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Romerí­a de San Sebastián, en Saratxo

Romerí­a de San Sebastián, en Saratxo

imgp76322. ROMERíA DE SAN SEBASTIíN, EN SARATXO

2.1. Saratxo y su entorno

El dí­a 20 de enero, festividad de San Sebastián, se conmemora con romerí­a en su ermita del

Somo de Saratxo. Esta pequeña barriada, perteneciente al municipio de Gí¼eñes, está situada a 393 m. de altura y a tan sólo 500 m. de distancia de mojón de la Cruz de Bakuna, muga con el de Barakaldo y divisoria de aguas puesto que Saratxo, pese a sus intensas relaciones con la del Castaños, se ubica en la del Cadagua. Por su situación intersticial entre los montes de Ganeroitz/Apuko (561 m.) y Eretza (871 m.), metas preferentes de los montañeros baracaldeses, Saratxo se convirtió en un hito frecuentado por éstos desde los orí­genes del excursionismo en la anteiglesia fabril; tanto en sus expresiones asociativas especí­ficas, como de aquéllas – mendigoizales o grupos anarquistas- vinculadas a los movimientos sociales en su faceta de socialización recreativa e ideológica. Hasta el punto de que muchos de estos montañeros creí­an y aún creen que Saratxo está ubicado en jurisdicción de Barakaldo. Como huella material de la sociedad protohistórica, todo el entorno de Saratxo constituye la “estación pastoril” de Eretza, en la que se han localizado hasta diez posibles asentamientos, seis dólmenes y túmulos y, ya cerca del barrio, el doble cronlech de Kanpazaulo (522 m.), el depósito de hachas de cobre de Los Cotarros-Basigorta en 1953,y yacimientos en cuevas, sobre todo en la de peña Rotxe o Tellitu En esta zona kárstica existen cuevas –como la del Llanillo-, que llegan hasta el mar por Ontón (Castro Urdiales),según el imaginario popular, que también asigna la función de asiento de los antepasados a las piedras del cronlech de Kanpazaulo. El vecindario de Saratxo se dedicó básicamente a la agricultura, como lo denotan los caleros existentes en 1778; pero también al carboneo y a la siderurgia tradicional. En1960 se catalogaron más de 40 ferrerí­as de ladera –de aire o haizeolak- e hidraúlicas en la cuenca alta del Castaños, muchas de ellas simples acumulaciones de escorias de mineral. Según un inventario más reciente y riguroso, existen veintisiete restos de haizeolak  en los Montes de Triano (Uriarte y Amiano, 2002: 34-37).Su proximidad al núcleo de El Regato –y en particular a la barriada de Tellitu- con cuyo vecindario comparten los de Saratxo un mismo estilo de vida, determinó su inclusión en un ámbito de endogamia; muchos regateños son oriundos y/o están emparentados convecinos de aquí­. Al finalizar el siglo XVIII parte el vecindario de Saratxo dependí­a eclesiásticamente de las iglesias anejas de San Miguel de Lakabex, y de San Pedro de La Quadra, pero más adelante sólo de la primera de ellas. Este barrio constaba en 1860 de 6 casas más el edificio inhabitado de la ermita. Casas que eran bendecidas antes de que comenzaran a vivir en ellas sus inquilinos. Ocho hacia 1960, dos de las actuales casas, los de Basigorta y Ajaiaga, están algo separadas del núcleo; conformado por las cinco restantes, más la ermita, un edificio para el ganado estabulado y una txabola que sirvió como horno de pan.Los grupos domésticos de Saratxo se dedicaron a actividades agropecuarias. Además del ganado –vacuno y lanar- sembraban trigo, cuya trilla tení­a lugar en la Campa de la Era, y elaboraban un txakoli tinto muy apreciado por montañeros y excursionistas. La buena relación existente con Castaños y Tellitu hizo que los vecinos de estos tres somos practicasen la ayuda mutua en trabajos agrarios, como la siega