La estructura física de los núcleos urbanos medievales vizcaínos (V)
EL ESPACIO PÚBLICO
- Las Calles, Cantones y Servidumbre de Luces
En el interior de la villa los bloques de casas están separados jerárquicamente por calles, cantones y servidumbre de luces. Como ya hemos dicho todas las villas vizcaínas responden a un plan preconcebido y la mayoría tiene un trazado de tipo bastida, con lo que las calles son casi siempre bastante rectas, paralelas y no están muy jerarquizadas en anchura e importancia.
A las calles asoman las puertas de las viviendas y son las arterias del tráfico principal. Su anchura oscila entre los cinco pasos de las de Plentzia y Gerrikaitz, seis en Balmaseda y Markina, siete en Errigoiti y la bilbaina de Artekale. Por lo tanto, traducido en metros, tendríamos una medida de 4-4,5 m., margen suficiente para la circulación en ambos sentidos de carros y bestias.
La longitud de las calles también varía según la importancia y desarrollo alcanzado por la villa, y determina, normalmente, la intersección con la muralla, muchas veces con una puerta. La longitud media de las calles vizcaínas es de 110 m. a 200 m. aunque encontramos excepciones como la única calle de Ugao (400 m.), las de Balmaseda y la Mayor de Ondarru por exceso, y las de Ermua (ninguna de sus tres calles llega a los 90 m.), por defecto.
Aun siendo rectas no dejaban de ser bastante estrechas y sombrías pues muchas veces se veían constreñidas por las murallas y por el hecho de quelos pisos altos volados escalonadamente por la relativa escasez de suelo urbano disponible en las villas más importantes y los aleros muy salientes estrechaban aún más las angostas vías.
Había calles, sobre todo en los lugares cercanos a los mercados, en las que había soportales que permitían aumentar el tamaño de las viviendas sobre ellos a la vez que defender a los peatones de la lluvia e inclemencias del tiempo y albergar comerciantes tanto fijos (que sacaban los tableros de sus tiendas) como ambulantes. Tenemos noticia documental de un pleito tenido lugar en Orduña en el s. XVI originado por los dichos soportales. El empedrado señala la parte correspondiente al peatón y está hecho sobre todo para evitar las humedades en los pisos bajos de las casas mediante un escalón o declive que impide que entre agua en el interior.
La limpieza de las calles era asunto privado que cada vecino debía atender en el trozo de la misma
correspondiente a la puerta de su casa. Asímismo existía la obligación de dejar el camino expedito.
El barro era muy abundante y corrían por él las aguas residuales o bien se tiraban a algún río o arroyo cercano pues hasta época bastante tardía no se generalizó al alcantarillado.
Debemos intentar imaginarnos cómo serían estas calles en la realidad llenas de actividad, movimiento y vida. Los peatones podían resultar heridos al desprenderse algunas insignias que colgaban ante la puerta de las hospederías, recibir un baño de agua sucia, ser interrumpido por carretas de bueyes, piaras, etc. De noche eran lóbregas pues sólo se iluminaban con la luz portátil que llevaba el ciudadano,y los soportes con teas sólo se encuentran en palacios o iglesias en ocasiones extraordinarias. En ocasiones llega a castigarse el salir de noche por la calle.
Cada calle se configura según la condición social de sus habitantes. Las calles principales (situadas junto a la iglesia y edificios comunales si los hay), son ocupadas por los palacios de la nobleza o de la aristociacia del dinero. Siguiendo la misma lógica las clases marginales, los judío por ejemplo, ocupaban las calles menos importantes más bajas y estrechas, como sucedió en Gasteiz y Hagurain (Salvatierra). Junto a las morerías y en la periferia en general, se instalaban los estratos más débiles, a veces coincidiendo con actividades más sucias y degradadoras del ambiente, por ejemplo la cerámica y el curtido.Lógicamente era en estos barrios donde aparecen las calles de prostitución.
