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Población y vivienda en el tránsito del siglo XIX al XX

Población y vivienda en el tránsito del siglo XIX al XX

Con la ayuda de los padrones municipales se ha podido constatar como en Baracaldo hace ahora poco más de un siglo apenas si habí­a sido sembrado el germen de la industrialización en la localidad. En aquellos tiempos, era sólo una extensa aldea rural de hábitat disperso, integrada por una serie de barrios y caserí­os con mayor o menor relación entre ellos. Fue a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX cuando el proceso industrial provocó intensos cambios en ese antiguo hábitat agrí­cola-ganadero. La afluencia de gentes buscando trabajo originó el nacimiento de una ciudad “moderna” con nuevos viales de trazado irregular y alojamientos abarrotados.

Aunque esta explosión demográfica y urbana no fue homogénea, sino localizada en torno a tres puntos muy concretos de la geografí­a baracaldesa en los que se habí­an establecido un conjunto de factorí­as. Me estoy refiriendo a los barrios de Luchana, Burceña y, especialmente, El Desierto. Parajes sobre los que se estructuró un desarrollo urbano basado, por un lado, en la parcelación anárquica del espacio rural preexistente (caminos carretiles o peatiles) y, por otro, en el antojo de los propietarios dispuestos a construir en sus tierras. No obstante, pese a estas concentraciones gran parte de Baracaldo conservaba todaví­a su tradicional imagen rural tal y como lo demuestra el estudio del padrón de habitantes de 1894, aunque era ya muy patente la dualización del asentamiento humano en Baracaldo.

Por un lado, el tradicional hábitat rural de carácter diseminado e integrado por: los barrios de Alonsotegui, Beurco, Bruceña, lrauregui, Landaburu, Larrea, Luchana, el Regato, Retuerto y San Vicente (que entonces albergaba en sus terrenos la iglesia parroquial, el cementerio municipal y el edificio consistorial); las pequeñas agrupaciones de caserí­os en torno a Zaballa y Lasesarre vinculados entre sí­ por caminos vecinales; y las edificaciones dispersas de tipo unifamiliar en el resto del territorio municipal.

Con cifras que en el peor de los casos apenas alcanzó los 13 habitantes por inmueble, la media del área rural se situó en 9,08 personas por edificio. Retuerto era el barrio con mayor número de habitantes (el 21,87% de los rurales) e inmuebles (el 21,15% de los rurales), debido a la cercaní­a de los yacimientos y cargaderos mineros, así­ como a su marcado carácter de nudo ferroviario. Aunque continuó siendo un paraje dominado por las huertas y los viñedos de chacolí­.

Sin embargo, fueron Luchana y Landaburu los enclaves rurales con una ocupación más densa de sus inmuebles. Concretamente, Luchana constituí­a un caso especial pese a sus 12,31 personas por edificio. Por esas fechas mantení­a todaví­a su carácter agrí­cola-ganadero, pero empezaron a notarse los efectos de la industrialización y del importante tránsito ferroviario. Emplazado a 1 Km del Desierto y fuera de su área de influencia, este barrio vio surgir en sus muelles cargaderos de mineral y en sus terrenos viviendas que albergaron a familias ligadas a actividades mineras y marineras. Este fue el caso de los alojamientos levantados a principios de la década de los 90 por la compañí­a minera, Orconera /ron Ore, para sus más altos cargos. Aunque esta no fue la única forma en que se hizo patente la presencia de las sociedades mineras en su esfuerzo por acercarse a la Rí­a, puerta de salida a Europa. Desde muy pronto los terrenos de Luchana se vieron surcados por ví­as de ferrocarril procedentes de Somorrostro (Orconera Iron Ore, en 1877) y del Regato (Luchana Minning, en 1887), acompañándose de la correspondiente instalación de depósitos y almacenes.

En general, se puede afirmar que el predominio de las construcciones rurales, así­ como el amplio desarrollo territorial de esta zona, confirmaron el predominio por aquel entonces del Baracaldo rural con grandes extensiones de terreno sólo interrumpidas por el trazado de los diferentes ferrocarriles mineros. Un Baracaldo que coexistió con aquel otro urbano e industrial, de escasa amplitud, al que incluso ganó en población. Y es que el área rural concentró a más de la mitad de los habitantes del municipio, siendo el tí­pico caserí­o la forma de asentamiento más extendida.

