Menú

LOS BOLOS A KATXETE EN BARAKALDO Y EN LA ZONA MINEROFABRIL (1865-2014) (I)

LOS BOLOS A KATXETE EN BARAKALDO Y EN LA ZONA MINEROFABRIL (1865-2014) (I)

LOS BOLOS A KATXETE EN BARAKALDO Y EN LA ZONA MINEROFABRIL (1865-2014) (I)

Aunque coexistiendo con otros juegos populares, no cabe duda que la primacía entre las prácticas   deportivas de escasa formalización correspondió en el ámbito geográfico de la Anteiglesia de Barakaldo, de los Siete Concejos del Valle de Somorrostro y de la Villa de Portugalete (Zona Minerofabril) a los juegos de bolos, en sus diversas modalidades. Existieron carrejos, juobolos o boleras -privados o públicos- en todos sus barrios y barriadas, así como en los espacios intersticiales de la propia zona urbana y fabril. Y existen algunos, que han sobrevivido a la difusión de los deportes y al ocio de masas. Muchos de ellos vinculados a otros espacios públicos de la sociabilidad obrera y popular, como tabernas y txakolíes, que instalaban el juego de bolos como forma de atracción para sus clientes. En torno a ellos, y a su función de esparcimiento, se escenificó –y se escenifica- la dialéctica expresión de identidades, individuales y colectivas, de referente local y/o subcomarcal.

 

INTRODUCCIÓN. LOS PRECEDENTES EN EL ANTIGUO RÉGIMEN

Ya en la fase final del Antiguo Régimen, en varios puntos del Valle de Somorrostro la tradición de los bolos -sin que podamos precisar su modalidad- estaba arraigada. Por ejemplo, en Muskiz, donde se construyó la antigua iglesia de San Juan Bautista, a mediados del siglo XVIII sobre un antiguo carrejo de bolos. También hubo boleras y afición al pasabolo en Sestao donde, a partir de este mismo siglo, se jugaba en el carrejo del Casco del Concejo. Siendo tal que la sesión del Ayuntamiento sestaotarra de 19.04.1829 debió suspenderse, por incomparecencia de algunos munícipes, que jugaban al pasabolo.

  1. EL JUEGO DE BOLOS: FUNCIONES, MODALIDADES Y COORDENADAS ESPACIO-TEMPORALES

El juego de bolos de nuestra época de referencia, pese a estar sujeto a reglas -aún sin codificar como reglamento- en su práctica cotidiana es un deporte popular que no se diferencia demasiado de otras expresiones, espontáneas y escasamente formalizadas del ocio y de la sociabilidad popular. Se vincula al ocio, ya que las principales competiciones tenían lugar durante el tiempo libre de la tarde del domingo, suscitando apuestas de escasa cuantía monetaria, que habitualmente no sobrepasaban el pago de consumiciones de cuartillos de vino. Durante el periodo de entre siglos su práctica no va más allá de su dimensión lúdica y de rivalidad interindividual a nivel local. Como lo ha expuesto magistralmente Hilario Cruz, en referencia al municipio de Muskiz, pero extensible al conjunto de la zona minerofabril: “El juego de bolos puede considerarse como ancestral deporte, en tanto en cuanto competitivo al mismo tiempo que servía de divertimento y empleo de tiempo ocioso para las gentes de otro tiempo.

Reglamentos empíricos observaban las normas para el desarrollo de competiciones casi siempre dentro del ámbito local. Por tanto, no existía ningún ente asociativo ni federativo, apuestas de escasa importancia dineraria, el pago de consumiciones donde el vino era el objeto más cualificado, y desafíos entre parejas eran las motivaciones con las alternativas que el juego que hacían acudir a los hombres al carrejo donde no faltaba heterogénea concurrencia que también se divertía con las alternativas que el juego propiciaba y que, en buen tiempo, solía acaparar la tarde del domingo […] Así, entre comentarios y ovaciones y también decepciones se divertían actuantes y espectadores. El carrejo de bolos era lugar de referencia festiva y de competencia y sana deportividad”.

Otro testimonio de comienzos de las primeras décadas del siglo XX, aunque referido a la modalidad de pasabolo, nos habla de una frecuentación diaria, al menos durante el estío. Como en el carrejo del Chorrillo, en El Castañal de Reketa (Barakaldo) y su taberna, que fueron: “centro de reunión, especialmente en verano después del trabajo, de los obreros a los que gustaba más beber o pasar un rato al aire libre, que metidos en las tabernas”. Lugar de esparcimiento dominical, en el Barakaldo fabril convergían en el carrejo cuadrillas de obreros industriales y allí, después del almuerzo, daba comienzo la partida que enfrentaba a cuadrillas de diferente origen regional. Arandinos y riojanos, p. e., trasladaban al ámbito del ocio su cotidiana rivalidad en las tareas fabriles, disputándose a los bolos “además del vino la honrilla”, es decir la autoestima e identidad personal y/o grupal. Tras la pausa del mediodía para comer, regresaban a la una “con el bocado en la boca y continuaba el juego hasta el anochecer”. Así, por ejemplo, en el popular carrejo del Hombre Goma, en Landáburu: “Poco antes del oscurecer se jugaba, con la bola grande, el partido cumbre; ¡se jugaba la merienda! La merienda consistía en aquellos tiempos de poco jornal y buena correa en pan de comuña de Retuerto, unas hebras o tiras de bacalao de Escocia en ajoarriero, con mucho aceite, y auténtico vino de Rioja a todo pasto…

Los gananciosos no pagaban nada y los que perdían la merienda, salían escotando a real o tres perras, por barba”. Estas apuestas colectivas, costeadas por los perdedores, expresaban más que un deseo de penalizar a los vencidos, el propósito de reconstruir la cohesión del grupo de jugadores habituales, en torno a los vínculos reforzados mediante esta frugal, pero solidaria, comensalía.

