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RECORRIDO HISTÓRICO 33: La Guerra Civil: dolor y muerte

RECORRIDO HISTÓRICO 33: La Guerra Civil: dolor y muerte

El siglo XIX fue un permanente “estado de guerra” en el que la contienda carlismo-liberalismo ocupó las “primeras portadas” de la realidad de nuestro entorno con especial incidencia en la década de los años treinta (primera guerra) y de los setenta (tercera de las contiendas carlistas). Tampoco estuvo el primer tercio del siglo XX exento de conflictos. Las guerras mundiales tuvieron exclusivamente una incidencia económica (inmediatamente positiva, por cierto)  constituyendo la civil (1936-1939), por el contrario, una debacle social de efectos mucho más duraderos.

La repercusión de la citada guerra civil ha sido un tema poco tratado a nivel local (aquí y en otras partes) aunque los trabajos y estudios a nivel general y desde variadas perspectivas han sido abundantes y, de ellos, hemos bebido durante muchos años. Los últimos años, bien por motivos políticos, sentimentales o históricos, han propiciado algunas publicaciones de orden local que han tratado de sacar del anonimato determinados aspectos de la contienda. Sobresale, entre ellos, la aportación de Ramón Hilario-Iker Martínez[1] y, sobre todo, la de Koldobika López[2]… Ambas publicaciones y algunas otras de menor calado nos sirven de marco en este recorrido que iniciamos con una breve contextualización.

El estallido de la contienda (18 de julio de 1936) significó en el País Vasco Navarro el enfren­tamiento de la población y la adscripción de ésta a uno u otro de los bandos beligerantes. Si Navarra y Álava fueron dominadas fácilmente por los insu­rrectos, en Gipuzkoa el levantamiento militar fue sofocado por milicianos anarquistas ayudados por guardias civiles fieles a la República. En Bilbao el gobierno tomó la decisión de no sumarse al alzamiento.

A las pocas semanas del inicio de la guerra las tropas rebeldes conquistan Irún y San Sebastián y, al poco, el frente se estabiliza en el Deva. La vida en Bilbao y alrededores era de relativa tranquilidad aun cuando en los días siguientes al Alzamiento medio centenar de personas tildadas «de derechas»[3] fue­ron muertas por las patrullas descontroladas del Frente Popular y centenares fueron recluidas bien en tierra (cárcel de Larrinaga, Universidad de Deusto o Colegio de los Jesuitas) bien en barcos fondeados en la ría[4]. Tras uno de los bombardeos sobre Bilbao por parte de la aviación rebelde (4 de marzo de 1937), se asaltan varias cárceles[5] y entre 225 y 230 presos son pasados por las armas sin ningún miramiento. La ofensiva de Mola contra el sobrevalorado “Cinturón de Hierro” en este mes de marzo supuso que un numeroso grupo de niños (parece que unos 70.000 fuesen evacuados hacia Inglaterra, Francia, Bélgica y la Unión Soviética).

Seis meses antes, las Cortes Generales reunidas en Valencia aprueban el primer Estatuto de Autonomía. El primer lehendakari será José Antonio Aguirre, alcalde de Getxo y miembro del Partido Nacionalista Vasco, cuya jurisdicción se redujo a Bizkaia y una estrecha franja de Gipuzkoa durante nueve meses.

Con la caída del conocido como «Cinturón de Hierro» las briga­das navarras rompen la línea defensiva vasca entrando el 18 de junio de 1937 en Bilbao y tres días más tarde, en Barakaldo. Con la firma del Pacto de Santoña (24 de agosto de 1937) finaliza la guerra en Euskadi. Al finalizar la guerra los barakaldeses fallecidos en combate fueron 388[6].

 

1.- LOS PRIMEROS DÍAS DE LA GUERRA CIVIL EN BARAKALDO.

Ya desde 1935, máxime tras la elecciones de 1936, el Frente Popular dominaba el ambiente social y civil barakaldés. Las revueltas eran constantes y el Ayuntamiento a duras penas podía mantener el orden.

