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RECORRIDO HISTÓRICO 77: BARAKALDO SIGLO XX (LA CIUDAD FABRIL)

RECORRIDO HISTÓRICO 77: BARAKALDO SIGLO XX (LA CIUDAD FABRIL)

Desde mediados del siglo XIX venía cuajándose en Barakaldo, en la confluencia de los ríos Nervión y Galindo, una actividad industrial desconocida hasta el momento. La cercanía de abundante y buen mine­ral de hierro no fosforoso y la iniciativa de algunos enriquecidos comerciantes como los Ybarra propició el establecimiento en 1854 de la fábrica de Nuestra del Señora del Carmen. Con su implantación se esta­blecía la primera siderurgia integral. La guerra carlis­ta de 1875 y otras dificultades no desanimaron a sus promotores que, uniéndose a un importante núcleo financiero madrileño y catalán, cuya cabeza visible fue José Villalonga, transformaron en 1882 la fábrica del Carmen en la Compañía Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao. El mismo año se fundan en Sestao la Sociedad Anónima de Metalurgia y Construcciones (La Vizcaya) y en 1887 «La Iberia». Junto a ellas toda una infraestructura ferroviaria que posibilitó el acercamiento del mineral de hierro. Con la fusión de las tres empresas en 1902 se creará la mayor empresa siderúrgica de España: Altos Hornos de Vizcaya. Para Barakaldo será la consolidación de una nueva realidad, una realidad que hace referencia a la «ciudad fabril» porque desde hacía unos años había dejado de ser un «núcleo rural».

«Núcleo rural» hace referencia a hábitat escaso y disperso. A una población que vive, fundamental­mente, de los recursos del sector primario. Centrada en el caserío y en dependencia de los dueños de la tierra. Un mundo mayoritariamente analfabeto (es­pecialmente la mujer y el campesinado autóctono) donde la fiesta es esencialmente religiosa. Este es el Barakaldo existente hasta finales del siglo XIX. Este es el Barakaldo que, de forma violenta y no exenta de problemas, se va a venir abajo. Los cam­bios, promovidos por la industrialización y sus reper­cusiones, harán visible una nueva realidad: la «Ciu­dad fabril». Un espacio densamente ocupado por un población tanto nativa como inmigrante, con una dedicación prioritariamente industrial. Habitante en alquiler de pisos en bloques de varias alturas o en barriadas promovidas por las propias empresas. Un mundo progresiva e igualitariamente culto y hetero­géneo. Es el Barakaldo cuyo recuerdo está aún muy vivo. Porque el Barakaldo «fabril» ya es recuerdo para las nuevas generaciones.

1.- DEMOGRAFÍA

1.- En los inicios del siglo XX (1900), la Anteiglesia te­nía una población de 15.013 habitantes. Cuando finalice el siglo (2000) esta será de 97.222.

2.- Los hitos duplicadores de la misma son:

  • 1887-1900: pasa de 8.868 a 15.013. Han trascurrido 13 años
  • 1900-1930: pasa de 15.013 a 34.209. Han trascurrido 30 años
  • 1930-1960: pasa de 34.209 a 77.802. Han trascurrido 30 años
  • 1960-1979: pasa de 77.802 a 123.760. Han trascurrido 19 años

A partir de este año se inicia un lento descenso. El año 2000: 97.222 hab.

3.- Algunas anotaciones:

3.1. Inmigración: Fuerte desde el comienzo aun­que no supera la población autóctona hasta la década de los 60[1].

3.2. Esperanza de vida: 1890: 22,8; 1930: 53,9; 1990: 72

3.3. Incidencias extraordinarias:

  • Epidemias de cólera y gripe. La de 1885 (6 octubre a 16 noviembre) afectó a 374 barakaldeses de los que fallecieron 114 (59 hombres y 55 mujeres). El 58% residentes del recién creado núcleo del Desierto. La de 1893 (25 de agosto a 22 de octubre) provocó 57 defunciones. Sin embargo la fatídica gripe de 1918 no tuvo singular im­portancia.
  • Guerra y posguerra civil. Debemos suponer que de alguna manera incidió tanto en el crecimiento vegetativo como en los niveles de las migraciones. Sin datos.
  • Desanexión de Alonsotegui en 1990 (desde 1888 está unido) que le hizo perder unos 2.500 habitantes.
  1. ECONOMÍA

Con la instalación en Lasesarre y próxima al Con­vento carmelitano del Desierto a mediados de siglo XIX de la «Fábrica del Carmen» se inicia en Barakaldo una nueva forma de vida: la industrial. Superado el paréntesis de la última de las Guerras Carlistas (1876) la consolidación del tejido industrial será una realidad.

