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La estructura física de los núcleos urbanos medievales vizcaínos (IV)

La estructura física de los núcleos urbanos medievales vizcaínos (IV)

LA MURALLA Y SUS PUERTAS

  1. La Muralla

La guerra semipermanente en toda Europa medieval hizo indispensable la muralla como forma de defensa. En tomo a las ciudades se erigían barbacanas, cárcavas y muros de contornos irregulares adaptados al terreno, donde se destacaban, de tanto en tanto, las torres, que podían ser redondas, cuadradas o poligonales. Aunque no conservamos restos de almenado, puede verse el adarve en Bermeo y en Orduña. En 1402 un documento de Gerrikaitz nombra «los cadalsos», y en cuanto a las torres conservamos varias formando parte de portales en Bermeo y Elorrio.

«La existencia de un perímetro amurallado garantiza el dominio de la ciudad por el poder establecido, a la vez que ofrece seguridad a sus habitantes», como nos dice Azkarate, determinando además un sistema urbanístico que es base del desarrollo de la futura ciudad.

Las murallas, en el caso de Bizkaia Gipuzkoa y Araba sólo cercan la superficie edificada, y en algunos lugares, como por ejemplo Orduña, resultan pronto insuficientes, pero esta no fue siempre la tónica dominante. La muralla parece defender, no tanto de ataque militar cuanto de malhechores de vidas y bienes, pues muchas de ellas tienen espacio suficiente para albergar en su interior almacenes, silos, corrales, tierras de labor etc. permitiendo, cuando la economía era pastoril guardar el ganado y cuando no era así, cultivar la tierra en caso de asedio. Muchas veces no resultaron suficientes conservando noticias de entrada violenta de caballeros en varias de las villas vizcaínas.

De todos los elementos definidores del rango urbano, la cerca fue, sin ninguna duda el más representativo, hasta el punto de que los propios textos legales de le época así lo reconocen. Las Partidas de Alfonso X el Sabio, por ejemplo, confieren el rango de ciudad solamente a aquellas poblaciones que tuvieran muralla. Esta importancia ha sido puesta de relive por todos los estudiosos de la historia delurbanismo, tanto clásicos como modernos.

Pirenne, por ejemplo, nos dice que «en aquella época no era posible concebir una ciudad sin mura-

llas; era un derecho, o empleando el modo de hablar de aquélla época, un privilegio que no faltaba a ninguna de ellas».

A pesar de ello, en Asturias de las veintisiete villas existentes, sólo siete tenían cerca si bien las otras veinte tenían algún tipo de fortificación que cumplía la misión defensiva. Este hecho según J.I. De la Peña no es insólito, y su explicación debemos hallarla en los criterios de funcionalidad de algunos núcleos, que no necesitaban acompañarse de ese símbolo externo que sin duda fue la muralla. De Ugao sabemos que más de cien años después de su fundación no tenía aún su muralla construida.

Es decir, que esa importancia capital que posee no se limita a su función defensiva y de refugio en caso de peligro sino que tiene muchos otros objetivos y significaciones de entre las cuales el más evidente es la diferenciación de una agrupación como urbana, frente al carácter rural de las aldeas circundantes.

Además de estar cargada de un fuerte sentido simbólico que marca el límite entre dos culturas, la urbana y la rural, resuelve problemas jurídicos y económicos entre ambas. Así en el caso de Bilbao, R. Losada, nos dice que la cerca primordialmente establece límites precisos entre jurisdicciones distintas y cobro de impuestos municipales, si bien es cierto que en muchas de las villas vizcaínas la vida que discurre dentro de sus murallas es muy similar a la rural, y que varias de ellas (Errigoiti, Larrabetzu … ) no pasarán nunca de ser poco más que modestos centros de dedicación casi exclusivamente agropecuaria.

Fuera de las murallas surgen los arrabales que, en un primer momento, como asentamiento de las clases más desfavorecidas y comercio exterior, formarán la periferia de la ciudad medieval. Más adelante les dedicaremos mayor atención, pues son muy interesantes.

