Un significativo caso de carnaval local (Barakaldo 1802-1936) (VI)
- GRUPOS DE ANIMACIÓN MUSICAL: COMPARSAS, RONDALLAS Y ESTUDIANTINAS. SUS COPLAS
Comparsas, rondallas y estudiantinas 77 son sendas agrupaciones que recorrían las calles de la ciudad, animando con sus coplas y música el ambiente festivo del Carnaval. Nucleadas en torno a compañeros de trabajo, vecinos o cuadrillas de amigos; grupos informales exclusivamente masculinos, que tratan de pasarlo bien y reforzar sus vínculos festivos y sociables mediante una comida en común costeada con el producto de la cuestación. Pero que se dotaban al efecto de una mínima estructura organizativa mediante un trabajo comunitario previo: componer y ensayar sus canciones, pertrecharse de un vestuario uniforme, colocándose bajo el liderazgo de un director, casi siempre el promotor de la agrupación y creador de sus coplas. Algunos de estos colectivos constituían la expresión festiva de asociaciones recreativas o políticas y, por lo tanto, formalizadas. Sus nombres, trajes, instrumentos, repertorios, sus mismas formaciones ponen en primer plano el fuerte cruce del carácter inmigratorio y popular de tales agrupamientos.
Estos colectivos son de tipología diferente. El más informal es la comparsa, agrupación que utiliza instrumentos rudimentarios, autofabricados previamente, y cuyas letras críticas y picarescas la convierten en blanco de constantes ataques y discursos denigratorios procedentes de la prensa y de las élites locales. Se vincula a los grupos sociales más populares y subalternos. Las rondallas se acompañan de guitarras, bandurrias y otros instrumentos musicales, constituyendo grupos más estructurados y perdurables más allá del tiempo festivo. Las estudiantinas y tunas, dedicadas exclusivamente a la ejecución de conciertos musicales, constituyen la alternativa burguesa al ideal festivo popular. Su vertiente utilitaria e instructiva, cortés y de buen gusto, las convierten en expresión paradigmática de los valores dominantes. Unas y otras requieren un tiempo previo de preparación y ensayo.
Las coplas cantadas por estos colectivos carnavalescos constituyen un aspecto nuclear del Carnaval popular, en cuanto genuinas expresiones de la cultura subalterna. Vehiculan crítica social, ironía, sátira contra personas e instituciones, proclamando los sucesos más relevantes del año o del momento. Esta literatura de expresión oral se caracteriza por su violencia verbal, por su descripción descarnada del acto criticado mediante términos y jergas que recogen el lenguaje habitual de la calle. No obstante, su carácter efímero y su transmisión oral, mediante cantos y recitales, a menudo consiguieron impregnar de tal modo la sensibilidad de las gentes, que la memoria de algunos informantes actuó como eficaz vehículo de transmisión y pervivencia durante medio siglo o tres cuartas partes del mismo.
De autor anónimo y, a menudo colectivo, el soporte material de estas coplas fue con frecuencia un pliego en hoja suelta, de difusión masiva ya que las propias comparsas vendían estos pliegos por las calles; y de gran eficacia comunicativa, pero destinadas a desaparecer por la propia definición efímera de su objetivo. Tienen lugar los saludos, las presentaciones.
Las letras de las coplas de Carnaval son, por su contenido temático, textos que manifiestan inquietudes, vivencias y necesidades de las clases populares. Su temática se sitúa en un clima festivo, subversivo, crítico satírico y alegre. Algunas comparsas iniciaban sus coplas con una salutación y/o presentación del grupo al público.
Formulando críticas de costumbres caducas y de reivindicaciones sociales, en torno a los acontecimientos más sobresalientes acaecidos durante el año, a la denuncia abierta por medio de la cual se escapan las tensiones.
Pero el tema típicamente carnavalesco era la temática referida al sexo, expresada con una rudeza verbal que rompía los tabúes y las normas morales predominantes en la época, con respecto al género femenino. Sin embargo, también se referían a la mujer exaltando sus virtudes, aunque según los estereotipos vigentes.
