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RECORRIDO HISTÓRICO 10: El grano precisa molerse

RECORRIDO HISTÓRICO 10: El grano precisa molerse

Desde que la agricultura inició su andadura allá por el Neolítico el ser humano inventó artilugios para convertir el grano de cualquier especie en harina y, de ese modo, poder panificarlo. Serían, en primer lugar, estrictamente manuales (los hay de muchos modelos), luego batirían el grano utilizando como fuente de energía la fuerza animal. De ahí al agua y electricidad … La abundancia de arroyos en nuestro entorno con agua permanente[1] favoreció desde antiguo la instalación en sus riberas de diversos molinos (en muchos casos ligados a las ferrerías). La llegada del maíz provocó el auge de estas instalaciones que, con anterioridad, no tendrían demasiado desarrollo. Nos sirve de fuente de información para este recorrido el texto de Mayte Ibáñez[2].

Lo cierto es que a las labores de artesanos del hierro, carboneros, arrieros, tejeros, curtidores, taberneros, canteros y, sobre todo, labradores, habrá que sumarle el oficio de molineros para completar así el panorama laboral de la sociedad baracaldesa en los siglos XVI-XVIII.

En una anteiglesia como Barakaldo, preferentemente rural, el trabajo derivado de las tareas agrícolas adquiere una vital importancia, más aun si tenemos en cuenta el elevado número de habitantes asentados en ella que demandan una producción cerealística elaborada para su consumo.

El molino, por tanto, al igual que había sucedido con las ferrerías, no escapaba de una red de complejos intereses en la que los “jauntxos” locales sobresalían como dueños de estas pequeñas unidades de explotación.

Los grandes propietarios de tierras aumentaban sus recursos económicos con las rentas derivadas de la molienda, bien directamente o por arrendamientos pagados en metálico o especie.

El porqué de la filiación de los molinos a los notables rurales se explica por el simple hecho de que éstos eran los únicos que podían costear el elevado precio de sus edificaciones y, además, porque los molinos junto con las ferrerías, ermitas, patronatos eclesiásticos… constituían en muchos casos un patrimonio heredado de sus mayores.

Pero no serán estos grupos nobiliarios los que exclusivamente puedan acceder a la propiedad de estas instalaciones. También la burguesía mercantil residente en las villas vecinas intentará lo propio, como veremos en el caso de Guillermo de Uhagón.

Una vez superada la etapa Bajo Medieval, en la que la dieta alimenticia se reduce a los productos derivados de la ganadería (leche, carne) y los agrícolas y en donde los principales panificables eran el mijo (producido en las zonas altas y, por tanto, alimento popular) y el trigo (cultivado en las zonas bajas y consumido, sobre todo, por los habitantes de las villas, ciudades o anteiglesias ubicados en tales zonas), la introducción del maíz, en los primeros años del siglo XVII y el aumento de la población, condujeron a una política de roturaciones, transformando tierras dedicadas al monte y prado en cerealísticas… Sin embargo, la importación de grano de los centros trigueros castellanos fue inevitable.

Sin embargo, en el siglo XVII no se construirá ningún molino, ya que todos los que aparecen son pervivencias de los antiguos solares medievales. Para mediados de esta centuria contamos ya con un número máximo de estos establecimientos, que no será superado -salvo los construidos por Guillermo de Uhagón y José Antonio de Aranguren y Sobrado en la segunda mitad del siglo XVIII- durante todo el Antiguo Régimen, y que entrará en un declive progresivo en la centuria siguiente, cuando la instalación masiva de plantas industriales contribuirá poderosamente al actual panorama, en el que no se encuentra ni un solo ejemplar que verifique su antigua presencia.