1.- Elementos generales:

1.1. Avance de las industrias, disminución del sec­tor primario y aparición del sector terciario.

1.2. Sacrificio del patrimonio preindustrial a favor de la industria

1.3. Ubicación: Lasesarre-Burceña, Lutxana, Iraúregui, Beurco-Bagatza y Ansio.

2.- Fases del proceso:

2.1. 1882-1902: 1882: constitución de la Sociedad Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao. 1902: constitución de Altos Hornos de Vizcaya

2.2. 1902-1914: crisis de sobreproducción agudi­zada por la competencia extranjera que se ve paliada por la Primera Guerra Mundial. En es­tos años se inician varias actividades indus­triales relacionadas con la minería (Arnabal, Burzaco, Zamundi…), siderurgia (Altos Hor­nos), metalurgia (N.a Sra. del Rosario, Santa Águeda, Alambres del Cadagua, Vidarte), transporte (Franco-Belga, Orconera, Luchana Minnig), textil (Rica hnos.), electricidad (Socie­dad Eléctrica Nervión), cemento (San José), química (Industria y Comercio, Unión Españo­la de Explosivos…)…

 

PRODUCCIÓN[2] de las PRINCIPALES MINAS en los AÑOS 40

 

MINA 1942 1943 1946 1950
Orconera 252.801 243. 715 261.392 453.091
Franco-Belga 83.485 96.195 118.978 87.912
Bilbao 78.348 75.278 61.801 805
Malaespera 59.336 59.063 9.419 35.816
Sorpresa 40.331 58.211 42.415 43.118
Elvira 29.222 18.360 9.715 6.535
Abandonada 27.051 26.288 51.894 68.352
AHV 26.788      
Dº Don Benito 25.637      
San Luis 24.677 14.189 28.170 28.658

 

2.3. 1920-1939: grave crisis industrial con una pe­queña recuperación en los años treinta. Posiblemente uno de los momentos más dramáti­cos. Se corta la recuperación con la guerra ci­vil. En 1922, 17 de julio, escribe la Luchana a Unión Eléctrica: «Debido a la crisis tan pro­longada que estamos atravesando en el mercado de minerales de hierro, nos encon­tramos en la misma situación de otras mu­chas compañías, y hemos sido obligados a paralizar muestro trabajo por completo». No obstante, en el mismo año, se establece en Luchana la Sociedad Bilbaína de Productos Químicos. La producción de mineral de hierro, por ejemplo, disminuyó de 6,5 millones de toneladas en 1929 a 1,8 millones en 1933 y su consumo en España de 1,5 millones de toneladas a 0,66 millones de toneladas[3]. En 1935, a pesar de todo, Bizkaia producía el 72% de lingote de hierro de España, el 55% del acero y el 46% de los laminados. En 1940, su participación era del 73%, 59% y 55% respectivamente. Durante la guerra buena parte de la producción siderometalúrgica vasca se dedicó a la fabricación de material militar.

2.4. 1939-1959: lenta recuperación para llegar a la situación anterior a la contienda. Destacan la creación de la industria química de Sefanitro (Lutxana) en 1941 y Montero (Retuerto) en 1950. En Bizkaia , entre julio de 1937 y diciembre de 1941, se crearon 253 sociedades con un capital social de 350 millones de pesetas y se ampliaron capitales en unas 130 con un casi 1.000 millones de pesetas[4].

2.5. 1960-1975: gran auge industrial. 1960: Meta­lúrgica de Burceña: máquina herramienta; 1962: Sociedad Ugine Química de Halógenos (Alonsotegui): gases de seguridad; 1966: Oxi-norte (Lutxana): oxígeno y nitrógeno.

2.6. 1975-1996: progresivo declive que tiene su punto culminante en el cierre de Altos Hor­nos.

 

  1. SOCIEDAD

De los datos anteriores podemos ya concluir algu­nos rasgos generales que configurarán la realidad social de la anteiglesia:

3.1. Los cien años comprendidos entre 1875 y 1975 suponen el paso de una población mayoritaria­mente agraria a una población en dependencia de la industria y con una creciente tendencia al sector terciario.