Sin embargo, estos desafíos interindividuales y, posteriormente, campeonatos van introduciendo otra dimensión: la organización de los primeros campeonatos durante las fiestas locales de algunos barrios. Durante los años veinte, esta práctica deportiva espontánea se convierte en referencia festiva, a la vez que adquiere visos de formalización. Ésta será procesual, para irse acentuando con la decadencia de los diversos juegos de bolos. Así, el revival experimentado por la modalidad de a katxete se vincula, a partir de 1962, a expresiones asociativas (sociedades de bolos) y campeonatos de índole supralocal. Incipientes tendencias que se irán consolidando durante la década de los ochenta. Dimensión competitiva que sitúa los juegos de bolos en un ámbito supralocal, que comprende en el caso de la modalidad de a katxete el conjunto de la zona comarcana. Resulta, así pues, ineludible la referencia a este ámbito territorial en su conjunto, sin perder de vista al municipio de Barakaldo como referente nuclear.

En la Anteiglesia se practicaron dos modalidades bolísticas, cuya formalización y definitiva codificación es fruto de un proceso evolutivo coincidente con nuestro marco temporal de estudio, pero ya prácticamente consolidado hacia 1920. Una de ellas, denominada antaño a lo raso y después a katxete, es propia y autóctona de la subcomarca integrada por Barakaldo, la villa de Portugalete y los Siete Concejos del Valle de Somorrostro: es decir por la contemporáneamente denominada Zona Minerofabril (Meatzaldea/Ezkerraldea); con gran arraigo en los núcleos aldeanos de su ámbito nuclear, originariamente rural. La segunda, el pasabolo, tenía su campo de acción en las zonas más netamente urbanas de esta subcomarca, así como en las más periféricas y/o mineras -ambas surgidas con la industrialización- y colindantes con municipios donde su predominio es casi absoluto: Galdames, Güeñes y Castro Urdiales, dentro de un ámbito territorial mucho más extenso e incluso interprovincial.

En Barakaldo, la distribución geográfica de los carrejos de diferentes modalidades se adecúa a las peculiaridades subculturales y topográficas del territorio local. El valle del Kadagua, aguas arriba a partir de Kastrexana, es de neto predominio de modalidades al uso en el más amplio ámbito comarcal de Las Encartaciones y su entorno geográfico. Lo propio sucede en la zona netamente urbana -El Desierto y Lutxana- donde estas modalidades y otras más -como el bolo palma- fueron importadas por la inmigración interior procedente de las zonas de origen de estos juegos, con participación de otros colectivos de origen más lejano.

La orla periurbana se caracteriza por una simbiosis de estas modalidades más la de katxete, pudiendo ser calificada como mixta, aunque con predominio de alguna de las dos básicas.

Comprende los barrios de Landaburu, Bagaza, San Vicente, Retuerto, Cruces / Gurutzeta, Burtzeña, Zubileta-Kastrexana y, durante las primeras décadas, el pequeño núcleo urbano del más amplio valle de El Regato / Errekatxo. El resto del territorio local, zona más netamente rural, y colindante con la zona somorrostrana de los bolos a katxete, es de exclusivo dominio de esta modalidad autóctona. Su ámbito incluye las barriadas de Basatxu, Beurko, San Bartolomé, Bituritxa, Kareaga, Sesumaga, más los ocho núcleos más rurales del Valle de El Regato: Bengolea, Gorostiza, Aranguren, Anbia, Eskauriza, Urkullu, Tellitu y Arnabal.

El destino de ambas será muy diferente. Mientras que el pasabolo experimenta un gran retroceso tras la Guerra Civil, erosionado por la variada gama de diversiones y deportes propios de la sociedad de masas urbano-industrial, no sucede lo mismo con los bolos a katxete que resisten mejor este impacto; y, como tantas señas de identidad colectiva local, experimentan un resurgimiento, precisamente al final de nuestro marco temporal de estudio.

José Ignacio Homobono Martínez

 

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Recursos multimedia

Actualizado el 1 de febrero de 2026

  1. Cinco bares en el barrio de Beurko, por Alejandro Aponte
  2. Cinco bares en el barrio de Beurko, por Alejandro Ane Andrés
  3. Cinco bares en el barrio de Beurko, por Iker Albarran
  4. Cinco bares en el barrio de Beurko, por Jon Muñoz
  5. Cinco bares en el barrio de Beurko, por Laia Lozano

febrero 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  

Archivos

Categorías

RSS Noticias de Barakaldo