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RECORRIDO HISTÓRICO 68: los obreros se movilizan

RECORRIDO HISTÓRICO 68: los obreros se movilizan

El mundo de la “protesta” y “reivindicación” ha existido desde que el ser humano, forzosa o libremente ha comprometido su fuerza de trabajo a un tercero. Las revueltas de esclavos nos son sobradamente conocidas tanto en Egipto como en Roma. Los “motines” (normalmente por encarecimiento de las subsistencias) están documentadas y estudiadas. Con el nacimiento de la “industrialización” y la introducción de la máquina aparece el “ludismo”. Al mismo tiempo un nuevo tipo de relación patrono-obrero basado no tanto en el paternalismo (que se da) sino en el contrato de trabajo. El incumplimiento de sus bases o la mejora de las mismas motivará la aparición de las reivindicaciones obreras y, para mejorar la presión, el nacimiento del movimiento obrero. En este recorrido presentamos este importante momento de la Historia de la anteiglesia de la imprescindibe mano de Mayte Ibáñez[1].

Hasta los primeros años del siglo XX no se puede hablar de una auténtica estructura sindical socialista ni en Barakaldo ni en el conjunto del territorio vizcaíno[2]. Y en el caso de la anteiglesia puede resultar extraño porque se trata del área más densamente industrializada de todo el Señorío. De hecho las primeras influencias del movimiento socialista vienen de la mano de los líderes de Bilbao.

Esta circunstancia un tanto paradójica se explica en gran medida por el enorme peso específico de la empresa Altos Hornos que ya en 1903[3] tenía unos jornales compara­tivamente elevados para sus cerca de 5.000 obreros, situación que se mantenía en 1908[4].

Altos Hornos contaba al mismo tiempo con una amplia red de instituciones benéficas para sus empleados: pensiones para los jubilados, viviendas, cooperativas, tres escuelas particulares de instrucción primaria, dos de artes y oficios, dos hospita­les donde se asistía a los obreros enfermos o accidentados[5]… Como señala Fusi, con este tipo de prestaciones la competencia por lograr una colocación en la empresa era grande, y en muchos casos sólo podía obtenerse mediante algún tipo de recomenda­ción o favor. «Todo ello unido a una relativa estabilidad de empleo contribuyó sin duda a fomentar la fuerte lealtad de un numeroso núcleo de trabajadores hacia la compañía»[6].

En Barakaldo no se crearon sociedades obreras hasta 1898. Fue la de Oficios Varios, cuyo expreso objeto era la «resistencia», la primera en ver la luz, con domicilio en la calle San Juan nº 18. Existían ya entonces dos agrupaciones de socorros mutuos como eran “La Primitiva” (1885) y “San Vicente de Paúl” (1889), sin ningún tipo de intencionalidad política o sindical[7]. La Agrupación Socialista de Barakaldo no se constituye hasta 1902.

El escaso arraigo inicial del socialismo se puso de manifiesto de una forma palpable con la huelga de 1890, en la que fracasaron los intentos de Perezagua[8] de aprovechar la demanda laboral para extender su radio de acción en municipios hasta entonces tan reticentes como Barakaldo y Sestao aunque, según Olabarri, supuso el primer ensayo de movilización general promovido desde la órbita socialista.

Los inicios de los años 90 del siglo XIX fueron de una profunda crisis que repercutió en las relaciones laborales. En febrero de 1895 se calculaba en un diario vizcaino que más de cinco mil personas se habían visto obligadas a abandonar la cuenca del Nervión, “notándose más esa emigración en los pueblos de Baracaldo y Sestao”. Nada tiene de extraño que a partir de junio de 1899 comenzasen las movilizaciones sobre todo por peticiones salariales lo cual motivó la intervención del Ejército que se alojó en las propias instalaciones de AHV.

Así las cosas, el día 1 de agosto, el socialista Merodio, en representación de los obreros en huelga, envió un escrito al Gobierno Civil formulando una serie de condiciones para el cese de los conflictos y la reanudación de los trabajos:

1ª Reconocimiento del derecho que los obreros tienen de pertenecer a las asociaciones de resistencia.

2ª Admisión en la fábrica de todos los obreros que fueron despedidos.

3ª Que sea potestativo de los obreros el ir o no a ocupar puestos de otros trabajadores declarados en huelga, sin que puedan ser despedi­dos del trabajo en caso de negarse a ello.

La empresa no aceptó ninguna de las peticio­nes. Pero el conflicto se estaba alargando demasiado y los obreros, desmoralizados, se fueron incorporando al trabajo. El día 13 los socialistas daban por terminada la huelga, reconociendo su derrota. Cierto es que las movilizaciones se saldaron con un rotundo fracaso  pero el grado de concienciación de la masa trabajadora era mucho mayor ahora sobre todo cuando el encarecimiento de los precios desde 1897 se convertiría en un problema acuciante junto con la demanda de mano de obra[9].

