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BARAKALDO EN 1911 (El contexto socioeconómico y político) (III)

BARAKALDO EN 1911 (El contexto socioeconómico y político) (III)

2.4. Asociacionismo nacionalista y regional

En 1894 se crea, en el barrio de San Bizente, la nacionalista Sociedad Euskalduna y, en 1909, el batzoki del mismo barrio; la Juventud Vasca en 1907; el Batzoki Retuertoarra (1905), el Centro Vasco en 1908 (política y de socorro mutuo); en 1910 los nacionalistas

vascos fundan el primer y efímero club de fútbol, el Euzkotarra, resurgido en 1918. El Reglamento del Batzoki de Burtzeña se crea en 1909, y en 1912 el del Batzoki de El Regato.

Estos centros albergan al movimiento nacionalista, con significativa implantación en la anteiglesia, convirtiéndose en sus sedes sociales y lugar propio de sociabilidad, a nivel local y/o barrial. En el seno de cada uno existen cuadros artísticos, grupo de danzas vas-

cas, orfeón, enseñanza, grupo de mendigoizales (montañeros), así como comisiones de música, de festejos y de coros de Santa Águeda.

Todos estos grupos y/o actividades serán otros tantos vehículos de propaganda y movilización nacionalista. Utilizando elementos de la cultura tradicional y suscitando, al mismo tiempo, identificación étnica con el objeto de construir una nueva religión política: la aberriana o abertzale.

Según el informe municipal, en Barakaldo existían “colonias pertenecientes a muchas regiones españolas”. En la primera oleada, hasta 1910: el Centro Gallego de Vizcaya (1901), el Centro Asturiano (1904), la Colonia Burgalesa (1905), la Aragonesa, la Leonesa (1906) y la Colonia Montañesa (1909). Todos ellas servían como espacio de sociabilidad de los obreros procedentes de sus respectivos orígenes, y celebraban sus propias fiestas patronales. Asimismo, existía una sociedad propiamente recreativa: El Iris (1907).

2.5. Asociacionismo mutualista, socialista y anarquista

La actividad mutualista, sindical y política obrera se inicia en Barakaldo con gran retraso. En 1887 se había fundado la Sociedad de Obreros del hierro y demás metales “La Solidaridad”. Aunque la primera Sociedad Obrera, propiamente dicha, fue la de Oficios Varios (1898). Y bastantes más sociedades de socorros mutuos y/o políticas se van creando en El Desierto, Lutxana, etc., durante el periodo primisecular. Entre 1899 y 1914 surge una pléyade de asociaciones sindicales. Ya en 1900 existía un Centro Obrero, después Casa del Pueblo (1908), socialista en el centro de la Anteiglesia, así como sus organizaciones juveniles, femenina, montañeras, excursionistas, etc., dependientes del mismo; desplazando a la taberna obrera y reforzando el sentimiento de comunidad política. La Agrupación Socialista se constituye en 1903, en 1904 el Centro Obrero de El

Regato y la Juventud Socialista; esta última revitalizó la actividad cultural del partido.

Todos ellos celebraban las festividades de La Commune (18 de marzo) y del 1º de Mayo o Fiesta del Trabajo, tanto en El Desierto como en El Regato, al igual que en el conjunto de la zona minero-fabril. La segunda de estas festividades constituye una autorrepresentación regular y pública de la clase obrera. Mediante cantos (himnos socialistas), música (dianas y pasacalles), banquetes, bailes, veladas poéticas, manifestaciones y símbolos que susciten un estado de efervescencia colectiva: ondear de banderas de las secciones obreras, rojo clavel en la solapa y puño en alto. Estos rituales obreros expresan, y al propio tiempo refuerzan, la identidad colectiva de clase.