De forma acorde con su carácter popular, el referente territorial de estas coplas es básicamente local, aludiendo a sucesos concernientes a estos ámbitos. En las coplas, el lenguaje se erige como la forma de expresión más importante de la conciencia colectiva. En ellas se conjugan los sueños con la realidad, lo poético con lo irrisorio, la tristeza con la alegría, en una indisoluble unión de lo cómico con lo dramático. Podemos agruparlas en tres apartados: a) el espíritu festivo; b) la memoria colectiva y el tiempo histórico; y 3) el sabor local.
El soporte musical de estas coplas correspondía a los ritmos y melodías que impregnaban la sensibilidad musical de las clases subalternas: valses, polkas, mazurcas, chotis, pasodobles, habaneras, jotas, tangos, etc.
Las comparsas fueron la expresión más genuina del Carnaval urbano, entre 1892 y 1918. Además, y frente al carácter estrictamente local de otros actos festivos, constituyeron el único elemento itinerante y supralocal, puesto que muchos de estos colectivos visitaban las localidades más próximas e incluso la capital provincial, al tiempo que las de estos núcleos urbanos visitaban Barakaldo. La adopción de elementos festivos más complejos, como las carrozas bilbaínas y donostiarras en torno al cambio de siglo, constituye un indicador neto del impacto de la modernización80 sobre las costumbres y vivencias festivas.
Es muy poco lo que sabemos de las primeras comparsas que, allá por el periodo finisecular, animaron el Carnaval barakaldarra. En 1892 Lino García, en su calidad de presidente de la “comparsa para Carnaval titulada El Vulcano de Baracaldo, solicita permiso municipal para recorrer las calles de este pueblo durante los días de Carnaval,
instado por el deseo de divertirse de los componentes de la agrupación”. Animado por el mismo propósito, pero dos años más tarde, es Teófilo Gil y Rojas -domiciliado en la calle de las Escuelas- quien solicita y logra análogo permiso “para poder tocar por las calles de dicho pueblo”, en nombre de la Banda de Música denominada Astilleros del Nervión. El retuertano Ángel Martínez pide al Gobernador Civil “permiso para salir de estudiantina en los días de Carnaval”.
No encontramos nuevos indicios de la participación de comparsas locales en nuestras carnestolendas, hasta 1903. Ese año es Paciente Sánchez, vecino de la calle de la Bomba, quien obtiene autorización municipal para “salir de comparsa en las fiestas de Carnaval con el título de Danza Baracaldesa”. Análogo permiso se concede a la comparsa Los Marinos del Polo Norte, representada por Salvador García, Ángel de Pablo y Román Gil; autorización que se hace extensiva a su propósito de cantar y vender ejemplares de sus coplas, gracias a cuya copia impresa adjunta conservamos este valioso testimonio de la inventiva popular.
LOS MARINOS DEL POLO NORTE
I
“Mandados por el Neptuno
del Polo Norte venimos;
salid niñas al balcón
que os saludan los marinos.
Nos conduce la Cibeles
y nos guía la Polar
y nos escoltan cantando
las sirenas por el mar.
A este Puerto hemos llegado,
recibidnos con piedad
y os prometen los marinos
daros toda su amistad.
II
El buque que nos conduce
tiene las velas de amor
y el timón es la esperanza
que á este pais nos guió.
Cargado viene de dichas
y de placeres también,
y traemos el remedio
para enseñar á querer.
Venid todas las que sufren
los tormentos del amor
y os daremos el remedio
que calme vuestro dolor.
III
En el pais de los hielos
nació nuestro corazón
y como el frio nos mata
necesitamos calor.
Cuando á la mar nos hicimos,
nos decían las sirenas:
tomar rumbo a Bilbao
y encontraréis chicas buenas.
Por eso aquí hemos llegado
y esperamos con pasión
que el fuego de vuestros ojos
funda nuestro corazón.
IV
Es de España y sus regiones
Vizcaya la más famosa,
por su acreditada industria
y sus mujeres hermosas.
La riqueza de sus minas,
la envidia del mundo son,
y su Puerto es el primero
entre la navegación.
Pero resultan abrojos
lo que acabo de decir
comparado con los ojos
de las chicas que hay aquí.
