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El Valle de El Regato

El Valle de El Regato

EL VALLE DEL REGATO (BARAKALDO): MODIFICACIí“N DEL PAISAJE, RECURSOS NATURALES y CULTURALES, y ORDENACION DEL TERRITORIO.

INTRODUCCIí“N

Marco teórico y metodológico del estudio

El Valle de El Regato es un espacio geográfico intercalado entre dos comarcas netamente diferenciadas: Margen Izquierda -zona del área metropolitana de Bilbao- y Encartaciones. El paisaje prototí­picamente industrial de la primera, contrasta con la ordenación espacial rural de la segunda. El Regato, en cuanto zona liminal, participa de las caracterí­sticas de ambas. Su estructura territorial corresponde, básicamente, a la propia de un agrosistema de alto valor naturalí­stico. Pero, al propio tiempo, se halla profundamente impactada y subordinada por el desarrollo urbano-industrial de Barakaldo.

Las actividades ejercidas por el hombre, con objeto de acomodar la naturaleza a sus necesidades, durante el transcurso de la historia han ocasionado alteraciones significativas del paisaje natural. El progresivo deterioro paisají­stico y ecológico de El Regato no es imputable, en exclusiva, al impacto de las actividades industriales y urbanas, sino que toda alteración de los usos del suelo ha afectado a sus recursos naturales.

Durante la última década, el proyecto de instalación de una cantera en Tellitu (El Regato), ha ocasionado un intenso debate público sobre el tema del medio ambiente y los usos potenciales de esta zona. Asimismo, Tellitu y su entorno han dado origen a una profusión de informes administrativos y técnicos, así­ como estudios cientí­ficos. Pero esta cantera no es la única fuente de impactos que cuestionan la ya comprometida calidad ambiental del valle. Los recursos naturales de El Regato experimentan una progresiva degradación, como consecuencia de la construcción de equipamientos y obras públicas, vertederos industriales, actividades de esparcimiento, etc. Resulta evidente que existen diversos proyectos de utilización del ámbito espacial

considerado, así­ como que se carece de un marco global de ordenación territorial del mismo.

El marco conceptual y metodológico de este trabajo es interdisciplinario, como corresponde a todo planteamiento paisají­stico. Fundamentalmente, el análisis se apoya en la historia socioeconómica y en la etnologí­a, de acuerdo con el procedimiento siguiente:

a) Analizar las modificaciones experimentadas por el paisaje y el medio ambiente de El Regato, durante el transcurso de la historia moderna y contemporánea.

b) Apuntar algunos rasgos simbólicos de este espacio, en tanto que producto cultural, especialmente de aquellos que codifican las relaciones del hombre con un espacio significante.

c) Inventariar sumariamente los recursos’ naturales aún existentes.

d) Sugerir posibles lí­neas de actuación para una ordenación del territorio que compatibilice diversos usos: reserva ecológica, ecomuseo, áreas de recreo y esparcimiento, etc.

Elaborado en función de las Jornadas, este estudio no es una investigación sistemática, sino un primer intento de aproximación global a la problemática y al espacio

considerados. La utilización de material procedente de algunos de mis trabajos de investigación inéditos para ciertos epí­grafes, explica el desigual tratamiento del conjunto.

En aras a la concisión propia de un artí­culo, se extracta el texto original. Por idéntica razón se prescinde de notas, simplificándose al máximo las citas. Bibliografí­a y fuentes se reducen a los tí­tulos fundamentales omitiéndose, por obvias, las referencias a diccionarios geográficos y tratados generales. Por último, el carácter de avance de investigación de los datos etnográficos del capí­tulo III, me exime de referencias más precisas.

2. El valle de El Regato: definición y delimitación

Por valle de El Regato se entiende aquí­ un ámbito más amplio que el correspondiente al barrio del mismo nombre, enclavado en el término municipal de Barakaldo. Sirve para designar al espacio constituido por la cabecera y zona media de la cuenca de El Regato o Castaños y sus arroyos tributarios: Cuadro u Oiola, Agirza, Prados, Mingorreka, etc. El Castaños es un afluente del Galindo, rí­o que vierte sus aguas al Nervión o Rí­a de Bilbao.

Dicho valle está delimitado al E. y SE. por la sierra -denominada «cordillera» de Sasiburu, cuyas cotas más significativas son: Arroletza (454 m.), Sasiburu (456 m.), Peñas Blancas/Apuko (463 m.), Apuko/Juan Roiz (559 m.). Los Montes de Triano cubren los restantes flancos: Eretza (871 m.), al SO; Cepal/Aldape (713 m.), Gasteran (801 m.), Ganeran (822 m.), Pico Menor (728 m.), Pico Mayor (747 m.) y El Cuadro (713 m.), al O.; Al N. se sitúan el collado de Peñas Negras (486 m.), Mendibil (562 m.) y Argalario (513 m.) (TRANCHO, 1983, 32-33, 37-39, 7677).

Este espacio geográfico, definido geomorfológicamente por un relieve accidentado, corresponde a la jurisdicción de varios términos municipales. La de Barakaldo es la más extensa, con unos 11,92 km” (estimación personal), y comprende los núcleos de Gorostiza-Ureta, y el denominado genéricamente El Regato (Eskauriza-Urkullu) en el fondo del valle, además de Mesperuza, Tellitu y algunos caserí­os diseminados por las laderas.

Corresponde a Gí¼eñes una pequeña zona, de unos 3,41 km” de las inmediaciones del somo de Saratxo, y escalonada desde la cumbre del Eretza hasta el curso alto del Agirza o Castafios. El pequeño barrio de este mismo nombre, salvo una de sus casas sita en término de Gí¼eñes, pertenece a la jurisdicción de Galdames, que posee una amplia superficie en la cuenca alta (7,69 km2), la correspondiente al denominado genéricamente Alto de Galdames, entre Castaños y el collado de Peñas Negras. A partir de este último punto, el municipio de Ortuella irrumpe marginalmente en la cuenca del Cuadro (0,57 km2). La zona correspondiente al Valle de Trápaga, en las inmediaciones del barrio de La Arboleda, es algo más extensa (2,48 Km2.), comprendiendo las pequeñas barriadas de La Górriga (Lugorriaga) y Las Barrietas (Olabarrieta).

El conjunto del valle, de unos 26,07 km” de extensión, constituye una unidad ecológica y paisají­stica, estructurada por el hecho de pertenecer a una misma cuenca hidrográfica. Se llega a idéntica conclusión desde la perspectiva de las actividades propias de la sociedad tradicional-ferrerí­as, minerí­a, carboneo- o de los actuales usos recreativos de este ámbito. En términos históricos y etnológicos, el valle de El Regato constituye una zona homogénea y diferenciada con respecto a las circundantes. Así­ lo ha entendido la literatura costumbrista, a partir de Trueba, y cuantos estudios de investigación histórica o arqueológica se han realizado en la zona.

Sin embargo, la zona de atención preferente es la correspondiente al término de Barakaldo. y no sólo por su mayor extensión -cerca del 50070 del total- sino por ser la más humanizada y sometida a todo tipo de impactos sobre el medio ambiente, así­ como por constituir el área recreacional preferente y casi exclusiva de numerosos habitantes del casco urbano baracaldés. Por otra parte, los viales de acceso a las restantes zonas, asocian éstas a espacios externos a la cuenca -Zaramillo, La Arboleda- desestructurando la unidad básica del factor hidro-orográfico. Así­ pues, nos centraremos en el estudio de aquélla, pero sin perder de vista al resto de los sectores que integran el valle.

II.TRANSFORMACION HISTí“RICA DEL PAISAJE NATURAL POR LAS ACTIVIDADES ECONOMICAS

1.- Población

El factor demográfico es determinante en cualquier estudio de las relaciones entre el hombre, sus actividades y su medio ambiente natural. La cantidad de hombres, con independencia de sus actividades de explotación de la naturaleza, constituye por sí­ misma un factor de impactación sobre el ecosistema.

Al margen de la protohistoria, el poblamiento de El Regato parece ser bastante antiguo, al menos por lo que respecta a la zona baja del valle. El cronista Lope Garcí­a de Salazar, en sus «Bienandanzas e Fortunas» sitúa hacia el año 740 unos asentamientos de godos escandinavos, que para algunos historiadores actuales no serí­an otra cosa que mozárabes; en distintos puntos y entre ellos cita a «Mesperuí§a de Varacaldo».

Ya en el siglo XVI, y con motivo de un pleito del concejo de Barakaldo contra el Duque de Frí­as, condestable de Castilla, se citan las casas labradoriegas tributarias del mismo. En Eskauriza existí­an nueve de éstas, cuatro en Urkullu y otras cuatro más en Tellitu.

Pero, hasta 1704 no existen fogueraciones o censos fiables. La de este año, arrojó un total de 31 fogueras para el conjunto de El Regato. Otras 14 casas se habí­an arruinado recientemente en el valle, 10 de ellas en Urkullu y otras 2 en Tellitu. A juzgar por el número de las de algunos núcleos -7 en Eskauriza, 5 en Urkullu y Tellitu- la población y el hábitat parecen inferiores a los del siglo XVI.

Sabemos que la población de Barakaldo experimentó un crecimiento superior al 100% entre 1704 y 1787. Ya en 1860, El Regato cuenta con 75 edificios habitados y 437 habitantes.

Los efectos de la industrialización también alcanzan a El Regato, donde se crea el poblado minero de Arnabal. El Nomenclátor de 1887 da 91 edificios y 860 habitantes de hecho. En 1900 estas cifras son, respectivamente de 112 y 993, si bien las viviendas de Bengolea parecen haber sido contabilizadas en el barrio de Retuerto a partir de este fecha. En 1910 se citan 97 edificios para vivienda y 1040 habitantes de hecho.

En 1904, El Regato contaba con una población de 995 personas. La actividad hegemónica es la minerí­a, como lo pone de manifiesto la estructura socioprofesional de esta población. Los jornaleros y sus familias (728) superan el 73% del total, contra el 15,80% de los labradores (157). La población autóctona, es decir, nativa de Barakaldo, asciende al 50%. Otro 19,40% procede del Paí­s Vasco, ascendiendo al 30,50% el contingente de inmigrantes del resto del Estado.

2. Organización tradicional del espacio (siglos XVI-XIX)

EVOLUCION DE LA POBLACION Y DE LAS VIVIENDAS DE EL REGATO (MUNICIPIO DE BARAKALDO)
Años Población de hecho Núm. edificios para viviendas Núm. de viviendas
1930 1434 143
1940 1213 169
1950 1123 156 199
1960 1060 241
1970 728 143 232
1981 573 159 236
1985* 526
FUENTES I.N.E.: Censo de la Población. Nomenclátor. Provincia de Vizcaya (varios años).

* AYUNTAMIENTO DE BARAKALDO: Padrón Municipal de Habitantes de 1981. Rectificación de 1985.

La evolución de la población, durante la postguerra, es descendente. El éxodo rural caracterí­stico de esta época se ve incentivado aquí­ por la proximidad del casco urbano de Barakaldo, y su oferta de mayor calidad de vida. De los 526 residentes contabilizados en 1985, 208 corresponden a la zona baja del valle (Gorostiza-Ureta, Mesperuza, Santa Lucí­a), y tan sólo 318 al núcleo de El Regato. Otras 29 personas residí­an en Bengolea. Se trata de una población envejecida, con una media de edad muy alta.

Los restantes núcleos de otros municipios no añaden efectivos humanos dignos de consideración estadí­stica. Su evolución histórica no puede seguirse puesto que, como ninguno de ellos es entidad de población, no aparecen en las fuentes. Actualmente (1987), el núcleo de Las Barrietas, del Valle de Trapaga, cuenta con 5 viviendas, en las que habitan 9 personas. En La Górriga, del mismo municipio, existe un solo núcleo familiar de 5 personas. En cuanto a Castaños, son 2 los residentes en sendas casas de Galdames, y la única ubicada en Gí¼eñes cuenta con otros 2 moradores. Las explotaciones agropecuarias de estas casas, así­ como las de otras actualmente deshabitadas, son atendidas a tiempo parcial por miembros más jóvenes de sus primitivos grupos domésticos, y que actualmente residen fuera de la zona.

A pesar de esta progresiva reducción de la población, la presión humana sobre el entorno es cada vez mayor. En la actualidad, el impacto más significativo está a cargo de los grandes contingentes de población del casco urbano, desplazados a diario y en fines de semana, para desarrollar prácticas de esparcimiento.

2.1. Ampliación espacial del agrosistema

Los impactos paisají­sticos se producen por los cambios en los usos del suelo. La alteración del medio natural no se debe tan sólo al binomio industria-urbanización, sino que las alteraciones producidas por el propio cambio de estructuras del medio ambiente rural han sido muy importantes.

Es muy poco lo que sabemos de la organización tradicional del espacio regateño con anterioridad al siglo XVIII. En 1492, varios vecinos de Galdames protestan por la irrupción de una yeguada en los pastos comunales de Onorio, de los montes de Triano. Las propiedades que el convento de mercedarios de Burceña poseí­a en el valle, durante los siglos XVII y XVIII, denotan la existencia de un terrazgo agrí­cola, así­ como de instalaciones siderúrgicas y de molinos -Bengolea (1633)-, todo ello en el fondo del valle y somos inmediatos: Bengolea, Gorostiza, Mesperuza, Urkullu y Tellitu.

En lí­neas generales, se produce una gradual ampliación espacial del agrosistema a costa del medio natural, motivada por la presión demográfica. La introducción del maí­z supone importantes cambios en la estructura agrí­cola. Retroceden los pastos y el área central del cultivo se concentra en las partes bajas de los valles, al tiempo que se produce una ampliación del área roturada. En Abando, anteiglesia vecina de la de Barakaldo, se crean roturas y novales a partir de 1596. La fogueración de 1704, efectuada durante el perí­odo depresivo del tránsito de siglo, testimonia que sobraban tierras y que se habí­a producido un reagrupamiento de las fincas abandonadas. A partir de ese momento, el crecimiento de la población se traduce en la ampliación del espacio roturado.

Las nuevas roturaciones se denominan con los nombres genéricos de roturas y quebrantas. Las primeras se realizan cultivando nuevos terrenos ganados al monte, que se explotan durante dos o tres años, mientras que las quebrantas consisten en la reducción definitiva a cultivo. La ampliación del área roturada en Barakaldo fue considerable a lo largo del siglo XVIII. Durante 1771-1775 Barakaldo obtuvo en sus tierras novales el 28 % de la cosecha de trigo, 21,35% de la de maí­z, 15,39% del chacolí­ y 53,93 % de manzana, siendo estos porcentajes en su conjunto los más elevados de Bizkaia.