Los cantones unen perpendicularmente dos o más calles o las ponen en relación con el interior de la villa. Articulan el trazado de ésta y son muy útiles. Su anchura suele ser inferior a la de las calles, lo que se aprecia claramente en Bilbao, menos claramente en Balmaseda y siendo en Plentzia ambos de la misma anchura. Normalmente las puertas de las casas no dan a ellos pero existen excepciones como el caso de Lekeitio. Ambas características tienen explicación según la importancia que tengan los cantones en el conjunto de la villa.
Las Ordenanzas municipales nos dan información sobre calles y cantones, pero no nos hablan del tercer tipo de abertura en la compacidad del caserío: la servidumbre de luces. Entre dos calles paralelas, cada manzana de viviendas suele tenerdos filas de casas, es decir son manzanas dobles. En un primer momento, al no estar el solar edificado en su totalilidad habría un huerto trasero que separaría las edificaciones en su parte posterior. Cuando las exigencias de aumentar el espacio construido acabaron con los huertos traseros y se edificó la parcela en todo su fondo siempre se dejó una estrecha abertura entre ambos edificios que llamamos servidum bre de luces. Estas permiten el acceso de luz a las habitaciones traseras y la rápida evacuación de los servicios de
saneamiento hogareño medievales.
- Las Plazas
El apretujamiento de las viviendas dentro del recinto urbano murado no favorecía la existencia de
plazas, que seguramente se considerarían un derroche de espacio. Son más bien una pequeña interrupción de irregular forma, de la compacidad del caserío, ocasionada casi siempre por la confluencia de calles.
Eran el único desahogo de la villa, y la principal solía estar situada frente a la catedral o iglesia y tomaba su nombre de ella. En ocasiones los concejos se preocupaban de que estuvieran limpias, al igual que las calles. La costumbre hacía que los cementerios siempre hubieran ido unidos a las iglesias. En la mayoría de las ocasiones, en el centro del área urbana se levantó la parroquia con su correspondiente cementerio. Quizá pueda verse en los cementerios de estos templos el origen de las plazas mayores.
Las plazas eran escenario de multitud de actividades variadas:
- A) En opinión de L. Torres Balbás, la plaza medieval surgió unida al desarrollo del mercado concedido por los reyes a los concejo de las villas para acrecentar su población y mejorar su situación económica. De hecho, casi todas las menciones de «plaza» que tenemos en las Ordenanzas de Portugalete, Bilbao y Lekeitio, la relacionan con la función de mercado. Si había más de una, en cada plaza se realizaba el mercado de un producto diferente, y era muy frecuente la existencia de soportales que permitían realizar transacciones comerciales a pesar del mal tiempo. Sin embargo, un caso más frecuente era que la escasez y angostura de las plazas intramuros obligaran al mercado a realizarse extramuros, siendo a menudo, germen de arrabales. Los mercados, plazas y calles en que se celebraban así como las· puertas de la muralla y las iglesias solían designarse con el nombre árabe o romanceado de zoco o azogue, indicio de la procedencia de los primeros. Bilbao, Gernika, Portugalete y Lekeitio no eran excepciones, aunque en estos lugares parece ser una casa utilizada únicamente para almacenaje y venta de trigo y cereal. De las doce villas en que la morfología permite detectar la presencia de la plaza intramuros, en los casos de las mayores, Bilbao, Durango, Balmaseda y Plentzia, el mercado semanal quizá se celebrara allí el mercado semanal, cobijándose en parte al menos en las dos primeras en el pórtico de la iglesia.
- B) Lugar de reunión vecinal tras la misa dominical, de donde seguramente surgiría el nombre de «anteiglesia» para designar las entidades rurales.
- C) Hacia fines de la Edad Media, la plaza Mayor junto a su· tradicional función de mercado sirvió de escenario de espectáculos públicos: torneos, juegos de cañas, lidia y rejoneo de toros, cabalgatas gremiales, danzas … y desde fines del s. XV, autos de fe, con los que culminó el apogeo de las plazas mayores. Estas, al tomar esta función fueron adquiriendo unamayor regularidad en su traza. Los balcones de las casas contiguas servían de palcos para las damas principales y autoridades locales, y solían enriquecerse con tapices y suntuosos paños.
