Aspectos más notables de la economía de Vizcaya en el siglo XVI
La Agricultura
La economía de Vizcaya fue evolucionando a lo largo de toda la Edad Media sobre una base agrícola y ganadera a la que se incorporaron actividades mercantiles e industriales. Pero en general era un régimen pobre, que casi llegaba al autoabastecimiento, pero debido a la libertad de comercio establecida por el Fuero de Vizcaya, como de uso tradicional de la tierra, se permitía la libre introducción de subsistencias del extranjero. Así cobraron auge los comerciantes y bastantes de ellos se enriquecieron en transacciones comerciales importantes. También los pequeños comerciantes mejoraron mucho su situación, así como los artesanos, los empleados de las ciudades, etc. Pero la agricultura era la tarea a la que se dedicaba la mayoría de las gentes, que tenían en una gran proporción la plena propiedad de los campos que cultivaban y de las casas que habitaban. La ganadería ya no era preponderante en el siglo XVI, pero todavía tenía importancia porque en Vizcaya los recursos de los campesinos se tenían que completar con una dedicación alternativa. Ésta solía ser la ganadería, la pesca o las actividades de apoyo a la industria ferrona: recogida de madera y elaboración del carbón, acarreo del hierro de la mina a las ferrerías, etc. También eran las ferrerías las que exportaban artículos de hierro fuera de Vizcaya para poder importar los productos agrícolas que se necesitaban para el consumo de la población vizcaína. En Vizcaya la tierra y el clima no eran propicios para el cultivo del trigo y de la vid. El Fuero Viejo de Vizcaya de 1452 reconoce que “La tierra de Vizcaya e de las Encartaciones e de Durango es muy montañosa e non siembran ni cogen pan”. También dice el Fuero que abundaba el arbolado, y que, además del manzano que tenía una protección especial, había nogales, cerezos, guindales, nísperos, robles, fresnos, castaños y cepas de viñas. Pero éstas últimas no fueron abundantes en Vizcaya, aunque no faltan otros documentos medievales, como nos dice Andrés Mañaricúa, que nos hablan de las viñas, en concreto las Ordenanzas de Bilbao de 1399. En cuanto al trigo, no es que no se cultivase en absoluto, sino que era claramente insuficiente, como lo prueba el hecho de que tanto el Señorío como la villa de Bilbao tenían una constante preocupación por el abastecimiento del trigo a la población. Prueba de ello es que en el siglo XVI se seguía hablando de la falta de pan y vino en Vizcaya, y se hablaba también de la abundancia del manzano. Así Pedro de Medina, en su obra de 1548 titulada “Libro de las Grandezas y cosas memorables de España”, dice que tanto Vizcaya como Guipúzcoa eran tierras montañosas de poco pan y vino: “en algunas partes comen pan de mijo, que llaman borona; beben vino de manzanas que llaman sidra y por la mayor parte se proveen de pan y vino de otras partes, que traen por mar y tierra”. De todas maneras, se produjo un importante avance en la agricultura porque se redujeron progresivamente los bosques y los pastos de ganado para dedicarlos a la agricultura que, aunque pobre, avanzó en el cultivo del cereal, sobre todo del mijo.
El cultivo del manzano retrocedió a favor del cereal y por ello disminuyó la producción de sidra. La vid en Vizcaya tenía escaso desarrollo, y con ella se hacía un vino de baja calidad, el chacolí. Estas dos bebidas, sidra y chacolí, se fueron sustituyendo poco a poco por importaciones de vino riojano, con lo que se creó un vínculo comercial entre Vizcaya y La Rioja que aún perdura.
La Pesca
En el litoral, la preocupación fundamental fue la pesca que tuvo como complemento el cultivo de pequeñas huertas familiares o la elaboración para la exportación al interior de la Península de escabeches y salazones. Las actividades en la costa proporcionaban merluza, besugo, etc. que eran especies muy apreciadas. En cuanto a la pesca de altura, se centraba en la caza de la ballena que se venía practicando desde mucho tiempo atrás. Primero en el Golfo de Vizcaya y después, en el siglo XVI, en caladeros cada vez más lejanos hasta llegar a Terranova, pues la ballena era muy apreciada por su excelente aprovechamiento de la grasa, la carne, la lengua, los huesos, la sangre, etc. y por ello tenía una alta rentabilidad.
