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Coros de Santa Águeda. Barakaldo y su entorno, un caso representativo

Coros de Santa Águeda. Barakaldo y su entorno, un caso representativo
  1. INTRODUCCIÓN

Santa Águeda es una advocación martirial de gran importancia en la religiosidad popular. Natural de Catania (Sicilia), el episodio más famoso de su martirio es el del atroz tormento que la infligieron cortándole ambos pechos. Por lo que es venerada singularmente por las mujeres, al ser considerada como patrona de las lactantes y abogada genérica contra las enfermedades de los pechos. Son las mujeres quienes protagonizan su festividad en Cataluña, Castilla- León, Castilla-La Mancha y en La Rioja. Ellas desempeñan los actos festivos: realizar una cuestación, tocar las campanas, escoger parejas de baile e incluso ejercer de alcaldesas. Si en muchos lugares se considera a Santa Águeda como la fiesta de las mujeres por antonomasia, en la mayor parte de Euskal Herria el protagonismo festivo del 5 de febrero y sobre todo de su víspera corresponde a los mozos. La noche de víspera fue usual en muchas comarcas el bandeo o toque de campanas, a modo de conjuro contra brujas e incendios. Pero el elemento más característico de esta festividad fueron las cuestaciones corales de viandas. Cuestación moceril ya existente en el ámbito rural vizcaíno desde, al menos el siglo XVIII, y comienzos del XIX, con análogas características a las de nuestro periodo de estudio puesto que, como afirma Zamácola: “La víspera de Santa Agueda, abogada de los pechos, en que van los mozos de los lugares a deshoras de la noche a felicitar a las mujeres, las cuales les regalan huevos, longanizas, chorizos, etc.”. El esquema de este rito era idéntico, fuera quien fuese el colectivo protagonista. Los postulantes salían por la noche del 4 e incluso la mañana del 5 de febrero en cuestación, cantando las coplas tradicionales de casa en casa de su propio barrio, ámbito considerado exclusivo, a proteger de la invasión de sus límites por otros grupos

En la pujante línea de surgimiento del movimiento nacionalista, Juventud Vasca de Bilbao solicitó, tratando de restablecer viejas costumbres, que se le remitieran coplas y melodías de las poblaciones rurales. Estas fueron llegando y, de entre ellas, seleccionaron una claramente genuina. Un grupo de jóvenes interpretó esta versión en 1912, desde Berastegi a Barrenkale, recuperando así en la villa una ancestral tradición. En 1913, el escritor Evaristo Bustintza (a) Kirikiño, colaborador del diario nacionalista Euzkadi, elaboró una versión estandarizada del Agate Deuna para cantar por las calles de Bilbao y Abando, a la que puso música el maestro Jesús Guridi, más acorde con el purismo lingüístico y también con la intencionalidad ideológica propugnada por la Juventud Vasca de Bilbao más que por las tradicionales kopla zaharrak. Paulatinamente, el nuevo texto llega- ría a imponerse en otras zonas urbanas e industriales, desplazando a los bertsos tradicionales incluso en las zonas castellanófonas más que en las vascófonas, destruyendo un legado popular tradicional. En Barakaldo, transitoriamente subsistieron otras estrofas en euskera interpretadas por grupos tradicionalistas (carlistas). Cantar a Santa Águeda se convirtió en una práctica ritual cuya función es la de suscitar identificación étnica y patriótica a cargo principalmente del movimiento nacionalista y singularmente por su organización juvenil, la Juventud Vasca, con funciones de propaganda y movilización. Esta rama de la organización jeltzale troncal en Barakaldo. Paulatinamente fueron cayendo en desuso las referencias a la hagiografía de Santa Águeda, centrándose la temática de las estrofas cantadas en la propia cuestación y otras en el discurso político nacionalista. Hubo cantos de salutación, adulación, puyas irónicas e insultos para con todo el grupo doméstico respectivo y sus diversos componentes, con objeto de obtener el efecto apetecido. Las alabanzas producían el efecto apetecido, “[…] y la cesta y el talego de los postulantes reciben inequívocas pruebas de que han sido acogidas favorablemente las peticiones que suponen los cantares, y salutaciones dirigidas a nombre de Santa Águeda, pero a veces no surten efecto”.  Si bien lo más frecuente fue que en cada población vasca se cantase una versión local de tipo tradicional, en la zona euskaldun también se recurría a la improvisación de bertsos locales. En las comarcas castellanófonas, las rondas corales interpretaban un repertorio más tipificado, básicamente coincidente para la Álava nuclear, la tierra de Ayala y Las Encartaciones, así como en el propio Barakaldo.

