado sobre el yunque, comienza a </i><i>operar el martillo</i><b>«. (</b>4.3. Adarra , id, pp.57-58).</p>
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		<title>Las ferrerías de monte (una revisión bibliográfica) (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Jul 2026 06:22:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="138" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/IMG_20211230_102310.jpg?fit=300%2C138" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/IMG_20211230_102310.jpg?w=800 800w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/IMG_20211230_102310.jpg?resize=300%2C138 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/IMG_20211230_102310.jpg?resize=768%2C354 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10422" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/el-pastor-de-ganekogorta-leyenda-barakaldarra/img_20211230_102310/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/IMG_20211230_102310.jpg?fit=800%2C369" data-orig-size="800,369" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="IMG_20211230_102310" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/IMG_20211230_102310.jpg?fit=800%2C369" /></div><ol>
<li>Introducción</li>
</ol>
<p>Al interesarnos por el fenómeno de las ferrerías en las provincias atlánticas vascas y más concretamente por las denominadas «ferrerías de monte», nuestro primer paso fue proceder a recopilar y revisar todo aquello que se hubiera publicado sobre dicho tema y que fuera, por otra parte, fácilmente accesible, con el fin de obtener una imagen del grado de conocimiento alcanzado.</p>
<p>Esta revisión, de la que no estuvo ausente un cierto espíritu crítico, puso de manifiesto algunas carencias, contradicciones y puntos débiles que parecen presentar las fuentes bibliográficas. En esta situación, decidimos profundizar en la lectura de los trabajos que abordan el tema de las ferrerías de monte. Las reflexiones surgidas son las que nos proponemos mostrar a continuación, debiendo verse en ellas un intento de analizar los fundamentos en los que parece basarse nuestro conocimiento actual de estas ferrerías primitivas y conocer las circunstancias en las cuales tal conocimiento puede ser utilizado.</p>
<p>Una primera nota que nos parece interesante introducir, por ser la primera constatación que se realiza, es el hecho de que el tema de las ferrerías ha suscitado un enorme interés a lo largo del tiempo, alcanzando su expresión más concreta en numerosas publicaciones.</p>
<p>Dejando para más adelante las valoraciones sobre la calidad «científica» de lo en ellas contenido, es necesario señalar que la atención ha gravitado fundamentalmente sobre las ferrerías que utilizan la fuerza hidráulica en los procesos de elaboración del hierro. El fenómeno de las ferrerías de monte suele tratarse a modo de antecedente, de forma rápida, escueta y de obligado compromiso como paso, siempre previo, al estudio de las ferrerías de valle, auténtico centro de dichas publicaciones.</p>
<p>El análisis que nos proponemos realizar con los trabajos publicados que recogen aspectos de las ferrerías primitivas ha sido dividido, por razones puramente metodológicas, en dos apartados. Uno primero, hace referencia al aspecto físico y elementos constitutivos de dichas ferrerías. Un segundo apartado se centrará en su localización y distribución geográfica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="2">
<li>Las ferrerías de monte: aspecto físico</li>
</ol>
<p>Una de las primeras cuestiones a resolver es ¿cómo eran esos primitivos hornos o ferrerías? La respuesta que obtengamos dependerá de diversos autores:</p>
<ol>
<li>A) «la vena se fundía en hoyos ú hornos de cal y canto como los que se usan para el cocimiento de la cal. Y éste parece que fue uno de los procedimientos más antiguos.</li>
</ol>
<p>«Introdujose también calcinar la vena a campo libre y sin hoyo, cargando el mineral sobre espeso cerco de troncos. ( &#8230; ) Ensayose también la fundición sobre una pared de cal y canto de poca elevación».</p>
<p>Esta opinión será posteriormente recogida por Adolfo LAFARGA, sin hacer mención expresa de la fuente de la que lo toma, y por Juan GARMENDIA que sí especificará el origen de su referencia.</p>
<ol>
<li>B) «El mineral de hierro, con el carbón, se colocaba dentro de un tronco de árbol de gran diámetro, ahuecado previamente, recubierto de arcilla y otras sustancias minerales. La combustión se activaba con fuelles de piel de gamo o cabra, movidos con los pies y, con más frecuencia, mediante las manos. Las «toberas» encauzaban el aire producido. El mineral dejaba caer sus escorias a una hoya que recibía el nombre de «arrago», «arruga», (&#8230;)».</li>
<li>C) «El mineral de hierro ( &#8230; ) se desmenuzaba en pequeños trozos del tamaño de una nuez, los cuales, una vez calcinados, eran mezclados con arcilla y cal para hacer conjuntamente una especie de bola que se colocaba en lo que hacía de horno, rodeada de carbón vegetal».</li>
</ol>
<p>«Durante siglos posteriores fueron introduciéndose algunas modificaciones en la fabricación del hierro (&#8230;). Las antiguas cavidades eran sustituídas por hornos de, aproximadamente un metro de altura y un metro de anchura (&#8230; )».</p>
<ol>
<li>D) «Al igual que los utilizados en la antigüedad, en algunas regiones de Europa y aún hoy en ciertos pueblos salvajes, probablemente consistían en unos pequeños hornos de dos o tres metros de altura, con un diámetro de un metro escaso, en los cuales mediante capas alternas de carbón vegetal y mineral en forma de óxido de hierro, alimentados por una corriente de aire, se obtenía el metal por reducción. (&#8230; ) Mientras se verificaba la reducción del metal, el orificio de entrada que luego serviría de piquera, permanecía cerrado con tierra arcillosa sin dejar más espacio que el necesario para que pasase la tobera compuesta de arcilla ferro-arcillosa, la cual se quitaba para extraer la masa de hierro reducido. La escoria se eliminaba, mediante unas tenazas, por una abertura superior a medida que aquella se enfriaba».</li>
<li>E) «En hornos de un metro de anchura y, después de haberse desmenuzado una masa de hierro de la mejor calidad (vena, generalmente), en trozos ovoidales del tamaño de un huevo de gallina y a veces del de una nuez, se colocaban ya calcinados, con mezcla de arcilla y cal en el horno, rodeados de carbón vegetal (&#8230; )».</li>
<li>F) «(&#8230; ) la ferrería primitiva era una instalación muy sencilla y de escasa importancia, pues solamente constaba de un pequeño horno de calcinación de la vena o mineral y otro para la reducción del mismo».</li>
<li>G) «Primero se calcinaba este al aire libre, a fuerza de leña y carbón vegetal. Cuando quedaba reducido a una masa esponjosa, se lo refinaba en una gran hoya abierta</li>
</ol>
<p>en el suelo, llamada en vascuence arragua».</p>
<ol>
<li>H) «Una u otra de tales materias primas era después mezclada con carbón o leña, y dicha mezcla se hacía arder apilándola en montones rodeados por un cerco de troncos o de piedras. Cuando terminaba la combustión, se deshacía el apilado y se separaba la parte rica en gránulos metálicos escoriformes -la agoia o arragoa- para calentarla de nuevo (ahora en un pequeño hoyo) a fin de agregar el metal formando un tocho o lingote rudimentario (&#8230; ). (&#8230; ) luego fueron creciendo, tanto en número como en tamaño, y en ellas se instalaron ya hornos de fábrica, hechos con piedra o con ladrillos. Estos hornos serian, probablemente, de forma cilíndrica y de dimensiones parecidas a los existentes en las caleras, aunque de momento sus estructuras y sus restantes particularidades permanecen casi totalmente ignoradas, por ser muy escasos y de incierta procedencia los restos que hemos llegado a conocer. En ellos se cargaba el carbón y la mena, calcinando y troceando generalmente ésta antes de mezclarla con el reductor, también troceado (&#8230;).</li>
<li>I) «La técnica de trabajo era muy rudimentaria, similar a la utilizada por los pueblos naturales: empleo de un mineral muy rico que (&#8230;) se reduce en un horno excavado en el suelo (del tipo de cubo o «windofen» u horno bajo de tipo catalán) situado en bosques y zonas altas de montaña. El aporte de aire se hacía por fuelles manuales.</li>
</ol>
<p>A este tipo corresponden los hornos descubiertos en 1870 en Huttenberg (Carintia); otro en el Jura Bernois, de tipo celta; en Cernetat; Léilling (Carintia) -utilizados en época romana-, etc. Igualmente se conocen hornos pequeños en lugares aislados y cuevas, como los encontrados en Escocia, acaso similares a los citados en Lemos (Galicia) el 29-11-1979&#8243;.</p>
<ol>
<li>J) «(&#8230;) todas las operaciones necesarias para transformar el óxido mineral en metal utilizable se habían desarrollado al aire libre o en rudimentarias cabañas, empleando hornos bajos semiexcavados en la tierra».</li>
</ol>
<p>Tras leer con detenimiento las opiniones transcritas, lo primero que ponen de manifiesto es la existencia de varios tipos de hornos o ferrerías primitivas. En este punto se hace necesario introducir algunas reflexiones con el fin de tratar de encontrar las razones que originan tal diversidad de tipos.</p>
<p>1) La distinta distribución geográfica de los modelos, sobre la que volveremos a tratar más adelante en otro apartado y en la que pudiera pensarse al leer la referencia bibliográfica de la que se extracta la cita, no debiera ser tenida en cuenta, al menos de manera importante, ya que parece tratarse de modelos ampliamente intercambiables o, cuando menos, sin una clara cualidad localista. Baste recordar que junto a modelos con los de Julio CARO BAROJA y Leandro SILVAN que engloban la totalidad del País Vasco, encontramos otros que, como los tipos propuestos por Estanislao J. de LABAYRU para el caso vizcaíno son asumidos por Juari GARMENDIA con validez para todo el territorio vasco o el modelo que nos propone Manuel LABORDE referido al ámbito guipuzcoano y al que posteriormente, el mismo autor, le otorga una aplicación geográfica más amplia.</p>
<p>2) Si valoramos ahora las referencias bibliográficas considerando el aspecto cronológico de su publicación, no dejan de llamar poderosamente la atención dos hechos.</p>
<p>El primero surge de la ruptura que parecen establecer los autores anteriormente reseñados con respecto a los escritos de sus predecesores en tal campo de interés.</p>
<p>Autores como Esteban de GARIBAY, el padre Gabriel de HENAO, Lope MARTINEZ DE ISASI, Pedro Bernardo VILLARREAL DE BERRIZ o Juan Ignacio de ITURRIZA y ZABALA al tratar el tema de las primeras ferrerías no hacen mención alguna a los componentes o elementos constitutivos de las mismas, consideraciones que entran a formar parte de aquellos estudios que estamos revisando en el presente análisis y que se han manifestado en una pluralidad de modelos.</p>
<p>El segundo hecho que interesa destacar es el posicionamiento de los diversos autores con respecto a estudios cronológicamente anteriores y el paso de modelos singularizados o con detalles descriptivos muy concretos a modelos de caracteres y rasgos generales.</p>
<p>Parece lógico pensar, o así suele mostrarlo la práctica habitual, que conforme avanza el tiempo, los investigadores tienden a asumir determinadas afirmaciones o supuestos por considerarlos válidos, convirtiéndose así en puntos de obligada referencia para cualquier investigador posterior. Y esto hasta que algún nuevo descubrimiento o aportación invalida todo lo anterior pasando a ocupar, una vez aceptado como válido, el lugar de cita obligada.</p>
<p>En este sentido, no deja de extrañar que en 1975 Joaquín ALMUNIA no haga referencia, al menos directa, a los modelos propuestos por Estanislao J. de LABAYRU a fines del siglo pasado, que Juan GARMENDIA retoma como válidos en 1976 y a los que veremos desaparecer en 1988 bajo el concepto genérico de hornos bajos semiexcavados en la tierra. Más curioso, si cabe, es el caso del modelo de Julio CARO BAROJA (1949) que no parece llamar la atención de ningún interesado en estos temas hasta 1986, año en el que Juan Ignacio PAUL ARZAC lo rescata del olvido aplicándolo al caso de la provincia de Guipúzcoa, al tiempo que ignora trabajos como los de Manuel LABORDE (1956, 1963 y 1979) o las aportaciones de Luis Miguel DIEZ DE SALAZAR (1983) para el mismo ámbito geográfico.</p>