En los primeros días de la guerra el poder fue asumido, en sintonía con lo que ocurría en Vizcaya, por una Junta de Defensa[7] que no puso ningún obstáculo para que los partidos políticos de izquierdas se incautasen de los locales de algunas asociaciones vinculadas al Alzamiento[8]. Igualmente tuvieron que hacer frente a algún conato de persecución reli­giosa que podían haber desencadenado procesos similares a los que se vivían en el resto de la zona republicana. La mañana del 21 de julio, por ejemplo, según el relato de J.L. Bastarrica, grupos de milicianos y un torrente humano, que saltaba las tapias al grito de » ¡los frailes!, ¡los frailes!, ¡que tienen armas!», irrumpieron en el Colegio Salesiano sin que la sangre llegase al río[9]. La solución a esta tensión fue aportada por los nacionalistas, que venían velando por la seguridad salesiana desde la ocupación del colegio. El propio Aguirre envió un coche que en la noche del 4 de agosto condujo a los salesianos al Gobierno Civil. La gestión se había realizado a través de Pedro de Basaldua, secretario de Aguirre y antiguo alumno del colegio. A partir de ese momento, los salesianos, alojados y atendidos en casas particulares, quedaron bajo la protección del Partido Nacionalista que gestionó su salida al extranjero[10]. Por otra parte, en estos primeros días se efectuaron diversas detenciones, en muchos casos aleatorias y sin pruebas[11].

2.- LOS BOMBARDEOS

Barakaldo fue bombardeado por primera vez el 31 de agosto de 1936 dejando un rastro de tres civiles muertos[12]. Como consecuencia, el alcalde Eustaquio Cañas tomó la decisión de poner sirenas por todo el pueblo, de utilizar las sirenas de todas las fábricas del municipio y de usar todos los sótanos y bajos de las casas como refugios anti bombardeos[13]. Poco después, ante la precariedad de esta solución, se tomó la determinación de crear refugios artificiales.

Uno de los primeros en construirse fue el de la calle Zaballa que terminó en un  sonoro fracaso por hundirse ante la primera prueba de carga que se hizo. Se decidió, entonces, que los refugios fueran a partir de ese momento las fábricas, que nunca eran bombardeadas, punto éste bastante curioso si tenemos en cuenta que estas fábricas se emplearon para la industria bélica a favor de la República. También fueron utilizados como refugio los arcos de la cooperativa de los Altos Hornos, el túnel de la franco-belga y las huertas de la calle Arrandi.

Otros lugares que fueron utilizados fueron los sitios donde se construyeron refugios artificiales como en la calle Economía y bajo la “tribuna”  de la Ciudad Deportiva (en la carretera que da a Trapagaran) denominado “Las Canteras”. Este refugio consta de dos entradas y un ventanal para aireación. Está construido como si de una galería de mina se tratase -excavado en la roca viva- y probablemente se usasen barrenas neumáticas durante su construcción. Posee una amplia galería central y otra más pequeña paralela a ella que se unen entre sí por tres pasillos. En esta galería secundaria se encuentra un depósito de agua que serviría para abastecer a los ocupantes del refugio, ya que el calor de tanta gente debería de ser asfixiante. Este depósito evacúa el agua excedente hacia el exterior por un tubo de desagüe que termina en el exterior del propio refugio y que hace las veces de improvisada fuente o manantial en el que no pocos han saciado su sed, aunque hoy día un cartel advierte de que el agua no es potable. El refugio es amplio y su altura en casi todos los puntos es de 1,70 metros, más que suficiente teniendo en cuenta que la talla media en aquella época era mucho menor que la actual. A parte de la humedad, el refugio se conserva en buen estado y carece de derrumbes pues la roca es bastante solida[14]. El refugio de Requeta desapareció hace ya años, probablemente por la construcción del Puente Rontegui. Además de estos mencionados, se construyeron otros en la ladera sur del monte Tun tun, en los terrenos de la extinta fábrica “Sefanitro” en el barrio de Lutxana y otro en Burceña en la calle Zumalakarregui donde hoy en día se ubica la empresa “Taller Usoa.

Uno de los varios bombardeos que se realizaron sobre la anteiglesia, 25 de septiembre de 1936, en el que murieron varios niños, provocó la ira popular (posiblemente aireada por los agentes político-sociales) que encauzó su indignación hacia los buques prisión que estaban situados en la dársena de Portu: el «Altuna Mendi» y el «Cabo Quilates». Cuando la gente llegó, se encontró con la colaboración de los marineros del buque «Jaime I» a la hora de asaltar el “Cabo Quilates”. La masa logro hacerse con el control del buque y comenzó a hacer subir a la cubierta a los presos. Una vez que estaban en la cubierta, fueron fusilándolos uno a uno. Así hasta un total de 50, entre otros algunos miembros de la familia Ybarra. En el Altuna Mendi fueron asesinados, el mismo día, 30 prisioneros. Los hechos se repitieron los días 2 y 3 de octubre aunque únicamente en el “Cabo Quilates”. Estos días los asesinatos llegaron a la treintena (28 el día 2 y unos pocos más el día 3)[15].