V
Todas las que estáis solteras
y habéis pasado de edad,
si queréis buscar marido
escuchar nuestro cantar.
Como una gracia tenemos
por ser los hijos del mar,
la que no compre estos versos
no se casará jamás.
Pero en cambio os prometemos,
y en esto no cabe guasa
que toda la que los compre
antes de un año se casa.
VI
Una cosa en Baracaldo
nos ha parecido mal,
y si en ello no pecamos
lo vamos a confesar.
Y es que existe entre las chicas
un lujo fenomenal,
sin saber de donde las viene
ni de donde las vendrá.
Por más que bien lo sabemos
y es fácil de comprender,
que las que á la venta están
saben venderse por él.
VII
Hace un contraste muy grande
lo que hemos manifestado,
porque tenemos en cuenta
lo que vale Baracaldo.
Pues es muy triste señores,
y este mal es el de siempre,
y nadie debe dudarlo
que el lujo es el que nos pierde.
Y si nosotros podemos
lo debemos evitar,
porque para eso traemos
los remedios de la mar.
III
Se aproxima el temporal
y las sirenas nos llaman,
nuestra presencia en el mar
el Dios Neptuno reclama.
Vayamos, vayamos pronto,
porque arrecia el temporal,
vayamos que nuestro buque
próximo está á naufragar.
Estos que así se despiden
marinos del Polo son,
que llevan hielo en el alma
y fuego en el corazón”.
Ya con el alborear del nuevo siglo XX tenemos constancia de que Barakaldo es visitado por comparsas carnavalescas procedentes de otros pueblos fabriles de su entorno. El 26 de febrero de 1900 se dirige a nuestro Ayuntamiento un vecino de Sestao, de nombre Narciso Melero, para exponer: “Que habiendo recorrido las calles de Sestao durante el día de hoy, solicitamos autorización de V. (sic) para mañana Martes poder postular por las calles de Baracaldo, la comparsa titulada Comparsa Húngara”.
A la petición acompaña una hoja impresa, con las coplas a interpretar, insulsas y galantes, que recuerdan a las propias de las comparsas de caldereros de la época, y que denota el propósito de esta agrupación de animar, asimismo, las calles de Bilbao.
COMPARSA HÚNGARA
“Vamos muchachos
que aun resta bastante camino
para llegar a la patria.
Somos los caldereros
que venimos de Hungría
pasando noche y dia
sin poder sosegar,
roturas de calderas
venimos reformando
por ver si prosperando
podemos regresar
á nuestra noble patria
do están nuestros hermanos
ansiosos deseamos
nuestro intento lograr.
Consumidos con nuestros trabajos
noche y dia intentamos pasar
llegar al punto donde somos
gozar la tranquilidad.
Vamos muchachos, etc., etc.
Del mundo los clamores
la voz de la armonía
no turbe la alegría
que pueda consolar
al triste calderero
que lleno de fatigas
pasar quiere la vida
contento con su afán
y estar continuamente
calderas reformando
y el yunque machacando
como el triste vulcan.
Bilbainas que tanto os complace
los martillos vernos manejar
bien podeis dar con gran confianza
las calderas á arreglar.
Vamos muchachos, etc., etc.
Durmiendo al escampado
y con el rigor del frío
no tenemos más abrigo
ni casa donde estar
sinó esta triste choza
y aquí es nuestro aposento
y al ancho firmamento
debemos su beldad.
Trabajemos con gran armonía
para el triunfo poder alcanzar
yendo en pos de aquél que nos envia
las calderas rotas arreglar.
Vamos muchachos, etc., etc.
Aldeas solitarias
pasamos caminando
y siempre procurando
nuestra patria ensalzar.
Y á vos os exijimos
siquiera un buen mirar
amadas Bilbainitas
al tiempo de marchar.
Bilbainas que tanto os complace
y con nosotros quereis venir
marcharemos con gran armonía
todos juntos marchar por allí”.