De todas formas las movilizaciones obreras de estos años, hasta la Primera Guerra Mundial al menos, estarán protagonizadas básicamente por el sector minero, cuyas condiciones sociales y de trabajo eran infinitamente más duras que las de los empleados en las fábricas: problema de las cantinas, subordinación a los capataces, trabajo a destajo y una actitud empresarial[10] mucho más intransigente, si cabe. Sobre este particular se quejaban varios vecinos de Gallarta, denunciando unos «vergonzosos hechos» que suponemos serían prácticas habituales en los barrios del Regato y Arnabal en Barakaldo.

«Respecto a los capataces, sus casas están siempre llenas de jorna­leros y ¿cómo les van a faltar con los medios que emplean para conse­guirlos? Llega a la mina uno o más jornaleros, se presentan al capataz y le preguntan: ¿Nos da usted trabajo? El les contesta: si venís de posada a mi casa, sí. Los medios que emplean para conservarlos y explotarlos son los siguientes: ordena el contratista en un día festivo que en alguna reparación se ocupen 8 ó 10 jornaleros. Pues éstos siempre serán los que el capataz se tome la libertad de escoger, que siempre son los que tiene en su casa.[…] Ordena el contratista despedir cierto número de jornaleros por suspensión de uno o más trozos de mina. Pues en este caso serán siempre los despedidos muchos pobres padres de familia y vecinos de estos barrios, pero nunca jóvenes ambulantes que estén de posada en casa de los capataces«[11].

En 1902 se produjeron una serie de huelgas parciales en las diversas explotacio­nes mineras de Barakaldo, todas ellas de escasa incidencia: la de Luchana-Minnig, motivada por reivindicaciones salariales, fue secundada por 56 empleados, desde el día dos de junio hasta el nueve del mes siguiente. Según el parte oficial de la compa­ñía la resolución del conflicto se llevó a cabo por acuerdo de los obreros. Los mineros de la Orconera, en huelga durante diez días entre los meses de junio y julio, solicita­ban sin embargo una reducción de la jornada laboral. En este caso la movilización, también según la versión de la patronal, se «extinguió por sí misma».

Mayor éxito obtuvieron las movilizaciones de 1903, que se saldaron con una derrota momentánea de la patronal minera. En este caso los obreros reclamaban la verificación semanal del pago para impedir que, desprovistos de efectivos, se viesen obligados a adquirir con fianza los víveres en los barracones, con un incremento en el precio y un deterioro de calidad que el comercio libre impediría. Solicitaban por ende el cese de las cantinas y barracones obligatorios. El día 30 de octubre, y tras la intervención negociadora del general Zappino, los empresarios mineros accedieron a ambas peticiones.

El alquiler de las viviendas fue otro problema que causó abundantes incidentes en el propio Barakaldo. El intento de desahucio de Policarpo Barrio (16 de mayo) motivó que varios vecinos de la calle San Juan y sus inmediatas en señal de protesta colocaron sus muebles sobre las vías del tranvía y del ferrocarril de Bilbao a Portugalete. En tanto, los propietarios de las viviendas (entre ellos nombres como los del ex-alcalde Tomás de Begoña, Casimiro Zunzunegui, Francisco Arana Lupardo o Ramón Loizaga) declararon tener perfecto derecho a disponer de sus propiedades, al tiempo que no reconocían a la Asociación de Inquilinos como interlocutora válida para ningún tipo de negociación. El desahucio se llevó a cabo tras la intervención de la Guardia Civil y las fuerzas de infantería.

¿Y cuál fue la postura que adoptaron las Agrupaciones socialistas y la Federación de Sociedades Obreras de Vizcaya en todos estos sucesos? Ordenaron a sus afi­nes y afiliados la reanudación del trabajo. Expresamente, se manifestaron en los siguientes términos: «Con ser muy justo lo reclamado por los inquilinos baracaldeses, no es de tal magnitud que con ello pueda comprometerse a toda la clase trabajadora de la Región», y añadían: «Trabajadores desobedeced a los que os vayan propagando una huelga general». Únicamente fueron apoyados por un reducido grupo de anarquistas.

Por lo visto hasta ahora, concluimos que se trató de una movilización popular y espontánea, con una participación muy activa de las mujeres, esposas de obreros que se enfrentaban a diario, como administradoras del presupuesto familiar, con el acuciante pro­blema de ajustar sus escasos ingresos al progresivo encarecimiento de los artículos de primera necesidad. A todo ello se añadía el pago de unos onerosos alquileres, excesivamente raros, por otra parte, para las reducidas y antihigiénicas habitaciones que ocupaban[12].

El descontento que produjo la actitud de los socialistas en el conjunto de la clase trabajadora de Barakaldo es un hecho. Y ello contribuyó en gran medida a esa desmovilización política a la que aludíamos. Por otra parte también los jóvenes socialistas venían manifestando ya desde antes su insatisfacción ante la «rigidez» de los veteranos dirigentes del PSOE. Como alternativa a este estado de crisis del movimiento obrero surgen desde 1903 las Juventudes Socialistas, fundándose la de Barakaldo el 30 de enero de 1904.