Estas nuevas roturaciones han dejado huella perenne en la toponimia regateña. Existe un paraje y casa denominado La Quebranta, así­ como una Roturilla. Entre 1870 y 1879 se citan 72 roturas, ubicadas en 42 puntos diferentes de Barakaldo, casi todos ellos del valle de El Regato: Carrascal, Sotola, Ramo, Estubalse, Eelgarriz, Solagan, etc. Durante la segunda mitad del siglo XIX son numerosos los vecinos que se dirigen al Ayuntamiento en demanda de parcelas de comunal para someterlas a cultivo.

En cuanto a los cultivos concretos, Trueba constata la variedad y densidad de las especies frutí­colas existentes en El Regato hacia 1882. Sin duda, en la zona baja del valle ya existí­an cultivos de hortalizas.

La anteiglesia de Barakaldo fue uno de los principales productores de chacolí­ de Vizcaya. Las cosechas locales de 1857 y 1861 representan el 20% de las obtenidas en el conjunto del territorio histórico. En los deslindes y amojonamientos de montes comunales (1863-1888) se citan como linderos varios viñedos en Uraga e Iturripe. Por esos mismos años también existí­an viñedos en Tellitu.

Otra forma de ampliación del agrosistema a costa del bosque fueron los seles. E sel es un terreno de forma circular en medio del bosque, reservado para el cultivo del prado y pasto, y guarda del ganado. La sentencia del pleito citado (1533), enumera los seles de Barakaldo pertenecientes al Duque de Frí­as, de los que en base a la toponimia actual, únicamente pueden identificarse los de Ansoleta y Asalgieta (Salgeta) como ubicados en El Regato. Los deslindes efectuados durante la segunda mitad el s. XIX citan los de Modorrueta, el del Sr. Arana -hacia Iturripe- y el de Salgita sobre Tellitu. Otros edificios de carácter ganadero, probablemente más recientes, fueron las bordas o corrales de Traskilotxa, Vacuna, Argalario, etc.

Además de la explotación forestal, los montes de El Regato se dedicaban al pastoreo, fundamentalmente de ganado cabrí­o. En 1848 el ayuntamiento publica una disposición por la que se limita el pastoreo de ganado lanar a la zona alta de los montes. )e fija una lí­nea, rectificada en 1849, a partir de la cual y hacia abajo se amenazaron multas a los transgresores. Durante la segunda mitad del siglo XIX consta la práctica de esta actividad en los montes de La Tejera, Arrolaza, Beato, Tumba de Tellitu, Triskilotxa y Cauce de Bengolea.

2.2. Explotación forestal y siderurgia tradicional

2.2.1.-Explotación forestal

Los bosques de Barakaldo, de forma similar a los del resto del paí­s, eran de varios tipos. En primer lugar los espontáneos o naturales, más numerosos y de mayor extensión, poblados fundamentalmente de bortales (madroñales). Estos montes pertenecí­an a la anteiglesia y se destinaban a abastecer de leña el fuego de los hogares, si bien existí­an en ellos arboledas de propiedad particular. También proveí­an de carbón a los caleros y, al parecer, a las ferrerí­as. Las citadas arboledas de castaños y robles trasmochados, cuyas ramas serví­an para la elaboración de carbón vegetal, con el que alimentar los hornos de las ferrerí­as. Por último, las sebes o sieves, de las cuales unas eran naturales y otras plantadas de robles y castaños, que se cortaban por la cepa para reducirlos i carbón o para otros usos.

La operación de carbonización se realizaba mediante la combustión incompleta le una pila de madera, la «hoya» o carbonera, cubierta de arcilla y ramas, que ha constituido un elemento caracterí­stico del paisaje humanizado de El Regato hasta hace una treintena de años.

Bosque y ferrerí­a forman un binomio indisociable, puesto que la existencia de aquél es determinante para el emplazamiento de una ferrerí­a, a la que proporciona combustible. Una ferrerí­a tipo realizaba un enorme gasto de carbón y, por lo tanto, le madera: unas 3.500 cargas de carbón -o 15.000 de leña- anuales, es decir 2.500 m3 de madera. A partir de este dato es fácil deducir el correspondiente a las ferrerí­as existentes en El Regato. Las fanderí­as de Barakaldo, de tecnologí­a más moderna, ya utilizaban en 1803 carbón de piedra, procedente de Asturias e Inglaterra.

La historia de la siderurgia tradicional es el relato de la destrucción progresiva e imparable del antiguo «saltus». El proceso de deforestación comienza a fines del siglo XVIII para consolidarse durante la primera mitad del XIX. Además de las ferrerí­as, la edificación de nuevas casas y la tala y venta de montes para el pago de impuestos, serán las principales causas del retroceso del arbolado. Paradójicamente, la decadencia y desaparición de las ferrerí­as precipitó su tala, puesto que quienes viví­an de fabricar carbón o de acarrear vena se vieron obligados a roturar nuevas tierras, destruyendo el bosque.

Como todo bien escaso, los bosques de Barakaldo fueron objeto de apetencia, dando lugar a una serie de contenciosos entre ferrones, propietarios de montes, carboneros y municipio. El primero de éstos se produjo a mediados del siglo XVI, entre el Condestable de Castilla y el rentero de la ferrerí­a de Urkullu, contra los vecinos que «a mano armada talaron estas propiedades señaladamente el monte llamado Mala Cuesta», a quienes se condenó a pena de cárcel y destierro por tres meses.

En 1719, se produce un pleito para el cese en el aprovechamiento de 6.000 cargas de carbón en los montazgos situados en los lugares de Burzako, Olabarrieta, Urdandegieta y Urdaibi. Se especifica que estos dos últimos son madroñales, mientras que en los primeros el carbón se obtení­a a partir de las ramas de roble, quemándose los madroñales o bortos para facilitar la extracción de aquél. Parte de este carbón se destinaba a la ferrerí­a de Urkullu. Los dos primeros parajes están ubicados en la actual jurisdicción del Valle de Trápaga, y los segundos en la de Barakaldo.

Poco más adelante, en 1727, se reconocen los montes comunales de Barakaldo, para determinar qué partidas o cargas de carbón correspondí­an a las ferrerí­as de Aranguren, Bengolea, Urkullu y una cuarta cuyo nombre no se cita. Se determinó que, de las 9.415 cargas de carbón vegetal correspondientes a los montes asignados a la ferrerí­a de Aranguren, se reservarí­an 1.700 «para el gasto de las fogueras». Se reducen a carbón los “madroñales comunes”, exceptuando los troncos de castaños y otros árboles de propiedad particular.

En 1773, el propietario del monte llamado Belakola, en Tellitu, denuncia a un vecino por la «corta y tala por pie y rama» de castaños, robles y madroños para fabricación de carbón, tablas y «paliza» para emparrados.

A comienzos del siglo XIX, en 1804, se censan en Barakaldo 27 arboledas de robles y 33 de castaños, que representan respectivamente el 0,77% y el 5,73% de los existentes en Bizkaia. No se cita ningún arbolado de especies como el haya, encina o nogal.

El panorama de los montes públicos baracaldeses de 1863, estaba sumamente empobrecido, ya que se afirma de ellos: «Todos los expresados montes son sierra calva, y sólo en pequeños espacios producen argoma y broza, pero en tan corta escala, que los vecinos tienen que comprar leña en la Anteiglesia de Erandio y otras, y en las villas de Bilbao y Portugalete estiércol para abonar sus tierras de labor». Estos predios están «destinados á pasto del ganado de los vecinos de los respectivos barrios, y á criar broza, argoma y leña ó combustible, y a desahogo (esparcimiento) y conveniencia de los mismos vecinos». Ya en 1877, el ayuntamiento emite un bando en El Regato e Irauregui prohibiendo cortar cepas de borto en los «montes madroñales pertenecientes á esta Anteiglesia» y, este mismo año, impide la reducción a cultivo de un bortal en Poseta.

La especificación de las especies arbóreas existentes en los montes de propios de El Regato en 1866, permite evaluar los distintos usos de estos montes, cuya superficie representa más del 18% de la zona del valle sita en jurisdicción de Barakaldo.

El término impreciso de arbolar se refiere, sin duda, a especies tales como castaños y robles, que aparecen infravalorados en esta relación. En otras se llegan a contabilizar hasta diez castañares, ubicados por lo general en las laderas bajas del valle: Ureta, Uraga, Estubalse, Aresti, Arragua, etc. La ubicación del único robledal citado -Rementeria- corresponde a la ribera del Castaños. El resto de especies se distribuye entre catorce montes de bortal situados en las zonas altas: Entre Peñas de Tellitu, Peñas del Tope, Orcón, Sasiburu, La Llana, Hormillas, Modorrueta, etc. Otros seis de argoma y brezo se sitúan a la altura de los castañares: Capárraza, Beata, Cauce de Bengolea, Retozarta, Tumba de Tellitu y la Tejera.

El predominio del bortal, argomas y baldí­os es evidente. Sin embargo, es preciso no perder de vista que se trata únicamente de los montes públicos y que los montes privados, poblados de plantí­os de árboles, por lo general, no aparecen en las fuentes utilizadas.

2.2.2. Siderurgia tradicional (ferrerí­as)

La actividad de la siderurgia tradicional, es decir, de las ferrerí­as, ha ejercido un notorio impacto sobre el paisaje de El Regato. En primer lugar por la intensa deforestación producida, pero también por su infraestructura: edificios, canales y presas. Este último extremo también es aplicable a los molinos ubicados en las márgenes del Castaños.

El sistema de producción ferrerial, por etapas cronológicamente diferenciadas, determina diferentes emplazamientos de las ferrerí­as.

A) Perí­odo de las mazuqueras o ferrerí­as de aire. Desde los orí­genes hasta el siglo XV aproximadamente. Estaban constituidas por unos hornos donde se disponí­a el mineral de hierro y el carbón vegetal en capas alternativas, mezcla que sometida a combustión permití­a la obtención de un metal de baja calidad.

Los montones de escorias residuales delatan los primitivos emplazamientos de estas ferrerí­as. Se ubican en las zonas altas, en parajes que responden a una combinación lógica de facilidades para el abastecimiento de leña y mineral y para el aprovechamiento del viento. Estas ferrerí­as de ladera fueron muy numerosas en El Regato. En 1960 se catalogaron 17 en la cuenca alta del Castaños: 4 en La Risquera, 3 en las Cárcavas y Bedular, y sendas en Campa de Tellitu, Campa de las Herrerí­as, Gallarzaga, Ubieta, La Arana, Vacuna, Burzako, Prados y 2 en la Campa de Burzako. Desde entonces, se han descubierto otras en esta misma zona, así­ como también en las laderas de Arroletza y Sasiburu.

B) Perí­odo de las ferrerí­as hidráulicas. Estos establecimientos aprovechan la energí­a hidráulica para mover una rueda de palas, la cual activaba un gran mazo 9 batán que moldeaba el tocho de metal, al mismo tiempo que actuaba sobre un fuelle que activaba el combustible.

Se impone un cambio de localización, en función de la existencia de rí­os y arroyos. De aquí­ que estas ferrerí­as estaban sometidas al imponderable de la falta de energí­a durante la época de estiaje. El escaso caudal del Castaños, y aún más de sus afluentes, determinaba un largo perí­odo de inactividad, durante casi ocho meses al año. Este perí­odo era aprovechado por los ferrones para abastecer de carbón sus carboneras y de vena su arragoa, hoya o plaza donde se quemaban las venas para limpiarlas de impurezas.

En el año precitado, se descubrieron 15 de estas ferrerí­as hidraúlicas. En el arroyo Agirza: Urdandegieta (Urdiandieta), Las Mazuqueras, el Molinillo, la Presa, la Vena y Agirza. En el arroyo del Cuadro: Martxena, Arzolla, Loí­ola y Sakona (Urkullu). En el Castaños: Tollaran, Eskauriza, la Fanderí­a, Aranguren y Bengolea. Estas ferrerí­as disponí­an de cauces y presas para la conducción del agua. Conocemos la existencia de los cauces de Tollaran y Bengolea, así­ como de la presa de esta última. La de Aranguren se halla hoy anegada por las aguas del embalse de la Sefanitro. De la mayor parte de las restantes se conservan todaví­a trozos de presas, paredes, cauces, etc.

Estas actividades han dejado su impronta en la toponimia regateña: Bengolea, Mallararka, Uraga, la Fanderí­a, Rementerí­a, Sangradera, Mazuqueras, El Molinillo, las Herrerí­as, Arragua, etc.

No es posible ni procede analizar aquí­ las causas de la lenta agoní­a de nuestra siderurgia tradicional. El atraso técnico, la pérdida del mercado colonial, la falta de protección arancelaria, las dificultades financieras, el progresivo encarecimiento de las materias primas y, sobre todo, del cada vez más escaso carbón vegetal, se traducen en la progresiva paralización de estas ferrerí­as, hasta su extinción.

En El Regato, ya lo largo del siglo XVIII, se citan únicamente las ferrerí­as de Bengolea, Aranguren y Urkullu, de las que ya en 1795 tan sólo funcionaba una. En 1777, se edificó una fanderí­a para cortar hierro y fabricar clavazón. La desaparición de las ferrerí­as regateñas es muy prematura, puesto que el número de las existentes en Bizkaia permanece constante entre 1687 y 1799. Además del agotamiento del carbón vegetal, es más que probable que el problema del estiaje fuese determinante. Así­ parece indicarlo el hecho de que desaparezcan en primer lugar todas las ferrerí­as ubicadas en el curso alto y arroyos afluentes del Castaños.

Algunas de estas ferrerí­as se utilizaron paralela o posteriormente a su cierre como molinos. En 1633 ya se hablaba de la ferrerí­a y molino de Bengolea y, además, compartieron estas actividades las de Aranguren, Tollaran, Urkullu y Urdandegieta.

2.2.3. Molinos

También existió industria molinera en las orillas del Castaños. El molino hidraúlico funcionaba mediante el aprovechamiento de la energí­a de los cursos de agua. en 1745 existí­an 9 molinos en Barakaldo, de los que 3 correspondí­an a molinos-ferrerí­a, yen 1776 se citan 10. Los correspondientes a El Regato fueron: Bengolea, Aranguren, Retosarta, Tollaran, Urkullu y Urdandegieta. La utilización del caudal del Castaños para usos alternativos fue paralizando los últimos molinos existentes a finales del siglo XIX y principios del XX. La toponimia se hace eco de estas actividades hoy desaparecidas: Cauce de Bengolea, Tollaran, Retosarta, etc.