4.- EL BATALLÓN GORDEXOLA

El Batallón Gordexola n°16 de Euzkadi o Euzkogudarostea se formó en noviembre de 1936 al fusionarse con el batallón Kepa Ereño de Sestao. Se componía de 3 compañías: una de ametralladoras, que por falta de armamento pasó a ser de infantería, más otra de zapadores y otra de servicios auxilia­res, totalizando 750 combatientes. Su comandante fue en principio Enrique Iza, en breve sustituido por Luis Urkullu. La compañía de intendencia fue mandada sucesivamente por Carlos Lekerika, Antonio Rubio y Víctor Uriarte. Como capitanes figuraban: Tontxu Arrien, David Gimeno, a quién sustitu­ye Eloy Sagastagoita al fallecer en el combate de Nafarrete, Juan F. Franco y Mariano Torrontegui, asistiendo como ayudante Severino Pedro Barrenetxea. Contaba el batallón con un oficial médico, Álvaro Zabala y dos capellanes, Lorenzo Lahuerta y Juan Zabala.

Un episodio reseñable de este batallón es el sucedido en la noche del 21 al 22 de junio de 1937: «La noche entre el 21 y el 22 de junio de 1937 el Batallón Gordexola defendió, incluso a tiros las fábricas situadas en Barakaldo, con especial interés los Altos Hornos. Los comandos de izquierdas trata­ron de volar estas fábricas, y se encontraron con la fuerte resistencia de los hombres del Gordexola. Por la mañana, la mayor parte de éstos fueron hacia la Herriko Plaza, mientras un pequeño grupo se quedaba defendiendo las fábricas[16].

Previamente (19 de junio), el comandante del Batallón Gordexola, Luis Urkullu, se entrevista con el teniente Capponi, del Tercer Regi­miento de Flechas Negras Italianas que mandaba el coronel Fuimara. El oficial comunica a Urkullu que disponen de 15 baterías y 50 morteros y que de no rendir Barakaldo arrasarían la plaza incluida la población civil. Impresionado, el comandante se entrevista con Pablo Beldarraín, Jefe de la Quinta División del Cuerpo del Ejército Vasco en el puesto que habían instalado en la fábrica Garay, de Retuerto, a fin de tomar una decisión. A la entrevista se suman el lehendakari Aguirre y el general Gámir Ulibarri, recién evacuados de Bilbao con dirección a Trucíos en donde el Gobierno Vasco celebra su último Consejo en tierras vascas, que dan la orden de no pactar y resistir. Urkullu en principio se avino pero de vuelta al Batallón, tras dis­cutirlo con sus hombres, opta por la vía de la rendición por las razones que se expusieron. De ahí que el Batallón Gordexola fuera, por incomprendido, tildado de «traidor» por militares y civiles de su mismo bando.

En el Diario de Operaciones de la Brigada de Navarra se recoge: «Los hombres formaron en la Herriko Plaza esperando la llegada de los italianos. Junto con los miembros del batallón Gordexola esta­ban también integrantes de batallones de STV, Martiartu y dos com­pañías del batallón San Andrés, en total unos 2000 hombres. Mientras esperaban en formación algunos vecinos comenzaron a increparles desde sus ventanas, al grito de «¡Traidores!». Los gudaris empeza­ron a impacientarse y algunos decidieron irse a sus casas, ya que muchos eran vecinos de Barakaldo, otros escondían o colgaban sus armas entre los arbustos y las ramas de los árboles de la plaza. Y hubo incluso algunos que decidieron huir hacia Santander en el último mo­mento. Mientras esto ocurría, en la carretera que une Barakaldo con Trapagaran la fila de gente que escapaba de un futuro incierto era lar­guísima, y además tuvieron que correr para salvar sus vidas, ya que los aviones fascistas decidieron atacar a la población civil que huía, igual que hicieron en Málaga, donde murieron casi 5000 personas. Por suerte, en este ataque solo murieron unas 5 personas.

