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Romerí­a de San Bernabé, en Castaños

Romerí­a de San Bernabé, en Castaños

Tramo Alto 2Romerí­a de San Bernabé, en Castaños

3.1. Una barriada a orillas del Agirza

La minúscula barriada de Castaños, sita a orillas a orillas del arroyo Agirza o Castaños, está situada a 600 m. por pista –y 400 m. en lí­nea recta- del lí­mite administrativo de Barakaldo. Enclavada a 280 m. de altura, en el fondo de un barranco flanqueado por las estribaciones de los Montes de Triano, y en concreto por el Gasteran (801 m.) y Aldapi oTellitu (716 m.) al O., más el Eretza (871 m.) y sus satélites al S. En estas alturas:

“Varios rebaños de ovejas apacentan tranquilamente, semiocultos por el alto yerbal. Pastan también buen número de caballos montaraces que levantan la cabeza a nuestro paso y nos miran, cara a cara, altaneros y despectivos”.

Jurisdiccionalmente Castaños pertenece a los concejos de Galdames y de Gí¼eñes, sobre cuyo lí­mite y a ambas orillas del Agirza se asienta, y a sus respectivas cuadrillas de San Pedro y de La Quadra. Aislada topográficamente de ambos pueblos por los citados montes, está abierta sin embargo a la cuenca del Castaños y al barrio baracaldés de El Regato, situado a 3 km. de distancia, con el que le une el camino que desciende a la izquierda del rí­o, y a sus barriadas. Vinculación geográfica, reforzada por factores socioculturales, que alcanza desde el Antiguo Régimen hasta nuestros dí­as.