2.3. Actividades extractivas

2.3.1.-Minas

La actividad minera de mayor relieve en Euskalherria, y aun de todo el reino, tuvo lugar en la jurisdicción de los Siete Concejos del Valle de Somorrostro, limí­trofes con Barakaldo, cuyas explotaciones mineras debido a la alta calidad de su materia prima, la proverbial vena, cubrí­an gran parte de la demanda generada por los establecimientos siderúrgicos situados a lo largo de toda la cornisa cantábrica.

La titularidad de estas minas correspondí­a a las Encartaciones y podí­an explotarlas todos sus naturales, existiendo plena libertad para extraer mineral de donde quisieran. Así­ -pues, existí­an innumerables excavaciones en el yacimiento de Triano -unas 120 a finales del siglo XVIII-, utilizando una rudimentaria tecnologí­a -de ahí­ los frecuentes derrumbamientos- y con un exiguo número de operarios -de 3 a 5 cada una- casi todos ellos propietarios.

Por lo que respecta a los Tres Concejos (San Salvador del Valle, Sestao y Santurce), sus minas estaban ubicadas en los Montes Altos de Triano, colindantes con Barakaldo desde el alto de Yedal y Monte Corto hasta el de Burzako, con inclusión del barranco del Cuadro u Oiola, afluente del Castaños.

El impacto de estas pequeñas explotaciones sobre el medio fí­sico de El Regato es doblemente reducido. En primer lugar, por su constricción espacial al citado barranco. Pero, además, por la reducida extensión de las explotaciones -«pues la mayor no pasa de cincuenta pasos»- que no se hacen a cielo abierto, sino mediante pequeñas galerí­as.

La Junta de Avellaneda y los Tres Concejos trataron de restringir los derechos de extracción y acarreo de la vena para los naturales de las Encartaciones, lo que motivó frecuentes problemas con la colindante anteiglesia de Barakaldo, como en 1664. No obstante, desde finales del siglo XVIII hasta 1864, numerosos testimonios constatan que los naturales de la anteiglesia se dedican a la extracción de mineral en los criaderos de Triano, a su acarreo por el monte con bueyes o mulas ya su conducción por el Galindo en gabarras.

La extracción de mineral era una actividad estacional, que gozaba de plena actividad únicamente durante el estí­o. La normativa legal impuesta por los Concejos del Valle de Somorrostro trata de limitar los meses hábiles para el carreteo de las venas hacia los embarcaderos, así­ como el número de animales utilizados, con objeto de que no se descuidasen las faenas agrí­colas. En 1850, unos 500 carreteros y 40 gabarreros se encargaban de la conducción de mineral por los embarcaderos de Causo, Ugarte, Galindo y Somorrostro.

2.3.2. Explotación de canteras y caleros

La estabilidad del hábitat baracaldés, hasta el umbral de la revolución industrial, no genera una demanda significativa de materiales de construcción, por lo que las actividades extractivas ejercen un escaso impacto sobre el medio ambiente.

Durante esta época, las canteras eran de pequeña extensión y escaso frente de corte. En Barakaldo, cada barrio tení­a sus propias canteras, algunas de las cuales pueden localizarse por medio de la toponimia. En 1861 se plantan castaños junto a «las canteras de Urcullu requeta». En 1866 se cita el «sitio llamado la Cantera», en las inmediaciones de El Regato, a ambos lados del camino y confinando con el rí­o. El escaso impacto de estas canteras permití­a una paulatina recuperación paisají­stica una vez abandonadas.

La piedra arenisca, abundante en la zona, era el material más utilizado para todo tipo de necesidades constructivas -edificación de caserí­os, caminos, etc,- por ser más fácil de labrar en canterí­a que la caliza, la cual prácticamente no se utilizaba.

Otra actividad extractiva, de escaso volumen, fue la derivada de la industria cerámica tradicional. La pequeña tejera, ubicada en el monte denominado «La Tejera» -sobre Cruces y Tellaetxe- es más que probable ocasionara alguna pequeña calicata en la zona liminal de los barrios de Burzeña y El Regato.

Desde fines del siglo XVII se empieza a usar la cal como abono o enmienda agrí­cola, y su utilización se habí­a generalizado en el paí­s para 1766. El encalado fue una práctica muy utilizada para mejorar las tierras con exceso de arcilla, o bien de las demasiado ácidas, y sobre todo las sembradas de maí­z.

La cal se obtení­a mediante la calcinación de piedra caliza en unos hornos, denominados calero o calera en castellano, karabi o karobi en euskera. Se utilizaba argoma y brezo para alimentar el fuego. Estos hornos se construí­an en las inmediaciones de los caserí­os, próximos a una cantera de pequeña extensión y apenas visible en el paisaje, de la que se extraí­a la caliza.

Nuevamente, la toponimia local nos proporciona noticias de estas actividades. Ya en 1727, se cita el camino que va desde el Calero hasta el monte Askagorta. Junto a la primitiva presa de Gorostiza y actual casa de «Monto», se ubica el término denominado Calero o Caleru en 1860. En 1800 ya se cita el Calero de Mezquita, lugar próximo al actual cementerio de La Arboleda. Asimismo, en el barrio de Castaños consta la existencia de otro calero a comienzos del siglo actual.

Determinados topónimos regateños, tales como Hornillo de la Masia, Hornillo de San Roque, sugieren ubicaciones de pretéritos hornos de calcinación.

Pero es al pie del macizo calizo de Tellitu-Peñas Blancas, donde la toponimia ofrece ejemplos más inequí­vocos. La zona más antigua del barrio de Tellitu se conoce con el nombre de Karasoker, compuesto de karasa (mina de cal) y oker (torcida, equivocada). El «terreno denominado Carasoquer», según una escritura de peritaje técnico municipal fechada en 1867, limita «al poniente con peñascal del pueblo». El escarpe rocoso situado un poco más arriba de Karasoker se llama actualmente Peña Roche, nombre al que se le ha atribuido arbitrariamente la etimologí­a de Arriotxe (peña del buho). Pero en 1863, al efectuarse el deslinde del monte bortal llamado «Entre peñas de Tellitu», se fija el primer punto de referencia «en la cúspide y sobre la peña llamada Arroyeche». El significado de este topónimo es bastante transparente. Se trata de un compuesto de arroi=cantera, -del más usual arrobi- y de etxe=casa. Arroietxe=casa de la cantera.

Confirmando esta hipotética ubicación, en el propio Karasoker o algo más abajo existe un lugar denominado «pieza del Calero». Existió otro de éstos en la Peñorra, junto a la actual «casa del Portugués». Además, en Tellitu se tiene noticia de la ubicación de otros dos caleros más.

Cantera y caleros debieron ser de escasa entidad, puesto que no han dejado huella apreciable en el paisaje.

2.4.-Caminos y puentes

El Regato constituye, durante el transcurso de todos estos siglos, un pequeño núcleo de población mal comunicado con Amézaga-Retuerto, ví­a de acceso a la capitalidad de la anteiglesia y al Camino Real de Bilbao a Santander. Es más probable que, con anterioridad al siglo XVIII, los meandros del rí­o debieran atravesarse por los vados, lo que conlleva la imposibilidad o gran dificultad para la utilización del carro, debiendo efectuarse el transporte a lomos de caballerí­as, medio de transporte habitual de la sendas mulateras periféricas.

Durante todo el siglo XIX se suceden incesantes reclamaciones de los vecinos para que el ayuntamiento proceda a la reparación, o reposición, de alguno o de todos los puentes escalonados a lo largo del Castaños y de los arroyos tributarios del mismo. La documentación cita los puentes de Bengolea, Urkullurreketa, Igulis, Anbia-Eskauriza y los dos de Urkullu. Las frecuentes avenidas de aguas deterioran los puentes e invaden los caminos, también interceptados coyunturalmente por el ferrocarril «Luchana Mining». Reclamaciones y disposiciones municipales al respecto se suceden en 1832, 1841, 1846, 1847, 1859, 1862, 1864, 1871, 1873, 1876, 1877, 1879 y 1881. En 1870, se afirma que «se halla el Barrio del Regato aislado sin que puedan pasar ni caballerí­as ni peatones a no ser por el agua y cuando se aumentan las aguas no hay paso alguno».

En 1878, la mejora del erario público de la anteiglesia en ví­as de industrialización, habí­a permitido una reparación general o nueva construcción de cuatro puentes de madera en El Regato. Pero, todaví­a en 1891, el estado y la estrechez de los puentes impedí­an el tránsito de carros, imposibilitado frecuentemente también a través de los vados por las crecidas experimentadas por el rí­o.

Es fácil suponer el efecto negativo de estas deficientes comunicaciones sobre la economí­a del valle, y en particular de su industria, como lo hace notar la reclamación de 1859. Este serí­a, sin duda, un factor coadyuvante en la temprana desaparición de las ferrerí­as de El Regato. Por el contrario, el impacto medioambiental derivado de la existencia de ví­as de comunicación se ve minimizado.

3.-De la industrialización a la Guerra Civil (1876-1936)

3.1.-Ampliación espacial del agrosistema

A lo largo de estos años, continúa produciéndose una ampliación espacial del agrosistema. Surgen nuevas explotaciones en las laderas, sobre antiguos seles y bordas: la Mirandilla, Salgeta, Traskilotxa, Burzako, etc¡ Este último lugar, en el lí­mite de Barakaldo con San Salvador del Valle y Galdames, se convertirá en una barriada de cuatro casas hasta su desaparición, en 1955, debido a la plantación de pinos. Se intensifican y expanden los cultivos hortofrutí­colas, para atender la demanda procedente de los cercanos núcleos urbanos creados por la industrialización. La vegetación natural experimenta un proceso de degradación, retrocediendo los bosquetes de frondosas y matorrales en beneficio de los pastizales.

3.2.-Explotación forestal

Gran parte del empobrecido monte público baracaldés apenas sirve de soporte a una vegetación arbustiva de argomas y brezo, cuya extracción y transporte -con fines de abonado agrí­cola- se lleva a cabo mediante carretas. El Catálogo de los Montes de Utilidad Pública de Vizcaya (1901), tan sólo cita el madroño (borto) en, Barakaldo, omitiendo otras especies -roble, castaño, encina-. Estos bortales, aún importantes, sirven de soporte a la actividad carbonera sometida a una creciente demanda, tanto para usos domésticos como industriales, puesto que las baterí­as de A.H.V. y de Echevarrí­a utilizarán carbón vegetal al menos hasta 1915.

Durante los años que preceden a la Guerra Civil, numerosos obreros en paro someten a una explotación intensiva a los bortales sobre todo, a los más próximos al casco urbano (La Tejera, La Sieve, etc.), con objeto de abastecer de leña sus hogares y de comercializar el excedente obtenido. Una vez agotados estos bortales, extraen incluso las raí­ces.

La madera de roble es muy apreciada para traviesas de los ferrocarriles mineros y, en consecuencia, esta especie se ve sometida’ a una intensa tala. Los casi 3.000 robles existentes entre El Cuadro y Castaños (Galdames), conocieron este destino. Por estos mismos años, la denominada «tinta del castaño» acaba con buena parte de estos árboles que, entremezclados con robles, poblaban la parte baja del valle y que no se replantan, ya que su fruto ha perdido el papel que desempeñó en la primitiva dieta campesina invernal.

El Ayuntamiento de Barakaldo será uno de los primeros en establecer un concierto con la Diputación para la plantación de pinus insignis, repoblaciones que principiaron a fines de 1917 y se prolongaron hasta 1920. La calidad de su fibra para pasta de papel y su utilización como apeas para otros usos, determinan su introducción masiva. La plantación de grandes superficies de pino se inicia por la Diputación en 1928, como forma de paliar el paro, en la zona de Peñas Negras. Diversos propietarios se irán sumando a esta actividad repobladora, introduciendo el pino en sus montes.

3.3. Actividades extractivas

3.3.1. Minas

El crecimiento de la producción de mineral de hierro vizcaí­no estuvo estrechamente vinculado a las innovaciones técnicas -descubrimiento del Bessemer y a las necesidades de la siderurgia de Europa Occidental. La abolición de las últimas restricciones forales al término de la Guerra Carlista (1876), inclina definitivamente a la siderurgia británica a cubrir su déficit de mineral con importaciones de Bizkaia. Esto estimula la exportación y, posteriormente, las inversiones de las sociedades siderúrgicas de la Europa industrializada, que funda sus propias compañí­as mineras, tales como «Orconera Iron Ore», «Franco-Belge» o «Luchana Mining». La intensa explotación de la cuenca minera de Somorrostro determinó su declive a medio plazo.

El núcleo minero de El Regato o Arnabal, al S.O. de la gran mancha de Matamoros, se halla situado sobre bancos calizos intercalados en el cretácico inferior y otros sobre areniscas, cuya vena principal fue la hematites roja. Orográficamente, se escalona en las laderas que desde Argalario y Mendibil descienden hasta el fondo del valle recorrido por el arroyo Cuadro u Oiola. Las minas de mayor entidad fueron Las Julianas, en jurisdicción de Barakaldo, y sobre areniscas. También las de Paquitas, Manuelas y Lejana, en el contacto entre areniscas y calizas, ya en el Valle de Trapaga y Ortuella, a las que habrí­a que añadir la Pikwick. En las laderas de Argalario se asentaban, asimismo, las minas Elvira, Aumenta e Impensada.

Por lo que respecta a Tellitu y al macizo kárstico de Peñas Blancas, allí­ se ubicaron las minas Figueras, Elena, Augusta y La Negra. Debajo del Apuko las de Teresa, Salvadora, Emilia y Llanillos. En las inmediaciones de Saratxo (Gí¼eñes), las minas de las Teresas. Entre el Pantano Viejo y Castaños (Galdames), las de Polveros, Dificultosa y Gil Bias.

Las explotaciones y catas mineras fueron también abundantes en la zona de Sasiburu. Desde su cumbre hasta la presa del actual embalse de Sefanitro, se escalonaban las minas Paquita, Hormidas, Boni, Vicente, Berna, Bienvenida y la Concepción. Al otro lado de la carretera, sobre Mesperuza y Pasajes, son dignas de mención las minas de San Gregorio, San Pedro y Mingolea.

