RECORRIDO 85: DESCUBRIR PARA QUERER
Cuando me propusieron, dentro del Seminario sobre Historia Local que se desarrollaba en el antiguo COP de Barakaldo (hoy Berritzegune), dirigir unas palabras a los presentes en la sala se me dijo que fuesen unas palabras con el objetivo de despertar, motivar, sensibilizar… a un grupo de personas (fundamentalmente docentes) para una participación, junto a sus alumnos/as, en el programa «Conoce Barakaldo»»Ezagutu Barakaldo» que comenzaba entonces su andadura[1].
Supuestos estos objetivos y sus destinatarios y destinatarias, comencé a dar vueltas a los posibles enfoques y que, en principio, seguramente coinciden con los que cada uno o cada una nos hacemos ante cualquier tema de Humanidades. Digo de Humanidades porque desconozco cómo pudiera llevarse a cabo en otros ámbitos.
+ En principio se me ocurrió presentaros un breve resumen de la Geografía, Historia, Economía, Urbanismo, etc… de Barakaldo. Todo ello muy en relación con el Seminario permanente citado con anterioridad. Pronto lo desestimé porque me pareció que, además de no llegar mas que a un refrito de algunos de los libros que existen acerca del tema (Mayte Ibañéz, José Eugenio Villar, Carlos Ibáñez…) podría resultar muy poco práctico.
+ Buscando precisamente esta practicidad diseñé posibles recorridos físicoculturales a realizar. Los reduje a cuatro ámbitos: minero, urbanístico, arqueológico y ecológico. Posteriormente me centré en un aspecto de cada uno de ellos. Para el minero con el viejo ferrocarril de La Orconera, para el urbanístico con los núcleos de San Vicente, Lasesarre y el plan Urban ; para e! arqueológico con las torres de Susunaga, Beurco y Lurkizaga y los palacios de los Larrea y San Vicente– y , para el ecológico, por último, con la travesía Peñas Blancas-Telllitu-El Regato. Hice los recorridos fotografiando en diapositiva lo más interesante. Aunque me resultó muy gratificante y práctico me quedó la duda de si todo aquel material serviría para lograr los objetivos propuestos. ¿Por qué la duda? Porque, en el fondo, no serían sino cuatro ejemplos, quizá ni demasiado significativos, con los que difícilmente llegaría a sensibilizar (ilusionar) a quienes lo viesen u oyesen.
+ Estando en esta encrucijada (y no quiero dejar de deciros que soy sacerdote Paúl) me vinieron a la memoria las primeras palabras que oí hace ya treinta años a quien fue mi director en el Noviciado de Cuenca: «estáis aquí para aprender a querer a la Congregación y, para ello, deberéis emplear gran parte de vuestro tiempo en conocerla y estudiar su forma de vida». De este recuerdo me surgió un interrogante: ¿por qué no me limito a comunicar cuál ha sido mi itinerario personal mediante el cual, sin ser de Barakaldo, he llegado a querer un poco más cada día a este pueblo y a sus gentes?
Pensé que podría ser el fondo de la cuestión. Si el objetivo del Programa que se presenta es hacer que los alumnos y alumnas quieran un poco más a su pueblo y a sus gentes ¿por qué no mostrar un itinerario personal a sus formadores/as? Y si esto es así ¿por qué no mostrar mi propio Itinerario? Así surgieron las siguientes líneas. Alejadas del rigor histórico, geográfico, urbanístico o económico… pero profundamente vitales. Espero que, con ello, también vosotros os animéis a realizar (aunque seguramente la mayoría o todos lo hacéis) vuestro propio o propios itinerarios porque únicamente quien se siente profundamente enamorado de alguna realidad es capaz de trasmitir y acompañar a otros en la tarea educativa.
Lo que os comunico, pues, no es sino un retazo de mi propia experiencia de descubrimiento de una realidad que desconocía llamada Barakaldo.