Entre las funciones de la muralla, como señala Díaz de Durana, no es correcto olvidar la comercial,

ya que es el elemento ordenador a través del cual se canaliza el comercio con el exterior de la villa.

Este límite, que además actúa como freno a su desarrollo al ser rebasado por sus arrabales muchas

veces tiene que volver a reconstruirse incluyendo dentro de su perímetro nuevas casas y calles. Estosucedió en Estella muy pronto, y en Gasteiz en 1202.

Bilbao, de más lento desarrollo, se encontró con este problema en 1483, año en que se solicitó a la reina Isabel permiso para relizar el primer ensanche de la Villa, solicitud que fue concedida.

La construcción de la cerca en Bizkaia adopta dos posibilidades:

  1. a) Muralla «exenta» del caserío que cierra la ciudad, provista de torres y puertas. En este caso era necesaria la existencia de un espacio libre en torno a la muralla por el lado de dentro para que hombres y máquinas pudieran desplazarse durante la guerra, lo que hizo que se prohibiera edificar en las proximidades al muro. Este parece haber sido en Bilbao el origen de la calle Ronda, que no forma parte de las tradicionales «Siete Calles». En muchas ciudades, la creciente presión demográfica hizo que fuera necesario ocupar todo el lugar disponible, y de esta forma, olvidándose la ley, avanzaron hasta el mismo pie de la muralla (Bilbao, Orduña, Lekeitio … ).
  2. b) La segunda forma consiste en cercar y cerrar la ciudad con las propias manzanas de casas que la constituyen. Para ello se utilizan las manzanas exteriores que, en apretada yuxtaposición constituirían una buena defensa para la villa. Estas casas tendrían un único acceso por el interior de la ciudad. Los vanos en su parte externa se colocarían a unos 4 ó 5 metros de altura y serían muy estrechos para garantizar la seguridad de sus moradores. Esta segunda forma debió de estar más generalizada, y es la que vemos en Gernika en un grabado del s. XVI, y quizá la que tuviera Otxandio. Podemos ver casos típicos en Gipuzkoa como Getaria y Orio. Algunas villas adoptaron soluciones mixtas, teniendo parte de su perímetro adosado a viviendas y parte exento, caso de Orduña. De todas formas es muy difícil saber si ello forma parte del plan originario o es resultado del asalto que con frecuencia casidesde el principio sufren los caminos de ronda.

A veces algunas iglesias contribuían intramuros al reforzamiento de la cerca, como vemos en las catedrales de Avila y León. En el País Vasco es un fenómeno muy frecuente (por ejemplo en Biasteri-Laguardia, las torres de Santa María y San Juan). Solían estas casi todas junto a la muralla ya que su importancia y solidez recomendaban su utilización en época de asedio. Muchas veces incluso se edificaron con elementos destinados a esa función: aspecto macizo, falta de vanos …

El caso más espectacular de villa vizcaína cuyo muro es a la vez parte de la cerca es el de la parroquia de Sta. María de Orduña, auténtico templo fortaleza, que aún hoy se conserva, si bien muy reconstruida y ampliada en el s. XV con lo que casi no conserva nada de su carácter original del s. XIII. Eleva su cabecera sobre el muro oriental de la antigua muralla que por aquel lado tenía gran altura y aún conserva sus troneras y un airoso corredor que le dan el carácter de fortaleza ya mencionado. Esta posición de refuerzo interior podría deberse a la reducida superficie de las villas, pero no parece explicación suficiente pues incluso las mayores (Bermeo: iglesia hoy desaparecida de Sta. María de la Atalaya o Durango), ofrecen emplazamiento semejante.

Las murallas podían adoptar diversas formas y tener grados diferentes de regularidad dependiendo, en gran medida de su emplazamiento.

Las cartas pueblas hacen numerosas alusiones a la construcción de la muralla, que seguidamente analizaremos con detalle, pero no nombran el material de que debían ser construidas. M.E.Cuesta, dice que los muros de las villas alavesas estaban edificados de duro aglomerdo e cantos recubiertos de sillería.

