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Un significativo caso de carnaval local (Barakaldo 1802-1936) (VII)

Un significativo caso de carnaval local (Barakaldo 1802-1936) (VII)
  1. EL ENTIERRO DE LA SARDINA

El entierro de la sardina, festejo que marcaba el punto final del Carnaval, celebrado indistintamente el Martes de Carnaval o el Miércoles de Ceniza, jugaba paródicamente con los elementos litúrgicos de la religión, ya que en nombre de la entrante Cuaresma se destronaban la risa y las libertades carnavalescas, la ingesta incontrolada de carnes y bebidas, para dejar paso un tiempo cuaresmal, de rigores y de abstinencia de carne, de piedad y de temor, de penitencias y recogimiento.

En muchas poblaciones del entorno, como en Bilbao, fue habitual clausurar el periodo carnavalesco con el arquetípico Entierro de la Sardina, propio también de muchos otros ámbitos territoriales.

En este simulacro profano de entierro, una espontánea comitiva sigue a varios hombres que portan las andas de un ataúd o gran urna de cristal donde llevan un arenque o sardina plateada; durante su paseo por la ciudad se cantan estrofas de corte funerario, alusivas al acto y de corte muy similar en las poblaciones citadas. Mediante este simulacro de carácter profano, una antiprocesión paródica daba paso a un luto generalizado. Con ella, las gentes despedían sus días de jarana y bullicio, lamentando que el Carnaval tocase a su fin.

Ninguno de mis informantes hizo alusión a este acto para el Carnaval barakaldarra de entresiglos (XIX-XX); tampoco es citado en el artículo de Pormécheta, cuyas referencias alcanzan hasta 1917.

Pero al menos tenemos noticia documental de la celebración, más tardía, de uno de estos actos. En 1936 una cuadrilla barakaldarra  obtiene permiso municipal: “[…] para efectuar por las calles de la localidad el llamado entierro de la Sardina”. El expediente especifica que el acto se celebró, efectivamente, el miércoles 27 de febrero, sin entrar en detalles. Por todo lo antedicho, podemos deducir que su introducción fue puntual y tardía, cuando la festividad ya estaba languideciendo y en vísperas de la prohibición franquista del Carnaval.

 

  1. CONCLUSIONES

Es plausible pensar el carnaval local barakaldarra como un tiempo y un espacio creativos y recreativos, fruto de la acción subjetiva y colectiva de los vecinos y trabajadores de Barakaldo, como forma de generar visiones del mundo, nociones e identificaciones, así como un momento de construcción de solidaridades y de comunidad; aun en su periodo de institucionalización, disciplinamiento y refinamiento, como el aquí considerado. Despojado de sus presuntas funciones iniciales, el carnaval es un ritual contemporáneo,

definido por constar de espacios-tiempos de identidad colectiva fuera de la rutina cotidiana. Una inmensa fiesta popular, momento creativo y lúdico que refuerza el encuentro cotidiano en plazas y calles, tabernas y cafés; así como las sociabilidades vecinales y amicales, familiares y amorosas, regionales e ideológicas que, desplegadas en el carnaval y en otras fiestas, también formaron parte vital de la experiencia. Pero un caso local, y contemporáneo por ende, no resulta ser el lugar para contrastar las grandes teorías al respecto de esta fiesta.

Pero sí podemos constatar que el Carnaval, como toda fiesta aunque en mayor medida: “[…] establece una relación dialéctica, paradójica y contradictoria, entre lo sagrado, lo profano, la ceremonia […] y lo lúdico, la celebración y la rutina, las pautas de institucionalización y de espontaneidad, la liturgia y la inversión, la transgresión y el orden, la estructura y la communitas, las dimensiones de lo público y de lo individual”. La relación entre el ritual carnavalesco, en tanto que efímera communitas libre y espontánea, y el jerarquizado mundo social cotidiano, está marcada por la impronta de la inversión -con respecto a la cotidianeidad- y por una función compensadora.

El carnaval barakaldarra combina varias dimensiones: abierto por lo que toca a su celebración en calles y plazas y cerrado por los bailes de salón y de máscaras en locales semipúblicos y/asociativos (café, sociedad). Local en estas manifestaciones y supralocal por lo que respecta al recorrido de comparsas y estudiantinas, que van y vienen desde otros municipios, en su mayor parte cercanos. De juveniles cuadrillas de barrio, o de tertulias de taberna y/o de txakoli, en el Carnaval de la industrialización, pero también de huelgas, guerras y catástrofes, imprimiendo a sus coplas un acusado carácter reivindicativo del descontento obrero, aunque contenidas al efecto de recaudar fondos para mitigar el dolor de los afectados y amenizar el carnaval. También corteses y/o picantes por lo que respecta al género femenino. Por lo demás: disfraces y enmascaramiento, juegos y bromas, animación musical, gastronomía específica, rituales del carnaval tradicional…. resultan muy similares a los de su entorno.

En el carnaval de Barakaldo también se evidencia la tensión dialéctica entre dos subculturas existentes en la sociedad local, como en la global: la subalterna, propia de las clases populares, y la dominante. En esta relación, la segunda trata de imponer su propia cosmovisión, negando el derecho a su expresión a la anterior. De ahí las restricciones en el ámbito de la fiesta, tratando de prohibirla, limitar sus actuaciones festivas o acotarla en un espacio y un tiempo controlados por las instancias jerárquicas del poder. Dialéctica que desemboca en 1937 en la prohibición, manu militari, de todo tipo de manifestación carnavalesca.

Aun sometido a progresivas restricciones por parte de las autoridades gubernativas, de la Iglesia y de la prensa, aún resulta reconocible el espíritu carnavalesco en estas más de cuatro décadas de carnestolendas barakaldarras. Que todavía representan ese tímido

esbozo de un mundo al revés. E incluso reminiscencias de un carnaval tradicional protagonizado por las rondas petitorias de niños, adolescentes y mozos. Con netas diferencias entre la capitalidad de El Desierto, el núcleo de Alonsotegi-Irauregi y el resto de barrios periurbanos y rurales.

José Ignacio Homobono Martínez

 

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Actualizado el 1 de febrero de 2026

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