- D) Las plazas eran también lugar de ejecuciones públicas, de lo que conservamos numerosas noticias documentales si bien ninguna de Bizkaia de época tan temprana como otras recogidas para Castilla.
- E) Otro de sus usos era servir de lugar en que se expusiera a vergüenza pública a algún delincuente durante un determinado lapso de tiempo. Las Ordenanzas de Gemika, por ejemplo, prescriben que los ladrones de «manganas e ubas» deberían permanecer con el fruto de su hurto colgado del cuello en la plaza de la villa durante una hora.
- Edificios Públicos
- A) Las Parroquias: La catedral o bien la parroquia en el caso de todas las villas, además de ser centro de devoción, es un elemento muy importante en la economía de la ciudad. Mientras dura su construcción (a veces siglos), da trabajo a todos los gremios y es fuente de contactos culturales, pues muchas veces las dirigieron foráneos o extranjeros. Una vez terminada, también su mantenimiento y conservación daría trabajo a numerosos trabajadores artesanos y orfebres. Está hecha con los esfuerzos materiales de la comunidad y con el producto de las multas municipales, y a veces da lugar a la calle de la iglesia, acceso principal a ella. Este es el caso de Portugalete, donde una de las calles se llama calle de Santa María, igual que su iglesia parroquial. El templo está siempre cerca de la muralla en Bizkaia o bien externo a ella sobre todo si preexistía a la fundación de la villa, de acuerdo con el ideario urbanístico de la época, generando espacios abiertos que hacen el papel de plaza mayor. Si la ciudad era un poco grande, cosa que en el Señorío sólo sucedió en el caso de Bilbao, Durango y Bermeo, además de la catedral o iglesia mayor había varias parroquias para los barrios o arrabales a los que daba nombre, capillas y oratorios para cultos determinados y monasterios urbanos mendicantes encauzados hacia el fomento de la piedad popular. Las parroquias además de ser circunscripciones religiosas, se convirtieron en distritos políticoadministrativos con identidad propia dentro del municipio. En ellos se elegían los funcionarios y a la salida de misa, ante el conjunto de vecinos feligreses, se validaban actos jurídicos. El número de parroquias era variable. En Burgos, en la segunda mitad del s. XI eran once, en Toledo llegó a haber veintinueve, pero en Bizkaia, la mayor ciudad, Bilbao, aún en 1488 sólo tenía dos: Santiago y San Antonio Abad. Habría que esperar a 1581 para que las capillas de San Nicolás (sita en el Arenal, barrio pesquero) y la de los Santos Juanes (adosada al hospital) se convirtieran en parroquias. El pórtico interrumpe la uniformidad de la calle porque nunca está alineado con las casas normales, y ya hemos dicho que son lugares utilizados para administrar justicia, dar publicidad a preceptos y normas o cobijar el mercado. Además las iglesias solían rodearse de un cementerio. Todos estos factores realzan la importancia de la iglesia y por ende de la religión y el clero de cara al común de los habitantes de una población. Las torres de la iglesia cumplen misiones importantísimas pues sus campanas señalan horas y cultos, las muertes, son vigías del fuego, e incluso se usan para llamar a los bandos a la lucha, al concejo a reunión y para «apellido» de algún robo e hurto e maleficio. Entre los privilegios otorgados a las villas por la carta puebla, F. Gª de Cortazar y M. Montero señalan la concesión de una iglesia, aspecto absolutamente cierto y que vemos reflejado en muchas de ellas. En algunas cartas pueblas se nombra la advocación de la iglesia concedida, en otras no, pero son muy pocos los casos en que no se menciona para nada la iglesia. Los templos otorgados en las cartas pueblas se cuentan entre los más famosos e importantes del Señorío, y su filiación artística va desde 1150, románico, en la iglesia de San Pedro de Mungia, hasta los albores del Renacimiento vizcaíno de principios del s. XVI, abarcando los estilos románico, gótico y transición al renacimiento. De la mano de F. Sesmero Pérez vamos a hacer un breve recorrido por los restos de las iglesias parroquiales de fundación en la actualidad. Divide el gótico en tres escuelas:
- a) Escuela de Navarra. De influencia francesa. En este grupo están las mayores y más aristocráticas del País Vasco. Destaca la catedral de Santiago de Bilbao, preexistente a la fundación de la villa en forma mucho más modesta, que fue ensanchada en 1379 y cuya construcción se fue demorando hasta 1404.
