RECORRIDO HISTÓRICO 53: la siderurgia no se inventó hace dos días
Una descontextualizada frase sigue repitiéndose en nuestros días cuando aplicamos a Barakaldo el apellido “ciudad fabril”. Lo cierto es que “del Ebro hacia abajo” la imagen de la anteiglesia no se aparta mucho de lo indicado en “fabril”. Y no es menos cierto que cuando se cita el término en una clase cualquiera de los centros escolares del municipio las caras de sorpresa del alumnado es tan sorpresiva como incrédula.
Sin embargo, la actividad “fabril”, centrada en el hierro, fue intensa durante ciento cincuenta años (1850-2000 en términos redondos). Hubo, no obstante, un “antes” que fue creando las bases del postrer asentamiento de la industria pesada. Es lo que deseamos mostrar en este itinerario[1].
- Siglo II (antes de J.C.)
Se dice que el naturalista Plinio (llamado el Viejo, procurador romano en Hispania, fallecido en la erupción del Volcán Vesubio, en el año 79 antes de J.C.) citó la zona minera (el histórico valle de Somorrostro[2] más los concejos de Galdames y Sopuerta) en su “Naturalis Historiae” al referirse a la existencia en él de “… un monte áspero y alto de hierro, algo maravilloso de ver…”. Lo cierto es que, durante siglos, se extrajo de allí el mejor hierro de Europa por su calidad y la facilidad de su extracción por estar el mineral en afloramientos de superficie.
- Siglo XV
La existencia en el País Vasco de gran cantidad de hierro y la necesidad de construir armas y herramientas, indujeron desde tiempos muy remotos a los naturales de nuestro territorio de Biakaia a fundir y labrar las venas de mineral, que previamente conducían en bestias y narrias hasta las ferrerías situadas en lugares montuosos, donde había carbón, y junto a pequeños arroyos[3].
- Pedro Bernardo Villarreal, de Berriz, Caballero de la Orden de Santiago, en su obra “Máquinas hidráulicas de Molinos y Herrerías, dedicado a los amigos Caballeros y Propietarios del Muy Noble y Muy Leal Señoría de Vizcaya y Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipuzcoa”, dice: “en lo antiguo es muy cierto que se fabricaba el hierro a brazos moviendo los fuelles los hombres y batiendo los martillos las fundiciones y ponían sus fábricas en montañas”[4].
Posteriormente[5] se fueron situando las ferrerías en las proximidades de los arroyos, según refiere el Padre Henao, en su obra “Antigüedades de Cantabria”, donde apunta que el primero que dispuso y fabricó herrería en el río con máquina hidráulica fue uno de apellido Olea.
Por otra parte, el historiador Labayru (en su obra Historia General de Vizcaya) afirma que encontró en el Archivo de Protocolos de Valmaseda algunos documentos de interés sobre la historia de la fabricación del hierro en Vizcaya, y especialmente para determinar con exactitud quién fue el primero y el lugar en donde comenzó a labrar el hierro y cobre con el procedimiento de los martillos de agua y martinetes, resultando que la Noble Villa de Valmaseda y uno de sus hijos, D. Marcos de Zumalabe, tiene la gloria de ser los primeros que usaron este procedimiento industrial, desconocido en el resto de España.
En el límite Oeste de Barakaldo, donde parte su jurisdicción con Galdames y Trapaga, se hallaba el lugar conocido como Urdaibai[6], entre los montes de Frados y Burzako. Hace mucho tiempo Urdaibai era un paraje muy frecuentado por los comarcanos pues en sus alrededores daba comienzo, extendiéndose después por El Regato, la que posiblemente ha sido la zona con mayor concentración de ferrerías de toda Euskalherria en los siglos pasados.
Urdaibai era un lugar tan conocido que la señora de Bizkaia, doña María Diaz de Haro fijó en este punto, el año 1322, uno de los mojones o límites que dio a la villa de Portugalete. La línea divisoria que separó los terrenos correspondientes a esta villa y a Barakaldo se extendía desde aquí hasta el lugar de Abatxolo, en Sestao. Algunos barrios como Durañona, Causo, Elguero y Galindo quedaban al lado de Barakaldo por lo que sin duda en aquella fecha pertenecían a esta anteiglesia. Posteriormente estos lugares se desgajaron de Barakaldo, posiblemente en el año 1366, cuando la anteiglesia se separó de La Encartación para incorporarse a Bizkaia. En este año Barakaldo fijó su límite con los terrenos que correspondían a Portugalete por medio del río de Ugarte[7]
Junto a Urdaibai, en Loiola, existieron restos de ferrerías que fueron cubiertos por el actual pantano[8], y allí cerca se encuentra el lugar de Las Barrietas, que antiguamente, en concreto en el año 1556, respondía al descriptivo nombre de Olabarrieta (lugar de la ferrería nueva)[9], lo que dice bastante de la actividad ferrona en el lugar.
