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LOS BOLOS A KATXETE EN BARAKALDO Y EN LA ZONA MINEROFABRIL (1865-2014) (II)

LOS BOLOS A KATXETE EN BARAKALDO Y EN LA ZONA MINEROFABRIL (1865-2014) (II)
  1. PRIMERAS NOTICIAS DOCUMENTALES: BARAKALDO Y TRES CONCEJOS (1865-1889)

Las primeras noticias documentales del periodo, en Barakaldo, que aluden a dos carrejos de pasabolo existentes en el Barrio de El Regato y uno de Eskauriza, acreditan la existencia de los mismos en 1865.

Entre febrero y diciembre de 1865 se suceden diversas peticiones, informes y recursos de dos vecinos, Sámano y Allende, que concluyen al negarse también a este último un “terreno necesario para el recreo público desde tiempo muy remoto”. Un año más tarde –en 1866- otros tres vecinos de la Anteiglesia: Alejandro de Burzaco, solicita al Ayuntamiento que licite un “carrejo largo” de su propiedad y “pegando a su casa”.

Por su parte, Cosme de Gorostiza y Juan José Bilbao piden sendos terrenos del común para hacer juegos de bolos, que obtienen previo pago de 200 reales en concepto de renta.

Años más adelante, en 1871, es Miguel de Echevarría quien solicita terreno para hacer un juego de bolos enfrente de su casa del barrio de Landaburu. Cosme de Gorostiza, propietario de “un carrejo

de juego de bolos”, pide licencia en 1877 para poder extraer diez carros de tierra de la campa de San Vicente y rellenar con ellos el suelo de aquél. Juan de Arana posee asimismo, en 1881, un juego de bolos junto a la casa de Cruces y contiguo a la carretera.

En sesión de 31.08.1884, el Ayuntamiento de Alonsotegi acuerda aprobar la cuenta presentada por Gavino de Sasía, por la reposición de la tejavana del “juego de bolos”.

A partir de estas referencias, se perfila una distribución relativamente homogénea del juego de bolos por el territorio municipal de la Anteiglesia de Barakaldo y de la posteriormente anexionada de Alonsotegi. En casi todos los barrios se da noticia de algún carrejo, excepto en Irauregi y en el emergente núcleo urbano de Desierto-La Punta, entonces adscrito aún al de Beurko. San Vicente, la capitalidad rural, cuenta con varios carrejos. En el entorno de Barakaldo la implantación de este juego se da en el vecino municipio del Valle de Trapaga donde existían, en 1869, dos carrejos municipales de tipo pasabolo en el campo de Ugarte y en el de la Iglesia, más otros dos particulares a raso en Ugarte y en Zaballa, pertenecientes respectivamente a José Antonio Echebarria y a Feliciano Balparda. A juicio de aquel autor los dos primeros eran de pasabolo y los particulares del tipo que con posterioridad se denominó a katxete.

En el vecino concejo de Sestao, Mariano Vara instala un carrejo de bolos en la campa de Rebonza en 1884. Y había otro más, sin datar, en el Casco donde, al parecer, se jugaba a pasabolo con asiduidad.

También en La Peña (Abando) existían carrejos por esta época donde, en 1860, donde se cruzan respetables apuestas entre operarios del ferrocarril y otros trabajadores.

 

  1. SOLICITUDES Y PERMISOS (1892-1944)

Salvo las puntuales referencias precedentes, que apenas sirven para constatar una temprana práctica del juego de bolos, es muy escaso lo que aporta al respecto la documentación municipal. A medida que el crecimiento urbano de Barakaldo se vaya consolidando, y su Ayuntamiento adquiera la formalización propia de una institución local compleja y moderna, la creación de carrejos será objeto de metódica tramitación. Pero esto no sucede sino del año 1892 en adelante y hasta 1938, configurando una aproximación de su evolución y distribución en el municipio barakaldés. Su precisión cualitativa sin embargo, dada la concisión de las solicitudes, deja mucho que desear, y será preciso acudir a otro tipo de fuentes, como la literatura localista, la prensa14 y la memoria de algunos informantes para suplir esta insuficiencia.

