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Localización de las explotaciones y primeras actividades mineras

Localización de las explotaciones y primeras actividades mineras

Localización de las explotaciones

En la Zona Minera de Las Encartaciones, el número de minas conta­bilizadas en todas las épocas se aproxima a doscientas veinte. Aunque muchas de ellas no se explotaron, vamos a hacer un pequeño esfuer­zo para enumerarlas por municipios, teniendo en cuenta su configuración actual (año 1.999).

Barakaldo

En este municipio, apare­cen veintinueve centros de explotación, con los siguientes nombres: Mo­desta, Salvadora, Teresa, La Negra, Augusta, Figueras, Elena, Impensada Juliana 1, Juliana 2, Pepe, Emma, Disgusto, Mer­cedes, Carmen, Lucas, Hormidas, Bienvenida, Vicenta, Berna, Boni, La Concepción, San Gre­gorio, San Pedro, Mengolice, Rosario, Cercana, Estrella y Acebal.

Valle de Trápaga-Trapagaran

En este municipio, apare­cen treinta y dos con los siguientes nombres:

minas, a saber: Dificultosa, Gil Blas, Carmen, Rosario, José, La Recuperada, Encantada, Matilde, La Punta, Impensada, Rita y Adelaida, Berango, Dudosa, Escarpada, Tardía, Elvira, La Buena, Justo, Pepita, Dolores, Princesa, San Juan y San Antonio.
Artzentales

En este municipio, estaban laS minas

Pedreo y Federico.

Mina Amalia Vizcaina (Covarón )
Mina Concha 1′ y 2a (Galiana)

Lejana, Secreta, San Roque, Paquita, Oculta, Linda, San Feliciano, Precavida, Elvira, Marichu, Mendivil, Mame, Amistosa, Magdalena, Parcocha, Unión, Cármenes 3 y 4, Orconeras 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7, Una, Vena Dura, Inocente, Acrisolada, Casualidad, María y Fuentes.

Ortuella

En este municipio, se contabilizan veintiséis, que son: Plácido, Pikuy, Felicidad, Las Manuelas, Cármenes 1, 2, 5, 6, 7 y 8, Bilbao, María, Elena, Julia, Adela, Vicenta María, Petra, Constancia, Pobre, Limitada, Conchas 3, 4, 6, 7 y 8.

Abanto y Ciérvana

En este municipio, se encontraban la mayoría de las explotaciones. Muchas de ellas, al demarcarse con la Ley de Minas de 1.849, tenían unas dimensiones muy reducidas. Aquí ha habido entre sesenta y sesenta y cinco, que son: Javier, Marta, Casualidad, Capela, La Marta, Esperanza, Cerrillo, Moruecos, Las Calizas, Mari, Borja, Horacio, Domingo, Lorenza, Confianza, Rubia, Carolina, Josefina, Victoria, Juan, Pacífica, San Bernabé, Catalina, San Miguel, Socorro, Diana, Begoña, Esperanza, César, Ser, San Benito, Cristina, Nicanora, Indiana, San Antonio, Olvido, San Ignacio, Trinidad, Buena Fortuna, Ino­cencia, San Sebastián, Justa, San Fermín, San Martín, Despre­ciada, Barga, San Antonio 2, Buena Estrella, Alhóndiga, Perseguida, San José, Magdalena, Aurora, Marquesa, Sol, Vigi­lante, Altura, Concha 1, 2 y 5, Peñusco Mendiola, Lancha y Ventura.

Muskiz: En este municipio, había diez minas, que eran: Petronila, Consolación,Isabela, Santo Tomás, San Francisco, Asunción, Josefa, Amalia Viz­caína, San Julián y José.

Galdames: Este municipio contaba con veintitrés minas, a saber: Dificultosa, Gil Blas, Carmen, Rosario, José, La Recuperada, Encantada, Matilde, La Punta, Impensada, Rita y Adelaida, Berango, Dudosa, Escarpada, Tardía, Elvira, La Buena, Justo, Pepita, Dolores, Princesa, San Juan y San Antonio.

Artzentales: en este municipio, estaban las minas Pedreo y Federico.

Sopuerta: en este municipio, se contabilizaron diecisiete, las cuales era: Sorpresa, Amalia Juliana, María, Ramón, EL Rayón, Milagros, Engaño, La Fe, Catalina, Consuelo, rosario, Dolores, Gallinar, Paca, Máxima, Safo y Reveñaga.

