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	<title>Ezagutu Barakaldo</title>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 25: Círculos, Batzokis y Casas del Pueblo (inicios del s. XX)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Oct 2026 06:16:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>La calle (junto con la casa y la escuela) siempre ha sido un lugar de socialización, especialmente para las clases populares. En los pueblos, la calle pura y dura. En el ámbito urbano, en locales de diversa índole. Quizá fuese la Iglesia la primera en poner a disposición de las gentes algunos locales. Luego, determinadas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>La calle (junto con la casa y la escuela) siempre ha sido un lugar de socialización, especialmente para las clases populares. En los pueblos, la calle pura y dura. En el ámbito urbano, en locales de diversa índole. Quizá fuese la Iglesia la primera en poner a disposición de las gentes algunos locales. Luego, determinadas asociaciones culturales o de ocio. En nuestros días son los mismos ayuntamientos quienes se preocupan por satisfacer la cada día más abundante demanda social. En medio, las múltiples iniciativas privadas.</p>
<p>No fueron ajenos a esta situación los partidos políticos. Al mismo tiempo de su fundación establecieron las correspondientes sedes en las que sus afiliados no sólo encontrasen la burocracia necesaria sino, también, un espacio para el encuentro, el debate y el ocio. En este recorrido presentamos la realidad y actividad que desarrollaron los “círculos” (carlistas), los “batzokis” (nacionalistas) y las “casas del pueblo” (socialistas). Contamos para ello con la experta mano de Mikel Aizpuru.</p>
<p>Los centros sociales de los partidos políticos o de algunos sindicatos consti­tuyeron además de un espacio de militancia, lugares de sociabilidad lúdica. No faltaron los intentos de crear proyectos culturales que presentasen una intención globalizadora: escuelas, bibliotecas, grupos teatrales, orfeones, etcétera. Ofrecían una dinámica intermedia entre la sociabilidad popular y la estricta­mente política. No existían diferencias fundamentales en las tácticas utilizadas por los distintos partidos para atraerse nuevos correligionarios, ni en los actos organizados por cada una de sus sedes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El objetivo de estas secciones, especialmente de los coros y grupos teatrales era doble: por un lado, distraer y formar a los miembros inmediatos de los mis­mos; por otro, dinamizar reuniones y manifestaciones, popularizando consig­nas y estrategias, animando los actos políticos y sociales con canciones e him­nos adecuados al caso. Estos centros que fueron surgiendo a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XX continuaron funcionando, con la excepción de los nacionalistas y de los anarquistas durante la Dictadura de Primo de Rivera, para iniciar un nuevo periodo de expansión en la II República.</p>
<p><strong>&nbsp;1. </strong><strong>La cultura de izquierdas en Barakaldo</strong></p>
<p>La hegemonía político-electoral de nuestro municipio estuvo, salvo durante el periodo comprendido entre 1931 y 1937, en manos de fuerzas conservado­ras. Sin embargo, los diferentes grupos de izquierda, y en menor medida los nacionalistas, tuvieron la iniciativa en lo que respecta a la sociabilidad popular, marcando muchas de las pautas que definirían con posterioridad las caracterís­ticas del baracaldés. Republicanos y socialistas conformaron el núcleo mayori­tario de esa cultura de izquierdas, pero anarquistas, comunistas y librepensadores participaron, en mayor o menor medida, en su configuración y expansión<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. De hecho, es problemático intentar diferenciar aquellos elementos que consti­tuían propiamente una subcultura socialista o la republicana de aquellos otros que conformaban una cultura de izquierdas genérica, a pesar de las diferencias existentes entre ambos grupos.</p>
<p>Si los socialistas, que contaban con una agrupación estable, una estructura organizativa claramente delimitada y unas construcciones teóricas más o menos definidas (aunque su percepción entre los militantes de base fuese muy subje­tiva), podían ofrecer un conjunto hasta cierto punto coherente; no era este el caso de los republicanos, pese al predominio del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux hasta mediados de la Segunda República. Esta diversidad ideológica y organizativa les daba, al mismo tiempo, fortaleza y debilidad. Por debajo de la representación oficial, existía un republicanismo popular y obrero y todo un mundo de inter-relaciones entre republicanismo, laicismo, librepen­samiento y obrerismo. Las fronteras entre estas corrientes eran extraordinaria­mente móviles. La subcultura de izquierdas se caracterizaba por una combi­nación de aspectos formalizados, sociedades políticas, recreativas y sindicales con los rasgos propios de la cultura popular, creando espacios, momentos, len­guajes y rituales propios.</p>
<p>Muestra clara de esta comunión era la coincidencia en la celebración de determinados actos; en particular, la conmemoración de la Comuna parisina (18 de Marzo), pero también otros. El 13 de abril de 1921, el anarquista Aquilino Gómez dio una conferencia en los locales del Círculo republicano, con el tema «El Hogar y la familia». Los maestros republicanos Liborio Peña y Manuel Picaza dieron conferencias en la Casa del Pueblo. Durante la huelga en AHV de marzo de 1923, las reuniones se celebraron en la Sociedad de Inquilinos. La Agrupación Republicana de Alonsótegui celebró el Primero de Mayo con veladas teatrales, mientras que la de El Regato celebró en 1918 un mitin y una gira a la que asistieron 300 personas, a pesar de no ser una fiesta específica­mente republicana.</p>
<p>En el caso de los socialistas, la Casa del Pueblo trataba de reflejar el mundo ideal que pretendían los socialistas, enfrentado al mundo popular, centrado en la taberna y la evasión más o menos alienante. El Centro Obrero, como se llamó en un inicio, era el foco de la sociabilidad socialista y la sede de todas las organiza­ciones creadas en torno al PSOE y a la UGT: juventudes, sociedades de oficio e industriales y el Grupo Femenino. Pero también de grupos artísticos, orfeones (especialmente en los primeros años del siglo y en la República), sociedades deportivas como el Grupo Alpino Jaurés o culturales corno los Amantes del Libro. El carácter de sede social les hizo afirmar que da casa del pueblo no tiene carácter político alguno, siendo su misión puramente administrativa de los intereses a ella confiados por las distintas sociedades obreras, las cuales a su vez tampoco persiguen fines políticos (&#8230;) laboran solo y exclusivamente por el mejoramiento de la clase en todos los aspectos de la vida ciudadana». Ello no fue obstáculo, evidentemente, para que sufriese las consecuencias de las actua­ciones de dichas sociedades o de la política represiva del Gobernador Civil.</p>
<p>Existieron varias Casas del Pueblo en Barakaldo, tanto en los barrios como en el centro de la Anteiglesia. Tras la fundación de la Agrupación Socialista el 30 de enero de 1900, el primer local se instaló en la calle Arrandi, para pasar posteriormente al número 18 de la calle San Juan. Tras estas sedes en alquiler, se decidió construir un edificio propio. De este modo, en junio de 1913 se abrió la Casa del Pueblo en una de las esquinas de la Plaza de los Fueros (donde hoy está situada la BBK). A finales de la década de 1920 se construyó un nuevo local en su solar actual. Fue el primer edificio de Barakaldo construido en hor­migón y costó 210.618 pesetas. Contaba con una planta baja donde se instaló un gran salón de actos capaz de acoger a 1.500 personas, y además otras tres plantas. En la primera se situarían las salas de reuniones, en la segunda el café, las distintas oficinas y la biblioteca y en la tercera 4 viviendas en alquiler. Se trataba de que los trabajadores baracaldeses afiliados dispusiesen de un local moderno y en propiedad&#8217;. Cuando fue inaugurado, el 20 de marzo de 1932, disponía de 4.400 socios, de los que únicamente 150 eran afiliados de la Agrupación Socialista y 270 de las Juventudes Socialistas. El resto pertenecía a los distintos sindicatos. El edificio fue derribado tras la guerra, construyéndo­se sobre el mismo la casa sindical franquista.</p>
<p>La oferta asociativa de los socialistas vizcaínos fue una novedad frente a la tradición del PSOE de centrarse en la lucha política, y era una muestra de la menor rigidez que ofrecía esta organización en Vizcaya. De hecho, según Michel Ralle, la creación de este tipo de organizaciones fue consecuencia, sobre todo en Bilbao, de la necesidad de aumentar la base social del partido, superando el grupo de trabajadores de oficio, buena parte del cual ya se encon­traba organizado en asociaciones próximas al republicanismo. Se trataba de conseguir impresionar a la opinión pública y a las autoridades, «ocupar la calle», para atraer así a los nuevos obreros industriales. Es el «socialismo de taberna» que criticaban los correligionarios de Madrid, encerrados en las aso­ciaciones de oficio y en una actitud más purista. La utilización de la música, además, no tenía únicamente un rol movilizador. Obtener una banda o un coro de prestigio era, asimismo, una forma de conseguir el reconocimiento público, cuasi-oficial cuando se trataba de la Banda Municipal, de la presencia socialis­ta en la anteiglesia.</p>
<p>La celebración del Primero de Mayo era la principal jornada festiva de los socialistas locales. El de 1918 se inició por la Casa del Pueblo de Barakaldo con un mitin el día 29 de abril y una velada teatral y un pasacalle el 30. El día 1 empezó con una diana, al mediodía se celebró un mitin y por la tarde una romería en la Plaza de los Fueros, para continuar los festejos con otro baile en la Casa del Pueblo hasta las 12 de la noche, todo ello en un ambiente festivo. Para ello, solicitaron a todas las empresas que ese día diesen asueto a sus trabajado­res, exceptuando aquellos trabajos que no pudiesen paralizarse. En el mitin, los socialistas se quejaron de la poca organización existente entre los trabajadores de Barakaldo y aconsejaron a los allí congregados que se asociasen a la Casa del Pueblo.</p>
<p>La música ocupó un puesto importante en los rituales de las organizaciones izquierdistas de toda la Margen Izquierda. El Primero de Mayo, día del Trabajo y la fiesta obrera por definición, se iniciaba con una alborada del orfeón socia­lista local, acompañado por músicos y simples militantes, y las actuaciones musicales se repetían en varias ocasiones a lo largo de la jornada. Dolores Ibarruri señalaba para Gallarta que las canciones interpretadas por el orfeón del Centro Obrero, «saliendo a la calle, extendiéndose por minas y barriadas, pene­trando en hogares y lugares de reuniones populares, se hacían carne y sangre de las masas y eran un medio eficaz de agitación y de reagrupamiento de los trabajadores, especialmente de la juventud». Varias canciones, especialmente La Internacional y la Marsellesa, transcendieron el marco político, para conver­tirse en canciones verdaderamente populares en las zonas del territorio vizcaí­no con amplia presencia socialista. Algunos de estos himnos han quedado guar­dados en la memoria colectiva de los que vivieron la época republicana. Las vinculadas al Primero de Mayo son los más conocidos:</p>
<p style="text-align: center;">Hoy es Uno de Mayo,</p>
<p style="text-align: center;">fiesta de los trabajadores</p>
<p style="text-align: center;">abandonemos las labores</p>
<p style="text-align: center;">los pueblos trabajadores</p>
<p style="text-align: center;">guardan sus costumbres</p>
<p style="text-align: center;">más populares.</p>
<p>La música fue también medio de transmisión del rechazo de este grupo a unas fuerzas de seguridad que no se distinguían por la contención a la hora de utilizar medios violentos para reprimir las manifestaciones de oposición al gobierno:</p>
<p style="text-align: center;">Si no quieres trabajar, métete guardia de asalto,</p>
<p style="text-align: center;">comerás buenas chuletas, calzarás buenos zapatos</p>
<p style="text-align: center;">llevarás el uniforme del ejército de los vagos.</p>
<p>La difusión musical estaba relacionada, en sus inicios, con las canciones difundidas por las Juventudes Socialistas (JJSS) en sus excursiones dominica­les de propaganda. Conviene recordar, asimismo, que fueron los socialistas bil­baínos, Tomás Meabe en concreto, los fundadores de la organización juvenil socialista. Las actividades de la JJSS complementaban, como en el resto de las organizaciones juveniles del momento, las tareas específicamente políticas con las de esparcimiento, realizando además gran alarde de los signos de identidad pública del movimiento socialista. Fueron las Juventudes las que contribuyeron a fijar las nuevas formas de presencia pública con las banderas rojas, pañuelos del mismo color, himnos, etcétera.</p>
<p>Muchas de las actividades, sin embargo, eran más tranquilas y lúdicas. Excursiones, giras, reuniones, conferencias y veladas a las que acudían los socios y sus familias ocupaban la mayor parte del tiempo de dichas organiza­ciones. Las fiestas convocadas por las organizaciones socialistas adquirieron rápidamente rituales típicos de las celebraciones tradicionales, penetrando en el calendario popular como un festejo más. Algo duramente criticado por los anar­quistas, que denunciaron el carácter festivo que se le daba al Primero de Mayo, día de reivindicación y de lucha. Aunque en alguna de las conmemoraciones anarquistas de dicha fecha en el barrio de Zaramillo (Güeñes) no faltase el baile.</p>
<p>Los anarquistas, aunque partícipes en esa cultura de izquierdas manifesta­ban rasgos propios. Una clara muestra de ello lo tenemos en alguna de sus can­ciones:</p>
<p style="text-align: center;">Agarra el fusil, escupe metralla</p>
<p style="text-align: center;">coloca petardos y empuña la Star</p>
<p style="text-align: center;">no tengas conciencia de aquellos canallas</p>
<p style="text-align: center;">que explotan tu cuerpo, sin tener piedad.</p>
<p>No tenemos referencias continuadas sobre las organizaciones anarquistas baracaldesas. Tras algunos mítines en la zona minera a finales del siglo XIX, se sucedieron los grupos de esta ideología. No obstante, ellos mismos insistían en que: “Se impone que fomentemos la asociación libre, no en las organizacio­nes presidenciales de centros y comités directivos sino en fraternales grupos, donde por afinidad de caracteres, simpatías, vecindad, medios de oficio, cada productor y productora se entienda, conferencie y junte con las personas que más le agrade, (&#8230;) haciendo todo por simpatía y nada por obediencia».</p>
<p>Tras varias campañas de propaganda realizadas a finales de la década de 1910, el anarquismo cobró nuevo impulso, muestra de ello fue la aparición en 1919 del Sindicato Único del Arte del Hierro. Pero dos años antes ya se había producido una muestra del influjo anarquista con la creación de un Grupo Esperantista (1917). Esta asociación, que sigue manteniendo su existencia, combinó las clases en su local de la Plaza de Villalonga, n° 38, con las conferencias en las que diferentes oradores explicaban las ventajas del esperanto, haciendo votos por su utilización inmediata, sin esperar a que fuese declarado lenguaje universal. En 1918 se formó la sucursal baracaldesa de la Sociedad Vegetariano-Naturista de Vizcaya, con la asistencia de unas 100 personas a la conferencia a cargo de Ricardo G. Gorriarán sobre vegetarismo y naturismo. El 22 de diciembre de 1918 se celebró otra conferencia sobre las ventajas del vegetarismo y perjuicios del alcoholismo. Desde los años finales de la Dictadura de Primo de Rivera los nudistas frecuentaron la zona de Bengoelea. Aunque estas asociaciones no estuvieran formadas únicamente por anarquis­tas, los libertarios eran muy sensibles a estas corrientes moralistas que pre­conizaban una nueva sociedad con nuevas costumbres, en las que los excesos corporales y, particularmente el abuso del alcohol estarían proscritos. De hecho, cuando en la década de los años 30 se propugnó la unificación del movi­miento anarquista peninsular se señalaba que: “<em>En cada localidad existirá, según las posibilidades y la extensión de las fuerzas anárquicas, una Federación Local anarquista compuesta por un miembro de la federación local de grupos específicos y de acción, otro por los grupos juveniles, otro esperantista, otro por los naturistas, desnu­distas, excursionistas, otro por escuelas racionalistas y otro por ateneos libertarios, más un secretario general, tesorero y contador</em>”.</p>
<ol start="2">
<li><strong> La cultura nacionalista vasca</strong></li>
</ol>
<p>De un modo semejante al resto de los partidos políticos, las acciones cotidia­nas de las organizaciones nacionalistas baracaldesas estaban más próximas a la de una sociedad recreativa, que a la de un partido político tal como lo entende­mos hoy en día. Muchos de los actos convocados por los nacionalistas carecían de elementos políticos expresados de forma abierta y reproducían elementos de la cultura tradicional vasca, adaptados a un nuevo mensaje. El aspecto lúdico de su actuación, no obstante, no nos puede hacer olvidar que la intención últi­ma de cualquier actividad nacionalista, como la de cualquier otra organización sociopolítica del momento, era eminentemente política.</p>
<p>Los nacionalistas presentaban un doble nivel organizativo: la Junta Municipal, que representaba la autoridad política, y el batzoki, sede social, cen­trado en la ejecución de todo tipo de actividades. En el caso de Barakaldo, el nacionalismo respetó en la medida de sus posibilidades la distribución espacial de la población y, uno tras otro, distintos barrios de la anteiglesia vieron cómo se creaban sociedades de diferentes nombres: Sociedad Euskalduna, la más antigua, en San Vicente, Batzoki de Burceña, Centros Vascos de Alonsótegui y Barakaldo, Juventud Vasca, etcétera. Todos ellos de connotaciones inequívoca­mente nacionalistas. Los batzokis, por utilizar un término genérico, fueron el principal medio de expansión del nacionalismo. Los objetivos que pretendían conseguir con su creación eran constituirse en lugar de reunión y de formación de los nacionalistas, convertirse en centros difusores de propaganda mediante veladas, mítines, excursiones y ser ejemplo e imagen del pueblo euskaldun.</p>
<p>Entre las actividades desarrolladas y promovidas por los mismos, se mezcla­ron las conferencias sobre la cultura vasca y las charlas formativas sobre el nacionalismo, con veladas vespertinas, tanto musicales, como teatrales, cla­ses de euskera, enseñanza de bailes y canciones vascas, romerías y excursiones. Las cintas rojas y las fajas verdes distinguían en los actos festivos a los nacio­nalistas baracaldeses. En los años 20 se crearon además varios clubs de fút­bol, entre ellos el Euzkotarra y el Irrintzi, cuyos nombres indicaban, por sí mismos, la inclinación política de sus componentes.</p>
<p>El objetivo que perseguían las actividades organizadas por los nacionalistas era triple. Por un lado, realizar labor de propaganda, movilizando a los nacio­nalistas de distintas poblaciones, intensificando los lazos entre los mismos, mostrando su fuerza ante el público apolítico, lo que contribuiría a atraer a nue­vos seguidores. En segundo lugar, dar ejemplo de catolicismo, defendiéndose así de las acusaciones de liberalismo realizadas por carlistas e integristas. Por último, no faltaba un aspecto lúdico, nada desdeñable en la sociedad baracaldesa que cada vez concedió mayor importancia al deporte y, en concreto, al fút­bol y al montañismo. Los bailes que se incluían dentro de las romerías servían, asimismo, para formar nuevas parejas. El vínculo nacionalista quedaba así reforzado con los lazos familiares.</p>
<p>Por lo general, el ciclo de actividades seguía un ritmo estacional. Un par de veladas literario-musicales o funciones teatrales iniciaban el año. A partir de 1913, diferentes grupos salieron para celebrar la Víspera de Santa Águeda, cos­tumbre que se estaba perdiendo en las zonas urbanas y que fue uno de los ele­mentos característicos del nacionalismo vizcaíno. Las estrofas se cantaban en euskera, destinando los fondos a fines propios o benéficos. Desde 1920, los coros de la Juventud Vasca baracaldesa acudieron a la ermita de la santa con acompañamiento de txistularis, dantzaris y la bandera de la sociedad para cele­brar una comida. Visto el éxito, en los años sucesivos, les acompañarán el resto de las organizaciones locales y algunas de Bilbao, añadiendo al acto un mitin y una romería. La Cuaresma marcaba un alto inexcusable. La primavera daba paso al periodo de excursiones que se extendían a lo largo de Vizcaya. En la época anterior a la primera celebración del Aberri-Eguna (1932), el día de San Ignacio, 31 de julio, constituía el día grande de los nacionalistas. Dicha festivi­dad se conmemoraba con una romería acompañada por una velada nocturna en el Batzoki. Tras la asistencia al, generalmente, único gran mitin anual celebra­do en verano volvían a iniciarse las conferencias y las clases. El aniversario de la muerte de Sabino Arana, 25 de noviembre, y algunas veladas teatrales cena­ban el ciclo de actividades del año.</p>
<p>El periodo republicano vio cómo se aceleraba el ritmo de movilizaciones. Las actividades deportivas tuvieron en esta época un importante incremento, así, por ejemplo, se celebró el campeonato interbatzokis de ciclistas y, en 1936, la I Vuelta a la Encartación. Aumentó asimismo, el número de excur­siones por distintas zonas del país, especialmente a Gernika, pero también a Navarra, Álava o cualquier sitio donde se realizase un acto nacionalista. Los diferentes Aberri-Eguna contaron con la asistencia de numerosos nacionalis­tas baracaldeses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Mientras que el socialismo se consolida en la zona minera e industrial, la importancia del anarquismo es nula. Posiblemente, las causas de este hecho están determinadas por la estructura industrial. Mientras Cataluña tiene una industria muy diversificada, como es la textil, en Bizkaia el desarrollo industrial ha ido unido a la concentración empresarial característica de la industria siderometalúrgica. Tampoco hemos de olvidarnos que el proletariado viene de un campo tradicionalista y de pequeños propietarios, como el País Vasco y Castilla la Vieja, muy distinto del jornalero de las zonas latifundistas de las provincias de Murcia y Andalucía que emigra a Cataluña. Manuel GONZÁLEZ PORTILLA “Población de la zona minera y la Ría de Bilbao en el siglo XIX” (mecanografiado) p. 75.</p>
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		<title>Arte religioso en Barakaldo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Oct 2026 06:53:23 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="199" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?fit=300%2C199" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?w=1024 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?resize=300%2C199 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?resize=768%2C509 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="3502" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/arte-religioso-en-barakaldo/san-roque/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?fit=1024%2C679" data-orig-size="1024,679" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="San Roque" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?fit=1024%2C679" /></div><p><a href="https://ezagutubarakaldo.net/?attachment_id=3502" rel="attachment wp-att-3502"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="3502" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/arte-religioso-en-barakaldo/san-roque/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?fit=1024%2C679" data-orig-size="1024,679" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="San Roque" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?fit=1024%2C679" class="alignleft wp-image-3502" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?resize=369%2C245" alt="San Roque" width="369" height="245" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?w=1024 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?resize=300%2C199 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2015/12/San-Roque.jpg?resize=768%2C509 768w" sizes="(max-width: 369px) 100vw, 369px" /></a>La <em>iglesia Parroquial de San Vicente</em> se encuentra documentada en el año 1322, aunque los vestigios más antiguos que conserva son de mediados del XV y su estructura básica se remonta ya a la primera mitad del XVII. En general nos encontramos con un templo de nave única y planta rectangular, torre a los pies, cabecera rectangular, pórtico en sus muros oeste y parte del sur, sillerí­a y cubierta a dos aguas. Al exterior se presenta muy austera y únicamente destacan los estribos esquinales, la lí­nea de vanos de medio punto abocinados y la torre-campanario con dos zonas bien definidas, la parte baja, bajomedieval, y el desarrollo en altura, posterior, y culminado con cúpula, chapitel y cruz. El acceso es arco de medio punto y lateralizado bajo el pórtico de mediodí­a, aunque posee otro a la capilla bautismal, bajo la torre, en arco gótico apuntado y adovelado sobre ménsulas, que se adosa al pórtico distinguido por pies derechos de madera y pilastras esquineras en piedra, cubierto a una vertiente y de cronologí­a moderna. El resto de elementos destacables se encuentra en un interior articulado en cuatro tramos divididos por arcos fajones de medio punto sobre pilastras cruciformes toscanas y abovedados en terceletes. Se consolida con estribos que forman capillas laterales uniendo estos con arcos formeros de medio punto, al igual que el triunfal que da paso a la cabecera.</p>
