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	<title>Historia | Ezagutu Barakaldo</title>
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		<title>Chancillería de Valladolid (Sala Vizcaya)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 06:15:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="154" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=300%2C154" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?w=640 640w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?resize=300%2C154 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10385" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-39/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" data-orig-size="640,328" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" /></div>La Sala de Vizcaya de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid era el tribunal que juzgaba todos los asuntos de los naturales del Señorío de Vizcaya Dicha sala era privativa de la Chancillería de Valladolid. El Señorío de Vizcaya junto con la Tierra Llana, Villas, Ciudades, Encartaciones y Duranguesado, era considerado como un solar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="154" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=300%2C154" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?w=640 640w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?resize=300%2C154 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10385" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-39/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" data-orig-size="640,328" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2023/12/aaaa.jpg?fit=640%2C328" /></div><p>La Sala de Vizcaya de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid era el tribunal que juzgaba todos los asuntos de los naturales del Señorío de Vizcaya Dicha sala era privativa de la Chancillería de Valladolid.</p>
<p>El Señorío de Vizcaya junto con la Tierra Llana, Villas, Ciudades, Encartaciones y Duranguesado, era considerado como un solar único de nobleza, del que sus naturales primitivos y todos sus originarios eran nobles hijosdalgo de sangre, con todos los derechos que les concedía el derecho castellano y con los especiales que les daban sus propios fueros. Así, según el fuero de Vizcaya (Título I, Ley XVI), todos los naturales del Señorío eran notorios fijosdalgo dentro y fuera del Señorío.</p>
<p>Probablemente desde tiempos de Juan I existió la Sala de Vizcaya dentro de la Real Chancillería, pero es con las ordenanzas de la Real Chancillería de Valladolid de Córdoba (1485), Piedrahita (1486) y de Medina del Campo (1489) cuando queda prefigurada la sala. En los artículos 22 y 23 de las ordenanzas de Córdoba se trata y fijan las líneas generales de la organización y funcionamiento de la sala. Dichas disposiciones se vuelven a repetir en los artículos 27 y 28 de las ordenanzas de Piedrahita y en los artículos 29 y 30 de las ordenanzas de Medina del Campo.</p>
<p>A diferencia de las otras salas de la Chancillería, formadas por varios oidores y alcaldes, la Sala de Vizcaya era unipersonal al estar formada solamente por el Juez Mayor de Vizcaya como órgano judicial y de nombramiento real, siendo frecuente el nombramiento de jueces mayores interinos en espera del nombramiento o llegada del juez titular. Dichos jueces interinos se nombraban normalmente entre los abogados de la Chancillería. Su salario procedía de una cantidad anual asignada por el rey más una parte de los ingresos de la Chancillería provenientes de las penas de cámara.</p>
<p>Dentro del cursus honorum de la Chancillería, se aprecia que el cargo de Juez Mayor de Vizcaya solía servir de trampolín para sus titulares para alcanzar cargos superiores como el de oidor de las salas de lo Civil o alcaldes de las salas del Crimen.</p>
<p>La sala estaba formada además por dos escribanías y un relator, aunque el resto de oficiales de la Chancillería participaban también en el funcionamiento y asuntos de aquella, como el repartidor y tasador de pleitos, fiscal, procuradores y agentes, archivero y registrador. Hacía audiencia todos los jueves en presencia del presidente de la Chancillería, y en caso de que estuviera ausente, del oidor más antiguo.</p>
<p>Los asuntos tratados por la Sala de Vizcaya eran los derivados de la jurisdicción civil, criminal y de hidalguía de los naturales de Vizcaya en segunda o tercera instancia si eran juzgados por justicias del territorio vizcaíno, o bien en primera instancia si residían fuera del señorío. Además de los pleitos se trataban otros asuntos, como los expedientes para el reconocimiento de vizcainía solicitada por una parte para que le fueran reconocidos los derechos y privilegios que llevaba aparejados; y las declinatorias de jurisdicción, por las que las partes aducían ser vizcaínas de origen y reclamaban que los procesos abiertos contra ellas por las justicias ordinarias derivasen a la Sala de Vizcaya de la Chancillería de Valladolid.</p>
<p>Los pleitos llegados a la Sala de Vizcaya eran repartidos a sus escribanos por el repartidor de pleitos, que los canalizaba a través de una serie de partidos. Por medio de un auto del Acuerdo de 1622 se fijaron siete partidos para los pleitos de Vizcaya.</p>
<p>1º. Pleitos sobre términos y jurisdicciones, y sobre bienes de mayorazgos de valor de a partir de tres mil ducados. De igual manera los pleitos ejecutivos de tres mil ducados o más.</p>
<p>2º. Pleitos de dos mil a tres mil ducados.</p>
<p>3º. Pleitos de quinientos a dos mil ducados, y pleitos sobre caserías.</p>
<p>4º. Pleitos hasta quinientos ducados.</p>
<p>5º. Pleitos en apelación sobre muertes, moneda falsa o de jueces pesquisidores nombrados por el Consejo.</p>
<p>6º. El resto de pleitos criminales de cualquier calidad y condición.</p>
<p>7º. Pleitos de pobres.</p>
<p>La Sala de Vizcaya se estructuraba en dos escribanías. El nombre por el que se conoce cada una de las escribanías es por el apellido del último escribano que la desempeñó hasta que desapareció el tribunal, ya entrado el siglo XIX. Así, a las dos escribanías de Vizcaya se las denomina Docio y Pino. Para poder optar a ser escribano de Vizcaya, la edad mínima que se debía tener era de 25 años y ser de condición hidalga.</p>
<p>De forma rotatoria se constituían en escribanos semaneros de la sala, desempeñando funciones administrativas y de canalización de documentos a la escribanía correspondiente</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 12 (Más dura es la mina -de hierro-)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2026 06:35:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Recorridos]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Para entender cómo se explotaba el mineral de hierro[1] en Bizkaia es indispensable tener en cuenta que éste se encontraba, por lo común, en superficie. Por ello, eran las bizkainas minas a cielo abierto (más bien canteras), sin que fuese preciso efectuar excavaciones profundas para encontrar el hierro. Hubo algunas, claro está, que tuvieron que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Para entender cómo se explotaba el mineral de hierro<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> en Bizkaia es indispensable tener en cuenta que éste se encontraba, por lo común, en superficie. Por ello, eran las bizkainas minas a cielo abierto (más bien canteras), sin que fuese preciso efectuar excavaciones profundas para encontrar el hierro. Hubo algunas, claro está, que tuvieron que buscar el mineral en el subsuelo. Sin embargo, en todo momento fueron éstas minoritarias: a la altura de 1910 empleaban sólo al 5&#8217;98% de los mineros<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a>.</p>
<p>Así pues, las labores de las minas fueron, sobre todo, un trabajo de cantera<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Sin grandes dificultades técnicas, los procedimientos para la extracción del mineral consistan en el barrenamiento de la masa de mineral y en el desmenuzamiento de los grandes trozos procedentes de las voladuras. Para esto se empleaban, simplemente, picos y azadones. Después vendría la separación de escombros, por medio de rastrillos y cestos. De esta forma, la «infraestructura técnica» que se construyó no se destinó apenas a mejorar lo que propiamente podríamos llamar labores extractivas, que no requirieron por tanto grandes inversiones. Cuando se construyeron instalaciones se destinaron, primero, a crear medios de transporte desde las minas a los ferrocarriles, y, posteriormente, a mejorar la calidad del hierro ya extraído.</p>
<p>No está de más recordar aquí cómo se extraía el mineral a finales del siglo XVIII, antes de iniciarse, por tanto, la sistemática explotación minera. El sistema de explotación en Triano se caracterizaba por las siguientes notas (Elhuyar):</p>
<ul>
<li>existencia de innumerables y pequeñas excavaciones</li>
<li>construcción desordenada de las minas</li>
<li>simplicidad de los trabajos mineros, que se reduce a emprender un callejón. De este modo llegan a cierta profundidad, hasta localizar mineral de buena calidad, en cuyo arranque no se sigue más regla que la de extraer cuanto se</li>
<li>escaso desarrollo técnico de los procedimientos de arranque del mineral, que se efectuaba con picos, con cuñas o con pólvora, según las</li>
</ul>
<p>En realidad, los cambios no habían sido espectaculares. Dos eran las principales innovaciones: se había llegado a un trabajo ordenado, merced a una precisa distribución de la propiedad minera y, junto a ello, se había incorporado el sistemático empleo de barrenos. La espléndida configuración de las minas vizcaínas no requirió mayores refinamientos técnicos.</p>
<p>En cambio, lo accidentado del terreno donde estaban las minas obligó a importantes construcciones para organizar el transporte del hierro desde bocamina a los ferrocarriles. Tardará sin embargo, en concluir el tradicional recurso a la tracción animal. A la altura de 1880 aún se hablaba de «la multitud de carros tirados por bueyes<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> que circulan por las carreteras y caminos de la zona minera de Somorrostro que cargan el mineral en las minas para llevarlo a los ferrocarriles» (Alzola). Pero para entonces existían ya diversos medios auxiliares, mecánicos, cuya construcción se iría generalizando. En la década siguiente, desapareció el arrastre de carretas tiradas por bueyes: así lo exigió la explotación masiva de las minas. De esta forma se instalaron los siguientes elementos:</p>
<p><u>Planos inclinados automotores.</u> Debido a los grandes desniveles que existían entre las minas y los ferrocarriles fue frecuente su utilización. Destacaban, en especial, los de las minas «Concha», explotadas por la Franco-Belga; y el de la Orconera, que con sus 1.300 metros era el mayor de los existentes en Bizkaia.</p>
<p><u>Cadenas sin fin.</u> La más importante era la de la Franco-Belga que salvaba un desnivel de cerca de 245 metros, y que podía transportar hasta 2.000 Tms. diarias.</p>
<p><u>Tranvías aéreos,</u> movidos por vapor o bien por la fuerza de la gravedad. Unían las minas con los ferrocarriles, con la excepción del que servía a la mina «Primitiva», de Castrejana, construido en 1881, que desembocaba directamente en el embarcadero. Los primeros tranvías aéreos se construyeron antes de la última guerra carlista, si bien no se generalizaron hasta la década de los noventa.</p>
<p>Orconera: Estación y plano inclinado del arroyo Granada</p>
<p>Entre la infraestructura que se creó en las minas para explotar el hierro, han de contarse algunos elementos que intentaban mejorar la calidad del producto, con vistas a su comercialización. No se instalaron sistemáticamente hasta fechas algo tardías, bastante después del comienzo de la explotación moderna de las minas. Se levantaran durante los años noventa. Fueron una primera respuesta técnica a la disminución de la calidad del mineral<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><strong>[5]</strong></a>. En los últimos años del s. XIX tales instalaciones eran aun marginales dentro del conjunto de la explotación de la zona minera. Pero, aunque trabajaban sólo un reducido porcentaje del hierro extraído en Bizkaia, permitieron mantener un alto nivel en el volumen de la explotación. Paulatinamente, se incrementaría al porcentaje de mineral tratado en tales instalaciones sitas en la propia zona minera.</p>
<p>De dos tipos fueron estos elementos técnicos: los hornos de calcinación y los lavaderos. Con los primeros, se pudieron aprovechar los carbonatos. Gracias a los lavaderos, se consiguió sacar al mercado los hierros menudos, provenientes de las voladuras y del desmenuzamiento de la masa de mineral.</p>
<p><strong>Los hornos de calcinación</strong><a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> permitían aprovechar los llamados carbonatos (siderita), hasta entonces sin utilización alguna debido a su baja ley metálica ya que se encontraban en las capas más profundas de los yacimientos. El carbonato se introducía en los hornos y se quemaba durante 24 horas a una temperatura inferior a los 900º C.</p>
<p>Como combustible se utilizaba carbón (antracita). Las primeras calcinaciones las efectuó en 1881 la Franco-Belga, aunque se realizaron en montones al aire libre y en un pequeño horno, como los de cal, construido en Concha 3ª. En 1882 también hizo ensayos MacLenan en la mina Amalia-Vizcaína (Muskiz). Los hornos más antiguos eran muy sencillos. Tenían una estructura cúbica y una sola boca de descarga. El exterior era de mampostería, con sillares de caliza en las esquinas, y el interior de ladrillo refractario. Hornos de este tipo son el de la mina Lejana, en el barranco de El Cuadro (Ortuella), y los de Sopuerta y Kobaron.</p>
<p>Pero el primer horno de calcinación propiamente dicho lo construyó en 1889 la Luchana Mining en El Regato, según el modelo inglés Cleveland. La cuba estaba construida con ladrillos refractarios y revestida exteriormente por planchas de hierro. Tenía mayores dimensiones que los construidos posteriormente (14 metros de altura y 6,40 de diámetro interior) y, aunque su producción también era más elevada, se comprobó que reduciendo el tamaño se ganaba en rentabilidad. Para la descarga contaba con tres puertas y dos boquillas en cada puerta.</p>
<p>El uso de hornos de calcinación se generalizó en los años noventa del siglo XIX, aunque en 1899 el mineral obtenido por este proceso sólo representaba el 10% del total de la producción de las minas de Bizkaia. Sin embargo, a lo largo del siglo XX los hornos fueron fundamentales porque en la mayoría de las explotaciones ya sólo se extraía carbonato.</p>
<p>El tipo de horno más utilizado era el de cuba cilíndrica (algunos eran troncocónicos), con una altura de entre 10 y 15 metros y un diámetro aproximado de 3. El interior del cilindro era de ladrillo refractario y el exterior de ladrillo normal reforzado por unos anillos de metal para proteger la estructura de las dilataciones producidas por el calor. También se utilizaron modelos con las boquillas de descarga en la base misma del horno, en lugar de los laterales, lo que facilitaba la carga de las vagonetas que se situaban debajo.</p>
<p>A veces había un sólo horno, pero lo ideal era construir varios colocados en batería para facilitar las labores de carga y descarga. En algunos casos se instalaban en la misma mina y en otros cerca de los ferrocarriles, como los de la Orconera y la Franco-Belga.</p>
<p>Los hornos que la Franco-Belga construyó en Ortuella, junto a su ferrocarril, eran bastante curiosos. Se instalaron entre 1915 y 1916, siguiendo el modelo del horno número 7, construido en 1896. Eran más pequeños de lo normal, cuadrangulares y con los vértices redondeados, de forma casi ovalada, y estaban situados en batería de dos en dos. Había dos filas de 12 hornos.</p>
<p>Los sistemas de carga de los hornos también se fueron perfeccionando. Lo normal era empujar la vagoneta por una pasarela elevada hasta situarla encima de la boca superior, por eso los hornos se construían junto a una ladera, para estar más bajos que la vía de carga. Sin embargo, la batería de hornos de la Orconera se alimentaba mediante un plano inclinado que subía las vagonetas y los de la Franco-Belga con un tranvía aéreo que llegaba hasta la misma boca de carga; esta última compañía incluso utilizó un montacargas eléctrico para subir las vagonetas. Para facilitar estas labores también se utilizaron cintas transportadoras, vagones skip, etc.</p>
<p>La mejora de los sistemas de calcinación permitió aprovechar los “polvos” de menudos crudos que se acumulaban en escombreras al no poder utilizarse por su reducido tamaño. También se facilitó la calcinación al homogenizar el tipo de carbonato introducido en la cuba, lo cual se conseguía a través de la trituración y la clasificación por tamaños, realizadas con machacadoras y cribas automáticas.</p>
<p>Por las mismas fechas en que se construían los hornos de calcinación se levantaron los <strong><u>primeros lavaderos.</u></strong> En concreto, fue en 1891 cuando se decidió recurrir a esta opción técnica. En este caso fue decisivo el éxito de procedimientos similares utilizados en la cuenca minera de Santander, si bien en Bizkaia el lavado de los minerales tendrá una función diferente a la que cumplía en la provincia vecina. En Santander, se utilizaba para aprovechar los depósitos aluviales de hierro que se encontraron entre 1870 y 1890. En la zona minera de Bizkaia, en cambio, sirvió para poder comercializar los menudos que se acumulaban en las escombreras, hasta entonces considerados demasiado pobres y sucios como para su venta. Con los lavaderos, se conseguía separar la arcilla de tales menudos. Se pusieron en explotación, así, los escombros acumulados desde los comienzos del trabajo de las minas; y se encontró un medio de dar salida a todo el mineral explotado, evitando la acumulación de desechos.</p>
<p>El primer lavadero fue construido en 1891 en la mina «Marta» por los Srs. Larrucea y López. Se reducía a un cilindro forrado por tela metálica que, sumergido y batido en un depósito de agua, permita que se separase la arcilla. Posteriormente, el sistema se perfeccionó, recurriéndose a trómeles<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> terminados por un cono: el mineral y el agua marchaban dentro de él en dirección contraria, arrastrando el agua a la arcilla; se conseguía así un mineral limpio, apto para su comercialización. El trómel giraba sobre unos rodillos, movido por una máquina de vapor, y a partir de los años veinte por motores eléctricos.</p>
<p>A la altura de 1899 se habían instalado 17 lavaderos, que servían a 27 minas. La implantación de este procedimiento era aún parcial, pese a lo cual la producción que pasaba por los lavaderos suponía ya 318.000 Tms. de mineral, algo más del 5% del total obtenido en Bizkaia.</p>
<p>El agua sucia que vertían los lavaderos contaminaba los ríos y los arroyos, a pesar de las quejas de los vecinos. De hecho, una de las causas de enfermedad más frecuente de la población minera eran los problemas gastrointestinales provocados por el mal estado de las aguas Para paliar estos problemas se construyeron balsas de decantación donde se depositaban las aguas sucias. De esta manera la arcilla iba al fondo y el agua quedaba más limpia. Cada dos o tres meses, cuando las balsas estaban llenas, se avisaba a los vecinos de los pueblos situados en el cauce de los ríos y se abrían las compuertas para liberar el agua. Con el fin de que se cumplieran estas condiciones se nombraba una comisión vecinal que inspeccionaba los lavaderos y las balsas. Después se fueron instalando unas torres en las propias balsas, que controlaban el nivel del agua y servían para eliminarla directamente mediante un sistema de alcantarillado subterráneo.</p>
<p>En una visión global de la instalación en las minas de sistemas de explotación, podríamos establecer las siguientes características<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>:</p>
<ul>
<li>El comienzo de la explotación masiva de las minas a mediados del siglo XIX supuso, en primer lugar, la ordenación del territorio minero y el empleo sistemático del barreno: estas dos fueron las primeras innovaciones.</li>
<li>Los procedimientos extractivos apenas tuvieron desarrollo técnico. En todo momento consistieron en el barreno y posterior desmenuzamiento de la masa por medio de la fuerza humana. Las condiciones en que se encontraba el mineral vizcaíno lo permitan.</li>
<li>En las explotaciones a cielo abierto, el primer trabajo consistía en eliminar la capa exterior (tierra, rocas, vegetación, etc.), y una vez encontrado el mineral se comenzaba a profundizar. El trabajo se realizaba a roza abierta, dejando escalones o bancos de unos 20 o 30 metros de altura, con el fin de trabajar en diferentes niveles. La extracción del mineral se llevaba a cabo mediante explosivos: dinamita (normalmente dinamita n.º 3) y pólvora. Posteriormente comenzaron a utilizarse la sabulita y la goma 2.</li>
<li>Para colocar los explosivos había que realizar unos agujeros con la barrena, que era una barra metálica acabada en punta o en bisel, de varios metros de longitud, según la profundidad del agujero. Normalmente, el minero iba golpeando con la barrena directamente en la roca, aprovechando su fuerza, pero también podía ayudarse con una maza y si el agujero era muy profundo, varios mineros a la vez utilizaban una barrena larga. Los agujeros tenían una profundidad media de 4 a 5 metros y, dependiendo de la dureza de la roca o del mineral, se empleaba entre 1 y 4 horas por metro. La operación de carga del barreno se llamaba maniobra.</li>
<li>En 1903 comenzaron a utilizarse los martillos perforadores a vapor y en los años veinte los eléctricos, lo cual permitía un rendimiento superior al barrenado manual. En los últimos años de la explotación minera la mecanización era completa y se empleaban máquinas perforadoras.</li>
<li>La voladura, también llamada disparo o tiro, se efectuaba a unas horas determinadas: de 8 a 8,30, de 12 a 13 y de 16 a 16,30. Momentos antes de encenderse las mechas (operación que se realizaba a mano) se avisaba con tres toques de corneta y se colocaba una bandera roja cerca del lugar de la explosión. Una vez desprendida la masa de la pared se procedía a desmenuzarla con picos, azadones, mazas, mayos, cuñas, etc.</li>
<li>Los bloques más grandes se troceaban con pequeñas cargas explosivas; a veces, en lugar de practicar agujeros, la carga se adhería a la roca con arcilla. Después se reducían con mazas a muy pocos centímetros de diámetro. A principios del siglo XX comenzaron a generalizarse los martillos mecánicos para realizar también las labores de troceo o taqueo. En los años treinta se introdujeron machacadoras mecánicas.</li>
<li>Después, ayudados de azadas y rastrillos, llenaban los cestos de mineral para cargar las vagonetas. El mineral más pobre o las rocas se amontonaban en escombreras.</li>
<li>La posibilidad de disponer de un hierro abundante y rico, así como la rapidez del proceso por el que masivamente comenzaron a explotarse las minas, permitieron que hasta fechas tardías no se incorporaran elementos técnicos en ningún aspecto del trabajo.</li>
<li>Las primeras mejoras técnicas consistieron en la instalación de medios de transporte desde la bocamina al ferrocarril. Comenzaron a construirse entre 1880 y 1890, cuando se levantaron los primeros planos inclinados. Los procedimientos de transporte más complejos (los tranvías aéreos) no se generalizaron hasta la década siguiente.</li>
<li>El agotamiento o escasez de los minerales más ricos llevó a crear instalaciones que mejoraran la calidad de los hasta entonces desechados y que permitieran el aprovechamiento de los escombros. Fue entre 1889 y 1892 cuando comenzaron a construirse, consistiendo en hornos de calcinación para los carbonates y lavaderos para los escombros. Sin embargo, a la altura de 1899 sólo un 15% del mineral producido en Bizkaia era tratado en la propia zona minera. El 85% restante se vendía sin ningún tratamiento especial, tal y como se obtenía en un trabajo que podríamos definir como de cantera<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Es a partir del siglo XIII cuando se empiezan a encontrar testimonios claros sobre la industria del hierro en la Zona Minera de Las Encartaciones, con una clara orientación exportadora. El mineral que se extraía, tenía cuatro aspectos diferentes, y por ellos se le conocía. Uno de ellos era el denominado «vena», por su color rojizo como la sangre. Otro era el «campanil», ya que al ser golpeado con una herramienta, producía un sonido que se asemejaba al de una campana. Un tercero era conocido como «rubio», por su color amari­llento, y el cuarto, tenía el nombre de «carbonato». Normalmente, era el que a más profundidad se encontraba.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Debemos recordar que las minas de hierro más importantes de Bizkaia se hallaban situadas en tres cuencas: Somorrostro, Bilbao y Galdames-Sopuerta. La más importante de ellas tanto por cantidad como por calidad, era la de Triano-Somorrostro (con dos grandes criaderos de mineral: Triano y Matamoros, de 3 y 2 Kms. de longitud respectivamente y una anchura de 1,5 Kms como máximo).</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Las canteras son explotaciones de la <strong>minería</strong> que se llevan a cabo a cielo abierto. De una cantera puede obtenerse <strong>granito</strong>, <strong>caliza</strong> o <strong>mármol</strong>, por citar algunas posibilidades. Cabe destacar que una cantera constituye un recurso limitado: se agota en determinado momento sin que exista la posibilidad de generar nuevas <a href="https://definicion.de/piedra/"><strong>piedras</strong></a>.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">4]</a> En Trapagarán, a comienzos del siglo XX, existirá una cabaña mular y asnal cercana a las trescientas cabezas, toda ella dedicada al transporte del mineral.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> «Como es fácil suponer, los mejores minerales se fueron agotando rápidamente, de tal manera, que cuando en 1886 se inician las actividades del Circulo Minero, ya no había para nada de la vena. El campanil será siempre el mineral de mayor cotización, y cada día más extraño. De ahí que, en la década de los ochenta, en diciembre de 1881 concretamente, se comienzan a realizar las primeras calcinaciones del carbonato que, hasta entonces no se había comenzado a explotar”. Ignacio VILLOTA “Vizcaya en la política minera”, p.25</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Eneko PÉREZ GOIKOETXEA “Minería del hierro en los Montes de Triano y Galdames” pp. 100-114</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Trommel en alemán significa tambor, como el tambor de una lavadora.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> En Barakaldo apare­cen veintinueve centros de explotación, con los siguientes nombres: Modesta, Salvadora, Teresa, La. Negra, Augusta, Fi-gueras, Elena, Impensada Juliana 1, Juliana 2, Pepe, Emma, Disgusto, Mer­cedes, Carmen, Lucas, Hormidas, Bienvenida, Vicenta, Berna, Boni, La Concepción, San Gre­gorio, San Pedro, Mengolice, Rosario, Cercana, Estrella y Acebal.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Entre 1876 y 1900 se extrajeron un total de 94.016.807 Tm de mineral de los que el 90% se exportaron y de éste un 60% a Gran Bretaña. En el periodo de 1901 y 1920 se extrajeron 75.643.494 Tm y a partir de 1920 por agotamiento de los yacimientos la industria minera decayó considerablemente. Como consecuencia de la exportación masiva de mineral (además de las infraestructuras imprescindibles para ello) el puerto de Bilbao adquirió una actividad inusitada, multiplicándose por tres el movimiento general portuario de 1878-79 a 1898-99. En 1884 el tráfico de barcos ingleses en el puerto de Bilbao superó incluso a los de Hamburgo y Amberes, hasta entonces los puertos que registraban mayor entrada de buques británicos.</p>
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		<title>La enseñanza pública en Barakaldo 1857-1957</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 06:22:18 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="209" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?fit=300%2C209" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?w=804 804w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?resize=300%2C209 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?resize=768%2C535 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="352" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/la-ensenanza-publica-en-barakaldo-1857-1957/plaza-vilallonga/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?fit=804%2C560" data-orig-size="804,560" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="plaza-vilallonga" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?fit=804%2C560" /></div><div class="storycontent">
<p style="text-align: justify;"><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="352" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/la-ensenanza-publica-en-barakaldo-1857-1957/plaza-vilallonga/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?fit=804%2C560" data-orig-size="804,560" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="plaza-vilallonga" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?fit=804%2C560" class="alignright size-medium wp-image-352" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg?resize=300%2C208" alt="plaza-vilallonga" width="300" height="208"></a>INTRODUCCIÓN</p>
<p style="text-align: justify;">El nacimiento del estado moderno produjo un incremento de la burocracia. Por otro lado, el desarrollo del comercio durante el siglo XVI generó una multiplicación de los contratos, cada vez más plasmados en papel.</p>
<p style="text-align: justify;">Gracias a ambos factores, en algunas villas y pueblos se establecieron escuelas y tutores privados para instruir en la escritura a los hijos de los más adinerados. Hasta entonces la instrucción alcanzaba a una mí­nima parte de la sociedad, y sólo la enseñanza de los eclesiásticos ocupaba a un número significativo de personas.</p>
<p style="text-align: justify;">A su vez, como fórmula para oponerse a la extensión del protestantismo, la Iglesia católica aconsejó que en todos los pueblos se fundaran escuelas para los más pobres.</p>