El escritor costumbrista se hace eco de un ritual de sociabilidad juvenil, cuyas características básicas por él perfiladas coinciden con las de más adelante. Así, en 1885, el Ayuntamiento concede permiso a Manuel Gárate “[…] para que la víspera de Stª. Agueda por la noche pueda postular con sus compañeros en el barrio de Sn. Vicente”, debiendo presentar el recibo de una misa “como se viene haciendo en años anteriores”. Efectivamente, el capellán de la ermita acredita, en nota adjunta, que “ha recibido el estipendio de costumbre”. En todo caso, ninguna de las fuentes, ni la documentación manuscrita ni la memoria de mis informantes, permiten trazar las características de la ronda coral para este periodo. Las primeras noticias sistemáticas, aún escasas, se remontan al periodo de entresiglos (XIX-XX) y van siendo más frecuentes y precisas a medida que transcurre el primer tercio del XX. La evolución de esta cuestación ritual no presenta grandes altibajos para el periodo intersecular. Cada año se organizan una media de cinco coros en los diferentes barrios de la anteiglesia. De acuerdo con las estructuras tradicionales de la sociabilidad juvenil, cada cuadrilla canta a Santa Águeda en su propio vecindario a título exclusivo. Así sucede al menos en las barriadas rurales y/o periurbanas, entre las que Burtzeña constituye un ejemplo de regularidad. Por el contrario, la presencia de coros en los núcleos urbanos de nueva creación es mínima, como sucede en El Desierto y en Lutxana. Y es que la organización de coros actúa como indicador neto de las relaciones de vecindad. Hasta casi el final de este periodo, en Iraruregi y Alonsotegi protagonizan el ritual sendos y diferentes agregados juveniles. Pero su fusión en un único colectivo en 1923 perfila un ámbito de cuestación que se corresponde con la progresiva identificación que se está operando entre el barrio barakaldarra y la anexionada anteiglesia alonsotegiarra contaba desde 1908 con un orfeón integrado por sus socios, celebrando a partir de 1913 los coros de Santa Águeda que, se convirtió rápidamente en el acto cultural más importante a nivel local, imponiéndose paulatinamente a las cantadas tradicionalmente.

  1. LAS PRIMERAS NOTICIAS DE LA RONDA CORAL EN BARAKALDO Y ALONSOTEGI (1874-1913)

En cuanto al ejemplo barakaldarra de los Coros de Santa Águeda, es preciso tener en cuenta que cualquier ritual festivo puede convertir cada espacio local en sinécdoque de un territorio ideal, el del conjunto de un territorio cultural y/o histórico e incluso con el de una nación. Es decir, es un ejemplo representativo de la mayor parte de Euskadi, y aledaños de Navarra, con inclusión de su capital. Si la tradicional ronda coral de los mozos gozó de amplia difusión por toda Bizkaia y aledaños, su presencia debió de ser especialmente intensa en aquellos pueblos que cuentan con el referente de una ermita dedicada a Santa Águeda.

Más adelante, este dejó de visitar Saratxo, y fueron los mozos de este barrio quienes se encargaron de cantar a Santa Águeda. A partir de 1914, el impacto del cambio social ha penetrado todo el entramado social de Barakaldo, transformando profundamente la vida cotidiana local y todas sus expresiones (sociocultural, asociativa y política), progresivamente formalizadas. Si hasta esta fecha, y desde 1888, habían surgido 62 asociaciones de todo tipo (políticas, recreativas, musicales, centros regionales), entre 1914 y 1919 se fundan otras 38. Algunas de ellas de tipo nacionalista o filonacionalista: Sociedad Euskalduna, Centro Vasco, Juventud Vasca, que paulatinamente irán transformando Santa Águeda en un ritual de identidad étnico-política.

Consiguientemente el casco urbano (El Desierto y Rágeta), sede de casi todas estas asociaciones que, al propio tiempo, ve progresar su peso en el potencial demográfico del municipio será desde ahora el escenario preferente de actuación de los coros, cuya media para este periodo es de 9 por año, de las que 7 están vinculadas a asociaciones. La implantación de la cuestación en la capitalidad urbana, que en el periodo precedente apenas suponía el 8% de los coros, ahora es del 35% de los mismos; el conjunto del ámbito urbano-industrial, con Burtzeña y Lutxana, alcanza el 49% de estas agrupaciones. Ha desaparecido en cambio de barrios otrora rurales, ya fagocitados por el ámbito urbano y cuyas relaciones de vecindad y agregación juvenil han perdido sus perfiles comunitarios. Pero los coros adscritos a asociaciones no son todavía muy numerosos: 9 en total para este periodo (12%). Agrupaciones carlistas, como la Juventud Jaimista que organiza coro en 1915, 1917 y 1918; la Juventud Tradicionalista en 1920; la Sociedad Tradicionalista en 1921 y 1922. Otros tres coros se adscriben al ámbito asociativo de los batzokis nacionalistas: Sociedad Euskalduna y Juventud Vasca de Barakaldo, en 1917; y el Batzoki Burtzeñatarra en 1918. Al menos en cuanto a los vínculos explícitamente declarados, puesto que la personalidad de algunas solicitudes, así como la grafía euskérica utilizada en otras ocasiones, denotan conexiones latentes adicionales con este último ámbito.