AUTO DE VISITA REALIZADO POR LOS FIELES DE LA ANTEIGLESIA POR ORDEN DEL TENIENTE GENERAL DEL SEÑORÍO DE VIZCAYA (1635)

NOMBRE PROPIETARIO EXPLOTACIÓN IMPUESTO MULTA
UGARTE Catalina Ugarte Ella misma Trigo 8L; Trigo 12L Maíz 12L 2.200
RETUERTO Martín Aguilar Águeda Zabala Trigo 8L; Trigo 6L Maíz 12L 2.200
URCULLU Cruz Gorostiza Ella misma Trigo 6L  
ESCAURIZA Marina Escauriza Ella misma Trigo 6L; Maíz 7L 2.200
ARANGUREN Antonio Aranguren Una criada Trigo 8L; Maíz 10L 1.700
PUERTO María Gorostiza Ella misma Trigo 6L; Maíz 8L 1.800
GOROSTIZA Domingo Aguirre María Hdez. Trigo 6L: Maíz 8L 2.200
BENGOLEA Casa Gorostiza Cata Uriaga Trigo 6L; Maíz 7L 1.800
IRAUREGUI Marina Aguirre Ella misma Trigo 6L; Maíz 6L 1.600

Del cuadro adjunto podemos reseñar varias reflexiones. Al hecho de constatar para este momento un número de molinos que permanecerá invariable en los siglos posteriores, se añade la perfecta identidad de estas unidades de explotación con los linajes medievales. Todos ellos están adscritos a la propiedad nobiliaria, con lo que se perfila, aun más, el control que en todos los ámbitos de poder mantiene la pequeña nobleza sobre la anteiglesia. No deja de extrañarnos, sin embargo, el porcentaje de propietarios que explotan directamente sus establecimientos: cinco de los nueve existentes. Los molinos y aceñas ubicados en la Anteiglesia fueron: Molino de Aldanondo[3],  Molino de Bengolea[4] (o de Basarrate o Herrería de Abajo), Molino de Careaga[5], Molino de Errobarria[6], Molino de Escauriza (Escabriza)[7], Molino de Gorostiza[8], Molino de Gorostiza[9], Molino de Irauregui[10], Molino de Irauregui de Arriba[11], Molino de la Herrería de Abajo[12], Molino de Lascao[13], Molino de Llano[14], Molino de Retuerto[15], Molino del barrio de Retuerto[16], Molino de Sarria[17], Molino de Ugarte[18], Molino del barrio de Urcullu[19], Molino Nuevo de Zubileta[20], Molinos de Puerto[21] y Molinos de Urieta = molino de Gorostiza[22].

El siglo XVII se ha venido considerando tradicionalmente como crítico: ni tan siquiera la implantación del maíz ni las nuevas roturaciones aminorarán los momentos difíciles por los que se atravesó durante el seiscientos. Y entre todos los periodos de mayor presión, los primeros años y el declinar del siglo serán los más traumáticos. No es de extrañar, por tanto, que se utilizasen cualquiera de las bases de desarrollo económico para superar la crisis. En este sentido, el molino fue sin duda uno de los complementos fundamentales para el mantenimiento de las rentas ahora en peligro.

El documento nos permite igualmente establecer con mayor exactitud la implantación del maíz en nuestra anteiglesia. En el caso de Barakaldo debemos entender que su cultivo estaba ya extendido para estas fechas, porque, como ya vimos, salvo el molino de Urcullu, todos cobraban derechos de molienda por molturar el maíz. El desarrollo de la población que para la anteiglesia de Erandio se produce entre los años 1635-1666 y del que no debió apartarse nuestro municipio, seguramente estaba en relación con un consumo generalizado del nuevo cereal panificable importado de Indias. Por otra parte su cultivo en las vegas bien regadas de Barakaldo no tuvo que resultar dificultoso, sino todo lo contrario. Se adaptaría perfectamente a los terrenos húmedos que la planta requería.

Al mismo tiempo, de la fuente se deduce otra vez el activo papel de la mujer en la sociedad de Antiguo Régimen. Mientras el hombre se encargaba de cultivar la tierra, pastorear, acarrear vena, talar el monte, navegar… ella ayudaba en el campo, mantenía  la casa y se encargaba de tareas tales como alimentar el ganado, cuidar de las huertas colindantes al caserío, tejer, cargar mineral y otras mercancías en el Puerto de Galindo y llevar el molino. Todos los visitados están explotados directamente por el sexo femenino.

El documento se elaboró con motivo de una visita regular efectuada por fieles de la anteiglesia para verificar el estado de los pesos, la fiabilidad de las medidas y el cobro por el derecho de molienda.

Los intentos por evitar el fraude fueron inútiles, y prueba de ello es que todos los molineros fueron multados con cuotas que oscilaban entre los 1.600 y los 2.200 mrs. y no sería ni la primera ni la última vez que incurrirían en semejantes faltas.