<p>Y este comportamiento no deja de sorprendemos precisamente porque ningún autor establece una crítica con respecto a las opiniones o planteamientos de sus antecesores. Evidentemente la asunción o no de la tradición historiográfica anterior y la formulación de planteamientos nuevos ya supone, en sí mismo, una toma de postura.</p>
<p>Sin embargo, cuando hablamos de crítica nos estamos refiriendo a un posicionamiento razonado, plasmado en sus escritos, de aquellas consideraciones que les han llevado a desechar o aceptar estudios precedentes, único medio que puede contribuir a disipar la impresión de que en tal actitud selectiva hay mucho de arbitrario.</p>
<p>En esta misma línea, más difícil de interpretar es la tendencia de algunos autores a referir tipos de hornos descritos con anterioridad sin mencionar la fuente de donde se toma tal referencia.</p>
<p>3) Tal vez a modo de curiosidad, llama la atención la distinta manera de expresarse de los diversos autores. Frente a los que al redactar utilizan expresiones que afirman: «la vena se fundía», «la ferrería primitiva era», «las antiguas cavidades eran sustituídas», etc., otros autores quieren introducir cierta cautela en expresiones como: «parecer ser que», «probablemente consistían», «debieron darse», etc.</p>
<p>4) Un cuarto y último aspecto a considerar, sin duda el más importante, nace de un cierto carácter contradictorio que se deja entrever en algunas de las publicaciones que venimos comentando. Al menos esto es lo que se desprende cuando Leandro SILVAN (1976), tras comentar la evolución sufrida por las ferrerías de monte con el paso a «hornos de fábrica, hechos con piedra o con ladrillos &#8230; probablemente de forma cilíndrica &#8216;dice a renglón seguido&#8217; (&#8230;) de momento sus estructuras y sus restantes particularidades permanecen casi totalmente ignoradas, por ser muy escasos y de incierta procedencia los restos que hemos llegado a conocer».</p>
<p>En tales circunstancias, no dejan de tener un interés particular las notas apuntadas por Manuel LABORDE o Julio CARO BAROJA. Más recientemente se han llevado &#8216;a cabo intentos por localizar en la zona de Legazpia y en determinadas áreas de la geografía vizcaína (Encartaciones, Gorbea, Amboto), vestigios materiales que permitieran hacerse una idea de la estructura y composición de las ferrerías de monte. Esfuerzos que resultaron infructuosos.</p>
<p>Estos testimonios ayudan a explicar una carencia que se deja sentir poderosamente en los escritos que venimos analizando, y es la total ausencia de referencias a restos materiales, a localizaciones geográficas precisas a que referir y sobre los que sustentar los modelos que se proponen. Referencias que son habituales en cualquier trabajo de investigación.</p>
<p>De todo lo hasta ahora dicho, parece que la respuesta a las causas posibles de tal variedad de modelos por las que nos interesábamos más arriba, deba encontrar su razón de ser en las opiniones o intuiciones personales de cada autor. Situados ante el problema de las estructuras para la obtención. del hierro en un momento anterior a la aplicación de la fuerza hidráulica a la ferrería y careciendo de restos en los que basarse, cada autor trató de encontrar la solución que más adecuada le parecía. Esta búsqueda personal del modelo o modelos más satisfactorios, si bien clara y manifiesta en los casos de Manuel LABORDE y Luis Miguel DIEZ DE SALAZAR, debe extenderse a los restantes autores ante esa falta mencionada de vestigios en los que apoyarse, ante ese panorama de opiniones diversas y contradictorias, ante esa ausencia de referencias de cualquier tipo que los avalen.</p>
<p>Sin embargo, aun cuando podamos considerar que en los modelos propuestos hay mucho de respuesta «inventada», de opinión personal ante un problema concreto,</p>
<p>esta constatación no resuelve completamente el tema. El planteamiento de un modelo determinado debiera ir acompañado de las razones que justifican su elección.</p>
<p>Esta es una carencia más, entre las ya citadas, que se muestra especialmente significativa en los dos autores que expresan la búsqueda hipotética de un tipo de ferrería primitiva: Manuel LABORDE y Luis Miguel DIEZ DE SALAZAR. Ambos dicen basar su propuesta en modelos tomados de la Antigüedad y en aquellos que aún se utilizan entre los pueblos primitivos o naturales actuales. Ahora bien, parece inevitable preguntarse a la vista de sus trabajos ¿entre qué pueblos naturales?, ¿por qué ese o esos modelos de hornos primitivos y no otros?</p>
<p>Entre los tipos de hornos para reducir el hierro conocidos en la Antigüedad y Edad Media (sin aplicación de la fuerza hidráulica a sus procesos) se puede observar una amplia variedad que engloba desde los sencillos agujeros excavados en el suelo hasta hornos construidos totalmente sobre la superficie del terreno, en los más diversos materiales y abarcando, a su vez, modelos sencillos y complejos. Todos estos tipos son aptos, en principio, para el fin con que se crearon: transformar el mineral en metal.</p>
<p>Sin embargo, no todos se muestran igualmente eficaces en la consecución de tal fin, eficacia que, entendida como menor esfuerzo y mejor rendimiento, dependerá de características tales como el aislamiento, la refracción o la ventilación que presente el horno.</p>
<p>Manuel LABORDE ha optado por un modelo de dos o tres metros de altura, frecuente en época romana y medieval sin mostrar consideración alguna por los hoyos excavados en el suelo tan del parecer de los restantes autores. Por su parte, Luis Miguel DIEZ DE SALAZAR se inclina por un tipo amplio y general: los hornos excavados en el suelo, con o sin superestructura, entre los que podría incluirse el modelo de Manuel LABORDE si su parte baja estuviera enterrada; sin embargo, hace caso omiso a la reducción del mineral bien en hornos construidos sobre el suelo bien en masas de mineral rodeadas de troncos.</p>
<p>Tal preferencia por un tipo u otro responde, sin duda, a un conjunto de razones que han dirigido la selección en una dirección determinada, pero tales motivos nos son desconocidos, precisamente porque los propios autores los omiten. Si bien en la mayoría de los casos se puede vislumbrar una pobreza o parcialidad en las fuentes bibliográficas que debieron servirles de base al elaborar o elegir su propuesta, el desconocimiento de las razones que guían su elección nos impide una justa valoración de sus aportaciones y plantea serias dificultades y problemas a su utilización posterior.</p>
<p>Quizá como última nota, un poco a modo de aclaración para que nadie se precipite al extraer conclusiones, precisar que el considerar las aportaciones al tema de las ferrerías de monte a nivel de simples sugerencias, no supone que traten de dar respuesta a un problema ficticio, porque precisamente tales propuestas surgen ante la necesidad de aportar soluciones a una situación concreta largamente conocida: la presencia de escoriales de hierro sin relación directa con las instalaciones que pudieron haberlas originado.</p>
<p>José Luis Ibarra Álvarez</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El camino de Santiago por Barakaldo</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 06:45:37 +0000</pubDate>
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<p><strong><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="392" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/el-camino-de-santiago-por-barakaldo/calzada-medieval-4/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg?fit=866%2C572" data-orig-size="866,572" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="calzada-medieval-4" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg?fit=866%2C572" class="alignright size-medium wp-image-392" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg?resize=300%2C198" alt="calzada-medieval-4" width="300" height="198" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg?resize=300%2C198 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg?resize=768%2C507 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/calzada-medieval-4.jpg?w=866 866w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Las peregrinaciones </strong> a la «tumba» del apóstol Santiago se inician, seguramente, en la primera mitad del siglo IX. Teniendo en cuenta su interés religioso (signo contra el islam) y, sobre todo, económico, pronto se consolidaron los caminos. La ruta más normalizada será la que desde Navarra, atraviese La Rioja y Burgos y, por León, se adentre en Galicia. Seguirí­a antiguas calzadas romanas. Sin embargo no hemos de descartar otros caminos que, además del marí­timo, discurrirí­an paralelos a la costa o, desde ella, irí­an a dar con el principal.</p>
<p><strong>En Bizkaia </strong> conocemos algunos datos que nos hablan del discurrir de peregrinos por el territorio. En 1494 un obispo armenio duerme en Portugalete; en 1506 se prohí­be en la ciudad de Orduña que la gente pida limosna excepto a los romeros; en 1515 se permite a Zenarruza cobrar impuestos para arreglar el albergue y camino; en 1563 Martí­n del Barco, vecino de Musquiz, persigue a unos romeros que le habí­an robado, hasta Guriezo; en 1574 se acusa a un vecino de Las Carreras de matar a un romero; en 1661 se funda en Bilbao el Hospital de San Antón para los peregrinos&#8230;</p>
<p>El camino de Bizkaia harí­a el siguiente recorrido: Markina- Bolí­var- Colegiata de Zenarruza- Gerrikaitz- Ajangiz- Gernika- Muxika- Morga- Larrabetzu- Lezama- Zamudio y Bilbao (Catedral de Santiago). En este punto el peregrino podí­a optar por tres posibilidades: dirigirse hacia Balmaseda, tomar la ruta hacia Orduña o bien continuar caminando junto a la costa. En este caso, pasarí­a por <strong>Barakaldo. </strong></p>
<p><strong>Este camino </strong>, hasta el Puente del Diablo, serí­a similar al de Balmaseda. Pasando el puente los peregrinos subirí­an por la calzada hasta Santa ígueda para bajar desde allí­ hasta el barrio de Cruces (confluencia de caminos). También es posible que, una vez pasado el puente, se dirigiesen por Zubileta a Burtzeña y, de allí­ a Cruces. Desde Cruces tomarí­an el camino real, paralelo al Castaños, hasta Ugarte sin entrar en el barrio de San Vicente. Desde Ugarte, por Salcedillo, irí­an a Portugalete (con hospital y lugar para descansar) y luego por Abanto y Musquiz se dirigirí­an a Cantabria.</p>
<p>Mitxel Olabuenaga</p>
</div>
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		<title>BARAKALDO (Documento de 1621)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Jul 2026 06:21:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[1621, agosto, 8 (copia del s. XIX). Barakaldo. Apeo de las torres de Luchana y otras propiedades de la casa de Velasco en la anteiglesia de Barakaldo. // (Fol. 1 rº) Apeo de las torres de Luchana, herrerías, seles y heredades correspondientes a la hacienda de este nombre, sitas en el término de Baracaldo pertenecientes [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>1621, agosto, 8 (copia del s. XIX). Barakaldo.</p>
<p>Apeo de las torres de Luchana y otras propiedades de la casa de Velasco en la anteiglesia de Barakaldo.</p>
<p>// (Fol. 1 rº) Apeo de las torres de Luchana, herrerías, seles y heredades correspondientes a la hacienda de este nombre, sitas en el término de Baracaldo pertenecientes al excelentísimo señor don Bernardino Fernandez de Velasco, condestable de Castilla, executado con fecha en dicho pueblo en 8 de agosto de 1621.</p>