1.- Llegué al Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo hace cuarenta años. Era el curso 1979-80 aunque ya firmé mis primeras actas en el 75-76. Andaban este curso por las clases de 8º de EGB Tontxu Rodríguez, Tontxu Campos, Martín Robles, Andoni Ortúzar, Emilio Varela y otros, más menos, ciento veinte jovencitos (jovencitas, entonces, ninguna). Me los tropecé en COU al volver del Colegio-Internado que en aquellos momentos teníamos los Paúles en Pamplona. Junto con algunas clases y la responsabilidad de los Deportes, preparaba en aquellos momentos la Tesina de Licenciatura en Teología (Deusto donde en años anteriores cursé el Bachillerato teológico).
Siendo de Orduña lo único que me sonaba del entorno eran los «Hornos de Barakaldo que alumbran todo Bilbao», «sardinas las del Santurce», el Hospital de Cruces donde estuve de niño una semana internado y las ocurrencias de Txomin del Regato (que luego resultó que no era del lugar sino de la navarra Sesma).
Como es natural no podía, en aquellas circunstancias, dar clase y mi actividad con !os chicos en el Colegio se reducía a animar, en los ratos libres, unos grupos de 6°, 7° y 8° de EGB (lo de los grupos mixtos quedaba para los mayores en un Club que creo se llamaba Gure Leku). Club, por cierto, que se llevaba con bastante dignidad en lo que hoy día es el comedor y aterpe. De niño, en mi Orduña natal, había pertenecido a los Scout (en muy dura competencia, dígase a pedradas, con la OJE), y, quizá por ello, comencé a ir aquí con estos chavales al monte. Mi ignorancia era tal que no me quedaba otro remedio que dejarme llevar por ellos o por las indicaciones de algún buen padre: ermita de Santa Águeda, Peñas Blancas, Apuko, pantanos de El Regato, Mendívil, funicular de La Reineta, La Arboleda, Peñas Negras, Pico la Cruz, Eretza, cueva del Elefante… así comencé a conocer los alrededores físicos. Con singular recordatorio (y no con menos indisimulado temor) tengo en la mente el primer paso por la “cueva del elefante”. Fui, sin tener ni repajolera idea, a la cueva con treintaiséis alumnos de octavo de EGB. Entramos con dos linternas a “coger estalactitas”. El cangelo, nada más entrar, fue sublime. Nos liamos a pedradas con los techos. ¡Barbaridad!… Nada semejante a la salida tras pasar por el temible agujero… Un enorme charco que a mí me pareció el lago “Ness”… Piedra por aquí…piedra por acá… ¡Salimos por la estrecha desembocadura!… Posteriormente comprobé que el agua no pasaba de un palmo… pero había que ver entonces…
a urgente necesidad de un mínimo de seguridad y de nuevos recorridos fue la que me llevó a buscar un mínima preparación técnica (por aquel entonces realicé un curso de “Jefes de campamento” en Gijón y Sena de Luna con el Junior de Acción Católica, validado posteriormente en la Delegación de Juventud que me tuvo una semana en Aguilar de Campóo) y a la adquisición de mis primeros mapas de la zona : el topográfico de escala 1:50.000 y el que, basado en éste, tenía realizado sobre los montes e itinerarios D. Javier Malo, trabajador (si mis informes son correctos) de Altos Hornos y afamado entre los círculos montañeros por sus mapas de cordales o crestería. Falleció en Barakaldo, el día 2 de noviembre de 2013. Igualmente me fui haciendo con algunas publicaciones acerca de itinerarios de monte, espeleología… («Rutas de la zona encartada», «Arriotsa»…). Así, pues, con la experiencia aportada por los chavales y la necesidad creada por ellos me encontré, de buenas a primeras, con una afición, unos fundamentos técnicos y unos materiales que me fueron posibilitando un conocimiento bastante correcto de la zona. Los montes, los ríos, los caminos y senderos, las fuentes, los lugares donde poder montar alguna tienda de campaña, espacios para poder descansar y almorzar o comer … comenzaron a no tener demasiados secretos aunque, si os digo la verdad, cada vez que hago algún recorrido descubro cosas nuevas.