La calcinación del mineral se realizaba mediante hornos especiales, de los que la «Luchana Mining» tuvo establecidos tres en la mina Juliana y uno en La Paquita, del núcleo de El Regato. También, se aprovecharon mediante lavado los minerales procedentes de las escombreras de varias minas: Manuela, Plácido y Lejana.

Para alojar a la numerosa mano de obra empleada en las minas, se crearon nuevos poblados mineros. Gallarta y La Arboleda serán los dos de mayor entidad. En el valle de El Regato, se crean los de Arnabal, La Górriga (Lugorriaga) y las Barrietas (Olabarrieta).

Uno de los factores de mayor interés, por su gran impacto medioambiental, es que las explotaciones se realizaban fundamentalmente al aire libre o a cielo abierto, en forma de grandes canteras. Actualmente, agotados los yacimientos, queda una topografí­a atormentada. Las inmensas escombreras de esta zona suponen un elemento sobreañadido en la modificación o destrucción del paisaje. Sin embargo, subsisten algunos afloramientos calizos residuales de reducida extensión en Arnabal, pero de gran interés por su relieve kárstico, y el de Peñas Blancas permanece prácticamente intacto. Se añade a este interés el debido a la implantación de elementos de arqueologí­a industrial: hornos de calcinación, lavaderos de mineral, planos inclinados y vestigios de poblados mineros que constituyen. Paradójicamente, un atractivo adicional.

3.3.2. Explotación de canteras y caleros

El rápido incremento de la población baracaldesa, iniciado con el despegue demográfico consecuencia de la revolución industrial, se traduce en la promoción de numerosas viviendas, construcción de nuevos viales o reparación de los ya existentes y, por consiguiente, en una creciente demanda de materiales de construcción.

Existe escasa información sobre la incidencia de la actividad extractiva en el medio fí­sico del municipio, y menos aún por lo que concierne al valle de El Regato. A través de las actuaciones municipales, y hasta 1883, podemos constatar la existencia de varias canteras en este valle: La Reca, Uraga y Tellitu.

La secuencia cronológica de actuaciones se inicia en 1872, cuando Paulino Lecubarri solicita la saca de piedra en la cantera «de debajo de Uraga» próxima a la carretera, y el ayuntamiento se lo concede por término de un año, satisfaciendo renta de 160 reales.

También en 1872, Alejandro de Allende solicita al ayuntamiento «cantera en Tellitu». Se le concede sacar piedra durante dos años, abonando 300 reales, «sin que pueda perturbar á otro vecino sacar piedra para obra suya». Poco después, el concesionario alega que un vecino considera «que dicha cantera y terreno que ocupa son suyos». El ayuntamiento acuerda exigir a éste los correspondientes documentos de propiedad. Tras desestimar los documentos presentados por Leandro Moya, se acuerda ratificar el arriendo.

Poco después, este mismo año, comienza a extraer piedra de esta cantera Benjamin Smitt, contratista de las obras del ferrocarril de «Luchana Mining». Ante la protesta del arrendatario, el ayuntamiento «teniendo en cuenta que la cantera es del común y que se halla arrendada», acuerda que el alcalde inste al citado contratista para que interrumpa los trabajos extractivos.

Ya en 1873, Allende solicita que se le reintegren los 150 reales que entregó en depositarí­a por el arriendo. La corporación acuerda que se le devuelvan, «puesto que Alejandro Moya se ha hecho dueño de la referida cantera». Moya habí­a arrendado la explotación de la cantera al contratista de «Luchana Mining», quien construyó un camino más amplio de acceso a Tellitu, apto para acarrear la piedra extraí­da mediante carros tirados por bueyes. Más tarde, Tomás Santurtún «Tomasillo» sacó piedra de esta misma cantera para la construcción de la carretera de El Regato.

En 1879, Serapio de Goicoechea solicita permiso para sacar piedra en la cantera llamada «La Reca», paraje situado al parecer junto a Oskari. Por las mismas fechas, Alejandro Allende pide al ayuntamiento que le devuelva 200 reales «por una cantera que arrendó a este Ayuntamiento en el punto de Tellitu».

A partir de este momento, se inicia una fuerte demanda extractiva con destino a la reparación de caminos vecinales. Se sacaron a subasta 1.000 m.3 en 1880 y otros 400 m3  en 1883, procedentes de las canteras de Retuerto, Gastí­solo, Landaburu y sieve de la Tegera, situada esta última en el umbral del valle y siendo las restantes externas al mismo. Sin embargo, parece más habitual la utilización de escoria de la factorí­a siderúrgica de «Ntra. Sra. del Carmen», detectable a partir de 1859.

Más recientemente, hacia 1927, se extrajo piedra arenisca de una pequeña cantera situada en el Tumbero de Sestrika, bajo Tellitu, así­ como otra de caliza en las inmediaciones del barrio.

La mayor accesibilidad del entorno más inmediato del casco urbano, origina una mayor presión extractiva sobre éste que sobre el valle de El Regato, al menos por lo que concierne a la industria de la construcción. La única excepción corresponde a 1872, cuando se construye el nuevo ferrocarril a las minas de El Regato.

En cuanto a las actividades industriales propiamente dichas, la única digna de mención es la siderúrgica. El proceso de obtención del hierro en los hornos altos exige la utilización de piedra caliza como fundente, pero ésta procede de otras zonas. En 1909, la fábrica de Barakaldo recibí­a la caliza del distrito de Gallarta, y la de Sestao utilizaba caliza procedente de Galdames y Ortuella.

En cuanto a la cal, su utilización primordial durante esta época es como material de construcción. Desaparecidos los caleros tradicionales, se creó uno en Bituritxa (Lutxana), junto a la ví­a de «Luchana Mining», ferrocarril que le abastecí­a de materia prima. Funcionó hasta la Guerra Civil.

3.4. Ferrocarriles mineros y caminos

En 1871 se constituyó la «The Luchana Mining Company», que construyó 12,23 kilómetros de ví­a férrea estrecha desde las minas de El Regato y del Cuadro hasta los muelles de Lutxana, inaugurada en 1877. El ferrocarril propiamente dicho, de unos 7 Kms., tení­a su estación terminal sobre el núcleo de El Regato, lugar hasta el que descendí­a su plano inclinado para transporte de mineral, que llegaba hasta las inmediaciones de Peñas Negras. Las minas Figueras y Teresa enlazaban con este ferrocarril mediante sendos cables aéreos.

El impacto más notorio sobre el medio fí­sico lo constituyeron las obras de explanación, terraplenado y construcción de la trinchera de la ví­a. La prepotencia del contratista concesionario de las obras le hizo interceptar caminos y servidumbres públicas a lo largo de todo su trazado, mediante el desví­o de cursos de agua, la destrucción de trozos de camino o la obstrucción con materiales. Esta situación se inició en 1872, prolongándose durante años.

De esta forma, quedaron interceptados los siguientes caminos: de Amezaga a Urkullu; de Urkullurreketa a Mesperuza; Gorostiza-Mengolea-Barranco de Uraga; del Caleru a Kaparresa; de Eskauriza a Santa Lucí­a; de Eskauriza a Arnabal, Arestegi y barranco de Traskilotxa; de Urkullu a Poseta y Arestegi.

En 1879 aún no se habí­a efectuado la rehabilitación de los caminos interceptados. En 1888, con motivo de obras de reparación, se vuelve a interceptar el camino del barranco de Mazerka, dejando incomunicadas todas las heredades situadas al norte de la ví­a.

3.5. La industria del agua

El proceso de industrialización y urbanización de Barakaldo genera una demanda de agua para nuevos usos. Fundamentalmente, como materia prima en la industria siderúrgica (procesos de enfriamiento) y minera (procesos de lavado). Asimismo, como bien de consumo directo para la alimentación y la sanidad pública y privada de la población.

Lo que era un recurso natural de propiedad común pasa a ser un bien producido, con un mercado que asigna los distintos usos en competencia. El agua se reconduce desde sus cauces naturales hasta los puntos de ubicación y usos, con la consiguiente alteración del volumen que de forma natural discurre por dichos cauces.

3.5.1. Captación de agua en Bengolea

La industria es pionera en este proceso de nuevas utilizaciones del agua, y su impacto se ejercerá fundamentalmente sobre el rí­o Castaños o Regato durante esta primera época.

La sociedad «Ibarra y Compañí­a», propietaria de la fábrica «Ntra. Sra. del Carmen» -fundada en 1854- se convirtió en titular del aprovechamiento de las aguas de Mingolea y Regato y servidumbres de acueductos de conducción a la factorí­a, así­ como de los molinos Mingolea y Retuerto, adquiridos para compensar su pérdida de fuerza motriz a causa del nuevo uso.

En 1882, estos bienes son adquiridos por la sociedad «Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao». En 1909 su sucesora, la sociedad «Altos Hornos de Vizcaya», verificaba la toma para abastecer la fábrica de Barakaldo en Bengolea, por medio de tres bombas de impulsión, que conducí­an el agua a través de tuberí­as de 4 Kms., de longitud. En 1895, esta toma ascendí­a a 28 l., de agua por segundo, de los 38 que el rí­o llevaba en otoño. Los 10 l. restantes del cauce eran utilizados por los vecinos de las inmediaciones para el lavado de ropa en el rí­o. Esta captación motivó la protesta de 300 vecinos en 1887.

3.5.2.-Embalse o «Pantano Viejo»

Pero la actuación decisiva es la del Pantano de El Regato, denominado actualmente «Pantano Viejo». En base al primer proyecto, de 1895, José de Echevarrí­a y Rotaeche pretende construir dos presas en los arroyos de Castaños y Oiola, pronto reducidas a una sola en el primero de éstos, con objeto de abastecer los pueblos y fábricas de la Margen Izquierda. Se proyecta un volumen de agua embalsada de 560.000 m.3 sobre una superficie de 50.200 m!, y una presa de 30 m. de altura.

El Ayuntamiento de Barakaldo se opone frontalmente al proyecto, y el vecindario aporta más de 600 firmas contra el mismo. Las obras proyectadas supondrí­an la privatización de un bien de utilidad pública, necesario para diversos usos (lavado de ropa, riego, pesca, etc) e innecesario para un abastecimiento doméstico ya satisfecho, dejando en el rí­o un caudal de 20 I. por segundo.

Tras serias tensiones se llegó a un acuerdo, en virtud del cual el concesionario se obliga a ceder gratuitamente al Ayuntamiento de Barakaldo 12 I. de agua por segundo -que en 1905 eran sólo 9-, ya entregar en un depósito que éste construirí­a en Róntegui. Cede, asimismo, a la corporación municipal el molino de Aranguren por término de 99 años, mediante un canon simbólico. Este mismo año, el primitivo concesionario transfirió sus derechos a la compañí­a «Aguas de El Regato».

La presa se terminó en 1901, y el embalse pasó a propiedad de la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya en 1902. Definitivamente, la altura de la presa será de 18 m., ocupando el embalse una superficie de 20.200 m.2, y con una capacidad para almacenar 150.000 m3. Su longitud es de 500 m., y su anchura máxima de 75 m.

Su impacto medioambiental, al menos por lo que concierne al paisaje, no es excesivamente negativo. En la actualidad constituye un eco sistema húmedo de interesante vegetación y fauna. Es una zona idónea para actividades de esparcimiento.

3.5.3. Captaciones para el abastecimiento urbano

En la cuenca alta del Oiola, y ya en 1899, el Ayuntamiento de San Salvador del Valle, efectuó la captación de los manantiales de Ubieta, el Acebo y el Cuadro, en jurisdicción de Galdames, para la traí­da de aguas al barrio de La Arboleda. Poco después, la compañí­a de Aguas del Regato y la Luchana Mining, compiten por el aprovechamiento de las aguas de Onorio, Peñalada, Candibal, Marchena y El Cuadro. La primera, pretendí­a desviarlas hacia el embalse de su propiedad, y la segunda, destinarlas al lavado de minerales. Varios vecinos protestan contra la privatización del agua precisa para abrevar sus ganados, para el regadí­o y para el lavado de ropa de Barakaldo y poblaciones limí­trofes. Ortuella efectuará su toma de aguas en el manantial de Peñas Negras.

3.6. Contaminación del agua

Ya en esta época comienza a plantearse el problema de la contaminación de las aguas, derivada fundamentalmente del lavado de minerales. En 1899, el problema surge con la mina «Dificultosa». Además de los vertidos de lodo y residuos minerales, la incidencia de las escombreras de mineral introduce modificaciones en los cauces naturales de los arroyos. Con el fin de que los escombros de la mina «Polveros»» no afectasen a las aguas embalsadas en el Pantano Viejo, su concesionario obligó a los propietarios de aquélla a construir un túnel de piedra por el que, durante unos 150 metros, discurre el rí­o Castaños en el barranco de Las Mazuqueras.

Los nuevos métodos de pesca, mediante la utilización de dinamita y de cal viva, producen un sensible descenso de la fauna piscí­cola, ya hacia 1883, por exterminio de gran cantidad de truchas.

4. Posguerra, desarrollo y crisis (1939-1986)

4.2. Industrialización agraria

Durante este perí­odo se produce un reajuste del espacio cultivado. Se abandona el cultivo de la vid y, paulatinamente, de los árboles frutales, en beneficio de pastizales y pinares que ven aumentar su superficie. La horticultura se afianza en el fondo del valle, así­ como en las laderas de La Dinamita y Espinueta, próximas a la aglomeración urbana e intensamente humanizadas.

Los cultivos bajo plástico de horticultura intensiva, que comenzaron a introducirse en el Paí­s Vasco hacia 1970, constituyen una innovación técnica de muy reciente implantación en el espacio agrario de El Regato. Se trata, por el momento, de actuaciones muy localizadas, con una superficie cubierta en torno a los 1.000 ml. Los seis invernaderos-túneles de Santa Lucí­a en la falda del Argalario, los dos existentes en Urkullu al final de la carretera provincial, el situado en la orilla derecha del embalse de Oiola, más los dos de la vega de Gorostiza dedicados a cultivos florí­sticos, son los únicos existentes en la actualidad.

Al impacto visual ejercido sobre el paisaje, hay que añadir las obras de captación y desví­o de agua: para mantener irrigados estos cultivos industriales.

