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La estructura física de los núcleos urbanos medievales vizcaínos (III)

La estructura física de los núcleos urbanos medievales vizcaínos (III)

ELPLANO

3.1. Tipos de Plano

El trazado de las calles en las villas vizcaínas es generalmente rectilíneo y forma una figura similar a una cuadrícula. Por su pequeño tamaño, a veces las manzanas son pocas y algo irregulares. Las calles, paralelas, son cortadas por cantones, normalmente más estrechos, que las atraviesan formando ángulo recto.

No hay apenas espacios vacíos intramuros pero a veces sí aparece un pequeño ensanche delante de la iglesia, situada en un extremo, (caso de Durango, Elorrio y Gemika) donde seguramente se llevaría a cabo el mercado que sus cartas pueblas les conceden o en el caso de las villas camineras (Areatza, Ermua y Ugao), el espacio próximo a la entrada de la ciudad que parece actuar como punto focal. Estos casos no son muy extremos pues el tipo de plano que acabamos de describir como dominante en Bizkaia precisamente lo que promueve es un reparto homogéneo de las funciones.

En un plano más general, las jerarquías social y física determinaban algunas formas del trazado de

todas las ciudades. En Hagurain (Salvatierra), por ejemplo, el barrio judío ocupaba la calle menos

importante, más baja y estrecha de las tres que componían la villa. En Gasteiz, también ocupaban la parte más baja mientras que el clero (hasta el s. XVIII) ocupó la alta.

Las razones topográficas eran tenidas en cuenta, sin duda, a la hora de asentar las villas. Esto hacía que los recintos murados tuvieran ciertas irregularidades y nos hace suponer que sería necesaria cierta flexibilidad para ajustar un plan preconcebido a la realidad.

Esta tarea la llevarían a cabo los funcionarios y notarios u «hombres buenos», que serían muchas veces quienes se encargaran también de realizar la lotización de terrenos.

Las ciudades de fundación del País Vasco, pese a ser variadas, pueden reducirse a una serie de tipos que se diferenciarán en principio por la situación de los edificios monumentales, los ejes del trazado y la disposición de las calles. Primeramente vamos a distinguir dos grupos muy amplios:

  1. A) URBANISMO ESPONTANEO

Núcleos de plano irregular, no previsto. En ocasiones, el núcleo ya existía de antaño y su plano se nos presenta como espontáneo, surgido a tenor de las necesidades del momento, sin puntos focales y acomodado totalmente a la topografía del lugar. Tales son los casos de las alavesas Salinas de Añana y Salinillas de Buradón.

  1. B) URBANISMO PLANIFICADO

La mayoría de las villas vascas y, como ya hemos apuntado, todas las vizcaínas, revelan un urbanismo planificado, es decir, responden a la puesta en práctica de un plan previo, que actualmente, en casi todos los casos puede rastrearse con mayor o menor claridad. Dentro de este segundo gran grupo vamos a diferenciar varios tipos de plano:

  1. La Ciudad Camino

Empezamos por la que corresponde al tipo que parece ser más arcaico de las ciudades de fundación, constituida por la lotización a lo largo de un camino, que nonnalmente es el de Santiago, y cerca de una iglesia. Suelen tener un plano bastante regular, ya que la ciudad tiende a extenderse longitudinalmente a lo largo de dicho camino y a ambos lados. De esta forma, este camino se convierte en calle, unas veces única y otras principal. A lo largo de su trayecto urbano suelen aparecer hospitales y albergues para peregrinos y en su parte central, artesanos y comerciantes.

El uso del camino como material físico de construcción de la ciudad casi sin ningún cambio, supone

un principio de interrelación con el territorio y el aprovechamiento sistemático de unas condiciones geográficas y topográficas predeterminadas. En la Península, los casos más representativos son Castrojeriz, Sto. Domingo de la Calzada, Sahagún … A este tipo pertenece en la País Vasco, la puebla fundada en 1090 por Sancho Ramírez de Navarra que daría lugar a la ciudad de Estella, Villava y Burguete. En Alava, sólo Armiñón responde a este esquema. En Gipuzkoa, Elgeta y Azkoitia y en Bizkaia podría rastrearse este tipo en algunas como Mungia, Ugao o Larrabetzu, sin que estuvieran situadas en el Camino de Santiago.