Las Juventudes Socialistas revitalizaron la actividad cultural del partido, y colaboraron desde su nacimiento con las fuerzas republicanas, algo a lo que se había opuesto sistemáticamente la cúpula del PSOE. Este trabajo en común, no obstante, no hizo sino presagiar el progresivo acercamiento entre ambos partidos que culminó con las elecciones municipales de 1909 en las que presentaron una candidatura «democrática» que obtuvo un concejal en Barakaldo.

El ambiente social se vio enriquecido por la aparición de determinada prensa de carácter local.

El primer periódico del que tenemos constancia, «La Voz de Baracaldo«, se fundó el 13 de enero de 1906. Su director, Guillermo Fernández Rodríguez pertenecía al Círculo Republicano[13]. En el año 1909 salieron dos nuevas publicaciones: «El Cascabel«, un semanario satírico dirigido por Abilio Fernández Peñafiel, y «El Eco de Baracaldo«[14] que aparece ya desde esta fecha como un enemigo acérrimo del ideario del nacionalismo vasco. Es en esta fecha, relativamente tardía, cuando empiezan a propagarse en nuestro municipio los postulados de Sabino Arana Goiri que, no obs­tante, tendrán aún una influencia escasa en la sociedad baracaldesa. Para entonces se había constituido ya el batzoki de Retuerto y en años posteriores se crearán el de Burceña y el del Regato. Desconocemos la fecha exacta de su fundación, pero ya en 1923 aparecen incluidos en el Censo General de Asociaciones del municipio.

Este repaso de la prensa local se cierra en el año 1912, cuando aparece la publicación quinquenal “El Látigo[15], fundada por el jornalero Aquilino Gómez Pozo con el expreso deseo de “defender a todos los oprimidos”.

Retomando de nuevo el tema de las movilizaciones obreras, nos situaremos ahora en el año 1906 en el que se produjo el último gran conflicto de la década, seguido de un periodo de relativa calma laboral sólo interrumpido por la huelga minera de 1910.

Los sucesos se iniciaron a finales del mes de agosto, cuando fue despedido por el capataz un obrero del distrito de Triano. No fue éste evidentemente el motivo que paralizó durante diez días el trabajo en todas las minas de Bizkaia, pero sí sirvió para que estallara entonces el profundo malestar de la población minera que meses antes, en un comunicado firmado en La Arboleda el 10 de abril, habla reivindicado ya la reducción de la jornada laboral y la supresión de las tareas. La coyuntura por la que atravesaban estos trabajadores era realmente crítica: unos años de plena alza de precios, en los que además, los empresarios intentaban combatir la caída de la productividad (un 29% entre 1904 y 1907), intensificando las fórmulas de trabajo a destajo.

Las reivindicaciones de abril fueron rotundamente rechazadas por la Asociación de Patronos Mineros de Vizcaya[16]. En respuesta a esta postura intransigente, los mineros enviaron un segundo comunicado (23 de junio) en el que se formulaban además dos nuevas peticiones: el reconocimiento de las Sociedades Obreras, y un aumento del 50% en la bonificación de las horas extraordinarias[17].

La despedida del minero de Triano fue el detonante. Se celebraron mítines en Gallarta y la Arboleda, y en este último, se acordó ir a la huelga general. Las autoridades gubernativas, a requerimiento de los patronos, enviaron fuerzas de Miñones y de la Guardia Civil para evitar con su actuación, que ésta se llevara a efecto. Sin éxito porque los obreros secundaron la convocatoria dispuestos en principio a resistir hasta conseguir el logro de todas sus pretensiones. Decíamos en principio, porque el día siete de septiembre se reanudaron los trabajos, sin que nada se hubiese conseguido, dándose por concluida la huelga.

Se produjeron algunos brotes aislados en días posteriores, también sin ningún resultado. Así ocurrió en la mina “Paquita” de Barakaldo, explotada por la compañía Luchana-Mining, donde 40 cargadores de vagones salieron a la huelga reivindicando un cambio en “la forma de sacar la tarea”. También se habían producido otras huelgas parciales en las diversas explotaciones mineras de Barakaldo antes de ésta convocatoria general, conatos que frecuentemente se obvian en las grandes historias del movimiento obrero, pero que a nivel local no dejaron de tener sus repercusiones. Los trabajadores de «Las Julianas», minas del Regato, abandonaron sus respectivas faenas el día 7 de agosto en protesta por dos despidos que consideraban injustificados. Eran un total de 100 los huelguistas, y consiguieron el apoyo de otros tantos mineros de la zona de Arnabal. Como medida de fuerza rompieron las tuberías que conducían las aguas desde el Pantano del Regato hasta las fábricas de «La Vizcaya», «San Francisco» y «A.H.V.». Proyectaron incluso destruir la presa, pero la intervención de la Guardia Civil, acuartelada en las escuelas del barrio, hizo desistir de su empeño a estos mineros que reanudarían sus trabajos siete días después.

