LA CENTENARIA CAPILLA DE LA FÁBRICA DE SANTA ÁGUEDA DE ZUBILETA-KASTREXANA (I)
En el primer número de esta misma revista, dedicamos un artículo a una singular escultura de alabastro de procedencia inglesa que se conserva en la ermita de Santa Agueda situada en el monte Arroletza, describiendo la historia y patrimonio mueble de aquel edificio, uno de los más notables del patrimonio histórico artístico de Barakaldo. En esta ocasión, damos continuidad a aquel texto, centrando nuestra atención sobre la cercana iglesia que con idéntica advocación se planificó hace ahora justamente un siglo en la orilla izquierda del río Cadagua para servir como capilla de la Fábrica de Santa Águeda de Zubileta-Kastrexana, contribuyendo de esta forma a conmemorar, siquiera de forma discreta, esta efeméride.
No es mucha la información que hemos localizado sobre el origen de este templo, pese a que hemos indagado en el Archivo de la propia parroquia, en el de la empresa Profusa (heredera de las instalaciones de la entidad fundadora, a quien pertenece actualmente el edificio), en el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia y en el Archivo.
Es precisamente en este último donde se conservan los planos originales de este modesto edificio, fechados el 20 de septiembre de 1919, que incluyen una vista de las fachadas principal y lateral derecha, la sección transversal del edificio, y una planta del mismo -que al tiempo nos proporciona algunos detalles de su ubicación- y otra más con la configuración de sus cimientos.
Estos planos se adjuntan al expediente de solicitud de la pertinente autorización para la construcción de una capilla en la calle de Larrazabal del barrio de Irauregi, presentada por la sociedad Echeverría e Hijos, con fecha 15 de octubre de 1919 y firmada por el promotor Federico Echevarría Rotaeche (con el nombre de la Sociedad, Federico Echevarría e Hijos) y el arquitecto autor del proyecto,
Federico de Ugalde, que asimismo también estampó su firma en los planos. En ese mismo archivo se conserva otro expediente relativo a una reforma del templo, consistente en la adición de un pórtico adosado al lado derecho del mismo según contemplamos su fachada, proyecto que firma el arquitecto Ismael Gorostiza en julio de 1946 en otra copia del plano depositada en el Archivo Municipal. Por último, entre el rico fondo documental del Archivo de la empresa Profusa, se incluye un expediente de construcción de la casa cural, firmado por José Sanz Gironella y fechado en 1955 que completa la información disponible sobre la historiade esta construcción religiosa.
UNA ADVOCACIÓN MUY APROPIADA
En un artículo de Javier Barrio (5 de KBarakaldo) se ofrece un detenido recorrido histórico por los antecedentes y evolución de la Fábrica de Santa Águeda perteneciente a la Sociedad Anónima Echevarría para cuyo servicio se concibió la iglesia que nos ocupa, por lo que no nos extenderemos mucho sobre este punto.
Recordemos simplemente que tal como allí se dice esta factoría se ubicó sobre un solar de larga tradición industrial, que remontaba a la existencia de una ferrería que en 1862 daría paso a la fábrica de alambres Puerto Rico, fundada por el empresario Facundo Chalbaud. Un año más tarde se constituyó la Sociedad Colectiva Santa Águeda, adoptándose por primera vez para la instalación fabril el nombre de la santa titular de la célebre ermita del monte Arroletza. Pese a la existencia de un período de crisis que supuso la disolución de la sociedad promotora original en 1870 y la constitución de una nueva con otra denominación, siguió siendo conocida como Fábrica de alambres Puerto Rico o Santa Águeda, advocación esta última que adoptaría, ya en exclusiva, la nueva entidad social que tomó el testigo de la actividad metalúrgica en esta ubicación el año 1890.
Ignoramos desde que momento las instalaciones contaron con capilla propia, seguramente dedicada a la propia santa, dada la denominación de la empresa. Pero si podemos constatar su existencia en la primitiva fábrica mediante un plano conservado en el Archivo Municipal donde el oratorio, identificado con una cruz, se ubica a la derecha del primitivo camino que comunicaba los barrios de Irauregi y Burtzeña (en el plano pintado de amarillo) y que desde 1923 transcurría por el interior de la fábrica, cuando se hizo un nuevo trazado (en el plano, en rojo).
Pero más allá de la coincidencia con la advocación del santuario vecino, no puede dudarse de la conveniencia de contar con el patrocinio de la santa siciliana, dada la capacidad de esta mártir para eludir los peligros del fuego, a los que tan expuesto estaban ferrones y obreros metalúrgicos, por lo que debió de ser escogida como su protectora. Son varios los puntos en común que la ligan a este oficio, desde el instrumento de su martirio, unas tenazas candentes con las que le arrancaron sus pechos, hasta algunos otros episodios como el tormento que se le infligió arrojándola sobre unas brasas encendidas, o la milagrosa detención de una erupción del volcán Etna que tuvo lugar tras su muerte, al ser invocado su nombre. Resultaba por tanto muy apropiado la elección del nombre de Fábrica de Santa Águeda con el que ha sido tradicionalmente conocida.
Jesús Muñiz Petralanda
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