Tanto es así­, que el fallido proyecto de arreglo parroquial de la diócesis de 1864 incluye “las casas llamadas de Castaños” en el ámbito de la aneja de San Roque de El Regato. Pero, desde hace unas tres décadas, la ví­a principal de acceso es la carretera que accede a la barriada desde Saratxo y Bacuna, a través de Cotarros. Su apertura y mantenimiento fue costeada por los ayuntamientos de Gí¼eñes y de Galdames. A unos 200 m. del núcleo de Saratxo, esta pista atraviesa la grieta de Kuabru, horadada por las explotaciones mineras, cuyo abismo salva un estrecho puente. Ambos viales de acceso a Castaños salvan el rí­o Agirza mediante puentes de madera. Esta minúscula barriada estaba integrada en 1799 por tres casas pertenecientes a J.Ventura Llano, M. Ugarte y M. Garay, vecinos de Galdames. En 1860 también eran tres los edificios pertenecientes a Galdames: uno de ellos deshabitado, de planta única, más otros dos de doble planta; y, además, otra casa de labranza ubicada en término de Gí¼eñes, de dos pisos. Castaños constaba, en 1887,de tres casas de dos plantas, 21 habitantes de hecho y 15 de derecho; las mismas que actualmente. Se trata de las casas denominadas de Arriba –con escudo- y de Abajo, más la Nueva –en ruinas-, con pajar y cuadra, y la txabola de Agirza; a las que hay que sumar la casa frente a El Molinillo, con calero anexo, del municipio de Gí¼eñes. Debido a su aislamiento, Castaños ha carecido hasta finales de 1996 de alumbrado eléctrico, salvo el producido por una pequeña turbina en el rí­o Agirza, y de teléfono. Castaños y su entorno se vinculan indisolublemente a la actividad ferrona y carbonera. Además de las precitadas haizeolas, en sus inmediaciones se han catalogado varias ferrerí­as mazuqueras o de aire, pero sobre todo las hidráulicas de Urdandegieta, Las Mazuqueras, El Molinillo o Castaños, La Vena, La Presa y Agirza. Los extensos bortales (madroñales) de las inmediaciones se utilizaron para abastecer de carbón a las ferrerí­as precitadas así­ como al calero local y de leña al fuego de los hogares. También fue importante la presencia de ganado en los montes inmediatos de Grumeran y el Cepal, especialmente caballar. Además de bortos, hubo castaños, robles y árboles frutales. Asimismo, en el arroyo Agirza se pescaban bermejuelas, y cangrejos en los que vierten sus aguas a éste, cerca de El Regato. Durante el periodo finisecular del XIX, la población oriunda de Castaños –Llano y Ugarte- es reemplazada por inquilinos -Lasa y Olabe- procedentes de Arrasate y Eskoriatza, en las casas de Abajo, de Arriba y del Molinillo, cuyos criados también fueron “vascongados”. Aguas abajo de Castaños, y en el lí­mite con Barakaldo, existió la mina Polveros y su casa, cuyas actividades extractivas obligaron a construir un túnel por el que discurre el rí­o, en el barranco de Las Mazuqueras, para evitar la contaminación del Pantano Viejo. Hasta 1955 la ocupación preferente de los nuevos habitantes de dos de las casas será un intensivo carboneo, en lugares del entorno como Las Peñas, Las Campas Bajeras, La Solana y otros; primero orientado hacia las baterí­as de  Altos Hornos, después al consumo doméstico de la zona minero fabril; y durante el periodo de autarquí­a económica de postguerra a los gasógenos de los automóviles y a CAMPSA. Las hoyas, cada una de las cuales reduce a carbón entre 400 y 1.000 kg. de madera, irán acabando con el denso bortal, que paulatinamente deja paso a plantaciones de pino insignis; iniciadas en las zonas de Agirza-Eretza y de Saratxo-Castaños a partir de 1928, con destino a la planta de la Papelera Española de Aranguren[Zalla]. Los vecinos complementaban su precaria economí­a doméstica mediante la venta de castañas y pequeños rebaños de ovejas. Más adelante, la mayorí­a de los jóvenes del entorno se dedicaron a la tala de pinos. Hoy la casa de Gí¼eñes cuenta con una explotación ganadera, en edificio propio. El actual paisaje vegetal de la zona de Las Mazuqueras y Cotarros, al SE de Castaños hasta Saratxo y el lí­mite con Barakaldo, de relieve montañoso, conserva especies forestales autóctonas –madroño, roble, aliso- aunque en parte está repoblada por pinares. En la de Agirza-Eretza, al SO, hay algunos restos de bortal, pese a la intensa repoblación de pinos, más valores paisají­sticos como las cascadas y pozos del arroyo Agirza. Al NO, el Alto de Galdames es de topografí­a abrupta, con repoblaciones de pino en sus laderas, vestigios de frondosas y cumbres cubiertas pastizales. La zona de Carrascal- Orkon–Frados, al NE, está repoblada de pino insignis. En cuanto al entorno de Castaños y Polveros, las riberas del rí­o Agirza están flanqueadas de alisos, y las proximidades de los caserí­os están cubiertas de prados, en torno a los cuales existen pequeñas manchas de robledal y de encinar. La ladera N. de Castaños está cubierta por especies de repoblación –pino y eucalipto-, si bien hay vestigios de bortal en el sector de Polveros.

3.2. La ermita de San Bernabé

Al parecer, y según una tradición local, existió antaño en Castaños una ermita dedicada a San Bernabé, aunque ésta no aparece documentada durante los siglos XVIII y XIX. La imagen procedente de la misma se habrí­a conservado, según tradición oral, en el camarote del caserí­o de Arriba. Una leyenda local ilustra acerca del castigo ejemplar que recae sobre quien ofende a un santo ultrajando su imagen. En cierta ocasión, el dueño de esta casa estaba hablando con un francés de paso por Castaños en el camarote donde se encontraba la imagen. En un momento dado de la conversación, el forastero dijo despectivamente a su anfitrión que para qué querí­a la imagen; y, dando con su bastón un palazo en el brazo del santo, se lo rompió. Poco después, al bajar este sujeto hacia El Regato, y ya cerca de este barrio, se cayó junto a una peña rompiéndose el mismo brazo; desde entonces denominada “La Peña del Francés”.