Pero la acumulación de ferrerías empezaba realmente algo más abajo de Urdaibai, en el término de Agirza. Allí se encontraba la ferrería de Urdandegieta[10] cuya antigüedad habría que remontar cuando menos al siglo XV. Fue comprada por el cronista Lope García de Salazar[11] y posteriormente pasó a ser propiedad de sus sucesores, los Salazar de Galindo, una de las familias más poderosas de Barakaldo en el pasado. Estos fueron dueños no sólo de la ferrería sino también de los montes que la rodeaban, Frados y Burzako, y de los lugares comprendidos entre Loiola, Olabarrieta (Las Barrietas), Lugorriaga y el pico de Mendibil. Es decir, de toda la franja de terreno que limita a Barakaldo con Galdames y también una parte del límite con Trapagaran.
Desde el río Castaños[12] hasta el río Cadagua (el límite de Barakaldo con Güeñes) fue propiedad, casi en su totalidad, de otra familia conocida: la de los Coscojales. Cercana a la ferrería de Urdandeguieta se encontraba la herrería de Sarachu. También queda constancia documental de que a comienzos del siglo XVI en esta zona se encontraba la que llamaban ferrería masuquera de Urdandeguieta, propiedad de la familia Tellitu[13].
Con el tiempo la actividad ferrona fue desapareciendo, las ferrerías se derruyeron y estos lugares dejaron de ser frecuentados. También los nombres desaparecieron y topónimos como los de Urdaibai, Urdandegieta o Lugorriaga dejaron de usarse, luego se olvidaron, se perdieron y nunca llegaron a figurar en los mapas.
Desde Urdandegieta seguimos la antigua ruta de las ferrerías bajando, por el lugar que llamaban Endechuleta (otro topónimo desaparecido) siguiendo «el río que baja de los montes de Urcullo y término de Escauriza hasta la casa de Arriluze, jurisdicción de Baracaldo».
Veamos la descripción que se hace en el año 1760 de esta zona[14]: Las aguas de los dos ríos pequeños que bajan, uno del término llamado Castaños y el otro del de Ymitola, con sus presas en cada uno de ellos, se juntan con sus aguas en la presa que tiene el mayorazgo de Juan José de Echavarri construida desde inmemorial tiempo para su ferrería de Urcullu, en el término de Escauriza, al presente y de muchos años a esta parte sin uso. Al otro lado de Urcullu queda la parte o banda de Tillitu. Y en el mismo sitio de Escauriza hay un molino de dos ruedas, que se halla corriente, de la casa llamada Palacio de Escauriza[15].
Hasta aquí el río resultante recibía el nombre de río de Escauriza, y la zona hasta aquí descrita se la llamaba genéricamente lugar o barrio de Escauriza. Anteriormente, a mediados del siglo XVII, se la conoció como Valle de Escauriza. Sigue la descripción: Más debajo de Escauriza, hasta el sitio llamado Ragoa hay vestigios de que hubo ferrería y allí pretenden edificar otra nueva, en la parte de Maserreca, que dicen ser común.
En esta zona de Escauriza encontramos dos caserías (año 1536) pertenecientes a Martín de Tellitu y su mujer Catalina de Tapia, que lindaban con las casas de Martín de Zamunde[16].
Más adelante, camino hacia Gorostiza y dando nombre a todo el entorno se encontraba el lugar de Eguiluz. Aquí, en Eguiluz, y justo en el lugar que hoy ocupa el pantano llamado de Gorostiza se hallaba el término de Aranguren, donde tenía gran parte de sus propiedades el mayorazgo de Aranguren, con su casa-torre, su ferrería, un molino de tres ruedas[17] y una ermita de la advocación de Nuestra Señora de la Concepción. Hoy día las ruinas de todo ello permanecen cubiertas por las aguas del embalse. A este lugar de Eguiluz (también llamado Eguliz, Yguliz, Eguiliz…) se le comenzó a conocer a finales del siglo XVIII como barrio de El Regato. Poco a poco este nombre fue ganando cada vez más aceptación hasta el punto que pasado el tiempo se empleó para designar a toda la zona, desde Urkullu a Gorostiza, y es el que se ha mantenido hasta nuestros días. Nos lo encontramos por primera vez en la documentación en 1783 descrito como paraje llamado El Regato[18]. Desde entonces el primitivo topónimo de Eguiluz fue desapareciendo hasta perderse en el olvido. A partir de Eguiluz el valle se abre en el lugar de Gorostiza. Esta era una zona agrícola ocupada por varios caseríos y molinos.
La ruta de las ferrerías termina al llegar al lugar de Retuerto, pero antes de llegar allí nos encontramos con la última ferrería en el paraje conocido como Bengolea y también en tiempos pasados con su homónimo castellano de La Herrería de Abajo, aunque el nombre primitivo del lugar, el existente antes de construirse la ferrería, no sea ninguno de ellos, pues antiguamente se le conocía con el nombre de Basarrate.