<p>Alberga retablo mayor fechado en la década de los ochenta del siglo XIX y de claro aire clasicista con elementos como columnas corintias, arquerí­as de medio punto, hojas de palma, etc. Tiene imágenes de: San Antonio de Padua y San Vicente, neoclásicas, San José, actual y un Calvario barroco. En una capilla de los pies dedicada a La Dolorosa se encuentra en una hornacina una imagen de ésta con un Cristo a los pies de estilo neoclásico.</p>
<p>En el barrio de El Regato se encuentra la <em>Iglesia de San Roque</em> construida muy próxima a la ermita de la misma advocación que ya existiera en este barrio desde el siglo XVII. Además tenemos otros tres templos religiosos. La <em>Iglesia de San José</em> es una construcción de 1940 y obra de Ricardo Bastida, que tomo su patronato del proyecto fallido que Casto Zavala pretendí­a edificar a finales del siglo XIX en el barrio de Desierto. Tiene tres naves, ábside circular y torre a los pies que hace de pórtico en su parte baja. En su interior los arcos apuntados articulan tramos y naves, salvo las capillas laterales de los muros que se resuelven en medio punto. Se utiliza ladrillo en parte de su estructura y destaca el mural de la cabecera con la vida de San José y de cadencia renacentista.</p>
<p>El <em>Sagrado Corazón de Jesús</em>, en Retuerto, está situada sobre el emplazamiento de una antigua ermita dedicada a San Ignacio de Loyola y fue construida en los años cuarenta del siglo XX. De única nave y capillas laterales, tiene adosada al ábside poligonal una alta torre sobre la que se yergue la gran imagen del Sagrado Corazón. Toda su decoración sigue un planteamiento clasicista y cuenta con murales en algunos tramos de la cubierta y capillas laterales, cuadros de San Pedro, San Pablo, San José y la Virgen en la cabecera, bajo la que se encuentra la capilla de la familia Garay Sesumaga (comitente del edificio), un retablo mayor de cemento de escaso valor con talla del Sagrado Corazón y también tallas de San Ignacio de Loyola, San Isidro Labrador y San Antonio. Por último el <em>Sagrado Corazón de Marí­a</em>, en Burceña, vuelve a repetir patrones clasicistas en su construcción interior y exterior, aunque participa también de repertorio barroco, sobre todo en su torre de estilo herreriano.</p>
<p>De las ermitas hablaremos de las cinco que aún quedan en pie, aunque las desaparecidas son más que las que han sobrevivido. <em>Santa ígueda</em> está relativamente apartada del núcleo urbano y su documentación más antigua data de fines del siglo XVI, época de la que conserva aún gran parte de su estructura de estilo renacentista, mientras que su cubierta, de lunetos, la espadaña y la sacristí­a son del XVIII y el pórtico del XIX. Podemos hablar de iglesia dadas sus dimensiones y sus caracterí­sticas esenciales son: planta alargada de una nave en cuatro tramos, cabecera recta, mamposterí­a exceptuando vanos y esquinas, sacristí­a adosada al testero, espadaña a los pies y pórtico en el muro norte. Todos los arcos (fajones, formeros, vanos, etc.) se articulan en medio punto, salvo un vano conopial de los denominados de asiento en el coro. En cuanto a mobiliario presenta un retablo mayor de estilo rococó, con un piso, tres calles y ático, que alberga imagen de la patrona, Cristo, en el ático, del siglo XVII y Santa Ana, Virgen con el Niño y Santiago Matamoros, todas ellas romanistas. Posee tres tallas de gran interés: un Cristo neoclásico de madera policromada, también de madera Santa Quiterí­a de finales del gótico, y como elemento clave una pieza en alabastro de Santa Margarita, posiblemente de fines del XV y de factura francesa, única en la provincia.</p>
<p>La <em>Ermita de Nuestra Señora de la Natividad</em>, en Burceña, es lo único que queda en pie de un antiguo convento de mercedarios, y de nuevo nos encontramos con un templo de amplias dimensiones, nave única en cuatro tramos y cabecera recta. Es de mamposterí­a, salvo la fachada principal, con estuco al interior imitando sillerí­a, la cubren bóvedas de cañón rebajado y todos sus vanos son de medio punto salvo un óculo a los pies sobre el coro. Dos son los elementos importantes del templo, ambos muy clasicistas: la fachada que alberga acceso en medio punto, pilastras cajeadas, hornacina, entablamento y espadaña con pináculos de bola; y la pequeña capilla sepulcral de la familia Llanos, en la que aparece su escudo de armas sobre arcada ciega de medio punto, frontón y pináculos, siguiendo la estética del frente exterior. El conjunto se podrí­a datar en el siglo XVII. En arte mueble su retablo mayor, barroco, con columnas salomónicas, decoración vegetal de viñas, banco, tres calles, ático y sobrecalles, contiene un San José, San Antonio, Cristo y Padre Eterno, todos barrocos y en un lateral una copia de un Murillo del siglo XVIII.</p>
<p><em>San Martí­n</em> es un pequeño edificio rectangular adaptado al desnivel del terreno con acceso en medio punto y escaleras. A dos aguas y mamposterí­a tiene a sus lados pequeños estribos más decorativos que arquitectónicos dado su pequeño tamaño. <em>Santa Quiteria</em>, construida en 1914, de planta rectangular y mamposterí­a y poco interés arquitectónico completa las ermitas. Queda sólo hablar brevemente del <em>Cementerio de San Vicente</em>, construido a finales del siglo XIX por Casto de Zavala.</p>
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<p>Auñamendi</p>
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		<title>Industrialización y demografía</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Oct 2026 06:16:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
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<p>La explotación de los importantes recursos férricos vizcaínos tuvo su epicentro en el Valle de Somorrostro, paraje con una larga tradición minera. La demanda europea de hierro no fosfórico, relacionada con la generalización de importantes avances tecnológicos europeos a finales del siglo XIX, asentó las bases de su gran desarrollo. La abundancia de sus criaderos de hierro no fosfórico de extremada calidad (rubio o hematites parda), de fácil extracción, al aire libre y cercanos al puerto y a la ciudad, hizo rentabilísima su explotación. Su aprovechamiento a gran escala a partir de 1876 no necesitó una considerable inversión en infraestructuras y alcanzó su cima en 1899.</p>
<p>El aprovechamiento doble del flete (transportando mineral de hierro hacia las costas británicas, y retornando con carbón y tecnología ingleses) estableció un tráfico regular en las dos direcciones, que posibilitó el progreso de una siderurgia caracterizada por la insuficiencia carbonífera, De esta forma, cuando la extracción minera decayó en el primer tercio del siglo actual, la industria siderúrgica y la metalúrgica se hallaron completamente desplegadas, capaces de recoger el testigo y asumir el liderazgo de la economía de la comarca. Todo esto en un contexto estatal estancado ante la pérdida del tren de la industrialización y en el que comenzaron a sentirse las transformaciones demográficas y agrarias acaecidas durante la primera mitad del siglo XIX.</p>
<p>Aún así, varios factores proporcionaron la industrialización de Bilbao y sus localidades vecinas: el traslado de las aduanas a la costa en 1841 y el término de la franquicia comercial vasca; la generalización de ciertos avances tecnológicos europeos (Bessemer, 1856; Martin-Siemens, 1864) que revolucionaron los métodos de producción del hierro y del acero; el comercio exterior y la división internacional del trabajo que consolidaron al País Vasco como el enlace esencial entre el centro europeo (Gran Bretaña, Alemania y Francia) y España; el encauzamiento de la Ría del Nervión (1878-1887) y la construcción del Puerto Exterior (1887-1902); la larga tradición en el trabajo de aprovechamiento de mineral; la gestación de una burguesía capacitada para dirigir el proceso; y el amplio entramado financiero capaz de concentrar y movilizar el capital acumulado en las inversiones industriales.</p>
<p>Una larga lista de hechos a los que han de añadirse, por un lado, la ya citada disponibilidad de recursos productivos abundantes y diversos, especialmente los yacimientos de hierro muy ricos. Y por otro, las transformaciones demográficas y agrarias de la primera mitad de la centuria decimonónica. Igualmente, fueron determinantes la escasa industrialización del estado español, la debilidad del mercado interior, así como también la política proteccionista desplegada desde las esferas de poder en Madrid (aranceles de 1891, 1906 y 1922).</p>
<p>Los primeros pasos de la industrialización de la Ría del Nervión se correspondieron con la puesta en marcha a mediados del siglo XIX de varias fábricas siderúrgicas:&nbsp;<em>Santa Ana de Bolueta&nbsp;</em>(1841-48),&nbsp;<em>Nuestra&nbsp;Señora del Carmen de Baracaldo&nbsp;</em>(1854-1860)&nbsp;<em>y Santa Agueda de Castrejana,&nbsp;</em>antigua ferrería, (1862). Sin embargo, el verdadero despegue se produjo en la década de los 80, coincidiendo con la época en que comenzaron a hacerse palpables los beneficios obtenidos por las explotaciones mineras. Establecidos los pilares de la nueva siderurgia, Bilbao, la Margen Izquierda y en su extensión toda Vizcaya adquirieron un gran protagonismo, acentuando aún más si cabe con el importante paso productivo del hierro dulce al acero (1892-1893).</p>
<p>Su plasmación en el espacio quedó fundamentalmente reflejada con la instalación de un conjunto de factorías con un tamaño considerable, en torno a las cuales se fueron ubicando pequeñas y medianas empresas, que aprovecharon de las economías de escala derivadas. Nombres como&nbsp;<em>The Cantabrian Iron&nbsp;Company&nbsp;</em>(1870),&nbsp;<em>San Francisco de Mudela&nbsp;</em>(1880),&nbsp;<em>Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao&nbsp;</em>(1882), la&nbsp;<em>Sociedad Metalúrgica y de Construcciones La Vizcaya&nbsp;</em>(1882),&nbsp;<em>Aurrerá&nbsp;</em>(1885),&nbsp;<em>Sociedad Anónima&nbsp;Iberia&nbsp;</em>(finales década de los 80) adquirieron, entonces, un protagonismo inusitado en el panorama productivo sidero-metalúrgico nacional. Aunque fue sobre todo&nbsp;<em>Altos Hornos de Vizcaya&nbsp;</em>(1902) la sociedad que más destacó. Fruto de la fusión de&nbsp;<em>Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, La Vizcaya y La Iberia&nbsp;</em>fue considerado el gran abanderado de la industrialización vizcaína.</p>
<p>Sin embargo, al gran peso ejercido por estos emporios, el despliegue industrial no se redujo a estas grandes instalaciones. En la década de los 90 se fueron instalando en torno a ellas, a lo largo de las márgenes de la Ría, talleres y medianas y pequeñas empresas transformadoras del metal como demandantes de hierro y acero. Como resultado final, una densa y compleja malla industrial favoreció la aparición de un conjunto de ventajas de localización y de accesibilidad a una serie de las materias primas. Así, su emplazamiento portuario como puerta de entrada del coque inglés y la proximidad a las explotaciones de mineral de hierro, que se transportaba directamente a través de los ferrocarriles desde las minas hasta los establecimientos siderúrgicos, fueron primordiales.</p>
<p>Ambos factores influyeron decisivamente en el coste final del producto, sin embargo, al asentarse las nuevas industrias, esencialmente, en la Margen Izquierda minimizaron al máximo sus costes. Además, las economías de escala derivaron en la disponibilidad de infraestructuras, equipamientos, servicios a la producción y un amplio mercado de trabajo, capital y consumo, así como en un desarrollo de las interrelaciones empresariales y sectoriales. Surgió de esta forma, un espacio fabril, mayoritariamente siderometalúrgico dominado por la preponderancia de&nbsp;<em>Altos Hornos de Vizcaya&nbsp;</em>en torno al cual se vertebró todo un vasto conjunto de pequeñas y medianas empresas. Sus efectos también se dejaron entrever en el espacio dando lugar a un continuo urbano entre la línea costera de la Ría y los ferrocarriles, de baja calidad residencial que mezcló usos industriales, residenciales e infraestructurales.</p>
<p>El diario&nbsp;<em>El Noticiero Bilbaíno&nbsp;</em>en 1884 advirtió ya en un artículo titulado “Previsión”, sobre la gran concentración humana creada en torno a las fábricas siderúrgicas de&nbsp;<em>Nuestra Señor del Carmen, San&nbsp;Francisco de Mude/a y La Vizcaya.&nbsp;</em>Su claridad de visón futura le llevó a afirmar que no serían muchos los años que discurrirían “(…)&nbsp;<em>sin que desde el Desierto a Portugalete, el caserío sea tan denso que formen una&nbsp;larga y no interrumpida calle,&nbsp;</em>()”</p>
<p>Del mismo modo, este conjunto de hechos dinamizaron el resto de la economía, provocando la aparición de otras ramas productivas de gran relevancia como las compañías eléctricas&nbsp;<em>(Hidroeléctrica&nbsp;Ibérica, Hidrauka de Fresser, lbaizabal, Hidroeléctrica del Nervión,…),&nbsp;</em>aseguradoras&nbsp;<em>(Aurora, La Polar,…),&nbsp;</em>papeleras&nbsp;<em>(Papelera Española,…),&nbsp;</em>y astilleros&nbsp;<em>(Euskalduna, Astilleros del Nervión, La Naval,…),&nbsp;</em>así como el nacimiento de una banca diversificada y moderna (fusión del&nbsp;<em>Banco de Bilbao&nbsp;</em>y del&nbsp;<em>Banco de Comercio,&nbsp;</em>fundación del&nbsp;<em>Banco de Vizcaya&nbsp;</em>y del&nbsp;<em>Banco del Crédito de la Unión Minera,…),&nbsp;</em>la expansión de sociedades navieras&nbsp;<em>(Sota, Aznar, Cía. Bilbaína de Navegación,…)&nbsp;</em>y el desarrollo de una amplia red de ferrocarriles (de&nbsp;<em>Bilbao a Portugalete,&nbsp;</em>de&nbsp;<em>Bilbao a Las Arenas,&nbsp;</em>él de&nbsp;<em>Triano, La Robla,..).</em></p>
<p>Ahora bien, para que este proceso de industrialización pudiera llevarse a cabo fue necesaria la dotación de un amplio mercado de trabajo que pusiese en marcha todas y cada una de las iniciativas empresariales. Esa oferta de puestos de trabajo fue satisfecha en un primer momento por las gentes del lugar, para después ser cubierta con población inmigrante. Como consecuencia directa, iniciado el proceso de industrialización de la comarca, los seis municipios analizados, Bilbao, Baracaldo, Sestao, Portugalete, Erandio y Guecho, experimentaron una profunda&nbsp;<em>“revolución demográfica”.</em>&nbsp;1876 marcó el pistoletazo de salida de una etapa caracterizada por la relevancia de los procesos migratorios.</p>
<p>A lo largo de los 73 años comprendidos entre 1787&nbsp;<em>y&nbsp;</em>1860, puede observarse cómo Bilbao fue indiscutiblemente el primer núcleo poblacional de la zona con casi 29.500 habitantes en la última fecha señalada. Fue precisamente en esta localidad donde desde principios de los años 40 del siglo XIX comenzó a acusarse una mayor vitalidad demográfica, coincidiendo con la entrada en funcionamiento de&nbsp;<em>Santa Ana&nbsp;de Bolueta&nbsp;</em>(1854-1860) y&nbsp;<em>Santa Águeda de Castrejana&nbsp;</em>(1862). Un fenómeno consolidado en la década siguiente y cuyo ejemplo más clarividente fue el incremento en más de 2.500 personas en sólo tres años, los que transcurrieron entre 1857 y 1860.</p>
<p>Muy lejos se encontraban el resto de municipios. Baracaldo con 2.688 habitantes en 1860, se encontraba a mucha distancia en segunda posición en importancia demográfica. Aquí también comenzaron a hacerse visibles los primeros efectos de la industrialización con la instalación de&nbsp;<em>Nuestra Señora del Carmen&nbsp;</em>(1854). No obstante, el incremento demográfico acaecido en esta localidad no fue tan llamativo (319 habitantes en las mismas fechas) y la base económica principal de la anteiglesia continuó siendo el sector agrícola-ganadero.</p>
<p>Después, aparecía, por orden de importancia en componentes demográficos, Guecho en la otra orilla, con 2.156 habitantes y un comportamiento poblacional tradicional muy lejos de las pautas industriales. Sestao, por su parte, se presentaba en este período como un núcleo eminentemente agrícola con un aporte poblacional insignificante (341 habitantes en 1860) frente al resto de poblaciones de la Margen Izquierda. Erandio, en la orilla derecha del Nervión, seguía un comportamiento demográfico similar al baracaldés, aunque sus cifras poblacionales eran más modestas (1.678 habitantes en 1860). Mientras que por el contrario, Portugalete sufría una dinámica completamente inversa. Sus efectivos demográficos descendieron un 25% entre 1787 y 1857, coincidiendo en el tiempo con la pérdida definitiva, a favor de Bilbao, de su exclusividad mercantil y su espacio fluvial.</p>
<p><em>Crecimiento demográfico de Bilbao, Baracaldo, Sestao, Portugalete, Erandio y Guecho<br />
(1787 y 1940)</em></p>
<table width="1220">
<tbody>
<tr>
<td width="84"><strong>Fecha</strong></td>
<td width="84"><strong>Bilbao</strong></td>
<td width="84"><strong>Barakaldo</strong></td>
<td width="84"><strong>Sestao</strong></td>
<td width="84"><strong>Portugalete</strong></td>
<td width="84"><strong>Erandio</strong></td>
<td width="84"><strong>Guecho</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1787</td>
<td width="84">15.516</td>
<td width="84">1.924</td>
<td width="84">214</td>
<td width="84">1.931</td>
<td width="84">1.306</td>
<td width="84">1.433</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1857</td>
<td width="84">27.909</td>
<td width="84">2.369</td>
<td width="84">384</td>
<td width="84">1.435</td>
<td width="84">1.628</td>
<td width="84">2.079</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1860</td>
<td width="84">29.436</td>
<td width="84">2.688</td>
<td width="84">341</td>
<td width="84">1.527</td>
<td width="84">1.678</td>
<td width="84">2.156</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1877</td>
<td width="84">39.695</td>
<td width="84">4.710</td>
<td width="84">1.077</td>
<td width="84">3.053</td>
<td width="84">1.813</td>
<td width="84">2.651</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1887</td>
<td width="84">60.421</td>
<td width="84">8.868</td>
<td width="84">4.374</td>
<td width="84">3.412</td>
<td width="84">2.931</td>
<td width="84">3.649</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1900</td>
<td width="84">93.250</td>
<td width="84">15.013</td>
<td width="84">10.833</td>
<td width="84">5.182</td>
<td width="84">6.385</td>
<td width="84">5.442</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1910</td>
<td width="84">106.592</td>
<td width="84">19.249</td>
<td width="84">11.820</td>
<td width="84">5.663</td>
<td width="84">6.831</td>
<td width="84">7.359</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1920</td>
<td width="84">131.827</td>
<td width="84">26.906</td>
<td width="84">15.579</td>
<td width="84">7.629</td>
<td width="84">10.045</td>
<td width="84">11.399</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1930</td>
<td width="84">161.987</td>
<td width="84">34.209</td>
<td width="84">18.335</td>
<td width="84">10.169</td>
<td width="84">11.268</td>
<td width="84">16.859</td>
</tr>
<tr>
<td width="84">1940</td>
<td width="84">195.186</td>
<td width="84">36.165</td>
<td width="84">18.625</td>
<td width="84">10.612</td>
<td width="84">——–</td>
<td width="84">17.795</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>En suma, a mediados del siglo XIX, de los seis municipios estudiados, sólo Bilbao había experimentado un fuerte crecimiento demográfico, gracias a la inmigración. El resto de las localidades se hallaban todavía lejos de ese influjo.</p>
<p>El verdadero despegue demográfico de la comarca tuvo lugar entre 1860 y 1877, coincidiendo con la consolidación de&nbsp;<em>Nuestra Señora del Carmen&nbsp;</em>como gran industria transformadora y la proyección de&nbsp;<em>San&nbsp;Francisco de Mude/a.&nbsp;</em>Baracaldo experimentó un crecimiento demográfico espectacular, aunque fue superado por Sestao, donde se dejaron sentir con mayor intensidad los efectos de una potente inmigración. Más que triplicó su población y pasó bruscamente de aldea rural a núcleo industrial. Portugalete siguió la estela de la localidad vecina, confirmándose como el emplazamiento elegido por la burguesía local. Bilbao, que continuaba siendo el núcleo principal, incrementó también sus efectivos poblacionales, aunque de una forma más moderada. Erandio y Guecho, por su parte, no participaron de este comportamiento demográfico, manteniéndose con índices de crecimiento cercanos a los tradicionales.</p>
<p>En la década comprendida entre 1877 y 1887 tuvo lugar el gran salto demográfico, de manera paralela al despliegue de los grandes bastiones industriales y al desarrollo de importantes obras de infraestructura en la comarca. De hecho, los índices de crecimiento acumulativo alcanzaron entonces sus mayores valores, guiados por los efectos de una potente inmigración. Sestao continuó a la cabeza del proceso, seguido de Baracaldo. Igualmente, Erandio se incorporó en aquellas fechas a la nueva dinámica demográfica, coincidiendo con la aparición de las primeras casas de vecindad en la localidad. Sin embargo, fue sólo la zona del Desierto-Erandio, frente a&nbsp;<em>Altos Hornos de Vizcaya,&nbsp;</em>la que experimentó un comportamiento demográfico semejante a la Margen Izquierda. El resto del término municipal de Erandio continuó manteniendo su tradicional carácter rural. Bilbao, Guecho y Portugalete, por este orden, aumentaron, igualmente, su población, aunque en menor proporción.</p>
<p>En este sentido, resultó paradigmático el comportamiento demográfico del municipio de Guecho, en consonancia siempre con sus características socio-económicas muy diferentes al resto de localidades analizadas. Fue en estos años cuando comenzó a especializarse en el alojamiento de veraneo o de segunda residencia de las clases medio-altas de Bilbao y la provincia. Su crecimiento demográfico no fue notorio ni evidente hasta bien entrada la década de 1880, iniciando a partir de esas fechas un vertiginoso movimiento siempre ascendente que le llevaría a duplicar su población entre 1877 y 1900, e incluso triplicarla entre 1900 y 1930.</p>
<p>Entre 1887 y 1900 la evolución demográfica de la zona prosiguió su movimiento ascendente, si bien la intensidad del proceso fue algo menor. Sestao y Erandio sufrieron los mayores incrementos, seguidos de Baracaldo y Bilbao. Portugalete, en quinta posición, alcanzó índices de crecimiento superiores al período anterior. Mientras Guecho continuó la línea iniciada en los años precedentes, aunque fue en la década de los 90 cuando se produjo una tímida instalación de establecimientos fabriles en la zona de Lamiaco, en el límite por la Ría con el municipio vecino de Lejona.</p>
<p>Tras el auge finisecular, y pese a la creación de&nbsp;<em>Altos Hornos de Vizcaya,&nbsp;</em>la primera década de la presente centuria trajo consigo una deceleración del proceso migratorio hacia Bilbao y las Márgenes del Nervión, dejándose sentir los efectos de una situación económica más desfavorable. En los seis municipios analizados se observó un claro estancamiento demográfico, aportando Guecho el mayor incremento, seguido de Baracaldo y Bilbao.</p>
<p>Entre 1910 y 1930 las seis localidades experimentaron un mayor crecimiento demográfico, pero no se volvieron a alcanzar las cifras de las dos últimas décadas del siglo XIX, salvo en Guecho. En esta localidad se alcanzó la tasa de crecimiento poblacional más elevada de todo el período analizado, consolidándose definitivamente como lugar de residencia, estacional o definitiva, de las élites bilbaínas y vizcaínas. Los movimientos migratorios perdieron en esta fase su aportación decisiva (salvo con la I Guerra Mundial), recogiendo el testigo la vitalidad demográfica de una población joven. Todo esto en un contexto económico mejor y más optimista gracias a la instalación y consolidación de nuevas factorías, a la estabilidad del empleo en la industria, así como a la fijación definitiva de la población inmigrante llegada a la zona en años anteriores.</p>