En cuanto a los derechos de «menda» o «maquila» (cantidad que el molinero cobra por moler el grano), el Fuero, en el título XXXV, ley novena, titulado “Tassa de lo que han de llevar los Molineros» especificaba que no habiendo existido nunca una «tassa» «han havido gran confusion de robo de los tales Molineros: Et porque en algunos Pueblos hay más abundancia de agua, e moliendas que en otros: Et en un Pueblo o Valle acostumbran llevar en más cantidad el derecho de tal moler, y en otros menos:  y en fin los Molineros hacen a su voluntad por no haber tassa en Pueblo alguno…».

Para evitar los abusos se estableció un canon de cinco libras y una multa de 600 mrs. en caso de infracción.

Nada de lo sancionado debió tener algún valor para la anteiglesia de Barakaldo. En 1635 cobraban la mayoría 6 libras por la fanega de trigo y, limpio y seco, 8. La falta de definición en el Fuero para el maíz, sólo se mencionaba, claro está, “la borona-mijo”, creó un descontrol a la hora de evaluar su cobro y así variaba entre 10 y 12 libras, también limpio y seco, y de 6 a 8 en bruto. Una renta altísima que superaba el 10% sobre el producto.

En 1776, y en razón de un memorial presentado por Barakaldo, las Juntas cele­bradas el 19 de julio de dicho año acordaron que se siguiesen guardando los decretos de 1740 y 1760 -el primero se dictó para la Merindad de Zornotza y el segundo para todo el Señorío- de cobrar 6 libras por fanega de trigo y 8 por la de maíz. Era fácil averiguar el estado de la balanza, pero no lo era tanto obligar al molinero a cobrar la “menda” legítima, pues ello requería una presencia constante en el molino.

AÑO 1745
BARRIO MOLINO PROPIETARIO EXPLOTACIÓN
RETUERTO RETUERTO Convento de Burceña José de Escauriza
VITORICHA ERROTABARRIA Mayorazgo Llano Juan Llano
ZUBILETA ZUBILETA J.J. Sobrado  
REGATO URCULLU J.J. Echevarri Ramos Urcullu
REGATO   Idem Pedro Allende
REGATO ARANGUREN Bartolomé Novia; J.J. Sobrado ¼  
REGATO GOROSTIZA F.A. Echevarri I. Barturen
REGATO BENGOLEA Convento de Burceña José Escauriza
IRAUREGUI ARRIBA Marqués Paredes Tomás La Cabex
YRAUREGUI ABAJO Idem I. Larrasquitu

 

AÑO 1799
MOLINO PROPIETARIO EXPLOTACIÓN RENTA
RETUERTO Convento de Burceña Esteban Zavalla 1.227
ESCAURIZA J.A. Arechaga Cruz Santurtun 715
  J.Uhagón Vicente Zavalla 750
BENGOLEA Convento de Burceña Manuel Escauriza 1.529
GOROSTIZA Manuel Echavarri; Marqués del Puerto Ignacio Zavalla 1.110
IGULIZ J.J. Sobrado Manuel de Moya; J.A. Escobal 726
ARANGUREN Ramón Novia ¾; J. J. Sobrado 1/4 Máximo Unzuga 1.166
IRAUREGUI V. Ortiz Rivas J.A. Manzaneda 4.660 f-m
URCULLU J.A. Arechaga Ascensio Ibarra 2.200 f.m

 

A diferencia de lo que ocurría en el siglo anterior, asistimos a un proceso generalizado de arrendamiento como fórmula de explotación del molino. Los propietarios, a cambio de una renta en metálico o especie, dejan en manos ajenas su rendimiento, mientras que ellos, la mayoría ausentes de la anteiglesia, se ocupan de tareas relacionadas con el tráfico mercantil o simplemente a vivir holgadamente de las rentas derivadas de sus extensas propiedades.

Estos siguen siendo los herederos de los linajes locales, que venían gozando del derecho de moler desde la Edad Media, con las excepciones del Convento de Burceña, que adquirió por compra el molino y ferrería de Bengolea en 1633, y en 1725 el de Retuerto y el de Guillermo de Uhagón.