Poco tiempo duró la calma porque la huelga general paralizó por completo todas las explotaciones mineras de la anteiglesia. Un reducido grupo de obreros de Altos Hornos (100 de una plantilla que ascendía a 2.666) secundó la convocatoria desde el día 25 hasta el 31 de agosto. El día 23 sesenta operarios de ajuste y calderería de la empresa «Santa Águeda», abandonaban la fábrica al grito de «derecho a la vida y viva la huelga general». Otro tanto hicieron las empleadas de la fábrica Rica y Hermanos de Arbuyo, en Alonsótegui. En este caso no era una cuestión de simple solidaridad: las hiladoras de yute aprovecharon el conflicto para reivindicar la reducción de su jornada laboral.

Entre 1906 y 1910 nos encontramos con un período escasamente conflictivo en cuanto a agitaciones y huelgas[18]. Esta calma laboral que preside este período no se explica en ningún caso por una mejora en las condiciones de vida de los obreros. Trabajan las mismas horas, sus jornales siguen siendo reducidos y sin ninguna perspectiva de aumento, sin embargo, el alza de los precios que se opera en estos años, sin alcanzar aún las cotas de 1913, es espectacular.

El encarecimiento de los artículos de primera necesidad era tal que el 13 de junio de 1909 una multitud de baracaldeses se manifestaban por las calles del municipio, aglutinados por un único objetivo: el abaratamiento del pan. El acto, convocado por el Círculo Republicano, contó con el apoyo de otras muchas sociedades de la anteiglesia, algunas, como los Centros Vascos de San Vicente y Retuerto, o el Círculo Tradicionalista, muy poco afines a los presupuestos ideológicos de los organizadores. Ni el Centro Católico, ni la Juventud Socialista contestaron a la invitación. La Agrupación Socialista respondió de una forma un tanto ambigua, excusándose por “tener que cumplir los acuerdos adoptados en el último Congreso Nacional”. Los manifestantes partieron de la Plaza de Vilallonga, con un estandarte en el que se leía “PAN o HAMBRE”, recorrieron las calles del Carmen, Pormecheta (ocupaban casi toda la longitud de esta última) y Arrandi. Se concentraron finalmente en la Plaza de los Fueros desde donde partió una comisión que haría entrega del pliego de peticiones a la autoridad local[19].

El aumento de los precios respondía sin duda a la incapacidad productiva de la agricultura española, a la deficiencia de los transportes, las barreras arancelarias, etc., etc., pero también en gran medida al efecto negativo que sobre los costos de los productos tenía el impuesto de consumos. A los municipios se les permitía has­ta una sobretasa del 120%. Estos elevadísimos recargos daban pie al desarrollo de una importante economía sumergida, proliferando el contrabando en los años espe­cialmente críticos[20].

Tanto las Juventudes Socialistas como las Republicanas enarbolaron duras críticas anticlericales y antimilitaristas. En una época en la que Barakaldo no disponía aún de una infraestructura básica (aguas, viviendas, alcantarillados, servicios públicos…) para acomodar a una población en constante aumento, muchos de los desvelos del ayuntamiento se dirigían a la rehabilitación y construcción de nuevos templos para su feligresía. La propaganda católica era utilizada también por los empresarios como instrumento para acallar las voces críticas de unos trabajadores con una cada vez mayor conciencia de clase. Cuando en 1910 se planteó en sesión de ayuntamiento la necesidad de reparar la ermita de San Ignacio, unas obras que ascenderían a más de 5.000 pesetas, un grupo de vecinos del barrio se opuso, sin éxito, a esta iniciativa que, a su entender «ningún beneficio reporta al vecindario» y que «sólo sirve para engañar al pueblo en beneficio de varios que viven a la sombra del catolicismo que explotan».

La huelga de 1910, que retomaba las reivindicaciones de la del seis, cerró la década con un éxito parcial de la clase trabajadora. Fue uno de los conflictos más largos que conoció el distrito minero de Bizkaia. Se inició en el mes de julio, llegándose a un acuerdo dos meses después: la jornada laboral quedaba establecida en nueve horas y media (en vez de las 10 del Pacto de Loma) para los meses de septiembre, octubre y noviembre, en este último además de una indemnización de diez pesetas a cada obrero.