2.- Os reconozco que el interés por otras cosas no me importó entonces. Fueron los estudios de Historia los que motivaron nuevos campos de conocimiento. Y, entonces, mi visión al caminar comenzó a ser distinta. Comencé a descubrir otras muchas cosas que hasta entonces no me habían llamada la atención: las minas abandonadas, los caseríos, los pantanos, los viejos ferrocarriles mineros, los cargaderos de mineral, la población, las viviendas… Seguía saliendo con otros chavales por los mismos o parecidos caminos pero el objetivo comenzó a ampliarse. Ya no bastaba con ir al monte a tal o a tal sitio sino que importaba detenerse, ver y saber algo de todo aquello que observábamos en los alrededores. Ir a Santa Águeda suponía leer algo de su historia, preguntarnos por qué a determinado camino se le llamada «camino de los galdameses” suponía preguntarse por los caminos que unían los pueblos, que las casas derruidas de Burzako o Barrionuevo eran viejos campamentos mineros, que los pantanos servían de abastecimiento a las grandes empresas, que el camino de los doce túneles era el desmantelado ferrocarril de La Orconera que descargaba bajo el puente de Rontegui … ¡Tantas y tantas cosas! A pesar de todo también os digo que entonces y ahora me quedó y me queda una laguna que no he llegado a llenar: el conocimiento de la flora y la fauna. Y lo siento vivamente porque entiendo que es algo muy importante para apreciar el espacio y comunicarse con los demás.
Los estudios de Historia y estas nuevas perspectivas me llevaron a mediados de los ochenta a iniciar la lectura de la propia historia de Barakaldo. La desilusión fue grande. No encontré una monografía sobre la Anteiglesia. Así que no me quedó otra alternativa que espigar en los libros de historia general de Bizkaía: García de Salazar, Iturriza, Labayru, Madoz, Balparda, Angel García de Cortázar,… Al mismo tiempo descubrí una nueva realidad: la importancia de la industrialización en la zona y la escasez de restos arqueológicos de épocas anteriores. A partir de este momento los Altos Hornos dejaron de ser una industria más o menos importante para convertirse en la clave del desarrollo moderna de Barakaldo y, por otra, de la desaparición de toda una historia pasada. Hoy bien sabemos de ello y de las repercusiones que está teniendo cuando esta industria integral ha desaparecido. Este descubrimiento y la posibilidad de tener clase con chicos (en breve llegarían las chicas) de BUP dio origen a una serie de «Apuntes de Historia Local» y a la realización de «Trabajos de campo» enmarcados dentro de la asignatura de Historia. En unos casos conmigo y en otros sin mi presencia bastantes alumnos y alumnas realizaron sucesivos trabajos sobre los pantanos, los ferrocarriles mineros, las iglesias del municipio (aún recuerdo algunas llamadas de los sacerdotes pidiendo compasión por tanta visita), el estudio de determinadas calles, las fuentes públicas … Incluso algunos únicamente gráficos (fuentes, edificios oficiales, centros escolares, instalaciones deportivas…) o fotográficos (cargaderos de mineral, planos inclinados en las instalaciones mineras …). Las publicaciones de Carlos Ibáñez “Historias Gráficas de un pueblo” (1980), la «Historia General de Barakaldo» (1991) y “Pinceladas Barakaldesas” (1996), seguidas de y, sobre todo, de la monografía de Mayte Ibáñez «Barakaldo» (1994) vinieron a llenar una laguna un tanto vergonzante. Como es bien conocido hace unos treinta años el Ayuntamiento de la Anteiglesia encargó la realización de una completa Historia a varios especialistas. Que yo sepa solamente Mikel Aizpuru publicó (2005) su parte correspondiente con el título de “Barakaldo: Historia del siglo XX”. Desde entonces una sólo monografía ha visto la luz: “Barakaldo a través de los tiempos” (2015) cuyos autores son Ramón Hilario e Iker Martínez.