Aunque es frecuente ver en muchos documentos antiguos referirse a algunos ríos o arroyos con el nombre de regato siempre van acompañados del lugar o término en que se sitúa. Por ejemplo se habla del regato de Careaga, el regato de Uraga… No es este el caso pues es al propio lugar o término al que se le llama Regato.
Aquí se encontraba el mayorazgo de La Herrería de Abajo[19], con su torre, ferrería y molinos, en un paraje que en el siglo XVI se decía que era montañoso y despoblado[20].
La alta concentración de ferrerías que encontramos en este lugar puede explicarse por varios motivos. Saltan a la vista los siguientes: la existencia de un río ideal para construir presas y canales. La abundancia de madera en los montes, para utilizarla como carbón. Su cercanía a las minas de hierro. Su cercanía al puerto de Galindo, para exportar el hierro… Pero además de estas razones hay otra que explica de forma rotunda porqué se instalaron aquí las ferrerías y no en las márgenes del río Granada, del Capetillo, del Ballonti, o de cualquier otro río cercano. Se trata de la prohibición expresa de María Díaz de Haro a que en los términos concedidos a Portugalete se instalase ferrería alguna. Es decir, que por decreto impidió que en gran parte del entorno de la gran montaña de hierro, quizás el más adecuado para ello, existiese ferrería alguna[21]. Por lo tanto, y obligado por el decreto de la señora de Bizkaia, las ferrerías se hubieron que construir en los concejos y municipios cercanos a Portugalete: Barakaldo, Galdames, Güeñes, Muskiz…
En este siglo, el Gremio de Espaderos vizcaínos era muy importante y las fraguas y fundiciones mayores de Bilbao se hallaban en el arrabal de Ascao. Lo anterior se confirma con lo que Fray Francisco de Zumárraga, primer Obispo y Arzobispo de Méjico, escribió en 1541 a su sobrino D. Sancho García de Zumárraga, residente en el citado pueblo, pidiendo que le enviase ”doscientas ballestas y algunos arcabuces y hierro de herrajes y azadones y hachas y cerraduras y clavazón grande de puertas que ahí se hacen”. La disponibilidad de mineral de hierro en Vizcaya estimuló a los naturales del país a construir ferrerías y fraguas, siendo un título de honor para los mayorazgos, al mismo tiempo que negocio lucrativo, ser considerados ferrones.
Merece hacer una breve referencia al Fuero de Vizcaya, por su gran aportación proteccionista, en relación con la explotación de las minas. En este sentido, un reflejo claro de la importancia que se dio en Vizcaya a la existencia de las minas de hierro, queda patente en lo que, con marcado sentido proteccionista, se legisla en el propio Fuero de Vizcaya, que en la Ley XVII, prohibía la exportación del hierro fuera de Vizcaya, en los siguientes términos: “Otrosi dijeron que había Fuero, franqueza y libertad e establecieron por Ley que ningún natural ni extraño así del dicho Señorío de Vizcaya como todo el Reyno de España ni de fuera de ellos no pueden sacar fuera de este dicho Señorío para Reynos extraños vena ni otro metal alguno para labrar Fierro o acero; so pena que la personas que la sacase pierda la mitad de sus bienes o sea desterrado permanentemente de estos Reynos… “
En la Ley XIX del Título XXXIV, el Fuero de Vizcaya declara que: “… por cuanto haber ferrerías en Vizcaya, redunda a su alteza gran servicio y a la tierra gran utilidad y provecho é a la causa conviene que sean detenidos (…) ordenaban y ordenaron que cualquiera que quebrantase ferrería o Molienda o calzadas o rompiere o foradase Barquines a sabiendas por su propia autoridad muera por ello y pague el daño doblado al dueño”.
La confirmación de los 42 capítulos de las Ordenanzas contenidas en el Fuero de Vizcaya para el régimen y subsistencia de las ferrerías de este Señorío, fueron establecidas en Junta General de Guernica, celebrada el año 1440, siendo posteriormente efectuadas por los reyes Católicos en Valladolid el 5 de marzo de 1483, y el Emperador Carlos V y su esposa Dña. Juana, en Palencia el 18 de marzo de 1522.
A lo largo de todo este siglo y el siguiente son innumerables los pleitos y reclamaciones que se desarrollan por el incumplimiento de las Leyes y Ordenanzas sobre las propiedades, derechos y usos de los minerales de hierro, el funcionamiento de las ferrerías y comercialización de sus productos.
- Siglo XVI
Las ferrerías bascongadas estaban compuestas de tres elementos: hogar, aparato soplante y martinete. El primero de ellos se alimentaba, invariablemente, de carbón vegetal y de menas o minerales óxidos férricos, anhidros y hematites pardos no muy compactos, aunque también se empleaban a veces las menas hidratadas algo porosas.