<p style="text-align: justify;">El importante papel que el Concilio de Trento asignaba a la educación popular como instrumento de evangelización no fue cumplido por los eclesiásticos barakaldeses ni, en general, de todo el Señorí­o de Vizcaya, que todaví­a en 1605 reclamaba, sin éxito, que enseñaran a los niños doctrina cristiana.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante esta dejación de la Iglesia, los padres y los concejos asumieron la instrucción como obligación propia, y contrataron a medias maestros de primeras letras a partir de la segunda mitad del siglo XVII, época caracterizada por el desastre económico. El maestro impartí­a en castellano, pese al bilingí¼ismo de los habitantes: catecismo, historia sagrada, escritura, lectura y cuentas elementales.</p>
<p style="text-align: justify;">Los padres pensaban que la enseñanza podí­a ser para sus hijos una herramienta útil en la emigración, en el ejército, etc. Por su carácter voluntario, en Barakaldo, en los momentos de apreturas del erario municipal, el salario del maestro era una de las primeras cargas de las que se liberaban (1716).</p>
<p style="text-align: justify;">En las mismas fechas, en algunos paí­ses europeos (Prusia, 1717), el Despotismo Ilustrado introdujo la obligatoriedad de la enseñanza pública, medida no imitada por la Corona española. A pesar de ello, por lo diseminado del caserí­o y la mejorí­a de las rentas municipales desde 1749 se duplicaron las infraestructuras escolares en Retuerto (Amezaga) y en San Vicente. Pero los resultados entre las clases populares fueron escasos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, en 1777 los dos fieles regidores solicitaban que firmaran en su nombre. Para los ilustrados los males de la sociedad eran producto de la ignorancia, por lo tanto la generalización de la enseñanza primaria contribuirí­a eficazmente a cambiar las actitudes y valores de la sociedad española.</p>
<p style="text-align: justify;">Sus herederos liberales plasmaron estos ideales en la Constitución de 1812 y en el informe Quintana (1813). La enseñanza debí­a ser universal, pública, gratuita, uniforme y libre. Pero este ideario no pudo llevarse a cabo por la situación de enfrentamiento civil de la primera mitad del siglo XIX.</p>
<p style="text-align: justify;">LA LEY MOYANO. BARAKALDO EN ESTE CONTEXTO</p>
<p style="text-align: justify;">Terminada la primera guerra carlista, los sucesivos gobiernos pretendieron la reforma del Estado y, naturalmente, de la enseñanza con un carácter unificador y centralista. Por su trascendencia, la más importante de las leyes educativas fue la Ley General de Instrucción Pública o Ley Moyano de 1857, una ley de bases que unificó las diferentes reglamentaciones de la primera mitad del siglo.</p>
<p style="text-align: justify;">Establecí­a la obligatoriedad de escolarización y los niveles de estudios, diferenciando entre primaria, secundaria y universidad; señalaba la competencia municipal en la enseñanza primaria, el tipo de escuelas (completas, incompletas, oficiales y privadas), y su número según los habitantes de cada lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">En la fecha, Barakaldo era un pueblo esencialmente agrí­cola de 2.369 habitantes, que contaba con dos escuelas y maestros: Domingo de Convenios y José de Gorostiza.</p>
<p style="text-align: justify;">La aplicación simple de la Ley Moyano obligaba a crear dos plazas de maestras ocupadas</p>
<p style="text-align: justify;">(1862) por Francisca Eguiluz y Florencia de San Miguel, que se hicieron cargo de las clases de niñas en Retuerto y San Vicente.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la industrialización producirá una transformación radical desde el punto de vista económico, social y demográfico. Una de las caracterí­sticas de la situación escolar entre 1876 y 1931 será la insuficiente dotación de escuelas y maestros por el crecimiento imparable de la población y la incapacidad municipal para hacer frente a los gastos.</p>
<p style="text-align: justify;">ESCUELAS Y MAESTROS MUNICIPALES</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los motivos de rechazo de las instituciones vascas, diputaciones y ayuntamientos, de las leyes educativas del Gobierno era la dotación de maestros por oposición pública. Esta circunstancia, en teorí­a, mermaba la autonomí­a municipal, ya que determinaba los presupuestos dedicados a instrucción, al mismo tiempo que impedí­a la polí­tica caciquil y el nombramiento de personas afines, su control ideológico y moral.</p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, este tema fue conflictivo por razones económicas, pero también ideológicas: Juan Ignacio Gorostiza tuvo que huir del pueblo en 1873 para no ser pasado por las armas por los carlistas.</p>
<p style="text-align: justify;">Terminada esta contienda, los sectores más conservadores del liberalismo intentaron aplacar a la Iglesia y atraerse a los carlistas. En 1884 se aprobaron algunos decretos que asimilaban los tí­tulos de las escuelas <em>privadas </em>a los de las oficiales. Desde esa fecha la mayor parte de las escuelas y maestros serán municipales o extraoficiales, y la recomendación y el trabajo voluntario realizado como auxiliar se convertirán en la ví­a de entrada a la enseñanza. Poco tení­a que ver la capacidad del magisterio con esta decisión, pues los maestros más reconocidos por el propio Ayuntamiento habí­an sido nombrados por oposición, es decir, eran maestros oficiales: Juan Ignacio Gorostiza, Hilario Agapito, Marí­a López Gordo, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">Además de los motivos anteriormente expuestos, habrí­a que señalar la influencia que pudo tener en la municipalización el hecho de que los edificios escolares oficiales tuvieran</p>
<p style="text-align: justify;">que reunir unos requisitos mí­nimos que elevaban los presupuestos de ejecución. La sustitución de la casa alquilada para escuela en Retuerto por un edificio propio en 1880, por ejemplo, supuso casi 30.000 pesetas.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, en 1891 se construyó la escuela oficial de Rajeta que, como determinaba la ley de construcciones escolares, contaba con aulas para sesenta alumnos, patio de recreo, jardí­n, biblioteca popular, aseo, acceso independiente a las casas de los maestros, etc. Pero el proyecto para el que se habí­a solicitado la pertinente subvención económica del Gobierno serí­a modificado, utilizándose también para otros usos (ayuntamiento, juzgado, etc.), sin contar con el informe previo del gobernador ni con la autorización oficial para adquirir el terreno, por lo que se denegó la ayuda prometida.</p>
<p style="text-align: justify;">Este hecho y la situación de la hacienda municipal eran los argumentos que esgrimí­a el Ayuntamiento para justificar que casi todas las nuevas escuelas fueran municipales.</p>
<p style="text-align: justify;">La mayorí­a de ellas no ocupaban un espacio fí­sico propio y fueron, en principio, unitarias mixtas, donde niños y niñas de distintas edades compartí­an el aula. Podí­an estar en el pórtico de una iglesia o una ermita abandonada, como las de Burceña (1889) y El Regato (1885), o compartir su uso con otras actividades: Arnabal (1901) aprovechó la alhóndiga del barrio; la municipal de Vilallonga (1905) albergaba en la planta baja mercado, <em>perrera </em>municipal, en la planta primera un salón de cine, y en la segunda la escuela de Artes y oficios; caso excepcional es el edificio escolar de Llano (1903).</p>
<p style="text-align: justify;">Pero el componente ideológico, y no sólo económico, de esta opción queda de manifiesto cuando se subvenciona de forma importante una escuela de religiosos salesianos (1898) antes que cumplir con la legislación estatal. Como su financiación y mantenimiento corrió a cargo del municipio durante muchos años -contó también con donativos de particulares y empresas-, se podrí­a decir que funcionó como escuela pública, aunque por su titularidad fuera privada.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, como en las oficiales y públicas, el Ayuntamiento controlaba los exámenes de sus alumnos, lo que no sucedí­a con el resto de las privadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, a partir de 1901 el municipio sólo pagaba lo consignado en los presupuestos de aquel año por todas las oficiales. Esta cantidad era ingresada en las arcas de la Diputación que se hací­a cargo del pago de los maestros. En diciembre de 1912, las diputaciones vascas llegaron a un acuerdo con el Gobierno, a quien, desde entonces, competirá fijar las necesidades de la enseñanza.</p>
<p style="text-align: justify;">Gracias a este traspaso de competencias, en octubre de 1913 se crearon seis plazas (4 nuevas secciones de Rajeta y dos jubilaciones) de maestros oficiales, lo que suponí­a a las arcas locales tan sólo 1.800 pesetas anuales (300 pesetas cada maestro por vivienda). Pero las autoridades locales prefirieron la municipalización, en vez de acudir al Estado. En 1915, por ejemplo, se creaba un parvulario municipal en la escuela oficial de Retuerto.</p>
<p style="text-align: justify;">ESCUELAS NACIONALES EN LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA</p>
<p style="text-align: justify;">Durante más de una década los proyectos para ampliar o crear nuevos centros no pudieron realizarse. Los salarios reales de los trabajadores habí­an bajado durante la época de la Gran Guerra (1914/18), así­ como su capacidad de ahorro y gasto, y la crisis económica (1920/23) que la sucedió trajo consigo un agravamiento de la situación.</p>
<p style="text-align: justify;">Si en los momentos de expansión económica los presupuestos de instrucción habí­an sido bajos, mucho más lo serán en épocas de crisis.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero de los 25.000 habitantes de 1919 se habí­a pasado a las 30.000 almas de 1926. El descenso de la mortalidad infantil y la ampliación de la escolarización obligatoria hasta los 14 años en 1923 incrementaron la demanda de plazas escolares. Desde las páginas del semanario <em>El Galindo </em>(1924), varios maestros desarrollaron una campaña de concienciación ciudadana a favor de la creación de escuelas nacionales. Segundo Muñoz, colaborador habitual del semanario, señalaba cómo la polí­tica municipal era uno de los problemas más graves de la enseñanza: <em>Locales inhabitables, maestros mal pagados, enorme exceso en las matrí­culas, muchos niños sin escuelas adonde acudir, esto es a grandes rasgos el mal que urge remediar a todo trance. Nada que agradecer, sí­ mucho que censurar, tiene el pueblo respecto a la gestión de los concejales actuales y de las mayorí­as que hasta la fecha han regido tan deplorablemente los destinos municipales (EG 16-3-1925).</em></p>
<p style="text-align: justify;">La elaboración del proyecto de <em>Urbanización, Reforma y Extensión de Baracaldo </em>(1925), que preveí­a un vasto programa de obras públicas (plaza de mercado, traí­da de aguas y, sobre todo, escuelas) se puso en marcha a partir de 1927 con los fondos del Instituto Nacional de Previsión, administrados por la Caja de Ahorros Vizcaí­na, a la que el Ayuntamiento solicitó un importante crédito.</p>
<p>Por primera vez, y gracias a la conjunción de estos factores, se aprobó la creación de escuelas con la subvención del Estado y el préstamo de la CAV, aunque por lo complicado de la tramitación las obras no concluirán hasta el perí­odo republicano. En apenas cuatro años se duplicaron las aulas existentes (29), y se avanzó en la graduación de la enseñanza: Arteagabeitia, San Vicente -recién construidas- y Rajeta y las municipales de Vilallonga.</p>
<p>LAS REALIZACIONES EN EL PERíODO REPUBLICANO</p>
<p>Con el advenimiento de la II República se intentará la reforma del sistema educativo, heredado de la vieja Ley Moyano. Pero todaví­a no estaba solucionado el problema de la escolarización. Pese a lo mucho realizado en los últimos años, la mayorí­a de las escuelas se hallaban abarrotadas. Y la posibilidad de que los centros regentados por religiosos (ley de Confesiones y Congregaciones religiosas) tuvieran que cerrar, incrementarí­a de forma substancial la matrí­cula.</p>
<p>Por otro lado, la limitación legal republicana de que sólo hubiera 50 alumnos por aula hací­a imprescindible continuar la polí­tica de construcciones, pese a la crisis económica, e intentar eliminar definitivamente el déficit de plazas. Se construyeron con presupuestos municipales extraordinarios y la ayuda de los fondos gubernamentales las escuelas de Vitoricha (8 aulas), de Bagaza (9 aulas) y Arbuyo (3 aulas); se ampliaron algunas de las existentes, Vilallonga (3 aulas) y Lasesarre (1 aula) y se completaron con dos aulas las secciones de párvulos de San Vicente y Arteagabeitia. Y de forma provisional se crearon escuelas municipales en Zaballa, Ibarra, Av. de Euzkadi, etc.</p>
<p>La educación pública era para republicanos y socialistas una función ineludible del Estado. Por acuerdo municipal de tres de agosto de 1931 se aprobó solicitar la nacionalización de varias escuelas que se realizó en un breve espacio de tiempo: Arteagabeitia, San Vicente, Llano, El Regato, Rájeta, Lasesarre y Vilallonga, etc. Esta polí­tica sólo fue seguida en Vizcaya por los municipios gobernados por la izquierda: la zona minera, Portugalete, Basauri, Bilbao y Barakaldo. En 1936, una vez concluido el proceso, la situación era la siguiente: 81 escuelas (aulas) nacionales, 10 escuelas (aulas) municipales y 3 escuelas (aulas) dependientes de la Diputación.</p>
<p>La medida nacionalizadora permitirí­a ahorrarse más de 200.000 pesetas anuales. Sin embargo, no fue el ahorro el principal objetivo, y los presupuestos se mantuvieron durante todo el perí­odo republicano. Con el dinero ahorrado se intentará conseguir el viejo ideal de la igualdad de oportunidades en el acceso a la enseñanza. Se promoverán actividades circunescolares de marcado carácter social: patronato escolar (colonias, ropero, cantinas), enseñanzas especiales (artes y oficios, euskera, música), instituciones culturales (biblioteca, subvenciones) y becas. En esta último apartado, en 1936, por ejemplo, se destinaron más de 50.000 pesetas para el sostenimiento de 28 becas para alumnos de primaria y varias para estudios de Bellas Artes.</p>
<p>Pero sin lugar a dudas, el mayor éxito en el camino para hacer efectiva la igualdad de oportunidades fue la aprobación (1933) de un centro de enseñanza secundaria: «Haciéndose cargo de la importancia de Baracaldo, pueblo eminentemente fabril y obrero</p>
<p>donde muchas aptitudes se malogran por su falta de medios pecuniarios&#8230;».</p>
<p>EL FRANQUISMO: LA PRIVATIZACIí“N DE LA ENSEÑANZA</p>
<p>Con la entrada de las tropas nacionales en Barakaldo, desde el Ayuntamiento se seguirán fielmente las directrices del Nuevo Estado. Pese a que los conservadores se habí­an mostrado contrarios a la nacionalización de las escuelas, el alcalde carlista, José Marí­a Llaneza, se mostró conforme «por considerar que su centralización de funciones marcha más en consonancia con los principios de unidad y vigilancia que el Estado debe observar en esta materia de educación ciudadana».</p>
<p>Las primeras medidas tomadas por el Gobierno, además de la depuración del magisterio y reposición de sí­mbolos religiosos en las escuelas, irán encaminadas a suprimir las conquistas republicanas, sobre todo, las que avanzaban en la igualdad de oportunidades: Instituto de Enseñanza Media y, paulatinamente, las becas y ayudas a estudiantes pobres.</p>
<p>El sistema consideraba que la enseñanza era una cuestión propia de cada familia, y que los beneficios de la inversión realizada revertí­an exclusivamente en el estudiante y su familia que, por lo tanto, debí­an ser quienes la sufragaran. En consecuencia, el Gobierno apenas intervendrá en la educación, dejando el predominio educativo a la Iglesia.</p>
<p>Hasta 1957, a pesar de que casi se habí­a duplicado la población de 1936, ni el Ayuntamiento ni el Estado construyeron ningún edificio escolar. No es casual, sino consecuencia directa de un consciente abandono.</p>
<p>Esto explicarí­a el deficiente equipamiento educativo estatal, único que debí­a proporcionar formación gratuita. Además, se intentará la sustitución de escuelas públicas por privadas, y que en todos los barrios hubiera un colegio religioso.</p>
<p>Los efectos de esta polí­tica no se hicieron esperar (Dominicas en Burceña, 1938), pero la mayorí­a de las órdenes especializadas en la enseñanza: maristas, escolapios o jesuitas preferí­an instalarse, por razones económicas, en las ciudades y no en los pueblos obreros. Fueron las órdenes religiosas asentadas antes de la Guerra civil las que se hicieron cargo de ella en Barakaldo.</p>
<p>Mientras se cerraban escuelas públicas, las Hijas de la Cruz en el colegio del Sagrado Corazón de Jesús (1938 y 1945), Salesianos en Burceña (1943), Paúles en El Desierto (1944), Hermanos de la Salle en el colegio de Nuestra Señora del Carmen (1947), Salesianas en Los Fueros (1947), inauguraban o ampliaban sus instalaciones.</p>
<p>A partir de los años cincuenta el aumento de la población es espectacular. Es de suponer que las necesidades de escolarización crecieran igualmente, pero todaví­a se dejará su solución a la iniciativa privada: las Hijas de la Caridad en la Fundación Miranda (1956), El Pilar (1956). Consecuencia directa de esta polí­tica fue el incremento de alumnos en los centros privados, mientras disminuí­a en los públicos. El propio alcalde reconocí­a en 1955 que las escuelas públicas estaban saturadas y en algunas «no pueden admitirse ya los aspirantes en turno por falta de capacidad».</p>
<p>Con anterioridad a 1948 ya se habí­a planteado la necesidad de substituir los grupos escolares de Rajeta (10 aulas en 1936), de Vilallonga (9 aulas en 1936) y varias provisionales por un nuevo centro en Larrea. Pese a las gestiones del ministro barakaldés, Iturmendi Bañales, ante su compañero del Ministerio de Educación no se construirá hasta 1957, y Larrea apenas compensaba las escuelas cerradas durante el proceso de tramitación.</p>
<p>Significativamente, la polí­tica municipal consiguió el reconocimiento del Régimen. Nada extraño, pues, como se exponí­a en el III Pleno del Consejo Económico y Sindical celebrado en Bilbao en 1962, la situación de la enseñanza en España era desconsoladora.</p>
<p>Podí­an servir como disculpa las enormes necesidades presupuestarias de reconstrucción tras la Guerra civil, pero mientras España dedicaba en 1946 menos del 5 por ciento del presupuesto nacional a educación, Inglaterra, que acababa de terminarla, invertí­a en los mismos menesteres el 20 por ciento.</p>
<h5>Escrito por Pedro Simón</h5>
</div>
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		<title>Barakaldo y el alzamiento carlista de 1860</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 06:10:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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<p>A pesar de las múltiples intentonas, su éxito fue muy limitado. Ni tan siquiera en aquellos ámbitos geográficos donde “Dios, Patria, Rey (y Fueros)” se habían convertido en herencia familiar, el apego a las vías violentas fue proporcional a la situación socio-económica del momento. De hecho, no todos los pretendientes despertaron el mismo entusiasmo, no siempre el carlismo capitalizó correctamente el descontento social y, en no pocas ocasiones, el momento elegido distó de ser el adecuado para que una insurrección armada pudiera calar y propagarse.</p>
<p>Enmarcado en uno de los episodios de sedición tradicionalista, en abril de 1860, el topónimo “Baracaldo” irrumpirá en los diarios provinciales y nacionales relacionado con unos luctuosos sucesos, que habían dado comienzo en una noche de Jueves Santo. Aquella madrugada, una partida carlista que había secundado la llamada a las armas de su rey, por aquel entonces Carlos VI, quedará bautizada con el nombre de la localidad donde, aparentemente, comenzaron sus desmanes.</p>
<p>A lo largo de varios meses, Barakaldo acaparará -sin proponérselo y, posiblemente, sin merecérselo- la atención política y periodística del país, en un momento donde las pretensiones dinásticas del tradicionalismo se enfrentaron, no solo a un estado liberal, sino a la propia existencia de un “oasis foral”; un espejismo de paz social en el que se encontraban cómodamente asentados los territorios vasco-navarros.</p>
<p>El “Oasis foral”</p>
<p>Tras la finalización de la I Guerra Carlista en el Norte con la firma del Convenio de Vergara en 1839, las provincias forales habían alcanzado una ansiada paz sustentada bajo los términos de “paz y fueros”.</p>
<p>Unos pocos años después, y con la real sanción del Decreto del 4 de julio de 1844, se consiguió un complicado encaje constitucional de “las Viejas Leyes” dentro del moderantismo liberal monárquico. La reina Isabel II se convirtió en garante de los mismos y Madrid acabó considerando el “problema foral” como una enfermedad de asumible cronificación. Gracias a ello, la sociedad de los territorios vasco-navarros pudo vertebrarse en torno a dos pilares: los Fueros y la Religión, en un ambiente de estabilidad social y política que potenciaba el desarrollo económico y que contrastaba con el estado de perpetua zozobra del resto de la nación, donde el liberalismo imperante se ahogaba en sus propias miserias.</p>
<p>De fracaso en fracaso</p>
<p>Mientras, el derrotado carlismo trataba de retornar a la liza contando con la presencia de Carlos Luis María Fernando de Borbón y Braganza, Conde de Montemolín, que desde 1845 optaba al trono de las Españas bajo el título de Carlos VI.</p>
<p>Sin embargo, la anodina figura del nuevo pretendiente y el propio devenir histórico de acontecimientos parecía dar una y otra vez la espalda a las pretensiones carlistas. Así, el “alzamiento Montemolinista” o “Guerra de los Matiners” (Madrugadores) de 1846, o el levantamiento de 1855 se tornarán en fiascos que dejarán en nuestra geografía pequeños grupúsculos de hombres que lanzan arengas que nadie secunda, mientras son perseguidos por unas fuerzas del orden forales empeñadas en hacer prevalecer el espíritu de “paz y fueros”.</p>
<p>En 1858, mientras comenzaba el que iba a ser conocido como “gobierno largo” de O’Donnell, el carlismo inició un arduo proceso de reorganización. Así se fue entretejiendo una intrincada red de simpatizantes a lo largo y ancho del sistema político y militar de Las Españas. Todo parecía indicar un pronto regreso de Carlos VI a la península para reclamar su trono.</p>
<p>Sin embargo, los desvelos de la Junta iban a ser condenados al fracaso ante la imposición de un plan excesivamente azaroso, gestado en un mal momento y sumado a una inconmensurable precipitación.</p>
<p>La Guerra de Marruecos</p>
<p>Los continuos problemas que tenía España con Marruecos habían sido inteligentemente magnificados y, el 22 de octubre de 1859, O’Donnell propuso en el Congreso la Declaración de Guerra. Esta “guerra de prestigio” sumirá al país en un estado de frenética actividad y ardor patriótico, donde la posibilidad de volver a tener en frente al enemigo secular por antonomasia, permitirá aparcar durante un tiempo las desavenencias de las dispares corrientes ideológicas de Las Españas.</p>
<p>Las provincias forales no permanecieron ajenas a este conflicto, pactando una contribución a la guerra con un donativo de 4 millones de reales y una tropa de 3.000 hombres equipadas por ellas mismas. Con no pocas dificultades, el 27 de febrero los Tercios Vascongados llegarán a África.</p>
<p>Mientras la atención pública mantenía sus ojos en los hijos y esposos destinados a la guerra de Marruecos, Carlos VI regresó a la Península para ponerse al frente de sus seguidores.</p>
<p>El desembarco de San Carlos de la Rápita</p>
<p>Muchas incógnitas rodean este fallido intento de levantamiento carlista, definido como una “<em>gran conjura envuelta en misterio</em>”1. El peso de la acción recaía sobre los hombros del general Jaime Ortega Olleta, Capitán General de Baleares, definido posteriormente como “<em>aventurero de espíritu fogoso</em>”2 y liberal moderado reconvertido en ferviente carlista. El proyecto de sublevación, excesivamente simple de concepción, consistía en tomar las fuerzas bajo su mando acantonadas en Mallorca, trasladarlas a la Península y, en un golpe de efecto, hacer aparecer a Carlos VI entre ellas. Este acto debería bastar para enardecer sus espíritus y hacerles avanzar triunfantes hacia un desprotegido Madrid.</p>
<p>Pero la intentona nacía viciada. Prominentes figuras del carlismo eran tremendamente críticas o, directamente, se negaban a formar parte de semejante dislate, Sin embargo, el proyecto siguió adelante con el único beneplácito de Carlos VI y algunos de sus acólitos.</p>
<p>En Marsella, el 24 de marzo de 1860, embarcó de incógnito el pretendiente, arribando a Palma de Mallorca cinco días después. Recibidos por el general Ortega, transbordaron a los buques atestados con el pequeño ejército.</p>
<p>Descartado el desembarco en Valencia por el tiempo borrascoso, fue San Carlos de la Rápita en la costa de Tarragona el destino de los buques. Mientras desembarcaban las tropas, se remitieron órdenes para que todas las Juntas carlistas en las distintas provincias secundasen el alzamiento.</p>
<p>Sin embargo, los oficiales de Ortega comenzaron a recelar de la actitud de su general y el 3 de abril le interpelaron, mostrando éste sus verdaderas intenciones. La reacción de sus hombres fue inmediata con vivas a la Reina. Todo había fracasado. El carruaje que mantenía oculto en su interior al rey carlista fue advertido por el propio Ortega para que huyese, y la desbandada entre los conjurados se hizo tangible.</p>
<p>“Disturbios en Baracaldo”</p>
<p>Ajenos al brusco final de la aventura de su pretendiente, los rescoldos habían sido suficientemente avivados y, en distintas partes de la Península, impacientes carlistas recibieron con entusiasmo la real orden de tomar las armas. Curiosamente, entre los contados lugares donde la llamada al alzamiento tuvo eco, se encontraba la vizcaína población de Barakaldo.</p>
<p>La anteiglesia de San Vicente de Barakaldo, que había salido notablemente maltrecha de la I Guerra Carlista3, no respondía de forma estricta a la Bizkaia nuclear de carácter agropecuario. Al igual que otras poblaciones de la margen izquierda, Barakaldo había comenzado su trasformación de sociedad eminentemente rural a una típicamente industrial, con una población en crecimiento que superaba ya las 2.000 almas. La gran fábrica “Nuestra Señora del Carmen” a orillas de la ría, construida por ilustres de apellido Ybarra y preludio de los Altos Hornos de Bilbao, era el principal artífice del cambio socio-económico que se estaba produciendo.</p>
<p>En este ámbito poblacional, a medio camino entre pueblo y barrio obrero, pero donde la base ideológica seguía siendo mayoritariamente tradicionalista5, fue donde los diarios registraron el comienzo de unos “disturbios” que derivarán en una espiral de violencia de importantes repercusiones políticas y mediáticas.</p>
<p>Habían transcurrido dos días del desembarco de Ortega y, en el atardecer del Jueves Santo y siguiendo las crónicas recogidas en los periódicos bilbaínos, fue el propio alcalde de Barakaldo quién comunicó a un cabo de carabineros del Desierto que, en una taberna de su municipio, “<em>algunos mozos ebrios</em>”6, habían comenzado a pedir armas.</p>
<p>Lo cierto era que los estamentos políticos y militares del Señorío, tanto gubernamentales como forales ya se encontraban prevenidos. En el momento que se había difundido la noticia de lo ocurrido en San Pedro de la Rápita se procedió a proteger la capital, concentrando en Bilbao a “t<em>odos los destacamentos de carabineros y de guardia civil diseminados por el Señorío y cuya ocupación no era de imprescindible necesidad</em>”. De igual forma, se dirigieron “<em>las ordenes convenientes a las autoridades locales para que den parte de cualquier suceso que pudiera ocurrir</em>”. Tampoco faltaron las vigilancias estrechas y visitas a conocidos carlistas, en la búsqueda de actividades ilícitas.</p>
<p>El carabinero trasladó a su vez los hechos a su superior en Portugalete, así como al comandante del cuerpo, “<em>Sr. Acebedo</em>”, que residía en Bilbao. Se formó seguidamente una fuerza compuesta por 20 carabineros a la que se unieron 15 guardias civiles que se “<em>encaminaron al punto de reunión de los amotinados</em>”. No se encontró rastro alguno de los revoltosos mozos en Barakaldo y, tras registrar algunas casas y la iglesia “<em>sin ningún resultado, se dispuso la detención de algunas personas que parecían sospechosas</em>”.</p>
<p>Finalizadas las pesquisas y tomadas las declaraciones que se consideraron oportunas, se procedió a dejar el grueso de la fuerza en el lugar, mientras el comandante de carabineros, acompañado de 4 de sus hombres, regresaba a Bilbao conduciendo a los reos a la cárcel de la villa. Según relatan las crónicas, fue en este retorno a “<em>altas horas de la noche</em>”, cuando se toparon con “<em>algunos hombres armados que estaban apostados en Bidebitarte</em>”.</p>
<p>Probablemente, este pequeño piquete, formado por unos cuatro o cinco hombres, trataba de evitar que los tomados presos llegasen a Bilbao. Tras “<em>una ligera lucha”,</em> donde los carabineros salieron mejor parados, “<em>consiguieron dispersar a los agresores y traerse a Bilbao tres de estos, uno de ellos herido</em>”, huyendo el quinto “<em>merced a la oscuridad de la noche y a su ligereza</em>”.</p>
<p>Los rumores de un cruce de fuego con una partida carlista tan cerca de la villa, generó una notable alarma en Bilbao y, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos, se remitieron disposiciones para proceder a la inmediata detención de sospechosos colaboracionistas con el alzamiento. Paralelamente, el Gobernador Militar Interino, el castreño Ramon Salazar Mazarredo, se apresuró a ordenar que una patrulla de guardia civil de unos 30 hombres, auxiliados por otros tantos carabineros y una compañía de tropa del ejército, batiera la zona donde se había producido este nuevo altercado.</p>