4.3.2. Explotación forestal, pistas e incendios

El perí­odo de autarquí­a económica inmediatamente posterior a la Guerra Civil, prolonga la utilización del carbón vegetal como combustible barato. Durante estos años, incluso llegó a utilizarse en los gasógenos como alternativa a la escasa gasolina. Los últimos carboneros prolongaron sus actividades hasta el umbral de la década desarrollista (1960). Aparte de algún otro ejemplo aislado en la zona baja del valle, el carboneo intensivo tuvo su último reducto en Castaños y Salgeta (Tellitu), cuyos carboneros abastecieron el consumo doméstico de Ciérvana, Gallarta, Triano, La Arboleda, El Regato y Burzeña. La materia prima se obtiene de los bortales, cuya extensión va quedando reducida a pequeñas extensiones: Tellitu-Peñas Blancas, barranco de Ansoleta, Las Mazuqueras, Agirza, etc.

A partir de 1937 comienza a recogerse el fruto de las primeras plantaciones de pino insignis. La rentabilidad de este árbol, tanto para su reducción a celulosa como para la industria de la construcción, hace que se repueblen con el mismo la mayor parte de los montes particulares, incluso los menos aptos. En El Regato se crean grandes masas forestales de insignis en la ladera N. de Apuko, NO. de Sasiburu, Santa Lucí­a, Orkon-Frados, Agirza-Eretza, zona de Cotarros y Alto de Galdames. En la zona de Saratxo-Castaños, la Papelera Española adquiere pinares a sus antiguos propietarios, con destino a su planta de Aranguren. También se crean repoblaciones de pino marí­timo en la ladera N.E. de Sasiburu (Kukutxas), así­ como de eucaliptus en Kaparruza y La Arana, estas últimas, de pequeña extensión.

La mayor parte de los bosques de pino que rodean al Regato sufren periódicamente incendios, cuyas causas obedecen a la negligencia ya la intencionalidad. Recientemente, los incendios han devastado la ladera N. de Sasiburu, destruyendo pinares y eucaliptales, principalmente.

Las numerosas pistas forestales trazadas en estos bosques de pino sirven para esquilmar el monte, a la par que producen una mayor erosión del terreno. También constituyen una ví­a de penetración para los cazadores, así­ como un efecto visual desagradable.

La desaparición de especies autóctonas, con la plantación de estas especies de crecimiento más rápido y de mayor rentabilidad, se traduce en talas masivas a matarrasa que se suceden periódicamente, acabando con las especies arbustivas y los retoños del bosque original que resurgen bajo la cúpula de coní­feras. Asimismo, favorecen la erosión y los desprendimientos «derruñadas», al dejar al descubierto la tierra en laderas con fuerte pendiente, lo que también conlleva un gran empobrecimiento del suelo por pérdida repentina de cobertura.

En las zonas altas de Argalario y Apuko existen numerosos brotes de roble, resto del antiguo bosque de frondosas que pobló estas laderas, y que son insuficientes para una repoblación espontánea. El pastoreo indiscriminado, que acaba con estos brotes, es otro de los factores que impide la repoblación de las zonas citadas.

4.3.-Canteras: Tellitu y otras.

Durante este perí­odo, y una vez superada la etapa de la autarquí­a económica, el paí­s emprende un proceso sostenido de desarrollo. El vertiginoso crecimiento demográfico de Barakaldo y Margen Izquierda se traduce en una intensa demanda de materiales de construcción.

Cronológicamente, la primera cantera en explotación tuvo un reducido perí­odo de existencia, asociándose a la construcción de la presa del nuevo embalse de Sefanitro (1944-1947). Situada a unos 100 m. de la presa, junto a la carretera, y en dirección a El Regato, el impacto visual de esta antigua explotación es evidente, habiéndose perpetuado asimismo la denominación de «La Cantera», con la que hoy se conoce al lugar.

A corta distancia de ésta, unos 300 m., en dirección a El Regato, existió una pequeña cantera para la obtención de arenisca, situada entre la carretera y los caserí­os de Uraga. Contó con una pequeña planta de trituración que, adquirida en 1961 por los propietarios de la cantera de Tellitu, se dedicó, fundamentalmente a partir de ese momento, a la trituración de materiales calizos procedentes de aquélla. La de Uraga prolongó su actividad durante algunos años más, abandonándose con anterioridad a 1970. El tipo de suelo ha permitido una rápida regeneración de la vegetación, que actualmente cubre las paredes del primitivo corte.

Hacia 1957, se pone en marcha la cantera de Tellitu, en el macizo kárstico de Peñas Blancas, cuyos trabajos se prolongarán hasta comienzos de los años 70. Su frente de explotación es de 50 m; de longitud por 30 m. de altura. Tras permanecer inactiva durante varios años, en 1975 la empresa da cuenta al ayuntamiento de Barakaldo de su propósito de reanudar las labores de la antigua explotación. De esta forma, da principio un prolongado contencioso, que aún no ha concluido, y del que resumiremos sus rasgos más significativos.

Es en abril de 1976 cuando la empresa «Hormigones Vascos», a la vista de la obsolescencia de las primitivas instalaciones, decide instalar una nueva planta, para lo que solicita licencia municipal. En aquel momento, aún no ha descendido la actividad de la industria de la construcción inmobiliaria, y se espera una fuerte demanda procedente de la construcción de los muelles y escolleras del Superpuerto.

A partir de ese momento, se inicia un movimiento de oposición popular a la cantera, y de defensa del entorno. La Asociación de Familias de El Regato pide la paralización de las obras en marzo de 1977, y con ella todas las de Barakaldo. Se realizan recogidas de firmas y asambleas, además de manifestaciones y excursiones colectivas que, partiendo de Barakaldo, acaban en asambleas al pie de la cantera. Esta movilización popular se prolongará durante los diez años siguientes.

El alcalde decreta la paralización de las obras, en enero de 1978, por carecer de licencia municipal, pero éstas prosiguen y la planta de trituración se termina hacia mayo de 1979. En agosto de 19781a empresa comunica que se han iniciado las obras de la carretera de acceso, desde Tellitu a Basatxu, cuya detención ordena la alcaldí­a en enero de 1979. Cantera y carretera se paralizan, pero una vez que las obras de construcción de la primera han finalizado.

Las AA.VV. solicitan, en julio de 1979, la demolición de la cantera y la restitución del entorno fí­sico dañado por su construcción. La permanente municipal acuerda, en 1982, la denegación de licencia y consiguiente demolición de lo construido, hecho que no se llega a concretar. Sin embargo, ya pesar de que la mayorí­a se posiciona contra la cantera, los partidos que integran la corporación van a mantener a partir de aquí­ posiciones divergentes. PSOE, HB y EE, se posicionan en contra; PNV y CP, a favor. Los primeros, junto con otros partidos minoritarios, sindicatos, ecologistas, movimiento ciudadano y varios grupos culturales, constituyen una Coordinadora Anticantera.

A lo largo de estos años, las instalaciones sufrirán diversos atentados de bomba, reivindicados por ETA, el cuarto de los cuales se produce a finales de 1985, y que ocasionan daños de diversa consideración.

En las Normas Subsidiarias no se contiene prohibición expresa de la actividad en litigio, si bien en ellas se considera la zona de El Regato como de reserva absoluta y objeto de especial protección municipal en defensa de sus valores naturales y paisají­sticos. Pero el Gobierno Vasco dictamina, en abril de 1985, que se modifiquen estas Normas para recoger la regulación del uso extractivo y el trazado de los accesos, solicitando una franja de protección paisají­stica que «suavice el impacto de la actividad extractiva» de la cantera. Poco después, el Ayuntamiento interpone recurso contencioso-administrativo contra esta resolución.

Canteras Basurto, que adquirió 100.000 m.2, de la Peña de Tellitu en 1974, indica en julio de 1985 que seguirá los pasos de Hormigones Vascos, en caso de prosperar la resolución.

Otro hito legal es la decisión de la Audiencia Territorial de Bilbao (30-XII-1985) considerando concedida la licencia «por silencio administrativo», decisión recurrida ante el Tribunal Supremo por el Ayuntamiento de Barakaldo (1986). En fecha reciente (24-II-1987), este alto tribunal emitió su sentencia, en la que se considera que Hormigones Vascos no poseí­a licencia para la construcción de la cantera.

A lo largo de 1986, la Coordinadora Anticantera recaba apoyo de la Comisión de Cooperación con la UNESCO. Los hosteleros de El Regato se posicionan en contra de la cantera, que lesiona el atractivo turí­stico del valle.

La capacidad de producción de esta cantera es de 720.000 tm/año -3000 diarias-, y la cifra de camiones necesaria para la evacuación de sus productos se calcula en unos 200 diarios. A este ritmo de explotación, la vida activa de la cantera se prolongarí­a durante 36 años. Las reservas de caliza estimadas ascienden a 27.046.845 t. (10.017.350 m.3, sobre una superficie de 55.050 m2 (ENADIMSA, 1985, 33).

Los impactos de la actividad extractiva proyectada sobre el medio fí­sico, plantean la casuí­stica habitual de este tipo de explotación: emisión de polvo, peligro de voladuras, efectos contaminantes de los acuí­feros cercanos, emisión de ruidos e intenso tráfico.

La cantera implica la destrucción parcial del karst de Peñas Blancas, afectando directamente a una superficie en planta de 14 Has., y el previsible deterioro del resto, con toda su riqueza de recursos naturales y culturales: cuevas y yacimientos paleontológicos, red hí­drica del macizo, etc. Elimina uno de los ecosistemas mejor conservados del municipio, constituido por sendos bosques de encina y borto (madroño), y otro mixto de roble y castaño en las proximidades del macizo, además de otras doscientas especies vegetales. Con las cuevas desaparecerí­a la única escuela de espeleologí­a de la Margen Izquierda.

Pero el impacto de la cantera proyectada en Tellitu desborda el carácter de una actuación puntual y localizada. Las actividades de transporte, asociadas a la extracción de piedra descartan como zona de esparcimiento el amplio espacio comprendido entre Basatxu y el Apuko, a lo largo de la carretera de acceso. Legitima actuaciones análogas, o de otra í­ndole lesiva, incompatibles con la protección de los recursos naturales. En suma, pone en entredicho la calificación de El Regato como espacio natural a proteger, e hipoteca su utilización como espacio de ocio.

4.4. Carreteras y grandes caminos

Si durante la época preindustrial, e incluso durante las primeras etapas de la industrialización, el valle de El Regato sufrió un déficit estructural de accesos viarios, ahora la situación se invierte, debido a los nuevos usos del suelo.

La carretera provincial de Retuerto a El Regato es el eje vi ario del valle, al menos por lo que respecta a la zona de jurisdicción baracaldesa. Una serie de pequeños ramales asfaltados u hormigonados comunican ésta con las barriadas ubicadas en las laderas: Mesperuza y Tellitu. A Santa Lucí­a y La Mirandilla se accede mediante un ramal, también asfaltado, de la carretera que conecta con la provincial en Argalario.

Otra serie de carreteras o caminos constituyen accesos a las obras de ingenierí­a ubicadas en el valle: sifones de El Regato -desde Zabalenkanpa/Sobrecampa y Basatxu-, embalse del Cuadro u Oiola, embalse de A.H.V. (Pantano Viejo). Un tercer grupo lo constituyen los grandes caminos de uso forestal: del Cuadro, del embalse de Sefanitro, de El Regato a Mina Polveros, así­ como el de Luchana Mining sobre el tendido de la antigua ví­a. La carretera de la Dinamita y ladera de Gorostiza, constituye una penetración lateral en la zona baja del valle.

A todos estos viales es preciso añadir la pista de acceso a la cantera de Tellitu, construida sin permiso en 1978, que pone en comunicación a ésta con el camino del sifón de Basatxu. Tiene 2.275 m. de longitud, encontrándose su trazado sin concluir, y se utiliza como acceso a los cultivos y prados de la zona.

Este subsistema viario totaliza una longitud de unos 27 Km., para una superficie de 12 km2 La relación incluye el total de grandes viales existentes, al que habrí­a que sumar numerosas pistas forestales, como las existentes en la ladera. N. de Sasiburu, Orkon y Burzako, además de un sinnúmero de caminos y sendas.

Ya en las jurisdicciones vecinas, la carretera de mayor importancia es la que comunica Zaramillo con Castaños, a través de Saratxo, que penetra en el valle por el corral de Vacuna. El tramo a partir de este último barrio es de reciente construcción, y su longitud aproximada desde Vacuna es de 1.500 m. A partir de esta carretera, toda una red de pistas forestales conecta con Burzako y Peñas Negras, a través de las laderas de Eretza, Ganeran y Pico Mayor. Un último eje de viales recorre la cresterí­a de los Montes de Triano, entre Peñas Negras y Mendibil, dando acceso a las barriadas de La Górriga y Las Barrietas. Los accesos a esta red de caminos se efectúan a través de las carreteras que de La Arboleda conducen hasta Pefias Negras y el cementerio.

Los impactos generados por estas carreteras son diversos. En primer lugar sobre el paisaje, con la creación de importantes taludes y desmontes, desviaciones de arroyos, etc., que constituyen importantes agresiones a la naturaleza. Pero, además, posibilitan el acceso del tráfico rodado, y con él de actuaciones destructoras o contaminantes: vertederos incontrolados, lavado de coches, caza, etc.

El trazado de las pistas ha lesionado seriamente el patrimonio arqueológico, destruyendo monumentos megalí­ticos como el crónlech de Kanpazaulo y ruinas de ferrerí­as. La de la cantera de Tellí­tu deteriora como zona de esparcimiento el amplio espacio comprendido entre Basatxu y Apuko, ya que la puesta en funcionamiento de aquélla ocasionarí­a un denso y ruidoso tráfico de grandes camiones. (ENADIMSA, 1985, 53-55).

4.5. La industria del agua

La modificación del medio ambiente que van a producir las grandes obras públicas para abastecimiento de aguas durante este perí­odo es permanente, ejerciéndose de forma preferente sobre el paisaje, porque el principal impacto se ejerce por su vulnerabilidad visual, como en el caso de las tuberí­as de conducción de aguas, grandes depósitos y presas de los embalses. Estos últimos, que anegan suelo agrí­cola y reducen el caudal del Castaños a lí­mites bajo mí­nimos, son lo que confieren una gran singularidad al área, puesto que crean un biotopo de interés que no existí­a con anterioridad.

4.5.1. Embalse de Sefanitro

Su construcción se inició en 1944, paralelamente a la de la empresa propietaria, ubicada en el barrio de Bituritxa (Lutxana), siendo concluida en 1947.

