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Federico Echevarría Rotaeche (1840-1932): el hombre que instaló el teléfono en el Desierto (Barakaldo)

Federico Echevarría Rotaeche (1840-1932): el hombre que instaló el teléfono en el Desierto (Barakaldo)

Fue el ‘creador’ de la telefonía en Bizkaia. A él se debe la primera central telefónica en el Desierto de Barakaldo y las dos primeras líneas que conectaron desde 1878 Bilbao con Portugalete y Bilbao con Orduña

federico Echevarría es conocido por su intensa actividad empresarial que le llevó desde muy joven a ser dueño de minas, fábricas, etc. y por su relevante papel en la política vizcaina de los primeros años del siglo XX. Sin embargo, su importante participación en el desarrollo del teléfono en Bizkaia no ha sido hasta el momento tratada.

A lo largo de las próximas líneas conoceremos la enorme importancia de Echevarría Rotaeche en los primeros años del desarrollo del teléfono en este territorio histórico.

Federico Echevarría nació el 1 de agosto de 1840 en el Casco Viejo de Bilbao. Fue el primero de los seis hijos que tuvo el matrimonio formado por José Echevarría Askunce y Vitoria Rotaeche. No existe conocimiento de que llegara a realizar estudios reglamentarios aunque sí se sabe que fue un gran aficionado a la pintura y que pudo realizar algún estudio en este campo.

Sea como fuere, Federico Echevarría Rotaeche comenzó su carrera muy temprano con la compra de empresas y minas. Respecto a su faceta como impulsor del teléfono en Bizkaia, con poco más de 30 años logró la que fue primera concesión oficial para instalar una central telefónica en el Desierto de Barakaldo. Desde 1878 funcionaron dos líneas telefónicas: la primera, instalada entre Bilbao y Portugalete, puesta en marcha por la Junta de Comercio, institución a la que pertenecía Echevarría. La segunda quedó instalada entre Bilbao y Orduña, ciudad con una importante actividad comercial con Castilla y otras regiones cercanas y a 40 kilómetros de la capital vizcaina.

En junio de 1882 Federico Echevarría, acompañado de su cuñado Juan de Zuricalday, solicitó en el Ayuntamiento de Bilbao permiso para instalar una línea telefónica que pusiera en comunicación las oficinas de Echevarría en Gran Vía con las situadas en el Casco Viejo. El Ayuntamiento, que presidía el carismático alcalde Eduardo Victoria de Lecea, autorizó antes del final de ese mes la instalación de la línea telefónica solicitada. De esta forma, Federico Echevarría ha quedado reflejado en la historia de Bilbao como la primera persona que realizó una solicitud para instalar una línea de teléfonos en la capital de Bizkaia.

Paralelamente a esta acción Federico Echevarría acompañado de su hermano pequeño, José, continuó gestionando el que puede considerarse germen de la red telefónica urbana. Las primeras líneas de esta red fueron instaladas en las localidades de la margen izquierda de la ría, donde se encontraban las fábricas que daban trabajo tanto a personas de la tierra como a otros llegados desde distintas partes del país. Barakaldo, Sestao, Portugalete y Santurtzi fueron las primeras localidades de Bizkaia donde se instalaron las líneas y estaciones telefónicas gracias a esa concesión de Echevarría. Es necesario recordar que entre Barakaldo, la primera localidad de la margen izquierda, tras Bilbao y Santurtzi, la última, existen unos 12 km. de distancia. En la margen derecha de la ría también fueron Federico Echevarría y su hermano los encargados de realizar la primera instalación telefónica, tras obtener el permiso por parte del Ayuntamiento de Getxo en respuesta a una carta enviada por los hermanos en la que solicitaban la instalación de la línea entre Las Arenas y Urduliz. Entre las dos localidades existe una distancia de 13,4 km. A partir de ese momento, las localidades de ambas márgenes pasaron a formar parte de la red telefónica urbana gestionada por los hermanos Echevarría Rotaeche.

Concesión 

A mediados de 1886, Carlos de Orduña, un antiguo empleado de la dirección de telégrafos desencantado con el trabajo que desarrollaba, involucrado en esos años en el naciente negocio del teléfono, logró la concesión del Gobierno ofertada para Bilbao. Sin embargo, este hombre no pisó nunca Bilbao ni el resto de Bizkaia ya que en noviembre de ese mismo año se creó una empresa llamada Orduña y Compañía con la que continuaron gestionando la red telefónica urbana. En esa empresa Emilio de Campuzano, cuñado de Carlos de Orduña por su matrimonio con Hortensia, hermana pequeña del primero, actuó desde el comienzo como administrador, pero no tuvo ninguna capacidad de tomar decisiones. Los hermanos Echevarría, principalmente Federico, estuvieron al frente de la gestión de una red urbana que continuaba aumentando el número de abonados y llegaba por fin a Bilbao y a otros municipios independientes en ese momento y, actualmente, anexionados a la capital vizcaina: Begoña, Deusto y Abando.

Federico Echevarría Rotaeche siempre tuvo como principal objetivo el poder llegar a controlar el servicio telefónico en toda Bizkaia. Además del que tenía en la margen izquierda, zona en la que se asentaba la industria, deseaba extender a toda la provincia el acceso al teléfono. Por este motivo, encargó el diseño de un proyecto de red telefónica provincial que contemplaba la instalación de centrales en lugares como Plentzia, Lutxana, Las Arenas, Deusto, es decir, lugares a los que aún no había llegado el teléfono. Fue un proyecto diseñado por el director, en ese momento, de los servicios suizos de comunicación.