<p>Primeramente, dijeron y declararon que S. E. el señor don Bernardino Fernandez de Velasco, conde estable de Castilla, y los señores antecesores, es y fueron patronos de todos los diezmos granados y menudos y demas cobran a diezmar en la dicha anteiglesia del señor San Vicente de Baracaldo en esta forma: La dicha anteiglesia tiene dos beneficios enteros y otros dos medios, que hacen tres beneficios, y todos los dichos beneficiados escogen tres diezmeros y casas a su voluntad para su congrua y sustento, con los cuales y con el pie de altar y las primicias y los demás derechos de entierros, bautismos y demás cosas, sirven la dicha iglesia; y los susodichos llevan lo dicho por el dicho servicio y congrua. Y sacados los dichos tres diezmeros, lo que quedase, hace tres partes y S. E. de Riauregui (sic) de que al presente es dueño y llevador Antonio de Yrauregui Aranguren, y la otra tercera parte don Martin de Salazar y don Pedro de Salazar Muñatones, por la casa de Salazar, por manera que los dichos don Martin y don Pedro de Salazar llevan entre ambos un tercio. Y presenta los beneficiados de dicha iglesia S. E. por su tercia parte y el dueño de la dicha casa de Arantegui (sic) por el otro tercio, y la de Salazar por el otro tercio. Y S. E. daba de su tercio a la dicha iglesia cuatro ducados en cada un año, para su fábrica y ornamentarse, y puede haber 4 años poco más // (Fol. 1 vº) o meos, que el corregidor que a la sazón era de este señorío de Vizcaya, con comisión particular que tubo del conzejo supremo de justicia de S. M. para averiguación de las cuentas que tenían las iglesias de este señorío y quién las llevaba, y la necesidad que tenían las dichas iglesias, adjudicó a la dicha yglesia para su fábrica 40 ducados cada año, y otros cien al beneficiado que hiciere oficio de cura, y se los pagasem los dichos patronos cada uno conforme a lo que llevaban entraren por cuenta de lo que a S. E. le tocaba los 4 ducados que dava de antes y sobre la sentencia y adjudicación ay pleito pendiente y a el cual se remiten.</p>
<p>Asi mismo, apearon y destajaron por de S. E. del dicho señor condestable en la dicha anteiglesia de Baracaldo, la torre y fortaleza de Luchana, que son dos torres cuadradas de piedra, con un cuarto entre la una y la otra, y un pasadizo que está entre dicho cuarto y la torre que vate la mar, con sus dos barbacanas del lado de medio día, y su fosa y puente por el dicho lado, que es por el lado principal, donde entran a la dicha fortaleza por la tierra. Y entre las dichas torres hay su plaza de armas, y por todas partes sus ateras y su escala y embarcadero por la parte de la mar, con su puerta con su escudo de armas en un cubo que está sobre la dicha escala, que son de S.E.; en la cual dicha fortaleza y torres tiene S.E. su alcayde, que al presente lo es don Andres de Elejalde y Avendaño, y tiene algunas piezas de fierro de artillería en la dicha fortaleza con // (Fol. 2 rº) algunas balas y otros pertrechos para las dichas piezas.</p>
<p>Y apearon y destajaron por de S.E. el pasage y barco de Luchana, que está en la escala de la dicha fortaleza, con los derechos debidos y pertenecientes que los deben los que pasan para diferentes partes.</p>
<p>Asimismo, apearon y destajaron por de S.E. la mitad del barco y pasage de Tapia, que la otra mitad es de los vecinos de Zorroza y Varacaldo, con la mitad de los derechos debidos y pertenecientes a cada dicha mitad del barco y pasage.</p>
<p>Prosiguendo el dicho apeo, apearon y destajaron por de S.E. el dicho señor condestable, un gran pedazo de término redondo delante y alrededor de las dichas torres de Luchana, que comienza desde la esquina del lado del bendabal de la barbacana que convate contra la mar, donde los dichos apeadores pusieron un monjón de piedra enfrente de la dicha esquina, y de allí va por derecho por la ladera del rebollar que fue de Pedro de Ugalde, y agora es de sus herederos hijos de Juan de Ugalde de Arigorriaga, hasta llegar a la andore que van para hasta osegui (sic) y por la cumbre adelante asta llegar a un monjón que los dichos apeadores pusieron en lo alto de la dicha cunbre de Arraotegui, que hace esquina, y por allí va cortando por derecho a la esquina de la torre de Martin de Llano de Biturucha (sic) contramaestre, que está en el dicho lugar de Biturycha, donde pusieron otro monjón, tres brazas de la esquina de la delantera de la torre acia Bilbao. Y de allí revuelve contra las torres biejas de Jaureguiueta, por entre las // (Fol. 2 vº) las (sic) heredades y huerta y mançanal del dicho Martin de Llano, hasta dar a otro mojón que parecía antiguo, en el camino y arbolar del dicho lugar de Jauriguieta, que van a la dicha Luchana, antes de llegar a las dichas torres viejas que dibiden el término del dicho condestable y el concejil. Y de dicho mojón va por derecho a dar a un árbol grande que está fuera de el manzanal y heredad que fue de Santiago de la Torre, y ahora lo es de sus herederos, y pegado a la cerradura del dicho manzanal, de la otra parte, enfrente del dicho arbolar, se puso otro monjón. Y por aquella esquina estaba entrado el dicho manzanal en la heredad y término de S.E. un poco, que lo ha de dejar Francisca de la Torre, hija del dicho Santiago de la Torre, que lo deje conforme quedan los mojones, y así se lo notificó. Y de este monjón rebuelue contra la estrada de Llano, y va cortando por el balladar y cerraduras de otra heredad de la dicha Francisca, y delante una seve y monte de los herederos de Juan de Ybarra y Bituricha, ya difunto, hasta llegar a un monjón antiguo que paresció a la entrada de la dicha estrada del Llano, donde se puso otro monjón con el, por estar el antiguo muy metido en la tierra, que dicho monjón hace esquina y allí revuelve y corta por derecho por junto de las cerraduras de las heredades de Llano, para las junqueras // (Fol. 3 rº) de Aysino (sic) y canal de ella, hasta dar en el río principal por derecho desde el dicho monjón, dejando camino y sendero entre las tierras de S.E. y las dichas heredades del Llano, y por la canal de abajo hasta dar en la escala de las dichas torres de Luchana. Y todo el término y territorio que está dentro de los dichos límites y monjones contra las dichas torres de Luchana, y es término y territorio propio de S.E., y en él hay mucha cantodad de árboles nuevos y biejos, y algunas heredades que se labran en Birucha, con algunos frutales, y todo ello es de S.E., y por tal lo apearon y destazaron.</p>
<p>Prosiguiendo el dicho apeo, fueron los dichos apeadores al lugar de Zavalla, que es de la dicha anteiglesia, y allí apearon y destajaron por de el dicho señor condestable, junto a la fuente del dicho lugar de Zavalla, una heredad que antiguamente estaba diuidida en 4 piezas, que ahora están todas en una, que serán hasta media anega de trigo de sembradura, y están en ella dos manzanos y unos cerezos, y tiene por costanera por el lado de Curru biña de Martin Rotaeche, de arrib abajo, y por el otro lado cerradura y estrada que van desde Zaballa para la iglesia del señor San Vicente de Varacaldo, y por la cavezera cerradura y heredad manzanal de Juan de Zaballa, en parte y en parte de S.E., por la hondonera cerradura de la mesma llosa y camino que va a la dicha fuente. Púsose un mojón en la // (Fol. 3 vº) esquina de la dicha ondonera, entre la heredad de S.E. y la viña de dicho Martin de Rotaeche. Y pareció otro antiguo en la esquina de arriba, y está fuera de la dicha heredad a la entrada de ella un árbol grande de robre, que también es de S.E.</p>
<p>Yten, apearon y destazaron por de S.E. en el lugar que llaman Cuber (sic) que pega con la de arriba, una heredad grande cerrada de por si de hasta dos fanegas y media, poco más o menos, de sembradura, y en ellos algunos manzanos, y confina por el lado de ancia la estrada de la dicha Curru heredad de Juan de Zaballa, y es la cavecera tierra de Juan Ruiz de Landaburu, escribano, y Juan de Cabalgoa, y por el otro lado heredad de Martin de Landaburu, y por la ondonera viña del dicho Martin de Rotaeche y la heredad sobredicha de S.E., y por estar cerrada de jaros de bel sí la dicha heredad no se pusieron</p>
<p>mojones.</p>
<p>Y prosiguiendo el dicho apeo en nueve días del dicho mes y año, los dichos apeadores fueron al lugar de Hurcullu, de la dicha anteiglesia de Baracaldo, donde apearon en el dicho sitio por de S.E. y de su casa y mayorazgo, una herrería que se dice la herrería de Hurcullu, con su antépara, calces, estolda, saltos y sobresaltos, arraguas, con sus salidas y entradas cresdesentas (sic) y desencargadas &lt;asi&gt; a la parte de la ducha // (Fol. 4 rº) Hurcullu como Urdandeguieta y Tellitu, y presas y calces de la dicha herrería, con todo lo a ella perteneciente, según fuero de Vizcaya, con la quinta parte de los montes concejiles de la dicha anteiglesia, pagando su precio a ella como las demás herrerías, y a la dicha herrería de Hurcullu le toca la dicha quinta parte como a una de las cinco herrerías que están en la dicha anteiglesia, y al rededor de la dicha herrería y dichas sus raguas, hay mucha cantidad de árboles nogales y castaños, de personas particulares, que no son de dichas herrerías sino de sus dueños y herederos que los plantaron, y ansí lo gozan y posehen y con declaración que todo el territorio que está añrededor de la dicha</p>
<p>herrería y sus raguas, desde la estolda (tachado: hasta) acia Arrao o Gineta (sic) y calces y puente es y pertenece al servicio de la dicha herrería ciertamente y por tal lo apearon y destazaron los dichos apeadores.</p>
<p>Yten más, apearon pertenecer a S.E. del dicho condestable para el servicio de dicha ferrería el sel de Astola, que confina con castañales de particulares y montes comunes de la dicha anteiglesia, que tiene su mojón en medio, según costumbre, y tienen otros semejantes seles que tiene la misma concabidad (sic) y jurisdición.</p>
<p>Y asimismo apearon otro sil (sic) perteneciente a dicho señor condestable, y a la dicha herrería, que le dicen el sil de Anzoleta, que confina con montes comunes de la dicha anteiglesia, que tiene su mojón en medio, como el de // (Fol. 4 vº) arriba.</p>
<p>Yten más, apearon y destazaron como de S.E. y perteneciente a la dicha herrería el sil que llaman de Asalguieta, que confina con los montes comunes de la dicha anteiglesia, con su mojón en medio.</p>
<p>Yten, apearon por de S.E. otro monte y sel por de S.E. que llaman el sel de Arteaga, que confina con los dichos montes comunes de la dicha anteiglesia.</p>
<p>Yten, apearon por de S.E. la tercera parte del sel de Percheta, hacia Santa Agueda, con su mojón en medio, como los demás seles, que confina por la parte de arriba con los montes comunes de la dicha anteiglesia, y por la de abajo el sel y arbolar de Percheta.</p>
<p>Yten, apearon por de S.E. y servicio de la dicha herrería, la tercia parte del sel y arbolar de Percheta y Zornocaga, que todo ello es un mesmo sel y monte, y no dos, por estar todo junto y en el dicho lugar de Percheta, que llega hasta el río caudal.</p>
<p>Y prosiguiendo el dicho apeo volvieron al dicho lugar de Arteaga, vista de la dicha anteiglesia, donde apearon los dichos hombres buenos apeadores al dicho señor condestable, una heredad grande que llaman Landeta y Cadalso, que puede tener sembradura de dos anegas de trigo, y va derecho arriba a la parte de Arteaga-beitia, que confina con heredad de Hernando Ber // (Fol. 5 rº) nal, hasta el jaral que hace cerradura en la cavecera, y desde la dicha cavecera de la dicha heredad que así bien está en la cavecera de ella, que también es de S.E. hace un córcovo la dicha heredad para antes de llegar a la heredad de Cadalso, que es de S.E. y en la parte de acia la Urquizaga alinda también con otra heredad de S.E. y por la ondonera alinda con la estrada que van desde él a dicha la Urquizaga para el lugar de Zuazo y tierras comunes a la dicha anteiglesia. Y toda la dicha heredad está cerrada de sobre sí de jaros, y pusieron un monjón a la parte de Artiagabeytia, entre la dicha heredad y otra de dicho Hernando de Barnal, y por tal de S.E. la destacaron.</p>
<p>Yten, apearon por de S.E. en el dicho sitio y pegada a la dicha heredad de arriba y al lado de ella, acia la dicha la Urquizaga, otra heredad sembradura de tres celemines de trigo, que alinda por la parte de acia la dicha la Urquizaga con heredad de Pedro de Heguzquiaguierre, y por el otro lado la dicha heredad de dicho señor condestable, de arriba, que entre las dos hay un jaro que las divide, y por la ondonera tierra común de dicha anteiglesia, que labra el dicho Pedro de Guzquiaguierra, y por la cavecera otra heredad de S.E., parecieron dos monones antiguos en las dos esquinas de la costanera de hacia la heredad del dicho Pedro, que las dibide, y por el otro lado no se pusieron por ser // (Fol. 5 vº) la dicha heredad de S.E. y por tal lo destajaron.</p>