En la plaza empiezan a resonar las botas claveteadas de los ita­lianos. Llega el momento de la verdad, los gudaris en la plaza espe­ran para entregar la anteiglesia a los «Flechas Negras». Los nervios están a flor de piel. Incluso algún soldado huye mientras entran los italianos. Urkullu estaba al frente de sus tropas cuando entró en la plaza el general Piazzoni y rindió la anteiglesia de Barakaldo con los 2000 gudaris allí presentes. Tras esto, los hombres fueron detenidos por las tropas franquistas, que no hicieron caso del trato hecho entre italianos y vascos. Los hombres del batallón Gordexola acabaron in­ternados en campos de concentración como el de Miranda, y de allí pasaron a batallones de trabajos forzados’.

 5.- LA REPRESIÓN EN BARAKALDO.

Estallada la revuelta se procedió a la detención masiva de carlistas y dirigentes de la derecha que, después de su paso por el ayuntamiento, eran conducidos a Bilbao. La «limpieza» de las primeras semanas en Barakaldo parece tener pues, con la excepción de tres paseos[17], un carácter preven­tivo y se dirigía fundamentalmente contra aquellos sectores de las derechas que se habían estado entrenando para apoyar al Golpe de Estado. Tampoco parece detectarse un especial ensañamiento con los detenidos por parte de la Junta local a tenor de las memorias de Ángel Basterrechea, quien escribía que «con satisfacción hago constar que en los días transcurridos en la prisión provisional de Baracaldo, fuimos tratados con toda clase de consideraciones personales por los milicianos encargados de nuestra custodia«.

Tras una breve estancia en Barakaldo, los presos eran conducidos a Bilbao y de ahí, dada la saturación de los centros de detención bilbaínos, muchos de ellos a los barcos prisiones anclados en la Ría, a la altura de Altos Hornos. Una vez allí, la seguridad de los presos quedaba garantizada por el normal funcionamiento de las instituciones que hacía que, como mínimo, el Altuna Mendi estuviera custodiado por la Guardia Civil.

Pero existía una tensión entre esta represión preventiva que ejercían las autoridades y los partidarios de la limpieza «en caliente» o directa. Los barcos-prisión fondeados en la ría ilustran esta tensión. Según el rela­to de Ángel Basterrechea, desde mediados de agosto del 36 el Altuna Mendi fue ametrallado por grupos de milicianos desde la carretera. El ansia represi­va aumentó según se iniciaban los primeros bombardeos de la aviación nacio­nal sobre el área bilbaína. El 16 de dicho mes una incursión aérea incendió los depósitos de la CAMPSA en Santurtzi. Tras el ataque se congregó en los mue­lles una multitud que pedía la ejecución de los presos y que intentaba acceder a los barcos en gabarras. Los intentos fueron contenidos por la Guardia Civil. La suerte de los presos cambió, sin embargo, cuando ésta fue relevada y los milicianos pasaron a ocuparse de la custodia de los detenidos. Desde entonces se convirtió en práctica común el formar a los presos en cubierta cuando se producían ataques aéreos en Bilbao. Así las cosas, el ocurrido en Bilbao del 25 de septiembre iba a tener consecuencias trágicas. Acabado el bombardeo, «gran número de hombres y mujeres de la más baja calaña, se dirigieron vo­ciferando hacia los muelles de la ría próximos a la factoría de Altos Hornos, a cuya altura se hallan fondeados los barcos Altuna Mendi y Cabo Quilates. Desde la orilla, los grupos insultaban a los presos e instaban a los guardianes, para que no dejaran a ninguno sin vida, y algunos componentes de dichos gru­pos consiguieron entrar en las naves a las que se trasladaron utilizando gaba­rras». Durante la noche tuvo lugar la matanza en los barcos-prisión que costó la vida a 41 presos del Cabo Quilates y a 29 del Altuna Mendi. Las muertes se repitieron el 2 de octubre cuando los marineros del buque Jaime I entraron en el Cabo Quilates, con un trágico resultado de 38 muertos. Relata Echeandia que en primer lugar los exaltados se dirigieron al Altuna Mendi, impidiendo la Benemérita el acceso, pero el relato de Ángel Basterrechea, prisionero en el barco, no hace referencia a tal incidencia. Según la Causa General, las ejecu­ciones fueron iniciadas por los milicianos del barco y los marineros del Jaime I se añadieron a la matanza una vez empezada.

