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	<title>Ezagutu Barakaldo &#187; Cultura</title>
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		<title>El Mayorazgo de Gorostiza</title>
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		<comments>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/07/09/el-mayorazgo-de-gorostiza/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 09 Jul 2010 06:05:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[EN BARAKALDO
 
1. Propiedades del mayorazgo.

La casa y solar de Gorostiza
Los molinos de Urieta
La casería de Beteluri

 
2. Propietarios.
Uno de los solares más antiguos de Barakaldo, el de Gorostiza, se hallaba dividido entre dos familias al menos desde finales del siglo XVI. Ambas se titulaban a sí mismas como &#8220;dueñas del solar de Gorostiza&#8221;, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/07/Gorostiza-1.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1888" rev="caption:`Gorostiza (1)`"><img class="alignleft size-medium wp-image-1889" title="Gorostiza (1)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/07/Gorostiza-1-300x197.jpg" alt="" width="258" height="169" /></a><em>EN BARAKALDO</em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1. Propiedades del mayorazgo.</strong></p>
<ul>
<li>La casa y solar de Gorostiza</li>
<li>Los molinos de Urieta</li>
<li>La casería de Beteluri</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2. Propietarios.</strong></p>
<p>Uno de los solares más antiguos de Barakaldo, el de Gorostiza, se hallaba dividido entre dos familias al menos desde finales del siglo XVI. Ambas se titulaban a sí mismas como &#8220;dueñas del solar de Gorostiza&#8221;, y las dos tenían sus caserías y heredades en el mismo lugar y también compartían la propiedad de un molino situado junto al río Castaños, y cercano a las casas.</p>
<p>Una de estas familias puede situarse desde el año 1538, cuando se redacta el contrato matrimonial entre Francisco de Gorostiza, hijo de Juan de Urrutia e Inesa de Gorostiza, y María Sáez de la Herrería, hija de Martín de la Herrería y María Sáez de Retuerto. Entre las claúsulas del contrato figura una en la que se incluye la dote que hace Inesa de Gorostiza a su hijo dándole <em>&#8220;toda la casa de Gorostiza y un octavo </em><em>del molino&#8221; </em>y todas las propiedades que ella tiene dentro de los límites de Barakaldo, que van <em>&#8220;desde Aguasalta hasta lo alto de Mendivil y desde allí hasta la punta de San Nicolás y desde aquí hasta Aguasalta </em><em>a la cantera&#8221;.</em></p>
<p>Estas posesiones fueron sucediendo desde Francisco de Gorostiza en sus herederos hasta que, a comienzos del siglo XVII, las encontramos en poder de Domingo de Gorostiza<sup>117</sup> y de su esposa María Sáenz de Escauriza, a quienes vemos, en el año 1615, vendiendo un censo a favor del convento de Burceña, hipotecando su casa de Gorostiza        <em>&#8220;mas la docena parte de los molinos de Gorostiza que tenemos en </em><em>parzonería con Domingo de Aguirre&#8221;.</em></p>
<p>Domingo de Gorostiza y María Sáenz de Escauriza fueron padres de María Ochoa de Gorostiza, que casó con Agustín de Garay<sup>118</sup>, con el desaparece el apellido Gorostiza al frente del solar. De este enlace nació Mari Cruz de Garay quien casó con Domingo de Mesperuza, pasando así el solar a este apellido.</p>
<p>La otra casa de Gorostiza podemos fijarla desde el mismo año que la anterior. En el año 1538 se redactó otro contrato matrimonial. Se trata del compromiso entre Mesa de Gorostiza, hija de Martín de Gorostizaga y María de Gorostizaga, y Domingo de Aguirre, hijo de Juan de Aguirre y María Saez de Aguirre.</p>
<p>Unos años más tarde, en 1595, los dueños del mayorazgo de Gorostiza son Martín de Aguirre y Teresa de Retuerto. Hijo y nuera de los anteriores<sup>119</sup> Además de la casa de Gorostiza, el molino y la casería de Beteluri, adscrito todo ello al mayorazgo de Gorostiza, se les menciona como dueños de las caserías de Landaburu y Retuerto, con sus correspondientes heredades.</p>
<p>Del matrimonio Aguirre-Retuerto nacieron:</p>
<p>1°. Juan Martínez de Aguirre (n.1619), quien heredaría el solar de Gorostiza.</p>
<p>2°. Domingo de Aguirre, a quien dotaron con la casería de Retuerto. Casó con Ana López de Isasi y se avecindó en Abando. De este matrimonio nacieron: Domingo, (que fue <em>Veedor General de la </em><em>Armada de S.M.) </em>Juan, Teresa (casada con Domingo de Olaso Escauriza<sup>120</sup>), Ana (casada con Francisco de Echabarri) y otra hija, cuyo nombre desconocemos, casada con Pedro de la Torre.</p>
<p>3°. María Sáez de Aguirre, a quien dotaron con la casería de Landaburu para su matrimonio con Martín de Beurco-Martiartu, de quienes dijimos al tratar sobre el mayorazgo de Beurco-Martiartu.</p>
<p>Estas dos casas de Gorostiza de las que venimos tratando mantuvieron un pleito en el año 1664 sobre la propiedad de cada una de ellas en el molino de Gorostiza.<sup>121</sup> El litigio se debe a que Domingo de Mesperuza reclamaba una octava parte del molino, que decía que le pertenecía por contrato matrimonial y como esposo de Mari Cruz de Garay. La otra parte representada por Juan Martínez de Aguirre, alegaba que los molinos ya no eran los mismos, pues se habían cambiado de lugar, antes estaban en Gorostiza y ahora en Urieta <em>&#8220;y ahora están mejor que antes, pues se inundaban con las avenidas y ahora no lo hacen sino es con avenidas muy grandes&#8221;.</em></p>
<p>El molino lo habían construido cuatro <em>parcioneros </em>o socios que cobraban la renta que les correspondía en proporción a la parte que tenían en él. Los Garay tenían una octava parte; otra octava parte era de los Salazar-Retuerto y una dieciseisava parte era de los Taramona y el resto era de los Aguirre.</p>
<p>Finalmente quedó todo el molino en poder de los Aguirre, por sentencia contra Domingo de Mesperuza y por compra a Domingo de Taramona de Gorostiza y a los Salazar-Retuerto de su parte.</p>
<p>Juan Martínez de Aguirre, contrajo matrimonio con Clara de Ugarte­Goicoechea, hija de Pedro de Ugarte-Goicoechea y María Pérez de Salazar, dueños del mayorazgo de Ugarte, en San Salvador del Valle y Barakaldo. Con ellos se fundieron en uno los mayorazgos de Gorostiza y Ugarte.</p>
<p>Por lo que respecta a los Mesperuza, dueños de la otra casa de Gorostiza existente en Barakaldo, queda constancia de que los antes mencionados Domingo de Mesperuza y Mari Cruz de Garay fueron padres de al menos:</p>
<ul>
<li>María de Mesperuza Garay (b. 1663, en el Valle)</li>
<li>Pedro de Mesperuza Garay, quien contrajo matrimonio en 1713 con María Ramos de Mesperuza, hija de Martín de Mesperuza y Mari Cruz de Retén.</li>
<li>Martín de Mesperuza Garay, casado en 1703 con María de Cardenal, hija de Diego de Cardenal y Catalina de Balparda.</li>
<li>Francisco de Mesperuza Garay, casado con María López de Llano, hija de Aparicio de Llano y Josefa de Abaro.</li>
</ul>
<p>Gregorio Bañales</p>
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		</item>
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		<title>El Mayorazgo de AMEZAGA</title>
		<link>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/06/15/el-mayorazgo-de-amezaga/</link>
		<comments>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/06/15/el-mayorazgo-de-amezaga/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 15 Jun 2010 05:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Mayorazgo de AMÉZAGA
EN BARAKALDO
Propiedades del mayorazgo.

La casería de Amézaga

Propietarios.
Fue propiedad de Juan de Zaballa de Landaburu y de su mujer María San Juan de Landaburu Amézaga quienes en 1658 dotaron con la casería a su nieto Francisco de Zaballa, hijo de Santiago de Zaballa y Mariana de Alzaga Landaburu.
Francisco de Zaballa casó con María de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/06/Entorno-4.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1855" rev="caption:`Entorno (4)`"><img class="alignleft size-medium wp-image-1856" title="Entorno (4)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/06/Entorno-4-300x225.jpg" alt="" width="256" height="192" /></a>Mayorazgo de AMÉZAGA</p>
<p><em>EN BARAKALDO</em></p>
<p>Propiedades del mayorazgo.</p>
<ul>
<li>La casería de Amézaga</li>
</ul>
<p>Propietarios.</p>
<p>Fue propiedad de Juan de Zaballa de Landaburu y de su mujer María San Juan de Landaburu Amézaga quienes en 1658 dotaron con la casería a su nieto Francisco de Zaballa, hijo de Santiago de Zaballa y Mariana de Alzaga Landaburu.</p>
<p>Francisco de Zaballa casó con María de Lecubarri de cuyo matrimonio nació una hija, cuyo nombre desconocemos, que casó con Domingo de Escauriza. Fueron padres de Manuel de Escauriza y Zaballa en quien concluyó la casería, el cual casó con María de Echabarri.</p>
<p>Gregorio Bañales</p>
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		</item>
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		<title>El Mayorazgo de CORRALA</title>
		<link>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/05/25/mayorazgo-de-corrala/</link>
		<comments>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/05/25/mayorazgo-de-corrala/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 25 May 2010 05:04:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Mayorazgo de CORRALA
EN BARAKALDO
Propiedades del mayorazgo.

La casería de Corrala

Propietarios.
La casería del Corral o Corrala estaba situada en el barrio de Landaburu. A comienzos del siglo XVII era propiedad de Teresa del Corral casada con Tomás de Careaga.
Heredera de los anteriores fue María de Careaga, que casó con Pedro de Retola. De este matrimonio nació Francisca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/05/Plaza-Bide-Onera.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1831" rev="caption:`Plaza Bide Onera`"><img class="alignleft size-medium wp-image-1832" title="Plaza Bide Onera" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/05/Plaza-Bide-Onera-300x189.jpg" alt="" width="250" height="157" /></a>Mayorazgo de CORRALA</p>
<p><em>EN BARAKALDO</em></p>
<p>Propiedades del mayorazgo.</p>
<ul>
<li>La casería de Corrala</li>
</ul>
<p>Propietarios.</p>
<p>La casería del Corral o Corrala estaba situada en el barrio de Landaburu. A comienzos del siglo XVII era propiedad de Teresa del Corral casada con Tomás de Careaga.</p>
<p>Heredera de los anteriores fue María de Careaga, que casó con Pedro de Retola. De este matrimonio nació Francisca de Retola, a quien también encontramos en algunos documentos citada como Francisca del Corral.</p>
<p>Francisca casó en dos ocasiones. Contrajo primeras nupcias con Domingo de Loizaga y, fallecido éste, contrajo nuevo matrimonio en el año 1647 con Sebastián de Uraga, hijo de Andrés de Uraga y María de Retuerto. En el contrato matrimonial Francisca es dotada por su madre, María de Careaga, con la casería del Corral. <sup>139</sup></p>
<p>Del matrimonio Uraga-Retola nació Juan Ramos de Uraga.</p>
<p>La casería del Corral acabó en poder del mayorazgo de Beurco­Larrea.</p>
<p>En 1776 su dueño José Ramón de Echabarri decía de esta casa que estaba inhabitable y que ya no servía ni para tener inquilinos, por lo que es lógico suponer que desaparecería en estas fechas.</p>
<p>Gregorio Bañales</p>
<a class="a2a_dd addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save?linkurl=http%3A%2F%2Fezagutubarakaldo.net%2Fes%2F2010%2F05%2F25%2Fmayorazgo-de-corrala%2F&amp;linkname=El%20Mayorazgo%20de%20CORRALA"><img src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share/Bookmark"/></a>]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>El mayorazgo de BEURKO-LARREA</title>
		<link>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/04/30/el-mayorazgo-de-beurko-larrea/</link>
		<comments>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/04/30/el-mayorazgo-de-beurko-larrea/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 04:44:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Mayorazgo de BEURCO-LARREA
EN BARAKALDO.
1. Propiedades del mayorazgo de Beurco-Larrea:
- La torre de Landaburu
- la torre de Beurco
- las dos casas y caserías de Larrea (menos 1/8 que correspondía a Juan López de Escabriza) (Una de las caserías de Larrea se menciona indistintamente como casería o torre de Larrea).
- el molino de Escabriza.