En lo que fuera término municipal de Barakaldo se puede citar la de Iráuregui, posteriormente fábrica de hilados y la de Aldanondo en Alonsótegui, que en 1878 aportó su propietario, D. José Barra, a los Señores Quintana, Arisqueta y Hoffmayer, que con otros socios constituyeron la Sociedad denominada “Nuestra Señora de Guadalupe”, con capital de dos millones y medio de reales de vellón. Esta Sociedad cesó en su actividad industrial el 21 de mayo de 1894, siendo vendidas sus instalaciones a la Sociedad Anónima “Alambres del Cadagua”.
En Vizcaya, el número de obreros de cada ferrería era de cuatro, y se les conocía con el nombre profesional de ferrones, los cuales usaban para el trabajo una especia de camisones llamados obreras.
En 1510 se constituyó en Amorebieta una ferrería por los Condes de Cancelada, cerca de la Iglesia parroquial de Santa María, con un salto de agua de 17 pies.
La Real Cédula de Diligencias de 17 de mayo de 1533 buscaba para Castilla el hierro y el acero de Vizcaya a cambio de mantenimientos tales como carnes, trigo y principalmente lana, cuyo tráfico era muy considerable, introduciéndose en la Meseta, en compensación de aquellos mantenimientos, 28.000 quintales de hierro y 6.000 de acero.
Este intercambio se hacía por caminos carretiles y calzadas primitivas, con las dificultades y riesgos consiguientes, hasta que en el siglo XVIII comenzaron a construirse carreteras.
- Siglos XVII-XVIII
La historia de la fabricación del hierro se divide, según los tratadistas, en cuatro épocas principales: 1ª.- Desde los tiempos más remotos, de los que apenas se tiene noticia, hasta el siglo XVII; 2ª.- Desde mediados del siglo XVII hasta 1814; 3ª.- Desde 1814 hasta 1860; 4ª.- Desde 1860 hasta nuestros días.
1644: Las ferrerías mayores que existen en Barakaldo son seis: Urdandeguieta, Yráuregui, la de Mª de Aperribay, J. de Larrea, A. de Aranguren y El Condestable. La menores o tiraderas son dos: la de Mª de Aperribay y la de Yráuregui[22].
20-10-1687: La Junta del Señorío decretó una investigación de las ferrerías existentes entonces, de la que resultó que se hallaban funcionando 147 y cerradas 128.
22-04-1719: Se fundó, por Real Provisión del Rey Felipe V, el Convento de Carmelitas Descalzos, conocido como “El Desierto”, en terrenos del Concejo de Sestao, justo en la desembocadura del río Galindo, para que los religiosos pudieran hacer vida de ermitaños. La petición del permiso para la construcción del convento fue hecha por Fray Bernardo de San José, Carmelita descalzo, para los Carmelitas de dicha Orden de la Provincia Eclesiástica de Burgos y Navarra. Pasados los años sobre terrenos del antiguo convento se construyeron una parte importante de las instalaciones siderúrgicas que de las empresas que se instalaron en los términos municipales de Sestao y Barakaldo.
1740: Guillermo Bowles, que nació en un pueblo cercano a Cork, en Irlanda, se trasladó a París en 1740, para dedicarse al estudio de la Historia Natural, Química, Metalurgia y Anatomía. Posteriormente vino a España dedicándose a visitar minas y dirigir un Gabinete de Historia Natural. Bowles visitó en cuatro ocasiones Bilbao, haciendo, en su obra escrita, un encendido elogio a la provincia de Vizcaya, al mismo tiempo que trata con todo detenimiento “de la mina de hierro de Somorrostro y de otras de Vizcaya”, describiendo al detalle las calidades del mineral de aquellas, a la que califica de “mina tan célebre” y diciendo que todo el mundo “sabe que no hay en Europa mena tan fácil de fundir ni que dé hierro tan suave como ésta de Somorrostro; y siempre ha sido así desde el tiempo de los romanos, que ya sabemos la beneficiaban”. Bowles, en su informe añade: “Es gran fortuna para Vizcaya tener estas minas de hierro, porque su comercio hace entrar todos los años en el país millones de reales que circulan y se subdividen infinito; lo cual es un excelente medio de mantener la población”.
1761: se obtiene el Real Despacho para la construcción en Vizcaya de la carretera que habría de unir Bilbao con Burgos y la Rioja, rompiendo la peña de Orduña y llegando hasta Pancorbo por una vía de catorce leguas de longitud y treinta pies de anchura, facilitando así el transporte de mercancías entre Vizcaya y la Meseta, entre ellas el hierro y el acero.
