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La transformación de la anteiglesia

La transformación de la anteiglesia

I.- Algunos rasgos significativos del Barakaldo del siglo XIX

En el “Cuestionario” remitido por Silverio Joaquí­n de Retuerto en 1795 a D. Tomás López, se dice de la anteiglesia: “Abunda de deliciosas hortalizas y todo género de fruta que se venden en las villas inmediatas con preferencia a las de los demás pueblos y sólo de guinda y cereza produce anualmente más de 30 Dxr (quintales?). Tendrá de largo como dos leguas  y una de ancho escaso en que están repartidos 400 vecinos que son poco más o menos el número de su población, labradores que viven en el cultivo de las fresas, excelentes vegas que de junqueras se han reducido a sembradas de treinta años a esta parte con lo que se ha aumentado mucho la labranza. No hay en su jurisdicción feria ni mercado alguno y los vecinos compran y venden en las villas de Bilbao y Portugalete que tienen un mercado diario de granos y de lo demás necesario para la vida humana. El comercio principal es la labranza que coge el grano necesario para el consumo del pueblo. (Cuidan ganado que utilizan para el acarreo de mineral). Conducen 150 y 200 quintales de a 150 libras cada uno del monte con bueyes o mulos; el resto es ganado de cebar vendiéndolo después de gordo para los consumos de las dos citadas villas inmediatas. Por estar este pueblo situado la mayor parte en una llanura y terreno fangoso y tener inmediatos los rí­os (antes mencionados) se carece de aguas buenas para beber por lo que reinan en los veranos muchas tercianas aunque no malignas y en los inviernos algunas puntas de costado, en lo demás el aire es sano, el cielo despejado y sus naturales robustos y ágiles. La lengua común es el vascuence y castellano aunque uno y otro mezclado y nada puro. Hay en su jurisdicción dos ferrerí­as una en el rí­o mayor y otra en el menor con varios molinos, en las primeras se labra el hierro y en los segundos se muele el grano para el consumo de los vecinos, además dos fábricas de curtidos sin uso… También hay en el rí­o menor una fanderí­a donde se corta y adelgaza el hierro labrado en las ferrerí­as se suerte que queda en proporción para clavos de todos los tamaños“.

1.-        Barakaldo 1825

En 1825 Barakaldo tení­a siete “barriadas” muy similares en número de habitantes: Irauregui (con Alday) 331; Regato, 333; Retuerto, 335; Burceña (con Cruces, Llano, Luchana y Vitoricha), 311; San Vicente, 259; Landaburu (con írrandi), 227 y Beurco (con Desierto, casi vací­o), 291. En total 2067 habitantes con tendencia al alza desde los años precedentes. El 91,4 % era natural de la anteiglesia. Importante emigración femenina a las próximas villas de Bilbao y Portugalete, especialmente a la primera, para emplearse en el servicio doméstico. Este dato explica que la solterí­a femenina duplique a la masculina en la propia anteiglesia. Ocupaban los diversos caserí­os existentes.

La dedicación fundamental de esta población rural era la agropecuaria como lo habí­a sido en los siglos anteriores. Esta tarea será simultaneada, sobre todo en invierno, con otras temporales como la extracción de mineral, acarreo de vena o tala de bosques. En los inicios del siglo XIX aumentó la producción agraria notablemente merced a la roturación de nuevas tierras obtenidas de la desecación de los abundantes juncales de que disponí­a la anteiglesia ya que las mejoras técnicas no propiciaban dicha mejora.

En un segundo plano quedaba la explotación de los “montes de hierro” cuyo mineral era transportado por los puertos de Galindo, Ugarte y Causo hasta el fondeadero del Desierto o la Renterí­a de Zubileta. Posiblemente algún barakaldés participarí­a de estos trabajos pero en el censo de 1825 no aparece ningún minero, acarreador de vena o gabarrero. Sí­, por contra, se citan 14 carboneros, 8 herreros, 5 claveteros, un arriero y un rementero.

A pesar de poseer una rica vega, la agricultura no alcanzaba, sin embargo, el umbral de la autosuficiencia por lo que se debí­a recurrir a la importación de granos. La orientación cerealista tradicional (primero trigo y, después, maí­z) dio paso en la primera mitad del siglo XIX a la expansión de la vid (siendo espectacular su crecimiento entre los años 1849 y 1877) y los productos hortí­colas con fácil salida en los mercados de Bilbao y Portugalete.

La ganaderí­a suponí­a un complemento básico para la economí­a agraria. La cabaña ganadera más importante correspondí­a al ganado vacuno, caballar y de cerda. La necesidad del acarreo de mineral condujo a un desarrollo espectacular del ganado caballar, mular y asnal aunque en los periodos de guerras fuesen los más afectados.