<p>La década siguiente, 1930-1940, supuso un estancamiento, ralentizándose el crecimiento demográfico de la comarca. La inestabilidad económica de los primeros años y los efectos negativos de la Guerra Civil, después, provocaron un anquilosamiento del régimen poblacional.</p>
<p>Analizando los gráficos anteriores, puede comprobarse cómo no se trató de un crecimiento cuantitativo, sino cualitativo de decisiva relevancia, en el sentido de que se pasó de cifras puramente rurales a vertiginosas cifras, propias de áreas urbanas. Incremento poblacional que provocó una profunda metamorfosis del comportamiento demográfico (produciéndose un rejuvenecimiento de la población, un descenso de la edad de matrimonio, un mayor dinamismo del saldo natural); de la concepción espacial (desbordándose los límites de los antiguos núcleos poblacionales); del hábitat (pasándose del predominio de la dispersión rural a la concentración de edificios fabriles y residenciales); y del tipo de inmuebles (dejándose atrás el caserío y la casa del menestral, difundiéndose las casas de vecinos que redujeron el espacio de las viviendas y aumentaron el número de personas por superficie útil).</p>
<p>Estos valores confirmaron el crecimiento polarizado de Vizcaya en torno a la Ría del Nervión. En poco más de 70 años Bilbao, Baracaldo, Sestao, Portugalete, Erandio y Guecho pasaron de albergar en 1857 el 22,34% de la población total de la provincia al 54,46% en 1940, más de la mitad de la población vizcaína. Destacaron principalmente dos núcleos de concentración demográfica. Por un lado, Bilbao, aglutinando el 17,41% de la población vizcaína en 1857 y el 38,19% en 1940. Por otro, el continuo urbano formado por Baracaldo y Sestao, sólo separados por el río Galindo, en el que habitaba el 1,72% de los efectivos demográficos de Vizcaya en 1857 y el 10,72% en 1940. Dos áreas a las que debería unirse durante la segunda mitad del siglo XIX una tercera, la formada por los núcleos mineros, fuera del área de análisis de esta investigación. El resto de la provincia apenas si creció.</p>
<p>Mª del Mar Domingo Hernández</p>
<p>Toamdo de www. https://olabeaga.org/</p>
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		<title>Bacalao a la Barakaldesa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2026 06:49:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?w=3168 3168w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?resize=1080%2C810 1080w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?w=2160 2160w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="2607" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/bacalao-a-la-barakaldesa/bacalao-a-la-barakaldesa/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?fit=3168%2C2376" data-orig-size="3168,2376" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;2.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;DMC-LX2&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1265378951&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;6.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;200&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.033333333333333&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="Bacalao a la barakaldesa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2012/07/Bacalao-a-la-barakaldesa.jpg?fit=1024%2C768" /></div>PIMIENTOS CON BACALAO O BACALAO A LA BARAKALDESA UN PLATO OLVIDADO, PERO MUY NUESTRO &#160;Para aclarar algunas dudas que suelen surgir en las tí­picas discusiones de cuadrilla, debemos de afirmar que el bacalao a la barakaldesa está reconocido como plato dentro de la tradicional cocina vasca. Sus orí­genes son inciertos, pero hay quien asegura que [&#8230;]]]></description>
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<h1 align="center">UN PLATO OLVIDADO, PERO MUY NUESTRO</h1>
<p><strong>&nbsp;</strong>Para aclarar algunas dudas que suelen surgir en las tí­picas discusiones de cuadrilla, debemos de afirmar que el bacalao a la barakaldesa está reconocido como plato dentro de la tradicional cocina vasca. Sus orí­genes son inciertos, pero hay quien asegura que ya se cocinaba en los años veinte del siglo pasado. En algunos bares de Barakaldo se ofrecí­a en la carta este menú, destacando el Bar Elisa en El Regato y el Bar-Café la Leñera en Lutxana. Como suele ocurrir con muchas recetas, existen algunas variantes en la preparación de este plato, pero la que a continuación se describe es la más acertada y la utilizada en los concursos de bacalao.</p>
<p><strong>LOS CONCURSOS DE BACALAO</strong></p>
<p>La primera vez que se realizó un concurso de esta modalidad de bacalao, fue en el año 1962 durante las fiestas patronales de San Roque en El Regato. Previamente se habí­a publicado la fórmula para su elaboración en el programa de festejos de este querido barrio baracaldés. En Agosto de 1969 se organizó en el mismo lugar otro concurso en el que se incluyó la especialidad de bacalao al «Pil-Pil». En los primeros años de la década de los setenta, en las Fiestas del Carmen se organizaron varios concursos de bacalao de la modalidad «Pil-Pil» y «Barakaldesa». A partir de entonces quedó en el olvido y sólo se veí­an en las fiestas de los diferentes barrios de Barakaldo, exclusivamente concursos de bacalao al «Pil-Pil».</p>
<p><strong>LOS PIMIENTOS CHORICEROS (FRESCOS-ENTREVERADOS)</strong></p>
<p>Hay que tener en cuenta que para hacer un auténtico bacalao a la barakaldesa, sólo se puede condimentar en una época determinada. Esto es debido a que los pimientos choriceros (frescos- entreverados), empleados en su elaboración, se cosechan de agosto a octubre, aunque en ocasiones se suelen ver más tardí­amente en algunas ferias agrí­colas de nuestra comarca, cultivados en invernadero. Son los mejores los procedentes de la segunda y tercera flor. Un truco empleado muy a menudo es el de cocinarlos y congelarlos en esa época y utilizarlos durante el resto del año.</p>
<p>También se pueden usar unos buenos pimientos procedentes de Italia, de color rojo y piel muy fina que tienen una excelente carne, que se venden en la época de invierno. Por supuesto son válidos los pimientos verdes de tamaño mediano, pasados por la sartén. Hay quien ha recurrido a un buen bote de pimientos del piquillo, que previamente cocinados con unos ajos picados en una sartén, se pueden utilizar en este delicioso plato. En resumidas cuentas lo que se trata es de que, el jugo de los pimientos vaya penetrando en las tajadas de bacalao y al mezclarse con la salsa, dotarlas de un excelente sabor.</p>
<p>INGREDIENTES (para cuatro personas)</p>
<h2>&nbsp;.-Un kilo de bacalao</h2>
<h2>.-Medio litro de aceite de oliva de 0,4 grados</h2>
<h2>.-Media cabeza de ajos</h2>
<p>.-Una guindilla (opcional ya que hay algún pimiento que pica)</p>
<p>.-24 pimientos choriceros frescos (entreverados)</p>
<h2>&nbsp;PREPARACIí“N</h2>
<p>La primera operación a realizar consiste en poner a remojo el bacalao, previamente cortado en tajadas. Suele ser conveniente no usar tajadas demasiado gruesas. Es recomendable tenerlo en agua 48 horas aproximadamente y hacer cambios cada 8 horas. Una vez concluida esta operación, procederemos a secarlo muy bien (esto es muy importante para que la salsa engorde más rápidamente). El tiempo de remojo dependerá del espesor del bacalao y del recipiente que usemos. Como norma, se suele calcular cinco litros de agua por cada kilo de bacalao.</p>
<p>Los pimientos choriceros, procederemos a freí­rlos lentamente en una sartén. Una vez fritos, les quitaremos la piel y las pepitas, haciendo una pequeña incisión con un cuchillo, los dejaremos en un plato aparte. También se pueden asar en una chapa y pasarles un poco por la sartén, una vez quitados su piel.</p>
<p>En una cazuela plana de barro, echamos el aceite y cuando esté caliente añadimos los ajos bien picados. Una vez dorados se sacan con un tenedor. A continuación, dejaremos que se enfrí­e un poco el aceite, colocando las tajadas de bacalao con la piel hacia arriba. Después procederemos a mover la cazuela con un movimiento de vaivén durante veinte minutos con el objeto de que el bacalao vaya segregando su gelatina. Cuando la salsa ha empezado a engordar, doblamos los pimientos por la mitad, colocándolos «sentados» en la periferia de la cazuela, con la punta señalando hacia dentro de la misma, y el rabo hacia fuera de ella. Volveremos a calentar de nuevo la cazuela hasta que empiece a hervir un poco. Retiramos la cazuela y volvemos a mover la cazuela del mismo modo que la vez anterior, hasta que la salsa haya quedado bien espesa, pues los pimientos habrán segregado todo su jugo, mezclándose con el aceite y la gelatina del propio bacalao. Para su presentación, ordenaremos bien los pimientos y añadiremos los ajos fritos distribuidos por las tajadas.</p>
<p>Para degustarlo y seguir la tradición, nada mejor que una buena botella de txakolí­ de las Encartaciones. ¡On egin guztioi!</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Finca Munoa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2026 06:14:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="185" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/12/aaaa.jpg?fit=300%2C185" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/12/aaaa.jpg?w=624 624w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/12/aaaa.jpg?resize=300%2C185 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10092" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/aaaa-22/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/12/aaaa.jpg?fit=624%2C385" data-orig-size="624,385" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;1.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;iPhone SE (2nd generation)&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1638446343&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;3.99&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;20&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.0053475935828877&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2021/12/aaaa.jpg?fit=624%2C385" /></div><p>El lugar de Munoa, uno de los espacios históricos de Barakaldo, aparece ya mencionado en 1569 como una de las propiedades del cercano Monasterio de Burceña y allí debieron existir hasta mediados del siglo XIX un caserío, manzanales, viñedos y huertas. Todo este terreno fue adquirido hacia 1860 por Juan Echevarria La Llana, alcalde de Bilbao, diputado en varias ocasiones y uno de los mayores propietarios de Barakaldo, quien ordenó edificar una elegante casa de campo.</p>
<p>En 1916 la casa pasó a manos de Rafael Echevarria Azcarate, nieto de Juan y esposo de Amalia Echevarrieta, hermana del famoso industrial Horacio Echevarrieta. El matrimonio decidió reformar completamente el palacio, encargándole la obra al arquitecto Ricardo de Bastida quien conservó el bloque original, añadiéndole una torre a cada lado y transformando el edificio en una soberbia mansión estilo Segundo Imperio Francés. A su vez, decidieron construir un garaje, una casa para portería, un caserío y un gran jardín de estilo inglés.</p>
<p>Toda esta finca se mantuvo en propiedad de la familia Echevarrieta hasta 2014, año en el que fue adquirida por el ayuntamiento de Barakaldo que, desde entonces, ha realizado varios estudios sobre la misma así como diversas restauraciones, especialmente en el tejado del palacio.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Propiedad</p>
<p>Rafael Echevarria Azcarate y Amalia Echevarrieta Maruri</p>
<p>En 1916 la antigua finca y casa de Munoa pasó a propiedad del matrimonio compuesto por Rafael Echevarria Azcarate y Amalia Echevarrieta Maruri, quienes residían aun en el chalet de la familia Echevarrieta en la calle Gardoqui (Bilbao).</p>
<p>Rafael y Amalia compusieron una pareja de gustos refinados, amantes del arte, los viajes y el lujo que decidieron, gracias a los recursos económicos aportados por la sociedad Echevarrieta y Larrinaga que gestionaba el hermano de Amalia, Horacio Echevarrieta, reformar completamente la casa y convertirla en un sobresaliente palacio.</p>
<p>Con el paso de los años, el matrimonio fue formando una amplia colección de arte además de convertirse en mecenas de artistas como Paco Durrio o Valentín Dueñas quienes también recibieron la ayuda de Horacio Echevarrieta.</p>
<p>Años antes, en 1911, debido a la frágil salud de Rafael y buscando un mejor clima, el matrimonio había adquirido la finca de La Concepción, en Málaga, diseñada a mediados del siglo XIX por el matrimonio compuesto por Jorge Loring y Amalia Heredia. Estos crearon un hermoso jardín de estilo inglés que fue ampliado posteriormente por los Echevarria-Echevarrieta siguiendo gustos franceses, quienes además reformaron el palacio y establecieron diversas plantaciones.</p>
<p>Rafael y Amalia alternaron durante años su vida entre el palacio Munoa y la casa de La Concepción, pasando largas temporadas en este último, hasta que finalmente, en 1926, Rafael falleció. Amalia mantuvo la propiedad de ambas fincas hasta su muerte en 1956.</p>
<p>El otro protagonista. Horacio Echevarrieta Maruri</p>
<p>Horacio Echevarrieta Maruri era hijo de Cosme Echevarrieta Lascurain, líder del partido republicano y hombre de negocios con diversas propiedades e intereses en la industria minera.</p>
<p>Horacio heredó las propiedades y cargos políticos de su padre y, a través de la empresa Echevarrieta-Larrinaga, desarrolló un emporio económico que le convirtió en uno de los empresarios más importantes de la primera mitad del siglo XX. Fue industrial, banquero, político, mecenas, diplomático, fundador de periódicos…</p>
<p>Sus actuaciones empresariales más importantes fueron los Astilleros de Cádiz, los Saltos del Duero, la compañía Iberia-Líneas Aéreas de España, la línea 1 del metropolitano de Barcelona, la Gran Vía de Madrid, la Casa de la Prensa así como varios edificios del Ensanche de Bilbao.</p>
<p>Mantuvo relaciones con la realeza y fue uno de los artífices de las negociaciones que se celebraron en 1923 en Alhucemas (Marruecos) con el líder de los rifeños para liberar a los 600 soldados apresados tras el Desastre de Annual de 1921 durante las Guerras del Rif, lo que le convirtió en un personaje famoso.</p>
<p>Convertido en un hombre de enorme fortuna, realizó diversas construcciones, entre ellas el Palacio de Punta Begoña (Getxo). Su estrella, no obstante, comenzó a apagarse en los años 40 a causa de las deudas acumuladas en su proyecto más ambicioso, la construcción de un moderno modelo de submarinos en los Astilleros de Cádiz. Parcialmente arruinado se retiró a vivir junto a su hermana Amalia al palacio Munoa donde falleció en 1963.</p>
<p><strong>Descubre el palacio</strong></p>
<p>En 1916 el matrimonio Echevarria-Echevarrieta encargó al arquitecto Ricardo de Bastida la reforma del antiguo caserón heredado, quien decidió convertirlo en una mansión de estilo Segundo Imperio Francés. Para ello construyó tres nuevos elementos: dos cuerpos laterales, una escalera imperial con terraza y un elegante remate para el alero.</p>
<p>Interiormente reestructuró el edificio en cuatro plantas. En el sótano colocó la cocina, bodega, sala de planchas, tendederos, carboneras y almacenes que daban paso a una elegante galería para acceder al jardín; en la planta baja incluyó un vestíbulo que daba acceso a una gran escalera, además de un gran salón con órgano, salones laterales, comedor, cuarto de costura, despacho y capilla; la planta noble acogió los dormitorios de la familia así como diversos baños; finalmente en el camarote incluyó las diversas habitaciones del servicio, desvanes y roperos.</p>
<p>Bastida redecoró completamente todas las dependencias del palacio utilizando maderas lujosas para los empanelados, puertas, zócalos y suelos, recubriendo la parte alta de las paredes con entelados de telas adamascadas, usando ornamentación de yeso para los techos, diseñando modernos baños y fastuosas chimeneas, además de plantear una capilla en estilo neorrománico y una galería cubierta de azulejos decorativos que daba paso al jardín.&nbsp;</p>
<p>Con ello creó un espectacular palacio que la propiedad se preocupó de completar y mejorar con una sobresaliente colección de obras de arte a lo largo de los años.</p>
<p><strong>Descubre el garaje</strong></p>
<p>El garaje -al igual que la desaparecida portería- fue diseñado por Bastida en el mismo estilo Segundo Imperio Francés que el palacio. Para ello le dotó de tejado amansardado rematado con pizarra así como grandes ventanales en el lado que da a la calle.</p>
<p>El diseño interior original se alteró durante la ejecución de la obra quedando un edificio de dos plantas, con la baja dividida en dos espacios, uno para garaje y otro para taller. Para acceder a la planta superior colocó una sencilla escalera central que terminaba en un pequeño hall que daba paso a la vivienda del chófer.</p>
<p>Descubre el jardín</p>
<p>Para completar el conjunto, los Echevarria-Echevarrieta decidieron diseñar un espectacular jardín en estilo inglés construido en dos fases. En la primera, realizada sobre la finca de la casona original, se planteó un bosque denso sin apenas senderos, mientras que en la segunda, nacida gracias a una ampliación de 1918 realizada por el propio Bastida, se introdujeron senderos sinuosos que alternaban con grupos de árboles.&nbsp;</p>
<p>En total son 652 árboles y 100 arbustos de diferentes especies los que podemos apreciar hoy en día. El jardín se completó con una escultura de Nemesio Mogrobejo y otra de Valentín Dueñas, además de cuatro bancos decorados con escenas del Quijote, un gran estanque central y una balaustrada de piedra rematada con grandes jarrones.</p>
<p>El jardín redujo su extensión a consecuencia de dos expropiaciones realizadas en 1975 y 1988.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Esculturas</strong></p>
<p>La calificación como bien cultural con la categoría de Conjunto Monumental, del Palacio Munoa, sito en Barakaldo (Bizkaia), según el decreto 41/2017 de 7 de febrero, publicado en el BOPV nº 29, viernes 10 de febrero de 2017, incluye toda la unidad edificatoria y el jardín del palacio, donde se encuentra las esculturas “Eva “del escultor Nemesio Mogrobejo y “Dama” del escultor Valentin Dueñas Zaballa.</p>
<p>Estas son dos desnudos femeninos del natural:</p>
<p>“Eva” de Nemesio Mogrobejo y Abasolo (Bilbao, 1875 – Graz, 1910)</p>
<p>Técnica: Bronce patina verde</p>
<p>Medidas: 164 x 52 x 58 cm</p>
<p>Firma fundidor: Mir y Ferrero Fundidores Madrid</p>
<p>Firmada: N Mogrobejo</p>
<p>Forma parte de la trilogía escultural que creo el autor. ”Eva”, ”Hero y Leandro” y “Riaveglio” y manifiesta especialmente el ideal femenino .Se trata de una armoniosa y delicada mirada al cuerpo de la mujer.</p>
<p>La pieza tiene su importancia al ser de las pocas que logra pasar a bronce el propio artista; labor que el bilbaíno desempeña en Barcelona, ciudad a la que acude en setiembre de 1908 para fundirla junto a otras piezas.</p>
<p>Los estudiosos del arte consideran a “Eva” como un importante logro, pleno de gracia y elegantes ritmos que dinamizan la mirada escultórica desde los más distintos puntos de vista.</p>
<p>“Dama”, de Valentín Dueñas y Zaballa (Bilbao, 1888 – Madrid, 1952)</p>
<p>Técnica: Piedra tallada</p>
<p>Medidas: 188 x 70 x 70 cm, sin peana</p>
<p>Firmada: Dueñas</p>
<p>En la exposición nacional de 1920 el escultor presento esta escultura en yeso, que luego fue adquirida en piedra por la familia Echevarrieta que la instalo en el Palacio Munoa.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 24: A zancadas por el siglo XIX</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2026 06:46:19 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>Viendo las cosas con la perspectiva que nos da la Historia, bien podemos afirmar que el siglo XIX significó un antes y un después en el devenir de la anteiglesia de Barakaldo. Un “antes” rural, un “después” industrial. En medio, una bisagra de unos escasos cien años en los que la instalación de todo tipo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>Viendo las cosas con la perspectiva que nos da la Historia, bien podemos afirmar que el siglo XIX significó un antes y un después en el devenir de la anteiglesia de Barakaldo. Un “antes” rural, un “después” industrial. En medio, una bisagra de unos escasos cien años en los que la instalación de todo tipo de industrias (especialmente las derivadas de la metalurgia) arrasó el componente agrario que había caracterizado el paisaje del entorno desde que tenemos conocimiento de él. Por ello, antes de entrar en consideraciones más detalladas proponemos un recorrido “a zancadas” por este especial siglo XIX.</p>
<p>En el “Cuestionario” remitido por Silverio Joaquín de Retuerto<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> en 1795 a D. Tomás López<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, se dice de la anteiglesia<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>: “<em>Abunda de deliciosas hortalizas y todo género de fruta que se venden en las villas inmediatas con preferencia a las de los demás pueblos y sólo de guinda y cereza produce anualmente más de 30 Dxr (quintales?). Tendrá de largo como dos leguas&nbsp; y una de ancho escaso en que están repartidos 400 vecinos que son poco más o menos el número de su población, labradores que viven en el cultivo de las fresas, excelentes vegas que de junqueras se han reducido a sembradas de treinta años a esta parte con lo que se ha aumentado mucho la labranza. No hay en su jurisdicción feria ni mercado alguno y los vecinos compran y venden en las villas de Bilbao y Portugalete que tienen un mercado diario de granos y de lo demás necesario para la vida humana. El comercio principal es la labranza que coge el grano necesario para el consumo del pueblo. (Cuidan ganado que utilizan para el acarreo de mineral). Conducen 150 y 200 quintales de a 150 libras cada uno del monte con bueyes o mulos; el resto es ganado de cebar vendiéndolo después de gordo para los consumos de las dos citadas villas inmediatas. Por estar este pueblo situado la mayor parte en una llanura y terreno fangoso y tener inmediatos los ríos (antes mencionados) se carece de aguas buenas para beber por lo que reinan en los veranos muchas tercianas aunque no malignas y en los inviernos algunas puntas de costado, en lo demás el aire es sano, el cielo despejado y sus naturales robustos y ágiles. La lengua común es el vascuence y castellano aunque uno y otro mezclado y nada puro. Hay en su jurisdicción dos ferrerías una en el río mayor y otra en el menor con varios molinos, en las primeras se labra el hierro y en los segundos se muele el grano para el consumo de los vecinos, además dos fábricas de curtidos sin uso… También hay en el río menor una fandería donde se corta y adelgaza el hierro labrado en las ferrerías se suerte que queda en proporción para clavos de todos los tamaños</em>”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>1.- &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barakaldo 1825</strong></p>
<p>En 1825 Barakaldo tenía siete “barriadas”, que agrupaban el hábitat disperso de los caseríos, muy similares en número de habitantes: Irauregui (con Alday) 331; Regato, 333; Retuerto, 335; Burceña (con Cruces, Llano, Luchana y Vitoricha), 311; San Vicente, 259; Landaburu (con Arrandi), 227 y Beurco (con Desierto, casi vacío), 291. En total 2067 habitantes con tendencia al alza desde los años precedentes. El 91,4 % era natural de la anteiglesia existiendo una importante emigración femenina a las próximas villas de Bilbao y Portugalete, especialmente a la primera, para emplearse en el servicio doméstico. Este dato explica que la soltería femenina duplique a la masculina en la propia anteiglesia. Ocupaban los diversos caseríos existentes.</p>
<p>La dedicación <a href="http://fundamental.de/">fundamental de</a> esta población rural era la agropecuaria como lo había sido en los siglos anteriores. Esta tarea será simultaneada, sobre todo en invierno, con otras temporales como la extracción de mineral, acarreo de vena o tala de bosques. En los inicios del siglo XIX aumentó notablemente la producción agraria merced a la roturación de nuevas tierras obtenidas de la desecación de los abundantes juncales de que disponía la anteiglesia.</p>