29-09-1783: En el “Resumen de las actas de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País, en sus Juntas Generales celebradas en la ciudad de Vitoria el día 29 de septiembre de 1783”, se deja constancia de que “los amigos nombrados por los juntillas de las Comisiones, informaron de la juiciosas reflexiones que se hacían en un papel intitulado Observaciones sobre las minas de Somorrostro, por D. Fausto Lhuyart, Catedrático de Mineralogía y Metalurgia, en virtud del Decreto y comisión dada por la Sociedad en Juntas Generales del año anterior” y, en efecto, el día 30 de septiembre en la reunión de la Comisión se leyó el informe del Sr. Lhuyart en el que se dejaba constancia de que “proveen a las ferrerías del país vascongado la mayor parte del mineral de hierro que en ellas se beneficia, cuyas minas están situadas a tres leguas de Bilbao hacia el Oeste y a media legua al Sudeste de la Villa de Somorrostro en las Encartaciones del Señoría de Vizcaya”, añadiendo además algunos defectos detectados y ciertos consejos para explotarlas y administrarlas, llegando a afirmar “lo que resultaría (refiriéndose a la explotación de estas minas) mil ventajas sobre todo el país que posee tan envidiable fondo de riqueza”.
1787: El historiador Iturriza, en su “Historia General de Vizcaya”, publicada en 1787, en su Capítulo II, afirma que ”las minas más importantes radicaban en la elevada comarca de Triano y Somorrostro, y no solamente abastecían las ferrerías de la cuatro provincias vascongadas, sino que, en extraordinaria e importantísima cantidad se exportaban sus minerales a las fábricas de Inglaterra, Estados Unidos y del mundo entero”.
1795: Cuenta D. José María de Areilza, en su trabajo “Economía Vizcaína del siglo XVIII”, que en 1795, según una relación sobre la economía vizcaína entregada a D. José Francisco de Zamora, del Consejo Real, “las gentes del campo, además de los trabajos propios del mismo, se ocupaban a finales del siglo XVIII en labrar, coger y acarrear de seiscientas a setecientas mil cargas de carbón, que los montes de la provincia producían, de leña de roble, castaño, encina, borto y haya con lo que se mantenían las 140 ferrerías que tenía el Señorío En este mismo informe o memorial se expone que “una de las industrias con que el vizcaíno saca su pan es la vena de hierro de los montes de Somorrostro pertenecientes a los cuatro Concejos. Su casa y acarreo, que se hace en los veranos, ocupa a mucha gente. El primer acarreo lo hacen hasta las riberas de la Anteiglesia de Barakaldo[23] y desde allí a la Villa de Bilbao (…) Lo que se embarca lo llevan en gabarras hasta San Nicolás, frente al convento de los Padres Carmelitas en el Desierto, donde van los barcos de los diferentes puertos de Vizcaya, y con particularidad los plencianos, a cargarlos, para después transportar la carga a la provincia de Guipúzcoa; a los mismos puertos de Vizcaya; a los de las montañas de Santander; a las Cuatro Villas de San Vicente de la Barquera y a los de Asturias…”
- Siglo XIX
En los comienzos del siglo XIX existían en Vizcaya, según varios autores que se ocupan de la materia, 63 localidades en las que había edificios fabriles, fraguas y otros artefactos de ese género.
1827[24]: Se constituye la Sociedad “Ibarra, Mier y Compañía, ante el notario Sr. Barandica, con un término de duración de seis años, y forman parte principal de ella los señores D. José Antonio de la Mier; D. Nicolás María de Llano; D. José de Echévarri y D. José Antonio de Ibarra. Esta Sociedad sufrió varias prórrogas en su duración y algunas transformaciones, como por ejemplo su reconstitución en 1846. Esta nueva Sociedad se dedicó, entre otros negocios, a la explotación de las minas de Somorrostro.
1828: existen dos ferrerías (Aldanondo e Yráuregui) y una fandería[25].
1832: Entra en funcionamiento en la fábrica de Heredia, en Málaga, el que es considerado el primer Horno Alto de España.
1833: Comienza a producir la fábrica “Nuestra Señora de las Mercedes”, en Guriezo, propiedad de Dña. Mercedes de Trebuesto, heredera del condado de Trebuesto, casada con D. Lorenzo Serrano, nacido en México. La nueva fábrica disponía de un horno alto al carbón vegetal para la obtención del arrabio, de un horno de reverbero para refundir éste y obtener piezas de hierro colado, de dos forjas de afino, para convertir el arrabio en hierro dulce, y de un tren de laminación, con su correspondiente horno de recalentar.
Esta fábrica, situada en Guriezo, en la provincia de Santander, partido judicial de Castro Urdiales, disponía de terrenos junto al río Agüeza, afluente del Oriñón, por el que podían transitar los barcos costeros.
Durante la primera Guerra Carlista la fábrica cayó en poder de los ejércitos de D. Carlos, que la utilizaron para fabricar morteros y cañones. Finalizada la guerra, la fábrica fue arrendada a una Sociedad francesa denominada Dupont, Alem y Dubourg, que la reconstruyó, trabajando en ella hasta 1846.
1841: El Conde de Santa Coloma, tras la adquisición de una ferrería, dotada de martinete y carbonera, que, con el horno y dos molinos procedentes de un mayorazgo fundado en 1469 por D. Tristán de Leguizamón y su mujer Dña. María Gómez de Zurbarán, constituye la Sociedad “Santa Ana de Bolueta”. Su primer Horno Alto entró en funcionamiento el 14 de junio de 1848.
