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Margen izquierda y zona minera (Bizkaia) un escenario del cambio social (III)

Margen izquierda y zona minera (Bizkaia) un escenario del cambio social (III)
  1. Blade Rumzer

Con la postmodemidad la anomia y la incertidumbre se han instaurado en un mundo difícilmente previsible. Los escenarios se mueven con celeridad y se abren múltiples posibilidades. Se nos ha vedado el don de la profecía y, como mucho, recurriendo, al método -dialéctico en este caso- podemos perfilar tres escenarios posibles para nuestra sociedad local de referencia, sus relaciones e identidades colectivas.

Tesis: la guetización. El gueto de las urbes contemporáneas, definido por Wirth como. espacio circunscrito de aislamiento territorial y social, de hándicap étnico y/o social, es el lugar de inscripción inicial de los inmigrantes en hábitats segregados y homogéneos, desde el propiamente judío hasta la Little Italy, la Little Ireland o el Chinatown, y otros enclaves en las ciudades norteamericanas, donde la relativa segregación se fundaba en principios de clase, nacionalidad y ciudadanía. Permite el equilibrio entre la tolerancia y el conflicto, preservando los modelos culturales y los vínculos sociales heredados de la comunidad de origen, limitando el choque de culturas a su dimensión local, pero al precio de una segregación -en buena medida voluntaria y defensiva- con respecto a la sociedad englobante. La salida del gueto se realiza en la medida en que los inmigrantes más antiguos cambian de status social, de comportamientos, de actitudes y de residencia, y se dispersan residencialmente integrándose en la sociedad de acogida, al

menos en la generación siguiente a la inicial. Una getización diferente al multiculturalismo, a un pluralismo que admite la heterogeneidad cultural, asume la reciprocidad cultural, la pluralidad de costumbres entre ambos grupos en interacción, definiendo un espacio de integración nacional, político, económico, social en el que todos se sientan ciudadanos. Es la situación precedente, de aislamiento de resistencia a la integración.

Gueto es -metafóricamente- la zona de referencia en su conjunto con respecto a la sociedad vasca, aunque ni aun en ella estemos en presencia, del esquema dicotómico y simplificador de la escisión de aquella en dos comunidades. La Margen Izquierda y Zona

Minera es un espacio social donde lo exótico no es el inmigrante, sino el autóctono, e irrelevante socialmente la presencia del euskera. Lo que se traduce en la relajación de las pautas de exclusión, y en la escasa operatividad de los criterios de delimitación étnica en la vida cotidiana, erradicadas hace décadas las categorizaciones estigmatizadoras de antaño.

Muchos inmigrantes oscilan entre el rechazo de la cultura vasca y la reproducción de sus propios rasgos culturales. Un escenario cualitativamente diferente al de otras zonas de Euskal Herria, en el propio Bilbao Metropolitano o en Donostialdea.

Pero además, desde Burceña hasta La Rigada existe un mosaico de microguetos, de aldeas urbanas insertas en el tejido ciudadano, pero mal ensambladas en él constituidos por el asentamiento espacial cuasi exclusivo de segmentos específicos de la inmigración

de antaño en núcleos poblacionales, asociándose origen común y residencia. Algunos son explícitos, como los grupos de viviendas promovidos por centros regionales, aunque los años transcurridos desde su promoción han contribuido a diluir sus características culturales; otros como barrios de asentamiento masivo de la oleada de inmigración más reciente, la de los últimos sesenta y primeros setenta; o -en el extremo opuesto- por barrios de población más autóctona, convertidos por el imaginario colectivo en singulares reservas étnicas, aun cuando casi todos ellos fueron asiento de la inmigración minera más temprana que otros con confluencia de problemáticas, como infravivienda,

pobreza, exclusión social y minorías étnicas estigmatizadas: Chávarri, Rivas y Simondrogas (Sestao), San Juan (Santurtzi), más un sector de Retuerto (Barakaldo). En cada uno de estos sitios las expresiones de sociabilidad intravecinal, los vínculos de parentesco y amistad o la escolarización en común no consiguen mas que reforzar su exclusión con respecto a la sociedad local englobante.

