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Irlandeses en Barakaldo (siglo XVIII)

Irlandeses en Barakaldo (siglo XVIII)

El siglo XVII fue una época muy convulsa en Irlanda durante la cual numerosos factores polí­ticos, económicos, sociales y religiosos obligaron a gran parte de la población irlandesa a abandonar su paí­s y emigrar hacia el continente europeo. El sector de población que se vio afectado de manera más significativa fue la población católica (la cual era claramente mayoritaria) acosada por la invasión inglesa y el régimen represivo que impuso el paí­s vecino en todos los estratos sociales, desde la nobleza hasta los artesanos y campesinos.

La diáspora se extendió por toda la costa atlántica de Europa, siendo los paí­ses católicos, como España y Francia, los destinos que más facilitaron esta migración. Así­, toda la costa cantábrica acogió la llegada de miles de irlandeses a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Tanto Gipuzkoa como Bizkaia recibieron gran número de ellos, principalmente esta última donde con el tiempo se llegó a formar una comunidad irlandesa muy consolidada.

Aunque la mayor parte de esta comunidad, de comerciantes y artesanos, se instaló en Bilbao y sus cercaní­as, ciertos enclaves a lo largo de la rí­a, como es el caso de Barakaldo, resultaron idóneos para comerciar y manufacturar sus productos.

Así­ pues, a finales del s. XVII, Miguel Hore, comerciante de Dungarvan (co. Waterford), que ya llevaba varios años residiendo en Bilbao compró la casa torre llamada de Marchena en el barrio de Rajeta de Barakaldo y otras que estaban anexas, y posteriormente la mitad de la casa y caserí­a de Larrea en el barrio de Larrea. Entre las casas que estaban próximas a la desembocadura del rí­o Galindo, una de ellas la reedificó y otra la destinó a fundar una tenerí­a para el curtimiento de pieles. Además, con el tiempo fue adquiriendo otras heredades colindantes: la Llosa de Echevarria, varios estados en el sitio y puesto nombrado de Persiaga, parte del arbolar llamado de Portu y varios más.

La llegada de artesanos irlandeses propició una nueva forma de curtido del cuero, que suponí­a una mejora en la calidad de los productos trabajados respecto de los métodos tradicionales empleados en la pení­nsula. Así­, con esta migración irlandesa surgieron en Bizkaia varias curtidurí­as o tenerí­as que estaban mayoritariamente asociadas al trabajo de los artesanos irlandeses, cuyos productos fueron muy apreciados, incluso en la corte de Castilla.

La tenerí­a fundada por Miguel Hore no fue utilizada por él mismo, sino que cedió a varios artesanos su explotación en régimen de arrendamiento para el curtido de las pieles. De este modo, algunos de los artesanos llegados desde Irlanda comenzaron a trabajar en ella, como por ejemplo Richard Pettit (co. Meath) y James Dunne (co. Kildare). Posteriormente ellos dos trabajarí­an su propia tenerí­a, ubicada en Begoña.

A pesar de que la comunidad irlandesa afincada en Bizkaia durante esta época se integró socio-económicamente con la población vizcaí­na, el proceso fue gradual y en muchos aspectos los irlandeses de Bizkaia mantuvieron una identidad muy pronunciada a través de pautas un tanto endogámicas: matrimonios entre irlandeses o con hijos de irlandeses, contratación de artesanos irlandeses en las tenerí­as de propietarios irlandeses, asociaciones mercantiles entre ellos mismos, acuerdos comerciales, etc… Así­, Miguel Hore casó con Elizabeth Kelly y tuvo dos hijas en Bilbao: Marí­a Ana y Anastasia, que casaron a su vez con Miguel Morgan (co. Waterford) y Edward Browne (co. Waterford), respectivamente. Ellos dos fueron los que se hicieron cargo de la tenerí­a a la muerte de Miguel Hore. Igualmente, años después, la tenerí­a pasó a manos de sus descendientes: Ana Marí­a Morgan y su marido Juan Power (nacido en Burdeos e hijo de Peter Power, otro irlandés), Marí­a Nicolasa Morgan y Ana Marí­a Broune. Así­ figura en la Fogueración de 1745.