<p>Yten, apearon y destajaron pertenecer al dicho condestable, en el dicho sitio, otra heredad que en ella están plantados manzanos, cerezos y otros frutales, que están en la cavecera de las de arriba, podrá ser sembradura de ocho celemines de trigo. Alinda por la cavecera con una linde alta que hace cavecera que en parte pega con vina de San Juan de Retuerto, y con otra heredad de S.E., y por el un lado de hacia Landaburu heredad y viña de Juan de Careaga, y por el otro lado heredad del dicho Hernando de Bernal, y por la ondonera la heredad del dicho señor condestable. Púsole un mojón en la cavezera que va a dar por derecho a otro mojón que está más abajo, en la heredad del dicho Pedro de Guzquiaguirre y de S.E. y por los otros lados no se pusieron mojones por estar cercada de jaros y valladar, y por tal lo destajaron y apearon.</p>
<p>Yten más, apearon y destajaron pertenecer a dicho condestable un sitio y territorio que antiguamente parece por los cimientos solía estar una torre y palacio, que se llamaba Cadalso, y al rededor de lla contra el lado del mediodía un gran pedazo de tierra labrantía con un pedazo de viñedo acia la parte de Artiaga, que la dicha viña podía llebar media pipa de vino y la dicha heredad sembradura de //(Fol. 6 rº) media anega de trigo; está cercado de un jaral, así la dicha viña como la dicha heredad, por lo cual no se le pusieron mojones, y el dicho sitio donde solía estar la dicha torre está hecho bardal, sin paredes, alinda por el lado de acia Arteaga viña de Martin de Zaballa, menor, y por la parte de acia Landaburu viña y heredad del dicho don Juan de Retuerto, y por la cavecera un pedazo de tierra de S.E. y se apeará de por sí, y por la ondonera en parte de S.E. y en otra parte del dicho Hernando de Barnal, y por tal de S.E. lo apearon y destacaron.</p>
<p>Yten apearon y destacaron ser de S.E. el dicho sitio y lugar de Cadalso, y pegante a dicho sitio de la dicha torre otro pedazo de heredad que podrá ser de hasta 12 celemines de trigo de sembradura, alinda por la una parte con el dicho sitio de Cadalso, y por el otro lado y ondonera viña y heredad de Juan de Landaburu, y por la cavecera jaral y tierra de S.E.; pareció un mojón antiguo en la esquina de la hondonera, entre la dicha heredad y viña del dicho Juan de Landaburu, y tierra de S.E. y pusieron otro mojón acia la esquina del sitio de la dicha torre, contra la heredad del dicho Juan de Landaburu, y por tal los destacaron y dijeron los dichos apeadores que todos los dichos bienes son de S.E.</p>
<p>Primeramente, declararon que s.e. es llevador como patrón todos los diezmos granados y menudos y demás cosas que se diezman y acostumbran dezmar en la dicha ante yglesia de señor San Vizente de Baracaldo en esta forma: la dicha ante yglesia tiene dos beneficiados enteros y otros dos medios, que hazen tres veneficios. Y todos los dichos veneficiados escogen tres diezmos y cassa a la voluntad para su congrua y sustento, con las quales, y con el Pie de Altar y las Primicias y demás ares de entierros, bauptismos y demás cosas, sirven en la dicha yglesia, y los susso dichos llevan lo dicho por el<br />
dicho servicio y congrua. Y sacados los dichos tres dezmeros lo que queda se haze tres partes yguales, s.e. lleva la una, y la otra la casa de Yrancegui (sic), y la otra terxia parte don Martín de Salazar y don Pedro de Salazar Muñatones por las cassas de Salazar, por manera que los dichos don Martín y don Pedro de Salazar llevan entre ambos un tercio; y presenta los veneficiados de la dicha yglesia s.e. por su tercia parte, y el dueño de la dicha cassa de Yrauregui por el otro tercio, y la de Salazar por el otro tercio, Y s.e. dava de su tercio a la dicha yglesia quatro ducados en cada un año para su fábrica y ornamentos. Y puede haver quatro años que el corregidor que a la sazón hera de este señorío de vizcaya, con comissión particular que tubo del supremo Consejo de Justicia de s.m. para aberiguación de las rentas que tenían las yglesias de este Señorío y quién las llevaba, y la nescesidad que tenían dichas yglesias, adjudicó a dicha yglesia<br />
para su fábrica quarenta ducados en cada un año, y otros cient reales al veneficiado que hiziese oficio de cura, y se los pagasen dichos patrones conforme a lo que llebava, y entrasen por quenta de lo que a s.e. le tocava los quatro ducados que dava de antes. Y sobre la sentencia y adjudicación ay pleito pendiente a la determinazión del<br />
qual se remiten.</p>
<p>Ansí mismo apearon por de s.e. la mitad del barco de Tapia, que la otra mitad es de los vecinos de Zorroza y Baracaldo, con la mitad de los derechos devidos y pertenezientes a la mitad del barco y pasage.</p>
<p>Prosiguiendo el dicho apeo fueron al lugar de Zavala, que es de la dicha ante yglesia. Y assi apearon por de s.e. junto a la fuente del dicho lugar una heredad que antiguamente estava en quatro piezas, y agora están en una. Y están en ella dos manzanos y unos zerezos.<br />
Tiene por costaneras por el lado de Curru biña de Martín de Rotaeche, de arriva avajo, y por el otro lado cerradura y estrada que ban desde Zavala para la yglesia del señor San Vicente de Baracaldo. Y por la cavezera cerradura y heredad manzanal de Juan de Zavala en parte y en parte de s.e., y por la ondonera cerradura de la misma llossa y camino que ba a la dicha fuente. Y está a la entrada de la dicha heredad un árbol de roble que es de s.e.<br />
Ytem, en el lugar que llaman Zubelçurru, una heredad que pega con la de arriba, grande, zerrado de por sí, de hasta dos fanegas de sembradura y ai en ellos algunos manzanos. Y confina por el lado de azia la estrada de la dicha Zurru y heredad de Juan de Zavala y<br />
es la cavezera tierra de Juan Ruiz de Landaburu. Y por la ondonera viña del dicho Martín de Rotaeche y la heredad sobre dicha de s.e.</p>
<p>Ytem en el lugar de Urzulu de la dicha ante yglesia de Baracaldo se apearon en el dicho sitio por de s.e. la herrería que se dize de Urzulu, con su antepara, calzes, estolda, saltos y sobresaltos, arraguas, con sus salidas y entradas libres y exentas y desembargadas azia la parte de la dicha Urzulu como Urdian de Gueta y Tellitu, y prezas y calzes de la dicha herrería, con todo lo a ella perteneciente, según fuero de Vizcaya, con la quinta parte de los montes concegiles de la dicha anteyglesia, pagando su precio della como a las demás herrerías. Y a la dicha herrería de Urzulu le toca la dicha quinta parte como a una de las cinco herrerías que están en la dicha ante yglesia y alrededor de la dicha herrería y dichas sus raguas, ay mucha cantidad de árboles nogales y castaños de personas particulares que no son de la dicha herrería, con zedaración que tocó el terrentorio que hestá<br />
al rrededor de dicha herrería y sus raguas, desde la estolda azia Rao Aginita y calzes y puentes es y pertenece al servicio de la dicha herrería libremente.</p>
<p>Ytem, perteneze a s.e. para el servicio de dicha herrería el ser de Ostola, que confina con castañales de particulares y montes comunes de la dicha ante yglesia, que tiene su mojón en medio según costumbre que tienen otros semejantes seles que tienen la misma concavidad y jurisdizion.</p>
<p>Ytem, otro sel que declararon pertenecer a la dicha herrería, que llaman el sel de Ancoleta, que confina con montes comunes de la dicha ante yglesia, que tiene su mojón en medio como el de arriba.</p>
<p>Ytem, apearon el sel que llaman de Asalguieta, que confina con montes comunes de dicha ante yglesia, con su mojón en medio.</p>
<p>Ytem, otro monte y sel que llaman el sel de Artiaga, confina con dichos montes comunes de dicha ante yglesia.</p>
<p>Ytem, apearon por de s.e. para la dicha Herrería la tercia parte del sel de Ysaguieta que es arrive de las viñas del lugar de Pertecha hacia Santa Agueda con su mojón en medio como los demás seles, que confina por la parte de arriva los montes comunes de dicha ante yglesia, y por la de avajo el sel y arbolar de Perchita.</p>
<p>Ytem, la tercia parte del sel y arbolar de Pertecha y Cornozaga, que todo ello es un mismo sel y monte y no dos por estar todo junto y en el dicho lugar de Pertecha, que llega hasta el rio caudal.</p>
<p>Ytem, apearon por de s.e. en el lugar de ArtiagaVeitia una heredad grande que llaman Landeta y Cadalsso, que puede tener de sembradura dos fanegas de trigo y ba derecho arriva a la parte de Artiaga Beytia que confina con heredad de Hernando Bernal hasta<br />
el jaral que haze cerradura en la cavezera. Y desde la dicha cabecera de la dicha heredad de s.e. para otra heredad que assi bien esta en la cavecera de ella, que también es de s.e., hace un cuerpo la dicha heredad para antes de llegar a la heredad de Cadalsso que<br />
es de s.e. y de azia la otra parte de la Urquizaga a linda también con otra heredad de s.e. y por la ondonera a linda con la estrada que ban desde la dicha Urquizaga para el lugar de Zuazo y tierras comunes a la dicha ante yglesia y toda la dicha heredad esta zerrada<br />
de sobre sí de jaros. Y pusieron un mojón a la parte de Artiaga Beytia.</p>
<p>Ytem, en el dicho sitio, pegada a la heredad de arriva, apearon por de s.e. otra heredad de tres celemines de sembradura que alinda por la parte azia la dicha Urquizaga con heredad de Pedro Uzquia guirre, y por el otro lado la dicha heredad de s.e. de arriva, que entre lados ay un jaro que las divide, y por la ondonera tierra común de dicha ante yglesia, que labra el dicho Pedro de Vzquiaguirre. Y por la cavezera otra heredad de s.e.</p>
<p>Ytem, declararon tener s.e. en el dicho sitio otra heredad que en ella están plantados manzanos, zerezos y otros frutales. Que está en la cavezera de las de arriba y otras, de sembradura ocho celemines.</p>
<p>Alinda con la cavezera con una linde alta que hace cerradura, que en parte pega con viña de San Juan de Retuerto y con biña heredad de s.e., y por el un lado de azia Landaburu heredad y viña de Juan de Cariaga. Y por el otro lado heredad de dicho Hernando Bernal y por la ondonera la heredad de s.e.</p>
<p>Ytem, apearon por de s.e. un sitio y terrentorio que antiguamente pareze por los cimientos una torre y palacio que se llamava Cadalsso, y alrededor de ella contra el lado del medio día un gran pedazo de tierra labrantía, con un pedazo de viñedo azia la parte de Artiaga, que la dicha viña podía llevar media pipa de vino, y la heredad<br />
sembradura de media anega. Está cercado todo de un jaral, y el sitio donde estava la dicha torre esta hecho vardal, sin paredes, a linda por el lado de Artiaga viña de Martín de Zavala, menor, y por la parte de azia Landaburi viña y heredad de San Juan de Retuerto, y por la cavecera un pedazo de tierra de s.e. que se apeará de por sí, y por la ondonera herdad de s.e., y en parte heredad del dicho Hernando Vernal.</p>
<p>Ytem, en el dicho sitio y lugar de Cadalsso, y pegante a la dicha torre, otro pedazo de heredad que podía ser de hasta doce celemines de trigo, a linda de la una parte con dicho sitio de Cadalsso, y por el otro lado y ondonera viña y heredad de Juan de Landaraburu y por la cavecera xaral y tierra de s.e.</p>
<p><a href="https://www.enkarterrimuseoa.eus">https://www.enkarterrimuseoa.eus</a></p>
<p>ENCARTACIONES</p>
<p>Goio Bañales García</p>
<p>DOCUMENTOS PARA SU HISTORIA (Y DE LAS CASAS SOLARES DE AIARA, VELASCO, SALAZAR Y BAÑALES) 1297-1821</p>
<p>Liburuklik</p>
<p>Manuscritos (Parlamento Vasco)</p>
<p>http://www.liburuklik.euskadi.eus/</p>
<p>handle/10771/9098</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La campana de Gastaca (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jul 2026 06:02:37 +0000</pubDate>
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<p>En aquellos lejanos años eran muy frecuentes ver y oí­r el «tinti­neo» de campanillas y cascabeles que anunciaban la presencia de una reata de mulas tirando de un carro de carga, cuyo arriero hací­a sonar su tralla mientras que de su boca salí­a una buena sarta de juramentos para animar a las bestias en su caminar. Los carros de bueyes -con su lentitud- también daban motivo a los «tacos» malsonantes. Tampoco quedaban libres los conductores de calesines o los usuarios de burros de todos los tamaños, en los que el palo era acompañado de la blasfe­mia, palabrotas que herí­an los oí­dos de los entonces muy religiosos barakaldeses.</p>