Derivada del hierro y sin tanta importancia como, a veces, se presenta existí­an cuatro ferrerí­as mayores (producí­an el hierro en bruto) y algunas otras menores (dos tiraderas y dos fanderí­as) aunque en épocas más antiguas se contabilizaron bastantes más de las denominadas “de aire”. De las mayores (Bengolea, Aranguren, Urcullu e Irauregui) ninguna llega a 1812. Las dos fanderí­as (construidas por Guillermo de Uhagón y Juan Antonio de Unzaga) están abiertas pero a un bajo rendimiento. De hecho esta actividad sólo adquirirá importancia con la fundación de Nuestra Señora del Carmen en el Desierto.

El panorama de la actividad económica se completaba con la existencia de 9 molinos (2 en el Regato y uno en Retuerto, Bengolea, Gorostiza, Iguliz, Aranguren, Urcullu e Yráuregui), dos curtiderí­as (desaparecidas antes de 1828), dos tenerí­as y cuatro o cinco tejeras (todas en el barrio de Cruces) aunque posteriormente hubo otra ubicada en el barrio de Beurko.

La sociedad barakaldesa estaba configurada por una minorí­a de “nobles“ descendientes de los antiguos linajes (propietarios de las tierras, montes, diezmos, arrendamientos, ferrerí­as y molinos) y otros “nuevos” ennoblecidos (comerciantes enriquecidos con el tráfico de América); debajo de ellos la gran masa de campesinos con gran movilidad y heterogeneidad y, por último, los mendigos e indigentes que viví­an de la generosidad comunitaria.

La vida religiosa de la vecindad gira en torno a tres espacios: la parroquia de San Vicente, el monasterio de los Mercedarios de Burceña y el convento de los Carmelitas descalzos del Desierto de Sestao. Además las Iglesias de Santa ígueda, San Antolí­n (Iráuregui), San Bartolomé, Santa Lucí­a, San Martí­n (Somo), Santa Quiteria (Samundi), San Roque (El Regato), La Concepción  (Aranguren) y San Ignacio (Retuerto).

A mediados del siglo XIX, contaba Barakaldo únicamente con dos escuelas: Retuerto y San Vicente, regentadas por dos maestros (Domingo de Convenios y José de Gorostiza) y dos maestras (Francisca Eguiluz y Florencia de San Miguel).

 

2.-        Barakaldo 1887

Las barriadas son nueve: se añaden Luchana (con Vitoricha) y Desierto. La población es de 8.868 habitantes. Todas las barriadas aumentan su población salvo Beurco que se ve perjudicada por el asentamiento del Desierto: Iraúregui, 577; Regato, 817; Retuerto, 991; Burceña (con Cruces y Llano), 533; San Vicente, 483; Landaburu (con Arrandi), 504, Beurco, 182 y Desierto, 3912. En núcleos dispersos (Alday, Tellitu, Santa ígueda, Castaños, Zamundi, Susunaga, Amézaga, Cariga, Gorostiza, Larrazabal, Llano y Ugarte) habitan 83 personas. Descomunal desarrollo de Desierto (en el que habita el 44% de la población) merced al establecimiento, en su entorno, de las primeras industrias.

La vivienda (marginando al viejo caserí­o) adquirirá una singular importancia mostrándose tres tipos fundamentales: los poblados mineros (que sustituyen a los barracones colectivos) de La Arboleda o Arnabal, las viviendas obreras bien de tipo “corredor” (Zunzunegui en la calle El Carmen, La Bomba…) o “pisos” (Urí­a, Loizaga, Arrázola…) y las viviendas del personal más cualificado de algunas empresas (Luchana, Orconera…).

La primera traí­da de aguas se hizo de los manantiales del monte Mendibil aunque pronto la cantidad suministrada fue insuficiente. De hecho en 1889 algunos barrios  muy poblados carecí­an todaví­a de ningún tipo de suministro.

Comienza a configurarse el casco urbano que en el padrón de 1893 se extiende por las calles Arana, Carmen, Estación, Ibarra, Lasesarre, Murrieta y Pormecheta. En ellas se han ido construyendo viviendas vecinales cuyos principales dueños son Arana (250), los Olaso (112), Rodas (58) y Zunzunegui (54).

A pesar del intento del Plan General urbaní­stico de 1890 la ordenación de la ciudad siguió una fórmula de alineación parcial de calles. Se abren las calles Carmen, San Juan, Pormecheta, Portu, Ibarra y Arana y las plazas del Desierto y los Fueros. El centro vital de este primer núcleo fue la plaza del Desierto. Dentro de este conjunto urbano se distinguen dos zonas diferenciadas, separadas por las ví­as del ferrocarril de la Franco-Belga y Bilbao a Santurce, la de abajo, en torno a la plaza del Desierto y la de arriba en derredor de las escuelas de Rageta, sede también del Ayuntamiento a partir de 1899.

