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La Rí­a de Bilbao (1860-1900)

La Rí­a de Bilbao (1860-1900)

Los cambios demográficos.

En la segunda mitad del siglo XIX la región norteña centrada en la ciudad de Bilbao, experimentó unos cambios profundos, en sentidos económicos, sociales y demográficos, basados en primer lugar en los yacimientos famosos de hierro, de los cuales escribió Pliny en su época. En estos pocos párrafos quiero resumir lo esencial de los datos claves, y explorar algo de cómo los seres humanos, Vascos y forasteros también, experimentaron tales cambios en sus vidas cotidianas en los últimos años del siglo. Serí­a posible saber cómo se evaluaron su mundo nuevo, los Vascos y los recién llegados?

Todos nosotros entendimos que raramente los términos administrativos de los censos de población coincidan con nuestros intereses académicos. Para no aburrir no voy a explicar los detalles, pero con unos meses de peregrinar entre censos y mapas e historias locales llegué a entender como las varias fases de cambios económicos dejaron huellos por el paisaje. También llegué a entender las fuerzas dominantes de los varios factores geográficos, el rí­o Nervión, la Rí­a, la topografí­a en general, la ubicación de asentamientos posteriores a los cambios basados en el mineral de hierro y los impactos “Bessemer”.

En breve, la ciudad de Bilbao, con 20,000 personas en 1860 habí­a crecido hasta 89,000 personas en el censo de 1900. Por estos años, unos otros 18 ayuntamientos cercanos, de territorio contiguo, iban creciendo, tal que en 1900 contení­an otras 33,000 personas. Cuento con 122,000 la población de la cuidad y su franja residencial (hinterland) al fin del siglo. En considerar los pueblos de los ayuntamientos contiguos, querí­a incluir los 18 locales que demostraron crecimiento fiable en uno o más periodos intercensales, por ejemplo Galdácano, Berango, Arrigorriaga, y Basauri. En total estos 18 ayuntamientos contaban con una población de 10,000 personas en 1860 y 16,000 personas en 1900.

Una historia paralela, pero de fuerza mas energética, mas bruta, como tirada por el gigante imán formada por los yacimientos mismos, iba desarrollando en los pueblos de la zona minera. Mi forme de contar empieza con 7 ayuntamientos con 10,000 población inicial (1860) donde en 1900 habí­a 57,000 personas. Pero de misma forma la zona minera iba extendiéndose, así­ que al fin del siglo cuento la zona minera en total con 87,000 personas en 14 ayuntamientos, incluso Castro Urdiales, el nuevo puerto de salida del Monte Triano en la provincia vecina de Santander.

Sumando Bilbao ciudad y la zona minera, vemos que en totalidad la región iba creciendo por saltos, 44,000 en 1860, 81,000 en 1877, 134,000 en 1887 y 210,000 en 1900. En mi thesis doctoral, centrada en cuestiones de forma “Leontief input-output” me interesaban los enlaces, coeficientes podemos decir, entre el crecimiento demográfico y los números de empleados en nuevas actividades económicas, extracción del mineral, en la rama de beneficio y demás actividades metalúrgicas, y una riqueza de artes y oficios dentro del sector tercero. Así­, les puedo presentar otra información similar, sobre la mano de obra putativa, estimada directamente del sector masculino entre 14 a 70 años, sesgada me parece, en sentido negativo por falta de mejor manera de calcular el número de jóvenes.

Por la parte de la villa y su hinterland, creo que la zona tení­a 10,500 varones de edad apta para trabajar en 1860 y 39,000 en 1900. En contraste, en la zona minera, habí­a solamente 2,900 de edad para trabajar en 1860, 9,100 en 1877, 20,700 en 1887 y 33,200 en 1900, un crecimiento demográfico de 30,300 en cuarenta años. Sumando ciudad y zona minera/metalúrgica calculo un incremento de 72,000 trabajadores entre 1860 y 1900, de los cuales 45,000 en los últimos trece años del siglo. Para ser más correcto, del número que parece indicar el crecimiento de mano de obra hay que restar la fuerza de trabajo inicial de las unidades que no formaban parte de la zona inicial en 1860. Midiendo así­, cuento con solamente 50,800 el incremento entre 1860 y 1900 en el número de varones apta para trabajar.