1846: El Conde de Miravalles, propietario de la fábrica de Guriezo vende la propiedad a la Sociedad “Ibarra, Mier y Compañía” (fundada el 22 de noviembre de 1827, ante el notario Sr. Barandica, por D. José Antonio de la Mier, D. Nicolás María de Llano, D. José de Echévarri y D. José Antonio de Ybarra y de los Santos), que constituye, para su explotación, una nueva empresa denominada “Fábrica de Hierro de Nuestra Señora de la Merced” constituida por los señores Ibarra, Mier y Compañía, D. Mariano y D. José Vilallonga, D. Carlos Dupont y D. Andrés Gutiérrez de Caviedes.
1848[26]: La Diputación de Vizcaya, atenta a la riqueza del país, encargó un estudio al Ingeniero del Real Cuerpo de Minas de Bélgica, D. Carlos Collette, que se publicó con el título de Reconocimiento Geológico del señorío de Vizcaya, hecho de orden de su Diputación General”, en cuya página 54 se dice, bajo el epígrafe de Minas de Somorrostro, lo siguiente: “Las ricas y abundantes minas de Somorrostro se están explotando desde los tiempos remotos. Plinio habla de ellas y del monte Triano; y a la verdad nada tiene de extraño que fueran conocidas en los siglos antiguos, puesto que el mineral se presenta en masas enormes, formando, por decirlo así, montes enteros de dicha sustancia. El mineral es un peróxido de hierro extremadamente rico”[27].
1851: animales de carga empleados en el transporte de mineral[28]
| Galindo | Causo | Ugarte | Musques | Total | |
| Bueyes | 250-200 | 250-200 | 10 | 80-60 | 590-470 |
| Mulas | 80-60 | 80-60 | 200 | — | 360-320 |
| Total | 330-260 | 330-260 | 210 | 80-60 | 950-790 |
Por ello, desde 1865 a 1870 hubo una verdadera peregrinación a la cuenca de Triano. Capitalistas e ingenieros ingleses, franceses, belgas y alemanes acudieron con el objeto de estudiar y explotar los afamados criaderos de hierro cuyos productos, libres de fósforo constituían una materia prima ideal para la fabricación de acero Bessemer. Son años de la organización de la zona minera y la planificación de su explotación sistemática. De estos años datan importantes compañías mineras, domiciliadas en el extranjero. Cabe citar entre ellas, las cuatro siguientes: The Bilbao River and Cantabrian Railway Co. Ltd., The Orconera Iron Ore Co. Ltd., Franco-Belge des mines de Somorrostro y Luchana Mining Co. Ltd. Compañías explotadoras de minas, se hicieron con concesiones por compra o por arriendo. A la par, planificaron sendos ferrocarriles que unirían sus aminas con la ría del Nervión[29].
Por ello, entre 1876 y 1913 un 68% del mineral de hierro exportado salió hacía Gran Bretaña y un 22% hacia Alemania. En el primer mercado se colocaban preferentemente las menas de mayor calidad, utilizadas todas ellas en la fabricación de aceros ácidos. En el segundo (a excepción de pequeñas partidas de campaniles[30] y rubios), lavados y calcinados que alimentaban las acerías básicas. La preponderancia del mineral vasco en el mercado inglés comenzó a declinar desde principios de siglo. El progresivo agotamiento del criadero impidió continuar ofertando cantidades crecientes de campaniles y rubios y elevó los costes de extracción.
Con ello se produjo una revalorización de las minas agotadas, cuyas escombreras eran ricas en carbonatos y txirtas[31], que empezaron a ser objeto de una recuperación sistemática[32]. Al mismo tiempo que la limpieza del Nervión y de una parte de los arroyos del área minera, como Galindo[33], Granada, el Bolinchu o el Cotorrio, permitió la recuperación de minerales perdidos en los lechos fluviales. Junto a las minas, ríos y escoraliales proporcionaban minerales en mayor o menor cantidad, cada vez más útiles y valorados.
El mantenimiento de la demanda hizo que se abriesen marcados en Santander, Almería, Granada, Marbella, Murcia, Argelia, Túnez y Grecia[34]. Elemento fundamental para esta exportación fue la adaptación del puerto y ría del Nervión a las nuevas necesidades. La corporación Junta de Obras del Puerto de Bilbao, creada en 1872, se encargó de solventar los problemas de la barra y de la navegación en el Nervión. En poco más de una década resolvió los inconvenientes más acuciantes que desde el punto de vista de la infraestructura tenían los mineros. A Evaristo Churruca le correspondió la tarea de analizar la situación de la ría bilbaína y proyectar soluciones. Y supo comprender las nuevas necesidades que tenía que abastecer el Nervión, frente a quienes seguían pensando que la principal función de la ría era permitir el acceso de los buques al mismo Bilbao[35].