En 1911 una nueva movilización, en este caso protagonizada por los trabajadores de los muelles. Un hecho puntual, la Guerra de Marruecos, sirvió una vez más como detonante de un malestar acumulado y generalizado. En Barakaldo numerosos huelguistas intentaron penetrar en el recinto de Fábrica para detener el trabajo de los 600 obreros “leales” a la empresa. Intervino de inmediato la Guardia Civil, adquirien­do los sucesos un grado de violencia que no habían conocido hasta entonces. Los enfrentamientos se saldaron con un obrero muerto, varios heridos y numerosos dete­nidos. Este fracaso tuvo como consecuencia el fortalecimiento de la derecha local (nacionalistas vascos, carlistas y conservadores), y el distanciamiento entre republicanos y socialistas.

La neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial creó la oportuni­dad de un súbito relanzamiento de su economía. El País Vasco conoció entonces una expansión sin precedentes, aunque la contienda conllevó inicialmente una grave para­lización de la industria minera. Las familias del Regato y Arnabal atravesaron por una situación realmente crítica durante los años 1914 y 1915: obreros despedidos, establecimiento de la semana laboral con tres o cuatro días de trabajo… etc. Proliferaron las suscripciones populares para asistir a los numerosos afectados, y el ayunta­miento desplegó todo su aparato de beneficencia con idéntico fin: ayudas en metáli­co, comedores económicos, potenciación de las obras públicas[21]

El relanzamiento económico, que afectó de manera muy especial al sector sidero-metalúrgico, dio lugar a un notable incremento de la demanda de mano de obra, y por ende, a un aumento de la emigración a Bizkaia. Barakaldo registró en estos años la mayor tasa de crecimiento de todo el Señorío: un 39,78% entre 1910 y 1920. La favorable coyuntura proporcionó a los obreros fabriles un gran poder negociador.

Al finalizar la contienda bélica, una fuerte contracción de la demanda europea sumirá a la industria vasca, y estatal en general, en una profunda crisis económica, que unida al desconcierto político y a la agitación social, harán de los años 1918-­1923 el período más conflictivo de la historia laboral de Bizkaia. Tras el fracaso de la huelga de 1917 se producirá una derrota de los partidos de izquierda en las elec­ciones locales y el PNV consiguió, por ejemplo, minorías de cierto relieve en Barakaldo. En 1919 se producen ya una serie de conflictos que preludiarán las movilizaciones de años anteriores[22].

A partir de 1921 se manifestará ya con total crudeza la crisis económica. Habían desaparecido ya las ventajas de la Primera Guerra Mundial, coyuntura que no fue utilizada por las industrias para invertir capital y modernizar sus instalaciones. La siderurgia vizcaína se había quedado obsoleta y sus productos eran ahora muy poco competitivos en el mercado internacional. Algunas empresas cerraron sus puertas, otras recurrieron a la reducción de los salarios, del personal empleado y de la jornada laboral. En marzo de 1921 había un total de 483 obreros en paro forzoso en el municipio, y 309 con reducción de jornada[23].

Un año después, en marzo de 1922, la situación se había recrudecido. Eran ya 832 los obreros en paro forzoso y 320 los que trabajaban con reducción de la jornada semanal. El 4 de mayo de este mismo año los patronos del gremio de Hierros y Metales establecen como única salida frente a la crisis la rebaja de los salarios en un 20%. El día 5 de mayo unos 28.000 obreros metalúrgicos se declararon en huelga. Altos Hor­nos cerró su fábrica de hoja de lata, La Iberia, y algunos departamentos de Sestao. En este estado de cosas los huelguistas no aspiraban tanto a mejorar su nivel de vida como a mantener el alcanzado. Cerca de 3.000 obreros de Barakaldo secundaron la durante tres meses. La prolongación del conflicto sumió en la más absoluta pobreza a centenares de familias que tuvieron que ser socorridas con fondos munici­pales: el ayuntamiento destinó una partida de 5.000 pesetas para los hijos de los huelguistas metalúrgicos.

Mientras el Sindicato Metalúrgico estuvo dominado por los comunistas, partida­rios de una línea de máxima resistencia, la situación no experimentó ningún cambio. Pero a finales de julio perdieron la mayoría en la Comisión de huelga, haciéndose con el control de la misma los socialistas, que pusieron fin al conflicto admitiendo una rebaja salarial del 8%. Después de 67 días se reanudaban los trabajos en todas las empresas del municipio. Sólo 92 operarios de la Compañía Orconera continuaron la huelga hasta que se llegó finalmente a un acuerdo con el Sindicato Minero, por la mediación de la Junta Local de Reformas Sociales.

Este período de movilizaciones obreras se saldó con el derrumbamiento de todo un sistema político. En 1923 la Dictadura del general Primo de Rivera ponía fin a la Restauración. Las restricciones impuestas por el nuevo régimen, unidas a la lógica apatía social derivada de las últimas y dramáticas movilizaciones condujeron a unos altos de casi nula conflictividad laboral.

  

[1] Mayte IBÁÑEZ “Barakaldo” pp. 15 y ss.