Mientras tanto, el Baracaldo industrial y urbanizado se circunscribió al barrio del Desierto en torno a las instalaciones de Altos Hornos de Bilbao, presentando una mayor diversificación interna. En él podí­a distinguirse:

a)      Un área central o principal, donde se ubicaron los inmuebles más notables de la anteiglesia. Coincidí­a con la calle El Carmen (o carretera de Bilbao a Portugalete) y presentó bajos valores de concentración humana (14,78 hab./inm.), habiendo sido, la zona elegida por Altos Hornos de Bilbao para instalar sus oficinas generales. Pero también, el vial a partir de cual se articuló la urbanización de la zona del Desierto, sin llegar, eso sí­, a producirse el grado de concentración que dicho eje de circulación alcanzó a su paso por Sestao.

b)      Después, un área de asentamiento obrero, integrada por casas de vecindad de tres o cuatro plantas altas, dedicadas a la habitación de trabajadores, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros dí­as, En ella se distinguieron tres zonas bien diferentes:

1)      En primer lugar, la calle Réqueta, junto a la Rí­a, con 33,22 habitantes por inmueble, y en sus proximidades La Bomba con 7,08 habitantes por inmueble, muy lejos todaví­a de los valores que llegarí­a a alcanzar unos años más tarde.

2)      En segundo lugar, un conjunto de viales dispuestos, mayoritariamente, de forma perpendicular al ferrocarril de Bilbao a Portugalete, con altas cifras de aglomeración de gentes. Arana (65,82 hab./inm.), Arrandi (32,60 hab./inm.), Las Escuelas (167 hab./inm.), Ibarra (43,43 hablinm.), Pormecheta (31,71 hab./inm,), Portu (55 hablinm.) y Rageta, actual calle San Juan, (40,88 hab./inm.) integró una zona caracterizada por la degradación del medio ambiente, en la que se agolpó una media de 62,35 habitantes por inmueble. En este subgrupo eran especialmente significativas las condiciones de vida de la calle Arana. Vial de titularidad particular hasta 1928, cuyos inmuebles erigidos por Francisco Arana y Lupardo y Cia. en 1887 tuvieron, por desgracia, dos años después la particularidad, de “alojar” en sus 166 viviendas, nada más y nada menos, que 1.300 personas según fuentes indirectas.

3)      En tercer lugar, un par de calles, La Estación (50,80 hab/inm.) y Murrieta (20,56 hab./inm.), organizado de forma paralela a las ví­as del ferrocarril de Bilbao a Portugalete y con grandes contrastes entre ellas. Los inmuebles de la primera soportaron una alta saturación y eran de carácter modesto, mientras que en los de la segunda se vivió una situación más desahogada, coincidiendo con los chalets levantados por Altos Hornos de Bilbao para sus empleados más cualificados, los ingenieros.

c)      Por último, un área de transición o intermedia entre el mundo urbano-industrial y el espacio rural, compuesta por los barrios de Lasesarre (15,42 hab./inm,) y Zaballa (18,68 hab./inm.). En estos enclaves convivieron construcciones rurales de planta baja con o sin piso alto e inmuebles de carácter urbano, con mayor altura, y por tanto, mayor número de individuos por edificio.

Vistas así­ las cosas, puede comprobarse como en 1894 se asentó en esa área de asentamiento obrero el 38,44% de la población baracaldesa, en el 15,30% de los inmuebles del municipio. Esto es, junto a la lí­nea de ferrocarril de Bilbao a Portugalete y a la carretera de Bilbao a Portugalete, principales ejes de comunicaciones de Baracaldo, se aglutinaron en 123 edificios de los 804 de la localidad, 4.182 personas. Este último valor aumenta todaví­a más, si se incluyen los datos aportados por el área central (calle El Carmen), aunque al mismo tiempo conlleva una reducción de la densidad de población.

Con todo lo cual, puede confirmarse como en menos de 1 Km, en torno al barrio del Desierto, se conglomeró, amén de actividades industriales, portuarias y ferroviarias, 4.773 individuos en 163 edificios (de un total de 5.369 habitantes y 197 inmuebles), es decir, 29,28 hab./inm.. Todo ello en un área caracterizada por una caótica articulación urbana, en la que los intentos del Ayuntamiento por ordenar y regular su crecimiento espacial tuvieron escasa o nula repercusión. Pretensiones municipales siempre frustradas que no pudieron hacer efectivo el acuerdo en 1889 con uno de los mayores propietarios de la localidad, Mariano Murieta, para urbanizar una parte del Desierto o que fueron incapaces de llevar a la práctica el Plan Parcelario redactado por Casto Zavala un año después.