<p>En un segundo plano quedaba la explotación de los “montes de hierro” o “zona de las veneras” cuyo mineral, tras ser extraído era transportado por medio de caballerías hasta los pequeños puertos de Galindo, Ugarte y Causo y, desde aquí, hasta el fondeadero del Desierto o la Rentería de Zubileta. Posiblemente algún barakaldés participaría de estos trabajos pero en el censo de 1825 no aparece ningún minero, acarreador de vena o gabarrero. Sí, por contra, se citan 14 carboneros, 8 herreros, 5 claveteros, un arriero y un rementero.</p>
<p>A pesar de poseer una rica vega, la agricultura no alcanzaba, sin embargo, el umbral de la autosuficiencia por lo que se debía recurrir a la importación de granos. La orientación cerealista tradicional (primero trigo y, después, maíz) dio paso en la primera mitad del siglo XIX a la expansión de la vid (siendo espectacular su crecimiento entre los años 1849 y 1877) y los productos hortícolas con fácil salida en los mercados de Bilbao y Portugalete.</p>
<p>La ganadería suponía un complemento básico para la economía agraria. La cabaña ganadera más importante correspondía al ganado vacuno, caballar y de cerda. La necesidad del acarreo de mineral condujo a un desarrollo espectacular del ganado caballar, mular y asnal aunque en los periodos de guerras fuesen los más afectados. La competencia con los vecinos de Trapagaran será habitual y los conflictos por motivos de pastos frecuentes.</p>
<p>Derivada del hierro y sin tanta importancia como, a veces, se presenta existían cuatro ferrerías mayores (producían el hierro en bruto) y algunas otras menores (dos tiraderas<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> y dos fanderías<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>) aunque en épocas más antiguas se contabilizaron bastantes más de las denominadas “de aire”. De las mayores (Bengolea, Aranguren, Urcullu e Irauregui) ninguna llega a 1812. Las dos fanderías (construidas por Guillermo de Uhagón y Juan Antonio de Unzaga) están abiertas pero a un bajo rendimiento. De hecho esta actividad sólo adquirirá importancia con la fundación de Nuestra Señora del Carmen en el Desierto.</p>
<p>El panorama de la actividad económica se completaba con la existencia de 9 molinos (2 en el Regato y uno en Retuerto, Bengolea, Gorostiza, Iguliz, Aranguren, Urcullu e Yráuregui), dos curtiderías (desaparecidas antes de 1828), dos tenerías<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> y cuatro o cinco tejeras (todas en el barrio de Cruces) aunque posteriormente hubo otra ubicada en el barrio de Beurko.</p>
<p>La sociedad barakaldesa estaba configurada por una minoría de “nobles” descendientes de los antiguos linajes (propietarios de las tierras, montes, diezmos, arrendamientos, ferrerías y molinos) y otros “nuevos” ennoblecidos (comerciantes enriquecidos con el tráfico de América); debajo de ellos la gran masa de campesinos con gran movilidad y heterogeneidad y, por último, los mendigos e indigentes que vivían de la generosidad comunitaria.</p>
<p>La vida religiosa de la vecindad gira en torno a tres espacios: la parroquia de San Vicente, el monasterio de los Mercedarios de Burceña y el convento de los Carmelitas descalzos del Desierto de Sestao. Además las Iglesias de Santa Águeda, San Antolín (Iráuregui), San Bartolomé, Santa Lucía, San Martín (Somo), Santa Quiteria (Samundi), San Roque (El Regato), La Concepción&nbsp; (Aranguren) y San Ignacio (Retuerto).</p>
<p>A mediados del siglo XIX, contaba Barakaldo únicamente con dos escuelas: Retuerto y San Vicente, regentadas por dos maestros (Domingo de Convenios y José de Gorostiza) y dos maestras (Francisca Eguiluz y Florencia de San Miguel).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>2.- &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barakaldo 1887</strong></p>
<p>Las barriadas son nueve habiéndose añadido a las existentes en 1825 Luchana (con Vitoricha) y Desierto. La población es de 8.868 habitantes. Todas las barriadas aumentan su población salvo Beurco que se ve perjudicada por el asentamiento del Desierto. Iraúregui, 577; Regato, 817; Retuerto, 991; Burceña (con Cruces y Llano), 533; San Vicente, 483; Landaburu (con Arrandi), 504, Beurco, 182 y Desierto, 3912. En núcleos dispersos (Alday, Tellitu, Santa Águeda, Castaños, Zamundi, Susunaga, Amézaga, Cariga, Gorostiza, Larrazabal, Llano y Ugarte) habitan 83 personas. Descomunal desarrollo de Desierto (en el que habita el 44% de la población) merced al establecimiento, en su entorno, de las primeras industrias.</p>
<p>La vivienda (marginando al viejo caserío) adquirirá una singular importancia mostrándose tres tipos fundamentales: los poblados mineros<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> (que sustituyen a los barracones colectivos<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>) de La Arboleda o Arnabal, las viviendas obreras bien de tipo “corredor” (Zunzunegui en la calle El Carmen, La Bomba…) o “pisos” (Uría, Loizaga, Arrázola…) y las viviendas del personal más cualificado de algunas empresas (Luchana, Orconera…).</p>
<p>La primera traída de aguas se hizo de los manantiales del monte Mendibil aunque pronto la cantidad suministrada fue insuficiente. De hecho, en 1889 algunos barrios&nbsp;muy poblados carecían todavía de ningún tipo de suministro. La situación del municipio de Baracaldo, que en 1887 se acercaba a los nueve mil habitantes, era preocupante. El suministro de agua de Luchana y Desierto, los barrios más densamente poblados, se hacía mediante la utilización de pozos, surtiéndose el resto de vecinos de los manantiales que discurrían por la jurisdicción. O dicho de otra manera, la mayor parte del agua consumida como potable procedía del subsuelo, sin tener en cuenta que era allí, precisamente, donde se descargaba buena parte de las deyecciones humanas procedentes de los pozos negros, afectados en su totalidad por filtraciones originadas en su pésima construcción. La situación de los ríos no era mejor, contaminados por los vertidos urbanos e industriales.</p>
<p>Suministro de agua e instalaciones sanitarias estaban íntimamente ligados, por lo que las carencias no tardarían en tener consecuencias nefastas para la salud de la población. De poco serviría el aviso emitido por el alcalde de Baracaldo en octubre de 1885, prohibiendo terminantemente el uso de las aguas de los ríos Cadagua y Nervión, así como de la procedente de «todos los pozos y arroyos que existan en esta Anteiglesia», cuando hasta entonces se había mostrado total indiferencia y tolerancia al consumo exclusivo de un líquido que, con toda seguridad, estaba repleto de impurezas.</p>
<p>Transcurrido el período de excepcionalidad provocado por la epidemia de cólera, en el que debieron surtir al vecindario mediante el uso de aljibes, la corporación municipal iniciaba los primeros movimientos para suministrar agua potable. La traída definitiva se efectuó desde manantiales del Monte Mendibil. No obstante, la cantidad suministrada no debía ser suficiente a tenor de las afirmaciones del arquitecto municipal Casto de Zabala, quien señalaba en 1890 que «con el aumento constante de Baracaldo, se siente una suma necesidad de más agua potable», de ahí que se iniciaran nuevas prospecciones para aumentar el caudal. De hecho, en 1889, algunos barrios muy poblados carecían todavía de ningún tipo de suministro. Así, aprovechando unas obras de construcción de aceras en las zonas urbanizadas, indicaba a la Corporación que «sería muy interesante, útil y conveniente de necesidad, la conducción de aguas potables de la cañería a la plazuela de Retuerto, evidenciando que hasta entonces se servían únicamente de las procedentes del Río Cadagua. En cualquier caso, el suministro no debió atenuar las necesidades, toda vez que las quejas del vecindario no cesaron.</p>
<p>Pese a la precariedad de las instalaciones y no tener asegurada una cantidad de agua suficiente para cubrir toda la demanda, desde 1895 se venía prestando el servicio a domicilio, disfrutado únicamente por una mínima parte de la población.</p>
<p>En cualquier caso, el hecho de que sólo sesenta y tres personas se dieran de alta y, que únicamente setenta y ocho inmuebles de Baracaldo dispusieran de agua potable, contrasta con los más de trece mil habitantes que el municipio tenía en 1900 a tenor de los datos arrojados por el padrón municipal y con los casi mil inmuebles. Si acudimos al detalle, podemos observar que barrios como Alonsótegui, Iráuregui o El Regato carecían de inmuebles que tuvieran agua potable instalada. O que la totalidad de las casi mil personas alojadas en los trece inmuebles de la calle Arana no tuvieran agua en sus casas, debiendo acudir a las fuentes públicas. Esta situación contrasta con la de la calle Murrieta, donde habitaban buena parte de los ingenieros y empleados de la fábrica siderúrgica Altos Hornos de Vizcaya, todas ellas dotadas de agua. Precisamente en estos inmuebles estaban instaladas tres de las cinco bañeras existentes en el municipio. Destaca también el escaso número de inodoros y los apenas ocho establecimientos comerciales dotados con este servicio. No es necesario insistir en las repercusiones de la escasez de inodoros en la población. Y es que buena parte de la población aún se alojaba en casas que no disponían de ningún dispositivo para recoger las materias fecales, por lo que eran recogidas a diario por el servicio de recogida de basuras.</p>
<p>La situación no cambiaba ostensiblemente con el paso de los años. El número de abonados al servicio de aguas a domicilio en 1910 (ver cuadro n.° 3) era de apenas 162 y 158 los inmuebles, cuando la población de Baracaldo se situaba en torno a 19.000 habitantes. Si cruzamos la relación de abonados con el padrón de habitantes correspondiente a ese mismo año, observamos nuevamente que son los propietarios, los comerciantes, empleados y profesionales los más numerosos, siendo muy escasos los que se declaran jornaleros o labradores. El agua a domicilio aún continuaba siendo un lujo, por lo que las implicaciones sanitarias eran difíciles de obviar. No obstante, el Reglamento para la Edificación y Reformas de los Edificios de la Anteiglesia de Baracaldo aprobado en 1904 era muy explícito respecto las características técnicas que debían tener los retretes, pero nada se especificaba sobre la obligatoriedad de dotarlos de agua. Situados muy a menudo en las cocinas, consistían en un conducto largo de tosca albañilería, generalmente desprovistos de asientos, carentes de sifones en los empalmes al retrete, siendo habitual, por lo tanto, que exhalaran olores nauseabundos. La falta de agua corriente a domicilio impediría limpiarlos en debidas condiciones, o que descendieran los excrementos con la rapidez deseada hacia el pozo negro, propiciando de este modo la obstrucción de las tuberías. A pesar de estas deficiencias, el precio de una instalación no sería moderado, ni fácil su abastecimiento, si hemos de hacernos eco de las guías comerciales de la provincia. En definitiva, razones esgrimidas como <em>suficientes </em>por parte de los propietarios a la hora de negarse a instalar un saneamiento que llevaba aparejado el servicio de agua corriente y no pocas obras acometimiento. Otro tanto podemos decir del escaso número de establecimientos comerciales dotados de agua, a pesar de que el Reglamento Municipal de Higiene disponía que <em>no se permitiría </em>el funcionamiento de cafés, tabernas o similares que no reunieran buenas condiciones de luz y ventilación o que no se hallaran dotados de agua potable en el mostrador y en el retrete. No será hasta 1919 cuando la imposición de multas y la amenaza de la clausura de negocios, supuso un aumento considerable del número de altas<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</p>
<p>Comienza a configurarse el casco urbano que en el padrón de 1893 se extiende por las calles Arana, Carmen, Estación, Ibarra, Lasesarre, Murrieta y Pormecheta. En ellas se han ido construyendo viviendas vecinales cuyos principales dueños son Arana (250), los Olaso (112), Rodas (58) y Zunzunegui (54).</p>
<p>A pesar del intento del Plan General urbanístico de 1890 la ordenación de la ciudad siguió una fórmula de alineación parcial de calles. Se abren las calles Carmen, San Juan, Pormecheta, Portu, Ibarra y Arana y las plazas del Desierto y los Fueros. El centro vital de este primer núcleo fue la plaza del Desierto. Dentro de este conjunto urbano se distinguen dos zonas diferenciadas, separadas por las vías del ferrocarril de la Franco-Belga y Bilbao a Santurce, la de abajo, en torno a la plaza del Desierto y la de arriba en derredor de las escuelas de Rageta, sede también del Ayuntamiento a partir de 1899.</p>
<p>La Primera Guerra Carlista (1833-­1839) supuso un descalabro sin precedentes. El número de casas quemadas ascendía a la importante cantidad de 118 afectando a todas las barriadas (Yrauregui, 4; Landaburu, 34; Burceña, 22; Regato, 13; Retuerto, 8; San Vicente, 11 y Beurco, 26) y, para colmo de males, en 1837 los “aguaduchos” destrozaron las zonas de cultivo.</p>
<p>El padrón Municipal de 1856 nos detalla el estado de la población.</p>
<p>&nbsp;</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="537"><strong>NATURALEZA y SEXO</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="4" width="185"><strong>Nacionales</strong></td>
<td colspan="5" width="175"><strong>Extranjeros</strong></td>
<td colspan="2" width="104"><strong>Total</strong></td>
<td width="75"><strong>TOTAL</strong></td>
</tr>
<tr>
<td colspan="2" width="99">Establecidos</td>
<td colspan="2" width="86">Transeúntes</td>
<td colspan="2" width="86">Establecidos</td>
<td colspan="2" width="87">Transeúntes</td>
<td colspan="2" width="51">&nbsp;</td>
<td width="55">&nbsp;</td>
<td width="75">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="49">V</td>
<td width="50">H</td>
<td width="44">V</td>
<td width="42">H</td>
<td width="41">V</td>
<td width="45">H</td>
<td width="42">V</td>
<td width="45">H</td>
<td colspan="2" width="51">V</td>
<td width="55">H</td>
<td width="75">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="49">1306</td>
<td width="50">1350</td>
<td width="44">6</td>
<td width="42">4</td>
<td width="41">16</td>
<td width="45">6</td>
<td width="42">–</td>
<td width="45">–</td>
<td colspan="2" width="51">1328</td>
<td width="55">1360</td>
<td width="75">2688</td>
</tr>
<tr>
<td width="49">&nbsp;</td>
<td width="50">&nbsp;</td>
<td width="44">&nbsp;</td>
<td width="42">&nbsp;</td>
<td width="41">&nbsp;</td>
<td width="45">&nbsp;</td>
<td width="42">&nbsp;</td>
<td width="45">&nbsp;</td>
<td width="2">&nbsp;</td>
<td width="49">&nbsp;</td>
<td width="55">&nbsp;</td>
<td width="75">&nbsp;</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="537"><strong>POR ESTADO CIVIL</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="4" width="162"><strong>Varones</strong></td>
<td colspan="3" width="154"><strong>Hembras</strong></td>
<td colspan="3" width="156"><strong>Ambos sexos</strong></td>
<td width="66"><strong>TOTAL</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="6">&nbsp;</td>
<td width="52">Soltero</td>
<td width="54">Casado</td>
<td width="50">Viudo</td>
<td width="52">Soltero</td>
<td width="54">Casado</td>
<td width="48">Viudo</td>
<td width="52">Soltero</td>
<td width="55">Casado</td>
<td width="49">Viudo</td>
<td width="66">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td width="6">&nbsp;</td>
<td width="52">748</td>
<td width="54">514</td>
<td width="50">66</td>
<td width="52">737</td>
<td width="54">508</td>
<td width="48">115</td>
<td width="52">1485</td>
<td width="55">1022</td>
<td width="49">181</td>
<td width="66">2688</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="538"><strong>POR INSTRUCCIÓN</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<table>
<tbody>
<tr>
<td colspan="2" width="120"><strong>Leen /Escriben</strong></td>
<td colspan="2" width="141"><strong>Leen/No Escriben</strong></td>
<td colspan="2" width="149"><strong>No leen/No escriben</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="56">Varón</td>
<td width="64">Hembra</td>
<td width="64">Varón</td>
<td width="77">Hembra</td>
<td width="65">Varón</td>
<td width="84">Hembra</td>
</tr>
<tr>
<td width="56">90</td>
<td width="64">93</td>
<td width="64">412</td>
<td width="77">122</td>
<td width="65">826</td>
<td width="84">1145</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Estadística Territorial de 1863 indica la existencia de tres fábricas denominas Nª Sra. del Carmen en el Desierto (Ybarra, 1856)), la Fábrica de Hierro de Irauregui (Mwinckel, Arregui y Cía, 1861), la Fábrica de Santa Águeda (Chalbaud y Cía, 1862) y la escabechería de Burceña propiedad de José Mª de Escauriza<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Han desaparecido las curtiderías y se mantienen dos tejeras (Irauregui y Cruces) y una fábrica de conservas alimenticias (Burceña). Un elemento muy significativo será el establecimiento de lugares de embarque. Si durante el periodo de antiguo régimen fueron los pequeños puertos de Galindo, Ugarte y Causo ahora serán los embarcaderos junto a la ría. En 1871 habrá instalados en Luchana trece cargaderos de mineral. Varios ferrocarriles acercarán el mineral hasta los lugares de embarque: The Bilbao River (1870), Triano (1865), Luchana Mining (1887), Orconera Iron Ore (1877) y Sociedad Franco Belga (1880).&nbsp; Aunque no estrictamente minero también discurría por parte del municipio el ferrocarril de La Robla (1898).</p>
<p>El aumento de indigentes, inadaptados e inválidos motivo el engrosamiento de una masa de mendigos, ladrones y vagabundos. La respuesta a este problema (que no era nuevo) fue la creación de la Junta de Beneficencia (1863). La construcción de un Hospital-Asilo tendrá que posponerse a 1902 (Róntegui) aunque en la década de los noventa la fábrica de los Ybarra disponía de un cuarto de socorro y hospital de seis camas atendidas por las Hijas de la Cruz.</p>
<p>La educación mejora sensiblemente con el establecimiento de varios centros educativos: Colegio Francés de las Hijas de la Cruz en el Desierto (1872), Escuelas mixtas de Rágeta (1889), Escuela de párvulos de Luchana (1890), Escuelas de Landaburu (1891), Escuela Salesiana (1897)… Junto a esta perspectiva nacen las primeras asociaciones obreras de corte sindical (Oficios Varios, 1898) aunque ya existían dos de Socorros Mutuos (La Primitiva, 1885 y San Vicente de Paúl, 1889). La organización pionera caritativa baracaldesa fue la Sociedad de Señoras de San Vicente de Paúl (1896), cuya primera presidenta fue doña Rafaela de Ybarra. En 1884 se constituyó una Sociedad Cooperativa de Consumos entre obreros de la fábrica del Carmen que hasta 1897 únicamente ofertó comestibles de primera necesidad.</p>
<p>El desplazamiento de la población hacía las proximidades de la fábrica y el paternalismo religioso de los Ybarra motivaron que se levantase desde los inicios del establecimiento una capilla para la atención de las gentes de la zona (capilla de Nuestra Señora de El Carmen). La Parroquia de San Vicente quedaba alejada. El aumento de la población trabajadora y la lejanía de la Parroquia hicieron que la capilla se quedase pequeña y se proyectase la construcción de una nueva Parroquia que estaría bajo la advocación de San José. Se hicieron los planos y se iniciaron las obras que no sobrepasaron el nivel de la cimentación.</p>
<p>Algunos edificios o equipamientos públicos levantados en la segunda mitad de siglo son el Mercado de la plazuela de Murrieta (1887) que sufrió diversos avatares hasta la definitiva construcción del existente en Juntas Generales (1930),&nbsp; las diversas Alhóndigas (Burceña, 1864; La Punta, 1871; Desierto, 1883, Arnabal…), Matadero (La Punta, ampliado en 1891), acondicionamiento del fuerte de Rontegui para Hospital (1881), Puente de piedra de Burceña (1869) sustituido por una de hierro en 1879, Campo santo (1889), Lavaderos de Lutxana (1889) y Rontegui (1890)… Al mismo tiempo se introducen algunas mejoras urbanas como la traída de aguas para las fuentes públicas (1888), alumbrado eléctrico de las calles (1894), alcantarillado (1889), depósitos de agua de Rontegui (1898)… Permanecen como vestigios el pasado las casas-torre de Zuazo, Llano, San Martín, Burceña, Bengolea Zubileta, Lurquizaga y Susunaga, habiendo desaparecido otras siete señaladas en la fogueración de 1796 además de la torre de Luchana. Igualmente se mantiene en pie el llamado “palacio Larrea” emplazado en el solar de una antigua casa-torre.</p>
<p><strong>3 –&nbsp; ¿Qué ha pasado en estos cincuenta años?</strong></p>
<p>Leyes liberalizadoras del siglo XIX que provican una fuerte afluencia de capital extranjero &nbsp;y un aumento espectacular de la producción y de la exportación de mineral.</p>
<p>Además, en la parte baja de Barakaldo, en la zona del Desierto, se instala la “Fábrica de Nuestra Señora del Carmen” (1854) &nbsp;y en la Punta “la San Francisco del Desierto”. Posteriormente se convirtió en “Altos Hornos y Fábricas de Hierro de Bilbao” (1882) que daría lugar, años más tarde, a los Altos Hornos de Vizcaya (1901) y con ello una proliferación de nuevas industrias (Fábrica de Hierro de Yraúreguí, la Santa Águeda…), ferrocarriles mineros (Franco-Belga, Orconera, Luchana-Mining), tranvías aéreos, planos inclinados, edificios públicos (Ayuntamiento, Alhóndiga, Escuelas…), y, sobre todo, viviendas obreras.</p>
<p>El número de casas<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a> aumenta considerablemente en la segunda mitad de siglo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="99">&nbsp;</td>
<td width="70"><strong>1840</strong></td>
<td width="64"><strong>1860</strong></td>
<td width="63"><strong>1877</strong></td>
<td width="64"><strong>1887</strong></td>
<td width="60"><strong>1897</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>Retuerto</strong></td>
<td width="70">76</td>
<td width="64">61</td>
<td width="63">85</td>
<td width="64">129</td>
<td width="60">164</td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>San Vicente</strong></td>
<td width="70">48</td>
<td width="64">48</td>
<td width="63">53</td>
<td width="64">72</td>
<td width="60">84</td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>Irauregui</strong></td>
<td width="70">39</td>
<td width="64">65</td>
<td width="63">57</td>
<td width="64">70</td>
<td width="60">53</td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>Beurco</strong></td>
<td width="70">47</td>
<td width="64">50</td>
<td width="63">154</td>
<td width="64">190</td>
<td width="60">225</td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>El Regato</strong></td>
<td width="70">59</td>
<td width="64">79</td>
<td width="63">87</td>
<td width="64">85</td>
<td width="60">142</td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>Burceña…</strong></td>
<td width="70">83</td>
<td width="64">78</td>
<td width="63">107</td>
<td width="64">131</td>
<td width="60">251</td>
</tr>
<tr>
<td width="99"><strong>TOTAL</strong></td>
<td width="70">352</td>
<td width="64">381</td>
<td width="63">543</td>
<td width="64">677</td>
<td width="60">919</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mayoría de las viviendas presentaba un estado lamentable y no reunía los mínimos imprescindibles para el desenvolvimiento de la vida y eran un peligro para la salud de sus moradores. Las denuncias en 1878 acerca de las casas de la fábrica del Carmen y las de la calle Portu (propiedad de Paulino Echevarria) son una muestra de ello. “<em>Más parecen cuadras que habitaciones destinadas a seres racionales, con escasa ventilación, bajos techos, pues algunas no llegan a los dos metros de altura, húmedas, otras sin entablación en el piso y todas sin revoque de ninguna clase en las paredes…”. </em></p>
<p>El agua consumida provenía de manantiales (que surtían de agua no mediante tuberías sino mediante caños abiertos) o pozos artesianos abiertos al efecto (Desierto y Luchana). La recogida de excrementos se realizaba a través de pozos negros o sacando las inmundicias de tiempo en tiempo. El servicio de agua a domicilio se inaugura en 1895 Nada tiene de extraño que en torno a 1900 la esperanza de vida de los baracaldeses no supere los 30 años.</p>
<p>Si la imagen que desprende la vega baracaldesa en 1825 refleja fielmente la realidad de muchos siglos anteriores, la proyectada a finales del siglo XIX es la que ha llegado hasta la última década del siglo XX y que, en pocos años, ha comenzado también a transformarse.</p>
<p>La primera traída de aguas se hizo de los manantiales del monte Mendibil aunque pronto la cantidad suministrada fue insuficiente. De hecho, en 1889 algunos barrios&nbsp;muy poblados carecían todavía de ningún tipo de suministro. La situación del municipio de Baracaldo, que en 1887 se acercaba a los nueve mil habitantes, era preocupante. El suministro de agua de Luchana y Desierto, los barrios más densamente poblados, se hacía mediante la utilización de pozos, surtiéndose el resto de vecinos de los manantiales que discurrían por la jurisdicción. O dicho de otra manera, la mayor parte del agua consumida como potable procedía del subsuelo, sin tener en cuenta que era allí, precisamente, donde se descargaba buena parte de las deyecciones humanas procedentes de los pozos negros, afectados en su totalidad por filtraciones originadas en su pésima construcción. La situación de los ríos no era mejor, contaminados por los vertidos urbanos e industriales.</p>