Juan de Beurco-Larrea agrandó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/04/Beurco_Viejo.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1797" rev="caption:`Beurco_Viejo`"><img class="alignleft size-medium wp-image-1798" title="Beurco_Viejo" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/04/Beurco_Viejo-300x228.jpg" alt="" width="260" height="197" /></a>Mayorazgo de BEURCO-LARREA</span></strong></p>
<p>EN BARAKALDO.</p>
<p><strong>1. Propiedades del mayorazgo de Beurco-Larrea:</strong></p>
<p>- La torre de Landaburu</p>
<p>- la torre de Beurco</p>
<p>- las dos casas y caserías de Larrea (menos 1/8 que correspondía a Juan López de Escabriza) (Una de las caserías de Larrea se menciona indistintamente como casería o torre de Larrea).</p>
<p>- el molino de Escabriza.</p>
<p>Juan de Beurco-Larrea agrandó el mayorazgo con nuevas propiedades compradas por él:</p>
<p>-La herrería mayor de Urcullu, con sus molinos, montes y pertenecidos.</p>
<p>-La casa y casería de Loizaga.</p>
<p>-La casa y casería de Arteaga.</p>
<p>-1/6 de los diezmos de San Vicente de Baracaldo.</p>
<p><strong>2. Propietarios</strong></p>
<p>El mayorazgo de Beurco-Larrea fue fundado por Aparicio de Beurco y Juan de Larrea a mediados del siglo XVI. El beneficiario en las propiedades fue el escribano Aparicio de Beurco-Larrea (n.1586), que como vemos adoptó el apellido compuesto correspondiente a ambos mayorazgos. Casó con María Hernández de Landaburu Salazar, de cuyas nupcias nacieron:</p>
<p>1° Juan de Beurco-Larrea. Quien heredó el mayorazgo. Contrajo matrimonio con Adriana de Villela Anuncibay.</p>
<p>2° José de Beurco-Larrea, alférez.</p>
<p>3° María Hernandez de Beurco-Larrea. Casada con Juan de Llano. Padres del licenciado Juan de Llano y de Martín de Llano, quien heredó la escribanía de su abuelo Aparicio de Beurco-Larrea.</p>
<p>4° Marina de Beurco-Larrea, casada en 1647 con Domingo Hurtado de Saracho</p>
<p>Juan de Beurco-Larrea, falleció sin hijos, dictó su testamento en 2 de junio del año 1680. En él pide ser sepultado en el convento de Burceña, junto a su esposa Adriana de Villela. Crea una capellanía en San Vicente de Baracaldo por 1500 ducados de capital, que habían de rentar 75 ducados anuales para mantener al capellán. Llamó en primer lugar a ocupar la capellanía a su sobrino José de Urcullu y Beurco­Larrea, hijo de Juan Martín de Urcullu y María Hernández de Beurco­Larrea, su sobrina. También en el mismo documento integra en el mayorazgo todos los bienes y propiedades que tenía como libres. Dejó por heredero a su sobrino Juan Antonio de Beurco-Larrea, hijo de su hermano el alférez José de Beurco-Larrea.</p>
<p>Juan de Beurco-Larrea había adquirido como bienes libres y exentos del mayorazgo la casería de Zaballa, en Baracaldo, y la casa y casería de Galindo, en Sestao, con las que dotó a su sobrina Josefa de Beurco-Larrea, mujer de Pedro Nicolás de Herquínigo.</p>
<p>José de Beurco-Larrea, el alférez, había casado con Josefa de Llano y Tapia. De este matrimonio quedaron los siguientes hijos e hijas:</p>
<p>1° Juan Antonio de Beurco-Larrea y Llano.</p>
<p>2° Aparicio de Beurco-Larrea y Llano.</p>
<p>3° Isabel de Beurco-Larrea y Llano.</p>
<p>4° Josefa de Beurco Larrea y Llano, casada con Pedro Nicolás de Herquíñigo.</p>
<p>5° María Hernández de Beurco-Larrea y Llano, casada con el escribano Juan Martín de Urcullu.</p>
<p>6° Luis de Beurco-Larrea y Llano.</p>
<p>Juan Antonio de Beurco-Larrea, quien había sido designado por su tío Juan de Beurco-Larrea para sucederle en el mayorazgo, falleció sin hijos poco después que lo hiciera aquel por lo que le heredó su hermano Aparicio de Beurco-Larrea</p>
<p>Aparicio contrajo matrimonio con Sebastiana de Sarria. Fallecido él, le heredó, hacia 1690, su viuda.</p>
<p>Luis, María Hernandez y Josefa de Beurco-Larrea, hermanos de Aparicio, mantuvieron un pleito con su viuda sobre la continuidad del mayorazgo en manos de ésta. Sin embargo las propiedades del mayorazgo continuaron en poder de Sebastiana de Sarria.</p>
<p>Sebastiana de Sarria casó en segundas nupcias con Juan de Echabarri Isasi, quien aportó al mayorazgo de Beurco-Larrea los mayorazgos de Isasi, Zabala y Amezua.</p>
<p>Sebastiana de Sarria en su testamento incorporó al mayorazgo numerosas propiedades adquiridas por ella misma entre las que destaca la casa principal de Llano. Juan de Echabarri y Sebastiana de Sarria fueron padres de:</p>
<p>1° Francisco Antonio de Echabarri Sarria, que fue abogado en la Real Chancillería de Valladolid, que sigue.</p>
<p>2° Juan José de Echabarri Sarria.</p>
<p>3° Antonio de Echabarri Sarria.</p>
<p>4° Isabel de Echabarri Sarria.</p>
<p>5° Mari Cruz de Echabarri Sarria.</p>
<p>Aunque desconocemos el nombre de la esposa de Francisco Antonio de Echabarri sabemos que respondía al apellido Arechabala. Del matrimonio nacieron:</p>
<p>1° Juan José de Echabarri Arechabala, quien heredó a su abuela Sebastiana de Sarria en el mayorazgo de Beurco-Larrea al declararle esta su sucesor por su testamento de 30-XII-1754. También quedó por dueño del resto de mayorazgos que le correspondían por herencia paterna, de forma que a partir de él los poseedores del mayorazgo de Beurco-Larrea obvian con frecuencia añadir este apellido al de Echabarri. Sigue más adelante.</p>
<p>2° Pedro Aparicio de Echabarri Arechabala, cura en Portugalete. 3° Ignacio de Echabarri Arechabala, cura en Barakaldo.</p>
<p>4° Francisco de Echabarri Arechabala.</p>
<p>Juan José de Echabarri Arechabala y Beurco-Larrea casó con María Isabel de Arana Hormaza, siendo padres de José Ramón de Echabarri, quien les heredó, y de Francisco de Echabarri. El primero casó, en la iglesia de Santiago de Bilbao en 17-VIII- 1775, con Rita Dominga de Arechaga y Salamanca, natural de Bilbao, hija de Juan Antonio de Arechaga y Juana Bautista de Salamanca.</p>
<p>En 1776, fallecido ya Juan José de Echabarri y estando en posesión del mayorazgo su hijo José Ramón de Echabarri tiene lugar un litigio entre este e Isabel de Arana, su madre, quien le reclama ayuda para su manutención y la de sus hijos, porque no tienen bienes de los que valerse y porque todas las propiedades del mayorazgo están en manos de José Ramón. Pero este se niega a ayudar económicamente a su madre y hermanos argumentando que todas las propiedades del mayorazgo se hallan en mal estado y que son precisas todas las rentas        que produce para mantenerlo en pie. De hecho la descripción que él mismo ofrece de las propiedades es penosa.</p>
<p>José Ramón de Echabarri reconstruyó la torre de Larrea sobre la antigua, levantando el palacio que puede contemplarse hoy día. Los cuarteles que luce el escudo de armas del palacio de Larrea son los pertenecientes a los apellidos que llevamos consignados hasta aquí.</p>
<p>No debieron quedar descendientes del matrimonio de José Ramón de Echabarri con Rita Dominga de Arechaga porque el mayorazgo fincó con posterioridad en su sobrino Paulino de Echabarri Recacoechea, hijo de Francisco de Echabarri Arana y Concepción de Recacoechea, quien casó con Joaquina Ortíz del Hierro y a quienes heredó desde mediados del siglo XIX su hijo Manuel de Echabarri Ortíz del Hierro.</p>
<p>Gregorio Bañales</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Luis Ruiz de Aguirre (&#8220;Sancho de Beurko&#8221;)</title>
		<link>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/04/06/luis-ruiz-de-aguirre-sancho-de-beurko/</link>
		<comments>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/04/06/luis-ruiz-de-aguirre-sancho-de-beurko/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Apr 2010 07:41:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Pesonajes]]></category>

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		<description><![CDATA[El 26 de julio de 1989 falleció en San Sebastián, a los 80 años de edad, Luis Ruiz de Aguirre, conocido también por su nombre literario “Sancho de Beurko”, dirigente histórico del nacionalismo vasco de izquierda y comisario general del Ejército Vasco.
Era una de las pocas figuras relevantes que quedaban de la generación de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/04/beurko1.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1765" rev="caption:`beurko`"><img class="alignright size-medium wp-image-1768" title="beurko" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/04/beurko1-300x188.jpg" alt="" width="300" height="188" /></a>El 26 de julio de 1989 falleció en San Sebastián, a los 80 años de edad, Luis Ruiz de Aguirre, conocido también por su nombre literario “Sancho de Beurko”, dirigente histórico del nacionalismo vasco de izquierda y comisario general del Ejército Vasco.</p>
<p>Era una de las pocas figuras relevantes que quedaban de la generación de la República y la Guerra Civil en Euskadi, después de la reciente desaparición del comunista Juan Astigarrabía y los nacionalistas Alberto Onaindía, Eugéne Goyheneche, Juan Manuel Epalza y Jesús María Leizaola. En su persona queremos también rendir homenaje a esa generación crucial en la historia vasca contemporánea que encabezó el lehendakari José Antonio Aguirre.</p>
<p>Voy a abordar el tema de la relación de Luis Ruiz de Aguirre con la historia desde una triple perspectiva: primero, como protagonista, centrándome en el periodo de la República y la guerra; segundo, como testigo oral de los hechos acaecidos durante esos años, cuyas declaraciones han sido recogidas en diversos libros publicados en el último decenio, y finalmente, como historiador y archivero de la Guerra Civil en Euskadi, a la que dedicó varias obras y sobre la que reunió, en colaboración con otras personas, un importante archivo.</p>
<p>Protagonista en la República y en la Guerra Civil</p>
<p>Nacido el 18 de noviembre de 1908 en Baracaldo en el seno de una familia nacionalista, Luis Ruiz de Aguirre y Urquijo militó desde muy joven en organizaciones nacionalistas: el sindicato Solidaridad de Obreros Vascos (cuando trabajaba de delineante en la compañía Euskalduna, propiedad del naviero jelkide Ramón de la Sota), y la Juventud Vasca de Baracaldo, entidad autónoma en los años veinte que se integró en Acción Nacionalista Vasca, partido aconfesional y de izquierda moderada nacido por escisión del PNV en 1930.</p>
<p>Al instaurarse la II República en abril de 1931, Ruiz de Aguirre se afilió a ANV como socio de su Euzko-Etxea de Burceña. Tras cumplir el servicio militar en Pamplona, comenzó a actuar políticamente escribiendo en la prensa aeneuvista, el diario Tierra Vasca (San Sebastián, 1933-34), y participando en las actividades de su agrupación municipal.</p>
<p>La dureza de la lucha política en los años republicanos en Bilbao y la zona fabril de la margen izquierda, con frecuentes choques violentos entre carlistas, nacionalistas, republicanos y socialistas, llevó a la creación de grupos paramilitares de los partidos (requetés, mendigoizales, milicias&#8230;). ANV intervino en esa lucha violenta (tuvo un muerto y varios heridos en Baracaldo en 1933) y contó con una organización secreta de la que formó parte Ruiz de Aguirre. Según su testimonio, se denominaba con las siglas C.A.N. (cuyo significado no recordaba) y se dedicaba a ayudar a los presos nacionalistas, a vigilar a otros partidos y a comprar pistolas, que escondían en el local de las Emakumes de Juventud Vasca de Baracaldo y con las que hacían ejercicios de tiro en el monte.</p>
<p>“Sancho de Beurko” participó también con otros jóvenes aeneuvistas en la Revolución de Octubre de 1934 ocupando el ayuntamiento de Baracaldo y tuvo que permanecer recluido en su casa durante algún tiempo, librándose de acudir a la cárcel gracias al entonces capitán de la Guardia Civil Juan Ibarrola (que llegó a ser un destacado jefe militar del ejército republicano en la guerra).</p>
<p>En los años finales de la República Ruiz de Aguirre ocupó cargos en la organización local de ANV. En 1934 fue secretario de la junta municipal de Baracaldo, compuesta por Juventud Vasca y cinco Euzko-Etxeas en diversos barrios. Se acordaba de que llegó a firmar 1.117 recibos de afiliados, lo que prueba la pujanza de ANV en la localidad fabril (su núcleo más importante de toda Euskadi), superior en ella al PNV (que no llegaba a los 1.000 militantes).</p>
<p>La peculiaridad de la Juventud Vasca de Baracaldo a lo largo de su historia se confirmó en 1936 al protagonizar un cisma en el seno de ANV: se opuso a su ingreso en el Frente Popular y acordó acudir a las elecciones municipales de abril en alianza con el PNV.</p>
<p>Ante su disidencia, la dirección nacional de ANV expulsó al comité municipal, transformándose entonces Juventud Vasca en ANV Autónoma, y lo sustituyó por otro, que estuvo presidido por Ruiz de Aguirre y contó con el apoyo de la mayoría de las Euzko-Etxeas de Baracaldo. En esta situación de división sobrevino la Guerra Civil.</p>
<p>Fue en vísperas de ésta cuando nuestro biografiado empezó a adquirir importancia dentro de Acción Nacionalista participando en sus principales actividades durante la primera mitad de 1936: la negociación de la alianza con el Frente Popular en las elecciones a Cortes, la redacción del semanario Acción Vasca (Bilbao) y la elaboración de un nuevo programa que marcó un giro a la izquierda en los planteamientos socioeconómicos del partido (anticapitalismo, nacionalizaciones&#8230;). Dicho programa fue aprobado en la asamblea nacional celebrada en Bilbao el 28 de junio, a la que asistió Ruiz de Aguirre como apoderado de Baracaldo y en la que resultó elegido vocal suplente del nuevo comité nacional por la comarca de la margen izquierda del Nervión.</p>
<p>En la Guerra Civil su actuación fue mucho más militar que política (si bien colaboró en el diario Tierra Vasca de Bilbao en 1936-37), pues intervino en los principales hechos bélicos: la campaña de Guipúzcoa, la batalla de Villarreal, la campaña de Vizcaya y el pacto de Santoña. Ya en agosto de 1936 marchó con un grupo de nacionalistas vizcaínos a Loyola, en donde estaban formándose las milicias vascas, el embrión del Euzko Gudarostea. Allí se incorporó al que luego sería batallón nº 1 de ANV (nº 6 del Ejército regular de Euzkadi), del que fue capitán de la compañía de ametralladoras y con el que combatió en Villarreal y en los frentes de Vizcaya. Su máximo ascenso se produjo el 17 de mayo de 1937 cuando Aguirre le nombró Comisario General de Guerra de Euzkadi (equiparado a teniente coronel), junto con Jesús Larrañaga (PCE), José Mª Lasarte (PNV), Máximo Astiz y Cecilio Egaña1. Vivió la evacuación tanto de San Sebastián en septiembre de 1936 como de Bilbao en junio de 1937.</p>
<p>Tras la caída de la capital vizcaína, Ruiz de Aguirre continuó con lo que quedaba del Ejército Vasco hasta Santander y, en representación de ANV, se sumó a última hora al llamado “Pacto de Santoña” entre la dirección del PNV y el mando de las tropas italianas que luchaban con el ejército de Franco. Fue una de las 17 personalidades vascas que pudieron salir de Santoña y viajar a San Juan de Luz en el destructor británico “Keith” gracias a un acuerdo de canje de presos políticos llevado a cabo por los consejeros Leizaola (PNV) y Nárdiz (ANV) y el coronel franquista Troncoso el 25 de agosto de 19372.</p>
<p>Pasó el resto de la Guerra Civil en el País Vasco continental, adscrito al departamento de Agricultura del Gobierno de Euzkadi que regentaba su partido. Estando en Bayona, en octubre de 1938, firmó con otros nacionalistas un escrito propugnando la creación de un Frente Nacional Vasco, compuesto por todas las organizaciones abertzales (PNV, ANV, STV, y la Federación de Mendigoizales), que no llegó a cuajar a pesar del apoyo del comité nacional de ANV, que nombró a Ruiz de Aguirre su representante en esas conversaciones junto con su amigo José Olivares Larrondo (el destacado periodista “Tellagorri”). Acabada la guerra, marchó a América viviendo largos años de exilio en Venezuela, en donde fue presidente de ANV. Desde allí promovió y financió al principio la publicación del periódico mensual Aeneuvista Tierra Vasca (Bueno Aires, 1956-75), dirigido por “Tellagorri” hasta su muerte en 1960. En él colaboró de nuevo con sus escritos, al igual que en otras publicaciones vascas del exilio.</p>
