RECORRIDO HISTÓRICO 70: el Molino de marea de San Juan: una penosa destrucción
La existencia de molinos está bien documentada en la Historia de Barakaldo[1]. La dedicación agraria de la población y la existencia de buenos “regachos” favorecía su instalación en el entorno, sobre todo en las orillas del arroyo Castaños-Galindo. El mapa de Goio Bañales nos muestra la realidad de las aceñas y molinos ubicados en la anteiglesia[2].
No obstante, también existió un tipo de molino que no se aprovechaba del agua de los ríos sino del agua del mar; de ahí su nombre de “molino de marea”. Obviamente debía estar cercano al influjo de las mareas por cuanto la clave de su funcionamiento estaba en “embalsar” el agua que la subida de la marea había aportado a la “antepara”, “depósito de agua” o “embalse” y dejarla luego abatirse sobre las ruedas. En este recorrido presentamos el excelente trabajo de Juan Cordón[3] sobre el “Molino de marea o de agua salada, denominado San Juan”.
Se hallaba situado a la altura del punto kilométrico 120,600 de la carretera N-634 (Bilbao-Santander), entre los barrios de Retuerto (Barakaldo) y Ugarte (Trapagaran). Desde este punto de la carretera se bifurcaba el camino que, a unos 200 metros, terminaba en la puerta del edificio molinero. Estaba levantado en la orilla izquierda de uno de los meandros del río Castaños. En la actualidad (2016), el espacio está ocupado por la “Solución Ugaldebieta» (autovía). Anteriormente, la franja de terreno que separa el molino de la carretera eran campas, «para hierba”, y a primeros de siglo XX estaba sembrada de trigo. A los bordes del río Castaños y los arroyos Guliendo y el Ledal, abundaban los carrizos y espadañas, así como diversos juncos, formando un gran cañaveral. Los muros de tierra de la balsa del molino y las riberas de estos ríos estaban «pobladas» de tamarises.
A un kilómetro, en línea recta -río abajo- y a unos tres por camino, se halla El Juncal, barrio de Trapagaran (desaparecido), que estaba formado por viviendas en un mismo edificio, del que destaca la «casa del amo», una ermita y, en la delantera de éstos, en otros tiempos, una era.
1.- Edificio
El edificio del Molino «San Juan» lo componían la vivienda, con dos plantas, y el molino en sí. Las paredes de la vivienda eran de mampostería[4], con piedra arenisca, hasta el primer piso. Los muros de la primera planta y el camarote estaban levantados con ladrillo macizo, raseados con argamasa en el exterior. El tejado vertía a dos aguas tanto en la vivienda como en el propio molino.
La fachada principal tenía puerta, con abertura, para observar el exterior; a la derecha de ésta existían una ventana, sobre la fregadera de la cocina. En el primer piso se observaba el balcón y dos ventanas, a cada lado de éste, que daban luz al salón de la casa. En las paredes laterales había dos ventanas por las que entraba claridad a las habitaciones superiores. Las ventanas de la primera planta y la puerta del balcón tenían dos hojas, con cristales. La ventana de la planta baja estaba rebajada con ladrillo y cemento, resultando una pequeña ventana con un barrote. En otro tiempo era de madera. La puerta de entrada tenía clavos y una herradura clavada en la zona superior. Todos los huecos descritos tenían marcos de madera.
El interior de la planta baja estaba formado por una portalada -en el suelo había incrustada media piedra molar con estrías curvas-. A la derecha de la portalada estaba la cocina, con fuego bajo, y desde aquí se accedía a una habitación. Posteriormente se reformó, según la necesidad de los habitantes, al no trabajar el molino.
Rebasadas las escaleras de acceso al piso superior se entraba al departamento de molienda. El edificio no ha tenido luz eléctrica. Como luz artificial se ha utilizado un candil de aceite y en época más cercana de petróleo o carburo. Finalmente de butano.