Un hijo de esta casa, de la familia Llano, emigró a América, prometiendo al santo que, si le ayudaba a hacer fortuna, restaurarí­a la antigua ermita. A su regreso, con medios económicos suficientes, cumplió su promesa, dirigiendo el 15-I-1889 una instancia al Obispado de la Diócesis de Vitoria, en la que expone:

“Que mi fervor religioso y devoción que a San Bernabé profeso, ha hecho que espontáneamente y a mis expensas restaure una hermita (sic) que hací­a largo tiempo se hallaba en ruinas y estaba dedicada al propio Santo, en el barrio de Castaños, Concejo de San Pedro de Galdames, jurisdicción del Partido Judicial de Valmaseda en esta Provincia de Vizcaya” “La dificultad de las comunicaciones en tal Concejo y las distancias tan enormes que desde muchos de sus barrios hay a la Iglesia, hace que en muchas ocasiones se vean privados sus devotos vecinos de rezar siquiera al Santo rosario en lugar adecuado; mi obgeto al restaurar la hermita (sic) ha tendido tambien a evitar no solo tal privación sino a que dedicándose al culto, pueda en ella decirse misa el dia del Santo, cuyos gastos yo sufragaria pero como es necesaria la autorización de V. E. I. A fin de que mis buenos deseos en pro de nuestra Santa Religión se vean realizados (….) se sirva conceder su superior autorización para los fines pretendidos”.

Obtenida la autorización diocesana, el 11-VI-1889 se procedió a la bendición y habilitación al culto público de esta nueva ermita, ubicada donde estuvo emplazado un nogal, cuyo tronco se utilizó a modo de puente sobre el arroyo. Los albañiles que la construyeron tuvieron una reyerta con los carboneros, a causa de la cual uno de aquellos estuvo encarcelado varios meses. Actualmente es un pequeño edificio de 6,38 X 5,15 m., de paramentos con aparejo de mamposterí­a; y cubierta a dos aguas, rematada por una cruz de madera con campana en la cumbrera del tejado. Su pavimento es de azulejos rojos, y tiene tres bancos con respaldos y otros tres corridos. La fachada principal se compone de una puerta de madera y dos amplios vanos protegidos por barrotes. En ambas paredes hay doce cuadritos, con textos –en francés, inglés y castellano- representando las estaciones del Ví­a crucis; y en la derecha una pila de piedra. En el centro del altar la imagen de San Bernabé, ornada con floreros y flanqueada por dos tablillas. Todos los domingos y dí­as de fiesta, los vecinos “le ponen luzal santo”. Recientemente se han efectuado obras de restauración, renovándose las vigas del tejado y el suelo de losas de terrazo. Actualmente, y como es tradición desde su fundación, la llave de esta ermita se conserva en la casa de Arriba, a cuyo patrimonio está vinculada.

3.3. Ritual festivo en el anfiteatro de montañas

Y así­ surgió la romerí­a de San Bernabé. En la de 1889, a modo de ágape para celebrarla inauguración, se asó un buey para los asistentes. El propietario de la ermita, residente en Bilbao, acudí­a a la romerí­a a lomos de caballerí­a, desde El Regato. La Guardia Civil del puesto ubicado en Galdames se encargaba del servicio de orden durante la romerí­a; más adelante la de la barriada minera de Arnabal y, una vez clausurado éste –hacia 1930- la del cuartel de La Arboleda. Durante décadas acudió, asimismo, el alguacil de Galdames, provisto de cohetes para lanzar durante la romerí­a. Pese a las fuerzas del orden, esta modesta ermita y su fiesta no pudieron sustraerse a la intensa conflictividad social vigente en la zona minera durante aquélla época, y a los atentados sufridos en el periodo 1933-36 por varias iglesias y ermitas de la zona minera. Un año o dos antes de la Guerra Civil, el mismo que fue volada la ermita rupestre de La Magdalena de Urallaga, alguien colocó un petardo ante ésta de San Bernabé la anteví­spera de su festividad, aunque el artefacto explosionó sin mayores consecuencias.