Por esta misma época ya existían carrejos de pasabolo, u otras modalidades foráneas, en Sestao. Donde, el 27.07.1889, se produce un grave accidente en el carrejo de la Vega Nueva. En Santurtzi las boleras también existían por los barrios del municipio; teniéndose constancia de la de Vallejo, que en 1889 se había quedado pequeña.

Por lo que ese mismo se solicita establecer un nuevo carrejo de bolos en el Campo de la Virgen del Mar (Mamariga).

3.1. Evolución del juego de bolos a lo largo del periodo

La serie documental resulta reveladora de la evolución e incidencia de este juego en el ocio y la sociabilidad populares. El número de expedientes promovidos durante las dos décadas del periodo de entresiglos, en especial la primisecular del XX, denota una gran importancia de este juego en la cultura popular urbana de la época.

Relevancia que decae con rapidez a medida que avanza este nuevo siglo, sin duda por la introducción de nuevas prácticas deportivas más acordes con la modernidad: el fútbol como práctica y como espectáculo de masas; además de los toros con figuras en Urioste y en Barakaldo-, el cine y otras formas de esparcimiento.

La mayor parte de estas referencias documentales corresponden a solicitudes formuladas al Ayuntamiento de Barakaldo para la apertura de nuevos carrejos, o a la licitación de los ya existentes; perteneciendo a esta categoría 17 de los 22 expedientes promovidos durante la última década del siglo XIX, y otros 38 de los 45 correspondientes al periodo 1900-1938. 4 expedientes corresponden a traspasos en la titularidad de carrejos ya existentes. Las restantes conciernen a protestas derivadas de su funcionamiento, dos de los cuales concluyen con la prohibición de las instalaciones; y, además, a solicitudes para concursos.

Si los permisos para su apertura posibilitan datar con precisión la promoción de nuevos carrejos, poco nos dicen de su puesta en marcha efectiva y de la perduración de los mismos. Es de suponer que, como cualquier equipamiento precario para el ocio, los juegos de bolos estuvieron sometidos a numerosas contingencias: cierre o traspaso de las tabernas a las que algunos se asociaron, urbanización del espacio ocupado por otros, competencia entre los más próximos, etc. El propio Ayuntamiento evalúa en 14 el número de juegos de bolos existentes en el conjunto de Barakaldo en 1910; y existían Al menos otros seis en el resto de la zona, estos últimos, al menos, de a katxete.

A finales del siglo XIX existían otros carrejos en el Valle de Trapaga, presumiblemente de pasabolo, en la era de San Andrés y en La Reineta, donde en 1895 se solicita un lugar para instalar un carrejo. En Abanto y Zierbena constan varias referencias a boleras de esa época, aunque sin especificar su modalidad; así, en el barrio de Labarga un vecino solicita en 1885 un trozo de terreno para construir un juego de bolos; en Gallarta se traspasa en 1908 el establecimiento de bebidas y su juego de bolos. En Zierbena, el Mayordomo de Mareantes denuncia en 1893 a un vecino “por excavar tierra junto al muelle para la construcción de una bolera”. Poco después (31.08.1895), Francisco de Capanaga y Rementería realiza una petición al municipio para la construcción de una nueva bolera en el Barrio Nuevo de la Chicharra, en Santurtzi. En el municipio de Ortuella, los coros de Santa Águeda del batzoki de los años treinta detenían su ronda nocturna, amenizada por el txistu, para cantar en Urioste, en el carrejo de bolos. El reglamento vigente en el concejo de Santurtzi a finales del siglo XIX, de siete artículos por el que “Todo jugador queda sujeto a las condiciones que marca el Reglamento”, parece denotar que se trata de boleras de tipo pasabolo pese a lo cual, en todo caso, resulta muy revelador de las condiciones del juego.

También en el vecino concejo de Sestao, de características fabriles y urbanas similares a las de El Desierto (Barakaldo), se crean entre los años 1891 y 1914 por lo menos catorce nuevos juegos de bolos, de acuerdo con la documentación municipal; y, posteriormente, 3 o 4 más según datos orales. Sin que tampoco en este caso las fuentes expliciten la modalidad, todo hace presumir que se trate de carrejos de pasabolo, en este nuevo pueblo creado por inmigrantes a impulsos de la industrialización.