Las Fuerzas Económicas – el poder del mineral de hierro

En plan de entender los impactos personales de tales cambios les quiero sugerir que es importante tener en cuenta lo que llegué a entender de las fases de desarrollo, las varias evoluciones de la región, las minas, la cuidad, el sector tercero, etc. en términos de un conjunto histórico/geográfico de suma importancia. Una fecha clave, 1856, serí­a él de poner en marcha los primeros altos hornos de forma Bessemer, en Inglaterra. Otra fecha serí­a el terminar de la Segunda Guerra Carlista, que dejo abrir la posibilidad de inversiones importantes por parte de unas compañí­as inglesas que se interesaban por el mineral bilbaí­no, con poco fósforo, una sine que non para los convertidores Bessemer. Hubo unos cambios rápidos e impresionantes, con inversiones enormes en transportación, tranví­as, lavadoras, cargaderos y muelles de embarque.

Pero en general poco hicieron las compañí­as en plan de inversiones sociales. La última década del siglo vio una veintena de huelgas. Los mineros se quejaron de las formas de pago, de los albergues y tiendas obligatorias, etc. Todo culminó en la huelga general de1903, lo que por fin provocó que El Instituto de Reformas Sociales se interesara del asunto, publicando en 1904 el Informe Referente a las Minas de Vizcaya, Es una fuente histórica de gran amplitud, con sumo interés y valor para entender los problemas “Trianeros”, y como cualquier yacimiento rico ha sido bien labrada por generaciones de historiadores.

En términos generales nos podemos imaginar un mundo económico ideal donde los pagos serí­an lo suficiente para sostener cualquiera persona, el alojamiento, la comida y algo más para disfrutar. El problema reside en los detalles de oferta y demanda. En todo tipo de actividad económica – puede ser en la minerí­a, la producción metalúrgica o cualquier fabricación – la presión hacia precios mí­nimos, para conseguir mercado, tiende a producir los salarios mí­nimos, sobre todo si hay exceso de oferta de mano de obra, o dicho de otra forma, siempre que los pagos por otras partes vecinas sean bajos. Y tal situación francamente existí­a por las provincias rurales de Castilla la Vieja, Asturias y Galicia. Así­, en los Montes del Triano los dueños podí­an atraer jornaleros con pagos mí­nimos, siempre que la labor necesitaba nada más que las manos, una pala, y la voluntad de ganar el jornal.

Por El Informe entendimos que en la zona minera el problema básico de alojamiento y comida se solucionó, a corto plazo, con los barracones, pero faltaba mucho más. Unas compañí­as mineras construyeron casas para alquilar, o dejaron que los mineros mismos construyeron, normalmente en terrenos y rincones sin otro valor. En su investigación clave, que incluye materias del Archivo Municipal de San Salvador del Valle Pilar Pérez-Fuentes nos ha dado unas informaciones valiosí­simas sobre la parte mayor que llevaban las mujeres, amas de casa, que mantuvieron familias compuestas, una mujer cuidando a varios jornaleros, normalmente parientes, de los recién llegados inmigrantes de Palencia, Soria, etc. Les ofrezco simplemente dos frases que me dan tanta tristeza. Si uno llegó buscando, no solí­a pedir si habí­a trabajo, sino si habí­a cama. Si uno querí­a localizar cualquier jornalero, no solí­a preguntarse dónde viví­a, sino de que puchero comí­a.