Al mismo tiempo de estos acontecimientos me fui enterando de lo que aun persiste del Barakaldo preindustrial: tres o cuatro casas-torre (de la docena que se citan en alguna de las fogueraciones o censos), algunos palacios, ninguna de las varias ferrerías y molinos (uno al menos de marea y el último desaparecido), alguna iglesia y varias ermitas, un puñado de caseríos que recuerdan la actividad primaria y casi exclusiva de su población… y poco más. Quizá parezca muy escaso comparado con la riqueza documental y arqueológica que pueden atesorar algunas villas vizcaínas. Por eso me parecía un pueblo sin «historia». Craso error. Y digo craso error por dos motivos: en primer lugar porque aunque no haya restos arqueológicos abundantes sí existe una muy variada documentación en los archivos de protocolos de Bilbao y en el de Simancas , amén de lo almacenado en el Archivo de la Chancillería de Valladolid, acerca de los habitantes de Barakaldo, de sus profesiones, economía, conflictos, protocolos notariales, etc … En este sentido el análisis de las «Fogueraciones de Bizkaia en el s. XVIII» (1992), el libro de Goyo Bañales «Mayorazgos de la Villa de Portugalete» (1997) y, sobre todo el titulado “Mayorazgos de Barakaldo” (1999) del mismo autor nos dieron múltiples pistas para un mejor conocimiento de Barakaldo. En segundo lugar porque la originalidad barakaldesa quizá no haya que buscarla en un pasado remoto sino en un pasado más cercano que, en definitiva, ni quita ni añade nada a la realidad. Me refiero a los últimos cien años. Delante de nuestros ojos aun, digo aun porque al paso que vamos ni siquiera de esto último dejaremos nada, se conservan algunos restos de lo que ha sido el Barakaldo reciente: un Barakaldo minero y, sobre todo industrial.
3.- A comienzos de los noventa, realizando los Seminarios correspondientes al Doctorado en Historia en Deusto, realicé varios trabajos monográficos. Entonces, y más hoy día, comenzaba a adquirir singular importancia la vida cotidiana. Incluso varios colegas iniciaron sus tesis doctorales sobre aspectos relacionados con dicho ámbito. El hecho es que esta situación me abrió nuevas perspectivas: vivienda pública, útiles domésticos, vestimenta, herencias, canciones, comida, usos y costumbres, educación, parques y especies arbóreas, personajes populares, apellidos a través de las esquelas, el transporte público, fiestas populares, comercios, coste de la vida, deportes, religiosidad…. Aun recuerdo la sorpresa que causó a mis compañeros un breve trabajo sobre la «Religiosidad Popular barakaldesa» a través de las páginas de «El Látigo» (periódico anarquista publicado en la anteiglesia). En este sentido no deja de ser laudatoria, con todos los peros que se quiera, la labor de Carlos Ibáñez y la de quienes se dedican a recoger testimonios de nuestros mayores. Este es un campo sumamente atractivo porque no solo nos pone en contacto con el pasado más reciente sino que no requiere de gran preparación: hemeroteca y cassette. Siguiendo estas pautas redacté algunos trabajos como «El mundo de los anuncios en la prensa bizkaina en la primavera de 1950», «La moda bizkaina en el verano de 1960», «Medicina y anuncios de prensa»… De este modo, al mundo de los «trabajos de campo» se añadieron los «trabajos de investigación». La mezcla de ambas cosas me dio buen resultado porque siempre hay chicos/as a quienes el hecho de caminar les provoca un rechazo visceral.
4.- En los primeros años del 2000 la actividad docente-investigadora se centró en el Seminario de Historia Local liderado por el Berritzegune (¡qué excelente labor la de Elena Aguirregabiria!) y apoyada muy de cerca por el Departamento Municipal de Educación (¡inolvidable Luis Choya!). Fuimos fieles asistentes cada quince días media docena de personas (recuerdo, especialmente, a Mikel Alvira y Daniel Castillo). De aquellas reuniones nacieron dos iniciativas que, en su momento, no fueron excesivamente valoradas. Me refiero a las Jornadas de Historia Local (desarrollas primero en el COP de la calle san Juan ) y, posteriormente, en el salón pequeño del Teatro Barakaldo. Por allí pasaron Maite Ibáñez, José Eugenio Villar, Goyo Bañales, Gorka Pérez de la Peña, Rafael Ruzafa y otros varios que diseñaron los rasgos de la historia más reciente de Barakaldo y sus retos de futuro. Estas aportaciones fueron publicadas en varios monográficos de la Revista ARBELA los años 2001 a 2004.