  1. Recintos Ovalados

El esquema de ciudad de tres calles paralelas, desarrollo de una única constituida por el camino de

Santiago, se aplica a ciudades defensivas corneo Biasteri, Gasteiz y Hagurain. En estas ciudades situadas en lugares estratégicos la topografía tenía un importante papel determinando el contorno del recinto murado al que debía ajustarse el trazado interior. La solución generalmente adoptada era dejar la calle central recta y curvar las laterales, paralelas a la muralla. Estas tres ciudades, en concreto, incorporan la iglesia al recinto murado.

            > Este es el esquema de casi todas las ciudades alavesas. En los extremos puede haber dos iglesias (Hagurain), templo frente a casa torre (Antoñana), dos puertas de la muralla con la iglesia en la vía axial (Bernedo), o cualquier otra combinación de estos elementos.

            > En Gipuzkoa, también hay un grupo de planes ovalados del que los ejemplos más perfectos son Arrasate, Ordizia y Hemani.

            > En Bizkaia, por el contrario, no encontramos ninguna villa que responda tan claramente a este tipo, pero sí parece haber una cierta tendencia a hacer converger, al menos en uno de sus extremos, las dos calles secundarias en la principal, o bien las tres en una especie de plazoleta. Esto podemos verlo en Bermeo, Balmaseda, Errigoiti etc.

  1. Fundaciones de tipo campamento militar o bastida.

El primer tipo, la ciudad camino, se desarrolla en muchas ocasiones, de forma que la primitiva calle

única coincidente con el camino se convierte en calle principal acompañada de otras dos paralelas a ella, una a cada lado, lo que da una estructura de ciudad rectangular. También hay una serie de cantones más estrechos que cortan las tres calles, una o dos grandes iglesias con sus plazas, y naturalmente, la muralla que rodea el núcleo.

Este esquema de ciudad rectangular compuesto de tres calles paralelas que en euskera se llaman

Artekale (de Enmedio) Goienkale (de Arriba) y Barrenkale (de Abajo), se transforma, al desarrollarse, en este tercer tipo: conjunto de calles paralelas sin estructurar jerárquicamente y atravesadas por otra perpendicular en un extremo, en el que se ubicaría la iglesia. Las manzanas de casas quedan cortadas por las calles y cantones de una manera regular y geométrica.

  1. Torres Balbás ha puesto de manifiesto la permanencia de los trazados ortogonales heredados de

las ciudades griegas helenistas y romanas, y transmitidos a las ciudades medievales. La eficacia de las actividades castrenses exigía un cierto orden en la instalación de las tropas y para ello se siguió la tradición romana. Esta misma eficacia parece ser lavirtud que hizo que se perpetuara el modelo, llamándose así de campamento militar o bastida.

Dentro de este grupo se incluyen varias ciudades guipuzcoanas, de las que las más representativas son Donostia, Hondarribia y Getaria, y otros lugares como Hagurain, Briviesca, Castellón . .. pero sin embargo es el grupo que abarca la mayoría más importante y representativa de las villas vizcainas. Estas aglomeraciones de plano verdaderamente regular, trazado antes del establecimiento de los pobladores no parecen ser anteriores al s. XIII, se sitúan casi en su totalidad en el norte de Castilla-León y responden con bastante exactitud al modelo de bastida del sudoeste francés. Como modelos característicos podríamos analizarlos planos de Durango, Gernika, Markina y Bilbao. Todas ellas se componen de un número determinado de calles parelelas con manzanas dobles en el medio y simples al exterior, que varía de un caso a otro.

