EL MARCO ECONÓMICO DE LA ACTIVIDAD MINERA (V)
- Organización del trabajo
La organización de trabajo en su conjunto también tenía rasgos característicos. El grupo de trabajo se formó en principio con voluntarios, entre los cuales destacaba uno que daba las indicaciones. En empresas mineras ya más grandes, estas estructuras se formalizaron y los grupos de peones voluntarios se transformaron en cuadrilla fija, organizada y bajo los órdenes del capataz. Este último tiene la función de vigilar y aumentar la productividad de la extracción y demás trabajos del minero. La referencia al reloj en la canción de la huelga mencionada más arriba no es casual.
Existía el hábito de organizar a las cuadrillas según criterios de lugares de procedencia (los riojanos con los riojanos, los navarros con los navarros etc… ) para fomentar la rivalidad entre ellos y por lo
tanto, aumentar la productividad.
Había por otro lado un alto grado de fluctuación laboral de los obreros de la mina, entre varias compañías mineras, con entrada, despido o marcha fácil. Dependía de variaciones del trabajo disponible y del jornal esperado. Cuando convenía, se trabajaba en la compañía, cuando no, en otra. No había contratos por escrito, sino de tipo verbal debido a la gran demanda.
Generalmente, consta que se entraba a trabajar en la mina por tener familiares allí mismo. Otro criterio pudo ser el número de hijos, que determinaba qué empresa podía dar empleo.
La obligación de pagar «por puntos» a cada hijo según el reglamento de la época franquista solamente por lo visto cumplían las empresas grandes como La Orconera.
Los oficios relacionados con la minería en el ámbito de la empresa tendían a organizarse cada vez más en estratos (en referencia a la minería moderna) cuando avanzaba el tiempo y aun más acentuado en el siglo XX. Los salarios se asignaron de una manera fija, siempre a la vez diferenciada por jornada y/o extras como la tarea.
En el escalón más bajo de importe del jornal se encontraban los niños y las mujeres. Solían realizar
tareas fáciles como llevar agua y las mujeres tanto cargar vagones como clasificar el mineral en los
lavaderos. En pocas excepciones se confirmaba que cobraban como hombres. En parte, su trabajo posteriormente fue realizado por los pinches o aguadores.
El transporte con los carros y mulas, la selección del mineral en los lavaderos, la limpieza y el oficio de aguadero y recadero eran tareas típicas de mujeres y niños.
Mujeres también trabajaron en la fábrica de dinamita, «la pólvora» bajo circunstancias altamente insalubres.
Si te hacías una herida con la máquina, con el tubo, se caía una poco de pólvora y se hacía agua …
amarilla, amarilla estábamos todos, el pelo amarillo. Las mujeres que trabajaron en la mina lo hicieron por motivos de necesidad, para complementar o garantizar los ingresos familiares. Solteras y viudas abundaban de esta manera en los lavaderos de la mayoría de las empresas.36 También tenían que cargar vagones o limpiar a las vías. Las mujeres eran conscientes de la desigualdad de jornal, pero se solían resignar. Había solidaridad entre las obreras; se cantaban muchas canciones en el lavadero, aliviando así el trabajo.
Los niños (de 12 a aproximadamente 16 años) solían dedicarse típicamente a las tareas de recadero
o pinche, quienes buscaban las herramientas en la ferretería, el agua etc .. Posteriormente, la edad mínima de entrada para el trabajo de peón fue fijada en 16 años (aunque hay testimonios numerosos de que no se cumplió en muchos casos). El oficio del pinche se mantuvo hasta las últimas décadas de la minería, aunque luego muchos de ellos optaron por adquirir una formación profesional aparte. Pero se dan casos de niños que entraron a trabajar directamente como peones de carga.
El siguiente escalón fue ocupado por los «peones de carga», los llevaban a cabo las faenas más arduas de la como trocear y seleccionar el mineral además de cargarlo. También muchas veces ejercían como tales.
Los «barrenadores» (martilladores) y artilleros no obstante eran concebidos como la elite de los mineros y eran los que cobraban el jornal más alto. Eran conscientes de su posición. Eran exigentes
como muestra la canción del barrenador que se solía cantar cerca de la hora de la merienda, pidiendo vino, pan y la paga a ritmo de golpe de barrena.
Peones de carga y barrenadores formaron cuadrillas. Les correspondía un «tajo» (a pie del corte o en la sección concreta de cada uno) desde el cual sacaban las cargas correspondientes de vagones de mineral. Por encima en la jerarquía se situaban los «capataces», siendo ellos muchas veces personas originarias de la zona.
Todos los mineros que había en el pueblo, casi todos estaban enchufados. El uno era maquinista, otro estaba en el ascensor; otro estaba en el plano … todos estaban un poco enchufadillos. De los que trabajaron en la mina, el 95% era de fuera.
Los capataces tenían la función de organizar a las cuadrillas, de vigilar y aumentar el rendimiento laboral de los mineros. Tenían la posibilidad de admitir o despedir al obrero. Por ello, muchas veces
eran personas temidas por los obreros.
La jota «la fiera» según una versión de un informante se refiere de manera significativa a una matanza a un capataz:
Que la fiera ya murió
Nadie le teme a la fiera
Que la fiera ya murió
Al revolver de una esquina
Un valiente la mató …
Resumen: La estratificación entre oficios y salarios refleja los criterios de la época. Edad, condición de género y formación específica combinado con origen de nacimiento son los factores que en secuencia ascendente delimitan tanto la categoría social como salarial en la empresa minera.
La organización del trabajo es fuertemente determinada por el desarrollo de la especialización de
tareas. A la labor meramente manual se superpone una estructura estratificada según criterios de edad, sexo y control. Abundaba la oferta de mano de obra no cualificada en gran parte de la historia de las empresas mineras, casi hasta el cierre de la última.
- Conclusión
Considerando el marco económico de la actividad minera en general, se puede constatar que esta fue sujeto de una paulatina integración en el contexto urbanizado. La organización de la vida económica dentro de las empresas y fuera de ellas se hizo cada vez más complejo. Paulatinamente se moldeaban el trabajo minero en el marco de una sociedad pre-industrial o de principios de la industrialización al marco de una sociedad que se rige por normas del trabajo fabril. Transporte, interacciones, relaciones sociales y laborales, la organización del trabajo lo mismo dentro y fuera de la mina así como la adaptación de normas como la medición del tiempo y del rendimiento son un reflejo de ello.
El marco económico tuvo su reflejo entre otros en los cambios fuertes en la estructura social y cultural de la población, aspecto al que se refiere el capítulo siguiente.
Ingrid Kuschick, Raphael Parejo-Coudert
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