- b) Gótico Castellanizado. Aquí se incluyen las obras arquitectónicas del s.XV con rasgos ojivales, portadas etc. más simples.Ejemplo notorio de este grupo es Santa María de Lekeitio, que al paracer fue consagrada en 1289 y reconstruida a fines del s. XV. Santa María de Portugalete, fundada en 1333, es gótica decadente de la época transitoria al renacimiento. Santa María de Ondarru es también gótica decadente. Santa María de Uribarri, de Durango, tiene escasos restos góticos del s. XV. San Severino de Balmaseda aparece ya citada con este nombre en la carta puebla de la villa, pero la que ahora conocemos fue fundada en el s. XIV y reedificada y ampliada a mediados del s. XV con columnas y capiteles góticos del s, XIV. Santa Eufemia de Bermeo fue fundada hacia 1310 y luego reconstruida a fines del s. XV, pero conserva la nerviatura de sus bóvedas del s. XIV. Fue iglesia juradera. Santa María de Orduña también pertenece a este grupo.
- c) Gótico vasco. Gótico muy decadente cercano al renacimiento o inmerso en él. Es un grupo muy extendido y con obras muy notables, cuyos ejemplos más característicos son: Sta. María de Gemika «La Nueva» para distinguirla de «La antigua» o Juradera que hoy forma parte de la Casa de Juntas, comenzó a edificarse en el s. XIV y se terminó en 1715. La Concepción de Elorrio, fundada en 1459 y reconstuida en 1510 con portadas ojivales y, por fin, Sta. María de Jemein, muy antigua, preexistente a la propia fundación de la villa de Markina puestoque el Señor se la otorga, fue reconstruida entre los años 1510-1550, en puro estilo gótico. Las demás iglesias parroquiales de las villas: S. Pedro de Lanestosa, S. Bartolorné de Ugao, Sta. Magdalena de Plentzia, Santiago de Ermua etc. conservan escasísimos o nulos restos medievales.La creación de hospitales, hospederías para pobres y hospicios influye en el urbanismo de los
últimos tiempos del gótico.
- B) Conventos y Hospitales
Hubo una introducción bastante intensa en toda Europa de centros conventuales de carácter urbano desde el s. XIII: franciscanos, dominicos y carmelitas. Tenían gran peso específico por su vinculación a formas de religiosidad y pastoral rnás próximas a los sentimientos de la población urbana. En Bizkaia, corno en tantos otros lugares, la aparición de conventos mendicantes puede tornarse corno síntoma de urbanización aunque precisamente por ese motivo su fecha de instalación en estas tierras fuera bastante posterior.
La primera comunidad religiosa del Señorío atestiguada docurnentalrnente data de 1284 y fue la de los mercedarios de Burtzeña, en la ría de Bilbao. Esta orden estaba .dedicada a liberar a los cristianos cautivos en poder de los moros, y fue convertida en mendicante por Benedicto XIII mucho después. El conde Fernán Pérez de Ayala, dueño de esas tierras en las Encartaciones, tenía edificadas torres en Lutxana y próximas a ellas había construido una iglesia a Santa María. El se la cedió así corno tierras para que la comunidad se pudiera mantener.
