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EL MONASTERIO DE BURCEÑA. ORíGENES, FUNDACIí“N Y DESARROLLO (II)

EL MONASTERIO DE BURCEÑA. ORíGENES, FUNDACIí“N Y DESARROLLO (II)

LA CARTA FUNDACIONAL DEL MONASTERIO DE BURCEÑA. LA HIPí“TESIS DE 1284

asdLa carta fundacional que se conserva del monasterio de Burceña es muy contradictoria. Su temprana fechación (1284) resulta extraña pues no sigue ninguno de los parámetros recogidos en el apartado anterior sobre lo que sabemos del asentamiento de órdenes monásticas en Bizkaia.

El documento indica que, con el beneplácito del conde de Ayala, miembro de una de las familias más poderosas del ámbito vascongado, la Real y Militar orden de la Merced se estableció en el «pueblo de Baracaldo en las Encartaciones del Señorí­o de Vizcaya«, junto a la «ribera de mar y rí­o caudal Cadaguas llamado, que viene y pasa […] a la alta mar de la Villa de Portugalete […] a quatro dí­as del mes de mayo del nazimiento de ntro. Salvador Jesuchristo de mil y ducientos y ochenta y quatro«. Junto al donante, signan la carta de fundación Pedro López, su hijo, el religioso licenciado Lorenzo Monterrey y Juan Urtiz Unsáa «escribano del rey nro. Señor e su notario público e de la merindad e junta de Ayala presente fui.»

Aquí­, de nuevo, se aprecian una serie de incongruencias pues los oficios, tí­tulos y cargos de los firmantes resultan, por lo menos, extemporáneos. A finales del siglo XIII en la corona de Castilla apenas existí­a la nobleza titulada y la mayorí­a de los miembros de la Merced hasta el capí­tulo general de 1317, donde por cierto no hubo representación de Burceña -lo que nos podrí­a llevar a pensar que el convento no existí­a por entonces-, fueron caballeros laicos.

Pero también es cierto que en estos puntos coinciden las copias del documento fundacional conservadas en el Archivo Foral (Cto. 1.173-5), Biblioteca Nacional (ms. 2.443-63) y las incluidas en las publicaciones de Ledesma (1709: 247-249), Iturriza (1967, II: 171-173) y Delmas (1899: 91-93), cuyo texto y ortografí­a difieren bastante del resto.

Sin embargo, José Ramón de Iturriza y Zavala, el gran recopilador de datos y documentos sobre Bizkaia, que consultó la rica biblioteca y archivo del convento donde en vano habí­a pretendido profesar hacia 1770, ya hizo algunas observaciones sobre la errónea cronologí­a y la inclusión en el texto fundacional de la villa de Portugalete, nacida en 1322, es decir 38 años después del año de fundación del convento que recoge el documento.

Además, señaló otros datos contradictorios respecto a la fecha pues no fue hasta las cortes de Segovia de 1383 cuando se determinó usar el referente del nacimiento de Jesucristo para mencionar los años, como ya se hací­a en Cataluña y otros reinos europeos, medida que tardarí­a en hacerse efectiva. En ese tiempo, y aun décadas después, los documentos castellanos se fechaban con la llamada era española, cuyo año primero coincidí­a con el final de la conquista romana de la pení­nsula, año 38 después de Cristo (Iturriza, 1967, II: 173). Advirtió también Iturriza del difí­cil encaje histórico al señalar que, por voluntad del conde don Tello, «por fazer bien y merced a los fijosdalgo y labradores mis vasallos», Barakaldo estaba integrado desde el 14 de abril de 1366 en la merindad de Uribe vizcaí­na. Y, a pesar de ello, en la citada escritura se dice que es pueblo encartado. (Salazar y Castro. nº 9 fol. 115).

A pesar de todo ello, el documento, con su fechación de 1284, se dio por bueno mediatizando durante siglos la narración de las vicisitudes de Burceña por los distintos cronistas de la orden (Téllez, 1973, I: 235-240).

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