<p>La fuerza se desplazó “<em>tomando el camino viejo que va desde Basurto y al llegar al inmediato punto llamado Entrambasaguas</em>”, en la “<em>jurisdicción de Abando</em>” los hombres de avanzada recibieron “<em>una descarga a quemarropa</em>”. Algunas crónicas describirán que las tropas habían sorprendido a la partida carlista en pleno proceso de organización y distribución de “<em>armas, dinero y prendas de vestuario”</em>, mientras que otras, hablarán de una emboscada planificada.&nbsp;</p>
<p>Allí quedo muerto, “<em>atravesado por varios balazos</em>” el guardia civil Juan Muguira de 29 años, un vizcaíno de Navarniz. Dejaba viuda a María Catalina Urgoitia y un huérfano de 3 años. Y prosiguiendo con el relato de los acontecimientos, tras verse superados, la partida carlista se dispersó “<em>huyendo a lo más escabroso del terreno</em>”, dejando atrás muchos de sus pertrechos que fueron recogidos y catalogados: “<em>31 fusiles, 9 pistolas, 2 pantalones encarnados, 2 zamarras nuevas, 2 boinas, 2 cinturones para oficiales, 1 pañuelo de seda usado, 1 casquete, 1 bolsa de vinagre, 1 saco de noche, 1 cajón de municiones, 1 saco de balas sueltas, 4 panes, ½ pellejo de vino, 1 botella de aguardiente</em>”.</p>
<p>Al día siguiente, un 6 de abril de Viernes Santo, la noticia del pequeño combate comenzaba a propagarse en los diarios vizcaínos, indicando las editoriales que no tenían “<em>palabras bastantes para reprobar tal atentado</em>” y afirmando que “<em>el país entero lo rechaza y no dudamos que, dispuesto a ayudar eficazmente a las dignas autoridades secundando sus acertadas disipaciones, muy pronto los traidores habrán sufrido el castigo que su crimen merece</em>”. Por su parte, los despachos oficiales informaban que “<em>una corta partida de tropas</em>” de la guarnición de Bilbao había “<em>salido y dispersado completamente en la noche última la gavilla de 18 a 20 Iatro-facciosos que, capitaneada por dos oficiales carlistas, se acababa de organizar a una legua de distancia de esta capital</em>”.</p>
<p>Atendiendo a los telegramas que el Gobernador de Bizkaia remitió al Ministro de Gobernación en Madrid, no fueron éstos los únicos altercados en el Señorío. Acatando la orden de detener a presuntos simpatizantes del alzamiento, otro guardia civil fue herido de gravedad en Güeñes en el momento de detener a un hombre que, según indicaba el gobernador, “<em>debía ponerse por la noche al frente de la partida</em>”. Posteriormente será identificado “<em>como N. Gutiérrez, antiguo comandante carlista y hoy administrador de una mina de calamina que se explota cerca de Sodupe</em>”.</p>
<p>Diputación Foral y Gobernación Civil se apresuraron a emitir una circular conjunta de repulsa: “<em>Cuando tantos hijos de este ilustre Señorío están cumpliendo en África el generoso compromiso contraído en las últimas juntas generales extraordinarias, defendiendo con valor el buen nombre del país y sellando con su sangre el juramento de lealtad de esta tierra a S. M. la Reina Nuestra Señora, una veintena de hombres excitados por cuatro viciosos y mal avenidos con la paz y tranquilidad que disfruta este solar, ha cometido anoche al favor de la oscuridad en las inmediaciones de esta villa, un atentado criminal siempre, y vergonzoso en las actuales circunstancias, disparando las armas contra las tropas nacionales. […] han sido dispersados los criminales, huyendo a ocultarse en lo escabroso del terreno. Estos deben desaparecer completamente y la suscrita Diputación está resuelta a contribuir a ello por cuantos medios estén a su alcance […]. Así se conservará la paz pública tan necesaria para la felicidad de este ilustre solar</em>”.</p>
<p>Tras su fuga, la partida parecía haberse fragmentado y las noticias de su localización se tornaron confusas, concediéndoles una notable ubicuidad. Algunos paisanos decían haberles visto en las cercanías de Bilbao “<em>por los montes de Pagazarri y San Roque en Abando</em>”26. Otras noticas parecían dar fe de su presencia en el “<em>valle del Cadagua</em>”, donde un correo gubernamental había sido interceptado y conminado a pasarse a los sublevados.</p>
<p>Intercalados con las noticias que llegaban de la Guerra en África y las crónicas del desembarco de San Carlos de la Rápita, los diarios nacionales se fueron poblando de reseñas referidas al alzamiento en el Señorío. Trascurridos tres días del levantamiento, todavía se especulaba con el número real de efectivos de la partida de Barakaldo, que parecía no superar los 40 individuos, el nombre de sus mandos, si bien sonaba ya el de Aniceto Llaguno, o la procedencia de sus armas, afirmando que contaban con flamantes carabinas salidas de las fábricas en Eibar.</p>
<p>Paralelamente, Bilbao se blindaba con la llegada de nuevos efectivos militares procedentes de “<em>Vitoria y algunos soldados más de Santoña</em>”, además de levantar una propia leva de voluntarios: “<em>En Bilbao gran entusiasmo en favor de S. M. y del gobierno. En dicha plaza se está armando 70 hombres de garantías para mantener el orden interior</em>”.</p>
<p>Además de circulares, la Diputación Foral del Señorío se apresuró a trasmitir de forma directa al Gobierno en Madrid en boca de su diputado general en la capital del reino, D. Manuel de Gogeascochea, “<em>la lealtad inquebrantable del señorío de Vizcaya, su constante adhesión al trono y al gobierno</em>”. Todo ello “<em>como prueba inequívoca de su nunca desmentida lealtad, adhesión y amor a su señora y reina (Q. D. G.), en quien y en su beneficio e ilustrado gobierno tienen depositada toda su confianza de que les serán garantizados los antiguos y venerados fueros que siempre han formado la proverbial felicidad de este ilustre solar</em>”. Y para refrendar esta voluntad, se expidió una carta explicativa a la propia Isabel II, una prerrogativa exclusiva de las provincias forales: <em>“[…] una veintena de hombres seducidos por cuatro díscolos son concepto no prestigio en el país ni fuera de él, dieron a las altas horas de la noche del 5 al 6 del corriente el grito de rebelión en las cercanías de esta villa de Bilbao, haciendo armas contra la fuerza que el momento fue destacada para sofocarla. No podía esta Diputación, Señora, permanecer pasiva al tener noticia de execrable hecho […]</em>”.</p>
<p>Los “Infelices de Baracaldo”</p>
<p>Desde Vitoria, el general José María Marchessi y Oleaga, General en jefe del 5° Ejército y Distrito que comprendía las “provincias Vascongadas, Navarra y Burgos” ponía el acento en la pronta destrucción de la facción carlista: “<em>Me sobran medios para exterminar la partida facciosa que ha dado el grito de rebelión carlista en la provincia de Vizcaya; muy pronto caerá la espada de la ley sobre los culpables […]</em>”. Y la misma mañana del viernes 6, comunicaba con sucinta marcialidad al Ministro de la Guerra el breve futuro de alguno de los carlistas tomados presos: “<em>Doy orden que los prisioneros sean fusilados</em>”.</p>
<p>Y efectivamente, en un acto sumario, a las 9 y media de la mañana del día 10 de abril, dos prisioneros fueron fusilados en el paseo de Miraflores. De nada sirvieron las suplicas de estamentos oficiales de la Diputación o del ayuntamiento de Bilbao, “<em>que solicitaron al general en jefe del distrito se suspendiera la ejecución</em>”. Incluso se intentó hacer llegar el suplicatorio de clemencia a la propia Isabel II, “<em>pero al recibirse en Madrid su exposición, los presos habían sido ya ejecutados</em>”.</p>
<p>Los “<em>fusilados de Baracaldo</em>”, los “<em>facciosos de Baracaldo</em>”, los “<em>infelices de Baracaldo</em>” o los “<em>desgraciados de Baracaldo</em>”, serán algunos de los apodos con los que pasarán a la historia. Curiosamente, ninguno de ellos era baracaldés: José María Mendizabal Esnaola que había nacido en algún caserío del barrio de Astigarreta en Beasain, no tenía cumplidos los 23 años de edad y acababa de casarse en Bilbao el 12 de febrero con Ana Bautista Arzallus Mugica. El otro joven, José Antonio Barrenechea Garmendia, tenía unos pocos años más, acabando de cumplir los 26 en febrero, siendo natural de Orendain. Mendizabal fue conducido a su patíbulo herido, habiendo permanecido en el hospital civil hasta que el día anterior se le dio traslado a la cárcel. Allí, junto a su compañero de infortunio, se les comunicó su sentencia, pasando sus últimas horas en “capilla”, “<em>mostrándose ambos muy resignados con su desgracia</em>”.</p>
<p>Poco más trascendió de la vida de estos jóvenes. Algunos recogerán que eran “<em>infelices trabajadores de las minas de Baracaldo</em>”; otros les señalarán como contrabandistas que “<em>trabajaban en una fábrica de algodón de Guipúzcoa, y a veces se dedicaban a lo que en aquel país llaman paqueteros, conductores de contrabando</em>”.</p>
<p>En un nuevo y frio telegrama, Marchesi comunicó a Madrid haber pasado “<em>por las armas a dos de los facciosos de la gavilla levantada en Baracaldo, según mis instrucciones. No ocurre novedad</em>”. Estas muertes fueron consideradas por la prensa como un brutal acto ejemplarizante, deseando que “<em>esta terrible justicia sea el último periodo de la sublevación de Baracaldo y que la sangre ayer derramada sea la única que corra en nuestro país</em>”. Sin embargo, la depuración continuará: al ajusticiamiento de los dos jóvenes se sumará tres días después el fusilamiento en Palencia de otro alzado, el coronel Epifanio Carrión, alias Villoldo. Y el 18 de abril, se pondrá fin a la vida del general Ortega, principal conjurado del fallido intento de poner en el trono a Carlos VI.</p>
<p>La aparente premura de ajusticiamiento y el pertinaz silencio que mantuvo Ortega hasta el final sobre posibles compañeros de conspiración, hacían sospechar que el gobierno deseaba pasar página rápidamente: <em>“¿A qué tanta prisa? El país no tenía sed de víctimas; el país las hubiese aceptado, siempre con dolor, cuando al fallo de la justicia hubiese precedido el esclarecimiento, […] de las conexiones que con el delito puedan tener otras personas que tal vez gozan de la más completa impunidad mientras muere Ortega en Tortosa, Carrión en Palencia, y en las Provincias los carlistas de Baracaldo</em>”.</p>
<p>No fueron pocos los opinadores que afilaron sus plumas con estas muertes, las más de las veces, criticando su premura y las irregularidades con las que se desarrollaron los Consejos de Guerra: “<em>¿Qué necesidad había de tal prisa en la ejecución de los culpables, cuando era notorio haberse frustrado completamente la tentativa de Amposta, cuya primera noticia pudo provocar y cuya prolongación pudiera haber continuado produciendo actos insurreccionales como el de Baracaldo? ¿Se hallan las provincias de España declaradas en estado de sitio?</em>”.</p>
<p>Otros articulistas de lustre, como Román Lacunza, incidían en la necesidad de llegar al fondo de la conspiración: “<em>No queremos el derramamiento de sangre; pero será bueno que el gobierno tenga en cuenta que la nación observa su conducta, y que será juzgado muy severamente si, contentándose con ejecuciones como las de los desgraciados de Baracaldo no pone de manifiesto la extensión de ese plan diabólico de los conspiradores, […]. porque más que castigar, más que derramar sangre, lo que importa al país es inhabilitar a los conspiradores; lo que le interesa es quitar máscaras</em>”.</p>
<p>La persecución</p>
<p>La actividad del reducido grupo de rebeldes vizcaínos parecía haberse trasladado al valle de Arratia. De allí llegó la noticia del intento de secuestro del alcalde de Aranzazu por parte de 9 hombres, a los que los periodistas no dudaban en identificar como de “<em>la partida de amotinados de Baracaldo, que corriéndose hacia el valle de Arratia intentan huir de la activa persecución de las tropas, o tentar fortuna por él</em>”.</p>
<p>La Diputación Foral, colaborador activo en la búsqueda, puso al frente de sus fuerzas a un miquelete de reconocido prestigio, como era Juan de Andechaga, a la sazón, sobrino del famoso Castor Andechaga, que había sido (y será) un referente del carlismo en el Señorío. Juan procedió a distribuir sus fuerzas tanto al valle de Arratia como al del Cadagua, límites territoriales por los que la partida se desplazaba. El territorio por cubrir era extenso, pero en el agreste paraje del Yermo de Santa Lucia, cerca del Llodio, se llegaron a localizar “<em>tres hermosos cigarros puros esparramados por el suelo y las huellas de calzado que no pisa comúnmente esos vericuetos</em>”. Pero ni rastro de los hombres que las portaban.</p>
<p>La colaboración ciudadana, ya fuera espontanea u obligada, será fundamental en esta etapa, donde no faltarán las detenciones e interrogatorios: “<em>Anteayer se pusieron buen recaudo a dos hombres, uno desde Valmaseda y otro de Güeñes, así como a la mujer de Aniceto Llaguno</em>”48, del que ya se decía que era uno de los jefes de la partida.</p>
<p>Mientras la búsqueda continuaba, el general Marchesi haciendo valer el refrán “dar una de cal y otra de arena”, difundió un decreto de indulto: “<em>[…] concedo tres días de término a contar desde el día catorce, hasta las doce de la noche del diez y seis a todos los individuos del partido carlista que han levantado el pendón de rebelión, para que se presenten y sean indultados de la pena de muerte. […] pero pasados los tres días fijados serán fusilados los que fuesen aprehendidos</em>”.</p>
<p>Otaola “el barbero de Bilbao”</p>
<p>Antes que finalizase ese ultimátum, el 13 de abril, los desvelos de las fuerzas del orden forales darán su fruto. Ese día, el comandante Juan Andechaga, notificaba que, tras seguir las indicaciones del alcalde Llodio que daba fe de una docena de hombres armados que se dirigían hacia Luyando, había dado con la partida en la frontera entre las Encartaciones y el valle de Ayala.</p>
<p>En la pequeña barrida de Undio, ya en tierra alavesa, Juan sorprendió a varios de los supuestos alzados. En un intento de coparles, un fortuito disparo les puso en fuga, no sin antes hacerles “<em>un prisionero, y dejando en nuestro poder tres fusiles […]</em>”. El cautivo se llamaba “<em>José de Otaola, de oficio barbero, que tenía su residencia fijada en Bilbao</em>”. Según constará en la causa criminal por rebelión contra su persona, Otaola se entregó sin oponer resistencia “<em>presentándose a dos miqueletes, solo, desarmado y pidiendo cuartel</em>”.</p>
<p>Se trataba de José Otaola Urquijo, que había nacido en Oquendo en 1829 y residía en Bilbao junto a su mujer María Bautista Pagarizabal Mendiola con quien se había casado diez años antes, siendo padre de una hija de 8 años de nombre Manuela Eloísa53. Otaola dará muestras de colaboración con sus aprehensores, declarando que “<em>no se hallan más partidas en Vizcaya que la de ellos</em>” y procediendo a poner nombre, apellidos y origen a todos lo que le acompañaban en ese momento, confirmando que “<em>José Ocerin y Aniceto Llaguno</em>” actuaban como jefes de la misma.</p>
<p>Trasladado a Bilbao, su entrada en la villa se convirtió en todo un acontecimiento: “<em>escoltado por dos miqueletes y dos guardias civiles. Vestía pantalón y gaban oscuros y boina. Al atravesar el puente de Isabel y sobre todo el Boulevart, se agolpaba a su paso un crecido gentío. Ocultando su emoción y cubriéndose el rostro con un pañuelo, fue trasladado a la cárcel donde se halla incomunicado</em>”.</p>
<p>Habiendo sido claramente identificados por su compañero, pocas alternativas quedaban a los fugitivos. El Desembarco de San Pedro de la Rapita había fracasado, Ortega fusilado, Carlos VI en busca y captura y, de los “alzados de Baracaldo”, únicamente subsistía un grupúsculo de montaraces, a los que los diarios les hacía en desbandada, buscando alcanzar la frontera francesa: “<em>Los fugitivos de Baracaldo, incesantemente perseguidos, se dirigían anteanoche hacia la frontera francesa; pero su duda que puedan conseguirlo, porque las tropas iban muy cerca</em>”.</p>
<p>Carta del alcalde de Barakaldo</p>
<p>Habiendo trascurrido 9 días desde el inicio de aquella noche de “borrachera”, el 14 de ese mes, el entonces alcalde de Barakaldo, Cosme Gorostiza, escribirá una larga carta a los diarios vizcaínos de mayor tirada. En ella expresaba su profundo malestar “<em>contra la insistencia con que se ha supuesto que en aquella anteiglesia apareció la exterminada faccioncilla de Vizcaya</em>”56. Gorostiza argumentaba que los encuentros armados no habían sucedido en su jurisdicción administrativa, sino en Basurto o Abando y, que estando su persona “<em>en la iglesia casi todos el Jueves Santo con la mayor parte de ayuntamiento y secretario, no tuvo no pudo tener noticia</em>” de ninguna reunión de mozos, poniendo en duda que “<em>se celebrase en ninguna taberna</em>” de Barakaldo. Continuaba corrigiendo que, según le constaba, fue el alcalde Sestao, y no él, el que emitió el aviso que dio como resultado la llegada de fuerzas del orden a su anteiglesia.</p>
<p>La carta provocará una agria polémica entre los editores del Irurac bat y el propio alcalde, profundizando en las desavenencias que anteiglesias y villa presentaban, pero a partir de ese momento, los grandes noticieros vizcaínos cambiaron en sus crónicas el topónimo “Baracaldo” por el de “Basurto”. Sin embargo, a nivel nacional no hubo rectificación alguna y Barakaldo siguió definiendo a alzados y fusilados carlistas.</p>
<p>Fin de la partida</p>
<p>Pocos días después del apresamiento de Otaola, se entregaban “a indulto” otros integrantes de la partida y según se vaticinaba “<em>antes de terminar el plazo señalado por la autoridad militar, se someterán indudablemente todos los individuos que la componían. Según se van presentando a la autoridad son conducidos a la cárcel de Bilbao y puestos a disposición del juzgado de primera instancia que entiende de la causa</em>”.</p>
<p>Para el 21 abril, los diarios comunicaban que ya se hallaba en “Bilbao casi toda la partida carlista levantada en Barakaldo en la noche del Jueves Santo” exceptuando los que “se <em>decían jefes de ella: José Ocerin y Aniceto Llaguno</em>”. Configuraba el listado un exiguo y heterogéneo grupo, donde únicamente dos eran baracaldeses: José Sasia de Güeñes, Ignacio Sauto de Sopuerta, Francisco Ganchegui de Abando, Juan Bautista Otamendi de Barakaldo. Fernando Abasólo de Abando, Pablo Uanamuno de Durango, Francisco de Zabala de Durango, Vicente de Lejarreta de Durango, Pedro Orue de Begoña, José Zalvidegoitia teniente alcalde de Miravalles, Manuel García de Galdames, Vicente Otaola de Arrancudiaga, Manuel Jauffret de Bilbao, Cosme Damian de Santa Cecilia de Mena, Francisco de Urculu de Barakaldo, José María Gondra de Abando. De los jefes de la partida se decía que “<em>Ocerin y Llaguno después de arrojar las armas andan errantes por esas breñas, y es muy posible que se dirijan al extranjero a ocultarse de la persecución de la justicia</em>”.</p>
<p>Otaola, completaba la camarilla, pero al contario que el resto, lo hacía en calidad de “prisionero” y no de “acogido a indulto”. Esta sutil diferencia tenía una importante repercusión para su persona, ya que pendía sobre él la posibilidad de acabar como sus compañeros guipuzcoanos. Tras pasar por la cárcel de Bilbao, fue trasladado a Durango, para continuar su periplo hasta Vitoria donde iba a ser sometido a un consejo de guerra.</p>
<p>El ayuntamiento de Bilbao, junto a la Diputación del Señorío, trató de conseguir su perdón; e incluso su mujer, Maria Pagarizabal, apeló a los diarios para desmentir que su marido fuera “jefe de la partida”. Según parece, este cargo le habían sido impuesto por ostentar en el momento de su detención “un bastón”, “<em>malamente entendido de mando, que usó su anciano padre para caminar con menos trabajo</em>”. Por suerte para “el barbero”, los diarios aseguraban que el propio “<em>señor Ministro de la Guerra ha dado orden para que no se fusile á Otaola</em>”.</p>
<p>Pocos días después, con la sublevación carlista erradica, el general Marchessi agradecía al “<em>Ayuntamiento de Bilbao, gobernador civil y vecindario de la misma</em>” su colaboración en la extinción de la misma y justificando que “<em>[…] sin castigos ejemplares crea V.E no se hubiese cortado tan pronto el germen de rebelión. […] Afortunadamente para todos, los que seguían la caduca bandera, se acogieron al indulto ofrecido</em>”.</p>
<p>Prisión y amnistía para el pretendiente</p>
<p>Pero no solo los escasos levantiscos carlistas que se echaron al monte eran cercados. En Cataluña el ejército y fuerzas del orden buscaban sin descanso a Carlos VI, el cual, tras su fuga facilitada por Ortega, había quedado bajo el amparo de unos pocos fieles. El 21 de abril será detenido junto a su hermano Fernando por la Guardia Civil en la localidad tarraconense de Ulldecona. Su apresamiento generó un gran revuelo en la corte y en un gobierno, que tuvo que dirimir, en un breve espacio de tiempo, el futuro inmediato de tan regia figura.</p>
<p>Si bien no faltaron voces que solicitaban la misma pena capital que algunos de sus seguidores habían recibido, el gobierno optó por la vía de la amnistía, previa renuncia de sus derechos al trono de las Españas. Así, un Carlos VI preso en Tortosa tomará la decisión, “libre y espontánea” de desistir de sus pretensiones el 23 de abril de 1860: “<em>[…], y deseando que por mi parte, ni invocando mi nombre, vuelva a turbarse la paz, la tranquilidad y el sosiego de mi patria, cuya felicidad anhelo, motu propio y con libre y espontánea voluntad, para que en nada obste la reclusión en que me hallo, renuncio solemnemente y para siempre a los enunciados derechos […]</em>”.</p>
<p>Los que esperaban que sangre real carlista, tan real y borbónica como la de Isabel II, fuera a teñir el suelo, quedaron tremendamente desencantados. El republicano Emilio Castelar alzará su voz en contundentes escritos: “<em>En esta sublevación ha habido ya víctimas, que han espiado con la vida una falta mucho más leve que la cometida por los príncipes rebeldes. Todo el mundo ha visto con asombro que los infelices de Baracaldo fueron presos y fusilados en un momento. Pues bien: esos hombres no han sido más que instrumentos. Los principales rebeldes, los que no tienen escusa, los que han dirigido la sublevación, son D. Carlos y D. Fernando de Borbón. […] vosotros, por pobres, por miserables, por desgraciados, merecéis un cadalso, mientras que la cabeza que ha ideado y el brazo que ha ejecutado el crimen de que sois instrumento, serán respetados, serán halagados, […]</em>”.</p>
<p>En igual sentido se manifestarán otros editores como Roman Lacunza o Patricio de Escosura, críticos con el gobierno y su doble rasero a la hora de aplicar las leyes: “<em>No queremos entrar en las consideraciones filosóficas a que se presta la diferente conducta del gobierno respecto al general Ortega, Villoldo, los infelices alucinados de Baracaldo y los ex-infantes; no queremos deducir las consecuencias que naturalmente se deducen de haber fusilado a unos y no considerar a los otros dignos de juicio […]</em>”.</p>
<p>Del final de una guerra y de “Presos políticos”</p>
<p>El tratado de Wad Ras del 26 de abril puso fin a la guerra de prestigio con Marruecos. La contundente victoria de las tropas españolas, a cuya cabeza estaba el presidente/capitán general O’Donnell, maquilló ante la opinión pública las penurias que habían padecido las tropas expedicionarias y la patente debilidad militar de Las Españas frente a otras potencias.</p>
<p>O’Donnell retornará a la Península encumbrado con el título de Duque de Tetuán, para hacerse cargo de sus labores gubernamentales. Pocas cosas podían enturbiar el aparente éxito en el que se había instalado su mandato, habiendo conseguido en un breve espacio de tiempo finalizar una guerra y cercenar una intentona carlista.</p>
<p>Coincidiendo prácticamente con el regreso de los Tercios Vascongados, el 2 de mayo de 1860 se promulgó la amnistía general para todos aquellos que hubieran tomado parte en la conspiración carlista. Mientras los supervivientes de los Tercios eran aclamados como héroes en las provincias forales, lo alzados sufrían su propio escarnio: “<em>[…] Mientras España alcanzaba tantos laureles y obtenía como consecuencia de ellos una paz honrosa, españoles indignos de serlo, quisieron sumirla otra vez en una guerra civil. Tan loca tentativa solo ha servido para poner de manifiesto su ridícula impotencia, y para hacer público el desprecio con que la Nación los mira […]</em>”.</p>
<p>Pero el decreto de amnistía69 no iba a llegar todos los conspiradores con la misma celeridad. La práctica totalidad de la partida de Barakaldo/Basurto seguía presa en Vitoria-Gasteiz, incluidos sus famosos jefes: José Ocerín y Aniceto Llaguno.</p>
<p>El propio Ocerín dejará constancia de su propio periplo en una carta escrita el 3 de junio desde la cárcel y destinada a los periódicos: “<em>yo gané la frontera de Francia y fui amnistiado en Bayona por el cónsul español en aquella plaza</em>”. Con ese indulto, regresó a Bilbao “<em>con el pasaporte debida regla</em>” presentándose ante “<em>el juez de primera instancia de Bilbao</em>” que confirmó su amnistía el 8 de mayo. Pero lejos de quedar en libertad “<em>se nos amarró con cadenas y argollas, y de esta suerte fuimos conducidos a esta cárcel</em>”. Junto con él, viajarán desde el presidio de Bilbao al de Vitoria “<em>esposados y custodiados por tres parejas de la Guardia Civil con su sargento: Aniceto Llaguno, Pedro Echevester, Andres Hormaeche (a) Butron, José Ocerin y Leandro Menendez, a quien se tenía por jefes de la partida últimamente sofocada</em>”.</p>
<p>La prisión incondicional para estos hombres, reconocidos carlistas, parecía no estar fundamentada en su intento de rebelión, hecho del que se suponían amnistiados, sino por estar imputados de una larga serie de “delitos comunes” que incluía: “<em>asesinatos, robos y alzamiento de caudales públicos</em>”. Sin embargo, Ocerín argüía que, en los 26 días que llevaban en prisión, nadie les había tomado “declaración, ni nadie ha venido a decirnos el motivo de nuestra prisión”. Es por ello que comenzase su misiva describiéndose como “preso político”, condición que hacía extensible a otros 17 encarcelados por idénticos motivos.</p>
<p>Algunas editoriales, especialmente aquellas de tendencias tradicionalistas, protestaron contra de la “<em>caprichosa e injusta manera con que por las autoridades superiores de aquella provincia se interpreta la soberana voluntad de S. M. consignada en el decreto de amnistía</em>”.</p>
<p>“Asesinatos jurídicos”</p>
<p>Pero no solo el componente tradicionalista criticaba el proceder del gobierno centrista. El lunes 11 de junio, tomaba la palabra en el Congreso el diputado progresista Salustiano de Olózaga Almandoz en defensa de una enmienda de grupo. En su discurso destacaba que “<em>el país se ha salvado de un gran peligro, gracias a la decisión y lealtad del ejército y de sus naturales</em>”, para seguidamente criticar la actuación del gobierno y preguntar si “<em>los dos jóvenes de Baracaldo fueron ejecutados por orden del gobierno, calificando su muerte del más escandaloso asesinato jurídico</em>”.</p>
<p>La contestación por parte de presidente de la cámara, el propio O’Donnell, fue tajante: “<em>Señores, cuando estalla un movimiento, es necesario que el gobierno sea enérgico, duro, si es necesario cruel, hasta dominar la situación. Después debe ser clemente. Los desdichados de Baracaldo y Palencia se hallaron en el primer período; si como fueron tres hubieran sido quinientos, lo repito, el gobierno hubiera sido duro en ese período para salvar la sociedad y el trono</em>”. La sesión continuó, volviéndose tensa por momentos, en el animado debate entre Olazaga y O’Donnell.</p>
<p>Libertad tardía</p>
<p>Finalmente, el 16 de junio, dos semanas después que Ocerín escribiese su carta a los diarios, quedaron en libertad los integrantes de la partida de Barakaldo/Basurto y el resto de detenidos que todavía permanecían en prisión. Su retorno a Bilbao se tornó noticia destacada: “<em>Los individuos de la partida de Basurto, que estaban presos en Vitoria, han sido puestos en libertad. El 18 llegaron a Bilbao, OcerÍn, Llaguno, Otaola y otros</em>”. Para algunos, su puesta en libertad fue “<em>una justa satisfacción dada por el Gobierno de S. M. á las unánimes y enérgicas reclamaciones de la prensa, y sobre todo un desagravio de la justicia, la que se estaba violando con la detención de unos individuos, comprendidos a todas luces en el decreto de amnistía. […] Pero ahora, para el verdadero esclarecimiento de la verdad y para la debida reparación de las leyes, un momento olvidadas, ralla saber una cosa. ¿Por qué han estado presos Ocerín, Llaguno, Menendez y consortes? Esto es preciso saber. No basta haberlos devuelto a la libertad, en cumplimiento de un decreto de amplía amnistía; conviene saber qué razones ha habido para su detención, o cuál es el pretexto que se da”</em>.</p>
<p>La tardía libertad de los conjurados se sumó a la lista de reprobaciones que algunos diarios siguieron vertiendo contra la actuación del gobierno en lo relacionado con el ya extinto levantamiento carlista. Entre otras cosas, destacaban la falta de criterio para la aplicación de la amnistía, la nula voluntad de investigar las ramificaciones de la conspiración, la premura en los fusilamientos de Ortega y Carrión o la ejemplarizante muerte de los “alzados de Baracaldo”. Por supuesto, cada uno incidiendo en un punto o en otro, en función de su afinidad política.</p>
<p>Además, para un no desdeñable sector, se tenía la sensación de haber perdido la posibilidad de cercenar, de una vez por todas, las aspiraciones carlistas. A falta de un castigo mayor, se había optado por expulsar del país al pretendiente con una simple reprimenda y una firma en una carta que pronto sería papel mojado: “<em>El gobierno, que no ha querido saber lo que se ocultaba bajo el velo de la conspiración carlista; el gobierno, que ha dejado impunes los delitos más graves contra la Constitución y la patria; el gobierno, que ha procedido con tanta debilidad en asunto de tamaña importancia, es el que más remordimientos debe tener al considerar cuánto espíritu han cobrado los príncipes proscriptos. ¡Oh torpeza!</em>”.</p>