La altitud de su presa es de 20 m., y la anchura de la misma 23 m., siendo su capacidad de embalse de 1.250.000 m3. La longitud del embalse es de 2.200 m., y su anchura máxima 235 m.

El impacto ambiental de este embalse fue decisivo, modificando buena parte del fondo del valle. Anegó el pequeño barrio de Aranguren, integrado por cuatro edificios habitados, entre los que se encontraba la casa solar con el molino-ferrerí­a y, además, la ermita de la Concepción. Desaparece suelo destinado a usos agrarios. La primitiva carretera, cubierta por las aguas embalsadas, es sustituida por otra nueva, cuyo trazado aprovecha parcialmente el del antiguo ferrocarril de Luchana Mining. Su construcción, y posterior ampliación, se efectuó destruyendo las ruinas de La Fanderí­a, situadas en las inmediaciones del núcleo de El Regato. A partir de la puesta en funcionamiento del embalse, el caudal del curso inferior del rí­o Castaños se reduce a una cantidad í­nfima, siendo prácticamente inexistente durante las épocas de estiaje. La comunicación entre las laderas de Argalario y Sasiburu se interrumpe, puesto que todos los caminos de servidumbre son interceptados por el embalse.

4.5.2. Embalse del Oiola

El vertiginoso crecimiento demográfico de Barakaldo durante el tránsito de los 50 a los 60 implica, entre otras cosas, una notoria insuficiencia del abastecimiento público de aguas. Para hacer frente a esta necesidad, el Ayuntamiento emprende la construcción de sendos embalses en Artiba (Alonsotegi) y en El Regato-Arnabal paraje de Oiolaen jurisdicción del Valle de Trápaga.

Las obras de este último se emprenden en 1958, y su puesta en servicio data de 1964. La altura de su presa es de 42,6 m., su capacidad de embalse es de 875.000 m3., con una cuenca de captación de 6,4 Km2.

Al impacto del propio embalse, es preciso añadir el de la carretera de acceso, construida en parte sobre la antigua ví­a y plano inclinado del ferrocarril de Luchana Mining. También el depósito de las Campillas, al otro extremo del valle -sobre Bengolea y Retuerto- y la tuberí­a desde el pie de la presa hasta este depósito regulador, con una longitud de 7.611,70 m.

Con anterioridad a la construcción del embalse, Barakaldo ya se abastecí­a de aguas procedentes de los manantiales de «El Cuadro» o Loyola. En 1945 se llevó a efecto la captación en El Regato del manantial denominado «Tellitu».

4.5.4. Conducción de aguas del Consorcio

El Consorcio de Aguas del Gran Bilbao construyó, en 1968, una tran tuberí­a para el abastecimiento de los municipios integrados en el mismo, procedente de los embalses del Zadorra (Alava). Durante parte de su trazado por el valle de El Regato, esta tuberí­a va al descubierto entre los sifones de Oskariz y la Mota, unos 600 m., entre dos laderas de fuerte pendiente, con gran impacto visual. El resto del trazado, desde el sifón de La Mota a Zabalenkanpa/Sobrecampa en dirección a los depósitos del Consorcio en Agirre, se halla cubierto por una carretera as faltada de acceso al sifón. También desde los depósitos del collado de Basatxu -13.000 m3- hasta el otro sifón se construyó una pista de 600 m. de longitud, con la que enlaza actualmente la de acceso a la cantera de Tellitu.

Al impacto visual de la tuberí­a, es preciso añadir el inducido por las pistas de los sifones. En el de La Mota se han creado vertederos incontrolados y zonas de lavado de vehí­culos en el barranco de Pasajes. Las del sifón de Basatxu y la cantera se han convertido en un acceso a las laderas de Sasiburu, utilizadas preferentemente por excursionistas y paseantes del barrio de Cruces.

Por esta misma época, AHV construyó otra tuberí­a a partir de su embalse, con tramos elevados de acueducto.

4.6.Otras obras de ingenierí­a

4.6.1.Tendidos eléctricos de alta tensión

Son tres que, procedentes de la subestación transformadora de La Cuadra, van hasta la de Urioste. Atraviesan el valle de El Regato desde Saratxo y Vacuna hasta Bitarratxo y Mendibil. Fueron tendidos a finales de la década de los 60 o principios de los 70. Otras dos más cruzan la zona baja del valle, de La Dinamita a Espinueta, sobre el Polideportivo de Gorostiza.

Su impacto sobre el paisaje es fundamentalmente visual. Pero, en su dí­a exigió el trazado de varias pistas lineales, cuyas huellas aún son visibles sobre el paisaje.

4.6.2.Gasoducto

Su trazado cruza la zona baja de El Regato (Gorostiza), procedente de la cumbre de Arroletza o Kanpitxu hasta Ureta, en el fondo del valle, para desde allí­ ascender hasta la loma de Espinueta, desde donde desciende a Retuerto.

Para tender esta tuberí­a de «Gas de Euskadi» en 1985, se excavó una gran trinchera, posteriormente cubierta, y cuyo impacto visual sobre el paisaje aún es evidente.

4.7. Vertederos

Son otro de los grandes peligros que amenazan a la zona. En ésta, existen por lo menos tres vertederos de importantes dimensiones, siendo el más importante el que está situado encima del Colegio “El Regato”, en los parajes denominados Olarte y Modorreta. Este vertedero constituye una importante amenaza por su rápido crecimiento -se trata de vertidos a gran escala- así­ como por su potencial contaminante y destructor del paisaje, habiendo producido en 1985 un incendio que devastó las laderas de Santa Lucí­a. Le sigue en orden de importancia el vertedero ubicado entre el camino del Cuadro y el de Luchana Mining, sobre el núcleo de El Regato.

Además de estas acumulaciones concretas, por vertidos sistemáticos, los vertidos esporádicos ocupan también un volumen apreciable, pero más disperso. Se acumulan preferentemente en las orillas de las carreteras y de caminos por los que penetran vehí­culos de transporte, aumentando considerablemente durante los fines de semana. El vertedero de la presa del embalse de Sefanitro, así­ como el del barranco de Pasajes, constituyen dos ejemplos significativos, que se asocian a sendas zonas de lavado y limpieza de turismos. En este último se han depositado, además, restos de amianto y fibra de vidrio, así­ como muebles y otros objetos inútiles por su estado. En fecha reciente (5-111-1987), el Ayuntamiento de Barakaldo decidió prohibir el depósito de escombros en Pasajes.

4.8. Contaminación del aire y del agua

Carecemos de datos fidedignos al respecto, por la ausencia de mediciones fiables y sistemáticas. Sin embargo, y dados los altos í­ndices de contaminación del aire en zonas urbanas muy próximas -Cruces, Retuerto- es presumible que los existentes en Gorostiza no deben ser muy inferiores. En cuanto a la contaminación del agua, no tiene demasiada relevancia, al no destinarse al consumo humano. Se observan vertidos sólidos en el rí­o Castaños a su paso por el núcleo de El Regato, e incluso en la laguna de la Pozorra, ubicada a 359 m. de altitud, adonde son transportados de forma peatonal.

La fauna piscí­cola -truchas, cangrejos, etc se ha reducido considerablemente por la excesiva depredación a la que se ve sometida.

4.9. Varios

En este epí­grafe puede citarse la estación repetidora y edificio anexo que, como enlace de transmisiones de la Policí­a Municipal, se ha construido en la cumbre del Argalario. Resulta de gran impacto, por la vulnerabilidad visual de la zona.

4.10. Equipamientos y servicios

Los equipamientos educativos, al margen del tradicional colegio público situado en la plaza de Anbia, se reducen al Colegio privado «El Regato», cooperativa de enseñanza de Barakaldo y sus proximidades. Este centro, inaugurado en 1971, está situado en Olarte, junto a la carretera provincial. Su impacto actúa en detrimento de la calidad paisají­stica de todo el valle, puesto que su cuenca visual comprende buena parte de las laderas de Sasiburu y de La Mota.

En el monte Dinamita o Tejera se emplaza el Instituto de Higiene y Seguridad en el Trabajo, ya en el lí­mite entre el valle y el barrio de Cruces.

En la zona baja del valle se ubica el Complejo Polideportivo de Gorostiza, cuya puesta en servicio data de 1974, e integrado por instalaciones cubiertas y al aire libre. Contiguo al mismo se encuentra el Parque de Tellaetxe. Este último, de propiedad municipal, es una zona ajardinada de 168.405 m.2 donde se desarrollan actividades espontáneas de esparcimiento, así­ como las programadas por el Servicio de Juventud y Tiempo Libre del Ayuntamiento.

Con objeto de proporcionar espacio suficiente al Complejo Polideportivo, fue necesaria la desviación y canalización del rí­o Castaños, convertido en un colector de hormigón a su paso por las instalaciones, destruyéndose la presa de Bengolea y la arboleda allí­ existente. Existe la posibilidad de que su futura ampliación se oriente hacia la vega de Gorostiza.

El importante contingente de usuarios que se desplaza diariamente a este servicio -a pie, en autobús o en coche-, ejerce un serio impacto de compactación del suelo y destrucción de la vegetación sobre el entorno más próximo, además de un efecto multiplicador de los visitantes del resto de valle. La afluencia de visitantes experimenta un notorio crecimiento durante la estación estival.

Otro equipamiento terciario fue el Campo de Tiro, situado sobre el núcleo urbano de El Regato, para cuya construcción fue necesario explanar y rellenar la vaguada del arroyo Mazorreka. Además de este impacto fí­sico, produjo una sensible contaminación por ruido. En la actualidad se encuentra abandonado.

Recientemente, en 1986, la Diputación ha emprendido la construcción de un refugio de montaña en las inmediaciones del Eretza. Las obras de la nueva pista de acceso han destruido el crónlech de Kanpazaulo.

Otro tipo de servicios, los de esparcimiento y hostelerí­a, se concentran en el núcleo de El Regato, con la única salvedad de los merenderos y «carrejo» de Ureta-Gorostiza. Un primer impacto lo constituyen los edificios donde se asientan, dos de ellos de moderna construcción. Es de mucha mayor trascendencia el elevado número de usuarios atraí­dos por estos servicios, considerable a diario y mucho más numeroso durante los fines de semana, y cuyo medio de transporte preferente es el automóvil.

4.11. Actividades de esparcimiento

Ubicado a escasos kilómetros del casco urbano baracaldés, el valle de El Regato constituye, desde hace muchos años, un área de vocación recreacional, un espacio del ocio frecuentado por los habitantes de Barakaldo. El curso del Castafios, la pesca, las masas forestales y el singular paisaje constituyen factores de atracción, facilitada por la accesibilidad de este espacio. Los embalses, en especial el de Sefanitro, dotan de alicientes adicionales a la zona.

Sin embargo, inmediatamente antes y después de la Guerra Civil, existen serias limitaciones a la demanda de actividades recreacionales. La primera de ellas, es el escaso tiempo libre de la población industrial. Otra, no menos importante, es que los desplazamientos deben realizarse a pie o en bicicleta, por la escasa difusión del automóvil privado. Por otra parte, el obrero-agricultor de la periferia del casco urbano aún no está definitivamente alienado de la naturaleza, y su relación con ésta se expresa en términos utilitarios y no recreativos. Esta misma periferia u orla rural constituye un espacio alternativo más próximo para la práctica del paseo. Tan sólo minorí­as muy concretas, como algunos colectivos libertarios de Barakaldo, utilizan preferentemente la zona baja del valle para la práctica del naturismo (nudismo). Su utilización como espacio de ocio, y la práctica de actividades fí­sicas de esparcimiento tan sólo se hará extensiva a grandes masas de población en etapas más recientes .

Durante la década de los 50 y buena parte de los 60, la actividad de esparcimiento más frecuente es el paseo por la carretera y orillas del embalse, así­ como a puntos muy concretos de la zona baja: campa de la Arboleda (Bengolea), fuentes de la Salud y de Bilgarriz. Otros paseantes, a través de Basatxu, alcanzan el refugio del «Tostadero» y «Las Duchas», atraí­dos por los alicientes del agua y de la insolación estival. Se practica, como durante la preguerra, el picnic familiar en las riberas del Castaños. El Pantano Viejo es un punto mucho menos concurrido, por la mayor distancia existente.

Existen otras ocasiones recurrentes o esporádicas de esparcimiento que, aunque de periodicidad anual, son significativas por el gran número de participantes. Se trata de las festividades: San Roque, en El Regato, y Santa Lucí­a, en la ermita de su nombre y campa de Bengolea, desaparecida esta última en 1941 y recuperada en 1986. Durante la primera de ellas, los miles de baracaldeses asistentes -se llegó a hablar de 30.000 hacia 1962 se diseminan por las campas y laderas para comer en grupos familiares o amicales. Ese dí­a, El Regato queda convertido en un vertedero, y la vegetación sufre serios quebrantos. Años más tarde, la difusión de los desplazamientos vacacionales, así­ como la transformación general del estilo de vida, restan asistencia a la festividad. También diversas entidades, tales como colegios y cooperativas de consumo, organizan periódicamente excursiones por el valle.

Otra actividad es el paseo o excursión por monte. Se trata de una práctica no vinculada al ocio de grandes masas, pero sí­ de una minorí­a muy significativa. La ruta más concurrida es la que por Basatxu y «carretera» de los Galdameses se dirige a Peñas Blancas, con extensiones a las cumbres de Arroletza y Apuko, prolongada por los más decididos hasta la cumbre del Eretza. Los propios baracaldeses pero, sobre todo, los vecinos de la Zona Minero-Fabril, acceden a los montes de Triano a través de La Arboleda.