DURANGO: En Durango el número de calles paralelas es cinco, y tienen los tradicionales y repetidos nombre topográficos. La primera es una calle muy exterior, la de los Conventos. La segunda se llama Kalebarria (Nueva) y luego se repiten los tres ya mencionados.Otra las corta por el medio de la totalidad de su longitud. En un extremo de las calles de Arriba y Enmedio estaban la plaza y parroquia de Santa Ana, y en el otro, la parroquia de Santa María. En la muralla se abrían cinco puertas: portal de Zabala, del olmedal, del mercado, de la calle Nueva y del arrabal de la Cruz. Fuera de este núcleo quedarían varios arrabales:de la Cruz, del olmedal (y paseo del olmedal), Pinondo, Zabala e Intxaurrondo. Ya hemos nombrado la existencia de conventosextramuros: hubo tres, que se reconstruyeron en el s.XVII: S. Antonio, Sta. Susana y S. Francisco.

GERNIKA: Similar a Durango, pero con cuatro calles paralelas en lugar de cinco,que se escalonaban de forma transversal a lo largo de la leve inclinación de la ladera. A un lado estaba Goienkale, al otro Barrenkale Barrena, y en medio dos: Artekale (de Enmedio) y Barrenkale (de Abajo, que debió ser la que antes era de Abajo). Las cuatro se abrieron en el sentido de la calzada Durango-Bermeo que, de hecho, atravesaba la villa por Artekale. La comunicación con el puerto se realizaba a través del cantón de Santa María, en realidad una quinta calle travesera. Pronto la necesidad pública creó un amplio ensanche entre las dos calles superiores destinado al mercado semanal que, según concedía la carta puebla, se celebraba todos los miércoles. En el extremo superior de la villa amurallada se hallaba la iglesia de Santa María. En el inferior sólo se obtenía algún contrapeso armonizador gracias, primero al tráfico del puerto y la Rentería, y más tarde por la nueva iglesia de S. Juan del Puerto que se vino a situar justo en el ángulo opuesto a Andra Mari. Estaba rodeada con murallas defensivas y aunque la documentación sólo alude a un portal es lógico pensar que tuviera varios más. Arrabales tenía dos alineados con las calles de la villa Uno, el «susero» junto al camino de Lumo con la ermita juradera o Andra Mari la Antigua, y otro, el»yusero», que tal vez llegara hasta la rentería y el puerto.

MARKINA: La villa de Markina surgió de la petición de los hijosdalgo rurales de la zona de poder cercar una población por miedo a las incursiones de caballeros guipuzcoanos. Sería el único recinto murado del contorno por lo que también se acercarían numerosos burgueses y artesanos a ejercer sus profesiones. De la villa primitiva se conservan perfectamente el trazado de sus calles: tres paralelas: Goienkale, Erdikokale y Okerra, esta última algo torcida como su nombre indica, y una travesera en uno de los extremos llamada Zeharkale. En el otro extremo las tres parecen converger en una pequeña plazoleta tomando así un cierto aspecto triangular. Las casas originales han sido sustituidas por otras en distintas épocas, pero todavía se mantiene la parcelación gótica: solares estrechos y profundos separados por muros medianeros. Este reducido casco urbano (1,5 has.) se hallaba rodeado por una cerca exenta abierta en tres puntos: los desaparecidos portales de Arriba e Irureta, a ambos lados de Okerkalea, y el de Orueta en el extremo libre de Zeharkale. El Monasterio de Sta. María de Xemein existía con anterioridad a la erección de la villa, por lo tanto ya en la carta puebla los futuros pobladores sabiendo que lo van a utilizar, pese a dejarlo extramuros, le piden al Señor que se lo.conceda y que ellos le satisfarán su renta. El señor aceptó.