<p>Varios meses después del infructuoso alzamiento, el intento de erosión al gobierno persistirá: “<em>La mejor manera de cumplir la igualdad ante la ley, ha sido fusilar a los de Baracaldo, á Carrión, a Ortega, y perdonar a los príncipes, porque eran criminales de sangre real. El mejor sistema es ese liberalismo hipócrita de la unión liberal, destinado a corromper el partido liberal con la peor de las corrupciones, con el escepticismo</em>”.</p>
<p>Un continuará</p>
<p>Ninguno fueron los réditos de aquel lamentable y oscuro levantamiento de 1860 para los intereses carlistas. Paradójicamente, el único éxito de la rebelión en el Señorío de Bizkaia fue el que su famélica partida fuera desmantelada mediante métodos tan expeditivos; siendo utilizado como elemento de crítica hacia el gobierno. El Señorío, mayoritariamente, se había mantenido fiel a los postulados de “paz y fueros” y defendió su <em>statu quo</em> con el resultado de un guardia civil muerto, otro herido de gravedad, dos jóvenes fusilados, dos viudas, un huérfano y al menos 32 personas que pasaron “<em>por la cárcel pública de Bilbao</em>”.</p>
<p>Respecto a la famosa partida de Barakaldo, poco importó que únicamente dos de sus componentes fueran baracaldeses, o que el nombre de bautismo se debiera a un error perpetuado por la prensa. La fabril Barakaldo mantuvo durante largo tiempo el dudoso privilegio de ser origen de un foco rebelde.</p>
<p>El gobierno de O’Donnell apenas sufrió desgaste por las críticas que le llegaron por su actuación en el aplastamiento del alzamiento carlista. Completará 3 años adicionales de su “gobierno largo”, uno de los pocos momentos de desarrollo y crecimiento económico en el siglo XIX, antes de dimitir, en un nuevo bandazo de la política nacional.</p>
<p>Por su parte el Señorío de Bizkaia seguirá defendiendo su “oasis foral” 8 años más, hasta que el moderantismo isabelino se agote. Con la llegada de la revolución de septiembre de 1868, el enfrentamiento entre el tradicionalismo-carlista y liberalismo moderado fuerista, mayoritarios en su sociedad, acabará por resquebrajar la unidad de acción en torno a los fueros. Comenzaba una divergencia donde el carlismo capitalizará el descontento de los grupos reaccionarios, con un carismático líder Carlos VII que volvía hacer valer el lema de “Dios, Patria, Rey y Fueros”. A su llamada acudirán suficientes voluntarios como para levantar un ejército y, entre ellos, encontraremos a hombres de aparentemente inquebrantable determinación, que una vez formaron parte de famosa la “partida de Baracaldo”.</p>
<p>Jesus Arrate Jorrín</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 11 (La organización del territorio: las Ordenanzas de 1614</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 06:19:04 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Recorridos]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Si ya en los inicios del s. XV la ordenación territo­rial del concejo barakaldés aparece muy bien definida, lo mismo podemos afirmar del desarrollo demográfi­co, económico y urbano: una población escasa, con dedicación fundamental a la agricultura y urbanísticamente dispersa. Paralela a la «ocupa­ción» del territorio debemos situar su «organización». Organizar, entre otras acepciones, significa [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Si ya en los inicios del s. XV la ordenación territo­rial del concejo barakaldés aparece muy bien definida, lo mismo podemos afirmar del desarrollo demográfi­co, económico y urbano: una población escasa, con dedicación fundamental a la agricultura y urbanísticamente dispersa.</p>
<p>Paralela a la «ocupa­ción» del territorio debemos situar su «organización». Organizar, entre otras acepciones, significa «regula­rizar» y tiene por objetivo establecer las normas bási­cas de funcionamiento de una comunidad tanto en sus relaciones internas (ordenanzas) como en lo con­cerniente a las comunidades vecinas (fueros). En nuestro caso nos referiremos al primero de los objetivos, basán­donos en las Ordenanzas que los vecinos de la Antei­glesia aprobaron y publicaron el 3 de Septiembre de 1614<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Estas Ordenanzas fueron confirmadas el once de febrero de 1715<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> y, posiblemente, estuvieron vigentes hasta 1887 en que, siendo Alcalde D. Tomás Begoña Garay, se redactaron otras que en nada se parecen a las que comentamos ya que corresponden a una problemática muy diferente a la recogida en siglos anteriores.</p>
<p>El texto que nos ha servido de referencia<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, íntegra­mente en castellano, es una copia mecanografiada en 1927 ante Notario. Contiene las Ordenanzas procla­madas en Regimiento Público (Justicia, Fieles, Regi­dores y vecinos) el 3 de Septiembre de 1614. Ellos mismos indican el motivo: «<em>por cuanto las Ordenanzas con que hasta al presente se había gobernado la Anteiglesia estaban tan rotas que no se podían ni leer, tenían necesidad de hacer ordenanzas nuevas</em>«. Se compone de dos párrafos (a modo de Introducción) y 64 normas<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> que no vienen organizadas temáticamente.</p>
<p>Difícil resulta determinar si estas ordenanzas son “nuevas” o son “trascripción” de las ya existentes. Nuestra opinión es que son originarias del primer tercio del siglo XVI, tras la publicación del Fuero Nuevo de Bizkaia (1526). Por tanto, las de 1614 serían una “puesta a limpio” de las ya existentes desde entonces. Las Ordenanzas, junto a la documentación principal de la anteiglesia, se guardaban en la Parroquia de San Vicente depositadas en un arca de doble llave en manos de los fieles y del secretario<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</p>
<p>Señaladas estas cuestiones, vayamos al texto que, como he indicado con anterioridad, no tiene un orden estrictamente temático. Por ello, el conjunto de las ordenanzas las hemos agrupado en seis gran­des apartados que hacen referencia a los problemas que tratan de paliar y las sanciones que conlleva su incumplimiento: 1) Reglas para la elección de las autoridades y sus obligaciones, 2) Reglas para evitar abusos en el ejercicio de algunos oficios o desempe­ñarlos mejor, 3) Reglas para prevenir robos o malos usos, 4) Reglas para preservar la salud pública, 5) Reglas para mantener la religiosidad y 6) Sanciones.</p>
<p><strong>Preámbulo</strong></p>
<p>Ya hemos indicado que consta de dos párrafos. En el primero se “hace público y notorio” el objetivo del texto (“Ordenanzas”), el lugar donde se hacen públicas (“Casa del Ayuntamiento de la anteiglesia de San Vicente de Barakaldo”), la fecha (“tres días del mes de septiembre de mil seiscientos y catorce”), quiénes lo hacen (“después de haber llamado a Regimiento Público”) y el procedimiento de la convocatoria (“tocado la campana”).</p>
<p>En el segundo párrafo se perfilan los componentes del Regimiento Público y el motivo por el que se redactan estas nuevas Ordenanzas. Los apellidos de los fieles, regidores y vecinos asistentes son una muestra del poder “fáctico” de la anteiglesia: Landaburu, Zaballa, Estrada, Palacios, Escauriza, Beurco, Retuerto, Uriarte… El motivo de la nueva redacción es claro: “<em>Las Ordenanzas con que hasta el presente se había gobernado la anteiglesia estaban tan rotas que no se podían ni leer, tenían necesidad de hacer ordenanzas nuevas</em>”.</p>
<ol>
<li><strong> Reglas para la elección de las Autoridades y sus obligaciones </strong></li>
</ol>
<p>La Anteiglesia, en principio, se rige bien a través del REGIMIENTO PÚBLICO<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>&nbsp; o del REGIMIEN­TO RESTRINGIDO<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Para la elaboración de estas Ordenanzas, por ejem­plo, se convoca «a toque de campana» a Regimiento Público. Para la elección de las autoridades, sin embargo, se convoca el Regimiento Restringido. Esta situación nos muestra que la realidad de la gestión munici­pal está en manos de unos pocos apellidos que vie­nen a coincidir plenamente con los viejos linajes medievales. Vayamos por partes:</p>
<p>1.1. Forma de elección: tras ser convocados a “toque de campana”, se reúnen el día 1 de Ene­ro las autoridades del año anterior con algunos veci­nos importantes. Los regidores salientes escriben los nombres de los candidatos en sendos papelitos que se introducen en un cántaro. Sin indicar quién hace la extracción (en 1840 será un niño de tierna edad) se dice que los tres que primero salen son nombrados regidores primeros y los tres siguientes, regidores se­gundos. La elección queda confirmada cuando juran el cargo en el pórtico de la Iglesia de San Vicente.</p>
<p>1.2. Duración del cargo: un año. Para poder ser propuesto o salir elegido de nuevo deberán pasar, al menos, tres años.</p>
<p>1.3. Obligaciones: debemos suponer que estos cargos no eran, en principio, remunerados o, al menos, nada se dice de ello en las Ordenanzas. Por tanto, los elegidos debían ser personas que dispusie­sen de tiempo y bienes. Nada tiene, pues, de extraño que los apellidos que aparecen para desempeñar los cargos públicos fuesen de personas “pudientes” que, de forma directa o indirecta, presentarían candidatos “afectos”.</p>
<p>Porque las obligaciones que tenían no eran pocas: asistir al regimiento o asamblea, si están presentes en el pueblo; llevar bien cumpli­mentados dos libros de registros vecinales a fin de poder cobrar los impuestos correspondientes: uno con las personas nacidas en el Señorío y otro con quienes no lo eran; afinar bien las medidas y balanzas de la anteiglesia de acuerdo con el afinador del Señorío para que se pudiesen cotejar con las que utilizaban los taberneros, molineros,&nbsp; panaderos y carniceros; marcar debidamente las medidas de medio azumbre, cuartillo y medio cuartillo&nbsp; que utilizan los taberneros y taberneras; tener medidas oficiales de media fanega, emina, celemín y medio celemín para cotejarlos con los utilizados por los asoqueros y asoqueras<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> para medir el trigo; igualmente un cuévano (cesto grande) para la medida de manzanas; fijar los pre­cios del vino, de la sidra y del trigo de acuerdo con lo usado en las anteiglesias del entorno; ver, revisar y arreglar los caminos reales; comprobar que el peso del pan es el correcto y que los panaderos ponen en él su marca; ver, revisar, levantar acta y arreglar los caminos reales de la anteiglesia; visitar las presas de los molinos, ver corrección de sus pesas y balanzas; atender las denuncias por robos, hacer la correspondiente investigación y comunicarlo al señor Corregidor; controlar que todos los vecinos tengan una huerta de berzas, puerros y hortalizas y, por último, guardar una de las dos llaves del arca donde están depositados diversos documentos.</p>
<p>1.4. Custodia de documentación: las Ordenanzas se debían guardar en un arca junto con las hidalguías y naturalezas de los vecinos, así como los decretos, recados y papeles correspondientes a la anteiglesia.</p>
<ol start="2">
<li><strong> Reglas para evitar abusos en el ejercicio de algunos oficios o desempeñarlos mejor</strong></li>
</ol>
<p>Si tenemos en cuenta el número de ordenan­zas relativas a este asunto debemos pensar que ésta es la preocupación central de los vecinos barakaldeses. Y de entre estos oficios, dos sobresalen extraordinariamente: los taberneros y los vendedores de trigo o asoqueros o, lo que es lo mismo, los relacionados con la base alimentaria de la población: el trigo y el vino. Como primera referencia indicaremos los oficios y el número de ordenanzas que hacen referencia a cada uno de ellos: taberneros/as (18), asoqueros/as (7), carniceros (2), panaderos (3), carboneros (1), carreteros (1) y mujeres «mundanas» (sic) (1).</p>
<p>Veamos lo que se nos dice de cada uno de ellos, los abusos más frecuentes y las medidas que se toman para paliarlos.</p>
<p>2.1. Respecto a los taberneros y taberneras (18 ordenanzas).</p>
<p>Las preocupaciones que reflejan las ordenanzas se refieren, sobre todo, a tres cuestiones: proteger la producción local de la competencia de los vinos foráneos, vigilar las medidas que utilizan los taberneros y controlar los precios. A estas preocupaciones se añaden otras relacionadas con la evitación de abusos (mezclas, horarios…). El tema de las tabernas es de suma importancia y así se refleja en el número de ordenanzas. Para lograr lo propuesto, se establecen las siguientes normas:</p>
<p>►Cualquier vecino o vecina puede com­prar y vender vino, sidra, grasa, aceite, pescado o cualquier otro mantenimiento siempre que lo haga al precio marcado por los regidores;</p>
<p>► Las únicas medidas que tendrán, debi­damente marcadas, serán las de media azumbre, cuartillo y medio cuartillo y no podrán ser otras;</p>
<p>► Están obligados a tener vino, pan y demás mantenimientos para el consumo de los compradores (no para que éstos lo reven­dan); si comprasen pan a los panaderos para sus tabernas debe­rán venderlo al mismo precio de coste;</p>
<p>► Para comprar vinos (se cita los de Rivadavia) que vengan de fuera por la ría hasta la Torre de Lutxana deberán esperar tres días para dar opción de compra a cualquier vecino de la Anteiglesia o de las de Erandio, Deusto, Begoña y Abando; desde el día de San Martín (11 de noviembre) en adelante no se pueden vender vinos foráneos (se citan los de Riva­davia, blanco de Castilla y tinto de Toro y Rioja) hasta que no se haya vendido el cosechado en la anteiglesia «<em>porque </em><em>en ella se produce mucha cantidad de vinos”</em>;</p>
<p>► El día de San Martín en el pórtico de la iglesia de San Vicente se pondrán los precios al vino de la cosecha de la antei­glesia a tenor de los precios puestos en Sestao, el Valle, Abando y Deusto;</p>
<p>► Para un mayor control y una mejor distribución se determina que existan cuatro tabernas en la anteiglesia correspondiendo cada una a varios “barrios”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. La distribución realizada es la siguiente: una sola taberna para los barrios de Landaburu, Zaballa, Rájeta, Ugarte, Arteagabieta y Vitoricha, otra para Retuerto, Amézaga, Herrería de Abajo y Labrostegui; otra en el barrio de Parcheta por ser camino real; y otra para los lugares de Yrauregui, Sasia y Goicoechea;</p>
<p>► El vino que no se venda en la anteiglesia podrá venderse fuera, previa licencia; los taberneros, una vez que hayan comprado el vino a los dueños locales, si necesitasen más y estos no tuvieren, podrán traerlo de fuera y venderlo;</p>
<p>►Prohibido tener dos recipientes abiertos al mismo tiempo ni echar agua, ni sidra ni otro vino encima;</p>
<p>►No se puede servir vino ni otros mantenimientos por la noche ni antes de oír misa los días de Pascua, Domingos o festivos;</p>
<p>►Además se indica que los dueños de vinos o arrendatarios deben enviar, después de Nuestra Señora de Agosto (día 15), su “hombre apreciador” o «diezmero» para ver y apreciar la cosecha de manzana. El objetivo de esta medida no es otro que reservar el diezmo, “<em>aunque luego se pudra</em>”; los diezmeros deben hacer esta tarea delante de dos testigos.</p>
<p>2.2. Respecto a los vendedores y vendedoras de trigo (7 ordenanzas).</p>
<p>Es el segundo «oficio» al que más ordenanzas se le dedican. El término que se emplea en las Ordenanzas es el de «asoqueros-as». Estos «asoqueros» compran el trigo a los mulateros y luego lo venden a los vecinos y a los panaderos. Las varias ordenanzas hacen referencia a los precios (dependiendo de su origen pues no hay producción en la anteiglesia) y a las medidas que se deben utilizar<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</p>
<p>►Las más importantes hacen referencia a que cuando un asoquero negocia el precio del trigo con un mulatero no puede entrometerse un tercero; si el trigo se compra en Orduña puede revenderse cargando tres maravedíes por fanega y si se compra en Valmaseda únicamente dos y medio; deben com­prar el trigo a los mulateros delante de dos testigos para que vean el precio de compra momento en el que no puede otro entrometerse.</p>
<p>►Estaba terminantemente prohibido mezclar dos tipos de trigo para revenderlo posteriormente; se prohíbe revender­lo cargando más de ocho maravedíes al precio paga­do por cada fanega de trigo, salvo si en el momento de la negociación lo desee comprar directamente algún vecino (en este caso sólo se puede cargar cuatro maravedíes) aplicándose lo mismo si la compra se hace en algún mercado circundante;</p>
<p>►Todos ellos debían tener varias medidas (a «cuenta del erario público») compulsadas con las oficiales y debidamente sella­das. Respecto al trigo se señalan la media fanega, la emina, el celemín y el medio celemín. Para las manza­nas únicamente se indica la obligación de tener un cuévano (cesto grande).</p>
<p>2.3. Respecto a los carniceros (2) y panaderos (3).</p>
<p>►De los carniceros, se indica que debía haber una carnicería en el lugar más adecuado, con balanza y pesas afinadas y cotejadas por el afinador del Seño­río y que se debe dar carne «<em>antes a los vecinos que a los de fuera</em>«.</p>
<p>►De los panaderos únicamente se indi­ca que deben hacer pan con sus señales y peso correspondiente y que no se amase en días de fiesta o domingos. En los hornos de la anteiglesia está prohibido “asar manzanas” intentando con ello que “<em>los vecinos no se dediquen a robarlas</em>”.</p>
<p>2.4. Respecto a los carboneros, carreteros, viticultores y mujeres «mundanas».&nbsp;</p>
<p>►Respecto al trabajo de los carboneros úni­camente se indica que dejen las cenizas en agujeros y cuevas para que no se los lleven los ganados ni el agua. El trabajo de estos carboneros está directamente relacionado con las ferrerías asentadas en las riberas del Cadagua y Galindo. Sorprende la inexistencia de ninguna Ordenanza relacionada directamente con la actividad de las ferrerías y molinos cuando esta actividad estaba suficientemente consolidada.</p>
<p>►A los carreteros (vecinos o extranjeros) se les obligaba a transitar con sus carros o tablas por fuera de las calzadas para que no se estropeen y dejen tranquilos a los vecinos. Para ellos tenían sus propios caminos que, por lo que se ve en Actas posteriores municipales, estaban en bastan­te mal estado.</p>
<p>►Los viticultores (o “quienes se dediquen a robar uva”) deben vender la uva en la propia anteiglesia siéndoles prohibido hacerlo en Bilbao y otras partes.&nbsp;</p>
<p>►Por último aparece una ordenanza rela­tiva a las llamadas mujeres mundanas (sic) en la que se indica textualmente que aquellas «<em>que no sean vecinas y naturales de la anteiglesia sean echadas </em><em>de ella para evitar escándalo y otros inconvenientes</em>«.</p>
<ol start="3">
<li><strong> Reglas para prevenir robos o malos usos</strong></li>
</ol>
<p>El conjunto de ordenanzas que hacen referencia al tema de los robos es bastante importan­te. Partiendo del hecho de que, normalmente, nadie “roba por robar” debemos suponer que si se hace es, más bien, por necesidad. A través, pues, de algunas de estas ordenanzas podemos calibrar las principales necesidades que incidían en la vida diaria de los veci­nos de la anteiglesia o de concejos próximos. Agru­pamos estos hechos en unos cuantos ámbitos:</p>
<p>3.1. Apropiación de tierras. Por lo indicado en una de las ordenanzas existían muchas tierras del común que estaban sin labrar y muchos dicen que son suyas no permitiendo trabajarlas. Para solucionar el problema se da un año para que cualquier vecino las pueda cercar y labrar sin impedi­mento alguno. Todavía a mediados del siglo XIX la solicitud de tierras para labrar es un tema que con bastante frecuencia se encuentra en las Actas Munici­pales, lo cual nos muestra que el asunto no había quedado suficientemente solucionado aun cuando las razones sean diferentes (en este caso “concesiones mineras o relacionadas con ello”. En otra orde­nanza se hace referencia a los vecinos de Saracho a quienes se prohíbe cerrar tierras de labrantío ni baldías. En este caso, además de la multa correspon­diente, se permite a cualquier vecino de Barakaldo quitar las cercas.</p>
<p>3.2. Apropiación de forrajes para el ganado: pas­tos, hierba. Costumbre que en lo referente a la hier­ba, según la ordenanza 38°, afecta a los mozos y mozas de Somorrostro a quienes se prohíbe tajante­mente seguir con la práctica de llevársela tanto de las huertas como de los terrenos cercados sin autorización de sus dueños. El tema de los pastos es más complejo y está mucho más protegido, lo cual nos muestra la cierta importancia que tenía la gana­dería: de momento se prohíbe a los vecinos de Saracho (Güe­ñes) y Somorrostro echar ganado a los montes de la anteiglesia bajo la amenaza de una buena multa y la apropiación de los ganados. Con ello se intenta pro­teger la zona más alta de los montes circundantes para el ganado propio. Más aún, se permite dar fuego a los montes y sierras, cuando fuese necesario, para obtener más pastos.</p>
<p>3.3. Apropiación de materiales varios: juncos y leña. Relativo a la junquera de Ansio (muy amplia en el momento) se indica que ningún vecino puede cortar juncos hasta que no pase el día de San Juan de junio. El infractor, además de la multa correspondiente, perderá la carga. El tema de la tala de leña tiene otras connota­ciones de suma importancia y que nos muestran otras actividades no citadas en ningún otro lugar. Las Orde­nanzas 46 y 47 nos hablan de ello. En principio se permite cortar leña de los montes bortales (madroños) a los vecinos para sus casas, cierres, caleros<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a> y artícu­los necesarios. Sin embargo, se prohíbe su tala para venderla en Bilbao o Portugalete bien recién cortada o bien trasformada en <em>«palanquiellas, palancas y </em><em>ramo­</em><em>nas». </em>La multa no sólo afecta al cortador de la made­ra sino incluso al batelero que la transporta. Lo más curioso es la razón de tal prohibición: «<em>porque pierden mucho los montes y su madera está </em><em>arrendada </em><em>a los dueños de las herrerías de la anteiglesia</em>«. Más aún, la Ordenanza 37 indica que los meses de Diciembre, Enero y Febrero se deben dedicar a plantar árboles cumpliendo las órdenes del Rey y de su capitán responsable de conservarlos D. Agustín de Ojeda. Se trata de proteger, por tanto, dos actividades: los caleros y las ferrerías que, como bien es sabido, precisaban de esta fuente de energía para su funcionamiento.</p>
<p>3.4. Apropiación de alimentos: se señalan: man­zanas (para que no se roben se prohíbe que se asen en los hornos de la Anteiglesia), uvas (se prohíbe ven­der uva en Bilbao tanto de quienes la obtengan de su viña como de quienes la roben) y castañas (para que no se roben se prohíbe ir por debajo de los castaños ajenos con picachos ni pértigas hasta que los dueños no lo hayan hecho).</p>
<p>También aparecen, de forma conjunta, higos, hortalizas, manzanas, car­neros, cabritos, gallinas, lechones y otras cosas: todo esto, se señala de golpe, es materia de robo de los mozos y mozas de noche y de día.&nbsp; Para solucionar­lo se sugieren dos remedios: uno es que los fieles regidores atiendan las denuncias, hagan las corres­pondientes investigaciones y lo pongan en conoci­miento del Corregidor. En segundo lugar, citado textualmente «<em>que todos los vecinos </em><em>deben </em><em>tener para su consumo una huerta de berzas, puerros y otras hortalizas</em>«.</p>
<ol start="4">
<li><strong> Reglas para preservar la Salud Pública</strong></li>
</ol>
<p>Existen referencias a dos únicos aspectos que hemos querido englobar bajo este epígrafe. La inexistencia de un núcleo urbano, la dispersión del caserío y las actividades humanas quedan, no obstante, bien refle­jadas.</p>
<p>►Preocupa la existencia de lobos en los alrede­dores y por ello se obliga a los vecinos a asistir a las batidas cuando hubiese sospecha de su presencia y se prohíbe tener lobos o lobillos, vivos o muertos, en las casas.</p>
<p>►Igualmente se refleja determinada enfermedad de los ganados que, por lo visto, debía ser peligrosa para el resto de los ani­males: «los <em>ganados </em>que mueran de la enfermedad <em>de Punson<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><strong>[12]</strong></a> sean quemados y enterrados inmediata­mente». </em>Seguramente se trata de una enfermedad que afecta a los intestinos de los ganados y, por tanto, les imposibilita para el consumo humano.</p>
<ol start="5">
<li><strong> Reglas para mantener la Religiosidad</strong></li>
</ol>
<p>No ocupa demasiado espacio en las ordenanzas pero no por ello deja de ser significativo de la mentalidad y de los problemas. Sería absurdo negar la importancia que la práctica religiosa desem­peñaba en aquellos tiempos no sólo como expresión de la relación personal y grupal con Dios sino como marco social en el que se desarrollaba la vida diaria. El término anteiglesia no indica únicamente un espa­cio de reunión sino toda una simbología mítico-religio­sa: las gentes no sólo ocupaban un espacio útil para sus reuniones sino que lo hacían después de haber celebrado algún acto religioso; es decir que, cuando necesitaban tomar decisiones, además de encontrar cobijo físico buscaban el amparo de Dios. Las mismas ordenanzas nos indican que la toma de posesión de las autoridades se hace en el (cimiterio) pórtico de la Iglesia de San Vicente tocando la cruz mayor de la dicha Iglesia.</p>
<p>Además de esta referencia tres son las Ordenanzas que hablan del tema y lo hacen en aspectos suma­mente significativos: la misa, las procesiones y el tra­bajo festivo. La obligación de oír misa todos los Domingos y festivos afecta a todos los vecinos, que deben no sólo asistir personalmente sino también enviar a sus hijos y criados mayores de catorce años. La misma obligación tiene cada casa de enviar para las procesiones a un mayor de doce años. Cabe suponer que se refiere a las procesiones de las fiestas patronales, Semana Santa, Cofradías de las diversas ermitas&#8230; Resaltar que la obligación de asistir a las procesiones atañe no a las personas (como el ir a misa) sino a las casas u fogueras. La última de las obligaciones se refiere a determinado trabajo porque no se citan otros sino el de «cargar o echar <em>albarda </em>a <em>ninguna </em>bestia en <em>Domingo o </em>festivo».</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 6.-&nbsp; Sanciones</strong></p>
<p>Señalábamos en algún momento anterior que nuestro punto de partida era considerar esta regla­mentación como una forma práctica de salir al paso de los abusos frecuentes en la anteiglesia. Lo que hemos visto no es otra cosa que intentar dar solución a dichos abusos. Sin embargo, los legisladores no se quedaron con formular buenos deseos. Prácticamente todas las Ordenanzas vienen acompañadas de las correspondientes sanciones. Por eso vamos a detenernos brevemente en este punto. Las sanciones podemos agruparlas en “pecuniarias”, “en especie” y “otras”.</p>
<p>6.1. Sanciones pecuniarias: las multas pecuniarias son normalmente de 204, 408 o 612 maravedíes, aunque existen algunas otras cantidades. En el siglo XVII el maravedí equivalía a unas 2 pesetas de 1972 y el sueldo medio de un trabajador era de unos 162 maravedíes. Si tenemos esto en cuenta la más corriente de las multas (408) equivalía a algo más del jornal de dos días. Más en concreto se seña­lan las siguientes sanciones pecuniarias:</p>
<p>► 2 ducados: para quien tenga en casa lobo o lobillo, vivo o muerto.</p>
<p>► 1 real: para quien no plante los árboles que debe.</p>
<p>► 6 reales: para quien no asistiese a la batida de lobos o mandase un criado en su nombre.</p>
<p>► 110 maravedíes: para los mozos y mozas de Somorrostro que se lleven hierba de la anteiglesia para sus ganados.</p>
<p>► 204 marave­díes: para los fieles y regidores que no asistan al Regimiento público; para los asoqueros o asoqueras que se entrometan en la compra de trigo a los mulateros cuando lo está haciendo otro; para los asoqueros o asoqueras que mezclen dos trigos para revenderlos; para los asoqueros y asoqueras que no permitan a un vecino comprar directamente el trigo a los mulateros a un precio inferior; para los carniceros que no vendan carne antes a los de casa que a los foráneos; para quienes asen manzanas en los hornos de la anteiglesia; para quienes vendan uva en Bilbao; para quienes no tengan un huerta de berzas, puerros y otras hortalizas; para quienes anden con pértigas por debajo de los castaños antes de que el dueño los haya vareado; para los vecinos que no vayan a misa los días de precepto o no envíen a sus hijos o criados; para las casas que no envíen a una persona mayor de doce años a las procesiones; para los vecinos que carguen caballerías en días de fiesta; para los taberneros o taberneras que vendan pan a más precio que el de coste.</p>
<p>► 208 maravedíes: para quienes amasen en domingos o días de fiesta.</p>
<p>► 300 maravedíes: para los carreteros que pasen por las calzadas.</p>
<p>► 400 maravedíes: para los vecinos de Saracho o Somorrostro que echen ganado en los montes y ejidos de la anteiglesia.</p>
<p>► 408 maravedíes: para los taberneros o taberneras que vendan vino sin solicitar el precio o lo vendan más caro del prescrito; para los taberneros o taberneras que no tengan las medidas ordenadas; para los taberneros o taberneras que no usen exclusivamente dichas medidas; para los taberneros o taberneras que tengan otras medidas; para los taberneros o taberneras que no tengan a la venta vino, pan y otros mantenimientos; para los taberneros o taberneras que no vendan el vino al precio fijado por los fieles regidores; para los taberneros o taberneras que no respeten tres días antes de comprar vino procedente de Rivadavia; para los taberneros o taberneras que vendan vino foráneo antes de San Martín; para los taberneros o taberneras que tengan dos recipientes de vino abiertos o lo mezcle con agua, sidra u otro vino; para quien venda sidra a otro precio que el marcado por los regidores; para los vecinos de la tierra o Somorrostro que&nbsp; corten leña para llevar fuera de la Anteiglesia; para los vecinos que corten juncos en la junquera de Ansio con anterioridad al día de san Juan ; para los carboneros que no dejen las cenizas en agujeros y cuevas; para quien sea propuesto o acepte ser regidor si no han transcurrido tres años desde que lo fue.</p>