[2] Según Olávarri Gortázar, no existió en Vizcaya entre 1885 y 1923 ninguna organización que federara a todos los sindicatos y sociedades de la provincia adheridos a la UGT, aunque la Federación Local de Sociedades Obreras de Bilbao, domiciliada en el Centro Obrero (después Casa del Pueblo), fundado en noviembre de 1891, sirvió en muchas ocasiones, sobre todo a través de la convocatoria de Congresos provinciales de sociedades obreras, de nexo de unión entre ellas. No existieron federaciones mineras hasta 1903, y en 1909 se creó un Sindicato Minero. Pilar LESEDUARTE “Los pueblos mineros” p. 43. Cipriano RAMOS (“Sestao” p. 233) afirma que entre 1890 y 1893, lo socialistas crean en Bilbao varias sociedades por oficios, pero el sistema no proporcionó buenos resultados. En las elecciones generales de 1891, la Agrupación Socialista de Bilbao nombró a Pablo Iglesias candidato por Bilbao y a Facundo Perezagua, por Valmaseda, donde votaba la zona fabril y minera. La candidatura de Perezagua fue derrotado estrepitosamente por la de los magnates industriales: Martínez Rivas (4.326 votos) y Víctor Chávarri (4.004). El dirigente socialista obtuvo unos escasos 215.

[3] En esta fecha el personal masculino de la fábrica percibía unos ingresos medios diarios de 5 pesetas, frente a las 3,78 de los empleados de «Eléctrica del Nervión», los 3,20 de los hombres dedicados al transporte terrestre en la compañía Franco-Belga, o los 4 de las firmas Serapio Goicoechea y Casimiro Zunzunegui.

[4] Los varones de más de 16 años cobraban en AHV ya un jornal diario que oscilaba entre las 3 y 12 pesetas, según las diversas cate­gorías profesionales. El salario máximo de los empleados de «Rica Hermanos y Cía.» se establecía en 3,25 pesetas, el de la Luchana Minning en 3,30, el de la Unión Eléc­trica Vizcaína en 4, el de la fábrica de tubos de barro de Luis Castillo en 3,25… etc., etc.

[5] Los patronos mineros dedicaron innegables esfuerzos a la creación de una importante infraestructura minera pero, en otro orden de cosas, dejaron abandonada la infraestructura urbana. Los barrios mineros, nacidos en espacios rurales, se transformaron en zonas deprimidas, en las que no se realizó inversión alguna. Pilar LESEDUARTE “Los pueblos mineros” p. 14.

[6] FUSI, Juan Pablo: «Política Obrera en el País Vasco 1880-1923». Madrid 1975. P. 77.

[7] En todo el movimiento “caritativo-social” de la Iglesia tuvo singular importancia la Encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891). “En 1908, entre las 55 organizaciones obreras católicas de Vizcaya, las baracaldesas era: Unión Católica del Trabajo Alonsotegui, Centro Católico Obrero y la Sociedad de Socorros Mutuos de San Vicente de Paúl”. Pedro SIMÓN “San Vicente de Barakaldo” p. 250, Nota 262.

[8] Facundo Perezagua Suárez nació en Toledo el 27 de noviembre de 1860. Comenzó a desarrollar su compromiso sindical en la Sociedad de Obreros en Hierro y demás metales “El Porvenir”. Allí entró en contacto con el ideario socialista. Conoció a Pablo Iglesias y decidió ingresar en la Agrupación Socialista de Madrid, hecho que aconteció el 9 de mayo de 1884. Al parecer, Pablo Iglesias, habida cuenta de la valía como socialista de nuestro protagonista, había querido que se trasladara a Barcelona, pero decidió marchar a Bilbao, aunque no se sabe muy bien las razones de esta elección que, por otra parte, fue fundamental en su vida, ya que durante decenios se convertiría en el máximo exponente sindical y político del socialismo vizcaíno, uno de los más importantes de España, protagonizando un intenso compromiso y no pocas polémicas, hasta su participación en la creación del Partido Comunista de España.

[9] Resulta también sintomático que en un período de seis años (1899-1905) se crearan en Barakaldo nada menos que 19 asociaciones, la mayoría de ellas de corte sindical y político, que vendrían a sumarse a las cuatro fundadas hasta la fecha: 1899 (Sociedad de Obreros laminadores, cilindreros y oficios similares), 1901 (Juventud Republicana; Centro Gallego -benéfico-recreativa-, Círculo Republicano), 1903 Agrupación Socialista, Cooperativa de consumo de A.H.V.,           Socorros Mutuos Unión Democrática), 1904 (Juventud socialista, La Esperanza -Seguros Mutuos-, Centro Católico Obrero, La Unitaria -Seguros Mutuos-, Peluqueros y Barberos, Círculo Republicano de Retuerto, Obreros, Torneros y Cilindreros), 1905 (Colonia burgalesa -benéfico-recreativa-, Unión Obrera, Sociedad Tradicionalista, Nuevo Círculo Republicano, Batzoki Retuertotarra). 