de la hierba y la recolección de castañas. Las mujeres llevaban su vendeja al mercado de Portugalete, a través del camino a Santa ígueda. Pero, a partir de 1955, los vecinos fueron abandonando una aldea carente de los equipamientos más básicos: en su mayorí­a para establecerse en Zaramillo, y también en La Quadra. Actualmente en Saratxo existe una explotación ganadera, en la que residen dos trabajadores; la luz eléctrica y el teléfono se instalaron a finales de 1996, y por entonces se estableció una familia de oriundos del lugar. Existe un camino que une Saratxo con El Regato por Tellitu, el de las Negras, y otro que se abre paso entre los bortales que aún cubren estas laderas, a través del Pantano Viejo. Por aquí­ pasaba, y pasa, el tradicional “Camino de los Galdameses”, que uní­a Galdames con Burceña. Pero, desde 1926, la ví­a principal de acceso a Saratxo es la carretera –empedrada y después hormigonada- que desde Zaramillo y Las Caserí­as, con un ramal a Lazkao, conduce hasta la aldea, a la izquierda de la gran cantera junto al caserí­o de Andaroleta, flanqueada por castaños y pinares a lo largo de sus 3 km. A partir de la misma, una red de pistas forestales conecta con Burzako y Peñas Negras, a través de las laderas de Eretza, Ganeran y Pico Mayor; y con El Regato, Tellitu, Zamundi y Santa ígueda mediante otras en las estribaciones de Ganeroitz/Apuko, Peñas Blancas, Sasiburu y Arroletza. Si en lo eclesiástico Saratxo perteneció al ámbito de La Quadra, sociológicamente se asocia con el núcleo de Zaramillo, barrio minero y después obrero surgido con la industrialización a orillas del Kadagua; donde apareció tempranamente el socialismo, y más tarde el comunismo mayoritario tras su escisión del tronco socialista. La histórica hegemoní­a de los colectivos de izquierda deja paso, tras la restauración democrática, a la del nacionalismo; cuyas diferentes familias ejercerán un decisivo papel como grupos para el ritual de la romerí­a de San Sebastián de Saratxo. Este barrio de Zaramillo, con identidad local consolidada, compartió asociaciones, vida cotidiana e incluso denominación con la barriada baracaldesa después singularizada como La Venta, de la que le separa el puente sobre el Cadagua. Adscrito a la parroquia y festividad de San Pedro de La Quadra (Gí¼eñes), aunque sus vecinos asistí­an a misa en Arbuio, en 1966 se dota de la nueva iglesia parroquial de La Magdalena. Las fechas de sus fiestas patronales tienen como referente a esta advocación, pero conservan la primitiva denominación de San Queremos, recibida a partir de su inicio hacia 1945, y expresiva de la capacidad volitiva de un barrio consciente de su identidad local. Fiestas muy concurridas por el vecindario de las barriadas alonsotegiarras de La Venta, Arbuio, Aldanondo y el propio Alonsotegi; quienes también participan en la romerí­a de Saratxo. Saratxo padeció los desmanes del bandolerismo que siguió a la última guerra carlista, finalizada en 1876. Poco después, la barriada ocupa el centro geográfico del yacimiento minero correspondiente al grupo de Gí¼eñes, tardí­amente demarcado e integrado por más doce concesiones a finales del siglo XIX. La industrialización determinó una transitoria transformación de la aldea, con la llegada de más de 80 mineros, albergados en dos barracones de madera y para los que se habilitó una bodeguilla. Muchos de ellos comí­an en alguna de las casas de Saratxo, particularmente en la de un capataz de estas minas, Cesáreo Boricón. Clausuradas las explotaciones, la aldea recupera su aspecto tradicional, percibido en clave de égloga por la mirada del excursionista baracaldés o portugalujo:

“Y hemos llegado a Saracho jinetes del rústico puente que salva el abismo. La ermita y la plaza son tan diminutas, que esta aldea parece la habiten enanos. Cinco caserí­os, uno de ellos prócer; esquilas de vacas, balidos lejanos, un mastí­n que ladra o chiquillos que berrean y una fuente que canta. Escuadras de limacos comunican la calzada dejando una blanca estela de babas. ¡Cuánta paz, qué calma! ¡Qué lindo es Saracho!”.”Rebasada la borda [de Bakuna], cruzamos un puentecillo sobre una vertiginosa hendidura producida por la extracción de mineral, que aún se sigue sacando, y nos encontramos con media docena de caserí­os que forman la aldea de Saracho. En este agradable lugar cubierto de robles, castaños y cerezos […] El camino abandona Saracho ascendiendo plácidamente rodeado de pinos, hasta alcanzar el lugar de Fuente Frí­a en donde brota un magní­fico manantial que da origen al rí­o Castaños”.

Este camino, hoy pista que se dirige al Eretza y su refugio de La Berenillla, atraviesa los montazgos de Artegi (536 m.) y de Mendibil (516 m.). Actualmente son cuatro las casas que forman el pequeño núcleo, más la ermita, una txabola y una casa más apartada.

 

2.2. La ermita de San Sebastián de Saratxo

La ermita de San Sebastián, reconstruida durante la primera mitad del siglo XVI, se cita en el libro de Fábrica de la parroquia de Santa Marí­a de Gí¼eñes durante la primera mitad del siglo XVIII y en 1800.

Actualmente es un pequeño edificio de 11x 5,70 m., emplazado entre rocas; con cubierta a dos aguas, muros de mamposterí­a y esquineros de sillerí­a, espacio de una sola nave y una pequeña sacristí­a, aditamento poco frecuente en las pequeñas ermitas rurales. El acceso es un arco de medio punto, con espadaña de piedra de sillerí­a y campana, rematadas por una cruz de hierro; más dos aspilleras laterales y una tercera cegada en la sacristí­a. Alberga una imagen de San Sebastián y otra pequeña del Sagrado Corazón de Jesús, además de cuadros de esta advocación, del Sagrado Corazón de Marí­a y de la Santa. La imagen antigua del santo titular, a la que se calculan cinco siglos fue sustituida por otra de la misma advocación. En 1977 se pretendió bajarla a la parroquia de San Miguel, pero se opuso el vecindario. Recientemente restaurada, ha sido devuelta al sitial preferente. La nueva imagen no debió suscitar mayor reverencia devocional, puesto que un vecino de Saratxo la dedicó una rústica e irreverente cuarteta, por estar hecha con la misma madera que la utilizada para prosaicas faenas domésticas: “Dí­a vente de enero, dí­a de San Sebastián, que del pesebre de mi burra eres hermano carnal”

La imagen actual fue donada por Daniel Otaola, nacido en Gordexola y casado con una vecina de Saratxo, en virtud de alguna promesa efectuada, y en su base lleva grabada -como la campana- la fecha de 1902. La ermita de San Sebastián, junto a la que se alzan fresnos y cerezos, y situada a la derecha de la carretera vecinal de Zaramillo a Castaños, preside una campa –la primitiva era- donde tienen lugar las romerí­as de su festividad. En su restauración, realizada a partir de 1993, colaboraron doce vecinos de Zaramillo, Saratxo y Alonsotegi, casi todos ellos de EA, respaldados por una subvención municipal. Durante la última década los beneficios obtenidos por la txozna romera y la colecta de las misas celebradas en la ermita se destinan al mantenimiento de ésta.

Durante muchos años se celebró una misa dominical por mes en esta ermita. Desde el año 2002, coincidiendo con la llegada a Zaramillo de un nuevo cura, se celebran otra dos misas cantadas –por la coral de La Arboleda- los segundos domingos de junio y de octubre, fecha muy próxima a la de la romerí­a de San Bernabé de Castaños. Pero carecen de la concurrencia de las romerí­as tradicionales, y solo los componentes de la coral se quedan a comer en la aneja Campa de la Era.