<p>La Anteiglesia de San Vicente de Barakaldo, apenas si contaba con los 5.000 habitantes en la época de este relato y los accesos al centro del pueblo eran dos y malamente empedrados. La entrada principal se realizaba por Retuerto en la Carretera General Bilbao- Santander, pasando por la vega de Ansio (Carretera vieja) y subir a la plaza de Landaburu. Algo así­ como el recorrido actual al salir de la autoví­a, pero en peor. El otro recorrido era desde la carretera Bilbao-Santurce en el lugar denominado Desierto, para subir la cues­ta de Pormetxeta. Dos buenas subidas para que los carreteros solta­ran «sapos y culebras» por su boquitas.</p>
<p>Se dio la circunstancia de que el señor Alcalde viví­a en la entrada principal de Landaburu, siendo testigo diario de las palabrotas malso­nantes.</p>
<p>Ni corto ni perezoso, -nuestro Alcalde- cursó un Bando en el que se «recomendaba» no jurar ni maldecir a Dios, a la Virgen y los santos, y si los animales no tiraban, habí­a de remediarse de otra ma­nera, pero nunca con palabras malsonantes.</p>
<p>Las gentes del pueblo, -no todas- pronto comentaron que mejor «arreglar los caminos y menos multas». Pero la ley era la ley y esta se cumplió a rajatabla.</p>
<p>Nunca supimos a cuánto ascendió el costo y recaudo de las sancio­nes, pero aquellas perras «gordas y chiquitas» de cobre, pronto se convirtieron en bronce sonoro. Muy sonoro y sonada resultó ser la campana que el señor Alcalde barakaldés consiguió colgar en la espa­daña de la Parroquia de San Vicente a cuenta de las multas.</p>
<p>En la panzuda campana pudo leerse lo siguiente: «LOS QUE CON PALABRAS VILLANAS A DIOS Y SUS SANTOS OFEN­DIERON, CON SUS MULTAS CONTRIBUYERON A FUNDIR ESTA CAMPANA». Y para que no hubiera duda, aparecí­a el nom­bre del Alcalde: J. R. GASTACA.</p>
<p>Poco más de medio siglo duró el teñido la citada campana ya que por causas que se ignoran, se rajó y su sonido resultaba imperfecto. Lo cierto es que en el año 1942, el mofletudo y colorado cura párroco de San Vicente, don Pablo de Guezala, mandó trocearla y fundirla, para después rehacer el nuevo campano achatado, que en lo alto de la torre de la iglesia nos anuncia las «enteras y medias» horas del re­loj.</p>
<p>Cuando falleció don José Ramón Gastaca, el Pueblo se pregunta­ba cual serí­a el paradero del alma del señor Alcalde, ya que nunca se supo la fuerza que pudieron tener las oraciones del clero agradecido o las maldiciones de aquellos arrieros sancionados. Pero esto sólo Dios lo sabe.</p>
<p>Lo que sí­ es cierto es que la historia nos habla de «La campana de Huesca» por ser sonada. Pero la campana de Barakaldo resultó ser sonada y sonora.</p>
<p>Carlos Ibáñez</p>
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		<title>Un significativo caso de carnaval local (Barakaldo 1802-1936) (VII)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2026 06:16:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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<li>EL ENTIERRO DE LA SARDINA</li>
</ol>
<p>El entierro de la sardina, festejo que marcaba el punto final del Carnaval, celebrado indistintamente el Martes de Carnaval o el Miércoles de Ceniza, jugaba paródicamente con los elementos litúrgicos de la religión, ya que en nombre de la entrante Cuaresma se destronaban la risa y las libertades carnavalescas, la ingesta incontrolada de carnes y bebidas, para dejar paso un tiempo cuaresmal, de rigores y de abstinencia de carne, de piedad y de temor, de penitencias y recogimiento.</p>
<p>En muchas poblaciones del entorno, como en Bilbao, fue habitual clausurar el periodo carnavalesco con el arquetípico Entierro de la Sardina, propio también de muchos otros ámbitos territoriales.</p>
<p>En este simulacro profano de entierro, una espontánea comitiva sigue a varios hombres que portan las andas de un ataúd o gran urna de cristal donde llevan un arenque o sardina plateada; durante su paseo por la ciudad se cantan estrofas de corte funerario, alusivas al acto y de corte muy similar en las poblaciones citadas. Mediante este simulacro de carácter profano, una antiprocesión paródica daba paso a un luto generalizado. Con ella, las gentes despedían sus días de jarana y bullicio, lamentando que el Carnaval tocase a su fin.</p>
<p>Ninguno de mis informantes hizo alusión a este acto para el Carnaval barakaldarra de entresiglos (XIX-XX); tampoco es citado en el artículo de Pormécheta, cuyas referencias alcanzan hasta 1917.</p>
<p>Pero al menos tenemos noticia documental de la celebración, más tardía, de uno de estos actos. En 1936 una cuadrilla barakaldarra&nbsp; obtiene permiso municipal: “[…] para efectuar por las calles de la localidad el llamado entierro de la Sardina”. El expediente especifica que el acto se celebró, efectivamente, el miércoles 27 de febrero, sin entrar en detalles. Por todo lo antedicho, podemos deducir que su introducción fue puntual y tardía, cuando la festividad ya estaba languideciendo y en vísperas de la prohibición franquista del Carnaval.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="9">
<li>CONCLUSIONES</li>
</ol>
<p>Es plausible pensar el carnaval local barakaldarra como un tiempo y un espacio creativos y recreativos, fruto de la acción subjetiva y colectiva de los vecinos y trabajadores de Barakaldo, como forma de generar visiones del mundo, nociones e identificaciones, así como un momento de construcción de solidaridades y de comunidad; aun en su periodo de institucionalización, disciplinamiento y refinamiento, como el aquí considerado. Despojado de sus presuntas funciones iniciales, el carnaval es un ritual contemporáneo,</p>
<p>definido por constar de espacios-tiempos de identidad colectiva fuera de la rutina cotidiana. Una inmensa fiesta popular, momento creativo y lúdico que refuerza el encuentro cotidiano en plazas y calles, tabernas y cafés; así como las sociabilidades vecinales y amicales, familiares y amorosas, regionales e ideológicas que, desplegadas en el carnaval y en otras fiestas, también formaron parte vital de la experiencia. Pero un caso local, y contemporáneo por ende, no resulta ser el lugar para contrastar las grandes teorías al respecto de esta fiesta.</p>
<p>Pero sí podemos constatar que el Carnaval, como toda fiesta aunque en mayor medida: “[…] establece una relación dialéctica, paradójica y contradictoria, entre lo sagrado, lo profano, la ceremonia […] y lo lúdico, la celebración y la rutina, las pautas de institucionalización y de espontaneidad, la liturgia y la inversión, la transgresión y el orden, la estructura y la communitas, las dimensiones de lo público y de lo individual”. La relación entre el ritual carnavalesco, en tanto que efímera communitas libre y espontánea, y el jerarquizado mundo social cotidiano, está marcada por la impronta de la inversión -con respecto a la cotidianeidad- y por una función compensadora.</p>
<p>El carnaval barakaldarra combina varias dimensiones: abierto por lo que toca a su celebración en calles y plazas y cerrado por los bailes de salón y de máscaras en locales semipúblicos y/asociativos (café, sociedad). Local en estas manifestaciones y supralocal por lo que respecta al recorrido de comparsas y estudiantinas, que van y vienen desde otros municipios, en su mayor parte cercanos. De juveniles cuadrillas de barrio, o de tertulias de taberna y/o de txakoli, en el Carnaval de la industrialización, pero también de huelgas, guerras y catástrofes, imprimiendo a sus coplas un acusado carácter reivindicativo del descontento obrero, aunque contenidas al efecto de recaudar fondos para mitigar el dolor de los afectados y amenizar el carnaval. También corteses y/o picantes por lo que respecta al género femenino. Por lo demás: disfraces y enmascaramiento, juegos y bromas, animación musical, gastronomía específica, rituales del carnaval tradicional…. resultan muy similares a los de su entorno.</p>
<p>En el carnaval de Barakaldo también se evidencia la tensión dialéctica entre dos subculturas existentes en la sociedad local, como en la global: la subalterna, propia de las clases populares, y la dominante. En esta relación, la segunda trata de imponer su propia cosmovisión, negando el derecho a su expresión a la anterior. De ahí las restricciones en el ámbito de la fiesta, tratando de prohibirla, limitar sus actuaciones festivas o acotarla en un espacio y un tiempo controlados por las instancias jerárquicas del poder. Dialéctica que desemboca en 1937 en la prohibición, manu militari, de todo tipo de manifestación carnavalesca.</p>
<p>Aun sometido a progresivas restricciones por parte de las autoridades gubernativas, de la Iglesia y de la prensa, aún resulta reconocible el espíritu carnavalesco en estas más de cuatro décadas de carnestolendas barakaldarras. Que todavía representan ese tímido</p>
<p>esbozo de un mundo al revés. E incluso reminiscencias de un carnaval tradicional protagonizado por las rondas petitorias de niños, adolescentes y mozos. Con netas diferencias entre la capitalidad de El Desierto, el núcleo de Alonsotegi-Irauregi y el resto de barrios periurbanos y rurales.</p>
<p>José Ignacio Homobono Martínez</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Un significativo caso de carnaval local (Barakaldo 1802-1936) (VI)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 06:14:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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<li>GRUPOS DE ANIMACIÓN MUSICAL: COMPARSAS, RONDALLAS Y ESTUDIANTINAS. SUS COPLAS</li>
</ol>
<p>Comparsas, rondallas y estudiantinas 77 son sendas agrupaciones que recorrían las calles de la ciudad, animando con sus coplas y música el ambiente festivo del Carnaval. Nucleadas en torno a compañeros de trabajo, vecinos o cuadrillas de amigos; grupos informales exclusivamente masculinos, que tratan de pasarlo bien y reforzar sus vínculos festivos y sociables mediante una comida en común costeada con el producto de la cuestación. Pero que se dotaban al efecto de una mínima estructura organizativa mediante un trabajo comunitario previo: componer y ensayar sus canciones, pertrecharse de un vestuario uniforme, colocándose bajo el liderazgo de un director, casi siempre el promotor de la agrupación y creador de sus coplas. Algunos de estos colectivos constituían la expresión festiva de asociaciones recreativas o políticas y, por lo tanto, formalizadas. Sus nombres, trajes, instrumentos, repertorios, sus mismas formaciones ponen en primer plano el fuerte cruce del carácter inmigratorio y popular de tales agrupamientos.</p>
<p>Estos colectivos son de tipología diferente. El más informal es la comparsa, agrupación que utiliza instrumentos rudimentarios, autofabricados previamente, y cuyas letras críticas y picarescas la convierten en blanco de constantes ataques y discursos denigratorios procedentes de la prensa y de las élites locales. Se vincula a los grupos sociales más populares y subalternos. Las rondallas se acompañan de guitarras, bandurrias y otros instrumentos musicales, constituyendo grupos más estructurados y perdurables más allá del tiempo festivo. Las estudiantinas y tunas, dedicadas exclusivamente a la ejecución de conciertos musicales, constituyen la alternativa burguesa al ideal festivo popular. Su vertiente utilitaria e instructiva, cortés y de buen gusto, las convierten en expresión paradigmática de los valores dominantes. Unas y otras requieren un tiempo previo de preparación y ensayo.</p>
<p>Las coplas cantadas por estos colectivos carnavalescos constituyen un aspecto nuclear del Carnaval popular, en cuanto genuinas expresiones de la cultura subalterna. Vehiculan crítica social, ironía, sátira contra personas e instituciones, proclamando los sucesos más relevantes del año o del momento. Esta literatura de expresión oral se caracteriza por su violencia verbal, por su descripción descarnada del acto criticado mediante términos y jergas que recogen el lenguaje habitual de la calle. No obstante, su carácter efímero y su transmisión oral, mediante cantos y recitales, a menudo consiguieron impregnar de tal modo la sensibilidad de las gentes, que la memoria de algunos informantes actuó como eficaz vehículo de transmisión y pervivencia durante medio siglo o tres cuartas partes del mismo.</p>