<p>Vuelto a Europa en los años sesenta, Ruiz de Aguirre se instaló en San Juan de Luz, hasta que recientemente pasó a residir en Fuenterrabía. A finales del franquismo y comienzos de la transición, siguió militando en Acción Nacionalista Vasca, su partido de siempre. Pero el ingreso de éste en la coalición Herri Batasuna le llevó a abandonarlo y a crear con otros correligionarios de su época ANV histórica, de efímera existencia.</p>
<p>Testigo de la historia</p>
<p>Los testimonios de protagonistas constituyen una fuente importante y necesaria al escribir la historia del siglo XX. En el caso del País Vasco han sido bastante utilizados para conocer la II República, la Guerra Civil y la Dictadura Franquista. Luis Ruiz de Aguirre ha sido uno de los que más ha aportado sobre la política y la guerra en Euskadi durante los años 30 a través de sus entrevistas con varios historiadores y periodistas.</p>
<p>Para el período republicano, su contribución principal se refiere lógicamente a la historia de su partido político. Datos interesantes sobre éste se encuentran en una interviú periodística, en dos libros de testimonios centrados más en la guerra que en la República y en mi historia de Acción Nacionalista Vasca. Para ésta le entrevisté en varias ocasiones en 1982 y desde entonces mantuve una larga correspondencia epistolar con él, siendo sus cartas una fuente de información tan valiosa como su testimonio oral para conocer la vida interna de ANV hasta la Guerra Civil, en especial el caso singular de Baracaldo: su organización, sus grupos armados, su participación en la Revolución de Octubre, su prensa, su evolución izquierdista a finales de la República, su asamblea nacional de 1936, el cisma baracaldés, etc., aspectos a los que ya he hecho referencia.</p>
<p>El testimonio de Ruiz de Aguirre es también muy útil para historiar el desarrollo de la guerra en el Norte desde una perspectiva militar, sobre todo la campaña de Vizcaya, la conquista de Bilbao y el “Pacto de Santoña”. Sus declaraciones han sido publicadas en tres obras, una con su visión de la fallida ofensiva del Ejército Vasco sobre Villarreal de Álava a finales de 19366, y las otras dos con informaciones acerca de su actuación y de la marcha de la contienda desde sus inicios hasta Santoña.</p>
<p>En ellas sostiene que el Cinturón de Hierro en torno a Bilbao era indefendible, con independencia de la traición del ingeniero Goicoechea, por no contar el Ejército Vasco con el armamento y los soldados suficientes, basándose en un informe del teniente coronel Montaud, jefe del Estado Mayor. Así afirma con rotundidad: &lt;&lt;el Cinturón de Bilbao no tenía defensa&gt;&gt;; &lt;&lt;el Cinturón tenía, en todo caso, una defensa heroica, pero no creo que con posibilidades de éxito&gt;&gt;. Y reitera lo mismo en el caso concreto de la villa del Nervión: &lt;&lt;la defensa de Bilbao ciudad era materialmente imposible&gt;&gt;, &lt;&lt;Bilbao capital no tiene ninguna defensa&gt;&gt;.</p>
<p>Ruiz de Aguirre acepta como correcta la decisión del Gobierno Vasco de hacer caso omiso de las órdenes del ministro Prieto y no destruir la industria pesada de la margen izquierda por considerar que su destrucción iba &lt;&lt;en perjuicio del pueblo vasco&gt;&gt;.</p>
<p>A mi juicio, la principal aportación historiográfica del testimonio de Sancho de Beurko ha sido hablar de la existencia del “Pacto de Bilbao” (antecedente del de Santoña), pacto no escrito pero que se concreta en hechos tan importantes como los siguientes: la huida de destacados jefes del Ejército Vasco (de artillería, intendencia y sanidad) en los destructores Císcar y José Luis Díez, la entrega de los presos de las cárceles bilbaínas al ejército franquista, el abandono de abundante armamento y munición, la rendición de numerosos batallones y la no voladura de Altos Hornos de Baracaldo (aquí señala que sí hubo negociación entre el batallón Gordexola, del PNV, y ANV Autónoma, y un coronel italiano). En su opinión, este “Pacto de Bilbao” tuvo más trascendencia que el posterior: &lt;&lt;si hay 14 batallones aproximadamente en Santoña, hay que considerar que en Bilbao se entregan más de 30&gt;&gt;.</p>
<p>En cambio Ruiz de Aguirre resta importancia a la rendición de Santoña y justifica la negociación del PNV con las tropas italianas: &lt;&lt;me parece que está justificado ese pacto o cualquier otro cuando se trata de salvar un ejército&gt;&gt;. Recuerda que el presidente Aguirre, en su último parte dado en Trucíos antes de abandonar el territorio vasco, escribió: &lt;&lt;Salvar el Ejército es misión principal&gt;&gt;. Para ello, el propio Lehendakari viajó a Valencia y negoció con el Gobierno Republicano su evacuación a Francia por vía marítima. Pero este proyecto falló y el que se llevó a cabo fue el de la dirección del PNV (Ajuriaguerra), conocido como la “solución italiana”, cuyo fracaso se debió a la traición de los italianos, a juicio de Ruiz de Aguirre: &lt;&lt;El Ejército Italiano no cumplió con su palabra. No mereció que se le entregase lo que quedaba del Ejército Vasco&gt;&gt;. Otros protagonistas e historiadores no comparten esta opinión ni tampoco su valoración sobre el polémico “Pacto de Santoña”.</p>
<ol>
<li>Historiador y archivero de la Guerra Civil en Euskadi</li>
</ol>
<p>Al correr del tiempo Luis Ruiz de Aguirre acabó siendo historiador de los acontecimientos bélicos de los que había sido protagonista y que contó a otros autores.</p>
<p>Ciertamente, no fue (ni podía serlo) un historiador académico. A escribir sobre la guerra en el País Vasco no le llevó la profesión ni la vocación (su vocación fue más ser poeta que historiador), sino la necesidad de defender los ideales (el nacionalismo vasco) y las instituciones (el Gobierno autónomo surgido del estatuto de 1936) por los que dio su visión de la Guerra Civil, la de los gudaris vencidos, en oposición a la ofrecida por los vencedores, por la historiografía militar franquista. Así, por ejemplo, criticó aspectos de las obras del coronel Martínez Bande, como lo que éste ha denominado la “Rendición de Guriezo”. Del mismo modo, formó parte de la comisión de historiadores investigadora del bombardeo de Gernika en los años 1977-1978.</p>
<p>Sancho de Beurko fue autor de varios artículos sobre el Pacto de Santoña, en los que defendió las tesis ya mencionadas, y de dos libros sobre la guerra. Aparte del valor de éstos a los que enseguida aludiré, Ruiz de Aguirre ocupa un puesto destacado en la historiografía vasca de la Guerra Civil por haber editado completo El Informe del presidente Aguirre al Gobierno de la República, extenso y capital documento para entender el conflicto en Vizcaya bajo el Gobierno Vasco de octubre del 36 a junio del 37. Con su publicación Ruiz de Aguirre cumplió su misión de dar a conocer al pueblo vasco la defensa que de él hizo el Lehendakari Aguirre y &lt;&lt;su terrible esfuerzo para salvar el Ejército Vasco&gt;&gt;, y al mismo tiempo proporcionó a los historiadores una fuente de excepcional valía, cuya consulta es imprescindible para todo aquel que quiera escribir sobre la Guerra Civil en Euskadi.</p>
<p>Precisamente, en su prólogo a El Informe&#8230;, Beurko revela que el presidente Aguirre (tan admirado por él aún no perteneciendo al mismo partido) le pidió a él y a otros destacados nacionalistas que escribieran sobre los hechos que habían vivido en 1936-37.</p>
<p>Ruiz de Aguirre hizo caso de esta petición y prueba de ello son los dos libros que dedicó a la contienda fraticida.</p>
<p>El primero, escrito en el exilio, lleva el significativo título de Gudaris14. Como señala su prologuista Tellagorri, &lt;&lt;no pretende ser una historia de la Guerra Civil en Euzkadi; a veces se preocupa de los detalles bélicos y los consigna escrupulosamente, pero la tónica general es la del pintor literario&gt;&gt;. En efecto, son –como indica el subtítulorecuerdos de guerra que el autor narra de forma literaria, no en vano &lt;&lt;Sancho de Beurko ha sido siempre un poeta&gt;&gt; (Tellagorri). La parte final del libro es la que tiene más valor desde el punto de vista histórico, ya que reconstruye la reorganización del Ejército Vasco en Santander en los meses de julio y agosto de 1937 y sigue su evolución día a día en base a la documentación del Estado Mayor. Bastantes de estos documentos, que él mismo sacó en una cartera de Santoña y conservó a lo largo de toda su vida, figuran reproducidos fotográficamente en la segunda edición de Gudaris, entre ellos el último parte de Aguirre en suelo vasco. Esta aportación documental acrecienta considerablemente el valor histórico del libro: la publicación de un gran número de fotografías en su mayoría referidas al Ejército vasco y a la guerra en</p>
<p>Vizcaya, y una muy útil relación de batallones del ejército regular de Euzkadi con sus nombres, numeración, filiación política o sindical y mandos superiores.</p>
<p>El segundo de sus libros sobre la Guerra Civil está dedicado al Ejército Vasco. Tampoco se trata de una historia propiamente dicha, sino más bien de una recopilación de documentos, estadísticas, fotografías y croquis de operaciones, de gran importancia para la historia militar. Entre ellos sobresalen los numerosos datos que proporciona sobre la composición del Ejército y de la Marina Auxiliar de Guerra, su armamento y el Cinturón de Hierro. Al final del libro reproduce textos de los historiadores militares franquistas sobre la campaña de Vizcaya, que sirven de contraste a la visión y a las fuentes ofrecidas por Sancho de Beurko.</p>
<p>En suma, su mayor aportación a la historiografía de la Guerra Civil en Euskadi es de índole testimonial y documental. Y es que Ruiz de Aguirre hablaba y escribía de la guerra de 1936 basándose no sólo en los recuerdos de su memoria sino sobre todo en un importante archivo, que tuvo su origen en la documentación militar que logró sacar del puerto de Santoña en agosto de 1937. A los papeles y las fotografías que fue reuniendo se sumó la cuantiosa documentación recuperada en los años setenta por “Bidasoa. Instituto de historia Contemporánea”, asociación de la que fue uno de sus principales promotores y que publicó varios fascículos sobre la Guerra Civil. Ruiz de Aguirre entregó en 1985 una copia del Archivo Bidasoa a la consejería de Cultura del Gobierno Vasco, que se encuentra en el centro de microfilm de Bergara19, y en 1989 otra copia del mismo a la Biblioteca Central de la Universidad del País Vasco en Leioa, garantizando así su conservación y difusión.</p>
<p>Para terminar quiero resaltar la vinculación que le unió a la Universidad vasca en los últimos años de su vida. Hombre trabajador y autodidacta, que no tuvo oportunidad de estudiar una carrera universitaria pero con una fuerte vocación cultural, decidió  así me lo comunicó constantemente en sus cartas- que sus fondos bibliográficos, hemerográficos y documentales fuesen a parar a la Universidad pública para que sirviesen en el futuro a los investigadores. Así, en 1987 la UPV adquirió sus colecciones de prensa, valiosas para la etapa del exilio (Euzko Deya de París y México, Alderdi, OPE, etc.), con las que la hemeroteca universitaria organizó una interesante exposición titulada “40 años de Historia”. En 1988 y primeros meses de 1989, aquejado ya de larga y penosa enfermedad que le obligó a peregrinar por diversos hospitales, fue pasando paulatinamente a la UPV su biblioteca, en la que destacaban los libros referentes a la Guerra Civil y a la figura de Simón Bolívar (otra de sus aficiones culturales: era el presidente de la Sociedad Bolivariana del País Vasco desde 1987). Y por último, en julio de 1989, unas semanas antes de su muerte aprobó el traslado de su archivo (¡De lo que más le costó desprenderse!) desde su casa de Hondarribia hasta la Biblioteca Universitaria de Leioa.</p>
<p>Este postrer gesto en pro de la cultura y de la memoria colectiva del pueblo vasco honra a Luis Ruiz de Aguirre, que supo ser hombre de acción y gudari en la guerra y hombre de letras e historiador en tiempo de paz, siempre al servicio de la causa vasca por la que luchó primero con las armas y después con la pluma.</p>
<p>En 1980, en el prólogo de su libro sobre El Ejército Vasco, escribió: &lt;&lt;Siempre he temido por la muerte de un gudari porque además de llevarse nuestras lágrimas, se lleva con él una parte de la reciente historia de Euzkadi&gt;&gt;. Pienso que pocas veces se han aplicado con mayor propiedad estas palabras que en el caso de Luis Ruiz de Aguirre, sin duda, son su mejor epitafio. Descansa en paz, amigo Luis.</p>
<p>Por José Luis de la Granja</p>
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		<title>La irrupción del cine sonoro en Barakaldo</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Apr 2010 08:55:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[La margen izquierda de la Ría del Nervión experimentó en el último tercio del siglo XIX
una acelerada y profunda transformación de su estructura productiva. La incipiente industrialización que se había registrado en la zona desde los años cincuenta cobró un nuevo impulso, esta vez definitivo, tras la finalización de la Segunda Guerra Carlista, en 1876. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/04/Calle-Zaballa-2.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1756" rev="caption:`Calle Zaballa (2)`"><img class="alignright size-medium wp-image-1757" title="Calle Zaballa (2)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/04/Calle-Zaballa-2-300x174.jpg" alt="" width="300" height="174" /></a>La margen izquierda de la Ría del Nervión experimentó en el último tercio del siglo XIX</p>
<p>una acelerada y profunda transformación de su estructura productiva. La incipiente industrialización que se había registrado en la zona desde los años cincuenta cobró un nuevo impulso, esta vez definitivo, tras la finalización de la Segunda Guerra Carlista, en 1876. Los cambios económicos, sociales y políticos que se derivaron de este desarrollo industrial provocaron que la tradicional sociedad rural fuera siendo sustituida paulatinamente por la naciente sociedad capitalista, que poco tiempo después acabó siendo hegemónica.</p>
<p>Barakaldo, cuya actividad industrial se había iniciado en 1856 con la constitución de la</p>
<p>Fábrica de Hierro y Acero de Nuestra Señora del Carmen, ocupó un papel central en el proceso de industrialización que protagonizó esta área del territorio histórico vizcaíno. A la inicial industria siderúrgica se sumó la extracción, con carácter intensivo, del mineral de hierro, lo que determinó un notable crecimiento demográfico y el surgimiento de los dos primeros núcleos urbanos de la anteiglesia, situados en las zonas del Desierto y Lutxana, que desplazaron social y económicamente a los barrios de San Vicente y Retuerto.</p>
<p>La suma de esos dos factores, industrialización y crecimiento demográfico, promovió el</p>
<p>comienzo de una notable mutación del espacio donde se asentaron tanto las fábricas como las viviendas. Estas acogieron a los trabajadores que acudieron atraídos por las oportunidades laborales que les brindaba el desarrollo industrial. Se produjo de esta forma, en un lapso temporal breve, el tránsito de un paisaje rural y agrícola a otro urbano e industrial.</p>
<p>El resultado del mismo, ante la falta del menor atisbo de planificación y control por parte del Ayuntamiento, fue que el crecimiento de la ciudad diera lugar a un “conglomerado monstruoso y antihigiénico e insalubre poblachón”, como se la calificaba, en 1909, desde las páginas del semanario <em>El Eco de Baracaldo</em>. Donde se criticaba con dureza la pasividad y desidia de las autoridades locales al permitir que se construyera donde y como se quisiera.</p>