BILBAO: Se ajusta a los mismos principios. Según la historiografía tradicional en sus primeros momentos estaría compuesto por las tres calles de que ya hemos hablado (Goienkale, Artekale, y Barrenkale). A estas cruzan otras más estrechas perpendiculares llamadas cantones, formando así la retícula urbana. Las parcelas edificables solían ser regulares, de 5 ó 6 m. de fachada por 15-30 m. de fondo. Ya para el s. XV se formaría el Bilbao de las Siete Calles, añadiéndose a éstas tres otras cuatro paralelas. Además de la calle de Ronda, quedaría constituido por: Somera (=Goienkale), Artekale, Tendería, Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena. Parten de la ría y llegan hasta la iglesia de Santiago. Nuevos indicios aportados por el campo de la arqueología de la mano de Iñaki García Camino vienen a romper con este esquema ofreciéndonos otra visión diferente. Antes de fundar en el meandro del Ibaizabal, donde existía una pequeña iglesia románica dedicada a Santiago, se establecieron los límites del espacio a urbanizar y se acondicionó la terraza fluvial. Esta preparación se ha documentado en todos los solares excavados en Bilbao y se ha constatado que ya existía en la primera mitad del s. XIV: Todo el casco viejo responde a un claro proyecto urbanístico unitario. Sobre esta capa, en 1334, se comenzó a edificar la muralla exenta de cal y canto, gracias a un privilegio de Alfonso XI que llegó al Señorío en ese año y no la tenía. No parece que uniera diversas casas torre preexistentes como afirma T. Guiard. Lo que sí parece probable que tuviera sería una cerca de madera, desde 1300 que sirviera para definir y delimitar los espacios a constuir y los viales. El alcázar se hizo, por orden del mismo rey en el solar donde después se alzó el consistorio y fue demolido por acuerdo del concejo en 1366. Los conventos son de aparición tardía en toda Bizkaia. El primero fue el de Bermeo (1357). En Bilbao se instalaron en anteiglesias inmediatas a la Villa: Abando y Deusto, obligados por la pequeñez del municipio, en el S. XV. Extramuros se distinguían los arrabales de Ibeni y San Nicolás y, al otro lado del puente, Bilbao la Vieja, que en opinión de algunos es preexistente a la fundación de la Villa. Este mismo esquema se repite en otras villas como Bermeo, Plentzia o Portugalete.

Dos tipos de ciudades que no escontramos en Bizkaia aunque se dan en el País Vasco son las triangulares y las centrales. Las primeras son típicas guipuzcoanas. Las calles, que generalmente son tres, se juntan en un extremo pareciendo por ese lado que la villa tiene una sola calle, y por el otro que tiene tres. El caso más representativo es Segura, pero Azpeitia, Renteria, Bergara y otras responden también a es modelo.Las centrales surgidas a partir de un amplio espacio dedicado a mercado, con frecuencia fuera del recinto urbano, se identifican progresivamente con las renacentistas de planta centrada, sobre las que teorizará ya a fines del s. XIV el fraile catalán Eiximenc. Frente al mantenimiento del plano, apreciable en la mayoría de las ciudades vascas, la vivienda cambiará en cuanto que es expresión de las transformaciones sociales y de la propiedad del suelo, pero estas transformaciones corresponden a un periodo casi ya renacentista, impregnado, por tanto, de unos ideales bastante diferentes de los medievales.

3.2. Los Solares

La importancia de la propiedad del suelo en el plano de las ciudades es indudable. Unas veces la intención era asentar a una clase homogénea de hombres libres, y entonces las parcelas otogadas solían ser uniformes, dando lugar a una forma coherente y perfectamente planificada. Otras, las lotizaciones de los conventos periféricos o de varias propiedades daban lugar a un tipo diferente en cuya construcción intervenían distintos poderes, originándose una ciudad por partes que responde a múltiples impulsos creadores y va destinada a diversos estamentos de la nobleza y el clero.

Las ciudades de fundación vasca, al igual que las bastidas francesas y otras, pertenecen al primer grupo. Son homogéneas y han sido planeadas de una vez siendo el resultado de una distribución de una propiedad única, de carácter señorial en el caso de Bizkaia, entre un estatuto social homogéneo, como queda claramente reflejado en las cartas pueblas.