<p>► 412 maravedíes: para quien no cargue al precio del trigo comprado en Orduña o Balmaseda lo prescrito; para los asoqueros y asoqueras que no tengan las medidas ordenadas; para los asoqueros o asoqueras que no compren el trigo delante de dos testigos; para los taberneros y taberneras que trabajen los días de Pascua, domingos, festivos o por la noche; para los carniceros que no tengan las medidas adecuadas y bien afinadas.</p>
<p>► 600 maravedíes: para las mujeres mundanas que no siendo de la Anteiglesia permanezcan en ella.</p>
<p>► 612 maravedíes: para quienes apliquen al trigo un precio superior al permitido traído de los mercados circundan­tes; para los Regidores que no revisen la situación de los caminos reales y no tomen las medidas oportunas para su reparación; para los panaderos que no hagan el pan con el peso adecuado y sin su marca; para el Regidor si no atiende las denuncias por robos; para quienes no entierren los animales muertos de Punson; para quienes vendan productos por encima de lo mar­cado por los regidores.</p>
<p>► 1.000 maravedíes: para quien venda vino fuera de la anteiglesia habiendo compradores o sin licencia; para quienes corten leña para venderla en Bilbao o Portugalete; para los bateleros que transporten leña a Bilbao o Portugalete; para los vecinos de Saracho que cerquen tierras.</p>
<p>►10.000 maravedíes: para el Regidor que no comprobase que todos los vecinos tengan una huerta de berzas, puerros y otras hortali­zas.</p>
<p>6.2. Sanciones en especie: las sanciones se refieren a</p>
<p>► perder los vinos y subastarlos.</p>
<p>► perder la leña cortada.</p>
<p>► perder la carga de juncos cortados en Ansio antes de San Juan de Junio.</p>
<p>► quitar las cercas que se han colocado ilegalmente.</p>
<p>► quedarse sin ganado los vecinos de Güeñes y Somorrostro si lo echan a los montes de la anteiglesia.</p>
<p>► perder el pan que se haga sin el peso oportuno o sin las señales correspondientes y dado a los pobres.</p>
<ol start="6">
<li>3. Otras sanciones:</li>
</ol>
<p>► privar al tabernero del ejercicio del oficio por mezclar vinos, echar agua o sidra al vino.</p>
<p>►sancionar al infractor a tenor del Fuero por dar fuego al monte o sierras excepto si es para lograr pastos.</p>
<p>►pagar los daños hechos a terceros por el contagio de ganado enfermo de Punson</p>
<p><strong>7.- &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aplicación de las sanciones</strong></p>
<p>¿Qué se hacía con el importe de las multas? Las Ordenanzas marcan en cada caso su aplicación. Lo más frecuente es dividirlo en tres partes para lo cual las cifras más frecuentes (204, 408 y 612 maravedíes) eran muy adecuadas. El reparte ordinario era dedicar un tercio para reparar caminos, otro tercio para el acusador y otro tercio para el regidor que ejecutase la sentencia. En RESUMEN: los dineros provenientes de las multas iban a parar al arreglo de caminos, al denunciante, al justicia y, en algunos casos, a la iglesia de San Vicente.</p>
<p>► Un tercio para reparar caminos, otro tercio para el acusador y otro tercio para el regidor que ejecutase la sentencia</p>
<p>► Dos tercios para reparar caminos y un tercio para los regidores que asistiesen al Regimiento público</p>
<p>► El pan requisado (sin peso establecido o sin la señal correspondiente) irá a las personas pobres necesitadas de la anteiglesia</p>
<p>► La suma total irá para la obra de San Vicente (casos relativos al cumplimiento de asistir a misa, procesiones o trabajar en festivo)</p>
<p>► La suma total (10.000 maravedíes) va a parar a reparar caminos. Está relacionado con el no cumplimiento por parte de un regidor de la obligación de procurar que cada vecino tenga huerta</p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>Conclusiones</strong></p>
<ol>
<li>Partiendo del hecho de la proximidad de las villas de Bilbao y Portugalete (con privilegios recogi­dos en sus cartas de población), el desarrollo de la anteigle­sia viene muy mediatizado por la territorialidad, el poderío e intereses de ambas. Todo intento de crear espacios intermedios similares se verá rápidamente frustrado, incluso mediante la violencia.</li>
<li>Como consecuencia se irá configurando una sociedad de índole rural, y en cierta medida, supeditada a paliar los problemas de abastecimiento de las citadas villas.</li>
<li>Por ello, la organización del territorio seguirá unas pautas derivadas de dicha situación que pode­mos resumir en las siguientes: influjo profundo de los poderosos intereses de la nobleza castellana, primero los Ayala y luego los Fernández de Velasco. Control de los mecanismos de poder locales por parte de los linajes «fundadores» o de sus descendientes (Landa­buru, Zaballa, Tellitu, Escauriza, Beurco, Retuerto, Larrea, Salcedo, Aranguren&#8230;). Una organización municipal controlada férreamente por los «fieles regi­dores» elegidos permanentemente por los linajes anteriores y entre fieles suyos. Una reglamentación interna que nos muestra una sociedad eminentemente rural, con problemas graves de autoabastecimiento, religiosa y muy jerarquizada.</li>
<li>Por último, indicar que todos estos mecanismos y realidades se vendrán abajo de forma bastante repentina cuando en el último tercio del siglo XIX se inicie la explotación masiva del mineral de hierro y, con ello, la exportación masiva del mismo, los ferrocarriles, la implanta­ción de fábricas, la inmigración&#8230;; estamos ante una nueva realidad que llegará intacta hasta tiempos bien recientes. Sólo entonces la anteiglesia sufrirá una trasformación tan profunda que todo lo indicado en estas páginas pasará a ser patrimonio exclusivo de la historia.</li>
</ol>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Parte del presente recorrido fue publicado en ARBELA, 2001, pp. 24-33</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> “En la casa Ayuntamiento que está en el lugar de San Vicente &#8230; a once días del mes de Febrero de mil setecientos quince estando juntos Pedro de Llanos de Uriarte (regidor), Juan de Llanos de Ibarra (ídem), Martín de Escauriza de Tellitu (ídem), Pedro de Aranaga (ídem), Antonio de Egusquiaguirre Aranguren, Lopez Saenz de Amezola San Juan de Munoa, Juan de Llano, Juan de Landaburu, Juan de Aguzquiaguirre, Juan de Escauriza Cruzes Asensio de Salcedo, Pedro de Aranaga, Juan de Estrada Aparicio, Vicente de Tellitu, Juan de Landaburu Zaballa, Juan de Castañeda y Antonio de Zuzunagabeitia &#8230; después de haber leído lo contenido en ellas dijeron que las confirmaron por sí y por los vecinos ausentes y mandaron que se guarden y ejecuten”.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> La copia está depositada en la Fundación Sancho X el Sabio de Vitoria. Fondo Olaso.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> En realidad son 62 porque los números 54 y 55 no figuran en el texto.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Situación frecuente en muchas anteiglesias teniendo en cuenta que era allí (pórtico o la misma Iglesia) donde se reunían. De la Junta de Ruzábal (Valle de Orduña) se conserva dicha arca de documentos que si no recuerdo mal es un tronco ahuecado con una tapa suficientemente protegida.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Asisten la Justicia, el Ayuntamiento o Regi­miento y los vecinos que lo deseen</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Asisten únicamente el Ayuntamiento y algunos vecinos</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Mercaderes de trigo</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> En la Orden sobre Tabernas de 1569 de las Juntas Generales se dice: «<em>Iten, asimismo se trató y ordenaron que no haya en este Señorío, en las anteiglesias de ella, en cada anteiglesia mas de hasta dos tabernas, excepto en las anteiglesias que estuvieren a media legua de la villa de Bilbao, en cada una de las cuales puedan tener hasta seis tabernas y no mas, y asimismo, en la anteiglesia de Arrigorriaga, puedan tener seis tabernas y no mas; y en <strong><u>Baracaldo</u> </strong>y en la anteiglesia de Amorebieta, cada cuatro tabernas y no mas; a las cuales se les dio licencia para tener las dichas tabernas atenta la necesidad que hay de las dichas tabernas en las dichas anteiglesias por causa que va mucha gente a ellas por los caminos reales que tienen, y en cada una de las otras anteiglesias haya hasta dos tabernas y no mas; y que en todas ellas las tengan en la mejor parte de las anteiglesias, so pena que si lo contrario hicieren, caigan en pena de miIl maravedises cada uno, repartidos la tercia parte para el juez y la otra tercia parte para el acusador y la otra tercia parte para los reparos de los caminos de la tal anteiglesia, y que los síndicos los puedan denunciar y bien así otras qualesquier personas</em>«. Tomado de Juntas y Regimiento de Bizkaia, II</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> El Señorío de Vizcaya era deficitario en productos alimenticios, especialmente en cereal. A pesar de los esfuerzos por la autoproducción no va ser capaz de producir tantos alimentos como los que son necesarios para alimentar a su población, por lo que tendrá que recurrir necesariamente a la importación de cereales y de todo tipo de vituallas al mismo tiempo que se prohíbe su saca. Además de estas prohibiciones se dispone que todos los navíos que lleguen a Vizcaya con vituallas, deben descargar, al menos, la mitad de la carga. El origen del grano que llega a Vizcaya es variado. Lope García de Salazar así como el Fuero Nuevo hablan de trigo importado de Bretaña, Inglaterra y Portugal. Hasta el siglo XV, en general, la mayor parte procede del interior de la Península como Burgos, la Rioja, Tierra de Campos y Álava. A partir del siglo XV, sobre todo en su segunda mitad, la mayor parte del grano consumido en el Señorío, proviene del Sur de la Península, concretamente de Andalucía. José Ángel GARCÍA de CORTÁZAR y Cía: “Bizkaya en la Edad Media” II, pp.303-304.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Horno donde se calcina la piedra caliza. Para ello se precisaba una fuente de energía, normalmente madera.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Desconocemos el significado de tal enfermedad</p>
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		<title>Aspectos más notables de la economía de Vizcaya en el siglo XVI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 06:08:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Industria]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?w=1500 1500w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?resize=1024%2C575 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?resize=768%2C432 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?resize=1080%2C607 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10868" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/historia-de-los-gasolinos-de-la-ria/gasolinos-iron-river-03/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?fit=1500%2C843" data-orig-size="1500,843" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="gasolinos-iron-river-03" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/01/gasolinos-iron-river-03.jpg?fit=1024%2C575" /></div>La Agricultura La economía de Vizcaya fue evolucionando a lo largo de toda la Edad Media sobre una base agrícola y ganadera a la que se incorporaron actividades mercantiles e industriales. Pero en general era un régimen pobre, que casi llegaba al autoabastecimiento, pero debido a la libertad de comercio establecida por el Fuero de [&#8230;]]]></description>
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<p>La economía de Vizcaya fue evolucionando a lo largo de toda la Edad Media sobre una base agrícola y ganadera a la que se incorporaron actividades mercantiles e industriales. Pero en general era un régimen pobre, que casi llegaba al autoabastecimiento, pero debido a la libertad de comercio establecida por el Fuero de Vizcaya, como de uso tradicional de la tierra, se permitía la libre introducción de subsistencias del extranjero. Así cobraron auge los comerciantes y bastantes de ellos se enriquecieron en transacciones comerciales importantes. También los pequeños comerciantes mejoraron mucho su situación, así como los artesanos, los empleados de las ciudades, etc. Pero la agricultura era la tarea a la que se dedicaba la mayoría de las gentes, que tenían en una gran proporción la plena propiedad de los campos que cultivaban y de las casas que habitaban. La ganadería ya no era preponderante en el siglo XVI, pero todavía tenía importancia porque en Vizcaya los recursos de los campesinos se tenían que completar con una dedicación alternativa. Ésta solía ser la ganadería, la pesca o las actividades de apoyo a la industria ferrona: recogida de madera y elaboración del carbón, acarreo del hierro de la mina a las ferrerías, etc. También eran las ferrerías las que exportaban artículos de hierro fuera de Vizcaya para poder importar los productos agrícolas que se necesitaban para el consumo de la población vizcaína. En Vizcaya la tierra y el clima no eran propicios para el cultivo del trigo y de la vid. El Fuero Viejo de Vizcaya de 1452 reconoce que “La tierra de Vizcaya e de las Encartaciones e de Durango es muy montañosa e non siembran ni cogen pan”. También dice el Fuero que abundaba el arbolado, y que, además del manzano que tenía una protección especial, había nogales, cerezos, guindales, nísperos, robles, fresnos, castaños y cepas de viñas. Pero éstas últimas no fueron abundantes en Vizcaya, aunque no faltan otros documentos medievales, como nos dice Andrés Mañaricúa, que nos hablan de las viñas, en concreto las Ordenanzas de Bilbao de 1399. En cuanto al trigo, no es que no se cultivase en absoluto, sino que era claramente insuficiente, como lo prueba el hecho de que tanto el Señorío como la villa de Bilbao tenían una constante preocupación por el abastecimiento del trigo a la población. Prueba de ello es que en el siglo XVI se seguía hablando de la falta de pan y vino en Vizcaya, y se hablaba también de la abundancia del manzano. Así Pedro de Medina, en su obra de 1548 titulada “Libro de las Grandezas y cosas memorables de España”, dice que tanto Vizcaya como Guipúzcoa eran tierras montañosas de poco pan y vino: “en algunas partes comen pan de mijo, que llaman borona; beben vino de manzanas que llaman sidra y por la mayor parte se proveen de pan y vino de otras partes, que traen por mar y tierra”. De todas maneras, se produjo un importante avance en la agricultura porque se redujeron progresivamente los bosques y los pastos de ganado para dedicarlos a la agricultura que, aunque pobre, avanzó en el cultivo del cereal, sobre todo del mijo.</p>
<p>El cultivo del manzano retrocedió a favor del cereal y por ello disminuyó la producción de sidra. La vid en Vizcaya tenía escaso desarrollo, y con ella se hacía un vino de baja calidad, el chacolí. Estas dos bebidas, sidra y chacolí, se fueron sustituyendo poco a poco por importaciones de vino riojano, con lo que se creó un vínculo comercial entre Vizcaya y La Rioja que aún perdura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La Pesca </strong></p>
<p>En el litoral, la preocupación fundamental fue la pesca que tuvo como complemento el cultivo de pequeñas huertas familiares o la elaboración para la exportación al interior de la Península de escabeches y salazones. Las actividades en la costa proporcionaban merluza, besugo, etc. que eran especies muy apreciadas. En cuanto a la pesca de altura, se centraba en la caza de la ballena que se venía practicando desde mucho tiempo atrás. Primero en el Golfo de Vizcaya y después, en el siglo XVI, en caladeros cada vez más lejanos hasta llegar a Terranova, pues la ballena era muy apreciada por su excelente aprovechamiento de la grasa, la carne, la lengua, los huesos, la sangre, etc. y por ello tenía una alta rentabilidad.</p>
<p>Fue en esas expediciones a Terranova donde se iniciaron las capturas masivas de bacalao que, desde entonces, será una especie enormemente difundida y apreciada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Comercio </strong></p>
<p>Ya desde el siglo XV se produjo un despegue económico, que en el siglo XVI fue patente y que tuvo como bases el comercio, el hierro (minería, industria, exportación), la construcción de navíos y la navegación. Con respecto al comercio en el siglo XVI, Vizcaya se convirtió en unos de los lugares más importantes del mercado nacional pues comerciaba por mar y por tierra con el resto de la península. Esto se debía a que los vizcaínos siempre necesitaron importar gran parte de los productos agrícolas necesarios para el sustento de su población, y los traían llevando fuera hierro y pescado fundamentalmente. Los caminos más importantes que comunicaban Vizcaya con Castilla en el siglo XVI fueron: el que iba de Valmaseda hasta el río Nervión, a través del Cadagua; y el camino que venía de Miranda de Ebro y Vitoria hasta Orduña para entrar en Vizcaya. Pero tuvieron que hacer más caminos en el interior de Vizcaya para llevar el cereal que provenía de Álava, Castilla e incluso de Andalucía, y estos caminos también se usaron para transportar el hierro desde los yacimientos de Somorrostro hasta las ferrerías. Vizcaya también tuvo un comercio internacional importante pues se relacionaba con Flandes, Francia e Inglaterra, que eran los grandes centros comerciales europeos. Se exportaban al extranjero productos vizcaínos como el pescado y objetos de hierro, pero la principal exportación era la de productos castellanos y, de ellos, la lana era la principal. En este comercio que se desarrollaba a través de Vizcaya, los vizcaínos eran transportistas y armadores de buques, eran los que llevaban los productos de otros, los castellanos fundamentalmente, y navegaban los mares ofreciendo sus servicios como transportistas. Por tanto, eran transportistas más que auténticos comerciantes. Sólo a comienzos del siglo XVI las principales familias de comerciantes y los dueños de los astilleros bilbaínos empezaron a probar suerte también en el comercio. Así, se empezaron a convertir en comerciantes y banqueros infiltrados en Amberes, Brujas, Londres, Rouen, Nantes, Lisboa, Medina del Campo, Burgos, Madrid, Sevilla y Florencia, en donde establecieron sus oficinas y sus representantes para poder participar en el comercio europeo y oceánico. También estuvieron presentes en las ferias internacionales como Medina del Campo, Lyon, Besançon, Plasencia, Londres, Florencia, Venecia, Lisboa o Frankfurt. Como dice Alberto Angulo, en el primer tercio del siglo XVI estos comerciantes bilbaínos superaron su condición de transportistas y armadores para convertirse en comerciantes y banqueros capaces de financiar sus importaciones y exportaciones. De todas maneras, la ocupación fundamental de los bilbaínos siguió siendo la de transportistas, y el único producto cuya exportación tuvo la suficiente continuidad e importancia fue la lana. Lo cual implicaba que subsistiese la dependencia comercial vizcaína respecto a los comerciantes de Burgos, ya que ellos eran los que controlaban su contratación y comercialización. Burgos tenía la carga y Bilbao las naves y los puertos para transportarla. Efectivamente, en el siglo XVI la lana era el principal producto de exportación, protegido por la Mesta, que era una institución de origen medieval que protegía los intereses de los grandes ganaderos trashumantes de la corona de Castilla, que pertenecían a la alta nobleza. Era Burgos la que fiscalizaba por completo el comercio de la lana castellana, llegando a crear un Consulado propio en 1494 –a semejanza de los de Valencia y Barcelona- con su reglamentación específica y sus respectivas autoridades y jueces. Se constituyó así el primer Consulado Atlántico que trató de extender su jurisdicción al puerto de Bilbao, sin conseguirlo. Realmente, la situación geográfica de Burgos era clave en cuanto a las rutas comerciales, que la unían con las principales ciudades de Feria castellanas, a saber, Medina del Campo y Villalón; y, de ahí, al puerto bilbaíno principalmente. Bilbao acaparaba prácticamente la totalidad del comercio de Vizcaya con los puertos del norte de Europa. Así, en su ascenso como villa mercantil influyeron muy diversos factores, destacando los privilegios obtenidos en su fundación, en la medida en que la situaron en una posición idónea para captar el comercio que se hacía a través de Vizcaya. Prueba de la importante presencia de comerciantes vizcaínos en los puertos y plazas europeas fue que existió a partir de 1465 un Consulado de la Nación Vizcaína en Brujas, junto al Consulado de Castilla. Además, su posición geográfica convertía a Bilbao en un puerto relativamente seguro porque estaba en una ría, al abrigo de los piratas, y con el suficiente cauce para recibir barcos de gran tonelaje, y además, desde allí salían los caminos para Castilla. Esto se convirtió en un factor clave, puesto que el comercio requería ya grandes barcos y en Vizcaya solamente el puerto de Bilbao reunía las condiciones precisas para su recepción. Además, Bilbao tenía fácil acceso por vía terrestre con los demás reinos de la península, y tenía la protección de la Corona de Castilla, de la que los vizcaínos fueron fieles colaboradores sirviendo al rey en el mar, en la lucha contra los moros y después, en los reinados de Carlos I y Felipe II, sus astilleros y los dueños de los navíos colaboraron activamente en sus conflictos con Francia e Inglaterra. Ya desde antiguo existía en Bilbao una asociación, la Universidad de los Maestres, Capitanes de Naos y Mercaderes de la Villa de Bilbao, en la que se agrupaban comerciantes, armadores, navieros y pilotos, éstos últimos en mucho mayor número que los anteriores, puesto que la actividad primordial de Bilbao fue, como ya hemos dicho, el transporte marítimo más que la contratación mercantil. En el siglo XIV, antes de la creación del Consulado de Burgos, el concejo de la villa de Bilbao elaboró unas importantes ordenanzas mercantiles y así, desde la posterior creación del anteriormente aludido Consulado de Burgos, irá en paulatino aumento la rivalidad que siempre había existido entre Burgos y Bilbao, ya que los burgaleses tenían la carga que demandaban los telares flamencos y los bilbaínos disponían de una flota mercante y un grupo de expertos conductores de naves. No en vano, los bilbaínos estaban especializados en la navegación, la construcción naval y el pilotaje de naves. Con todo, el impulso definitivo del comercio bilbaíno vendría por el establecimiento de un eje comercial Bilbao-Burgos, con lo que la capital vizcaína se convirtió así en el puerto de los comerciantes burgaleses. En este sentido, Burgos era la primera ciudad de Castilla en esta época y llegó a ser la segunda residencia de algunos grandes y señores de Vizcaya, que tuvieron en San Juan su barrio residencial y también en el barrio de San Esteban se conservan referencias de ellos ya desde tiempos medievales. Uno de los motivos de esta presencia debió ser la importancia adquirida por la industria del metal en Burgos, así como la de la moneda, la calderería y la herrería. Precisamente en el barrio de San Esteban se situaron gran número de ferrerías. Y el auge de la industria de artillería nos hace sospechar que su materia prima fundamental, el hierro, venía de Somorrostro y de otros lugares de Vizcaya, siendo los vizcaínos los encargados de transportarlo y, en ocasiones, de transformarlo. Como ya se ha dicho, Burgos ostentaba una magnífica situación para financiar, activar y encauzar la actividad comercial hacia el resto del territorio castellano. De hecho, una de las principales causas que fomentaba este comercio era el que, al ser Burgos centro neurálgico de la Universidad de Mercaderes, impulsaba la salida al exterior de Castilla de productos como la lana, una de las bases de su riqueza, creando la natural competencia entre los puertos cantábricos, que rivalizaban entre sí por exportar las mercancías, pero poco a poco a lo largo del siglo XVI se ve como los puertos vizcaínos van adquiriendo más protagonismo que Santander y Laredo. Como una de las condiciones a tener en cuenta para elegir puerto era la distancia entre Burgos y cada puerto cantábrico, ya que los transportistas imponían sus precios en razón de las distancias, las villas marineras de Cantabria salieron perjudicadas, pues el itinerario que Meneses realizó entonces, señaló 31 leguas de distancia hasta Bilbao y 37 hasta tierras santanderinas. Otro factor que favorecía a los puertos vascos era el hecho de que estos no estaban gravados con los diezmos y rediezmos de los otros puertos cantábricos debido a la exención de impuestos. Por ello, se hace notar en un documento de la época que se habían abierto en este siglo los puertos de Orduña y Valmaseda, que conducían a Bilbao, porque los que pasaban no pagaban el dicho rediezmo, diezmo sobre el diezmo, que suponía aproximadamente un 1 % suplementario. Al Consulado de Burgos era a quien competía la conservación de los caminos indispensables para el desarrollo del comercio y reparaban las vías que iban al puerto que les ofrecía mejores precios, y se inclinaban especialmente por Bilbao y Laredo, y por eso eran esas las vías que reparaban. Los vizcaínos, que tenían intereses complementarios a los de Burgos, ponían todo su empeño en facilitar estas relaciones, siendo para ello fundamental una buena comunicación que hiciese posible el transporte por el itinerario más corto. Como la vía de Orduña debía tener cierta tradición entre los mulateros, el primer paso fue el establecimiento de aduanas en Vitoria, Orduña y Valmaseda, solicitando al mismo tiempo al emperador Carlos V un permiso real para la apertura del camino de Orduña siguiendo el antiguo itinerario. Al parecer, las obras comenzaron pero Álava, Guipúzcoa y Navarra se opusieron. Tan es así, que Guipúzcoa deshacía de noche con las armas lo que de día se iba construyendo y por ello, el Señorío tuvo que disponer gente armada para impedirlo. Por su parte, alaveses y navarros promovieron continuos pleitos al respecto, razón por la que, finalmente, el emperador ordenó la suspensión de la citada obra con una Real Orden del 17 de mayo de 1553. En este siglo XVI, el patriciado urbano bilbaíno inició una política encaminada a conseguir un control de toda la actividad comercial. Esta línea de actuación fue impulsada por las familias de los armadores que se habían enriquecido en su misión de transportistas, y que querían potenciar su influencia sobre las relaciones comerciales. Es en este contexto cuando el 22 de junio de 1511, por carta real despachada en Sevilla, fundó la Reina Doña Juana el Consulado de Bilbao, que a partir de entonces centró la actividad marítima y comercial de la Villa. Por ello surgieron tensiones entre Bilbao y Burgos. Burgos y Bilbao fueron los primeros Consulados atlánticos y los primeros de la Corona de Castilla. Más tarde se creó el Consulado de Sevilla en 1539 y ya en el siglo XVII los Consulados de Madrid y San Sebastián. Con Consulado propio, el entorno bilbaíno pasó a controlar el comercio que se desarrollaba en su propio puerto -el de la lana, fundamentalmente- ocupándose sus ordenanzas también de los trabajos portuarios y de los distintos pleitos mercantiles. Sin embargo, tales disposiciones no se elaboraron hasta el año 1531 y en ellas se recogieron las ordenanzas mercantiles que existían en la villa de Bilbao desde el siglo XIV. Fue Felipe II quien promulgó las Ordenanzas del Consulado de Bilbao en 1569.</p>
<p>Bilbao fue un puerto de primera clase, constituyendo la puerta de entrada y salida de mercancías por excelencia, lo cual influyó decisivamente en que la villa estuviera abierta a todas las influencias que venían por el norte de Europa creándose con ello una mentalidad muy diferente a la del resto de la tierra.</p>
<p>Tomado de www. https://conciertoeconomico.org/</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 10: El grano precisa molerse</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Aug 2026 06:10:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Recorridos]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Desde que la agricultura inició su andadura allá por el Neolítico el ser humano inventó artilugios para convertir el grano de cualquier especie en harina y, de ese modo, poder panificarlo. Serían, en primer lugar, estrictamente manuales (los hay de muchos modelos), luego batirían el grano utilizando como fuente de energía la fuerza animal. De [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Desde que la agricultura inició su andadura allá por el Neolítico el ser humano inventó artilugios para convertir el grano de cualquier especie en harina y, de ese modo, poder panificarlo. Serían, en primer lugar, estrictamente manuales (los hay de muchos modelos), luego batirían el grano utilizando como fuente de energía la fuerza animal. De ahí al agua y electricidad … La abundancia de arroyos en nuestro entorno con agua permanente<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> favoreció desde antiguo la instalación en sus riberas de diversos molinos (en muchos casos ligados a las ferrerías). La llegada del maíz provocó el auge de estas instalaciones que, con anterioridad, no tendrían demasiado desarrollo. Nos sirve de fuente de información para este recorrido el texto de Mayte Ibáñez<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Lo cierto es que a las labores de artesanos del hierro, carboneros, arrieros, tejeros, curtidores, taberneros, canteros y, sobre todo, labradores, habrá que sumarle el oficio de molineros para completar así el panorama laboral de la sociedad baracaldesa en los siglos XVI-XVIII.</p>
<p>En una anteiglesia como Barakaldo, preferentemente rural, el trabajo derivado de las tareas agrícolas adquiere una vital importancia, más aun si tenemos en cuenta el elevado número de habitantes asentados en ella que demandan una producción cerealística elaborada para su consumo.</p>
<p>El molino, por tanto, al igual que había sucedido con las ferrerías, no escapaba de una red de complejos intereses en la que los “jauntxos” locales sobresalían como dueños de estas pequeñas unidades de explotación.</p>
<p>Los grandes propietarios de tierras aumentaban sus recursos económicos con las rentas derivadas de la molienda, bien directamente o por arrendamientos pagados en metálico o especie.</p>