El primer convento mendicante de Bizkaia fue el de San Francisco en Bermeo, fundado por Don Tello en 1357 en un pequeño llano extramuros de la villa, con capacidad para veinte frailes. Este era un caso rnuy frecuente aunque a veces el desarrollo posterior de la villa determinara su inclusión dentro de la misma. Las noticias que tenernos de los conventos de Bilbao son bastante tardías. Primero se instalaron en anteiglesias inrnernediatas a esta villa: Abando y Deusto por la pequeñez del municipio en el s. XV. El convento de San Mamés de Abando se edificó en 1431 sobre una antigua ermita dedicada e él que existía en ese lugar. Su erección canónica data de 1450 y allí habitaban 30 frailes franciscanos. Al vecindario de Bilbao se le hacía rnuy lejos el desplazamiento para asistir a los oficios por lo que pidió a la Santa Sede que se acercase a la Villa. Sixto VI accedió y en 1475 mandó que los frailes de San Marnés pasaran a unos terrenos donados por el armador Juan de Arbolancha en la orilla izquierda del Nervión frente a Barrenkale y Barrenkale Barrena. Hoy se conserva en la toponimia la calle con el nombre de San Francisco. El siguiente convento del que tenernos noticia fue el de agustinos de Deusto fundado en 1515 en un viñedo comprado a Tristán de Laguizamon, preboste de Bilbao, en el lugar donde hoy se sitúa el ayuntamiento de Bilbao y adonde se habían trasladado desde su antigua ubicación en San Bartolorné de Berriz, en Deusto. El convento de la Encarnación lo fundó Doña María Ortiz de Madariaga en una casa de la calle Somera en 1499 en forma similar a un beaterio, donde una pequeña comunidad religiosa femenina
vivía una espiritualidad intimista en una casa particular. Después se trasladó a Ibeni pero hasta 1527 no acudieron diez frailes dominicos y su prior.
La incidencia urbanística de los conventos fue muy grande, pues muchas veces, sobre todo en el caso de conventos femeninos, la amplitud de los terrenos dedicados a huertos supone la interrupción al desarrollo de la ciudad. Será sólo a raíz de la desamortización del s. XIX cuando se inicie el crecimiento urbano al destruirse la barrera de conventos y grandes propiedades que cerraban el cerco de la posible expansión urbana.
En la conflictiva sociedad del s. XV jugaron un papel no desdeñable. En Gasteiz, el convento de San Francisco de principios del s. XID, se usaba para las reuniones de la cámara del Concejo, es decir de los oficiales y también para la celebración de ayuntamientos.
Otros edificios públicos que aún no siendo religiosos deben considerarse con los eclesiásticos son
los hospitales, situados en los núcleos urbanos. Muchas veces tenernos de ellos noticias tardías pero seguramente serían rnás antiguos. En Bilbao, para 1463 existía el hospital de los Santos Juanes, en las inmediaciones de la iglesia de San Juan que sólo servía para los necesitados y que, en opinión de E.J. Labayru, mejor debió haberse llamado «Casa de Misericordia» pues no era para enfermos sino que al igual que en otros lugares como en Gasteiz, también acogían peregrinos de Santiago y enfermos. Su mantenimiento correspondía a sus fundadores. También recibían donaciones particulares y pequeñas donaciones del concejo. Las Ordenanzas de Bilbao nos conservan varias disposiciones referentes al hospital, como la obligación de dos de los regidores de la villa de ir los sábados «a visitar los pobres del ospital», o la de los médicos de atenderles sin ningún tipo de pago.
- C) Casa del Concejo, de la Justicia y Cárcel
El concejo no se reunía en un lugar fijo, o al menos de su propiedad. Hemos mencionado cómo en
ocasiones se reunía en algunas parroquias o monasterios. En las ciudades catedralicias compartían el lugar de reunión con el cabildo eclesiástico. Para Bilbao tenemos noticias documentales que nos informan de que en 1463 ya había casa del concejo, que además, como era lógico, estaba situada en la plaza de la Villa. Según Guiard habría que esperar a 1535 para que se edificara la primera casa consistorial como tal, situada junto a la iglesia de San Antón dando frente a la plaza Mayor Una riada se la llevó veinte años después siendo allí mismo recontruida más tarde.
