Las ferrerías de monte (una revisión bibliográfica) (II)
- Las ferrerías de monte: localización espacial y temporal
Entroncando con todo lo anteriormente dicho, un segundo punto a tratar es la tendencia de los diversos autores a proponer modelos de una amplia aplicación geográfica ya se trate de referirlos a Vizcaya, Guipúzcoa o todo el territorio vasco. En este aspecto, como en los arriba mencionados y aún a riesgo de parecer excesivamente reiterativos, desconocemos las razones que impulsan a considerar que amplios espacios geográficos se comportan como un todo, moviéndose en una misma dirección.
Comportamiento único que no sólo afecta al espacio, sino también, y quizá de manera especial, al tiempo. Incluso en aquellos autores que proponen una evolución de tipos, no deja de llamar la atención que desde el momento, al parecer desconocido, en que se inicia la producción de hierro en hornos primitivos hasta su sustitución por las ferrerías hidráulicas, al margen de posibles perduraciones de los modelos primitivos en época bajomedieval y moderna, no se produce ninguna variación en los tipos. Tendencia que se mostrará más o menos acusada según se propongan varios modelos que engloban tipos sencillos y complejos o se decanten por un único modelo.
Lo que nos llama la atención de este aspecto no es la imposibilidad de que un tipo o varios tipos de hornos de características semejantes se den en un amplio espacio geográfico y durante un largo periodo de tiempo, sino la ausencia de propuestas, de referencias a la posible convivencia de tipos distintos, más o menos perfeccionados, más o menos sencillos dentro del mismo espacio territorial y en el mismo periodo cronológico.
La existencia de un modelo único presupone que cualquiera que se enfrentase a la tarea de obtener hierro a partir del mineral, fueran cuales fueran sus necesidades, sus fines y sus medios debía construir ese horno tipo aún cuando uno mucho más sencillo le hubiera podido servir igualmente. Es por tanto necesario establecer las adecuadas matizaciones a fin de entender las circunstancias en las cuales es posible comprender el modelo de horno que se propone. Porque pudiera muy bien suceder que no todas las propuestas realizadas respondan a los mismos planteamientos iniciales, esto es, las respuestas serán evidentemente diferentes según se parta de un intento por conocer las estructuras para reducir el hierro cualesquiera que fueran los fines que las motivaron, o se busque unas formas primitivas de producción de hierro con fines fundamentalmente «industriales». Así se verá surgir una pluralidad de modelos que acoten diversos fines y necesidades o un único modelo que, por sus características especiales, es el más adecuado y perfeccionado entre losconocidos.
De aquí se deriva el interés de introducir en el planteamiento de cualquier propuesta, para una perfecta comprensión y utilización posterior de la misma, consideraciones que valoren el grado de técnica disponible, las necesidades que se persiguen satisfacer, los materiales con los que se cuenta, el ámbito geográfico, etc. en el que un individuo o grupo de individuos se proponen transformar el mineral en metal.
- Conclusiones
Un poco a modo de resumen y también de aclaración de aquellos puntos que hubieran podido no quedar suficientemente aclarados, convendría insistir en aquellas notas de importancia y que, en el fondo, son el motivo que nos ha impulsado a redactar estas líneas.
Un aspecto a tener siempre en mente a la hora de utilizar las fuentes bibliográficas que abordan el tema de las ferrerías u hornos primitivos en el País Vasco, es que únicamente contamos, hasta el momento presente, con SUGERENCIAS, OPINIONES, «HIPOTESIS» elaboradas por diversos autores con intenciones, extensión en el tratamiento, criterios y rigor diferentes y como tales deben ser manejadas con la debida precaución, máxime si tenemos en cuenta que se trata de propuestas un tanto especiales porque carecemos de cualquiera de los posibles datos o razones que han conducido a su formulación: en esta especial circunstancia se impone:
1) No hacer un uso indiscriminado de las opiniones de los autores analizados, independientemente del carácter que pudiera revestir su utilización, ya que con esta actitud se corre el riesgo, sin duda muy peligroso, de otorgar validez de hecho demostrado material o documentalmente a lo que sólo es una sugerencia, una idea más entre las muchas posibles que pueden arrojar luz ante nuestro desconocimiento de las primitivas estructuras para producir hierro.
En este sentido, se hace necesario huir tanto de las tendencias a primar unas opiniones sobre otras con actitudes selectivas que más tienen que ver con el «capricho» que con los juicios razonados, como de la búsqueda de difíciles síntesis conciliadoras en un intento, imprudente y problemático, de armonizar unas fuentes que se muestran contradictorias. Porque tratándose de opiniones personales todas son, en principio, igualmente aceptables, en tanto en cuanto no aparezcan los datos cuantitativa y cualitativamente necesarios que permitan validar una, varias, todas o ninguna de tales propuestas.