Fue en esas expediciones a Terranova donde se iniciaron las capturas masivas de bacalao que, desde entonces, será una especie enormemente difundida y apreciada.
El Comercio
Ya desde el siglo XV se produjo un despegue económico, que en el siglo XVI fue patente y que tuvo como bases el comercio, el hierro (minería, industria, exportación), la construcción de navíos y la navegación. Con respecto al comercio en el siglo XVI, Vizcaya se convirtió en unos de los lugares más importantes del mercado nacional pues comerciaba por mar y por tierra con el resto de la península. Esto se debía a que los vizcaínos siempre necesitaron importar gran parte de los productos agrícolas necesarios para el sustento de su población, y los traían llevando fuera hierro y pescado fundamentalmente. Los caminos más importantes que comunicaban Vizcaya con Castilla en el siglo XVI fueron: el que iba de Valmaseda hasta el río Nervión, a través del Cadagua; y el camino que venía de Miranda de Ebro y Vitoria hasta Orduña para entrar en Vizcaya. Pero tuvieron que hacer más caminos en el interior de Vizcaya para llevar el cereal que provenía de Álava, Castilla e incluso de Andalucía, y estos caminos también se usaron para transportar el hierro desde los yacimientos de Somorrostro hasta las ferrerías. Vizcaya también tuvo un comercio internacional importante pues se relacionaba con Flandes, Francia e Inglaterra, que eran los grandes centros comerciales europeos. Se exportaban al extranjero productos vizcaínos como el pescado y objetos de hierro, pero la principal exportación era la de productos castellanos y, de ellos, la lana era la principal. En este comercio que se desarrollaba a través de Vizcaya, los vizcaínos eran transportistas y armadores de buques, eran los que llevaban los productos de otros, los castellanos fundamentalmente, y navegaban los mares ofreciendo sus servicios como transportistas. Por tanto, eran transportistas más que auténticos comerciantes. Sólo a comienzos del siglo XVI las principales familias de comerciantes y los dueños de los astilleros bilbaínos empezaron a probar suerte también en el comercio. Así, se empezaron a convertir en comerciantes y banqueros infiltrados en Amberes, Brujas, Londres, Rouen, Nantes, Lisboa, Medina del Campo, Burgos, Madrid, Sevilla y Florencia, en donde establecieron sus oficinas y sus representantes para poder participar en el comercio europeo y oceánico. También estuvieron presentes en las ferias internacionales como Medina del Campo, Lyon, Besançon, Plasencia, Londres, Florencia, Venecia, Lisboa o Frankfurt. Como dice Alberto Angulo, en el primer tercio del siglo XVI estos comerciantes bilbaínos superaron su condición de transportistas y armadores para convertirse en comerciantes y banqueros capaces de financiar sus importaciones y exportaciones. De todas maneras, la ocupación fundamental de los bilbaínos siguió siendo la de transportistas, y el único producto cuya exportación tuvo la suficiente continuidad e importancia fue la lana. Lo cual implicaba que subsistiese la dependencia comercial vizcaína respecto a los comerciantes de Burgos, ya que ellos eran los que controlaban su contratación y comercialización. Burgos tenía la carga y Bilbao las naves y los puertos para transportarla. Efectivamente, en el siglo XVI la lana era el principal producto de exportación, protegido por la Mesta, que era una institución de origen medieval que protegía los intereses de los grandes ganaderos trashumantes de la corona de Castilla, que pertenecían a la alta nobleza. Era Burgos la que fiscalizaba por completo el comercio de la lana castellana, llegando a crear un Consulado propio en 1494 –a semejanza de los de Valencia y Barcelona- con su reglamentación específica y sus respectivas autoridades y jueces. Se constituyó así el primer Consulado Atlántico que trató de extender su jurisdicción al puerto de Bilbao, sin conseguirlo. Realmente, la situación geográfica de Burgos era clave en cuanto a las rutas comerciales, que la