3.2. La necesidad de mano de obra motivará la llegada de fuertes remesas de inmigrantes que, a partir de los años sesenta, superará a la población nativa.

3.3. Como consecuencia de ambos fenómenos la mayoría de la población pasará a habitar en un ámbito urbano abandonando las formas tradi­cionales anteriores.

3.4. La mayoritaria clase social agraria irá perdiendo consistencia y se consolidará una numerosa clase trabajadora y una minoritaria burguesía. Junto a esto, la consolidación de una compleja trama política que caracterizará no sólo a la anteiglesia sino a todo Euskadi: un núcleo liberalconservador, otro nacionalista y un tercero socialista. Personajes como Víctor Chavarri, Sabino Arana o Facundo Perezagua[5] represen­tarían el primero de los trípodes[6]; posteriormente Gregorio Balparda, Ramón de la Sota e Indalecio Prieto.

Las trasformaciones descritas no estuvieron exen­tas de conflictos ya desde su implantación. Todo ello puede verse en la novela «El Intruso» (Blasco Ibá­ñez), en las memorias del sindicalista Constantino Turiel («Recuerdo de mi vida y las luchas mineras») o en la monografía «Nosotros los Ybarra» de Javier de Ybarra.

Algunos problemas:

  • derivados del uso del agua: las empresas de­mandan agua «dulce» para sus necesidades. Construcción del embalse del Regato (1896) tu­vo una gran oposición y se hubo de recurrir a la expropiación forzosa… La construcción del em­balse de Gorostiza (1944) otro tanto…
  • derivados de los hornos de calcinación de mi­neral: afectan, sobre todo al barrio del Regato. Ya desde 1906 -y en años posteriores también-encontramos indemnizaciones a vecinos del Regato (Bonifacio Urcullu: 391 pesetas por estropicio de 52 árboles cerezos, 11 manzanos y 3 castaños; Manuel Chavarri: 1.167 pesetas por 71 castaños y 34 robles; José Mª Castaños: 1.537 pesetas por el estropicio en una viña y 7 árboles (manzanos, cerezos y un melocoto­nero)…
  • derivados de las industrias químicas: especial incidencia desde sus inicios hasta los años 70: por peligrosidad (La Nitramita), por malos olo­res, por temor a los gases… Sefanitro…
  • derivados de los abusos en la utilización de tie­rras: significativo puede ser el caso de Paulino Chavarri que hacía, literalmente, lo que le daba la gana a la hora de utilizar suelos para hacer caminos, etc. Las denuncias de vecinos ante el ayuntamiento son abundantes. Lo mismo pode­mos decir del uso de terrenos comunales para las minas de la zona de El Regato. También, lo hemos significado anteriormente, a la hora de la construcción de los pantanos: con el pantano de El Regato se vienen abajo tres molinos; con el de Gorostiza todo el barrio de Aranguren con su molino, ferrería, ermita de la Concepción, y restos de la antiquísima casa-torre. Amén de cortar todos los caminos que unían el Argalario y Sasiburu. Lo mismo podemos decir del último atropello al patrimonio: la destrucción del Moli­no de marea de San Juan cuando se realizó la solución Ugaldebieta.
  • derivados de la situación de las viviendas: la más interesante ocurre en mayo de 1905 con todos los visos de las «matxinadas» de Antiguo Régimen: p.e. los vecinos de la calle Arana, so­bre todo mujeres protestan por la carestía de los alquileres; se solicita una reducción amenazan­do con no pagar; los propietarios recurren a las autoridades (juez y Fuerza pública), se radicaliza la situación (sacan sus muebles a la calle, se su­ma más gente), interviene la fuerza pública y hay una serie de detenidos (85).
  • derivados de las situaciones laborales: 15 de julio de 1899: abandonan el trabajo 5.000 obre­ros de La Vizcaya y Altos Hornos. Intervención del ejército. Motivos: subida salarial (solicitan un jornal de 4 pesetas al día).