2.- El molino
El molino estaba dividido en dos departamentos: El departamento de molienda, con seis juegos de piedras para moler, y al otro lado de los canales, el almacén, donde estaba situada la compuerta, por la que, una vez levantada, penetraba el agua salada a la balsa.
Los seis juegos de piedras los formaban dos molares cada uno. La inferior, fija y con estrías rectas, y la superior, giratoria con el rodete de bronce, tenía los canales curvos.
Para que giraran las piedras superiores, las «francesas», había que manipular la palanca, colocada delante de las tolvas harineras, con la que se accionaba la abertura de los «chiclones» correspondientes por los que caería el agua a los rodetes, haciéndolos girar y éstos, a su vez, mediante ejes de madera, a las piedras cuya palanca de accionamiento estaba situada delante.
En 1978 dos juegos de piedras estaban a la vista, no existían las tolvas para «el grano» y sólo estaban protegidos dos juegos. Por los años 40, un juego de piedras fue trasladado a otro molino de la zona de las minas.
El suelo del molino era de madera. Las paredes estaban levantadas en ladrillo macizo, intercaladas con vigas colocadas verticalmente, que partían desde los muros de sillería de los canales de salida de las aguas. En la zona superior de estas vigas descansaban las «tijeras» que sujetaban la viga maestra en la que se apoyaban las solivas para la sujeción del tejado, que vertía a dos aguas.
En la fachada bajo la que salían las aguas había dos ventanas con “portillo» de madera y una puerta. En el lado que daba a la balsa, en otro tiempo, existía un corredor exterior que comunicaba ambos lados. Por este corredor también se penetraba al molino, a través de una puerta existente cerca del almacén. Los marcos laterales de las ventanas y puertas partían desde la base de la pared, hasta los aleros, y a una altura determinada -en las ventanas- estaban colocados los marcos inferior y superior, quedando el vano protegido por una «hoja» de madera, con un pequeño cuadro en el centro, por el que entraba la luz.
El almacén se hallaba destruido desde hace varias décadas. En este departamento estuvo situado el horno de la vivienda.
3.- Historia
Se cuenta que en este molino se trabajaba maíz y trigo hasta los años 20 (del siglo XX). Por el año 1940 se intentó ponerlo en funcionamiento, pero con resultados negativos debido al desuso en que se hallaba sumido. En el recuerdo de los vecinos está que se pesaba en arrobas y kilos.
Sobre la utilización de este molino y del embarcadero que estuvo construido en sus cercanías, a finales del pasado siglo, tomando como fuente de información el tomo 174, Libro 10 de Baracaldo, Folio 155 del Registro de la Propiedad, Oficina de Baracaldo, este conjunto es titulado como finca 599 y en su Inscripción Primera dice:
«UNA VEGA, denominada de Cáriga, sita en el barrio de San Vicente de Baracaldo. Se comprenden en ella seis casas para otros tantos inquilinos, cuatro horneras y un molino que lleva el nombre de «Agua Salada» y en el cual aparecen colocados seis ruedas volantes movidas a beneficio de las mareas y en condiciones para moler por espacio de más de diez horas cada día. La vega entera comprende una extensión que medida recientemente ha aparecido un resultado total de cuarenta y dos mil cuatrocientos veintidós estados, ochenta y siete céntimos que equivalen a una superficie de dieciséis hectáreas, trece áreas noventa y una centiáreas. Esta vega está destinada a diferentes usos agrícolas y cruza por ella la carretera de Bilbao a Nocedal: limita por Norte con la Ría que desde Retuerto baja a Galindo, con juncal de herederos de Uribe y otros y con terreno propio de dicho Señor Uribe, por Sur con camino antiguo, de común servidumbre entre Retuerto y Ugarte, con la carretera de Bilbao a Nocedal y con terreno de don Jacinto Burzaco: por Este con terreno de doña María Engracia de Lezama, con otro de herederos del Señor Uribe, con un pedazo de juncal que se dice pertenecer al común de vecinos de Baracaldo«.