[1] http://www.ezagutubarakaldo.barakaldo.org/cihma
[2] El Valle de Somorrostro comprende históricamente los municipios de Muskiz, Abanto y Ciérvana/Abanto Zierbena, Zierbena, Santurtzi, Ortuella, Valle de Trápaga/Trapagaran y Sestao,
[3] No debemos olvidar que la metalurgia del hierro tuvo su origen en Asia Menor, de donde pasó a Egipto, trasmitiéndose a través del Mediterráneo, muchos siglos antes de nuestra Era.
[4] El hierro se elaboraba en las primeras ferrerías que estaban dotadas de hogar bajo, barquines y forja y en las que trabajaban cuatro operarios: el tirador (llamado en euskera “ifelia”), dos fundidores (“urrallak”) y el desmenuzador de la vena (“gazamalbia”). Carlos IBAÑEZ “Historia General de Barakaldo”,109.
[5] Finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.
[6] También figura en algunos documentos como Urdrinay, Vrdayuay.
[7] Desde Bendivil al agua de Luxarra.
[8] A. GOIKOETXEA «Valle de Trapaga, apuntes sobre su historia hasta 1900». Bilbao 1993. Pág.281.
[9] A.R.Ch.V. Leg. 831-7
[10] Una buena descripción de la misma puede verse en www.ezagutubarakaldo.net. (Mitxel OLABUENAGA). La primera referencia de esta ferrería nos la da LOPE GARCIA DE SALAZAR cuando indica que: “E [compró] las ferrerías de los Vados, e molinos, e la ferrería de Urdudogieta comprola, e fiso la ferrería de Achuriaga e el camino de Pucheta“. Teniendo en cuenta que el cronista escribe a finales del siglo XV es de suponer que la ferrería ya existía para entonces. Posteriormente pasó a ser propiedad de sus sucesores, los Salazar de Galindo, una de las familias más poderosas de Barakaldo en el pasado. Estos fueron dueños no sólo de la ferrería sino también de los montes que la rodeaban, Frados y Burzako (de donde se servía la ferrería), y de los lugares comprendidos entre Loiola, Olabarrieta (Las Barrietas), Lugorriaga y el pico de Mendíbil. Es decir, de toda la franja de terreno que limita a Barakaldo con Galdames y también una parte del límite con Trapagaran.
[11] Lope García de Salazar «Las Bienandanzas e Fortunas» Ed. de Angel Rodríguez Herrero. Bilbao 1984. Iibro IV, pág. 121. El cronista la llama ferrería de Urdudogieta.
[12] Según Goyo BAÑALES en la cuenca del Castaños existieron, al menos, “las del entorno de Loiola y Olabarrieta y la masuquera de Saratxu. Cercanas al lugar de Agirza, estaban las de Urdandeguieta y Tellitu y, en el valle de Eskauritza, se hallaban las ferrrerías de Eskauritza y de Ragoa y las ferrrerías mayor y menor de Urkullu. Más adelante, siguiendo el cauce del río Castaños, se encontraba la tiradera de Aranguren y, finalmente, a la entrada del valle, la ferrería de Bengolea”.
[13] A.F.B. Leg. 123, n°.20. En el año 1536 Martín de Tellitu y su mujer Catalina de Tapia son dueños de la masuquera del lugar de Urdandeguieta, con los ejidos de Aguirqa y los arbolares que están junto de dicha masuquera. También queda constancia documental, según G. Bañales, de que “a comienzos del siglo XVI en esta zona se encontraba la que llamaban ferrería masuquera de Urdandeguieta, propiedad de la familia Tellitu. En el año 1536 Martín de Tellitu y su mujer Catalina de Tapia son dueños de la masuquera del lugar de Urdandeguieta, con lo ejidos de Aguirça y los arbolares que están junto de dicha masuquera” Esta debe ser la “arrayera” que en 1597 es propiedad, en parte, de Domingo de Eskauriza Telllitu.
[14] AF.B. Leg. 3597-25
[15] El palacio era propiedad del mayorazgo de Beurco-Larrea.
[16] A.F.B. Leg. 123, n° 20. Propiedad de los Tellitu-Saldurtún.
[17] Hacia 1780 se deshizo la presa antigua y se construyó otra nueva. Se repararon las ruedas, porque ya sólo molía una de ellas y se realizaron grandes reparaciones en los dos edificios o casas, mayor y menor, de dicho molino (Cantería, carpintería, madera, balcones, escaleras de madera, cocina, chimeneas, cerradura, tabiques, reparticiones…) AFB. Leg. 182-10
[18] A.F.B. Leg. 182-10.
[19] Las propiedades del mayorazgo de la Herrería de Abajo eran: la torre de la Herrería, también llamada torre de Bengolea; los molinos y media ferrería de la Herrería de Abajo, también llamados de Bengolea y de Basarrate; la casa de Cruces de Arriba; un arbolar y bortal en Larnabal, a medias con el solar de Aranguren y la casa de Sarachu, en Güeñes.