<p>De autor anónimo y, a menudo colectivo, el soporte material de estas coplas fue con frecuencia un pliego en hoja suelta, de difusión masiva ya que las propias comparsas vendían estos pliegos por las calles; y de gran eficacia comunicativa, pero destinadas a desaparecer por la propia definición efímera de su objetivo. Tienen lugar los saludos, las presentaciones.</p>
<p>Las letras de las coplas de Carnaval son, por su contenido temático, textos que manifiestan inquietudes, vivencias y necesidades de las clases populares. Su temática se sitúa en un clima festivo, subversivo, crítico satírico y alegre. Algunas comparsas iniciaban sus coplas con una salutación y/o presentación del grupo al público.</p>
<p>Formulando críticas de costumbres caducas y de reivindicaciones sociales, en torno a los acontecimientos más sobresalientes acaecidos durante el año, a la denuncia abierta por medio de la cual se escapan las tensiones.</p>
<p>Pero el tema típicamente carnavalesco era la temática referida al sexo, expresada con una rudeza verbal que rompía los tabúes y las normas morales predominantes en la época, con respecto al género femenino. Sin embargo, también se referían a la mujer exaltando sus virtudes, aunque según los estereotipos vigentes.</p>
<p>De forma acorde con su carácter popular, el referente territorial de estas coplas es básicamente local, aludiendo a sucesos concernientes a estos ámbitos. En las coplas, el lenguaje se erige como la forma de expresión más importante de la conciencia colectiva. En ellas se conjugan los sueños con la realidad, lo poético con lo irrisorio, la tristeza con la alegría, en una indisoluble unión de lo cómico con lo dramático. Podemos agruparlas en tres apartados: a) el espíritu festivo; b) la memoria colectiva y el tiempo histórico; y 3) el sabor local.</p>
<p>El soporte musical de estas coplas correspondía a los ritmos y melodías que impregnaban la sensibilidad musical de las clases subalternas: valses, polkas, mazurcas, chotis, pasodobles, habaneras, jotas, tangos, etc.</p>
<p>Las comparsas fueron la expresión más genuina del Carnaval urbano, entre 1892 y 1918. Además, y frente al carácter estrictamente local de otros actos festivos, constituyeron el único elemento itinerante y supralocal, puesto que muchos de estos colectivos visitaban las localidades más próximas e incluso la capital provincial, al tiempo que las de estos núcleos urbanos visitaban Barakaldo. La adopción de elementos festivos más complejos, como las carrozas bilbaínas y donostiarras en torno al cambio de siglo, constituye un indicador neto del impacto de la modernización80 sobre las costumbres y vivencias festivas.</p>
<p>Es muy poco lo que sabemos de las primeras comparsas que, allá por el periodo finisecular, animaron el Carnaval barakaldarra. En 1892 Lino García, en su calidad de presidente de la “comparsa para Carnaval titulada El Vulcano de Baracaldo, solicita permiso municipal para recorrer las calles de este pueblo durante los días de Carnaval,</p>
<p>instado por el deseo de divertirse de los componentes de la agrupación”. Animado por el mismo propósito, pero dos años más tarde, es Teófilo Gil y Rojas -domiciliado en la calle de las Escuelas- quien solicita y logra análogo permiso “para poder tocar por las calles de dicho pueblo”, en nombre de la Banda de Música denominada Astilleros del Nervión. El retuertano Ángel Martínez pide al Gobernador Civil “permiso para salir de estudiantina en los días de Carnaval”.</p>
<p>No encontramos nuevos indicios de la participación de comparsas locales en nuestras carnestolendas, hasta 1903. Ese año es Paciente Sánchez, vecino de la calle de la Bomba, quien obtiene autorización municipal para “salir de comparsa en las fiestas de Carnaval con el título de Danza Baracaldesa”. Análogo permiso se concede a la comparsa Los Marinos del Polo Norte, representada por Salvador García, Ángel de Pablo y Román Gil; autorización que se hace extensiva a su propósito de cantar y vender ejemplares de sus coplas, gracias a cuya copia impresa adjunta conservamos este valioso testimonio de la inventiva popular.</p>
<p>LOS MARINOS DEL POLO NORTE</p>
<p>I</p>
<p>“Mandados por el Neptuno</p>
<p>del Polo Norte venimos;</p>
<p>salid niñas al balcón</p>
<p>que os saludan los marinos.</p>
<p>Nos conduce la Cibeles</p>
<p>y nos guía la Polar</p>
<p>y nos escoltan cantando</p>
<p>las sirenas por el mar.</p>
<p>A este Puerto hemos llegado,</p>
<p>recibidnos con piedad</p>
<p>y os prometen los marinos</p>
<p>daros toda su amistad.</p>
<p>II</p>
<p>El buque que nos conduce</p>
<p>tiene las velas de amor</p>
<p>y el timón es la esperanza</p>
<p>que á este pais nos guió.</p>
<p>Cargado viene de dichas</p>
<p>y de placeres también,</p>
<p>y traemos el remedio</p>
<p>para enseñar á querer.</p>
<p>Venid todas las que sufren</p>
<p>los tormentos del amor</p>
<p>y os daremos el remedio</p>
<p>que calme vuestro dolor.</p>
<p>III</p>
<p>En el pais de los hielos</p>
<p>nació nuestro corazón</p>
<p>y como el frio nos mata</p>
<p>necesitamos calor.</p>
<p>Cuando á la mar nos hicimos,</p>
<p>nos decían las sirenas:</p>
<p>tomar rumbo a Bilbao</p>
<p>y encontraréis chicas buenas.</p>
<p>Por eso aquí hemos llegado</p>
<p>y esperamos con pasión</p>
<p>que el fuego de vuestros ojos</p>
<p>funda nuestro corazón.</p>
<p>IV</p>
<p>Es de España y sus regiones</p>
<p>Vizcaya la más famosa,</p>
<p>por su acreditada industria</p>
<p>y sus mujeres hermosas.</p>
<p>La riqueza de sus minas,</p>
<p>la envidia del mundo son,</p>
<p>y su Puerto es el primero</p>
<p>entre la navegación.</p>
<p>Pero resultan abrojos</p>
<p>lo que acabo de decir</p>
<p>comparado con los ojos</p>
<p>de las chicas que hay aquí.</p>
<p>V</p>
<p>Todas las que estáis solteras</p>
<p>y habéis pasado de edad,</p>
<p>si queréis buscar marido</p>
<p>escuchar nuestro cantar.</p>
<p>Como una gracia tenemos</p>
<p>por ser los hijos del mar,</p>
<p>la que no compre estos versos</p>
<p>no se casará jamás.</p>
<p>Pero en cambio os prometemos,</p>
<p>y en esto no cabe guasa</p>
<p>que toda la que los compre</p>
<p>antes de un año se casa.</p>
<p>VI</p>
<p>Una cosa en Baracaldo</p>
<p>nos ha parecido mal,</p>
<p>y si en ello no pecamos</p>
<p>lo vamos a confesar.</p>
<p>Y es que existe entre las chicas</p>
<p>un lujo fenomenal,</p>
<p>sin saber de donde las viene</p>
<p>ni de donde las vendrá.</p>
<p>Por más que bien lo sabemos</p>
<p>y es fácil de comprender,</p>
<p>que las que á la venta están</p>
<p>saben venderse por él.</p>
<p>VII</p>
<p>Hace un contraste muy grande</p>
<p>lo que hemos manifestado,</p>
<p>porque tenemos en cuenta</p>
<p>lo que vale Baracaldo.</p>
<p>Pues es muy triste señores,</p>
<p>y este mal es el de siempre,</p>
<p>y nadie debe dudarlo</p>
<p>que el lujo es el que nos pierde.</p>
<p>Y si nosotros podemos</p>
<p>lo debemos evitar,</p>
<p>porque para eso traemos</p>
<p>los remedios de la mar.</p>
<p>III</p>
<p>Se aproxima el temporal</p>
<p>y las sirenas nos llaman,</p>
<p>nuestra presencia en el mar</p>
<p>el Dios Neptuno reclama.</p>
<p>Vayamos, vayamos pronto,</p>
<p>porque arrecia el temporal,</p>
<p>vayamos que nuestro buque</p>
<p>próximo está á naufragar.</p>
<p>Estos que así se despiden</p>
<p>marinos del Polo son,</p>
<p>que llevan hielo en el alma</p>
<p>y fuego en el corazón”.</p>
<p>Ya con el alborear del nuevo siglo XX tenemos constancia de que Barakaldo es visitado por comparsas carnavalescas procedentes de otros pueblos fabriles de su entorno. El 26 de febrero de 1900 se dirige a nuestro Ayuntamiento un vecino de Sestao, de nombre Narciso Melero, para exponer: “Que habiendo recorrido las calles de Sestao durante el día de hoy, solicitamos autorización de V. (sic) para mañana Martes poder postular por las calles de Baracaldo, la comparsa titulada Comparsa Húngara”.</p>
<p>A la petición acompaña una hoja impresa, con las coplas a interpretar, insulsas y galantes, que recuerdan a las propias de las comparsas de caldereros de la época, y que denota el propósito de esta agrupación de animar, asimismo, las calles de Bilbao.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>COMPARSA HÚNGARA</p>
<p>“Vamos muchachos</p>
<p>que aun resta bastante camino</p>
<p>para llegar a la patria.</p>
<p>Somos los caldereros</p>
<p>que venimos de Hungría</p>
<p>pasando noche y dia</p>
<p>sin poder sosegar,</p>
<p>roturas de calderas</p>
<p>venimos reformando</p>
<p>por ver si prosperando</p>
<p>podemos regresar</p>
<p>á nuestra noble patria</p>
<p>do están nuestros hermanos</p>
<p>ansiosos deseamos</p>
<p>nuestro intento lograr.</p>
<p>Consumidos con nuestros trabajos</p>
<p>noche y dia intentamos pasar</p>
<p>llegar al punto donde somos</p>
<p>gozar la tranquilidad.</p>
<p>Vamos muchachos, etc., etc.</p>
<p>Del mundo los clamores</p>
<p>la voz de la armonía</p>
<p>no turbe la alegría</p>
<p>que pueda consolar</p>
<p>al triste calderero</p>
<p>que lleno de fatigas</p>
<p>pasar quiere la vida</p>
<p>contento con su afán</p>
<p>y estar continuamente</p>
<p>calderas reformando</p>
<p>y el yunque machacando</p>
<p>como el triste vulcan.</p>
<p>Bilbainas que tanto os complace</p>
<p>los martillos vernos manejar</p>
<p>bien podeis dar con gran confianza</p>
<p>las calderas á arreglar.</p>
<p>Vamos muchachos, etc., etc.</p>
<p>Durmiendo al escampado</p>
<p>y con el rigor del frío</p>
<p>no tenemos más abrigo</p>
<p>ni casa donde estar</p>
<p>sinó esta triste choza</p>
<p>y aquí es nuestro aposento</p>
<p>y al ancho firmamento</p>
<p>debemos su beldad.</p>
<p>Trabajemos con gran armonía</p>
<p>para el triunfo poder alcanzar</p>
<p>yendo en pos de aquél que nos envia</p>
<p>las calderas rotas arreglar.</p>
<p>Vamos muchachos, etc., etc.</p>
<p>Aldeas solitarias</p>
<p>pasamos caminando</p>
<p>y siempre procurando</p>
<p>nuestra patria ensalzar.</p>
<p>Y á vos os exijimos</p>
<p>siquiera un buen mirar</p>
<p>amadas Bilbainitas</p>
<p>al tiempo de marchar.</p>
<p>Bilbainas que tanto os complace</p>
<p>y con nosotros quereis venir</p>
<p>marcharemos con gran armonía</p>
<p>todos juntos marchar por allí”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el periodo de más intensa participación de comparsas en el Carnaval local fue el comprendido entre 1908 y 1918. Es entonces cuando aparecen en el casco urbano de El Desierto comparsas y rondallas, que también salían a otras localidades cercanas, mientras que Barakaldo era, a su vez, visitado por las de estos pueblos, siendo las de Sestao las mejor estructuradas. Mientras que las primeras utilizaban rústicos instrumentos como “triángulos” y ralladores, “chinchines” y bombo, las rondallas eran verdaderas orquestinas de guitarras y bandurrias. Aunque no siempre sus letras eran morigeradas, puesto que en cierta ocasión una comparsa cantó la letra mordaz dirigida al ministro de Gobernación (1907-1909) Juan de la Cierva: “La Cierva es un animal…”.</p>
<p>A juicio de un testigo de aquellos Carnavales, de talante conservador, estas comparsas barakaldarras, “[…]aunque de escasa condición artística y abundante ironía de la mala, y encubiertas ofensas a la Autoridad, tenían trocitos de sal y pimienta”. Entre las calificadas como serias, este articulista cita El Sagusar y Los Bilbaínos, integradas en su mayor parte por miembros de una asociación. De entre las visitantes destaca la denominada Aventuras, dirigida en 1910 por el joven sestaoarra Santos Ruiz de Aguirre.</p>
<p>Según me refirió setenta años después este animador festivo, creó una comparsa denominada Marinera en el barrio obrero de Urbinaga (Sestao), integrada por veintiocho componentes, acompañados en sus desplazamientos por simpatizantes de ambos sexos.</p>
<p>Salieron vestidos de marineros, con indumentaria uniforme de color amarillo, confeccionando cada componente su propio atuendo. Con música basada en una melodía interpretada por la Banda Municipal de Sestao, cantaban unas coplas que hacían referencia al naufragio de una embarcación vizcaína, acaecido por entonces. Durante los días de Carnaval recorrían los pueblos de ambas márgenes de la Ría: Sestao, Portugalete, Santurtzi y Barakaldo; Erandio, Las Arenas (Getxo) y Algorta. Además del propósito fundamental de participación y de animación festivas, les movía el de recaudar fondos para celebrar una comida colectiva al término de los Carnavales.</p>