<p>El porqué de la filiación de los molinos a los notables rurales se explica por el simple hecho de que éstos eran los únicos que podían costear el elevado precio de sus edificaciones y, además, porque los molinos junto con las ferrerías, ermitas, patronatos eclesiásticos&#8230; constituían en muchos casos un patrimonio heredado de sus mayores.</p>
<p>Pero no serán estos grupos nobiliarios los que exclusivamente puedan acceder a la propiedad de estas instalaciones. También la burguesía mercantil residente en las villas vecinas intentará lo propio, como veremos en el caso de Guillermo de Uhagón.</p>
<p>Una vez superada la etapa Bajo Medieval, en la que la dieta alimenticia se reduce a los productos derivados de la ganadería (leche, carne) y los agrícolas y en donde los principales panificables eran el mijo (producido en las zonas altas y, por tanto, alimento popular) y el trigo (cultivado en las zonas bajas y consumido, sobre todo, por los habitantes de las villas, ciudades o anteiglesias ubicados en tales zonas), la introducción del maíz, en los primeros años del siglo XVII y el aumento de la población, condujeron a una política de roturaciones, transformando tierras dedicadas al monte y prado en cerealísticas&#8230; Sin embargo, la importación de grano de los centros trigueros castellanos fue inevitable.</p>
<p>Sin embargo, en el siglo XVII no se construirá ningún molino, ya que todos los que aparecen son pervivencias de los antiguos solares medievales. Para mediados de esta centuria contamos ya con un número máximo de estos establecimientos, que no será superado -salvo los construidos por Guillermo de Uhagón y José Antonio de Aranguren y Sobrado en la segunda mitad del siglo XVIII- durante todo el Antiguo Régimen, y que entrará en un declive progresivo en la centuria siguiente, cuando la instalación masiva de plantas industriales contribuirá poderosamente al actual panorama, en el que no se encuentra ni un solo ejemplar que verifique su antigua presencia.</p>
<p>AUTO DE VISITA REALIZADO POR LOS FIELES DE LA ANTEIGLESIA POR ORDEN DEL TENIENTE GENERAL DEL SEÑORÍO DE VIZCAYA (1635)</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="87"><strong>NOMBRE</strong></td>
<td width="123"><strong>PROPIETARIO</strong></td>
<td width="113"><strong>EXPLOTACIÓN</strong></td>
<td width="170"><strong>IMPUESTO</strong></td>
<td width="66"><strong>MULTA</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="87">UGARTE</td>
<td width="123">Catalina Ugarte</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 8L; Trigo 12L Maíz 12L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">RETUERTO</td>
<td width="123">Martín Aguilar</td>
<td width="113">Águeda Zabala</td>
<td width="170">Trigo 8L; Trigo 6L Maíz 12L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">URCULLU</td>
<td width="123">Cruz Gorostiza</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L</td>
<td width="66">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">ESCAURIZA</td>
<td width="123">Marina Escauriza</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 7L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">ARANGUREN</td>
<td width="123">Antonio Aranguren</td>
<td width="113">Una criada</td>
<td width="170">Trigo 8L; Maíz 10L</td>
<td width="66">1.700</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">PUERTO</td>
<td width="123">María Gorostiza</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 8L</td>
<td width="66">1.800</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">GOROSTIZA</td>
<td width="123">Domingo Aguirre</td>
<td width="113">María Hdez.</td>
<td width="170">Trigo 6L: Maíz 8L</td>
<td width="66">2.200</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">BENGOLEA</td>
<td width="123">Casa Gorostiza</td>
<td width="113">Cata Uriaga</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 7L</td>
<td width="66">1.800</td>
</tr>
<tr>
<td width="87">IRAUREGUI</td>
<td width="123">Marina Aguirre</td>
<td width="113">Ella misma</td>
<td width="170">Trigo 6L; Maíz 6L</td>
<td width="66">1.600</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Del cuadro adjunto podemos reseñar varias reflexiones. Al hecho de constatar para este momento un número de molinos que permanecerá invariable en los siglos posteriores, se añade la perfecta identidad de estas unidades de explotación con los linajes medievales. Todos ellos están adscritos a la propiedad nobiliaria, con lo que se perfila, aun más, el control que en todos los ámbitos de poder mantiene la pequeña nobleza sobre la anteiglesia. No deja de extrañarnos, sin embargo, el porcentaje de propietarios que explotan directamente sus establecimientos: cinco de los nueve existentes. <strong>Los molinos y aceñas ubicados en la Anteiglesia fueron: </strong>Molino de Aldanondo<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, &nbsp;Molino de Bengolea<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> (o de Basarrate o Herrería de Abajo), Molino de Careaga<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, Molino de Errobarria<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, Molino de Escauriza (Escabriza)<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, Molino de Gorostiza<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, Molino de Gorostiza<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>, Molino de Irauregui<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>, Molino de Irauregui de Arriba<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, Molino de la Herrería de Abajo<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, Molino de Lascao<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>, Molino de Llano<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, Molino de Retuerto<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>, Molino del barrio de Retuerto<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>, Molino de Sarria<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>, Molino de Ugarte<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>, Molino del barrio de Urcullu<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>, Molino Nuevo de Zubileta<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, Molinos de Puerto<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a> y Molinos de Urieta = molino de Gorostiza<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</p>
<p>El siglo XVII se ha venido considerando tradicionalmente como crítico: ni tan siquiera la implantación del maíz ni las nuevas roturaciones aminorarán los momentos difíciles por los que se atravesó durante el seiscientos. Y entre todos los periodos de mayor presión, los primeros años y el declinar del siglo serán los más traumáticos. No es de extrañar, por tanto, que se utilizasen cualquiera de las bases de desarrollo económico para superar la crisis. En este sentido, el molino fue sin duda uno de los complementos fundamentales para el mantenimiento de las rentas ahora en peligro.</p>
<p>El documento nos permite igualmente establecer con mayor exactitud la implantación del maíz en nuestra anteiglesia. En el caso de Barakaldo debemos entender que su cultivo estaba ya extendido para estas fechas, porque, como ya vimos, salvo el molino de Urcullu, todos cobraban derechos de molienda por molturar el maíz. El desarrollo de la población que para la anteiglesia de Erandio se produce entre los años 1635-1666 y del que no debió apartarse nuestro municipio, seguramente estaba en relación con un consumo generalizado del nuevo cereal panificable importado de Indias. Por otra parte su cultivo en las vegas bien regadas de Barakaldo no tuvo que resultar dificultoso, sino todo lo contrario. Se adaptaría perfectamente a los terrenos húmedos que la planta requería.</p>
<p>Al mismo tiempo, de la fuente se deduce otra vez el activo papel de la mujer en la sociedad de Antiguo Régimen. Mientras el hombre se encargaba de cultivar la tierra, pastorear, acarrear vena, talar el monte, navegar&#8230; ella ayudaba en el campo, mantenía&nbsp; la casa y se encargaba de tareas tales como alimentar el ganado, cuidar de las huertas colindantes al caserío, tejer, cargar mineral y otras mercancías en el Puerto de Galindo y llevar el molino. Todos los visitados están explotados directamente por el sexo femenino.</p>
<p>El documento se elaboró con motivo de una visita regular efectuada por fieles de la anteiglesia para verificar el estado de los pesos, la fiabilidad de las medidas y el cobro por el derecho de molienda.</p>
<p>Los intentos por evitar el fraude fueron inútiles, y prueba de ello es que todos los molineros fueron multados con cuotas que oscilaban entre los 1.600 y los 2.200 mrs. y no sería ni la primera ni la última vez que incurrirían en semejantes faltas.</p>
<p>En cuanto a los derechos de «menda» o «maquila» (cantidad que el molinero cobra por moler el grano), el Fuero, en el título XXXV, ley novena, titulado “Tassa de lo que han de llevar los Molineros» especificaba que no habiendo existido nunca una «tassa» «<em>han havido gran confusion de robo de los tales Molineros: Et porque en algunos Pueblos hay más abundancia de agua, e moliendas que en otros: Et en un Pueblo o Valle acostumbran llevar en más cantidad el derecho de tal moler, y en otros menos:&nbsp; y en fin los Molineros hacen a su voluntad por no haber tassa en Pueblo alguno</em>&#8230;».</p>
<p>Para evitar los abusos se estableció un canon de cinco libras y una multa de 600 mrs. en caso de infracción.</p>
<p>Nada de lo sancionado debió tener algún valor para la anteiglesia de Barakaldo. En 1635 cobraban la mayoría 6 libras por la fanega de trigo y, limpio y seco, 8. La falta de definición en el Fuero para el maíz, sólo se mencionaba, claro está, “la borona-mijo”, creó un descontrol a la hora de evaluar su cobro y así variaba entre 10 y 12 libras, también limpio y seco, y de 6 a 8 en bruto. Una renta altísima que superaba el 10% sobre el producto.</p>
<p>En 1776, y en razón de un memorial presentado por Barakaldo, las Juntas cele­bradas el 19 de julio de dicho año acordaron que se siguiesen guardando los decretos de 1740 y 1760 -el primero se dictó para la Merindad de Zornotza y el segundo para todo el Señorío- de cobrar 6 libras por fanega de trigo y 8 por la de maíz. Era fácil averiguar el estado de la balanza, pero no lo era tanto obligar al molinero a cobrar la “menda” legítima, pues ello requería una presencia constante en el molino.</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="4" width="608"><strong>AÑO 1745</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="123"><strong>BARRIO</strong></td>
<td width="132"><strong>MOLINO</strong></td>
<td width="236"><strong>PROPIETARIO</strong></td>
<td width="117"><strong>EXPLOTACIÓN</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="123">RETUERTO</td>
<td width="132">RETUERTO</td>
<td width="236">Convento de Burceña</td>
<td width="117">José de Escauriza</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">VITORICHA</td>
<td width="132">ERROTABARRIA</td>
<td width="236">Mayorazgo Llano</td>
<td width="117">Juan Llano</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">ZUBILETA</td>
<td width="132">ZUBILETA</td>
<td width="236">J.J. Sobrado</td>
<td width="117">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">URCULLU</td>
<td width="236">J.J. Echevarri</td>
<td width="117">Ramos Urcullu</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">&nbsp;</td>
<td width="236">Idem</td>
<td width="117">Pedro Allende</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">ARANGUREN</td>
<td width="236">Bartolomé Novia; J.J. Sobrado ¼</td>
<td width="117">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">GOROSTIZA</td>
<td width="236">F.A. Echevarri</td>
<td width="117">I. Barturen</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">REGATO</td>
<td width="132">BENGOLEA</td>
<td width="236">Convento de Burceña</td>
<td width="117">José Escauriza</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">IRAUREGUI</td>
<td width="132">ARRIBA</td>
<td width="236">Marqués Paredes</td>
<td width="117">Tomás La Cabex</td>
</tr>
<tr>
<td width="123">YRAUREGUI</td>
<td width="132">ABAJO</td>
<td width="236">Idem</td>
<td width="117">I. Larrasquitu</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="4" width="600"><strong>AÑO 1799</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="88"><strong>MOLINO</strong></td>
<td width="243"><strong>PROPIETARIO</strong></td>
<td width="184"><strong>EXPLOTACIÓN</strong></td>
<td width="85"><strong>RENTA</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="88">RETUERTO</td>
<td width="243">Convento de Burceña</td>
<td width="184">Esteban Zavalla</td>
<td width="85">1.227</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">ESCAURIZA</td>
<td width="243">J.A. Arechaga</td>
<td width="184">Cruz Santurtun</td>
<td width="85">715</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">&nbsp;</td>
<td width="243">J.Uhagón</td>
<td width="184">Vicente Zavalla</td>
<td width="85">750</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">BENGOLEA</td>
<td width="243">Convento de Burceña</td>
<td width="184">Manuel Escauriza</td>
<td width="85">1.529</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">GOROSTIZA</td>
<td width="243">Manuel Echavarri; Marqués del Puerto</td>
<td width="184">Ignacio Zavalla</td>
<td width="85">1.110</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">IGULIZ</td>
<td width="243">J.J. Sobrado</td>
<td width="184">Manuel de Moya; J.A. Escobal</td>
<td width="85">726</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">ARANGUREN</td>
<td width="243">Ramón Novia ¾; J. J. Sobrado 1/4</td>
<td width="184">Máximo Unzuga</td>
<td width="85">1.166</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">IRAUREGUI</td>
<td width="243">V. Ortiz Rivas</td>
<td width="184">J.A. Manzaneda</td>
<td width="85">4.660 f-m</td>
</tr>
<tr>
<td width="88">URCULLU</td>
<td width="243">J.A. Arechaga</td>
<td width="184">Ascensio Ibarra</td>
<td width="85">2.200 f.m</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>A diferencia de lo que ocurría en el siglo anterior, asistimos a un proceso generalizado de arrendamiento como fórmula de explotación del molino. Los propietarios, a cambio de una renta en metálico o especie, dejan en manos ajenas su rendimiento, mientras que ellos, la mayoría ausentes de la anteiglesia, se ocupan de tareas relacionadas con el tráfico mercantil o simplemente a vivir holgadamente de las rentas derivadas de sus extensas propiedades.</p>
<p>Estos siguen siendo los herederos de los linajes locales, que venían gozando del derecho de moler desde la Edad Media, con las excepciones del Convento de Burceña, que adquirió por compra el molino y ferrería de Bengolea en 1633, y en 1725 el de Retuerto y el de Guillermo de Uhagón.</p>
<p>Contamos con pocos contratos de arrendamiento, pero los suficientes para poder describir las fórmulas del mismo. Juan José de Aranguren y Sobrado en el año de 1723 pedía a Juan Menchaca y Catalina Inchaurguiela, sus inquilinos, por espacio de tres años que empezaban a correr el día de San Antonio Abad (17 de enero), una renta de fanega y media de harina de trigo cada ocho días y 44 <a href="http://rls.al/">rls. al</a> mes.</p>
<p>En 1792 Fray Celedonio de Elguera, procurador del Convento de Burceña, daba en arriendo a Francisco de Zavalla el Molino de Retuerto más setecientos estados de tierra, por nueve años (este período de tiempo suele ser más común que el del caso anterior) por 1.227 rls. En ambos casos las maechuras civiles corrían a cargo del inquilino mientras que las troncales las pagaba el propietario.</p>
<p>No poseemos datos suficientes para establecer la evolución de las rentas a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Aunque sí podemos constatar en algunos casos que éstas aumentaron considerablemente a lo largo de las dos centurias, ajustándose a las subidas del precio del trigo y del maíz, al aumento de salario de los jornaleros, etc…&#8230;). En un período tan corto de tiempo 1795-1806, el Convento de Burceña elevó su renta a Manuel Escauriza de 1.200 a 1.529 rls. y Manuel de Echávarri y el Marques del Puerto dejan de cobrar la media fanega de maíz cada ocho días por un estipendio de 1.100 rls. en metálico, y Juan Antonio de Arechaga aumentó de 715 a 750 rls.</p>
<p>El alza se debió fundamentalmente al hecho de que, aunque la producción de grano fue mayor, ésta no se dio pareja al crecimiento de la población, de mayores magnitudes. Se produjo por tanto un estancamiento económico y social, incapaz de soportar unos efectivos demográficos que excedían a su capacidad productiva. La consecuencia fue la fuerte subida de los precios del grano, durante las últimas décadas del XVIII y primeras del XIX. Parece lógico pensar que los dueños de los molinos quisieran participar de este movimiento inflacionista y que aumentasen las rentas amenazadas por la crisis estructural que se cierne sobre el mundo rural en el gozne entre los dos siglos.</p>
<p>Sin embargo, quizá lo más llamativo de los hechos relacionados con la explotación de los molinos y sus propiedades sea la construcción en la década de los años 60 de un establecimiento de estas características junto a la fandería por Guillermo de Uhagón, comerciante bilbaíno. Su edificación se inscribe en la política de acumulación de recursos de distintas procedencias, entre los que la inversión y el domino en el medio rural adquiría gran relevancia. Otra vez Barakaldo aparece como centro de influencia del hinterland bilbaíno y de la burguesía mercantil.</p>
<p>Por último, sólo nos queda señalar la controversia que a finales de siglo, en<br />
un momento en que los rendimientos de la agricultura llegaron a una situación límite, mantuvieron los propietarios de molinos con los representantes del Señorío lo con el objeto de asegurar sus beneficios en una coyuntura económica adversa.</p>
<p>El 17 de febrero de 1775 los Fieles de la anteiglesia interpusieron un recurso al regidor de Vizcaya, quejándose de que los molineros de Barakaldo «se apropian de los libres de grano<sup>&#8211;</sup>que les parecía para la molienda en notable perjuicio del común» y que éstos en desquite de la delación, habían parado sus máquinas hidráuli­cas sin querer moler en ellas. El tribunal comisionó a los representantes del Concejo para que «todos los molineros pusiesen corrientes los molinos respectivos y no llevasen más derechos que los establecidos por fuero y en defecto procedieran a su prisión poniendo a costa de ellos personas que los manejasen”.</p>
<p>Como ya señalábamos anteriormente, el canon ajustado al que llegaron las dos partes fue el de 6 libras para la fanega de trigo y 8 para la de maíz. Sin embargo, Juan Antonio de Unzaga, amparándose en el elevado coste del grano, los gastos derivados de su recolección y la alternancia de buenas y malas cosechas, exigía una mayor renta.</p>
<p>Argumentaba que «de inmemorial tiempo a esta parte se han llevado en los molinos de Barakaldo 8 libras por moler la fanega de trigo y 12 por la de maiz» -como veíamos en la visita de 1635 razón no le faltaba—.</p>
<p>«A los Molinos llega el grano segu se cosecha o se compra en las plazas a los diezmeros y otras personas, sin secar en el horno ni limpiar con el triguero. Además, el maiz es una semilla mucho más grande y dura que la borona y por ello más dificultosa de moler. Aunque se seque en arcones recibe mucha humedad y se hincha especialmente en los meses de Abril y Mayo que es cuando se siembra y brota. El problema consiste entonces en que tarda más y destruye muy frecuente­mente las piedras, lo que conlleva a una considerable merma en el ren­dimiento».</p>
<p>Por todo ello opinaba que la renta de 5 libras, ajustada por el fuero, era del todo injusta. Llegaron a considerar el demandante y sus compañeros de pleito la entrega de los molinos a la República, para que ésta averiguase, a través de un administrador, la pretendida falta de beneficios entre ingresos y gastos.</p>
<p>La denuncia siguió en curso, pero la resolución final, dictada el 2 de enero de 1777, obligaba a pagar las multas en porción de harina distribuida entre los pobres de la anteiglesia y a observar los cánones establecidos para todo el Señorío.</p>
<p>La instalación de edificios industriales desde la primera mitad del XIX se produjo en muchos casos a expensas del derribo de molinos, que se vieron igualmente afectados por los nuevos abastecimientos de aguas, por la creación de embalses que anegaron los valles y cortaron definitivamente los curos fluviales.</p>
<p>El molino de “San Juan” fue el último que se mantuvo en funcionamiento. La autovía de Ugaldebieta (1984) destruyó el único (en este caso de marea) que todavía permanecía en pie de todos los que jalonaron los ríos barakaldeses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> En otro recorrido recogemos la Historia del molino “de marea” de San Juan en el barrio del Juncal que aprovechaba las mareas de las que era portador el Galindo como fuente de energía.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Mayte IBÁÑEZ: “Barakaldo” 100-106</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Mayorazgo de Aldanondo. Junto a la torre <em>y </em>las ferrerías.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> (1625), pertenecientes al Mayorazgo de la Herrería de Abajo. Situados junto a la torre.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> (1597), aceña comenzada a construir por Toribio Ruiz de Bustamante en el regato de</p>
<p>Careaga en 1597</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> (1697), propiedad de Juan Martín de Llano</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> (1693) del mayorazgo de Beurco-Larrea. (1767) Propiedad de Juan José de Echavarri</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> (1595) = Molino de Urieta</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> (1767), en Gorostiza. perteneciente en 7/8 a Francisco Antonio de Echavarri Beurco-Larrea</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> De los Coscojales y de los Yrauregui.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> (1767) Una cuarta parte del molino de Yrauregui de Arriba propiedad de la casa de Beurco‑Martiartu.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> (1597), también llamado de Basarrate y de Bengolea.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> (1598), en Alonsotegui, jurisdicción de Arrigorriaga.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> (1790) Molino de cuatro ruedas en el barrio del Regato)</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> (1657) ¾ del molino eran propiedad del escribano Martín de Aguilar Zumelzu.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> (1767), perteneciente al convento.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> (1697), pasaje del molino de Sarria. En la parte de Luchana, donde se halla el barco para pasar la gente que va a Deusto.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> (1559), propiedad de la casa de Ugarte de Allende</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> (1767), Beurco-Larrea. De Juan José de Echavarri (los molinos cercanos a la ferrería mayor)</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> (1767), propiedad de don Juan José de Sobrado</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> (1620), pertenecientes al mayorazgo y torre de Beurco.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> (1538), propiedad en 1/8 de Juan de Urrutia y su mujer Mesa de Gorostiza, dueños de la casería de Gorostiza. (1595). 1/16 propiedad de Domingo de Taramona de Gorostiza es vendida por éste a su parcionero mayor, Martín de Aguirre. Otro de los parcioneros mayores es Pedro Saez de Anuncibay. (1597) Lucía de Salazar y su hijo Lope Saez de Anuncibay, venden a Martín de Aguirre 3/4 del molino, que pertenecía a la torre y solar de Zuazo (Retuerto). (1615), 1/12 de los molinos propiedad de Domingo de Gorostiza, casado con María Saez de Escauriza. (1666), se cambiaron de lugar hacia 1650 para evitar las continuas inundaciones que sufrían con las crecidas del río. <sup>7</sup>/<sub>8</sub> pertenecientes a Juan Martinez de Aguirre, hijo de Domingo de Aguirre, dueños de la casería de Beteluri. 1/8 pertenece a la casería de Gorostiza.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>De Pueblo Industrial a Urbe Industrial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Aug 2026 06:48:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Industria]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="990" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/de-pueblo-industrial-a-urbe-industrial/baraka03/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;5.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;X200,D560Z,C350Z&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;-62169984000&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;17.4&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;64&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.002&quot;,&quot;title&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="baraka03" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="990" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/de-pueblo-industrial-a-urbe-industrial/baraka03/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;5.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;X200,D560Z,C350Z&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;-62169984000&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;17.4&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;64&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.002&quot;,&quot;title&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="baraka03" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?fit=600%2C450" class="alignright size-medium wp-image-990" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?resize=300%2C225" alt="baraka03" width="300" height="225" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg?w=600 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Singular importancia adquiere la primera reglamentación del ordenamiento urbano (1889). Un año después, <strong>Casto de Zavala</strong> elabora el primer plano de la anteiglesia aunque no contempla todo el espacio y deja fuera de la ordenación diversos edificios&nbsp; existentes. Este plano fue rectificado por <strong>Santos Zunzunegui</strong> (1907) e <strong>Ismael de Gorostiza</strong> (1917). Este último abarca todo el término jurisdiccional de la anteiglesia.</p>
<p><strong>A partir de 1920</strong> prolifera la construcción de <strong>casas baratas</strong> para obreros aunque aún se conserva un número elevado de <strong>caserí­os</strong> (250 en 1920 y 135 en 1937) que nos muestra la progresiva transformación no sólo de la actividad económica sino, también urbaní­stica. En estas fechas se dispara el número de edificaciones con viviendas masivas y en altura. Se configurá, así­, el esqueleto básico del entramado de Barakaldo con un único recinto urbano (a excepción de algunos núcleos dispersos)&nbsp; que engloba los diversos barrios.</p>
<p>En los <strong>años inmediatos a la Guerra Civil</strong> cobran un auge espectacular las obras públicas: plazas de San Vicente, Retuerto, Bide Onera y Herriko Plaza; edificios como el Banco de Vizcaya, Caja de Ahorros Municipal de Bilbao; nuevas avenidas como la calle Nafarroa (que une el Paseo de los Fueros y la calle Elcano), la Libertad (unión de las plazas Bide Onera y Santa Teresa), Zuberoa (Arrandi con Fueros), Aldapa (Herriko Plaza con Murrieta)&#8230;; parque de Antonio Trueba&#8230;</p>
<p>En la <strong>década de los cuarenta</strong> será el propio Ayuntamiento quien promueva la construcción de viviendas (Bagaza, Beurko, Zuazo, San Vicente, Larrea y Cruces). Serán los <strong>años cincuenta</strong> los del boom constructivo en el que se involucran, además del Ayuntamiento, las empresas y los particulares. Por ello se amplí­a el área urbanizable y se consolidan nuevos barrios (Llano, Cruces, Arteagabeitia, Retuerto y Beteluri). Todo ello produjo abundantes irregularidades urbaní­sticas.</p>
<h5 style="text-align: right;">Mitxel Olabuenaga</h5>
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		<title>BARAKALDO (Documento de ca. 1825)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 11:15:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?w=1200 1200w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1024%2C576 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=768%2C432 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1080%2C608 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10392" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-40/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1200%2C675" data-orig-size="1200,675" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1024%2C576" /></div>Referencia a la venta de las torres de Luchana en Barakaldo // (Fol. 1 rº) Don Francisco Losada y Somoza, como encargado y apoderado del ilustrísimo señor duque de Frias, para la enajenación de bienes vinculados, puso en venta la casa titulada Torre de Luchana y sus pertenecidos, propia de aquel señor, el año de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?w=1200 1200w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1024%2C576 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=768%2C432 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1080%2C608 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10392" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-40/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1200%2C675" data-orig-size="1200,675" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1024%2C576" /></div><p>Referencia a la venta de las torres de Luchana en Barakaldo</p>
<p>// (Fol. 1 rº) Don Francisco Losada y Somoza, como encargado y apoderado del ilustrísimo señor duque de Frias, para la enajenación de bienes vinculados, puso en venta la casa titulada Torre de Luchana y sus pertenecidos, propia de aquel señor, el año de 1821, en virtud del decreto de las Cortes de 1820, que le facultaba para ello, observando todas las formalidades que en él se expresaban, como todo consta por menor en la escritura de venta otorgada a favor de Phelipe de Murga, vecino de la anteiglesia de Baracaldo, en donde radica la expresada finca de Luchana, todo por testimonio de don Tomas Sancho y Prado, escribano del número de la villa de Madrid, por la cantidad de cincuenta y seis mil novecientos treinta y un reales con veintidós maravedís, en dinero metálico que fue entregado en el acto de la venta [&#8230;].</p>
