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Historia de la romerí­a de Santa Lucí­a

Historia de la romerí­a de Santa Lucí­a

La festividad litúrgica de Santa Lucí­a es el 13 de diciembre, pero su romerí­a se celebró el 30 de junio, con misa por la mañana en la ermita; y baile la tarde de este dí­a y el de su repetición al siguiente domingo en la campa de Bengolea. Dualidad de espacios festivos constatada ya en 1814, cuando el ayuntamiento faculta al rematante de vinos de Retuerto para surtir la romerí­a de Bengolea, y al de El Regato la de Santa Lucí­a. Además del gran contingente de romeros baracaldeses, acudí­an muchos otros desde Bilbao, Abando, Deusto, “y parte allá del Nervión”. Esta romerí­a, la primera del ciclo estival de fiestas baracaldesas, suscitaba diferentes expectativas entre los romeros, de acuerdo con su correspondiente edad. Entre los adultos y viejos, la de cumplimentar las promesas efectuadas, rezar a Santa Lucí­a en su ermita y degustar la comida portada en su cestita. Para los jóvenes, la de establecer relaciones con el sexo opuesto, bailando prolongados aurreskus provistos de alpargatas, “para danzar con más agilidad”. Para los niños, por último, la de adquirir “ricos pasteles, silbos y otros objetos más o menos ruidosos” en la campa de Bengolea.