La Primera Guerra Carlista (1833-­1839) supuso un descalabro sin precedentes. El número de casas quemadas ascendí­a a la importante cantidad de 118 afectando a todas las barriadas (Yrauregui, 4; Landaburu, 34; Burceña, 22; Regato, 13; Retuerto, 8; San Vicente, 11 y Beurco, 26) y, para colmo de males, en 1837 los “aguaduchos” destrozaron las zonas de cultivo.

El padrón Municipal de 1856 nos detalla el estado de la población.

NATURALEZA y SEXO

 

Nacionales

Extranjeros

Total

TOTAL

Establecidos

Transeúntes

Establecidos

Transeúntes

     

V

H

V

H

V

H

V

H

V

H

 

1306

1350

6

4

16

6

1328

1360

2688

 

POR ESTADO CIVIL

 

Varones

Hembras

Ambos sexos

TOTAL

 

Soltero

Casado

Viudo

Soltero

Casado

Viudo

Soltero

Casado

Viudo

 
 

748

514

66

737

508

115

1485

1022

181

2688

 

POR INSTRUCCIí“N

 

Leen /Escriben

Leen/No Escriben

No leen/No escriben

Varón

Hembra

Varón

Hembra

Varón

Hembra

90

93

412

122

826

1145

La Estadí­stica Territorial de 1863 indica la existencia de tres fábricas denominas Nª Sra. del Carmen en el Desierto (Ybarra, 1856)), la Fábrica de Hierro de Irauregui (Mwinckel, Arregui y Cí­a, 1861), la Fábrica de Santa ígueda (Chalbaud y Cí­a, 1862) y la escabecherí­a de Burceña propiedad de José Mª de Escauriza. Han desaparecido las curtiderí­as y se mantienen dos tejeras (Irauregui y Cruces) y una fábrica de conservas alimenticias (Burceña). Un elemento muy significativo será el establecimiento de lugares de embarque. Si durante el periodo de antiguo régimen fueron los pequeños puertos de Galindo, Ugarte y Causo ahora serán los embarcaderos junto a la rí­a. En 1871 habrá instalados en Luchana trece cargaderos de mineral. Varios ferrocarriles acercarán el mineral hasta los lugares de embarque: The Bilbao River (1870), Triano (1865), Luchana Mining (1887), Orconera Iron Ore (1877) y Sociedad Franco Belga (1880).  Aunque no estrictamente minero también discurrí­a por parte del municipio el ferrocarril de La Robla (1898).

El aumento de indigentes, inadaptados e inválidos motivo el engrosamiento de una masa de mendigos, ladrones y vagabundos. La respuesta a este problema (que no era nuevo) fue la creación de la Junta de Beneficiencia (1863). La construcción de un Hospital-Asilo tendrá que posponerse a 1902 (Róntegui) aunque en la década de los noventa la fábrica de los Ybarra disponí­a de un cuarto de socorro y hospital de seis camas atendidas por las Hijas de la Cruz.

La educación mejora sensiblemente con el establecimiento de varios centros educativos: Colegio Francés de las Hijas de la Cruz en el Desierto (1872), Escuelas mixtas de Rágeta (1889), Escuela de párvulos de Luchana (1890), Escuelas de Landaburu (1891), Escuela Salesiana (1897)… Junto a esta perspectiva nacen las primeras asociaciones obreras de corte sindical (Oficios Varios, 1898) aunque ya existí­an dos de Socorros Mutuos (La Primitiva, 1885 y San Vicente de Paúl, 1889). La organización pionera caritativa baracaldesa fue la Sociedad de Señoras de San Vicente de Paúl (1896), cuya primera presidenta fue doña Rafaela de Ybarra. En 1884 se constituyó una Sociedad Cooperativa de Consumos entre obreros de la fábrica del Carmen que hasta 1897 únicamente ofertó comestibles de primera necesidad.

El desplazamiento de la población hací­a las proximidades de la fábrica y el paternalismo religioso de los Ybarra motivaron que se levantase desde los inicios del establecimiento una capilla para la atención de las gentes de la zona (capilla de Nuestra Señora de El Carmen). La Parroquia de San Vicente quedaba alejada. El aumento de la población trabajadora y la lejaní­a de la Parroquia hicieron que la capilla se quedase pequeña y se proyectase la construcción de una nueva Parroquia que estarí­a bajo la advocación de San José. Se hicieron los planos y se iniciaron las obras que no sobrepasaron el nivel de la cimentación.