Y existen otros más sin referente territorial, articulados en tomo a culturas políticas antagónicas, para las que las categorías vasco/español o estado español/nación vasca son dicotomías exclusivas y excluyentes, comunidades estancas, o bien oponentes dialécticos a erradicar mediante la absorción de alguno de ellos en una utópica síntesis. Aquí se sitúan tanto quienes niegan cualquier solución más allá del marco estatutario como quienes postulan un etnicismo fundamentalista. Por aludir sólo al primero de estos

polos, recuerdan a esos «movimientos gueto», en expresión de Hobsbwan, entre inmigrantes o hijos de éstos, que se diferencian de la forzosa guetización de los primeros inmigrantes en que aquéllos han renunciado al objetivo de la asimilación, para competir con el nacionalismo étnico hegemónico por una parte del poder y de los recursos generales en el ámbito jurídico-político de referencia.

Antítesis: el melting pat. La metáfora del crisol, como fundente de los grupos regionales de origen en la nación de acogida, para crear una identidad compartida por todos, es proverbial en el análisis de la sociedad norteamericana. Pero tampoco resulta ajena a la nuestra, aunque a partir de lecturas contrapuestas. Para el imaginario franquista, Barakaldo operó como un crisol de la identidad nacional española. El imaginario nacionalista vasco piensa en términos de aculturación e integración, de planteamiento asimilacionista en el que la minoría inmigrante se adapte a los valores, costumbres y formas organizativas de la sociedad vasca, considerada inmutable y superior, renunciando a sus rasgos distintivos. En esta perspectiva se soslaya la reciprocidad del encuentro entre culturas y lenguas, para diseñar un escenario final de asimilación en una sociedad vasca definida en términos de comunidad étnica, a la que ha de supeditarse cualquier minoría cultural. A nivel microsocial es el camino libremente seguido por muchos residentes en la zona, integrándose un amplio sector de los inmigrantes más antiguos; y sobre todo por aquéllos cuya movilidad social ascendente se ha traducido en movilidad residencial fuera de la misma, a la Margen Derecha o a Bilbao. Pero la yuxtaposición entre inmigrantes y autóctonos no garantiza la adhesión de aquéllos a los

modelos culturales vascos, posibilitando en cambio la compatibilización perdurable y simultánea de varios sentimientos de pertenencia lábiles. En la post-modernidad de esta sociedad local, una pluralidad de agentes creadores de sentido reconvierten sus adhesiones a una identidades estables y profundas en otras temporales y superficiales.

Síntesis: la criollización. La idea o metáfora de la hibridación, de la reciprocidad o mezcla de culturas en una peculiar síntesis local -propia de algunas sociedades de ultramar- refleja con mayor fidelidad la realidad futura de la zona. En relación con la expresión biomórfica de hibridación, el concepto más dúctil de criollización capitaliza su dimensión procesual como constructo histórico. Y resulta más adecuado para explicar la noción abierta de identidad -rizoma que la exclusiva de identidad-raíz. Un rizoma está en medio, conecta realidades muy distintas, representa la conjunción frente a la filiación excluyente expresada por la raíz.

De hecho, éste fue el escenario ensayado, no sin profundas contradicciones y conflictos, en la zona entre 1898 y 1948, con anterioridad a la oleada inmigratoria correlativa al desarrollo económico de la postguerra. Un planteamiento de este tipo es hoy es asumido

como discurso formal y práctica simbólica por el movimiento asociativo gallego, tan presente y operativo en toda la zona, y que incardina sus actos culturales y festivos en el propósito de establecer nexos con la sociedad civil de acogida y las instituciones vascas. Este modelo de síntesis cultural parece convertirse en inevitable a medio plazo, en un momento en que el mundo -ecúmene global- deviene globalmente híbrido, complejo y multicultural. Aunque sin duda el clima de desencuentro entre sectores de la ciudadanía vasca y de abierta confrontación de sus agentes políticos no contribuyen a propiciarlo.

