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Vida de los trabajadores barakaldeses (1876-1936)

Vida de los trabajadores barakaldeses (1876-1936)

Concluida la II Guerra Carlista, en 1876, Barakaldo y Sestao, sedes de Altos Hornos de Vizcaya, experimentaron una profunda revolución industrial y demográfica. Tradicionalmente considerados como núcleos rurales pasaron a despuntar en el panorama nacional e internacional como importantes centros siderometalúrgicos. En este tránsito resulto clave desde mediados del siglo XIX el establecimiento de un conjunto de instalaciones industriales con cierta entidad (Nuestra Señora del Carmen, San Francisco de Mudela, Astilleros del Nervión, Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, Sociedad Metalúrgica y de Construcciones La Vizcaya, La Iberia, Aurrerá S.A., Altos Hornos de Vizcaya, Sociedad Española de Construcción Naval, Bacbock & Willcox,…) en torno a las cuales se dispusieron medianas y pequeñas empresas transformadoras del metal como demandantes de hierro y acero. Así­ mismo, esa concentración industrial provocó la aparición de una serie de economí­as de escala que derivaron en la disponibilidad de un amplio sistema de infraestructuras, equipamientos, servicios a la producción e interrelaciones empresariales, a la vez que un cuantioso mercado de mano de obra, capital y consumo.

Precisamente, el elevado volumen de puestos de trabajo generado hizo que Barakaldo y Sestao se transformaran en un poderoso polo de atracción para gentes de lejanos parajes, provocando un intenso crecimiento poblacional desde finales de la centuria decimonónica. No obstante, esta evolución demográfica en ningún momento se vio correspondida con un incremento de viviendas obreras e infraestructuras urbanas. Al nulo interés mostrado por las autoridades locales y estatales en la construcción de habitaciones para clases modestas, se vino a sumar la escasa actividad empresarial. Dos razones explicaron este último comportamiento.

Por un lado, la inversión en vivienda obrera no alcanzaba una tasa de ganancias similar a la percibida en la industria. Por otro, el constante déficit de viviendas modestas y el monopolio ejercido por un sector minoritario de la población, propiciaba el mantenimiento de altos alquileres y el incremento del valor de los inmuebles existentes. Una situación agudizada aún más por la complicada orografí­a y el control de los espacios llanos por parte de la industria.

De esta manera, la población trabajadora se aglutinó, principalmente, en los barrios del Desierto (en Barakaldo) y Urbinaga (en Sestao), en bloques de pisos de tres o cuatro alturas y planta baja, con una elevada densidad. Impotentes ante la carestí­a del suelo urbano y ante las subdivisiones sin autorización que los propietarios realizaron en busca del máximo beneficio, convivieron en “(…) dormitorios que daban a patios cerrados, lóbregos y sucios donde el aislamiento del hogar no existí­a y los vecinos del 2º piso respiraban los gases que se desprendí­an del primero y los secretos de la vida í­ntima, eran traí­dos y llevados a través de los suelos.”

Dí­a a dí­a miles de obreros, y sus familias, desenvolvieron su vida en una atmósfera cargada de materias volátiles en la que escaseaba el aire puro. Segregados en el espacio urbano, sufrieron los efectos negativos de la proximidad de las fábricas, al tiempo que desarrollaron largas jornadas de trabajo y padecieron carencias alimentarias. Todo ello en un ambiente degradado en el que la higiene brillaba por su ausencia, las infraestructuras eran algo casi desconocido y la utilización de aguas contaminadas por filtraciones residuales industriales y domésticas era algo corriente. Así­, no resulta extraño la rápida propagación de enfermedades epidémicas (viruela, cólera, sarampión, tosferina, meningitis,…) y de enfermedades transmitidas por el aire (catarros, resfriados, neumoní­as, pulmoní­as, bronquitis,…), el agua y los alimentos escasos y en mal estado (gastritis, enteritis, diarreas,…). Como consecuencia directa, el í­ndice de mortalidad experimentó a finales del siglo XIX y principios del XX un elevado incremento en las dos localidades, especialmente dramático entre la población infantil. De la misma manera, la esperanza de vida en el área industrial de Barakaldo y Sestao disminuyó conforme aumentaba la saturación de sus cascos urbanos, la mezcolanza de usos industriales y residenciales, la miseria, la criminalidad, el alcoholismo,…

Pronto, esas carencias y necesidades de la clase trabajadora en materia de trabajo, alojamiento, sanidad, higiene,… chocaron con la opulencia de la burguesí­a, lo que suscitó numerosas protestas. El hecho de que estos altercados fueran a más, ya fuera en número, intensidad o repercusión, motivó que se identificara problema obrero con cuestión social. Un “inconveniente” al que tuvieron que hacer frente las elites polí­ticas y económicas en todo el estado, pero principalmente en las zonas más industrializadas. En este sentido, el disfrute de una vivienda digna resultó ser una de las principales exigencias obreras que la burguesí­a trató de solucionar mediante actuaciones individuales y disposiciones legislativas.

Domingo Hernández, Mª del Mar

1 comentario

  1. Mme Dominique Guillemin

    Estimado Señor,

    Soy francesa. Entonces excuse mis faltas lingí¼í­sticas.

    Estoy buscando informaciones sobre el partido socialista de Barakaldo entre 1923 y 1930.
    Habí­an representaciones teatrales en la sede de este partido, en el “teatro Casino Republicano” y solicito su ayuda para saber si existen unos archivos sobre estos acontecimientos, sobre los miembros y las actividades de este partido en aquella época y en particular la representacón de “Hijo de la noche” durante la noche del 6 de enero de 1923.
    Le agrasezco para su ayuda o unas indicaciones.
    Atentamente

    Dominique Guillemin
    0033 617080810

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