Junto a estas actividades, el propio Seminario preparó y publicó (en edición restringida para Centros Escolares y Culturales) dos gruesas carpetas con los títulos de “Unidades Didácticas y Materiales de Trabajo para la Educación Secundaria” y “Textos significativos para la Historia de Barakaldo”. El formato anillado permitía hacer uso de cada una de las Unidades con suma facilidad. Fueron años de trabajo ilusionado.
A finales de la década primera del siglo XXI surge, por parte del Ayuntamiento, la idea de realizar una publicación que acercase a los vecinos la “Historia” del municipio. A este efecto se constituyó un Comité Técnico (del que formé parte) que, tras arduos trabajos, publicó el primero de los números de “KBarakaldo”. Era el año 2011. Una “Revista” de notable presentación que tuvo una buena aceptación. La crisis económica paralizó el proyecto, reactivado en 2015 con la publicación de los números 2 y 3 (con un formato más simple aunque manteniendo una alta calidad).
Por mi parte
Todo ello me llevó a descubrir nuevas realidades centradas en tres aspectos:
- En primer lugar la existencia de un «Casco Urbano». Su nacimiento a partir de la instalación de la Fábrica del Carmen y, posteriormente Altos Hornos; su evolución hasta configurarse como casco, su conexión con el núcleo disperso de San Vicente; su progresiva degradación y los intentos viejos y recientes de ordenación urbana (planes de Zabaia, Gorostiza … hasta el Urban). Ir descubriendo todo ello fue un inmenso gozo. Del núcleo rural y disperso de San Vicente al casco obrero de Lasesarre; su unión posterior; el nacimiento de los barrios limítrofes de Beurko, Zuazo, Larrea o Cruces … El análisis de algunos edificios emblemáticos («buques insignia» nos decía apasionadamente Gorka Pérez) tanto existentes (palacios de San Vicente y Larrea, Escuelas de Juan Ignacio Gorostiza, mercado de abastos, alhóndiga, edificio de la Cooperativa de la Cruz, edificios que conforman la Herriko Plaza, casas de empleados de Altos Hornos en la Ciudad deportiva, Batxoki Viejo, Asilo Miranda …) como desaparecidos (viejo ayuntamiento, Colegio de los Hermanos, Edificio de la Plaza Villalonga, casas obreras de balcón corrido, cargaderos de mineral, la no menos famosa rana de la Herriko Plaza etc.).
- En segundo lugar el problema de la «Arqueología industrial». ¿Hasta qué punto la ciudad es pertenencia de la generación actual? ¿Qué obligación tenemos de conservar adecuadamente lo que nuestros antepasados fueron construyendo?… Libros y coloquios con José Eugenio Villar «Catedrales de la Industria», «La cuenca minera vizcaina» (junto con otros)… nos muestran todo un patrimonio que merecería la pena no sólo conocer sino rehabilitar y conservar. Si no poseemos demasiadas cosas del medievo o la edad moderna, sí existen aún de los momentos contemporáneos. Si el actual Barakaldo se conforma a partir de la industrialización parece justo conocer y conservar aquello que posea una consensuada significación, por ejemplo, la presa del pantano Oiola en El Regato, el edificio Ilgner de Altos Hornos, la Central Térmica de Burceña, alguno de los aun no derruidos cargaderos de mineral, el trazado del ferrocarril de la Orconera, las naves de la Fábrica ERCROS de Lutxana, el antiguo matadero (hoy Escuela de Idiomas), casas del parque de San Vicente, Tribu Moderna (junto a la vía de la Franco Belga) u Hogar Propio (Lutxana), edificios que albergan el aun no nacido Museo de la Técnica …
- En tercer lugar los problemas derivados del tránsito de una ciudad industrial autónoma a una ciudad postindustrial interrelacionada en el eje de la ría que debe equiparse para un futuro diferente (servicios) y tremendamente competitivo. El estudio del Plan de Ordenamiento Urbano (Plan Urban), con todas las discrepancias que se quiera, puede ser la base del presente-futuro Barakaido. Su conocimiento y, sobre todo, el aporte de materiales gráficos, son de inestimable ayuda no sólo para saber de «qué va la cosa» sino para educar en las generaciones próximas una nueva sensibilidad y una nueva actitud ante el nuevo Barakaldo.
