EL MARCO ECONÓMICO DE LA ACTIVIDAD MINERA (III)
- Condiciones y Relaciones socio-laborales
Alrededor de finales del siglo XIX, el trabajo en la minería industrial se relacionaba con durísimas condiciones de vida y trabajo. Los largos horarios del trabajo y la asignación de cierto volumen a cumplir (tarea) y en ciertas constelaciones, y por el otro lado las malas condiciones de seguridad e higiene en el trabajo eran factores básicos a tener en cuenta. Estas condiciones se suavizaron durante las décadas posteriores, gracias a los logros del movimiento obrero mediante huelgas y protestas. Posteriormente a esta fase se desarrolló la legislación social y del trabajo con la cual se regularon algunos de los peores excesos.
3.1. El tiempo
Los horarios del trabajo al principio de la minería industrializada estaban vinculados al ritmo de las faenas del hombre preindustrial. Se cita el horario de «sol a sol» que podía por lo tanto oscilar considerablemente dependiendo de la estación del año. Ya las primeras huelgas lograron reducir estas condiciones, imponer un horario fijo y paulatinamente se reducía el número de horas, así en 1911 la jornada era de 9,5 horas. No incluía el camino de ida y vuelta a casa.
Considerando las inclemencias del mal tiempo, los informantes citan la conocida práctica de protegerse en el exterior, tanto de camino como trabajando contra la humedad con «sacos», a veces untados con brea para lograr una mayor impermeabilización. El saco simboliza en cierta manera el malestar físico de las condiciones de trabajo.
La introducción del concepto moderno de trabajo industrial llevó consigo la introducción de la medición del tiempo. Curiosamente, en varias canciones estudiadas aparece el reloj corno un elemento clave.
Marca en un caso el inicio de una huelga, y el reloj está bajo control, significativamente en manos del capataz.
Si vas a Villa de Pau,
No preguntes que hora es
El reloj del capataz.
Son las once y a las diez,
Son las once y a las diez.
La gente muy descontenta
Si no nos suben el sueldo
Se paran las vagonetas
En otro caso el elemento central de una copla muy arraigada entre la población local es el reloj de la plaza como testigo de la vida cotidiana y de los acontecimientos en La Arboleda.
Un informante indica la central relevancia social de llevar un reloj de muñeca: podía medir la hora y dejar de trabajar cuando se cumplía, lo cual en el ámbito rural de donde procedía no era bien visto.
En las últimas décadas las empresas mineras llevaban el sistema de medición de trabajo por tiempo a la perfección. Se cita el caso de la empresa AGRUMINSA, donde existía en la administración un departamento entero dedicado a este tema. Aparte, en esta empresa tenían ya horarios muy ajustados para no dejar descansar la producción: se trabajaba en 3 turnos o relevos de 8 horas (o 7 si se trataba de trabajo de galería) cada uno.
3.2 Galería y cantera
El laboreo tradicional consistía en la extracción a superficie del mineral, organizados en un grupo de 4 a 6 obreros no especializados, quienes comparten esta actividad con labores de tipo agro-ganadero. La introducción de tecnología nueva de extracción cambió la metodología de trabajo; el empleo de la pólvora y variantes de la dinamita requería aparte del uso del barreno para perforar la piedra y meter el explosivo un cierto grado de especialización y conocimiento técnico entre los obreros mineros. Barrenadores y artilleros como especialistas en voladuras eran los diferentes especialistas cualificados. Esta especialización tuvo su equivalente en un reconocimiento de prestigio social y el nivel de jornada.
Posteriormente, con la introducción de herramientas de tecnología más avanzada, empleando la fuerza hidráulica y eléctrica, el rendimiento del trabajo aumentaba, pero en principio el número de obreros poco cualificados no bajaba considerablemente.
Hubo diferencias de niveles de jornal minero según constan los testimonios escritos y orales: En orden de mayor a menor jornal se refieren a artilleros y barrenadores, peones de carga, pinches, mujeres y ancianos). En un caso una informante que trabajó en el lavadero de minerales de La Arboleda afirma haber tenido trabajos y sueldo de hombre.
A otros niveles ya de técnicos e intermediarios como capataces etc., también consta la existencia de un alto grado de jerarquización de funciones y de poder. En algunas empresas era mitigado en parte por una actitud paternalista del empresario hacia el obrero, como dejaron de entrever varios entrevistados respecto a la misma y diferentes empresas mineras. También se pagaba mejor el trabajo en subterráneo que en la cantera al aire libre.
3.3. Organización del trabajo
El volumen del trabajo se organizaba por dos formas: en las primeras décadas de la minería industrial dominaba la «tarea» también llamada «a destajo» que era el cumplimiento de extraer y cargar una cantidad determinada de mineral en las vagonetas, listos para ser llevado a su destino. Para ello se cobraba una cantidad fija. “14 toneladas eran pero luego si cargabas 2 vagones mas, estos eran de estraperlo. Tu terminabas la tarea para las tres de la tarde y en vez de marcharte para casa decías voy a cargar dos vagones de estraperlo”.
En vez de meterlo en el sueldo te daban un vale para cada vagón. En La Arboleda aquello funcionaba como un cheque, en las tiendas. Ibas a los bares y en vez de darle el dinero le dabas el vale.