Mientras tanto, en el resto de la localidad predominaron los asentimientos rurales de baja densidad, dejándose arrastrar por la pujanza del Desierto. Barrio que arrebató al de San Vicente la capitalidad de la anteiglesia en 1897, pese a las protestas de un importante sector poblacional que vio lastimados sus intereses. En su mayorí­a propietarios rurales que descontentos con la polí­tica consistorial denunciaron mediante pasquines y hojas voladeras el trato privilegiado realizado por las autoridades locales hacia la zona del Desierto. Un área relativamente nueva, ocupada hasta hací­a poco por terrenos inundables, hacia la que se dirigieron, según ellos, las mayores inversiones municipales, relegando al olvido otras zonas que históricamente habí­an constituido la anteiglesia.

En 1910 esa dualización era todaví­a más palpable, el Baracaldo rural habí­a perdido posiciones con respecto al área urbana. Aunque mantení­a una concentración demográfica medio-baja, 9,45 personas por edificio, habí­a visto como la calle denominada Castillo (actual calle Marí­a Auxiliadora) y el barrio de Larrea entró en el área de influencia del Desierto, manifestando comportamientos similares a los mostrados por los espacios industriales circundantes. La proximidad de las fábricas, sin lugar a dudas, provocó ese deslizamiento.

Al mismo tiempo, el barrio de Luchana experimentó idéntico comportamiento. Se englobó en el área de transición entre lo rural y lo industrial, al instalarse en sus contornos un importante número de talleres, fábricas (Nuestra Señora del Rosario, Sociedad General de Industria y Comercio,…) y cargaderos de mineral, transformándose en el barrio más poblado con 1.536 habitantes. Además, el importante desarrollo del tránsito ferroviario resultó también determinante, multiplicándose el número de depósitos y almacenes. Luchana no era sólo una estación más del ferrocarril que enlazaba Bilbao con Portugalete (inaugurado en 1884) o el destino de los ferrocarriles mineros de la Orconera Iron Ore y la Luchana Minning, sino también la cabecera de la Compañí­a del Ferrocarril Hullero de la Robla a Valmaseda (1898) que procedente de León transportaba el tan necesario carbón para la industria de la comarca.

Además, aunque Retuerto mantení­a su primací­a en el entorno rural, barrios como los del Regato y Burceña, por este orden, adquirieron un protagonismo inusitado. La explicación vino dada, en el primer caso, por la cercaní­a de las explotaciones mineras y en el segundo por la instalación en el barrio de Burceña a partir de 1900 de las Cocheras del Tranví­a y la Central Eléctrica (1907), junto a las ya existentes fábricas de cerámica, aguardientes, salazones, explosivos y jabones. Por su parte, lrauregui y San Vicente experimentaron un crecimiento modesto, mientras que Landaburu y Alonsotegui retrocedieron, aumentando su calidad de vida.

Por lo que se refiere, al Baracaldo industrial puede comprobarse como aquellas tres áreas, antes señaladas, mantení­an su identidad, definiéndose incluso más con el paso del tiempo. En primer lugar, a esa área principal, calle El Carmen (32,54 hab./inm.), a la que se suma la Plaza de Vilallonga (66 hab/inm.), sufrió un importante ascenso del volumen de población asentada en sus inmuebles, disminuyendo un tanto la categorí­a socio-económica de sus habitantes.

En el área de asentamiento obrero se observa como las calles de Las Escuelas y Arana mantení­an, con diferencia, los valores más elevados, 129 hab/inm. y 100,64 hab./inm., respectivamente, seguidos a mucha distancia de la calle San Juan con 53,61 hab./inm,. Respecto al aumento de la concentración demográfica en toda la población, es preciso señalar que tres de las cuatro calles con mayor incremento se encontraban en esta área. El agravamiento más importante se produjo en la calle Arana, eje central en aquella época, de la vida social. Después, aparecí­an La Bomba, (27 hab./inm.) que habí­a dejado de ser aquel paraje con escaso volumen de habitantes e inmuebles. Por el contrario, la calle de La Estación perdió relevancia, al desaparecer este topónimo del padrón municipal. Mientras, las calles Las Escuelas, especialmente, Portu, San Juan y Réqueta experimentaron una mejora en sus condiciones de vida, al disminuir el número de personas por edificio, y el barrio de Larrea y la calle del Castillo, antes rurales, pasaron a englobarse dentro de esta zona, como ya se ha señalado.