<p>Es más que probable que perteneciera a su repertorio aquella copla, “con música de vals soñador”:</p>
<p>“Blanca la luna reluce,</p>
<p>espejo de una beldad,</p>
<p>sobre tu pecho relucen</p>
<p>estrellitas en el mar</p>
<p>En nuestro amor</p>
<p>navegad, navegad.</p>
<p>Te quiero por tu sonrisa,</p>
<p>y nuestra dicha sería la mar”.</p>
<p>Por su temática también pudieron pertenecer al repertorio de esta comparsa unas estrofas recogidas en Sestao.</p>
<p>“Una mañana preciosa</p>
<p>del 25 de abril,</p>
<p>llega a la costa fatal</p>
<p>un velero bergantín.</p>
<p>Nos trasladaron a bordo</p>
<p>aquellos bravos marinos,</p>
<p>y nos trajeron a España,</p>
<p>patria de donde salimos”.</p>
<p>También hubo comparsas cómicas, como Los Cartuchos, y alegres como la portugaluja Los Palangreros; o estrambóticas como Los Pelmas Cooperativos, que contó con una prosaica copla:</p>
<p>“Soñaba que la veía</p>
<p>dentro de mi habitación,</p>
<p>y que con un puñal quería</p>
<p>destrozarme el corazón.</p>
<p>De miedo yo ya temblaba,</p>
<p>y el susto me hizo llorar</p>
<p>y al despertarme en la cama</p>
<p>me convencí a la verdad.</p>
<p>No pude aguantar la risa,</p>
<p>y viendo que todo era en vano,</p>
<p>era mi suegra en camisa,</p>
<p>con una vela en la mano”.</p>
<p>La comparsa de Los Albañiles interpretó coplas, que combinaban la crítica social con picantes alusiones a las relaciones de las gentes del oficio con las amas de casa durante la “chapuzas” efectuadas a domicilio.</p>
<p>“La comparsa de Albañiles</p>
<p>ha salido con el fin</p>
<p>de ver si puede arreglar (bis)</p>
<p>este modo de vivir…</p>
<p>Y lo que necesitamos</p>
<p>tan sólo dos cosas son:</p>
<p>más aumento de jornal</p>
<p>y menos explotación.</p>
<p>La otra tarde vino a verme</p>
<p>mi vecina Encarnación,</p>
<p>y me dijo suspirando (bis)</p>
<p>que le arregle el fogón.</p>
<p>Al punto se lo arreglé,</p>
<p>y desde entonces me dice</p>
<p>que no hay fogón en la casa</p>
<p>que mejor que el de ella tire”.</p>
<p>Otras coplas anónimas de comparsas de aquella época, inciden en esta doble línea de crítica social y mordaces críticas al género femenino.</p>
<p>“Pobrecitos los ladrones</p>
<p>que no tienen que chorar,</p>
<p>los que choran son los ricos</p>
<p>y alguna cosita más.</p>
<p>Porque ellos lo tienen todo</p>
<p>y no les falta de ná (sic).</p>
<p>Pobrecitos los ladrones,</p>
<p>pobres de solemnidad.</p>
<p>El destrueque de una vieja</p>
<p>que no podía hacer ca-ca,</p>
<p>hay que tururú</p>
<p>hay que tururú.</p>
<p>Y se limpiaba el cu-cu,</p>
<p>con el rabo de una va ca-ca.</p>
<p>Hay que tururú</p>
<p>hay que tururú”.</p>
<p>Ya que no dejaron huella en la memoria colectiva, subsiste al menos legado documental de la visita a Barakaldo los tres días del Carnaval de 1915 de cuatro comparsas forasteras. Una de ellas es la “contradanza” organizada por Toribio Tramón, de 39 años, vecino de Somorrostro. Asimismo, Nicanor Aguirre, en nombre de la comparsa bilbaína Pierrots, obtiene autorización “para recorrer las calles de esa anteiglesia los días de Carnaval cantando coplas”.</p>
<p>También recorrió el municipio, cantando y vendiendo coplas, la comparsa denominada Los Negritos, de Algorta y dirigida por Moisés Larrea.</p>
<p>Asimismo, hubo estudiantinas y rondallas en un Carnaval barakaldarra, elegante y elitista alternativa al ideal festivo popular, “que denotaba buen gusto y arte”. Ya en 1892 Beremundo Irisarri, director de la banda titulada La Infantil, solicita permiso al municipio para salir de estudiantina los tres días de Carnaval. Si bien la simple denominación no explicita el carácter de esta agrupación, sus posteriores peticiones para dar algunas serenatas nocturnas confirman su carácter de rondalla.</p>
<p>Francisco Cordero, al frente de otros individuos, pide la preceptiva autorización municipal para “salir de estudiantina como es costumbre”, el 25.02.1895.</p>
<p>La presencia de estos colectivos musicales es mucho más acusada durante el periodo comprendido entre 1908 y 1917, quizás porque los valores de orden y de urbanidad se van imponiendo sobre la creatividad espontánea y transgresora de las clases subalternas.</p>
<p>Entre las tunas, rondallas y estudiantinas de aquellos años, todas ellas “de gran categoría artística”, destacaron: la Tuna Valmasedana; La Sotileza de Santander; La Clave y La Rondalla Baracaldesa. La mayor parte de estas agrupaciones eran forasteras, salvo la última. La dirigía Tomás Crespo, maestro y compositor barakaldarra, intérprete de piano, flauta, guitarra y otros instrumentos.</p>
<p>La rondalla de la sociedad La Artística solicitó permiso para recorrer las calles de El Desierto durante los Carnavales de 1915, presidida por el maestro músico José Crespo. Su postulación del día 14 de febrero la destinó a la Sociedad Benéfica de la Colonia Montañesa en Baracaldo; a lo que el Ayuntamiento accede a cambio de que esta agrupación musical interprete un concierto el Domingo de Piñata, con destino a la beneficencia municipal.</p>
<p>Salieron vestidos de marineros, con una bonita canción escrita por su director. Visitando, además, Santander y Gipuzkoa, donde obtuvieron una buena acogida y cosecharon éxitos.</p>
<p>A diferencia de las improvisadas y anárquicas comparsas, el mayor grado de formalización de las rondallas posibilitó su actuación al margen del tiempo y del espacio propios del Carnaval local.</p>
<p>La Rondalla Baracaldesa de referencia recorrió en jira las poblaciones más importantes de Bizkaia y de Santander, dando un sin número de alboradas ante los domicilios de las familias más acomodadas.</p>
<p>También participó en concursos de rondallas, como aquel celebrado en Castro Urdiales en 1910, donde obtuvo el primer premio en reñida competencia con La Sotileza de Santander (primero-bis), La Tuna Zaragozana (tercero), y otras de Dos Caminos (Basauri) y de diversas poblaciones.</p>
<p>Los barrios periurbanos más populosos, como el de Retuerto, también fueron visitados por estudiantinas carnavalescas, integradas por: guitarras, bandurrias y acordeón. En cuanto a los más periféricos, de carácter semiurbano e industrial tuvieron, asimismo, sus propias comparsas y rondallas. Como la organizada en 1914 por la mocedad de Santa Águeda &#8211; Kastrexana, dirigida por Txomin Arechavala y Juan Vergara Bidarte, con objeto de “recorrer cantando unos tangos en parte de los términos municipales de Baracaldo y Bilbao durante las fiestas de Carnaval”.</p>
<p>Los integrantes de esta comparsa, denominada La Flor de Castrejana, saludaban a su auditorio antes de dar comienzo a su repertorio de coplas, de la siguiente forma):</p>
<p>“Lo mismo si son republicanos,</p>
<p>como si son nacionalistas,</p>
<p>igual que si son socialistas,</p>
<p>la enhorabuena les damos”.</p>
<p>A su paso por Alonsotegi, obsequiaron a su auditorio con una copla de sabor festivo local pero, sobre todo, de indisimulada temática sexual, y característica de la dialéctica interlocal vehiculada por el estamento juvenil.</p>
<p>“El día 2 de Setiembre,</p>
<p>día de San Antolín,</p>
<p>una chica de este pueblo</p>
<p>bien se acordara de mí.</p>
<p>Por el camino de Samundi</p>
<p>juntos fuimos a pasear;</p>
<p>y allí la reconocí</p>
<p>todo su titirimundi.</p>
<p>La niña, toda asustada,</p>
<p>no cesaba de llorar,</p>
<p>porque se le había roto</p>
<p>tria, la, la, ra, la, la,</p>
<p>porque se le había roto,</p>
<p>con un palo el delantal”.</p>
<p>Un año después, en 1915, la juventud alonsotegiarra organizó una rondalla, denominada La Melodía. Dirigida por Venancio Vargas, la integraban seis guitarristas, dos bandurrias, dos laúdes y un flautista. Sus componentes iban disfrazados de marineros, con pantalón corto, marinera y gorrito. Su recorrido básico comprendía el ámbito local: Alonsotegi, Irauregi, Arbuio y Kastrexana; pero, algún otro año se desplazaron hasta Gordexola, Zalla y Balmaseda, usando como carroza un camión alquilado, tirado por caballos.</p>
<p>Durante sus ensayos previos elegían algunas de las cuartetas improvisadas por diversos componentes, para integrar su repertorio de coplas que, invariablemente, aludían a la vida cotidiana del pueblo y a la repercusión de la contienda europea sobre la condición obrera del mismo. Las letras, impresas, se vendían al público para incrementar la recaudación. Tras su autopresentación, otras coplas satirizaban la vida local.</p>
<p>En su instancia solicitando permiso para postular, el director de esta rondalla expone que los beneficios obtenidos se destinarán a beneficio de los pobres de solemnidad de los barrios de Alonsotegi e Irauregi. El Ayuntamiento exige que dichos fondos se pongan a su disposición, para dedicarlos a fines benéficos.</p>
<p>“La Melodía es el nombre</p>
<p>de la rondalla,</p>
<p>que cuando estamos cantando</p>
<p>todos abrimos la boca.</p>
<p>En un carro vamos todos,</p>
<p>como los particulares,</p>
<p>para hacerles comprender</p>
<p>que nos hace salir el hambre.</p>
<p>En este divino pueblo,</p>
<p>donde reina la alegría,</p>
<p>los sábados se bautizan</p>
<p>los pellejos y las barricas.</p>
<p>Con el vino que nos dan</p>
<p>estos amables tasqueros,</p>
<p>se pueden escribir cartas</p>
<p>sin hacer falta el tintero.</p>
<p>Vas a la carnicería,</p>
<p>a por carne del puchero,</p>
<p>y en premio te dan un hueso</p>
<p>más grande que el carnicero.</p>
<p>Ponen carnicería</p>
<p>con un infame ternero,</p>
<p>y al cabo de pocos años</p>
<p>tienen casas y dinero”.</p>
<p>Pero la cultura y la inventiva populares son ajenas al ensimismamiento imputado por la posterior manipulación folclorista, o “tradición inventada. Así, otra de sus canciones se hacía eco crítico de la repercusión de los acontecimientos internacionales sobre sus barrios.</p>
<p>“Sobre la Guerra Europea</p>
<p>algo que te mosqueará,</p>
<p>que se paran los trapos</p>
<p>y se está subiendo el pan.</p>
<p>Los obreros españoles,</p>
<p>tristes en su hogar,</p>
<p>contra esta maldita guerra,</p>
<p>que de hambre nos va a matar.</p>
<p>¡Oh!, qué triste es ser obrero</p>
<p>y estar sin saber qué hacer,</p>
<p>tener hijos en los brazos</p>
<p>y no tener qué comer.</p>
<p>El corazón se nos parte</p>
<p>con cosas que estamos viendo,</p>
<p>vienen a pedir limosnas</p>
<p>donde otros están pidiendo”.</p>
<p>Las comparsas, elemento más popular y crítico del carnaval barakaldarra, que fueron prohibidas por la dictadura de Primo de Rivera, tampoco solicitan ni obtienen autorización durante los años republicanos. En cuanto a otras agrupaciones sabemos que, en 1930, visitó Barakaldo la tuna o estudiantina de La Universidad de Santiago de Compostela, que dio varios conciertos en el Gran Cinema de Baracaldo, con un buen éxito artístico.</p>
<p>José Ignacio Homobono Martínez</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Un significativo caso de carnaval local (Barakaldo 1802-1936) (V)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Jul 2026 06:13:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="186" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?fit=300%2C186" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?w=1050 1050w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?resize=300%2C186 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?resize=1024%2C634 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?resize=768%2C475 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10040" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-16/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?fit=1050%2C650" data-orig-size="1050,650" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/05/aaaa-2.jpg?fit=1024%2C634" /></div>CONTROL DEL CARNAVAL: LOS BANDOS DE ALCALDÍA La sátira, las burlas y el desorden transitorio vehiculados por el Carnaval siempre han desagradado al poder. A las instituciones que lo representan no les agrada perder el control de la ciudad ni en broma, ni tan siquiera por dos o tres días. Por lo tanto, tenderán a [&#8230;]]]></description>