El desarrollo económico va a someter a El Regato a una excesiva presión de usos recreativos. Pueden apuntarse diversos factores, que explican este crecimiento de la demanda:

a) El incremento de la población de Barakaldo. La Anteiglesia, que en 1950 tení­a 42.240 habitantes, alcanza 77.802 en 1960, y 108.757 en 1970. Se trata de una población joven, puesto que buena parte del incremento se debe al aporte inmigratorio de población en edad activa.

b) El incremento de la esperanza de vida, y con él una mayor participación del sector de población con más tiempo libre disponible: la tercera edad. Siempre a partir del establecimiento de la jubilación obligatoria y anticipada.

c) La ampliación del tiempo libre, con la progresiva configuración del fin de semana.

d) Recientemente, el rápido incremento de la tasa de paro, especialmente acusada en Barakaldo, habiéndose convertido El Regato en el punto preferente de disfrute de un tiempo libre forzoso.

e) La progresiva motorización, o difusión del vehí­culo privado, entre la población de todos los estratos sociales, que pone al alcance espacios de más difí­cil acceso para el desplazamiento a pie.

f) La creación de servicios y equipamientos en El Regato, fundamentalmente de los servicios de hostelerí­a (restaurantes, discotecas) y del Complejo Polideportivo de Gorostiza.

g) Urbanización de espacios recreacionales alternativos. La urbanización de los barrios periféricos de Barakaldo elimina los usos recreativos de diferentes espacios, focalizando la distribución espacial de la demanda de esparcimiento en El Regato.

h) El profundo cambio en el estilo de vida de la mujer. Las mujeres de mediana edad se juntan en cuadrillas para pasear en ámbitos rurales y de monte, actividad privativa del sexo masculino con anterioridad.

i) El prestigio y la progresiva generalización de actividades fí­sicas de esparcimiento al aire libre: jogging, montañismo, espeleologí­a, etc.

j) Conversión de El Regato en un espacio simbólico para el baracaldés alienado de sus raí­ces, que difí­cilmente se reconoce en la nueva aglomeración urbana. Se acude a El Regato en un gesto simbólico de contacto con las señas de identidad. Allí­ se producen periódicos reencuentros, con pretexto comensalí­stico, de la familia extensa, del antiguo grupo amical dispersado, se celebran ritos de paso (comuniones, bodas, etc. )

Todos estos factores contribuyen a crear una presión excesiva de visitantes. Actualmente es mucho mayor que antaño el número de quienes practican el paseo a lo largo de las carreteras, así­ como la marcha o excursión por el monte. Pero, más numeroso aún que estos tipos de excursionistas, es el colectivo de visitantes más sedentarios que se desplazan en coche hasta El Regato y otros puntos (Polideportivo, Parque de Tellaetxe, Basatxu, Argalario ), e incluso a pie a los más próximos de éstos a Barakaldo, para quedarse en sus inmediaciones practicando muy diversas modalidades de esparcimiento: picnic, pesca, chiquiteo, gastronomí­a, etc. El flujo de visitantes, sostenido durante todos los dí­as del año, se intensifica notablemente durante los fines de semana y de la estación estival.

El número de vehí­culos que accede al núcleo de El Regato durante un fin de semana ha sido calculado, por la Policí­a Municipal, en 600 en invierno, 1.550 en primavera y 1.710 en verano. Esto supone que, tan sólo durante sábados y domingos, acuden 73.580 vehí­culos anuales, con unas 183.950 personas/año. A éstas, hay que sumar los visitantes y/o usuarios del Polideportivo de Gorostiza y Parque de Tellaetxe. Los 700 vehí­culos aparcados junto a estas instalaciones en fin de semana de verano, más los 300 en fin de semana de invierno, transportan un total de 65.000 visitantes por año. El transporte colectivo en autobús aproxima a El Regato y Gorostiza un número de viajeros difí­cil de precisar, puesto que la empresa no individualiza los datos de estas paradas pero que, una vez deducidos del total -136.912- los correspondientes a Retuerto, pueden evaluarse entre 50.000 y 100.000 por año. El total anual de visitantes de Gorostiza y El Regato, transportados por automoción en fines de semana, estarí­a comprendido entre 298.950 y 348.950 personas. No se incluyen en esta cifra el contingente de visitantes que accede a estos dos núcleos a pie, muy numeroso dada su proximidad a la aglomeración urbana. Tampoco los visitantes de dí­as laborables, ni los que penetran en el valle a través de otras rutas de acceso.

Otro tanto puede afirmarse del acceso a los Montes de Triano a través de La Arboleda. La mayor parte de los visitantes llega hasta Peñas Negras en coche, y practica el picnic u otras actividades de esparcimiento en sus inmediaciones. Los excursionistas o «montañeros» se aventuran más allá en busca de las cumbres próximas. La reciente prolongación de la carretera Zaramillo-Saratxo hasta Castaños, crea una nueva ví­a de penetración lateral en el valle, utilizada preferentemente por cazadores y montañeros. La carretera de Argalario permite el acceso de vehí­culos al collado de este monte, donde existe una zona de aparcamiento.

No existen cifras, siquiera aproximativas, que permitan evaluar el número de visitantes que acceden al valle a través de estas otras rutas, ni tampoco de otras laterales -carreteras de Basatxu y Argalario-. Una estimación, muy aventurada, permitirí­a evaluar la cifra total de visitantes del valle en una magnitud no inferior a las 700.000 personas por año.

Estas zonas actúan como compartimentos estancos, sin que se produzca un transvase notorio de visitantes entre las cuatro ví­as de acceso. Tan sólo los montañeros efectúan marchas a pie cruzando varios sectores.

El valle de El Regato soporta una excesiva presión de su utilización para el recreo, que desborda la capacidad de acogida del territorio, tanto por el número de visitantes como por la degradación ambiental que éstos generan. El Regato recibe visitantes de forma sostenida durante todo el año, la cual hace casi imposible la propia regeneración ecológica. Basuras transportadas en vehí­culos o de forma peatonal, compactación de los suelos más frecuentados, esquilmación de determinadas especies arbustivas (acebo, avellano, etc.), contaminación atmosférica, de aguas y acústica, etc. La capacidad perceptual y fí­sica de utilización resulta desbordada en puntos como el núcleo de El Regato, proximidades del Polideportivo o Peñas Negras, ante el ingente número de personas, coches y actividades.

III. ESPACIO NATURAL y PATRIMONIO SIMBí“LICO: MITOS y LEYENDAS

1. Introducción

El corpus de mitos y narraciones legendarias del valle de El Regato, apunta hacia una conciencia ecológica del entorno, de cómo el grupo humano de la sociedad tradicional viví­a su relación con el medio geográfico. No encontramos aquí­ una estructura hierofánica, de mediación entre el hombre y lo sagrado, de carácter propiamente mí­ tico. Pero sí­ leyendas en las que aparecen númenes -«enemiguillos», brujas y otros asociados al medio natural -montes, cuevas- y a las actuaciones humanas sobre el mismo -canteras, minas-. A los propios minerales se les atribuye idéntico poder generador que a la Tierra. El referente espacial de muchas de estas narraciones es Tellitu y el vecino macizo kárstico. No podí­a ser de otra forma, en un espacio que cuenta con varias estructuras de mediación arquetí­picas: piedras, cuevas y cumbres. La tradición oral, el patrimonio simbólico del grupo humano que puebla El Regato, hace de esta zona un espacio significante.

2. Creencias litio-minerológicas

En la mitologí­a lí­tica existe un grupo de creencias sobre la generación y «maduración» de las piedras y los minerales en las entrañas de la Madre Tierra, de cuya sacralidad participan las sustancias minerales. Esta idea, presente en muy distintos ámbitos culturales, no es patrimonio exclusivo de la mentalidad popular, sino que la sustentaron autores como Plinio y Estrabón,y se mantendrí­a durante largo tiempo presente en las especulaciones mineralógicas de autores occidentales. Bowles atribuye esta creencia, que parece compartir, a nuestros mineros de Triano, cuando afirma «que se hallan fragmentos de picos, azadas, y otras herramientas en algunas partes que fueron cavadas muchos siglos hace, y que después han vuelto a llenarse de mineral: por cuya causa deben ser creí­dos dichos trabajadores cuando afirman que la mina crece».

3. Geografí­a mí­tico-legendaria

Los referentes geográficos de leyendas y creencias conforman una verdadera geografí­a mágica ‘de El Regato. La ubicación de akelarres o apariciones de brujas es el tipo de referente más significativo. La irrupción de lo sobrenatural en el espacio de la cotidianeidad se produce a través de puntos de contacto entre ambos planos, perfectamente ubicados. Las brujas actúan, «se aparecen» preferentemente en la campa de Basatxu, barranco de Ijauji o de las Brujas y fuente del mismo nombre, fuente de Iguliz, Retosarta, Polveros, Lugorriaga, Tellitu y Peñas Blancas.

En cambio, las actuaciones de otros seres mi ticos: enemiguillos, diablos, etc., o carecen de concreción espacial, o ésta desempeña un papel accesorio en el relato.

4. Personajes mí­ticos y medio natural

Los enemiguillos, seres minúsculos -denominados en euskera prakagorriak o familerijak- realizan incesantemente las labores que les pida su poseedor. En el corpus de pretéritas creencias regateñas, se les atribuye forma de minúsculos insectos u hombrecillos vestidos de rojo, contenidos en un alfiletero. Se cogen en el monte en dí­as determinados, como la noche de San Juan, en un barranco en el cual no se oigan las campanas.

Se asocian a distintos trabajos agrarios o extractivos. Así­, por ejemplo, se habla del vecino a quien cortaron al instante todo un bortal en Frados para la fabricación de carbón vegetal, o aquel otro a quien realizaron de noche el trabajo que él no habí­a efectuado de dí­a en la cantera (mina) de Las Julianas.

La zona Tellitu-Peñas Blancas es un enclave privilegiado para las manifestaciones de lo sobrenatural. Extraños animales aparecen de improviso en Calzadilla, O se transforman ante la mirada atónita de los testigos. El diablo se aparece a los carboneros durante la elaboración de las hoyas.

Las brujas desempeñan un papel primordial en este macizo kárstico, junto al que tienen lugar sus akelarres. En cierta ocasión -hacia 1875arrebatan a un vecino con su mulo, le llevan volando y le dejan caer sobre Peña Roche (Arroietxe). Una bruja se aparece a la entrada de la cueva de los Tabaqueros, peinando sus cabellos con un peine de oro. Análogas moradas y ocupaciones se atribuyen en otras zonas del paí­s a las lamias, e incluso al numen Mari, apareciendo también la bruja en cuanto genio y no persona concreta en otras áreas.

III.RECURSOS NATURALES, ESPACIALES E HISTí“RICO-ARTISTICOS. PROPUESTAS PARA SU PLANIFICACION

1. Breve inventario de recursos

Las actividades económicas han ejercido un impacto acumulado sobre el valle de El Regato durante el transcurso de la historia, desempeñando un importante papel de conformación geográfica. Esta zona no es un ecosistema natural puro e incontaminado. Pero conserva los recursos naturales y culturales más que suficientes como para hacerse acreedor al calificativo de parque natural, de verdadero ecomuseo en potencia. Por otra parte, se trata de la única reserva natural de un hábitat urbano tan deteriorado como es Barakaldo, sin alternativas posibles.

No se trata aquí­ de inventariar dichos recursos subsistentes, ya que el objeto del estudio es analizar su modificación, sino de aportar una somera descripción de los mismos que sirva de soporte a las propuestas para su planificación.

1.1.Zonas paisají­sticas

Hace tiempo que el paisaje ha sido reconocido como un recurso natural básico. En El Regato, los aspectos visuales y estéticos de todo el valle son notorios, pero en especial los de algunas de sus zonas, que se pueden considerar como de elevada calidad paisají­stica.

a) Fondo del valle.Experimenta una gran alteración humana, pero aun así­ conserva algunos de sus valores naturales, y el valor sobreañadido por una obra humana singular: los embalses. Tanto aquí­ como en las pequeñas barriadas de las laderas existen explotaciones de prados y huertas e incluso bosquetes caducifolios.

b) Laderas E. y O. de Argalario.Presenta algunos restos de vegetación autóctona, aunque bastante alterados, con intercalación de prados, cultivos, argomal y repoblaciones de pino y eucaliptus.

c) El Carrascal-Orkon-Frados.Zona intensamente repoblada de pino insignis, cuyo sembrado mediante surcos ocasiona un notorio impacto visual y ecológico, que tardará en verse amortiguado.

d) Afloramientos calizos de Arnabal.Es de reducida extensión, pero de gran interés por su relieve kárstico, de modelado espectacular. El interés paisají­stico se ve reforzado por los elementos de arqueologí­a industrial aquí­ implantados (restos de explotaciones mineras).

e) Basatxu-La Dinamita. En su ladera situada sobre Gorostiza escasea el arbolado de todo tipo y abundan los cultivos hortí­colas, además de los prados.

f) Ladera N de Sasiburu.En su mayor parte repoblada de pino marí­timo e insignis, aunque existen algunos pequeños restos de vegetación autóctona. La zona más alta está cubierta en su mayor parte por brezos, argomas y helechos.

g) Afloramiento calizo de Peñas Blancas.Se trata de un amplio espacio calizo en el que se encuentran las mejores manchas de encinar cantábrico que se conservan en todo el término municipal. El madroño es la especie dominante, con presencia de encinas. En sus proximidades aparecen retazos de robledal con castaños y otras especies, y también se encuentra la laguna de la Pozorra. Al igual que Sasiburu y Apuko, su cuenca visual es muy amplia, abarcando buena parte de Bizkaia, así­ como el valle de El Regato, con el pueblo y los dos embalses. Su calidad paisají­stica es más que notoria.

h) Laderas N y NO. de/ Apuko. Dado su relativo aislamiento, conserva buena parte de sus valores naturales. La gran diversidad de especies forestales existentes: robles, madroños, acebos, alisos, repoblaciones de pinos y eucaliptus, así­ como su relieve de montaña le confieren un elevado valor paisají­stico.

i) Los Montes de Triano. Desde Peñas Negras a Mendibil y Argalario, son una zona muy humanizada, por la proximidad de La Arboleda. Proliferan los restos de antiguas explotaciones mineras. Existen cultivos y prados en La Górriga, Las Barrietas, Oiola y Argalario, y prácticamente carece de vegetación arbórea, salvo las manchas de especies autóctonas subsistentes en la zona de Peñas Negras y arroyo del Cuadro, y algún minúsculo pinar. El resto corresponde al neto predominio del erial (argoma y brezo), con algunos afloramientos rocosos. El embalse del Oiola, y su condición de mirador de la Margen Izquierda, la confieren cierta singularidad.

j) Alto de Ga/dames. Constituye un inmejorable mirador de la zona Minero-Fabril y del propio valle de El Regato, así­ como de Las Encartaciones. Su topografí­a es muy abrupta, con afloramientos rocosos. Algunas zonas de ladera, así­ como las cumbres, están cubiertas de landas y pastizales. El resto del suelo está cubierto de vegetación arbórea. Se trata, sobre todo, de repoblaciones de pino pinaster, laricio e insignis, así­ como ciprés de Lawson. Thmbién existen vestigios de antiguos castañares y robledales, así­ como ejemplares aislados de encina. En los barrancos aparecen ejemplos de abedul, avellano, aliso y sauce.

k) Polveros-Castaños. Comprende las riberas del rí­o y el entorno del barrio del mismo nombre. Las primeras están flanqueadas de alisos, y las proximidades de los caserí­os están cubiertas de prados, en torno a los cuales existen pequeñas manchas de robledal y encinar. La ladera N. está cubierta por especies de repoblación -pino y eucalipto-, si bien la vegetación espontánea (bortal) subsiste en el sector de Polveros.

