COROS DE SANTA ÁGUEDA. BARAKALDO Y SU ENTORNO (III)
4.2. La postguerra y el franquismo
La postguerra será la etapa más dura para cualquier expresión pública de la cultura vasca y, en concreto, para los coros de Santa Águeda. El régimen franquista ha eliminado cualquier expresión asociativa que no le sea afecta. A la sociedad civil barakaldarra tan sólo le cabe expresarse a través del movimiento asociativo vinculado a la Iglesia, y a ciertas asociaciones deportivas toleradas, aunque sometidos a estricto control sus directivos y actividades. La documentación conservada en el Archivo Municipal al respecto es muy escasa. Al parecer, y tras el paréntesis represivo impuesto por la Guerra Civil y sus más inmediatas secuelas, el retorno del tradicional canto se produce a mediados de la década de los cuarenta, cuando vuelven a escucharse las estrofas del Agate Deuna en el municipio de Barakaldo.
La mayor parte de los coros que cantan la víspera de Santa Águeda pertenecen al ámbito eclesial: 4 de la Acción Católica de diferentes parroquias, más el de El Regato “de individuos formados por el Sr. Cura”. Otros 3 proceden de sendas asociaciones deportivas una de las cuales, el Oriamendi, es de neto referente tradicionalista.
Por último, el maestro municipal de Cáriga (Kareaga) encabeza la petición del Grupo Artístico formado por ex alumnos de este centro escolar. Al menos para el primero de estos años, la distribución geográfica de las agrupaciones que canta a Santa Águeda es bastante homogénea por la jurisdicción municipal, aunque con la significativa ausencia de Alonsotegi-Irauregi. El referente juvenil de estos coros continúa siendo nuclear: El control político-ideológico es más férreo que en cualquier etapa precedente. Cada agrupación debe obtener no sólo el permiso municipal sino que, previamente, ha de recabar el visado de la letra a cantar por parte de la Delegación Provincial de la Subsecretaría de Educación Popular, así como la autorización de la Jefatura Superior de Policía. El primero de estos años, todos los grupos reseñados superaron los distintos trámites y actuaron, aunque con respecto a 1948 tan sólo constan las solicitudes. La portadilla del legajo correspondiente al mismo hace referencia a que dichos permisos se han pedido en años precedentes.
Tanto la Acción Católica Española Burceña como la Sociedad Deportiva Arana se atienen a la versión euskérica ya arquetípica que elaborara Kirikiño, en una versión reducida sin las estrofas III y IV, y que parece definitivamente consolidada a pesar de la difícil coyuntura política. La versión interpretada por el Oriamendi se ajusta a la de la Sociedad Tradicionalista de comienzos del primer bienio republicano, con omisión de las estrofas V y VI, algunas variantes dialectales y errores de transcripción y de grafía española.
Con la década de los cincuenta se abre una nueva etapa económica, social y demográfica para todo el ámbito estatal, con repercusiones especialmente significativas en Barakaldo. Y el ritual petitorio constituye un indicador más de tales cambios. En 1950 tan sólo son tres los coros que solicitan autorización para cantar Santa Águeda, sin variación tipológica alguna. A lo largo de esta década irán haciendo acto de presencia otro tipo de colectivos, como la Asociación de Antiguos Alumnos “La Salle” y la Asociación de Exalumnos Salesianos.
Un grupo de asociados de la primera saldrá a cantar la víspera de Santa Águeda a partir de 1955, con el fin explícito de obtener fondos para su caja de hermandad, en beneficio de los asociados enfermos y/o necesitados. Al año siguiente, el coro cumplió el voto de acudir un domingo primaveral a oír misa en la ermita de Santa Águeda.
Más allá de su evidente funcionalidad económica, en su dimensión de cuestación, cantar el Agate Deuna en este contexto de ausencia de libertades y de clandestinidad de cualquier opción opuesta al Régimen, ha adquirido un nuevo sentido. Esta apropiación efímera de la calle expresa la resistencia de un pueblo que lucha por la supervivencia de su identidad étnica, seriamente amenazada; especialmente en Barakaldo por el doble impacto de la represión franquista y de una masiva oleada inmigratoria, que diluye aún más los referentes originarios de esta sociedad local. A partir de 1960 y en consonancia con los profundos cambios sociales de esa “década prodigiosa”, van incorporándose las mujeres a los coros.