<p>.</p>
<p>Liburuklik</p>
<p>Manuscritos (Parlamento Vasco)</p>
<p>http://www.liburuklik.euskadi.eus/</p>
<p>handle/10771/9098</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La minería del hierro en Bizkaia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Aug 2026 06:46:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Industria]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?resize=300%2C169 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10899" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/el-ayuntamiento-da-licencia-para-abrir-los-nuevos-pabellones-del-museo-de-la-tecnica-de-lutxana/img_3688/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?fit=600%2C338" data-orig-size="600,338" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="IMG_3688" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?fit=600%2C338" /></div>Iniciamos una serie de publicaciones sobre la historia de la siderurgia en el País Vasco. A modo de arranque o introducción, vamos a dedicar esta primera entrega a la más primaria de las actividades vinculadas al hierro: la de su extracción de la tierra antes de ser transformado o, lo que es lo mismo, a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?resize=300%2C169 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10899" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/el-ayuntamiento-da-licencia-para-abrir-los-nuevos-pabellones-del-museo-de-la-tecnica-de-lutxana/img_3688/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?fit=600%2C338" data-orig-size="600,338" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="IMG_3688" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2025/02/IMG_3688.jpg?fit=600%2C338" /></div><p>Iniciamos una serie de publicaciones sobre la historia de la siderurgia en el País Vasco. A modo de arranque o introducción, vamos a dedicar esta primera entrega a la más primaria de las actividades vinculadas al hierro: la de su extracción de la tierra antes de ser transformado o, lo que es lo mismo, a la minería del hierro como tal.</p>
<p>La abundancia de mineral de hierro ha condicionado el desarrollo económico de nuestra tierra desde la Antigüedad hasta el presente. Gracias a esta riqueza mineral han sido posibles, a lo largo de los siglos, las ferrerías, las fábricas de armas, de anclas o de clavos… los altos hornos modernos con sus miles de empleados, la construcción naval a gran escala y muchas otras industrias subsidiarias.</p>
<p>Podemos afirmar, por tanto, que el tejido industrial característico de nuestra tierra ha sido históricamente el resultado de la presencia del hierro en nuestro suelo.</p>
<p>La minería del hierro en el País vasco hasta la Revolución Industrial</p>
<p>Sabrán vuestras mercedes que toda la tierra montuosa de Vizcaya, lo más de ella son mineros de Hierro (…) Las piedras que están encima en la veta son del mas fuerte y rezio hierro,<br />
tanto que llama aquello Azero por su fortaleza</p>
<p>Nicolas Monardes: “Diálogo de las Grandezas del Hierro”. 1575</p>
<p>Las primeras evidencias que nos ha proporcionado la arqueología sobre la extracción y procesado del hierro en la zona atlántica vasca datan de la Segunda Edad del Hierro (siglo V AC). Con la llegada del Imperio Romano, las técnicas y organización de la minería se perfeccionarían. De época romana son también las primeras referencias escritas: Plinio el Viejo, en el siglo primero, nos habla de una montaña toda de hierro junto al Mar Cantábrico, refiriéndose, seguramente, a los montes de Triano, en la zona occidental de Bizkaia. El propio topónimo de Triano parece ser romano.</p>
<p>No existe apenas documentación escrita de época medieval, aunque nuevamente, es la arqueología la disciplina que más información nos aporta. Las excavaciones recientes no dejan de proporcionar datos sobre la extracción de hierro y su transformación, siempre a nivel local, en sencillas haizeolak o ferrerías de monte. Parece ser que los útiles producidos a partir del hierro vasco tenían gran fama incluso a nivel europeo.</p>
<p>Con la generalización de las ferrerías hidráulicas, desde finales de la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XIX, las cantidades de hierro arrancadas a nuestros montes aumentarían, aunque todavía dentro de los límites propios de una economía preindustrial.</p>
<p>La propia abundancia y facilidad de acceso al mineral, por hallarse en la superficie, no hizo necesario el desarrollo de tecnologías complejas. La extracción era manual, a base de picos, cuñas y otras herramientas sencillas con los que se excavaban agujeros o pequeñas galerías. Cuando la labor se complicaba en una localización bastaba con comenzar a excavar en otro lugar. Está documentado el uso del fuego e, incluso, de la pólvora, para ayudar a romper en trozos más pequeños los bloques especialmente duros.</p>
<p>El transporte del mineral hasta las ferrerías se realizaba mediante mulas o carros tirados por bueyes. Una parte se transportaba hasta el litoral, para ser embarcado con destino a otras ferrerías del País Vasco más alejadas, y también de Cantabria, Asturias o Galicia.</p>
<p>La gran explosión de la minería en el siglo XIX&nbsp;</p>
<p>Como hemos visto, todavía hasta bien entrado el siglo XIX las técnicas empleadas para la extracción del mineral y para su transporte eran muy rudimentarias. Otro factor que obstaculizaba un desarrollo a una escala superior era el proteccionismo característico del régimen foral de los territorios vascos, que impedía la exportación del hierro sin elaborar (para favorecer de esta manera a las ferrerías vascas). Una última limitación venía dada por el sistema de propiedad de las minas, que era comunal. Este sistema favoreció un modo de explotación caótico, a muy pequeña escala y con escasas posibilidades de desarrollo tecnológico.</p>
<p>Pero una serie de factores propiciaron, a lo largo del siglo XIX, el gran salto de una economía preindustrial a otra propiamente industrial. La abolición del régimen foral tras las Guerras Carlistas (que ponía fin a las limitaciones a la exportación de mineral de hierro), la privatización de las minas, unidas a una enorme demanda de hierro de calidad por parte de Europa, como consecuencia de la Revolución Industrial (principalmente la inglesa), dispararon la demanda.</p>
<p>Un factor añadido vino a favorecer esta tendencia: la invención del convertidor Bessemer, en 1855, hizo del hierro vizcaíno, por su bajo contenido en sílice, el más adecuado para la transformación y, en consecuencia, el más apreciado del mundo.</p>
<p>Paralelamente, la siderurgia vasca experimentó un enorme desarrollo, lo que impulsó aún más la demanda del mineral. El primero horno alto fue el de la fábrica Santa Ana de Bolueta (1841), seguido de otros en los años siguientes. De la fusión de las fábricas El Carmen, La Vizcaya y La Iberia, surgiría, en 1902, el coloso industrial Altos Hornos de Vizcaya (AHV), buque insignia de la economía vasca y de todo el estado desde su fundación y hasta su cierre en 1996.</p>
<p>Las cifras nos dan una idea precisa de los que supuso aquel despegue. La producción estimada de hierro en Bizkaia se estima en 37.000 Tm para el año 1840. En contraste, para 1877 (una años después de la última Guerra Carlista), la cifra de producción ya asciende a 1.040.000 Tm. El registro más alto de la historia se dio en 1899, con una producción de 6.496.000 Tm.</p>
<p>Este desarrollo se manifestó en una transformación radical a muchos niveles: llegada de capital extranjero, explotaciones de gran tamaño con gran número de trabajadores, etc. Las innovaciones tecnológicas vinculadas al transporte del mineral cambiaron la fisonomía del paisaje incluso: ferrocarriles mineros, tranvías aéreos, funiculares (como el de La Reineta), cargaderos de mineral. El territorio al servicio de la actividad minera. Todavía hoy la imagen que nos ofrece la Ría de Bilbao es el resultado directo de ese pasado no muy lejano.</p>
<p>La principal transformación se dio, sin embargo, en el plano socio laboral. La llegada masiva de inmigrantes procedentes de otras partes de la península obligó a una crecimiento desmesurado y desordenado de las poblaciones existentes e, incluso, a la creación de nuevos pueblos, como La Arboleda, Gallarta o La Reineta. En estos lugares, los recién llegados soportaban unas condiciones penosas, debiendo convivir hacinados en barracones de las empresas mineras o, en el mejor de los casos, en viviendas privadas que, funcionando como posadas, se alquilaban por habitaciones a familias enteras, a las que se les daba comida, cama y, como mucho, el lavado de la ropa. Estas pésimas condiciones higiénico sanitarias favorecieron una enorme mortalidad infantil y, en consecuencia, una corta esperanza de vida general para toda la población minera.</p>
<p>En este contexto, las mujeres complementaban los ingresos familiares de diferentes formas. Era corriente ofrecer sus servicios para lavar o coser y, muy especialmente, para servir en casas pudientes de Bilbao, Portugalete o Las Arenas. En un nivel superior, también era algo habitual que fueran ellas las que ofrecieran hospedaje a los mineros recién llegados. Está constatado, por último, su participación en las labores de la mina, sobre todo en los lavaderos de mineral. Este era un trabajo a priori más duro, aunque con la ventaja de permitirles gozar de una mayor libertad en términos comparativos.</p>
<p>Todas estas nuevas realidades conformaron el lado oscuro de este tiempo de cambios vertiginosos. Unas contradicciones internas que se reflejaron en una creciente conflictividad laboral, germen del surgimiento del movimiento obrero, del Socialismo y de las primeras huelgas generales.</p>
<p>Los años comprendidos entre 1876 (final de la última Guerra Carlista) y 1914 (inicio de la primera Guerra Mundial) fueron la auténtica edad dorada de la minería vasca. A partir de este momento, aunque con altibajos, se inició un lento proceso de agotamiento y declive de la actividad minera. En 1967 dejó de exportarse mineral, centrándose toda la actividad extractiva en las necesidades de AHV. La última mina cerró en 1993, poniéndose así punto y final a una actividad de más de 2000 años de vida en nuestra tierra.</p>
<p>TOMADO DE https://www.insertec.es/blog/la-mineria-del-hierro-en-bizkaia/</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 9: Un puente, una fortaleza y un monasterio centralizan el espacio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Aug 2026 06:06:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>El espacio ocupado por la anteiglesia es un cruce de caminos. No en vano todavía hoy subsiste el topónimo que da vida a uno de sus barrios más populosos y emblemáticos: Cruces. Uno de estos caminos proviene de Bilbao, el otro de la meseta. Ambos con el mismo fin: llegar al mar. Ambos por el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>El espacio ocupado por la anteiglesia es un cruce de caminos. No en vano todavía hoy subsiste el topónimo que da vida a uno de sus barrios más populosos y emblemáticos: Cruces. Uno de estos caminos proviene de Bilbao, el otro de la meseta. Ambos con el mismo fin: llegar al mar. Ambos por el mismo medio: las aguas fluviales del Nervión o del Cadagua.</p>
<p>Atravesar los ríos, proteger el tránsito, aprovechar los recursos serán algunas de las preocupaciones de quienes habiten la bien llamada “mesopotamia encartada”. Centramos este recorrido en el enigmático “puente del diablo”, la singular “fortaleza de Lutxana” y el poderoso “monasterio de Burtzeña”.</p>
<p>El primero se yergue aún airoso, la segunda apenas queda litografiada, del monasterio podemos ver algunos lienzos y restos que nos muestran su importancia.</p>
<p><strong>1.- Un puente enigmático: el Puente de Castrejana</strong></p>
<p>Esta obra de ingeniería aparece ya citada en documentos del siglo XIV. Era un elemento fundamental del Camino Real que utilizaban los mulateros para poder atravesar el río Cadagua y un enlace importante para permitir a los peregrinos del Camino de Santiago continuar andando (desde Bilbao) hacia la tumba del apóstol<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Porque el valle del Cadagua es desde siempre ruta de tránsito jacobeo, y&nbsp;los peregrinos irlandeses y británicos que llegaban a Bilbao y Portugalete en barco lo atravesaban para alcanzar el denominado “Camino Francés” en Burgos. El puente de Castrejana es un puente gótico, con un solo arco de medio punto. Las leyendas de la zona sostienen que lo construyó el diablo, de ahí su denominación popular<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Aunque no se conoce la fecha exacta de su construcción, parece ser que se trata de una fabricación de finales del siglo XIV o principios del XV, realizada por el maestro Pedro Ortiz de Lekeitio. Comenzó su obra el día 9 de junio del año 1435, sobre el río Cadagua y la finalizó el día 2 de mayo de 1436. Es decir: en tan sólo 326 días quedó útil para el pasaje el bonito y sencillo puente de sillares de piedra formando un solo arco de medio punto.</p>
<p>Jugó un papel muy importante hasta el siglo XIX<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> al formar parte del camino real que unía Bilbao y Castilla, a través de Balmaseda y el Valle de Mena. Los comerciantes o peregrinos podían utilizar el camino Bilbao-Valmaseda en cuyo caso no precisaban utilizar el puente. Sí era imprescindible si el viandante provenía de Cantabria o Portugalete. En este caso el camino hacía el siguiente recorrido: Musquiz, Abanto, Portugalete (donde había hospital, lugar para el descanso…), Salcedillo, Ugarte, Cruces (siguiendo el río Castaños sin entrar en San Vicente), Burtzeña, Zubileta y Puente del Diablo. También es posible que desde Cruces subiesen a Santa Águeda para descender, posteriormente, hasta el Puente del Diablo<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</p>
<p><strong>2.- Una fortaleza única: las Torres de Lutxana</strong><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></p>
<p>Iniciaremos el recorrido remarcando la estratégica disposición de Lutxana, en la confluencia de los ríos Cadagua y Nervión, dos cursos fluviales sobre los que discurría buena parte del comercio terrestre y fluvial-marítimo vizcaíno -sobre todo desde la fundación de Bilbao en 1300-. Por otro lado, el lugar era uno de los puntos más estrechos del cauce del Nervión, con lo que desde la torre era fácil controlar el tránsito de cualquier tipo de embarcación.&nbsp; Es, por ello, que cerca de las torres, en Tapia, se situaba el primer «pasage» o lugar por donde se podía cruzar la ría en un bote trasbordador. Como cabría esperar, este «pasage de Tapia» era propiedad de los señores de las torres de Luchana. Como contrapartida a esta excelente posición, la fortaleza se hallaba expuesta a las avenidas, a los embates de la mar y a los vientos dominantes en la zona, lo que obligó a realizar periódicas labores de mantenimiento, cuando no verdaderas reconstrucciones.</p>
<p>Dejando de lado las atribuciones mitológicas o tradicionales acerca de su fundación<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, lo cierto es que la primera mención fidedigna de la existencia de las torres es de 1384. En el documento fundacional del convento de Santa María de Burceña, Fernán Pérez de Ayala se refiere a «las mis torres de Luchana», cuyo alcaide era Juan Cruz de Burceña<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Por determinadas referencias pudieron alzarse entre 1349 y 1384<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> aunque pronto (1385) debieron hacerse determinadas reformas habida cuenta de la ubicación de las mismas<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</p>
<p><strong><u>Descripción de las Torres</u></strong></p>
<p>Contamos con tres descripciones parciales de las torres de Luchana, que corresponden a las condiciones de las obras de restauración redactadas en 1604, al apeo de las posesiones de los Velasco realizado en 1621 y al peritaje de los daños causados por una avenida en 1752. Pero sobre todo tenemos un testimonio gráfico de gran valor: la Vista de Luchana dibujada por Luis Paret y Alcázar en<strong> 1785</strong>.</p>
<p>Estos documentos nos presentan un verdadero castillo, con un desarrollo muy superior al habi­tual en las torres fuertes vizcaínas. Su núcleo era una voluminosa torre. El piso bajo, que resulta invisible en el dibujo, serviría de bodega. El primero sería el nivel residencial, muy elevado, del que solo pueden apreciarse unos luceros altos que servirían para iluminar la parte superior de la estancia. Inmediatamente por encima de éstos una amplia ventana geminada (¿adintelada?) correspondería al segundo piso, posiblemente un amplio salón. Finalmente, varios vanos adintelados delatan la existencia de un camarote, bastante inusual en este tipo de construcciones. Se cubría todo mediante un tejado piramidal.</p>
<p>Esta torre estaba rodeada por una muralla «con sus dos barbacanas del lado del mediodía, y su fosa a puente levadizo por el dicho lado, que es por el lado principal donde entran a la dicha fortaleza por tierra». Además de estas «barbacanas», tal vez dos torres semicirculares flanqueando el puente, existía otro acceso al castillo: un portillo con «su escala, y su embarcadero por la parte de la mar, con su puerta a escudo de armas en un cubo que está sobre la dicha escala». Es decir, una poterna hacia la ría, defendida posiblemente por una ladronera muy desarrollada o por una torrecilla, ya que estaba dotada de ventanas y almenado.</p>
<p>Pero el elemento más original de esta fortaleza era la segunda torre, a la que sin duda se debe el plural que casi siempre incluye el nombre del conjunto: una torre albarrana (separada del resto del castillo), aunque por lo que se aprecia en el dibujo de Paret no era totalmente exenta, ya que se adosaba al muro exterior al lado de la poterna. De volumen muy vertical, con tres alturas en corres­pondencia con las de la torre principal y un remate en matacán almenado y cubierto a cuatro aguas. Pueden verse sendas ventanas abiertas en los pisos primero y segundo -el bajo parece hermético-, y sabemos que contaba con otras «dos ventanas principales» hacia la ría. El acceso a esta torre se realizaba a través de un «pasadizo» sostenido por un arco escarzano.</p>
<p>La reforma de 1604<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a> no supuso muchos cambios en este peculiar conjunto, centrándose en la albarrana y la poterna. La torre se recalzó en dos de sus fachadas hasta la altura de 20 pies (+- 5,<em>57 </em>metros), se repararon algunas «quiebras», se añadieron dos arcos ciegos de descarga en el lado de la ría y se desmontó y reinstaló el almacenaje. Las condiciones especificaban que cada piedra de las de la primera hilada de los nuevos cimientos había de tener «dos pies y medio (+-0,75) de lecho o más, e de cinco en cinco pies (+-1,50) sus tizones suficientes que tengan a tres pies y medio (+-1) de largo y el ancho necesario».</p>
<p>La escalera y su defensa fueron también desmantelados y repuestos, exigiéndose que aquella tuviera «<em>el mismo círculo (¿era redonda?) y planta que agora tiene</em>», y que las piezas de sus primeras gradas tuvieran un mínimo de una vara (+-0,83) de largo.</p>
<p>Toda la obra tenía que ser realizada con sillería, pero en concreto la aplicada en los 12 pies (+-3,65) inferiores del recalce «<em>ha de ser piedra de los términos de Ganguren o Galdácano, que es piedra recia e no gastadiza, y no ha de tener salitre ni otra calidad gastadiza para el agua, sol e aire</em>». Es decir, se exigía el uso de piedra caliza de la sierra de Ganguren, situada a unos 12 kilómetros de Luchana, que al parecer resultaba la más resistente a los embates de los agentes erosivos. Mucho más importante debió de ser la reforma del interior del edificio: si la cantería se remató en 9.900 reales, la carpintería alcanzó los 16.280. Según Delmas, que no transcribe las condiciones de esta parte de la obra pese a considerarlas de mayor importancia que las de la cantería, se estipula­ba «<em>la elaboración de hermosas entablaciones de madera de castaño bien seco, para el suelo del salón y cuartos destinados a S.E., las de aforro para las paredes, algunas vigas de los techos artesonados para suplir a las viejas y dañadas por la carcoma; una puerta de roble enchapada y sujeta con barras de hierro y otras obras de mayor coste en la escalera principal</em>».</p>
<p>Parece, por tanto, que se trató de dotar a la fortaleza de ciertas comodidades -incluso se forraron de madera algunas paredes-, pero con una información tan escueta nos es imposible concretar nada, excepto el hecho de que la estructura interior era lígnea, como era usual en todas las construcciones del momento. Con posterioridad, las torres de Luchana no debieron de sufrir grandes transformaciones hasta llegado el siglo XIX. La única obra importante que conocemos, la de <strong>1752</strong>, fue en realidad una recuperación mimética de la parte derruida por una avenida, aunque engrosando ligeramente la cimentación.</p>
<p><strong><u>Últimos avatares</u></strong></p>
<p>Poco después, en <strong>1778,</strong> eran descritas como «<em>un castillejo llamado el fuerte de Luchana, que antes pertenecía a la casa de los Marqueses de Solana, los que por un descuido han privado a su casa de este privilegio o posesión (?</em>)».</p>
<p>Las torres fueron incendiadas durante la Guerra de la Independencia, tras la que fueron abandonadas. Con la promulgación de la ley de vinculaciones de 1820 los Velasco decidieron venderlas: las adquirió por 56.931 reales y 2 maravedíes un vecino de Barakaldo, Felipe de Murga, que las convirtió en una explotación agropecuaria. En 1821 fueron utilizadas como cuartel, lo mismo que en 1836, durante la Primera Guerra Carlista, fecha en la que sufrieron también los efectos de la batalla de Luchana, que hicieron desaparecer definitivamente la torre albarrana.</p>
<p>Finalmente, en 1871 los restos de las torres de Luchana fueron adquiridos por la Compañía minera <em>Luchana Mining, </em>que las derribó para instalar en aquel asentamiento un cargadero de mineral.</p>
<p>De esta forma desaparecía una fortaleza que por su tipología y por algunos de sus elementos formales, como las «barbacanas» y, sobre todo, la torre albarrana, era único en Bizkaia. Pero además este edificio presentaba otra característica bastante excepcional en el Señorío: no era una torre residencial, sino un castillo de guarnición destinado a proteger/dominar un pequeño señorío -con su alcaide-merino, cárcel&#8230;- y quizás a servir de base a ciertas actividades comerciales.</p>
<p>De hecho, las torres de Luchana nunca tuvieron nada que ver con las guerras de bandos, excepción hecha de la agitación que motivó su construcción, lo que nos lleva a pensar que su guarnición se hallaba al margen de estas luchas. Las tierras bajo su control estaban sometidas a un régimen jurídico y econó­mico perfectamente definido y cerrado, que no admitía la intromisión de alguien ajeno a ellas, como eran los banderizos. Así, y al margen de la violencia que les rodeaba, los ocupantes de las torres de Luchana se limitaban a controlar el señorío de los Ayala -luego los Velasco- en Barakaldo.</p>
<p><strong>3.- Un monasterio poderoso: los Mercedarios de Burtzeña</strong></p>
<p>La instalación de monasterios (alejados de la ciudad) y conventos (en las inmediaciones urbanas) ha conllevado posibilidades económicas para su subsistencia y cumplir con su Misión. Las distintas órdenes monasteriales o conventuales procuraban, en los “contratos” fundacionales, asegurarse ambas cosas tanto de bienes materiales (propiedades) como de privilegios (exclusividades para comerciar, exención de impuestos…).&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La orden de la Merced, impulsada por Pedro Nolasco en el primer tercio del siglo XIII, había nacido como una asociación asistencial, que finalmente adoptó la estructura y modo de vida de las órdenes religiosas. Su peculiaridad residía en que a los tres votos característicos de las órdenes religiosas (pobreza, castidad y obediencia) se añadía otro: liberar a los cristianos cautivos en tierras musulmanas, quedando los mercedarios en calidad de rehenes, si la situación lo requiriese. La colecta de limosnas para poder llevar a cabo esta empresa se convirtió así en una de las prácticas cotidianas de los frailes<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</p>
<p>Obviamente la recogida de limosnas (de forma legalizada) no se podía hacer en cualquier lugar sino en las proximidades de las ciudades o en espacios de tránsito comercial. Como ya hemos indicado respecto a las “torres de Luchana” en este entorno se daban estas circunstancias mínimas para un establecimiento de estas características<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Bien es verdad que, en múltiples ocasiones, los intereses religiosos se mezclaban con los políticos y económicos. Es evidente, por ello, que este establecimiento nos habla de un gran desarrollo de la anteiglesia. El documento fundacional (que reproducimos íntegramente) del Monasterio Mercedario de Burceña<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a> recoge todos estos requisitos<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</p>
<p><em>“Sepan quantos esta carta et donación no rebocable et perpetua para siempre jamas vieren et leieren como yo el conde Fernan Perez de Ayala et en nombre de Pero Lopez mi fijo legitimo et heredero de mi estado fago esta perpetua donación para en todo el tiempo del mundo a bos el devoto religioso el licenciado frai Lorenzo de Monterrei de la orden de Santa María de la Merced et comendador del nuestro monesterio et iglesia<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><strong>[15]</strong></a> que yo obe fecho et edificado en el lugar de <strong><u>Burceña, pueblo de Baracaldo</u></strong>, de las Encartaciones del Señorío de Vizcaya, por la gran voluntad et devoción que yo he a la dicha orden de Santa Maria por las muchas et buenas obras pias en que los frailes della se emplean rescatando et sacando de poder de moros e cautiverio a los cristianos que ende estan en gran laceria et&nbsp; peligro de perder la fee santa, pasando como pasan grandes peligros et trabajos por mares et tierras por los librar et rescatar gastando de sus algos et haberes et ende sacando los cristianos cautivos de esta tierra, provincia et montañas que mas continuo son cautivos por ser mareantes por los mares. </em></p>
<p><em>Por ende acatando lo suso dicho et para que mejor se puedan emplear en la tan santa obra et se animen los otros buenos cristianos a dar a esta orden para lo suso dicho, os dono et do por mi et mis subcesores del mi estado, en nombre de toda la orden, la mi Iglesia que yo obe fecho et edificado para mi devocion intitulada santa Maria de Burceña, ribera del brazo de mar et rio caudal <strong>Cadaguas </strong>llamado, que viene et pasa por la villa de Valmaseda et pasa por las <strong>mis torres de Luchana</strong> a la mar fasta el puerto de la villa de Portugalete, por las muchas mercedes et beneficios que la Virgen Maria siempre me ha fecho et me face, para que lo haiades et gocedes para siempre et sirvades a la Virgen Maria con todos los privillegios et perdonanzas que yo tengo ganadas de los santos papas Apostolicos et de los venerables obispos de Calaorra et la Calzada para todos los que ende se enterraron et hí ende estobieren a oir los santos oficios en pro de las animas de los fieles cristianos.</em></p>
<p><em>Ansi mismo os dono para en que moredes et bibades bos et los frailes presentes et foturos la mi torre e casa que yo fice et he acerca de la Eglesia con todas sus guertas e tierras et antezanas, bagos&nbsp; et por plantar, dende la casa de Sancho Perez de Tapia fasta la casa de Juan Vrtiz de Burceña mi merino et alcalde de las mis torres de Luchana et Cadahalso et sus tierras et montes et pasaje de Tapia et otros bienes et casas foreras que yo he et tengo en la dicha tierra et valles del dicho pueblo et en sus comarcas et sus terminos et asi mismo halados por buestro propio suelo et tierra para os sustentar et aprovechar et plantar et sembrar et criar todo el suelo et tierra que esta dende el esquinal de la casa et guerta de Pedro Urtiz de Unsaa mi mayordomo, fasta la mar, derecho abajo por el camino real que viene de Balmaseda a Portogalete fasta el regato encañado nombrado de Mespele­rreca derecho abajo fasta la mar salada et río suso declarado que para por delante de la mi eglesia de Santa Maria de Burceña, et las mis torres de Luchana, con todos sus pastos, herbages, tierras bagas, labradas e por labrar; aguas corrientes et estancos, et dehesas et suelos plantados et por plantar con lo demas de ello annejado et a mi tocante en la dicha tierra os dono dende la foxa del monte fasta abajo la piedra del rio, para que la haiades et gocedes para siempre para el dicho monesterio et sacar cautibos et para que fagades otros santos sacrificios, et por que roguedes a Dios por mi alma et de mis señores padre et madre que Dios haia, et por el alma de Sancho Perez de Ayala mi hermano que esta ende enterrado en la dicha eglesia con otros de mi casa e linaje; et otrosí os do ende luego los mis paramentos et almalafas et aljubas, et raciles et tapettes para la dicha eglesia et servicios de Dios et todo el algo que ende mas haia en la dicha mi casa para buestro servicio, para que lo haiades et tengades et poseíades quietamente, et fago esta presente carta de donacion por las razones susodichas, con todas las mejoras, vínculos et fuerzas que al presente se pueden facer et por tiempo futuro facer podrian para que ninguno, nín algunos (del mi estado, casa linaje e descendencia, ni otros algunos quier que sean os lo perturben ni quiten; mas antes si alguno o algunos) os contrabinieren o contrallaren a esta mi voluntad et donación que ansi yo bos fago nuestro Señor Jesu­cristo et la Virgen Santa Maria sean&nbsp; buestros defensores de todo daño, traicion et alebosia et de malos acometimientos de alos homes de sin temor de Dios nuestro Señor et de justicia del mundo, sino que siempre os sean como yo al presente lo soi los míos subce­sores&nbsp; en buestra defensa y quien lo contrario a esta mi donacion ficiere la maldicion de Dios omnipotente e de Santa Maria su madre et la mía venga sobre el.</em></p>