Ni tampoco a las peleas entre romeros, éstas avanzada la postguerra. Como una entre un vecino de Castaños y otro de El Regato, porque éste ganó en un desafí­o “al palo” tras las habituales libaciones que seguí­an a la cena. Por entonces, y también al atardecer, acudí­a la misma cuadrilla de regateños habituales de la homóloga romerí­a de Saratxo, que regresaban a su barrio ya de madrugada. Algunos romeros foráneos eran invitados a comer en las casas de Castaños, con cuyos moradores tení­an relaciones de parentesco o ví­nculos entablados en los trabajos agropecuarios compartidos; particularmente en la denominada casa de Abajo. Pero a las cuadrillas de jóvenes se les serví­a comida o cena de pago. La base del banquete familiar, copioso y variado, era el cordero, asado previamente por todo el vecindario en el horno anejo a la Casa de Arriba. Ahora son los vecinos de Castaños quienes lanzan cohetes para anunciar la misa y el inicio de la romerí­a; y también al caer la tarde cuando, tras su larga sobremesa doméstica, regresan al escenario festivo; salvo cuando ha fallecido alguien recientemente en el barrio . Los de la casa de Arriba engalanan la ermita con sencillos ramos de flores. De la organización se encargan, alternativamente, uno de los vecinos de arriba (Galdames) o el de abajo (Gí¼eñes), auxiliados por una pequeña subvención de su respectivo ayuntamiento. Una expresión micro de los “rituales de lí­mites” propios de entidades de población intermunicipales. La función religiosa de la romerí­a, misa a las 12 h., era celebrada hasta 1974 por el cura de San Pedro de Galdames, a cuya feligresí­a pertenece la ermita. Tras el fallecimiento de aquél –Dionisio Azaorlaza- el oficiante fue un sacerdote de Zorroza; después, durante la segunda mitad de los noventa, el párroco de Zaramillo; y ahora, de nuevo, el cura de Galdames. Tradicionalmente el sacerdote oficiante fue invitado a comer en la casa de Arriba, vinculada a la ermita, costumbre que no observa el actual. Por diversos motivos, tan solo una minorí­a de los romeros asiste misa –entre el 42% (1985) y el 23,8% (2005)-; y su tipologí­a corresponde a personas de más de cincuenta años, con mayorí­a de mujeres (58%). Por lo que toca a la religiosidad popular, con anterioridad a la celebración de la eucaristí­a, y tras la misma, algunas romeras ofrendan velones –12 en el 2.005-, colocándolos a la izquierda del altar, en cumplimiento de alguna promesa. A San Bernabé se le atribuyó una vocación casamentera, como lo testimonia la cuarteta recordada hacia 1940 por Martí­n Fuica, vecino de Saratxo: San Bernabé glorioso, casamentero de mozas; cásame a mí­ la primera, después casarás las otras

Con anterioridad al oficio religioso, algunos montañeros ascienden a cumbres próximas, como la de Ganeran, y éstos u otros romeros abandonan el espacio festivo antes o durante el mismo; y unos pocos más llegan para la comida e incluso durante la tarde. Los vecinos se encargaban de la animación musical contratando a los txistularis de Galdames; y, ya durante la década de los treinta, recurrieron a un acordeonista para animarlos festejos profanos: (a)

El Hortelano y Maturana (barbero), ambos de Zaramillo; o el baracaldés Ví­ctor. Desde 1954 el acordeonista ha sido Legina, de Artxanda, acompañado los primeros años por su hermano Txomin; pero los compromisos en su propio barrio durante la romerí­a del 2005 motivaron su sustitución. Los músicos son contratados y comen en la casa de los Lasa, perteneciente a Gí¼eñes. El baile se iniciaba tras la función religiosa, en la era, para proseguir durante toda la noche en el salón de la casa de Marcos Lasa, con participación de jóvenes de La Arboleda y El Regato. Ante la ermita se sitúa un improvisado tenderete o puesto de bebidas: mostrador, cajas de refrescos, vino y licores, más una sobrilla para protegerse del sol. Lo instala, desde hace más de veinte años, el bar Zaramillo, del barrio del mismo nombre. Al término de la misa, en la campa aneja a la ermita se organizan improvisados corros de charla, acordes con la función comunicativa de toda romerí­a, y el bar se ve muy concurrido. Este es el momento de mayor presencia en la campa romera, en torno al 54 %. Algunos romeros, sobre todo mujeres, bailan al suelto -jotas, ariñ-ariñ y biribilketas- e incluso al agarrado al son de la trikitrixa.