[20] Archivo Foral de Vizcaya, Legajo 1232-13
[21] “otrosí mando que ningunt fijodalgo nin otro ninguno non faga en estos dichos términos de los montes ferrerías nin seles nin pastos nin otra poblaçion alguna”.
[22] Rafael URIARTE “Estructura, desarrollo y crisis de la siderurgia tradicional vizcaína (1700-1840)” pp. 277 y 281.
[23] Para enviar el mineral hasta las ferrerías del País Vasco y otras zonas, como Cantabria, Asturias o Galicia, había que transportarlo desde los montes hasta los embarcaderos, situados en los puertos de Galindo, Ugarte y Causo (Trapagaran), Portugalete y Muskiz. El mineral se bajaba con carros de bueyes y mulas. El acarreo de mineral era una actividad de gran importancia para los vecinos del valle de Somorrostro, a la que se dedicaban normalmente durante los meses de mayo a octubre, que era cuando lo permitían las ordenanzas. En esta labor trabajaban bastantes mujeres, niños y niñas. Se puede decir, por tanto, que de una manera u otra, toda la familia participaba en las labores mineras. Los barcos llegaban a los puertos de Muskiz y Portugalete para cargar, pero los de Galindo, Causo y Ugarte eran fluviales y no disponían de suficiente profundidad. Por eso, el mineral se sacaba por el río Galindo hasta los puertos de la Ría mediante gabarras u otras embarcaciones de poco calado cuando la marea era favorable. Las gabarras eran arrastradas mediante sirgas tiradas desde las orillas, principalmente por mujeres. Eneko PÉREZ GOIKOETXEA “Minería del hierro en los montes de Triano y Galdames”, pp. 46-47.
[24] Manuel MONTERO en “La California del hierro” p. 62 afirma que “hasta 1827 no se introdujeron cambios significativos en la organización de la minería, que se trabajaba conforme a procedimientos y criterios tradicionales”. Adjunta en páginas siguientes la descripción que realizó Fausto Elhuyar en su informe presentado a la Junta General de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, celebrada en Vitoria en 1783.
[25] En 1804 existían en Barakaldo dos fanderías (Uhagón y Unzaga) que se ubicaban en Escauriza y Aranguren respectivamente. ADFB. Corregimiento. leg. 3.341 nº 5.
[26] Las minas de Somorrostro y Baracaldo surtían a mediados del siglo XIX a un buen número de forjas catalanas existentes en Vizcaya (donde había una treintena), Guipúzcoa, Santander, Asturias, Galicia y también Burgos. A las provincias del interior el mineral llegaba en carros. A las costeras iba por mar, y se estableció un sistema complementario con ellas. El mineral de hierro se transportaba hacia Santander, Asturias y Galicia como retorno en los buques mercantes que llevaban a la factoría de Santa Ana de Bolueta los lingotes de Sargadelos y del extranjero, y el carbón asturiano. Esmeralda GONZÁLEZ “De los tajos a los embarcaderos” p. 16
[27] El despegue a partir de 1876 se debió a dos condiciones: la dotación natural de recursos (con poco contenido de fósforo y azufre y fácilmente fusibles y reductibles. Además podían laborearse a cielo abierto y distaban escasos kilómetros del mar) y la promulgación entre 1863 y 1869 de una legislación minera liberal. Antonio ESCUDERO “Minería e industrialización de Vizcaya” p. 34
[28] Rafael URIARTE “Estructura, desarrollo y crisis de la siderurgia tradicional vizcaína (1700-1840)” p.55
[29] Manuel MONTERO “La California del hierro” p. 69.
[30] En estos tiempos ya no hay ninguna mina que declare expresamente producirlo, aunque en 1908 todavía se producían 16.000 t. en la mina San Miguel y 406 en la César, cifras nada comparables con el medio millón de t. de 1884 o las 282.000 de 1895.
[31] También llamados “bruzos”, rubio en nódulos muy pequeños.
[32] A comienzos del siglo XX, Chávarri empezó a explotar el escorial de Loredo, para la recuperación de minerales. Otros mineros también lo hicieron, como Mac Lennan, Solano, Eloy Criado, Dionisio Urquía, que recuperaban minerales de las escombreras de Abanto y Santurce (Ortuella). También fueron recuperadas las escombreras del río Granada, las de las minas Justa, Josefita, San Bernabé y los escoriales de Ceberio, de la Venta (Arrigorriaga) y de la Peña en Bilbao.
[33] En el año 1895, de la limpieza del río Galindo se obtuvieron 2.194 t. de mineral. En 1896, Careaga explotaba el mineral procedente de la limpia de los ríos Granada y Cotorrio. Esmeralda GONZÁLEZ “De los tajos a los embarcaderos” pp. 24-25.
[34] Citado por Antonio ESCUDERO en “Minería e industrialización de Vizcaya” pp. 38, 48 y 50.
[35] Manuel MONTERO “La California del hierro” p. 71 y siguientes.
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