En la vuelta de hoja nº 155: Tras citar a varias personas, en la línea cuarta: “y con un pedazo de terreno que la Sociedad Vitoria Maruri y Suñol adquirió por compra hecha a Don José del Yermo”. Los edificios no se describen: sólo resulta que limitan por todos vientos con terreno propio. Consta sin embargo de las inscripciones anteriores que dichas seis casas estaban señaladas con los números uno al seis. No parece que la vega, casas y molino que forman la finca de este número estén sujetos a gravamen alguno.
Don José del Yermo y Mendieta, mayor de edad, casado, propietario capitalista vecino de Bilbao, adquirió la finca de este número, parte por herencia de sus padres y parte por compra hecha a sus hermanos según inscripciones hechas en folios treinta y uno, veintinueve y cincuenta y cuatro, Libro segundo de los cerrados de Baracaldo: el mismo don José vende la referida finca a favor de la Sociedad comercial establecida en Bilbao bajo la razón social de Vitoria Maruri y Suñol compuesta por los señores don José Félix de Vitoria y Echevarría, don Víctor Maruri y Palme y don José Suñol y Domenec: habiéndose fijado como precio de la venta la cantidad de doscientos cincuenta y nueve mil ochocientas pesetas de las cuales se pagaron en la presente cincuenta y nueve mil ochocientas, obligándose la Sociedad compradora a pagar las otras cantidades de doscientas mil en el término de cinco años y en igual número de plazo al respecto de cuarenta mil pesetas cada uno hipotecando en garantía la finca objeto del contrato.
La Sociedad Vitoria Maruri y Suñol inscribe su título de compraventa otorgado con las condiciones siguientes: “NOVENO. Que es condición precisa e indispensable que los Señores Vitoria, Maruri y Suñol han de respetar el arrendamiento del molino y juncales que se haya celebrado en el día 6 de noviembre marzo de mil ochocientos setenta y cinco por don José Martínez de las Rivas y el señor Yermo, en la villa de Bilbao y por escrituras públicas autorizadas por el Notario del número de la misma, don Serapio de Urquijo con todas sus cláusulas y condiciones y cuya Compañía percibirá así bien las rentas que en aquel documento se expresan efectos y utensilios del inventario mencionado cuya responsabilidad es del mismo Señor Martínez de las Rivas y los productos y rentas de las seis casas, horneras y tal arrendamiento del molino desde once de noviembre último al año actual. DIEZ: Se obliga a don José del Yermo a trasladar el mineral que existe en la misma vega de Cáriga a otro punto distinto para el día treinta y uno del actual y en su defecto quedará aquel mineral por cuenta de los compradores Vitoria, Maruri y Suñol, con la obligación de pagar estos señores al relatante señor Yermo quince reales o sean tres pesetas setenta y cinco céntimos por tonelada según vayan cargando o disponiendo de ellas, y cuyo importe que resulte de aquel mineral o toneladas que arrogue, si el señor Yermo no dispone de él, lo pagará el señor Vitoria o sea la Compañía que representa a título y en concepto de compra del mismo y a medida que vaya pasando o trasladándose a poder de los mismos hasta su definitiva extinción..» (documento firmado el día 31 de diciembre de 1881)
En una de las inscripciones de este siglo, la realizada con fecha 5 de septiembre de 1908 consta el edificio molinero con el nombre de «San Juan».