[10] Tres organismos, jurídicamente distintos, funcionaron desde 1886 hasta 1937 en el ámbito de las actividades de los patronos mineros de Vizcaya. Sin embargo, el Círculo Minero de Bilbao, la Asociación de Patronos Mineros de Vizcaya y la Cámara Oficial Minera de Vizcaya acogieron en su seno, en general, a las mismas personas, dueños y arrendatarios de las minas. Ignacio VILLOTA, “Vizcaya en la política minera española” p. 51. En las páginas 53-217 estudia con detenimiento cada uno de ellos. También Pilar LESEDUARTE “Los pueblos mineros” pp. 35-40.

[11] El NOTICIERO BILBAINO, 25 de junio de 1890

[12] Este conflicto guarda una gran similitud con los motines de “subsistencias” propios del Antiguo Régimen.

[13] En el primer número se explicaban los objetivos de esta publicación semanal: «Venimos pues a contribuir con nuestro esfuerzo a la redención de la patria oprimida, luchando contra los anacronismos del régimen monárquico […] Los caciques de todas castas, los políticos mediocres, los perseguidores de la honradez y la verdad, la hipocresía y el fanatis­mo de las religiones positivas, todo en fin cuanto perpetua la injusticia, la esclavitud y la ignorancia tendrá en nosotros tenaces y acérrimos enemigos».

[14] En su primer ejemplar afirma: «Salir al palenque solos, completamente solos; declararnos apósto­les del Progreso donde tantos partidarios cuenta la tradición; tremolar la bandera democrática aquí donde cada piedra ocultó una boina; abrir cátedra de sinceridad entre enemigos de la franqueza; instituirnos defensores de la patria en un foco de bizcaitarrismo; venir a hablar de liberal en medio de fanáticos y mostrarnos enamorados, cual nuevos Quijotes, de las ideas que menos simpatizan con la generalidad, verda­deramente que es propio de locos o temerarios«.

[15] A este periódico tenemos dedicado uno de nuestros “Recorridos”, especialmente a la visión religiosa que deja emanar de sus páginas.

[16] El auge minero de Vizcaya en el siglo XIX provocó el resurgir de un importante grupo patronal. Sus componentes estaban encuadrados en la asociación Círculo Minero, cuyos fines eran puramente económicos y comerciales. Esta asociación intervenía en los asuntos puramente económicos, sin participar en cuestiones sociales que, hasta entonces, no habían provocado en Vizcaya sucesos importantes. A partir de 1890, con motivo de la primera huelga minera, se vieron obligados a enfrentarse a estos problemas. Pilar LESEDUARTE “Los pueblos mineros”, p.12.

[17] No obtuvieron éstas una mayor acogida por parte de la patronal, cuya respuesta a cada uno de los puntos fue la siguiente: 1.° Las horas vigentes estaban señaladas por el convenio de Loma de 1890, añadiendo que «siendo las labores que aquí se realizan a cielo abierto, no requieren un penoso esfuerzo que aconseje la disminución de la jornada por la intensidad del trabajo». 2.° La tarea es un derecho de la libertad del trabajo reconocido en la Constitución. No significaba además un aumento del trabajo, sino una facilidad para realizarlo y para obtener un suplemento del jornal. 3.° Las horas extraordinarias son potestativas del obrero que, individualmente, puede aceptarlas o no. 4.° Reconocen la «personalidad» de las Sociedades Obreras legalmente constituidas, pero no su papel como representantes del conjunto de los trabajadores.

[18] Veremos surgir también en estos años nuevas sociedades obreras, algunas de ellas ajenas a la esfera de influencia de los socialistas, que presidirían junto con las ya existentes las relaciones laborales de Barakaldo. Prosigue igualmente la constitución de asociaciones sin ningún tipo de finalidad política o sindical, al menos manifiesta: colonias que agrupan a los inmigrantes según sus diversos lugares de origen, agrupaciones recreativas, etc., etc.: 1906 (Colonia Aragonesa, Colonia Leonesa), 1907 (Juventud Vasca-política-, El Iris –recreativa-), 1908 (Sociedad Mutualista -Socorros Mutuos de obreros caldereros-, Centro Vasco -Política y Socorros Mutuos-, Unión Católica del Trabajo, Centro Obrero –política-, La Flor de Baracaldo -Socorros Mutuos-, Obreros mineros del Regato –resistencia-, Sociedad de Obreros Mecánicos –resistencia-), 1909 (Sociedad de Caldereros de Vizcaya, Sociedad de Socorros mutuos de Obreros Vascos).

[19] Sin embargo, no fueron recibidos por ningún miembro de la Corporación Municipal que manifestó de esta manera su total rechazo al acto que, aunque muy sintomático, no dejó de ser testimonial. Este era el balance que hacía la organización: «Resultó brillante y lucido […] El pueblo vio la conveniencia y palpó las ventajas que le podía reportar la petición y se adhirió en masa a la manifestación […] En cuanto al desaire de nuestro Ayuntamiento casi quisiéramos no menearlo para evitamos sinsabores. Bien se deja ver que esos ediles no ocupan los escaños por haber sido designados por los vecinos con los que han mostrado hallarse divorciados, sino por voluntad de caciques».