<p>El intento, en 1890, del arquitecto municipal Casto Zabala de ordenar la considerable expansión que experimentaba Barakaldo en ese momento, mediante un plano de población, se frustró por la oposición de los propietarios del suelo a que entrase en vigor ninguna ordenanza que regulase el caos urbanístico en que se desarrollaba la anteiglesia. Algunos de ellos, desde los diferentes cargos de responsabilidad pública que desempeñaron, tanto como concejales o alcaldes del municipio, intervinieron activamente en la defensa de sus intereses particulares en detrimento de los de la ciudad.</p>
<p>Hubo que esperar, por lo tanto, treinta y cinco años, hasta 1925 para que Barakaldo contase con su primer plano de población. Su elaboración no partió del Ayuntamiento, ya que respondía a una iniciativa legal promovida por el Gobierno y recogida en el Reglamento de obras y servicios municipales, promulgado en 1924. En su artículo cuarto se fijaba la obligación de elaborar un plan de ensanche que tenían todos los municipios cuyo censo fuera superior a 10.000 habitantes y el incremento poblacional entre 1910 y 1920 representase más del 20%. La única excepción que contemplaba era la de aquellos que ya contasen con uno.</p>
<p>En Barakaldo se había registrado un notable aumento demográfico, muy superior al que marcaba la cita normativa, cifrado en un porcentaje del 38,5%. En efecto, los 19.429 vecinos con los que contaba la anteiglesia en 1910 se habían convertido en 26.906 en 1920. No obstante, en el momento de acometer la elaboración del reordenamiento del municipio el número de sus habitantes se elevaba a 28.327.</p>
<p>El plano de población, titulado Proyecto de Urbanización, Reforma y Extensión de Baracaldo, fue entregado al Ayuntamiento en diciembre de 1925. El objetivo del mismo, según su re d a c t o r, el arquitecto municipal Ismael Gorostiza, era lograr que el municipio dejase de ser “un pueblo desperdigado, sin orden y sin obedecer a trazados previstos. No podía en modo alguno continuar de esta forma ya que los cálculos probables hacen preveer una población grande. Se imponía necesariamente una urbanización que trazase normas constructivas y p receptos higiénicos cual las poblaciones modernas necesitan”.</p>
<p>El diseño que realizó Gorostiza para la ciudad planteaba la separación clara de la zona</p>
<p>industrial de la poblacional y la urbanización de una superficie de 560,14 hectáreas. Junto a ello proyectó el trazado de nuevas calles:</p>
<p>“Calle A. de 20 metros de anchura que partiendo de Burceña, va por Sacona, Landaburu, Bagaza a río de Galindo. Otra llamada B. de 15 metros de anchura, que partiendo de la campa de Cruces, donde se hará una gran plaza, va unirse a la calle A. en Valejo. Otra llamada F. de 10 metros de anchura, que de los Fueros irá a San Vicente y otra E. desde la calle de los F u e ros, con 18 metros de anchura, se unirá a la actual carretera nueva, que con 24 metros de anchura, irá a dar a Retuerto”.</p>
<p>La conexión de los barrios periféricos con los Fueros, supuso para esta última zona erigirse en el nuevo centro y eje del municipio. En su entorno se construyeron varios edificios que simbolizaban de manera paradigmática los cambios urbanísticos que se estaban produciendo: Caja de Ahorros Municipal de Bilbao (1930), Te a t ro Baracaldo (1930), Plaza del Mercado (1931) y Casa del Pueblo (1932), en cuyo interior se ubicó el Salón María Guerrero.</p>
<p>La remodelación y la nueva fisonomía que registraba la ciudad eran valorados positivamente en un artículo que publicaba el rotativo bilbaíno <em>El Pueblo Va s c o</em>, en el que se podían leer las siguientes líneas:</p>
<p>“Baracaldo, el Bilbao industrial por antonomasia, emporio de riqueza, pueblo eminentemente fabril, que en la actualidad cuenta con una población de treinta y dos mil habitantes, atiende con celo a sus servicios de higiene y problemas de urbanización, dotándolos de toda la esplendidez y ornamentación que sus laboriosos vecinos se merecen.</p>
<p>El comercio, que tiene también en esta anteiglesia una magnífica representación crece día en día y da a sus nuevas aperturas el ambiente de riqueza e importancia que ostenta en las más importantes capitales de provincia. (&#8230;..)</p>
<p>Son estos factores interesantísimos: los diversos problemas municipales de urbanización, saneamiento, enseñanza, abastecimiento de aguas, etc, etc, en los que acusa Baracaldo un ascendente progreso en estos últimos años”.</p>
<p>Una visión menos optimista se publicaba en <em>El Nervión</em>, donde Cecilio Garcirrubio contraponía la radiante belleza de Algorta y Bilbao, con la “prosaica, la tosca, la salvaje” de Barakaldo, donde el agua de la ría no era: “azul, ni poética, ni cristalina, sino barrosa, negruzca, turbulenta. A lo largo de los pretiles vamos viendo dos largos rosarios de luminarias que extienden sus destellos mortecinos a uno y otro lado. (&#8230;&#8230;) Luego, veremos sobre el cielo y sobre las aguas extraños resplandores precedidos de ruidoso fragor, que nos da la sensación de tener a nuestro lado un gran infierno: los Altos Hornos”.</p>
<p>1.- Desde sus inicios el cinematógrafo aspiró a fundir imagen y sonido en un mismo plano. Los diferentes intentos que se sucedieron en el tiempo no dejaron de ser meros esbozos que no lograron solucionar el problema que planteaba la sincronización entre las imágenes y el sonido, ni su amplificación en grandes recintos como los que ocupaban los cinematógrafos, por lo que tras sus primeras exhibiciones acabaron por desaparecer. No fue hasta comienzos de la década de los veinte cuando surgieron con fuerza nuevas iniciativas, que en esta ocasión cristalizaron en la consecución definitiva de los primeros sistemas sonoros. Estos se debieron a las empresas de teléfonos American Telephone &amp; Telegraph (AT&amp;T) y de radiodifusión Radio Corporation of América (RCA). La AT &amp; T, a través de su filial Western Electric, puso a punto junto a la productora cinematográfica Warner Bros el sistema Vitaphone y con la Fox Film Corporation, otro estudio cinematográfico, el Movietone. La RCA, por su parte, logró igualmente el mismo objetivo con el Photophone.</p>
<p>La primera película rodada con la nueva tecnología del sonido, mediante el sistema Vitaphone, que llegó a las pantallas de los cines estadounidenses fue el largometraje <em>Don Juan </em>(<em>Don Juan</em>, Alan Crosland, 1926), cuyo estreno tuvo lugar el 6 de agosto de 1926. Un año después la Wa rner Bros presentaba su segundo largometraje <em>E l cantor del jazz </em>(<em>The jazz singer</em>, Alan Crosland, 1927). El éxito del filme llevó a las productoras Metro Goldwyn Mayer, Paramount y United Artists a suscribir, el 11 de mayo de 1928, un acuerdo con la AT&amp;T que les permitía incorporarse también a la producción de películas sonoras.</p>
<p>La Fox, que desarrollaba sus investigaciones, por medio de su filial Fox-Case, tras poner</p>
<p>a punto el Movietone, se decidió por la aplicación del sonido a la realización de sus noticiarios; proyectándose el 30 de abril de 1927 el primer número sonoro del Fox Movietone News.</p>
<p>La RCA, que no había logrado cerrar ningún convenio con ninguna productora, en su intento de no quedarse fuera del negocio que representaba el cine sonoro decidió formar su propio estudio de producción: Radio Keith Orpheum, fruto del compromiso que alcanzó con la productora Film Booking Office y los circuitos de exhibición cinematográfica Keith Albee y Orpheum.</p>
<p>El cine sonoro se convirtió en una alternativa real al cine mudo, sin posibilidad de vuelta atrás, a partir del 20 de septiembre de 1928, fecha en la que se comenzó a proyectar <em>El loco cantor </em>(<em>The Singing Fool</em>, Lloyd Bacon, 1928). En esta ocasión, a diferencia de lo que había ocurrido con <em>Don Juan </em>(que solo llevaba grabada la música orquestal), y <em>El cantor de jazz </em>(que solo eran sonoros los números musicales), la Warner Bros optó por un largometraje totalmente sonoro. Su éxito implicó que las principales productoras de Hollywood se decantaran de forma definitiva por el rodaje de películas sonoras.</p>
<p>A principios de 1930 se puede considerar que la transición entre el cine mudo y el cine</p>
<p>sonoro se había culminado. Junto al triunfo de los filmes sonoros se impusieron también los sistemas ópticos, en detrimento de los fonográficos. De esta manera el Movietone y el Photophone, que llevaban incorporado el sonido junto a la banda de imagen, acabaron desplazando al Vitaphone, que se caracterizaba por la grabación del sonido sobre disco. El sistema óptico fue elegido como la norma estándar del cine sonoro tras la reunión que mantuvieron en julio de 1930 en París los representantes de los sistemas sonoros estadounidenses y europeos.</p>
<p>La presentación del cine sonoro en el Estado español tuvo lugar el 19 de septiembre de 1929 en el Cine Coliseum de Barcelona con la proyección del largometraje de la productora Paramount <em>La canción de París </em>(<em>Innocents of Paris</em>, Richard Wallace, 1929), y de dos cortometrajes.</p>
<p>Tal como relataba el enviado especial del periódico madrileño <em>El Sol</em>, Focus, la exhibición se realizó “con arreglo a los procedimientos más modernos que actualmente alcanza este nuevo espectáculo en el Extranjero. No se trata, por consiguiente, de una prueba más ni de un ensayo, tanteo o estudio, sino de una plena demostración de ‘cine’ sonoro perfeccionado. Las máquinas, los films utilizados son de idéntica condición a los que se están usando en Nueva York, en Londres y en París”.</p>
<p>Pocas semanas después, el 7 de noviembre, Bilbao se incorporaba a la era del cine sonoro con el estreno en el Teatro Buenos Aires de <em>El arca de Noé </em>(<em>Noah’s ark</em>, Michael Curtiz, 1928). Si en la capital barcelonesa el sistema empleado fue el Movietone, en la bilbaína se recurrió al Vitaphone, al estar producida la película por la Wa rner Bros. <em>El Liberal </em>recogió al día siguiente la crónica de un acontecimiento tan esperado como exitoso:</p>
<p>“La novedad del cine sonoro llevó ayer numerosísima concurrencia al Teatro Buenos Aires en las dos funciones que se celebraron.</p>
<p>Aun cuando “El arca de Noé”, que cinematográficamente es algo portentoso, por lo que respecta a la nueva modalidad no ofrece más particularidades que alguna leve salpicadura de diálogo y la circunstancia de aparecer sus diversos cuadros y situaciones subrayados por una música descriptiva, compuesta exprofeso y a base del más perfecto sincronismo, pudiéndose decir, en consecuencia, que se trata de un drama o pantomima lírico-cinematográfico, el espectáculo sorprende y cautiva de modo gratísimo y además promete vislumbrar en un inmenso campo de posibilidades artísticas a que el invento dará ocasión en el porvenir y a medida que vaya siendo perfeccionado.</p>
<p>La fábrica de sueños habla: la irrupción del cine sonoro en Barakaldo Vasconia.</p>
<p>El numeroso auditorio que ayer invadió las distintas localidades del Buenos Aires, manifestóse, desde luego, complacido y comentó encomiásticamente la novedad. Hay espectáculo y de una sugestividad enorme”.</p>
<p>El siguiente cinematógrafo en incorporar la exhibición de films sonoros a su programación fue el Coliseo Albia, que el 22 de noviembre proyectaba <em>La canción de París</em>. La introducción del cine sonoro en el resto de las salas bilbaínas fue un proceso más lento, que se dilató en el tiempo durante seis años: de 1930, cuando se equiparon con la nueva tecnología el Teatro Trueba (3 de octubre), Cinema Bilbao (28 de octubre) y Salón Olimpia (21 de noviembre), hasta 1935, cuando lo hizo el Teatro Arriaga (27 de septiembre).</p>
<p>2. A diferencia de lo que había ocurrido con la llegada del cinematógrafo (1904) y la aparición del primer cine estable (1909), que tardaron ocho y cuatro años respectivamente en relación a lo que había ocurrido en Bilbao, la irrupción del cine sonoro en Barakaldo fue muy rápida ya que su demora no llegó a un año. El 5 de septiembre de 1930 tenía lugar su presentación en el Teatro Baracaldo, coincidiendo con su inauguración, y el 28 de septiembre en el Gran Cinema Baracaldo. De esta manera el cine sonoro irrumpió antes que en el resto de los pueblos del territorio histórico vizcaíno y la mayoría de los cines de la capital bilbaína.</p>
<p>Coincidiendo con la expansión que experimentaba la ciudad y la llegada del cine sonoro, el espectáculo cinematográfico conoció a partir de la década de los treinta una importante revitalización, que se concretó en la apertura de cuatro cines: Te a t ro Baracaldo (1930), Salón María Guerrero (1932), Cine Luchana (1933) y Salón Landaburu (1935).</p>
<p>Esta ampliación de la cartelera cinematográfica, que desde el cierre del Salón Petit Palais, el 16 de marzo de 1916, había estado monopolizada por el Te a t ro Principal, primer cine de fábrica construido en el municipio, determinó el comienzo de una nueva etapa en la exhibición cinematográfica baracaldesa, a la vez que representaba la consolidación definitiva del cinematógrafo como espectáculo de masas en la anteiglesia.</p>
<p>El primer síntoma de la época que estaba a punto de comenzar se produjo tras la conclusión de la temporada 1928-29. El paréntesis que la época estival abría todos los años en la actividad del Teatro Principal fue aprovechado en esta ocasión por sus dueños María Esnaola, Nicolás Santurtun y Filomena Burzaco para vendérselo a Eugenio Solano Corcuera por 370.000 pesetas, de las que 330.000 corre s p o n d i e ron al cinematógrafo y 40.000 al terreno en que había sido construido, que era propiedad de Antonia Esnaola.</p>
<p>Un año después de hacerse cargo del Gran Cinema Baracaldo, nuevo nombre que recibió el Teatro Principal, Solano decidió equipar al salón con equipos de proyección sonoros.</p>
<p>El 28 de septiembre de 1930, simultáneamente al comienzo de la temporada 1930-31, se ofrecía el primer programa sonoro. La Sociedad Anónima General de Espectáculos, concesionaria para España de los equipos Pacent, que eran los que se habían instalado en el Gran Cinema Baracaldo, publicaba en <em>El Noticiero Bilbaíno </em>una información en la que daba cuenta del hecho:</p>
<p>“El público, numerosísimo, que ocupó en su totalidad las localidades en las cuatro funciones que se celebraron, aplaudió sin reservas a la Empresa por la costosa innovación, y más especialmente al finalizar las sesiones; a juzgar por los técnicos invitados, la magnífica y excepcional audición y sincronización del equipo permite colocarlo en primera fila entre los mejores, y así lo han entendido muchas Empresas españolas y, dentro de ellas, algunas de Bilbao (Ideal Cinema y Cinema Bilbao), que anuncian para en breve la terminación de sus respectivas instalaciones ”.</p>
<p>La incorporación del cine sonoro no hizo desaparecer la exhibición de las películas silentes, aunque si las fue relegando a un segundo plano. De hecho al menos hasta 1934 la programación del Gran Cinema Baracaldo combinó la proyección de películas sonoras y mudas.</p>
<p>El Teatro Baracaldo, el otro gran cine de esta época, surgió impulsado por la Sociedad</p>
<p>Anónima Teatro Baracaldo, que se constituyó el 13 de diciembre de 1928 con un capital social de 300.000 pesetas, distribuido en 3.000 acciones de 100 pesetas nominales cada una.</p>
<p>A diferencia de lo que había sucedido hasta ese momento el lugar elegido para la construcción del cinematógrafo no fue el barrio del Desierto, la tradicional ubicación de todos los cines que le habían precedido, sino los aledaños de la Plaza de los Fueros, junto a la parte posterior de la Plaza del Mercado. Este emplazamiento se situaba en plena sintonía con el ensanche que estaba experimentado en ese momento la anteiglesia.</p>
<p>La inauguración del Te a t ro Baracaldo, cuya capacidad era de 1.262 localidades, tuvo lugar el 5 de septiembre de 1930, con un concierto de música clásica, ofrecido por la Orquesta di Cámara de La Arenas. La prensa no escatimó elogios al nuevo cinematógrafo, cuyo coste había sido de 350.000 pesetas, así <em>La Tarde </em>lo calificaba como “una sala de espectáculos que pueda compararse con las mejores de su categoría por todos los conceptos”. En términos similares se expresaba <em>El Noticiero Bilbaíno</em>: “Ayer tarde se efectuó la inauguración del nuevo ‘Teatro de Baracaldo’, construido en la plaza de los Fueros y dotado de todos los elementos exigibles en un salón de espectáculos instalado en una población a la moderna. (&#8230;) El nuevo local responde perfectamente a la importancia de Baracaldo”.</p>