Alonsotegi:  en este municipio, se encontraban estas seis minas: Dudosa, Previsora, Zumaya, Mintecho, Reloj y Amalia.

Primeras actividades en las minas

Normalmente, en aquellos años, se encontraba en la superficie del terreno. Cuando no era así, se des­cubría quitando una capa de tierra, y el mineral afloraba de inmediato. En algunas ocasiones, se extraía por medio de galerías. En todo caso, eran de pequeño tamaño, puesto que los medios de alumbrado y ventilación eran muy esca­sos.

Ya hemos comentado cómo se demarcaba una explotación. Pues bien, ahora vamos a comentar cómo se desarrollaba la actividad más impor­tante: la extracción del mineral.

Normalmente, en aquellos años, se encontraba en la superficie del terreno. Cuando no era así, se descubría quitando una capa de tierra, y el mineral afloraba de inmediato. En algunas ocasiones, se extraía por medio d galerías. En todo caso, eras d pequeño tamaño, puesto que los medios de alumbrado y ventilación eran muy escasos.

El alumbrado consistía en una simple vela de sebo pegada a la pared con arci­lla. La ventilación era el aire que entraba por la boca de la galería. Las herra­mientas que usaban eran simples y rudimentarias: porras, rastrillos, raederas, cuñas, azadas y cestos para recoger el mineral. Cuando se encontraban zonas muy duras, se usaba la pólvora.

Muy a menudo encontraban agua, lo que suponía un gran problema, ya que había que desviarla, pero sin perjudicar a ninguna otra explo­tación. Cuando el desvío resultaba algo imposible, normalmente se abandonaba la explotación, ya que tenían muchas facilidades para demarcar otra.

labor el monte se seguía des­plazando.

Dejando a un lado esta cró­nica, decir que en algunos de los antiguos enclaves mineros, toda­vía se pueden apreciar algu­nos de estos pilares que se

A mediados del siglo XIX, y con la Ley de Minas, varió la forma de explotación. Se empezó a trabajar en forma de canteras, y se genera­lizó el uso de la dinamita. También se hizo necesaria la presencia de mayor mano de obra, ya que las por entonces llamadas pegas (cargas de explosivo, para los profanos) eran cada vez de mayor talla. De todas formas, el resto de las herramientas no sufrió ningún cambio.

Cuando los trabajos se hacían por el método de galerías, empezaron a respetar una serie de normas, llamémoslas de seguridad. Éstas consis­tían en ir dejando den­tro de las galerías unas columnas y vigas del mismo material. En el argot minero, se conocían como pilares y
contrafuertes. Este material se sacaba al llegar al final de la veta de mineral, puesto que el hueco de la galería se hacía al sacar el mineral.

Esta última labor era, a su vez, muy arriesgada. Tenemos constancia de un caso concreto acaecido en la mina Elvira de Galdames, en la cual, en el momento en que se llevaba a cabo dicha labor, hubo un corrimiento de tierras, cuando los trabajadores estaban en su interior.

Aún, hoy en día, se puede apreciar una grieta de unos 200 metros de largo por unos 10 de ancho, fruto de aquel corrimiento de tierras.

Algunos testigos cuentan que el estruendo fue aterrador, y las corrien­tes de aire desplazaban a las personas como si de marionetas se trata­ra.

En este triste suceso, hubo que lamentar la muerte de un trabajador, además del gran esfuerzo físico y moral que supuso el rescate de otros dos que quedaron atrapados en un pequeño hueco, ya que durante esta labor el monte se seguía desplazando.

Dejando a un lado esta crónica, decir que en algunos de los antiguos enclaves mineros, todavía se pueden apreciar algunos de estos pilares que se dejaban para aguantar algunas cornisas. Normalmente, son de otro tipo de mineral. En estas galerías ya se empleaban candiles para el alumbrado, bien de carburo, o quinqués de petróleo.

En algunos casos, se construían unas chimeneas, que iban desde la galería hasta la superficie de la tierra, para disponer de un poco de ventilación. Posteriormente, se instalaron ventiladores; el último lo tenemos en Bodovalle.

José Mª Díaz Ramos

 

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Actualizado el 1 de febrero de 2026

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