Pero creo que la historia que conozco de la profesora Pérez-Fuentes se dedica a la sección francamente peor, donde sufrieron hasta el tope la angustia de la modernización. Como lo veo yo, habí­a, por mucho, otros cambios que tuvieron lugar al lado de las minas. Qué sabemos de las condiciones de trabajo, de vivienda y comida de los demás que formaron el cauce de mano de obra, en el rumbo pos-minero? Francamente, por mi parte, de detalles tengo muy pocos, e imagino que algunos colegas aquí­ sabrán mucho más de materias recién editadas. Mientras tanto, me queda la posibilidad de reflexionar en términos generales dentro de un marco histórico/geográfico que trata de las nuevas actividades en plan de donde tuvieron lugar.

La geografí­a local domina las fuerzas de modernización

Sobre las cuestiones de ubicación, la geografí­a local se impone con fuerza. A los dueños de las grandes nuevas actividades económicas, los altos hornos y los astilleros, les hací­an falta acceso fácil al rí­o, indicando casi a dedo las zonas donde las nuevas actividades pudieron florecer.

Claro que pensaron en acceso a un mercado y materiales de procedimiento. También les hací­an falta solares. Para las construcciones metalúrgicas en Baracaldo la familia Ibarra pudo aprovecharse de una finca familiar; así­ el origen del nombre de la Fábrica El Carmen del Desierto. Tales compañí­as encontraron mano de obra por donde pudieron; efectivamente seguí­an llegando los jóvenes de Castilla la Vieja y más allá, en una cadena que atrajo los más recientes hacia las minas, dejando que otros pudieron escapar hacia las nuevas actividades, en la esperanza de que la nueva serí­a de mejor pago o de mejor condiciones de trabajar. En todo caso, el obrero busco alojamiento donde podí­a encontrarlo. Algunas compañí­as, si, construyeron alojamiento pero a causa de la topografí­a local bien sabemos que mucha construcción era pequeña de tamaño, pobre de cualidad, con servicios de agua comunales. De cuadros, y más tarde de fotos, se sabe que desde 1800 por lo menos solí­an construir pisos, hasta cuatro o cinco plantas y en bloques muy anchos, apretados unos contra otros. Cabe decir que muchas de los hogares construidos fueron pequeños, y de poca pulcritud.

En cuanto a la geografí­a del ensanchamiento de la zona poblada de la ciudad y su hinterland, veo otra mano invisible, lo que señala los sitios predilectos, sitios con las ventajas de decisiones anteriores, con unos trozos de fábrica social, casas, talleres o, tiendas, una herencia de actividades previas, en el centro de Bilbao sobre todo, también los asentimientos vecinos, parroquias como Abando y Begoña. Ya en 1860 la vida económica bilbaí­na, con su conjunto de tela urbana, era testigo de actividades anteriores, la pesca del bacalao, la larga exportación de lanas hacia Inglaterra y los Paí­ses Bajos, la navegación; en general, una vida comercial también basada en el poder del R. Nervión, que habí­a florecido siglos antes de llegar el impacto “Bessemer”. Así­, en la región de la Rí­a las nuevas industrias podí­an aprovechar de unas construcciones urbanas de épocas anteriores, carne y hueso de la vida bilbaí­na, tela económica y social construida por la pesca, el comercio exterior y de cabotaje, las fraguas, pequeñas construcciones navales, etc., un palmicesto de actividades económicas y comerciales de un siglo y más, con un herencia en madera y ladrillo. En cualquier zona urbanizada siempre hay un proceso de nacimientos y fallecimiento que deja sitio para que las nuevas actividades puedan establecerse en locales donde habí­an fallado las viejas. Claro que no era lo suficiente para lo que iba pasar, pero en el caso Bessemer y sus consecuencias, lo veo importante la proximidad entre la zona minera y la ciudad de Bilbao, y por eso tal historia se distingue de las muchas iniciativas mineros donde la totalidad de lo que serví­a de tela social lo tuvieron que construir, desde los cimientos. En el caso bilbaí­no la diversificación también iba por cauces geográficos. Gran parte de lo que a las compañí­as les hací­a falta en el transporte y exportación del mineral, se produjo muy cerca; habí­a muchas componentes de producción ribereña. Entre las nuevas industrias de la Rí­a, las actividades centradas en los productos metalúrgicos, los altos hornos, las ferrerí­as, los astilleros donde construyeron buques de vapor, llegué a entender que la palabra autosuficiencia tení­a otro sentido. En términos muy generales veo que coincidieron dos factores; el primero, que la introducción de materias y componentes desde lejos hubiera sido muy caro, y el secundo, la fuerte imaginación vasca para construir cualquier producto de hierro – recordemos que la zona gozaba de una larga historia de las primeras fraguas a carbón de leña. Con la cifras que podí­a sacar – y claro que hay más hoy en dí­a – llegué a la conclusión de que en 1900 tales actividades claves de la zona minera/metalúrgica podí­an explicar hasta 60% de los cambios de mano de obra total, mientras por la zona extendida de la ciudad podí­a explicar solamente 13% de tal cambio.