unían con las principales ciudades de Feria castellanas, a saber, Medina del Campo y Villalón; y, de ahí, al puerto bilbaíno principalmente. Bilbao acaparaba prácticamente la totalidad del comercio de Vizcaya con los puertos del norte de Europa. Así, en su ascenso como villa mercantil influyeron muy diversos factores, destacando los privilegios obtenidos en su fundación, en la medida en que la situaron en una posición idónea para captar el comercio que se hacía a través de Vizcaya. Prueba de la importante presencia de comerciantes vizcaínos en los puertos y plazas europeas fue que existió a partir de 1465 un Consulado de la Nación Vizcaína en Brujas, junto al Consulado de Castilla. Además, su posición geográfica convertía a Bilbao en un puerto relativamente seguro porque estaba en una ría, al abrigo de los piratas, y con el suficiente cauce para recibir barcos de gran tonelaje, y además, desde allí salían los caminos para Castilla. Esto se convirtió en un factor clave, puesto que el comercio requería ya grandes barcos y en Vizcaya solamente el puerto de Bilbao reunía las condiciones precisas para su recepción. Además, Bilbao tenía fácil acceso por vía terrestre con los demás reinos de la península, y tenía la protección de la Corona de Castilla, de la que los vizcaínos fueron fieles colaboradores sirviendo al rey en el mar, en la lucha contra los moros y después, en los reinados de Carlos I y Felipe II, sus astilleros y los dueños de los navíos colaboraron activamente en sus conflictos con Francia e Inglaterra. Ya desde antiguo existía en Bilbao una asociación, la Universidad de los Maestres, Capitanes de Naos y Mercaderes de la Villa de Bilbao, en la que se agrupaban comerciantes, armadores, navieros y pilotos, éstos últimos en mucho mayor número que los anteriores, puesto que la actividad primordial de Bilbao fue, como ya hemos dicho, el transporte marítimo más que la contratación mercantil. En el siglo XIV, antes de la creación del Consulado de Burgos, el concejo de la villa de Bilbao elaboró unas importantes ordenanzas mercantiles y así, desde la posterior creación del anteriormente aludido Consulado de Burgos, irá en paulatino aumento la rivalidad que siempre había existido entre Burgos y Bilbao, ya que los burgaleses tenían la carga que demandaban los telares flamencos y los bilbaínos disponían de una flota mercante y un grupo de expertos conductores de naves. No en vano, los bilbaínos estaban especializados en la navegación, la construcción naval y el pilotaje de naves. Con todo, el impulso definitivo del comercio bilbaíno vendría por el establecimiento de un eje comercial Bilbao-Burgos, con lo que la capital vizcaína se convirtió así en el puerto de los comerciantes burgaleses. En este sentido, Burgos era la primera ciudad de Castilla en esta época y llegó a ser la segunda residencia de algunos grandes y señores de Vizcaya, que tuvieron en San Juan su barrio residencial y también en el barrio de San Esteban se conservan referencias de ellos ya desde tiempos medievales. Uno de los motivos de esta presencia debió ser la importancia adquirida por la industria del metal en Burgos, así como la de la moneda, la calderería y la herrería. Precisamente en el barrio de San Esteban se situaron gran número de ferrerías. Y el auge de la industria de artillería nos hace sospechar que su materia prima fundamental, el hierro, venía de Somorrostro y de otros lugares de Vizcaya, siendo los vizcaínos los encargados de transportarlo y, en ocasiones, de transformarlo. Como ya se ha dicho, Burgos ostentaba una magnífica situación para financiar, activar y encauzar la actividad comercial hacia el resto del territorio castellano. De hecho, una de las principales causas que fomentaba este comercio era el que, al ser Burgos centro neurálgico de la Universidad de Mercaderes, impulsaba la salida al exterior de Castilla de productos como la lana, una de las bases de su riqueza, creando la natural competencia entre los puertos cantábricos, que rivalizaban