<p>Al día siguiente comenzó la programación cinematográfica con la proyección, el sábado 6, de <em>El canto del lobo </em>(<em>Wolf Song</em>, Victor Fleming, 1929). A esta le siguieron, el domingo 7, <em>Sombras blancas en los mares del Sur </em>(<em>White Shadows in the Sout Seas</em>, Robert J. Flaherty y W.S. Van Dyke, 1929), y el lunes 8, <em>Te n t a c i ó n </em>(<em>The Single Standard</em>, John S. Robertson, 1929).</p>
<p>La circunstancia de que el cine sonoro empezara su trayectoria en España al mismo tiempo que se edificaba el Te a t ro Baracaldo llevó a su Consejo de Administración a estudiar la posibilidad de dotar al cinematógrafo con los correspondientes equipos sonoros. A ello aludía el <em>Boletín Oficial de la Asociación de Empresarios de Espectáculos Públicos de las Provincias Vascongadas y Navarra</em>: La fábrica de sueños habla: la irrupción del cine sonoro en Barakaldo “El nuevo Te a t ro, que se ha montado con todos los adelantos modernos, presentará por primera vez en Baracaldo, el cine sonoro, proyectando siempre las mejores producciones”. El sistema elegido fue el denominado Filmófono, patentado por el ingeniero Ricardo M. Urgoiti, elección que el tiempo revelaría como desafortunada al ser un sistema de grabación y reproducción sobre disco, que era incompatible con el sistema óptico, que como ya hemos indicado llevaba incorporado el sonido a la película y que acabó siendo el modelo estándar de reproducción del sonido.</p>
<p>La desventaja competitiva en que se encontraba el Teatro Barakaldo frente al Gran Cinema Baracaldo, que sí contaba con un sistema óptico, obligó a la renovación de los equipos de sonido pues al carecer éstos de célula foto-eléctrica, según se indicaba en la reunión celebrada por el Consejo de Administración el 22 de octubre de 1931, solo se podían proyectar únicamente las “películas sin banda, con el inconveniente de que la producción de esta ha disminuido extraordinariamente, aumentado en cambio el número de las de banda”.</p>
<p>Poco tiempo después, el 25 de diciembre, se procedió a la instalación de una célula fotoeléctrica de la marca Erko-Cinaes, lo que repercutió favorablemente en el aumento del número de espectadores y consiguientemente en la recaudación.</p>
<p>Aunque parecía que los graves inconvenientes surgidos con la proyección de las películas sonoras se había solucionado, no ocurrió así. La instalación defectuosa de una de las células fotoeléctricas, a pesar de los intentos que se hicieron por arreglar la mala calidad en la reproducción del sonido, provocó que el problema se prolongase hasta finales de 1934, momento en que se consiguió resolver de forma definitiva la cuestión. En la Junta General de Accionistas, celebrada el 27 de febrero de 1935, se aludía a este tema:</p>
<p>“Han sido sustituidos los mecanismos que en diciembre de 1931 fueron montados como los más perfectos entonces por otros nuevamente creados al objeto de superar en calidad la expresión sonora de las proyecciones, mejora que ha sido debidamente apreciada durante el último bimestre del ejercicio finalizado en nuestro Teatro por los concurrentes al mismo, cuyo número, por cierto, ha sido bastante más elevado que el registrado en el mismo período de tiempo del ejercicio anterior”.</p>
<p>La urbanización de la Plaza de los Fueros obligó a los socialistas a bordar la construcción de una nueva Casa del Pueblo, dado que el edificio que ocupaban estaba previsto que fuera expropiado por el Ayuntamiento. El proyecto de la futura sede social fue encargado al arquitecto Juan Carlos Guerra, que diseño un edificio de corte modernista, influido por Erich Mendelsohn, que rompía con el estilo tradicional predominante en las casas del pueblo socialistas. En su interior se construyó un salón-teatro, en él que además de servir de marco para acoger las habituales conferencias, mítines y otras actividades culturales que organizaban los socialistas, también estaba pensado para que funcionara como cinematógrafo.</p>
<p>La inauguración oficial de la Casa del Pueblo, cuyo presupuesto final ascendió a 210.618 pesetas, tuvo lugar el 3 de abril de 1932 con un mitin, al que siguió la representación de la obra <em>El abuelo</em>, de Benito Pérez Galdós. La actividad cinematográfica del salón, que tenía una capacidad para 1.500 espectadores, no comenzó hasta el 2 de octubre. El responsable de la misma fue el cineasta, distribuidor y futuro productor cinematográfico navarro Miguel Mezquíriz, que desarrollaba su actividad profesional durante esta época en Bilbao.</p>
<p>Dos meses después de hacerse cargo de su explotación cinematográfica Mezquíriz decidió instalar un equipo sonoro Bauer, de la empresa Noldin y Cutheinz, de la que era representante para la Zona Norte de la península. El primer título que se exhibió, el 10 de diciembre, fue <em>Arsenio Lupin (El ladrón de guante blanco)</em>, (<em>Arsene Lupin</em>, Jack Conway, 1932).</p>
<p>La actividad como exhibidor de Mezquíriz se redujo a la temporada 1932-33, que coincidió con el tiempo que permaneció abierto el cinematógrafo durante esos dos años. Esta primera etapa cinematográfica concluyó el 7 de mayo de 1933, a partir de entonces se abre un largo paréntesis que se prolongó hasta diciembre de 1935, cuando se reanudó la exhibición de películas, impulsada en esta ocasión por el vecino de Sestao Honorato Navarro. Los socialistas, por tanto, en ningún momento llegaron a explotar comercialmente el Salón María Guerrero .</p>
<p>Una muestra más de la revitalización que experimentaba la exhibición cinematográfica</p>
<p>en Barakaldo fue la apertura del Cine Luchana, situado en el barrio del mismo nombre, con lo que el cine llegaba también a zonas distantes del centro de la ciudad. El edificio disponía de “una planta baja y otra alta, siendo los cimientos de piedra de mampostería, la edificación de ladrillo y el tejado de teja plana”.</p>
<p>De la modestia empresarial de este proyecto, cuyo artífice fue la Sociedad Muruaga y</p>
<p>Ferrera, da fe su bajo coste, 20.000 pesetas, según declaraban sus propietarios, José Ferrera Vidal y Miguel Muruaga Garay. Por ello más que como cinematógrafo cabe calificarle de pabellón cinematográfico, dada la similitud que presenta con los primeros cines que se construyeron en la década de los diez en Barakaldo.</p>
<p>Su apertura tuvo lugar el 4 de febrero de 1933, cerrando el 13 de diciembre de 1934. A</p>
<p>pesar de ello sólo llegó a funcionar seis meses el primer año y nueve el segundo. A tono con el carácter de cine de barrio que asumió tenemos que solo abría los fines de semana y los festivos, cerrando durante los meses de verano. Su escasa vida hay que atribuírsela al hecho de que no contara con equipos sonoros, lo que limitaba mucho la posibilidad de elección de películas, y a que su público se circunscribía al barrio de Lutxana y sus alrededores, y por consiguiente su rendimiento económico era bastante limitado.</p>
<p>El último cine en aparecer fue el Salón Landaburu, que se inauguraba el 7 de abril de 1935 con la exhibición del largometraje estadounidense <em>El secreto del mar</em>. Situado en la Carretera Nueva, vía de comunicación que comunicaba la Plaza de los Fueros con el barrio de Retuerto, era un cine parroquial, con un aforo de 250 localidades y disponía de equipos sonoros.</p>
<p>Gestionado por el sacerdote Simón López, no era, por tanto, un proyecto de tipo comercial sino que estaba orientado hacia la acción pastoral y a ser un fiel intérprete de la doctrina oficial de la Iglesia católica en el campo del cine. Acorde con este planteamiento la moral estaba por encima de cualquier consideración económica, de hecho las películas que se proyectaban se sometían al expurgo de todas aquellas escenas que a su juicio se consideraban inmorales. Esta actitud censora no era algo que se ocultara, al contrario, se alardeaba de ello y se publicitaba, como uno de los rasgos que definían a este cinematógrafo, en la revista <em>El amigo de los niños y de los mayores</em>, que también editaba López.</p>
<p>3. La configuración de este panorama de la exhibición cinematográfica baracaldesa fue simultáneo a un crecimiento notable de la asistencia a las salas. Para entender en su verdadera dimensión el salto, cuantitativo y cualitativo, que experimentó el espectáculo cinematográfico, en la primera mitad de la década de los treinta, es conveniente echar una breve mirada retrospectiva a lo que había sucedido durante los años precedentes.</p>
<p>En la década de los diez el mejor registro se logró en 1912 con 107.287 espectadores. Hubo que esperar once años para superar esa cifra, lo que se consiguió en 1923 con 124.223 asistentes, que significó el comienzo de una senda alcista que se prolongó hasta 1926, cuando se llegó hasta los 199.596, la mejor marca de la década de los veinte y por extensión un récord histórico. El retroceso en el nivel de frecuentación de los cinematógrafos que se produjo a continuación situó los espectadores en 168.734 durante 1929.</p>
<p>Con la llegada de los años treinta no solo se quebró la línea descendente que se había iniciado en 1927 sino que se produjo un incremento en la frecuentación de los cinematógrafos, y por consiguiente de los ingresos, como no se había producido antes. En efecto, en 1930 el número de espectadores alcanzó los 357.420, cantidad que representaba un aumento de 188.686, en relación con el año anterior, un hecho inédito hasta entonces, aunque inferior a la subida de los 204.285 que se produjo en 1931, fecha en la que los asistentes superaban el medio millón, en concreto 561.705, y</p>
<p>se lograba de esta manera establecer un nuevo récord.</p>
<p>En los años siguientes el número de los espectadores disminuyó, primero de forma moderada en 1932 (8.609) y 1935 (11.114), y luego significativa en 1933 (32.989) y 1934 (58.975), cifras que sumaban un total de 111.687 en cuatro años, no obstante el grado de aceptación del cinematógrafo siguió siendo muy alto, con un media de 483.913 asistentes para este periodo.</p>
<p>Además, y esto es importante remarcarlo, el ascenso tuvo lugar en una coyuntura poco favorable como era la grave crisis económica por la que atravesaba Vizcaya, que repercutió de manera particular en Barakaldo y los municipios de la margen izquierda de la Ría, “cuyas poblaciones dan el contingente de concurrencia a nuestro Teatro ”, como se encargaba de subrayar el Consejo de Administración del Teatro Barakaldo en su informe de gestión ante la Junta General de Accionistas, celebrada el 17 de febrero de 1932. Fue esta circunstancia de crisis en la zona la que se volvió a esgrimir, en los años siguientes, como uno de los elementos que incidían de manera negativa en la normal marcha del negocio cinematográfico.</p>
<p>En la Junta de Accionistas de 1934 se comentaba que el retroceso en los beneficios se había producido “especialmente a la tan duradera crisis que venimos padeciendo”. En este mismo año según informe elaborado por el Ayuntamiento de Barakaldo y enviado</p>
<p>al Ministerio de Trabajo se daba cuenta que el paro afectaba en el municipio a 7.935 personas, de las que 1.365 se encontraban en paro total y 6.300 en paro parcial. La mayoría de los trabajadores, 5.900, como no podía ser de otra forma, correspondían a la “gran siderurgia y metalurgia”, sector en el que 800 estaban en paro total y 5.100 en parcial.</p>
<p>En cuanto a los ingresos de los cinematógrafos, indicar que crecieron igualmente de modo importante. Se pasó de las 92.000 pesetas de 1929 a las 213.604 de 1930, ascenso que se prolongó en 1931 con 301.042 pesetas. A partir de 1932 la recaudación se redujo durante los tres años siguientes en 69.685 pesetas, para subir 51.078 en 1935 y situarse en las 282.435 pesetas, la segunda mejor marca lograda hasta la fecha.</p>
<p>Protagonistas del ascenso de los espectadores y de la recaudación fueron el Gran Cinema Baracaldo y el Teatro Baracaldo, que sumaron entre los dos 2.829.187 espectadores (97,45%) y 1.535.925 pesetas (98,34%) del periodo comprendido entre 1930 y 1935. Los otros tres cinematógrafos, Salón María Guerrero, Cine Luchana y Salón Landaburu, se repartieron los 74.291 espectadores (2,55%) y las 25.868 pesetas (1,66%) restantes.</p>
<p>Su significación económica fue, por tanto, nula, desempeñando, por ello, un papel claramente marginal debido a los pocos meses que abrieron (Salón María Guerrero), y al tipo de cine que eran los otros dos: un cine de barrio (Cine Luchana) y un cine parroquial (Salón Landaburu). No obstante constituían un claro exponente de la expansión del cinematógrafo y del papel hegemónico que el espectáculo cinematográfico desempeñó en el tiempo de ocio de las clases populares baracaldesas, a pesar de la situación adversa en que se produjo la misma, presidida por la crisis económica.</p>
<p>La pugna que se estableció entre el Gran Cinema Baracaldo y el Teatro Baracaldo por liderar la exhibición cinematográfica en la anteiglesia, durante esta época, se saldó de forma clara en favor del primero, que logró atraer a 1.549.320 espectadores (53,36%), que dejaron en taquilla 878.543 pesetas (56,25%), mientras el segundo consiguió 1.279.867 asistentes (44,08%) y una recaudación de 657.382 pesetas (42,09%).</p>
<p>Esta diferencia de 9,28 puntos en el campo de los espectadores y de 14,16 en el de los ingresos, es atribuible al mayor tiempo que abrió el Gran Cinema Baracaldo durante 1930, el Teatro Baracaldo se inauguró en septiembre de ese año, y a los problemas que tuvo éste último con los equipos sonoros, que afectaron gravemente a su competitividad, a pesar de ser un cinematógrafo nuevo, como ya hemos indicado anteriormente.</p>
<p>Junto al aumento del número de los cines también se produjo un incremento de los días que estos funcionaban. El Gran Cinema Baracaldo osciló entre los 162 de 1930 y los 232 de 1935, con una media anual de 197 días. Mientras el Teatro Baracaldo se movió entre los 266 días de 1931 y los 297 de 1935, lo que representaba un promedio de 277 días al año. Cifras claramente superiores en relación con los días que abrió el Teatro Principal: 112 días durante la década de los diez y 156 en la década de los veinte.</p>
<p>El mayor promedio de días que funcionó el Teatro Baracaldo, que contrasta con su menor rendimiento económico, se debió a que optó por abrir durante todos los meses del año, lo que no sucedía con el Gran Cinema Baracaldo, que durante la época estival siguió interrumpiendo su actividad cinematográfica como era su costumbre desde que se inauguró en diciembre de 1915. El espectáculo cinematográfico se convirtió de esta manera en un entretenimiento cotidiano al que ahora los vecinos podían acceder durante todo el año, sin tener que salir del municipio.</p>
<p>La programación de los cinematógrafos baracaldeses también registró cambios importantes.</p>
<p>La exhibición de películas, tanto sonoras como mudas, se convirtió de forma definitiva en mayoritaria, por no decir que exclusiva. Las variedades y el teatro fueron relegadas de manera irreversible de la cartelera, perdiendo el protagonismo que habían ocupado durante las décadas precedentes, sobre todo hasta la mitad de los años veinte, cuando nutrían con un peso propio los espectáculos que se podían ver en los escenarios de los cinematógrafos.</p>
<p>A este respecto conviene reseñar que en la memoria que presentó el Teatro Barakaldo ante el Ayuntamiento, en el momento de solicitar el permiso para su construcción, se señalaba que “este edificio se destinará casi exclusivamente a cine; y que nunca tendrán gran importancia las funciones teatrales que en él se puedan celebrar”. Todo un indicio de la expansión que había registrado el cinematógrafo.</p>