Esta regularidad del plano, observable a simple vista incluso en villas que se convirtieron en tales gracias a la confirmación posterior pero que ya existían como Balmaseda, Orduña y Lekeitio, no se sabe si es el resultado de la inicial distribución del suelo o si es resultado de la evolución histórica posterior de las villas, en especial, de reconstrucciones más tardías tras voraces fuegos. Generalmente tiende a aceptarse la primer hipótesis por diversos motivos.

Sólo en la fundación de las cuatro últimas villas (Ugao, Mungia, Larrabetzu y Errigoiti) las cartas pueblas hacen alusión directa a los solares, disponiendo que todas las heredades que estén dentro de los límites de la villa que sigan siendo de sus dueños y que los nuevos pobladores que quisieren entrar a poblar la villa lo hagan » … comprando Solares a aquellos cuios son ahora las Heredades por prescios combenibles segun tasaren sobre juras de Santos Evangelios los homes henos que obieren de ordenar la Carca de la dha Villa …».

La existencia de solares vacíos que siguen una ordenación con los ocupados, como se observa en Lanestosa, quizá significara que la villa no había resultado suficientemente atractiva para los habitantes de los alrededores, o bien que se despoblara posteriormente por diversas razones. Esto primero sería seguramente lo que Doña María Díaz de Haro quiso evitar cuando en 1331, o sea seis años después de otorgarle el fuero, dispuso que todos los que hubieran poblado en Lekeitio una casa, que acudieran a la villa ocuparla, para lo que daba un plazo de cuatro semanas.

En cuanto al tamaño de los solares, si bien en algunas cartas pueblas alavesas y guipuzcoanas hay referencias a este, en las vizcaínas no existe ninguna. Sus dimensiones son muy variables aunque, salvo en la calle Mayor de Ondarru en que son muy estrechas (3,5 m.), en villas tan dispares como Plentzia, Errigoiti, Balmaseda, Gerrikaitz, Markina o Larrabetzu, se observa una oscilación entre 5 y 8 m. de ancho por unos 10-13 m. de profundidad. El hecho de que en Ondarru sean tan estrechos, en Balmaseda abunden los de 5 m. y en Markina o Gerrikaitz, los de 6 m. puede ser, con bastante lógica, consecuencia histórica de la relativa escasez del suelo, lo mismo que el número de pisos de las viviendas, que se escalonan de manera inversa al tamaño del solar.

Estos lotes de terreno o solares urbanos reciben diversas denominaciones, y pocas veces aparecen con la única de «solar». Es muy habitual que se mencionen como «solar de casa» o «tierra é solar de casa», en los primeros años de vida de las villas. Con el tiempo, se va relegando el término «solar», y se emplearán otros como «suelo de casa» «suelo y tierra de una plaza» o «suelo de una plazuela». Plaza y plazuela o su versión en euskera «enparanza» son menos frecuentes que la voz suelo, pero todos ellos son sinónimos de solar, refiriéndose siempre a solares urbanos intramuros.

Esta situación homogénea inicial es muy difícil que se mantuviera a lo largo del tiempo, pues la desigualdad económica a veces se grande y en unos casos los vecinos más poderosos acaban rompiendo la igualdad originaria ya por medio de la compra, ya mediante la fuerza.

La similitud de los tamaños de los solares guipuzcoanos dada tanto por las escasas referencias documentales como por los resultados de la aplicación del método arqueológico, se ve rota en las casas torre, que en su mayoría ocupan exactamente dos unidades de solar. También se dan casos de casas-palacio que ocupan ls dimensiones correspondientes a solar y medio.

Otro factor que introduciría, sin duda alguna, modificaciones en el tamaño de los solares será la presión demográfica. Si es baja, porque las condiciones que ofrece la villa no son atractivas, quedan solares vacíos, que los moradores podrán convertir en huertas, además de la que todos tienen en la trasera de su casa. Esta no es una situación problemática a no ser que sea un caso extremo. Lo que sí presenta problemas es la situación contraria.