Del relato de Basterrechea, que nunca fue publicado, colegimos que la presencia de la Guardia Civil era clave para la seguridad de los presos. Un día después de esta segunda tanda de crímenes, los últimos milicianos abandona­ban el barco. Estas ejecuciones en los barcos-prisión provocaron casi el 17% de las víctimas de la represión en Bizkaia, y el 52% de las de Barakaldo.

Con estos sucesos se cierra la secuencia represiva por lo que a Barakaldo respecta, hasta los días de la retirada de las fuerzas republicanas. El día de la entrada de las tropas nacionales en Barakaldo se en­contró cerca de su domicilio el cadáver con cinco balas en la cabeza de un em­pleado de 66 años, a quien la Causa General califica de monárquico, pero su viuda, en su declaración personal, manifiesta que carecía de filiación política.

Añadir, por último, que en Barakaldo, el coadjutor de San Vicente fue asesinado en la segunda matanza del Cabo Quilates y el cuerpo de un párroco de la diócesis de El Burgo de Osma había aparecido dos semanas antes en la carretera de El Re­gato. La existencia de la ultraderecha, con sólidas bases populares como los carlistas, arroja una presencia mayor de las clases bajas entre las víctimas de la represión, concretamente un 30,43% del total y un 33,33% de los no reli­giosos o fuerzas del orden. A pesar de ello, el colectivo mucho más afectado fue el de los empleados. El 52% del total de las víctimas pertenecían a este grupo social, que en Barakaldo había sido la columna vertebral de la derecha no nacionalista. Los ingenieros, otro pilar de la política local, constituyen el único grupo de las clases altas afectado (20% de su número).

Este repaso a los distintos grupos sociales entre las víctimas es­tablece el carácter clasista de la represión, pero su incidencia real no se puede constatar si no se tiene en cuenta la muy desigual presencia de cada grupo en el conjunto de la población. El 3% de las personas que declaraban profesiones propias de clases altas murieron víctimas de la represión en Barakaldo. En contraste, sólo el 0,09% de las clases bajas se vieron afectadas.

En Barakaldo, 51 personas estuvieron encarceladas durante los once meses que duró la guerra en la localidad, sufriendo 25 prisión preventiva. A princi­pios de 1937 el Tribunal Popular de Euskadi se hizo cargo de estos casos. Casi una tercera parte de los detenidos eran carlistas. Si se cifra esta militancia en el municipio en alrededor de cien hombres, esto supone que casi un 25% de los carlistas baracaldeses fueron detenidos, sobre todo sus dirigentes, como se colige del estudio de las Actas de las Juntas de la Sociedad Tradicionalista[18].

No es sencillo discernir si estas detenciones obedecen a motivos estrictamente políticos o a su condición, en la mayoría de los casos del tradicionalismo, de católicos[19]. Igualmente está fuera de lugar el identificar a sacerdotes y religiosos con la ultraderecha[20]. En España, bajo el patrocinio y diseño de los partidos y organizaciones que configuraban o apoyaban al Frente Popular hubo una demostrable persecución contra los católicos (especial, pero no únicamente, sacerdotes).  Ciertamente que, en Euskadi, el peso del Nacionalismo Vasco se hizo notar allí donde pudo hacerlo aunque no pudo evitar determinados actuaciones de otras organizaciones. Ya hemos citado el caso de los Salesianos, librados “por los pelos” del linchamiento. Similar suerte corrieron los Paúles, encausados porque uno de ellos (el P. José Marín, residente en Ávila y de paso por la anteiglesia) escuchaba “emisoras facciosas” en una radio ubicada en la Residencia Miranda, regida por las Hijas de la Caridad, y, el resto, por ayudar al adolescente carlista José Luis Arce a pasar a la zona nacional[21]. El primero fue condenado por el Tribunal Popular de Euskadi a 14 años y ocho meses de cárcel y el resto fue puesto en libertad (18 de mayo de 1937). Peor suerte corrió uno de los sacerdotes-coadjutor de la parroquia de San Vicente que, preso en el barco “Cabo Quilates” junto con otro de sus compañeros, fue ejecutado.