Entre 1962 y 1976, el coro de Santa Águeda-Kastrexana -dividido en tres secciones- resurge con inusitado vigor pese a la censura que obliga a presentar la letra a cantar en la Delegación de Información y Turismo para su visado, acompañada de su traducción al castellano, y obtener la aprobación de la Jefatura Superior de Policía, al igual que el resto de los coros. Como lo acredita la certificación de su párroco para 1969, la recaudación obtenida se destina íntegramente para ayuda de los enfermos del barrio. La Canción es el Agate Deuna, de la que omiten su estrofa IV, comenzando la III con una referencia al propio barrio.
La postulación daba comienzo a las 6,30 h. de la tarde, dividiéndose al efecto el coro en tres grupos a partir del bar “Angelita”.
Integrado cada uno de ellos por unos 15 participantes, jóvenes y mayores. Previamente habían efectuado ensayos en la iglesia o en la escuela, con un mes de antelación.
“Deun Agate batzeko gatos
Kastrexanako gaztiak,…”
“Kastrexana ardurea ba dau
gaixori laguntzeko…”
A lo largo de la década de los sesenta el ritual de la víspera coral de Santa Águeda expresa formas de sociabilidad tipológicamente vinculadas al asociacionismo de referentes religioso, amical y vecinal propio de etapas precedentes del franquismo. Como la Asociación de A. A. “La Salle” y el Círculo DOSA; este último ente asociativo organiza su propio coro en 1966 y 1967, reforzado por antiguos alumnos pertenecientes a asociaciones musicales. En 1964 el coro parroquial de San Bizente hace su ronda acompañado por txistularis del grupo de danzas Laguntasuna, actuando entre 6,30 y 12,30 h. La actuación finaliza con el canto del Agur Jaunak. En 1967 visita Barakaldo, además del resto de la Margen Izquierda, el famoso coro de Arratia. Diversos colectivos de la parroquia de San Vicente cantan a Santa Águeda desde comienzos de esta década, particularmente del grupo de danzas Laguntasuna, como me lo describió por carta un amigo participante en el de 1965.
Este número de coros está, posiblemente, infravalorado; resulta poco verosímil que barrios como Lutxana y Alonsotegi, con grupo de danzas y coral, no organicen su propia ronda tradicional. En cuanto a su distribución geográfica, sorprende la ausencia de barrios vinculados a esta tradición, como los ya citados, más Burtzeña, Retuerto y El Regato. Tal vez quepa imputarlo a la atonía de los vínculos vecinales, aún no suficientemente reemplazados por el tejido asociativo de los años setenta, en forma de movimiento vecinal.
Todos los coros interpretan el Agate Deuna, omitiendo la estrofa IV, y el grupo de Santa Teresa también la II. La instrumentalización ideológica del ritual va propiciando su definitiva consolidación en clave nacionalista. En cualquier caso, en 1969 estamos ante el comienzo de la extraordinaria floración que experimentarán poco después las expresiones culturales asociativas vascas. El número de integrantes de estos coros es muy elevado, quizás con la única excepción del de Kareaga. Un miembro de las asociaciones organizadoras se lamenta en 1974 de la baja participación del vecindario, que deja en manos de aquélla todo el peso de la cuestación coral. “Solamente un grupo de jóvenes se integran en nuestra sociedad para cantar Santa Agueda. Lo hacen con ilusión y con ganas de colaborar para nuestros enfermos”.
En 1968 solicitan permiso para cantar el Agate Deuna el Círculo juvenil DOSA y la Asociación de Antiguos Alumnos “La Salle”, esta última con objeto “de recaudar fondos para la Caja de Hermandad”.
Pero también el Coro de Santa Águeda de la Parroquia de San Vicente, que trata de “recaudar fondos destinados a la Cáritas Parroquial de dicha Iglesia”; más un cuarto coro “del grupo Beurco perteneciente a la Parroquia de Santa Teresa” que destinará el producto de su cuestación para fines benéficos, “al igual que años anteriores”. Todos ellos manifiestan haber recibido las correspondientes autorizaciones de la Jefatura Superior de Policía y el de la Delegación Provincial del Ministerio de Información y Turismo. Dado que esta última institución ya ha visado las letras de las canciones, este año no las adjunta a su petición de referencia. A falta de la correspondiente al barrio de Santa Águeda, donde sin duda también se ejecutó la ritual cuestación, sorprende que todas las peticiones procedan en exclusiva del ámbito urbano del municipio. Aun cuando la documentación administrativa no se haga eco, parece ser que este año de 1968, y el precedente, salió a cantar Santa Águeda el grupo de danzas Gazte Alai.