De otra forma, esto indica que para la ciudad el empleo se encontraba en las muchas formas de actividades viejas, de comercio etc., pero a la vez también en las muchas actividades nuevas que formaban el trozo más complejo de la modernización.

El Papel del R. Nervión

Voy imaginando como las oportunidades de la vida se ensancharon de igual modo que iba creciendo la zona urbanizada, como las nuevas actividades se insinuaron dentro del paisaje, formando un amalgama, la nueva dentro de la vieja economí­a, y muy bien atada. En los muchos casos de los impactos feos de la industrialización, uno se suele quejar de la torpeza, la falta de energí­a por parte de la sociedad en general para ocuparse en solucionar los problemas sociales.

Pero otra vez, la geografí­a de la región de Bilbao se impuso con mano dura; la topografí­a de la Sierra Cantábrica y la fuerza hí­drica del rí­o Nervión y sus afluentes no se puede esconderse. En Febrero de 1873 por fin se construyó una Junta Especial para tomar cargo de las obras del puerto, bajo la dirección de Evaristo de Churruca. Para facilitar que la estructura económica pudiera trasladarse hacia la época de buques de vapor, y de mucho más calado, faltaba un esfuerza gigantesca. Empezaron en planificar el vaciar cuantidades enormes de arena, hasta 6.5 millón de metros cuadrados, y los restos de naufragios y demás accidentes de mar de siglos anteriores.

Entre 1875 y 1900 en las obras de ensanchamiento y saneamiento se reformaron la topografí­a de la Rí­a, tanto por el horizontal, simplificando el perfile y también profundizándolo, en 14 kilómetros hasta Bilbao mismo. Brevemente, las obras de Don Evaristo consiguieron construir una puerta de gran extensión protegida de las fuerzas más brutales del mar Atlántico. Hací­a falta un rompeolas por el oeste, cerca de Portugalete, de 1.5 kilómetros y para construir la abra, otra parte al este, más corta, y así­ se formó un puerto exterior, como un tanque de espera, para los muchos barcos de carga mineral o carbón que cada dí­a o noche iban esperando la pleamar. Los fondos se derivaban, el trozo gordo, de un impuesto sobre las exportaciones, más otras subvenciones de la Diputación de Vizcaya y la cuidad de Bilbao. Los presupuestos primeros de las obras del puerto se pusieron a 2 millones de pesetas, pero en 1889 ya habí­an gastado casi 12 millones, hasta 50 millones al fin del siglo. Tengo encontrado unas cifras de gastos para mano de obra, pero nada sobre los jornales; el número de empleados pudiera haber sobrepasado unos 500.