2.3. Romerí­as de San Sebastián y de su repetición

Hacia 1946, la romerí­a se celebraba únicamente el dí­a de la festividad. Acudí­a a la misma un escaso número de romeros, entre 50 y 60, procedentes del propio Saratxo, de Zaramillo, Tellitu y El Regato. El pequeño grupo regateño, de referente juvenil y femenino por ser dí­a laborable, se desplazaba en cuadrilla. Tras la misa, los asistentes desayunaban, consistiendo habitualmente esta refección en el bocadillo de tortilla que habí­an traí­do consigo. Después, “unas jotas con txistu, y para abajo”. Los regateños efectuaban un alto a su regreso de Saratxo en el chacolí­ de Zaballa, en Tellitu, donde su dueño les invitaba a sendas jarrillas de txakoli y manzanas. Muchos de mis informantes de El Regato nunca asistieron a esta romerí­a. Por entonces aún acudí­an romeros procedentes del barrio de La Quadra, sede de la parroquia a la que estaba adscrita esta ermita. Al atardecer, ya concluida su jornada laboral, subí­a hasta Saratxo una cuadrilla de jóvenes de El Regato y Tellitu para bailar, hasta que regresaban de madrugada, puesto que trabajaban al dí­a siguiente. Sumándose a éstos la juventud de Saratxo y de Zaramillo, con acompañamiento al acordeón de Antonio González (a) El Hortelano y después José Mari Urteguieta (a)  Botetxia, ambos Zaramillo, pero éste residente en Irauregi. El baile tení­a lugar en la cuadra de alguna de las casas, que se turnaban al efecto; y, entre 1950 y 1953, ante la casa de Aquilino Larrazabal, con música de la Gramola –tocadiscos- de éste. También durante algunos años, el baile vespertino del 20 de enero se celebró en Zaramillo. Veinte años después, la celebración apenas habí­a variado. Los escasos romeros del entorno comí­an tras el oficio religioso lo que habí­an traí­do consigo. En la propia campa si el tiempo lo permití­a o, en caso contrario, en la cuadra de la casa de enfrente. En esta época, y desde 1954, el acordeonista era Legina, de Artxanda, acompañado de su hermano, que comí­an en una de las casas. La única novedad destacable fue la celebración de la repetición romera, iniciada hacia 1972. La organización de ambas fiestas estaba a cargo de un vecino de La Quadra y otro de Saratxo, Josetxu Salazar y Francisco Llordén. Por estos años del tardofranquismo el club juvenil opusdeí­sta Eretza de Barakaldo, con refugio de montaña en el caserí­o Bazigorta, organizaba un cross al cercano monte Apuko; y el vecindario de Saratxo – Zaramillo un concurso de tortillas. El cí­rculo de la comensalidad romera, pequeño en comparación con la prodigalidad de sus vecinos de Castaños, no contribuyó a incentivar la asistencia. No obstante, por esta época aún se celebraba un banquete familiar en cada casa, estructurado en torno a la carne del ganado ovino propio. Con asistencia de unos 20 o 25 comensales por casa, y con invitados de Castaños o de Zaramillo. Las morcillas excedentes se vendí­an a los romeros.

Más adelante, y hasta hoy, esta comensalidad intradoméstica se desplazó a los nuevos domicilios de los oriundos de Saratxo, en Zaramillo e inmediaciones. Si otras romerí­as del entorno, como la populosa de Santa ígueda, asumen durante el franquismo un carácter criptonacionalista, con exhibición de signos de identidad vasquista, esta de San Sebastián permanece ajena a tal orientación ideológica. Así­ fue hasta el inicio de la transición, cuando asume un rol protagonista la organización local del ya legalizado PNV. La repetición de la romerí­a de San Sebastián, el domingo 23de enero de 1977, se convirtió en un acto de afirmación polí­tica  jeltzale, organizado por las subjuntas municipales de Zaramillo y de La Quadra. Como lo afirma la revista Euzkadi, aunque exagera los datos relativos a una concurrencia que no pasó de 300 personas: “Más de dos mil personas provenientes de poblaciones cercanas aprovecharon el dí­a veraniego, siguieron la diana de los txistularis y se presentaron en Saratxo con numerosas ikurriñas. Es de destacar la numerosa gente joven que siguió el llamamiento. A las doce se celebró una misa de campaña por Sabino de Arana y los jóvenes gudaris de la población muertos en acciones. Durante la misa se recogió dinero para los presos polí­ticos. Seguidamente y con el vibrante acompañamiento del txistu se cantó el Batasuna y el Euzko Gudariak  que dio comienzo a una animada romerí­a donde bajo los pliegues de las numerosas ikurriñas se evidenció el carácter de unión y libertad que allí­ se respiraba”.