<p>Suministro de agua e instalaciones sanitarias estaban íntimamente ligados, por lo que las carencias no tardarían en tener consecuencias nefastas para la salud de la población. De poco serviría el aviso emitido por el alcalde de Baracaldo en octubre de 1885, prohibiendo terminantemente el uso de las aguas de los ríos Cadagua y Nervión, así como de la procedente de «todos los pozos y arroyos que existan en esta Anteiglesia», cuando hasta entonces se había mostrado total indiferencia y tolerancia al consumo exclusivo de un líquido que, con toda seguridad, estaba repleto de impurezas.</p>
<p>La primera traída de aguas se hizo de los manantiales del monte Mendibil aunque pronto la cantidad suministrada fue insuficiente. De hecho, en 1889 algunos barrios&nbsp;muy poblados carecían todavía de ningún tipo de suministro. La situación del municipio de Baracaldo, que en 1887 se acercaba a los nueve mil habitantes, era preocupante. El suministro de agua de Luchana y Desierto, los barrios más densamente poblados, se hacía mediante la utilización de pozos, surtiéndose el resto de vecinos de los manantiales que discurrían por la jurisdicción. O dicho de otra manera, la mayor parte del agua consumida como potable procedía del subsuelo, sin tener en cuenta que era allí, precisamente, donde se descargaba buena parte de las deyecciones humanas procedentes de los pozos negros, afectados en su totalidad por filtraciones originadas en su pésima construcción. La situación de los ríos no era mejor, contaminados por los vertidos urbanos e industriales.</p>
<p>Suministro de agua e instalaciones sanitarias estaban íntimamente ligados, por lo que las carencias no tardarían en tener consecuencias nefastas para la salud de la población. De poco serviría el aviso emitido por el alcalde de Baracaldo en octubre de 1885, prohibiendo terminantemente el uso de las aguas de los ríos Cadagua y Nervión, así como de la procedente de «todos los pozos y arroyos que existan en esta Anteiglesia», cuando hasta entonces se había mostrado total indiferencia y tolerancia al consumo exclusivo de un líquido que, con toda seguridad, estaba repleto de impurezas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Cura párroco de la Anteiglesia</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Nació en Madrid en 1730. Fue enviado a París en 1752 por el marqués de la Ensenada para aprender de J.B. Bourgignon d´Anville las técnicas de grabado. Regresó a España en 1760, dedicándose a la formación de mapas por recopilación de anteriores, sin trabajo de campo, ni cálculos de ninguna clase. Se conserva el Cuestionario que remitió a “obispos, curas y párrocos”, pidiendo los datos necesarios para localizar los lugares, en el que rogaba le remitiesen “unas especies de mapas o planos de sus respectivos territorios en dos o tres lenguas en contorno de su pueblo, donde pondrán las ciudades, Villas, Lugares, Aldeas, Granjas, Caseríos, Ermitas, Ventas, Molinos, Despoblados, Ríos, Arroyos, Sierras, Montes, Bosques, Caminos, etc, que aunque no estén hechos como de mano de un profesor, nos contentamos con sólo una idea o borrón del terreno; porque los arreglaremos dándoles la última mano”. Murió en Madrid. En 1802. http://www.geoinstitutos.com</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Hacia 1766, Tomás López, a la vista de las dificultades que encontraba para la formación de los mapas de las distintas provincias de España, se dirigió oficialmente, con autorización del ministro correspondiente, a los obispos, curas párrocos y funcionarios civiles, enviándoles un cuestionario de 15 preguntas en el que se les&nbsp; solicitaban datos relativos a sus diócesis o parroquias. El cuestionario, interrogatorio como le llamó Tomás López, se acompañaba de la siguiente carta:</p>
<p><em>&nbsp;“Muy señor mío: Hallándome ejecutando un mapa y descripción de esa Diócesis, y deseando publicarle con el acierto posible, me pareció indispensable suplicar á V. se sirva responder a los puntos que le comprehenda del interrogatorio adjunto. &nbsp;Es muy propio en todas las clases de personas concurrir con estos auxilios a la ilustración pública, y mucho más en los graduados por su saber y circunstancias como V. y como otros le ejecutaron en otros Obispados.&nbsp;Por este medio discurro desterrar de los mapas extranjeros de las descripciones geográficas de España, muchos errores que nos postran: unos cautelosamente, otros ocultando nuestras producciones y ventajas, para mantenernos en la ignorancia, con aprovechamiento suyo y por un fin de cosas que V. sabe y no es asunto de esta carta. &nbsp;Si V. lo permite, daré cuenta de su nombre y circunstancias en el protocolo de la obra, como concurrente en su mediación y trabajo, sin olvidar todos los sujetos que ayudan a V. en el encargo. Se servirá V. poner la cubierta al Geógrafo de los dominios de Su Majestad que firma abajo. &nbsp;Dios guarde la vida de usted muchos años. Madrid…….. B. L. M. de V. su más atento servidor”.&nbsp; </em></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> El Cuestionario puede verse en www.historiadecovaleda.wordpress.com</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Centros menores o Tiraderas: Dedicaban sus actividades a la manufactura de tales lingotes para la producción de aperos, herramientas, armas y otros utensilios férricos a veces de consumo local.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Fábrica de fundición. Un interesante artículo es el titulado “La Fandería de Aragorriola en el siglo XVIII” de Mª Lourdes ODRIOZOLA. www.errenteria.net.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Fábrica o taller donde se curten y trabajan las pieles.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> En estos poblados mineros las calles carecían de aceras, aunque existía un mínimo servicio de recogida de basuras y un alcantarillado de mampostería y cal. Las viviendas solían ser de planta baja y un piso, con un excusado, aunque las condiciones higiénicas eran tan solo ligeramente mejores que las de los barracones, careciendo de luz y ventilación suficiente en la mayoría de ellas. El hacinamiento estaba asegurado al igual que el realquiler y el pupilaje. “Vivienda obrera en el último tercio del siglo XIX” pp. 44-45.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> El crecimiento desordenado del entorno conllevó, entre otras cosas, un grave problema de vivienda. En la zona minera esta situación adquirió caracteres más dramáticos. Para resolver el problema de viviendas las compañías mineras procedieron, a partir de 1876, a la creación de barracones, de residencia obligatoria para los trabajadores.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Pedro A. NOVO “Agua potable a domicilio ¿Una innovación?&#8230;” pp. 5-9</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> La fábrica Nuestra Señora del Carmen, propiedad de los señores Ybarra, fue levan­tada en la zona del Desierto desde 1856; base efectiva de Altos Hornos de Bilbao, destacó por la mejora constante de su tecnología, su importante producción, su consumo de energía y su elevado número de empleados (en 1877 daba ocupación a 510 hombres, 150 mujeres y 40 niños). En el barrio de Yráuregui la sociedad Mwinckel, Arregui y Cía empezó a levantar una fábrica de fundición de menores dimensiones en el año 1861; envuelta en todo tipo de dificultades, fue liquidada en el año 1868. En el año 1862 la sociedad Facundo Chalbaud y Compañía levantó la fábrica de Santa Águeda en Castrejana; es el prototipo de empresa en pleno declive por su re­traso tecnológico y financiero; en la Estadística Fabril e Industrial de 1877 aparece como Olaechea y Compañía ocupando a 108 hombres, 4 mujeres y 12 niños. La escabechería en el barrio de Burceña del mayor propietario agrícola de la anteiglesia, Jose María de Escauriza, se esconde en la documentación; al parecer esta­ba alquilada a Lorenzo de Latorre desde una fecha próxima a 1860, se incluye en el censo de riqueza territorial de 1867 pero ya no aparece en 1877, con lo que cabe ponerla en relación con el intento frustrado de establecimiento de industrias alimen­tarias de nueva planta en Vizcaya. Rafael RUZAFA “Resistencias y colaboraciones tradicionales a la industrialización: Baracaldo 1841-1882”. p.127</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> No podemos olvidar la importante masa inmigrante. Miles de trabajadores llegaron en sucesivas oleadas: la primera, que abarcó los años 1857 a 1875, procedía fundamentalmente de Bizkaia y las provincias periféricas (Gipuzkoa, Álava, Logroño, Burgos y Cantabria); la segunda, que fue de 1876 a 1886, aumentó la emigración periférica a la vez que aparecieron nuevos contingentes de emigrantes procedentes de la Submeseta Norte, Asturias, Navarra, Aragón y Madrid; la tercera, que comenzó en 1886, coincidió con el despegue de la producción minera y siderúrgica de las dos últimas décadas del s. XIX. Los emigrantes procedían de las zonas ya mencionadas, a los que hay que añadir los de Castilla la Vieja, León y Madrid, cuyo nivel de participación aumento bastante.</p>
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		<title>Paseo por El Regato (Barakaldo). El pantano de la memoria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2026 06:03:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geografí­a]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?w=2304 2304w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=1080%2C810 1080w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?w=2160 2160w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="2408" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/paseo-por-el-regato-barakaldo-el-pantano-de-la-memoria/el-regato/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=2304%2C1728" data-orig-size="2304,1728" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="El Regato" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=1024%2C768" /></div>En Barakaldo, la historia se mide en pasos y los siglos son huellas en el camino. Lo sabe bien el historiador Mikel Alvira. Además de novelista, acaba de publicar «˜El silencio de las hayas&#8217; y ya va por su segunda edición, es el autor de documentales como «˜Barakaldo inmemorial&#8217;. Es él quien nos propone pasear [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?w=2304 2304w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=1080%2C810 1080w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?w=2160 2160w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="2408" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/paseo-por-el-regato-barakaldo-el-pantano-de-la-memoria/el-regato/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=2304%2C1728" data-orig-size="2304,1728" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="El Regato" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="2408" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/paseo-por-el-regato-barakaldo-el-pantano-de-la-memoria/el-regato/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=2304%2C1728" data-orig-size="2304,1728" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="El Regato" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?fit=1024%2C768" class="alignleft size-medium wp-image-2408" title="El Regato" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=248%2C186" alt="" width="248" height="186" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=1080%2C810 1080w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2011/11/El-Regato.jpg?w=2160 2160w" sizes="(max-width: 248px) 100vw, 248px" />En Barakaldo, la historia se mide en pasos y los siglos son huellas en el camino. Lo sabe bien el historiador Mikel Alvira. Además de novelista, acaba de publicar «˜El silencio de las hayas&#8217; y ya va por su segunda edición, es el autor de documentales como «˜Barakaldo inmemorial&#8217;. Es él quien nos propone pasear con la mirada puesta en el pasado. En los pies, unas botas de monte, pues la naturaleza estará presente durante el recorrido, y en la mochila unos pocos datos. El resto lo pone el paisaje. «Un buen punto de partida es el Centro de Interpretación Histórica y Medioambiental (CIHMA) de Barakaldo», nos anima Mikel. Está en el pulmón verde del municipio, El Regato, y puede ser el sitio ideal para recopilar la información.</p>
<p>Ví­deos, paneles y maquetas nos recuerdan cómo vivieron y trabajaron nuestros antepasados de la Margen Izquierda. La visita será corta, pues queda mucho camino por recorrer, aunque aquí­ también nos ofrecen varios itinerarios posibles para futuras escapadas. Ya en el exterior aprovechamos para echar un vistazo a la subida a Arnabal. «Allí­ se observan todaví­a los restos del impresionante plano inclinado usado para bajar mineral», nos relata el guí­a.</p>
<p>Con nuestro historiador a la cabeza salimos del CIHMA y nos dirigimos hacia los restos de la ferrerí­a medieval de Urdandegieta, que aprovechaba un pequeño salto de agua. Está ubicada apenas a 250 metros del puente Perines, donde nace el pantano de Etxebarria. «Tiene la presa de hormigón más antigua de España y sirve de referencia para llegar a la ferrerí­a, que está a los pies del arroyo Frades», nos advierte Alvira. Aunque depende del ritmo que nos impongamos, el paseo puede durar una hora. La presa bien se merece un descanso y alguna fotografí­a. Al fin y al cabo, cuando se terminó de construir en 1897 supuso toda una innovación tanto en diseño como por el material utilizado.</p>
<p>Al puente del diablo</p>
<p>La parada junto al pantano no sólo nos ofrece unas vistas espectaculares. También nos aporta una curiosidad. «El Regato es hoy la zona verde de Barakaldo, pero en la Edad Media fue la cuna de las ferrerí­as: habí­a media docena desde Urdandegieta hasta la última de Bengolea, ya en Gorostiza», nos advierte nuestro historiador. Caminar entre ambos barrios, El Regato y Gorostiza, es un agradable paseo entre árboles. Lo recorremos bordeando el inmenso pantano que duplica hojas y ramas en su reflejo interminable inundando de verde las vistas.</p>
<p>«Una vez en Gorostiza una opción es subir por el barrio de Cruces hasta Peñas Blancas, desde donde los más montañeros pueden alcanzar las cimas de la anteiglesia (Apuko) en la cordillera de Sasiburo», propone el experto. No es la única alternativa. También podemos llegar a la ermita de Santa ígueda. Hacerlo tiene premio, ya que alberga en su interior la pieza escultórica más antigua del entorno: un alabastro procedente de Nottingham, llegado a tierras vascas entre los siglos XIII y XIV.</p>
<p>Nuestra salida culmina en el puente de Castrejana, también conocido como Puente del Diablo. Llegamos hasta él después de descender de la ermita de Santa ígueda por la calzada medieval, empedrada e intransitable para los vehí­culos. «El puente fue construido a mediados del siglo XV por Pedro Ortiz de Lequeitio y aún hoy pueden apreciarse sus potentes sillares y la robustez de la construcción», resalta nuestro guí­a.</p>
<p>Su enigmático nombre proviene de una leyenda que tiene por protagonistas a dos jóvenes enamorados separados por un rí­o, tan desesperados que realizan un trato con el maligno para cruzarlo</p>
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<p>Barakaldo, la villa monumental</p>
<p>Si nos encontramos en el casco urbano de Barakaldo debemos visitar su historia más reciente. La ruta de edificios singulares comienza en la zona Urban, junto a la rí­a, donde el complejo siderúrgico ha sido sustituido por viviendas. Mikel Alvira destaca el edificio Ilgner, sede de Cedemi, el vivero de empresas de la Margen Izquierda. Realizado en ladrillo rojo, sirvió para suministrar electricidad a Altos Hornos. Ascendemos la calle Portu, «antaño el corazón comercial de la anteiglesia», y alcanzamos la Herriko Plaza con los tí­picos bloques de viviendas que caracterizan al municipio y la escultura de Lucas Alcalde en homenaje a los mineros y la industria.</p>
<p>Muy cerca, en Juan Sebastián Elcano, está el antiguo mercado de abastos, recuperado como dotación deportiva. Si descendemos esa calle, encontramos la Escuela de Idiomas de 1917, antiguo matadero municipal y obra del arquitecto Alfredo Acebal. «En el barrio de San Vicente llaman la atención las Casas del Parque, paradigma de la construcción burguesa, así­ como la iglesia, cuna de la organización administrativa de Barakaldo», explica.</p>
<p>Muy cerca, frente al hospital de San Eloy, está otro edificio llamativo, el de la Fundación Miranda que acoge una residencia para personas mayores.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El problema escolar en Barakaldo  en el  desarrollismo del siglo XX (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 06:12:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="190" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=300%2C190" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?w=512 512w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?resize=300%2C190 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10433" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/herriko-plaza-barakaldo/unnamed-3/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=512%2C324" data-orig-size="512,324" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="unnamed" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=512%2C324" /></div><ol start="2">
<li>Las nuevas reglas de los sesenta</li>
</ol>
<p>En los sesenta el flujo migratorio hacia Barakaldo se moderó. Frente al 84% de incremento en los cincuenta, en esa década la población creció en torno al 40%, en parte debido a unas tasas de crecimiento natural muy elevadas. La situación, por tanto, parecía en principio menos dramática que en el decenio anterior. Sin embargo, a mediados de la década se afirmaba una realidad que establecía nuevas reglas para la actuación de las autoridades locales. La sociedad de los sesenta no era ya la sociedad atemorizada y férreamente controlada del período anterior. El régimen, sin abandonar nunca los mecanismos represivos, buscaba el consenso a partir de la mejora en las condiciones de vida. Esta voluntad de ganarse a la opinión pública implicaba una cierta apertura<br />
a la crítica y un cierto margen de actuación para la prensa que se sintetizó en la Ley de Prensa de 1966.<br />
El ámbito local se perfilaba como una pieza clave en esta apertura a la crítica. Era, de hecho, la esfera del régimen cuya desprotección permitía obtener los mayores beneficios con los menores costos. Por un lado, la gestión municipal ofrecía un amplio espacio para la crítica que no tenía por qué cuestionar los principios básicos del régimen y, llegado el caso, el poder central podía sacrificar a las autoridades locales congraciándose con la ciudadanía. Por otro lado, los ámbitos que se<br />
desprotegían relativamente no eran ni mucho menos secundarios o de escaso interés: constituían la desastrosa realidad cotidiana de la mayoría de los españoles. Estos cambios colocaban a las autoridades locales en una situación muy difícil. De hecho, no hacía falta criticar, bastaba con poder nombrar la realidad urbana de la España de los sesenta para ponerlas en serios aprietos. Si a eso se añadía, como en el caso de Barakaldo, la mala gestión y la torpeza en el trato con la prensa, el descrédito alcanzaba cotas alarmantes para el propio régimen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2.1. El laisser-faire de Ingunza</p>
<p>En 1963 Llaneza era nombrado gobernador civil de Álava y abandonaba la alcaldía después de 26 años de mandato. Tras su cese hacia arriba se encontraba el desafío que planteó a Altos Hornos con su negativa a modificar el Plan de Ordenación Urbana para acceder a las pretensiones de la empresa sobre la Vega de Ansio, única zona en la que la ciudad podía crecer ordenadamente. Su sucesor fue el abogado de los sindicatos verticales Luís Ingunza, primer teniente de alcalde desde 1958 y en el equipo de gobierno desde 1949. Promocionado por Llaneza, el nuevo alcalde era un hombre sin actuación política de preguerra, formado en las instituciones del régimen y ligado ya no tanto a tradiciones políticas como a intereses de hecho. En este sentido, a lo largo del conflicto que le costó el cargo a Llaneza, se mostró favorable a las pretensiones de la empresa. Inguza no cambió las tendencias hacendísticas del período de Llaneza. A lo largo de los sesenta Barakaldo siguió ocupando los últimos lugares en inversión por habitante del Gran Bilbao. Incluso perdió posiciones relativas; en 1967 sólo Santurce y Arrigorriaga se situaban por detrás. Esta escasa inversión iba unida a una de las presiones fiscales por habitante más bajas de este grupo de municipios. No entraba, pues, en los planes de Ingunza aumentar la intervención municipal. Por el contrario, consideraba que la inversión anterior respondía a una situación excepcional que había quedado resuelta con los proyectos de Llaneza. Así, en la entrevista concedida con motivo de su nombramiento, manifestaba que «ya no existe problema de vivienda en Baracaldo, debido a que los movimientos de trabajadores hacia acá disminuyeron bastante y en la actualidad el ritmo de crecimiento de Baracaldo es Desarrollismo, inmigración y poder político local: el problema escolar&#8230;&nbsp; completamente normal, por lo que basta para atenderlo con la iniciativa privada en este sentido». Semejante diagnóstico realizado en un año<br />
en que la población local se incrementó nada menos que un 8% da la medida de la política del nuevo alcalde. Si incluso la inversión en viviendas que había sido la prioridad de Llaneza podía ser ya abandonada, poca atención cabía esperar para otros ámbitos tradicionalmente postergados como el educativo. En este aspecto Ingunza se mostraba igualmente autocomplaciente. A pesar de señalar que la enseñanza era el problema que más le preocupaba, confiaba en dejar resuelto el problema con los proyectos en marcha heredados de Llaneza, entre los que destacaba un instituto de bachillerato y una escuela de peritos de minas. Su única propuesta de futuro era la elaboración de un censo escolar para cuya confección recababa la colaboración del vecindario y de los directores y maestros de las escuelas. Ante la creciente contradicción entre bienestar privado y carencias colectivas, que según C. Molinero y P. Ysàs caracterizaba las condiciones de vida de los años sesenta, la postura de Ingunza era la inhibición.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2.2. El problema de las escuelas</p>
<p>A pesar de la autocomplacencia de Ingunza, la escolarización de los niños barakaldeses estaba lejos de haberse resuelto dos años después de su nombramiento. El 10 de enero de 1965 J.M. Portell publicaba en La Gaceta del Norte la noticia de que un grupo de estudiantes buscaba locales para dar clases voluntariamente a los niños del municipio sin escolarizar, siguiendo el ejemplo del coadjutor de Santa Teresa, Pedro de Solavarría, que atendía a cuarenta alumnos en un sótano. La noticia revelaba las novedades que se habían producido en relación a la década anterior. Por un lado, el papel de la prensa haciendo públicas las insuficiencias de la gestión municipal; por otro, la actuación de sectores de la Iglesia vasca con un compromiso social que les alejaba del acomodaticio consenso franquista. En este sentido, Pedro de Solavarría fue cura obrero, participó y lideró las movilizaciones vecinales posteriores y finalmente fue cabeza de lista de HB en la localidad.</p>
<p>La noticia provocó una reunión de la Junta Municipal de Enseñanza para estudiar soluciones a lo que en palabras del alcalde era ya «el innegable problema de falta de escuelas». En la reunión se hacía básicamente un repaso a los proyectos por aprobar o atascados por diversas razones y se decidía acelerar la confección del censo escolar que Ingunza había anunciado dos años antes. Quedaba claro que las autoridades locales ni sabían cuántos niños estaban sin escolarizar, ni se habían planteado con seriedad encarar el problema hasta la publicación de la noticia. La advertencia del inspector que «llamó la atención a los asistentes sobre cierta campaña que apoyándose en una realidad de la insuficiencia de escuelas —que ningún organismo oculta— airean este tema delicado» ilustraba su nerviosismo al hacerse pública su desidia. Los temores del inspector no iban desencaminados. El 25 de enero, el coadjutor de Santa Teresa, Pedro de Solavarría, planteaba el problema escolar de Barakaldo en una carta abierta publicada en la Hoja Oficial del Lunes. La carta cifraba en dos mil los niños sin escolarizar en Barakaldo y describía el reguero de despropósitos en materia educativa de las autoridades municipales. Ese mismo curso se había inaugurado el grupo escolar de Bagaza y se había nombrado a los maestros, pero no se contaba con mobiliario para comenzar las clases. 400 niños matriculados no habían comenzado el curso y los dos grados que habían comenzado el 10 de diciembre no tenían calefacción, ni electricidad, ni limpieza. Además, desde noviembre estaban sin clase los alumnos de un grado del grupo viejo que había tenido que ser cerrado por peligro<br />