<p><em>Fue fecha esta donacion en el lugar de Burceña, dentro de la casa et torre a cuatro días de mayo del año del nacimiento del nuestro Salvador Jesucristo de mil doscientos e ochenta e cuatro años: a lo qual fueron et se hallaron presentes por testigos de la dicha donación con el dicho señor conde Fernan Perez de Ayala et su fijo Pero Lopez et ante mi el escribano Sancho de Tapia, Ochoa de Burceña et Joan de Nesana et otros vecinos de dicho pueblo et firmo el dicho señor conde et su fijo Pero Lopez-Fernan Perez- Pero Lopez. E fízelo escribir e notar por mandato de dicho señor Conde, Juan Urtiz de Unsaa escribano. Et yo Juan Urtiz de Unsaa, escribano del rey nuestro señor fui notario suyo (e de la merindad e junta de Ayala) presente fui a todo lo que de suso dicho es en esta donacion perpetua juntamente con el señor conde Fernan Perez et su fijo Pero Lopez et testigos de esta donación por­petua e por mandado de dicho señor conde la fiz escribir et notar a ruego de dicho frai Lorenzo de Monterrei de la dicha orden de la Merced: et por ende en testimonio de lo suso dicho fize aqui este mio signo acostumbrado que es atal. -En testimonio de ver­dad. Juan Urtiz de Unsaa”.</em></p>
<p>De este precioso Documento reseñamos algunos datos poco controvertidos: el nombre de los fundadores <em>(“Fernán Pérez de Ayala y su hijo Pero Lopez”</em>), el lugar donde se hace la donación (“<em>Burceña dentro de la casa torre</em>”), el receptor de la misma (“<em>frai Lorenzo de Monterrei de la orden a la Merced</em>”), los testigos presentes (“<em>el escribano Sancho de Tapia, Ochoa de Burceña et Joan de Nesana et otros vecinos de dicho pueblo”), </em>objeto de la donación (“<em>monesterio et iglesia que yo obe fecho et edificado en el lugar de Burceña, pueblo de Baracaldo, de las Encartaciones del Señorío de Vizcaya”), </em>motivo por el que se hace la donación (“<em>por la gran voluntad et devoción que yo he a la dicha orden de Santa Maria por las muchas et buenas obras pias en que los frailes della se emplean rescatando et sacando de poder de moros e cautiverio a los cristianos que ende estan en gran laceria et&nbsp; peligro de perder la fee santa, pasando como pasan grandes peligros et trabajos por mares et tierras por los librar et rescatar gastando de sus algos et haberes et ende sacando los cristianos cautivos de esta tierra, provincia et montañas que mas continuo son cautivos por ser mareantes por los mares”) </em>y, por último, lo que parece más importante: los medios de subsistencia que, por lo visto, no son pocos (“<em>os dono et do… la mi Iglesia … intitulada santa Maria de Burceña … con todos los privillegios et perdonanzas que yo tengo ganadas de los santos papas Apostolicos et de los venerables obispos de Calaorra et la Calzada… Ansi mismo os dono…&nbsp; la mi torre e casa que yo fice et he acerca de la Eglesia con todas sus guertas e tierras et antezanas, bagos&nbsp; et por plantar, dende la casa de Sancho Perez de Tapia fasta la casa de Juan Vrtiz de Burceña mi merino et alcalde de las mis torres de Luchana et Cadahalso et sus tierras et montes et pasaje de Tapia et otros bienes et casas foreras que yo he et tengo en la dicha tierra et valles del dicho pueblo et en sus comarcas et sus terminos et asi mismo halados por buestro propio suelo et tierra para os sustentar et aprovechar et plantar et sembrar et criar todo el suelo et tierra que esta dende el esquinal de la casa et guerta de Pedro Urtiz de Unsaa mi mayordomo, fasta la mar, derecho abajo por el camino real que viene de Balmaseda a Portogalete fasta el regato encañado nombrado de Mespele­rreca derecho abajo fasta la mar salada et río suso declarado que para por delante de la mi eglesia de Santa Maria de Burceña, et las mis torres de Luchana, con todos sus pastos, herbages, tierras bagas, labradas e por labrar; aguas corrientes et estancos, et dehesas et suelos plantados et por plantar con lo demas de ello annejado et a mi tocante en la dicha tierra os dono dende la foxa del monte fasta abajo la piedra del rio, para que la haiades et gocedes para siempre para el dicho monesterio et sacar cautibos et para que fagades otros santos sacrificios, et por que roguedes a Dios por mi alma et de mis señores padre et madre que Dios haia, et por el alma de Sancho Perez de Ayala mi hermano que esta ende enterrado en la dicha eglesia con otros de mi casa e linaje; et otrosí os do ende luego los mis paramentos et almalafas et aljubas, et raciles et tapettes para la dicha eglesia et servicios de Dios et todo el algo que ende mas haia en la dicha mi casa para buestro servicio, para que lo haiades et tengades et poseíades quietamente”.</em></p>
<p>Queda, sin embargo, por dilucidar un dato: la fecha de la concesión. En el texto que hemos transcrito se afirma que fue “<em>a cuatro días de mayo del año del nacimiento del nuestro Salvador Jesucristo de mil doscientos e ochenta e cuatro años”. </em>Mañaricua afirma al respecto que la fecha (repetida en textos posteriores) está equivocada<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a> retrasando en un siglo la misma. Por tanto, la donación sería de 1384. A partir del mismo se ha dado por buena la presencia mercedaria en Bizkaia desde este año. Así lo hacen Maite Ibáñez (1994) en <em>Monografía de Barakaldo</em>, Pedromari Ojanguren Iralakoa (1998) en<em> Mercedarias de Orozko: Historia del convento “Jesús María” de Ibarra</em> y, más recientemente, el que fuera párroco de la <em>Natividad de Nuestra Señora</em>, Javier Echevarren Villate (2007), que reproduce íntegro el artículo de Mañaricúa en “<em>Burtzeña-Barakaldo: ayer y hoy”</em> sin comentario alguno. Sin embargo, Ana Palacio y Pedro Simón rechazan la fecha del documento, cuestionan esta última datación y la retrasan hasta el verano de 1432 tanto por la personalidad de los donantes como por determinadas referencias a las torres de Luchana (construidas en los años 30 del siglo XV) y otros varios argumentos.</p>
<p>Añadiremos, por nuestra parte, un nuevo interrogante: se afirma en el Documento de Donación: <em>“en el lugar de Burceña, pueblo de Baracaldo, de las Encartaciones del Señorío de Vizcaya”. </em>Esta afirmación, salvo que sea una interpolación posterior o copia de documentación anterior, nos lleva a 1366 (14 de abril) fecha en la que Barakaldo deja de pertenecer a las Encartaciones y pasa a la jurisdicción Bizkaina. Si es así, no podemos admitir que las fechas aducidas por Mañaricua (1384) o por Palacio-Simón (1432) sean correctas. ¡Ahí dejamos el asunto!</p>
<p>Por la propia Misión del Monasterio (redención de cautivos) no abundaban este tipo de fundaciones y, en todo caso, tenían claramente definidos los entornos en los que podían recoger las limosnas necesarias para llevar a cabo los intercambios. Por ello, no eran desconocidos los problemas entre los propios monasterios. Afirma Mañaricua que ya en el primer siglo de vida del nuevo monasterio tuvieron serias disputas con las casas de Pamplona y Logroño<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</p>
<p>Pero la cuestión no terminó. Años después el obispo de Tuy y mercedario, Fray Diego de Muros, dicta sentencia arbitral sobre los límites de los conventos de Burceña, Estella y Logroño; dicha sen­tencia es confirmada por el capítulo general de Gerona en 1481 y se le ordena al comendador de Logroño que respete los derechos aje­nos. Resuelto este problema, el convento de Burceña puede cre­cer y fortificarse como, en efecto, lo hace a lo largo del siglo XVI. La vida del monasterio tuvo un desarrollo espectacular<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. Sin embargo, sus problemas comenzaron en los inicios del siglo XIX. Con motivo de las guerras y de la ocupación francesa en torno a los años 1808-9 el convento fue ocupado judicialmente con el pretexto de realizar un <em>“inventario y conocimiento” </em>lo cual conllevó la pérdida de gran parte de su Biblioteca y Documentación.&nbsp; Este hecho se constata fehacientemente en un oficio fechado en abril de 1824, redactado por el comendador fray José de Larraondo, en el que dejaba constancia de las causas de la pérdida; decía que <em>“con motivo de la guerra pasada de los franceses se la extraviaron a dicha comunidad todos los papeles y escrituras de sus pertenencias”</em>, y <em>“además entregó al gobierno rebolucionario por causa de la supresión de dicho convento los pocos papeles que tenía”<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><strong>[19]</strong></a>.</em></p>
<p>El asunto se agravó con los inicios de las revoluciones liberales. Los mercedarios consiguieron sortear la orden dada en 7 de marzo de 1820, que mandaba la clausura y extinción de su convento y la ocupación de sus propiedades, gracias a la oposición del pueblo<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a> y a las instancias llevadas a cabo ante la regencia del reino por fray Eugenio Castiñaras quien consiguió que se reintegrasen a los frailes de la Merced todos sus bienes.</p>
<p>Sin embargo, pocos años más tarde, durante el desarrollo de la contienda carlista, algunos monasterios fueron utilizados como puestos fortificados, lo que supuso que se ordenase la extinción de todos los que se hallasen en descampado, es decir, fuera de núcleos urbanos (R. Orden del 31 de Octubre de 1934). En esta ocasión no hubo vuelta atrás y en noviembre del año 1834 Burtzeña fue clausurado y cerrado, cuando contaba con 20 miembros, siendo su superior fray Pedro de Abaitua<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</p>
<p>En este Monasterio se formaron, entre otros, Fray Martín de Samundi (jurista), Fray Pedro de Salazar (catedrático de hebreo en Salamanca y Cardenal), Fray Domingo de Zabala (catedrático de Alcalá), los historiadores Fray Martín de Coscojales y Fray Miguel de Alonsótegui y el mártir Fray Juan de Zorroza.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>Entre las anteiglesias de Abando y Barakaldo existió un puente de piedra que se cayó a finales del siglo XVIII. Por ello, en 1824, se firma un convenio para la construcción de un nuevo puente en madera, colgado de maderas. (Libro IV del Monasterio de Burceña). &nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Recogemos la escrita por Antonio Trueba. “Cuentan que en un adusto caserón junto a la orilla del río ­vivía una hermosa y sencilla joven, amante y creyente, siendo querida y admirada por todo el vecindario del lugar barakaldés de Santa Águeda.</p>
<p>En el lado opuesto del río, residía un apuesto y sencillo muchacho del que se prendó la bella barakaldesa. Eran frecuentes las visitas que se hacían, siendo preciso para ello vadear el río de piedra en piedra, poniendo en peligro la integridad de los amantes, y más aún en las épocas de grandes avenidas. La bella barakaldesa tenía la buena y piadosa costumbre de subir todas las mañanas junto a la ermita y desde allí, dirigía su mirada al Santuario de Begoña, a la vez que de sus labios salía un susurro de plegaria destinada a la Virgen de Artagan. El noviazgo se formalizó, pero la edad no era la apropiada para la celebración del matrimonio y debían esperar tal y como era el deseo de sus progenitores. Por ellos no hubiera habido problemas persona les, pero sí económicos, tema éste que debían solucionar los padres de los jóvenes enamorados. Más tarde las malas lenguas sembraron la cizaña, y la envidia hizo acto de presencia poniendo en entre dicho a la joven de Santa Águe­da. Celos que calaron en el corazón del mozo de Castrejana que herido en su orgullo, dudó de ser correspondido por su amada y sí en­gañado.</p>
<p>El guapo aldeano de Castrejana, triste y desesperado no lograba poner en orden su cerebro y daba vueltas y revueltas a todas aquellas dudas que manchaban la pureza de su novia. Ante todo este desorden moral decidió ausentarse y cuanto más lejos mejor, por ello decidió ir sin tardanza a combatir a la guerra, alistándose en las filas cristianas para así olvidar a su infiel amor.</p>
<p>Enterada la guapa barakaldesa de todo cuanto estaba ocurriendo, así como de la marcha de su novio a la guerra, salió corriendo de la casa de sus padres al atardecer. Pese a que la gran tormenta de agua y granizo que caía no fue obstáculo para ir en busca de su amado, el río bajaba muy crecido y no le fue posible vadearlo. Entre sollozos se arrodilló en el suelo sin darse cuenta de que su vida peligraba por la gran riada. Fue en ese momento cuando en la noche se hizo un claro que alumbró la silueta de un hombre misterioso de afilada barba y fino bigote, a la vez que susurraba: «Antes de que el gallo cante esta madrugada, puedo construir un puente a cambio de tu alma». Era tanto el amor de la muchacha que no dudó en comprometer su palabra. Pero al ver que el puente se hacía realidad dudó de que la persona no era otra que el mismo Diablo. De sus temblorosos labios salió una plegaria para su amatxu de Begoña y, he aquí que, apenas terminada la oración, apareció un nuevo personaje con abun­dante y blanca barba, del que se dijo era San José. Con gran destreza -el Santo Varón- movió la vara para evitar que se colocara la últi­ma piedra que formaba el ojo del puente.</p>
<p>A falta de esa postrera piedra, el gallo empezó a cantar ¡Era el alba! En vista de la impotencia, el Diablo salió corriendo entre maldi­ciones, mientras que el Santo retiraba su vara y, la última piedra quedó encajada, con lo que el puente quedó terminado.</p>
<p>Desde ambas orillas, Maruja en Santa Águeda y Martín en Castre­jana, vieron como el pequeño desfiladero se unía por medio del dese­ado puente y tras una breve vacilación corrieron para abrazarse preci­samente allí donde San José trabó la vara de avellano. La alegría fue inmensa y dicen que se juraron amor eterno junto a la ermita de Santa Águeda, mientras que sus miradas se perdían mirando a lo alto de Artagan, dando gracias a la Virgen de Begoña. Dicen que se casaron y fueron muy felices”[2].</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Construcción en Burtzeña de sendos puentes para carretera y ferrocarril aunque ya en este lugar existió un antiguo “puente colgante” (más bien, una pasarela).</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> De hecho aún hoy en día se conserva un tramo de la calzada que unía Santa Águeda con el puente.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> El texto es una síntesis del trabajo de Juan González Cembellín en “Lutxana”. Juan DELMAS tiene un excelente trabajo titulado “Las Torres de Luchana, desde su fundación hasta su ruina” publicado en Euskal-Herria, Revista Vascongada, pp.54-58; 90-93; 140-143; 174-178; 212-217; 234-239; 269-272 y 302-305.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Delmas las lleva hasta el siglo XI y las atribuye al mítico conde don Vela. Este autor asegura además que «poseemos documentos anteriores al siglo XIII que a ellas se refieren», aunque no especifica de qué documentos se trata. Señala también -en esta ocasión basándose en una incierta tradición oral- que desde las torres se cobraban impuestos a los barcos que subían al puerto de Bilbao cargados de aceite de ballena, y que para evitar evasiones los alcaides de la fortaleza tendían una cadena entre ambas orillas del Nervión.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> “<em>Por ende acatando lo suso dicho et para que mejor se puedan emplear en la tan santa obra et se animen los otros buenos cristianos a dar a esta orden para lo suso dicho, os dono et do por mi et mis subcesores del mi estado, en nombre de toda la orden, la mi Iglesia que yo obe fecho et edificado para mi devocion intitulada santa Maria de Burceña, ribera del brazo de mar et rio caudal <strong>Cadaguas </strong>llamado, que viene et pasa por la villa de Valmaseda et pasa por las <strong>mis torres de Luchana</strong> a la mar fasta el puerto de la villa de Portugalete…” Tomado de Andrés Mañaricúa “El Convento Mercedario de Burceña</em>”.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Señalan Ana Álvarez y Pedro Simón que “Las verdaderas torres de Luchana se erigieron en torno a los años treinta del siglo XV por el hijo del canciller -el segundo Fernan Pérez de Ayala-, como recordaban en 1500 varios testigos, entre ellos la sexagenaria nieta del primer alcaide, Juan Urtiz de Unsana, y Sancho Martínez de Ulibarri: “Que al tiempo que el dicho Fernán Pérez labraba las dichas torres de Luchana que la mujer de dicho Fernán Pérez se quejaba mucho con el dicho Fernán Pérez porque enviaba muchos haberes de dineros a gastar en el dicho valle de Baracaldo, diciéndole que para dónde llevaba o enviaba tanto dinero. E que el dicho Fernán Pérez decía que llévolo a gastar en cosa que habréis placer desque (sic) la veáis e que hayáis.”</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>«labro su muger (Leonor) la casa fuerte de Baracaldo, e estorvandolo algunos vizcaynos, seña­ladamente el solar de Butron e de Muxica, vinieron en aiuda de Doña Leonor los de Avendaño e todos los de Gamboa».</em></p>
<p><em>&nbsp;</em><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Juan DELMAS “Las Torres de Luchana, desde su fundación hasta su ruina” publicado en Euskal-Herria, Revista Vascongada</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> www.monasteriodelolivar.com</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> En este mismo siglo XIV comienzan a proliferar los “beateríos” (instituciones semi-religiosas configuradas como pequeñas comunidades femeninas que, residentes en alguna casa particular, se dedican a las prácticas de devoción y piedad, contemplación y mortificación, tendiendo, si su aparición no los condiciona desde sus mismos orígenes, a vincularse a alguna de las casas de las Órdenes conventuales, en especial, franciscanos y dominicos. En 1443 se citan, como beateríos de la Provincia franciscana de Cantabria, entre otros, los existentes <em>in dominio oppidorum Bilbao, Uribe, Bermeo, Durango</em>, suponiendo Labayru (III, p.116) que el segundo (Uribe) pudiera ser el instalado en Barakaldo. José Ángel GARCÍA de CORTÁZAR y Cía: “Bizkaia en la Edad Media” III, pp. 135-136.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Un buen artículo es el escrito por Daniel CASTILLO y publicado en ARBELA 2001, pp.34-50.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Tomado de Mañaricua “El Monasterio mercedario de Burceña”. El mismo autor nos indica las diferentes versiones del mismo: En el archivo de los Duques de Alba existió este documento, según testimonio del Marqués de Lozoya ¿Era original o copia autorizada o simple? Lozoya, que en otros casos de copias advierte, nada dice. Copia simple, varios siglos posterior, se conserva en el Ar­chivo de la Corona de Aragón (Barcelona), entre otros papeles procedentes del archivo antiguo de los mercedarios de Barcelona. Lo publicó Fray FRANCISCO DE LEDESMA en su <em>Historia breve de la fundación del convento de la Purissima Concepcion de María Santissima, llamado comúnmente de Alarcon y del convento de San Fernando, de Religiosas del Real Orden de Nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos. </em>Lo transcribió JUAN RAMON DE TURRIZA ZABALA en <em>su Historia General de Vizcaya. </em>De los varios manuscritos que per­sonalmente hizo, aparece en los dos que se han publicado con los apéndices documentales, a saber, el de 1875 y el de 1793. Es de notar que mientras en el primero aparece añadido al final -quizás porque hizo la copia después de transcrita parte de la obra-, en el segundo aparece ya en el orden correspondiente. Itu­rriza conoció la obra del Padre Ledesma, al menos la menciona. Nuevamente lo transcribe y publica JUAN E. DELMAS en su interesante estudio sobre Las <em>torres de Luchana desde su funda­ción hasta su ruina.</em> LABAYRU reproduce este texto sin modi­ficar ni aun los más manifiestos errores.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Desde la construcción hasta su entrega a los frailes mercedarios la iglesia de Santa María de Burceña estaría servida por algún clé­rigo nombrado por el patrono, ya que, aunque éste la llama «mones­terio», sabemos que en la Vizcaya de la época nada más quiere decir este nombre que iglesia de patronato. Dicha iglesia sería clara­mente útil para la piedad de los fieles, pues las iglesias parroquiales de Abando y Baracaldo estaban alejadas.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> He aquí las razones: 1ª) Don Fernán Pérez de Ayala vivió de 1305 a 1385 y su hijo Pero Lóez de Ayala de 1332 a 1407. En la escritura de Burceña llama Fernán Pérez a Pero Lópes, “mi fixo lexitimo et heredero de mi estado”.&nbsp; Ahora bien, Fernán fundó el mayorazgo de Ayala por público instrumento datado a 12 de diciembre de 1373 (era 1411), nombrando sucesor suyo a Pero López y lo confirma en su testamento hecho en Vitoria a 6 de enero de 1375 (era 1431). 2ª) El mismo documento fundacional nos dice que dona a los mercedarios su iglesia y monesterio de “Burceña, pueblo de Baracaldo, en las Encartaciones del Señorío de Vizcaya”, Ahora bien, en 1357, en el documento fundacional de San Francisco de Bermeo, dice el Señor de Vizcaya, Don Tello: “acordamos de facer un monesterio de fraires en el nuestro Señorio de Vizcaya, por quanto en todo el nuestro Señorio no havia monesterio ninguno de orden de religiosos”. Ello excluye claramente la existencia de un convento mercedario de Burceña. 3ª) El documento que nos ocupa menciona al “puerto de la villa de Portugalete”, Y Portugalete fue fundada por la señora de Vizcaya, Doña María Díaz de Haro, en 1322. 4ª) La Orden la Merced celebró el año 1317, en Valencia, un capítulo general de trascendental importancia para el futuro de la Orden. Sus actas nos dan a conocer las distintas casas que entonces contaba. Burceña no aparece; prueba inequívoca de que aún no existía”.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> El capí­tulo general de Guadalajara, en 1467, decreta -quizás zanjando la controversia- que Burceña sea casa aneja del convento de Logroño; a éste le corresponden también las limosnas de Guipúzcoa. El 10 de enero de 1470 El papa Pablo II corresponde a las súplicas del fraile mercedario Pedro de Logroño, cuya solicitud contenía indicaciones sobre la pobreza en que se encontraba la preceptoría de Logroño, y por tanto, dispone que la casa de Santa María de Burceña venga unida e incorporada a la dicha preceptoría de Logroño. Reg. Vat. 534, fols.2v-3v.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Basta ver la relación de propiedades acumuladas que, en torno a 1755, eran: 3 casas en <em>Bilbao la Vieja</em>; parte de una casa en <em>Lejona</em>; molinos y ferrería de <em>Bengolea</em>, comprados en 1733; los molinos de <em>Retuerto</em>, comprados en 1725; una casa grande en <em>Retuerto</em>, comprada en 1726; otra casa en <em>Retuerto</em>, comprada en 1734; las tierras llamadas <em>La Bastida</em>, compradas en 1733; las hijuelas de <em>Vallejo</em> y <em>Otabarsa</em>; el sitio de casa de <em>Zenarruza</em>, en el barrio de <em>Vitoricha</em>, comprado en 1740; la casería de Goicoechea en el barrio de <em>Yrauregui</em> (sin fecha); la casería de <em>Ascueta</em>, bajo <em>Santa Agueda</em>; la casería de <em>Vallejo</em>; una casa nueva en <em>Rajeta</em>; la casa de <em>Tapia</em>, comprada en 1701; una viña frente a la portería del monasterio en <em>Burzeña</em>, comprada en 1695; una viña grande en<em> Burzeña</em>, comprada en 1654; unas tierras en <em>Sarachu</em>, <em>Yrauregui</em>; una tierra en la <em>vega de Zorroza</em>, comprada en 1721; la heredad llamada de<em> Aysio</em>, comprada en 1703; unas tierras donde llaman <em>La Punta</em> en el barrio de <em>Zorroza</em>; unas tierras en <em>Arteagabeitia</em>, compradas en 1647; una tierra que fue de la casa de <em>Susunaga</em> en <em>Aguirre</em>; una viña en<em> Munoa</em>, confinante con<em> la estrada que baja de Llano a Las Begas</em>; una tierra que llaman <em>Artabellacos</em> en <em>las Begas de Burzeña</em>; un cuarto de casa y tierras en <em>Uraga</em>, adquiridas en 1739; una heredad llamada <em>Arizabala</em> en <em>Gorostiza</em>; libertad de pasar todos los religiosos sin pagar el barco de <em>Beurco</em>, otorgado en 1643 por <em>Lope Saez de Anuncibay</em>, dueño de las casas de <em>Retuerto</em> y<em> Veurcu</em>; una heredad grande en la estrada de <em>Retuerto</em>, hacia<em> Luchana</em>, adquirida en 1726; una heredad en el <em>barrio de San Bartolomé</em>; una tierra en <em>Rajeta</em>, comprada en 1755; una tierra en el barrio de <em>Careaga</em>, comprada en 1755; una tierra en el barrio de<em> Mesperuza</em>; la vega llamada <em>Lata de Ybarra</em>, en <em>Retuerto</em>, comprada en 1755; heredad en la vega de <em>Acicio</em> (sic) en el barrio de <em>Retuerto</em>; en el mismo barrio otra heredad en la vega de<em> Ybarreta</em>; tierras pertenecientes a la casa de <em>Echachua</em>, sita en el barrio de <em>Landaburu</em>; las propiedades del concurso de acreedores a <em>Domingo de Mesperuza</em> en <em>Gorostiza</em>, el año 1714; un cuarto de casa en el barrio de <em>Retuerto</em>; una tierra en el barrio de <em>Bagaza</em>, en 1656; la casa de <em>Goicohechea</em> en el barrio de <em>Yrauregui</em>, por concurso de acreedores. (Libro 2). Goio Bañales: “Libros del Monasterio de Burceña y toponimia”</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Libro IV de los Documentos del Monasterio de Burceña. Goyo Bañales.</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Esta decisión contó con la oposición tajante del pueblo de Barakaldo, cuyo Ayuntamiento, en sesión celebrada en 25 de diciembre de 1820, elevó una queja en la que se hacía eco de “<em>la opinión y clamor del pueblo</em>”, solicitando que, en lo que afectaba al convento de Burtzeña, se revocase y diese por nulo el decreto de extinción, o que se suspendiese hasta que el Congreso Nacional respondiese al recurso que se le solicitaría. Argumentaba su demanda en que no se hallaba situado en despoblado (la extinción solo afectaba a estos), y que el hecho de que los frailes hubiesen salido del convento era acorde a la necesidad de atender su oficio. Se indica también el grave perjuicio que se ocasionaba al pueblo, pues Barakaldo necesitaba a la comunidad de frailes por ser su parroquia una de las de mayor extensión de Bizkaia, y porque el convento tenía escuela pública y gratuita de filosofía y primeras letras, y que mandaba todos los festivos cuatro individuos a diferentes capillas para oficiar la misa, e instruían a los que por distancia no podía atender el párroco. Finalmente se apuntaba que se sujetaba a las normas decretadas, pues se componía de 12 ordenados “in sacris”, y esperaba otros dos sacerdotes con las licencias necesarias, y tenía cinco filósofos profesos.</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Goyo Bañales: “Libros del Monasterio de Burceña y toponimia”.</p>
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		<title>BARAKALDO (Documento de 1647)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 10:00:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="169" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=300%2C169" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?w=1200 1200w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1024%2C576 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=768%2C432 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?resize=1080%2C608 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10392" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-40/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1200%2C675" data-orig-size="1200,675" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/01/aaaa.jpg?fit=1024%2C576" /></div>1647, agosto, 22. ¿Barakaldo? Pablo Van Hauten, contador y mayordomo de los “yngenios de Liérganes y Santa Bárbara”, en nombre de doña Mariana de Bitio, viuda del señor secretario Jorge de Bande, dueña y señora de dichos ingenios, arrienda a Juan de Beurco Larrea una tercera parte de los diezmos de la “anteyglesia de Varacaldo [&#8230;]]]></description>
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<p>Pablo Van Hauten, contador y mayordomo de los “yngenios de Liérganes y Santa Bárbara”, en nombre de doña Mariana de Bitio, viuda del señor secretario Jorge de Bande, dueña y señora de dichos ingenios, arrienda a Juan de Beurco Larrea una tercera parte de los diezmos de la “anteyglesia de Varacaldo que le pertenecen a la dicha señora doña Mariana de Bitio”.</p>
<p>Condición, que Juan de Beurco Larrea aya de llebar y gozar con la dicha tercia parte de los diesmos usufructo y renta de las heredades que suelen andar y an andado siempre en corendamiento con los dichos diesmos sin que por ellas aya de pagar más de los dichos ciento y dies ducados, que se obliga a pagar. Los dichos diesmos y las dichas heredades son las que siguen:</p>
<p>Una heredad de pan senbrar en el lugar de Çaballa junto a la fuente. Y otra heredad que está en el barrio de Cubeycurru, de senbradura dos fanegas. Otra heredad en el barrio de Arteagabeyti.</p>
<p>Otra heredad grande que llaman Landaeta. Otra heredad en Cadalço, de senbradura de dos fanegas de trigo. Yten, otra heredad de senbrar y un pedazo de biñedo biejo pegante a la torre bieja que hera de Cadalso. Yten, en el dicho barrio de Cadalso, otra heredad que podrá ser hasta diez celemines desenbradura.</p>
<p>Los quales se les arrienda para que durante los dichos tres años los goze juntamente con los dichos diesmos por los dichos ciento y diez ducados, pagados según es referido.</p>
<p>Testigos los sobredichos y los otorgantes presentes lo firmaron, de que doy fee los conosco.</p>
<p>Paulo Van Hauten. (Firmadoy rubricado)</p>
<p>Don Juan de Beurco Larrea. (Rubricado)</p>
<p>Ante my Martín de Aguilar Çumelçu.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://www.enkarterrimuseoa.eus">https://www.enkarterrimuseoa.eus</a></p>
<p>ENCARTACIONES</p>
<p>Goio Bañales García</p>
<p>DOCUMENTOS PARA SU HISTORIA (Y DE LAS CASAS SOLARES DE AIARA, VELASCO, SALAZAR Y BAÑALES) 1297-1821</p>
<p>Archivo Foral de Bizkaia.</p>
<p>CORREGIMIENTO. Leg. 2236-120</p>
<p>&nbsp;</p>
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