2) Hacer un alto en el camino y reflexionar respecto a la imagen que actualmente poseemos de las ferrerías de monte porque, personalmente, y a pesar de lo mucho publicado y debatido, no logramos disipar la sensación de que un desconocimiento casi absoluto se extiende sobre este aspecto de la vida de poblaciones pasadas.
Una actitud reflexiva que debe incidir fundamentalmente en el hecho de haber tratado de llenar vacíos con el único recurso a intuiciones personales sin acudir, al menos hasta donde nos es conocido, a nuevas metodologías que intenten aportar unas bases de conocimiento seguras y fiables. En este sentido, no deja de ser particularmente extraño la nula aplicación del MÉTODO ARQUEOLÓGICO si tenemos en cuenta la mencionada
carencia de datos materiales o documentales que fundamenten los procesos de reconstrucción, las constantes alusiones de investigadores sobre la importancia de dicho método como medio más eficaz de conocimiento histórico y el auge que en la pasada década adquirió la denominada Arqueología «Industrial».
Hasta el momento presente, de la mano de la Arqueología, mejor o peor entendida, nos han llegado dos datos. El primero, fruto de la casualidad, procede de Santander, del Ayuntamiento de Rasines, en el monte nombrado Pico de la Venera (divisoria de las provincias de Santander y Bizkaia) donde, en el afio 1931, se localizó un horno que: «consiste ese medio primitivo de fundir el hierro en un hoyo o cavidad cilíndrica, en forma de pozo, abierta en un afloramiento de mineral de hierro, de unos dos metros de profundidad por metro y medio de diámetro, en el cual estaban el mineral que extraían en trozos pequeños, mezclados con leña que quemaban dentro del horno. En él han aparecido dos o tres toneladas de hierro fundido en pequeños lingotes, una parte y otra a medio fundir. Los fragmentos de carbón aparecen sumamente diminutos en el fondo y parte superior del horno».
El segundo nos los proporciona la excavación del asentamiento romano de Forua (Gernika. Bizkaia). En campañ.as sucesivas se sacaron a la luz dos tipos diferentes de hornos: «El primer tipo es el de los hornos de planta en forma de óvalo alargado. Excavados, sin cubrición, se mezclarían juntos combustible y mineral. La mayor parte de ellos no llevan puerta ni dama, lo que hace necesario desventrar el horno tras cada fusión. Una pequeña parte de los hallados en Forua han recorrido al empleo de la pendiente del terreno de modo que puedan extraer la escoria por la parte más baja (…) El segundo tipo es el de planta circular. Lleva cubierta, tal vez de forma o en cúpula. Presenta dama para la oxigenación y laboreo del horno. La base del mismo se encuentra excavada en la tierra y aislada por un revestimiento interno de arcillas que se extienden por el fondo y las paredes, creando un receptáculo donde se introduce el mineral y el combustible».
Aun cuando tales noticias pudieran parecer muy sugerentes de cara a establecer consideraciones respecto a la validez o no de ciertas intuiciones y sugerencias aquí reseñadas, considerando siempre que son datos aún escasos y que cualquier utilización más allá de la de simple referencia es ciertamente prematura, el hecho de exponerlas aquí únicamente persigue llamar la atención, lo que en 1990 no debiera ser necesario, respecto a la utilidad del método arqueológico en el conocimiento de las estructuras y características de los hornos o ferrerías primitivas. Tal utilidad debe encontrar su aplicación en el planteamiento de proyectos de investigación concretos en tal campo de interés, porque el esperar a que el azar y la casualidad, como en los dos casos arriba mencionados, nos brinden los materiales necesarios para comenzar a conocer la realidad de las ferrerías de monte, aparte de ser un proceso lento, nunca ha sido el mejor recurso para la obtención y recogida de los datos.
Un aspecto más a considerar es el hecho de que la aplicación del método arqueológico parte con una considerable ventaja inicial como es la no necesidad de recurrir a una etapa previa de recogida de noticias y prospecciones a fin de localizar un posible yacimiento, puesto que desde antiguo se conocen los lugares donde es posible aplicarlo: los montones de escoria no hacen sino evidenciar que allí, en un entorno más o menos cercano, se transformó el hierro.
Únicamente una vez se hayan utilizado todas las posibilidades de obtener información y se encuentren reunidos los datos disponibles, se podrá comenzar a plantear, en sus justos términos, el tema de las primitivas ferrerías en el País Vasco.
José Luis Ibarra Álvarez
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