de derrumbamiento. Añadía el coadjutor que el alcalde se había desentendido del proyecto de maestros voluntarios, negándose a recibirles en tres ocasiones.</p>
<p>La reacción del gobernador civil ante la carta revela el autoritarismo instintivo que seguía presidiendo el régimen. A pesar de que los informes policiales confirmaban el malestar entre las familias de la localidad, el gobernador cerró filas en defensa de la corporación y atacó a los denunciantes. En este sentido, dirigió un escrito al obispo de Bilbao en el que concluía que «la crítica sana y constructiva es muy respetable y hasta digna de agradecer. La crítica destructiva y disolvente, como la que se encierra en la “Carta abierta” en cuestión, lo único que merece es la repulsa de todo el mundo, sobre todo cuando lo que persigue es simplemente poner en evidencia la actuación de la Autoridad». La negativa del Obispado de Bilbao a permitir el acceso a su archivo impide evaluar si la voluntad represiva del gobernador tuvo algún efecto sobre el crítico coadjutor. Sí que es posible establecer que las autoridades centrales no pensaban sancionar ni al sacerdote, ni al periódico. Por el contrario, no sólo desprotegían a sus representantes locales, sino que además hacían recaer sobre ellos toda la responsabilidad en el asunto.</p>
<p>La Dirección General de Enseñanza Primaria comunicaba que era perfectamente consciente de la situación y evaluaba el déficit de aulas en 111, además de la necesidad de renovar otras 10 ya existentes.<br />
Pero añadía que en diferentes ocasiones «se ha dirigido al Ayuntamiento haciéndole presente la gravedad del problema escolar» y recordaba al gobernador que el Ministerio de Educación corría con el 80% de los gastos de edificación de nuevas escuelas y que incluso existían fórmulas para financiar el exiguo 20% que debía sufragar el Ayuntamiento. La respuesta del Ministerio de la Gobernación era todavía más contundente: advertía al gobernador que «si el contenido de dicha carta responde en absoluto a la realidad, la actuación del Sr. Alcalde de Baracaldo ha de constituir para V.E. un motivo de seria preocupación».</p>
<p>Mientras tanto, un Caballero Mutilado escribía al propio Franco denunciando la incuria del alcalde y la prensa seguía los avatares de los maestros voluntarios en la búsqueda de locales y voluntarios. Publicaba, además, testimonios como el de un padre al que el Ayuntamiento respondía que se considerara afortunado si después de cinco meses no había tenido respuesta a su solicitud de plaza escolar porque «el hijo de una señora que conozco tiene 13 años y todavía sigue esperando».</p>
<p>Ante la situación, el 26 de febrero el gobernador pedía el cese del alcalde al ministerio. Las autoridades locales barakaldesas descubrían con desasosiego el cambio en las reglas del juego: los niveles superiores del régimen no sólo no estaban dispuestos a acudir en su defensa, sino que<br />
les perfilaban como el chivo expiatorio del malestar ciudadano.</p>
<p>2.3. La agonía de Ingunza</p>
<p>Sin embargo, Ingunza no fue cesado, todavía. Incluso concedía en enero del año siguiente una entrevista a Portell. Posiblemente el alcalde esperaba reparar su deteriorada imagen pública, pero la publicación de la entrevista bajo el título de «El alcalde de Baracaldo se defiende» con un listado de acusaciones en letras de molde no debió de favorecer sus pretensiones. Y no era sólo una cuestión de tendenciosidad del periodista. Durante toda la entrevista Ingunza se batía a la defensiva ante los temas que se le planteaban. Reconocía sin pudor que se había desechado el proyecto de una importante vía de comunicación por la oposición de los propietarios afectados y, cuando Portell le planteaba el conflicto entre el interés general y el particular, contestaba que «el Ayuntamiento parte de que no es el Ayuntamiento el que hace el pueblo, sino el propio pueblo el que se hace a sí mismo». Seguramente no sería fácil encontrar una frase que sintetizara mejor la inhibición de las autoridades locales franquistas ante las necesidades planteadas por el desarrollismo.</p>
<p>Efectivamente, como reconocía Ingunza, Barakaldo se iba haciendo a sí mismo al margen de los planes y ordenanzas urbanísticas. Aludiendo a la tolerancia municipal ante este crecimiento anárquico, Portell volvía a criticar en mayo de 1966 al Ayuntamiento y concluía con la frase «algo va mal en Baracaldo». El instinto autoritario de la clase política local se disparó automáticamente. Se redactaron varias versiones de una carta de protesta centradas en la descalificación del periodista<br />
por sensacionalista e insidioso y se recurría al populismo para reprocharle que su condición de hijo de familia de clase media le hacía desconocer las vicisitudes del común de los barakaldeses y, por tanto, insensible a las mejoras que la corporación había realizado en su beneficio. Final-<br />
mente, se envió una versión más moderada firmada por los 17 concejales en la que, dolidos y ofendidos, apoyaban al alcalde y exigían explicaciones. La carta fue publicada, pero dentro de un artículo titulado «Insistimos: Algo anda mal en Baracaldo» en el que Portell daba cuenta detallada de varias irregularidades urbanísticas y de la, como mínimo, desidia de las autoridades locales. La carta con la que pretendían dar por zanjado el tema tuvo un efecto rebote que la corporación<br />
no había previsto: inmediatamente el gobernador requirió por escrito al alcalde una explicación sobre los puntos denunciados. Para los concejales franquistas era, sin duda, el mundo al revés. Pocos recursos les quedaban en su siguiente misiva de protesta al periódico más que dolerse de la insidia de quienes no apreciaban el favor que en realidad le hacían al pueblo al gobernarlo. Así, se presentaban como individuos desinteresados «procedentes de todas las clases sociales» que venían<br />
ejerciendo el cargo con «perjuicio de nuestros intereses particulares» y concluían invitando a los interesados en la administración del municipio a entrar en la corporación en la próxima renovación.</p>
<p>En septiembre, el diario del Movimiento Hierro acudía en ayuda de Ingunza ensalzando los logros del consistorio barakaldés e informando de los proyectos del alcalde de construcción de un nuevo instituto de bachillerato, dos grupos escolares y un complejo deportivo con piscinas33. Pero el esfuerzo del periodista de Hierro, a la sazón requeté de acción y excombatiente, por presentar una corporación dinámica y entusiasta, «llena de moceriles bríos», fracasaban cuando poco después</p>
<p>La Gaceta del Norte se hacía eco de otra de las graves deficiencias de la localidad: el suministro de agua.</p>
<p>A pesar de la propaganda sobre las obras de construcción de pantanos, los cortes de agua venían siendo frecuentes desde finales de los cincuenta. El 3 de octubre La Gaceta del Norte publicaba fotos de las largas colas de mujeres y niños abasteciéndose con baldes, cubos y calderos ante las fuentes públicas instaladas al efecto y daba cuenta de que muchos vecinos llevaban más de dos meses sin agua. Añadía además vagas insinuaciones sobre desigualdades en el reparto por barrios.</p>
<p>Las autoridades barakaldesas habían aprendido poco de sus descalabros anteriores con Portell y cayeron en la trampa contra-atacando arrogantemente en defensa de la equidad en el suministro. Ciertamente, la nota remitida por el Ayuntamiento dejaba «suficientemente aclarado que las desigualdades en el abastecimiento de aguas de las distintas zonas de Baracaldo no suponen discriminación alguna por parte de este Servicio», tal como pretendía el ayudante de Obras Públicas que la firmaba, pero dejaba más claro todavía que la situación descrita por La Gaceta era absolutamente real, que los barrios sólo disponían de cinco horas de agua en días alternos</p>
<p>&nbsp;y que la única solución del Ayuntamiento, de la que además parecía orgulloso, había sido instalar 18 fuentes públicas para casi 100.000 habitantes.</p>
<p>El abogado de los sindicatos verticales que presidía el Ayuntamiento carecía de capacidad de respuesta ante una prensa que no redactara panegíricos. Sus intervenciones no hacían más que agravar una gestión desastrosa con actitudes autoritarias y prepotentes. Si el régimen pretendía mejorar su imagen ante una incipiente opinión pública, pocas alternativas le quedaban aparte del cese. Este se produjo finalmente en noviembre de 1967.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol start="3">
<li>Los años de descontrol</li>
</ol>
<p>Tras el cese de Ingunza, el primer teniente de alcalde, Nicolás Larburu, director de la Escuela de Maestría, se hizo cargo accidentalmente de la alcaldía hasta enero de 1968 en que tomó posesión Luis Díez Marín. El nuevo alcalde era jefe de distribución de la margen izquierda de Iberduero y formaba parte de ese grupo de directivos de grandes empresas que iban tomando protagonismo en los consistorios en los años finales del régimen. Había sido concejal de 1955 a 1962, pero no acababa ahí su vinculación con el poder local: era hijo de un maestro carlista y dirigente de los sindicatos libres, concejal en 1937 y teniente de alcalde desde 1938 hasta 1955. En este sentido, no cabía dudar de su linaje y de su fidelidad al régimen. Sin embargo, a estas alturas el poder local estaba fuertemente erosionado. Díez Marín no había participado en la selección de los regidores, la prensa no cesaba de hacerse eco de los problemas de la localidad y en 1967 existían ya en Barakaldo cuatro asociaciones de cabezas de familias que planteaban legalmente las demandas vecinales.</p>
<p>En enero de 1969 el propio alcalde reconocía en un informe las graves carencias en los equipamientos y servicios colectivos. Se acumulaban en el Ayuntamiento más de tres mil peticiones para una media de diez viviendas municipales libres al año, y se cifraba el déficit de viviendas entre tres y cuatro mil. Gran número de calles estaba sin urbanizar y más del 50% de la superficie urbanizada necesitaba de nuevas instalaciones de alumbrado. Los pantanos del término eran insuficientes para abastecer a la población, especialmente en verano, y la falta de seis mil contadores más el mal funcionamiento de otros tantos hacía imposible conocer, y por tanto cobrar, cuánto consumía cada abonado.</p>
<p>Además, no existía en la localidad ninguna instalación deportiva aparte de la Ciudad Deportiva propiedad de Altos Hornos. Sólo el problema escolar parecía haberse aliviado. El escándalo de las escuelas de 1965 había obligado a las autoridades locales a abandonar la desidia que tradicionalmente había presidido su actuación. Se había terminado un grupo escolar con capacidad para 880 alumnos, se encontraba en construcción otro para 530, se estaba proyectando una escuela con mil plazas y se estaba gestionando la compra de terrenos para construir otras mil.</p>
<p>Todo ello suponía una ampliación del 35% en la oferta pública y de un 18% del total de plazas educativas. Aunque el segundo instituto prometido por Ingunza seguía a la espera de financiación, el cambio de actitud del régimen ante el problema escolar daba cuenta de su temor a la crítica y su interés por congraciarse con la opinión pública.</p>
<p>Las carencias señaladas y la creciente presión ciudadana que generaban no dibujaban precisamente la mejor coyuntura para que Altos Hornos renovase sus pretensiones sobre la Vega de Ansio. En 1969 una comisión técnica convocada por el alcalde dictaminó en contra de nuevas modificaciones del Plan de Ordenación Urbana. Díez Marín no supo o no quiso imponer la férrea disciplina de unanimidades que había caracterizado la corporación con anterioridad. De hecho, el mismo primer teniente de alcalde y alcalde accidental Larburu había presentado una impugnación al Plan favorable a las pretensiones de Altos Hornos.</p>
<p>El Pleno en el que se había de dirimir la cuestión ilustra la nueva realidad de la política barakaldesa a finales de los sesenta. La expectación era tal que parte del público tuvo que seguir los debates desde el vestí- bulo ante la insuficiencia del local. Se decidió que la votación sería secreta y el alcalde abrió un turno de intervenciones en la que partidarios y detractores defendieron sus posturas «llegándose en algunos casos a posturas estridentes», según la crónica de Portell. La propuesta de Altos Hornos fue desestimada por doce votos contra seis. También se negó la corporación presidida por Díez Marín a autorizar el plan de Altos Hornos de sustituir el tradicional colegio de su propiedad por viviendas y un supermercado.</p>
<ol start="4">
<li>La rectificación autoritaria</li>
</ol>
<p>En septiembre de 1970, apenas 20 meses después de su nombramiento, Díez Marín era cesado. La larga mano de Altos Hornos parece vislumbrarse tras su rápida destitución, como tras la de Llaneza. Sin embargo, el enfrentamiento con el gran poder fáctico local no era la única razón. Novedades como los debates en el Pleno, las votaciones secretas, el público implicado, la presión de las asociaciones de cabezas de familia y el creciente protagonismo de la prensa asustaban al régimen que temía que la situación en la segunda ciudad vizcaína escapase a su control. Hacía falta un hombre enérgico capaz de reinstaurar la unanimidad y mantener la apariencia ante la opinión pública. Este hombre fue José Luís Alfonso Caño, un joven ingeniero de la SICE de treinta y<br />
tres años que no tenía experiencia política anterior, pero que contaba con la confianza del gobernador civil Fulgencio Coll. Diferentes indicios parecen confirmar que el nombramiento de<br />
Caño respondía a una intervención decidida de las autoridades franquistas para cambiar el rumbo de la política barakaldesa. Su nombramiento se produjo significativamente justo antes de que comenzara el proceso electoral que había de renovar el consistorio. Las directrices de<br />
su programa de gobierno, anunciado a principios de 1971, no dejaban lugar a dudas sobre la rectificación que pretendía introducir38. Se instauraba el «ante-pleno», es decir, una reunión previa de los concejales con el alcalde en su despacho para tratar los temas a llevar al Pleno. Se<br />
pretendía, así, acabar con esos plenos «vivos, discutidos y difíciles» cuya pérdida lamentaba Portell desde La Gaceta. Se centralizaba, además, la relación con la prensa a través del delegado de prensa del Ayuntamiento, instaurando el monolitismo oficialista.</p>
<p>El éxito de la rectificación política de Caño era evidente cuando en mayo se decidía conceder a Altos Hornos el permiso para sustituir su colegio por viviendas. Como denunciaba escandalizado Portell, diez concejales habían cambiado el sentido de su voto tras la llegada del nuevo alcalde39. El efecto de la decisión sobre el precario estado escolar del municipio obligó al nuevo alcalde a asegurar en la prensa que no se derribaría el colegio hasta contar con nuevas plazas escolares, mientras<br />
que Altos Hornos hablaba de una futura y magnífica Ciudad Educativa junto a sus instalaciones deportivas. Pero a estas alturas, incluso a Caño le iba a resultar difícil mantener la unanimidad de sus concejales, máxime cuando La Gaceta no perdía oportunidad para subrayar su cambio de actitud y las escasas garantías de que Altos Hornos cumpliera el compromiso de esperar a que se crearan las nuevas plazas escolares. En julio el tema volvió al Pleno que confirmaba en votación secreta la resolución favorable a la empresa, pero ahora por un estrecho margen de siete votos contra seis. Pueblo daba cuenta de «largos y a veces apasionados debates» y, sin duda, la tensión debía de ser grande, pues un teniente de alcalde falleció de un ataque al corazón a las pocas horas.</p>
<p>A pesar de no haber conseguido disciplinar absolutamente a los concejales, Caño fue el hombre del régimen en un momento en que éste se cerraba sobre sí mismo. Las notas confidenciales de la policía revelan que el desinterés y la apatía eran generalizados ante las elecciones municipales de 1973. En un momento en que la movilización ciudadana y la incerteza política crecían, el régimen no estaba dispuesto a apertura alguna. Por el contrario, «tan sólo se habla hasta el momento de incluir entre los candidatos a personas de demostrada afección al Régimen, ya que se desea que no entren a formar parte de la corporación elementos disidentes que tan sólo traten de perturbar el normal funcionamiento de aquélla o de hacer una crítica destructiva». Se consumaba así el divorcio entre<br />
las autoridades locales y una ciudadanía crecientemente movilizada que había de presidir la tormentosa transición municipal barakaldesa.</p>
<p>Llaneza, el nuevo alcalde era un hombre sin actuación política de preguerra, formado en las instituciones del régimen y ligado ya no tanto a tradiciones políticas como a intereses de hecho. En este sentido, a lo largo del conflicto que le costó el cargo a Llaneza, se mostró favorable<br />
a las pretensiones de la empresa. Ingunza no cambió las tendencias hacendísticas del período de Llaneza. A lo largo de los sesenta Barakaldo siguió ocupando los últimos lugares en inversión por habitante del Gran Bilbao. Incluso perdió posiciones relativas; en 1967 sólo Santurce y Arrigorriaga se situaban por detrás. Esta escasa inversión iba unida a una de las presiones fiscales<br />
por habitante más bajas de este grupo de municipios. No entraba, pues, en los planes de Ingunza aumentar la intervención municipal. Por el contrario, consideraba que la inversión anterior respondía a una situación excepcional que había quedado resuelta con los proyectos de Llaneza. Así, en la entrevista concedida con motivo de su nombramiento, manifestaba que «ya no existe problema de vivienda en Baracaldo, debido a que los movimientos de trabajadores hacia acá disminuyeron<br />
bastante y en la actualidad el ritmo de crecimiento de Baracaldo es completamente normal, por lo que basta para atenderlo con la iniciativa privada en este sentido». Semejante diagnóstico realizado en un año en que la población local se incrementó nada menos que un 8% da la<br />
medida de la política del nuevo alcalde. Si incluso la inversión en viviendas que había sido la prioridad de Llaneza podía ser ya abandonada, poca atención cabía esperar para otros ámbitos tradicionalmente postergados como el educativo. En este aspecto Ingunza se mostraba igualmente autocomplaciente. A pesar de señalar que la enseñanza era el problema que más le preocupaba, confiaba en dejar resuelto el problema con los proyectos en marcha heredados de Llaneza, entre los que destacaba un instituto de bachillerato y una escuela de peritos de minas. Su única propuesta de futuro era la elaboración de un censo escolar para cuya confección recababa la colaboración del vecindario y de los directores y maestros de las escuelas. Ante la creciente contradicción entre bienestar privado y carencias colectivas, que según C. Molinero y P. Ysàs caracterizaba las condiciones de vida de los años sesenta, la postura de Ingunza era la inhibición.<br />
Antonio Fco. Canales Serrano</p>
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		<title>La Ermita de San José del Juncal</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2026 06:21:54 +0000</pubDate>
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<p style="text-align: justify;"><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="358" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/la-ermita-de-san-jose-del-juncal/ermita-de-san-juan/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif?fit=389%2C284" data-orig-size="389,284" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="ermita-de-san-juan" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif?fit=389%2C284" class="alignright size-medium wp-image-358" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif?resize=300%2C219" alt="ermita-de-san-juan" width="300" height="219" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif?resize=300%2C219 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif?resize=389%2C284 389w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>El barrio de El Juncal de Trapagaran, fue derribado el 6 de octubre de 1986 para dar paso a lo que iba a ser la «ciudad del trans­porte de Vizcaya» como se decí­a entonces. La vega en la que se ubicaba era hasta la década de los años 60, marisma y balsas, junto a los meandros del rí­o Galindo. Al asentamiento de las grandes industrias que comenzó a primeros de siglo siguió el de las factorí­as menores. Posteriormente llegó la construcción de la autoví­a del Cantábrico. Todo esto obligó a rellenar los depósitos cuaternarios del rí­o Galindo y a cambiar el curso hacia el rí­o Nervion.</p>
<p style="text-align: justify;">En el otoño de 1980 se hizo esta investigación etnográfica de la ermita de San José cuando el triste destino del barrio El Juncal era previ­sible; ya por entonces el estado del edificio religioso era ruinoso.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1.- <span style="text-decoration: underline;">El barrio del Juncal en 1980</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">La ermita de San José está situada en el término municipal de SanSalvador del Valle-Trapagaran, en el barrio de El Juncal. Como su mismo nombre sugiere, antaño fue un lugar de marismas, juncos y cañaverales; hileras de tamarises bordeaban las riberas. Según los vecinos: <em>dejó de ser marisma cuando se construyó la barra de Portugalete, que era el motivo de que las aguas se estacionaran en las orillas». </em>Más tarde, desecadas las marismas, estas tierras labradas se convirtieron en prados y huertas con parras junto a las orillas de los caños. Estas aguas desembocaban mediante compuertas artesanales en otros canales mayores que fluí­an a los rí­os de la gran vega del Galindo. La altitud de este barrio sobre el del mar es muy escasa.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy dí­a, por su parte posterior pasa la carretera de Ugarte a Sestao. Cuando se construyó este conjunto de edificios El Juncal estaba cercado por un muro. El barrio pertenece a la iglesia de San Juan Bautista de Ugarte de Trapagaran.</p>
<p style="text-align: justify;">La forma primitiva del barrio era cuadrangular, con una entrada en ­el lado noroeste. Estaba asentado en zona rural, a orillas de los rí­os Galindo y Granada o Baite. En sus cercaní­as se ubicaba el malecón de Ugarte para la carga de mineral en las gabarras que ascendí­an hasta dicho puerto. Durante este siglo el paisaje se ha transformado totalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">Tradicionalmente se accedí­a a la ermita de San José por un camino carretil que pasa sobre el rí­o Granada o Baite. Debido a los rellenos de escoria y de lodo extraí­do del dragado que se efectuó en el cauce de este rí­o, se puede llegar al barrio directamente en automóvil desde la carretera de Ugarte a Sestao.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta el puente de El Juncal llegaban remolcadas las gabarras remontando el rí­o Galindo. A partir de aquí­, por el afluente Granada o Baite, eran llevadas curso arriba con la&nbsp; sirga por hombres y mujeres hasta las inmediaciones del barrio Causo limí­trofe con El Juncal. En este término hubo otro puerto de embarque de mineral de los Tres Concejos de Somorrostro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2.- <span style="text-decoration: underline;">Descripción de la ermita</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">El edificio de la ermita de San José está enclavado entre dos casas que parecen arroparla por ambos lados. Las paredes laterales son comunes a la ermita y a las viviendas.</p>
<p style="text-align: justify;">La fachada principal, orientada al Sureste, está rematada por una moldura rectangular de piedra arenisca; detrás de ella arranca el tejado. En esta cornisa se halla la espadaña culminada por un frontón triangular rebajado y una cruz forjada en hierro. En el vano del campanil ­se halla la campana con yugo de madera que se acciona desde el exterior.</p>