I) Las Mazuqueras -Cotarros. Su flanco colindante con Barakaldo constituye una prolongación de la zona de las laderas de Apuko, donde predominan las especies autóctonas (madroño, roble, aliso, etc.). El resto se halla repoblado por pinares.

m) Agirza-Eretza.A pesar de la intensa repoblación de pinos efectuada en la zona, aún existen valores paisají­sticos notorios, tales como las cascadas y pozos del arroyo Agirza, los restos del bortal del mismo nombre, y la panorámica que se divisa desde las cumbres.

1.2. El paisaje vegetal

A pesar del dominio del insignis, y de otras especies de repoblación, existen bastantes manchas de vegetación autóctona. En las laderas bajas del valle existen bosquetes de frondosas (robles, castaños), además de las extensiones de bortal ya descritas. En las riberas fluviales y en los embalses hay sauces, alisedas y fresnedas con avellanos. Toda la extensión de los afloramientos calizos está colonizada por el encinar cantábrico. Entre Tellitu, Agirza y Peñas Negras subsisten vestigios de los primitivos bortales.

1.3.Recursos culturales: histórico-artí­sticos y otros

Entre las obras humanas de interés singular se encuentran los yacimientos arqueológicos de superficie. Asentamientos y túmulos de la zona de Eretza: Peñas Negras, Eskatxabel, Pico Mayor, Ganeran, Gazteran y Aldape. Crónlech de Kanpazaulo, recientemente destruido. Asentamientos de Sasiburu, Arroletza y Goronillo y yacimientos en cuevas, sobre todo en Arroietxe, cubriendo todas las cumbres de los flancos O. y SO. del valle, en los Montes de Triano y Sasiburu.

A otros niveles, se encuentra la denominada arqueologí­a industrial. El Regato es rico en este tipo de recursos. Restos de ferrerí­as, molinos y caleros, de explotaciones mineras: lavaderos de mineral, cargaderos, hornos de calcinación, bocas de mina, etc, que constituyen ejemplos notorios de nuestro acontecer histórico. También la arquitectura popular cuenta con elementos dignos de consideración.

A estos recursos es preciso añadir los fauní­sticos, el espeleológico -simas y cuevas, y los lugares de interés histórico o etnológico, como el macizo de Tellitu-Peñas Blancas.

En algunas zonas se produce una superposición de recursos y valores, que las configuran como especialmente interesantes. Es el caso de las áreas de relieve kárstico de Peñas Blancas-Tellitu y Arnabal. En especial la primera de éstas condensa interés geológico, botánico, fauní­stico, paisají­stico, de filtrado y captación de aguas, arqueológico, simbólico y espeleológico.

El interés intrí­nseco de estos valores se ve reforzado por la ubicación del municipio en una zona industrializada, donde la destrucción del paisaje y del medio ambiente han sido sistemáticas, en sus zonas urbanas. Esto hace que sea precisa la protección y conservación de un espacio natural que representa un rico patrimonio para el municipio. Riqueza que no puede ser evaluada en términos económicos, sino como incremento de la calidad de vida.

  1. Requisitos de las zonas protegibles

El Regato satisface todos los requisitos de las zonas y recursos a proteger, mediante estrategias de conservación.

a) Unicidad. Edificios, monumentos a paisajes de carácter único o escaso. El propio valle, zonas como Tellitu-Peñas Blancas o las ruinas de ferrerí­as constituyen buenos ejemplos.

b) Tradición. Parajes fuertemente enraizados en la vida local, utilizados como referencias cotidianas o constituyentes de sí­mbolos comarcales. EL Regato es un referente simbólico de la identidad baracaldesa, el más importante y significativo de los escasos componentes espaciales que singularizan a Barakaldo en el seno de la conurbación del Gran Bilbao.

c) Historia. Monumentos importantes en la historia local. Las ferrerí­as y yacimientos arqueológicos. Sobre todo, las primeras revisten un alto valor simbólico en la historia local.

d) Estética. Edificios, monumentos o parajes de reconocido valor estético o, cuando menos, sentidos así­ por residentes y visitantes. Los ya citados valores paisají­sticos, reforzados por su singularidad en un entorno urbaní­stico tan deteriorado.

3.Protección de la naturaleza y del patrimonio histórico-arqueológico

El Regato es un verdadero parque natural por la singularidad de su enclave, los valores históricos, culturales y paisají­sticos del lugar, que debiera convertirse en una zona de especial protección, cuyos usos alternativos del suelo -incluso el recreativo- quedasen supeditados a la conservación de dichos valores.

Este valle reúne, aptitudes para convertirse en ecomuseo, que compatibilizase la conservación con la utilización cultural y recreativa. Este concepto significa que el propio espacio se convierte en un museo activo, pero no sólo del medio natural, sino también del medio cultural, ecológico, histórico y etnográfico. Existen interesantes experiencias de ecomuseo, como el creado en Le Creusot (Francia), comunidad urbana cuyo medio ambiente cuenta con un patrimonio, legado por su historia, muy similar al de Barakaldo: siderurgia, minas y espacio agrario.

Por una parte, El Regato presenta un espacio natural de gran interés, que es preciso proteger a toda costa. Por otro, dispone de un contexto cultural y de una raigambre simbólica muy importantes. El eje del espacio, donde se ubican los recursos naturales, se cruza con el eje del tiempo, que es el transcurrir de esos recursos a través de las épocas y donde se pueden adivinar las huellas dejadas por el paso de los siglos. En El Regato, nuevas generaciones de baracaldeses pueden aprender experimentalmente su propia historia, ya que reúne todos los elementos necesarios para ello: yacimientos arqueológicos, ferrerí­as y molinos, minas, bosques de frondosas, paisajes, tradiciones, etc.

La estrategia de conservación del paisaje y de los recursos naturales pasa por la prohibición absoluta de actividades industriales, insalubres o contaminantes: canteras, vertederos, etc. También por la limitación de las obras públicas a las estrictamente necesarias para el equipamiento del propio valle, sin servidumbres de paso para zonas exteriores al mismo. Asimismo, por la limitación de alturas y volumen de las edificaciones. Por último, por una restricción en la creación de equipamientos. El Regato es un espacio limitado, que no puede albergar equipamientos destinados al ocio de masas o al sistema educativo de la metrópoli baracaldesa. Actuaciones como el Polideportivo de Gorostiza o el Colegio “El Regato” nunca debieron licitarse y, desde luego, no deben proliferar actuaciones de este tipo. Existieron y existen espacios alternativos para su ubicación en la zona urbana, tales como las vegas de Ansio e Ibarreta.

La planificación de usos del suelo debe evitar, asimismo, nuevos polí­gonos deportivos, zonas de picnic, zonas para lavado de vehí­culos, etc. Debiera limitarse la circulación de vehí­culos a las carreteras.

Otro de los criterios, en orden a la conservación, serí­a el de proteger las manifestaciones de las frondosas autóctonas, que albergan un sotobosque variado en especies vegetales y dan cobijo a una fauna también merecedora de protección. Es preciso lograr que estas masas no desaparezcan sino que, además, puedan llegar a aumentar su extensión e importancia, mediante la repoblación de zonas colindantes. Por lo tanto, serí­a conveniente su protección contra todo tipo de agresiones, incluida la entrada de ganado, que puede afectar a su regeneración natural. Este es el caso del encinar y bortal de Pefí­as Blancas-Tellitu.

En las zonas delimitadas como de conservación del paisaje, por ejemplo el macizo kárstico de Peñas Blancas-Tellitu, su apertura masiva a los visitantes pudiera originar una degradación progresiva de las mismas, contaminando los acuí­feros y destruyendo la flora, los afloramientos calizos o las cuevas. Buen ejemplo de ello lo constituyen los destrozos ocasionados en la cueva de Arroietxe por los visitantes. Aquí­, los restantes usos deben reducirse al mí­nimo, puesto que la conservación tan sólo es compatible con un uso recreativo moderado.

Por último es preciso proteger áreas de especial interés edafológico y paisají­stico, tales como riberas y cumbres. Asimismo, los edificios de interés histórico y/o artí­stico.

En el resto del valle, no debiera postularse una conservación a ultranza, sino un uso recreativo moderado, que posibilite aquellas actividades que no sean claramente incompatibles con la conservación del medio.

  1. Promoción de actividades recreativas y culturales

Debieran potenciarse aquellas actividades más compatibles con la conservación del medio, tales como las que supongan un contacto con la naturaleza. Los usos recreativos deben vincularse con áreas integradas en el medio natural, destinadas al esparcimiento de los habitantes del casco urbano.

Entre las actividades recreativas a fomentar, se halla el olvidado proyecto de «bidegorri» (camino para bicicletas), para cuyo proyecto de adecuación podrí­a utilizarse buena parte del trayecto del antiguo ferrocarril. De esta forma, quedarí­a enlazado Barakaldo con Peñas Negras, a través de las riberas de los tres embalses. Cabrí­a, además, la posibilidad de conectar esta ví­a cicloturista con otras poblaciones de la Margen Izquierda, a través de La Arboleda, mediante análoga utilización de antiguos ferrocarriles mineros. También son dignas de consideración las rutas a caballo ya que, a los incentivos naturalí­sticos se asocian el de ser ésta una de las zonas de pasto del «pottoka», o caballo autóctono, así­ como la existencia en el valle de un club hí­pico.

De las culturales, cabe apuntar las actividades propias de un ecomuseo, tales como analizar los fenómenos de la naturaleza y de la cultura en su propio medio, mediante itinerarios o rutas ecológicas o arqueológicas, a través de los enclaves de especial interés naturalí­stico o histórico. En El Regato pueden crearse itinerarios dedicados a: ferrerí­as y molinos, minerí­a, yacimientos arqueológicos, cavernas y simas, macizos kársticos, toponimia, vivienda tradicional, el bosque, artesaní­a popular y labores tradicionales, geografí­a mí­tica, etc. También las derivadas de un programa de investigación y divulgación del patrimonio cultural y naturalí­stico: inventarios y archivos, charlas, proyecciones, exposiciones, publicaciones, etc.

5. Actuaciones normativas

Un aspecto previo a la asignación de usos al suelo, es la delimitación del ámbito espacial considerado. La zona baja del valle es un paisaje muy humanizado, sobre el que se inscriben todo tipo de impactos: carreteras, tuberí­as, vertederos, equipamientos deportivos y sanitarios, etc. También proliferan la horticultura minifundista con numerosas txabolas donde guardar los aperos, y la intensiva (túneles de plástico). Sin embargo, estas fuentes de impactos coexisten con valores paisají­sticos notorios: Ureta, Oskariz, etc. Si se definiera al resto del valle como zona natural, este sector no debiera quedar excluido, constituyendo una zona de transición que proteja al resto de actividades destructivas del entorno, un «pre-parque» como los disefiados por el modelo francés de planificación.

Por lo que respecta al municipio de Barakaldo, las Normas Subsidiarias de Planeamiento, aprobadas en 1984, definen al valle de El Regato como zona especial o parque rural, si bien con la exclusión de la zona Gorostiza-Mesperuza. No obstante, no contemplan la normativa concreta que desarrolle esta calificación genérica. Por lo que respecta a las normas especí­ficas de los núcleos de El Regato, Gorostiza y Ureta, posibilitan una edificación agrupada o en lí­nea muy densificada, aunque están pendientes de revisión. La urbanización, o conversión en espacios residenciales de estos núcleos, entrarí­a en abierta contradicción con su conservación y utilización para actividades de recreación al aire libre.

Dentro de sus limitaciones, la actuación municipal no debiera limitarse a regular, sino también a gestionar espacios y usos. El propio equipo redactor de las Normas Subsidiarias sugiere la incorporación de distintas áreas como elementos del subsistema general de equipamientos o espacios verdes: vega del Castaños en Gorostiza, Pasajes -Santa Lucí­a, y las áreas de crestas y laderas de montañas. Un precedente lo constituye el área del Parque de Tellaetxe que, sin embargo, aún carece de la calificación urbaní­stica adecuada.

Las posibilidades de actuación en orden a la planificación territorial se ven favorecidas por la estructura de la propiedad del suelo. En la zona del valle comprendida en el término municipal de Barakaldo, el conjunto de los montes de utilidad pública propiedad del Ayuntamiento (Arroletza, Apuko, Argalarí­o y La Tejera), más los terrenos de libre disposición de esta corporación, suponen más del 15OJo de la superficie. Los montes de utilidad pública existentes en el resto del valle -La Zarza (Valle de Trapaga), Orumerán (Galdames) y Eretza (Gueñes) disponen un porcentaje mucho mayor sobre sus correspondientes sectores municipales.

Pero la ordenación territorial del valle, y aún más la creación de un ecomuseo o parque natural, sobrepasarí­a las posibilidades municipales, e incluso las del conjunto de municipios implicados, requiriendo la intervención de las instituciones autonómicas. En la actualidad, la Comunidad Autónoma Vasca no dispone de ningún espacio en el que la naturaleza esté protegida oficialmente. En su dí­a, ICONA catalogó 19 zonas protegibles o espacios naturales en Bizkaia. Entre ellas se encuentra el Alto de Galdames, con una superficie de 860 has., parte de la cual se asienta sobre la cabecera de este valle.

Esta actuación serí­a insuficiente, espacial y normativamente considerada. Una zona de tan elevada densidad urbaní­stica y demográfica como Barakaldo y la Margen Izquierda requiere una actuación coordinada, que pasa por la planificación conjunta de los dos espacios naturales y recreacionales existentes: valle de El Regato y Montes de Triano.

José Ignacio HOMOBONO

* El presente artí­culo procede de mi intervención en las «Jornadas Culturales sobre el macizo kárstico de Peñas Blancas», organizadas por el Ayuntamiento de Barakaldo (Area de Cultura), en conferencia pronunciada el ll-XII-1986, con el tí­tulo: «El Valle de El Regato, entorno medioambiental de la cantera de Tellitu». El propósito de dichas jornadas era contribuir a la difusión de los valores culturales y naturalí­stí­cos de la zona donde se pretende instalar dicha cantera.

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