<p>Cabe considerar que la llegada del cine sonoro aceleró el paso de unas formas de entretenimiento y cultura popular a otras presididas por la industrialización del ocio, que encontró entre el público de las zonas urbanas e industriales su destinatario natural. Consecuentemente con esta mutación en la manera de producir los productos culturales acudir a los cines, a partir de ese momento, suponía asistir a la contemplación de un programa formado exclusivamente por películas. El cinematógrafo que había alcanzado su estatus de principal espectáculo de masas, sin que ningún otro le disputase esa primacía, configuró también en la década de los treinta la forma canónica de la exhibición de las películas que hoy conocemos.</p>
<p>Txomin Ansola</p>
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		<title>El euskera en las Encartaciones</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Mar 2010 05:50:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La archisabida escasez de noticias que sobre el euskera hay en la tierra encartada, hace tanto más valioso el par de documentos que aquí aportamos para consideración del lector.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/Entorno-5.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1752" rev="caption:`Entorno (5)`"><img class="alignright size-medium wp-image-1753" title="Entorno (5)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/Entorno-5-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>La archisabida escasez de noticias que sobre el euskera hay en la tierra encartada, hace tanto más valioso el par de documentos que aquí aportamos para consideración del lector.</p>
<p>Corresponden a los años primeros del siglo XVI, 1504 y 1508 respectivamente, cuando iba terminando la época medieval. Y ambos forman parte del papeleo más burocrático del voluminoso pleito sucesorio al mayorazgo de San Martín de Muñatones, cuestionado desde 1476 con la muerte de su señor, Lope García de Salazar, el primer historiador de Bizkaia.</p>
<p>En la sala llamada Bizkaia de la Real Chancillería de Valladolid litigaron entonces sus nietos: Ochoa de Salazar, preboste de Portugalete, y su primo, también Ochoa de Salazar, hijo de Juan, quien finalmente se quedó con el solar de Muñatones.</p>
<p>En el primer texto, la parte del preboste Ochoa solicitó de la Audiencia, para que se pudieran recoger las declaraciones de los testigos en tierra encartada (concretamente en Bilbo, Barakaldo, Somorrostro y Karrantza), el que nombrara un receptor que conociese el euskera: «para que entienda lo que los testigos le dixieren».</p>
<p>En el segundo, cuatro años después, son las dos partes, quienes conjuntamente lo solicitaron, con deseo de ahorrarse así un intérprete, razonando que: «los testigos que han de presentar son bascongados, que no entienden la lengua castellana».</p>
<p>Y, como de paso, indicaban que tal receptor pudiera ser el escribano de la propia Audiencia, Pedro de Hoz, pues conocía el pleito, además del idioma.</p>
<p>De modo que nombrado de hecho por aquella institución jurídica, posteriormente las declaraciones fueron tomadas por dicho escribano, que las tradujo. Por lo insólito de tal suceso desde la óptica actual de la situación lingüística, y por más que los dos documentos sean absolutamente auténticos, para que parezcan menos inverosímiles, recopilamos a continuación algunos apoyos firmes de historiadores y lingüistas, sin adentrarnos en más lides que exigen un previo conocimiento del euskera.</p>
<p>Desde la época prerromana, el euskera en Bizkaia ya era tan antiguo como en Nafarroa, según la autorizada opinión de Menéndez Pidal, y por lo tanto no fue el resultado de una supuesta colonización vascona, que en tiempos post-romanos hubiera implantado el idioma en este costado occidental.</p>
<p>Más tarde y dentro de la fase romanizadora, en el siglo X, el euskera no solo se hablaba en Castilla, sino concretamente en tierra de Burgos, en donde era mucho más vizcaíno que navarro, según nos asegura Mitxelena.</p>
<p>Y en esta misma etapa, mientras sus vecinos de Santander y Burgos al romanizarse fueron perdiendo su lengua ibera o vascona, los encartados (de Muskiz, ría de Somorrostro, Labarrieta y Otxaran) siguieron hablando su idioma por más tiempo, con la temprana excepción del valle de Karrantza e inmediaciones, como lo confirma Menéndez Pidal.</p>
<p>Pasando luego a la Baja Edad Media, dos historiadores locales, Fernán Pérez de Ayala en el siglo XIV, y Lope García de Salazar en el XV, daban rotundamente la noticia de que los ayaleses colindantes con la Encartación eran euskaldunes.</p>
<p>Establecidos estos precedentes, creemos que para los dos documentos transcritos la situación espacio-temporal se hace más cómoda, y podemos trazar una continuidad en los tiempos subsiguientes.</p>
<p>A mediados del mismo siglo XVI, el bachiller guipuzcoano Zaldibia, al dedicar dentro de su obra un capítulo al idioma, en cuanto a su extensión decía: «Háblase esta lengua en Guipúzcoa, Vizcaya y Encartaciones, Alava, lo más interior de Navarra, y en Labort y Vascos&#8230;».</p>
<p>Respecto al siglo XVII, se afirma que era la lengua vulgar de las Encartaciones, aunque sin dar para ello razón alguna. Y a fines del XVIII, parece que se hablaba en los altos confinantes con Barakaldo sobre los valles de Galdames y Güeñes, así como en el occidente de Araba en Langraiz (Nanclares de la Oca).</p>
<p>Durante la primera mitad del siglo XIX, su uso era todavía general en Barakaldo, en contraste con el último cuarto de siglo, cuando por probable efecto del desastre carlista y la primera inmigración industrial, únicamente lo hablaban los más ancianos; habiendo casi desaparecido del conjunto de las Encartaciones, en donde lo utilizaban unos dos mil habitantes de los 30 mil de población total.</p>
<p>Por lo tanto en 1863, cuando el príncipe Bonaparte fijó los límites territoriales del euskera en su mapa, en Bizkaia cubrió la margen izquierda del Nervión, comprendiendo a Barakaldo y valle de Somorrostro. Pero en el presente siglo, tal como lo indicaba Unamuno, el euskera había retrocedido fuertemente en la zona, así como en las comarcas vecinas de Laudio y Barambio.</p>
<p>En esta parte, al oriente de la Encartación, todavía en el pasado siglo los delegados del valle de Amurrio no podían entenderse con los del valle burgalés de Losa sobre el tema de los montes comunales de Sierra Salvada, por desconocimiento de los mutuos idiomas romance y vascuence.</p>
<p>Y hasta mediados del actual siglo en tales valles vecinos al occidente de Araba, como Okendo, Laudio, Orozko, y el lugar de Barambio en Ayala seguían utilizando aún la antigua lengua en la vida cotidiana.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>1504, abril 26</em></p>
<p><em>(Valladolid).— Petición de un receptor que sepa la lengua vascongada para la probanza en el pleito sobre el mayorazgo de San Martín, ARCH.— Sala de Vizcaya.— Pleitos Civiles.— Pleito Sucesorio sobre San Martín de Muñatones.— Caja 1567.— Leg. 671-3 (ant. sign.).— Vol. C.—f. LVI (Rubricada).</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>“Muy poderosos señores. Vuestro servidor Ochoa de Salasar, preboste de Portugalete, suplico e pido a vuestra altesa, que pues manda que se dé información de las declaraciones fechas por el muy reberendo presidente e oidores de la avdiencia de sus altesas e que se faga probança dentro de treinta días.</p>
<p>Probean e señalen reçebtor que sepa la lengua bascongada e para que entienda lo que los testigos le dixieren.</p>
<p>Otrosí porque para se dar la información e faser la probança sobre los edefiçios e plantas e frutos e rentas, estando la casa en poder del dicho Ochoa de Salasar non se podría faser la probanca. E los testigos que han de deponer non podrían deponer en ninguna manera disiendo la verdad, ni yo informarles porque abría peligro de muerte en ello, segund que la tienen encastillada e con honbres acotados. A vuestra altesa pido e suplico le mande poner la dicha casa de San Martín en poder del corregidor de Viscaya, o del prestamero o de otra persona que la tenga de mano de vuestra altesa. Para que yo e mis procuradores e los testigos que han de deponer puedan entrar en ella con livertad e ver los edeficios e plantas e heredades.</p>
<p>Porque en otra manera non podrían desir sus dichos e depusiçiones, ni yo faser la dicha probança e dexaría de mostrar la verdad e mi justicia, para lo cual inploro vuestro real oficio. Salasar (firmado).</p>
<p>En Valladolid, a veinte e seis días del mes de abril de mill e quinientos e cuatro anos, ante los señores oidores la presentó Ochoa de Salasar preboste. E leída los dichos señores dieron por receptor para faser la probancas d’este pleito a Pedro de Fos, escrivano e receptor d’esta real audiencia. En lo segundo que se lleve el acuerdo. Fernando de Vallejo”.</p>
<p><em>1508, diciembre 1</em></p>
<p><em>(Valladolid).—Nueva petición de un receptor que sepa la lengua vascongada para el pleito sobre el mayorazgo de San Martín de Muñatones.</em></p>
<p><em>ARCH.— Sala de Vizcaya.— Pleito sucesorio sobre San Martín de Muñatones.— Caja 1.567.— Leg. 671-3.— Vol. C.— f 232 (Rubricada).</em></p>
<p>“Muy poderosos señores. Juan Lopes de Arrieta en nonbre e como procurador que soy de Ochoa de Salazar, prevoste de Portogalete, e Martín Ruiz de Muncharas en nonbre de Ochoa de Salazar, fijo de Juan de Salazar.</p>
<p>Desimos que en el pleito que las dichas nuestras partes ante vuestra altesa tratan e fueron resçibidas a prueva con cierto término. Por ende suplicamos a vuestra altesa que a nuestro pedimiento e consentimiento mande, qu’el término asignado corra desde el día de los Reyes primero que viene a cabsa de las fiestas.</p>
<p>E porque nuestras partes han de fazer sus provanças en el condado de Viscaya, donde los testigos que han de presentar son bascongados que non entienden la lengua castellana, e Pedro de Hoz escrivano reçebtor del número d’ésta su real abdiençia ba allá y es bascongado y está informado d’este negocio, porque las provanças d’este dicho pleito han pasado ant’él.</p>
<p>Por quitar a las partes de costas de intérpretes, pedimos e suplicamos asimismo mande cometer la reçebçión y esaminaçión de los dichos testigos al dicho Pedro de Foz. Para lo cual en lo necesario el real ofiçio de vuestra altesa inploramos e firmamos esta petiçion de nuestro nonbres. Salasar.</p>
<p>Martín Ruis. Juan Lopes de Arrieta.</p>
<p>En Valladolid, a primero día de disienbre de mill e quinientos e ocho años. Ante los señores oidores en avdiençia pública la presentó el preboste Ochoa de Salasar e Martín Ruis de Muncharaz en nombre de su parte. E leída los dichos señores, dixieron que lo oían, y mandaron que se fisiese como las partes por esta petición lo piden.</p>
<p>A primero de disienbre de I-D VIIIº, que se haga como las partes lo piden”.</p>
<p>Sabino Aguirre Gandarias</p>
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		</item>
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		<title>El Mayorazgo de BEURCO-MARTIARTU</title>
		<link>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/03/23/el-mayorazgo-de-beurco-martiartu/</link>
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		<pubDate>Tue, 23 Mar 2010 05:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[EN BARAKALDO.
1. Propiedades del mayorazgo:
En el año 1777 se hizo una relación de propiedades del mayorazgo al tiempo de ser entregado este a Manuel de Barañano. Son las siguientes:

La casa y casería nombrada de Beurco-Martiartu, en el barrio de Beurco.
Una heredad pegante a la casa, llamada Hortuburu.
Un viñedo tras la casa.
Una heredad ante la casa.
La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/Beurko-Antiguo-8.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1748" rev="caption:`Beurko Antiguo 8`"><img class="alignright size-medium wp-image-1749" title="Beurko Antiguo 8" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/Beurko-Antiguo-8-300x182.jpg" alt="" width="300" height="182" /></a>EN BARAKALDO.</em></p>
<p>1. Propiedades del mayorazgo:</p>
<p>En el año 1777 se hizo una relación de propiedades del mayorazgo al tiempo de ser entregado este a Manuel de Barañano. Son las siguientes:</p>
<ul>
<li>La casa y casería nombrada de Beurco-Martiartu, en el barrio de Beurco.</li>
<li>Una heredad pegante a la casa, llamada Hortuburu.</li>
<li>Un viñedo tras la casa.</li>
<li>Una heredad ante la casa.</li>
<li>La heredad de Goicosoloa.</li>
<li>La heredad de Campeta.</li>
<li>La heredad de Baibe de arriba.</li>
<li>La heredad de Baibe de abajo.</li>
<li>El arbolar de Ascargorta, en Las Cruces.</li>
<li>20 robles en Ascargortagoico, en Beurco, en la campa ante la casa, pegando al camino que baja desde Santa Águeda para el llamado de las Cruces.</li>
<li>El arbolar de Basacho, tirando camino recto para el paraje llamado Ascargorta.</li>
<li>La venta llamada del Borto</li>
<li>Un sel llamado La Llana, sito en el Borto, a mano izquierda viniendo de Yraúregui, en lo alto y poblado del Borto.</li>
<li>Un arbolar en dicho paraje del Borto.</li>
<li>En el paraje que llaman la Venta del Borto, un arbolar, en el paraje llamado La Peñorra, hasta Aguas Altas, frente al río de Aguas Altas.</li>
<li>Una heredad en la vega del barrio de Gorostiza.</li>
<li>Una octava parte de la ferrería de Yraúregui (el resto correspondía a los Coscojales)</li>
<li>Una cuarta parte del molino de Yraúregui de arriba</li>
<li>Un vivero llamado Bengolea, en el barrio de Bengolea</li>
<li>Una capellanía en Portugalete a favor de la casa de Beurco fundada por Sancho de Martiartu y Montellano, escribano.</li>
<li>El pasaje libre del barco de Beurco.</li>
<li>11 robles en Santa Quiteria.</li>
<li>Un arbolar en Urgozo, junto al puente de Castrejana, jurisdicción de Baracaldo, arriba del camino Real, bajando de Yraúregui hacia el puente.</li>
<li>Una heredad bajo la Estrada de San Bartolomé.</li>
<li>Una pieza llamada <em>de Juan de Munibe.</em></li>
</ul>
<p>2. Propietarios:</p>
<p>El mayorazgo se fundó en 1573 por Sancho de Beurco a favor de su hijo Juan de Beurco. Este contrajo matrimonio con Leonor de Asua Sangróniz, hija de Ochoa Ortíz de Asua Sangróniz y Águeda de Martiartu y Guecho dueños de las casas de estos apellidos. Del matrimonio nacieron el capitán Sancho de Beurco-Martiartu y Martín de Beurco-Martiartu (n. 1580).</p>
<p>Heredó el solar el primero de ellos, Sancho, que contrajo matrimonio con Antonia de Zamudio Sarricolea, quien por sus apellidos, aunque en otro orden, suponemos que debió ser hermana de Pedro de Sarricolea Zamudio dueño del solar de Aldanondo. Les heredó su hija Felipa de Beurco y Zamudio, casada en Sevilla con Juan de Munibe. De éstos sucedió el mayorazgo hasta el Presbítero Godefrido de la Quintana y Beurco que fue vecino de Lobaina, en Flandes. Fallecido éste sin descendencia recayó el mayorazgo en los Barañano descendientes de los Ugarte-Munoa quienes a su vez lo eran del solar de Beurco-Martiartu por línea de Martín de Beurco­Martiartu.</p>
<p>Martín de Beurco-Martiartu había casado con María Saenz de Aguirre. De este matrimonio nació Teresa de Beurco-Martiartu, que casó con Antonio de Ugarte Munoa y fueron padres de Juan Martínez de Ugarte Munoa, quien casó en primeras nupcias en 1659 con Antonia de Egusquiaguirre, y en segundas, en 1664, con María Ibáñez de Barroeta. De este último matrimonio nació Teresa de Ugarte Munoa, casada con Ignacio de Barañano-Urcullu. Fueron padres de Juan José, Ignacio y Manuel de Barañano-Urcullu.</p>
<p>Juan José de Barañano-Urcullu heredó el mayorazgo de Beurco­Martiartu, pero al fallecer sin hijos de sus nupcias con Teresa de Uraga, le sucedió su hermano Ignacio de Barañano Urcullu, que se había avecindado en Potosí, lugar en el que había casado con Catalina de Olibeira. Estos últimos dejaron como heredera a María Ignacia de Barañano y Olibeira, su hija, que casó en Buenos Aires con Narciso Claudio Martínez de Segovia. A comienzos del último cuarto del siglo XVIII ocupó las propiedades del mayorazgo Manuel de Barañano­-Urcullu, como apoderado de su sobrina María Ignacia.</p>