En líneas generales, la tradicional cuestación goza de aceptable implantación en la zona rural del municipio, donde persisten fórmulas de sociabilidad de tipo comunitario (Irauregi, Alonsotegi, El Regato). Por el contrario, es de escasa implantación en las zonas urbano-industriales de El Desierto y Lutxana-Bituritxa. Y de máxima en los barrios periurbanos: Burtzeña, San Bizente, Landaburu29 y Retuerto.

  1. LA ACCIÓN FESTIVA

La primera secuencia de esta cuestación ritual consistía en solicitar previo permiso para cantar y postular en su ámbito respectivo. Permiso que solicita, a título personal un representante del grupo y a quien se le otorga, especificándose que es válido asimismo para sus amigos, “personas de su agrado” o “personas que crea conveniente”. Este líder grupal, mozo por lo general y quinto en Alonsotegi-Irauregi, escoge a su criterio aquellos compañeros que juzgue conveniente, y se responsabiliza de las prescripciones municipales así como “del orden y compostura debidos durante el acto”. La entrada en escena de los colectivos societarios coincide con momentos históricos –Dictadura, República- de mayor tensión política y consiguiente control social sobre toda actividad del tejido asociativo, expresión de la sociedad civil. Las solicitudes de esta índole que conocemos, a partir de 1916, son formuladas por escrito por el presidente de la respectiva asociación deportiva, política o sindical, o por el líder del grupo vecinal de mozos. Excepcionalmente acredita el cumplimiento de esta prescripción alguna otra autoridad religiosa.

  1. EL GRUPO PARA EL RITUAL FESTIVO Y SU ÁMBITO DE ACTUACIÓN

Cada coro está integrado por una cuadrilla de jóvenes del barrio respectivo, “muchachos o chicos mayores”. Todos ellos sol- teros. Sin embargo, el referente definitorio de los coros es aún el tradicionalmente juvenil. Las dos terceras partes de las solicitudes de El Desierto pertenecen a esta tipología, que explicitan en su solicitud, así como un tercio sobre las del total del municipio; si bien cabe suponer que en los barrios se da por supuesto este factor de agregación en función de la edad y la vecindad. Incluso 4 de los 8 coros de tipo societario se adscriben a una asociación específicamente juvenil. Son los coros nacionalistas, de la Juventud Vasca de Barakaldo y de la Sociedad Euskalduna quienes introducen nuevos estratos de edad (infantil), en función del propósito manifiestamente instrumental del ritual moceril como reproductor y constructor de identidad étnico-nacional.

La incorporación del sexo femenino añade un plus de modernidad a su carácter asociativo. Características todas ellas que definen la década que media entre 1914 y 1923 como de transición; en una sociedad local cuyo cambio social atraviesa una etapa de cambios en muy diversos ámbitos: estilos de vida, movimientos sociales, prácticas festivas y de esparcimiento, sociabilidad y asociacionismo, etc. Etapa que marca el tránsito entre las postrimerías sociales del siglo XIX y la modernidad, cuya impronta definirá asimismo los años de Dictadura y de República. Significativamente, el Gobernador Civil publica una circular, el 30.01.1924, que explicita el propósito de la Dictadura con respecto a los coros de Santa Águeda; en aplicación de la misma, el Ayuntamiento barakaldarra encarga al jefe de la guardia municipal “evitar que se entonen cánticos que ofendan a la patria y a la bandera”. En 1925 es el Gobierno Militar quien supervisa y somete a censura previa la letra de las coplas y remite las peticiones a la Alcaldía de Baracaldo, para su conocimiento y autorización formal. Tres años más tarde, es el Gobernador Civil quien otorga el permiso correspondiente y los grupos solicitan después la venia de la Alcaldía. Como también sucede en 1930 y 1931. Este segundo año, la autoridad gubernativa también supervisa las letras.

Tomado de KOBIE

José Ignacio Homobono Martínez

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Actualizado el 3 de diciembre de 2023

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