En lí­neas generales puede afirmarse que esta zona de asentamiento obrero continuó en 1910 concentrando el grueso de la población baracaldesa, 37,63%, que se alojó en el 15,93% de los edificios. Su importancia habí­a disminuido un tanto, con la consolidación de nuevas áreas como Luchana o Los Fueros, que se beneficiaron de la saturación del Desierto y del desplazamiento de la centralidad del municipio hacia la zona de Rageta, cuyas escuelas (1859) albergaron también el ayuntamiento. No obstante, si se añadiese al área de asentamiento obrero las cifras del área central, se obtendrí­a que en 1910 el 43,93% de los habitantes del municipio se alojaron en el 18,77% de las viviendas baracaldesas en torno al barrio del Desierto.

En cuanto al área de transición o intermedia entre lo urbano y lo rural, integrada en 1894 por Zaballa y Lasesarre, conviene destacar que a ella se habí­an adherido: nuevas calles que entonces comenzaban a perfilarse, Autonomí­a y Los Fueros; y barrios en los que se hicieron tangibles las secuelas de la industrialización, Luchana, especialmente, y Róntegui.

Diez años después, en 1920 era ya claro y evidente que la preponderancia del Baracaldo rural habí­a sido diezmada por la fuerza del Baracaldo urbano. De hecho, aunque barrios como Beurco, lraurregui, Landaburu y calles como Guruceta y Tellerí­a en Cruces, se mantuvieron ligados al pasado rural, otros como Alonsótegui, Burceña, El Regato, Retuerto y San Vicente se consolidaron como áreas mixtas, en las que la tradición agrí­cola-ganadera se vio sumamente amenazada ante el imparable avance del espacio industrial y urbano. Sin lugar a dudas, la proximidad de las explotaciones mineras en el caso del Regato y Retuerto, la cercaní­a de San Vicente a la zona del Desierto, así­ como la instalación de nuevas factorí­as o el afianzamiento de las ya existentes en los alrededores de Burceña y Alonsótegui (traslado de la Rica Hermanos, 1916-18, desde Arbuyo201) conllevaron la mezcolanza de lo urbano y lo rural.

Sin embargo, el fenómeno más relevante acaecido entre 1910 y 1920 fue el vigoroso crecimiento demográfico de todo el área rural, que hasta el momento habí­a sufrido una evolución modesta. Todos los barrios del Baracaldo rural incrementaron sustancialmente su población, especialmente, Beurco, Burceña y Alonsótegui.

Paralelamente, la construcción de viviendas aumentó, aunque no lo hizo en la misma proporción que los efectivos demográficos, siendo Alonsotegui y Burceña, nuevamente, los enclaves que habí­a incrementado en mayor cuantí­a su parque inmobiliario. Un crecimiento ligado a la instalación de varios establecimientos industriales, como S.A. Echevarrí­a, en Burceña y el afianzamiento de Santa Agueda de Castrejana, en las proximidades de Alonsotegui.

Mª del Mar Domingo Hernández

Así­, mientras en toda la zona rural se pudo vislumbrar en 1920 un incremento general de la saturación demográfica, en el Baracaldo urbano e industrial se produjo una unificación de valores. Esto es, esa diferenciación zonal observada en los primeros momentos de la industrialización habí­a desaparecido. En esa área central (antes integrada por la calle El Carmen y la plaza Vilallonga) se habí­an degradado las condiciones de vida, alcanzando cifras de concentración poblacional similares al área de asentamiento obrero (49,79 hab./inm. y 45,83 hab./inm., respectivamente). Por su parte, el área de transición habí­a pasado también a formar parte del área de asentamiento obrero, a la vez que amplió su extensión territorial con la formación de nuevas calles como Antonio Miranda, Eléxpuru, Francisco Gómez, Juan I. de Gorostiza y Matadero.

Entre tanto, el barrio de Luchana incrementó con intensidad sus efectivos demográficos, seguido de calles como El Carmen, Pormecheta y Requeta. En cuanto a la saturación de sus edificios, se debe comentar que Las Escuelas (136 hab./inm.) y Arana (119,09 hab./inm.), continuó siendo los viales con peores condiciones de vida de todo el municipio, seguidas a cierta distancia por San Juan (72,53 hablinm.), Requeta (58,54 hablinm.) y Portu (58,46 hab./inm.). Justamente, varios de estos viales, Requeta, San Juan y Arana, fueron los que vieron disminuir entre 1910 y 1920 en mayor grado la calidad de vida en sus inmuebles.