3.2. Distribución de los carrejos en el espacio local de Barakaldo.

Más de la mitad de los carrejos del periodo estuvieron situados en la capitalidad municipal de El Desierto y que, muy probablemente, incluso se encontraban allí los tres de los que no existen datos sobre su ubicación. El resto se halla, más o menos, homogéneamente distribuido por los restantes barrios, con un especial peso de aquéllos que integran la zona periurbana. La concentración en la zona urbana tiende a acentuarse durante la década de los treinta, sin duda por el predominio en la zona rural del municipio de la modalidad de a katxete, cuyos carrejos es posible que se sometieran a un menor grado de tramitación administrativa.

Ya en la posguerra, apenas se producen nuevas solicitudes, en un periodo de escasez y de autarquía. La única excepción es la de Jesús Ibáñez Trueba, con café-bar en la Campa de Cruces, quien en 1943 desea instalar “un carrejo de bolos de los llamados de katxete para entretenimiento de su clientela”. Solicitud que le es denegada entonces, pero que se le concede tras una nueva petición un año más tarde, con la advertencia de que no constituya una molestia durante las romerías de Pascuas.

A pesar de este silencio documental, sabemos que algunos carrejos subsistirán de hecho durante todo el periodo de referencia –hasta 1969-, especialmente los de a katxete; y alguno de pasabolo, como el precitado de la Campa de Cruces, que se reconvirtió posteriormente a esta modalidad.

Una mirada más microespacial permite apreciar que la ubicación de estos carrejos puntea la trama urbana de El Desierto, aunque quizás con especial intensidad en las calles y barriadas periféricas y con mayores espacios intersticiales semipúblicos. Así, en Reketa hubo hasta 9; 6 en Lasesarre; 4 en Karranzairu (Fueros) y otros tantos en Pormetxeta (al menos 1 de “bolo raso”; 3 en Zaballa. Con 2 carrejos por calle: El Desierto, Ibarra, Campa de Caballuco, Rágeta y Juan Sebastián Elkano. Con 1, las de: El Carmen, Murrieta y El Castañal, y despacho de El Desierto. De los 6 del barrio de Lutxana, 5 corresponden a la zona rururbana de Bituritxa; y otros 3 de los 6 de Burtzeña a la campa de Cruces y aledaños. Dos de los 5 de San Vicente a las barriadas de Beurko-Bagaza y otro a la de San Bartolomé; a Kareaga (Kariga) 2 de los 4 de Retuerto. Para mayor precisión, el de Landáburu se ubicó en la vega de Sakona y el de El Regato /Errekatxo estuvo situado en la zona de Eskauriza. En cuanto a los 3 de Alonsotegi, las solicitudes especifican que 2 se instalarán en las barriadas de Aldanondo y Zaramillo. De las dos referencias a Irauregi al menos una, a juzgar por la numeración domiciliaria, se ubica en la barriada de Kastrexana, en la orilla barakaldesa de la misma. Algunas solicitudes detallan con mayor precisión la ubicación pretendida por el carrejo de referencia Frecuentemente las solicitudes especifican la titularidad del terreno donde se instalará el carrejo. De propiedad particular en 19 casos, por lo general perteneciente a un propietario que no es el promotor, y en otros 4 casos en terrenos del mismo solicitante.

Otros 2 en los sótanos de la casa donde mora éste. Y tan sólo 9 en terreno común o público; ubicación ésta preferente de los carrejos de a katxete, al menos en etapas ulteriores.

3.3. Promotores y adversarios

Resulta frecuente que el promotor de un juego de bolos sea un comerciante, casi siempre perteneciente a la categoría de tabernero o similar. Como se explicita en el epígrafe correspondiente, tiendas e incluso establecimientos de ultramarinos se asimilan en la época a la categoría de tabernas. La asociación entre carrejo de bolos y venta de bebidas -por lo tanto sociabilidad y comensalía- es tan estrecha que, a menudo, ambas actividades se promueven conjuntamente-.