En Lekeitio la primera se comenzó poco antes de 1523 y se terminó poco después siendo utilizada también como alhóndiga. El incendio de 1595 lo destruyó y en el nuevo se introdujo un elemento de gran importancia desde el punto de vista urbanístico así como social: el pórtico.
Sabemos que los Reyes Católicos en las Cortes de 1480 habían apremiado a las ciudades para que construyeran sus ayuntamientos en dos años, lo que demuestra, evidentemente, que muchas no los tenían.
La situación debía ser similar en 1527 pues D. Carlos por Real Cédula mandaba imponer 300 ducados de sisa para la construcción de las Casas Consistoriales.
En 1528 fueron aumentados hasta 800 y 6500 reales, pero todavía en 1596 se volvía a hacer otro pliego de condiciones para su erección.
La casa de Justicia tampoco tenía sede fija. A veces los pleitos se dirimían en el mismo sitio en que
se reunía el concejo (o sea, en cualquier parte), en la casa del juez, o en alguna dependencia de la cárcel.
En 1425 el alcalde de Bilbao, Juan Pérez de Marquina administraba justicia «ante las puertas de la casa de Juan de Loaga, sentado sobre el tablero de dicha casa en Bilbao La Vieja». Hasta la época de los Reyes Católicos no empiezan a aparecer las casas de justicia, por supuesto muy modestas.
Así como los edificios anteriores (Casa del Concejo y Casa de Justicia) no aparecen en las Cartas
pueblas, ordenanzas municipales ni fueros, la cárcel aparece repetidamente mencionada en todos ellos, hablándose de penas que debían cumplirse en la cárcel a la que llaman cárcel, cadena o prisión. El Fuero Viejo (1452) dice que debía de haber «buenos guardadores y buenas prisiones» ordenando que los merinos «sean tenidos de los guardar vien y den goardas a los goardadores por que los tales presos no faian fuiendo por su neglijencia ó mala goardia», pues si no lo hicieran así y el preso escapara, deberían pagar al demandador del preso lo que éste debiera a aquél.
Sin embargo no había edificios adecuados y exclusivos para servir de cárcel, de forma que los prestameras cumplían con alquilar cualquier casa y meter en ella a los presos, siendo cuenta de éstos mantener a los carceleros que el prestamera les daba. También existían las cárceles privadas, al menos en Donostia donde sabemos que el preboste la tuvo lo que le dio un poder tan grande que los Reyes Católicos ordenaron su clausura y la erección de una nueva y pública en 1488. El Fuero Nuevo (1526) decía que en el Señorío debía de haber dos cárceles públicas: una en Gernika, la principal, y otra donde residiese el corregidor, pero en realidad esto nunca se cumplió ya que nunca hubo una casa a propósito por más que se dieran muchos ordenamientos y provisiones para su edificación. Las cárceles solían situarse normalmente en alguna de las torres de la muralla y precisamente en ese lugar se situaba en Bilbao, sobre el portal de Zamudio. En Donostia, clausurada la cárcel particular del preboste en 1492, se acondicionó definitivamente con esta función la torre de la Sagramentería.
Las irregularidades debían ser bastante abundantes pues no sólo el fuero pena la posibilidad de negligencia sino que dos de las ordenanzas de Bilbao prohiben que el carcelero suelte a sus presos. En 1536 el Concejo autorizó a la villa de Bilbao el empleo de tres mil ducados que deberían sacarse de la nueva sisa de los mantenimientos de la Villa, para erigir una cárcel nueva pues la existente era pequeña y vieja y los presos huían de ella con facilidad.
Testimonio de la jurisdicción y elemento característico de la ciudad medieval en el periodo gótico es el rollo, en el que los escudos indican el Señorío al que pertenece la población y en donde se dan publicidad los textos normativos.
Paralelamente las picotas, similares a los rollos en su estructura (columna sobre amplio basamento) se erigen en la inmediata cercanía de las poblaciones y es donde se ejecutan las sentencias o se da publicidad a las condenas.