Y, antes de la hora de comer, algunos montañeros y vecinos baracaldeses van regresando a sus puntos de origen, por el camino de El Regato. En 2005 también lo hicieron así­, en esta misma dirección, algunos jóvenes de Las Calizas y Triano (Gallarta) que montaban sendos caballos. Aunque quienes desertan a mediodí­a representan tan solo un 11,9 % sobre el total de los romeros. No obstante, son varios los grupos de forasteros que se quedan a comer en el espacio festivo, en las campas próximas a la ermita, o en dirección a Agirza: más de 30 en 1985, 24 personas en 1992 y 58 en 2005. Tras la comida van regresando a la pequeña campa de la ermita, reanudando su charla en torno al bar hasta cerca de 50 romeros; mientras que otros emprenden el regreso. Si el tiempo lo permite, se incorporan algunos romeros más por la tarde. Los músicos tocan de nuevo ante la ermita, aunque ahora no se baila. Y, hacia las18,30 h., cuando los vecinos acuden desde sus casas, ya escasean los forasteros restantes. El número de asistentes, siempre pequeño, depende del tiempo atmosférico y del dí­a de la semana en que tenga lugar la romerí­a, oscilando en torno a las 170 personas. También de si a los jóvenes que trabajan “en los pinos” les dejaban libre la tarde del 11 de junio. En cuanto al origen de estos romeros, muchos de los l os 145 identificados en 2005 proceden del municipio de Barakaldo (25,5%), de su núcleo urbano y de barrios como Burceña (7,6%), pero sobre todo de núcleos de la cuenca del Castaños (17,2%): El Regato, Tellitu, Gorostiza y Retuerto. De Zaramillo viene el grupo más numeroso (23,4 %), que sumado a los del núcleo de Gí¼eñes y a los de Castaños de esta jurisdicción suponen un32,4% para su respectivo municipio. Otros grupos numerosos llegan del resto de la zona minera (26,2%): en su mayorí­a de La Arboleda (17,9 %), y también de Los Castaños, Las Calizas y Triano (Gallarta). Otros desde poblaciones de la cuenca del Kadagua, como Zalla (8,3 %), y Alonsotegi con sus barrios (Zamundi) (4,8 %). El pequeño resto (2,8%) corresponde a procedencias más heterogéneas: Bilbao y Leioa. Paradójicamente no hay romeros residentes en Galdames, porque los oriundos de las casas de Castaños de esta jurisdicción residen en Zaramillo o en Zamundi. Por lo que respecta a la tipologí­a de estos romeros, los baracaldeses de la zona urbana de su municipio están vinculados a actividades montañeras y al asociacionismo de referente tradicional (txokos y/o grupos de danzas vascas). Nunca fueron tan numerosos éstos y los de la zona rural de la anteiglesia, como en los años que median entre 1985 y1995, cuando jubilaciones y prejubilaciones posibilitaron la asistencia de quienes no lo habí­an hecho durante su vida laboral, siendo progresivamente diezmados por la senectud. Los regateños y retuertanos se asocian a un origen rural, y algunos a tareas agropecuarias  o a los bolos a cachete, el tradicional deporte propio de esta zona. Y todos son asiduos asistentes a las citas romeras de la zona. Desde Zaramillo acude una cuadrilla de doce jóvenes, también asiduos de las tres primeras romerí­as precitadas, más la de San Martí­n (El Somo). Pero la mayorí­a de los procedentes de este núcleo, más los residentes en el resto de Gí¼eñes, en Zalla, en Gallartay en Irauregi, son oriundos del propio Castaños y/o invitados en las casas de esta barriada. El numeroso colectivo de jóvenes de La Arboleda –20 en el 2005- proceden de grupos domésticos con ganado caballar, y muchos de ellos son activos promotores de festividades de referente memorial (La Górriga), y acuden asiduamente a la romerí­a de La Magdalena. En una u otra edición, algunos romeros han venido acompañados por amigos ajenos al ámbito de esta romerí­a: Bilbao, Portugalete o Leioa. Los ví­nculos predominantes entre todos ellos son los de la familia extensa y/o la amistad; y todos acuden a esta romerí­a desde hace bastantes años y con cierta frecuencia. Los medios de locomoción utilizados por los romeros, se asocian con su procedencia y tipologí­a. La mayorí­a, es decir los oriundos de la barriada hoy residentes en otros lugares –Zaramillo, Gí¼eñes, Zalla y Alonsotegi- así­ como los músicos, los jóvenes del primer barrio y los invitados de Gallarta, La Arboleda y Alonsotegi se desplazan en sus vehí­culos, preferentemente todoterrenos. Son los más alejados quienes acuden andando, como los montañeros de Barakaldo, más los de El Regato y de Retuerto. Muchos de La Arboleda, Triano y Las Calizas utilizan sus caballos , que pastan en los Montes de Triano, y con los que acuden a otras romerí­as de la zona, como la de La Magdalena en Urallaga (22 de julio)Tradicionalmente acudí­an romeros procedentes de todos los somos y barriadas del entorno, algunos de ellos a caballo: Saratxo, Zaramillo, Burzako, Tellitu, El Regato, La Arboleda, Amabizkar y San Pedro de Galdames. Durante los años ochenta se celebraron modestos festejos, como la espontánea competición de soka-tira entre jóvenes delas barriadas de Galdames y Gí¼eñes, o de La Arboleda y El Regato; y, excepcionalmente, vaquillas un par de años. No obstante, los actos festivos más destacados, al margen de la misa, han sido el baile y la comensalidad. Los forasteros efectuaban una comida campestre en las inmediaciones de la ermita, y zona denominada Atrás del Santo Ritual comensalí­stico que reactiva los ví­nculos de la amistad y de la vecindad originaria. Para los vecinos de Castaños, en cambio, el 11 de junio suponí­a y supone ante todo una fiesta intradoméstica. Cada familia se reuní­a en su respectiva casa, con los parientes y otros invitados, para comer –tradicionalmente- un cordero asado en su panera así­ como el queso casero. Dichos parientes, así­ como el acordeonista, se quedaban a dormir esa noche en Castaños, y al dí­a siguiente se celebraba una pequeña repetición festiva, con un baile limitado por la ausencia de forasteros, salvo algún vecino de Saratxo. Era, sobre todo, un dí­a de fiesta intradoméstica durante cuya comida que se terminaba el cordero de la jornada precedente.