1902-1914: la mayoría de huelgas son protagoni­zadas por mineros, cuyos salarios son más bajos que en las fábricas. Un ejemplo puede ser la protagoni­zada por los de la Luchana Mining. El 10 de agosto de 1906 una comisión de la Sociedad de Obreros Mineros formada por Francisco Ortega, Felipe Santiago y Serbulo de Miguel se dirige al Gobernador Civil solicitando:

  • «la admisión al trabajo de dos compañeros des­pedidos del trabajo sin causa suficiente;
  • poner una caballería para el arrastre de vagones en la cantera del capataz Celestino o en caso contrario sean cinco los obreros que pongan al arrastre los vagones;
  • se haga cumplir al capataz de los hornos la pro­mesa del Director aumentando un real en el sueldo a los obreros que llevan más de tres me­ses de servicio;
  • cuando tengan los obreros del horno que doblar las tareas se les abone ese día pudiendo reunir 7 días a la semana si los trabajan; en caso con­trario no se les obligue a doblar las tareas;
  • libertad a los presos detenidos por la Guardia Civil sin motivo justificado».

NOTA: no citamos otros conflictos derivados de la reconversión industrial de los años 80 por ser cerca­nos en el tiempo y estar en la mente de la mayoría de la población.

  1. URBANISMOA finales del siglo XIX y primera década del siglo XX las barriadas de Barakaldo son nueve: Iraúregui (con Alday), Regato, Retuerto, Burceña (con Cruces y Llano), San Vicente, Landaburu (con Arrandi), Beurco, Luchana (con Vitoricha) y Desierto.

El aumento de la población y los primeros esta­blecimientos industriales dan como resultado la con­figuración del primer casco urbano de Barakaldo que en el padrón de 1893 se extiende por las calles Ara­na, Carmen, Estación, Ibarra, Lasesarre, Murrieta y Pormecheta. En ellas se ha ido construyendo vivien­das vecinales cuyos principales dueños son Arana (250), los Olaso (112), Rodas (58) y Zunzunegui (54). Todas ellas de tres o cuatro alturas y, en ocasiones, de balcón corrido («la bomba»-Ramón y Cajal-, Zunzunegui -cuartel de la Guardia Civil-…).

El centro vital se desplaza del interior a la ría: de San Vicente al Desierto (Plaza de Abajo) aunque las dependencias del Ayuntamiento se instalarán en la Plaza de Arriba. La zona del Desierto (pronto Plaza Villalonga) se convierte en lugar de diversión, mercado municipal, escuela de Artes y Oficios, co­rreos, cine, oficinas de Altos Hornos, estación de ferrocarril…

Época en la que se construyen, además de vivien­das, una serie de equipamientos de los que señala­mos:

  • Campo Santo (1889).
  • Escuelas mixtas de Burtzeña (1889), de Lutxana (1890 y 1904), ampliación en 1911 de la de El Regato, Retuerto (1915).
  • El 14 de julio de 1888 se inauguró la traída de aguas para las fuentes públicas.
  • El 24 de junio de 1894 se inaugura el alumbra­do eléctrico en las calles de Barakaldo.
  • Lavaderos de Lutxana (1889), Rontegui (1890), San Vicente (1912).
  • Matadero (1916).
  • Alcantarillado de El Regato, calle Arana, La Vega, Lasesarre y Desierto (1889).
  • Depósitos de agua de Rontegui (1898). Varios cargaderos de mineral en la Ría. Hospital para infecciosos (1903). Dos puentes sobre el Regato (1891).

De todos modos la situación de la vivienda era pe­nosa: «Es escandalosa, inmoral y sobre todo antihi­giénica, la aglomeración de habitantes en las casas de este barrio (se refiere al Desierto) por la escasez y carestía de las viviendas. Los primeros arrendatarios alquilan por ejemplo una habitación por veinte pese­tas al mes y, por no poder satisfacerlo admiten dos o más posaderos o uno o dos matrimonios. A los pri­meros les cobran mensualmente dos duros…; con los segundos comparten la renta, de suerte que hay habitaciones compuestas de tres o cuatro piezas pequeñas en donde viven diez, doce y más seres vivientes. Así que este barrio está continuamente infectado de viruelas, difteria y otras enfermedades infecciosas y contagiosas».

La urbanización se desarrolló sin ningún plantea­miento efectivo y sólo regulado por las ordenanzas municipales. Casto de Zavala (1890) es el primero que lo realiza para controlar el crecimiento del entor­no de la fábrica del Carmen. De él poco se cumplió y hubo de rectificarse en los años 1907 y 1917. Será el Plan de 1924 el primero en contemplar todo el espacio entre el Galindo y el Cadagua.