entre sí por exportar las mercancías, pero poco a poco a lo largo del siglo XVI se ve como los puertos vizcaínos van adquiriendo más protagonismo que Santander y Laredo. Como una de las condiciones a tener en cuenta para elegir puerto era la distancia entre Burgos y cada puerto cantábrico, ya que los transportistas imponían sus precios en razón de las distancias, las villas marineras de Cantabria salieron perjudicadas, pues el itinerario que Meneses realizó entonces, señaló 31 leguas de distancia hasta Bilbao y 37 hasta tierras santanderinas. Otro factor que favorecía a los puertos vascos era el hecho de que estos no estaban gravados con los diezmos y rediezmos de los otros puertos cantábricos debido a la exención de impuestos. Por ello, se hace notar en un documento de la época que se habían abierto en este siglo los puertos de Orduña y Valmaseda, que conducían a Bilbao, porque los que pasaban no pagaban el dicho rediezmo, diezmo sobre el diezmo, que suponía aproximadamente un 1 % suplementario. Al Consulado de Burgos era a quien competía la conservación de los caminos indispensables para el desarrollo del comercio y reparaban las vías que iban al puerto que les ofrecía mejores precios, y se inclinaban especialmente por Bilbao y Laredo, y por eso eran esas las vías que reparaban. Los vizcaínos, que tenían intereses complementarios a los de Burgos, ponían todo su empeño en facilitar estas relaciones, siendo para ello fundamental una buena comunicación que hiciese posible el transporte por el itinerario más corto. Como la vía de Orduña debía tener cierta tradición entre los mulateros, el primer paso fue el establecimiento de aduanas en Vitoria, Orduña y Valmaseda, solicitando al mismo tiempo al emperador Carlos V un permiso real para la apertura del camino de Orduña siguiendo el antiguo itinerario. Al parecer, las obras comenzaron pero Álava, Guipúzcoa y Navarra se opusieron. Tan es así, que Guipúzcoa deshacía de noche con las armas lo que de día se iba construyendo y por ello, el Señorío tuvo que disponer gente armada para impedirlo. Por su parte, alaveses y navarros promovieron continuos pleitos al respecto, razón por la que, finalmente, el emperador ordenó la suspensión de la citada obra con una Real Orden del 17 de mayo de 1553. En este siglo XVI, el patriciado urbano bilbaíno inició una política encaminada a conseguir un control de toda la actividad comercial. Esta línea de actuación fue impulsada por las familias de los armadores que se habían enriquecido en su misión de transportistas, y que querían potenciar su influencia sobre las relaciones comerciales. Es en este contexto cuando el 22 de junio de 1511, por carta real despachada en Sevilla, fundó la Reina Doña Juana el Consulado de Bilbao, que a partir de entonces centró la actividad marítima y comercial de la Villa. Por ello surgieron tensiones entre Bilbao y Burgos. Burgos y Bilbao fueron los primeros Consulados atlánticos y los primeros de la Corona de Castilla. Más tarde se creó el Consulado de Sevilla en 1539 y ya en el siglo XVII los Consulados de Madrid y San Sebastián. Con Consulado propio, el entorno bilbaíno pasó a controlar el comercio que se desarrollaba en su propio puerto -el de la lana, fundamentalmente- ocupándose sus ordenanzas también de los trabajos portuarios y de los distintos pleitos mercantiles. Sin embargo, tales disposiciones no se elaboraron hasta el año 1531 y en ellas se recogieron las ordenanzas mercantiles que existían en la villa de Bilbao desde el siglo XIV. Fue Felipe II quien promulgó las Ordenanzas del Consulado de Bilbao en 1569.
Bilbao fue un puerto de primera clase, constituyendo la puerta de entrada y salida de mercancías por excelencia, lo cual influyó decisivamente en que la villa estuviera abierta a todas las influencias que venían por el norte de Europa creándose con ello una mentalidad muy diferente a la del resto de la tierra.
Tomado de www. https://conciertoeconomico.org/
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