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Las enfermedades infecciosas (fines del siglo XIX)

Las enfermedades infecciosas (fines del siglo XIX)

Dentro de este grupo, la viruela, el sarampión, la difteria y el tifus abdominal eran las más comunes y las que representaban unas elevadas y crecientes cifras de mortalidad, como lo demuestran los datos consignados para Baracaldo y Bilbao. En Bilbao, las defunciones por viruela se acrecentaron a lo largo del periodo analizado, pasado de un 12,8 sobre 1.000 defunciones en los años 1.878-80 a más de un 50 por 1.000 en los años 1.886-94; por el contrario en Baracaldo los indicen de defunciones por viruela duplicaban a los de Bilbao.

Entre 1.900-1.906, según las cifras dadas por Hauser, Vizcaya era la 2ª provincia con mayor tasa de mortalidad por viruela con unas 5,8 defunciones por 10.000 habitantes después de Madrid (5,9); sin embargo, Bilbao estaba a la cabeza, en una posición destacadí­sima sobre el resto de las capitales de provincia, con 11,2 defunciones por 10.000 habitantes. Cifras que, en resumidas cuentas, reflejan las diferencias en la salubridad existentes entre el campo y el núcleo-industrial.

La viruela, enfermedad que se ubico y expandió preferentemente en los pueblos y barrios proletarios. Esta zona vivió un proceso de rápido crecimiento demográfico a lo largo de las 3 últimas décadas del siglo XIX; zona que como hemos visto en menos de medio siglo, habí­a más cuadruplicado su población, y algunos de sus pueblos; como Baracaldo, Sestao, San Salvador del Valle, habí­an multiplicado su población por 6,3; 28,2 y 9,3 respectivamente entre 1857 y 1900. En los pueblos industriales y mineros; la viruela paso a ser una enfermedad endémica, apareciendo epidémicamente en ciertos años como 1866,1870,1871,1876,1881,1884,1885,1888 y 1889 en Baracaldo a lo largo del periodo estudiado que comprende los años 1.865 a 1.889; y en Bilbao, en 1881,1882,1888 y 1892 para el periodo de 1878 1 1894.

Las causas de la elevada mortalidad por viruela no son otras que las enunciadas más arriban y el invierno, que es la estación más propicia para el desarrollo del agente patógeno. Sin embargo, hemos de añadir que aunque las causas modernas están bien constituidas y tienen condiciones higiénicas aceptables, los propietarios exigen por ellas rentas tan excesivas, que los obreros se ven obligados a reunirse por grupos de dos y tres familias para alojarse todos juntos en una sola habitación y poder pagar la renta de la casa. Este hacinamiento sin lugar dudas debió de favorecer el contagio.

Otras enfermedades infecciosas que nos interesan por el alto número de defunciones que produjeron son el sarampión y la difteria, enfermedades estrechamente relacionadas con las del aparato respiratorio, y al igual que estas se vieron favorecidas por los factores climatológicos, el hacinamiento y la miseria, ya que el contagio fundamentalmente es aéreo. Al igual que con la viruela, los principales focos de sarampión y difteria se localizaron también entre las familias pobres.

En resumen, la revolución industrial que provocó cambios radicales en las relaciones de producción y desarrollo de las fuerzas productivas capitalista, tuvo unos efectos sociales negativos como nos lo refleja el aumento de la tasa de mortalidad y de las defunciones por enfermedad infecciosas y contagiosas y será la clase obrera quien soporte el peso de esta excesiva mortalidad, pues no podemos olvidar que la tasa de ganancia del capitalista está en función de la tasa  de explotación.

La epidemia de cólera morbo de 1.885 es una buena muestra de lo expuesto anteriormente. La insalubridad y la falta de una polí­tica de higiene urbana y la concentración de individuos en una misma habitación favorecieron la propagación del cholero morbo en Baracaldo y no en Bilbao.

Los datos no pueden ser más significativos: De las 274 defunciones de cólera morbo que hubo en la provincia, 114 corresponden a Baracaldo, el resto de las defunciones es más probable que tuvieses lugar entre los habitantes de los pueblos mineros y Sestao. Este es uno de los años en que más elevada fue la mortalidad en Baracaldo, siendo por el contrario, de los más bajos en Bilbao. Entre el 21 de Octubre y el 10 de Noviembre, Baracaldo vio como se multiplicaba la mortalidad, mientras permanecí­a estacionaria en Bilbao. Así­, mientras Baracaldo registraba 127 defunciones  en estos dí­as, Bilbao tení­a tan solo 71.

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Actualizado el 2 de marzo de 2018

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