2.- Tras la Primera Guerra Mundial (1920) y la Guerra Civil Española (1940) hay un nuevo cambio urbanístico. Se inicia la construcción de «viviendas baratas» por iniciativa de las sociedades cooperati­vas. El modelo será de casas unifamiliares (planta baja y piso) agrupadas en pequeños barrios según el diseño de Ismael Gorostiza y que se ubicarán, sobre todo, en los barrios de Arteagabeitia y Beurko-Bagatza. Nombres significativos son La Esperanza, El Porvenir, La Familiar, La Voluntad, La Felicidad, La Providencia, La Tribu Moderna, El Hogar Futuro, El Hogar Propio… Al mismo tiempo coexisten cerca de 220 caseríos.

El primitivo casco urbano continuará su expansión hacia los barrios de Zaballa y Rontegui y ello contri­buirá a llenar de significado la Plaza de Arriba (actual Herriko Plaza) en detrimento de la Plaza de Abajo. En su entorno se ubicarán algunos edificios emble­máticos como la Caja de Ahorros Municipal de Bil­bao, La Cooperativa, la Casa del Pueblo y un nuevo Mercado de Abastos.

Al mismo tiempo se levantarán edificios para al­bergar diferentes servicios como el Hospital de AHV, el colegio Juan Ignacio Gorostiza, el Asilo Miranda, el Matadero Municipal, la sede de ANV (Euskaltegi), la cooperativa Bide Onera, el Colegio de los Herma­nos…

El entorno va clarificando su desarrollo: dos zonas (Desierto-Beurco-Bagaza-Landaburu-San Vicente y, en segundo lugar, Lutxana-Vitoricha-Burceña-Llano y Cruces) separadas por la vega de Ansio y algunos núcleos dispersos (Retueto, El Regato, lrauregui y Alonsótegui).

3.- Tras la Guerra Civil se paraliza la expansión urbanística. En los años cuarenta se levantan las Iglesias de San José (Centro), Sagrado Corazón (Re-tuerto) y Buen Pastor (Lutxana). Aún en estos años (en 1937) coexistían unos 137 caseríos dispersos en­tre los núcleos urbanizados.

El «boom» de la inmigración (1950-1970) y la falta de una buena planificación trajo consigo la práctica desaparición de los caseríos y la ocupación sangrienta del territorio en un desarrollo sin control. Para dar alojamiento a esta masa obrera se construirán barrios enteros de obreros promocionado por el Ayuntamiento y el Ministerio de la Vivienda: Bagatza (400 viviendas), Larrea (150), Zuazo (320 San Vicente (320) y Beurko (900). Al mismo tiempo Io harán diversas empresas o entidades como Euskalduna, Sefanitro, Iberduero, Círculo Burgalés, Centro Gallego… Y también la iniciativa privada. Con todo ello se consolida un nuevo eje urbano: San Vicente-Rontegui.

Se inaugura, propiedad de AHV, la Ciudad Deportiva de San Vicente. Lo mismo el Hospital de Cruces (1955), un nuevo Ayuntamiento, la Iglesia de Santa Teresa…

CULTURA

Amplio apartado pero que quizá nos muestra un: de las facetas más interesantes de las profunda: trasformaciones sufridas durante el siglo XX. Nos ce ñiremos únicamente, a modo de ejemplo, a alguna: de ellas.

1.- Educación:

A mediados del siglo XIX, contaba Barakaldo con dos escuelas: Retuerto y San Vicente, regentadas por dos maestros (Domingo de Convenios y José de Gorostiza) y dos maestras (Francisca Eguiluz y Flo­rencia de San Miguel). A partir de aquí dos son los momentos más significativos de la implantación de Centros educativos.

1.1. Entre 1876 y 1931: se ponen en funcionamien­to una serie de establecimientos municipales (mayoritariamente) que luego pasarán a ser es­tatales y que siempre fueron escasos, dado el aumento de la población:

  • 1891-1917: escuela de Rájeta, Salesianos, de Burceña (en pórtico iglesia), parvulario y es­cuela de Lutxana, de Arnabal (en alhóndiga), de Llano, municipal de Vilallonga (que alber­ga otros servicios: Artes y Oficios, p.e.), am­pliación de la de El Regato y de Retuerto.
  • 1917-1931: escuelas de Lasesarre, de Arteagabeitia, de San Vicente, de Castrejana y de Careaga.
  • 1931-1939: escuelas de Vitoricha, de Bagaza, de Arbuyo… amén de la ampliación de aulas en otras varias.
  • Las propias grandes empresas de la Ría iban a formar su propio personal cualificado en los centros educativos que ellas mismas crearon. En el Curso de 1947-48, AHV y “La Naval” de Sestao fundaron sus respectivas escuelas de aprendices y maestría; a año siguiente abría la suya la “General Eléctrica Española, A.A.”. Posteriormente, otras empresas irán creando sus propios centros de formación profesional como Echevarría, Babcock Wilcox… En conclusión, el atraso que había adquirido el Estado español en el aspecto educativo y de formación de personal cualificado, fue sustituido en el País Vasco por instituciones privadas (religiosas y empresariales), que formaron y suministraron la mano de obra cualificada que necesitaba la industria y la economía del país[7]

Uno de los problemas era la situación de los in­muebles: «locales inhabitables, maestros mal pagados, enorme exceso de matrículas…».

1.2. Entre 1949-1975: segunda época que respon­de, sobre todo, al establecimiento de los Cen­tros de la Iglesia:

  • 1938-1950: Dominicas de Burceña, Hijas de la Cruz en Landaburu (hoy cerrado), Salesianos de Burceña, Paúles en el Desierto (tras­lado en 1962 a Beurko), Nicolás Larburu, Hermanos de la Salle (hoy cerrado) y Salesianas en los Fueros (traslado posterior a Arteagabeitia).
  • 1951-1975: Hijas de la Caridad en la Fundación Miranda (hoy sin ellas), Hijas de la Cruz en el Pilar (hoy día sin ellas), Colegio Larrea (asume a Rájeta y Vilallonga), Trueba y Cooperativa El Regato.

2.- Asociacionismo

Una realidad tardía dada la importancia de la in­dustrialización. Fundamentalmente por las buenas condiciones económicas de Altos Hornos, principal activo industrial del municipio.

La primera sociedad obrera de corte sindical fue la de Oficios Varios, en 1898, aunque ya existían dos de Socorros Mutuos: La Primitiva (1885) y San Vicente de Paúl (1889). La Agrupación Socialista de Barakaldo se constituye en 1902, años después de las de la zona minera.

En los próximos años se fundarán un sinfín de asociaciones de todo tipo: sindicales (Sociedad de Obreros laminadores, Obreros Mineros del Regato), políticas (Juventud Republicana, Juventud Socialista, Juventud Vasca, Centro Obrero), recreativo-benéficas (Centro Gallego, Colonia Burgalesa, Colonia Arago­nesa, Colonia Leonesa), culturales (Centro Católico Obrero, Batzoki Retuertotarra, Banda Municipal de Música), económicas (Cooperativa de AHV), de segu­ros (La Esperanza, La Unitaria)… A partir de aquí se fueron multiplicando.

  1. Beneficencia

Corre a cargo tanto de la iniciativa pública como privada. En los Libros de Actas Municipales se con­tienen muchas peticiones de vecinos solicitando ayu­das dada su situación económica. Tanto los llamados «pobres de solemnidad» (98 en 1889) como los «no acomodados» al sistema dentro de la masa de inmi­grantes irán aumentando el número de mendigos y vagabundos. Añádase el paulatino aumento de los enfermos crónicos e inválidos derivados de las con­diciones en las que se trabajaba o de los accidentes laborales.

El primer paso se da en 1863 con la creación de la Junta de Beneficencia (Alcalde, Teniente de Alcal­de, los Regidores y el Síndico, los curas párrocos y dos de los mayores pudientes de la anteiglesia).

En 1906 se crea la Junta Municipal de Caridad (Alcalde, dos concejales, el cura-párroco de San Vi­cente y tres vecinos de los diez que pagasen mayor cuota de suscripción voluntaria).

En 1908 se constituye la Junta Local Protectora a la Infancia y Extirpación de la Mendicidad.

En 1916 la Junta de Beneficencia Domiciliaria. En 1932 la Junta de Protección a obreros sin trabajo.

Junto a las Instituciones, algunos edificios:

1902: Hospital-Asilo de Rontegui que alberga (en el viejo fuerte), además del hospital, la casa de Mise­ricordia y el Manicomio. En 1928 se reutiliza para epi-demiados y albergue de transeúntes pobres.

1910: Hospital de AHV

1914: Asilo Miranda: para ancianos pobres.