Como explicitara Lévi-Strauss en su Antropología estructural, sólo la tendencia a la exogamia, a fundirse con el otro, puede conjurar el peligro latente de enfrentamiento radical con el mismo. Porque una situación de profundos cambios e incertidumbre, de conciencia de crisis de las pertenencias étnica y lingüística, de la identidad colectiva en suma, se convierte en fuente de rechazo de la alteridad. Es preciso articular la convivencia en nuestra sociedad y en sus territorios urbanos para que el futuro no se parezca a ese collage de sueños, pero también de miedos, que representa Los Ángeles como megalópolis anticipatoria de un futuro posible. Y menos a la ficción sobre su posible futuro que presenta el film Blade Ranner: una multitud anónima y plural, un magma multiétnico, una amalgama multiétnica en una abominable, oscura y claustrofóbica ciudad, triste remedo de la ciudad como espacio de la libertad, de la ciudadanía y de la convivencia.

La actividad industrial, que parecía no encontrar recambio, comienza a obtenerlo con la terciarización de la zona, y un plan institucional de revitalización trata de coordinar esfuerzos y actividades orientadas a crear empleo. El abandono de la actividad extractiva y el declive de la industria tradicional ha liberado considerables superficies a reutilizar, una vez libradas de sus ruinas en los baldíos industriales, particularmente en Barakaldo y la Zona Minera. Los proyectos emblemáticos para la zona, algunos ya consumados y otros de pronta ejecución, contemplan macroinstalaciones portuarias y plantas energéticas (Santurtzi, Zierbena y Las Carreras); polígonos industriales (El Campillo I y II, Ortuella, Portugalete y Muskiz), o parques empresariales (Burceña, Abra Parque Empresarial entre Ortuella y Abanto), modernos espacios residenciales junto a la Ría (Plan Urban-Galindo ; grandes superficies comerciales (Max Center, Pryca, Ikea), Feria de Muestras, hoteles, y vertebradoras estaciones de la línea 2 del metro en las vegas del Galindo (Ansio, Ibarreta, Kareaga); o parques temáticos de vocación recreativa a orillas de la Ría (Reketa). Además de diversos proyectos viarios, y de un parque de viviendas en rápido incremento.

A diferencia de otras metrópolis, esta regeneración urbana no se traduce en un modelo de ciudad dispersa, de suburbanización del paisaje metropolitano, porque la propia escasez de espacio impulsa la colmatación de la zona periurbana e instersticial, en términos de ciudad compacta por la expansión del espacio edificado. Pero actividades y espacios de nuestra sociedad postindustrial -autopistas, estaciones de metro, grandes superficies comerciales, complejos para el ocio y parques temáticos- no dejan demasiados resquicios para la sociabilidad, debilitada en estos nuevos espacios públicos o semipúblicos.

Más allá de su cualidad y función como equipamientos o servicios, todos ellos responden a la definición de no lugares, por oposición a la noción de lugar, espacio cargado de sentido, de memorias, de convivialidad y de liturgias; como lo fueron los vecindarios fabriles y rurales. Aquéllos son reacios a la interacción social, concebidos para pasar fugazmente por ellos, cumpliendo con urgencia las funciones para las que fueron diseñados; son espacios del tránsito, de la velocidad y de la soledad compartida por la multitud, y toda reflexión sobre los mismos concluye necesariamente con su pérdida de dimensión pública. El futuro de la calidad de vida urbana en la zona está vinculado al de sus espacios públicos, por lo que se convierte en un imperativo social su consideración como recursos patrimoniales.

Los lugares de esta coketown minerofabril, como los de cualquier otra -como ruinas industriales- son transformados en espacios de esparcimiento e intercambio simbólico, en segmentos de tejido urbano convertidos en corazón de la nueva ciudad. La distinción entre real y virtual, nítida para roles y situaciones en la moderna Metrópolis (1927) de Fritz Lang, se difumina en esa ciudad postmoderna reflejada en el Blade Runner (1982) de Ridley Scott.