Contamos con pocos contratos de arrendamiento, pero los suficientes para poder describir las fórmulas del mismo. Juan José de Aranguren y Sobrado en el año de 1723 pedía a Juan Menchaca y Catalina Inchaurguiela, sus inquilinos, por espacio de tres años que empezaban a correr el día de San Antonio Abad (17 de enero), una renta de fanega y media de harina de trigo cada ocho días y 44 rls. al mes.

En 1792 Fray Celedonio de Elguera, procurador del Convento de Burceña, daba en arriendo a Francisco de Zavalla el Molino de Retuerto más setecientos estados de tierra, por nueve años (este período de tiempo suele ser más común que el del caso anterior) por 1.227 rls. En ambos casos las maechuras civiles corrían a cargo del inquilino mientras que las troncales las pagaba el propietario.

No poseemos datos suficientes para establecer la evolución de las rentas a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Aunque sí podemos constatar en algunos casos que éstas aumentaron considerablemente a lo largo de las dos centurias, ajustándose a las subidas del precio del trigo y del maíz, al aumento de salario de los jornaleros, etc……). En un período tan corto de tiempo 1795-1806, el Convento de Burceña elevó su renta a Manuel Escauriza de 1.200 a 1.529 rls. y Manuel de Echávarri y el Marques del Puerto dejan de cobrar la media fanega de maíz cada ocho días por un estipendio de 1.100 rls. en metálico, y Juan Antonio de Arechaga aumentó de 715 a 750 rls.

El alza se debió fundamentalmente al hecho de que, aunque la producción de grano fue mayor, ésta no se dio pareja al crecimiento de la población, de mayores magnitudes. Se produjo por tanto un estancamiento económico y social, incapaz de soportar unos efectivos demográficos que excedían a su capacidad productiva. La consecuencia fue la fuerte subida de los precios del grano, durante las últimas décadas del XVIII y primeras del XIX. Parece lógico pensar que los dueños de los molinos quisieran participar de este movimiento inflacionista y que aumentasen las rentas amenazadas por la crisis estructural que se cierne sobre el mundo rural en el gozne entre los dos siglos.

Sin embargo, quizá lo más llamativo de los hechos relacionados con la explotación de los molinos y sus propiedades sea la construcción en la década de los años 60 de un establecimiento de estas características junto a la fandería por Guillermo de Uhagón, comerciante bilbaíno. Su edificación se inscribe en la política de acumulación de recursos de distintas procedencias, entre los que la inversión y el domino en el medio rural adquiría gran relevancia. Otra vez Barakaldo aparece como centro de influencia del hinterland bilbaíno y de la burguesía mercantil.

Por último, sólo nos queda señalar la controversia que a finales de siglo, en
un momento en que los rendimientos de la agricultura llegaron a una situación límite, mantuvieron los propietarios de molinos con los representantes del Señorío lo con el objeto de asegurar sus beneficios en una coyuntura económica adversa.

El 17 de febrero de 1775 los Fieles de la anteiglesia interpusieron un recurso al regidor de Vizcaya, quejándose de que los molineros de Barakaldo «se apropian de los libres de granoque les parecía para la molienda en notable perjuicio del común» y que éstos en desquite de la delación, habían parado sus máquinas hidráuli­cas sin querer moler en ellas. El tribunal comisionó a los representantes del Concejo para que «todos los molineros pusiesen corrientes los molinos respectivos y no llevasen más derechos que los establecidos por fuero y en defecto procedieran a su prisión poniendo a costa de ellos personas que los manejasen”.

Como ya señalábamos anteriormente, el canon ajustado al que llegaron las dos partes fue el de 6 libras para la fanega de trigo y 8 para la de maíz. Sin embargo, Juan Antonio de Unzaga, amparándose en el elevado coste del grano, los gastos derivados de su recolección y la alternancia de buenas y malas cosechas, exigía una mayor renta.

Argumentaba que «de inmemorial tiempo a esta parte se han llevado en los molinos de Barakaldo 8 libras por moler la fanega de trigo y 12 por la de maiz» -como veíamos en la visita de 1635 razón no le faltaba—.