Desde primeras horas de la mañana, numerosos romeros subí­an hasta la ermita, donde tení­a lugar la función religiosa. Consistente, a nivel formal, en varias misas rezadas y una última “cantada por reputados músicos”; pero también en actos de religiosidad popular, como el de “elevar sus preces a la abogada de la vista”. Si la subida no carecí­a de animación, el regreso de la ermita era tumultuario y jubiloso. “Por doquiera que uno se dirigí­a, encontrábase con multitud de grupos de gentes de buen humor, que en medio de fraternal algazara, compartí­an su alegrí­a lanzando estrepitosos sansos y dirigiéndose amistosos saludos”. Como afirma una vieja copla de vuelta de esta romerí­a, una vez cumplimentado el aspecto religioso, llegaba el momento de la diversión y del flirteo: “De Santa Lusí­a vengo, de cumplir una promesa; ahora que está cumplida, dame la mano, Teresa”. Esta comitiva, que se dirigí­a de regreso hacia la campa de Bengolea, centro de la función profana, era reforzada por los que hasta allí­ acudí­an procedentes de todas partes. Una vez en ella, los romeros se reuní­an en grupos para comer, entre ellos una cuadrilla “alegre, simpática y reverenda” de bilbainos presidida por el reportero Cipri y provista de suculento menú según el cronista local. Las choznas, poncheras y cervecerí­as ambulantes instaladas en la campa agotaban sus provisiones antes de las seis de la tarde, con las consiguientes melopeas de la concurrencia. Aunque, al parecer, sin otras consecuencias que los requiebros amorosos con los que los adoradores de Baco –de ronca y fuerte voz obsequiaban a “algunas distinguidas romeritas”. Por la tarde, tras la apacible digestión, comenzaba un animado baile, durante el que: “…una inmensa multitud de jóvenes de todas edades, sexos y condiciones, cubrí­an la tapizada superficie de fresca yerba (sic) del ameno campo de Bengolea, para convertirla en breve tiempo en rico arenal, metamórfosis producida por la infinidad de aurrescus e innumerables corros de bailes formados por ciegos músicos en los cuales la alegre juventud y no pocos viejos se entregaban con embriagador entusiasmo al bullicio y jolgorio haciendo las delicias del público”. Pero también amenizaron las funciones campestres de ambos dí­as los “músicos tamborileros” (txistularis), alternando en 1883 con la charanga de Aguirreche. Entrada la noche, y previo toque de retirada del tamborilero, los romeros abandonaban Bengolea para regresar a sus casas. Al domingo siguiente, y por lo menos desde 1879, se repetí­a en Bengolea esta función profana, con análogos “pertrechos de munición bucólica y bailable”, asistiendo grupos de jóvenes y de maduros comensales, y entre ellos “la alegre, simpática y por todos los conceptos reverenda colonia Bilbaina”. A partir de 1890 el grueso de la animación musical de la romerí­a y de su repetición corresponde a la banda municipal de música y a los cohetes lanzados por cuenta del Ayuntamiento. De este modo se aprecia, en esta de Santa Lucí­a, una inexorable evolución constatable para el conjunto de las romerí­as de su época; porque, incluso un festejo tan tradicional como éste no puede sustraerse al influjo de la modernización de las costumbres, asociado con la industrialización y la correlativa introducción de expresiones exóticas por los inmigrantes establecidos en los núcleos urbanos y fabriles. El declive de los bailes colectivos y comunitarios, como el aurresku, a favor de nuevos ritmos constituye un indicador neto de la secularización, a la par que de la autonomí­a individual en las sociedades industriales. El tamboril (txistu) debe alternar con los nuevos acordes de charangas, bandas de música, acordeones, guitarras, y los polémicos pianos de manubrio. Y se introducen nuevos bailes como chotis, valses, polkas, mazurkas y pasodobles; interpretados al agarrao. A diferencia de otras romerí­as baracaldesas, estas de Bengolea no se caracterizaron por las peleas juveniles, sin que estuvieran exentas por ello de incidentes puntuales. Como el de aquella repetición dominical del 7-VII-1889, durante la que sufrió un desgraciado accidente Francisco Murga, alcalde del barrio de Retuerto cuando recibí­a a la comitiva de autoridades municipales y romeros que regresaban al anochecer desde Bengolea. Precisamente ese mismo año y poco antes –5-VI-1889- tres vecinos del barrio de referencia, habí­an solicitado al Ayuntamiento, sin que al parecer su solicitud prosperara: “…el que la romerí­a de Sta. Lucí­a, primera de la temporada, y una de las principales de la anteiglesia, se amenizara en el casco del barrio de Retuerto, a donde se retiran los romeros por la noche, con vistosos fuegos artificiales”. Con tiempo desapacible los dí­as de Santa Lucí­a y su repetición algún año, como el de 1900, se celebró otra romerí­a al domingo siguiente, a petición del público. También la romerí­a profana, celebrada en Bengolea en 1909, se vio deslucida por la lluvia, que no cesó durante todo el dí­a. Sin embargo, “la música tocó varios bailables” y la juventud bailó al agarrao y a la guitarra. La programación festiva de 1913 y 1914 prevé que la romerí­a de “Santa Lucí­a en Retuerto” se celebre en la campa el 30 de junio hasta el anochecer, y asimismo en la repetición hasta las 11 h. de la noche, sin especificar la ubicación de este espacio festivo; ambas sesiones amenizadas por la Banda de Música, tamborileros y corros de ciegos. Durante los tres años siguientes, el dí­a de Santa Lucí­a tiene lugar romerí­a de 4 h. de la tarde hasta el anochecer en la campa de Bengolea; el de su repetición, romerí­a vespertina allí­ y por la noche en Retuerto hasta las 10,30 h. El presupuesto festivo de estos años supone entre el 2,1 y el 5,6 % del destinado al conjunto de las romerí­as baracaldesas. Por la inmediatez de su espacio festivo profano a Retuerto, esta romerí­a de Santa Lucí­a fue imbricándose en el sistema festivo de este barrio; y, pese su adscripción eclesiástica a El Regato, cuyo cura celebraba la misa del 30 de junio en la ermita, la romerí­a de la repetición se traslada al anochecer al núcleo de Retuerto, tras el animado baile vespertino en la campa de Bengolea. Un episodio más de una dialéctica interlocal que perdurará hasta la desaparición fí­sica de la ermita. Por esta misma razón, la campa se asocia a la festividad de la nueva capilla de San Ignacio erigida en Retuerto; que se inaugura con diversos festejos el 1º de febrero de 1879, en su término de Amézaga, en calidad de ayuda de la parroquial de San Vicente. A partir de este mismo año, comienza a celebrarse cada 31 de julio la festividad de la advocación patronal de Bizkaia, convertida en tutelar de la ermita y barrio de Retuerto. Cada año, y una vez finalizada la función religiosa, se celebraba romerí­a vespertina en la campa de Bengolea, con dotación de tamborilero y atabalero para el siguiente domingo de repetición. La romerí­a de Bengolea se estructuró en torno al baile animado por corros de ciegos, banda de música, txistularis y acordeonistas, más los puestos de chosneras. La gran concurrencia, y el escenario compartido, convertirán a esta festividad en una especie de segunda edición de Santa Lucí­a; persistiendo así­ al menos hasta 1950, cuando el crecimiento industrial y demográfico del barrio modifica el programa festivo, con la pérdida de protagonismo del aspecto romero o campestre y su reconversión en unas fiestas patronales de barrio. Paralelamente al ascenso de la romerí­a de San Ignacio, la de Santa Lucí­a va languideciendo a partir de 1917 y hasta la guerra civil, a juzgar por la escasez de referencias a la misma en la documentación municipal, aunque se costean partidas destinadas a la Banda Municipal y a los cohetes lanzados ante la ermita, y se producen diversas incidencias concernientes al orden.