  1. Arizaga, al referirse a las guipuzcoanas nos dice que se constuirían de «cal y canto». Para Bizkaia la única mención que tenemos es la respuesta de la reina Isabel a la petición de ensanche de Bilbao en 1483 anteriormente mencionada, en la que dice que la muralla de esta villa era de cal y canto. Las de Orduña se ordenan en doble lienzo de sillarejo, teniendo una altura de 8 m. y un grosor de 1 m. que se agranda a 1,5 m. en la torre municipal. La muralla de Bilbao, según excavaciones arqueológicas recientes, tenía una altura algo menor (5-6 m.) pero un mayor grosor: 1,5-1,7 m. llegando a 1,8 m. en la base. Estaba compuesta de un doble lienzo de mampuesto irregular cuyo espacio interior estaba colmatado de cantos rodados, piedras y escombros trabados con aragamasa. La de Bermeo al menos en su tramo conservado es de 4 m. de alta y 2 m. de anchura, lo que permitía utilizar la parte superior como adarve, defendido por un murete que pudo estar almenado.

Era normal que, siendo la cerca un elemento de tal importancia tuviera su reflejo en las cartas pueblas de las villas vizcaínas y así fue. La primera mención la encontramos en la Carta de Lekeitio de 1325, que además alude a una cerca preexistente, pero que no parece reflejar una preocupación por la misma. Los tiempos que corrían eran lo suficientemente pacíficos para que las cosas pudieran verse así, cosa que pronto cambió. El importante cambio que se opera en la última etapa de fundación de villas a que ya hemos aludido (aquella que va desde la fundación de Markina en 1355 hasta el final: 1376) tiene su reflejo palpable en el asunto a que aquí nos referimos. La inseguridad y el clima de crisis que se vive en esos momentos se plasma en una prepocupación enorme por la construcción del muro. Este interés lógico sobre todo en poblaciones como Markina y Elorrio que habían sido edificadas precisamente con carácter defensivo. Así la necesidad de cercar la villa aparece tanto en la petición de los hidalgos de Markina como en el beneplácito del rey.

En la fundación de Elorrio, de carácter similar (1356), es de tal importancia la construcción de la

cerca, que el propio Señor Don Tello marca plazos para su terminación.

En la fundación de Gerrikaitz la muralla no reviste la importancia que tenían las anteriores, ya que su ubicación es más favorable y alejada zonas fronterizas. En su carta puebla el Señor les concede poder cercarla y que lo hagan cuando quieran.

Gemika, villa de la que ya dijimos que tenía carácter excepcional y era puerto, no había sido edificada con función defensiva, por lo que es la única villa de esta etapa que no contiene ninguna mención de la construcción de la muralla. De las villas de Durango y Ermua, pese a ser más antiguas sólo conservamos su confirmación de 1372 y en la que las alusiones a la construcción de la cerca son numerosísimas y se preocupan fundamentalmente de su financiación.

Las cuatro últimas villas: Ugao, Mungia, Larrabetzu y Errigoiti son de nueva planta y además de tener medidas referentes a los solares, nos dicen que son los mismos vecinos quienes tienen que diseñar el contorno de la misma, y qué día deben comenzarse a poblar y a cercarse.

Cuando la villa tenía una muralla exenta del segundo tipo mencionado, había que levantarla, labor costosa y difícil y rara vez eficaz que muchas veces se realizaba por derrama entre los vecinos. Su ampliación y refuerzo eran un trabajo interminable que ocasionaba grandes gastos. Los fondos necesarios para ello se obtenían por un tributo que pesaba sobre todos los habitantes del lugar o por la generosidad de los señores que renunciaban a parte de sus ingresos con este fin, al menos durante un determinado periodo de tiempo. De esta modalidad encontramos ejemplos en las cartas pueblas. Muchas veces, era el propio Concejo quien destinaba parte de sus entradas, fundamentalmente multas, a la conservación o construcción de las murallas.