Se sabe que una buena parte del hormigón que formaba el gran rompeolas salió de las canteras de Axpe, aguas abajo de la ciudad por el lateral no-minero. Dentro de los inputs, también habí­a cuantidades de hierro forjado. También montaron iluminación eléctrica para alumbrar las cuatro horas de mar alto nocturnal. Por todas partes veo la mano mágica que consiguió que los inputs de los nuevos productos y construcciones sean de origen local para evitar lo que nos llamamos, los geógrafos, “la costosa fricción de distancia”. Veo también las imaginaciones vivas de los capitanes industriales vascos, por ejemplo Don Pablo Alzola y Minondo, alcalde de Bilbao al fin del siglo, pero también vocal de varias compañí­as de industria pesada. En las nuevas fábricas se producí­an tuberí­as de agua y gas, equipo eléctrico, cable, puntas, vidrio laminado, tale productos aptos para una ciudad moderna con rí­o elegante, recién reformada y decorada para pavonearse.

Para no prolongar más mis palabras, simplemente voy mencionar algunas novedades del sector fabril de los últimos lustros del siglo, fábricas de tubos forjados, de vidrio, de papel. Por el sector tercero cabe subrayar la construcción de 250 Km. de ferrocarriles, el famoso “trasbordador’, el puente colgante al boca de la Rí­a en Portugalete, el saneamiento y ensanchamiento de la cuidad, también un crecimiento energético en la banca y la industria de seguros. De tras de los pagos y sueldos de las nuevas actividades vení­an otros sueldos y pagos de los sectores tradicionales, en construcciones de alojamiento, de muebles, tiendas de todos tipos, el transporte dentro y fuera del región. El puerto vio una expansión enorme, no sólo en movimiento de mineral de hierro y carbón, pero de todo tipo de mercancí­as, con una gran diversificación en alimentación, etc. Al fin de siglo solamente el puerto de Barcelona llevaba más comercio. En mi forma de imaginar cómo iba cambiando las oportunidades de la vida y la expansión de las actividades de la Rí­a, tanto de construcción como de nuevas actividades, veo que las tareas de la nueva economí­a se insinuaron dentro de la vieja, dentro del paisaje de los pueblos vecinos.

Los Impactos Sociales

La totalidad de la nueva tela social era enorme; las viviendas, las calles, los sistemas de transporte, las obras de saneamiento y de ensanchamiento de la ciudad. Por las terrenos cerca a las nuevas fábricas, los astilleros, los altos hornos, la forma de construcción de viviendas fue siempre de gran densidad, hasta cuatro o cinco plantas casi al lado de las nuevas fábricas, e imagino con agua potable, sino con grifo al aire libre. Pero a la vez, la construcción de los FFCC en ambos lados de la Rí­a permitió acceso a otros terrenos más llanos, más atractivos, en zonas que podí­an ofrecer un nuevo tipo de urbanismo construido. En la sección demográfica arriba llamé atención a la extensión de la zona activa de crecimiento en los últimos años del siglo. La construcción del FFCC proporcionó unas posibilidades de acceso al centro, así­ que las mujeres labradoras pudieron traer comestibles a los mercados centrales de Bilbao. Esto me da la oportunidad de volver a subrayar que la ubicación del impacto Bessemer, por ser colocado muy  cerca de una ciudad de mucha historia implicaba que los cambios introducidos tuvieron impactos, no solamente para los jornaleros y familias inmigrantes pero también para los vecinos.

Si en unas pocas frases puedo sumar lo poco que a mi parece claro de la balanza de costes sociales del impacto Bessemer, debo empezar en admitir que un exceso en mano de obra en las provincias vecinas francamente seguí­a empujando hacia abajo los jornales del tipo “planta baja” en un triángulo de pagos – aunque tal efecto hubiera sido modificado por las posibilidades de emigración a América Latina, por parte de Vascos y los demás. Mientras tanto quiero proponer que solamente una quinta parte de la expansión de trabajo tuvo lugar bajo las circunstancias feas de las minas y la siderurgia. Claro, en los primeros lustres tal porcentaje hubiera podido ser más grande, pero Pilar Pérez-Fuentes en sumar el número de trabajadores en las minas y la metalurgia nos da un tope (circa 1898) de casi 14,000, y lo comparo con la cifra de 72,000 arriba, mi cálculo del crecimiento de mano de obra masculino entre 1860 y 1900 en la zona económica extendida.