Pero el periodo de más intensa participación de comparsas en el Carnaval local fue el comprendido entre 1908 y 1918. Es entonces cuando aparecen en el casco urbano de El Desierto comparsas y rondallas, que también salían a otras localidades cercanas, mientras que Barakaldo era, a su vez, visitado por las de estos pueblos, siendo las de Sestao las mejor estructuradas. Mientras que las primeras utilizaban rústicos instrumentos como “triángulos” y ralladores, “chinchines” y bombo, las rondallas eran verdaderas orquestinas de guitarras y bandurrias. Aunque no siempre sus letras eran morigeradas, puesto que en cierta ocasión una comparsa cantó la letra mordaz dirigida al ministro de Gobernación (1907-1909) Juan de la Cierva: “La Cierva es un animal…”.
A juicio de un testigo de aquellos Carnavales, de talante conservador, estas comparsas barakaldarras, “[…]aunque de escasa condición artística y abundante ironía de la mala, y encubiertas ofensas a la Autoridad, tenían trocitos de sal y pimienta”. Entre las calificadas como serias, este articulista cita El Sagusar y Los Bilbaínos, integradas en su mayor parte por miembros de una asociación. De entre las visitantes destaca la denominada Aventuras, dirigida en 1910 por el joven sestaoarra Santos Ruiz de Aguirre.
Según me refirió setenta años después este animador festivo, creó una comparsa denominada Marinera en el barrio obrero de Urbinaga (Sestao), integrada por veintiocho componentes, acompañados en sus desplazamientos por simpatizantes de ambos sexos.
Salieron vestidos de marineros, con indumentaria uniforme de color amarillo, confeccionando cada componente su propio atuendo. Con música basada en una melodía interpretada por la Banda Municipal de Sestao, cantaban unas coplas que hacían referencia al naufragio de una embarcación vizcaína, acaecido por entonces. Durante los días de Carnaval recorrían los pueblos de ambas márgenes de la Ría: Sestao, Portugalete, Santurtzi y Barakaldo; Erandio, Las Arenas (Getxo) y Algorta. Además del propósito fundamental de participación y de animación festivas, les movía el de recaudar fondos para celebrar una comida colectiva al término de los Carnavales.
Es más que probable que perteneciera a su repertorio aquella copla, “con música de vals soñador”:
“Blanca la luna reluce,
espejo de una beldad,
sobre tu pecho relucen
estrellitas en el mar
En nuestro amor
navegad, navegad.
Te quiero por tu sonrisa,
y nuestra dicha sería la mar”.
Por su temática también pudieron pertenecer al repertorio de esta comparsa unas estrofas recogidas en Sestao.
“Una mañana preciosa
del 25 de abril,
llega a la costa fatal
un velero bergantín.
Nos trasladaron a bordo
aquellos bravos marinos,
y nos trajeron a España,
patria de donde salimos”.
También hubo comparsas cómicas, como Los Cartuchos, y alegres como la portugaluja Los Palangreros; o estrambóticas como Los Pelmas Cooperativos, que contó con una prosaica copla:
“Soñaba que la veía
dentro de mi habitación,
y que con un puñal quería
destrozarme el corazón.
De miedo yo ya temblaba,
y el susto me hizo llorar
y al despertarme en la cama
me convencí a la verdad.
No pude aguantar la risa,
y viendo que todo era en vano,
era mi suegra en camisa,
con una vela en la mano”.
La comparsa de Los Albañiles interpretó coplas, que combinaban la crítica social con picantes alusiones a las relaciones de las gentes del oficio con las amas de casa durante la “chapuzas” efectuadas a domicilio.
“La comparsa de Albañiles
ha salido con el fin
de ver si puede arreglar (bis)
este modo de vivir…
Y lo que necesitamos
tan sólo dos cosas son:
más aumento de jornal
y menos explotación.
La otra tarde vino a verme
mi vecina Encarnación,
y me dijo suspirando (bis)
que le arregle el fogón.
Al punto se lo arreglé,
y desde entonces me dice
que no hay fogón en la casa
que mejor que el de ella tire”.
Otras coplas anónimas de comparsas de aquella época, inciden en esta doble línea de crítica social y mordaces críticas al género femenino.
“Pobrecitos los ladrones
que no tienen que chorar,
los que choran son los ricos
y alguna cosita más.