Cuando la presión demográfica es muy elevada, en un primer momento se suele recurrir a edificar también la parte trasera de la casa que originariamente sería una pequeña huerta, corral etc. Esto no siempre es suficiente para solucionar el problema y algunas veces se hace necesario dividir los solares. Lo usual era dividirlos por la mitad, longitudinalmente, para que cada vecirio tuviera acceso directo desde la calle. Esta no era la única manera en que podía fragmentarse la propiedad del solar. A veces, se realizaban particiones horizontales, es decir, aquellas en que no se divide superficie del solar sino el espacio construido.

Hoy día nos resulta muy difícil saber qué parte de la distribución actual de solares corresponde a siglos medievales, como ya hemos dicho. A solventar el problema nos ayudan los testimonios de las cartas pueblas y los escasos restos subsistentes hasta hoy, bien casas (casi ninguna), bien solares. En este punto es interesante comentar, que la historiografía ha defendido repetidamente la fosilización de la parlación gótica en multitud de villas vizcaínas (los llamados solares en alforja, estrechos y largos) y de hecho parece ser así si observamos a simple vista las edificaciones de los cascos antiguos de muchas de nuestras villas. Sin embargo la información concluyente en este tema sólo puede venir de la mano de la arqueología, y es mucho aún lo que queda por hacer. De momento, los resultados obtenidos, pese a no ser definitivos, llaman a la prudencia y nos dicen que este es un tema a revisar. ·

El espacio urbano, escaso en general, se muestra insuficiente en las villas de más éxito durante el s.

XV: se terminan de ocupar los espacios edificables intramuros, se fragmentan los solares, se crean y crecen los arrabales, y hay un claro intento, por parte de los vecinos, de ocupar paulatinamente parte del espacio público intramuros en beneficio propio. Esta ocupación, que lógicamente no puede ser muy grande, es un fenómeno constante. Los lugares más fácilmente codiciados son las calles y cantones. Una de las formas de esta ocupación era la construcción de pisos en voladizo, obteniéndose así una mayor superficie construida en los pisos superiores con el consiguiente obscurecimiento de la calle. Otra maniobra habitual era comenzar a edificar los cimientos de las casas a partir de los límites del solar, preservando toda su superficie, construyéndose las paredes en espacio público. En ocasiones no era la fachada la que avanzaba sobre la vía urbana  sino las escaleras de cal y canto adosadas a las casas. Otra de las formas más descaradas de apropiación del espacio público fue la ocupación de los terrenos libres próximos a la cerca que prescribían como obligatorios las Partidas para el paso de elementos y personas para facilitar la defensa, pero que ya no cumplían una misión defensiva, usando la muralla como pared maestra de nuevas construcciones. Lo mismo sucedía con las torres que flanqueaban las puertas, a las que se adosaron construcciones de carácter civil, y con los espacios que rodeaban los portales de las villas.

Todas estas irregularidades, agravadas por el hecho de que los numerosos incendios obligaban a la

rápida reconstrucción de edificios, son una tendencia general en todas aquellas villas en las que el

suelo edificable disponible es escaso.

Los concejos, viendo estos problemas de cerca tuvieron que tomar medidas para controlar los abu-

sos. A fines del s.XV debido, sobre todo a los devastadores incendios que arrasaron algunas villas, en ocasiones (Caso de Donostia o Arrasate) dictaron ordenanzas específicas de reconstrucción urbana, en las que se trataba de evitar la apropiación de los espacios públicos, así como de incorporar materiales constructivos más resistentes al fuego.

Las Ordenanzas Municipales ordinarias también recogen, en muchas ocasiones, intenciones similares. Junto a todas ellas Las Partidas, normativa general para todo el reino de Castilla, contenía numerosas disposiciones referentes a este tema.

M.ª José Zabala Altube

 

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