Afirmando de este modo los ví­nculos de parentesco propios de la familia extensa, dispersada por un ámbito apenas supralocal o comarcal, pero suficiente para distender las relaciones cotidianas.

El poder de convocatoria de este acto se acrecienta, con un total de 53 comensales en1992 y de 90 en 2005 para las tres casas, algo más de la mitad de ellos en la de Gí¼eñes, aunque una de las casas ha restringido este acto comensalí­stico a un cí­rculo más í­ntimo y reducido.

La actual comida familiar se articula en torno a un menú variado y copioso. El salón comedor de cada una de estas casas está presidido por una profusión de fotos familiares ilustrando ritos de paso –comuniones, bodas…-; iconos que simbolizan la cualidad de comunidad de memoria de la respectiva familia, de comunidad de vivos y difuntos que afirma su continuidad en el tiempo. La comunicación entre el adentro y el afuera –garantizada por una común celebración festiva- se refuerza durante la sobremesa, cuando cada uno de los tres grupos domésticos invita a tomar café a los romeros más allegados y distingue a los más significados con postre de cerezas, aunque todos al margen del cí­rculo familiar, coadyuvando así­ al sentido integrador de esta fiesta aldeana. Algunos forasteros son invitados en las tres casas. Después, al atardecer y cuando los últimos forasteros se van marchando, los vecinos de Castaños y sus invitados regresan al espacio festivo, para proseguir la fiesta hasta una hora avanzada. En suma, la comensalidad romera actúa como el principal factor que activa diferentes niveles de interacción e identidad social – familiar, amical y vecinal-, de acuerdo con el potencial socializador de la comida en común.

 

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