Al parecer, con el paso de los años la tenerí­a cayó en desuso y tras la muerte de Ana Marí­a Morgan se puso en venta en 1747 en claras condiciones de abandono. Una vez más el comprador fue otro irlandés, William McGragh ó Guillermo Magra (co. Wexford). í‰ste trabajó como artesano durante años en otras tenerí­as arrendadas de Bizkaia, en Mungia y en Abando (ubicada ésta en Bilbao la Vieja, y cercana al barrio de Ibaizabal). Tras la compra, William McGragh reconstruyó parte de los edificios y levantó un nuevo edificio destinado a ser la nueva curtidurí­a. En ella disponí­a de 39 noques y producí­a unas 200 piezas al año. Con el tiempo, William fue cediendo la explotación de la tenerí­a de Barakaldo y la de Ibaizabal a uno de sus yernos, John Farrel (co. Dublin), que al igual que muchos irlandeses comenzó a trabajar como curtidor en la tenerí­a del que serí­a su futuro suegro William.

Durante este perí­odo William mantuvo una red comercial muy activa, tanto con sus proveedores como en la venta de sus productos. En este sentido estableció acuerdos para el suministro de pieles con los mataderos de Bilbao, Durango y Galdakao. Las cortezas de árbol, necesarias para el curtido del cuero, eran suministradas por vendedores de Barakaldo, Galdames, Erandio y otros lugares del entorno de la rí­a; así­ como de barcos procedentes de Gipuzkoa (por ejemplo, de la Universidad de Aia). La ubicación de la tenerí­a en La Punta de Barakaldo, al borde de la rí­a, donde disponí­a de un pequeño muelle de carga y descarga, suponí­a una posición comercial estratégica para intercambiar mercancí­as fácilmente desde la vega del Galindo y alrededores, desde la otra ribera de la rí­a a través del puerto de Erandio o Lutxana, desde puntos aguas arriba de la rí­a mediante gabarras de transporte, e incluso desde lugares de fuera de Bizkaia puesto que se encontraba muy cerca de la barra de Portugalete por la que accedí­an los barcos que arribaban a la villa de Bilbao.

William McGragh representa de forma muy clara la pauta del emigrante irlandés que huyó de Irlanda en busca de oportunidades fuera de su paí­s. En Bizkaia encontró su oportunidad comenzando a trabajar como artesano al comienzo y dirigiendo su propia tenerí­a más tarde. Además, esa prosperidad del curtido del cuero le permitió al final de su vida comenzar a comerciar. Alrededor de 1755 compró un barco y durante años, junto con Juan Farrel y su hijo Diego Magra (capitán de naví­o), trató con puertos de diferentes partes de Europa (Bristol, Trondheim, Trabzon, Dublin, Bayona, etc.), pasando así­ de artesano a comerciante.

Su muerte en 1760-1 coincidió con un perí­odo en el que las condiciones socioeconómicas empezaban a no ser tan propicias para la industria del curtido y algunos años después las deudas llevaron a cerrar la tenerí­a, que pasó a manos del Ayuntamiento de Bilbao. Parte de las casas de Barakaldo fueron conservadas por su viuda Catalina Ajagan, hija de otro emigrante irlandés Martin Gavagan (co. Galway), la cual para hacer frente a la época de declive económico que acaeció años después de la muerte de William fundó una taberna cercana al puente del Carmen o de la Punta. A pesar de esta decadencia, en la Fogueración de 1796 aún se referencia el edificio de la tenerí­a como el Curtimento.

A pesar de que los irlandeses relacionados con la tenerí­a fueron del algún modo los más notorios en Barakaldo, hubo otros irlandeses que se avecindaron en Barakaldo realizando otro tipo de actividades, por ejemplo, está documentado el trabajo de algunos irlandeses en las tierras del cultivo pertenecientes al convento de Burtzeña.

Ekain Cagigal

3 Comentarios

  1. gonzalo mcgragh

    Ekain me has sorprendido. A ver cuando nos vemos.
    Gonzalo McGragh
    mcgragh@euskaltel.net

  2. juan carlos galindo

    Quisiera saber mas acerca de mi familia,los galindo que se fueron a cuba,ya que los que estamos en españa procedentes de cuba no sabemos nada de nuestras familia,mi abuelo carlos luis galindo herrera nacio en cuba,su padre juan galindo era ciudadano español y de la zona norte.

  3. juan carlos galindo

    Segun mis abuelos eran descendientes de irlandes.

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Actualizado el 2 de marzo de 2018

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