El sistema festivo de estos años reserva para la romerí­a de la festividad litúrgica el convivial festivo de los lugareños, y la efervescencia de la religión civil nacionalista para el de su repetición; aunque esta segunda faceta se normaliza progresivamente. A la repetición de 1978 –22 de enero- apenas asistieron ya más que las juntas municipales del EAJ-PNV de Zaramillo y Olakoaga (La Quadra), celebrándose “una misa por todos los gudaris y mendigoizales fallecidos de las Encartaciones”. Con la animación musical del txistulari Luis Saratxaga, de La Quadra. En 1980 el atentado mortal de la extrema derecha contra el bar nacionalista Aldana, del vecino pueblo de Alonsotegi, -con 4muertos y 19 heridos graves- la ví­spera de la romerí­a de San Sebastián-, determinó la suspensión de ésta, celebrándose únicamente una misa. De este modo, las expresiones festivas se transmutan de hábito étnico en orientación ideológica; y la romerí­a se inscribe como ritual en la religión civil nacionalista, que la convierte en capital polí­tico movilizable. Un capital disputado por las diferentes ramas dela familia nacionalista cuando se produzca la escisión de PNV y EA, que se vivió de forma muy traumática en toda esta zona -Zaramillo, Alonsotegi, Kastrexana- con incidencia en la vida cotidiana -y también festiva- de sus respectivos vecindarios. Si entre 1980 y 1985 la organización efectiva estuvo a cargo de EGI, la rama juvenil nacionalista, con el aval del vecino Francisco Llordén, a partir de 1986 y hasta 1993 será el grupo local de EA quien tome el relevo. Aunque en 1987 no recibió permiso al efecto del ayuntamiento jeltzale, concedido este año al club de jubilados de Zaramillo. Salvada esta incidencia, y aunque se producirán otras, a partir de 1994 serán los escasos vecinos de Saratxo –residentes o no-quienes se encarguen de la organización festiva. En cuanto al entorno de la izquierda abertzale, su presencia en el espacio festivo ha sido esporádica y discreta en relación a sus resultados electorales en la zona, limitándose a pancartas con mensajes reivindicativos. Ambas celebraciones tienen lugar en pleno invierno, con un tiempo imprevisible y cambiante, que condiciona la cifra de participantes, aunque siempre pequeña el 20 de enero por tratarse de un dí­a laborable: 48 romeros con nieve en Saratxo y 78 con tiempo más bonancible (1992), pero con sirimiri a la ida y lluvia al regreso, y nieve en el Eretza; dí­a lluvioso, también, en 1997 y 1998. Las tres cuartas partes de los romeros suben andando hasta el somo.

Así­ lo hacen los procedentes de Barakaldo, y también la mayorí­a de los de El Regato, e incluso parte de quienes acceden por la carretera de Zaramillo. Aquellos, de acuerdo con su definición montañera, lo hacen desde Cruces y Basatxu, a través del Arroletza y de toda la cresterí­a de Sasiburu; para bajar a su regreso por Tellitu y El Regato. Su distribución por sexos, por mitades en ocasiones (1987), se desequilibra otras a favor de los hombres (61% en 1992). Predominan los romeros de más de 55 años y los de la tercera edad, siendo escasos los jóvenes y las personas de edad intermedia. Dos tercios de ellos asisten a misa, mientras que el resto espera fuera de la ermita a que finalice la eucaristí­a. Este dí­a el tipo de acompañamiento es vecinal y/o amical. Por su origen, los romeros del municipio de Barakaldo son muy similares a los de San Bernabé de Castaños. Los de la capitalidad, más Lutxana y Kastrexana suponen entre el 25,1 (1987) y el 32,9% (1992); El Regato, con Tellitu y Gorostiza, aporta un contingente que oscila entre el 18,8 (1987) y el 17,7 % (1992). Casi a la par que los procedentes de Zaramillo, más los vecinos de Saratxo, oriundos avecindados en aquel barrio y en La Quadra: 48 % (1987) o 46,8 % (1992). Queda un corto resto de quienes acuden desde otras poblaciones cercanas, Zorroza y/o Sestao: entre el 2,1 % (1987) y el 2,5% (1992). El programa del dí­a 20 de enero, desde comienzos de los ochenta, es muy sencillo. A las 10 h. pasacalles, de la trikitrixa Bizkaitarrak, por el barrio de Zaramillo e inicio de la “subida popular” a Saratxo. Misa, “en honor al patrón”, a las 12 h. Y, a continuación, obsequio de queso y txakoli para todos los asistentes en la txozna, seguido de romerí­a amenizada por la trikitrixa.