 

CONCLUSIONES

  1. El siglo XX es para Barakaldo una encrucijada en la que pasa de ser un núcleo funcionalmen­te agrícola a iniciar una reconversión orientada a los servicios. En medio la acomodación al proceso de trasformaciones propias de la in­dustrialización.
  2. Los cambios industriales introducidos desde mediados del s. XIX y, sobre todo, tras la última de las guerras carlistas (1876), se consolidan con rapidez desde los primeros años del XX. Estas trasformaciones culminan en la década de los años sesenta, iniciando entonces un pro­ceso de retraimiento que, tras dos décadas su­mamente complejas, dará origen a un nuevo Barakaldo, mucho menos industrial y más dedi­cado a los servicios.
  3. La implantación de las industrias conllevó, ade­más de unas significativas huellas demográfi­cas, unos cambios profundos en la economía, urbanización y cultura barakaldesa. El «todo por la industria» acarreó un «nada para el resto». De­rivado de ellos desaparecieron las huellas del pasado agrícola y ferrón y determinados espa­cios de alto valor ecológico fueron sacrificados.
  4. La ausencia temprana de solventes planes ur­banísticos conllevó un crecimiento desorde­nado de la ciudad que hasta el último tercio de siglo no se intentó corregir. Los barrios crecie­ron a su aire y las más recientes vías rápidas de comunicación configuraron una bicefalia urba­na separada por la vega de Ansio.
  5. Los últimos planes político-urbanísticos, en muchos casos ya concluidos, iniciados o pro­yectados, parece van a dotar a la anteiglesia de un diseño más armónico y acorde con una ciudad que DESPIERTA en el siglo XX y se ESPABILA en el XXI para no caer en la mo­dorra.

 EPÍLOGO

El territorio que ocupa Barakaldo ha sido, ya en sus primeras manifestaciones, un espacio de tránsi­to, un espacio de complejidades, un espacio de en­cuentro. Su ubicación crucial (entre ríos, entre dos potentes villas, en el camino de Burgos y Santander, entre Enkartaciones y Bizkaia) supo aprovecharla para acoger a pueblos y culturas diferentes. En el siglo XX, a la llamada de la mina y del hierro, una población heterogénea desembarcó en el territorio. Una vez más sus diversos habitantes, en medio de conflictos y tempestades, tuvieron la capacidad de salir adelante asumiendo las diferencias.

Hoy, se repite la historia. Iniciado el siglo XXI nue­vas gentes (en este caso extranjeras) se acercan a nuestras puertas en demanda de un presente me­jor. Nos recuerdan que en la edad antigua, en la edad media y hace apenas cincuenta años otras riadas humanas arribaron a estas tierras. Nadie po­drá decir que no tenemos experiencia en estos asun­tos. La historia nos demandará si de ella hemos aprendido algo y lo hemos puesto en práctica por­que Barakaldo ha sido, desde siempre, tierra de aco­gida.

 

 

[1] Aunque determinados autores (Lazurtegui, Sanz Escartin, González Portilla…) afirman que la inmensa mayoría de la población minera no eran vascos, los trabajos de González Ugarte y Pérez Castroviejo muestran lo contrario, especialmente del proveniente de la propia Vizcaya. Manuel ESCUDERO en “Minería e industrialización de Vizcaya” p. 45-46.

[2] Se tiene en cuenta la suma de “Rubio”, “Lavado” y “Carbonato”. Datos tomados de Manuel GONZÁLEZ PORTILLA- José Mª GARMENDIA “La posguerra en el País Vasco”, pp. 70-74

[3] Manuel GONZÁLEZ PORTILLA- José Mª GARMENDIA “La posguerra en el País Vasco”, p.11

[4] Manuel GONZÁLEZ PORTILLA- José Mª GARMENDIA “La posguerra en el País Vasco”, p.20

[5] Una buena Biografía de Perezagua es la editada por Norberto IBÁÑEZ y José Antonio PÉREZ en Temas vizcaínos, nn. 346-347,

[6] Manuel MONTERO en “La California del hierro”, p.57 afirma que “los tres son los impulsores del nuevo pluralismo político que mejor representan la modernización política de Vizcaya que habría de afectar a todo el País Vasco”. Añade una breve biografía de cada uno de ellos.

[7] Manuel GONZÁLEZ PORTILLA- José Mª GARMENDIA “La posguerra en el País Vasco”, pp. 55-56

 

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Actualizado el 1 de febrero de 2026

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