Si tenemos en cuenta estos sucesos debemos concluir que la persecución religiosa hacia el clero en Barakaldo fue tan intensa o más que en otros lugares por cuanto afectó al cien por cien de las Instituciones religiosas católicas existentes en la anteiglesia: la parroquia de San Vicente, el Colegio de los Salesianos, las Hijas de la Caridad de la Fundación Miranda y la Residencia de los Paúles.

 

[1] Ramón HILARIO-Iker MARTÍNEZ “Barakaldo a través de los tiempos” 2016. pp. 217-238.

[2] Koldobika LÓPEZ “La Guerra Civil en Barakaldo. Once meses de resistencia” 2016.

[3] La verdad es que bastaba haber militado en la Liga de Acción Monárquica, en el requeté o en las filas liberales o mauristas (si bien no pocos eran simplemente católicos, independientes o apolíticos) para ser tachado de “fascista”, “traidor a la causa” o “enemigo del pueblo” para ser encarcelado.

[4] Koldobika LÓPEZ afirma (pág. 99) que “en la ría llegaron a coincidir tres buques-prisión. Altuna-Mendi, Aranzazu-Mendi y Cabo Quilates. Entre los tres buques habría unos 3000 reclusos de filiación derechista. El Cabo Quilates contaba con una población reclusa de unos 700 presos.

[5] Las ubicadas en el Carmelo, Ángeles Custodios, Larrinaga, Casa Galera y los barcos prisión Altuna Mendi y Cabo Quilates.

[6] Koldobika LÓPEZ “La Guerra Civil en Barakaldo. Once meses de resistencia” 2016, p. 98

[7] Se crea el 27 de julio. Configuran este Comité de Defensa Félix Hormaechea (Partido Socialista), Juan Salas (Partido Comunista), Gonzalo López (Izquierda Republicana), Gerardo Chana (Unión Republicana), Saturnino Gracia (Partido Nacionalista Vasco), Luis Ruiz de Aguirre (Acción Nacionalista Vasco), Dionisio Marqués (Unión General de Trabajadores), José Lera (Confederación Nacional del Trabajo), Amorosio Rubio (Acción Nacionalista Vasca Autónoma) y Nicolás Redondo (Frente Popular). Koldobika LÓPEZ “La Guerra Civil en Barakaldo” pp. 82-83.

[8] Así, la CNT se hizo con el local de la Sociedad Tradicionalista, Izquierda Republicana con el de Acción Popular y el Partido Comunista con el del Cen­tro Católico. Por otra parte el Colegio de los Salesianos sirvió de acuartelamiento al batallón Celta; el Gordexola estuvo acuartelado en el Colegio de las Hijas de la Cruz y en la Plaza Vilallonga (Escuelas de Altos Hornos) se ubicó el batallón de Morteros de Euzkadi.

[9] La causa es la socorrida acusación de “guardar armas de fuego en el interior de su Colegio”. Una estrategia que, bien adobada por el sectario anticlericalismo de los partidos de izquierda, fue la causa, en otros muchos lugares, de la quema de conventos y el impune asesinato de religiosos. Nada nuevo en la Historia.

[10] El Gobernador Civil ordenaba a mediados de agosto la incautación del colegio salesiano para instrucción de milicianos, y del resto de escuelas privadas algunos días después (el 11 de septiembre) para albergue de los niños guipuzcoanos y sus familias. Según el director del colegio Salesiano, los milicianos anarquistas y comunistas “en la Iglesia destruyeron tres grandes retablos, cinco confesonarios y un hermoso órgano, juntamente con el Comulgatorio que era de mármol. De los ornamentos religiosos quemaron varia casullas y albas, y sotanas y roquetes de monaguillos. El Colegio quedó en gran parte saqueado. Los daños de las instalaciones, al parecer, superaron las setenta mil pesetas. Pedro SIMÓN “San Vicente de Barakaldo” p. 256, Nota 289

[11] Koldobika LÓPEZ “La Guerra Civil en Barakaldo. Once meses de resistencia” 2016, p. 76. Inserta (p.77) un documento, firmado por el Alcalde, Baldomero Álvarez, con fecha 24 de julio de 1936, que dice: “Por no señalarse concretamente hasta el momento cargo ni indicio alguno de responsabilidad contra los individuos que se dirán, detenidos en la Casa Ayuntamiento, que aconseje continuar su detención, dirijo la presente a la fuerza de esta Casa Consistorial a fin de que ponga en libertad a los detenidos siguientes: (se citan trece nombres)”. Con ello no finalizaron las detenciones por cuanto el 28 de julio fueron detenidas cuatro personas (dos monárquicas y dos tradicionalistas) y el 30 dos hermanas denunciadas por varios vecinos de Barakaldo tras verlas hacer el saludo fascista en la calle. Otros detenidos fueron Víctor Chávarri y Fernando de Ibarra (ambos del Consejo de Altos Hornos de Vizcaya.