Porque ellos lo tienen todo
y no les falta de ná (sic).
Pobrecitos los ladrones,
pobres de solemnidad.
El destrueque de una vieja
que no podía hacer ca-ca,
hay que tururú
hay que tururú.
Y se limpiaba el cu-cu,
con el rabo de una va ca-ca.
Hay que tururú
hay que tururú”.
Ya que no dejaron huella en la memoria colectiva, subsiste al menos legado documental de la visita a Barakaldo los tres días del Carnaval de 1915 de cuatro comparsas forasteras. Una de ellas es la “contradanza” organizada por Toribio Tramón, de 39 años, vecino de Somorrostro. Asimismo, Nicanor Aguirre, en nombre de la comparsa bilbaína Pierrots, obtiene autorización “para recorrer las calles de esa anteiglesia los días de Carnaval cantando coplas”.
También recorrió el municipio, cantando y vendiendo coplas, la comparsa denominada Los Negritos, de Algorta y dirigida por Moisés Larrea.
Asimismo, hubo estudiantinas y rondallas en un Carnaval barakaldarra, elegante y elitista alternativa al ideal festivo popular, “que denotaba buen gusto y arte”. Ya en 1892 Beremundo Irisarri, director de la banda titulada La Infantil, solicita permiso al municipio para salir de estudiantina los tres días de Carnaval. Si bien la simple denominación no explicita el carácter de esta agrupación, sus posteriores peticiones para dar algunas serenatas nocturnas confirman su carácter de rondalla.
Francisco Cordero, al frente de otros individuos, pide la preceptiva autorización municipal para “salir de estudiantina como es costumbre”, el 25.02.1895.
La presencia de estos colectivos musicales es mucho más acusada durante el periodo comprendido entre 1908 y 1917, quizás porque los valores de orden y de urbanidad se van imponiendo sobre la creatividad espontánea y transgresora de las clases subalternas.
Entre las tunas, rondallas y estudiantinas de aquellos años, todas ellas “de gran categoría artística”, destacaron: la Tuna Valmasedana; La Sotileza de Santander; La Clave y La Rondalla Baracaldesa. La mayor parte de estas agrupaciones eran forasteras, salvo la última. La dirigía Tomás Crespo, maestro y compositor barakaldarra, intérprete de piano, flauta, guitarra y otros instrumentos.
La rondalla de la sociedad La Artística solicitó permiso para recorrer las calles de El Desierto durante los Carnavales de 1915, presidida por el maestro músico José Crespo. Su postulación del día 14 de febrero la destinó a la Sociedad Benéfica de la Colonia Montañesa en Baracaldo; a lo que el Ayuntamiento accede a cambio de que esta agrupación musical interprete un concierto el Domingo de Piñata, con destino a la beneficencia municipal.
Salieron vestidos de marineros, con una bonita canción escrita por su director. Visitando, además, Santander y Gipuzkoa, donde obtuvieron una buena acogida y cosecharon éxitos.
A diferencia de las improvisadas y anárquicas comparsas, el mayor grado de formalización de las rondallas posibilitó su actuación al margen del tiempo y del espacio propios del Carnaval local.
La Rondalla Baracaldesa de referencia recorrió en jira las poblaciones más importantes de Bizkaia y de Santander, dando un sin número de alboradas ante los domicilios de las familias más acomodadas.
También participó en concursos de rondallas, como aquel celebrado en Castro Urdiales en 1910, donde obtuvo el primer premio en reñida competencia con La Sotileza de Santander (primero-bis), La Tuna Zaragozana (tercero), y otras de Dos Caminos (Basauri) y de diversas poblaciones.
Los barrios periurbanos más populosos, como el de Retuerto, también fueron visitados por estudiantinas carnavalescas, integradas por: guitarras, bandurrias y acordeón. En cuanto a los más periféricos, de carácter semiurbano e industrial tuvieron, asimismo, sus propias comparsas y rondallas. Como la organizada en 1914 por la mocedad de Santa Águeda – Kastrexana, dirigida por Txomin Arechavala y Juan Vergara Bidarte, con objeto de “recorrer cantando unos tangos en parte de los términos municipales de Baracaldo y Bilbao durante las fiestas de Carnaval”.