Victoriano Galdiz, un próspero empresario naval de Bizkaia fue el encargado de presentar el proyecto en una sesión de la Diputación de Bizkaia. Desgraciadamente para Federico Echevarría no encontró el apoyo que necesitaba y deseaba, ya que en la Diputación el teléfono no era un asunto prioritario en los años finales del siglo XIX. Eran perfectamente conocedores de que una parte importante de la provincia, la margen izquierda, disponía de teléfono controlada por Federico Echevarría, mientras que el resto de las localidades o solo tenían acceso al telégrafo o no lo tenían a ninguno de los dos servicios. Unos años después, en 1910, todavía más de 100.000 vizcainos no tenían acceso ni al servicio telefónico ni al servicio telegráfico. Estos residían en localidades como Zeberio, Dima, Galdakao, Lemoa, Mañaria, Otxandio, Mungia, Meñaka… hasta un total de 80 municipios.

De haber logrado el apoyo el proyecto de Federico Echevarría, Bizkaia hubiera sido la primera provincia del Estado en disponer de una red telefónica provincial. De esta forma, fue necesario esperar hasta 1910, fecha del inicio de las obras de instalación de centrales tras lograr el permiso del Gobierno la Diputación provincial de Bizkaia. Merece la pena dejar claro que las localidades de las márgenes de la ría continuaron durante muchos años bajo el control de la Compañía Peninsular de Teléfonos de Barcelona y en el resto de Bizkaia es donde se instaló desde 1910 la Red Telefónica Provincial.

Pérdida de interés 

A partir de ese momento en el que su gran proyecto no salió adelante, Federico Echevarría perdió el interés por el negocio telefónico y decidió vender la concesión, con la aprobación de Carlos de Orduña, a la Compañía Peninsular de Teléfonos que, desde finales de la última década del siglo XIX, se hizo cargo del control de la gestión de la red telefónica urbana en todas las localidades donde contaba con centrales telefónicas. Los caminos de Carlos de Orduña, Federico y José Echevarría Rotaeche y Emilio de Campuzano se separaron a partir de entonces. El administrador Campuzano se centró en el área docente, dando clases a los bilbaínos, que encontraron en él al profesor ideal. Por ello, tanto una plaza en la ciudad como un centro de educación de formación profesional situada en Atxuri llevan su nombre en homenaje a quien tanto hizo por el fomento de la enseñanza en Bilbao.

En el primero de los campos es necesario destacar que Echevarría siempre fue un destacado defensor del librecambismo en todas las acciones que llevó a cabo en sus empresas. En el plano político esta fue su interesante trayectoria: entre 1874 y 1876 fue concejal del Ayuntamiento de Bilbao, que presidía desde el 3 de enero de 1874 Felipe Uhagón Aguirre. En las elecciones de 1899, tras las que comenzó a gobernar el conservador Francisco Silvela, y después de haber abandonado el negocio telefónico, Echevarría fue elegido diputado por Bilbao como liberal fusionista. Además, fue senador entre 1901, año en el que formó gobierno Práxedes Mateo Sagasta, y 1910, cuando era presidente el liberal José Canalejas. Su última elección como senador fue en 1916.

Gracias a su amistad con Segismundo Moret Prendergast, destacado político del Partido Liberal, defensor acérrimo de las ideas librecambistas, Echevarría recibió el encargo de crear el Partido Liberal de Bizkaia. Esto fue cumplido gracias a la ayuda prestada por destacados miembros de la sociedad vizcaina en ese momento.

En 1927 Federico Echevarría fue premiado con la medalla de oro al trabajo. El acto de entrega del galardón tuvo lugar en Bilbao de manos de Miguel Primo de Rivera. Antes de este premio había recibido la gran Cruz de Isabel la Católica y el Marquesado de Castrejana que no llegó a aceptar nunca a pesar de haber reconocido de forma pública ser monárquico. El año en que recibió la medalla de oro Federico Echevarría contaba ya con 87 años, era viudo desde el 1 de enero de 1902 en que su esposa, Felipa Zuricalday, miembro de una destacada familia de chocolateros y pasteleros de Bilbao que ha llegado hasta nuestros días, falleció mientras asistía a una representación en el Teatro Arriaga. El matrimonio tuvo 11 hijos, uno de ellos falleció víctima de una enfermedad en la segunda década del siglo XX, otros hijos tuvieron relevancia pública en Bizkaia y en el resto del Estado con el paso de los años. Por ejemplo, Juan Echevarría fue un destacado pintor del primer tercio del siglo XX mientras que Luis Echevarría fue presidente de la Diputación Provincial de Bizkaia en 1911.

Federico Echevarría Rotaeche falleció el 30 de enero de 1932 tras una corta enfermedad. Desde muy joven mostró un interés enorme por la innovación y el emprendimiento que tan de moda están hoy en día. Su vida transcurrió desde siempre entre empresas, minas, el teléfono, en el que tanto interés puso, y la política. Los periódicos de los días siguientes a su fallecimiento tanto de Bizkaia como de tirada nacional destacaron su figura y todos coincidieron en señalar que fue el precursor del teléfono en Bizkaia, indicaron que tras un primer intento, que provocó casi su ruina, Federico Echevarría logró recuperarse gracias a la concesión de Barakaldo y a partir de ese momento realizó todo lo descrito en líneas precedentes. Sirva este artículo para que el gran público conozca la importancia de Echevarría en el inicio del teléfono en Bizkaia.

Tomado de www.deia.eus

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