La tarea era fija, el tiempo que se tardaba dependía de las características del mineral y de la agilidad de la cuadrilla compuesta por 3 o 4 personas. Se solía terminar antes de la hora normal y luego, muchas veces se seguía ya a jornal normal, para aumentar así los ingresos. Como consecuencia, era un sistema muy beneficioso para la empresa, porque se solía trabajar más. De hecho, la mayoría de los mineros trabajaba todavía después de los años cuarenta «a destajo».
Este dato fue confirmado por informantes para fechas posteriores y consta que a la vez la intervención del capataz se redujo paulatinamente hasta hacer un mero control de resultados. Pues vigilar a los obreros y tal luego al final ya no había ni capataces porque como todo el mundo trabajaba por su cuenta, del capataz ya no se metía en eso el capataz igual estaba fuera en una casa le hicieron una casa en la mina a la orilla de la cuadra de los caballos e igual estaba allí en la oficina con el listero cascando, cuantos vagones ha sacado fulano, [. .. ]para eso estaba, controlar un poco lo que sacabas y nada más.
3.4. Protección Social
La protección social (a nivel salud y jubilación) estaba empezando a crearse a nivel estatal a partir de los principios de la República. Las empresas mineras a nivel privado empezaron a crear ya durante las primeras décadas algunas infraestructuras básicas como boticas, hospitales mineros, cuartos de socorro.
Esto era imprescindible por la frecuencia de enfermedades (la silicosis aparecía como un mal común) y de accidentes relacionados con el trabajo (como desprendimientos, explosiones y caídas). Hasta los años sesenta eran comunes los accidentes.
Un informante de Kobarón (Muskiz) llegó a contabilizar para los años cincuenta un muerto cada semana.
Otro informante de Galdames describe con todo detalle cómo ocurrió el gran hundimiento en la zona Alta de Galdames en los años cincuenta en el cual fue herido y hubo otro muerto.
Por otro lado, las condiciones higiénicas de la vida diaria fomentaban la aparición de epidemias (gripe, cólera, difteria, sarna). La gripe del año 1917 diezmó por ejemplo la población de un barrio minero de Sopuerta, el «barrio Galicia» (El Alisal) que perdió muchos habitantes.
Consta que las condiciones específicas del lugar del trabajo como los lavaderos eran altamente insalubres por la humedad constante de la ropa.
A partir de los años sesenta ya las condiciones sanitarias eran más normalizadas. Desde las compañías mineras se proporcionó cobertura de servicios y acceso a hospitales especializados en caso de gravedad. Además se empezaban a llevar a cabo medidas de seguridad en las empresas.
Antes de la República no hubo prestaciones para la jubilación o incapacidad: los (pocos) mineros que llegaron a una edad mayor o se veían físicamente imposibilitados para trabajar en la mina, en primer
lugar trabajaban en tareas físicamente menos duras y peor pagadas, como por ejemplo en los lavaderos de mineral. O sin más, solían mendigar por la zona y en las poblaciones cercanas. Se pedía pan (que luego se vendía por las aldeas) y alguna limosna. Eran frecuentes los casos de mineros mayores que cantaban por las calles de Portugalete y Las Arenas o hasta en Bermeo y de mujeres y hombres mayores pidiendo equipados con un saco.
También se podía dar el caso de que se compartía una huerta «a medias» con el dueño. Eran frecuentes los casos de endeudamiento en caso de incapacidad laboral. Se zanjaban las deudas contraídas a menudo mediante la cesión de los terrenos de los deudores a los tenderos que por consecuencia acumularon terrenos. Las compañías grandes colocaron unos inválidos a puestos de trabajo equivalentes a las funciones que podían ejercer.
En resumen, las condiciones y relaciones sociales y laborales evolucionaron con el tiempo. Desde una estructura más familiar y voluntario de la minería insertado en los modos de subsistencia tradicionales vinculados a la vida en el entorno rural se llegaba a fines del siglo XIX al otro extremo. Muchos mineros llegaban a depender más y más del jornal, mientras que el sistema de protección social evolucionaba más lentamente en el tiempo.
Entonces, la masificación de la mano de obra, la estructura cada vez más jerarquizada de las empresas y la escasez de los recursos hizo que las condiciones laborales fueran insostenibles. Los logros de las primeras huelgas que se gestaron en la zona minera por una parte y las iniciativas por parte de los empresarios mineros por la otra parte mitigaban algunos excesos.
Pero no fue hasta la República y la posguerra 12 con la legislación laboral y social cuando se mejoraron substancialmente las condiciones de vida. Algunas mejoras se adscribían a la voluntad del patrón como el subsidio de lluvia en el caso de las minas de Taramona de Sopuerta.
No obstante, la dureza de la vida laboral del minero se cita constantemente en la mayoría de los testimonios. No había preparación de nada, todo el mundo mal preparado, todo a mano, no había máquinas, todo era la base de brazos y hombres y las máquinas ya vinieron muy tarde. [ … ]
Sí, [el calzado] se mojaba. Cuando llegábamos hacíamos fuego – porque había mucha leila por ahí – y lo poníamos a secar. Por la tarde ya sabias que lo tenías mojado. La vida era bastante durilla, bastante durilla, sí…. Estábamos muy acostumbrados, no es como hoy que están acostumbrados al trabajo bravo, trabajo pesado… Entonces no había máquinas, todo era base de brazos.
Ingrid Kuschick, Raphael Parejo-Coudert
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