- Posteriormente nos vinieron encima tres de las más interesantes transformaciones de la anteiglesia: el entorno de San Bartolomé (torres-jardín botánico y megapark), el BEC y la transformación “a radice” del barrio de Beurko. Años en los que la actividad constructiva fue tan intensa como la necesidad de mano de obra. Sumando el URBAN, ya citado, podemos afirmar que, en pocos años, nació un Barakaldo nuevo y moderno, centrado en la actividad residencial y el sector terciario. Quizá un elemento novedoso de esta espectacular transformación fue el “respeto” hacia lo existente. Gracias a este esfuerzo podemos hoy día observar algunos restos del pasado “industrial” por cuanto del “preindustrial” poco podemos decir, desgraciadamente.
Estas nuevas realidades motivaron una acumulación extensa de materiales históricos complejos. Con no poco trabajo fui ordenándolos y su resultado fue una página web (www.ezagutubarakaldo.net) y un grueso volumen de ochocientas páginas que finalicé en 2016. Ahí está, en mi biblioteca, debidamente encuadernado. La página web ha tenido una buena acogida y en ella se han ido acumulando bastantes materiales de información y formación. No contento con ello, especialmente por la nula repercusión en la sociedad barakaldesa, de común acuerdo y trabajo de Javier Fernández Chento, comenzamos la publicación de los titulados “Recorridos Barakaldeses”. Es un vigente proyecto que pretende difundir la Historia de la anteiglesia a través de artículos de no muchas páginas. Comencé la publicación en 2017 y, si las cosas van por buen camino, se finalizará en 2020. En total serían doce números con siete artículos cada uno. ¡Dios dirá!
Como señalaba al principio únicamente he pretendido mostrar el recorrido que un no barakaldés ha realizado para querer un poco más a esta ciudad de Barakaldo. En medio un esfuerzo por conocer el espacio, su historia, sus gentes y sus formas de vida. Estoy convencido de que si no conocemos personal («experimentar») y correctamente («investigar») lo que tenemos, difícilmente podemos amarlo. Y si no amamos lo que tenemos difícilmente podremos acompañar a otros a realizar este itinerario. Y lo que pretende precisamente la propuesta que hoy se nos hace tiene que ver con la educación.
Quisiera terminar con unas breves sugerencias a modo de conclusiones:
1.- Aunque no hay muchos materiales en los que apoyarnos sí existen los suficientes como para no ir por ahí desarmados técnicamente. Sería muy conveniente que, al menos, en los centros culturales y educativos estuviesen todos estos materiales: publicaciones, mapas, trabajos monográficos, bibliografía, videos… Puede servir de inestimable ayuda conocer lo existente tanto para conocer lo existente como para satisfacer el interés de la ciudadanía.
2.- Con ello nos será más fácil diseñar trabajos de investigación o trabajos de campo. En este sentido me parece muy importante que los chicos y chicas (bien en horario escolar o bien en el extraescolar) sean los protagonistas de estos trabajos. Animar su realización es nuestra tarea. Personalmente estoy convencido de que todo esto no hay porqué realizarlo únicamente desde el ámbito formal (es decir por profesores/as en horario escolar) sino que también puede proponerse en los ámbitos no formales (padres y madres, monitores/as especializados en horario extraescolar…).
3.- Para animar estos trabajos no es suficiente disponer de buenos materiales; me parece mucho más importante que personalmente conozcamos y vivamos la actividad que proponemos. Y, desde esa experiencia, los pongamos en manos de la gente lo cual, de alguna manera, implica a las instituciones públicas. Si somos capaces de ello no tengo la menor duda de que la ciudadanía y, sobre todo, nuestros alumnos y alumnas se interesarán no sólo por el pasado de Barakaldo sino por la proyección que entre todos debemos realizar.
[1] La base de este recorrido está publicada en ARBELA, 1998 con el título de “Descubrir Barakaldo: una experiencia personal”.
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