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<p>La sátira, las burlas y el desorden transitorio vehiculados por el Carnaval siempre han desagradado al poder. A las instituciones que lo representan no les agrada perder el control de la ciudad ni en broma, ni tan siquiera por dos o tres días. Por lo tanto, tenderán a restringir la espontaneidad de la fiesta y, bajo pretexto de alejarla del desorden y de posibles violencias, el poder censura y encauza aquellas expresiones de creatividad, imaginación y crítica que pongan en tela de juicio los valores, normas y creencias o, simplemente, los criterios lúdicos y estéticos de las clases hegemónicas.</p>
<p>6.1. Los Bandos de Alcaldía</p>
<p>Las Carnestolendas se verán sometidas a ordenanzas, decretos y bandos restrictivos que emanan de diferentes autoridades civiles.</p>
<p>La autoridad gubernativa impone serias limitaciones al Carnaval popular y callejero, contribuyendo a confirmarlas los bandos de las alcaldías. En esta atmósfera de coerción creciente, este tipo de Carnaval tiende a ser erradicado. Incluso la oposición de izquierdas solicita, mediante sendas mociones -1897 y 1917- del líder socialista y concejal de Bilbao, Facundo Perezagua, la supresión del Carnaval.</p>
<p>La institución que vela por el control ciudadano a nivel local es el Ayuntamiento. Este organismo, que regula la vida cotidiana de la ciudad en cuanto tiene de rutinario, también juega un papel esencial durante los periodos festivos. Los regidores municipales, mediante bandos fijados en puntos estratégicos de la trama urbana, dictan la normativa que deben acatar los ciudadanos participantes en el Carnaval, reglamentando la espontaneidad de la fiesta, sometida a una fuerte restricción legal. Normas reforzadas en ocasiones aplicando órdenes de autoridades de mayor rango, mediante la vigilancia policial y la imposición de sanciones económicas para quienes las quebranten. Los bandos municipales “normalizan” y limitan el libre albedrío carnavalesco, impidiendo el contrapoder y la crítica en calles y plazas, espacios públicos convertidos en territorios de la represión y la sumisión a la moral dictada por las élites dominantes. Que alcanzan, asimismo, a espacios semipúblicos e incluso privados.</p>
<p>Limitando la elección de los disfraces, prohibiendo los alusivos a diversas autoridades. Restringiendo el tiempo y los espacios permitidos o no a las máscaras, atentando de esta forma contra los elementos definitorios del Carnaval. Prohibiendo arrojar artificios pirotécnicos, confetis o serpentinas, así como determinados juegos considerados antihigiénicos y portar armas. Censurando las canciones de las comparsas y limitando la actuación de éstas.</p>
<p>Progresivamente constriñen el tiempo festivo a los dos días tradicionales y, más adelante a los domingos de Carnaval y de Piñata, dejando al margen de la legalidad a festejos como el popular Entierro de la Sardina.</p>
<p>Estas medidas persiguen, en suma, la imposición del poder, restringiendo las máscaras y censurando las canciones, en un proceso que se inicia durante el periodo intersecular, con periodos de prohibiciones como el de la dictadura, que conduce definitivamente durante el intervalo republicano a un Carnaval popular ya domesticado y escasamente participativo, reducido a su expresión controlada de los bailes en recintos cerrados. Medidas incluso justificadas por los sectores populares, por el clima de inseguridad y de crispación política que se vive. Barakaldo reproduce linealmente, a nivel local, este proceso.</p>
<p>Uno de los primeros bandos conservados 70 es el de alcalde José de Vildósola y Arriaga, dictado el 10 de febrero de 1915. El contexto bélico internacional sirve como pretexto para eliminar: “[…] cualquier imprudente mascarada en que aparezcan representadas las naciones actualmente en guerra é (sic) impedir al propio tiempo posibles alteraciones de orden publico (sic) motivadas por iguales causas, queda prohibida la circulación de Comparsas, disfraces y toda otra exhibición en los próximos Carnavales, en que se aluda a los Estados beligerantes”.</p>
<p>Pero las restricciones de los disfraces van más allá, puesto que: “Se prohíbe igualmente á las máscaras y Comparsas el uso de vestidos de religiosos, militares y funcionarios públicos, asi (sic) como el llevar armas aun cuando lo requiera el traje, ensuciar ó causar disgustos al público con su comportamiento, y ridiculizar á Instituciones de carác- ter (sic) nacional”.</p>
<p>Otras prohibiciones de este bando afectan a la costumbre de lanzar confeti, serpentinas y líquidos varios en los cafés y otros establecimientos públicos, así como recoger los residuos arrojados en las calles y paseos, “para evitar que sean usados nuevamente con perjuicio de la higiene”. También se prohíbe, “por contrariar á la más rudimentaria higiene el juego conocido por el nombre de al higuí”. No se permitía entrar con careta en establecimientos públicos, ni tampoco la de tunas y comparsas, ni siquiera circular de tal modo después de anochecer. El bando de referencia recuerda que: Las comparsas necesitan obtener permiso de la Alcaldía, quedándoles prohibido cantar canciones ofensivas á la moral, buenas costumbres y respetos internacionales. Tampoco podrán postular ni vender copias en la vía pública, ni en los cafés ni en otros establecimientos á menos que el producto de la recaudación se destine a fines benéficos. A estas comparsas se hace extensivo cuanto en las anteriores disposiciones se preceptúa y quedan terminantemente prohibidas las comparsas formadas por ciegos ó impedidos”.</p>
<p>Por último, se recuerda que los contraventores serán castigados con multa de una a veinticinco pesetas, y que todos los agentes municipales velarán por el efectivo cumplimiento de las disposiciones dictadas.</p>
<p>Los bandos de años subsiguientes reproducen linealmente este esquema, con ligeras variantes. El del alcalde Juan de Garay y Garay, fechado el 28 de febrero de 1919, es análogo al precedente salvo en la eliminada alusión a la Gran Guerra (1ª Guerra Mundial). Pero el bando del alcalde Rodolfo de Lóizaga y Haza, de 20 de febrero de 1922, introduce una significativa disposición adicional, tendente a erradicar el Carnaval popular de los espacios públicos: “Queda terminantemente prohibido el uso de disfraces y caretas en la vía pública y en toda clase de establecimientos también públicos, y sólo se permitirán los primeros, o sean (sic) los disfraces, en locales cerrados, con consentimiento previo de esta Alcaldía”.</p>
<p>La prohibición de lanzar confetis y serpentinas se hace extensiva, asimismo, a las calles. Este mismo Alcalde promulga análogo bando un año después, el 8 de febrero de 1923. Su sucesor, Gregorio de Arana y Olaso, hace lo propio, el 12 de febrero de 1925, ya en plena dictadura primorriverista que no parece incrementar el rigor ordenancista de nuestros munícipes. El 13 de febrero de 1928 el entonces alcalde, Víctor de Viguri y Ortiz de Zárate, dicta un bando análogo a los dos anteriores. En años posteriores fue restringiéndose aún más la circulación de máscaras y disfraces por la calle.</p>
<p>Paradójicamente, el final de la dictadura parece endurecer el discurso del poder que, no contento con las anteriores disposiciones, impone una restricción adicional, encaminada a limitar el entorno temporal de las carnestolendas. El alcalde interino de la Anteiglesia, Evaristo Fernández Palacios, incluye en su bando de 1º de marzo de 1930 esta nueva disposición: “La celebración de los festejos propios de Carnaval quedará circunscrito este año a los domingos, días 2 y 9 del actual, según expone la disposición del Gobierno”. Los ayuntamientos republicanos no se decidieron a abolir este cúmulo de restricciones.</p>
<p>Esta larga lista de censuras, prohibiciones y limitaciones tiende progresivamente a controlar y erradicar el genuino espíritu libertario del Carnaval barakaldarra. Estudiantinas, bailes de salón y confetis, aportaciones “cultas” introducidas durante el periodo intersecular denotan la progresiva influencia de la “civilidad” y la distinción burguesa en los hábitos culturales de las clases subordinadas y, a la vez, el progresivo desplazamiento de las formas de expresión festivas del proletariado urbano. Aunque es lógico suponer que su plena efectividad se limitó al ámbito urbano del municipio. En cualquier caso, el marco temporal de este proceso, y su culminación durante la dictadura, sobrepasa nuestro periodo de referencia -el de entre siglos-, quizás el de mayor esplendor de nuestro Carnaval local.</p>
<p>6.2. La actitud de la Iglesia</p>
<p>El Carnaval ha sido secularmente molesto para el poder, y para cualquier institución que lo encarne. Reprobado por la Iglesia, por considerar a esta celebración como pagana, licenciosa, irreverente y anticlerical. La Iglesia ha tenido históricamente interés en suprimir el Carnaval o, por lo menos limitar los aspectos más radicales de sus prácticas festivas. Tratando de combatirlo mediante cartas Pastorales leídas desde todos los púlpitos de la diócesis y reproducidas en la prensa conservadora. Así como organizando Triduos de desagravio en los templos locales. Son estos un conjunto de funciones religiosas, con base en la exposición del Señor Sacramentado y sermones, convocando a los fieles durante los tres días para que huyesen de la “inmoralidad” carnavalesca, al tiempo que se desagraviaba la figura del Redentor, supuestamente ultrajado por las “orgías” carnavalescas.</p>
<p>El Colegio Salesiano de Barakaldo organizó estos Triduos de desagravio por los. Carnavales, de domingo a martes, durante la primera década del siglo XX. Junto a tales actos de desagravio también se realizaban veladas artísticas en asociaciones religiosas. A la par, se organizaban juegos para mantener ocupados a los escolares salesianos: “No eran días de clase; por eso, el patio bullía con juegos extraordinarios, rompimiento de ollas repletas de golosinas con los ojos vendados, carreras de sacos o con velas encendidas, abundantes funciones de teatro y un largo etc.”.</p>
<p>El director del Colegio Salesiano organiza, el Domingo de Piñata de 1933, una velada teatral en el salón de actos de la Asociación de Antiguos Alumnos que, aunque de comienzo a las 5,30 h. de la tarde, reviste análogo significado que las precedentes.</p>
<p>6.3. La prensa y el Carnaval</p>
<p>En Barakaldo no existió, salvo efímera y discontinuamente, prensa local, salvo los órganos vinculados a diferentes fuerzas del espectro ideológico local, a iniciativas eclesiales o de varias asociaciones. Pero en la anteiglesia se leían los diarios de la capital provincial -que dedicaban una sección a las poblaciones de la Ría, “De Bilbao al Abra”-: El Noticiero Bilbaíno, El Liberal, La Gaceta del Norte y otros. De diferente signo ideológico. Los dos primeros de matiz liberal y conservador el tercero. Con el común denominador de sus referencias al Carnaval, siempre desde sus respectivos posicionamientos.</p>
<p>El discurso periodístico dominante corresponde a los defensores del orden social conservador, contrario al Carnaval, contra el que lanzaban, a través de sus órganos, fuertes diatribas para protestar por los supuestos excesos del Carnaval, exigiendo incluso su prohibición. Una muestra es la que figura en un artículo del periódico -de signo católico, conservador y monárquico- La Gaceta del Norte de 1917: “Aunque la loca Humanidad sigue celebrando estas irrisorias fiestas del Carnaval, en las que además de desarrollarse el mal gusto, traen consigo, envueltas en la máscara del disfraz, el virus de la inmoralidad y del impudor. ¡Cuánta juventud llorará estas fatídicas fiestas! ¡Cuántas almas perdidas en el cenagoso mar del desenfreno en unos instantes de loco albedrío en que la razón parece que dejó de regir!”. Otra publicación católica, esta mensual y de</p>
<p>Barakaldo, Espigas afirma: “La máscara callejera suele ser la innoble caricatura de la especie humana […] Los padres de familia que permiten a sus hijos ir a los bailes de máscaras, si no son unos malvados, son unos solemnísimos majaderos”.</p>
<p>Frente a esta posición detractora se hallaba la de tipo liberal o progresista, que preconizaba, tímidamente, la vigencia de la fiesta en una sociedad modernizada. Si bien defendiendo la adaptación del Carnaval popular a un nuevo estilo; y su homologación a los buenos modales y a la moderación propia de la burguesía racionalista.</p>
<p>José Ignacio Homobono Martínez</p>
<p>&nbsp;</p>
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