1930 significó un punto y aparte en la valoración de la concentración poblacional en el término municipal baracaldés. Ese año se produjo una multiplicación del número de calles en el padrón municipal de Baracaldo, desapareciendo algunos topónimos hasta entonces claves. Dos factores explican este fenómeno, por un lado la expansión urbana sufrida por el municipio; por otro, la explosión demográfica anterior202. Además, la necesidad de dar nombre a los antiguos y nuevos viales de los diferentes barrios contribuyó a incrementar el callejero, complicando su análisis. Igualmente, en esta fecha puede entreverse como la casi totalidad de las calles pertenecen a la zona urbana, desapareciendo del callejero nombres como Luchana, Regato, lrauregui, Alonsotegui,… topónimos que de ninguna manera fueron eliminados, puesto que han llegado hasta la actualidad.

Aún así­, el estudio de la concentración demográfica en 1930 permite advertir la nueva configuración de un conjunto de viales con cifras reducidas. Estas fueron el resultado de las construcciones realizadas gracias a las Leyes de Casas Baratas. De este modo, calles como Alfonso Churruca, Caja de Ahorros Vizcaí­na, Carteros, Enrique Retuerto, Familiar, Floreal, Gregorio Pardos Urquijo, Hogar Propio, Orden, Porvenir, Progreso, la Providencia, Salvador Crespo y Tribu Moderna sobresalieron por sus excelentes condiciones de vida y el reducido número de habitantes de sus viviendas.

Fue también en los años precedentes cuando se perfilaron, ya de forma ní­tida, las dos grandes zonas industriales de la localidad, separadas por el monte de Róntegui. De un lado, el Desierto-Rageta con Beurco, Landaburu y San Vicente; de otro, Luchana, Vitoricha, Burceña, Llano y Cruces203. Al mismo tiempo, la Plaza de los Fueros, quedó consagrada en el nuevo entramado urbano con su pieza principal más aún con la apertura del tramo final de la calle Portu y la definición de la plaza Auzolan (1925-1928) y la calle Ramón Sábalo (1929-1932); así­ como con la prolongación de la calle Arana hasta el vial San Juan y la propia plaza de los Fueros; y la organización de la plaza Alfonso XII (Bide Onera) en 1929.

Recapitulando: Baracaldo en el tránsito del siglo XIX al XX sufrió una profunda mutación sin precedente alguno. En poco más de treinta y cinco años, los que discurren entre 1894 y 1930, más que duplicó su población, pero no incrementó en igual proporción su parque inmobiliario, que sufrió una evolución mucho más lánguida. Precisamente, el gran salto poblacional se dio entre 1894 y 1910 sin ir acompañado de un movimiento semejante en la construcción de viviendas. Como consecuencia, la masificación del municipio aumentó en más de tres puntos y medio (ver Cuadro 1.6). Y es que entre 1894 y 1900 la localidad baracaldesa alcanzó la cifra de 13.912 habitantes y 947 inmuebles, un incremento de más de 3.000 personas, que debieron conformarse con sólo 143 edificios más.

La década siguiente, 1910-1920, se mantuvo la tónica iniciada en la precedente, extendiéndose por el casco urbano como una mancha de aceite la ya más que evidente saturación demográfica. Fuerte aumento poblacional y contención en la edificación de viviendas, aunque en esta ocasión el crecimiento del parque inmobiliario fue mayor. Un hecho que no pudo evitar el incremento del aglomeración de gentes en casi tres puntos en un espacio de tiempo mucho menor. Sin embargo, los años comprendidos entre 1920 y 1930 vinieron marcados por un descenso de la población baracaldesa y un ligero aumento de las construcciones. Como consecuencia, la sobreocupación de las construcciones decreció tenuemente, mejorando este importante indicador de las condiciones de vida en el municipio.

Además, la industrialización trajo consigo el nacimiento y afianzamiento de varias áreas obreras masificadas en torno a las instalaciones fabriles del Desierto, principalmente, Luchana y Burceña. Igualmente, se postergó al olvido a aquella anteiglesia rural, disminuyendo la importancia de la economí­a tradicional, así­ como sus hábitos y costumbres. Todo esto en un ambiente caracterizado por la uniformidad de su población, mayoritariamente obrera.

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