[12] A causa de los varios bombardeos murió un total de 41 vecinos de Barakaldo y 16 personas de otras poblaciones. El peor día fue el 13 de junio de 1937 donde murieron 26 vecinos de Alonsotegi. Koldobika LÓPEZ, p.127.

[13] Para ello se ordenó que los sótanos y bajos debían vaciarse y dejarse sin obstáculos.

[14] José Ángel BRENA “Aproximación al patrimonio construido de la Guerra Civil en Barakaldo

[15] Cuestión debatida son las muertes del 26 de septiembre ocurridas por las heridas del 25 o porque los asesinos volvieron de nuevo.

[16] Koldobika LÓPEZ describe todo ello en las pp. 302 y ss. “La guerra civil en Barakaldo”

[17] El de un conductor monárquico que apareció en la carretera de Santurtzi el día 22 de julio, el de un obrero calderero de Acción Popular encontrado en el calero del mismo municipio el 27 de julio, y el antiguo líder de la Unión Patriótica y dirigente de la derecha monárquica, Pedro Elías, asesinado en la carretera de Cabieces. Sólo esta última parece tener una funcionalidad política clara. La escasa significación de las otras dos víctimas parece remitirnos al complejo mundo de venganzas más o menos personales que caracterizó la represión descentralizada. Presa de la ejecución directa murió también un militante car­lista, pero ocurrió en Orduña en donde fue apresado por la Junta local después de haber huido de una prisión de Bilbao. Además del empleado asesinado en la retirada de junio de 1937, no hay constancia de más paseos en Barakaldo.

 

[18] La represión afectó prácticamente a la totalidad de la Junta Carlista de 1936. El secretario y el tesorero se encuentran entre las víctimas mortales. El contador y dos vocales pasaron en prisión los 11 meses de guerra y otro vocal sufrió prisión preventiva. Curiosamente, escaparon a esta represión el presidente (José Mª Llaneza, posterior alcalde de la anteiglesia) y el vicepresidente. La Junta de 1935 no se vio tan afectada por la represión, pero sí en su in­tensidad. No hay noticia de que dos de sus miembros fuesen siquiera encausa­dos, pero sí otros dos, sin que conste detención. En cambio, el vicepresidente y un vocal fueron ejecutados en los barcos prisión. No hay víctimas mortales entre los miembros de la Junta de 1934, pero el presidente, el vicepresidente y un vocal pasaron la guerra en prisión y el tesorero sufrió prisión preventiva. En la Junta de 1933, sin contar a las personas que hemos nombrando en otras posteriores, encontramos a tres encarcelados, tres en prisión preventiva y un encausado. Junto a estos cargos, se encuentran entre los dete­nidos bastantes militantes jóvenes que quizá formaban parte del requeté o participaban en los grupos de choque callejeros, como Maximinio López, que ya había sido detenido con una pistola en las elecciones de febrero.

[19] Discrepamos profundamente de la conclusión a la que llegan Ramón HILARIO e Iker MARTÍNEZ: “Así, se concluye que un tercio de las detenciones se practicaron sobre los carlistas, que no afectaron a los católicos, y poco a Acción Popular”. El motivo es claro: prácticamente el 100% por cien de los carlistas y Acción Popular son católicos. El problema está, por tanto, en discernir el motivo de las detenciones.

[20] “La estrecha vinculación de muchos religiosos a la ultraderecha, especialmente al tradicionalismo, les hacía acreedores de medidas represivas”. Ramón HILARIO-Iker MARTÍNEZ “Barakaldo a través de los tiempos” 2016.

[21] Trataremos el asunto en un recorrido especial (recorrido 73) habida cuenta de que disponemos (y hemos publicado) del sumario judicial. Mostramos, ya desde ahora, nuestra discrepancia con Koldobika LÓPEZ al mostrar este hecho con el desgraciado (aunque rentable desde la perspectiva publicitaria) título de “La Quinta columna organizada”. Pp. 196 y ss.

 

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