<p style="text-align: justify;">La planta del edificio es rectangular. Se accede al interior a través de una entrada de arco de medio punto con dovelas ocultas por los raseos de la fachada. A la derecha arrancaba la escalera que conducí­a al coro. En la pared aún se aprecian las marcas. A la izquierda está empo­trada la pila de agua bendita.</p>
<p style="text-align: justify;">El altar está situado en el muro oeste; en la actualidad se encuentra derrumbado; en su frente puede verse una cruz. El retablo, deteriorado, está compuesto por dos columnas que sostienen un fron­tón triangular rebajado; en su hornacina estaba la imagen de San José. A ambos lados del retablo hay dos ventanas tipo <em>ojo de buey</em> con barrotes en forma de cruz.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>3.- <span style="text-decoration: underline;">Historia</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los vecinos desconocen la fecha de construcción de la ermita; según cuentan algunos mayores, su edificación se debe a un hijo del pueblo que emigró a América -concretamente a Cuba-, donde hizo riqueza. Al volver a su tierra mandó construir las casas que componen el barrio y contigua a su casa edificó esta capilla a la advocación de San José en acción de gracias por los favores recibidos en tierras america­nas. Los ancianos de El Juncal creen que los tamarises que bordeaban los caños y orillas de los rí­os fueron traí­dos de América por el indiano que mandó construir el barrio y la ermita.</p>
<p style="text-align: justify;">Parece que hasta 1960 la ermita estaba en buenas condiciones. Desde enton­ces se inició el paulatino abandono a causa de los asentamientos de industrias en la Vega del rí­o Galindo, y de las reiteradas inundaciones que ha padecido el barrio. La Babcock Wilcox se instaló a unos mil metros de distancia de El Juncal. Más tarde en la década de los años 30, esta empre­sa compró los terrenos de la Vega donde se ubica el barrio El juncal.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta que se produjo esta venta el propietario que residí­a en Bilbao, tení­a un mayordomo que viví­a en El Juncal; éste se encargaba de que el entorno se mantuviera en buenas condiciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Con todo, cuando la ermita pasó a propiedad de la Babcock Wilcox fue cuando más floreció la romerí­a. Una semana antes de la festividad de San José, la empresa enviaba personal para que adecentara, remozara y pintara el edificio religioso por dentro y por fuera. La fachada era rascada y pintada con cal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>4.- <span style="text-decoration: underline;">Romerí­a, culto</span> &#8230;</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La romerí­a tení­a lugar el 19 de marzo, festividad de San José; acudí­an gentes de San Salvador del Valle-Trapagaran, de Sestao y Barakaldo, pero principalmente de los barrios situados junto a los rí­os Baite y Galindo.</p>
<p style="text-align: justify;">A la misa de la celebración festiva no asistí­an las autoridades, pero sí­ alto personal de Babcock Wilcox. Se recuerda que en los prime­ros años cuando los propietarios eran los concesionarios ingleses, asis­tí­a una representación de éstos. Acostumbraban a regalar el dí­a de San José un pellejo de vino <em>«para alegrar la fiesta». </em>El oficio religioso comenzaba a las diez de la mañana. Pero antes, los romeros iban al encuentro de la Banda de Música de La Arbo­leda al hoy desaparecido Puente Grande, ubicado entre Trápaga y Cau­so, sobre el rí­o Granada o Baite. Una vez juntos, romeros y músicos caminaban a los compases de la música hasta la ermita.</p>
<p style="text-align: justify;">Este dí­a era llevado el armonio desde la parroquia de la Transfiguración del Señor de San Salvador del Valle y se colocaba en el coro y en los últimos años junto al altar de la capilla. A esta romerí­a acudí­an también acordeonistas que, al igual que la Banda de Música, permanecí­an en los alrededores de la ermita hasta el atardecer, amenizando el ambiente festivo. En los últimos años en que se celebró la fiesta acudí­a la Banda de Música de Babcock Wilcox. Para acomodo de los músicos era costumbre preparar un carro en la era de trillar que existí­a en el barrio, cerca del carrejo de bolos.</p>
<p style="text-align: justify;">De todos los festejos, el más concurrido y celebrado era el jue­go de bolos a <em>cachete, </em>que se celebraba en el carrejo cercano a la ermita, a la sombra de acacias, tamarises y olmos. Este juego se desarrollaba a orillas del caño mayor en el que desembocaban todos los menores y que vertí­a sus aguas al rí­o Galindo. Este caño lo limpiaban una vez al año todos los vecinos que tení­an huertas cercanas a él. El carrejo de El Juncal ha desaparecido tras el deterioro que ha sufrido la zona a causa de las continuas inundaciones. Hoy, el lugar en donde se ubicaba, es una ciénaga cubierta de cañas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>5.- <span style="text-decoration: underline;">Costumbres</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Las madres con niños de corta edad, tení­an por costumbre, hast­a hace unos 30 años, «<em>poner a sus hijos de mantos «˜en cortos&#8217; aprovechando </em>la <em>celebración de San José». </em>Ese dí­a iban paseando hasta El Juncal con los niños vestidos <em>«en</em> <em>cortos». </em>Era una fecha señalada para el cambio: «<em>Ahora hace frí­o. Hasta San José no le pongo «˜en cortos'»»˜. </em>La fiesta era el preludio de la primavera.</p>
<p style="text-align: justify;">Una señora mayor cuidaba la ermita, ella se encargaba de guar­dar los manteles y de tenerlos en buen estado. También tení­a como obligación colocarlos y adornar el altar. El sacerdote de Ugarte era el encargado del culto del templo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>6.- <span style="text-decoration: underline;">Final</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta ermita, situada a orillas de dos rí­os -Galindo y Granada o Baite- sufrió inundaciones debido al abandono del cumplimiento de normas que regulaban los vertidos de barro de los lavaderos de mine­ral. El lodo, poco a poco, fue cegando el cauce de ambos rí­os.</p>
<p style="text-align: justify;">Para que estas normas se llevaran a cabo los vecinos de San Sal­vador del Valle-Trápaga -generalmente una comisión de labradores- se encargaban de hacer recorridos periódicos, una vez al mes, para que dichas normas no se quebrantaran. Desde 1935, aproximadamente, estas obser­vaciones dejaron de realizarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Más tarde, la vega donde se ubica la ermita, en su mayor parte, ha sido rellenada de escombros para implantar talleres y factorí­as. A esta degradación paulatina del medio que ha sufrido el entor­no hay que añadir, y quizá sea una de las razones principales de su dete­rioro, que el edificio religioso nunca ha sido de propiedad vecinal; por esta razón los habitantes han sentido cierta indiferencia hacia él, máxi­me observando cómo el medio natural inmediato se iba deteriorando y la población trasladándose a otros lugares.</p>
<h5>Escrito por Juan Cordón</h5>
</div>
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		<title>El problema escolar en Barakaldo  en el  desarrollismo del siglo XX (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Oct 2026 06:10:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="190" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=300%2C190" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?w=512 512w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?resize=300%2C190 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10433" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/herriko-plaza-barakaldo/unnamed-3/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=512%2C324" data-orig-size="512,324" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="unnamed" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=512%2C324" /></div>El rápido crecimiento de la economía española en la década de los sesenta fue acompañado de corrientes migratorias sin precedentes desde el campo a las zonas urbanas. Esta afluencia masiva de inmigrantes planteó el mismo tipo de problemas en los lugares de recepción, básicamente nuevas demandas de equipamientos y servicios colectivos hacia las autoridades municipales. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="190" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=300%2C190" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?w=512 512w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?resize=300%2C190 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10433" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/herriko-plaza-barakaldo/unnamed-3/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=512%2C324" data-orig-size="512,324" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="unnamed" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/03/unnamed-2.jpg?fit=512%2C324" /></div><p>El rápido crecimiento de la economía española en la década de los sesenta fue acompañado de corrientes migratorias sin precedentes desde el campo a las zonas urbanas. Esta afluencia masiva de inmigrantes planteó el mismo tipo de problemas en los lugares de recepción, básicamente nuevas demandas de equipamientos y servicios colectivos hacia las autoridades municipales. En muchas zonas, especialmente las periferias de Barcelona, Bilbao y Madrid, el crecimiento de la población fue de tal magnitud que desbordó a los ayuntamientos, ya fuera porque las soluciones escapaban a sus competencias o por falta de recursos. Pero también es cierto que las nuevas demandas actuaban sobre unas autoridades loca- les más acostumbradas a controlar a la población y a ejercer el poder que realmente a la gestión municipal. Ya no se trataba como en la larga postguerra de tomar posiciones en las luchas de capillas entre los vencedores, ni de encuadrar y controlar a una población depauperada y atemorizada; era necesario ofrecer respuestas a las nuevas necesidades que el cambio económico y social, pero especialmente demográfico, planteaba.</p>
<p>La incapacidad de las autoridades locales para dar este salto cualitativo parece haber sido la tónica común en las ciudades españolas. La inhibición, la inercia administrativa, la vinculación a intereses especulativos y, finalmente, la ineptitud caracterizaron su actitud ante la realidad caótica y carente de servicios en que se desarrollaba la vida cotidiana de buena parte de la población. Sin embargo, la sociedad urbana española de los sesenta ya no era la sociedad atemorizada de los cuarenta. Los mecanismos de control de la población al servicio de las autoridades locales resultaban inoperantes y, sobre todo, el propio régimen abría espacios a la crítica, especialmente a través de la prensa. Estos cambios crearon un cóctel explosivo en el que la ineptitud y el autoritarismo se combinaban con la incapacidad para frenar la creciente crítica ciudadana. El ámbito vecinal acabó erigiéndose en un sordo motor de deslegitimación del régimen, mucho menos espectacular que los conflictos laborales o estudiantiles, pero más extenso en la medida en que afectaba a amplias franjas de la población, incluidos sectores no politizados anteriormente o sin contacto con el nuevo movimiento obrero o estudiantil.</p>
<p>Este artículo explora estos cambios en el Barakaldo del desarrollismo. En él se compara la situación creada por la inmigración en los cincuenta y en los sesenta, dando cuenta de cómo la realidad de mediados de los sesenta impuso a las autoridades locales nuevas reglas de actuación substancialmente diferentes a las anteriores. Este cambio se analiza al hilo de las carencias en la escolarización.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>El pre-desarrollismo barakaldés</li>
</ol>
<p>1959 constituye una cesura clave en la periodización del régimen franquista. El Plan de Estabilización cerró la larga etapa de miseria y estancamiento autárquico y dio paso a una fase de crecimiento económico sin precedentes, una de cuyas manifestaciones más importantes fueron las corrientes migratorias desde las regiones rurales a las zonas industriales. Vizcaya, y Barakaldo en concreto, no desmienten esta imagen. A lo largo de la década de los sesenta la población vizcaína se incrementó en un 40%, al igual que la barakaldesa. Sin embargo, este crecimiento acelerado a consecuencia de la inmigración no era un fenómeno nuevo en Vizcaya. Durante la década de los cincuenta el crecimiento de la población vizcaína había sido también considerable (32,54%). Barakaldo vivió en esos años una verdadera explosión demográfica: la población barakaldesa prácticamente se dobló durante los cincuenta.</p>
<p>Como muestra observamos que, otros municipios del Gran Bilbao como Arrigorriaga, Basauri, Echevarri, Portugalete o Santurce crecieron también por encima del 75%. De hecho, el crecimiento del Gran Bilbao en los cincuenta fue prácticamente similar al de los sesenta. Existe, por tanto, un desfase en la cronología del cambio económico entre Vizcaya y el resto de España. Los procesos que se señalan a partir de 1959 para el conjunto de las zonas industrializadas de España se anticiparon una década en Vizcaya. Este desfase encuentra su explicación en los efectos de la política autárquica sobre la industria vizcaína. La reserva del mercado interior que garantizaba la autarquía y la relajación de la intervención gubernamental en los cincuenta permitieron un crecimiento económico importante en esta década. Esta reactivación económica, por limitada que fuera, tuvo efectos multiplicadores sobre las industrias barakaldesas, y de la margen izquierda en general, que se convirtieron en polo de atracción de inmigrantes para el conjunto de un país que a duras penas recuperaba los niveles de actividad y renta anteriores a la guerra. Muestra de ello fueron las aproximadamente 27.000 personas que llegaron a Barakaldo en los cincuenta2. La magnitud del fenómeno queda ilustrada por el hecho de que por cada cuatro barakaldeses de 1950 habían llegado casi tres inmigrantes a finales de la década.</p>
<p>Los problemas asociados a la inmigración masiva se planteaban, pues, en Barakaldo ya en los cincuenta, incluso con mayor intensidad que en la década posterior. Sin embargo, no tuvieron la trascendencia política que tendrían en los sesenta. Y es que la primera oleada migratoria se produjo en un momento en que las autoridades locales mantenían todavía firmemente el control sobre la población y contaban con el apoyo represivo del poder central. No existían por tanto resquicios para la crítica que actuara como contrapunto a la versión oficial de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Llaneza y la inmigración</li>
</ul>
<p>El control de la población y la inexistencia de crítica no implicaba que esta avalancha humana no desbordara a las autoridades locales y, todavía más, a la mentalidad del sempiterno alcalde barakaldés José M.ª de Llaneza. Llaneza se había hecho con el poder local en junio de 1937 y, rodeado de un grupo de fieles carlistas, monopolizó el poder local durante 26 años. Más integrista que propiamente carlista, Llaneza había sometido a la población barakaldesa a un intenso programa de coactiva recristianización nacional-católica que paulatinamente fue cediendo paso a un discurso obrerista de tono paternalista. Este paternalismo obrerista de Llaneza entroncaba con una identidad local ligada a la industrialización y orgullosa de la cualificación y el bienestar de los obreros barakaldeses frente a una España de campesinos pobres y escasamente cualificados. Esta concepción había llevado ya en 1940 a que Llaneza se quejara ante las autoridades provinciales de las dificultades que encontraban los obreros barakaldeses desmovilizados y retornados de campos y prisiones ante la substitución de mano de obra que se había producido en las empresas locales desde la entrada de los nacionales. Daba cuenta Llaneza de la existencia de muchos trabajadores locales que habían perdido sus puestos de trabajo «por efectos lógicos de la contienda pasada bien sea por haber pasado por campos de concentración o batallones de trabajadores o por otras causas», mientras «van cubriéndose estos puestos por combatientes o personas que sin reunir esta condición proceden de otras provincia o pueblos de España». El escrito resulta ilustrativo del barakaldesismo paternalista de Llaneza que priorizaba a los trabajadores locales represaliados frente a los recién llegados, incluidos los excombatientes, pero también de su visión del fenómeno migratorio. Trabajar en uno de los principales focos industriales de España era poco menos que un privilegio que era necesario regular, máxime cuando los que intentaban acceder a él anteponían intereses materialistas a su misión patriótica y «halagados por dejar su pueblo y faenas del campo abandonan estas tareas agrícolas tan necesarias para la prosperidad de España».</p>
<p>Esta percepción no cambió en dos décadas. En 1957 Llaneza se dirigía al ministro de Gobernación para quejarse de que «de un tiempo a esta parte la afluencia enorme e incesante de familias enteras desplaza-as con este fin sin tener previamente resuelto el problema aludido de alojamiento, sino también el mismo de trabajo a que aspiran» planteaba multitud de problemas. Reclamaba el alcalde medidas que regulasen «estos desplazamientos en masa, continuos y un tanto alegremente y por tanto poco meditados» y evitase que los recién llegados «se compliquen y nos compliquen la vida en un peregrinar en demanda de trabajo y vivienda». No deja de ser significativo tanto de la mentalidad de las autoridades franquistas como de los cambios que se avecinaban<br />
que uno de los argumentos que Llaneza esgrimiese fuera el del control político de la población: «al no disponer más que con medios muy limitados de policía de seguridad y vigilancia y no poder controlar debidamente las filiaciones políticas de nuestros vecinos, poder constituir un grave peligro en caso de una alteración del orden público».</p>
<p>Como en 1940, las peticiones de Llaneza no fueron atendidas. Sólo obtuvo repuesta del Director General de Trabajo que establecía que «dicho movimiento migratorio no plantea una situación de paro, ya que la demanda de mano de obra es claramente superior a la demanda de colocación» y se desentendía del resto de los problemas planteados por el alcalde: «En cuanto a otros problemas que se plantearon como son la escasez de viviendas de índole sanitaria y moral, etc. tampoco podemos<br />
entrar en ellos por no ser de la competencia de este Ministerio»6. No cabía esperar, pues, que el Estado regulara las corrientes migratorias y evitara al Ayuntamiento tener que enfrentarse a los problemas que el crecimiento vertiginoso de la población planteaba, máxime cuando se producía en una localidad tradicionalmente mal dotada de infraestructuras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1.2. Las prioridades de las autoridades locales</p>
<p>Ya en los primeros cuarenta la gestión de Llaneza se había dirigido a la construcción de infraestructuras, como el edificio de Correos y la Escuela de Maestría, que se presentaban como la prueba del progreso y bienestar que ofrecía el régimen de Franco. En 1954 el Ayuntamiento había realizado inversiones por valor de 35 millones de pesetas y en 1962 esta cantidad se había disparado hasta los 2337. El 60% de esta inversión municipal se dirigió a la construcción de viviendas que constituía el problema más acuciante. En 1962 el Ayuntamiento había participado en la construcción de 2.358 nuevas viviendas. Pero la inversión municipal no era suficiente, pues sólo suponía una vivienda por cada 17 nuevos habitantes. A partir de 1955, las regulaciones estatales ratificaron el tradicional paternalismo social de las grandes empresas barakaldesas obligando a la construcción de viviendas en función de su plantilla. En 1962 Euskalduna había construido en Barakaldo 700 viviendas, Altos Hornos 507 y la Sefanitro 120. Pero ni siquiera estas intervenciones empresariales satisfacían las necesidades. Estas eran de tal magnitud que incluso de las asociaciones locales partieron iniciativas de construcción. Así, el Centro Gallego construyó 320 viviendas, el Círculo Burgalés 110 y la Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos 194.</p>
<p>Un sólo dato ilustra el crecimiento desmesurado de Barakaldo en estos años: entre 1937 y 1962 se construyó el doble de las viviendas que existían al acabar la guerra, es decir, dos terceras partes del Barakaldo de principios de los sesenta se habían construido después de la guerra.</p>
<p>El Ayuntamiento podía presumir, así, de que el número de personas por vivienda en la localidad había descendido de los 5,42 de 1937 a los 3,93 de 1962, «a pesar de cuantas miserias se escriben sobre las condiciones lamentables en que viven muchos vecinos de Baracaldo».</p>
<p>Mas la vivienda no era la única necesidad que la inmigración planteaba. A cuestiones como alumbrado, alcantarillado o asfaltado y al grave problema del abastecimiento de agua, se añadía la necesidad de ofrecer servicios educativos a la nueva población.</p>
<p>La inversión en educación más importante de los años cuarenta fue la construcción de la Escuela de Orientación y Formación Profesional, posteriormente conocida como de Maestría Industrial, inaugurada por el Caudillo en 1944. La obra era plenamente coherente con el carácter fabril de Barakaldo y con la identidad local ligada a la industria, además de con las expectativas de movilidad social inter-generacional de una parte significativa de la población. En este sentido, la Escuela de Maestría suponía un salto cualitativo con respecto a las escuelas de aprendices de las fábricas, como la inaugurada en Sestao por Altos Hornos en 1942.</p>
<p>En los años centrales de los cincuenta la Escuela vivía una eclosión y pasaba de 448 alumnos en 1954 a 792 en 1958, es decir, un 76,8% de incremento en cinco años12. Sin embargo, esta importante inversión en formación profesional contrastaba con graves carencias en la enseñanza elemental y con la inexistencia de otras ramas de enseñanza media.</p>
<p>Para atender a la creciente demanda de enseñanza elemental se construyeron a lo largo de los cincuenta tres nuevos grupos escolares en Larrea, Alonsótegui y Luchana, pero se trataba de una inversión claramente insuficiente. En 1962 sólo el 43% de la matrícula de enseñanza elemental correspondía a las escuelas públicas. El resto se dividía entre las escuelas de Altos Hornos con un 11,9% y los diferentes centros privados, básicamente religiosos, que captaban al 44,5% del alumnado.</p>
<p>Además, estos porcentajes no reflejan la relación cualitativa existente entre pública y privada. El 37% de la matrícula pública correspondía a párvulos, es decir, niños y niñas entre los cuatro y seis años, ya que según reconocían las propias autoridades municipales «los numerosos Colegios particulares absorben, principalmente, alumnos comprendidos en superiores edades&#8230;». Las escuelas públicas asumían, por tanto, una función principalmente asistencial de custodia de los niños más pequeños, mientras las religiosas se centraban en la instrucción de buena parte de ellos cuando crecían.<br />
Este predominio de estas escuelas religiosas en el nivel elemental se convertía en hegemonía en la enseñanza media no profesional. Los institutos de Barakaldo y Portugalete formaron parte de los 52 institutos públicos (31,5% del total existente en 1937) clausurados por el régimen tras la victoria. Como en el resto de España, la Iglesia se apresuró en Barakaldo a cubrir este vacío. El colegio de los Padres Paúles, fundado significativamente en 1944, permitía a 600 alumnos estudiar bachillerato.</p>
<p>La escasa inversión pública estaba en la base de la edad de oro que vivían las escuelas privadas, y básicamente las religiosas. Las posibilidades de expansión eran tales que en 1962 estaba previsto que comenzaran a funcionar en breve un grupo escolar de los Padres Paúles con capacidad para 1.500 alumnos y otro de las Misioneras Seculares de Jesús Obrero para 600. Sin embargo, a pesar de esta inflación de escuelas privadas y de los tres nuevos centros públicos, el conjunto de las escuelas barakaldesas era incapaz de absorber el aumento de la población en edad escolar sin deteriorar seriamente indicadores como la media de alumnos por profesor: en 1962 era de 47, mientras que en 1937 había sido de 36.</p>
