La vida social en la zona minera vizcaína (siglos XIX-XX) (III)
Los datos de los padrones confirman una cierta masculinización, mayor en los barrios altos dedicados a la extracción, representados por San Salvador del Valle. Pero constatan la notable presencia de las mujeres, que participaron de las mismas corrientes migratorias que los hombres, ya que de forma mayoritaria llegaron a la zona minera formando parte de migraciones familiares. El 77,6% de las mujeres recién llegadas (que declaran 0 años de residencia en los padrones de habitantes) a la zona minera en el corte 1880-1890, lo hicieron en familia, como cónyuges o hijas. El resto, aunque desplazadas en solitario, se instalaron en su mayoría en casa de familiares.
En la zona minera la actividad económica de las mujeres desaparece muy pronto y por mucho tiempo de las fuentes estadísticas, de la mano de la práctica desaparición de las actividades agrícolas y el proceso de asalarización y masculinización del mercado de trabajo minero. Su relegación a la privacidad del hogar respondió a una clara división del trabajo según el género, que alcanza su máxima expresión ideológica en la figura del «ganador de pan» y de la mujer «ama de casa». El padrón de San Salvador del Valle de 1877 arrojaba una tasa de actividad declarada para las mujeres del 61,81%, que en el de 1888 se había reducido al 7,43%. Los datos son extrapolables al resto de la comarca, que mantenía todavía una importante actividad agrícola, y por tanto unas tasas superiores de actividad femenina.
Un 40,2% de las mujeres aparecen sin clasificar en los padrones de 1880-1890, y de las que aparece con dedicación expresa, otro 41,1% o hace como «ama de casa» o «sus labores», o «su sexo», y otro 8,6% como escolares (fundamentalmente niñas). Si nos fijamos sólo en las profesiones activas, sólo 305 mujeres de entre 15-59 años aparecen con profesión declarada, y de éstas, el 57,7% lo hacen como labradoras, fundamentalmente en el municipio de Abanto y Ciérvana. Del resto de ocupaciones destaca otra reservada en gran medida a las mujeres, como es el «servicio doméstico» o las «sirvientas». El resto de profesiones son meramente excepcionales, alguna costurera, alguna artesana, y un total de 38 mujeres que aparecen registradas como jornaleras, la mayoría en San Salvador del Valle. La situación se mantendrá en las décadas siguientes.
Rafael Ruzafa Ortega y Rocío García Abad
Comentarios recientes