Una primera lectura de la tipología coral correspondiente a la situación de finales de esta década, no evidencia cambios significativos con respecto a la precedente. Han desaparecido las asociaciones deportivas y aparecen, en cambio, nuevos agregados de tipo amical, como los grupos de alumnos o exalumnos y los grupos de danzas vascas; perduran las asociaciones estructuradas en torno al referente parroquial, así como el coro vecinal de Kastrexana. Pero es preciso tener en cuenta que el coro parroquial de San Vicente, más allá de este referente, está nucleado en torno al grupo de danzas Laguntasuna y de la primera gau-eskola, es decir por gentes del mundo del folklore y la cultura vasca, ideológicamente nacionalista e incluso en buena medida abertzale. Posiblemente sucede lo propio con la Parroquia de Santa Teresa, en cuyo marco ha surgido poco antes la agrupación Ibarra-Kaldu, también grupo de danzas vascas; al que la parroquia proporciona cobertura legal hasta su legalización pocos meses después. Salvo quizás el grupo del Instituto, mixto por la incorporación de las chicas a la enseñanza
secundaria, el resto de los coros es marcadamente masculino. En definitiva, aunque ya próxima, apenas se manifiesta la multiplicación de sociabilidades que, en pocos años, producirá una eclosión de los coros de asociaciones mixtas y de los específicamente femeninos. Hasta alcanzarse una media de 14 coros por año durante la década de los setenta.
El destino de la recaudación se ha diversificado. Algunos grupos dedican el producto de su cuestación a fines intrasocietarios (caja de hermandad), ayuda a asociados o viajes de estudios, mientras que otros la destinan a finalidades benéficas, como vino siendo usual entre los coros del ámbito asociativo para la época que precede a la Guerra Civil.
El control gubernativo de esta etapa ya muy tardofranquista es más laxo que el de décadas anteriores. Aunque todavía la letra de cada coro, con su correspondiente traducción al castellano, debe ser visada por la Delegación Provincial de Vizcaya del Ministerio de Información y Turismo, requisito imprescindible para que el Ayuntamiento otorgue su permiso. En 1969, tan sólo los coros de Santa Teresa (Bagatza) y de Kareaga recaban la autorización de la Jefatura Superior de Policía de Bilbao para salir a la calle la noche del 4 de febrero y el resto obtiene simplemente la del Ayuntamiento. En este contexto, el número de coros que interpretan el Agate Deuna por las calles del centro de Barakaldo y por los barrios es progresivamente creciente a medida que se acerca la primera transición: 8 (1969), 14 (1973), 12 (1976) y 19 (1977). Obviamente, en el casco urbano el puzle es mucho más complejo y diversificado con respecto a cualquier etapa precedente.
En cuanto a los barrios el esquema es más simple, aunque aquí también los grupos están más formalizados que antaño. En San Bizente salen el grupo de Cáritas Parroquial (1969), el del Grupo de Danzas Vascas Laguntasuna (1976, 1977) de la Juventud Parroquial de San Vicente Mártir de Baracaldo; este mismo grupo para fines sociales del mismo y con destino a Cáritas Parroquial, el del curso 8º de E.G.B. del Colegio Nacional Mixto San Vicente con objeto de conseguir fondos para el viaje de estudios, el Grupo Lagunak de Antiguas Alumnas del Colegio Nacional Juan Ignacio Gorostiza y la Asociación de Vecinos del Barrio de San Vicente (1977); y en la barriada de Arteagabeitia otros -infantil y adulto-de la Comunidad Parroquial de Ntra. Sra. de la Esperanza, con destino a fines benéficos.
En Lutxana organiza un coro la Sociedad Cultural y Recreativa de Luchana (1977), “como en años anteriores precedidos por txistularis”.
Destaca el de la Asociación de Amigos de la escuela de Cáriga (Kareaga), que canta por Santa Águeda cada uno de estos años, destinando su recaudación a los enfermos y necesitados de este barrio en el ámbito de Retuerto. En el valle del Kadagua salen sendos coros en Santa Águeda – Kastrexana, de la Comisión de Coros de Santa Águeda o Comisión de Festejos, al menos en 1969 y 1973, destinando “lo recaudado a fines benéficos” o de socorro a los más necesitados de este vecindario mixto. Y, por último, en Alonsotegi interpreta las estrofas de rigor la Coral Gure Ametsa en 1973, “con el fin de recaudar fondos destinados a obras benéficas”.
José Antonio Homobono
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