Francamente los que más ganaron, en todos sentidos, fueron los vascos. Tanto como la ciudad tení­a una ventaja previa en atraer nuevas actividades, lo mismo se puede decir de la población inicial de la zona bilbaí­na. No es difí­cil imaginar una cadena, más bien una escalera, por lo cual los primeros en llegar a las nuevas fábricas llegasen a ser los primeros a sacar provecho cuando las actividades nuevas les hací­an falta otros oficios, otras habilidades de mejor pago. Para explorar en términos generales los costes sociales, para construir una balanza de pagos y sufrimientos, debemos volver a tomar en cuenta mis conceptos gemelos de donde y cuando. A los jornaleros centrales a las actividades primarias del “take-off” les costaron el trozo gordo, por ser los primeros en llegar, y por ser captada en las zonas feas de explotación, otra palabra que aquí­ tiene dos sentidos. A los familias originales, los Vascos de tradición del caserí­o, más dispersas por los pueblos del ribera este del Nervión, les pasaron mejor en cierto modo. Tales familias tení­an la posibilidad de mandar a los hijos y a las hijas trabajar, así­ aumentando los ingresos familiares; también pudieron vender productos de huerta, incluso huevos, pollos, etc., en los mercados de Bilbao, también hasta vender solares para una demanda creciente de vivienda.

Y por fin, a los Vascos y forasteros también, ¿cómo les parecí­a tales cambios en sus vidas cotidianas en los últimos años del siglo? Por encima y alrededor de todo, pero más por encima de las poblaciones centrales, los muchos ruidos de las nuevas actividades, sobre todo las explosiones a medio dí­a en las zonas mineras, también hubieron sufrido por los nuevos humos, los nuevos olores, algunas viejas enfermedades con nueva vida. Pero a la vez habí­an los nuevos productos domésticos, las nuevas tiendas, unas nuevas prendas, las nuevas cosas para mirar y gozar, una buena parte del rí­o iluminado en las horas de alta mar, las nuevas construcciones públicas, las zonas llanas y modernas de la cuidad para pasearse, una sede elegante de la cuidad de Bilbao, La Casa Consistorial (1892), y otra sede más, de la Diputación, lo maravilloso que era el puente trasbordador! Y La riqueza de los nuevos ferrocarriles consiguió juntar Bilbao con Madrid y con Francia y unir los pueblos cercanos a Bilbao entre si, en una red de servicios sin igual en su época. Con los FFCC vino un salto tremendo en la capacidad de conectar, una reducción sustancial en la “fricción de distancia” para los más ricos, pero también ayudando a los demás en plan de flexibilidad laboral. En 1900 Bilbao contaba con siete estaciones de ferrocarril. Además, vale la pena hacer referencia a las fuerzas intelectuales de una economí­a bilbaí­na internacional. En muchos casos las compañí­as de gran éxito mantení­an fuertes enlaces con otras compañí­as europeas y americanas. Lo veo muy compleja y muy rica la parte buena de los cambios sociales que llegaron hasta Bilbao y su región de tras del impacto “Bessemer”.

En contraste con el caso más normal, donde las actividades mineras suelen dejar el campo vací­o, feo hasta devastado, el liderazgo bilbaí­no consiguió sacar provecho para la comunidad en general. En cobrar los flujos de la economí­a moderna unos ingresos públicos, llegó a construir un patrimonio que lucí­a para las familias claves, a la vez que valí­a para iluminar también la vida de los demás.

Herr

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Actualizado el 2 de marzo de 2018

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