Las Ordenanzas de Gasteiz de 1487 nombran ambos elementos, diciéndonos que la cadena para
atar a los presos podía estar en la cárcel o en el rollo.
- D) Otros Edificios Públicos
Las cartas pueblas no nos permiten rastrear la existencia de ningún edificio público más. Sin embargo las ordenanzas municipales nos hablan de edificios como la rentería, lonja para «acero o fierro» donde todos los extranjeros tenían obligación de alonjar esta mercancía y donde existía un peso que debía obligatoriamente usarse para pesarla. También conocemos a través de ellas el azoque, que no sería lo mismo que el mercado, al aire libre, para el que se utiliza la palabra plaza sino que «pusieron ley e ordenanza que el a~oque de la dicha villa esté en una casa y non en más», lugar en el que deberían alonjar todos los extranjeros o vecinos la harina o trigo que trajeran. Allí además debería medirse, aforarse y venderse. Es decir, que en este caso la alhóndiga era llamada azoque. Pertenecía al concejo y éste cobraba derechos a sus usuarios.
Sabemos que en Gipuzkoa las villas poseían molinos donde necesariamente iban todos los vecinos.
Sancho el Sabio desde la fundación de la primeravilla, fuero de Donostia, concede el privilegio de
molinos y hornos. El horno podía ser comunal (se pagaba un tanto) o familiar. Este tipo de concesión no la conocemos para Bizkaia.
Entre los grandes proyectos de ensanche del Ayuntamiento de Bilbao, en 1463 se menciona el deseo de «fazer en esta villa una casa de la moneda para batyr moneda en ella … » que parece no llegó a realizarse, así como arreglos y creación de muelles, rampas o cays, reparación de los muros y puentes etc. Para estas obras se trató de vender algunos ejidos y bortos de la población. En la realización de las obras públicas todos los vecinos tenían obligación de acudir al trabajo o de enviar a quien les representara, y eran sufragadas mediante derramas ocasionales o con el producto de las multas municipales.
Otro edificio público que conocemos gracias a la información que nos proporcionan las ordenanzas
municipales es la «red», que debía de ser algo similara la lonja para pescado. Cuando el pescado llegaba a la villa de Gernika debía ser guardado obligatoriamente allí, lugar en que los fieles lo aforarían.
De los puentes que sin duda existieron pues muchas de las villas estaban situadas junto a ríos no se nos ha conservado ninguna mención documental a excepción del de San Antón de Bilbao. El puente Viejo de Balmaseda es, sin duda, el ejemplo medieval vivo más bello y singular de toda la geografía vizcaína. La fábrica románica del mismo viene atestiguada por las marcas de cantero que en él se observan (ss.XII-XIII) y en cuanto al torrejón, este parece ser posterior, siendo seguramente de mediados del s. XV.
Del puente de San Antón se tiene referencias muy escasas. Guiard para 1342 nos habla de «la puente del alcázar» pero no podemos hacemos ni idea de su fisonomía. Los escudos de Bilbao más antiguos conservados (s.XVI) nos ofrecen la imagen de un puente de piedra de perfil claramente alomado con dos ojos, uno mucho mayor que otro. Seguramente se ocuparía el Concejo de su mantenimiento y mejora, puesto que era la única comunicación de la Villa con las vías de acceso al interior de la Península. Se localizaba, a diferencia del actual, pegado a los pies de la iglesia que le daba nombre, conduciendo directamente a la plaza Mayor y serviría de nexo de unión con el arrabal preexistente de «Allende la puente».
Comienza también en la Edad Media el abastecimiento de agua por medio de albercas. La primera de que se tiene constancia en Bilbao fue la de Ibeni, en el remate de la Ronda, que tomaba el agua del manantial de Basondo. A finales del siglo XIV se mencionan otras albercas en el Arenal, Portal de Zamudio y plaza de Santiago, que después se ampliarían y reformarían. Las ordenanzas de Gasteiz y las de Lekeitio nos nombran las fuentes mostrando una preocupación por la limpieza de sus aguas.
M.ª José Zabala Altube
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