Los integrantes de esta comparsa, denominada La Flor de Castrejana, saludaban a su auditorio antes de dar comienzo a su repertorio de coplas, de la siguiente forma):
“Lo mismo si son republicanos,
como si son nacionalistas,
igual que si son socialistas,
la enhorabuena les damos”.
A su paso por Alonsotegi, obsequiaron a su auditorio con una copla de sabor festivo local pero, sobre todo, de indisimulada temática sexual, y característica de la dialéctica interlocal vehiculada por el estamento juvenil.
“El día 2 de Setiembre,
día de San Antolín,
una chica de este pueblo
bien se acordara de mí.
Por el camino de Samundi
juntos fuimos a pasear;
y allí la reconocí
todo su titirimundi.
La niña, toda asustada,
no cesaba de llorar,
porque se le había roto
tria, la, la, ra, la, la,
porque se le había roto,
con un palo el delantal”.
Un año después, en 1915, la juventud alonsotegiarra organizó una rondalla, denominada La Melodía. Dirigida por Venancio Vargas, la integraban seis guitarristas, dos bandurrias, dos laúdes y un flautista. Sus componentes iban disfrazados de marineros, con pantalón corto, marinera y gorrito. Su recorrido básico comprendía el ámbito local: Alonsotegi, Irauregi, Arbuio y Kastrexana; pero, algún otro año se desplazaron hasta Gordexola, Zalla y Balmaseda, usando como carroza un camión alquilado, tirado por caballos.
Durante sus ensayos previos elegían algunas de las cuartetas improvisadas por diversos componentes, para integrar su repertorio de coplas que, invariablemente, aludían a la vida cotidiana del pueblo y a la repercusión de la contienda europea sobre la condición obrera del mismo. Las letras, impresas, se vendían al público para incrementar la recaudación. Tras su autopresentación, otras coplas satirizaban la vida local.
En su instancia solicitando permiso para postular, el director de esta rondalla expone que los beneficios obtenidos se destinarán a beneficio de los pobres de solemnidad de los barrios de Alonsotegi e Irauregi. El Ayuntamiento exige que dichos fondos se pongan a su disposición, para dedicarlos a fines benéficos.
“La Melodía es el nombre
de la rondalla,
que cuando estamos cantando
todos abrimos la boca.
En un carro vamos todos,
como los particulares,
para hacerles comprender
que nos hace salir el hambre.
En este divino pueblo,
donde reina la alegría,
los sábados se bautizan
los pellejos y las barricas.
Con el vino que nos dan
estos amables tasqueros,
se pueden escribir cartas
sin hacer falta el tintero.
Vas a la carnicería,
a por carne del puchero,
y en premio te dan un hueso
más grande que el carnicero.
Ponen carnicería
con un infame ternero,
y al cabo de pocos años
tienen casas y dinero”.
Pero la cultura y la inventiva populares son ajenas al ensimismamiento imputado por la posterior manipulación folclorista, o “tradición inventada. Así, otra de sus canciones se hacía eco crítico de la repercusión de los acontecimientos internacionales sobre sus barrios.
“Sobre la Guerra Europea
algo que te mosqueará,
que se paran los trapos
y se está subiendo el pan.
Los obreros españoles,
tristes en su hogar,
contra esta maldita guerra,
que de hambre nos va a matar.
¡Oh!, qué triste es ser obrero
y estar sin saber qué hacer,
tener hijos en los brazos
y no tener qué comer.
El corazón se nos parte
con cosas que estamos viendo,
vienen a pedir limosnas
donde otros están pidiendo”.
Las comparsas, elemento más popular y crítico del carnaval barakaldarra, que fueron prohibidas por la dictadura de Primo de Rivera, tampoco solicitan ni obtienen autorización durante los años republicanos. En cuanto a otras agrupaciones sabemos que, en 1930, visitó Barakaldo la tuna o estudiantina de La Universidad de Santiago de Compostela, que dio varios conciertos en el Gran Cinema de Baracaldo, con un buen éxito artístico.
José Ignacio Homobono Martínez
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