<p>Gregorio Bañales</p>
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		<title>La tradición de Santa Águeda</title>
		<link>http://ezagutubarakaldo.net/es/2010/03/19/la-tradicion-de-santa-agueda/</link>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 07:46:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[El articulista de la interesante gacetilla que copio a continuación, aprovechaba la circunstancia del estreno en Bilbao de la ópera &#8220;Mirentxu&#8220;, del maestro Guridi, para escribir acerca de una antigua costumbre. Se trata del popular festejo y romería de Santa Águeda, el cual, en el tiempo en que se escribió esta nota, se hallaba bastante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/Mendívil-1.gif" rev="caption:`Mendívil )1)`"><img class="alignright size-medium wp-image-1744" title="Mendívil )1)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/Mendívil-1-300x224.gif" alt="" width="300" height="224" /></a>El articulista de la interesante gacetilla que copio a continuación, aprovechaba la circunstancia del estreno en <strong>Bilbao</strong> de la ópera &#8220;<em>Mirentxu</em>&#8220;, del maestro <strong>Guridi</strong>, para escribir acerca de una antigua costumbre. Se trata del popular festejo y romería de <strong>Santa Águeda</strong>, el cual, en el tiempo en que se escribió esta nota, se hallaba bastante olvidado, al menos en los pueblos inmediatos a la capital. Algunos matices de la tradición, que aquí se describen, no suelen ser muy habituales hoy día; por ejemplo, el acompañamiento de los coros por bertsolaris.</p>
<p>&#8220;<strong>EL CANTO DE SANTA AGUEDA</strong></p>
<p>La inspirada partitura del señor <strong>Guridi</strong>, unida al interesante libreto compuesto por el señor <strong>Echeve</strong>, para la ópera vasca <em>Mirentxu</em>, estrenada anoche con éxito tan brillante en el teatro de los <strong>Campos Elíseos</strong>, han traído a nuestra memoria una antigua costumbre popular de nuestros campesinos, que ha desaparecido ya de los pueblos, al menos, de los que rodean a nuestra villa.</p>
<p>Nos referimos a la costumbre tradicional de entonar a la puerta de los caseríos, en la noche que precede al 5 de Febrero, el canto de <strong>Santa Águeda</strong>, entonado por buen número de mozos, a los que acompañaba por lo general un versolari (sic) que improvisaba canciones alusivas a los habitantes de la casa festejada.</p>
<p>El que estas líneas escribe, recuerda haber oído por última vez este canto el año 1881, en un barrio de la <strong>República de Abando</strong>.</p>
<p>No eran mendigos, no, los que componían los grupos que, previo el permiso del alcalde de la localidad, se dedicaban a este popular entretenimiento. Eran los mozos de cada barriada que, provistos de sendas estacas, que las utilizaban para llevar el compás del canto, golpeando con ellas en el suelo, recorrían las casas del pueblo, recibiendo como premio de su trabajo, huevos en abundancia y sartas de chorizos, y con estas provisiones preparaban el almuerzo de la mañana, con el que quedaban fortalecidos, para emprender a continuación la caminata para la ermita de <strong>Santa Águeda</strong>, en el alto de <strong>Castrejana</strong>, en donde se celebraba una clásica romería, muy distinta de la que en nuestros días se celebra en el mismo punto, en la segunda <strong>Pascua de Pentecostés</strong>.</p>
<p>Ocurría con mucha frecuencia, que al encontrarse los grupos de dos barriadas distintas, resultaba un choque en el que las estacas prestaban servicio más eficaz que el que para el acompañamiento del canto habían prestado hasta entonces. Como es natural, del choque resultaban algunos contendientes lesionados, cuyo estado no exigía utilizar los servicios de las casas de socorro, pues en aquellos tiempos no eran de uso en nuestros pueblos las armas blancas, que hoy vemos salen a relucir en análogas contiendas.</p>
<p>El alcalde, al conceder el permiso para dar tales serenatas, señalaba el radio que cada grupo había de recorrer, a fin de evitar el encuentro del grupo de una barriada con el de otra, pero esta medida previsora resultaba por lo general inútil, porque en ambas agrupaciones ardía el deseo de hallarse enfrente de los del coro contrario y medir con él sus fuerzas.</p>
<p>Lástima grande que en el transcurso del tiempo hayan desaparecido estas prácticas tan originales que los señores <strong>Guridi </strong>y <strong>Echave</strong> han tenido la fortuna de resucitarlas, introduciendo en la ópera <strong>Mirentxu </strong>un coro hermosísimo que nos recuerda costumbres ya desaparecidas de nuestro pueblo. Y la enhorabuena a la <strong>Sociedad Coral</strong>, a la que se debe principalmente la gloria de habernos dado a conocer esta hermosa obra musical.</p>
<p><strong>CHANTON</strong>&#8221;</p>
<p><strong>EL NERVIÓN</strong></p>
<p>1 junio de 1910</p>
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		<title>El Valle de Eskauritza (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 07:49:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Escauritza]]></category>

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		<description><![CDATA[El siglo pasado todo el mundo hablaba de Barakaldo como de un municipio “fabril”. También había algunos que reconocían una parte rural, especialmente en el entorno del Regato. Muy pocos, a pesar de los astilleros, hablaban de un municipio marítimo. Y sin embargo, el pasado de Barakaldo está tan ligado al mar&#8230; Con el trasfondo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/El-Regato-2.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1738" rev="caption:`El Regato (2)`"><img class="alignright size-medium wp-image-1739" title="El Regato (2)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2010/03/El-Regato-2-300x222.jpg" alt="" width="300" height="222" /></a>El siglo pasado todo el mundo hablaba de<strong> Barakaldo</strong> como de un municipio “fabril”. También había algunos que reconocían una parte rural, especialmente en el entorno del <strong>Regato</strong>. Muy pocos, a pesar de los astilleros, hablaban de un municipio marítimo. Y sin embargo, el pasado de Barakaldo está tan ligado al mar&#8230; Con el trasfondo del mar hay una historia olvidada, muy sencilla, que trata de un padre y su hijo, separados durante toda su vida. El padre se llamaba <strong>Ortuño de Urkullu </strong>y era natural de <strong>Urkullu</strong>, en el valle de<strong> Eskauritza</strong>, en Barakaldo. Fue uno de los primeros europeos en navegar a<strong> Indias</strong>, hacia donde partió el año 1508, en los inicios del Descubrimiento. Dejó en Barakaldo a su mujer, <strong>Marina de Iguliz</strong>, y un hijo, también llamado <strong>Ortuño</strong>, al que sus vecinos siempre conocieron por el apellido materno. Ortuño de Urkullu permaneció 33 años en<strong> América</strong> sin volver a su tierra natal. Allí mantuvo amores con una india –<strong>Beatriz</strong>- fruto de los cuales nació un niño al que llamó <strong><em>“Juanico”</em> de Barakaldo</strong>. Ortuño fue descubridor del <strong>Pacífico</strong> en la expedición de <strong>Balboa </strong>y uno de los primeros vecinos de la ciudad de<strong> Panamá</strong>, que fundó <strong>Pedrarias Dávila</strong> el año 1519. Entretanto <strong>Ortuño de Iguliz</strong>, su hijo, había crecido y dedicaba algunos meses del año a navegar, sobre todo en la “carrera” que las naos de <strong>Somorrostro</strong> hacían dos veces al año desde las aguas del <strong>Ibaizabal</strong> hasta <strong>Flandes</strong>. No había conocido a su padre pero mantenía con él un vínculo semejante al que dicen que existe entre familiares que viven alejados y que se enciende cuando a alguno de ellos le sucede una desgracia. Ortuño de Iguliz embarcó el año 1529 en la nao de su vecino, el capitán <strong>Tomás de Arraxieta</strong>, cuya tripulación la componían casi exclusivamente muchachos de Barakaldo. Salieron rumbo a <strong>Sevilla</strong> junto a otras naos de <strong>Portugalete</strong> y <strong>Sestao</strong>, con el fin de cargar algunas mercancías que desde allí transportarían a Flandes. Todas las naves surgieron en el <strong>Guadalquivir</strong> sin novedad, salvo la de Arraxieta, que se había visto sorprendida por una tormenta cerca de las costas de <strong>Lisboa</strong>, en <strong>los Gachopos</strong>. Más tarde llegaron noticias de que la nao había zozobrado y que todos sus tripulantes se habían ahogado. Fue en el mes de octubre del año 1529. En Panamá, a un océano de distancia, Ortuño de Urkullu se sintió enfermo. Pronto comprendió que no era algo pasajero y que debía disponer su testamento. No sé si fue el mismo día, pero, en cualquier caso, se trata de uno de los de octubre de aquel año 1529 cuando entregó su alma a Dios. Era como si el destino no hubiese querido esperar ni un solo minuto a unir en la otra vida a un padre y un hijo que no se conocieron en esta. Es una historia triste, como casi todas las que tienen por fondo la mar.</p>
<p>Goio Bañales</p>
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		<title>Lope García de Salazar (1399-1476)</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 06:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Cronista]]></category>
		<category><![CDATA[Gracía de Salazar]]></category>
		<category><![CDATA[Muñatones]]></category>

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		<description><![CDATA[En el valle de Somorrostro, de Vizcaya, se encuentra el castillo de San Martín de Muñatones, que fue construido en el siglo XV. Mucho tiempo antes existía allí una torre, que pertenecía a la fami­lia de los Muñatones y sobre la cual se levantó el castillo.
La familia de los Muñatones tenía su origen en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/12/torre_salazar.gif" class="floatbox" rel="floatbox.1436" rev="caption:`torre_salazar`"><img class="alignright size-medium wp-image-1437" title="torre_salazar" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/12/torre_salazar-300x200.gif" alt="torre_salazar" width="300" height="200" /></a>En el valle de Somorrostro, de Vizcaya, se encuentra el castillo de San Martín de Muñatones, que fue construido en el siglo XV. Mucho tiempo antes existía allí una torre, que pertenecía a la fami­lia de los Muñatones y sobre la cual se levantó el castillo.</p>
<p>La familia de los Muñatones tenía su origen en la Casa Real de  Asturias, de la cual se derivaron los Reyes de León. El primer Señor de Muñatones, don Jimeno, era hijo de Galindo Gastón de Nor­beña. Este último se disgustó con el Rey de León y sirvió al Señor de Vizcaya. Su hijo, don Jimeno, vino a poblar Muñatones y tomó este nombre. Entre sus descendientes estuvo doña Teresa de Mu­ñatones, quien se casó con Ochoa de Salazar y Zamudio.</p>
<p>Don Ochoa era biznieto de Lope García de Salazar y Calderón de Nograro, Prestamero Mayor de Vizcaya y propietario de tierras que se extendían desde Valdegobía, en Alava, y comprendían Me­dina de Pomar, Espinosa de los Monteros y otros lugares próximos, pertenecientes a Burgos. Fue expulsado de sus posesiones cuando Enrique de Trastámara mató en Montiel a su hermanastro Pedro I de Castilla, pues Lope García de Salazar era partidario del monarca muerto.</p>
<p>Aquel Lope García de Salazar era un hombre de terrible histo­ria: además de los legítimos tenía ciento veinte hijos naturales; el primero lo tuvo a los quince años con una moza de Nograro. Era de extraordinaria corpulencia, por lo que se le dio el sobrenombre de <em>Brazos de Hierro. </em>Estando al servicio de Alfonso XI, murió en la  conquista de Algeciras, el año 1344.</p>
<p>El mayor de los hijos bastardos de Lope García de Salazar fue Juan López de Salazar. Este pasó a Vizcaya y se estableció muy             cerca de Somorrostro, pues su padre le aconsejó que se aproxi­mara cuanto pudiera a la mar, pues en ella hallaría siempre &#8220;con- ducho para amatar la gana del comer&#8221;. Fue el abuelo de Ochoa de Salazar y Zamudio.</p>
<p>Este, como dijimos antes, se casó con doña Teresa de Muña­tones, séptima Señora de esta casa. Hijo de ambos fue Lope García de Salazar, que llevó el mismo nombre y apellidos de su terrible tatarabuelo, si bien él mereció el sobrenombre de <em>el Sabio. </em>Nació en la casa-torre de San Martín de Muñatones el año 1399. Fue un hombre gigantesco, medía dos metros y diez centímetros de altura. Su vida &#8211; larga, pues murió con más de setenta años- le podría convertir en protagonista de una tragedia griega.</p>
<p>A los diecisiete años tomó las armas por primera vez en una batalla de banderizos: los Marroquines de Samano y sus partida­rios desafiaron a Ochoa de Salazar y a los suyos. A partir de enton­ces, Lope García de Salazar intervino, casi sin interrupción, en las luchas que los bandos mantenían entre sí.</p>
<p>En 1425 se casó con doña Juana de Butrón y Múgica, hija del señor de Butrón. En obsequio a ella, Lope García de Salazar re­construyó la torre de Muñatones y tomó como modelo el castillo de Butrón. Le dio el aspecto que actualmente tiene y convirtió la casa-torre en castillo. Tuvieron seis hijos varones y tres mujeres. Siendo ya anciano, tuvo varios hijos naturales. Él lo dice en su mo­numental obra <em>Las bienandanzas e fortunas: &#8220;Después </em>que su mu­jer doña Juana morió (1469) hubo fijos e fijas bastardos e na­turales&#8221;.</p>
<p>Ochoa de Salazar falleció en 1439 y su hijo Lope heredó el castillo de San Martín de Muñatones. El rey Juan II le concedió 20900 maravedises al año, con la obligación de servirle en todos los casos de guerra con una lanza y tres ballesteros. En los años si­guientes se le aumentó la merced a 160700 maravedises y la ser­vidumbre, a varias lanzas y ballesteros. En 1451 consiguió la auto­rización real para fundar Mayorazgo y lo hizo a favor de su hijo Lope de Salazar, segundo de nacimiento. Enrique IV agregó a este mayorazgo la Prebostad de la villa de Portugalete.</p>
<p>Lope García de Salazar fue el hombre más poderoso de su tiempo en Vizcaya. Terrible en las luchas de banderizos, que ensan­grentaban todo el territorio. Vencía a sus enemigos en una batalla tras otra. Los Velasco, condestables de Castilla, tenían la misión de imponer la paz entre los bandos rivales. Eran descendientes de los Velasco que habían arrojado de sus tierras de Alava y Burgos al Lope García de Salazar contemporáneo de Enrique de Trastámara        y Pedro el Cruel. El tataranieto de aquél, Lope García de Salazar el Sabio, los derrotó repetidas veces, cuando fueron contra él inten­tando obligarle a pactar la paz.</p>
<p>Como remedio drástico, el rey Enrique IV ordenó desmochar las torres de Vizcaya, con objeto de que los propietarios no pudie­ran hacerse fuertes en ellas. A aquéllos los desterró y los llevó a lu­char contra los moros; así sus ardores bélicos rendían un beneficio, en vez de inutilizarse en luchas fratricidas. A Lope García de Sala- zar le destinó al campo de Jimena, en Gibraltar, por espacio de cuatro años. No cumplió este castigo, pues hallándose en Sevilla enfermó de tercianas y pensó que se moría. Quiso exhalar su último suspiro en Vizcaya y emprendió el viaje de regreso sin espe­rar el consentimiento del rey. El permiso real le llegó así como el perdón.</p>
<p>Curó de la enfermedad; pero por entonces empezaron sus des­dichas que culminaron en tragedia. Su matrimonio fue feliz durante cierto tiempo, mas luego comenzaron disensiones entre los dos es­posos, tal vez porque Lope García de Salazar era infiel. Los hijos le desobedecían. Fernando, uno de ellos, en contra de su consejo, asaltó la torre de Juan Salcedo de la Quadra, situada en el pueblo de Güeñes, y raptó a la viuda de éste. Se casó con ella, pues había tenido la precaución de llevar consigo un sacerdote, ya que no abrigaba la menor duda de que la dama quedaría prendada al ins­tante de tanto amor y valentía.</p>