Entre 1912-1914 el grupo anarquista de “El Látigo” edita el periódico del mismo nombre, criticando dichas festividades que, a su juicio, debieran ser un día de conmemoración y de lucha, pero no de fiesta. En 1904 existe el Centro de Estudios Sociales “Amor y Libertad” y, en 1913 el grupo femenino libertario Luz y Armonía.

La jornada de trabajo en las minas, de sol a sol, se redujo a 10,30 horas tras la huelga general minera de 1890. Jornada similar a la de muchos talleres de Altos Hornos de Bilbao. La mayoría de la población trabajadora cobraba tan sólo los días trabajados. Muy pocos, durante esta época, tuvieron la suerte de estar en nómina. Cobraban, por ello, jornales semanales, quincenales e incluso mensuales. Las tareas en las minas y en los destajos fueron formas de intensificar una jornada ya de por sí extensa. Pero para la expresión explícita del descontento latente producido por estas condiciones, será preciso esperar a la primera huelga general en Altos Hornos de Vizcaya, y otras empresas fabriles saldada con una derrota, al igual que las dos parciales de 1899. En 1911 se produjo ésta gran huelga fabril y minera, con notorio retraso sobre las mineras, recurrentes desde 1890.

2.6. Prensa local y primeros cines

En cuanto a la efímera prensa local de los años precedentes es preciso mencionar La Ortiga Baracaldesa (1896), defensor de los intereses de la enseñanza; El Comercio (1905), órgano de la Unión Comercial; El Magisterio Vascongado (1906); El Cascabel, semanario satírico (1909-1910). La izquierda barakaldarra editó varios periódicos, coincidiendo con la presentación de candidaturas republicano-socialistas al Ayuntamiento, como: La Voz de Baracaldo (1906) y El Eco de Baracaldo (1909), enemigo acérrimo del ideario nacionalista vasco y todos ellos anticlericales. Así como el precitado de El Látigo (1912-1914) de tipo anarquista. Sin perder de vista que en Barakaldo también se leía la prensa bilbaína y la adscrita a las diferentes corrientes políticas.

En cuanto al espectáculo cinematográfico, la sala precursora fue el Cine de la Plaza (1909), seguida por el Gran Cinematógrafo Bilbao (1910) y el Salón España (3.03.1911), en la calle Ibarra. Ese mismo año (25.12.1911) se inauguró el de la nueva firma Empresa Petit Palais, la sala que más sobrevivió, hasta 1916.

2.7. Conclusiones

Estos datos nos muestran al Barakaldo de 1911 como una sociedad local plenamente modernizada, en base al incremento rápido y constante -desde medio siglo atrás- de todas sus variables: demográficas y migratorias, industriales, urbanísticas, educativas, asociativas y conflictuales. Pero donde subsisten importantes elementos estructurales, si bien progresivamente reducidos, de la comunidad tradicional que la precedió: agricultura y ganadería, religión eclesial y religiosidad popular; fiestas populares, con un importante capital performativo. Adaptándose a la modernidad en todas sus facetas como, por ejemplo, el surgimiento del nacionalismo vasco en el ámbito político. Pero, preservando premisas culturales no cuantificables que persisten en el imaginario de la mayor parte de la población autóctona y de la alógena ya integrada. Se trata de ese capital simbólico, encuadrado en el nivel del imaginario y de las mentalidades. Es decir, de las creencias, supersticiones, mitos, leyendas, cuentos, prácticas y de determinadas festividades relacionadas con ellas. Arraigadas en la religiosidad popular de ese segmento autóctono residual de la comunidad tradicional que nuestra anteiglesia fue y sometidas a un paulatino proceso de secularización y de pérdida de plausibilidad. Pero que setenta años después del año elegido como referencia aún persistían -en un contexto mucho más modernizado- en el imaginario de nuestros/as informantes. Aunque la siguiente generación ya conociera muy poco de las mismas. Pero que suponen las “lágrimas en la lluvia” de la nueva sociedad local barakaldarra.

JOSÉ IGNACIO HOMOBONO MARTÍNEZ

 

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