Con fecha de 1953, con el número de finca 10.112, inscripción primera, se dice así:
«Rústica. Terreno sito en la vega de Cáriga o Careaga, del barrio de San Vicente, término de Baracaldo, que tiene una superficie de 70.562 m. y 40 dms. encuadrados, linda al norte con la ría que desciende desde Retuerto a Galindo, proyectada calle Horacio Echevarrieta y dársena en proyecto; al sur, carretera de Basurto a Nocedal, resto de donde se regresa y fincas de varios propietarios; al este, la dársena en proyecto y más de donde se regresa; proyectada calle Horacio Echevarrieta y otras fincas. Dentro de este terreno se halla el antiguo molino que hoy no tiene otra aplicación que la de vivienda y lleva el nombre de «Agua Salada», señalado antes con el nº 125 y hoy carece de numeración…»
4.- Anexo: el Molino de marea de Errotabarria
El molino de las junqueras de Llano o Errotabarria, cuyo nombre denota “nueva rueda” (molino nuevo), estaba situado a orillas de la ría, para aprovechar la fuerza motriz de las mareas. Muy próximo a las torres de Luchana, era nuevo en relación al, también molino de marea, de Portu o Puerto, situado al otro lado del monte Rontegui.
Su compra por el Ayuntamiento permite a éste ampliar la vega de Errotabarria y ganar una importante superficie al cauce del río, mediante la construcción de vallados con terrones de tierra no arenosa extraída de las junqueras, encajonada en tablas y maderas sujetas con estacas, protegido todo ello por terraplenes interiores, para impedir que el empuje de las aguas lo destruyera. La obra es costosa y causa continuos gastos su mantenimiento. Pero no sólo beneficia a las arcas municipales pues, al mismo tiempo los vallados levantados impiden se inunden con agua salada las fértiles vegas de las caserías de Vitoricha: Barria, Yarto, Solachu, Sendeja, Maztizarra, Archiquerra y otras.
Molino de “marea” de Errotabarria
La puesta en cultivo de estas vegas, durante el siglo XVIII, transformó el paisaje barakaldés, cuyos vecinos: “… viven (1795) en el cultivo de las tierras y excelentes vegas que de junqueras se han reducido a sembrados de treinta años a esta parte, con lo que se ha aumentado mucho la labranza. Paisaje este que encantará a Jovellanos y a otros famosos viajeros.
En la escritura de arrendamiento del molino se especificaban algunas de las obligaciones de los inquilinos: cada siembra debía echar dos barcadas de arena por cada mil estados; había de mantener la zanja de su suerte o parte limpia y con la misma anchura y profundidad con que la recibió, debía mantener en buen estado los vallados y evitar pastar al ganado en las vegas. La renta de la vega de Errotabarria, el barco del pasaje y una casa suponían –el molino, en 1810, fecha de su venta, era un edificio ruinoso- una fuente importante de ingresos para el ayuntamiento de Barakaldo. Pero, para hacer frente al continuo estado de guerra que desde 1793 sufrió la península, la Zamacolada, y la ocupación de tropas francesas y españolas, a cuyo suministro y abasto tenían que acudir los vecinos, la anteiglesia se vio obligada a vender a particulares la mayor parte de los “propios” municipales, entre ellos las vegas de Errotabarria que fueron adquiridas por ricos comerciantes de Bilbao. En terrenos, ganados a las mareas con el esfuerzo y trabajo de los vecinos de la anteiglesia, fueron lugar de asentamiento de varias empresas que protagonizaron el nacimiento de la industrialización vizcaína.
[1] Pueden ver, por ejemplo, las fogueraciones del siglo XVIII
[2] Los tipos de molino documentados en nuestros testimonios son: el molino o rueda edificado en las orillas de un rio o arroyo, en el punto en que el agua pudiera ser derivada mediante los correspondientes canales; y la aceña o molino pequeño, construido en arroyos de menor caudal. A orillas del mar, en las embocaduras de las rías, el Fuero Nuevo nos ilustra acerca del flujo y reflujo de las aguas. José Ángel GARCÍA de CORTÁZAR y Cía: “Bizkaya en la Edad Media”, II, p.39.
[3] Eusko –Ikaskuntza. Cuadernos de Sección Antropología-Etnografía 3, 1985. pp. 155-169.
[4] Procedimiento de construcción en que se unen las piedras con argamasa sin ningún orden de hiladas o tamaños.
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