<p>En 1467 Lope García de Salazar intentó impedir que sus hijos se aliaran con los Butrón-Múgica para luchar contra los Avendaño. No lo consiguió, a pesar de que les dijo: &#8220;Non vayades, mis fijos e parientes, que yo vos lo ruego, e si vais, yo vos echo la mi maldi­ción, e ruego a Dios que vos eche la suya&#8221;. La batalla se libró en Elorrio; vencieron los Avendaño y en total hubo tres mil caballeros muertos. Entre ellos Ochoa y Gonzalo, hijos de Lope García de Salazar.</p>
<p>Otro de los hijos de éste, llamado Lope como él, murió en Tor­desillas luchando a favor de Enrique IV. Entonces el anciano quiso que el mayorazgo pasara a los hijos, todavía niños, de su pri­mogénito Ochoa, muerto en Elorrio. Pero doña Juana, su esposa, se inclinó a favor de otro de sus propios hijos, llamado Juan. Las disensiones entre la familia empezaron a ser terribles.</p>
<p>Dos años más tarde, en 1469, murió doña Juana. Lope García de Salazar tenía en su castillo de San Martín de Muñatones varias mujeres, de las que eran favoritas Catalina de Guinea y Mencía de Avellaneda. Su hijo Juan le jugó una mala pasada enamorando a las dos. Cuando el asunto llegó a oídos del anciano, experimentó la más terrible cólera. Expulsó del castillo a su hijo y le desheredó.</p>
<p>Juan de Salazar, ayudado por uno de sus hermanos, puso sitio a la casa de su padre con gran número de gente armada. Hubo combates a las puertas de la fortaleza y muertos. Tal vez no hubie­ran conseguido los hijos su propósito si no hubiese habido traido­res dentro que les abrieron las puertas.</p>
<p>Lope García de Salazar, prisionero de sus hijos, se vio obligado a nombrar mayorazgo a Juan. Este consiguió la confirmación correspondiente de Enrique IV, rey de Castilla, en 1472.</p>
<p>Quedó encerrado en el castillo de Muñatoñes. Como él mismo escribió: &#8220;preso de los que yo engendré, crie e acrecenté, temeroso del mal bebedizo y desahuciado de la esperanza&#8221;. ¡Qué lejos es­taba el tiempo en que Lope García de Salazar se oponía a la volun­tad del Rey de Castilla y le obligaba a rectificar el nombramiento de un corregidor!</p>
<p>En 1471 comenzó a escribir su monumental obra <em>Las Bienan­danzas e Fortunas. </em>Se convirtió en uno de los más eminentes his­toriadores de España. Cronista de las feroces discordias que en­sangrentaron las tierras de Guipúzcoa y Vizcaya en el siglo XV. Re­lata los hechos con una sequedad bárbara y a veces pintoresca, que les proporciona una extraordinaria viveza. El poeta vizcaíno Es­teban Calle Iturrino escribió que la gran obra de Lope García de Sa­lazar &#8220;debe ponerse al lado de las <em>Memorias </em>de Benvenuto Cellini, de las tragedias de Esquilo y de los dramas de Shakespeare&#8221; por la agudeza con que describe lo que hay de terrible en el alma hu­mana. Consta de veinticinco libros. Los doce primeros tratan de la creación del mundo, de los gentiles, generaciones de los judíos, de Troya, Cartago, Roma, de Francia, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Milán, Lombardía, de Carlomagno, Bernardo del Carpio, del Sabio Merlín, etcétera. A partir del tomo XIII expone ampliamente, y por lo general con exactitud, la historia de España desde sus orígenes hasta los días que él estaba viviendo: las invasiones de griegos, fe­nicios, cartagineses, romanos, godos y árabes. Los seis últimos to­mos describen minuciosamente las luchas de linajes y bandos que se sucedieron en toda la costa cantábrica y en especial en la tierra vascongada.</p>
<p>Con anterioridad había escrito otra obra titulada <em>Crónica de </em><em>Siete Casas de Castilla y Vizcaya. </em>La cultura necesaria para crear aquellas obras, él explica que la obtuvo por estas razones: &#8220;Desde mi mocedad hasta aquí, trabajé por tener libros e historias de los hechos del mundo. Los hice buscar por las provincias e casas de los reyes e príncipes cristianos, de allende la mar e de aquende por mis relaciones con mercaderes e mareantes. E a placer de nuestro Señor alcancé de todos ellos lo que tuve en la memoria&#8230;&#8221;.</p>
<p>Siete años más tarde, en 1476, halló la oportunidad de esca­par de su prisión descolgándose por una soga. Un testigo contó más tarde que &#8220;topó en una alborada así amanescido al Lope García de Salazar, yendo este dicho Lope sin zapatos e desbocado e corriéndole la sangre por los pies&#8221;.</p>
<p>Llegó a Portugalete, donde se escondió en la Torre de Salazar, que era también de su propiedad. Otro de sus hijos, el que estaba conjurado con Juan, le descubrió y le puso preso en la misma torre, dejando como guardianes a sus criados.</p>
<p>Unos días más tarde, un criado, compadecido de él, le dejó es­capar. Desesperado, sin tener dónde esconderse, temiendo que sus hijos le mataran, entró en la iglesia de Santa María, lugar sa­grado de donde no podrían sacarle. Subió a la torre y tocó a rebato las campanas. El pueblo de Portugalete, inquieto y curioso, acudió en masa y se reunió delante de la iglesia.</p>
<p>Lope García de Salazar, desde lo alto de la torre de la iglesia, con voz de trueno, contó los grandes agravios y sufrimientos que sus hijos le habían hecho padecer. Dijo que desheredaba a Juan y que el mayorazgo pasaba, por su voluntad, a otro de sus hijos ino­centes o a su nieto Ochoa. Tenía el rostro ensangrentado y pálido, el cabello revuelto y hecha tiras la ropa.</p>
<p>Juan y su hermano Pedro, desde abajo, le gritaban que cam­biara de opinión o le matarían. Pero Lope García de Salazar, con voz poderosa y sin vacilaciones, siguió insistiendo en que jamás pasaría el mayorazgo a Juan.</p>
<p>Nadie entre el pueblo reunido allí se atrevió a intervenir en de­fensa del anciano, pues tenían miedo a los servidores y gente de armas de los dos hijos rebeldes. Un criado de Juan de Salazar puso una escalera arrimada al muro de la iglesia y subió al tejado. Quitó tejas y, junto con otros, se metió dentro por el hueco abierto, ya que la pesada puerta la había cerrado por dentro Lope García de Salazar. Llegaron al campanario, cogieron al anciano y le bajaron a rastras.</p>
<p>Le llevaron a la torre de Salazar y le encerraron allí de nuevo. La sangre perdida y la terrible angustia del momento hicieron que el anciano sintiera sed. Pidió de beber y se lo dieron. Desde el co­mienzo de su prisión había vivido bajo el temor de que sus hijos le envenenaran. Junto a él estaba una hija bastarda, muy joven. Le mandó que bebiera del agua que le habían llevado. Al cabo de cierto tiempo, viendo que a la niña no le sucedía nada, bebió él también. Pero se había precipitado. Dos horas más tarde la pe­queña había muerto. Muy poco después, acusando a sus hijos de haberle asesinado, murió él también. Era el 9 de noviembre de 1476.</p>
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		<title>Juan de Zamudio (Gobernador de Tucumán)</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 05:47:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Bagatza]]></category>
		<category><![CDATA[Tucumán]]></category>
		<category><![CDATA[Zamudio]]></category>

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		<description><![CDATA[No es frecuente hallar a los Zamudio en la documentación histórica de Barakaldo y, a pesar de ello, este municipio fue la cuna de varios personajes de este apellido que en el siglo XVII emigraron a la Argentina donde dejaron profunda huella.
El primer Zamudio de quien tenemos noticias se llamaba Juan de Zamudio y había casado con María de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/12/Beurco-1.jpg" class="floatbox" rel="floatbox.1432" rev="caption:`Beurco (1)`"><img class="alignright size-medium wp-image-1433" title="Beurco (1)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/12/Beurco-1-300x222.jpg" alt="Beurco (1)" width="300" height="222" /></a>No es frecuente hallar a los <strong>Zamudio</strong> en la documentación histórica de <strong>Barakaldo</strong> y, a pesar de ello, este municipio fue la cuna de varios personajes de este apellido que en el siglo XVII emigraron a la Argentina donde dejaron profunda huella.</p>
<p>El primer Zamudio de quien tenemos noticias se llamaba <strong>Juan de Zamudio </strong>y había casado con <strong>María de Garabeitia</strong>. De este matrimonio nació <strong>Domingo de Zamudio</strong>, que fue bautizado en la parroquia de <strong>San Vicente de Barakaldo</strong> en 14 de septiembre del año 1573. Fue el primer señor de la casa de <strong>Bagaza </strong>(<strong>Bagatza</strong>). Contrajo matrimonio con <strong>Antonia de Arbeiza</strong> (o Arbaiza) <strong>y López de Aguirrazu</strong>, bautizada en Barakaldo en 3 de abril de 1582, hija de<strong> Martín de Arbeiza </strong>y de <strong>María López de Aguirrazu</strong>, dueños de la casa y casería de <strong>Aguirrazu</strong>.</p>
<p>Domingo de Zamudio y Antonia de Arbeiza fueron padres de <strong>Juan de Zamudio Arbaiza</strong>, bautizado en Barakaldo en 17 de febrero de 1608 quien casó en dos ocasiones. En primeras nupcias, el año 1631, con <strong>Catalina de Arteaga y Susunaga</strong>, hija de <strong>Antonio de Arteaga</strong> y <strong>Catalina de Susunaga</strong>. Fueron padres, el año 1637, de <strong>Antonia de Zamudio y Arteaga</strong>, quien casó en la iglesia de <strong>Santiago de Bilbao</strong>, el año 1679, con el bilbaino <strong>Tomás de Dizido y la Quintana</strong>, hijo de <strong>Juan de Dizido</strong> y <strong>María de la Quintana</strong> (sin embargo, en la partida de matrimonio se cita como <strong>Tomás de Dizido Amati</strong>, el cual había casado en primeras nupcias con <strong>María Antonia de Mendieta y Lexarmendi</strong>). Fueron padres de <strong>Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio</strong> (Barakaldo 1676, <strong>Buenos Aires</strong> 1735) al cual volveremos a citar más adelante. Juan de Zamudio Arbaiza contrajo segundas nupcias el año 1649 con <strong>Sebastiana de Tellitu</strong>, hija de <strong>Juan de Escauriza de Tellitu </strong>(Barakaldo 14-IV-1578) dueño de la casa este apellido, y de <strong>María Sáez de Urcullu</strong>; era nieta paterna de <strong>Domingo de Tellitu</strong> y <strong>María de Urcullu</strong> y biznieta de <strong>Martín de Tellitu</strong>, dueño de la citada <em>casa de Tellitu</em>; y nieta materna de <strong>Pedro de Urcullu</strong> y de <strong>Josefa</strong>, y biznieta de <strong>Domingo de Urcullu</strong>. Del matrimonio Zamudio-Tellitu nació <strong>Juan de Zamudio y Tellitu</strong>, bautizado en Barakaldo en 15 de febrero de 1653, quien heredó la casa de Bagaza.</p>
<p>Las citas documentales que he podido hallar referentes a Juan de Zamudio Tellitu relatan que navegó en la marina real desde el año 1666, con apenas trece años, en compañía del general <strong>Mateo de la Haya</strong>, y que asistió a la expedición a cargo del príncipe de <strong>Monte Santo</strong> a <strong>Tierra Firme</strong> en 1667 y a la de <strong>Francisco de Avaria</strong> en 1669, sirviendo como cartógrafo. Navegó por <strong>Buenos Aires</strong> y realizó servicios en el <strong>Perú</strong>. Fue<em> caballero de Santiago </em>desde el año 1688. Se trasladó definitivamente a Indias el año 1696 para hacerse cargo de la gobernación y capitanía general del<strong> Tucumán</strong>, empleo que cumplió hasta el año 1701. En su gobierno se trasladó, en el año 1700, la silla epistolar<em> &#8220;que estaba en Santiago del Estero a la ciudad de Córdoba, y cuando lo hubo terminado, fijó su residencia en Buenos Aires, donde sirvió en el desalojo de la Colonia del Sacramento de los portugueses hasta que estos abandonaron la plaza. Murió en la ciudad de Buenos Aires&#8221;</em> (cita tomada del <em>&#8220;Diccionario histórico y biográfico de la República Argentina&#8221;, </em>autor, <strong>Julio A. Muzzio</strong>, año 1920). Se puede puntualizar que en realidad -según consta en <em>AGI, Buenos Aires, 5, L.4</em>.-, el obispado se trasladó por el gobernador Zamudio y por el obispo de la diócesis desde <strong>Santiago del Estero</strong> a la ciudad de <strong>Córdoba</strong> en el año 1699 y aquí se erigió desde el 24 de junio de ese año. Cabe destacar que la catedral se levantó gracias a las limosnas de los vecinos, los cuales tenían el propósito hacer de ella una de las mayores y mejores de las entonces existentes, razón por la que recibieron las muestras de gratitud del propio rey. Unido a esto mencionaré que las malas relaciones entre el obispo y Zamudio llevaron al mismo rey a reprender al gobernador por entrometerse en cuestiones ajenas a su oficio; por ejemplo, en la colecta que se realizaba en las misas.</p>
<p>Una de las tareas principales de la gobernación de Tucumán llevada a cabo por Zamudio consistió en reconocer la frontera y sostener, como hicieron sus predecesores, la guerra con los <strong>mocovi </strong>para lograr su pacificación.</p>
<p>Juan de Zamudio llegó al continente americano acompañado de su sobrino Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio y los dos dejaron allí una extensa descendencia. El primero casó en la catedral de Buenos Aires, en 5 de mayo de 1677, con <strong>Inés de Salazar-Muñatones y Azoca</strong>, natural de Buenos Aires, donde había sido bautizada el 26 de junio de 1659. Su ascendencia paterna, como puede suponerse por sus apellidos, era originaria de <strong>Somorrostro</strong>. Sus padres fueron <strong>Pedro de Salazar Muñatones</strong>, natural de <strong>Muskiz</strong>, y <strong>Luisa de Azoca y Hurtado de Mendoza</strong>; era nieta paterna de<strong> Antonio de Salazar </strong>y biznieta de <strong>Juan de Salazar </strong>y <strong>Juana de Salazar Muñatones</strong>, que fue señora de la <em>casa de San Martín de Muñatones</em>.</p>
<p>Del matrimonio Zamudio-Salazar nacieron: 1. <strong>Juan Francisco</strong> (Buenos Aires 1678),que fue maestre de campo. Casó en primeras nupcias con <strong>María Josefa Pessoa y Calvo Arroyo</strong>, hija de<strong> Luis Antonio Pessoa </strong>y <strong>María de Arroyo</strong>; siendo padres de 1.1. <strong>Juan Gregorio de Zamudio Pessoa</strong>, que fue teniente coronel, alcalde de Buenos Aires, casado en primeras nupcias con <strong>Ana María de Merlos y el Sar</strong>, y en segundas con <strong>María Josefa de Echevarria Ordóñez y Sarmiento</strong>;  y 1.2. <strong>Martín Antonio de Zamudio Pessoa</strong>, casado con <strong>María Isabel Ruiz de Bolaños y Maciel</strong>. Parte de su descendencia se puede encontrar fácilmente en internet, con mención especial del coronel <strong>Juan Francisco de Zamudio Echevarria</strong>. 2. <strong>Alonso de Zamudio Salazar</strong>. 3. <strong>María Antonia de Zamudio Salazar</strong> 4. <strong>Juana Inés de Zamudio Salazar</strong>. Estas dos últimas profesaron monjas en el convento de Santa Teresa de Córdoba  (datos tomados de: <em>&#8220;Linajes de la Gobernación de Tucumán&#8221;, de </em><strong>Arturo Gustavo de Lazcano Colodrero</strong>, publicado en Argentina en 1936).</p>
<p>Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio fue alférez real, maestre de campo y capitán de milicias. Casó en primeras nupcias en 1701 con <strong>Francisca Ordóñez Herrera</strong>, natural de Córdoba, hija de <strong>Lucas Ordóñez y Vera Muxica </strong>y<strong> Jerónima Herrera Velasco y Cabrera</strong>. De este matrimonio nacieron <strong>Francisco Antonio</strong>, <strong>Lucas Antonio</strong> y <strong>Juan José de Dizido y Ordóñez</strong>; contrajo segundas nupcias con <strong>Ana Maciel y Cabral</strong>, natural de <strong>Corrientes</strong>, hija del maestre de campo <strong>Manuel Maciel</strong>, y fueron padres de <strong>Juan Manuel</strong>, <strong>Francisco Javier</strong> y <strong>María de Dizido y Maciel</strong>. También puede encontrarse con relativa facilidad parte de la sucesión de todos ellos, especialmente en la persona de <strong>Mariano de Acosta</strong> (1825-1893), que fue vicepresidente de <strong>Argentina </strong>en 1874-1880.</p>
<p>Goyo Bañales</p>
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