Algunos edificios o equipamientos públicos levantados en la segunda mitad de siglo son el Mercado de la plazuela de Murrieta (1887) que sufrió diversos avatares hasta la definitiva construcción del existente en Juntas Generales (1930),  las diversas Alhóndigas (Burceña, 1864; La Punta, 1871; Desierto, 1883, Arnabal…), Matadero (La Punta, ampliado en 1891), acondicionamiento del fuerte de Rontegui para Hospital (1881), Puente de piedra de Burceña (1869) sustituido por una de hierro en 1879, Campo santo (1889), Lavaderos de Lutxana (1889) y Rontegui (1890)… Al mismo tiempo se introducen algunas mejoras urbanas como la traí­da de aguas para las fuentes públicas (1888), alumbrado eléctrico de las calles (1894), alcantarillado (1889), depósitos de agua de Rontegui (1898)… Permanecen como vestigios el pasado las casas-torre de Zuazo, Llano, San Martí­n, Burceña, Bengolea Zubileta, Lurquizaga y Susunaga, habiendo desaparecido otras siete señaladas en la fogueración de 1796 además de la torre de Luchana. Igualmente se mantiene en pie el llamado “palacio Larrea” emplazado en el solar de una antigua casa-torre.

3 –        ¿Qué ha pasado en estos cincuenta años?.

Leyes liberalizadoras del siglo XIX (fuerte afluencia de capital extranjero  y un aumento espectacular de la producción y de la exportación de mineral.

Además, en la parte baja de Barakaldo, en la zona del Desierto, se instala la “Fábrica de Nuestra Señora del Carmen” (1854)  y en la Punta “la San Francisco del Desierto“. Posteriormente se convirtió en “Altos Hornos y Fábricas de Hierro de Bilbao” (1882) que darí­a lugar, años más tarde, a los Altos Hornos de Vizcaya (1901) y con ello una proliferación de nuevas industrias (Fábrica de Hierro de Yraúreguí­, la Santa ígueda…), ferrocarriles mineros (Franco-Belga, Orconera, Luchana-Mining), tranví­as aéreos, planos inclinados, edificios públicos (Ayuntamiento, Alhóndiga, Escuelas…), y, sobre todo, viviendas obreras.

El número de casas aumenta considerablemente en la segunda mitad de siglo.

 

1840

1860

1877

1887

1897

Retuerto

76

61

85

129

164

San Vicente

48

48

53

72

84

Irauregui

39

65

57

70

53

Beurco

47

50

154

190

225

El Regato

59

79

87

85

142

Burceña…

83

78

107

131

251

TOTAL

352

381

543

677

919

 

La mayorí­a de las viviendas presentaba un estado lamentable y no reuní­a los mí­nimos imprescindibles para el desenvolvimiento de la vida y eran un peligro para la salud de sus moradores. Las denuncias en 1878 acerca de las casas de la fábrica del Carmen y las de la calle Portu (propiedad de Paulino Echevarria) son una muestra de ello. “Más parecen cuadras que habitaciones destinadas a seres racionales, con escasa ventilación, bajos techos, pues algunas no llegan a los dos metros de altura, húmedas, otras sin entablación en el piso y todas sin revoque de ninguna clase en las paredes…”.

El agua consumida provení­a de manantiales (que surtí­an de agua no mediante tuberí­as sino mediante caños abiertos) o pozos artesianos abiertos al efecto (Desierto y Luchana). La recogida de excrementos se realizaba a través de pozos negros o sacando las inmundicias de tiempo en tiempo. El servicio de agua a domicilio se inaugura en 1895 Nada tiene de extraño que en torno a 1900 la esperanza de vida de los baracaldeses no supere los 30 años.

Si la imagen que desprende la vega baracaldesa en 1825 refleja fielmente la realidad de muchos siglos anteriores, la proyectada a finales del siglo XIX es la que ha llegado hasta la última década del siglo XX y que, en pocos años, ha comenzado también a transformarse.

www.ezagutubarakaldo.net

1 comentario

  1. andoni grijalba

    he estado indagando y preguntando en el ayuntamiento de barakaldo, sobre una vivienda concreta de Irauregui, Nº 23 en el año 1900/10, pues vivio mi abuelo, que nacio en el 1901, y no saben de planos, ni de donde estaria, esa casa pero yo tengo el padron de 1900, y aparecen censados sus padres y hermanos, se que luego fueron a bilbao sobre 1903, agradeceria si tendrian algun dato sobre si la casa existe hoy en dia o noi. muchas gracias por todo, atentamente
    Andoni Grijalba

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