Por lo demás, la romerí­a matinal continúa celebrándose, con una sola misa en la ermita –a las 12 h.- más un breve y espontáneo baile con charanguilla y unas jotas. Pero va perdiendo su poder de convocatoria supralocal, reduciéndose a los fieles romeros retuertanos y regateños, sin que nos conste la antaño multitudinaria asistencia del vecindario bilbaí­no. Desde El Regato suben un piano doméstico –en burro- para acompañar la misa en la ermita, celebrada por su cura. Finalizado los actos citados, cada cual regresaba a su respectivo punto de origen, y los jóvenes se desplazaban –ya por la tarde- a los actos profanos celebrados en la campa de Bengolea. Puntualmente también se celebraron en esta campa actos lúdicos de diversas asociaciones de Barakaldo y de su entorno. La afluencia juvenil a este espacio de esparcimiento, hizo que un promotor retuertano obtuviera –en 1934- permiso municipal para instalar aquí­ txozna y altavoz con los que celebrar baile domingos y festivos.

Tras el paréntesis festivo impuesto por la guerra civil, la ermita de Santa Lucí­a fue arrasada por el gran vendaval acaecido el 15 de febrero de 1941, habilitándose su edificio primero como corral de ovejas y después como garaje. Pese a la oposición de los retuertanos la imagen de su advocación fue trasladada a la iglesia de El Regato, donde ocupa un sitial en su retablo, perdurando la devoción popular hacia ella. Al desaparecer el referente religioso del somo, la romerí­a fue languideciendo, incluso en su además, cohetes lanzados ante la ermita. Y el nuevo Reglamento de la Banda –1931- incluye a Santa Lucí­a entre las fiestas y romerí­as de los barrios. 

Aunque desvinculada de este acto festivo, en El Regato comenzó a celebrarse misa el dí­a de la festividad litúrgica de Santa Lucí­a. Por su calidad de patrona de las modistillas, en 1946 acudieron a las aprendizas de academias de costura de Barakaldo –como las de Tere Almau y Pilar Hernández-, muchas de Gorostiza y Retuerto, que llegaban y regresaban andando. Por la tarde se desplazaban a Bilbao, para merendar en la pastelerí­a de Santiagui to e ir a bailar a Los Campos o a Gazteleku. Asun Nuño creó, en 1947, una de estas academias de costura en El Regato. Desaparecidas, tras la Guerra Civil, las jiras anuales del movimiento nacionalista al santuario de Santa ígueda (Kastrexana) serán recuperadas por las Juntas Municipales del PNV baracaldés como Alderdi Eguna (Dí­a del Partido) local, celebrándose el 10 de mayo de 1987, a base de mitin, misa, festejos y música de txistu. Ese mismo año, el equipo municipal de este partido recuperó la romerí­a de Santa Lucí­a; que durante tres años, se celebró –cada 13 de diciembre- en el somo de su nombre, y otros dos más en un lugar cercano, el collado de Mandiola entre Santa Lucí­a y Mesperuza. Con actos elementales: misa, festejos populares, más animación musical de txistu y baile al suelto; y con una pequeña concurrencia algo inferior a las 100 personas, como corresponde a los rigores climáticos estacionales y al nivel intraorganizativo de la convocatoria. Por lo que la festividad desapareció, y en esta ocasión definitivamente. 

J.I. Homobono

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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