[20] Un caso relacionado con este problema debidamente atusado de sentimiento anticlerical es el ocurrido en octubre de 1910 cuando los Padres Salesianos de Barakaldo eran acu­sados por prácticas fraudulentas. Se hizo eco de la noticia el semanario satírico «El Cascabel», denunciando no tanto el hecho como a sus «privilegiados» protagonistas, y reclamando una justicia más igualitaria. Decía así el artículo: «Nada menos que 20 kilos de manteca querían introducir el otro día unos muchachos fraudulentamente para los RR. PP. Salesianos. El guarda de consumos Sr. Alberdi les pregunto de que eran aquellas latas y manifestaron que pintura para los frailes. Efectuado en el acto el oportuno decomiso, supongo que esta semana se habrá comido de vigilia en el santo edificio. Lo más feo del caso consiste en que tiene que asistir a asistir al correspondiente juicio administrativo, ante un ayuntamiento que les subvenciona con 300 pesetas para manteca y demás alimentos espirituales. Lo peor es que no es la primera vez; ya hubo también otro barrilito de jerez que también quería escurrirse sin derechos. Y estas cosas van probando mis queridísimos hermanos que los Padres Salesianos son Padres del contrabando. Duro señor Alcalde, no hay que ser justiciero sólo con los pobres que se dedican a tostar trigo para convertirlo en achicoria y sostener a sus hijos. Si han delinquido, multazo limpio, que estos no tienen hijos que mantener”.

[21] La situación en estos dos barrios era extremadamente complicada por la existencia de “cuadrillas” para la explotación de las minas. En EL REGATO había nada menos que doce: la primera era la de los encargados con cuatro personas. La segunda era la de Tres Castaños con seis capataces y 154 obreros. La tercera en las galerías con dos capataces y 40 barreneros. La cuarta en el horno de calcinación 1, con un capataz y 15 peones. La quinta en el horno 3, con seis calcinadores. La sexta la del horno cuatro con otros seis. La séptima era la de los talleres con 30 obreros. La octava la de las maniobras del puerto con 13 hombres. La novena la dl plano inclinado número 1 con once. La décima la de las vías secundarias con siete. La undécima la de la vía general con seis. Y la duodécima la del depósito de mineral con cuatro y cinco guardas. En ARNÁBAL había cuadrillas específicas para las oficinas, horno, talleres, planos, trabajos varios, galería de recorte y sondeos. En la mina Pickwick, para el lavadero, etc… Esmeralda GONZÁLEZ “De los tajos a los embarcaderos” p. 177, nota 39.

[22] 9 de septiembre: se declaran en huelga 25 obreros albañiles que se ocupaban en las obras de reparación de las escuelas de A.H.V.; 23 de septiembre: asamblea de huelguistas de la constructora naval Martínez Rivas, en la casa del pueblo de Barakaldo. El acto fue presidido por el secretario del Sindicato Metalúrgico, Juan Toyos, y asistieron a él cerca de 400 obreros. La consigna era mantener esa postura de fuerza y no intimidarse con la actuación del regimiento de la Guardia Civil; 25 de septiembre: los mineros del Regato celebran un mitin en el Centro Obrero para comunicar a los trabajadores la jornada de ocho horas en las minas a partir del uno de Octubre. El presidente del Sindicato Minero de Vizcaya manifiesta que el próximo objetivo será la nacionalización de las industrias; 8 de octubre: se declaran en huelga 40 obreros de la fábrica de briquetas, propiedad de la Sociedad Industria y Ferrocarriles, en protesta por el despido de dos de sus compañeros; 23 de octubre: violentos enfrentamientos entre obreros de Altos Hornos y los huelguistas de Astilleros del Nervión con los trabajadores de esta última empresa que no había secundado la huelga. Hubo varios heridos .de bala y numerosas detenciones.

[23] En la empresa Rica y Hermanos se trabajaba cuatro días a la semana, otro tanto en Alambres del Cadagua, tres días en la calderería de Juan José Pastor, etc., etc. En la fábrica de hilados de Uríbarri y Compañía se sostenía el trabajo a expensas de las materias primas almacenadas, pero no por el despacho de su fabricación. Hasta tal punto había disminuido la demanda que sus productos no tenían salida ni siquiera ofertándolos con un precio del 15% más bajo que los costos de producción. El ayuntamiento de Barakaldo acordó repartir 150 panes diarios entre los más necesitados e inició las obras de las carreteras de San Vicente a Ugarte, y de Requeta a Pormecheta, y las de ampliación de la calle de los Fueros para ocupar a los parados.

 

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Actualizado el 1 de febrero de 2026

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