«A los Molinos llega el grano segu se cosecha o se compra en las plazas a los diezmeros y otras personas, sin secar en el horno ni limpiar con el triguero. Además, el maiz es una semilla mucho más grande y dura que la borona y por ello más dificultosa de moler. Aunque se seque en arcones recibe mucha humedad y se hincha especialmente en los meses de Abril y Mayo que es cuando se siembra y brota. El problema consiste entonces en que tarda más y destruye muy frecuente­mente las piedras, lo que conlleva a una considerable merma en el ren­dimiento».

Por todo ello opinaba que la renta de 5 libras, ajustada por el fuero, era del todo injusta. Llegaron a considerar el demandante y sus compañeros de pleito la entrega de los molinos a la República, para que ésta averiguase, a través de un administrador, la pretendida falta de beneficios entre ingresos y gastos.

La denuncia siguió en curso, pero la resolución final, dictada el 2 de enero de 1777, obligaba a pagar las multas en porción de harina distribuida entre los pobres de la anteiglesia y a observar los cánones establecidos para todo el Señorío.

La instalación de edificios industriales desde la primera mitad del XIX se produjo en muchos casos a expensas del derribo de molinos, que se vieron igualmente afectados por los nuevos abastecimientos de aguas, por la creación de embalses que anegaron los valles y cortaron definitivamente los curos fluviales.

El molino de “San Juan” fue el último que se mantuvo en funcionamiento. La autovía de Ugaldebieta (1984) destruyó el único (en este caso de marea) que todavía permanecía en pie de todos los que jalonaron los ríos barakaldeses.

 

[1] En otro recorrido recogemos la Historia del molino “de marea” de San Juan en el barrio del Juncal que aprovechaba las mareas de las que era portador el Galindo como fuente de energía.

[2] Mayte IBÁÑEZ: “Barakaldo” 100-106

[3] Mayorazgo de Aldanondo. Junto a la torre y las ferrerías.

[4] (1625), pertenecientes al Mayorazgo de la Herrería de Abajo. Situados junto a la torre.

[5] (1597), aceña comenzada a construir por Toribio Ruiz de Bustamante en el regato de

Careaga en 1597

[6] (1697), propiedad de Juan Martín de Llano

[7] (1693) del mayorazgo de Beurco-Larrea. (1767) Propiedad de Juan José de Echavarri

[8] (1595) = Molino de Urieta

[9] (1767), en Gorostiza. perteneciente en 7/8 a Francisco Antonio de Echavarri Beurco-Larrea

[10] De los Coscojales y de los Yrauregui.

[11] (1767) Una cuarta parte del molino de Yrauregui de Arriba propiedad de la casa de Beurco‑Martiartu.

[12] (1597), también llamado de Basarrate y de Bengolea.

[13] (1598), en Alonsotegui, jurisdicción de Arrigorriaga.

[14] (1790) Molino de cuatro ruedas en el barrio del Regato)

[15] (1657) ¾ del molino eran propiedad del escribano Martín de Aguilar Zumelzu.

[16] (1767), perteneciente al convento.

[17] (1697), pasaje del molino de Sarria. En la parte de Luchana, donde se halla el barco para pasar la gente que va a Deusto.

[18] (1559), propiedad de la casa de Ugarte de Allende

[19] (1767), Beurco-Larrea. De Juan José de Echavarri (los molinos cercanos a la ferrería mayor)

[20] (1767), propiedad de don Juan José de Sobrado

[21] (1620), pertenecientes al mayorazgo y torre de Beurco.

[22] (1538), propiedad en 1/8 de Juan de Urrutia y su mujer Mesa de Gorostiza, dueños de la casería de Gorostiza. (1595). 1/16 propiedad de Domingo de Taramona de Gorostiza es vendida por éste a su parcionero mayor, Martín de Aguirre. Otro de los parcioneros mayores es Pedro Saez de Anuncibay. (1597) Lucía de Salazar y su hijo Lope Saez de Anuncibay, venden a Martín de Aguirre 3/4 del molino, que pertenecía a la torre y solar de Zuazo (Retuerto). (1615), 1/12 de los molinos propiedad de Domingo de Gorostiza, casado con María Saez de Escauriza. (1666), se cambiaron de lugar hacia 1650 para evitar las continuas inundaciones que sufrían con las crecidas del río. 7/8 pertenecientes a Juan Martinez de Aguirre, hijo de Domingo de Aguirre, dueños de la casería de Beteluri. 1/8 pertenece a la casería de Gorostiza.

 

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