En otras ocasiones, sin embargo, el propósito lúdico y sociable explicitado se reduce al ámbito amical de la cuadrilla. Pero el juego de bolos es considerado molesto, e incluso peligroso, por el vecindario del entorno del carrejo y en ocasiones por el propio Ayuntamiento, dadas las reyertas que en torno al mismo se producían. En cambio, la corporación hace caso omiso de sendas denuncias por estimar que deben vehicularse a través de los tribunales.

3.4. Modalidades

Son muy escasas las noticias que estas referencias documentales proporcionan con respecto a la modalidad de bolos practicada, ya que aluden indistinta y heterogéneamente al terreno, a la instalación y a la modalidad propiamente dicha. De las 22 referencias comprendidas entre 1892 y 1895, 15 se refieren a “juego de bolos”, otras 4 a “carrejo juego bolos”, “carrejo bolos” o “juego de bolos llamado carrejo”. Tan solo otras 3 especifican que se tratade “juego de pasabolo” (Retuerto 1895), juego de bolos (Eskauriza, 1896), o “un pasabolo” (Burtzeña, 1895). Sorprende que precisamente estas solicitudes, formuladas por barakaldarras autóctonos para ámbitos cuasi rurales, se asocien a una modalidad de juego supracomarcal -ya que no foránea- contradiciendo una hipótesis plausible que vincularía el pasabolo con el Barakaldo urbano de la industrialización. Cabe preguntarse si el término de referencia tiene idéntico significado que en su actual acepción, ya que el pasabolo acaba de emerger y formalizarse como modalidad en sus ámbitos nucleares, desde donde aún habrá de difundirse hasta Barakaldo y la Zona Minera. Sabemos además, mediante contraste con fuente oral, que el carrejo promovido en 1895 en Kareaga-Retuerto por Rafael Gutiérrez (a) El Herrero, junto a su casa, y que subsistiría durante décadas, ya fue de katxete.

Las referencias del siglo XX (1900-1944), propias de un Barakaldo más urbanizado y complejo son más heterogéneas. Más de la mitad de ellas -27 de 49- aluden al consabido “juego de bolos”, sin más detalles; otras 4 se refieren a “carrejo de bolos” o “carrejo para juego de bolos”; 9 más especifican que el juego solicitado es “pasabolo” (San Vicente, 1900 y 1915), “pasa bolos”(3 en la Campa de Cruces, 1902 y 1908); Retuerto (1903), el de Pedrín Bolivar (Burtzeña, 1903), o los de Reketa (1908) y Lasesarre (1924), o “juego pasa bolos” (1906). Pero, además, se formulan otras tres para “carrejo de bolo raso”: las de Isidro Izquierdo (Lutxana, 1902), Tomás Santurtún (Sakona, 1906) y Luis Olavarría (Pormetxeta, 1912). También otra de Mariano Carrasco para “juego de bolos de los acostumbrados en ésta” (Reketa, 1908) y, por último, una de Manuel López para “carrejo de los llamados nuevebolos” (Beurko-Bagaza, 1926). Este carrejo estuvo situado en el sótano de un establecimiento de la c/Réketa.

Si cotejamos la fuente documental con el testimonio oral, cabe suponer que la modalidad denominada de bolo raso se asimile a la posteriormente denominada de a katxete. Y, además, en otros dos casos se hace referencia a variantes autóctonas: como en la solicitud de Mariano Carrasco (Réketa, 1908), para “juego de bolos de los acostumbrados en ésta”; o la de Juan Alday (Beurko, 1912), para “poner un juego de bolos al estilo de esta Anteiglesia”. Las formuladas en 1943 y 1944 por Jesús Ibáñez, para Cruces, se refieren a “carrejo de bolos”, especificándose en ambos casos de a katxete.

3.5. Actividades y juegos complementarios

La documentación administrativa, articulada en torno a los permisos de apertura, es poco explícita con respecto a las actividades desarrolladas en los carrejos. También en algunos casos, los bolos comparten asentamiento público con otros juegos populares.

José Ignacio Homobono Martínez

 

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