  1. Las Puertas

La existencia de un recinto amurallado obligaba a abrir una serie de puertas o portillos, según su importancia, en función de las rutas de acceso, generalmente abiertas entre dos torreones o en uno, como podemos ver hoy día en el portal de S. Juan conservado en Bermeo.

Tan importante como la conservación de los muros era la de las puertas a cuyo cargo estaba el concejo. Estas solían ser de gran tamaño y tenían dos batientes, generalmente de madera y frecuentemente chapadas en hierro, o, en otras ocasiones eran simples portillos. En cualquiera de los casos se cerraban con llave y eran vigilados por los funcionarios. En ellas se colocaban imágenes de la advocación a que estaban dedicados, y se iluminaban por las noches (al menos en Lekeitio).

Además de las puertas exteriores, existen otras interiores en algunas de las calles principales del casco. Para Orduña tenemos, al menos, constancia documental de dos: La de la calle de Hierro y la de la calle de Medio. Tenemos noticias de esta misma villa de que los vecinos agrupados en cuadrillas hacían su guarda estipulando una multa para quienes se negaran. Se establece un horario de guarda desde las cuatro de la mañana hasta las nueve de la tarde, con media hora para comida y otra media para cena, momento en que se ponía sustituto o se cerraba la puerta. De las ocho de la noche hasta las tres de la madrugada la puerta permanecía cerrada. En las Ordenanzas de Bilbao, si bien no se especifica que guarden las puertas, se habla de «heladores» y «coadrilleros» que guardan la villa de noche. En las de Gernika también, debiendo éstos «andar por las cuatro calles de la villa de continuo».

El número de puertas dependía de varios factores como la extensión del perímetro amurallado, número de vías de comunicación que llegaran y de la propia ciudad, por lo que la variedad era muy grande.

En Bizkaia, Bermeo no tendría menos de ocho puertas, Lekeitio siete, Orduña entre cinco y siete, Balmaseda y Elorrio seis, Durango cinco, Mungia, Gerikaitz y Markina tres, etc. pero hoy, desgraciadamente, se hallan casi todas desaparecidas excepto el portal de S. Juan en Bermeo, el de Santiago de Plentzia, aunque algo posterior y dos portillos de Elorrio.

Muchas veces recibían el nombre del lugar al que conducían (Portal de Zamudio en Bilbao) o el de lbeni, que da nombre al arrabal al que conduce. Otras veces, tomaba el nombre del personaje que moraba cerca de ella, como es el caso de la Puerta del Conde, en León del producto cuyo paso se concentraba en ella para facilitar el cobro de tributo, como por ejemplo la puerta del aceite en Sevilla, o de la iglesia junto a la que ésta se situaba, de lo que tenemos numerosos ejemplos. Su significado simbólico era muy importante, lo que queda corroborado por el hecho de que los fueros de Bizkaia se jurasen en primer lugar a las puertas de Bilbao.

Las puertas son un lugar privilegiado y codiciado por las grandes familias que, al instalarse en la villa, lo hacen aquí ya que éstas encierran objetivos convergentes:

  1. a) Por una parte, necesitan una mayor defensa por su vulnerabilidad.
  2. b) Por otra, son comercialmente apetecibles, ya que son lugares idóneos para la fiscalización de entradas y salidas de gente y mercancías.

Ambos objetivos acaban identificándose, pues quien posee la fuerza impondrá el control sobre esos lugares y terminará por cobrar ciertas cantidades a los productos que por allí pasen.

Normalmente a la caída de la tarde se cerraban las puertas como medida de defensa y seguridad, marcando así un ritmo de vida que queda patente en las cartas pueblas de Ermua y Durango cuando dicen: «Otro sí que non sea osado de salir de la villa nin entrar por sobre la cerca, é muro de la Villa so pena de aleboso». De forma excepcional, claro está, se cerraban en caso de peligro inminente de ataque, aparición de peste o como muestra de desacato a la autoridad real.

M.ª José Zabala Altube

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