Tanto en la ermita como en este improvisado bar, atendido por las mujeres de la comisión, se colocaron sendas ikurriñas. La romerí­a de San Sebastián, este dí­a de su celebración litúrgica, es muy breve. Poco después de la misa, y tras tomar un pequeño refrigerio in situ, los asistentes van abandonando el espacio festivo. Algunos regateños almuerzan en la txabola de Bacuna y, cuando el tiempo es muy desapacible, el resto de distribuye por los caserí­os. Pero, pese a esta brevedad, cumple su función de lugar de encuentro para unos, los oriundos a quienes que la vida ha dispersado; y de reencuentro con la tradición –monte, fiesta- para otros. En cuanto a la jornada de repetición festiva, da lugar a una programación formal y algo más compleja que la del dí­a de la festividad. Al igual que aquélla, pasacalles y subida popular, proporcionando la comisión de fiestas un vehí­culo para quienes no puedan subir a pie. Ya en Saratxo: concurso de rana (11,30 h.) y exhibición de un tronpalari de Urioste (Ortuella). Misa a las 13 h., seguida por concurso de tortillas y actuación del grupo de danzas Ibai-Lorak, de Zalla (13,30 h.). A las 13,45 h. sencillos juegos infantiles. Con servicio de txozna y festejos amenizados por la trikitrixa. Además, en 1997 se anunciaba la instalación de un puesto de venta de “productos caseros de la tierra”, que estuvo situado a la entrada de Saratxo. La txozna sirve gratuitamente txakoli y pinchos de queso a los romeros. En 1998 fueron dos las txoznas, una de ellas habilitada para servir de soporte al concurso de tortillas. Durante la década anterior –1986 y 1987- la animación musical, exclusiva de la repetición, estuvo a cargo de un grupo de tres txistularis que dieron el pasacalles por Zaramillo, más otros ocho del Txiki Soñuak de Zorroza, que asistieron “por libre” a la romerí­a del somo. En 1991 hubo una actuación de txalapartaris.

La asistencia a esta repetición siempre es mucho más numerosa que la del 20 de enero: 150 romeros (1987), 400 (1997) y 190 (1998); con oscilaciones imputables al mal tiempo de algunos años, como este último, dí­a desapacible durante el que nevó y llovió ligera y alternativamente. La tendencia es que incluso algunos de los romeros más tradicionales vayan desertando de la romerí­a de San Sebastián en beneficio de esta repetición, dotada de un ambiente festivo del que carece aquélla. Aunque los participantes entre ambas celebraciones apenas se superponen. De los 32 romeros interrogados al efecto (25.01.1987), sólo 5 habí­an estado en la romerí­a del dí­a 20. Los de este dí­a son de tipo más urbano y juvenil, con predominio de cuadrillas y familias En cuanto a su procedencia, extrapolando los datos obtenidos de una muestra de 30 personas, podemos afirmar que los romeros de 1987residí­an en su mayorí­a en Zaramillo más Sodupe (37,3%), Barakaldo y El Regato (22,0%), Alonsotegi (18,7%); y otros (15,3 %), de Balmaseda, Durango, etc. Menos familiarizados con la montaña, utilizan en mayor medida sus coches para acercarse hasta Saratxo. Pese a que el número de asistentes a misa es mayor, 85 u 86 por cada uno de estos tres años, su proporción sobre el número total de romeros es muy inferior, superando la mitad de éstos (56,6 %) tan sólo en 1987; casi los dos tercios son mujeres. Durante la misa de 1998 tuvo lugar un bautizo, que seguí­a a otro habido durante la de las 12 h. en Zaramillo. Cuando el tiempo lo permite, los romeros se dispersan para almorzar al término de la misa. Los más allegados lo hacen en alguna de las casas abiertas en Saratxo. Pero la mayorí­a se sitúan entre la aldea, el puente de Kuabru y Bakuna, y algunos incluso encienden fuego al efecto. Por consiguiente, la romerí­a se alarga más que la precedente, hasta las 15 h. Algún grupito de romeros se queda a comer en las inmediaciones, pero el epí­logo comensalí­stico familiar tiene lugar en Zaramillo, así­ como la comida que celebra el club de jubilados local este dí­a.

José Ignacio Homobono

 

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