<p>Esta privatización y deterioro de la enseñanza elemental en Barakaldo no era fruto de las limitaciones presupuestarias. Ciertamente, el vertiginoso aumento de la población y los escasos recursos municipales dejaban poco margen de maniobra a las autoridades locales, pero aún así el análisis de las diferentes partidas de gasto permite afirmar que existía un orden de prioridades en el que las escuelas elementales no ocupaban un lugar destacado. Para Llaneza la recristianización de la población se situaba por delante de la educación elemental, incluso en el terreno de las inversiones, tal como indica el gasto municipal en templos. Desde el final de la guerra se habían construido cuatro iglesias y el convento y escuelas de las Hijas de la Cruz. El Ayuntamiento había invertido 14 millones en acabar con la tradicional carencia de infraestructuras religiosas, prácticamente el doble de lo que habían costado los tres nuevos grupos escolares. Si se cuenta la Escuela de Maestría, se había gastado lo mismo en templos que en infraestructuras educativas. Incluso el Círculo Cultural Recreativo, pretendido foco de irradiación de la cultura oficialista y en la práctica centro de sociabilidad del franquismo local, había costado tanto como las escuelas.</p>
<p>Las inversiones realizas por Llaneza era coherentes tanto con su integrismo como con el obrerismo paternalista que inspiraba su discurso. La Iglesia se beneficiaba por activa y por pasiva: recibía inversión directa en templos y sus escuelas vivían una edad de oro ante la insuficiencia de la inversión en escuelas públicas. El barakaldesismo obrerista de Llaneza se plasmaba en la inversión en infraestructuras que se presentaban como la prueba del progreso y el bienestar que los obreros alcanzaban bajo el régimen de Franco. En este sentido la construcción de viviendas ocupaba un lugar destacado, pero también la cuantiosa inversión en la Escuela de Maestría, la mitad de lo gastado en infraestructuras educativas. El análisis de las inversiones municipales revela, sin embargo, que a pesar de la propaganda oficial las autoridades locales estaban muy lejos de haber satisfecho las necesidades planteadas por el crecimiento de la población. Pero este no era un tema que hubiera de preocupar a Llaneza, ya que los barakaldeses sólo estaban en condiciones de agradecer lo hecho, no de criticar a las autoridades por lo que faltaba por hacer. Esta importante asimetría, que nunca debe olvidarse cuando se estudia la búsqueda del consenso bajo el primer franquismo, se relajó notablemente en los años siguientes.</p>
<p>Antonio Fco. Canales Serrano</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>RECORRIDO HISTÓRICO 23 (antes muertos que no hidalgos)</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2026 06:09:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div>La pretensión por “ser alguien o ser más” no es exclusiva de ningún momento histórico sino un hecho trasversal que podemos descubrirlo en los primeros relatos bíblicos (remedo de los más antiguos mesopotámicos), lo observamos en los siglos XIV y XV en nuestro entorno (léase someramente las “Bienandanzas y Fortunas”) y, sin ningún asomo de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?w=1100 1100w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?resize=1080%2C810 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="10611" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/barakaldo-de-aldea-a-ciudad/122_1100x/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1100%2C825" data-orig-size="1100,825" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon PowerShot SX50 HS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1581853561&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.3&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="122_1100x" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2024/08/122_1100x.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p>La pretensión por “ser alguien o ser más” no es exclusiva de ningún momento histórico sino un hecho trasversal que podemos descubrirlo en los primeros relatos bíblicos (remedo de los más antiguos mesopotámicos), lo observamos en los siglos XIV y XV en nuestro entorno (léase someramente las “Bienandanzas y Fortunas”) y, sin ningún asomo de exclusividad, lo ejercen barakaldes en los siglos XVII y XVIII.</p>
<p>En unos casos será el “poder”, en otros el “tener” (riquezas, bienes, o títulos) que, de una u otra forma, elevan el estatus social y privilegian a quien lo detenta (personal o grupalmente). En nuestro entorno, se trata, al menos, de ser hidalgo generacional. Es esto un salvoconducto para&nbsp; medrar o, al menos, por no ser considerado inferior. Bien supieron los bizkainos<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> aprovecharse de las circunstancias descentralizadoras para arrogarse el sobretítulo de “hidalgos” (aun cuando la servidumbre no era desconocida)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Una somera revisión al Archivo de la Casa de Juntas de Gernika<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> nos muestra la preocupación de determinados barakaldeses por lograr “expedientes de hidalguía” que, además del titulejo conllevaba la “pureza de sangre” o, lo que es igual, la no mezcla con “moros o judíos”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Imprescindible para acceder a determinados cargos o puestos de honor. Presentamos, en este recorrido, dichos nombres con un pequeño ANEXO de las Casas solariegas a finales del siglo XVIII.</p>
<p>El concepto de hidalgo<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, por iniciar de alguna manera el recorrido, puede utilizarse como sinónimo de noble, aunque por lo general se usa para nombrar a una nobleza no titulada (como la aristocracia). En la actualidad, de todas formas, se trata de un término de uso poco frecuente, ya que resulta arcaico.</p>
<p>En la Edad Media, la hidalguía era una titulación o <a href="http://definicion.de/privilegio">privilegio</a>. Podía distinguirse entre el hidalgo de sangre (el infanzón o escudero que descendía de la nobleza), el hidalgo de ejecutoria (que ha probado ser hidalgo de sangre), el hidalgo solariego (que contaba con un solar), el hidalgo de cuatro costados (que probaba que sus abuelos paternos y maternos eran hidalgos), el hidalgo de bragueta (que engendraba siete hijos varones de manera consecutiva) y el hidalgo de gotera (reconocido sólo en un pueblo determinado), entre otras clases.</p>
<p>En suma, la así llamada «hidalguía universal» es un perfecto ejemplo de la territorialización del Derecho en la práctica y del legítimo ascenso a la nobleza de linaje. Su peculiaridad reside no tanto en la generalización de la hidalguía como en la forma en la que a partir precisamente de esa generalización el concepto de la «hidalguía universal», obra de juristas, pasó a garantizar el orden provincial constituido<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</p>
<p>En el citado Archivo encontramos los siguientes nombres y circunstancias:</p>
<ul>
<li>1653: Expediente de Hidalguía de Antonio y José de Landaburu Santurce Zaballa Anuncibay, hermanos. Naturales de Baracaldo. Contiene noticia de los solares de LANDABURU en Barakaldo, Zaballa en Santurce y Anuncibay en Murueta. 21/03/1653.</li>
<li>1662: Expediente de Hidalguía de Juan de Azqueta. Natural de Barakaldo. 09/06/1662.</li>
<li>1663: Expediente de Hidalguía de Juan Pérez de La Lastra Gutiérrez de La Aldea Gómez del Valle Sáez de Sobarro. Natural de Barakaldo. Contiene noticia de los solares de La Lastra y La Aldea en el Concejo de Puente, Abadía de Santillana, en las cuatro villas de la costa de la mar. 16/05/1663.</li>
<li>1671: Expediente de Hidalguía de Miguel, Juan Antonio y Bartolomé de Tellechea Sáenz de Oyarzun García de Arnea del Noval. Natural de Barakaldo. Residente en Valmaseda. Contiene noticia de los solares de Tellechea y Arena en Ezcurra en Navarra, Oyarzun en Oyarzun y Noval en el valle de Villaverde. 08/07/1671.</li>
<li>1671: Expediente de Hidalguía de Domingo Susunaga Melia Landaburu, Capitán. Natural de Barakaldo. Residente en Cádiz. Contiene noticia de los solares de SUSUNAGA y LANDABURU en la anteiglesia de Barakaldo. 01/00/1671.</li>
<li>1677: Expediente de Hidalguía de Jerónimo de Aranguren Alizal Bárcena Iñiguez de Gorostiza, Maestre de Campo. Natural de Barakaldo. Residente en Trujillo (Perú). Contiene noticia de los solares de ARANGUREN y GOROSTIZA en Barakaldo, Alizal en San Salvador del Valle y Bárcena en Gordejuela. 21/10/1677.</li>
<li>1696: Expediente de Hidalguía de Bernardo Gutiérrez Vega Echevarri Allende. Natural de Barakaldo. Residente en Bilbao. Contiene noticia de los solares de Gutiérrez y Vega en Espinosa de los Monteros en Burgos, ECHEVARRI en Barakaldo y Allende en el Valle. 16/01/1696.</li>
<li>1700: Expediente de Hidalguía de Antonio de Vitoria Ortiz Loredo de la Puente. Natural de Castro Urdiales (Cantabria). Residente en Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Vitoria, Loredo y Peñahera en Castro Urdiales en Cantabria. 10/04/1700.</li>
<li>1700: Expediente de Hidalguía de Francisco de Dubeda Amézaga Mendieta Arechavala. Natural de Menagaray. Contiene noticia de los solares de Dubeda, Mendieta y Arechavala en Menagaray y AMEZAGA en Barakaldo. 30/04/1700.</li>
<li>1704: Expediente de Hidalguía de Pedro María, María Santos y Ángela de Allende Llano Careaga Idoyaga, hermanos. Naturales de Santurce. Contiene noticias de los solares de Allende de Galdames, Llano de San Salvador del Valle, CAREAGA en Barakaldo e Idoyaga en el Infanzonado. 06/05/1704.</li>
<li>1704: Expediente de Hidalguía de Santiago Antonio y María Benita de Allende Sasía Careaga Sáenz de Buruaga, hermanos. Natural de Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Allende en Galdames y SASÍA, CAREAGA y SUSUNAGA en Barakaldo. 06/05/1704.</li>
<li>1722: Expediente de Hidalguía de Asencio y Juan de Sugasti Olloqui Aguirre Sáenz de Zuazo Zuazo, hermanos. Naturales de Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Sugasti y Olloqui en Usúrbil y AGUIRRE y ZUAZO en Barakaldo. 29/07/1722.</li>
<li>1725: Expediente de Hidalguía de Felipe Gutiérrez de Rozas Sarabia Ortiz Allende. Natural de Bolais. Concejo de Rozas, Valle de Soba (Cantabria). Residente en Lanestosa. Contiene noticia de los solares de Rozas en Rozas, Sarabia en Ramales, Ortiz en el valle de Soba, todos en Cantabria y ALLENDE en Barakaldo. 01/08/1725.</li>
<li>1730: Expediente de Hidalguía de Miguel de Gómez Rancaño Tella Carreira. Natural de Cabaceira (Lugo). Residente en Barakaldo. 22/07/1730.</li>
<li>1738: Expediente de Hidalguía de Miguel Cayetano Ruiz Gómez Sanz García. Natural de Agreda (Soria). Residente en Barakaldo. 12/07/1738.</li>
<li>1739: Expediente de Hidalguía de Lorenzo de Lezama Ascoeta Hernández de Mesperuza Echevarri. Natural de Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Lezama en el Infanzonado del Señorío. 12/02/1739.</li>
<li>1739: Expediente de Hidalguía de Ricardo Petit O’Conell Broun Aeli. Natural de Creen (Irlanda). Residente en Barakaldo. 30/07/1739.</li>
<li>1755: Expediente de Hidalguía de Domingo de Urtiena o Urquiena Vidaurrazaga Ibarra Ochia de Landeta. Natural de Barakaldo. Residente en Resines. 21/07/1755.</li>
<li>1756: Expediente de Hidalguía de Joaquín Antonio de Urcullu Retola Larrondo. Natural de Bilbao. Residente en Bilbao. Contiene noticia de los solares de URCULLU en Barakaldo, Zuazo en Orozco, Retola en las Encartaciones y Larrondo en Lujua. 24/07/1756.</li>
<li>1756: Expediente de Hidalguía de Martín de Oyajan Arteagabeitia Estandun Escauriza. Natural de Barakaldo. Contiene noticia de los solares de ARTEAGABEITIA y ESCAURIZA CRUCES en Barakaldo. 29/07/1756.</li>
<li>1757: Expediente de Hidalguía de Juan Antonio de Unzaga Esnarrizaga Sáez de Laburu Arechaga. Natural de Oquendo. Residente en Baracaldo. Contiene noticia de los solares de Unzaga, Laburu y Arechaga en Oquendo y Esnarrizaga en Sondica. 30/07/1757.</li>
<li>1759: Expediente de Hidalguía de José de Olea Calera Olabarria de Artoaga Fernández de Mesperuza y sus hermanos. Natural de Abando. Residente en Bilbao. Contiene noticia de los solares de Olea en San Martín, Olabarría de Artoaga en Murueta, Calera en Trucios y MESPERUZA en Barakaldo. 26/06/1759.</li>
<li>1767: Expediente de Hidalguía de Tomás de Larramendi Acha. Natural de Baracaldo. Residente en Lequeitio. 28/01/1767.</li>
<li>1770: Expediente de Hidalguía de Antonio de Recalde Urquijo Garacoy. Natural de Luyando. Residente en Begoña. Contiene noticia de los solares de RECALDE en Iráuregui en Barakaldo, Urquijo en Oquendo y Urquiza y Garacoy en Yurre. 07/04/1770.</li>
<li>1771: Expediente de Hidalguía de Ignacio de Laburu Ibarrola Muñuzuri Odiaga. Natural de Oquendo. Residente en Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Laburu y Muñuzuri en Oquendo, Ibarrola en Zuaza y Odiaga en Llodio. 27/09/1771.</li>
<li>1781: Expediente de Hidalguía de Ramón Román de Murga Guerra Carrera Nocedal. Natural de Llovera, Otañes. Residente en Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Murga en el Concejo de Galdames. 24/12/1781.</li>
<li>1782: Expediente de Hidalguía de José Vicente de Cigaran Lascurain Aldaluz. Natural de Iciar. Residente den Barakaldo. 12/10/1782.</li>
<li>1782: Expediente de Hidalguía de Francisco Antonio de Otaola Alday Beraza Gardeazabal. Natural de Oquendo. Residente en Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Otaola, Alday y Beraza en Oquendo y Gardeazabal en Llodio. 25/11/1782.</li>
<li>1783: Expediente de Hidalguía de Manuel de Lezama Vitoria Ezcurra Gochi. Natural de Baracaldo. Contiene noticia de los solares de Lezama, Vitoria, Ezcurra y Gochi en el Señorío. 21/02/1783.</li>
<li>1788: Expediente de Hidalguía de Marcos Joaquín de Retuerto Uriarte Zabala. Natural de Bilbao. Contiene noticia de los solares de RETUERTO en Barakaldo, Uriarte y Zabala en Munguía y Salazar en San Salvador del Valle. 19/04/1788.</li>
<li>1793: Expediente de Hidalguía de Francisco Antoniano Santortún Esla Mendoza. Natural de Portugalete. Contiene noticia de los solares de SANTORTÚN en Barakaldo y Mendoza en Sestao. 11/11/1793.</li>
<li>1797: Expediente de Hidalguía de Juan Antonio de Bringas de Manzaneda Ungo Bringas González. Natural de Ungo (Santander). Residente en Barakaldo. Contiene noticia de los solares de Bringas y Manzaneda en Carranza. 18/11/1797.</li>
<li>1798: Expediente de Hidalguía de José Antonio y Juan José de Urcullu Vildosola Larrinaga. Natural de Mundaca. Residente en Castro Urdiales (Cantabria). Contiene noticia de los solares de URCULLU en Barakaldo y Goitia, Vildósola y Larrinaga en el Infanzonado del Señorío. 27/07/1798</li>
<li>1800: Expediente de Hidalguía de Ignacio de Badillo Castaños Foncea Larrasolo. Natural de Barakaldo. Residente en Bilbao. Contiene noticia de los solares de CASTAÑOS en el Señorío. 07/06/1800.</li>
<li>1800: Expediente de Hidalguía de Martín de Zaballa Zaballa Egusquisguirre Alisal Acebal. Natual de Barakaldo. Residente en La Coruña. Contiene noticia de los solares de ZABALLA, EGUSQUIAGUIRRE, ALISAL y ACEBAL en Barakaldo. 31/10/1800.</li>
<li>1802: Expediente de Hidalguía de Josefa Dionisia de Sugasti Olloqui Ruiz de Vallejo Aranaga Fernández de Vallejo. Natural de San Vicente de Abando. Residente en Abando. Contiene noticia de los solares de Sugasti y Olloqui en Isúrbil y AGUIRRE y ZUAZO en Barakaldo. 06/05/1802.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adjuntamos, a modo de ANEXO, las Casas Solariegas existentes en la Anteiglesia en 1796<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></p>
<ul>
<li><strong>BAGAZA y BEURCO</strong>: Aguirre, Beurco, Beurco (Taberna de), Beurco (Torre), Cruze, Martiartu (2) y La Ribera.</li>
<li><strong>BITURITXA</strong>: Barrena, Basarreta, Basarreta (Torre), Ibarra, Lenbarri, Luchana (Torre), Totabarria, Sacona y Urquizaga.</li>
<li><strong>BURCEÑA</strong>: Calero y Torre (La) (2).</li>
<li><strong>CRUCES</strong>: Andicollano, Cruzes (Torre de) (2), Ormazarreta, Ormazarreta de Arriba, Ormazarreta del Medio, Sagasti, Torre (La), Valejo y Valejo Beco.</li>
<li><strong>EL REGATO</strong>: Bengoolea (Molino) y Bengoolea (Torre).</li>
<li><strong>IRAUREGUI</strong>: Ascoeta (2), Casa Blanca, Cerro (El), Coscojales, Echebarria, Goicoechea, Ilso, Larrazabal (2), Maltercio, Molino de Arriba, Percheta, Samundi, Santa Águeda, Sasia (2), Tiradera Nueva, Torre (La) y Venta del Borto.</li>
<li><strong>LABROSTEGUI</strong>: Ainsio, Amézaga, Betioluri, Cantarrana y Labrostegui (2).</li>
<li><strong>LANDABURU</strong>: Arecha (2), Arteaga, Arteagabetia, Cadalso, Corral, Echachu, Estrada (La), Iturriguichi, Orno (del), Torre (La), Uriarte de Abajo y Uriarte de Arriba.</li>
<li><strong>MUNUA y LLANO</strong>: Llano, Llano (Torre de) y Munua.</li>
<li><strong>PUENTE de RETUERO</strong>: Matesa (2), Susunaga de Abajo y Susunaga (Torre).</li>
<li><strong>RAGETA, ZABALLA, PAGAZA</strong>: Curtimiento (El), Lachagazarra, Larrea (Torre), Morica (Torre), Punta Nueba (La) y Sendeja (La nueva de).</li>
<li><strong>REGATO hasta BENGOOLEA</strong>: Allende (2), Aranguren, Gorostiza, Gorostiza (Molino), Iguliz (Molino), Larragoa, Larrocha, Mazerreca, Mazerreca la Nueva, Mesperuza, Palacio (2), Pilar (El), Santa Lucía, Thellaeche, Thelleche (2), Tollada, Uraga y Urqullu (2).</li>
<li><strong>RETUERTO a UGARTE</strong>: Careaga.</li>
<li><strong>SAN VICENTE y SAN BARTOLOMÉ</strong>: Casa Grande, Egusquiaguirre, Elejalde, Larrasolo (2), Ribera (de la) y Zuloco.</li>
<li><strong>ZUAZO</strong>: Calzada, Campa (de la), Chambo, Galleguino, Goicoechea, Montano, Rotaeche y</li>
<li><strong>ZUBILETA:</strong> Aldai de Abajo, Aldai de Arriba, Aldecoa (Casa-torre), Larracoechea, Rentería y Zubileta (Casa-Torre).</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> La declaración de que los vizcaínos son todos hidalgos ha preocupado mucho a historiadores y juristas y existe un secreto interés en defender o negar dicha hidalguía según posiciones partidistas. Ha de afirmarse que en el Fuero de 1526 la declaración de la hidalguía de todos los vizcaínos se expresa con una meridiana claridad y de forma reiterada. Todos los vizcaínos son hombres hijosdalgo, se afirma en la ley 13, se repite en la ley 16 y se transparenta en todo el título I. La hidalguía supone, acomodada a la época, una declaración de igualdad civil. Un reflejo de ella es la Ley 12 del mismo Título, según la cual «tormento y amenaza de tormento no se puede dar a vizcaíno».</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Sobre este puede leerse a Alfonso de OTAZU “El igualitarismo vasco. Mito o realidad”.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Fondo Diputación Foral de Bizkaia</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> No solamente lograr los títulos de hidalguía sino guardarlos bajo “siete” llaves.&nbsp; En las Ordenanzas Municipales de 1614 se afirma en el título 63: “<em>Y otrosí ordenaron y mandaron que a costa de los vecinos de la dicha Anteiglesia se haga un arca para que sirva de Archivo y en ella se pongan las hidalguías y naturalezas que hicieron o tuvieron hechas las personas que se avecindaren en la dicha Anteiglesia y de fuera del Señorío conforme al Fuero de él y otros decretos y mandaron se pongan en la dicha arca todos los demás recados y papeles tocantes a esta dicha Anteiglesia la cual tenga dos llaves y la una de ellas tengan los fieles de la dicha Anteiglesia y la otra el secretario de ella y la dicha arca se ponga y esté en la iglesia de San Vicente y a las presentes ordenamos que asi bien estén en la dicha arca y los fieles no la puedan sacar de ella sino es para las confirmas o hacer alguna Justicia y luego las tornen a poner en ella y los Fieles tengan un tanto de ella autorizada para administrar Justicia y saben lo que son obligados a guardar y cumplir”</em>. Ordenanzas de la Anteiglesia de Baracaldo (1614). Copia Simple obtenida en Bilbao el 17 de septiembre de 1927. Notaría de D. Celestino Mª del Arenal.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Se denomina <em>hidalguía universal </em>a la concesión de la hidalguía (así como de los derechos que esta lleva aparejada) a todos los habitantes de un determinado territorio. Esto lo vemos en algunas regiones del norte, con población estable e inmigración mínima. Ese es el caso, por ejemplo, de los territorios forales de Guipúzcoa y Vizcaya, siendo este el caso del que nos ocuparemos. Los diversos factores que motivarían este reconocimiento serían, por un lado, la pobreza de la tierra, lo que lleva a una exención de impuestos, una igualdad social mayor que en otros lugares debido a la inexistencia de linajes poderosos; y la idea de la pureza de sangre de sus habitantes, debido a que en esas tierras no se habrían instalados judíos ni moros. Esa fue la base del tubalismo, la creencia que consideraba a los vizcaínos, y a los vascos en general, como descendientes directos de Túbal, nieto de Noé, que se habría asentado en el territorio después del Diluvio. Se consideraba que la nobleza de los vizcaínos no había sido otorgada por los <em>godos </em>ni ningún monarca extranjero, si no que era anterior, y por tanto no debía ser regulada por los reyes de Castilla. www.pedazosdelahistoria.blogstop.com.es</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> La redacción del Fuero supone la culminación del proceso de derrota de los Parientes Mayores al universalizar las prebendas más significativas de la nobleza vizcaína bajomedieval. La hidalguía universal a todo el solar vizcaíno es la mejor muestra de ello. El ordeno y mando de los señores llegaba a su fin y nuevos aires recorrían el solar vizcaíno: para el mundo rural, un gran alivio de las arbitrariedades señoriales; para el mundo urbano, una mezcolanza entre las viejas élites, que optaron por renovarse y readaptarse a los nuevos tiempos, y un sector social emergente de clara dedicación burguesa (comercio, actividades ferronas, etc…), que se repartirán “amistosamente” el poder local. Santiago PÉREZ “500 años de minería…” p.19.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Tomado de la edición de Jaime de Kerexeta en “Casas Solariegas de Bizkaia” Wilsen Editorial, Bilbao 1987</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La marea baja cambia el paisaje de Barakaldo y lo aísla de Erandio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Oct 2026 06:03:37 +0000</pubDate>
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<p>La ría dejó este lunes a mediodía una estampa poco habitual en Barakaldo. La llegada de una de las mareas más bajas de los últimos años impidió al &#8216;gasolino&#8217; hacer su habitual recorrido entre Barakaldo y Erandio durante algo más de una hora. Desde las 11.30 hasta las 12.45 el bote tuvo que permanecer amarrado en Erandio por el riesgo que hubiera corrido la embarcación de haberse mantenido en funcionamiento. La parada obligatoria se repetirá este martes entre las 12.00 y las 13.00 horas.</p>
<p>«Se debe a la cercanía de la luna. Viene ocurriendo durante los últimos años. Quizás podría salvarse si quitaran los metros cúbicos de lodos que hay en el fondo», se dolió ayer el responsable del gasolino, Oscar Suárez, que desde hace tiempo viene reclamando a la Autoridad Portuaria un dragado en la zona. «Lo han hecho en Deusto y en Portugalete, no entiendo por qué aquí no», lamentó.</p>
<p>Suárez advirtió que el principal riesgo con las mareas bajas lo sufre cuando maniobra en Erandio. «El timón me va rozando por el fango y eso que ya le tengo hecho surco, pero te juegas los ejes y la hélice», lamentó el hombre, que ayer estaba especialmente fastidiado por no atender una de las horas punta del servicio a causa del mercadillo que se celebra en Erandio. Varios vecinos de Desierto y hasta algún vendedor se encontró por sorpresa con el servicio suspendido.</p>
<p>«Ir en metro lleva muchísimo tiempo porque das una vuelta terrible. Dependo del gasolino cuando tengo que ir a Erandio», reconoció ayer una usuaria habitual, Loles María, mientras esperaba a que volviera a ponerse en marcha el servicio. A su lado, un vendedor de ajos que trataba de ir al mercadillo aprovechaba para ofrecer su producto en el lado de Barakaldo.</p>
<p>Fotografía y pesca</p>
<p>La llamativa estampa de la marea baja tenía a mediodía su atractivo para otros usuarios de Barakaldo. El aficionado a la fotografía Santi Ramos aprovechó para hacer fotos de la fauna. «Hay un paisaje diferente y se puede ver a muchas aves buscando lombrices y moluscos», explicó el hombre, armado de réflex y trípode. Desde la orilla divisaba una gaviota reidora, con su característico capuchón marrón, rebuscando entre el lodo.</p>
<p>Por su parte, Amadeo e Ibai Vecino, padre e hijo, aprovecharon la subida del agua para pescar un rato desde la orilla. «La subida de la marea es un buen momento, aunque nosotros venimos sólo a echar el rato», explicaron mientras preparaban los aparejos.</p>
<p>Tomado de www.elcorreo.com</p>
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