Está por ver si actuaciones como el Urban Galindo o el Parque Botánico (Barakaldo) consiguen el efecto logrado en Bilbao, donde la reconversión de baldíos industriales o portuarios en espacios culturales o recreativos gana -más allá de los operadores urbanísticos- oportunidades para la sociabilidad, la reconciliación de la ciudadanía con la imagen de su ciudad, e incluso la conversión de ésta en lugar atractivo para los visitantes. Todo esto sí que se ha conseguido con la rehabilitación del casco histórico de Portugalete, espacio central y lugar único cargado de significado para sus habitantes, donde la recuperación de algunos elementos patrimoniales significativos durante los últimos años realimenta el genius loci.

El destino de los espacios de montaña y litorales -Montes de Triano, Sasiburu y Ganekogorta, valle de El Regato, entorno de La Arboleda, playa de La Arena-Pobeña- es diferente, debido a su atractivo medioambiental. Como lo fue su pasado pastoril, silvícola, minero, naturalístico y paisajístico. Su actual función como espacios de esparcimiento sugiere el uso potencial de este patrimonio natural como ecomuseo y/o parque temático, destino siempre preferible a su mera explotación forestal y extractiva. Un primer paso en tal sentido lo constituyen las actividades de educación ambiental y recreo, como el Aula de la naturaleza Itxas-Lur, del Ayuntamiento de Muskiz, en el inicio del nuevo paseo litoral Pobeña-Kobaron, promovido por la Diputación Foral de Bizkaia.; y, sobre todo, por el Centro de Interpretación Ambiental «Peñas Negras», creado por el

Gobierno Vasco en 1995 y enclavado en estos «montes de hierro»; y el Plan Especial de La Arboleda, diseñado por esta segunda institución desde hace más de diez años, que prevee la ya inmediata construcción de un campo de golf, la promoción de un parque temático minero y otro minero, la habilitación de nuevas zonas de esparcimiento y la recuperación de algunos elementos del equipamiento minero. El Ayuntamiento de Barakaldo, por su parte, ha habilitado el paseo que bordea el embalse de Gorostiza, y el

Gobierno Vasco ha puesto en marcha un proyecto para recuperación ambiental en el río Castaños, precisamente en el tramo comprendido entre Gorostiza y El Regato. Actualmente están en servicio los bidegorris del antiguo ferrocarril de la Franco-Belga a su paso por Barakaldo, y el de Gallarta a la playa de La Arena.

Pero, más allá de puntuales aciertos o desaciertos de actuaciones concretas, el generalizado expolio de elementos patrimoniales -mineros, ferrones, prehistóricos- despoja a la zona de suficientes puntos de anclaje de la memoria colectiva. Aunque existen, aunque a nivel simbólico, otras estrategias de preservación de la memoria.

Tanto en espacios domésticos como semipúblicos se exhiben imágenes fotográficas o pictóricas de referente industrial, urbano y/o minero; en torno a los cuales artesanos, pintores y escritores de la zona estructuran su obra, proliferando exposiciones y publicaciones al respecto. Y grupos de entusiastas reavivan desaparecidas competiciones deportivas asociadas a tareas extractivas, como los barrenadores.

El referente minero define una percepción etnocéntrica del nosotros definida por los rasgos de dureza, abnegación y combatividad atribuidos a la actividad y a la vida cotidiana de las gentes del ámbito.

Y de todas formas, con o sin ellos, el estatus de la tradición -evocada o inventada, antigua o reciente- en nuestra modernidad avanzada, no puede ser nada más -ni nada menos- que el de lágrimas en la lluvia que recurrentemente empapa este desencantado y desindustrializado territorio. Como las del replicante  de Blade Runner quien, sabiéndose a punto de morir, recuerda algunas de sus vivencias, lamentando que fatalmente se pierdan. Cabe sentir nostalgia por la cálida comunidad perdida, aunque ya minerofabril y conflictual, tan similar a la nostálgicamente evocada en el filme ¡Qué verde era mi valle!, del mítico John Ford. Pero, como para el protagonista del mismo, el desarraigo y la desvinculación demandan hallar nuevos nexos sociales que reemplacen a los del pasado, por muy identificada que esta sociedad local estuviera con ellos.

José Ignacio Homobono

 

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Actualizado el 1 de febrero de 2026

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